La naturaleza de la percepción En las últimas décadas el estudio de la percepción ha sido objeto de
creciente interés dentro del campo de la antropología, sin embargo, este interés ha dado lugar a
problemas conceptuales pues el término percepción ha llegado a ser empleado
indiscriminadamente para designar a otros aspectos que también tienen que ver con el ámbito de
la visión del mundo de los grupos sociales, independientemente de que tales aspectos se ubiquen
fuera de los límites marcados por el concepto de percepción. Es común observar en diversas
publicaciones que los aspectos calificados como percepción corresponden más bien al plano de las
actitudes, los valores sociales o las creencias. Aun cuando las fronteras se traslapan, existen
diferencias teóricas entre la percepción y otros aspectos analíticos que hacen referencia a distintos
niveles de apropiación subjetiva de la realidad. El reemplazo de este concepto por otros no es un
problema de serias consecuencias en la medida en que el producto de la investigación presente
conclusiones muy generales sobre la aproximación que tienen los actores sociales a los eventos de
su cotidianeidad y que dichas conclusiones no conduzcan a confusiones interpretativas. Se vuelve
un problema mayor cuando el mal uso del concepto da lugar a sesgos analíticos y cuando el
resultado de la investigación se ubica dentro del ámbito del desarrollo teórico-conceptual de las
ciencias. Uno de los problemas más graves se presenta cuando las diferencias observadas entre
grupos sociales, que corresponden fundamentalmente al plano sociocultural, son confundidas con
las diferencias perceptuales que tienen un carácter biocultural; entonces se corre el riesgo de
generar inferencias erróneas sobre la existencia de grupos sociales con capacidades físicas menos
o más evolucionadas, dando lugar a justificaciones “científicas” racistas, como ya ha ocurrido. 1 La
percepción es biocultural porque, por un lado, depende de los estímulos físicos2 y sensaciones3
involucrados y, por otro lado, de la selección y organización de dichos estímulos y sensaciones. Las
experiencias sensoriales se interpretan y adquieren significado moldeadas por pautas culturales e
ideológicas específicas aprendidas desde la infancia. La selección y la organización de las
sensaciones están orientadas a satisfacer las necesidades tanto individuales como colectivas de los
seres humanos, mediante la búsqueda de estímulos útiles y de la exclusión de estímulos
indeseables en función de la supervivencia y la convivencia social, a través de la capacidad para la
producción del pensamiento simbólico, que se conforma a partir de estructuras culturales,
ideológicas, sociales e históricas que orientan la manera como los grupos sociales se apropian del
entorno. La percepción depende de la ordenación, clasificación y elaboración de sistemas de
categorías con los que se comparan los estímulos que el sujeto recibe, pues conforman los
referentes perceptuales a través de los cuales se identifican las nuevas experiencias sensoriales
transformándolas en eventos reconocibles y comprensibles dentro de la concepción colectiva de la
realidad. Es decir que, mediante referente
aprendidos, se conforman evidencias a partir de las cuales las sensaciones adquieren significado al
ser interpretadas e identificadas como las características de las cosas, de acuerdo con las
sensaciones de objetos o eventos conocidos con anterioridad. Este proceso de formación de
estructuras perceptuales se realiza a través del aprendizaje mediante la socialización del individuo
en el grupo del que forma parte, de manera implícita y simbólica en donde median las pautas
ideológicas y culturales de la sociedad. Los conceptos de percepción Una de las principales
disciplinas que se ha encargado del estudio de la percepción ha sido la psicología 4 y, en términos
generales, tradicionalmente este campo ha definido a la percepción5 como el proceso cognitivo de
la conciencia que consiste en el reconocimiento, interpretación y significación para la elaboración
de juicios en torno a las sensaciones obtenidas del ambiente físico y social, en el que intervienen
otros procesos psíquicos entre los que se encuentran el aprendizaje, la memoria y la
simbolización. No obstante que la percepción ha sido concebida como un proceso cognitivo, hay
autores que la consideran como un proceso más o menos distinto señalando las dificultades de
plantear las diferencias que ésta tiene con el proceso del conocimiento. Por ejemplo, Allport
