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El Amor Fraterno entre Hermanos

El documento discute las relaciones entre hermanos y cómo se desarrolla el amor fraternal. Señala que el amor entre hermanos no surge automáticamente por la sangre, sino que se construye a través de la convivencia y experiencias compartidas. También depende mucho del escenario familiar y la crianza que reciben por parte de los padres. El amor que sienten los padres por cada hijo es único aunque incondicional para todos.

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El Amor Fraterno entre Hermanos

El documento discute las relaciones entre hermanos y cómo se desarrolla el amor fraternal. Señala que el amor entre hermanos no surge automáticamente por la sangre, sino que se construye a través de la convivencia y experiencias compartidas. También depende mucho del escenario familiar y la crianza que reciben por parte de los padres. El amor que sienten los padres por cada hijo es único aunque incondicional para todos.

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Amor de Hermanos

He reflexionado muchas veces sobre este vínculo, tan sagrado, tan socialmente obligado,
tan socialmente valorado, tan cristianamente ensalzado, escuché tantas veces : No pueden pelear
son hermanas, debes quererla es tu hermana, las queremos a todas por igual, no puedes ser distinta
les hemos dado lo mismo y criado igual… Ahora pienso vistos los resultados menos mal que cada
una fue distinta y menos mal que pelee con ellas.
La familia generalmente los padres y los hermanos, la filiación y la fraternidad –roles
principales que constituyen a la familia- tienen la base común de los lazos de la sangre y los del
corazón. A la vez, cada rol, se diferencia específicamente de los otros.

En teoría el amor filial -amor entre hijos y padres- implica una relación de amor en la que existe,
entre otros, el componente de la autoridad de los progenitores hacia los hijos. El amor fraterno -que
hoy consideraremos especialmente-  es el amor entre hermanos, los de sangre y los que no lo son y
supone una relación de igualdad y horizontalidad  basada en la convivencia sana y constructiva. En
mi experiencia y en mis casos de estudio dichos amores no aparecen por el simple lazo sanguíneo,
sino se van construyendo cada día, cada año, en cada historia en cada evento familiar. Y
considerando cada escenario de infancia cada tipo de padre, madre, hermano o cada disfraz que
ellos hayan decidido usar obtendremos resultados distintos pues también nosotros nos vestiremos
de ropaje “ajeno” un disfraz.
Era usual para mi escuchar en mi familia y las de mis amigos ,que los hermanos mayores tenían
privilegios por el solo hecho de ser mayores y los pequeños tenían beneficios por el solo hecho de
ser pequeños, siendo así no existe igualdad ni horizontalidad y en teoría el amor filial ya no podría
darse de manera homogénea.
El amor fraterno posee características propias que lo hace especial, distinto y único. “Los hermanos
sean unidos porque ésa es la ley primera”  dice el libro nacional argentino, el “Martín Fierro” de José
Hernández. La ley primera es la unión entre hermanos, la cual no es sólo, la vía natural de la
consanguinidad sino, además, es un aprendizaje familiar y social continuo…que pasaría con
aquellos hermanos que siempre sintieron que el mayor era el preferido ¿ o aquellos que sintieron la
carga de ser los mayores ¿ los intachables ,el ejemplo para el resto de sus hermanos…que a juicio
de el tenían permiso para equivocarse…si eso no genera rivalidad entonces que genera?
Las relaciones que se producen entre los miembros de la familia se basan en la
consanguineidad pero sin restar merito a la convivencia en común, afrontando juntos las
posibilidades y las dificultades particulares de cada hogar. En muchos casos esto genera rasgos
comunes que tienen que ver con ser una misma familia con un patrimonio de experiencias, horizonte
de sentido y valores comunes. Pero aunque todos convivan en un mismo entorno familiar no todos
son iguales. Cada uno es una persona singularmente única y especial no todos adoptan los mismos
valores , no todos se visten con el mismo disfraz y por idéntico que sea el escenario de infancia cada
ser humano único e irrepetible logra observar de una manera personal su historia y desde allí decide
a quien debe o no debe amar.

