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El Consultor Psicologico

El documento describe la formación y características necesarias de un consultor psicológico o counselor. Se requiere tanto conocimientos técnicos en ciencias humanas como el desarrollo de ciertas actitudes como la empatía, congruencia y aceptación incondicional. La formación ideal incluye cursos teóricos y práctica supervisada para adquirir habilidades a través del role-playing.

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El Consultor Psicologico

El documento describe la formación y características necesarias de un consultor psicológico o counselor. Se requiere tanto conocimientos técnicos en ciencias humanas como el desarrollo de ciertas actitudes como la empatía, congruencia y aceptación incondicional. La formación ideal incluye cursos teóricos y práctica supervisada para adquirir habilidades a través del role-playing.

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EL CONSULTOR PSICOLOGICO- COUNSELOR

Andrés Sánchez Bodas

Formación, características y condiciones

El counselor es un profesional formado para facilitar procesos de ayuda inter e intrapersonal,


Individuales, grupales e institucionales, en el marco de los propósitos de la consultoría psicológica
antes definidos.

Debe estar preparado técnica y humanamente para ejercer el rol de coordinación de las consultas.

Su tarea lo implica desde lo que sabe (recursos) y desde lo que es (su persona.) Precisa adquirir
conocimientos y desarrollar un modo de ser facilitador, congruente con su personalidad de base.

Hay entonces algunos aspectos que se apuntalan en lo cognitivo y otros en lo emocional, que es
necesario poseer y/o adquirir para ejercer adecuadamente esta profesión.

Mencionaremos a modo de síntesis los aspectos principales para la formación del counselor, que
se sintetizaron en una modalidad académica que implementamos en Holos, y que es el plan oficial
de estudios. Consideramos, para tal efecto, dos aspectos:

1.- Conocimientos necesarios:

Para ser un profesional en esta materia deben adquirirse principios de las ciencias humanas
fundamentales.

Filosofía y Psicología Humanísticas Existenciales.

Aprendizaje y aprehendimiento del Enfoque Holístico Centrado en la Persona. Posición y


metodología del Lic. Andrés Sánchez Bodas, que basado en el pensamiento del Dr. Carl
Rogers, integra el paradigma holístico-cibernético de las ciencias, proponiendo un
acercamiento centrado en la persona desde recursos verbales, imaginarios y corporales,
desde un modelo integrativo.

Entrenamiento intensivo en consultas desde el role-playing con consultantes reales, que


se expresan en una práctica supervisada de la profesión.

Teoría y práctica de la entrevista y coordinación de grupos.

Estudio acerca de aptitudes y actitudes.


Aprendizaje de recursos y micro recursos derivados de distintas fuentes, en el marco de
una integración epistemológica metodológica congruente con el ideario humanístico.

Psicologías educacional, institucional, pastoral y clínica.

Profundización especifica en distintos campos de acción, por ejemplo en Adicciones,


Sexología, Pareja y Familia, Adolescencia, Violencia Familiar, SIDA, cuidados paliativos
de enfermos graves, etc.

Entrenamiento en la adquisición del rol.

2.- Modo de ser necesario:

Entrenamiento para el desarrollo de las tres actitudes básicas: Empatía, Congruencia y


“Mirada” Incondicional.

Apertura perceptual, liberación de los prejuicios y dogmas.

Auto-conocimiento de los constructos personales. Desarrollo de la autoestima, la


tolerancia y la sensibilidad.

Despliegue de la posibilidad de paciencia, contacto y encuentro.

Adquisición de un estilo propio.

Dada nuestra ideología de trabajo, la formación, entrenamiento y supervisión de los counselors


deben tomar en cuenta una entrama de lo cognitivo y el modo de ser. Consideramos que ambos
aspectos son igualmente importantes, y no puede haber una hipertrofia de uno en detrimento del otro.
Desde esto, se debe intentar hacer un proceso paralelo y o simultáneo, es decir, por un lado la
concurrencia a clases donde se implementa información en forma de materias, seminarios, cursos.
Por el otro, la participación en talleres, grupos de encuentro, laboratorios, grupos de entrenamiento,
supervisiones vivenciales con cruzamiento de genogramas, facilitarán el despliegue de lo personal y
la adquisición de un estilo propio, congruente con la teoría a la que adscribimos. Consideramos
también muy importante que los cursos teóricos que lo permitan sean dictados desde una
metodología centrada en el alumno, donde el aprendizaje es integrativo (cognitivo-vivencial) y
emerge de la interacción de las necesidades programáticas, el estilo de los participantes (docentes-
alumnos), y la dinámica que cada grupo genera por su propia condición de
identidad. Para una mejor comprensión de lo antedicho sugerimos consultar la obra de Carl Rogers
Libertad y creatividad en la educación, editada por Paidós en 1975. La formación que implementamos
en la Escuela de Counseling que fundamos intenta contemplar estos aspectos, dando mucha
importancia a una metodología que los favorezca. Los módulos analíticos que se expresan en las
materias que se cursan dan cuenta de los objetivos teóricos a los que se apuntan Los objetivos de
desarrollo personal no pueden enunciarse brevemente, por lo tanto veamos que es para nosotros el
modo de ser del counselor que mejor favorece los procesos de los consultantes.

Dijimos anteriormente que dentro de los modos de ser necesarios es clave el desarrollo de tres
actitudes básicas, a saber: Empatía, Congruencia y “Mirada” Incondicional. Si bien hay un
capítulo de este texto destinado a la explicación del Enfoque Centrado en la Persona, vale la pena
que hagamos un breve resumen para facilitar la comprensión de estas líneas. Con respecto a la
empatía, remitimos al excelente libro del Prof. Manuel Artiles La actitud psicoterapéutica en torno
a Carl Rogers, de editorial Bonum, 1975. Este autor sugiere hablar de Comprehensión Empática,
para esclarecer mejor su aplicación al campo de la ayuda psicológica, y nos dice:

Personalmente definiríamos la comprehensión empática en su ciclo completo de ir y venir


como una apercepción sintética inmediata de la significación estructural de lo vívido por el
otro”. 1

En una carta que nos envió Carl Rogers con motivo de la edición del primer número de la revista
Congruencia, a modo de colaboración con ésta, la primera del ECP en la Argentina, él definía la
Comprehensión Empática de la siguiente manera

“Esto significa que el terapeuta siente exacta y precisamente los sentimientos y


significados personales que están siendo experimentados por el paciente y
comunica esta comprehensión al paciente (...) escuchar de esta muy especial y
eficaz manera es una de las fuerzas más potentes para el cambio que conozco”. 2

Desde nuestra perspectiva nos importa aclarar que este sentir el mundo interior y personal del otro
sólo es posible desde un “como si” fuera el otro. Es intención de ir hacia el encuentro con el otro,
reconociéndose como “el no otro” que pretende sentir por momentos lo más parecido a lo que el
otro siente, desde ese lugar comunicarlo, verbal y/o gestualmente, buscando una corroboración de
la experiencia. En esto radica la fuerza de la que nos habla Rogers, la posibilidad de un mutuo
reconocimiento de la experiencia que se está compartiendo en ese aquí y ahora de la sesión.
Desde una postura integrativa (Enfoque Holístico), denominamos a esta posibilidad “confluencia
de conciencias”.

En la carta antes mencionada de Carl Rogers, nos habla también de la Congruencia y de la


Aceptación Positiva Incondicional o, como también se la denomina, “Mirada” Incondicional, como

1 Artiles, M., La actitud psicoterapéutica en tomo a Carl Rogers, p. 36.


2 Revista Congruencia, año 1, N0 1, 1986, p. 11.
las otras dos actitudes básicas y necesarias que debe tener un profesional de la ayuda
psicológica.

Veamos acerca de la congruencia:

“Cuanto más el terapeuta sea él o ella misma en la relación sin construir o


presentar un rostro profesional o una fachada personal, mayor será la posibilidad
que el paciente tendrá de cambiar y crecer de una manera constructiva. Esto
significa que el terapeuta está ampliamente abierto a los sentimientos y actitudes
que fluyen dentro de él en ese momento”. 3

Más adelante, refiriéndose a la aceptación incondicional,

cuando el terapeuta experimenta una actitud positiva, no calificativa, de


aceptación a cualquier cosa que el paciente es en ese momento, el movimiento
terapéutico o el cambio es más probable”.4

El prof. Manuel Artiles nos hace su aporte al tema:

“Por eso la congruencia emerge de un esfuerzo de unificación (no decimos de


unidad lograda), de integración entre el mundo de experiencias y la representación
de las mismas, de la propia interioridad y del comportamiento como reflejo de la
misma, de las propias convicciones y la adhesión a ellas”.

En otro párrafo nos dice:

“La consideración positiva incondicional es fundamentalmente eso: sincera


aceptación del otro tal como es y se me presenta, real interés por su persona y su
drama, verdadero amor que, por lo tanto es renuncia a La posesión del otro”. 5

Estamos ante actitudes frente al encuentro con el consultante que un counselor debe intentar
poseer si quiere brindar una ayuda verdadera, potenciando las posibilidades del consultante. Así
como ante condiciones necesarias que deben ser adecuadamente integradas y complementadas
por el conocimiento de teorías y recursos.

