LA CULTURA Y LOS VALORES
Introducción
La asignatura de Cultura y Valores se plantea como un espacio de reflexión sobre el
desarrollo histórico de la cultura occidental hasta la actualidad. Nuestra cultura, nacional y
local, es parte de una cultura mayor, más grande y de gran influencia para el mundo:
Occidente.
La cultura occidental actual es la tradición en que convergen varias culturas a lo largo de la
historia, vinculadas por rasgos comunes que podemos datar desde la antigüedad clásica,
encarnados en romanos y griegos. Esta cultura y su desarrollo ha planteado a la
humanidad, por largo tiempo, dudas y una necesidad imperiosa de resolverlas, dando
lugar a una serie de disciplinas propias de las humanidades que nos permiten
aproximarnos a su comprensión.
El desarrollo de Occidente no es fortuito: durante cada periodo de nuestra historia
occidental encontramos cómo esta se transforma aceleradamente, adquiriendo o
fortaleciendo nuevos valores y, así, perpetuando en sus raíces y pensamiento una serie de
valores morales que orientan nuestro actuar, hasta hoy en día.
En el siguiente apunte revisaremos los conceptos de cultura y valores, sus definiciones,
propuestas y características, así también como los valores institucionales declarados por
Santo Tomás.
Definición del concepto de Cultura
La palabra cultura deriva del verbo latino colere, que significa ‘cultivar’. De este verbo
deriva cultum, que significa ‘agricultura’, y también cultus, que señala la propiedad que
tiene el campo de estar cultivado.
Edward B. Taylor da inicio y estructura por primera vez el concepto de cultura, afirmando
en 1871 que “la cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es aquel todo
complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las
costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en
cuanto miembro de la sociedad.” (Khan, 1975) La definición, como tal, establece que la
cultura es creada por el ser humano; distinguiendo una dimensión natural y otra cultural,
además de ligarla a una sociedad: debe pertenecer a una sociedad es formar parte de una
cultura.
Hay muchas definiciones de cultura, según la corriente de pensamiento que se adhiera
(funcionalista, evolutiva, antropológica, etc.). Basta para el propósito que nos ocupa aquí
aludir a su dimensión simbólica y configuradora de lo propiamente humano.
Alfred Kroeber la define como “… la mayor parte de las relaciones motoras, los hábitos, las
técnicas, ideas y valores aprendidos y transmitidos –y la conducta que provocan– esto es
lo que constituye la cultura. La cultura es el producto especial y exclusivo del hombre, y es
la cualidad que lo distingue en el cosmos. La cultura […] es a la vez la totalidad de los
productos del hombre social y una fuerza enorme que afecta a todos los seres humanos,
social e individualmente”. Además, explicita en esta definición que la cultura es una
construcción exclusivamente humana, y, como tal, es la que le permite desarrollarse en su
individualidad y en sociedad. (Keesing, 1974) apunta algo crucial al recordar que el
lenguaje faculta al humano a crear cultura, la cual posee un carácter normativo, situando
las formas, las creencias y los valores como puntos de referencia del comportamiento.
Cercana al pueblo chileno es la reflexión sobre la cultura de Juan Pablo II en su visita de
1987:
[…] “La cultura de un pueblo –en palabras del documento de Puebla de los Ángeles– es «el
modo particular como los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismo y
con Dios (Gaudium et spes, 53) de modo que puedan llegar a "un nivel verdadera y
plenamente humano" (Ibíd.)» (Puebla, 386).
La cultura es, por tanto, “el estilo de vida común” (Gaudium et spes, 53) que caracteriza a
un pueblo y que comprende la totalidad de su vida: “el conjunto de valores que lo animan
y de desvalores que lo debilitan... las formas a través de las cuales aquellos valores o
desvalores se expresan y configuran, es decir, las costumbres, la lengua, las instituciones y
estructuras de convivencia social” (Puebla, 387). En una palabra, la cultura es, pues, la vida
de un pueblo. […]
3. En este sentido el mundo de la cultura es parte de la conciencia del pueblo; es por
ello que vosotros estáis llamados a tomar parte activa en la configuración de dicha
conciencia.