Coincido con aquellos autores que plantean que el amor entre los hermanos es el mejor
fruto de la siembra de los padres y es una de las maneras más ricas de vivir el amor familiar, en el
que cada hermano ha servido al prójimo más próximo: sus otros hermanos, tener hermanos, desde
pequeños, es la primera oportunidad de experimentar lo que será el mundo exterior al crecer ya que
siempre hay que interactuar con otros. Un hermano es la mejor escuela de vida y de socialización.
Un gran entrenamiento. En este vínculo en cuanto más crece, se desarrolla la capacidad crítica,
amando y aceptando al otro, tal cual es. Las personas que conviven con hermanos tienden a ser
más capaces a la hora de resolver problemas.

Pero que ocurrirá cuando el escenario de infancia es la Guerra y Mamá arma un ejército
contra Papá …pues los hermanos se convierten en soldaditos fieles a mama o a papa y por ende
entre ellos son rivales y enemigos…..

Si el escenario de infancia es el desierto emocional o el orfanato…¿Cómo se crían esos


hermanos? Podrían unirse acompañarse y amarse para cuidar el uno del otro y sobre vivir al
abandono y la soledad…pero cada vez que el escenario es un orfanato le acompaña desde mama y
papa el desinterés, la falta de solidaridad, la falta de empatía, la falta de amor…en cuyo caso la
posibilidad de que estos huérfanos compartan el amor filial es baja…por lo general acumulan rabia,
miedo y terminan siendo autosuficientes para poder sobrevivir.

No siempre hay que suponer que -por vivir en la misma casa y tener la misma sangre-
surgirá de modo espontáneo el afecto y cariño. El amor fraterno, como cualquier otro amor, se
construye día a día. Los padres tienen una gran responsabilidad en esta tarea. Es preciso que cada
hijo aprecie, respete y ame a sus hermanos..pero eso ocurrirá cuando el escenario de infancia y los
valores que allí se instalen estén en coherencia con el amor.

Desde el amor, los padres pueden ayudar mucho a que entre los hijos se promueva un clima
de respeto. Es importante educar a cada hijo para que no se encierre en su mundo y pueda siempre
abrirse. Sus hermanos son una escuela para la vida. Quien se comunica con a sus hermanos se
capacita para interactuar con cualquier otro ser humano, el cual también puede ser considerado un
hermano.

Se oye frecuentemente que los padres profesan un amor a todos los hijos por igual. Sienten
una especie de temor decir que el sentimiento por cada hijo es como cada hijo, distinto. Eso no es
necesariamente injusto o discriminatorio. El amor por cada hijo no puede ser el mismo porque cada
hijo despierta el amor de padres de una manera diversa ,llegan a tiempos distintos, en espacios
distintos, llenan vacíos distintos y nos enfrentan a nuestra propia niñez en etapas distintas.

A cada hijo se lo ama de una manera distinta. Sin embargo, ese amor –por parte de los
padres- es siempre incondicional para con cada uno. Se ama a cada hijo de forma diferente aunque
a todos de manera total y única, sin unificarlo desde el rol común de hijos. Considerando en cada
uno la singularidad que tiene como persona y como hijo.

El corazón de un padre y de una madre es para todos sus hijos, aunque el amor profesado a
cada uno en particular sea distinto. No es mayor, ni menor. No es más o menos intenso sino
singular, único, irrepetible e intransferible como cada uno de sus hijos.

Hay que disfrutar el tener hermanos. Es uno de los amores más  sinceros. Son cómplices
de  la vida y del tiempo compartido. Entre ellos existen códigos únicos. No es sólo la sangre   los
hace hermanos sino, sobre todo, el corazón y la vida.

