Tema 3.
LA MORFOLOGÍA
OBJETIVOS.
Definir los conceptos fundamentales de la teoría morfológica: morfema, morfo, alomorfo, etc.
Presentar las diferentes teorías sobre el morfema y las consecuencias para el análisis
morfológico.
Establecer el ámbito propio de la Morfología en relación con las otras disciplinas lingüísticas,
fundamentalmente con la Fonología, la Semántica y la Sintaxis.
Presentar los procedimientos y métodos del análisis morfológico de las lenguas naturales.
Presentar las relaciones y diferencias entre los dos grandes capítulos de la Morfología: Flexión y
Derivación.
ESQUEMA
1. Introducción. Antecedentes históricos.
2. El concepto de morfema.
2.1. Diferentes teorías en torno al morfema.
2.2. Morfema, morfo y alomorfo.
3. Identificación y clasificación de los morfemas.
4. Morfología flexiva.
5. Morfología derivativa.
5.1. Derivación y composición.
6. Modelos de análisis morfológico.
6.1. Unidad y disposición (IA).
6.2. Palabra y paradigma (WP).
6.3. Unidad y proceso (IP).
6.4. Morfología natural.
CONTENIDOS BÁSICOS
1. INTRODUCCIÓN. ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Con diversas variaciones a lo largo de la historia de la ciencia del lenguaje, la Morfología es sin duda
una de las parcelas más antiguas y consolidadas. Desde la Antigüedad clásica la Gramática surge como
una disciplina de estudio que gira en torno a la palabra; estudiada ésta como unidad central del lenguaje
humano, y en torno a la cual parecía necesario dar dos tipos de explicaciones: las que se refieren a las
reglas que rigen la formación de palabras, y las que se refieren a las reglas que rigen las combinaciones de
palabras. Surgen de esta manera los dos grandes capítulos de la teoría gramatical: Morfología y Sintaxis,
aunque, claro está, la terminología no haya sido siempre la misma, y por lo que tal dicotomía debe ser
matizada y aclarada desde la perspectiva de la Lingüística contemporánea. Lo cierto es, como decimos,
que Morfología y Sintaxis son las dos grandes parcelas de la Gramática, encargadas, respectivamente del
estudio de la palabra “ad intra” (Morfología), y del estudio de la palabra “ad extra” (Sintaxis).
La gramática tradicional clasificó las palabras, estableció rudimentarios paradigmas formales
(conjugaciones y declinaciones), habló de composición y derivación, accidentes gramaticales, etc., es
decir, colocó a la palabra en el centro de sus objetivos, y realizó el tipo de análisis de la misma que le era
posible.
Con la llegada de la lingüística del siglo XX, la Morfología se beneficia de los cambios de
perspectivas, del rigor introducido y del relativo valor que los métodos de análisis introducen en el
conocimiento objetivo de las lenguas. Junto con la Fonología, la Morfología es la parcela lingüística sobre
la que se proyectan primeramente los postulados estructuralistas y funcionalistas. De forma que en todas
las teorías y escuelas la Morfología ha ocupado un lugar bien definido, aun en los casos como pueda ser
la misma Gramática Generativa, que por sus postulados iniciales no concede un lugar central a la
morfología.
2. EL CONCEPTO DE MORFEMA
Como en otros niveles lingüísticos, lo primero que hay que determinar en Morfología es la
unidad fundamental que da sentido al nivel mismo y será el punto de partida para todas las explicaciones.
En este caso el morfema se define como unidad fundamental del análisis morfológico de las lenguas,
consistente en la unidad menor identificable en la palabra como elemento constituyente y que, además,
sea portadora de un contenido semántico. Tras diversas vacilaciones y controversias teóricas, hay un
amplio grado de acuerdo en torno a esta definición de morfema. Reproducimos a continuación el esquema
de I. Bosque en el que se resumen las diferencias terminológicas y conceptuales en torno al morfema y a
su localización en la estructura fundamental de la palabra.
Gramática Vendryes Martinet Pottier Gleason Hjelmslev
Tradicional
Unidad _ _ Monema Morfema Morfema Plerematema
mínima de
análisis
gramatical
Unidad Raíz (ligada);
mínima con palabra
Semantema Lexema Lexema Morfema Plerema
significado (libre)
(libre o central
léxico
ligado
Unidad
mínima con
Prefijo/sufijo Morfema Morfema Gramema Morfema Morfema;
valor
/preposición, (libre o plerema
gramatical
etc. ligado) marginal
Salvando las diferencias terminológicas que dan cuenta, sobre todo, de la riqueza de matices que
se pueden establecer, lo cierto es que el morfema se considera como unidad fundamental del análisis de
las lenguas. Siguiendo el manual del profesor J. C. Moreno, podemos establecer las siguientes
características definitorias del morfema:
a. Son unidades mínimas con significado.