3 Ibid.
4 Id., p. 10.
5 Artiles, M., Conferencia del 10 de abril de 1981
Hablamos de actitudes de: comprensión, respeto, cuidado, aceptación, estima, autenticidad,
libertad, espontaneidad, creatividad, apertura, amor.

Referimos a la creación de un clima de seguridad, libre de amenazas, en confianza para la entrega


de lo más íntimo. La transmisión explícita de estas actitudes permite al consultante expresarse,
reconocerse, experimentarse, recorrerse, reencontrarse, aceptarse y lograr un reaprendizaje
significativo dc sí mismo. El counselor debe procurar facilitar este clima, este “ambiente
emocional”. No debemos olvidar lo que Martín Buber nos ha dicho acerca de la diferencia entre el
confirmar y el infirmar.

 Confirmar como aceptar la posibilidad del otro, reconocer en cada uno la posibilidad de la
transformación para el crecimiento. Convalidación de la persona como ser viviente capaz
de un desarrollo creativo inmanente a su condición.

 Infirmar como lo contrario, lo que enferma, dado que detiene, cosifica, crea la condición de
la rigidez, estratifica a la persona desde su historia causal. Cierra nuevos juegos de vida,
imposibilita el cambio y la transformación, por no verla posible. Lo primero vinculado a la
comprehensión, lo segundo a la manipulación.

Son actitudes a poseer, a enriquecer, a entrenar su expresión desde el estilo personal que cada
consultor psicológico tenga. Si éstas son innatas o se pueden aprender es el gran dilema al que
nos enfrentamos los formadores de counselors. No podemos negar que hay personas que por sus
características están más cerca de alcanzar estas condiciones. Este modo de ayuda compromete
la integridad de la persona del profesional counselor. Debe saberse que hay que estar dispuesto a
enfrentar este compromiso, o de lo contrario dedicarse a otra cosa. Sin embargo, vale la pena
intentarlo.

Desde nuestra experiencia docente hemos comprobado que cuando los alumnos se lo proponen,
en gran porcentaje, las actitudes mencionadas afloran. No debemos olvidar que son condiciones
posibles de las personas y que, aunque estén bloqueadas, pueden lograr desatarse los nudos que
las dificultan. Quizá sean necesarios procesos terapéuticos para los aspirantes, adecuados
entrenamientos del rol, y un camino de autoexploración permanente. Las supervisiones vivenciales
ayudan mucho desde el ejercicio profesional para Ir acercándose a lo que aspiramos. Lo más
importante a vencer es la tendencia manipulativa que ha sido inculcada por una sociedad que
parece enorgullecerse de serlo.

Decimos que una actitud es una disposición y/o tendencia a percibir y reaccionar de acuerdo a
esta percepción, en un determinado sentido más o menos constante, estructuración montada por
elementos:

Cognitivos-afectivos y de respuesta.
Como tal posee aspectos innatos y aprendidos. Con los primeros sabemos que hay poco que

hacer, salvo orientarlos dentro de un estilo . Con los segundos es posible un reaprendizaje
correctivo dentro de un limite no ilusorio. Sería una contradicción de nuestra parte si pensáramos
que se nace comprensivo o manipulatorio. Ser counselor humanístico es posible si cl aspirante se
arriesga a ser él mismo antes de intentar ayudar a otro a que lo sea.

Para ser más explicativos haremos una síntesis de los aportes de Dave Mearns y BrianThorne, del
capitulo denominado “El uso del propio yo del counselor”, de su libro Person-centered counselling
in action.6

Para los autores, ser counselor desde esta postura (el ECP) es una dura disciplina, dado que
implica un gran compromiso de la persona profesional, la posibilidad de establecer relaciones de
intimidad y de compartir el mundo experiencial con cada consultante.

Duro desafío que connota la necesidad de una permanente auto-exploración. La habilidad de


amarse a sí mismo es la piedra de toque de su práctica. El ofrecimiento de empatía, aceptación y
congruencia no es posible si a un nivel profundo esas condiciones no están al servicio del self del
counselor.

Es imprescindible estar atento al propio yo, desarrollando la autopercepción tanto como sea
posible cada vez. Una adecuada supervisión puede facilitarlo. La meditación, prácticas corporales,
focusing, etc., pueden afinar hacia las capas más profundas del self de el/la consultor/a.

La autoaceptación es un aspecto que se considera imprescindible. Mal se puede aceptar a otro si


uno no se acepta a sí mismo. Se habla por supuesto de “camino hacia”; no de unidad lograda,
proceso de búsqueda interior constante. Esto permitirá una adecuada capacidad de
Comprehensión Empática.

Para “calzarse los zapatos del otro” y ver el mundo desde otro, hay que estar muy bien “calzado”
uno, “mirar” y no con-fundirse en la identificación. No perder contacto con la propia realidad,
aunque por momentos estemos centrados en la realidad del otro, o en la que estamos
compartiendo y armando juntos.

Debe ser emprendido el desarrollo de la imaginación. La lectura de literatura, novelas, poemas y


cuentos es sumamente aconsejable para nutrir la empatía. El trabajo con la genuinidad y la
autenticidad es también un proceso clave.

La congruencia no debe ser una técnica sino un modo de ser en el mundo. Procesos graduales a
encarar, cambios y transformaciones. Crecimientos y desarrollo de búsqueda continua hacia una
unidad que nunca se logrará, pero que por lo menos en el marco de la entrevista o sesión debe
intentar estar presente.

Los autores elaboran un autocuestionario para facilitar este camino:

6 Mearns, D. y Thorne, 8., Person cent red counseling in action, pp. 22-38.
“1.- ¿Puedo distinguir entre el amor a mí mismo y el egoísmo, y comprometerme a
desarrollar el

primero?

2.- ¿Me acepto a mí mismo?

3.- ¿Busco extender mis habilidades empáticas?

4.- ¿Puedo ser genuino al expresar todos mis sentimientos, especialmente los
desagradables?”7

Dado que los procesos de counseling no son necesariamente breves (pueden durar de cinco a
seis sesiones, hasta meses o años), este compromiso debe tener como reglas del juego estar
dispuesto a brindarse dejándose ver como se es. Dejar al otro libre para ser lo que quiera ser, y
dejar la consulta cuando lo desee. Comprometerse a estar juntos para el desarrollo, pero cuando
el consultante desee irse, ayudarlo a hacerlo bien. Parafraseando a los autores: “dejar ser, dejar
ir”, es una forma de resumir la relación de counseling desde este enfoque.

Desde una no ingenuidad se sabe que es muy poco probable que un counselor que se inicia en la
tarea se inicia en la tarea se arriesgue de entrada a ser su propio yo profundo ante un desconocido
que le viene a pedir ayuda. Es importante no exigirse y saber que recién cuando se adquiera
seguridad personal y profesional es posible soltar el propio estilo, con las condiciones
incorporadas pero mediatizadas por el self de el o la counselor. Recomendamos leer, en el
capítulo que estamos sintetizando, el relato que hace uno de los autores (Brian Thorne) acerca de
su propia historia al respecto, que denomina “arriesgándose con el propio yo”. 8 Por último
mencionaremos un listado de las características que ellos consideran definitorias de una relación
de ayuda “sana”. Sus implicancias quedan para el lector.

Características de la relación de ayuda “sana”:

1. - El counselor es abierto acerca de sus propósitos.

2. - El counselor es responsable ante su consultante y no por éL

3. -El counselor no manipula a su consultante, pero está preparado para ser manipulado por él.

4. -El counselor no pretende saber “lo que es bueno” para su consultante.

5. - El counselor no se preocupa por el “éxito”.

6. - El counselor tiene claro lo que esta dispuesto a ofrecer en cada etapa.

7. - El counselor se compromete con su consultante.

8. - El counselor se brinda en la relación, sin ataduras.

9. - El counselor desea la libertad del consultante para ser él mismo.9

7 Id., p. 29.
8 Id., p. 36.
9 Id., p. 34.
Somos “de carne y hueso”, lo sabemos y no pretendemos desconocerlo. Como decía Machado,
“se hace camino al andar”. Esperamos, al volver la vista atrás, no volver a pisar. Consideramos
que es imprescindible ilusionarnos pero no es bueno instalarnos en la ilusión. Lo cognitivo se
aprende, lo emocional se aprehende. Proponemos una formación continua y el estar con
sustanciado con el ideario de un “humanismo impenitente”. como lo denomina Fernando Savater.

Hablamos de las tres condiciones como características esenciales para ser un counselor
humanístico. Integramos al aporte de Carl Rogers una posición integrativa que implica una mirada
holístico-cibernética y exige la adquisición de múltiples recursos para facilitar el centramiento en el
otro y ayudar mejor para los cambios y transformaciones.