Pueden enojarse, pelearse e incluso no hablarse,  aunque jamás dejarán de quererse. En el


caso de que haya un problema que los distancie, éste tiene que ser lo suficientemente grave. A
menudo hay que tener la valentía de pedir disculpas y perdón. Hay que construir la recíproca
reconciliación. Lo natural es una comunicación fluida.

Es preciso recordar viejas lecciones cuando los padres  enseñaban a  pedir perdón
mutuamente, sin importar quién inició el conflicto,  asumiendo la responsabilidad de cada uno por
sus actos. Al solicitar disculpas, es importante el contacto físico. Mirarse a los ojos y darse un abrazo
y beso. Los gestos valen más que todas las palabras. Mostrarse vulnerable no es sinónimo de
debilidad sino de crecimiento y madurez.

Puede que los hermanos en el futuro tengan caminos muy diferentes y que -a veces- no se
frecuenten tanto,  sin embargo siempre se sabe que los hermanos están ahí y se cuenta con ellos
incondicionalmente.

La palabra “hermano” -desde la fe- expresa el vínculo de identidad y de relación entre los
creyentes. En el lenguaje popular la expresión “hermano” es también una bella metáfora del vínculo
cercano entre las personas aunque no tengan lazos sanguíneos. Frecuentemente se llama
“hermano” al amigo. De hecho, son -de algún modo- hermanos que se eligen: hermanos del alma y
de la vida.

Siempre se ha dicho que el hijo único tiene fama de creerse el centro, que es egoísta,
malcriado, caprichoso, rebelde, consentido y sobreprotegido. El problema de crecer sin hermanos es
que todas las expectativas y las exigencias familiares están puestas sobre el hijo único, sufriendo, a
la vez, los miedos y equivocaciones de los padres.

No obstante, tanto los hijos únicos como los que tienen hermanos pasan por las mismas
situaciones. La mayoría de las veces los hijos únicos suelen ser particulares por la manera cómo los
padres los educan y no por ser hijos únicos. Su personalidad depende mucho del ambiente familiar.
El hijo único puede tener un desarrollo tan sano como el que tiene hermanos.

Cada vez son más las parejas que tienen un sólo hijo. Los padres priorizan su profesión y
oportunidades laborales, privilegiando la situación económica de la familia. Muchas parejas
planifican la decisión de tener un solo hijo.
  
Antes el hijo único pasaba mucho tiempo con su familia previamente a ir a la escuela. Ahora,
en cambio, van cada vez más tempranamente a guarderías y a establecimientos educativos.

Los padres que tienen un solo hijo deben fomentar en él la autoestima, valorando los logros
sin que se sienta  el centro. Además estimularlo a interactuar y a compartir experiencias con otros,
sin ser dependiente, ni estar reclamando permanentemente más atención. Por lo general, los hijos
únicos suelen madurar más rápido por compartir, gran tiempo de sus vidas, con adultos, los padres y
los abuelos.

Siempre los modelos de aprendizaje del primogénito se definen en torno a las enseñanzas
de sus padres, cargados por las expectativas e inseguridades propias de la primera paternidad y
maternidad. Ser el hijo mayor otorga privilegios y también cargas. 

Hay hijos únicos que lo son circunstancialmente hasta tanto un hermano. En todo caso, el
lugar privilegiado que tenían se desplaza. Tienen que empezar a compartir todo, especialmente el
afecto paternal y maternal.

La niñez es una etapa fuertemente narcisista y demandante. El corrimiento del ego infantil -
ante la llegada de un hermano- es una de las lecciones más duras por la que puede pasar un
primogénito. Surgen así los celos naturales que no se superan tan fácilmente, ni siquiera cuando el
hermano llega. Al contrario, a veces, ante los hechos, se intensifican porque el niño no puede
entender que el corazón de un padre o de una madre puede albergar el amor de más de un hijo.

Los diversos hermanos de una misma familia tienen vivencias y responsabilidades diferentes
según su orden de llegada. El lugar que una persona ocupa en la familia define su modo de ser y de
vincularse. Ser el hijo mayor, el del medio o el menor no es lo mismo.