b. No tienen autonomía gramatical; deben aparecer siempre afijados a un tema o a una palabra.
c. Su significado es relacional, no léxico.
d. Son unidades aislables mediante contrastación con otras palabras o temas que también los
presentan.
e. Se pueden realizar fonológicamente de diversas formas según el contexto morfológico.
f. Se pueden clasificar de acuerdo con su posición respecto del tema.
g. Pueden ser flexivos y derivativos. Los morfemas flexivos se afijan a temas para obtener
palabras, y los morfemas derivativos se afijan a temas para obtener nuevos temas, que
servirán de base para la formación de nuevas palabras.
Este conjunto de características puede ayudarnos a profundizar en algunos de los conceptos
medulares de la teoría morfológica. En primer lugar, el concepto de morfema como unidad mínima
plantea una serie de cuestiones previas; como señala I. Bosque, lo de mínimo ha de entenderse en un
sentido formal, pues es claro que en cuanto al contenido semántico el morfema puede tener un alto grado
de complejidad; y más aún, como veremos a continuación el procedimiento de segmentación de la palabra
en las unidades mínimas significativas ofrece múltiples escollos al cruzarse los criterios formales y
semánticos, que en morfología suelen denominarse recurrencia y motivación. Podemos identificar
claramente el prefijo re- (ejemplo de I. Bosque) que significa repetición o perfectividad (releer, reelegir,
rematar, recoser); pero resulta muy difícil asignar un valor semántico a re- en función del lexema en
verbos como rebajar, reconocer o representar. El concepto de morfema como unidad de contenido
semántico se muestra, pues, muy insuficiente para identificar y definir adecuadamente los morfemas de
una lengua.
Desde el descriptivismo norteamericano se propusieron criterios estrictamente formales, para
quienes lo fundamental del concepto de morfema es que sea formalmente reconocible e identificable
como tal; serían morfemas aquellos segmentos de la palabra con valor recurrente; es decir que pueden
aparecer en la misma posición en palabras diferentes; pero el sólo criterio formal lleva a algunas
aberraciones inaceptables, pues nadie estaría dispuesto a identificar como morfema el segmento re- de
remitir o repetir, por más que el mismo segmento sí sea un morfema en otros casos, como ya hemos visto
más arriba; así como nadie identificaría –dre como morfema por el hecho de que aparezca en madre y
padre.
El criterio de la motivación parece más adecuado, pues nos lleva a identificar un morfema
cuando sincrónicamente sea posible establecer una relación entre la base y el morfema que se apoya en
ella, lo que llevaría a no identificar morfemas en conducir, admitir o representar. Con lo cual, el
morfema se nos presenta como unidad abstracta, identificable como tal, siempre que haya motivación
semántica y sea un segmento de la palabra.
Morfema, morfo y alomorfo
De forma paralela a como en el ámbito fonológico, junto a la unidad fundamental fonema,
definimos el concepto de alófono (entendido como las realizaciones contextualmente diferenciadas de un
fonema), en el nivel morfológico, la unidad fundamental es el morfema que también supone un alto
grado de abstracción y generalización, pues éste tiene sus distintas realizaciones según el contexto o
entorno fónico en el que se insertan:
el morfema de plural sabemos que en nuestra lengua es –s, -es, o Ø, según el singular
termine en vocal, en consonante o en /s/.
el morfema IN- tiene tres realizaciones distintas i-, im- o in-, según la consonante siguiente
que determina el contexto propio de cada una de las tres realizaciones distintas.
En la lingüística estructural norteamericana se desarrolló el concepto de morfo como concepto
teórico previo al de morfema y al de morfo; por morfo se entiende cualquier segmento de la palabra
identificado formalmente; de manera que la segmentación de la palabra ofrece en primer lugar morfos, y
posteriormente se comprueba que algunos morfos son en realidad variantes contextuales de un morfema o
alomorfos. Las relaciones entre morfos y morfemas son complejas, y podemos identificar al menos los
siguientes fenómenos importantes:
- morfos que son alomorfos.
- morfos que son portadores de más de una categoría gramatical, como ocurre con el
sincretismo morfológico propio de las lenguas flexivas, donde el morfo –o de
canto, presenta en sí mismo las categorías de persona, número, tiempo, modo y
aspecto.
- morfos que no son morfemas, como los llamados con poco rigor morfemas vacíos;
es el segmento –ad-, de panadería, o –ic- de carnicería.
- morfos que sólo son morfemas si aparecen en relación de copresencia con otros
morfos; son los llamados morfemas discontinuos: endurecer, embellecer.
