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Historia de Roma: Monarquía e Imperio

Este documento presenta una breve historia de la cultura latina desde los orígenes de Roma hasta el declive del Imperio Romano. Comienza con la leyenda de la fundación de Roma por Rómulo y Remo en el año 753 a.C. Luego resume las etapas políticas de Roma, incluida la Monarquía, República e Imperio, destacando eventos como las Guerras Púnicas y las Guerras Civiles. Finaliza con una línea de tiempo de los principales emperadores romanos desde Augusto hasta la divis

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Historia de Roma: Monarquía e Imperio

Este documento presenta una breve historia de la cultura latina desde los orígenes de Roma hasta el declive del Imperio Romano. Comienza con la leyenda de la fundación de Roma por Rómulo y Remo en el año 753 a.C. Luego resume las etapas políticas de Roma, incluida la Monarquía, República e Imperio, destacando eventos como las Guerras Púnicas y las Guerras Civiles. Finaliza con una línea de tiempo de los principales emperadores romanos desde Augusto hasta la divis

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

CULTURA GRECOLATINA

Parte Latina

Prof. Dra. Lorena Ángela Ivars

2020
1
República (509- 30 a. C.)
Monarquía (753 – 509 a. C) Imperio (30 a. C -476 d. C)
Primitiva Media Tardía
(509-264 a. C) (264 – 133 a. C) (133 -30 a. C)
Reyes de Roma
 luchas entre patricios y Guerras púnicas: Guerras serviles
Principado: Augusto (27 a. C -14 d C)
plebeyos (509-300 a. C) 1° guerra (264-241): los (rebeliones de esclavos [servus=
 Rómulo (753-714 a. C.) cartagineses perdieron sus esclavo]). Fueron tres: en el Dinastía Julia-Claudia (14 a. C.-69 d. C.)
 Numa Pompilio (714-672 a. C.)  Roma en la conquista posesiones en Sicilia 135/132, en el 103 y finalmente, en Tiberio (14-37 d. C.)
de Italia (300-265 a. C) 2° guerra (218-201): las victorias de el 73 a. C., esta última comandada Calígula (37 - 41 d. C.)
 Tulio Hostilio (672-641 a. C.) Aníbal pusieron en grave peligro a por Espartaco. Claudio (41-54 d. C.)
 Anco Marcio (641-616 a. C.) Roma Nerón (54-68 d. C.)
3° guerra (149-146): Escipión el Guerras sociales Galba
 Tarquino Prisco (616-578 a. C.) (entabladas por los estados aliados
Africano conquistó y destruyó la Otón
 Servio Tulio (578-534 a. C.) ciudad de Cartago. [socii]). Vitelio
 Tarquino el Soberbio (534-509 a. C.) Guerras civiles: (entre ciudadanos Dinastía Flavia (69-96 d. C.)
romanos [civis = ciudadano]. Fueron Vespasiano (69-79 d. C.)
tres: Tito (79-81 d.C.)
- Mario contra Sila Domiciano (81-96 d.C.)
-Pompeyo contra César Dinastía Antonina (los cinco buenos emperadores,
-Antonio contra Octavio 96 - 180 d.C.)
Nerva (96-98 d.C.)
Trajano (98-117 d. C)
Adriano (117-138 d. C)
Antonino Pío (138-161 d. C)
Marco Aurelio (161-180 d. C)
Cómodo (180-193 d. C)
Dinastía Severa (193-235 d.C.)
Septimio Severo (193 - 211)
Caracalla (211 - 217)
Macrino (217 - 218)
Heliogábalo (218 - 222)
Alejandro Severo (222 - 235)
Crisis del siglo III (235-284)
Emperadores ilirios (268-284)
El Bajo Imperio (284-395)
Diocleciano y la Tetrarquía (284-395)
La dinastía Constantiniana (305-363)
La dinastía Valentiniana (364-395)

2
La división del Imperio (395-476 / 1453)
Orígenes de Roma

En el centro de la península italiana, en la


región del Lacio, vivían los latinos, integrado por
tres grupos o tribus: ecuos, volscos y albanos.
Hablaban dialectos semejantes, tenían las
mismas costumbres y la misma religión fundada
en el culto de los antepasados y en la adoración
de las fuerzas de la naturaleza. Se dedicaban al
pastoreo en lugares montañosos o a la
agricultura, en valles y llanuras. Desde el s. IX a.
de C., varias ciudades de esa región formaron una
confederación presidida por la ciudad de Alba
Longa. Estas ciudades no dejaban, sin embargo,
de estar en pugna permanente unas contra otras.
Fundada Roma, se unieron en su contra, pero
esta, tras larga lucha, logró someterlas.
Los romanos –siguiendo a Catón (234- 149
a C.)– fijaban la fecha de la fundación de Roma el
día 21 de abril del 753 a. C. La tradición nos dice
que fueron Rómulo y Remo sus fundadores.

a) La leyenda de la fundación

Roma pretendía que Eneas, hijo de Anquises y de Venus, descendiente de los


primeros reyes de Troya, después de la destrucción de esta ciudad por los griegos,
se estableció en el Lacio, donde se casó con Lavinia, hija del rey Latino.

Sus descendientes fundaron, al pie del monte Albano, la ciudad de Alba Longa. Uno
de los reyes de esta ciudad, Amulio, destronó a su hermano Númitor y obligó a la
hija de este, Rea Silvia, a hacerse vestal, para que guardase perpetua virginidad.

Marte, dios de la guerra, engendró en


ella hijos gemelos, llamados Rómulo y
Remo, a quienes su tío condenó a morir
en las aguas del Tíber. Este río, fuera de
madre, los depositó en la orilla, siendo
amamantados por una loba y
descubiertos y educados por el pastor
Fáustulo. Conocido su origen en la
adolescencia, Rómulo y Remo lucharon contra Amulio, lo derrotaron y repusieron a
Númitor en el trono. Pese al ofrecimiento de su abuelo de ser los nuevos reyes de
Alba Longa, decidieron establecer una nueva ciudad a orillas del río que los protegió;
pero habiendo surgido entre ellos una disputa, Rómulo mató violentamente a Remo.

b) Otras hipótesis:

También se considera probable que la ciudad de Roma fuera fundada por pueblos
galos o celtas del norte, que hacia el año 1000 a C. se establecieron en el valle del
Po.

Finalmente, una tercera hipótesis considera que Roma fue en su origen una especie
de puesto de avanzada de los etruscos, quienes unificaron varias agrupaciones
latinas. Etruscos fueron los primeros reyes y muchas de las costumbres y los ritos
3

del Lacio.
Es probable que el primer recinto amurallado de la ciudad estuviera sobre el monte
Palatino, una de las siete colinas. Las otras fueron: el Capitolio, Aventino, Quirinal,
Viminal, Celio y Esquilino.

Una vez formada, muchos emigrantes se acogieron dentro de sus murallas y


concurrían a su mercado entre el Palatino (Foro) y el Capitolio. Allí se reunían esclavos
fugitivos, deudores insolventes, ladrones y toda clase de gente. En el refugio de las
murallas vivían los plebeyos y dentro de la ciudad cuadrata, los patricios. Pero hacía
falta mujeres para consolidar la ciudad y los pueblos vecinos no aceptaban tratos
matrimoniales. Para procurárselas, Rómulo se valió de una estratagema: invitó a una
fiesta en honor del dios Consus a los habitantes de los montes sabinos. Cuando los
sabinos se encontraban vencidos por los vapores del vino, los romanos raptaron a
sus mujeres. Al regresar a sus casas y descubrir el engaño, los sabinos declararon
de inmediato la guerra a los latinos. La guerra terminó debido a la intervención de
las sabinas que se
interpusieron entre los
contendientes, abrazándose al
cuello de sus maridos y
familiares, para suplicarles
que detuvieran la pelea. Pues
si vencían los sabinos, ellas
perderían a sus maridos, y si
vencían los latinos tendrían
que llorar la muerte de padres
y hermanos. De modo que los
contrincantes depusieron las
armas y firmaron la paz. Se
logra así la fusión de latinos y
sabinos, y su rey Tacio
gobernó con Rómulo. El rapto
de las sabinas se recordó
siempre en la ceremonia de bodas, porque la novia entraba en brazos de su marido
en su nueva casa.

La monarquía (753-509)

Pese a la oscuridad de los datos de los historiadores romanos:


a. la monarquía romana existió.
b. Roma alcanzó cierta prosperidad
c. Algunos reyes se unieron a la plebe para contrarrestar el poder creciente de los
patricios.
d. La monarquía cayó derrocada por éstos últimos.

A partir de Rómulo, quien organizó la población en tribus, éstas en diez curias y ellas en
gens o familias, se sucedieron seis reyes más de origen sabino o romano.