El desarrollo de las tres actitudes es complejo. Con respecto a la congruencia, siempre implica un
riesgo conectarse consigo mismo, procurar ser “transparente” en las relaciones; y esto sin caer en
el “autenticidio”, que perjudicaría tanto al counselor en una exagerada exposición de sí mismo,
como al consultante que podría sentirse confundido e inseguro. Es importante insistir en que,
desde un adecuado desarrollo de la congruencia, es posible aspirar a que los counselors puedan
(a veces) alcanzar la “simultaneidad de conciencias” que creemos clave para generar despliegues
profundos de la Tendencia Autoactualizante del consultante y del consultor.

La capacidad de empatizar es por otra parte condición actitudinal imprescindible para comprender
y comprehender al consultante, la dificultad de su adquisición reviste en la tendencia facilista de
escuchar desde la propia percepción. El colocarse, en presencia ante y con un otro, pretendiendo
percibir tal como el otro lo hace, para aspirar a una situación de marco empático vincular, puede
hacer peligrar nuestros propios puntos de vista. Hay que estar dispuesto a ello.

La aceptación incondicional, tal como antes lo dijimos, es una propuesta muy fuerte de este
enfoque. En tanto seamos seres perceptores dadores de valor, tendremos que aprehender a
valorar a todos los seres humanos no por lo que hacen sino por lo que son. Podemos no aprobar
sus conductas o comportamientos, pero si queremos ser counselors humanísticos, tenemos que
aceptar el ser persona que cada humano es.

Disponerse a ayudar con este marco actitudinal es, en síntesis, un acto de dar amor, y como tal no
esperar, en lo afectivo, nada a cambio. Esta es la base del comienzo de la vida, y por lo tanto la
posibilidad de generar un espacio de comunidad vincular vital.

Los bebés recién nacidos, si bien por un lado poseen necesidades que deben ser satisfechas para
su subsistencia biológica, traen en sí mismos la impronta del deseo de darse y agradar al otro
como parte de su ser social. No está en ellos todavía una intencionalidad manipulativa, no desean
agradar para ser tomados en cuenta, como algunos adultos hacemos. Quieren agradar porque su
esencia social los compele hacia ello. Demandan desde sus necesidades básicas, y se brindan
desde su ser persona. Lo personal es darse y co-constituirse con el otro. Nuestra tarea es
posibilitar, desde el brindarnos amorosamente, la recreación de un espacio que, a modo de nicho
ecológico, regenere lo humano.
Para cerrar por ahora estos temas hacemos nuestras las ideas vertidas por Carlos A. Seguín, en
su libro Amor y psicoterapia, editado por Paidós en 1972. Si bien allí se refiere a la psicoterapia, su
concepción del “Eros psicoterapéutico” puede ser adecuada a las condiciones de un vínculo de
ayuda desde el counseling, y por consiguiente las características personales que debe desarrollar
un consultor psicológico para ser eficaz.

Para el autor mencionado, el amor es el determinante básico de toda relación humana, con
despliegues distintos de acuerdo al tipo de encuentro que se realice: el de padres e hijos, el de
pareja, el de la amistad, el pedagógico, el ágape, el terapéutico. Cada uno tiene sus
características, y en lo referente al que nos compete, el de la ayuda psíquica brindada por un
profesional tiene las suyas, que C. A. Seguín establece desde dos categorías o discriminaciones,
según se las estudie.

1.- Desde lo negativo, el “Eros terapéutico” debe hallarse libre de:

a) Autoridad o tendencia a la posesión.

b) Identificación.

c) Dogma.

d) Imposición de valores, reglas o conocimientos.

e) Atracción sexual.10

2. - Desde lo positivo, el “Eros terapéutico” debe ser:

a) Un movimiento hacia una persona, no hacia un “enfermo”.

b) Indestructible.

c) Un acto de comunión, creación de dos11

Entonces, un/a consultor/a psicológico/a debe abdicar de su tendencia a establecer una relación
de poder con su consultante. La tentación es muy fuerte, dado que no podemos ignorar que los
consultantes vienen a pedir ayuda desde un lugar de autodisminución de la autoestima, y por
costumbre social no es extraño que depositen en el profesional a el de salvador. Toda relación de
ayuda empieza desigual, y si el counselor “se corre” del lugar que le es adscripto en forma
paulatina y acorde con la necesidad de cada consultante, tiende a generar un espacio compartido
de poder, facilitando así la aparición del propio poder personal del consultante, que en el decurso
de los avatares de su vida fue disminuyendo. Con respecto a la identificación, es poco probable
que aparezca si se mantienen los principios humanísticos, en especial los del Enfoque Centrado
en la Persona. Si el profesional mantiene su congruencia y está alerta a la aparición de “puntos
negros” u oscuros de su persona que interfieren en la relación, debe trabajarlos consigo mismo en
su supervisión. La propia maduración y trabajo consigo mismo permitirá al consultor no proyectar
sus situaciones no resueltas, sus valores, sus dogmas, sus ideas acerca de lo que es mejor o

10 Seguín, C., Amor y psicoterapia, p. 100.


11 Id. Pg. 106
peor. Debe estar preparado para que su consultante elija para sí lo que quiera, desee o necesite
de acuerdo al trabajo que hayan hecho juntos, y aceptar que esa decisión puede ser diferente a la
que él (el counselor) hubiese hecho. Con respecto a la atracción sexual, precisamos hacer algunas
aclaraciones. En principio, discriminar sexualidad de genitalidad, dado que Seguín no hace en su
texto esta distinción. Desde nuestro entender, toda relación humana es sexual, porque consultor y
consultante tienen sexo (similar o complementario), y éste condiciona la relación. No es lo mismo
ayudar o ser ayudado por alguien del mismo o de distinto sexo: las vivencias son indiscutiblemente
diferentes.

El tono de voz, los gestos, el modo de razonar y sentir, tiene en algunos casos incidencia
importante que puede favorecer o distorsionar el proceso. Si se da esta última situación dc
distorsión, es importante determinar si no es más adecuado una derivación a otro profesional de
sexo distinto al que está actuando. La carencia absoluta o presencia exagerada de atracción
sexual entre los participantes de la relación de counseling impediría un adecuado proceso. Si
aparecieran “ganas genitales” en el vínculo por parte de ambos o de uno de los dos
(consultante/consultado), debe promoverse el diálogo acerca de esas vivencias e intentar
disolverlas, porque perturban el trabajo. Es muy importante aclarar que para ser profesional de la
ayuda psicológica se debe estar dispuesto a caminar “por el filo de la navaja”, teniendo en lo
posible la mayor parte de las necesidades satisfechas y, de tener alguna carencia (de afecto, de
amor, económica), no intentar resolverla con su consultante.

“¿Hay algo más lleno de ‘humanidad’, de verdadero y auténtico amor, que el impulso a colocarse
al lado de un semejante y mantenerse allí pase lo que pase. acompañarlo en la superación de
sus dificultades, gozar con sus triunfos, ser testigo del despertar de sus posibilidades mejores, es
decir, estar presente en la batalla de un hombre para renacer, vivir con él ese renacimiento en
una comunión apasionada y todo ello sin ningún sentimiento de posesión, sin ningún afán de
usufructo posterior, sabiendo que, una vez logrado el éxito, ese ser humano se incorporará a la
vida y se alejará triunfador para confundirse con la corriente actuante de la humanidad, mientras
otro necesitado acudirá a nosotros a buscar nuestro inagotable, no egoísta, eternamente fresco y
eternamente satisfecho Eros psicoterapéutico? “12

12 id. P. 111
El consultante de counseling

Con todos los elementos disponibles hasta ahora acerca del Counseling, sus antecedentes
históricos, sus definiciones, posturas, posicionamientos y delimitaciones posibles ante otras
disciplinas de la ayuda, así como la formación necesaria para ser counselor, nos encontramos
ahora con la necesidad de pensar, más en detalle, acerca de quienes son sujetos posibles de ser
ayudados por esta profesión.

En principio: toda persona puede ser atendida por un counselor, en cuanto su consulta,
problemática, conflicto, intención y auto recursos disponibles concuerden con la posibilidad de un
proceso que tiende al cambio, desarrollo y despliegue personal.

Desde una lectura atenta de la definición de Georg Dietrich, y de la aprobada oficialmente, nadie
está excluido de ser plausible de un proceso de counseling. No hay límite de edad ni motivo de
consulta que no resulte pasible de ayuda para:

1. - Facilitar cambios

2. - Promover el desarrollo

3. - Tender hacia el despliegue

El autor mencionado nos habla de sujetos desorientados, sobrecargados o descargados


inadecuadamente, que puedan estar abiertos a recibir y aprovechar, procesos activos de
aprendizaje cognitivo-emocionales.

Siendo su objetivo el mejorar la disposición a la autoayuda, adquirir capacidad de auto dirección y


competencia operatoria concreta.

