Disenso y consenso
Disenso y consenso son dos valores consustanciales que, aplicados al quehacer político y sobre
todo al proceso de gobernabilidad, pueden resultar muy útiles al bien común y a la
cohabitación civilizada entre los partidos políticos.
A través del consenso, las contradicciones y los desacuerdos entre los líderes políticos y sus
partidos (y cabe también para cualquier otro sector de la sociedad) se dejan de lado para dar
paso a acciones comunes o compromisos formales.
Por el disenso, el ciudadano y las entidades representativas de una sociedad pueden
sostener posiciones o conceptos contrarios a una línea o normativa, legal o administrativa, que
consideren perjudicial o inconveniente, que provenga del Estado.
Pero el disenso mismo es una forma de consenso, sólo que el acuerdo es para no ponerse de
acuerdo.
Todas estas premisas vienen al caso al observar cómo el presidente Danilo Medina ha abierto
un diálogo con los presidentes y líderes políticos del país para consensuar los contenidos de
una reforma electoral y una nueva ley de partidos políticos.
Es una forma ejemplar, poco cultivada entre nuestros dirigentes, de discutir y aceptar todas las
ideas y sugerencias concordantes, vengan de donde vengan, para alcanzar un acuerdo en
beneficio de la sociedad, aunque no sea lo más perfecto.
A veces por mezquindad, o por un equivocado concepto de lo que es ser oposición o ejercer el
poder, las fuerzas representativas se autoexcluyen, se alejan, se tornan reacias al contacto
mutuo, para que no digan que ceden y conceden por oportunismo, dejando huérfana a la
sociedad de aquellas iniciativas que, para ejecutarse y ser exitosas, necesitan, precisamente, del
consenso de las partes responsables.
Se denomina consenso al acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros
de un grupo o entre varios grupos.1 La «falta de consenso» expresa el disenso.2
El consenso se diferencia de una mayoría en que cuando una mayoría se pone de acuerdo
también hay una minoría que disiente, en cambio en el consenso no hay disenso.
Una decisión por consenso, no obstante, no implica un consentimiento activo de cada uno,
sino más bien una aceptación en el sentido de no-negación. En este tipo de modalidades de
decisión encontró su fundamento la democracia griega.
Consenso social
También hay interpretaciones del vocablo que se refieren al consenso como formador de las
sociedades (en oposición a los conflictualistas, quienes encuentran en Hobbes la explicación
más general de sus interpretaciones sobre la existencia de la sociedad), hablando de una
naturaleza humana tendiente en mayor o menor medida a la igualdad de conjuntos de
creencias, con distintos argumentos y elementos teóricos en cada caso.
Algunos autores relevantes relacionados con una perspectiva consensual de la sociedad
son Émile Durkheim y Talcott Parsons.
Walter Lippman acuñó el concepto de manufacture of consent (1922), traducido
posteriormente como consenso manufacturado en el título del libro de Noam
Chomsky y Edward S. Herman.
Consenso científico
El consenso dentro de la comunidad científica se rige a partir del método científico. El método
científico implícitamente requiere la existencia de la comunidad científica, donde los procesos
de revisión por pares y reproducibilidad son llevados a cabo. Es la comunidad científica la que
reconoce y soporta el actual consenso científico dentro de un campo: "el paradigma
científico reinante", el cual se mantendrá vigente y resistirá el cambio hasta que se presente
una verdadera evidencia sustancial y repetida que tenga el argumento suficiente para poder
demandar y demostrar un cambio de paradigma o nuevo enfoque o complemento (de acuerdo
a la teoría de cambio científico llevada adelante por Thomas Kuhn).
Consenso político
"El consenso" en la Transición española[editar]
Durante el siglo XX, durante Transición española, la expresión consenso llegó a convertirse en
un lugar común o lema del sistema político español, aplicado con insistencia a los pactos que
dieron lugar a la redacción de la Constitución de 1978 por acuerdo de una gran mayoría de los
partidos políticos, ya proviniesen de las esferas del poder del régimen del general Franco o
estuviesen entonces prohibidos y en la clandestinidad. Especialmente se solía identificar el
consenso con el entendimiento entre los dos principales, la gobernante (UCD) y el primer
partido de la oposición (PSOE), siendo los principales negociadores Fernando Abril
Martorell y Alfonso Guerra. A veces incluso existía un recelo por parte de otras fuerzas
políticas de que los asuntos venían previamente pactados, lo que alteraría el mismo sentido
de la expresión, con lo que pasó a recibir en algunos ámbitos un significado negativo, sobre
todo entre grupos políticamente marginales. También se tomaría como que varios individuos
de acuerdo que confiaran en un mismo candidato votarían por él, y podrían ayudarlo a ganar
las respectivas elecciones.
Previamente a la Constitución, los principales partidos habían acordado, con el mismo espíritu,
un importante pacto consensuado en el terreno económico y social, conocido como los Pactos
de la Moncloa.
DEFINICIÓN D E DISENSO
El origen etimológico de disenso se halla en el vocablo latino dissensus.
El disenso alude a una discrepancia, una desavenencia o
un desacuerdo.
Por ejemplo: “Hay disenso en el gobierno respecto a cómo enfrentar la
crisis agropecuaria”, “En mi equipo de trabajo existe lugar para el disenso
y el diálogo”, “El régimen fascista no toleraba el disenso y apelaba a
diversos mecanismos represivos para silenciar a los opositores”.
Puede decirse que el disenso surge por un disentimiento: es decir,
cuando no hay coincidencia con el sentir o con la opinión de alguien. Dos
personas que disienten, por lo tanto, no piensan lo mismo sobre un
determinado tema. La coincidencia o el acuerdo, en cambio, producen
un consenso.
Existen diversas posturas sobre el disenso. Los gobiernos autoritarios,
por citar un caso, no avalan el disenso ya que optan por censurar las
críticas. De este modo, si alguien se expresa en contra del gobierno, ese
disenso intenta ser eliminado a través de distintos tipos de castigos. El
autoritarismo también puede aparecer en una empresa, en un club o en
otras organizaciones, siempre tratando de impedir el disenso.
En otros contextos, el disenso es valorado como algo positivo. Hay
quienes creen que el debate y el enfrentamiento entre distintas opiniones
o ideas puede ser enriquecedor: el disenso, en este marco, puede ser el
punto de partida para la construcción de un nuevo elemento o el
desarrollo de un pensamiento novedoso. Supongamos que, a una junta
directiva de una compañía, un grupo de ejecutivos llega con un proyecto
y se encuentra con otro que trae una propuesta muy diferente. En un
principio hay disenso: cada sector objeta el emprendimiento del otro. Con
el avance de las charlas y las negociaciones, finalmente todos acuerdan
concretar un proyecto alternativo que reúne puntos de las dos opciones
planteadas en una primera etapa.