Entre ellos vale recordar al sucesor de Rómulo, Numa Pompilio (714-672), quien tuvo fama
de sabio y de piadoso: -ordenó el culto y las leyes
- hizo edificar el templo de Jano (divinidad que guardaba la
entrada del año, de las casas y del Foro, y que debía estar
abierto durante la guerra y cerrado en la paz.
También a Tarquino el Antiguo (616-578):
- embelleció Roma y construyó diques en el Tíber
- construyó la Cloaca Máxima para desecar el Foro, que se
constituyó en centro de reuniones públicas (todavía deseca
los pantanos romanos)
4

- introduce costumbres etruscas


Fue importante su sucesor, Servio Tulio (578-534):
- fue uno de los mejores reyes
- dio una nueva constitución que aseguraba a la plebe
independencia política
- agrandó la ciudad integrando los montes Esquilino, Quirinal
y Viminal
- templo a Diana

El último, Tarquino el soberbio, llegado al trono por parricidio, gobernó con violencia y
arbitrariedad. Roma alcanzó prosperidad y comenzó a inspirar temores a los cartagineses
por su comercio en el Mediterráneo. El ultraje cometido por su hijo Sexto contra Lucrecia,
dama emparentada con el rey causó una sublevación que lo destronó y estableció la
República en el 510 a. C.

Virtudes de un pueblo de campesinos y soldados

[En: Barrow, R. H. Los romanos. México, F.C.E., 1956]

La mentalidad romana es la mentalidad del campesino y del soldado; no la del


campesino ni la del soldado por separado, incluso hasta en épocas posteriores, cuando
podía no ser una u otra cosa. (p.12)

El destino del campesino es el trabajo inaplazable, porque las estaciones no esperan al


hombre. Sin embargo, con sólo su trabajo no logrará nada. Tiene que esperar
pacientemente la ayuda de fuerzas que no comprende y menos, domina.

Si puede hacer que le sean favorables, lo hará. Con frecuencia sólo alcanza a cooperar con
ellas, se entrega para que lo utilicen como instrumento, logrando así su propósito.
Contingencias climáticas o pestes malogran sus esperanzas, pero tiene que aceptar el
pacto y tener paciencia. (pp.12-13)

La rutina es la ley de su vida. Como el ritmo siempre constante de las tareas culturales.
Su vida es la vida misma de la tierra. Como ciudadano se sentirá atraído en defensa de las
tierras y mercados para sus hijos.

Para el campesino, el conocimiento nacido de la experiencia vale más que la teoría


especulativa.

Sus virtudes son la honradez y la frugalidad, la previsión y la paciencia, el esfuerzo, la


tenacidad y el valor, la independencia, la sencillez y la humildad ante lo que es más
poderoso.

Estas son también las virtudes del soldado. También él ha de conocer el valor de la rutina,
que forma parte de la disciplina, que puede responder ante cualquier llamada repentina.
Debe bastarse a sí mismo. El vigor y la tenacidad del campesino son necesarios al soldado.
Su habilidad práctica contribuye a hacer de él lo que debe ser: un albañil, zapador, abridor
de caminos, constructor de balates. Ha de trazar un campamento o una fortificación, medir
un terreno o tender un sistema de drenaje. Puede vivir en el campo porque lo ha hecho
siempre. Tiene además conciencia de que lo imprevisto puede alterar sus planes y de las
‘fuerzas invisibles’ que hacen de un general alguien por quien se inclina la Fortuna. Es leal
con las personas, los lugares, los amigos.

Si asume una actitud política, será para conseguir, cuando las guerras terminen, tierra
para labrar y casa donde vivir. Puede haber conocido muchos lugares, pero nada le parece
más bello que su campo nativo. (p. 13)
5
Roma se convirtió penosamente, de una ciudad-estado sobre las 7 Colinas, en la dueña del
mundo conocido. Entre los medios como adquirió y mantuvo su dominio figura su capacidad
para transformar los enemigos en amigos, y eventualmente, en romanos, aunque siguieran
siendo galos, españoles o africanos.

De esto deriva su romanitas: su sentido de la civilización [entendida como conjunto de


conceptos, creencias y realizaciones espirituales de una determinada mentalidad de
hombres]. Es decir, su humanitas (Cicerón): el sentido de dignidad de la personalidad
propia, peculiarísima y que se debe cultivar y desarrollar al máximo. También, el
reconocimiento de la personalidad de los demás y de su derecho a cultivarla, lo que implica:
transigencia, dominio de sí, simpatía y consideración. (p. 14)

Las viejas costumbres

La religión romana fue primero la religión de


la familia, y, luego, la del estado. La familia
estaba consagrada, y por tanto, también el
estado. (p. 15)

Para el romano de los primeros tiempos, el


numen, fuerza o voluntad residía en todas
partes o, mejor dicho, se manifestaba en
todo lugar por medio de una acción. ¿Cómo
podrá mitigar (el hombre) el pavor que
siente y cómo conseguirá que el numen
realice el acto requerido, logrando para sí “la
paz de los dioses”? (p. 16)

Estas vagas potencias, transformadas en deidades carentes de forma, acompañaban al


acto de “denominar”, es decir, de invocar, oraciones y ofrendas de alimentos, de leche y
de vino y, en ocasiones, sacrificios de animales.

Los nombres de muchos de estos dioses domésticos han pasado a las lenguas romances:
Vesta, el espíritu del fuego del hogar; los Penates, preservadores de la despensa; los Lares,
guardianes de la casa; pero había muchos otros. (p. 16)

Las oraciones eran diarias; la comida de la familia una ceremonia religiosa en la que se
ofrendaban incienso y libaciones. Ciertos festivales se relacionaban con los difuntos, los
cuales se consideraban a veces como espíritus hostiles y que había que expulsar, por lo
tanto, de la casa por medio de ritos, otras como espíritus benévolos que se asociaban
íntimamente a todas las fiestas y conmemoraciones de la familia. (pp. 16-17)

Cuando las familias se unieron para formar una comunidad, el culto y el ritual de la familia
formaron la base del culto del estado.

El rey era el sacerdote; cuando no hubo más monarquía, perduró el título de “rey de las
cosas sagradas”, ayudados por ‘colegios’ de sacerdotes, de los cuales, el principal era el
de los pontifices. Estos últimos produjeron un derecho sagrado (ius divinum). Les
ayudaban colegios menores, como el de las Vírgenes Vestales, que cuidaban el fuego del
hogar del estado o los augures, que veían presagios en las entrañas de los animales
sacrificados.

Se concedía importancia nacional a los festivales agrícolas de los labradores: la recolección,


la seguridad de los linderos, la persecución de los lobos, se convirtieron en asuntos
importantes de la ciudad.

En un principio, Marte fue un dios de los campos; los campesinos soldados, organizados
6

para la guerra, lo convirtieron en el dios de las batallas.


A medida que el horizonte romano se ensanchaba, nuevos dioses se incluyeron en el
Calendario, como deidades etruscas y griegas de otras regiones de Italia. Júpiter, Juno y
Minerva vinieron de Etruria; el griego Hefaistos fue equiparado con Vulcano, etrusco. (p.17)

Los hombres cultos del último siglo a. C., versados en la filosofía y la crítica griegas, quizás
considerasen esta religión como una mera forma; pero ellos mismos desempeñaban cargos
en los colegios sagrados y fomentaban su práctica en el estado y en la familia.

Al individuo le interesaba establecer relaciones adecuadas con los dioses, no especular


acerca de su naturaleza. Se le permitía entregarse a creencias particulares, si así lo
deseaba. La actitud romana siempre es la misma: la tolerancia, con tal que no se
perjudicara la moral pública y que no se atacara al estado como estado. (pp.18-19)

En el hogar y en el estado, las ideas morales ocuparon un lugar semejante al de las


“fuerzas” mismas. Estaban envueltas en la santidad del culto religioso, estaban ligadas al
deber, impuesto a la casa y al estado, de adorar a los dioses. (p. 20)

Quizás el concepto que mejor demuestra el punto de vista romano es el de genius. La idea
de genius empieza por el paterfamilias, que al engendrar hijos, se convierte en cabeza de
familia. Se aísla su carácter esencial y se le atribuye una existencia espiritual aparte: dirige
y protege a su familia. (p. 20)

En el hogar del campesino, la esposa ocupa un lugar de autoridad y responsabilidad. Entre


los romanos, la mujer estaba, teóricamente, bajo la tutela del marido, y según la ley no
disfrutaba de derechos. Pero no se la mantenía en reclusión, compartía la vida de su marido
y, como esposa y madre, creó un modelo de virtudes envidiado en edades posteriores. (p.
21)
La autoridad paterna era estricta, severa. Los padres recibían el respeto de sus hijos que
trabajaban en el campo, en la aldea o en la casa. Se encargaban de la educación de los
hijos, una ed. sobre todo ‘práctica’, con historias con moraleja y la memorización de la ley
de las 12 Tablas. (pp. 21-22)

En tiempos posteriores se añoró esta estructura sencilla de los primeros tiempos y las
“viejas costumbres” han de sobrevivir siempre, si no como realidades, como ideales.