En tanto esto se enmarcaría en los limites y posibilidades que cada consultante posea en sus
actuales circunstancias, toda persona o grupo de ellas puede ser tratada por un counselor, para un
proceso de counseling.

Por otra parte, la definición oficial agrega los conceptos de crisis y desarrollo de las
potencialidades, dirigiendo el accionar profesional a personas o grupos denominados normales.
Esto último, el tema de la normalidad, sería el punto a desarrollar para esclarecer aún más acerca
de quién es sujeto del counseling.

Lo que parece una delimitación es, sin embargo, una toma de posición que permite claridad
conceptual sobre la tarea y sus objetivos.

Dijimos más arriba que el counseling no pretende curar, sino crear condiciones para el crecimiento
y desarrollo personal, y que todos son plausibles de este proceso, siempre y cuando se pongan en
juego las potencialidades inherentes a la tendencia actualizante,

Si como veremos en el capítulo correspondiente a la teoría del Enfoque Centrado en la Persona, la


noción de tendencia actualizante es el núcleo del comprender la motivación humana, y que por
otra parte toda persona, por el hecho de estar viva, la posee como energía potencial a
desplegarse, la tarea central de un counselor de este enfoque será de generar condiciones para
que la tendencia reencuentre su camino de expansión. Desde esta mirada, toda persona está en
condiciones de desplegaría.

Sin embargo, el haber colocado la palabra normal responde a dos criterios, uno de tipo operativo y
otro de orden ideológico, Con respecto al primero es importante señalar que el counseling es una
tarea que no apunta a un ideal teórico de salud mental, sino a un adecuado “funcionamiento” para
sí y los demás según el propio punto de vista del consultante, un desarrollo más pleno para la
persona, abierta a la corriente fluida y actual de la experiencia.

Es objetivo de el/la consultor/a facilitar un constante despliegue de la tendencia actualizante, hacia


un acomodamiento satisfactorio, creativo y espontáneo. Como dijo el psicoanalista francés Jean
Bergeret,

“... normal es aquel ser humano que logra adquirir el conjunto de elementos que le
permiten acomodarse interiormente para procurarse, no la ilusión de la
omnipotencia o de la felicidad, sino al menos zonas bastantes sólidas y constantes
deficiencias y bienestar, en medio de sus obligatorias imperfecciones y sus no
menos obligatorios conflictos internos”.

La consultoría psicológica tiene por objetivo concreto procurar que el consultante adquiera esos
recursos internos, recupere el poder sobre si, y pueda desde allí elegir vivir en sus grupos de
pertenencia o en aquellos que considere más acordes a sus proyectos e impronta de vida.

“Normal” es un término que refiere a la norma, regla y/o encuadre. En este contexto hablamos de
aquellas que constituyen el conjunto del ámbito en el cual está inserta la persona, su grupo,
sociedad y cultura. Campo o situación donde nace sin haberlo elegido, al cual precisa adecuarse
para en principio sobrevivir y a-posteriori (si puede y lo dejan), crecer y desarrollarse según su
propio camino.

“Normal” es, para nosotros, una adaptación activa a lo dado, como un proceso dinámico de
integración y transformación que permite a la persona convivir en el mundo al cual fue “arrojado” y,
de no ser posible, poder elegir modos alternativos de ruptura o salida que no produzcan sufrimien-
tos —a sí mismo o a los demás— o que, por lo menos, de no ser posible evitarlos, procurar que
los mismos tengan un sentido.

Este modo de mirar es concreto y eficaz, tanto para el consultor como para su consultante. Es por
otra parte, en lo ideológico, coherente con una postura fenomenológica, la que intenta centrarse en
el mundo fenoménico perceptual del otro y del vinculo, sin introducirle variables teóricas que
parten de teorías que construyen tipologías ideales acerca de lo que es sano y/o enfermo. No
negamos la existencia de modalidades prototípicas de expresión personal que podrían dar cuenta
de modos encuadrables en alguna que otra “patología”, según la teoría desde donde se lo mire.
Consideramos que estas formas de expresión son concordantes con la normatividad del marco
social en el cual se “leen” estas conductas.

Salud y enfermedad mental son conceptos ligados al punto del cual parte el experto que
diagnostica, siendo por lo tanto una variable inundada por los prejuicios y las normas.

Lo que alguien considera enfermo aquí y ahora, otro puede no verlo de la misma manera, también
aquí y ahora, y desde otro lugar o en otro tiempo las opiniones pueden ser mucho más disímiles.
Lo que aquí es un síntoma de locura puede ser visto y evaluado en otro lado como una expresión

de genialidad y/o poder sobrenatural. Creemos importante aclarar que no nos estamos refiriendo a
síntomas, problemas o sufrimientos que tengan causas de orden biológico, comprobable y
solucionable por medio de medicación, es decir. enfermedades neurológicas y psiquiátricas,
campo de acción de médicos neurólogos y psiquíatras.

Cada vez más vamos sabiendo sobre el funcionamiento bioquímico de nuestro sistema nervioso,
los estudios sobre los neurotransmisores nos acercan a una mejor comprensión de ciertas
disfunciones mentales. Desde esta perspectiva es importante discriminar lo mental de lo psíquico,
aunque en una persona se integren en un modo de ser.

Importa hacer esta división metodológica, para comprender mejor los trastornos y ejercer acciones
más eficientes para ayudar a superarlos. Debemos imbricar los dos criterios para trabajar
mancomunados, unos y otros especialistas, sin enrollarnos en discusiones estériles acerca de cual
es más importante que otro.

Somos un todo, y de eso no dudamos, pero para ayudar hay que saber ubicarse desde algún
lugar, y desde allí proyectar nuestro compromiso profesional con el otro.

El gran avance de las disciplinas médicas en este campo produce una clara tendencia hacia dos
posiciones, que deberán complementarse, una que denominamos biotecnológica y otra
biofilosófica.

Ambas poseen en común lo bío, en tanto somos seres vivos, con patrones propios de
funcionamiento que hacen a nuestra impronta humana. La primera centra su visión en el bios
propiamente dicho, actuando sobre lo que pasa, cómo pasa, por qué pasa y conlleva hacia
acciones médicas cada vez más perfeccionadas desde lo tecnológico, lo farmacéutico y lo
psicoterapéutico. La segunda se centra en la persona para facilitarle un mejor y mayor
acercamiento a la experiencia que sucede con lo que le pasa, como nos decía el Dr. Claudio Rud,
“qué le pasa con lo que le pasa.

De esto último trata el counseling al que aspiramos. Es por ello que no usamos criterios médicos o
psicoterapéuticos para entender el malestar humano, sino puntos de vista filosófico existenciales.

Desde éstos, vivir es siempre una elección. Lo que la psiquiatría llama síntomas son también una
elección, y por lo tanto siempre tienen, además de un “cómo” de expresión, un sentido vital.

Este sentido tiene un origen profundos visible e invisible para la percepción de sí mismo, y en
tanto somos cuerpo, encarna en conductas y comportamientos que al expresarse tienen dos
límites: el otro y la autopercepción. El otro y sus normas pueden alertar y detener señalando que
algo no anda bien o es dañino para si o los demás, quizá requiera una consulta. Este es un límite
que puede conducir a que alguien consulte o le sea sugerido iniciar un proceso de ayuda.

El autolímite, emergente del darse cuenta acerca de algo que no funciona adecuadamente, la auto
percepción de un malestar, una “luz roja” que se observa y a la que se le da importancia, puede
devenir en un pedido de ayuda.

En síntesis, lo normal o anormal en las personas implica dos modos de referencias: las de un
patrón cultural y las de vivencia propia. La interrelación de ambas variables nos brinda pautas
acerca del funcionamiento normal o no, de una persona en y con su medio.

Remitimos de todos modos al capítulo referido al desarrollo de la personalidad para una mayor
ampliación de los conceptos.

Nos parece importante aclarar entonces que el haber introducido la palabra “normal” pretendió
apuntalar una perspectiva de ejercicio profesional, basándonos en lo dicho por Jean Bergeret,
cuando lo citamos por su definición de normalidad.

Si alguien consulta porque precisa ayuda, y posee algunas zonas bastante sólidas. Si además
quiere y puede revisar sus obligatorias imperfecciones y sus no menos obligatorios conflictos
internos. Si está dispuesta a cambiar y procurar cierto grado de desarrollo y despliegue personal
poseyendo algún nivel de auto recursos. Si sus actuales condiciones le permiten, más menos,
abordar este tipo de proceso, es un posible consultante del counseling en sí mismo.

Si por ello posee algún margen de flexibilidad, cierto nivel de comunicación, y voluntad para revisar
comportamientos y conductas, que percibe como problemáticas con algún grado responsabilidad.
Si padece algún grado de perturbación o discapacidad mental, mientras ésta no dificulte la
posibilidad de algún replanteo o modificación favorable, puede ser consultante con, quizás,
menores o disminuidas probabilidades. Sin embargo, esto estará por verse.

