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Delito de Violencia Familiar

Este documento analiza los problemas procesales relacionados con el delito de violencia familiar en México. Define la violencia familiar como el uso recurrente de la fuerza física o psicológica por parte de un miembro de la familia para dominar a otros. Explica que la violencia puede ser física, sexual, psicológica, económica o espiritual. También discute los antecedentes jurídicos internacionales sobre la violencia contra la mujer y los niños. El objetivo del trabajo es identificar los retos prácticos en la aplicación de este
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Delito de Violencia Familiar

Este documento analiza los problemas procesales relacionados con el delito de violencia familiar en México. Define la violencia familiar como el uso recurrente de la fuerza física o psicológica por parte de un miembro de la familia para dominar a otros. Explica que la violencia puede ser física, sexual, psicológica, económica o espiritual. También discute los antecedentes jurídicos internacionales sobre la violencia contra la mujer y los niños. El objetivo del trabajo es identificar los retos prácticos en la aplicación de este
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EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR.

ASPECTOS PROCESALES

María Rocío MORALES HERNÁNDEZ

SUMARIO: I. Introducción. II. Problemas prácticos en la acredi-


tación del tipo de violencia familiar. III. Violencia familiar equi-
parada. IV. Querella. V. Pena. VI. Conclusiones. VII. Bibliografía.

I. INTRODUCCIÓN

En 1997 aparece en el Código Penal, entonces Federal y para el Dis-


trito Federal en materia de fuero común, tipificada la conducta de
violencia familiar; con esto se pretendía adecuar la legislación a los
tratados internacionales suscritos por México y coadyuvar a eliminar
ese tipo de discriminación que afecta principalmente a niños, mujeres
y ancianos.
En este momento, ocho años después de que inició su vigen-
cia, sigue discutiéndose si la violencia familiar debe ser tipificada o
simplemente constituir una infracción, materia de una rama del dere-
cho distinta a la penal; los constantes cambios que ha sufrido en su
estructura, la dificultad para su integración y para la ejecución de la
pena hacen aún más dudosa su efectividad y que realmente logre
la prevención general que pretende.
Una de las novedades que en 1997 acompañaron al tipo de vio-
lencia familiar fueron las medidas precautorias, que a diferencia de la
legislación civil aparecían imprecisas, siendo tan amplio su alcance
como la voluntad de quien las determina y las convierten en ineficaces
y letra muerta.
El objeto de este trabajo es analizar los problemas procesales que
existen en la práctica en relación al delito de violencia familiar.

795
796 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

1. Concepto de violencia

La palabra violencia gramaticalmente significa “fuerza extremada,


intensidad, abuso de la fuerza”,1 siendo este un concepto cotidiano en la
actualidad, ya que una de las características principales de la sociedad
en que vivimos es la violencia, la que se percibe y aprende a través de
los medios masivos de comunicación, la televisión, la radio, los perió-
dicos, no sólo los programas de noticias, sino todos en general, desde las
caricaturas dirigidas a los niños hasta las telenovelas y programas que
son observados por los adultos; pero no es sólo de esa forma como se
aprende la violencia, lo más grave es que esto acontece también en el
hogar. Hasta hace poco era legal y socialmente permitido educar a un
niño haciendo uso de la fuerza tanto psíquica como física, lo que impli-
caba que el menor al recibir ese trato por parte de quienes lo amaban
identificaba ambos conceptos, amor y violencia, y repetía esos patrones
en quienes quería; a esto se suma el que la mujer sufre malos tratos que
“son un reflejo de los mecanismos de poder existentes en la sociedad,
que a través de los procesos educacionales y de creación de hábitos cul-
turales y sociales llegan a ser asumidos no sólo por los hombres sino
también por las propias mujeres, quienes con su conducta en algunos
casos ayudan a la perpetuación de tales situaciones”.2 dando lugar con
ello a la violencia familiar, cuyas principales víctimas son las mujeres,
niños y ancianos.
Debe acotarse que no es lo mismo la existencia de un acto violento
que de violencia familiar, puede darse el caso que exista el primero e in-
cluso que este sea grave, pero ello no implica que se conforme el segun-
do. La diferencia fundamental entre ambos se deriva de la periodicidad
con que se presenta y el fin que persigue. La convivencia humana genera
problemas y la relación dentro del hogar no esta exenta de esta posi-
bilidad, por el contrario, dado el tiempo que se permanece en este y la
necesidad de establecer normas de comportamiento y conducta, se suce-
den y dan de manera frecuente, sin embargo, la diferencia se marca en
como se resuelven esos problemas y que es lo que se busca, cuando lo
que se quiere es dominar al otro u otros, ejercitar el poder para tener el
control del hogar “a través de la fuerza física, económica y técnica, me-
1
Diccionario práctico Larousse, Ediciones Larousse, p. 619.
2
Vega de Ruiz, José Augusto, Las agresiones familiares en la violencia domés-
tica, Navarra, España, Aranzadi, 1999.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 797

diante la persuasión el control psicológico para lograr manejar y mani-


pular según su conveniencia a sus iguales”.3 Si se hace uso recurrente
de la fuerza psíquica o física para que una de las partes pueda ejercer
un dominio sobre los otros, tendremos violencia familiar, en caso con-
trario se tratara de una disputa o problema aislado.
La violencia genera dentro de la familia un ambiente que no permi-
te el debido desenvolvimiento y desarrollo de sus miembros, coartándolo
y limitándolo.
La declaración sobre la eliminación de la Violencia contra las
Mujeres, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en
1993 establece en su artículo primero que la violencia contra las mujeres
“supone cualquier acto de violencia basado en el sexo, que dé lugar o
pueda dar lugar a un perjuicio de sufrimiento físico, sexual o psicológico
de las mujeres, incluidas las amenazas de tales actos, la coerción o las
privaciones arbitrarias de libertad, ya ocurran en la vida pública o en la
privada”; definiendo la violencia más por sus consecuencias que por su
origen y estructura.
En la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la
Violencia contra la Mujer, se define ésta como “cualquier acción o con-
ducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico,
sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el
privado”; 4 agregando que: “se entenderá que la violencia contra la mujer
incluye la violencia física, sexual y psicológica que tenga lugar dentro
de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación interper-
sonal ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo do-
micilio que la mujer y que comprende entre otros, violación, maltrato y
abuso sexual”.5
Por todo lo anterior, puede definirse como violencia familiar o vio-
lencia doméstica “toda acción u omisión física, psíquica o sexual prac-
ticada sobre los miembros más débiles de una comunidad familiar, fun-
damentalmente la ejercida sobre los menores, mujeres y ancianos, así
como las derivadas de la ruptura de la convivencia o relación afectiva
que cause daño físico o psicológico o maltrato sin lesión”.6 A este con-
3
Ganzenmüller, Roig et al., La violencia doméstica, Barcelona, Bosch, 1999,
p. 40.
4
Artículo 1o. de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erra-
dicar la Violencia contra la Mujer.
5
Ibidem, artículo 2o.
6
Ganzenmüller, Roig et al., op. cit., nota 3, p. 14.
798 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

cepto, puede agregarse dentro de los sectores vulnerables a los discapa-


citados, cuyas condiciones les impiden estar en igualdad de circunstan-
cias frente a los demás.
En la exposición de motivos con que se presentó en 1977, ante la
Cámara de Diputados la iniciativa de ley para prevenir y sancionar
la violencia intrafamiliar se definió ésta como “el uso de la fuerza física
o moral de manera reiterada en contra de un miembro de la familia por
otro de la misma, que atente contra su integridad física o psíquica, inde-
pendientemente de que pueda o no producir lesiones; siempre y cuando
el agresor y el agraviado cohabiten en el mismo domicilio y exista una
relación de parentesco, matrimonio o concubinato”, concepto que com-
prende las diversas formas como se presenta ese tipo de agresiones y
extiende el concepto de familia a todos aquellos que cohabitan en una
casa y están unidos por una relación.

2. Tipos de violencia familiar

La violencia dentro de la familia puede presentarse de diversas for-


mas, ya sea de manera física, psíquica, sexual, económica, estructural o
incluso espiritual.
La violencia física la constituyen los golpes, empujones, tirones de
pelo, bofetadas, patadas, mordeduras, puñaladas, mutilaciones, torturas
y en general todo tipo de fuerza que de manera física se ejerza sobre la
víctima.
La violencia sexual es toda actividad de ese tipo que no es con-
sentida por la otra parte. Debe de hacerse mención de que en este tema
muchas situaciones que antes no eran permitidas, ahora resultan acep-
tables y placenteras, sin embargo dentro de una pareja únicamente debe
existir aquello en lo que los dos estén de acuerdo y todo acto impuesto
constituirá un tipo de violencia.
Violencia psicológica es “cualquier acto o conducta intencionada
que produce desvaloraciones, sufrimientos o agresión psicológica”,7 este
es un rubro extenso, que no puede limitarse a insultos, vejaciones o gri-
tos, sino que comprende toda clase de conductas que tienda a humillar
a la persona y causar un menoscabo en su valía.
La violencia económica es cuando existe una desigualdad en el
acceso a los recursos compartidos.
7
Op. cit., nota 3, p. 44.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 799

Violencia estructural, la cual se encuentra ligada con la económi-


ca, existiendo entre ambas una barrera y constituyendo obstáculos para
lograr desarrollar el potencial de la persona y diferencias en cuanto al
manejo del poder.
Violencia espiritual, cuando se obliga a otro a aceptar una forma
determinada de pensar y de creencias.
Generalmente la violencia se da en una combinación de física y psí-
quica, pero esto no implica que no pueda darse en una sola forma.