En todo catálogo de virtudes figura, en primer lugar la certeza de que el hombre está
subordinado a algo externo que ejerce sobre él una “fuerza vinculatoria” a la que se llamó
religio. De un hombre religioso se decía que era un hombre de la más alta pietas, parte de
la subordinación a la que se ha hecho referencia. Se es pius respecto a los dioses, si se
reconocen sus derechos; con respecto a los padres, mayores, hijos y amigos, patria y
bienhechores, si se reconocen sus derechos sobre uno y se cumple con el deber en
conformidad con ellos. Las exigencias de la pietas y del officium (deber y servicios)
constituyen por sí solas un voluminoso código, no escrito, de sentimiento y conducta que
estaba más allá de la ley, y era lo bastante poderoso para modificar en la práctica las
rigurosas disposiciones del derecho privado. (p. 22)

Gravitas significa “un sentido de la importancia de los asuntos entre manos”, un


sentimiento de responsabilidad y empeño. Aplicable a todas las clases sociales y a todas
las relaciones. Lo opuesto es la levitas, cualidad despreciada por los romanos, que significa
frivolidad, ligereza, inestabilidad.
Gravitas suele ir unido a constantia, firmeza de propósito, o a firmitas, tenacidad. Puede
estar moderada por la comitas, atenuación de la dureza excesiva por la desenvoltura, el
buen humor, el humor.

Disciplina es la formación que da la firmeza de carácter; industria, el trabajo arduo; virtus,


la virilidad y energía; clementia, la disposición a ceder en los derechos propios; frugalitas,
la sencillez en los gustos.
7
Las cualidades que ayudaron al romano en sus primeras luchas con la naturaleza y sus
vecinos, continuaron siendo para él las virtudes supremas. Quizás puedan sintetizarse
estas virtudes en una sola: severitas, que significa severidad con uno mismo (p.23).

El modo de vida y las cualidades de carácter aquí descritas resumen los mores maiorum,
las costumbres de los antepasados, que son una de las fuerzas más poderosas de la historia
romana.

En el sentido más limitado, la frase significa el concepto de la vida, las cualidades morales,
junto con las normas y los precedentes no escritos inspiradores del deber y la conducta,
componiendo todo ello una sólida tradición de principios y costumbres. (p.23)

La república primitiva

La república primitiva puede dividirse a su vez en dos grandes momentos históricos:

a. las luchas entre patricios y plebeyos (509-300)


b. Roma en la conquista de Italia (300-265)

1. Luchas entre patricios y plebeyos

La República se instauró en Roma con la huida de Tarquino el Soberbio, último de los reyes,
quien hizo varios intentos de volver a ocupar el trono. La batalla final se libró en el lago
Regilio, con lo cual terminó definitivamente la amenaza etrusca sobre Roma.

Al darse cuenta los patricios de que la monarquía en sus últimos tiempos había favorecido
a los plebeyos, en vez de conferir la autoridad a una sola persona, otorgaron la
magistratura suprema a dos cónsules, elegidos por los patricios; cargo que era anual.

De las instituciones políticas de la república, la más importante fue el Senado, que fue el
elemento legislativo y directivo del gobierno. De entre sus miembros se elegían los
cónsules, quienes, a su vez, elegían a los senadores para cubrir vacantes. El poder
permanecía enteramente en manos del patriciado.

Esto ocasionó el choque de las dos clases sociales dominantes: los patricios y los plebeyos.
Los segundos, oprimidos económicamente, carecían de participación en las decisiones
políticas, se equipan por cuenta propia para la guerra [lo que los arruinaba] y al regreso,
se veían insolventes, sin propiedades y hasta peligraba su libertad. La lucha duró dos
siglos, pero los plebeyos obtuvieron sucesivamente: el tribunado, la igualdad civil, la
igualdad política y la religiosa. El primero le posibilitó no sólo la protección de la plebe, sino
el poder poner veto a las prohibiciones del Senado, mediante plebiscitos

Dado que los plebeyos carecían de leyes escritas, exigieron la redacción de un nuevo código
civil, que después de muchos retardos fue redactado por los decemviros y respondió a una
triple finalidad:

a. fijar por escrito el derecho consuetudinario


b. igualar a patricios y plebeyos en el derecho civil, criminal y en materia
de procedimientos
c. mejorar económicamente la situación entre patricios y plebeyos,
regulando las relaciones entre deudores y acreedores.
d. aunque en principio se prohibía el matrimonio entre las dos clases,
finalmente se legitimaron los matrimonios mixtos

Tras conseguir durante diez años de oposición el compartir el consulado con los patricios,
reducir sus deudas y legislar la superficie de tierra máxima para cada ciudadano, los
plebeyos alcanzaron la dignidad religiosa hacia el año 300, con la cual obtuvieron que la
8

mitad de los pontífices y augures fueran de su clase.


Coriolano: Este general romano se opuso decididamente a las legítimas
aspiraciones de los plebeyos. Se opuso a que el trigo se vendiera a precio
reducido y propuso, además, la abolición del tribunado. Pero, citado por la plebe
ante los tribunos, fue condenado al destierro. Se refugió entre los volscos, a los
cuales levantó contra su propia patria. Tito Livio cuenta cómo, llegado a las
puertas de Roma, hubo de retirarse movido por las súplicas de su madre y de
su mujer Volumnia.

. Lectura del final del Coriolano, de W. Shakespeare

2. Roma conquista Italia

a) Guerras anteriores a la conquista de Italia (510-343)

Con la caída de Tarquino el Soberbio, los pueblos aliados de Roma se levantaron contra
ella. Ellos fueron: los latinos, los ecuos, los veyos, los volscos y los galos.

Los ecuos (al Oeste de Roma, en la Italia central), fueron vencidos por Cincinato; los veyos
(veii,iorum) (ricos, a cuatro leguas de Roma), fueron vencidos por M. Furio Camilo; los
volscos (sur del Lacio, sobre el Tirreno), se pusieron bajo la guarda romana y los galos
(norte de Italia, Galia Cisalpina), que habían sitiado y ocupado Roma en el 390, fueron
vencidos por Marco Furio Camilo, quien reconstruyó la ciudad y fue nombrado segundo
fundador de Roma. Pocos años después los romanos conquistaron las tierras galas y toda
la llanura del Po pasó a poder de Roma.

b) Guerras relativas a la conquista de Italia (343-272)

Abarcan tres fases:

a. Guerra contra los samnitas


b. Guerra contra los samnitas aliados con otros pueblos
c. Guerra contra Tarento.

Los samnitas vivían en el Apenino Central, limitando con el Lacio, Campania y Apulia. Muy
belicosos, se extendieron hacia el sur, llegaron a Capua, ciudad griega y los griegos
pidieron auxilio a los romanos. En principio, Roma venció, anexó a los latinos, pero los
sabinos, emboscados en las montañas vencieron a los romanos en un desfiladero llamado
Horcas (fauces) Caudinas. No obstante, Roma siguió la guerra y los samnitas acabaron por
pedir la paz.

Temerosos del poder creciente de Roma, los pueblos itálicos formaron distintas coaliciones
para detenerlo, pero los romanos respondieron con una energía increíble anexando a los
umbros, los galos, los etruscos y los tarentinos. De modo tal que extendió sus dominios
hasta el río Rubicón, por el norte.
9
Finalmente, ante la provocación de los tarentinos y porque Tarento era una de las
principales y más ricas colonias griegas de la Magna Grecia, trabó lucha contra ellos,
dirigidos por el gran general griego Pirro. Pese a vencer en la batalla, el ejército griego
quedó destrozado [otra victoria como esta y estoy perdido: victoria pírrica]. Rehecho, el
ejército romano lo volvió a batir en Benevento y logró la total derrota griega.

Después de la guerra contra Tarento, los romanos conquistaron toda la Italia meridional,
de modo tal que su territorio se extendía desde los Apeninos toscanos al Estrecho de
Mesina.

II. La república media (264 a. C. –133 a. C.)

Cartago (capital fenicia [poeni, orum; de allí el adjetivo punicus,a,um]) había dominado el
comercio marítimo de toda la costa mediterránea, además de ser también una potencia
terrestre, ya que había ocupado varias regiones que se extendían hasta Gibraltar y que
pertenecían como haciendas de cultivo a terratenientes. Al extenderse el dominio romano
sobre la Magna Grecia chocaron sus intereses económicos y comenzó la larguísima
sucesión de las tres Guerras Púnicas.

1° guerra (264-241): los cartagineses perdieron sus posesiones en Sicilia


2° guerra (218-201): las victorias de Aníbal pusieron en grave peligro a
Roma
3° guerra (149-146): Escipión el Africano conquistó y destruyó la ciudad de
Cartago.
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El escenario de la primera guerra púnica estuvo en la isla de Sicilia y en el norte de África.


Se llevó a cabo contra los generales Asdrúbal y Amílcar. Después de una primera derrota
[Cartago contaba con recursos y una enorme experiencia militar], los romanos vencieron
en Egates (241) y los cartagineses pidieron la paz. Debían evacuar Sicilia, devolver los
prisioneros romanos, pagar elevados tributos en oro.