Si esta perturbación o discapacidad imposibilita un proceso de counseling, el counselor tendrá que


derivar a un especialista, sea psicoterapeuta, neurólogo o psiquiatra. Por otra parte es posible,
como ya hemos dicho, su inserción en un equipo interdisciplinario, por medio del cual podrá cola-
borar desde la especificidad de su rol, tal como el lector podrá encontrar en los capítulos referidos
a las prácticas del counseling.

Con respecto a esto último, observamos que facilitar la reinserción social en pacientes psicóticos o
muy deteriorados mentalmente, asistir complementariamente a pacientes que están siendo
tratados por psicoterapeutas o psiquiatras, coparticipar en el tratamiento de patologías diversas,
tanto sea en servicios públicos como privados, son otras posibilidades de acceder a la consulta de
esta profesión.

Desde estas consideraciones veamos cuáles son, a nuestro entender, los motivos que
habitualmente observamos, como más frecuentes o prototípicos, para ejemplificar las aplicaciones
posibles.
Motivos prototípicos de consulta

Nos ocuparemos de las motivaciones para la consulta para el Desarrollo Personal. Aquellas que
tengan que ver con especialidades tales como Educacional, Laboral / Institucional, Pastoral,
Comunitario, serán desarrolladas en los capítulos respectivos. El trabajo con problemáticas que
requieren conocimientos específicos, será también expuestas en otros espacios de este libro.

Sabemos que existen tres áreas de consulta para el counseling que devienen de nuestra
definición, a saber:

a.- Consultas para la prevención y promoción del bienestar.

b.- Consultas para la resolución de conflictos y problemas.

C.- Consultas para el Desarrollo y el Despliegue personal.

Con respecto al primer nivel, nos encontramos con consultas provenientes de instituciones
educativas o laborales, medios de comunicación, grupos en general, en donde se convoca a un
accionar vinculado a brindar asesoramiento o información acerca de cómo prevenir o promocionar
acciones hacia el bienestar personal y social. Sugerimos leer el capítulo dedicado a prevención.

Es también un proceso nivel a), aquel que se hace cuando se toma una consulta de
asesoramiento a personas individuales que requieren alguna información o esclarecimiento,
acerca de otro alguien vinculado afectivamente: padres, hijos, pareja, abuelos, etc.

Podemos también pensar que cuando un counselor entrevista a una persona y la deriva a otro
profesional, por considerar que ello es lo correcto, al explicar los motivos de tal decisión está
haciendo counseling, en tanto el esclarecimiento preventivos para proceder a una derivación, es
un proceso de Counseling en sí mismo.

Si en cambio, el/los sujeto/s consultantes encuadran dentro de lo que consideramos razones de


counseling propiamente dichas, lo común que se observa es la desorientación e impotencia para
encontrar s para el enfrentamiento y resolución de la conflictiva planteada. Percepción del “sin
salida”, miedos, ansiedad, angustia, malestar, sensación de fracaso, disminución de la autoestima,
confusiones diversas, etc.

Estos sentimientos y sensaciones están casi siempre ligados a situaciones que se presentan como
motivos de consulta concretos, casi todos vinculados a las dos grandes áreas donde se desarrolla
nuestra vida: amor y trabajo.

Veamos algunos a modo de ejemplo:

 Conflictos de pareja y de familia

 Disfunciones sexuales (en equipo con médicos)

 Pérdidas de personas queridas, duelos

 Toma de decisiones vitales (afectivas, económicas, laborales)


 Estrés

 SIDA

 Adictos y sus familiares (en equipo multidisciplinario)

 Desórdenes de la alimentación (en equipos)

 Discapacitados y sus familiares

 Trastornos graves de personalidad (en equipos)

 Acompañamientos terapéuticos

 Conflictos grupales/institucionales

 Conflictos padres/hijos

 Orientación al adolescente

 Violencia familiar y abuso infantil (en equipos)

 Conflictos en etapas críticas de la vida (ciclos vitales)

 Cuidados paliativos de enfermos graves

 Otros que emerjan en el tiempo como parte de la inserción de la consultoría en el marco


social, en las instituciones educativas, laborales y hospitalarias, así como en las
comunidades en general.

La lista anterior, amplia aunque no agotada, refleja la múltiple inserción de formación y el


establecimiento de una metodología afinada de trabajo, adecuados recursos metodológicos y la
construcción de un proceso de ayuda seriamente planificado.

Para este último recurrimos al modelo de ayuda planteado por Gerard Egan, 13 más nuestros
aportes teóricos y experienciales, y un mapa cognitivo de la consulta aportado por D. Blocher y D.
Biggs,14 que sirve como guía para una acción sistemática.

Referimos también a los modelos de Carl Rogers y R. Carkhuff, que además del trabajo para la
resolución de problemas nos permiten visualizar el abordaje del desarrollo y despliegue personal.

Planteamos, por último, nuestro propio modelo del proceso de counseling, desde el Enfoque
Holístico Centrado en la Persona.

13 Egan, Gerald, The Skilled Helper


14 Blocher, D. y Biggs, D., La psicología del counseling en medios comunitarios.
Procesos del Counseling - Etapas posibles

Nos referimos anteriormente a la necesidad de sistematización de una metodología del proceso


del counseling que permita realizar un adecuado seguimiento y la valoración de resultados en
aquellas consultas que remitan al cambio, resolución de conflictos y / o problemas en un tiempo
relativamente breve. Referiremos también a una posible sistematización de procesos de desarrollo
personal.

Contamos con varios modelos que consideramos de óptima operatividad, dado que son bastante
claros en su diagramación y de fácil control por parte del propio consultor, del! la supervisor/a.

Son a su vez útiles para la diagramación de estrategias compartidas (entre consultante y


consultor), siendo un modelo de ayuda que da cabida al consultante en la elección de sus metas y
en la forma de alcanzarlas.

Es importante aclarar que éstos emergen de investigaciones por medio de las cuales se marcan
tendencias posibles, necesitando tener cuidado de no implementarlas a modo de lecho de
Procusto, es decir forzar para que encajen en los procesos que facilitamos.

Son útiles si nos sirven para evaluar nuestra tarea, una vez que ésta ha concluido. pueden ser
limitantes si pretendemos imponerlos mientras estamos atendiendo. Veamos qué nos dicen los
autores.

El de Gerald Egan15 se centra en el concepto de evolución y desarrollo que toma en cuenta la


Interrelación entre percepciones, cogniciones y conductas o acciones manifiestas. Resolver
conflictos y apuntar al desarrollo personal implica desplegar nuevos modos de ser y hacer, que
deben equilibrar-se entre las improntas que provienen del ambiente y los auto recursos.

Tiene como meta principal el cambio constructivo de conductas, emergente de la autodecisión y


una búsqueda congruente entre el sentir-pensar-hacer.

Su modelo se divide en cuatro etapas, que son sólo una guía, no una construcción rígida a la cual
adaptarse, lo que quitaría la posibilidad de creatividad que cada consulta requiere. No pretende
olvidar la importancia de una escucha empática, centrada en la persona, incondicional y congruen-
te. Es un aporte que permite al counselor tener coherencia en el proceso y aumentar su eficacia y
rapidez como facilitador de ayuda.

Cada etapa implica una constante comunicación entre las partes (consultor-consultante). Es para
ello preciso una fase anterior, que G. Egan denomina de preayuda”.

15 Egan, Gerald, op.cit.


Fase de preayuda

Momento de acondicionamiento de las habilidades del consultor, sus conocimientos metodológicos


y actitudinales. Las capacidades personales y profesionales deben estar desarrolladas y
trabajadas antes de encarar las consultas, lo que por supuesto no implica pretender un modelo de
salud mental, sino la posibilidad de tener claros los aspectos más importantes de la personalidad,
resueltos aquellos que remiten a su historia personal, y tener conciencia de los que todavía no se
han podido enfrentar y/o resolver y pueden constituirse en trabazones de una escucha.

Ante estos aspectos no resueltos, el counselor estará atento para trabajarlos en su supervisión
personal o derivar al consultante. Es preciso aclarar la importancia de procesos de terapia o
counseling personal para los estudiantes de esta profesión, como la de toda aquella que implique
ayudar psicológicamente a personas.

En lo que implicado actitudinal, la postura de Carl Rogers es la que más refleja para nosotros un
adecuado marco para la preparación del counselor. El conocimiento de recursos múltiples
(metodología integrativa) es el aspecto técnico del cual disponemos. En síntesis, en esta fase de
preayuda. la habilidad principal es la capacidad de escucha atenta centrada en el vínculo, recursos
y actitudes dispuestos para compartirlos con el consultante, disponibilidad interna para la entrega.
A esto lo denominamos “estado de disponibilidad”. La escucha atenta de las palabras, gestos, tono
de voz, silencios, pausas, posturas, etc. La observación de la congruencia o no de las mismas y el
respeto total e incondicional es lo que da cuenta de esta disposición. El eje es la captación acerca
de qué es lo que el consultante está queriendo transmitir, comunicar, contar, de sus problemas, y
qué sentimientos están explícitos e implícitos en el relato. Desde estas condiciones de base se
recibe al consultante, y comienza el proceso compartido.