3. Antecedentes jurídicos internacionales

El tema de la violencia hacia la mujer y los niños, que junto con


los ancianos son las principales víctimas de ésta, ha sido tratado en
diversos foros internacionales, especialmente a partir de la segunda
mitad del siglo pasado, así es como en 1975, en la I Conferencia Mundial
sobre las Mujeres en México, se señaló que debe enseñarse el respe-
to a la integridad física de la mujer, declarándose que el cuerpo humano
es inviolable y su respeto un elemento fundamental de la dignidad y
la libertad humana.
La década 1976-1985 fue declarada como el Decenio de las Nacio-
nes Unidas para la Mujer, celebrándose en ese tiempo la Convención
para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la
Mujer, adoptada en el seno de las Naciones Unidas el 18 de diciembre
de 1979, en la que se reconocía la complejidad de la violencia doméstica
como un problema “que constituye una ofensa intolerable para la digni-
dad de los seres humanos —debe— reconocerse que los malos tratos
infligidos a familiares constituyen un problema de graves consecuen-
cias sociales que se perpetúan de una generación a otra”, obligándose en
su artículo 5o. a los Estados parte a tomar las medidas apropiadas para
la modificación de los patrones socioculturales de conducta de hom-
bres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y
prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole basados en la idea
de inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funcio-
nes estereotipadas de hombres y mujeres. Convenio que fue ratificado
por 150 países, entre ellos por México en 1980, ratificado por el Senado
en 1981 y constituye el instrumento internacional más importante para
la promoción de los derechos y libertades fundamentales de las mujeres.
800 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

En 1994 se celebró la Convención de Belém do Pará o Convención


Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra
la Mujer, en la cual se exhortó a los países a crear o en su caso, modificar
los instrumentos legales y mecanismos necesarios para erradicar y dete-
ner la violencia contra las mujeres, incluyéndose la que en su perjuicio
se ejerce dentro del hogar, documento que México, como miembro de
la Organización de Estados Americanos, suscribió.
En septiembre de 1995, se celebró en Beijing, China, la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer, donde se abordó el tema de la vio-
lencia contra la mujer y planteó que ésta en muchas ocasiones es tole-
rada así como la violencia en el seno de la familia o en el hogar, se
abarcó las formas en que se produce esa violencia y contempló tanto las
estrategias como la adopción de consideraciones para los gobiernos de
los países participantes.
Por lo que hace al maltrato contra los niños, entre los principales
instrumentos jurídicos internacionales se encuentran la Declaración de
los Derechos del Niño del 20 de mayo de 1959 y la Convención de los
Derechos de los Niños, de las Naciones Unidas, del 20 de noviembre de
1989, en los que se reconocen y señalan la necesidad de proteger a los
menores, cuyas previsiones son abarcadas por nuestro orden normativo
desde 1990.
Cada sector vulnerable es objeto de distinto tipo de violencia, en
contra de los ancianos la más común es el olvido, el dejarlos hacinados
en un cuarto, en un asilo u hospital, sin ocuparse más de ellos. Ese olvi-
do se ve también en los documentos internacionales que tratan de pro-
teger a las mujeres y niños, sin tomar en cuenta a este grupo.

4. Ámbito nacional

En nuestro país tanto el tema de la protección del niño como el de


lograr una verdadera igualdad entre la mujer y el hombre, eliminando
para ello las diversas formas de violencia que existe en su contra, tam-
bién han sido objeto de estudio y el hecho de haber ratificado la Con-
vención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación
contra la Mujer y la Convención sobre los Derechos del Niño, motiva-
ron la creación por parte del gobierno del Programa Nacional de la
Mujer 1995-2000 y del Programa Nacional de Acción en favor de
la Infancia 1995-2000, mediante los cuales se quería implementar meca-
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 801

nismos y acciones que promovieran y lograran el desarrollo de la mujer


y niños mexicanos así como satisfacer sus necesidades y demandas
en los términos del articulo 4o. constitucional.
En 1996, la entonces Asamblea de Representantes del Distrito Fe-
deral aprobó la Ley de Asistencia y Prevención de la Violencia Intra-
familiar, la cual es de carácter administrativo y tiene como función
establecer los mecanismos de asistencia a víctimas y agresores, así
como los relativos a la prevención del fenómeno de la violencia en
el hogar.
El 6 de noviembre de 1997, se presentó ante la Cámara de Dipu-
tados la iniciativa de decreto que reformaba, adicionada y derogaba
diversas disposiciones del Código Civil para el Distrito Federal en mate-
ria común y para toda la República en materia federal, del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal; del Código Penal para
el Distrito Federal en materia de fuero común y para toda la Repú-
blica en materia de fuero federal y del Código de Procedimientos Pena-
les para el Distrito Federal, la cual tenía como objeto, conforme se ad-
vierte de la exposición de motivos con que fue presentada “disuadir y
castigar las conductas que generen violencia familiar, establecer medi-
das de protección a favor de las víctimas de este fenómeno y concien-
tizar a la población del problema, al tiempo de propiciar que las auto-
ridades desarrollen políticas públicas para prevenir, combatir y erradicar
esas conductas”.8
El 30 de diciembre de 1997 se publicó en el Diario Oficial de la
Federación el decreto que reformaba diversos preceptos tanto en el Có-
digo Penal para el Distrito Federal en materia de fuero común y para
toda la República en materia federal, como en el Código de Proce-
dimientos Penales para el Distrito Federal, adicionándose diversos pre-
ceptos enfocados a la violencia familiar, el cual entró en vigor 30 días
después de su publicación.
El capítulo octavo de Código Penal entonces vigente para el
Distrito Federal en materia de fuero común y para toda la Repú-
blica en materia federal, se denominó “Violencia familiar”, en el artícu-
lo 343 bis se tipificó como tal “el uso de la fuerza física o moral, así
como la omisión grave que de manera reiterada se ejerce en contra
8
Exposición de motivos con la que se presentó la iniciativa de ley ante la Cámara
de Diputados federal el 6 de noviembre de 1997.
802 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

de un miembro de la familia por otro integrante de la misma contra


su integridad física, psíquica o ambas, independientemente de que pueda
producir o no lesiones”.
Una de las situaciones que llamó mayormente la atención interna-
cional era el que había países como México, donde la violación no se
admitía entre cónyuges, considerándose un uso excesivo de un derecho.
Esto derivaba de una interpretación jurisprudencial, ante ello el legisla-
dor a efecto de cumplir con el tratado suscrito, creó en 1977 el artícu-
lo 265 bis del entonces Código para el Distrito Federal en materia del
fuero común y para toda la República en materia federal, que estable-
cía de manera expresa que la víctima puede ser la esposa o concubina,
con lo que resalta que el matrimonio no puede eliminar la libertad sexual
de las personas, ni autorizar que se violente la voluntad para tener có-
pula, máxime que en este caso la víctima tiene que seguir viendo y
conviviendo con su agresor. Llama la atención que todos los preceptos
fueron redactados sin hacer diferencia por género, no obstante que en
la exposición de motivos se establecía la necesidad de proteger a la
mujer, sin embargo, en el artículo 265 bis en mención establecía que
sólo la concubina o esposa pueden ser víctimas del delito de violación,
dejándose fuera al concubinario y esposo. De igual forma, se estable-
ció que el delito de violación se perseguía cuando la víctima era la
esposa o concubina por querella, lo cual implicaba que hasta antes de
dictarse sentencia en segunda instancia podía otorgarse perdón.
El 17 de septiembre de 1999 se modifican los artículos 343 bis y
343 quáter del Código Penal para el Distrito Federal, en el delito de
violencia familiar se elimina la exigencia de la reiteración de las con-
ductas y la necesidad de que víctima y victimario residan en el mismo
domicilio.
En febrero de 2001 se inauguró el Foro de Análisis para la Moder-
nización de la Legislación Penal del Distrito Federal, dentro de éste, se
presentaron tres iniciativas para un nuevo código, elaboradas por los
Partidos de la Revolución Democrática, Acción Nacional y Revolucio-
nario Institucional.
En estos proyectos, el PAN no proponía un correlativo a los artícu-
los 343 bis, 343 ter y 343 quater del Código Penal entonces vigente que
tipificaban la violencia familiar, la violencia familiar equiparadas y esta-
blecían las medidas precautorias, con lo que destipificaba la conducta.
Ha sido discutido si la violencia familiar debe constituir un delito o que-
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 803

dar simplemente como infracción, en el artículo 7o. inciso c) de la Con-


vención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violen-
cia contra la Mujer, “Convención de Belém do Pará”, que fue suscrita
por el plenipontenciario de nuestro país el 4 de junio de 1995, aproba-
da por la Cámara de Senadores del Congreso de la Unión el 26 de
noviembre de 1996 y ratificado por el Ejecutivo el 19 de junio de l998,
se establece que los Estados Partes deben incluir en su legislación interna
normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza
que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra
la mujer. Por lo que existe obligación de emitir normas penales que
tutelen el desarrollo armónico de la familia, exento de cualquier tipo de
fuerza extrema en contra de sus miembros, siendo los más vulnerables
las mujeres, niños y ancianos.
El Partido de la Revolución Democrática refirió la violencia fami-
liar en el artículo 229, en el que estableció que por ésta se entiende el
uso de la fuerza física o moral, así como la omisión intencional en
el cumplimiento de un deber, que se ejerce en contra de un miembro de
la familia por otro integrante de la misma, contra su integridad física o
psíquica, o ambas, o para dominarlo o someterlo, independientemente
de que pueda producir o no lesiones. En ese texto se adicionaba la
palabra “intencional” a la omisión, eliminándose la posibilidad de una
comisión culposa lo cual no era necesario, ya que no se enumeraba
el artículo en el diverso 60 del Código Penal para el Distrito Federal
entonces vigente, que contiene la relación de los delitos que admiten la
forma culposa. Se suprimía la exigencia de que la omisión fuera “grave”
lo que hacía al texto más llano y fácil de interpretar, pues palabras de
ese tipo siempre implican dificultad para saber cuándo una omisión tiene
esa característica y cuando no. El proyecto que se cita establecía la san-
ción en el precepto 230, agregando como tal la pérdida de los derechos
que tenga el sentenciado respecto al ofendido, incluidos los de carác-
ter sucesorio; anteriormente la referencia era únicamente al derecho de
pensión alimenticia, por lo que en ese aspecto, la pena se agravaba, no
siendo necesario que si ya se refirió a la pérdida de los derechos que
tenga el sentenciado respecto al ofendido se tenga que hacer la mención
precisa de que dentro de éstos se comprende el sucesorio. Las medidas
precautorias se contenían en el artículo 232, eliminándose la posibili-
dad de que sean el Ministerio Público y el juez quienes las decreten,
804 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

correspondiendo esto a una autoridad administrativa que no se definía.