Cartago se rehízo a las órdenes de Amílcar Barca, quien a su muerte fue sucedido por su
yerno Asdrúbal. Con ellos todo el sur de España estaba bajo su poder. Asesinado, le sucedió
su cuñado Aníbal, quien quedó al frente de un poderosísimo ejército. Aníbal fue una de las
figuras militares más geniales
de la historia. Éste tomó la
ciudad de Sagunto, pese a estar
bajo jurisdicción romana, con lo
que comenzó la 2° guerra
púnica. Aníbal al frente de un
gigantesco ejército (con 37
elefantes), dominó el centro-
oeste de España, pasó el Ebro,
cruzó los Pirineos, el Ródano y
los Alpes y en 5 meses llegó a
Italia. Ganó a los romanos
cuatro batallas, la última de las
cuales, la de Cannas puedo
haber sido definitiva. Pero se
retiró a cuarteles de invierno y
fue finalmente derrotado por
Publio Cornelio Escipión, quien había ya libertado a España, en la célebre batalla de Zama
(202 a. C.)

A pesar de las condiciones severísimas impuestas, Cartago consiguió recuperar su


prosperidad económica. Masinisa, rey de Numidia, devastaba su territorio. Ante la reacción
cartaginesa, intervino Roma, declarando la 3° guerra púnica, que terminó con la derrota
definitiva de Cartago bajo la acción de Escipión Emiliano el Menor, nieto adoptivo del
Africano. La ciudad fue arrasada y el territorio se declaró provincia romana en el 146 a. C.

Marco Porcio Catón, llamado el Censor por su severidad moral, al advertir el peligro que
Cartago representaba para Roma, terminaba sus discursos ante el Senado con la frase:
Ceterum censeo Carthaginem esse delendam [“y también pienso que Cartago debe ser
destruida”]

Después de las guerras púnicas, Roma fue paulatinamente apoderándose de todo el mundo
mediterráneo: España, parte de las Galias (la Narbonense, al sur de Francia), Grecia,
Macedonia y Siria.

Consecuencias de las conquistas:

a. Hegemonía de Roma en el Mediterráneo. La extensión territorial determinó una nueva


organización administrativa.

a.1. Dentro de Italia:


 Asociación de los pueblos vencidos con la concesión gradual de derechos
idénticos o parecidos. Había ciudades libres o estipendiarias (pagaban
tributos).
 Las ciudades anexadas se llamaron municipios y mantuvieron sus
magistrados y usos administrativos. Sus habitantes poseían derechos civiles
(matrimonio, comercio) amparados por las leyes romanas. Pero carecían de
11

derechos políticos.
 Las ciudades aliadas conservaban su independencia y gobierno, pero sus
habitantes no eran considerados romanos. A cambio de la protección
romana, colaboraban en la guerra con soldados y dinero.

a. 2. Fuera de Italia:
 Tierras conquistadas por Roma y sometidas a la autoridad absoluta de un
gobernador romano. Estaban obligadas a prestar servicio militar y a pagar
tributos. El comportamiento generalmente abusivo de los gobernadores
(pese a los esfuerzos que desde Roma se hicieron para limitarlo), que
utilizaban su cargo para el enriquecimiento personal, generó todo tipo de
excesos.

 Roma cobraba grandes impuestos sobre la propiedad a los provinciales,


además de otros, de los cuales el de aduanas, era uno de los más
remunerativos (los publicanos: particulares que previamente pagaban a
Roma las sumas que debían los provinciales y luego los cobraban con
intereses excesivos; poderosas sociedades financieras, con centenares de
empleados, que obraban impunemente en connivencia con los
gobernadores.

b. Consecuencias económicas y sociales:

 Roma se convierte en una poderosa urbe mercantil, a causa de su hegemonía


mediterránea.
 Afluencia a Roma de muchos tesoros (botines de guerra, impuestos
provinciales, presentes de monarcas vasallos, etc.)
 Obtención de toda clase de prerrogativas y privilegios financieros, avalados
por el poderío romano (intereses usurarios)
 Formación de fortunas fabulosas
 Desequilibrio social y antagonismo creciente de clases.
 Ruina económica de la clase media rural que conformó el ejército de las
conquistas.
 Penurias económicas de ex-legionarios: pérdida de propiedades, fuga a la
capital para vivir la vida miserable de la clientela (vender pan por votos),
despoblación de los campos, adquisición a precios viles de las propiedades
rurales por los nuevos ricos.
 Aparición de latifundios.

 Italia quedó inundada de esclavos (vencidos de la conquista), de todas las


razas y todas las profesiones  baratura de mano servil
o dificultades de empleo para el romano pobre
o vida miserable de la plebe

 la oligarquía sustituyó al patriciado (magistraturas y latifundios)


 aparición de la aristocracia financiera: los equites, o caballeros
 proliferación del proletariado

c. Transformaciones de la vida cultural

 Ante el contacto con el refinamiento helenístico: rápida difusión de la cultura


helenística (muchos prisioneros de guerra, cultos, que sirvieron en las casas
principales como secretarios, médicos, pedagogos)  propagación de las
ideas, costumbres e idioma griegos.

 Formación de círculos intelectuales. El más importante de la época: El


círculo de los Escipiones: aparece el arquetipo del humanista
12

difusión del griego como lengua de cultura


incorporación y reelaboración de la filosofía, la poética
y la retórica griegas.
 Afluencia de obras de arte de Grecia, producto del saqueo o de la compra
particular.

d. Cambios en las creencias:

 Difusión de la mitología helénica.


 Identificación de los dioses romanos con los griegos
 Introducción y aceptación de religiones y dioses orientales (sobre todo el culto
de Isis)
 Conocimiento del pitagorismo, orfismo, estoicismo, epicureísmo

e. Cambios en las costumbres

 Las riquezas crecientes cambiaron la vida austera romana: refinamiento y


fastuosidad, arquitectura y ornamentación costosas (tapices, marfiles,
mosaicos, pinturas murales.

 A la frugalitas, se opone la luxuria; a la gravitas, la levitas (frivolidad,


ligereza, inestabilidad); a disciplina, la infirmitas (debilidad,
irresponsabilidad de carácter), a la industria, la mollities (el relajamiento, la
pereza).

 En el 159 a. C. las mujeres lograron la revocación de la ley Oppia (impedía


el uso de adornos de oro, piedras y sedas). Desde entonces alcanzaron
además los siguientes derechos: - a administrar su propia dote
- al divorcio

f. Cambios en la educación:

 Modificación de la antigua educación de base familiar, dirigida a la


adquisición de los mores maiorum.
 Tres etapas:
1°: (7 a 13 años): lectura, escritura y cálculo
2°: (13 a 16 años): literatura y leyes, a cargo de maestros (grammatici)
3°: (sólo por algunos): retórica (necesaria para el desempeño político en el
Foro).

III. La república tardía (123 al 30 a. C)

Época de violencia creciente tanto por la resistencia de los pueblos conquistados


dentro y fuera de Italia, como por las rebeliones de las clases marginadas y el anhelo de
poder de los principales generales de la conquista.
Se producen:
a. las guerras serviles ( rebeliones de esclavos [servus= esclavo])
b. las guerras sociales ( entabladas por los estados aliados [socii])
c. las guerras civiles: (entre ciudadanos romanos [civis = ciudadano]

Las guerras serviles son tres: en el 135/132, en el 103 y finalmente, en el 73 a.


C., ésta última comandada por Espartaco. Todas las rebeliones fueron brutalmente
aplastadas.
Ante el creciente malestar de los propietarios rurales arruinados por las guerras
sucesivas, dos hermanos, provenientes de la patricia familia de los Escipiones, pero
educados en ideales de libertad y de humanitarismo griegos, Tiberio y Cayo Graco,
13

intentaron, desde sus puestos de tribunos de la plebe, hacer una reforma agraria que
repartiera los terrenos del estado (ager publicus), arrendados a latifundistas, entre los
ciudadanos sin tierra. Tiberio fue asesinado. Su hermano, que propuso una lex frumentaria
(ley de venta a bajo precio del trigo a los ciudadanos más pobres), la fundación de colonias
en tierras despobladas y una reforma política que limitara los poderes del Senado y
otorgara la ciudadanía a los pueblos aliados, también fue perseguido y se suicidó antes de
ser prendido.
Se forman así dos partidos: el senatorial y otro, de corte más popular. Sus
enfrentamientos empezaron a ser violentos y comenzaron entonces las guerras civiles, que
terminaron con la República como organización política. Estas guerras opusieron
sucesivamente a: Mario contra Sila, Pompeyo contra César y Antonio contra Octavio.