Etapa 1- Entendimiento integrante (autoenfoque). Implica las primeras entrevistas por


medio de las cuales se establece (o no) un adecuado rapport, que facilita (o no) el
autoentendimiento (autodiagnóstico), donde se estudia cuidadosamente la situación
planteada, las circunstancias que la rodean y el estado personal del consultante. Se conversa
acerca de la motivación para la consulta y el cambio. Se esclarece en la medida de lo posible
esta motivación y se procura un acuerdo de trabajo coherente para ambas partes.

Etapa 2 - Fijación de metas y fines. En relación con la anterior, se plantea una


estructuración cognitiva, en una puesta gradual en común de los objetivos que se quieren
alcanzar.

Etapa 3 - Programas de acción. Es una fase práctica donde el eje de la conversación es


puesto en la búsqueda y puesta en marcha de recursos que permitan (en la medida posible)
enfrentar y resolver el problema.

Etapa 4 - Valoración del plan. Consultante y consultor evalúan los progresos (o no) de los
objetivos propuestos, y en el caso de haberlos alcanzado termina la consultoria, o de no serlo,
se replantean nuevos programas o se procede a una derivación a otro profesional.
El enfoque de G. Egan, cognitivo y pragmático, es a nuestro entender muy útil para ser aplicado en
programas de consultorías breves y puntuales o de objetivo específico.

En servicios asistenciales institucionales u hospitalarios permite un seguimiento adecuado por


parte del equipo y una investigación de la casuística. Desde una concepción similar, Blocher y
Biggs nos plantean un modelo que incluye ocho etapas, siendo por consiguiente más complejo y
exhaustivo, permitiendo un pulimento más fino de la tarea de la Consultoría psicológica.Haremos
una síntesis del modelo planteado, extraída del libro La psicología del counseling en medios
comunitarios, de los citados autores.16 En lugar de hablar de “consultante”, los autores prefieren
decir “sistema cliente” para referirse tanto a un individuo como a un grupo o una organización. De
esta manera este proceso de ocho etapas lo consideran aplicable a cualquier tipo de consultoría
psicológica, veamos:

Fase 1

Articulación defines, necesidades y objetivos. Es la etapa de admisión del proceso.


Luego de la escucha atenta del pedido de consulta, la pregunta clave que debe hacerse el
counselor es: ¿Qué puedo ofrecer al sistema cliente desde el punto de vista de sus
necesidades?” Para responder esta pregunta debe implementarse un conjunto de
entrevistas, que dependerán en número o complejidad de las características del sistema
cliente y su demanda. Dado que la necesidad es una discrepancia entre una condición
deseada (fin) y una situación existente, representa una diferencia entre lo que es y lo que
debería ser, desde el punto de vista del sistema cliente.

Por ello consulta. A partir de la captación de esta discrepancia se pueden fijar los objetivos.
Estos son puntos a lo largo de una línea de necesidades que representan blancos para el
movimiento hacia un fin dentro de un tiempo y de una estrategia de intervención concretas.
Los fines son la deseabilidad y la dirección del cambio. Los objetivos están determinados por
la viabilidad y determinan la distancia.

Es muy importante también determinar la cualidad de los recursos con que se cuenta (auto
recursos), y la relación con las necesidades. En el cierre de esta primera etapa, que puede
durar de una a cinco entrevistas, debe instalarse una perspectiva de credibilidad hacia la
motivación de la consulta, interés y respeto hacia los fines y propósitos del sistema cliente, y
una disposición negociadora del rol del counseling ante el sistema cliente.
Fase 2

Examen del sistema cliente. Desde la fase 1, y de ser necesario más el agregado de
cuestionarios, tests u otras fuentes de datos, se realiza una evaluación cuidadosa y
sistemática del entorno y de las características psicológicas sociales de los consultantes.

Observación y deducción mientras se escucha y se ayuda a escucharse a sí mismo, es el


axioma básico de esta fase.

16 Blocher, D. y Biggs, D., op.cit.


Fase 3

Elección de la estrategia de intervención. Bajo el criterio de aceptación y respeto de los


valores e intereses del sistema cliente, la elección de estrategias de intervención, no se
convierte en manipulaciones ni intrusiones. Todo planteo debe ser cuidadosamente pensado
y dialogado en busca de acuerdo con el/los consultantes.
Fase 4

Creación de comunicaciones y relaciones. Desde una actitud de transparencia,


autenticidad, y congruencia se intenta establecer un vínculo de confianza entre las partes
que permitan una cohesión adecuada a la tarea.
Fase 5

Negociación de objetivos específicos. Se establecen los objetivos en torno a las


necesidades identificadas anteriormente como metas a alcanzar a lo largo de la línea de
discrepancias, que se tenderá a alcanzar dentro de lapsos temporales concretos, prudentes
y con estrategias específicas. De ser muy complejos los problemas planteados, se puede
pensar juntos en objetivos y estrategias de corto, mediano y largo plazo, estando abiertos a
modificaciones de acuerdo a cómo marche el proceso, es decir conforme con la viabilidad
mencionada en la fase 1.
Fase 6

Introducción de nuevos conceptos y conductas. Hablaríamos aquí de contratos de acción


adecuados y eficaces, conforme a un timing establecido. Según los autores, muchos
fracasos en counseling se deben a la introducción prematura de nuevas ideas y exigencias
para con el sistema cliente. La apertura a nuevas formas es posible cuando el sistema se
abre por si mismo, porque le ha llegado su momento.
Fase 7

Transferencia y conservación de nuevas conductas. Esta fase se cumple cuando hay


afianzamiento auténtico, por propia maduración, no por imposición del consultor. En esta
etapa se pone énfasis en el aprendizaje de pautas favorables para el cambio, y se pone un
esfuerzo de establecimiento de un nuevo modo de ser y hacer.

Por considerarlo un momento clave, donde se define un buen o mal proceso de counseling,
los autores suelen proponer sesiones de refuerzo en tiempos antes no pac- tados. El objetivo
es facilitar la retroalimentación y el estímulo.

24
Fase 8

Valoración del proceso de consulta y de los resultados. Es la fase final. Si se ha logrado


establecer adecuadamente las relaciones entre discrepancias y necesidades y de objetivos
implicados en el modelo, la evaluación es relativamente sencilla. Se sugiere realizar esta
evaluación entre las partes.

Para Blocher y Biggs, este mapa cognitivo de la consulta no debe constituirse en una
prescripción específica y limitada.

Debemos confesar al lector que por provenir de un enfoque distinto al humanístico centrado en la
persona, el lenguaje y la forma que nos proponen tanto G. Egan como Blocher y Biggs nos
resultan algo chocantes.

Consideramos sin embargo muy útiles sus aportes —y por ello los hemos planteado en este texto
—, por dotamos de una metodología de observación más sistemática que la que nos aportan los
humanistas más clásicos.

Creemos que aunque no lo planteemos desde un esquema de etapas en forma explícita, la


mayoría de nosotros lo hacemos implícitamente, sobre todo cuando necesitamos evaluar nuestros
resultados como ayudadores.

Continuando el tema de las etapas, y con el objetivo de ofrecer más congruencia a nuestro
planteo, tomamos el ordenamiento que observó Carl Rogers en los procesos de ayuda en su libro
Counseling and Psychotherapy (Boston, Edit. Mifflin).

En el capítulo segundo menciona una serie de momentos observables, que desde una traducción
libre ofrecemos:

1. El sujeto llega para recibir ayuda.

2. La situación de ayuda debe definirse como tal.

3. El consultor fomenta la libre expresión de los sentimientos que acompañan a los


problemas por los cuales se consulta.

4. El consultor tiende aceptar, reconocer y clarificar los sentimientos negativos que


aparecen vinculados con los problemas.

5. Cuando lo anterior sucede, surgen en el sujeto consultante expresiones vagas y


tentativas de impulsos positivos que promueven el crecimiento.

6. El consultante acepta y reconoce los sentimientos positivos de la misma manera que


aceptó y reconoció los negativos.

7. La captación intuitiva -insight-, la comprensión del propio Yo y su asunción, constituyen


el siguiente paso importante de este proyecto.

25
8. Junto al proceso anterior, se da un proceso de clarificación de las decisiones y de los
modos de acción posibles.

9. Se inician acciones positivas pequeñas pero altamente significativas.

10. La persona gana mas confianza en sí misma y produce cambios más importantes.

11. Es observable la integración de la persona.

12. Aparece una necesidad cada vez menor de recibir ayuda. y el reconocimiento de que
la relación de

ayuda debe ir culminando”.44

En otro texto, Carl Rogers45 dividió este proceso en cuatro etapas, que tomando en cuenta las
iniciales de cada una, denominamos proceso DAVI, haciendo una muy breve síntesis. Nos dice en
principio que las personas consultan porque poseen o perciben algún nivel de desorganización y
necesitan reorganizarse. Esta percepción es la que motiva el pedido de ayuda, y motoriza la
posibilidad del cambio en tanto produce malestar.