Al Ministerio Público se le autorizaba únicamente a “apercibir al pro-
bable responsable para que se abstuviera de cualquier conducta que pu-
diera resultar ofensiva para la víctima”.
El Partido Revolucionario Institucional proponía el tipo de violen-
cia familiar en el artículo 219, regresando a la fórmula original que re-
quería la reiteración del acto y que los sujetos habitaran en el mismo
domicilio, eliminando la existencia de las medidas precautorias.
El 30 de abril de 2002, el pleno de la Asamblea Legislativa del
Distrito Federal aprobó el nuevo Código Penal para el Distrito Federal,
el cual fue publicado en la Gaceta Oficial del gobierno del Distrito
Federal el 16 de julio de 2002 y entró en vigor el 12 de noviembre del
mismo año. Dentro de éste, en el título octavo, denominado “Delitos
contra la integridad familiar”, se trata en su capítulo único, artículo 200
la violencia familiar, refiriéndose a ésta como la que realiza “el
cónyuge, concubina o concubinario o el que tenga relación de pareja,
pariente consanguíneo en línea recta ascendente o descendente sin
limitación de grado, al pariente colateral consanguíneo o afín hasta el
cuarto grado, al tutor, curador, al adoptante o adoptado que: I. Haga
uso de medios físicos o psicoemocionales contra la integridad de un
miembro de la familia, independientemente de que se produzcan lesio-
nes; o II. Omita evitar el uso de los medios a que se refiere la frac-
ción anterior”.
En el artículo 174 párrafo cuarto del nuevo Código Penal para el
Distrito Federal, se establece que: “si entre el activo y el pasivo de la
violación existiera un vínculo matrimonial, de concubinato o de pareja,
se impondrá la pena prevista en este artículo, en estos casos el delito se
perseguirá por querella”. Con esto se salva la diferencia de género que
existía originalmente, incluyéndose a la “pareja”, que a diferencia de
otros preceptos legales no debe ser “permanente”.
El 22 de julio del 1995, se publicó en la Gaceta Oficial del Dis-
trito Federal el decreto que reformaba el nuevo Código Penal para el
Distrito Federal, el Código de Procedimientos Penales para el Distrito
Federal y el Código Civil para el Distrito Federal. Dentro de éste, se
reformó el título octavo de los “Delitos contra la Integridad Familiar”
y los artículos 200, 201 y 202 del nuevo Código Penal para el Dis-
trito Federal.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 805

II. PROBLEMAS PRÁCTICOS EN LA ACREDITACIÓN


DEL TIPO DE VIOLENCIA FAMILIAR

1. Conducta

La violencia familiar no es un acto aislado, sino una forma de vida


en la que se hace uso de la fuerza para imponerse y dominar a los demás,
hay autores que sostienen que esto se da dentro de un ciclo que com-
prende de manera general a cuatro etapas, la primera cuando se acumula
la tensión, donde la irritabilidad del agente va en aumento sin motivo
comprensible y aparente hacia los demás miembros, intensificándose
con discusiones; en el segundo, viene la explosión, en la que se realiza
la violencia, la cual puede presentarse de diversas formas, con el fin de
demostrar superioridad, a lo que sigue la fase de “luna de miel” o “mani-
pulación afectiva”, en la que el agente trata de hacerse perdonar y siente
que son los demás miembros de la familia quienes tienen el poder, lo que
da lugar a la cuarta fase, que es la de la escalada, pues una vez perdo-
nado, empieza la irritabilidad y cuando los demás miembros tratan de
ejercer el poder que creen haber ganado, se inicia una nueva discor-
dia y con ello el ciclo.
Como se estableció al inicio de este trabajo, las relaciones humanas
y la convivencia generan problemas, la familia no está exenta de esto,
sobre todo porque deben establecerse normas de conducta y disciplina.
Muchas veces, como consecuencia de la molestia que puede generarse
se da un acto violento, pero ello no implica que la violencia sea la
mecánica dentro del hogar. Para el juzgador es muy difícil distinguir
entre un acto violento y la existencia de ésta como forma de vida y por
ende, violencia familiar.
El texto original del tipo del delito en estudio pretendía evitar la
confusión entre una conducta violenta y la violencia familiar, exigiendo
para que se diera la segunda, la reiteración del acto. Sin embargo, estas
conductas generalmente se dan en la intimidad del hogar, con la ausencia
de testigos, sobre personas que llegan a tolerarlas y aceptarlas como
normales; en parte porque así han sido enseñados desde generaciones
atrás y en parte porque no tienen alternativa y la que pudiera existir es
peor ante la falta de preparación, medios económicos y posibilidades
para salir adelante. Por ello, es difícil que el pasivo lleve un registro de
806 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

las ocasiones y forma en que se ejerció violencia en su contra y cuando


finalmente se decidía a denunciar los hechos la falta de precisión y de
testigos dificultaba la acreditación del tipo.
En septiembre de 1999 se suprime dentro del tipo penal la exi-
gencia de la reiteración de la conducta, lo que si bien facilita la prueba
del hecho, sin embargo agrava la confusión que puede llegar a existir
entre un acto violento y la violencia familiar. Mucho se ha discutido
sobre esto, pues se dice que no debe esperarse a la reiteración o conti-
nuidad del acto para establecer la existencia de violencia familiar, en este
aspecto es importante tomar como referencia el bien jurídico tutelado
que es el desarrollo armónico de la familia; el delito que se estudia no
pretende proteger la vida o integridad física de las personas, por lo que
el acto que lesione a éstos puede ser constitutivo de un delito diverso,
pero no del de violencia familiar, el cual como se ha establecido, requie-
re forzosamente de la existencia de un ambiente que impida el desa-
rrollo pleno de sus miembros.
En el nuevo Código Penal para el Distrito Federal, originalmente,
al igual que el antes mencionado, no requería la reiteración del acto,
sin embargo, a diferencia del texto anterior que consideraba como vio-
lencia familiar el “uso” de la fuerza física o moral, se hacía referencia
al uso de “medios físicos o psicoemocionales”, cambiando el singular
por el plural, lo que implicaba en sí mismo más de uno y con ello, rei-
teración del acto. No obstante esto, generalmente se acreditaba el tipo
penal con una sola conducta, cuando de las constancias procesales se
advertía que ésta se daba dentro de un ambiente de violencia.
El texto actual, vigente a partir del 6 de agosto de 2005, refiere
la existencia de “maltrato físico o psicoemocional a un miembro de la
familia”, dando una interpretación auténtica para ambos conceptos. En
razón de esto, debe entenderse como maltrato físico a “todo acto de
agresión intencional, en el que se utilice alguna parte del cuerpo, algún
objeto, arma o sustancia para sujetar, inmovilizar o causar daño a la
integridad de otro” y como maltrato psicoemocional a “los actos u omi-
siones repetitivos cuya formas de expresión pueden ser prohibiciones,
coacciones, condicionamientos, intimidaciones, actitudes devalua-
torias que provoquen en quien las recibe, deterioro, disminución o afec-
tación a alguna o todas las áreas que integran la estructura psíquica”. A
partir de lo anterior, resulta claro que se requiere pluralidad de conductas
cuando el medio comisivo es el maltrato psicoemocional, pues el tipo así
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 807

lo establece de manera expresa; en cuanto al maltrato físico la ley no


es clara, pero una interpretación armónica del artículo lleva a esta con-
clusión, esto en razón de que se habla de un “maltrato físico o psico-
emocional” de manera genérica y no de un acto que implique esto.
El tipo penal aprobado por el legislador en 1997 comprendía tanto
la acción como la omisión, haciendo mención de que esta última debía
ser “grave”. En el nuevo Código Penal originalmente se establecía en su
fracción II “omita evitar”, redacción que se considera poco afortunada
pues el uso de dos negativos juntos implica una afirmación; omitir gra-
maticalmente es dejar de hacer una cosa y evitar impedir que suceda
algún mal, peligro o molestia, unidas las dos palabras implican dejar de
evitar que suceda algún mal, peligro o molestia. Dejar de evitar es hacer,
con lo que se convierte la omisión en acción en lo que parece un jue-
go de palabras. Es evidente que esa no fue la intención del legislador.
En la modificación publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal
el 22 de julio de 2005, cuando se describe la conducta constitutiva del
delito de violencia familiar, se hace establece sólo una positiva, un hacer,
consistente en maltratar física o psicoemocionalmente a un miembro de
la familia, sin embargo, al describir lo que debe entenderse por maltrato
psicoemocional se hace referencia a actos u omisiones, precisándose las
formas de expresión de éstos. Actualmente se establece en el tipo la for-
ma de omisión propia, siendo claro y facilitándose con ello su aplicación.