Mario, hombre de enorme valentía, venció a Yugurta, rey de Numidia, (N. del África)
que se había levantado contra el imperio. También redujo a los cimbrios y teutones -
pueblos del N de Germania que huyeron ante el cataclismo que desbordando el Mar Báltico
formó las islas de Dinamarca-. Estas victorias inmensas le valieron el ser reelecto como
cónsul 7 veces, con lo que se muestra su contemporización con la clase senatorial.

Los pueblos itálicos, aliados entre sí, decidieron dar guerra a Roma para
obtener la igualdad de derechos civiles. En la primera etapa, fueron vencidos por Mario.
Pero éste, que sentía simpatía por sus antiguos soldados nacidos de estos pueblos, se
retiró de la lucha. En su lugar se designó a Sila, quien terminó la tarea comenzada por
Pompeyo y que tuvo como efecto que la ley Julia (aprobada por César) concediera la
ciudadanía a todos los pueblos itálicos que aceptaban -puesto que habían sido vencidos-
la supremacía romana.

Pese a su comportamiento con el Senado, Mario representaba los intereses


populares y Sila, los aristocráticos. Sila marchó por pedido del Senado para combatir
contra Mitrídates, en el Ponto, que hacía tambalear el poder romano en el Asia Menor.
Mario se opuso, pero Sila lo derrotó y fue contra Mitrídates a quien venció completamente.

El Senado, dirigido por los seguidores de Mario, declaró a Sila enemigo de la Patria;
pero éste declaró la guerra a Roma [su propia ciudad] y combatió hasta lograr la victoria
completa. Comenzó entonces lo que se conoció como la “era del terror”: proscripciones
que elevaron a 100.000 el n° de víctimas (ciudadanos romanos e italianos que había
simpatizado con Mario). Luego solicitó y obtuvo el título de “dictador” y decretó un nuevo
orden legal de tipo aristocrático en donde el Senado reunía la suma de los poderes,
derogando todos los derechos de la plebe y los derechos conseguidos por los pueblos
itálicos. Después de 10 años de gobierno, se retiró a Cumas, donde muere a los 60 años.
Pompeyo, yerno de Sila, afamado por vencer en los levantamientos en España y por
sofocar violentamente la rebelión de los esclavos, llega a Roma en momentos en que la
ciudad estaba amenazada por piratas que dominaban todo el Mediterráneo. Pompeyo, en
tres meses, mediante el bloqueo de los puertos fundamentales, cosa que obligó a los
piratas a refugiarse en las costas del Asia Menor, logra darles sitio y confiscarles todos los
bienes.
Al terminar con esta tarea, reúne su ejército para enfrentar el último levantamiento
de Mitrídates, que acaba con la huida de éste y el anexamiento, como provincias romanas
de Bitinia, Siria, Fenicia y Palestina, en cuya capital, Jerusalén, residió desde entonces un
procónsul romano. Estamos en el año 64 a. C.

Entretanto, en Roma, un noble venido a menos con ansias de adueñarse del poder,
organiza un ejército y, tramando matar a su opositor Cicerón para adueñarse después de
la ciudad, es denunciado por éste ante el Senado y sucumbe en batalla ante un
lugarteniente de Antonio, colega de Cicerón en el Consulado.

Entre tanto, Cayo Julio César, nacido de una estirpe patricia y que hacía remontar
su linaje (la gens Iulia) de Eneas, hijo de Venus y Anquises, adhirió desde muy joven al
partido popular. Perseguido por Sila, cuando retorna a Roma, asciende la jerarquía de
magistraturas, de modo tal que -después de consolidar su posición económica con la
14

pacificación y prosperidad de la Lusitania-, formó parte del Primer Triunvirato, junto con
Pompeyo y Craso (armas y dinero).
La transformación de la República en monarquía imperial, se prepara
lentamente: Sila da el primer paso y los Triunviratos siguientes ponen fin a
la tarea. Con el nombre de Triunvirato se conocía en Roma el gobierno de
tres personajes influyentes y rivales entre sí, que se distribuyen el poder
con el consentimiento del pueblo y del Senado, para evitar guerras civiles.

Como cónsul aprobó la ley agraria de reparto de tierras a veteranos de guerra e hizo
desterrar a Cicerón, principal defensor de los derechos senatoriales. En calidad de
procónsul, tomó a su cargo la conquista definitiva de las Galias, con el pretexto de
responder a los aliados eduos y secuanos, atacados por sus vecinos los helvecios y suevos.
Después de una guerra que el mismo César narró en siete libros de sus Comentarios a la
Guerra de las Galias (De bello gallico), en el 50 a. C., las Galias estaban sometidas.

Craso, uno de los hombres más ricos de Roma, como gobernador de Siria, marchó
contra los Partos, pueblos de Persia que amenazaban las fronteras romanas, muriendo en
la batalla junto con su hijo y con la derrota completa del ejército romano.

Muerto Craso, quedaron enfrentadas la ambición por el sumo poder tanto de César
como de Pompeyo. El primero representaba los intereses populares y el segundo, los
aristocráticos y senatoriales. Ante intrigas que le impedían volver a Roma, César pasa con
su ejército el río Rubicón y marcha contra Roma. La batalla definitiva entre ambos líderes
se dan en Farsalia (48 a. C.), en Tesalia, donde triunfa César. Traicionado por el rey de
Egipto, Ptolomeo XIII, Pompeyo es muerto en Siria. Ante esta traición, César, ataca al rey,
le obliga a pagar deudas y tributos y coloca en el trono a su hermana Cleopatra. [Para
tener en cuenta: aun con su enemigo, un romano es un compatriota para otro
romano, frente a cualquier otro, considerado interiormente un bárbaro. César se
horroriza ante la cabeza decapitada de Pompeyo y, por eso, reacciona
violentamente contra la traición a un romano; traición hecha para congraciarse
con el que se sabía más poderoso. ]

De vuelta en Roma, César debe


acabar con las ofensivas de los
seguidores de Pompeyo en Asia,
África y España.
Entonces el Senado le otorgó la
dictadura por 10 años, la potestad
censoria por tres. César celebró con
grandes fiestas sus triunfos y su
gloria y popularidad fueron
apoteóticas. Nombrado también
pontífice vitalicio, asumió la totalidad
de los poderes, acuñó monedas con
su imagen, perdonó a los enemigos,
democratizó el Senado, saneó la
hacienda, amplió el derecho de ciudadanía a varias provincias, reformó el calendario. Pero
el partido aristocrático, con Casio y Bruto (sobrino de Catón y muy querido por César) a la
cabeza, urdió una conjuración y le dio muerte en el 44 a. C. [Los idus de marzo: el 15
de marzo].
Los conjurados, ante la huida del Senado que ellos habían defendido y el rechazo
popular masivo ante el crimen, se refugian en el Capitolio. Marco Antonio, cónsul en ese
momento, decide hacerse con el poder: lee el testamento de César, distribuye parte de su
fortuna en el pueblo y jura vengar su muerte ante el cadáver ensangrentado del jefe.
Enardecida, la turba incendia las casas de los conjurados y éstos huyen. Antonio, queda
dueño del poder, gobierna despóticamente, amasa su fortuna, arma un gran ejército.

A la muerte de César, su hijo adoptivo Octavio, viene a Roma, se atrae la adhesión


15

de los veteranos de César, reclama y vende el patrimonio de éste para cumplir lo ordenado
por su testamento repartiéndolos, con lo que se gana al Senado, al pueblo y al ejército.
Por intervención de Cicerón, Antonio es declarado enemigo de la patria (Filípicas), y es
combatido por Octavio, como pretor. Antonio, vencido, se fugó a los Alpes y Octavio, antes
de que el Senado se volviera contra él, toma Roma con su ejército y es nombrado cónsul,
con 20 años.

Para establecer la paz, organizan un segundo Triunvirato: Antonio, Lépido y Octavio,


quienes se reparten el mundo y gobiernan en un clima de proscripciones y asesinatos,
entre cuyas víctimas se encuentra el ilustre Cicerón. Después de luchar con Sexto
Pompeyo, hijo del general anterior y vencerlo y ante el alejamiento de Lépido, Antonio y
Octavio quedaron solos en su lucha por alcanzar el sumo poder.

Marco Antonio, enamorado de Cleopatra, repudió a su esposa romana, hermana de


Octavio y entregó reinos a los hijos de la reina egipcia, que también aspiraba al gobierno
de Roma. La guerra no tardó en estallar: Antonio y Cleopatra, al mando de fuerzas militares
y navales muy superiores, se enfrentaron con Octavio en la batalla de Accio. Después de
10 hs. Cleopatra abandonó la lucha y, al seguirla Antonio hacia Alejandría, tanto los barcos,
como luego las tropas de tierra se rindieron a Octavio. Éste siguió hasta Egipto donde,
después de la traición de Cleopatra a Antonio, éste se atravesó con su espada y ella, al no
poder seducir a Octavio, se dio muerte antes de ser conducida a Roma como botín de
guerra.

Egipto quedó convertido en provincia romana en el 30 a. C. Con esta batalla,


terminaron las guerras civiles y comenzó para Roma un período de paz interior,
reorganización y prosperidad que se conoce como el Principado de Augusto.