El proceso transcurre dialécticamente entre:

Descripción: El consultante presenta los problemas que lo traen a consulta. El tono emocional se
presenta generalmente cargado de frustración. Se expresan sentimientos negativos, tanto
referidos a sí

mismo y a otros, tanto como a la situación que se presenta problemática.

Análisis: Se exploran y valoran conductas, comportamientos y emociones.

Se revisan pormenores del presente y de la historia.

Emerge paulatinamente una imagen más consciente de sí mismo.

Se descubren algunas contradicciones experienciales.

Valoración: La percepción de sí mismo se va haciendo mas profunda.

Se modifica y/o cambia el lugar de la autovaloración.

Se perciben principios de reorganización.

Integración: Hay una mayor aceptación de sí mismo.

Autopercepción de algún nivel de progreso Se instala una valoración positiva de sí mismo


(autoestima). Comienzan a esbozarse proyectos posibles, en tanto implica visión futura, y cambios
positivos concretos de conductas.

26
Niveles de la ayuda

Nuestro propio modelo

Basados en la experiencia y en la integración de los modelos anteriormente presentados, desde


una postura Holística Centrada en la Persona, hemos observado que existen dos grandes niveles
del devenir de una relación de ayuda basada en el Counseling Humanístico.

1. - Resolución del problema de consulta.

2. - Despliegue personal desde un compromiso existencial.

Ambos corren paralelos en cualquier proceso de consulta, si bien en lo manifiesto es habitual que
sólo se hable del primero en las etapas iniciales. Las personas piden ayuda para superar
dificultades, pero al centrarse nuestra escucha y acompañamiento en la persona como un todo,
aunque no se hable del segundo, éste está transitando el camino conjuntamente al primero.
Mientras la persona del consultante va resolviendo más o menos sus problemas con la ayuda del
counselor, y en tanto encuentra nuevos caminos, produce cambios correctivos favorables e instala
nuevas conductas, se reabre el espiral auto correctivo del despliegue y compromiso existencial.

Los verbos resolver, cambiar, crecer y vivir implican acciones verbales que apuntan al primer nivel,
y predisponen hacia el segundo, donde hablamos de transformar, desplegar. existir y
comprometer.

El primero (resolver el problema) circula en el plano de las necesidades, el segundo (desplegarse)


en el de los deseos.

El primero facilita mejores convivencias, el segundo se centra en la coexistencia.

Hablar de etapas sólo es posible referido al primer nivel:

Etapas en resolución de problemas Proceso DACOPERP

1. - Descripción de contenidos y expresión de sentimientos. Los consultantes nos describen


situaciones, conflictos, dolores emocionales y expresan sentimientos implicados en ello. Si la
persona se implica en forma autocrítica, el proceso puede comenzar favorablemente; caso
contrario, si la responsabilidad no es asumida por el consultante, hay que trabajar
previamente en ello. Esta etapa es similar al comienzo de la descripción, según Carl
Rogers.17 Nuestra tarea es acompañar los relatos, y facilitar la autocrítica reflexiva.

2. - Análisis y exploración integrativa. Se realiza una exploración de situaciones del presente


y su vinculación con situaciones del pasado y visiones futuras. Se exploran auto recursos
disponibles para el cambio.

17 Rogers, Carl, Counseling and Psychotherapy, cap. 2.

27
Aumenta paulatinamente su compromiso con el proceso de ayuda, abriendo camino a
reflexiones cada vez más comprometidas y profundas. El consultante continúa describiendo,
a medida que lo ayudamos a asociar y encontrar respuestas actuales y pasadas a lo que le
pasa. Las emociones se relacionan cada vez más directamente, aflorando imágenes
conscientes del sí mismo y su relación con los demás.

Nuestra tarea es ayudar facilitando la expresión verbal y una progresiva conexión de


sensaciones sentidas.

Esta etapa coincide con el final de la de descripción y el comienzo de la primera fase del
análisis de Carl Rogers.

3. - Co-develación cognitivo-experiencial. Se revisan conjuntamente los constructos


perceptuales.

Se adquiere la capacidad de generar asociaciones cognitivas cine imbrinquen nexos


causales, presentes o históricos, según la autopercepción que aflora en la relación de ayuda.

La tarea es hilar, unir e integrar significantes y significados en una trama cine brinde algún
sentido a lo que pasa.

Nos encontramos en un momento del proceso donde puede comenzar a vislumbrarse el


encuentro con modalidades nuevas que se acerquen a cambios productivos para el
consultante. Se perciben resignificaciones que conducen a cambios en la valoración y
principios de reorganización concretos.

Se viven momentos emocionalmente intensos, en tanto aparecen contradicciones en la


experiencia, ante las cuales existe la posibilidad del darse cuenta experiencial (insight)

Nuestra tarea es acompañar y ayudar desde las actitudes y recursos, sabiendo que es una
etapa clave para solucionar los problemas dc consulta, sean los iniciales o nuevos que fueron
aflorando en el decurso de las entrevistas.

Coincide con una segunda fase el análisis y una primera de la valoración, según el modelo de
Carl Rogers.

4. - Personalización. Tomamos este planteo desde Robert Carkhuff, que complementa y


enriquece el de Carl Rogers, al agregarle mayores elementos de análisis y apertura de proba-
bilidades. Por otra parte, hemos considerado que nuestro autor eje es insuficiente para definir
el cierre de un proceso de counseling según su modelo DAVI, por medio del cual se contenta
con esbozos de proyectos.

Hablar de counseling, en este apuntalamiento de cambios concretos que puedan valorarse y


revisar, alcanzando una integración vivida y realizada. Nos importa que la persona, además
de cambiar, se comprometa en algún nivel de transformación personal que fije estos cambios
en forma permanente, y logre un nivel de bienestar más o menos estable. Por ello, al hablar
de personalización nos importa que se logre en cuatro sub-etapas:

28
a.- Del significado: cambios en el punto de vista (percepción).

b.- Del problema: haciéndose cargo en forma responsable.

c.- Del sentimiento: que confronte las vivencias anteriores con las nuevas, con plena
conexión sensación sentida.

d.- De la meta: que alcance alguna meta que se hayan propuesto entre el consultor y el
consultante al comenzar el proceso o durante el mismo. Estas acciones deben reflejarse
en cambios concretos tanto dentro del gabinete de consulta como en la vida en
convivencia que transita el consultante.

Como podemos observar, este momento coincide con el cierre de la valorización e integración de
Carl Rogers con el agregado de cambios y transformaciones concretas y comprometidas por parte
del consultante.

Aquí culminan la mayoría de los procesos de counseling que se encaran hacia la resolución de
problemas.

Nuestro modelo se divide entonces, en este primer nivel, en cuatro etapas:

1.-Descripción de contenidos y expresión de sentimientos.

2.-Análisis y exploración integrativa.

3.-Co-develación cognitivo-experiencial.

4.-Personalización (en sus cuatro sub-etapas).

Lo denominamos Proceso DACOPERP:

Descripción,

Análisis y

Codevelación hacia una

PERsonalización que permita resolver

Problemas, produciendo cambios y transformaciones reales.

Todos estos modos fenomenológicos de observar los procesos —nos referimos a los de Carl
Rogers y a nuestro propio modelo, integrado con los aportes de R. Carkhuff—, pueden contrastar
con los anteriores. Creemos sin embargo que cada profesional debe elegir algunas formas para
establecer seguimientos acerca de su accionar, y éstos deben servirle para corroborar su eficacia
y eficiencia, y desde allí ir mejorando en su función de facilitador de procesos de ayuda personal.

29
Poseer varios a su disposición puede ayudar a elegir el que mejor se adecue a su propia postura,
y desde allí, con la experiencia, constituir el propio. Así hemos hecho nosotros.

El conocer estos modelos e incorporarlos, para no estar pensando en ellos mientras estamos en
consulta nos recuerda un viejo precepto del humanismo, el que dice que “ciencia e investigación
se hacen antes o después de la sesión o entrevista, nunca durante la misma”. Si no nos alejan de
un adecuado encuentro donde el centramiento en la persona y el vínculo sean las columnas en
que se fundamentan nuestros modos de estar junto a los que nos piden ayuda, bienvenidos sean
todos los esquemas que nos brinden la posibilidad de ser más eficaces facilitadores del cambio y
la resolución del problema en el más breve tiempo posible, dando posibilidad a una apertura que
abra el camino hacia el Desarrollo y el Despliegue personal.