Los tiempos de llegada de cada hijo marcan diferencias ya que tienen a los mismos padres
en diversos puntos de su propio proceso de madurez parental. La relación con cada hijo es distinta
de acuerdo al momento personal y relacional en que se encuentren los padres. Cada hijo es un ser
distinto, único, con diferente comportamiento y necesidades y tienen derecho  a  iguales
oportunidades.

La función más importante que cumplen las relaciones entre hermanos es el aprendizaje de
la convivencia, la resolución de los conflictos, la solidaridad y el compartir, entre otras cosas.

Otra experiencia que marca profundamente el vínculo entre hermanos, opción que no en
todas las familias existe, es la decisión de adopción por parte de los padres. La fraternidad no es
sólo consanguínea, también es una construcción que se basa en el afecto y en una actitud espiritual
que trasciende el nivel meramente biológico.

La identidad de una persona no sólo es a partir de su base genética sino además está
configurada por  todo el componente emocional afectivo y espiritual que posibilita, incluso en el
marco jurídico y legal,  todos los derechos.

La adopción es un acto permanente de amor familiar que trasciende el límite de la sangre y


el apellido  otorgando identidad y pertenencia a una persona a partir del vínculo que lo incorpora,
con plenitud de derechos, a una determinada familia, con su historia, iniciando un mutuo camino de
recíproco aprendizaje de amor,  crecimiento y madurez para siempre.

 Entre los hermanos pueden existir celos, competencias, envidias, rencores, traiciones,
resentimientos y todas las sombras que opacan el corazón humano. Sin embargo también en el
amor fraterno puede existir toda la luz de la cual somos capaces de irradiar.

El amor entre hermanos y de hermanos, es algo muy difícil de explicar. Es fuerte, hermoso,
incondicional e indestructible. Se nutre de la sangre común, de la vida, de las raíces y de la historia
de la familia. Es mezcla de cuidados, complicidades, secretos, peleas y reconciliaciones. Consiste
en un estar siempre, a la par, cuando haga falta, más allá de las edades, las situaciones y las
diferencias, sabiendo que nada, ni nadie jamás puede alejarlos y que siempre hay una razón para
estar en contacto y celebrar la vida. Es sentirse orgulloso por los logros de los hermanos. El nombre
y el recuerdo de ellos llenan el alma con su música. El dolor cuando alguno pasa un trance duro.
Uno desea arrancar parte de su ser y entregárselo para que se sienta aliviado.

Aunque se tomen caminos diferentes, siempre, los hermanos están cerca. Los logros, los fracasos y
los problemas de uno repercuten también en los otros. Existe fidelidad en las alegrías y en las
tristezas. Agradecimiento por todo lo que se ha vivido y se continúa viviendo juntos.

Muchas veces se quiere volver el tiempo atrás, reconquistando momentos felices e imborrables.
Risas y llantos compartidos. Dolores y despedidas. Grandes momentos y felicidades que se
multiplican. Esperanzas cuando el cansancio agobia. Es hermoso saludar y celebrar a cada hermano
en sus cumpleaños. Esa fecha que en el calendario que lleva la exclusividad de su nombre.
Hay que cuidar el amor: preservarlo, custodiarlo, acrecentarlo y también curarlo cuando es
necesario. Existen muchas maneras de mostrar y vivir el cariño mutuo, especialmente cuando los
problemas son graves y se necesita sentir apoyo por quienes tiene la misma sangre.

El paso de los años lleva, como consecuencia normal, que cada uno haga su propia vida y deje la
casa de los padres. Ese momento no es una despedida o una ruptura. Es un paso de opción,
crecimiento y madurez. El amor a la familia y a los hermanos se reconquista desde otro lugar, con
nueva perspectiva desde un nuevo escenario y con un nuevo disfraz.

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