Fustel de Coulanges, Numa D. La ciudad antigua. Porrúa, México, 1992 (en el síntesis se
consignan las páginas).

Las antiguas creencias

Si, remontando a las primeras edades de una raza, es decir, al tiempo en que fundó sus
instituciones, se observa la idea que tenía del ser humano, de la vida, de la muerte, de la
segunda existencia, del principio divino, adviértese una relación íntima entre estas
opiniones y las reglas antiguas del derecho privado, entre los ritos que emanan de esas
creencias y las instituciones políticas. (p. 3)

La comparación de las creencias y de las leyes muestra que una religión primitiva ha
constituido la familia griega y romana, ha establecido el matrimonio y la autoridad paterna,
ha determinado los rangos del parentesco, ha consagrado el derecho de propiedad y el de
herencia. Esta misma religión, ha formado luego una asociación mayor, la ciudad y de ella
han procedido las instituciones y el derecho privado de los antiguos; sus reglas, sus
costumbres, sus magistraturas.

Pero esas viejas creencias se han modificado con el tiempo y el derecho privado y las
instituciones políticas, se han modificado con ellas. Entonces, se ha desarrollado la serie
de revoluciones, y las transformaciones sociales han seguido regularmente a las
transformaciones de la inteligencia. (p. 4)

Creencias sobre el alma y la muerte:

Las generaciones más antiguas han creído en una segunda existencia después de la actual.
Han considerado la muerte, no como una disolución del ser, sino como un mero cambio de
vida (p.7).

Según las más antiguas creencias de los italianos y de los griegos, no era en un mundo
16

extraño al presente donde el alma iba a pasar su segunda existencia: persistía cerca de
los hombres y continuaba viviendo bajo la tierra.
También se creyó que en esta segunda existencia, el alma permanecía asociada al cuerpo.
Nacida con él, la muerte no los separaba y ella se encerraba con él en la tumba. Testimonio
de estas creencias son los ritos de sepultura de que dan cuenta escritores muy posteriores
en el tiempo, como Virgilio, Ovidio o Plinio el Joven: se llamaba por tres veces el nombre
del muerto, se deseaba que la tierra le fuera ligera, se enterraba con él objetos de que
podría necesitar (vestidos, vasos, armas), se derramaba vino sobre su tumba para calmar
su sed y alimentos; se sacrificaban caballos y esclavos, en la creencia de que le servirían
en otra vida. (p. 9-10)

De esta creencia primitiva se derivó la necesidad de la sepultura. El alma que carecía de


ella no tenía morada. Vivía errante, en forma de larva o fantasma. Siendo desgraciada, se
convertía pronto en malhechora. Atormentaba a los vivos, les enviaba enfermedades,
asolaba sus cosechas y se les aparecía para que le diesen sepultura. (p. 10-11)

Más importante que la muerte misma era para los antiguos que se sepultara el cuerpo y
se cumplieran escrupulosamente todos los ritos. Esta era una fuente de continuas
inquietudes. (12) A los culpables se les infligía un castigo reputado de terrible, la privación
de sepultura, con la que se castigaba el alma misma y se la condenaba eternamente (p.
11-12).

En relación con los alimentos (leche, tortas, frutas, sal, carne asada de las víctimas, vino),
ni los familiares tomaban nada de lo que correspondía al muerto y tanto entre griegos
como entre romanos ante cada tumba había un emplazamiento destinado a la inmolación
de víctimas y a la cocción de su carne. (15)

El culto de los muertos

Todos estos ritos obligatorios instituyeron una religión de la muerte. Los muertos pasaban
por seres sagrados, nombrados con los más respetuosos epítetos y despertaban la
veneración de lo que se ama y de lo que se teme. En su pensamiento, cada muerto era
como un dios. (p.17) Esto no era privilegio de clases, entre los muertos no había distinción,
incluso los hombres malos. Los romanos les daban el nombre de dioses Manes. (p.18)

Este culto de los muertos se encuentra entre los helenos, los latinos, sabinos, los etruscos,
los pueblos arios de India. (p. 19-20) Si el muerto cuyos ritos se descuidaban se convertía
en una amenaza para los suyos, el que era honrado con ellos, cumplía una función tutelar,
interviniendo en los acontecimientos de modo fuerte y activo. (p. 21)

Estas almas humanas, divinizadas por la muerte, eran lo que los griegos llamaban demonio
[de dáimon, genio] o héroes; los latinos les dieron el nombre de Lares, Manes. (p.22)

Esta religión de los muertos parece ser la más antigua que haya existido entre esta raza
de hombres. Antes de concebir y de adorar a Indra o a Zeus, el hombre adoró a los
muertos; tuvo miedo de ellos y les dirigió sus preces. La muerte fue el primer misterio y
puso a los hombres en el camino de los demás misterios. Ella elevó su pensamiento de lo
visible a lo invisible, de lo transitorio a lo eterno, de lo humano a lo divino. (p.23)

El fuego sagrado

La casa de un griego o de un romano encerraba un altar: en este altar tenía que haber
siempre ceniza y carbones encendidos. Era obligación del jefe de la casa conservar el fuego
día y noche. Todas las noches se cubrían los carbones con ceniza para evitar que se
consumiesen enteramente; al levantarse, el primer cuidado era reavivar ese fuego
alimentándolo con astillas. El fuego no cesaba hasta que la estirpe familiar no se extinguía.
17

Fuego extinto, familia extinta (24).


El rito de la conservación del fuego, devino una ceremonia de gran importancia religiosa.
Se prescribía qué maderas eran adecuadas y cuáles, impías, para conservarlo siempre puro
de cosas sucias y, por ende, de conductas irregulares. (25)

El fuego tenía algo de divino; se le adoraba, se le rendía un culto verdadero. Al Hogar se


le ofrecían frutas, flores, incienso, vino y oraciones para alcanzar bienes. (25-26)

El fuego del hogar era, pues, la Providencia de la familia. Su culto resultaba muy sencillo.
La primera regla era que hubiese siempre en el altar algunos carbones encendidos, pues
si se apagaban, era un dios quien cesaba de existir. Se nutría y fomentaba su cuerpo con
astillas, leñas, vino, aceite, incienso y la grasa de las víctimas. (28)

La comida era el acto religioso por excelencia. El dios presidía. Él era quien había cocido el
pan y preparado los alimentos; por eso se le consagraba una oración al empezar y otra al
concluir la comida. Este ritual, perduró aun cuando las creencias mismas habían
desaparecido. Todavía Horacio, Ovidio, Juvenal, comen ante su hogar, hacen las libaciones
y oran. (28)

Estas prácticas se encuentran tanto en las costas del Mediterráneo como en la India.
Griegos, italianos e indos pertenecen a un mismo tronco racial; sus antepasados vivieron
juntos en Asia Central en épocas remotísimas; desde allí las tribus se separaron en distintas
direcciones llevando consigo las creencias originales. En tiempos posteriores, toda oración,
cualquiera que fuese, debía concluir entre griegos y romanos con otra oración al hogar.
(30-31)

En Roma, la primera adoración era siempre para Vesta, que no era otra cosa que el hogar.
Cuando las poblaciones de Grecia y de Italia adquirieron el hábito de representarse a los
dioses como personas, el viejo culto al hogar quedó personificado en el culto a Estia o
Vesta, nombre común tanto en griego como en latín. (31) Sin embargo, más allá de toda
personificación, todavía Ovidio reconoce en el nombre a la “llama viviente”. (32)

El fuego del hogar es, sobre todo, una especie de ser moral: al tiempo que calienta y cocina
los alimentos sagrados, concibe los deberes y vela para que se realicen (concede al hombre
la pureza, concibe lo bello y lo bueno, nutre el alma.) (32-33)

Todavía después, cuando ya se honraba como Vesta, esta fue la diosa virgen, imagen del
orden moral, especie de alma universal, que regula los movimientos diversos de los
mundos, como el alma humana dicta la regla en nuestros órganos. (33)

Esto conduce al culto de los muertos. Se observa en pasajes de Plauto o Columela que, en
el lenguaje ordinario, se decía indiferentemente ‘hogar’ o Lar doméstico; o que en Cicerón
no se diferencian el hogar de los Penates, ni los Lares de los Penates. En un pasaje
famoso de la Eneida, Héctor dice a Eneas que va a entregarle los Penates troyanos
y le ofrece el fuego del hogar. En otro, Eneas invoca a estos mismos dioses,
llamándolos a la vez Penates, Lares y Vesta [II, 297; IX, 257-258;V, 744] (34).
Servio cuenta que era costumbre muy antigua enterrar a los muertos en las casas y que
“Por consecuencia de esta costumbre, también se honra en las casas a los Lares y a los
Penates” (p. 34)