2. Medio comisivo

Originalmente, se requería como medio comisivo la fuerza física o


moral, conceptos referidos a este delito en particular. Por lo que hace al
primero, conforme a la exposición de motivos con que se presentó la ley
en 1997 se entendía la agresión dolosa, cuando utilice el activo alguna
parte del cuerpo, algún objeto, arma o sustancia que atenten contra la
integridad física, síquica o ambas de la víctima, dentro de ésta se com-
prendían toda clase de empujones, empellones, tirones de pelo, bofeta-
das, golpes patadas, quemaduras, mordeduras, mutilaciones y en general
cualquier uso de la fuerza física. La fuerza moral conforme a la inicia-
tiva que se analiza era la realización de actos que deshonren, desacre-
diten, menosprecien el valor personal, devalúen a la víctima o le limiten
irrazonablemente el acceso y manejo de los bienes comunes, los chan-
tajes, la vigilancia constante, el aislamiento, la privación de acceso a la
808 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

alimentación, las agresiones verbales, las amenazas de privar de la cus-


todia de los hijos, la destrucción de objetos apreciados por la persona,
la injurias o el silencio intimidante, entre otros; concepto amplio que
comprende los distintos tipos de violencia que son conocidos en la doc-
trina como psicológica, económica, estructural y espiritual. Este con-
cepto tuvo problemas en la aplicación práctica, pues aun cuando podía
hacerse una interpretación de la legislación a través de la exposición de
motivos, lo cierto es que tanto ministerios públicos como jueces en un
inicio la equipararon a la violencia moral, el cual es mucho más restrin-
gido. Problema que se incrementa con la entrada en vigor del nuevo
Código Penal para el Distrito Federal, el cual en su primer texto se re-
fería a “medios físicos o psicoemocionales”. La exposición de moti-
vos de éste da como único dato de interpretación el que éstos sean con
la “intención de someter al pasivo”, frase que lleva a considerar que
puede equipararse lo que en el texto original del tipo se entendía como
fuerza moral con los medios psicoemocionales y la fuerza física con los
medios físicos. Actualmente, el artículo 200 hace referencia al mal-
trato físico o psicoemocional como medios comisivos, dando en su texto
una interpretación auténtica de lo que debe entenderse como tales que
acaba con toda especulación o interpretación al respecto, pues solo los
enunciados pueden tener tal carácter.

3. Concepto de familia

Cuando se presentó en 1997 la iniciativa de ley que contenía el tipo


original del delito de violencia familiar, el legislador hizo notar que la
familia no sólo la constituyen los padres e hijos, sino en general todos
aquellos parientes que habitan bajo un mismo techo, el texto legal daba
una interpretación auténtica del normativo en su artículos 343 bis se-
gundo párrafo del Código Penal entonces Federal para el Distrito Fede-
ral, donde se señaló que comete el delito de violencia familiar el cón-
yuge, concubina o concubinario, pariente consanguíneo en línea recta
ascendente o descendente sin limitación de grado, pariente colateral
consanguíneo o afín hasta el cuarto grado, adoptante o adoptado que
habite en la misma casa de la víctima. Concepto que coincide con el
generalmente aceptado por la antropología social que comprende a
los progenitores, los hijos biológicos y adoptados que vivan bajo un
mismo techo.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 809

En 1999 se reforma el texto y elimina la exigencia de que quien


realice la conducta viva en el mismo lugar que la víctima, lo que persiste
en el nuevo Código Penal en el que en un inicio se asentó que la pena
se impondrá al cónyuge, concubina o concubinario, quien tenga rela-
ción de pareja, sea pariente consanguíneo en línea recta ascendente o
descendente sin limitación de grado, al pariente colateral consanguíneo
o afín hasta el cuarto grado, al tutor, al curador, al adoptante o adoptado.
Lo anterior era más que una definición de familia, la exigencia de una
calidad específica en el sujeto activo, dejando el concepto en comento
como un normativo cultural, dado que éste, a diferencia del de paren-
tesco no se encuentra definido por la ley; además de ello, se incluía
dentro del tipo de violencia familiar al tutor y al curador, quienes pro-
piamente no la constituyen y además ya estaban comprendidos en el
tipo de violencia familiar equiparada al tener a la persona bajo su guar-
da, protección o cuidado.
En la modificación de este año, se hace referencia a la calidad espé-
cifica que debe tener el sujeto activo y además se establece que debe
entenderse como “miembro de familia”; un acierto es que ya no se in-
cluye al tutor y al curador dentro de esta última, quedando compren-
dido en la violencia familiar equiparada; prevalece el criterio de que no
es necesario vivir o haber vivido juntos para constituir una familia.
Con esta modificación el tipo se amplió y comprendía un mayor
número de conductas; sin embargo, esto va en contra del principio de
intervención mínima del derecho penal que prevé que sólo ante la
presencia de ataques graves a bienes jurídicos relevantes debe inter-
venir. En el caso el bien jurídico tutelado era y sigue siendo la convi-
vencia armónica de la familia, para que todos sus miembros puedan
desarrollar debidamente sus potencialidades; el que una persona que
no convive con otra y que de manera esporádica la ve y realiza una
conducta violenta, no impide el desarrollo armónico de la familia, ni
que uno de sus miembros se desarrolle debidamente aunque sea un pa-
riente consanguíneo, por afinidad o civil. Estas situaciones pueden
ser constitutivas de un delito diverso, pero es evidente que no del de
violencia familiar pues no se lesiona el bien jurídico tutelado. Cuando
no se respeta el principio de intervención mínima del derecho penal,
el uso de este último, más que ayudar a restablecer el orden social
lo perjudica, y crea inseguridad.
810 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

En el nuevo Código Penal originalmente se incluyó dentro de la


enumeración de las personas que pueden realizar la conducta a quie-
nes tienen relación de pareja, comprendiendo dentro de tales con una
completa apertura por parte del legislador, a los homosexuales que
por esa misma razón no pueden ser cónyuges, concubina o concubinario.
Sin embargo, al momento de promulgarse el nuevo Código Penal y a
diferencia de los demás preceptos que incluían el concepto, se omitió
hacer mención de que la pareja debe ser “permanente”, lo que creaba
inseguridad jurídica, al requerirse de una mayor interpretación y poder
aplicarse a personas que no forman parte de la “familia”. Actualmente,
se define como miembro de familia “a la persona que se encuentra uni-
da por una relación de matrimonio, concubinato o por un lazo de paren-
tesco consanguíneo, en línea recta ascendente o descendente sin limi-
tación de grado, o parentesco colateral o afín hasta el cuarto grado, así
como por parentesco civil”. Impidiendo la posibilidad de incluir dentro
de estos conceptos a parejas homosexuales, sin embargo, se considera
que éstas se encuentran comprendidas dentro del artículo 201, que entre
otras se refiere a las personas que no reúnen los requisitos para consi-
derarse como concubinato, siempre y cuando hagan vida en común.
Cuando se hace una enumeración, se corre el riesgo de no incluir
a quienes forman parte del grupo a quien se dirige el precepto, en el caso
se omitió tomar en cuenta los rompimientos, dado que no se establece
la posibilidad de que la conducta sea ejecutada por quien fue cónyuge
y por tener hijos en común sigue teniendo una relación de familia con
una persona a quien ya no le une ninguno de los vínculos a que se refiere
el artículo 200 del nuevo Código Penal para el Distrito Federal y que en
muchas ocasiones, incluso continúa viviendo en la misma casa.

III. VIOLENCIA FAMILIAR EQUIPARADA

En 1997, el artículo 343 ter del código penal para el Distrito Fede-
ral en materia de fuero común y para toda la República en materia
familiar tipificó el delito equiparado a la violencia familiar, la principal
diferencia con el de violencia familiar radicaba en el sujeto activo, que
iba a serlo cualquier persona con la que la víctima se encontrara unida
fuera de matrimonio, de los parientes por consanguinidad o afinidad
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 811

hasta el cuarto grado de esa persona o de cualquier otra persona que


esté sujeta a su custodia, guarda, protección educación instrucción o
cuidado, siempre y cuando el agresor y el ofendido habitaran la misma
casa. Nuevamente se pretendía tutelar la relación armónica de quienes
viven en familia, conviviendo de manera continua, situación correcta,
pues la relación dentro del hogar no es un asunto que sólo corresponda
a la vida privada de las personas, ya que repercute en la sociedad, pues
si existe violencia se generan focos de agresión que pueden transfor-
marse en conductas antisociales fuera de ese ámbito; sin embargo, tam-
bién ese precepto fue modificado en 1999, estableciendo que el agresor
“y el ofendido convivan o hayan convivido en la misma casa”, esto es
un contrasentido, pues si lo que se pretende tutelar es la convivencia
armónica dentro del hogar, no se puede considerar como sujeto activo
a alguien que ya no habita en éste, perdiéndose con ello el objetivo
perseguido. En el artículo 201 del nuevo Código Penal para el Distrito
Federal en su primera redacción se mantenía la figura de la violencia
familiar equiparada, considerándose como sujetos activos a quien “…rea-
lice cualquiera de los actos señalados en el artículo anterior en contra de
la persona que esté sujeta a su custodia, guarda, protección, educación,
instrucción o cuidado”, con lo que se agravaba más la confusión y perdía
de vista la efectividad en cuanto a la tutela del bien jurídico que se pre-
tende proteger, pues es tan amplia la gama de sujetos que quedaban
comprendidos dentro de la calidad específica designada para el activo
quien ya no requiere vivir o haber vivido con la víctima, que un maestro,
entrenador o similar podían realizarla, siendo claro que estas personas
no influían en el armónico desarrollo de la familia, sino en todo caso,
en el escolar, deportivo u otro. El texto actual salva lo anterior, pues
establece que el activo es el que tiene a una persona bajo su custodia,
protección o cuidado, quien tiene el cargo de tutor o curador sobre la
persona o aquellas personas que no reúnen los requisitos para conside-
rarse como concubinato, siempre y cuando hagan vida en común. Con
esta redacción se precisa que el tutor y el curador no son propiamente
parte de la familia, sin embargo, cuando conviven con éstos llegan a
formar parte de ella y por lo mismo es necesario tutelar que se haga de
una forma armónica, sin embargo, subsiste la crítica hecha con ante-
rioridad respecto a que si no habitan en el mismo lugar y no existe
convivencia entre ellos, no se lesiona el bien jurídico tutelado.
812 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

Se incluyen dentro de este rubro a las parejas que no reúnen los


requisitos necesarios para ser considerados concubinos, con lo que se da
cabida a las parejas de homosexuales, es una realidad que éstas existen
y que también dentro de ellas se genera violencia, por lo que es necesario
extender la tutela del tipo a ellas, la limitante en ese caso es que la pareja
haga una vida en común, haciendo una clara referencia al bien jurídico
convivencia armónica de la familia.