Pensamos, por tanto, que el concepto de morfo es fundamento previo muy conveniente para el
análisis morfológico de las lenguas.
3. IDENTIFICACIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LOS MORFEMAS
En cuanto a la identificación de los morfemas, dado el necesario carácter resumido de estas
exposiciones, no insistiremos más, pues los conceptos fundamentales están implícitos al hablar del
concepto de morfo y a las relaciones entre morfo y morfema que ya hemos visto. Más interesante parece
ahora detenernos en los criterios que suelen utilizarse para la clasificación de los morfemas identificados
en las lenguas; en este sentido, algunos son más antiguos que otros y según el que se utilice se obtienen
unos distintos resultados. Veamos:
1. Atendiendo al lugar de aparición en la palabra, los morfemas de clasifican en prefijos, sufijos e
infijos; clasificación ésta que si bien es muy antigua y no dice nada de la naturaleza interna del
morfema, sigue siendo operativa y útil. También hay que incluir a los llamados morfemas
discontinuos dentro de este criterio, pues es la posición en el entorno del lexema, en posición
inicial y posición final de palabra, lo que nos identifica estos morfemas: em-pequeñ-ecer; se
trata, como dijimos, de dos morfos en relación de copresencia.
2. Atendiendo a la distribución del morfema respecto de la palabra, y dentro de los planteamientos
propios del distribucionalismo norteamericano, se habla de morfemas libres y morfemas ligados.
Morfema, dentro de esta tradición teórica viene a significar cualquier unidad mínima
significativa, ya sea léxica o gramatical; y según esto podemos encontrar morfemas que pueden
aparecer libres o ligados: sal, salero. Otros sólo pueden ser libres: luego, las, muy. Y otros
siempre aparecen ligados y no pueden aparecer de otra manera: - triz, en emperatriz, -ura en
blancura, -es en salones. Esta clasificación estrictamente formal se fundamenta además, en el
concepto de palabra formulado por L. Bloomfield como “mínima forma libre”.
3. Atendiendo a las correspondencias entre morfo y morfema, ya vimos más arriba el conjunto de
posibilidades que tal relación ofrece; se puede hablar además de morfema cero: morfema sin
morfo, como ocurre en señor- /señor-a.
4. Sin duda alguna la clasificación más importante es la que diferencia entre morfemas flexivos y
morfemas derivativos; distinción ésta que se basa en la diferente naturaleza gramatical de unos y
otros. Los morfemas flexivos tienen significado gramatical; mientras que los morfemas
derivativos gramaticalizan significados léxicos, configuran gramaticalmente la palabra
añadiendo su propio significado léxico; es lo que ocurre en morfemas derivativos como –ura, -
ero, -ear: raspadura, peluquero, vitorear.
4. MORFOLOGÍA FLEXIVA VS. MORFOLOGÍA DERIVATIVA
Confrontado flexión y derivación encontramos, siguiendo a I. Bosque las siguientes
características diferenciadoras:
1. Los morfemas flexivos se comportan de forma más regular que los morfemas derivativos.
2. La productividad afecta en grado diferente a los morfemas flexivos, y de ningún modo a los
morfemas flexivos. Hasta cierto punto podemos realizar construcciones derivativas, por ejemplo, con
el sufijo derivativo –ero, que significa “oficio”, sólo que “musiquero” está más allá de la
productividad prevista para tal morfema.
3. Los morfemas derivativos pueden conmutarse por una paráfrasis, lo que nunca es posible con los
morfemas flexivos; podemos decir grandísimo o muy grande.
4. Buena parte de los morfemas derivativos son pertinentes como categorizadores gramaticales,
imprimen un sello categorial a la palabra y ocasionan cambios categoriales, lo que nunca ocurre en el
caso de los morfemas flexivos.
5. Los morfemas flexivos suelen ser pertinentes en la estructura sintáctica; la concordancia se basa en
la morfología flexiva.
En nuestro modo de organizar los temas ha de tenerse en cuenta en este punto que lo referente a la
morfología flexiva será desarrollado en los correspondientes temas dedicados a las categorías
gramaticales del nombre y del verbo, por lo que en este tema no hablaremos más de morfología flexiva y
seguiremos con la presentación de la morfología derivativa.
1. MORFOLOGÍA DERIVATIVA
Los morfemas derivativos constituyen un complejo y aparentemente irregular sistema de formación
de palabras que debe estudiarse en cada lengua, siempre tratando de descubrir las leyes que lo rigen, pues
no todo es tan irregular como parece. J. Carlos Moreno clasifica los morfemas derivativos según éstos
puedan alterar la categoría de la palabra a la que se unen o no, y en este sentido habla de dos tipos:
a. Afijos derivativos tautocategoriales.
b. Afijos derivativos heterocagoriales.