Así, la religión no residía en los templos, sino en la casa; cada cual tenía sus dioses; cada
dios protegía a su familia y era dios en su casa. La cuna de esta religión no es otra que la
familia y se propagaba de generación en generación, de varón en varón. (42-43)
Costumbres que acarrearon consecuencias en el lugar que en la historia ocupó la mujer en
el derecho al culto y en el derecho privado.
18
La familia antigua

El principio de la familia antigua no radica ni en la generación, ni en el afecto. Lo que une


a los miembros de la familia antigua es la religión del hogar y de los antepasados. Por ella,
la familia forma un cuerpo de asociación en esta vida y en la otra. (pp. 46-47)

El matrimonio

Fue, verosímilmente, la primera institución establecida verosímilmente por la religión


doméstica. (48)

La mujer tenía parte en el culto, al lado del varón: si soltera, al lado de su padre; si casada,
al lado del marido. Cuando una joven era dada en matrimonio cambiaba de dioses Lares,
abandonaba a los que había venerado desde niña, para honrar a los dioses desconocidos
del hogar de su marido. El matrimonio era la ceremonia religiosa que incorporaba una
sacerdotisa al hogar, de modo que necesitaba de una ordenación y adopción. (48-49) Por
eso, la ceremonia de bodas se realizaba en la casa y era presidida por los dioses
domésticos, no por los grandes dioses de la ciudad; aunque con el tiempo, estos dioses
fueron admitidos en ella. (50)

El casamiento romano se parece mucho al griego, como éste, comprendía tres partes:
traditio, deductio in domum, confarreatio,

a. La joven abandona el hogar paterno. Como está ligada al hogar por su padre, sólo
éste puede desligarla y ‘entregarla’ al otro culto.
b. Se conduce a la joven a la casa del esposo. Va velada, lleva una corona y una
antorcha precede al cortejo. Se canta en torno de ella un antiguo himno religioso,
que, aunque cambiante con los tiempos, conservó la palabra Talassie,
incomprensible para los romanos y, seguramente, resto de alguna fórmula
antiquísima. En la puerta del marido se presenta a la joven el fuego y el agua. El
fuego es emblema de la divinidad doméstica; el agua es el elemento lustral que
sirve a la familia para todos los actos religiosos. Para que entre, se simula el rapto;
el esposo debe levantarla en brazos y transportarla sobre el umbral sin que los
pies de ella lo toquen.
c. Se conduce a la esposa ante el hogar, donde se encuentran los Penates, los dioses
domésticos y los antepasados, alrededor del fuego sagrado. Ambos esposos
ofrecen un sacrificio, hacen la libación, pronuncian oraciones y comen juntos una
torta de flor de harina (panis farreus). Esta torta, comida entre las oraciones,
asocia a ambos en un mismo culto y da santidad al vínculo. La mujer, que ha
entrado a participar en la religión del marido, es, como dice Platón, aquella a quien
los dioses mismos introducen en la casa. (53-54)

La institución del matrimonio sagrado debe de ser tan antigua entre los indoeuropeos como
la religión doméstica, pues una va unida a la otra. Las nupcias eran tan solemnes y de tan
graves consecuencias, que es normal que se haya creído lícita para una mujer en cada
casa; tal religión no podía admitir la poligamia. (55)

Si bien los romanos admitían el divorcio por coemptio o por usus, la disolución del vínculo
religioso era dificilísima. El efecto de la confarreatio solo podía destruirlo la diffarreatio. Los
esposos se ofrecían por última vez ante algunos testigos, ante el hogar común y, como en
el día del casamiento, se les presentaba una torta de harina que, entre oraciones e
imprecaciones no era aceptada por los esposos; especie de maldición con que la mujer
renunciaba al culto de los dioses del marido y el lazo religioso quedaba roto. Con él, toda
comunidad cesaba de pleno derecho y el matrimonio quedaba disuelto. (55-56)
19
El principado de Augusto

Al regresar a Roma, después de la victoria de Accio,


Octavio impuso la paz. Celebró tres triunfos sucesivos
e hizo cerrar las puertas del templo de Jano, después
de 235 años.

Prudente, quiso conservar la apariencia de las formas


republicanas, sin aceptar dictaduras ni realezas, pero
fue tomando poco a poco el gobierno de las riendas
de todos los poderes, asumiendo las decisiones en
todas las magistraturas. Dentro de Roma se lo
llamaba Princeps (el principal) y fuera, Imperator
(nombre que daban los soldados a su jefe máximo).

Entregó las provincias interiores y pacíficas al


gobierno del Senado, quedándose con las limítrofes,
con el fin de mantener custodiadas las fronteras.
Enriqueció su fortuna, pero emprendió las más de las
veces con su propio dinero el engrandecimiento de
Roma a través de la restauración de sus edificios,
sobre todo, de sus templos.

Aseguró la seguridad y el pan para todos los


ciudadanos romanos; ordenó la administración civil, la militar y la hacienda, diferenciando
las personas y las funciones que estaban a su cargo. Transformó en permanente el ejército
romano.

Advirtiendo la pujanza del sentimiento nacional creciente, adquirió por convicción el


compromiso tácito de mantener inviolado el predominio político de Italia y las formas
esenciales de la sociedad romana.

El objetivo de sus primeras medidas fue restablecer las clases superiores de la sociedad
romana y el conjunto de los ciudadanos, y restaurar la ciudad de Roma. Para lo primero,
realizó un saneamiento moral de las instituciones expulsando a los miembros indignos

Quiso depurar el cuerpo de ciudadanos a fin de que estuviera constituido


fundamentalmente por itálicos y romanos: para eso insistió en que los ciudadanos debían
casarse y formar familia entre itálicos. Por eso prohibió el matrimonio con libertos.

No aceptó recibir cultos divinos, pero sí se hizo llamar “hijo del divino César”. En el 27 a.
C. al devolver los poderes al Senado, éste insistió para que se reservara los militares y a
los otros nombres añadió el de “Augustus” [el incrementador del Estado, denominación
dada solo hasta entonces a algunos dioses, y que descansa en la creencia romana del
‘genio’ individual].

Los romanos llamaban desde hacía tiempo a su Estado “Imperio Romano”, y naturalmente,
Augusto, devino con el tiempo su Emperador.

Augusto creó la ‘guardia pretoriana’ y varios sistemas de seguridad y control provincial en


la ciudad. También creó una flota permanente. Sobre todo, determinó que los asuntos
militares quedaban fuera de la competencia del Senado y de la asamblea popular u otros
magistrados, sino sólo quedaban bajo la jurisdicción del emperador.

Como él también decidía en relación con los trabajos de los soldados en tiempos de paz,
instituyó un sistema de pensiones, fijo y regular, el aerarium militare, en el que el propio
Augusto puso una parte de su fortuna personal.
20
Esta organización general dotaba de la suma de los poderes a Augusto, pero disfrazadas,
evitaba así otras formas repulsivas de suyo al espíritu romano.

Pese a que los gastos superaban los recursos del imperio, la fabulosa riqueza de Augusto
evitó muchas veces la bancarrota o el recurso expoliatorio de los tiempos republicanos.
Esto producía una satisfacción general tanto por el clima de seguridad y tranquilidad como
por el orden instituido.

Los gobernadores, alejados en sus propias provincias, ya no se sentían libres, pues sabían
que la mirada de Augusto vigilaba lo que hacían y que debían contentarse con el generoso
salario que se les había fijado, bajo pena de ser juzgados en Roma por el Emperador
mismo.

Los caballeros, si bien perdieron el control completo de la vida financiera, recibieron


derechos definidos en la vida pública, como miembros de tribunales, oficiales del ejército,
agentes financieros del Emperador y gobernadores de ciertas provincias.

En cuanto al resto de la población, también mejoró. Las tierras concedidas a los veteranos
de guerra ya no fueron expoliadas, como en la república, sino compradas; terminaron las
levas obligatorias y el ejército estaba abierto para quien quisiera hacer la carrera militar.
Había garantía contra los saqueos.

La vida había vuelto a sus cauces ordinarios. Los ciudadanos romanos tenían excelentes
oportunidades. Floreció la industria y el comercio que enriquecía a los libertos, una clase
animosa y activa. También podían servir en la marina, en las brigadas contra incendios y
en las actividades financieras. El proletariado recibía una ración de cereal, además de
empleos temporarios, diversiones y hasta dinero.

Al relacionarse con los magistrados, el Senado y la asamblea popular, Augusto evitó


prolijamente cometer cualquier hecho inconstitucional. En el 27, al devolver todos los
poderes, por lo menos teóricamente, sólo debió a su encanto personal, a su autoridad
moral y al deseo expresado por el pueblo y el Senado su poder.

La sensata política extranjera de Augusto también sirvió para fortalecer su principado. Si


bien seguían las guerras fronterizas, su objetivo ya no era extender el imperio, sino reforzar
y rectificar las fronteras. Algunas zonas, como la Bética, en España, acabaron de anexarse,
la Tarraconense y la Lusitania.

