Mito de Eco: Historia y Castigo
Mito de Eco: Historia y Castigo
(SEALTIEL ALATRISTE)
LA HISTORIA DEL ECO
Las ninfas de la antigüedad, hermosas deidades de los bosques y de las aguas, solían habitar entre los
árboles y en las márgenes de los ríos. En estos últimos se bañaban siempre a la titilante luz del sol y bajo las
hojas estremecidas por la tenue e irisada brisa de la montaña. Por eso, los griegos llamaban “hora de las
ninfas” a la hora del baño, que era la quinta del día (las once, para nosotros).
Una de esas ninfas se llamaba Eco, y su diversión preferida consistía en gastar bromas a sus
compañeros.
Eco era también una gran parlanchina; no sabía permanecer mucho rato en silencio mientras alguien
hablaba, sino que en seguida lo interrumpía y tornaba la palabra para sí.
Cierta vez vio a un pastor que, sentado sobre una roca, vigilaba a su rebaño. Advirtiendo Eco que
algunas ovejas empezaban a descarriarse, juzgó que era el momento oportuno para divertirse un poco. Y
así, se puso a charlar placenteramente con el pastor, consiguiendo distraerlo de tal modo de su tarea
que, al poco rato, todas las ovejas desaparecieron sin que él lo notase. Conseguidos sus propósitos, Eco
abandonó aquel lugar riéndose a más no poder de la ingenuidad del pobre pastor.
Al principio, las compañeras de eco se divertían tanto como ella con sus chanzas, pero como quiera que
las repetía a cada instante, vinieran o no al cuento, siendo algunas tan pesadas como la que le gastó al
pastor, poco a poco se distanciaron en sus juegos y pasatiempos de su compañera, y terminaron por
rehuirla completamente.
Aconteció cierto día que la diosa Hera, reina del Olimpo, descendió año bosque, y Eco la molestó tanto
con su inacabable parloteo, que decidió castigarla.
– Puesto que Eco no hace otra cosa que charlar y charlar para burlarse de todos –dijo-, de ahora en
adelante la condeno al silencio. De ahora en adelante no podrá hablar sin que alguien le haya dirigido la
palabra; y sólo podrá responder, pero no comenzar conversación.
Eco, avergonzada y triste, se internó en lo más profundo de la espesura, donde vive desde entonces en
soledad, sin que quienes pasan por los alrededores puedan verla.
En cierta ocasión, un viajero que transitaba por el bosque relató que, habiéndose extraviado a la caída
de la noche, se puso a dar voces en demanda de ayuda, y le pareció oír una débil respuesta. Volvió a
llamar más fuerte, gritando: ¡”Ven aquí”! y la voz le respondió: “Aquí” “Dónde estás” volvió a preguntar; y
la voz le contestó: “¿Estás?” Finalmente, amoscado de oír siempre, como única respuesta y en son de
burla, la última palabra de sus preguntas, exclamó: “¡Vete a paseo!” “¡paseo!”, le contestó la voz con
acento de enojo. Después, no oyó nada más, y aunque buscó y rebuscó en la espesura, no encontró la
menor huella de ser viviente.
La voz de Eco se sigue oyendo en parajes apartados, pero sólo cuando se la llama; si la llamada es
amable, ella responde placenteramente: pero, si se la llama con enojo, contesta iracunda. F. H.
1. Escribe dentro del paréntesis la letra correspondiente al personaje o personajes a quienes se refiere el
enunciado, así:
b. ¿Cómo han reaccionado las personas a quienes les has hecho chanzas?
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¿Cómo responde?
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4. De la siguiente lista de verbos elige el que mejor exprese el tema o asunto
de la lectura.
Habitar • Interrumpir
• Bañar • Charlar
• Llamar • Reír
• Divertir • Molestar
• Bromear • Castigar
• Exclamar • Responder
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5. Ordena las proposiciones de acuerdo a la secuencia que presentan en la lectura. Coloca el número
de 1 a 5 según corresponda.