“El hombre vive una vida verdaderamente humana, gracias a la cultura” (Discurso a la
Unesco, n. 6, 2 de junio de 1980). La cultura, por su parte, en la variedad y riqueza de su
creatividad, da razón de que el hombre es un ser distinto y superior al mundo que lo
rodea. Por esto, “el hombre no puede estar fuera de la cultura” (Ibíd.).
Del reconocimiento de su condición como “ser distinto y superior” surgen
simultáneamente en el hombre el interrogante antropológico y el ético. Y sobre este
fundamento arraiga lo esencial de toda cultura, es decir, “la actitud con que un pueblo
afirma o niega una vinculación religiosa con Dios”; lo cual conduce, a que “la religión o la
irreligión sean inspiradoras de todos los restantes órdenes de la cultura –familiar,
económico, político, artístico, etc.– en cuanto los libera hacia un último sentido
trascendente o los encierra en su propio sentido inmanente” (Puebla, 389) (Discurso de
Juan Pablo II a los representantes del mundo de la cultura, 1, UC, 3 de abril de 1987).
DEFINICIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LOS VALORES.
Los valores son componentes tan inevitables del mundo humano que resulta imposible
imaginar una vida sin ellos (Cortina, 1999). Toda persona humana es inevitablemente
moral: puede actuar a favor o en contra de la moral, pero nunca fuera.
Al igual que “Cultura”, la expresión “Valor” ha sido definida de muchas formas distintas:
(del latín valere, estar vigoroso o sano, ser más fuerte; en griego, axios, merecedor, digno,
que posee valor, de donde proceden términos como axiología, axiomático, etc.) Todo
aquello que hace que el hombre aprecie o desee algo por sí mismo o por su relación con
otra cosa; la cualidad por la que se desean o estiman las cosas por su proporción o aptitud
a satisfacer nuestras necesidades; en economía, lo útil, el precio de una cosa.
Los valores se depositan sobre las cosas, transformándolas en bienes. La belleza, por
ejemplo, no se encuentra físicamente, sino que la apreciamos cuando se posa sobre algo,
como un cuadro, una estatua, un paisaje, una persona (hombre o mujer). Así, los bienes
son cosas valiosas, buenas, deseables, dignas de estima y consideración porque tienen
una excelencia o perfección que nos lo hace percibir como valioso. Un trozo de mármol, al
ser trabajado por un buen artista, se podrá convertir en una escultura bella: sigue siendo
la cosa que llamamos mármol, pero al agregar el valor estético de la belleza, se convierte
en una obra de arte. Pongamos más ejemplos: se considera un valor decir la verdad y ser
honesto; ser sincero en vez de ser falso; es más valioso trabajar que robar. La práctica del
valor desarrolla la humanidad de cada persona: la hace más persona, mientras que el
contravalor lo despoja de esa cualidad.
Existe una Jerarquía de valores…En función de los niveles de valoración de las dimensiones
de la realidad, encontramos un paralelismo con los valores:
• Económico – bienes, riqueza, ahorro…
• Corporal – salud, desarrollo atlético…
• Social – poder, prestigio, afabilidad…
• Afectivo –estabilidad emocional, amor, placer, amistad, …
• Técnico – conocimientos útiles para la vida cotidiana, técnicas, capacidad de
inventiva y de ejecución…
• Científico o intelectual – verdad, conocimientos de las diversas ciencias y
especialidades científicas, capacidad de investigación, capacidad de comunicación de lo
descubierto…
• Artístico – capacidad de reconocer y apreciar lo bello, capacidad de producir o
comunicar belleza…
• Moral – bien, felicidad, paciencia, prudencia…
• Espiritual y religioso – reconocimiento de la propia dimensión espiritual,
reconocimiento de la existencia de un Ser superior, el culto, la obediencia a la voluntad
divina…
Estas dimensiones guardan entre sí un orden o jerarquía, de tal manera que, aunque
todos son valores, unos son más relevantes que otros y en función de ese valor, pueden o
deben ser preferidos o postergados. Así pasa, por ejemplo, cuando pugna la satisfacción
de dos valores, uno corporal –satisfacer el hambre- y otro científico –se está investigando
la composición de una sustancia química. Por su relevancia, el valor científico puede hacer
que se postergue la satisfacción del hambre y ayunar durante las horas en que el científico
se dedica a la investigación en el laboratorio. Por lo mismo, se puede renunciar a un placer
estético momentáneo por hacer compañía a un amigo que nos necesita o, en un orden
superior, los mártires dan su vida para no traicionar al valor supremo: Dios.