Si luego de pasar por las primeras entrevistas, fase 1 de Egan, etapas 1 a 3 de Blocher y Biggs,
concluimos que lo que necesita nuestro consultante o sistema cliente es un proceso de Desarrollo
Personal, sin tiempo limitado ni estrategias específicas ante objetivos de similar cualidad, podemos
establecer un contrato de ayuda menos estructurado y de más profundidad. Por lo tanto, las fases
2 y 3 de Egan y las etapas 4 a 6 de Blocher y Biggs se integrarán en un modo más vivencial y
experiencialista, donde la integración emoción-razón sea el objetivo, así como la promoción
vincular de una expresión más acabada de la Tendencia Actualizante de la persona del que
consulta.

Las metodologías del counseling, de las cuales trataremos en el siguiente capítulo, deberán
adecuarse a la discriminación articulada de motivación de consulta, medios, objetivos, deseos y
posibilidades reales, que emergerán claras si se ha establecido un modo de escucha “centrado”,
en medio de un adecuado diagnóstico situacional, ecológico, personal, por medio de una
comunicación eficaz entre las partes que conversan para darse cuenta de qué es lo mejor para el
sistema consultante-consultor.

 Si nuestros consultantes logran superar sus motivos de consulta es porque además de


haber recuperado auto-recursos, han hecho en mayor o menor medida una revisión de
sus construcciones perceptuales, y han encarado algún nivel concreto de cambio y
transformación.

 Han logrado salir del malestar, sabiendo y experimentando sobre si mismos, han
revisado sus puntos de vista, han relacionado su historia con su presente y han podido
proyectarse.

 Han confrontado el nivel de sus necesidades insatisfechas, y además de cambiar, han


—por lo menos - esbozado algún tipo de crecimiento y desarrollo personal. Todo esto
con las variables de cada caso y con mayor o menor tiempo de trabajo personal o
grupal, según sean individuos o grupos los que han consultado.

Alguno de ellos pueden desear continuar trabajando su persona o los vínculos. Estañamos
entrando entonces en el segundo nivel que mencionamos, el que denominamos Despliegue
personal y compromiso existencial. Los que deciden permanecer en ayuda es porque han sentido,

30
durante los encuentros del nivel anterior, el deseo que está por debajo y por encima de las
necesidades: encontrar un sentido vital a su transcurrir existencial. En el nivel anterior, la persona
del consultante ha debido replantearse y reconstituirse, revisando sus personajes. Esta instancia
es la del reencuentro con el camino del ser siendo persona.

Si en el primero se trabajó desde lo yoico, en éste aparece lo mísmico


nosotreante.

Resolver lo yoico puede producir bienestar en el convivir cotidiano, y para algunos


eso es suficiente, y estará bien, sí así lo consideran.

Entramar el mí con el otro desde un nosotros dador de sentido, es una instancia


de nivel superior de despliegue de lo humano.

No podemos describir etapas en este nivel, en tanto es una experiencia vincular


que fluye en un encuentro de conciencias dispuestas para ello.

Nuestra tarea se centra más en la presencia activa que en la utilización de alguna


estrategia o recurso determinado.

Hemos hablado de esto en nuestro libro Estar presente.18 Su titulo define una manera de
acompañar este momento de la ayuda.

18 Sánchez Bodas, Andrés, Estar Presente - De Carl Rogers al Enfoque Holístico Centrado en la Persona
Bibliografía consultada y recomendada
- Artiles, Manuel. La actitud psicoterapéutica. Buenos Aires, Edit. Bonum, 1975.
- Artiles, Manuel. Conferencia del 10 de abril de 1981, ¿Qué es el counseling?
- Bandler, R. y Grinder, J. La estructura de la magia. Santiago de Chile, Edit. Cuatro Vientos, 1980.
- Blocher, D. Development counseling. New York, Ronald Press, 1966.
- Blocher, D. y Biggs, D. La psicología del counseling en los medios comunitarios. Barcelona, Edit. Herder, 1986.
- Brammer, L. y Shostrom, E. Therapeutic Psychology: Fundamentals of counseling and psyhcotherapy. Englewood Cliffs, Prentice-Hall Inc.,
1977.
- Capuzzi, D., Gross, Douglas R. Introduction toCounseling-Perspectives for the 1 990s. Boston, Allyn and Bacon, 1991.
- Desoille, R. Lecciones de ensueño dirigido en psicoterapia. Buenos Aires, Amorrortu, 1975.
- Dietrich, G. Psicología general del counseling. Barcelona, Edit. Herder, 1986.
- Egan, G. The skiLled helper. Monterrey, Brooks-Cole, 1975.
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Si antes podíamos decir que transitábamos etapas de relación interpersonal, aquí nos
encontramos con un momento transpersonal.

Nuestra experiencia nos indica que ante la pregunta acerca del sentido y el despliegue, la mayoría
de los consultantes (y nosotros con ellos) se responde que el tema pasa por el darse al otro.

Quizá de esto se trate: de reaprender el amor y darse a la existencia de un otro lugar de


significación: el desapego.

Circular la vida, desde este lugar recuperado, es volver a ser el que fuimos: un ser abierto al
devenir, desde actos de entrega y cesión del yo. Tal como un bebé en y con su madre, y
viceversa.

Desde un nosotros inicial, pasando por yoes y personajes, podemos reencontrar un nosotros
comunal, siendo personas.

Algunos consultantes quieren que los ayudemos en este camino de descompromiso de sí mismos,
y cambiando el propio paradigma, dejarse llevar por el compromiso para-con-desde el otro.

Cuando alguien se arroja a este camino, sabe que tiene que seguir transitando el anterior, en lo
cotidiano de las relaciones laborales e interpersonales comunes. Si bien lo sabe, y lo hace,
también observa, percibe, desde otro lugar su posición en el cosmos, siendo con él.

Somos mejores personas cuando a pesar de las inevitables fallas y conflictos en nuestro vivir, no
sólo procuramos sentirnos bien, sino sentirnos plenos. No es lo mismo estar bien que plenos, no
es lo mismo el bien-estar que la plenitud.

Somos mejores personas cuando aprendemos a habitar ese espacio intermedio entre materia y
espíritu, lugar de la escala cósmica al que por ahora pertenecemos.

Nuestra tarea en este nivel trasciende lo concreto y cotidiano, más allá de resultados medibles y
de relaciones causa-electo de lo que le pasa a nuestro consultante.

Nuestra tarea en este nivel es estar centrado en lo que nos pasa, juntos, en confluencia
desapegante mutua.

Si antes éramos facilitadores del cambio y la transformación para ayudar a resolver problemas,
teniendo por objetivo el bienestar, ahora somos compañeros de ruta existencial, para juntos buscar
senderos que nos acerquen al estar con los otros, desde un nosotros que nos brinde plenitud vital.

Aquí algunos encuentran - o reencuentran - creencias religiosas, en el verdadero sentido del re-
ligare en tanto persona en comunidad; otros buscan caminos de expresión creativa, y se van
observando diversos niveles de compromiso. Todos se replantean el tener y el ser, en una ética
vincular.

Si algún consultante se lanza en este camino, sea al finalizar el primer nivel de la ayuda o durante
el mismo, alternando caminos, debemos estar preparados para ello.

El counselor que se disponga lo debe hacer desde el primer momento, aunque no se lo pidan,

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porque si bien no todos desean o pueden por el momento comprometerse existencial-
mente, la persona está en potencia desplegante en cada ser humano que atendemos.

Si la escucha y la presencia es desde el primer momento de índole fenomenológica, y


actitudinalmente encarada tal como lo enuncia el Enfoque Holístico Centrado en la
Persona, podemos esperar que algo del segundo nivel asome su impronta.

La consultoría psicológica es una profesión delicada, porque es “puerta de entrada” de


muchas consultas, y una adecuada, seria y prolija orientación es indispensable en la
prevención y promoción en salud y bienestar personal y social.

Así como una captación pronta y precisa de las incongruencias entre sentir-pensar-hacer,
de las discrepancias entre condiciones deseadas y condiciones existentes, entre lo que
soy y lo que quiero ser, entre el si mismo y el sí mismo ideal, entre el yo y el yo ideal,
entre el yo y el ideal del yo, entre la ilusión y la realidad, entre el deseo y sus
posibilidades, entre lo que quiero y lo que creo que puedo o no puedo, del darme cuenta
de mi malestar y de mi posible bienestar, de “así no quiero ni puedo más”, de mis miedos,
angustias, valentías y corajes, Impotencias y potencias, en síntesis, del interjuego de
polaridades que no me permiten andar los caminos que me he propuesto y tal como me
los he propuesto, una ayuda a este darse cuenta y desde allí iniciar -o no
- una relación de ayuda, puede permitirme y permitirle ser una mejor persona.

Esta manera de pensar el rol de un counselor, lo aleja de ser un simple profesional de la


ayuda que procura la adaptación de las personas que atiende.

El counseling, tal como lo entendemos, es una profesión con pretensiones, no sólo de


ayudar a sentirse bien superando problemas, sino también, y en esencia, a desplegar lo
humano, es decir, el amor como entrega.

Esta profesión exige ser un acto científico, y un arte de la relación, en el sentido en que el
Humanismo entiende la Ciencia y el Arte desde el paradigma holístico.

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