apunta que la percepción es ... algo que comprende tanto la captación de las complejas
circunstancias ambientales como la de cada uno de los objetos. Si bien, algunos psicólogos se
inclinan por asignar esta última consideración a la cognición más que a la percepción, ambos
procesos se hallan tan íntimamente relacionados que casi no es factible, sobre todo desde el
punto de vista de la teoría, considerarlos aisladamente uno del otro. (Allport, 1974: 7-8) Si la
percepción es o no un tipo de conocimiento, es una cuestión para posteriores discusiones. No
obstante, la caracterización que se ha hecho de ella tiene aspectos cuestionables e, incluso,
algunos de ellos no pueden ser sostenidos a la luz de constataciones recientes. Uno de los
aspectos que ha sido privilegiado en los estudios tanto psicológicos como filosóficos sobre
percepción es el de la elaboración de juicios, que se plantea como una de las características
básicas de la percepción. La formulación de juicios ha sido tratada dentro del ámbito de los
procesos intelectuales conscientes, en un modelo lineal en donde el individuo es estimulado, tiene
sensaciones y las intelectualiza formulando juicios u opiniones sobre ellas, circunscribiendo a la
percepción en el ámbito de la mente consciente.6 La percepción no es un proceso lineal de
estímulo y respuesta sobre un sujeto pasivo, sino que, por el contrario, están de por medio una
serie de procesos en constante interacción y donde el individuo y la sociedad tienen un papel
activo en la conformación de percepciones particulares a cada grupo social. En el proceso de la
percepción están involucrados mecanismos vivenciales que implican tanto al ámbito consciente
como al inconsciente de la psique humana. En contra de la postura que circunscribe a la
percepción dentro de la conciencia han sido formulados planteamientos psicológicos que
consideran a la percepción como un proceso construido involuntariamente en el que interviene la
selección de preferencias, prioridades, diferencias cualitativas y cuantitativas del individuo acerca
de lo que percibe (este proceso se denomina preparación); al mismo tiempo, rechazan que la
conciencia y la introspección sean elementos característicos de la percepción. (Abbagnano, 1986)
El hombre es capaz de tener múltiples sensaciones pero sólo repara en unas cuantas tomando
conciencia de ellas. Sin embargo, hay sensaciones que también llegan a la mente y son procesadas
de forma inconsciente. La percepción subliminal a la cual por mucho tiempo se le negó existencia
actualmente es un hecho comprobado. En la percepción subliminal lo percibido puede quedar
registrado en la mente en forma inconsciente sin llegar a alcanzar el nivel de la conciencia.
González, en desacuerdo con algunos planteamientos psicológicos que señalan que lo percibido
debe ser necesariamente verbalizado y consciente comenta que ... existe un número creciente de
investigadores que (...) han puesto de manifiesto, más allá de toda duda razonable, la existencia de
procesos psíquicos inconscientes, donde estímulos externos de los que el sujeto carece de
conocimiento pueden afectar su conducta observable... (González, 1988: 19) González agrega que
los eventos percibidos por debajo de la conciencia se pueden poner de manifiesto cuando influyen
sobre la conducta y que pueden hacerse conscientes mediante ciertas técnicas como la hipnosis, la
estimulación cerebral o el esfuerzo de la memoria. La percepción posee un nivel de existencia
consciente, pero también otro inconsciente; es consciente cuando el individuo se da cuenta de
que percibe ciertos acontecimientos, cuando repara en el reconocimiento de tales eventos. Por
otro lado, en el plano inconsciente se llevan a cabo los procesos de selección
(inclusión y exclusión) y organización de las sensaciones. Sobre la base biológica de la capacidad
sensorial, la selección y elaboración de la información del ambiente se inicia en la discriminación
de los estímulos que se reciben, en tal discriminación subyace la mediación de mecanismos
inconscientes. Esta mediación impulsa a evaluar lo que en determinado momento interesa de
entre todas las posibles manifestaciones sensibles del ambiente; de lo potencialmente percibido
se lleva a cabo una selección de lo que es importante dentro de las circunstancias biológicas,
históricas y culturales. La flexibilidad conductual de percibir selectivamente es una capacidad de la
especie humana que permite la adaptación de los miembros de una sociedad a las condiciones en