IV. QUERELLA

El nuevo Código penal para el Distrito Federal preveía y prevé que


el delito de violencia familiar se persigue por querella, salvo que la víc-
tima sea menor de edad o incapaz. Originalmente el nuevo Código no
establecía que el delito equiparado al de violencia familiar debía per-
seguirse por querella, atento a lo establecido por el artículo 263 del
Código de Procedimientos Penales para el Distrito Federal sólo podrán
perseguirse a petición de parte ofendido los delitos que en este se enu-
meran y los demás que de manera específica determinara el nuevo Código
Penal. Si en éste no se hacía referencia a que la violencia familiar equi-
parada se perseguía por querella, la interpretación era que se hacía de
oficio. Situación que llamaba la atención, dado que el delito de violen-
cia familiar equiparada tutela el mismo bien jurídico que el de violencia
familiar y no existía ninguna razón que justificara la diferencia.
En la exposición de motivos que acompañó la primera redacción,
en la que la modificó y la original del nuevo Código Penal para el Dis-
trito Federal no se da razón alguna que justifique lo anterior, por lo que
nos inclinamos a pensar que fue un descuido del legislador, lo que ac-
tualmente se salva, pues el texto vigente a partir de agosto de este año
ya establece que el delito equiparado al de violencia familiar, se per-
seguirá por querella.
El requisito de procedibilidad en análisis tiene fuerte repercusiones
penitenciarias, pues permite una solución alternativa, ya que la víctima
u ofendido puede dar el “perdón”, que equivale a desistirse de la que-
rella, en cualquier momento del proceso, evitando con ello el tener que
llegar a sentencia.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 813

1. Medidas precautorias

A. Constitucionalidad

Durante muchos años, el derecho fue indiferente ante las víctimas


y ofendidos, dentro del proceso penal se les concedía un papel pasivo,
siempre supeditado al Ministerio Público y en el que prevalecían los
derechos del procesado. El artículo 20 constitucional desde 1917 esta-
blecía con precisión las garantías del procesado, las cuales incluso se
fueron incrementando para respetar debidamente sus derechos huma-
nos; se consideraba que era éste quien debía ser protegido, pues era el
más débil dentro de una relación procesal, especialmente cuando se
encontraba detenido, lo que disminuía su posibilidad de defensa. Fue
hasta 1993 cuando se adicionó el artículo en cita, con un párrafo en la
parte final que daba a las víctimas u ofendidos el derecho a recibir
asesoría jurídica, satisfacción de la reparación del daño, coadyuvar
con el Ministerio Público, recibir atención médica y las demás que
establecieran las leyes; el 23 de agosto de 2000 el Legislativo federal
modificó nuevamente el texto constitucional, dividiéndolo en dos apar-
tados, reconociendo derechos a la víctima u ofendido.
Las medidas precautorias, identificadas actualmente en el nuevo
Código Penal como medidas de protección, encuentran su sustento en
la fracción IV del apartado B del artículo 20 constitucional, en el que
se establecen como derechos de la víctima o del ofendido el poder soli-
citar las medidas y providencias que prevea la ley para su seguridad
y auxilio.
Es pues claro, que es un derecho constitucional el que se provea
lo necesario para la seguridad y auxilio de las víctimas, debiendo hacerse
esto conforme a lo previsto por la ley secundaria. En el caso, aun cuando
desde que se tipifica la violencia familiar se hizo mención de medidas
de auxilio, en ningún momento se precisó cuáles eran éstas, pues aun
cuando al presentarse la iniciativa de ley ante el Congreso se hizo men-
ción a “medidas precautorias o de seguridad, las cuales consistirían
en la prohibición de ir a lugar determinado, caución de no ofender o las
que considere necesarias para salvaguardar la integridad física o psí-
quica de la víctima”, al momento de redactar el precepto legal se fue
impreciso, pues el artículo 343 quáter del entonces Código Penal Fe-
deral y para el Distrito Federal en materia de fuero común no las enu-
814 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

meraba ni refería cuáles eran. Situación que prevalece hasta el momento


actual, no obstante los múltiples cambios que ha tenido el precepto en
cita, ya que en el texto vigente a partir de agosto de 2005 se estable-
ce la obligación del Ministerio Público de solicitar a la autoridad judicial
la aplicación de medidas de protección para la víctima, sin embargo no
se define cuáles son éstas, provocando una absoluta inseguridad jurídica.
A diferencia del penal, el artículo 282 fracción VII del Código Civil para
el Distrito Federal, prevé cuales son las medidas precautorias que pueden
aplicarse en caso de violencia familiar, siendo éstas la salida del cón-
yuge demandado de la vivienda donde habita el grupo familiar, prohibir
al cónyuge demandado ir a lugar determinado, tal como el domicilio o
el lugar donde trabajan o estudian los agraviados, prohibir al cónyuge
demandado que se acerque a los agraviados a la distancia que el juez
considere pertinente. El nuevo Código Penal para el Distrito Federal
prevé la aplicación subsidiaria de una ley especial del Distrito Fede-
ral, pero únicamente para el caso de que se cometa un delito no previsto
en el código y sí en la ley en cuestión, por lo que el civil no puede ser
aplicado; aun en ese caso, su aplicación sería limitada, pues sólo se re-
fiere al cónyuge demandado, siendo que el delito de violencia familiar
lo pueden cometer un número mayor de personas, sin que pudiera apli-
car la analogía. Lo anterior conlleva un problema de legalidad, pues es
claro que al imponerse una medida de protección se está adicionando el
texto legal penal, lo que esta prohibido de manera expresa por el artícu-
lo 14 constitucional.

B. Momento procesal para determinar las medidas precautorias,


actualmente denominadas de protección

En el artículo 343 quáter del Código Penal Federal y para el Dis-


trito Federal en materia de fuero común, en su texto original se establecía
que el Ministerio Público debía determinar medidas para salvaguardar
la integridad física y psíquica de las víctimas, pero no el momento en
que debía hacerse esto, cuando el texto se modifica en 1999 se esta-
blece que el Ministerio Público debe acordar “las medidas necesa-
rias para salvaguardar la integridad física o psíquica de la misma” y
“solicitar las medidas precautorias que considere pertinentes de ma-
nera inmediata, que en ningún caso excederá de veinticuatro horas y el
juez resolverá sin dilación”. Este texto provocó conflictos en su inter-
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 815

pretación, pues hacía referencia de manera oscura a dos tipos de medi-


das, las primeras eran las necesarias para salvaguardar la integridad físi-
ca o psíquica de las mismas y las segundas, las precautorias; las primeras
debían ser determinadas por el Ministerio Público y las segundas por el
juez; sin embargo, no era claro en cuanto al momento procesal en qué
procedía cada una y al establecerse que la solicitud de medidas precau-
torias debía hacerse de manera inmediata, que en ningún caso podía
exceder de 24 horas, sin precisar contadas a partir de cuándo y amenazar
con una sanción al Ministerio Público si no lo hacía, provoca una con-
fusión que lleva a hacer la petición de manera inmediata al inicio de la
averiguación previa, en muchos casos incluso sin haberse integrado ésta
debidamente.
En el nuevo Código Penal para el Distrito Federal, originalmente
se preveía que “el Ministerio Público… solicitará a la autoridad admi-
nistrativa o judicial, según el caso, la aplicación de las medidas o san-
ciones necesarias para salvaguardar la integridad física o psíquica de la
mismas, que no podrá exceder de 24 horas, en los términos de la legis-
lación respectiva”. Si el texto inmediato anterior era criticable, éste lo
es en mayor medida, pues no obstante que el Ministerio Público es la
autoridad administrativa encargada de hacer cesar los efectos del delito,
se le exigía que pidiera esto a otra autoridad administrativa, no especi-
ficada, tampoco se precisaba el momento procesal para esto ni a partir
de cuándo debían computarse las 24 horas, y se seguía preceptuando una
“sanción” al servidor público que incumpliera con ello. Ante la ambigüe-
dad, las medidas precautorias eran solicitadas al juez prácticamente
después de iniciada la averiguación previa, sin estar ésta integrada y en
muchas ocasiones, con la sola denuncia o querella, según el caso.
Actualmente, el artículo 202 segundo párrafo del nuevo Código
Penal para el Distrito Federal salva lo anterior, ya que precisa que el
momento procesal para que el Ministerio Público solicite a la autoridad
judicial la aplicación de medidas de protección para la víctima es al ejer-
citar la acción penal y que el juez debe resolver “sin dilación”, lo que
implica de manera inmediata.
Esta redacción deja descubierto el tiempo que dura la integración
de la averiguación previa, cabe recordar que la violencia familiar es una
forma de vida, una conducta cuyo resultado trasciende en el tiempo, pues
se constituye con una sucesión de actos; esas conductas pueden continuar
durante la integración de la averiguación previa y es necesario durante
816 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

ese tiempo proteger a las víctimas y en la medida de lo posible, hacer


cesar el delito y los efectos de éste.
El artículo 20 constitucional, apartado B, fracción VI concede a las
víctimas el derecho a pedir las medidas y providencias que prevea la ley
para su seguridad y auxilio, sin condicionarlas a un tiempo determinado
lo que sumado a que los artículos 2o. de la Ley Orgánica de la Procu-
raduría General de Justicia del Distrito Federal, fracciones VIII y XI y
9o.bis fracción I del Código de Procedimientos Penales para el Distrito
Federal, obligan al Ministerio Público a hacer cesar, cuando sea posible,
las consecuencias del delito, lleva a concluir que la víctima u ofendido
puede solicitarlas desde el inicio de la averiguación previa y el repre-
sentante social debe resolver al respecto, aun cuando el texto legal no
lo refiera de manera precisa.