Por eso, sólo el desarrollo armónico y equilibrado de los valores de cada una de estas
dimensiones permite a cada persona alcanzar su plenitud.
En cada cultura estos valores tienen un reconocimiento, un orden y una jerarquía propia
que es lo que, precisamente las distingue unas de otras. Unas culturas dan prioridad a
unos valores frente a otros.
A pesar de la función de los valores como guías o ideales directrices de personas y de
culturas, sin embargo, tenemos experiencia de que las ideas centrales que fundamentan
una cultura no son siempre ideas ‘verdaderas’, ni los valores culturales son siempre
moralmente buenos. Hay, pues, cierta relatividad.
Una cultura con verdaderos valores es aquella que da prioridad a los valores que en la
jerarquía ocupan los puestos más importantes y dirigentes y, por eso, son ideales más
verdaderos: porque son acordes con la realidad. Una cultura con una jerarquía de valores
verdaderamente buena es aquella que tiene por más importante lo que verdaderamente
es más importante. El criterio universal para una escala objetiva de los bienes y, por tanto,
de los valores, es la perfección de cada persona como tal y en orden a su fin último. Y
aunque haya muchas escalas de valores distintas, hay que reconocer, según lo que
acabamos de ver, que no todas serán igualmente verdaderas o conformes a la realidad
más profunda del ser humano que fija la dirección de su perfección. Por esa razón puede
darse un proceso en la ordenación que cada persona o cada cultura haga de los valores de
tal manera que se adecue cada vez más a la jerarquía real, o, también puede darse el caso,
se desordene cada vez más.
En función de este criterio podemos establecer estas distinciones:
Bueno: lo que de una u otra manera puede perfeccionar y hacer mejor al hombre
y, por tanto, a la sociedad.
Buena elección: la del que elige un bien en sí mismo o un bien superior frente a
otro superior.
Mala elección: la del que elige un bien inferior y deja de lado otro superior.
Hay valores comunes en todos los pueblos que se fundan en bienes objetivos, como son la
dignidad de la persona humana, y la existencia de una fraternidad universal.
Cortina (1999) concluye algunas características propias de los valores en tanto que reales
y cualidades propias de los objetos, personas, sociedades, sistemas y acciones:
1. Los valores valen realmente, por eso nos atraen y nos complacen, no son una pura
creación subjetiva: consideramos buenas aquellas cosas que portan algún valor, algo que
valoremos, y porque descubrimos en ellas un valor, el cual no puede ser fijado
subjetivamente por cada individuo. Así, por ejemplo, puedo ponerle precio a mi trabajo,
pero no puedo asignarle su valor, en cuanto el primero habla sobre un acto monetario,
representado por el salario, y que se diferencia del segundo, que habla de su valor
inherente.
2. La realidad es dinámica y contiene un potencial de valores latentes que solo la
creatividad humana puede ir descubriendo: la creatividad humana forma parte del
dinamismo de la realidad, porque saca a la luz aquello que estaba latente, alumbrando
nuevos valores o nuevas formas de percibirlos.
3. Los valores son cualidades que nos permiten acondicionar el mundo, hacerlo
habitable: los valores nos permiten «acondicionar» el mundo para que podamos vivir
plenamente como personas. La realidad es una base a partir de la cual las personas, con su
creatividad, diseñan las distintas posibilidades. Los valores se aprecian y se estiman, pero
no se imponen a las cosas: no todos los sillones, necesariamente, son cómodos, pero
valoramos el sillón cómodo. Tanto la creatividad como la realidad son factores
importantes en la ejecución y desarrollo de los valores.