que se desenvuelven. Así, la percepción es un caso en el que una capacidad corporal es moldeada
y matizada por el aprendizaje. Como ejemplo tomamos la observación de Hall sobre la percepción
de sensaciones auditivas y espaciales entre miembros de distintas culturas: Los japoneses, por
ejemplo, excluyen visualmente de muchos modos, pero se conforman con paredes de papel para
la eliminación acústica. Pasar la noche en una posada japonesa mientras en la puerta de al lado
están de fiesta es una nueva experiencia sensorial para los occidentales. En cambio, los alemanes y
los holandeses necesitan paredes gruesas y puertas dobles para eliminar ruidos, y tienen
dificultades en atenerse únicamente a su capacidad de concentración para excluirlos. Si dos piezas
son del mismo tamaño pero la una elimina los sonidos y la otra no, el alemán sensible que trata de
concentrarse se considerará menos apretado en la primera, porque en ella se siente menos
invadido. (Hall, 1983: 61) En el proceso de la percepción se ponen en juego referentes ideológicos
y culturales que reproducen y explican la realidad y que son aplicados a las distintas experiencias
cotidianas para ordenarlas y transformarlas. Cabe resaltar aquí a uno de los elementos
importantes que definen a la percepción, el reconocimiento de las experiencias cotidianas. El
reconocimiento es un proceso importante involucrado en la percepción, porque permite evocar
experiencias y conocimientos previamente adquiridos a lo largo de la vida con los cuales se
comparan las nuevas experiencias, lo que permite identificarlas y aprehenderlas para interactuar
con el entorno. De esta forma, a través del reconocimiento de las características de los objetos se
construyen y reproducen modelos culturales e ideológicos que permiten explicar la realidad con
una cierta lógica de entre varias posibles, que se aprende desde la infancia y que depende de la
construcción colectiva y del plano de significación en que se obtiene la experiencia y de donde ésta
llega a cobrar sentido. De acuerdo con los referentes del acervo cultural lo percibido es
identificado y seleccionado, sea novedoso o no, adecuándolo a los referentes que dan sentido a la
vivencia, haciéndola comprensible de forma que permita la adaptación y el manejo del entorno.
Algunos autores han dicho que la percepción clasifica la realidad a través de códigos (Santoro,
1980). Desde el punto de vista del análisis cultural los códigos son sistemas más bien rígidos, de
manera que ese término será reemplazado aquí por el de estructuras significantes para hacer
referencia a los elementos sobre los que se clasifican las experiencias sensoriales y se organiza el
entorno percibido. La manera de clasificar lo percibido es moldeada por circunstancias sociales. La
cultura de pertenencia, el grupo en el que se está inserto en la sociedad, la clase social a la que se
pertenece, influyen sobre las formas como es concebida la realidad, las cuales son aprendidas y
reproducidas por los sujetos sociales. Por consiguiente, la percepción pone de manifiesto el orden
y la significación que la sociedad asigna al ambiente.7 En la mayoría de la reflexiones filosóficas
sobre la percepción8 lo que se busca es conocer si lo percibido es real o es una ilusión, de modo
que la percepción es concebida como la formulación de juicios sobre la realidad; tales juicios han
sido entendidos como calificativos universales de las cosas. En esas aproximaciones no se toma en
cuenta el contexto ni se considera el punto de referencia desde el cual se elabora el juicio; así, se
reflexiona sobre las cualidades de los objetos sin tomar en consideración las circunstancias en las
que tales cualidades se circunscriben. A partir de los planteamientos de Merleau-Ponty (1975) se
ha presentado un punto de vista filosófico distinto. Este autor muestra a la percepción como un
proceso parcial, porque el observador no percibe las cosas en su totalidad, dado que las
situaciones y perspectivas en las que se tienen las sensaciones son variables y lo que se obtiene es
sólo un aspecto de los objetos en un momento determinado. Como un proceso cambiante, la
percepción posibilita la reformulación tanto de las experiencias como de las estructuras
perceptuales. La plasticidad de la cultura otorga a estas estructuras la posibilidad de ser
reformuladas si así lo requieren las circunstancias ambientales. Al respecto, Merleau-Ponty ha
señalado que la percepción no es un añadido de eventos a experiencias pasadas sino una
constante construcción de significados en el espacio y en el tiempo