C. Competencia

Cuando se tipifica por primera vez el delito de violencia fami-


liar, en el entonces Código Federal y para el Distrito Federal en materia
de fuero común, se establecía en el artículo 343 quáter: “…el Ministerio
Público exhortará al probable responsable para que se abstenga de cual-
quier conducta que pudiera resultar ofensiva para la víctima y acordará
las medidas preventivas necesarias para salvaguardar la integridad física
o psíquica de la misma. La autoridad administrativa vigilará el cumpli-
miento de estas medidas. En todos los casos el Ministerio Público deberá
solicitar las medidas precautorias que considere pertinentes”.
Posteriormente se modifica para establecer: “el Ministerio Públi-
co … acordará las medidas necesarias para salvaguardar la integri-
dad física o psíquica de la misma… En todos los casos el Ministerio
Público deberá solicitar las medidas precautorias que considere perti-
nentes de manera inmediata… y el juez resolverá sin dilación”.
En ambos textos se establecían dos tipos de medidas, las primeras,
para salvaguardar la integridad física o psíquica de las víctimas que
debían ser determinadas por el Ministerio Público y las segundas, deno-
minadas “precautorias”, por el juez. Criterio que se sustenta en que el
Ministerio Público es la autoridad encargada de proporcionar atención
a las víctimas y a los ofendidos, y de hacer cesar en lo posible las
consecuencias del delito, lo que debe hacer desde el inicio de la ave-
riguación previa; es la autoridad que está conociendo los hechos,
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 817

rigiendo un principio de inmediatez que le permite saber qué debe hacer-


se en el momento y puede, por lo mismo, supervisar su cumplimiento; in-
cluso cuando se presentó por primera ocasión el proyecto que tipificaba
la violencia familiar ante la Cámara de Diputados, se hizo ese razonamien-
to y precisó “que el Ministerio Público imponga al probable responsable
medidas precautorias o de seguridad, las cuales consistirían en la prohibi-
ción de ir a lugar determinado, caución de no ofender o las que considere
necesarias para salvaguardar la integridad física o sicológica de la vícti-
ma. En tanto que a la autoridad administrativa correspondería vigilar el
cumplimiento de estas medidas. Posteriormente si la averiguación previa
concluye con el ejercicio de la acción penal, el juez de la causa, tomando
en cuenta los mismos intereses, podría ratificar o modificar estas medidas”.
Además de ello, el derecho positivo es contundente al establecer
que la representación social es la autoridad competente para velar por
las víctimas y ofendidos del delito, en ese sentido el artículo 2o. de la
Ley Orgánica de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Fede-
ral en su fracción VIII establece que la institución del Ministerio Público
en el Distrito Federal debe proporcionar atención a las víctimas o los
ofendidos por el delito, en tanto que la fracción XI le atribuye las demás
facultades que señalen otras disposiciones legales, lo que relacionado
con el artículo 9o. bis del Código de Procedimientos Penales para el Dis-
trito Federal en su fracción I que establece la obligación del Ministe-
rio Público de hacer cesar, cuando sea posible, las consecuencias del
delito desde el inicio de la averiguación previa lleva a concluir que
corresponde a esta autoridad determinar desde un inicio las medidas
necesarias para preservar la seguridad de la víctima y hacer cesar en
lo posible los efectos del delito.
En el mismo sentido cabe apuntar que la Ley Orgánica del Tribunal
Superior de Justicia del Distrito Federal en su artículo 51 da a los juz-
gados penales las competencias y atribuciones que les confieren las leyes
y el 72 a los juzgados de paz en materia penal el conocer de los delitos
que tengan una o más sanciones no privativas de libertad, lo que se
refuerza en el artículo 1o. del Código de Procedimientos Penales para el
Distrito Federal, en que se preceptúa que corresponde a los tribuna-
les penales del Distrito Federal declarar cuando un hecho ejecutado
es o no delito, declarar la responsabilidad o la irresponsabilidad de
las personas acusadas ante ellos y aplicar las sanciones que señalan las
leyes. Las medidas precautorias, actualmente denominadas de protec-
818 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

ción no se refieren a un delito, a la responsabilidad o irresponsabili-


dad de un sujeto y mucho menos son una sanción o medida de segu-
ridad, por lo que resulta dudosa la competencia de un juez penal para
determinarlas, máxime como se pretendía en un inicio, durante la etapa
de averiguación previa en la que el asunto ni siquiera ha sido sometido
a su jurisdicción.
El texto actual del artículo 202 del nuevo Código Penal para el
Distrito Federal establece que el agente del Ministerio Público
apercibirá al indiciado para que se abstenga de cualquier conducta que
pudiera resulta ofensiva para la víctima, debiendo de aplicar las medi-
das de apremio que concede la ley, para su cumplimiento. Al ejercitarse
la acción penal, el representante social solicitará a la autoridad judicial la
aplicación de medidas de protección para la víctima y el juez resolverá.

Texto en el que se hace referencia a un solo tipo de medidas que


se denominan “de protección”, se establece el momento procesal para
solicitarlas y que esto debe ser a la autoridad judicial. No obstante esta
redacción, en base a lo dispuesto por el artículo 20 constitucional, apar-
tado B, fracción IV, en relación a los diversos 2o. de la Ley Orgánica
de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, fraccio-
nes VIII y XI y 9o. bis del Código de Procedimientos Penales para el
Distrito Federal, fracción I se considera que el Ministerio Público sigue
teniendo competencia para determinar medidas que hagan cesar las con-
secuencias del delito o incluso éste, si es que se sigue ejecutando, para
lograr la protección de la víctima u ofendido y no limitarse a apercibir
al indiciado para que se abstenga de realizar la conducta.
Se considera dudosa la competencia de los jueces penales para
determinar las medidas antes denominadas como precautorias y actual-
mente de protección, las que constituyen en sí mismas una cuestión
familiar, que conforme a lo dispuesto por el artículo 52 fracción VIII
de la Ley Orgánica del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Fe-
deral, corresponden a los jueces de lo familiar, sin que exista impe-
dimento legal para que sea a esa autoridad a la que se soliciten, al mis-
mo tiempo que se consigna la averiguación previa a un juzgado de
paz penal. Hay que tomar en cuenta que cuando se hace una consig-
nación sin detenido, el juez en la materia penal tiene 10 días para pro-
nunciarse al respecto, en tanto que las medidas precautorias se tienen
que resolver de manera inmediata.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 819

V. PENA

El artículo 200 del nuevo Código Penal para el Distrito Federal


en su texto vigente, prevé como pena para los delitos de violencia fami-
liar y violencia familiar equiparada de seis meses a cuatro años de pri-
sión, pérdida de los derechos que el autor tenga respecto de la vícti-
ma, incluidos los de carácter sucesorio y en su caso, prohibición de ir
a lugar determinado o de residir en él y además, se le sujetará a trata-
miento psicológico.

1. Pena de prisión

La prisión es la pena por excelencia, la que dentro de nuestra legis-


lación tiene un mayor carácter intimidatorio y por lo mismo logra la
prevención general; sin embargo, ha sido y sigue siendo discutido si en
los llamados “delitos menores” debe imponerse ésta.
La pena de prisión conlleva problemas en su ejecución, como son
su alto costo, el hacinamiento en los centros de reclusión, el que no se
logra la resocialización que se propone y en muchas ocasiones, se logra
el efecto contrario, ya que el autor “…se asocia en la penitenciaría con
quienes llevan la batuta y ellos lo dirigen directamente hacia el camino
de la criminalidad”.9
El delito de violencia familiar tutela una forma de la dignidad de
las personas, pretendiendo lograr una convivencia armónica dentro de la
familia, que permita que todos sus miembros logren al máximo sus poten-
cialidades; su inclusión en el ordenamiento penal tiene lugar hasta 1997,
lo que lo convierte en una figura típica novedosa y cuya presencia en los
ordenamientos penales se cuestiona. A partir de 1984 se había dado una
política de descriminalización con la que se pretendía respetar el prin-
cipio de intervención mínima del derecho penal y disminuir los proble-
mas penitenciarios, ya que “…el que tales conductas hayan estado regu-
ladas como delito… implicaba, naturalmente, al necesidad de imposición
de penas y por tanto, implicaba problemas penitenciarios”;10 con tal mo-
9
Roxin Claus, Política criminal en problemas fundamentales de política criminal
y derecho penal, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, núm. I, 2001,
p. 93.
10
Moreno Hernández, Moisés, Política criminal y reforma penal, México, Ius
Poenale, 1999, p. 293.
820 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

tivo en las propuestas de reforma de 1991, se excluyeron del Código


Penal, entonces Federal y para el Distrito Federal tipos que se consi-
deraba que no lesionaban de manera grave un bien jurídico relevante
como las injurias, golpes simples, ataque peligroso y otros.
Sin embargo, al mismo tiempo que existía un proceso de discrimi-
nalización se da uno inverso, criminalizando nuevas conductas e incremen-
tando las penas, con la consecuencia penitenciaria, ya que “ahora el pro-
blema grande no sólo lo es para el órgano persecutor, que tendrá más
asuntos que investigar, sino también para el poder judicial, que ahora se
atiborrará más de procesos, y para el ámbito penitenciario, que ahora tie-
ne sus prisiones saturadas y que cada vez se verán mas sobrepobladas”.11
El delito en análisis no sólo es una figura típica nueva, sino que
además tutela un bien jurídico que durante mucho tiempo se consideró
penalmente irrelevante, no obstante lo cual, se le sanciona con prisión,
que es la pena de mayor gravedad en nuestra legislación.
La prisión significó en su momento un progreso hacia la humani-
zación del derecho penal, ya que sustituyó en muchos casos la pena de
muerte, crueles castigos corporales de otras épocas, penas infamantes y
utilización gratuita del trabajo de los condenados; sin embargo, “…no es
un medio de reacción adecuado contra la criminalidad pequeña, la cual
es numéricamente más importante”.12
Los autores coinciden en general en señalar que la pena de prisión
conlleva graves problemas,13 principalmente porque no logra la resociabi-
lización del delincuente, la cual se convierte en una utopía o sueño; lo
cierto es que con la prisión se segrega a la persona, introduciéndolo en
un ambiente en el que imperan reglas distintas a las de la vida en libertad
y constituyen un verdadero “submundo”. Al entrar a la prisión la per-
sona no asume ninguna responsabilidad, ni está obligado a trabajar para
lograr su sustento; se le sustrae de su vínculo familiar, de sus relaciones
laborales y del curso normal de su vida; se asocia en el centro de reclu-
sión con criminales que le dirigen hacia ese camino. Esto provoca en el
sujeto un efecto contrario al pretendido, ya que esa no es la realidad
11
Op. cit., nota 10, p. 294.
12
Roxin Claus, op. cit., nota 9, p. 88.
13
En ese sentido, Roxin Claus, Problemas actuales de la política criminal, Muñoz
Conde, Francisco y García Arán, Mercedes, Derecho penal, parte general, en México,
Moreno Hernández, Moisés, Política criminal y reforma penal y García Ramírez, Sergio,
Proceso penal y derechos humanos.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 821