Con respecto al norte, deseó incorporar las tribus celtas y tracias del sur del Danubio y las
germanas del oeste del Elba, de suerte de crear una frontera natural que se pudiese
defender más fácilmente desde el Mar Negro al Mar del Norte pasando por el Danubio y el
Elba.

El mundo de Augusto: la restauración de los mores antiqui

Tras los horrores de las guerras civiles, la idea de la libertad civil -una idea que los romanos
relacionaban íntimamente con la idea del Estado- se había hecho inseparable, en la mente
de la mayoría, de la anarquía y de la confusión, tan frescos en la memoria todavía.

Hablamos hoy de un siglo de Augusto, de una época de Augusto como de un período de


alta civilización. Agripa se preocupó más de los conocimientos geográficos. Hizo componer
un mapa del imperio; abrió numerosas vías de comunicación, levantó acueductos.
Construyó en Roma, unos baños o termas de los que subsiste todavía la sala central, con
el nombre de Panteón de Agripa, y es el más espléndido de los edificios romanos. Mecenas,
se distinguió, en cambio, protegiendo a escritores y artistas.
Otra persona que colaboró con él fue su hermosa esposa Livia, de quien no tuvo hijos, pero
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que hilaba la lana en su casa, fue muy fiel, cuidó celosamente de la salud de su marido y
fue un ejemplo de las virtudes de la mujer de la nobleza romana. Ella fue quizás la
inspiradora de las medidas con que Augusto trató de resucitar la antigua moral
republicana: La lex Julia, que otorgaba grandes beneficios a las familias con hijos, y, por
el contrario, grababa la situación civil de quienes no los tenían; una ley que ayudaba a
concertar matrimonios, incluso con la oposición paterna. O las fuertes leyes contra el
adulterio, con penas como el exilio, la confiscación de bienes y la imposibilidad de nuevo
matrimonio. Más duras eran aún las penas aplicadas al lenocinium y al estuprum.

Simultáneamente debía ponerse gran empeño en revivir la fe religiosa, restaurando lo más


sagrado del viejo culto romano. Augusto reedificó el templo de Júpiter en el Capitolio,
construyó el de Marte y el gran templo de Apolo, con bibliotecas, en el Palatino, no muy
lejos de su casa.

Durante los primeros años del principado de Augusto, el pueblo romano se halló
constantemente solicitado por fiestas, juegos y ceremonias religiosas. Los miembros de la
familia real presidían y participaban de ellos.

Pero nada puede dar mejor idea del esfuerzo deliberado que se hacía para restaurar la
piedad romana, que los ritos con que Augusto y sus colaboradores trataron de impresionar
al pueblo, resucitando la costumbre de los Juegos Seculares. Se celebraban cada ciento
diez años, lo que constituía una era. Augusto decidió que se celebraran el año 18.

Probablemente de origen etrusco, estos juegos servían para apaciguar a los dioses
infernales. Después de tres noches de sacrificios de animales, los días se llenaban de fiestas
y juegos atléticos, alternados con procesiones y cánticos religiosos. No sólo fue una
restauración de un pasado folklórico, sino que se le dio un valor profético de inauguración
de una era feliz. El canto o himno que Horacio compuso expresamente para estos días es
la más sublime exaltación del patriotismo que ha producido la poesía. Simultáneamente,
los relieves históricos del Ara Pacis reviven las comitivas oficiales de la familia imperial,
sacerdotes y senadores para rendir tributo a la más poderosa de las divinidades, símbolo
y cifra del gobierno de Augusto.

Cabe aclarar que solo en este punto Roma busca su propia identidad en las fuentes de sus
propias virtudes antiguas. Lo que sigue, cuando no la decadencia por inversión de los
hábitos morales, no es sino el reino de lo supersticioso o del individualismo que trajeron
desde la griega envejecida el estoicismo, o el epicureísmo o el gnosticismo.

El Imperio después de Augusto

Desde la muerte de Augusto en el año 14 d. C al 68, gobierna la dinastía Julio-Claudiana:


Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón. Los mejores, Tiberio y Claudio.
Después de un período de anarquía militar, gobierna la dinastía de los Flavios: Vespasiano,
Tito, Domiciano. Augusto y Vespasiano, grandes emperadores, los demás, terriblemente
malos.

Desde el 193, rige la dinastía de los Antoninos: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío,
Marco Aurelio y Cómodo (algunos hijos, otros, simplemente adoptados). Salvo Cómodo, la
dinastía tuvo hombres de grandes condiciones y virtudes, que llevaron tranquilidad y
prosperidad al imperio, que alcanzó su máxima extensión con Trajano.

Estas dinastías dieron al mundo romano una época de oro y de grandeza. Lo más
importante fue la paz romana: poder imperial + beneficios materiales y morales.

El imperio comprendía, ya debidamente organizado, más de 80.000 habitantes. Sus límites


eran:
En Europa: el mar del Norte, el Rin y el Danubio
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En Asia: el mar Negro, Armenia y el mar Caspio; también, el Tigris y el Éufrates.


En África: la línea de desiertos del Sahara.
La importancia del imperio romano fue haber creado con todos los diversos
pueblos unidos, una fusión cada vez mayor; primero por la fuerza, pero a poco,
por la continuidad vivencial bajo el gobierno de Roma y de sus derechos
crecientes. Lograron la adaptación a una misma civilización que abarcaba no sólo
la cuenca mediterránea, sino territorios interiores. Y sobre todo, el orden
constituido bajo una nueva koiné: el latín.

El régimen imperial le dio al mundo la atmósfera de la paz romana, los órdenes


administrativos vigilados de Roma, los soldados, quienes cuando no luchaban volvieron a
ser una clase agrícola y a trabajar el campo; se agrupaban en colonias y trabajaban bajo
el desarrollo de la civilización.

Además, el Imperio extendió la civilización por medio de puentes, carreteras, acueductos,


acueductos, faros, canales; invirtió en las provincias capitales romanos para el desarrollo
agrícola e industrial y, fundamentalmente, cambió la faz del intercambio comercial
acuñando gran cantidad de monedas en oro.

Los emperadores trabajaron concienzudamente de manera paulatina para consolidar la


codificación de un Derecho civil que culminó con el Código Teodosiano (438 d. C) y el de
Justiniano (573 d. C): ambos funden el derecho tradicional con las legislaciones locales de
provincias.

El latín fue la lengua oficial del Occidente; el Oriente, se mantuvo bilingüe (griego/latín)

La crisis del siglo III

Con el fin de los Antoninos, se produce un estado de caos, con luchas entre las legiones
imperiales, emperadores ambiciosos y poco inteligentes y la llegada al trono de los
Severos: Septimio Severo (déspota militar), Caracalla (pésimo gobernante, no muy en su
sano juicio), Heliogábalo (un desmesurado orientalizante y loco) y Severo Alejandro,
asesinado rápidamente. Durante casi todo el siglo III, domina el estado de anarquía que
lleva el imperio al borde de la ruina:
a. paralización del comercio y de la agricultura
b. debilitamiento de las fronteras
c. ingreso y saqueos de tribus bárbaras (germanas) en Europa y de los
persas en Asia.

275: Emperador Aureliano, enérgico y capaz. Consolida la unidad perdida, rechaza


invasores y establece como religión oficial la del Sol, primer paso hacia el monoteísmo,
que conciliaba los viejos dioses paganos con la idea del nuevo dios cristiano.

285-305: Llegada al poder de Dioclesiano, emperador ilirio.

Gobierno firme; eliminación de causas de disturbios y anarquía. Persecución de los


cristianos durante ocho años.

División del Imperio en dos partes: una en Occidente a cargo de Maximiniano, con capital
en Milán; y otra en Oriente, a cargo de Dioclesiano con capital en Nicodemia

El imperio se vuelve cada vez menos romano, Roma pierde importancia. En esta monarquía
absoluta, el rey se llamaba dominus; mantienen el sistema monetario en oro, los esclavos
pasan a ser siervos ‘servidumbre de la gleba’. Por primera vez, los ciudadanos romanos
cruzaron el imperio para buscar mejores condiciones de vida en los países bárbaros.

Cuando abdican y después de muchas luchas civiles, triunfa Constantino, quien completa
las reformas de Dioclesiano. Cesa la persecución cristiana, política de tolerancia y
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protección del cristianismo. Instala la capital en Oriente, en Constantinopla y maneja el


imperio de modo centralizado. Al morir reparte el imperio entre sus hijos, de los cuales,
Juliano, quiere volver a implantar el paganismo y reanuda una persecución terrible contra
los cristianos.

Sus sucesores favorecen el cristianismo hasta Teodosio, quien lo nombra religión oficial,
única y exclusiva del Imperio. Al morir, vuelve a repartir el imperio: el de Oriente perdurará
hasta la invasión turca en el 1473, pero Roma, bajo Honorio, será saqueada y destruida
completamente en el 476 por los bárbaros germanos que fueron empujados hacia el sur
por las migraciones orientales de los hunos, cuyo rey Atila, entró en Roma, aun cuando
esta ya estaba casi enteramente destruida.

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