4. Los valores son siempre positivos o negativos: al percibir un valor estos nos
representan una doble cara, una que es atractiva y otra que es repulsiva. Mientras que la
solidaridad nos atrae, la insolidaridad nos es repulsiva, así también como buscamos lo
bello y lo armonioso, intentamos distanciarnos de lo feo y lo caótico, buscando siempre
alcanzar el valor positivo en su máxima expresión, y así evitando la neutralidad.
Principales elementos de la cultura y su importancia en la transmisión de valores.
Todos los seres humanos son seres culturales, agentes de cultura y culturalmente diversos
(Enguix, 2012). La cultura pertenece al dominio de la acción humana, en cuanto esta es
racional, y, por ende, los actos humanos siempre responden a la cultura, aunque radican
en último término en la naturaleza humana.
Algunos elementos recurrentes y conciliadores que identificamos son:
Las culturas son propias del ser humano, en cuanto a que responden a la necesidad
humana de un sistema ordenado y coherente para ellos, tanto en lo material como
en lo espiritual.
Las culturas son sistemas ordenados que mantienen procesos de desarrollo
independientes entre unas y otras.
Las culturas responden a las necesidades de supervivencia y de plenitud del ser
humano, facilitando la vida de estos.
Tanto las culturas como los artefactos culturales provienen de la racionalidad
humana, y su existencia es dinámica, transformándose continuamente para
responder mejor a las necesidades del ser humano.
Ahora bien, ¿qué relación tienen los valores con la cultura?
En primer lugar, los valores de una sociedad y de sus individuos están relacionados con su
cultura. En segundo lugar, los valores de la sociedad determinarán buena parte de los
procesos de creación y desarrollo de su cultura, relevando para la posteridad histórica sus
elementos culturales claves.
La cultura manifiesta lo humano y por ello propende a la formación de valores que, por su
parte, actúan como una guía del desarrollo y las transformaciones propias de la cultura.
Las culturas así, al ir avanzando el tiempo, profundizarán en ciertos valores mientras que
acogen la relevancia o hasta la aparición de otros nuevos.
Valores institucionales.
Los valores que declara Santo Tomás son una muestra y ejemplo de nuestra cultura
occidental actual. Los cinco valores que asumimos responden al desarrollo de nuestra
cultura y a los procesos históricos asociados a occidente, pero que tienen una base
universal a todas las culturas: la persona como fundamento último.
Respeto e Inclusión: Consiste en tratar a cada persona de manera adecuada y
acogedora, acogiéndola positivamente en su riqueza personal.
Amor a la verdad: Consiste en buscar conocer la realidad y en actuar siempre con
veracidad, honradez y prudencia, como criterios morales acordes al valor de la
persona.
Pensamiento crítico: Consiste en ser capaces de confrontar razonamientos lógicos
con la realidad, como autonomía intelectual en búsqueda de la verdad.
Excelencia y esfuerzo: Consiste en procurar siempre hacer las cosas bien. El
trabajo bien hecho, la excelencia, siempre resultan del esfuerzo personal.
Fraternidad y Solidaridad: Consiste en aprender a valorar, acoger y apoyar a todas
las personas y actuar siempre por su bien.
Bibliografía
Benedict, R. (enero-marzo de 1932). Configurations of culture in North American. American Anthropologist,
34, 1 - 27.
Boas, F. (1964). Cuestiones Fundamentales de Antropología Cultural. Buenos Aires: Ediciones Solar. Cortina,
A. (1999). El mundo de los valores. "Ética mínima" y educación. Santafé de Bogotá, D.C.: Editorial
Códice Ltda.
Díaz de Rada, Á. (2010). Cultura, Antropología y Otras Tonterías. Madrid: Trotta.
Enguix, B. (2012). Cultura, culturas, antropología. Cataluña: Universitat Oberta de Catalunya.
Frondizi, R. (1968). ¿Qué son los valores? Introducción a la axiología. México, D. F.: Fondo de Cultura
Económica.
Keesing, R. M. (1974). Teorías de la cultura. En H. Velasco, Lecturas de Antropología Social y Cultural. La
Cultura y las Culturas (págs. 51-82). Madrid: Cuadernos de la Uned.