de la vida en libertad, al salir es muy difícil para la persona reanudar


su vida de familia, encontrar trabajo, retomar obligaciones y por otra
parte, tiene a los “amigos” adquiridos en prisión con quienes muchas
veces se organiza para volver a delinquir y realizar conductas más gra-
ves que las que motivaron su ingreso. Al mismo tiempo, la pena de
prisión tiene un alto costo para la sociedad, ya que “el funcionamiento
del establecimiento, el personal, la vigilancia y el cuidado del interno
exigen grandes erogaciones”.14
Es por ello que la primera crítica que se hace a la pena asigna-
da al delito de violencia familiar lo es en cuanto a su gravedad, ya que
la prisión tiene tal carácter; se toma en cuenta para hacer el anterior
comentario el tiempo de la pena.
El nuevo Código Penal para el Distrito Federal no fija las penas
de manera exacta e inamovible a cada conducta, sino que señala “un
máximo y un mínimo, dentro de los cuales el tribunal debe adecuar la
pena a las circunstancias concretas del hecho y del autor… conocido
como de determinación legal relativa”.15 Conforme a lo dispuesto por
el artículo 33 del ordenamiento legal en cita, el tiempo de duración de
la prisión no puede ser menor de 3 meses ni mayor de 50 años; en el
caso, el mínimo de la pena a imponer en el delito de violencia familiar
es de seis meses, lo que la sitúa por arriba del parámetro de 3 y aun
cuando su máximo dista mucho de 50 años, lo cierto es que hace que
la pena sea gravosa y “la alternatividad de penas, la posibilidad del
sustitutivo y la preferencia por la multa no implican, en rigor, la desa-
parición de la pena privativa de libertad”.16
Tomando en cuenta las características reales de la pena de prisión
y sus consecuencias, no se considera que ésta sea la más adecuada para
lograr la relación armónica de la familia, bien jurídico tutelado por el
delito de violencia familiar.

2. Sustitutivos

Conforme a lo dispuesto por los artículos 84 y 86 del nuevo Código


Penal para el Distrito Federal, la pena de prisión podrá ser sustituida
14
Roxin Claus, op. cit., nota 9, p. 91.
15
Muñoz Conde, Francisco y García Arán, Mercedes, Derecho penal, parte ge-
neral, 5a. ed., Valencia, Tirant lo Blanch, 2002.
16
García Ramírez, Sergio, Proceso penal y derechos humanos, 2a. ed., México,
Porrúa, 1993, p. 266.
822 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

cuando no exceda de tres años por multa o trabajo en beneficio de la víc-


tima o a favor de la comunidad; cuando excede de tres pero no de cinco
años, se puede cambiar por tratamiento en libertad o semilibertad. En
ambos casos es necesario que se repare de manera previa los daños y
perjuicios y el sujeto no hubiera sido condenado en sentencia ejecuto-
riada por delito doloso que se persiga de oficio o se trate de una trans-
gresión en perjuicio de la Hacienda Pública.
Este sistema se introdujo en el Código Penal para el Estado de
Veracruz en 1980 y en 1984 en el Código Penal Federal y para el Dis-
trito Federal en materia de fuero común y “constituyen el más notable
avance del sistema penal mexicano en la época actual.17 Los sustitutivos
introducidos fueron el trabajo a favor de la comunidad, el tratamiento
en libertad, la semilibertad y la multa y significaron un progreso desde
el punto de vista penitenciario, pues daban una alternativa a los senten-
ciados para no ir a prisión. Los sustitutivos se otorgan sobre un criterio
cuantitativo y no cualitativo, ya que para su aplicación se toma en cuenta
sólo el número de años a sustituir, “no hay explicación analítica y esta-
dística que haga luz sobre los criterios en los que se apoyan las con-
versiones en cada caso; sólo existe el pronunciamiento general favorable
a la sustitución de la pena privativa de libertad”.18

A. Multa

En el caso del delito de violencia familiar, la multa no se impone


como pena, sino únicamente como sustitutivo de la prisión.
La multa tiene ventajas y desventajas; las primeras le han llevado
a tener una gran popularidad en algunos países, como es el caso de Ale-
mania, en el que el 85% de las penas son de multa, ya que carece de
efectos degradantes sobre el condenado, le permite seguir en contacto
con su medio social y familiar, puede seguir trabajando para procurarse
su manutención y la de su familia, es fácilmente graduable y adaptable
a la situación económica del reo y no provoca gastos de ejecución al
Estado, sino ingresos. En contraposición, resulta menos intimidante que
la prisión y en muchos casos ineficaz desde el punto de vista preven-
tivo, pudiendo generar situaciones de desigualdad entre los condenados,
en el Distrito Federal su ejecución es difícil y “no está rechazado el
17
Op. cit., nota 16, p. 265.
18
Ibidem, nota 16, p. 267.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 823

peligro de que el sujeto pueda conseguir los medios para pagar la multa
a través de la comisión de nuevos delitos”.19
En el nuevo Código Penal para el Distrito Federal, cuando la multa
se impone como pena autónoma o accesoria no puede ser sustituida en
caso de falta de pago por prisión, como sí acontece en España con el
“arresto sustitutorio”; 20 para su ejecución, en el Distrito Federal se gira
un oficio a la Tesorería de esa entidad solicitando su cobro, el cual casi
nunca se logra, lo que provoca que la pena no tenga ninguna efectivi-
dad; el nuevo Código Penal prevé su sustitución por trabajo a favor de
la comunidad, sin embargo, existe jurisprudencia en el sentido de que
esta no es procedente si el Ministerio Público no la solicita, lo que re-
dunda en impunidad ante la dificultad para cobrarla.
Cuando la multa se impone como sustitutivo de la prisión, el sen-
tenciado debe manifestar de manera expresa su deseo de acogerse a ella
y exhibir ante el juez un billete que garantiza el depósito efectuado por
la cantidad determinada, ante la autoridad financiera autorizada que
es bansefi, billete que se remite al Fondo de Apoyo para la Adminis-
tración de Justicia.
La crítica que se hace a la multa al usarse como sustitutivo de
prisión es que marca una clara diferencia entre los distintos sectores eco-
nómicos, ya que quienes pueden pagarla se libran fácilmente de la pri-
sión, en cambio, quienes carecen de recursos económicos deben sufrirla.

B. Trabajo a favor de la comunidad

Una segunda opción de sustitución de la privativa de libertad es el


trabajo a favor de la comunidad, el cual consiste en la prestación de ser-
vicios no remunerados, en instituciones públicas, educativas, de asisten-
cia o servicio social o en instituciones privadas de asistencia no lucrativa
que la ley regule, el cual se llevará a cabo en jornadas dentro de periodos
distintos al horario de las labores que representen la fuente de ingresos
del sentenciado y de su familia sin que pueda excede de la jornada extra-
ordinaria que determina la ley laboral que es de tres veces a la semana
por un máximo de tres horas cada jornada y que deberá desarrollarse de
manera que no resulte degradante o humillante para el sentenciado. Su
fundamento a nivel constitucional se contiene en el tercer párrafo del
19
Roxin Claus, op. cit., nota 9, p. 100.
20
Véase Muñoz Conde Francisco et al., op. cit., nota 15, p. 533.
824 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

artículo 5o. Constitucional que prohíbe el trabajo forzado salvo cuando


es impuesto como pena por la autoridad judicial.
La gran crítica que se hace a este sistema es que no está debida-
mente regulado en el Distrito Federal, no existe certeza respecto a los
lugares donde se debe prestar, ni se sabe propiamente en qué consiste,
lo que provoca que cuando se determina, la ejecutora tenga a los reos
sentados o simplemente les dé un seguimiento, pidiéndoles que vayan a
firmar periódicamente, lo que desvirtúa el espíritu legislativo; Moisés
Moreno Hernández en 1998 21 ya resaltaba esta problemática, no obs-
tante ello, no se ha hecho nada para solucionarla.

C. Trabajo a favor de la víctima

Una innovación en el nuevo Código Penal para el Distrito Federal


es el trabajo en beneficio de la víctima, el cual consiste en la prestación
de servicios remunerados, en instituciones públicas, educativas, empre-
sas de participación estatal o en empresas privadas, en los términos de
la legislación correspondiente y a la cual ya se había referido Claus
Roxin, en 2000, en una conferencia sostenida en el museo de Antropo-
logía e Historia del Distrito Federal, en la que propuso para ampliar
la gama de sanciones una reparación del autor a la víctima mediante
fuerza de trabajo.22
Al analizar la pena de prisión se destacó que uno de los proble-
mas que enfrentan los reos cuando salen de prisión es el encontrar tra-
bajo, mayormente existe cuando el trabajo lo pretenden para sustituir la
pena; además de esto, es criticado porque implica un cierto esclavismo
y no es la sociedad, sino un particular el que se beneficia y es poco
probable que se logre una reconciliación entre la víctima y el autor, como
lo propone el autor alemán, finalmente debe agregarse que no se encuen-
21
Moreno Hernández, Moisés, “Repercusiones de la reforma a la legislación penal
en el sistema penitenciario”, conferencia dictada en el Seminario Internacional Orienta-
ción actual de la legislación penitenciaria “el trabajo a favor de la comunidad… después
de bastante tiempo —de varios años incluso— de vigencia de esas alternativas, que en
realidad no se aplicaban… aún sigue sin darse la reglamentación respectiva para su
ejecución”.
22
Roxin Claus, “Aktuelle Probleme der Kriminalpolitik”, dictada el 4 de septiem-
bre de 2000 en el ciclo Puntos de Discusión de vanguardia en la ciencias penales”, en
el auditorio Jaime Torres Bodet del museo de Antropología e Historia del Distrito Fe-
deral, organizada por la PGR y el Inacipe.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 825

tra regulada por lo que su aplicación y eficacia es aún más limitada que
la del trabajo a favor de la comunidad.

D. Tratamiento en semilibertad

Al igual que en los casos anteriores, el tratamiento en semilibertad


no se encuentra debidamente regulado y la falta de recursos materiales
hace nugatoria su aplicación, por lo que no tiene efectividad alguna.

E. Tratamiento en libertad

El tratamiento en libertad no está debidamente reglamentado,


llevándose a cabo mediante un control en el que el sentenciado única-
mente acude a firmar una vez por mes, sin que haya una efectiva super-
visión de la autoridad ejecutora.

F. Necesidad de supervisión

Como se puede observar de lo hasta aquí expuesto, uno de los pro-


blemas más fuertes que existen para la ejecución de las penas es la fal-
ta de una reglamentación específica, de instalaciones adecuadas y de
supervisión.
En el Distrito Federal, cuando una sentencia condenatoria causa
ejecutoria el juez gira oficios a distintas autoridades ordenando su ejecu-
ción, sin embargo, no supervisa ésta; por lo que cada una de las auto-
ridades requeridas debe cumplir con su función sin que haya alguien que
las coordine. En distintos foros se ha establecido la necesidad de un
“juez de ejecución” que supervise el cumplimiento de la pena, la reso-
lución de recursos relativos a éstas, las condiciones en que se realiza,
determinando la forma y el lugar; figura que existe en otros países, sin
embargo, antes de trasplantarla al nuestro es necesario estudiarla más
a fondo, viendo las necesidades reales y regulando de manera previa
las penas alternativas que se innovaron copiando modelos extranjeros
sin contar con los recursos materiales ni legislativos adecuados.

G. De la peligrosidad a la culpabilidad

Con las reformas efectuadas al Código Penal entonces Federal


y para el Distrito Federal en materia de fuero común en 1984, se dese-
826 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

chó el principio de peligrosidad o temibilidad y en su lugar se intro-


dujo el de culpabilidad, entendiendo como tal la posibilidad que tuvo el
sujeto de motivarse para cumplir con la norma; 23 con ello se abandona
el concepto penal de autor, sustituyéndose por el de actor, siendo nece-
sario analizar las características particulares del procesado para poder
determinar si en base a ellas estuvo en posibilidad de determinarse a
actuar conforme a derecho.
Como consecuencia de esto, en el nuevo Código Penal para el Dis-
trito Federal no se hace referencia a la reincidencia y se elimina como
pena la amonestación que tiende a evitarla. Es únicamente al momento
de sustituir la pena privativa de libertad que se toma en cuenta los ante-
cedentes de la persona, ya que ésta se funda “en el criterio peligrosista,
pese al discurso teórico de muchos juristas que lo repudian y optan por
sustentar la responsabilidad penal y la imposición de penas sólo en la
culpabilidad”,24 pues exige para su otorgamiento el que el sujeto sea
primo delincuente.
El artículo 200, sexto párrafo del nuevo Código Penal para el Dis-
trito Federal, se establece que “en el caso de que el agresor sea reinci-
dente, se aumentará en una mitad la pena privativa de libertad”. Como
ya se comentó, la reincidencia no aparece definida en el nuevo Código
Penal para el Distrito Federal, por lo que a ser el derecho penal de apli-
cación estricta no es posible realizar el aumento determinado, pues ello
implicaría adicionar el artículo para establecer en qué consiste la rein-
cidencia. Además de ello, implica un retroceso, pues se impone una pena
a una persona por quien es y no por lo que hizo.

3. Pérdida de derechos

La pena de prisión implica la privación del derecho de libertad,


sin embargo, el capítulo VIII del nuevo Código Penal para el Distrito
Federal tiene como título “Suspensión o Privación de derechos” y
se refiere a la privación temporal o definitiva de derechos distintos de
la libertad ambulatoria.
Durante mucho tiempo este tipo de penas se consideraron infa-
mantes, pues se marcaba a la persona con la “…privación deshonrosa
23
En ese sentido, Villarreal Palos, Arturo, Culpabilidad y pena, México, Po-
rrúa, 1994.
24
García Ramírez, Sergio, op. cit., nota 16, p. 262.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 827

de los cargos, derechos y honores”; 25 actualmente esta concepción ha


cambiado, ya que el derecho o empleo del que se priva al sujeto es úni-
camente el que tiene relación con el delito.
Originalmente el delito de violencia familiar establecía la pérdida
al derecho a la pensión alimenticia, en el nuevo Código Penal esto se
amplía e impone como sanción la pérdida de los derechos que el actor
tenga respecto a la víctima, incluidos los de carácter sucesorio.
Al tipificar una conducta, deben de omitirse enumeraciones casuís-
ticas que siempre implican el riesgo de olvidar alguna; sin embargo, esto
no puede hacerse en la pena, pues constituyen analogía, ya que se está
adicionando el texto legal lo que está prohibido por el artículo 14 consti-
tucional en su segundo párrafo. En el precepto a estudio acontece esto,
al referirse a los derechos que se tengan respecto a la víctima, con lo que
se abre una gama enorme, en la que se incluyen todos los derechos de
familia, incluso los que no tengan relación con el delito, lo que da al
juzgador la facultad de privar al sentenciado de absolutamente cual-
quiera, creando inseguridad jurídica.
Además implica una problemática real al momento de ejecución,
pues como ya se hizo notar, en el Distrito Federal no existe una autoridad
que supervise la ejecución de la sentencia, lo que sumado a la ausencia
de instalaciones suficientes y adecuadas impide que lo anterior tenga
efectividad.
El artículo 52, fracción VIII de la Ley Orgánica del Tribunal Supe-
rior de Justicia del Distrito Federal establece que los jueces de lo fami-
liar conocerán en general, todas las cuestiones familiares que reclamen
la intervención judicial, la pérdida de los derechos de familia indis-
cutiblemente forman parte de esto, por lo que lo correcto sería hacer
del conocimiento de la autoridad judicial en mención la acreditación del
delito de violencia familiar para que resolviera al respecto, con la espe-
cialización necesaria.

4. Tratamiento psicológico especializado

En el artículo 200 del nuevo Código Penal se establece: “Asimis-


mo, al agente se le sujetará a tratamiento psicológico especializado, que
en ningún caso excederá del tiempo impuesto en la pena de prisión…”,
25
Muñoz Conde, Francisco y García Arán, Mercedes, op. cit., nota 15, p. 534.
828 MARÍA ROCIO MORALES HERNÁNDEZ

supuesto que no esta enumerado por el artículo 30 ni por el 31 del nuevo


Código Penal para el Distrito Federal. En el precepto citado en primer
lugar se listan las penas, en tanto que en el segundo se hace lo mismo
con las medidas de seguridad, lo anterior lleva a concluir que el trata-
miento psicológico especializado no es ni una pena ni una medida de
seguridad y por ello, el juez penal no tiene competencia para aplicarla,
además que al igual que en los casos anteriores, existen problemas en
cuanto a su ejecución, dado que no se sabe dónde debe llevarse a cabo
ni quién es la autoridad competente para ello.

5. Prohibición de ir a lugar determinado o de residir en él

La prohibición de ir a lugar determinado y la de residir en él no


son penas, sino medidas de seguridad, atento a lo dispuesto por el artícu-
lo 31 fracción II del nuevo Código Penal para el Distrito Federal, en-
frentándose problemas graves en su ejecución, ya que no hay forma de
supervisar que el sentenciado cumpla con la prohibición, ni una auto-
ridad que se encargue de supervisar esto.

VI. CONCLUSIONES

PRIMERA. Los constantes cambios en la redacción del tipo de vio-


lencia familiar dificultan su interpretación.
SEGUNDA. El Ministerio Público, en base a su ley orgánica y al Có-
digo de Procedimientos Penales para el Distrito Federal, debe hacerse
cesar los efectos del delito y velar por la víctima y el ofendido desde la
averiguación previa, incluido el caso de la violencia familiar.
TERCERA. La autoridad judicial que debe determinar las medidas
de protección en el caso de violencia familiar es el juez de lo familiar
y no los que manejen la materia penal.
CUARTA. Deben determinarse medidas para preservar la integri-
dad física de la víctima y del ofendido desde la averiguación previa y
no esperar hasta la consignación.
QUINTA. La reincidencia no está prevista ni definida en el nuevo
Código Penal para el Distrito Federal, por lo que es indebido hacer refe-
rencia a ella en el tipo de violencia familiar.
EL DELITO DE VIOLENCIA FAMILIAR 829

SEXTA. Al no contemplarse la reincidencia en el nuevo Código


Penal para el Distrito Federal, no puede usarse para agravar la pena en
el delito de violencia familiar.
SÉPTIMA. La referencia a la reincidencia en el tipo de violen-
cia familiar es un criterio peligrosista, que regresa al derecho penal
de autor, siendo que actualmente impera el derecho penal de acto, en
el que se debe imponer la pena a la persona por lo que hace y no por
quien es.
OCTAVA. Es un acierto que el tutor y el curador estén compren-
didos dentro del tipo del delito equiparado al de la violencia familiar y
no en éste.
NOVENA. El tratamiento psicológico que prevé el artículo 200 del
nuevo Código Penal para el Distrito Federal no es una pena ni una
medida de seguridad, por lo que los jueces que manejan la materia penal
no tienen competencia para imponerlo.
DÉCIMA. Corresponde a los jueces de lo familiar determinar lo rela-
tivo a las cuestiones familiares que reclamen la intervención judicial, por
lo que son ellos los que tienen la competencia y especialización sufi-
ciente para resolver en relación a la pérdida de derechos que tenga el
responsable en relación a la víctima.

VII. BIBLIOGRAFÍA

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Leyes consultadas

Código penal Federal y para el Distrito Federal en materia de fuero común,


vigente hasta 1999.
Código Penal para el Distrito Federal vigente hasta 2002.
Nuevo Código Penal para el Distrito Federal.

Documentos legislativos

Exposición de motivos con la que se presentó la iniciativa de ley ante la


Cámara de Diputados Federal el 6 de noviembre de 1997.

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