Y en cada uno de estos tipos establece con respecto a la lengua española y al vasco las siguientes
subclasificaciones:
a. Derivativos tautocategoriales:
Nominales (N N) carne carnicero.
Adjetivales (Adj Adj) legible ilegible.
Verbales (V V) leer releer.
Adverbiales (Adv Adv) cerca cerquita.
b. Derivativos heterocategoriales:
Nominoverbales (N V) flor florECER: verbos denominales.
Verbonominales (V N) vigilar vigilANCIA: nombres deverbales.
Nominoadjetivales (N ADJ) gusto gustOSO: adjetivos denominales.
Adjetivonominales (ADJ N) hermoso hermosURA: nombres deadjetivales.
Verboadjetivales (V ADJ) edificar edificABLE: adjetivos deverbales.
Adjetivo verbales (ADJ V) bello embellECER: verbos deadjetivales.
Adjetivoadverbiales (ADJ ADV) cercano cercanaMENTE: adverbios deadjetivales.
Adverbionominales (ADV N) lejos lejaNÍA: nombres deadverbiales.
Adverbio verbales (ADV V) lejos alejar: verbos deadverbiales.
LA COMPOSICIÓN
El otro procedimiento de creación de palabras es la composición. Las palabras compuestas son el
resultado de la combinación de dos palabras. El contenido semántico de la palabra compuesta es el
resultado de la relación establecida entre los contenidos semánticos de las palabras combinadas. J. C.
Moreno establece dos tipos fundamentales de compuestos:
1. Hipotácticos, en los que un elemento del compuesto está subordinado al otro, distinguiendo,
a su vez, entre.
1.1. Argumentales: un elemento del compuesto es un argumento del otro: tocadiscos.
1.2. Modificativos: un elemento del compuesto es un modificador del otro: gentilhombre.
2. Paratácticos: Los elementos del compuesto están en pie de igualdad: carricoche,
correveidile.
Es importante la conclusión a la que nos lleva esta clasificación, pues parece que hay entre estos
tipos de compuestos y las relaciones sintácticas fundamentales (rección, modificación y yuxtaposición)
una correspondencia muy ajustada.
Por su parte Soledad Valera afirma que todas las categoría léxicas pueden entrar en composición;
y en español tenemos los siguientes tipos de compuestos clasificados en términos categoriales:
I
a. N N N : Subordinantes
i) De núcleo deverbal: guardagujas.
ii) De núcleo nominal no derivado
a) Especificativos: bocamanga.
b) Apositivos: ciudad dormitorio.
c) Coordinantes: coliflor.
a. N NA: camposanto.
b. N AN: mediodía.
II
a. V N V: maniatar.
b. V Adv V: maldecir.
III
a. A A A: sordomudo.
b. A N A: pelirrojo.
c. A Adv A: bienhechor.
1. MODELOS DE ANÁLISIS MORFOLÓGICO.
En la teoría morfológica de este siglo es normal señalar los modelos teóricos más importantes; en
este sentido es clásico el trabajo de C. F. Hockett, quien en 1954 distinguió dos métodos diferentes de
análisis morfológicos, a los que llamó en inglés “Items and Arrangement” e “Items and Process”
(“Unidad y disposición” y “Unidad y proceso”)
Modelo “Unidad y proceso”
Modelo “Unidad y disposición”
-Una forma lingüística es o bien simple o bien
-Una forma lingüística es o bien simple o bien derivada.
compuesta.
-Una forma simple es una raíz.
-Una forma simple es un morfema.
-Una forma derivada consta de una o más formas
-Una forma compuesta consta de uno o más subyacentes a las que se aplica un proceso.
constituyentes inmediatos que forman una
construcción. -Es posible que parte del material fonológico
presente en una forma derivada no forme parte de la
-A veces el morfema no participa realmente en la subyacente sino que se corresponda más bien con
construcción, sino que es más bien un marcador una representación o un marcador del proceso.
con el que coinciden otras formas cercanas.
En general se trata de un modelo que concibe lo morfológico de manera estática y según el
principio de distribución centrado en la identificación de los morfemas y alomorfos, frente a otro modelo
como el llamado “Unidad y proceso” que entiende los procedimientos morfológicos en su desarrollo; éste
tiene su más claro antecedentes en Panini, y el concepto de shandi (juntura). Se desarrolla en la década de
los cuarenta y su máximo representante fue Harris. No se interesan por las secuencias de morfemas, sino
por los procesos por los cuales dos o más elementos morfológicamente separados, reaccionan para tener
una realización única.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA COMENTADA
Hemos citado reiteradamente la presentación de la Morfología de I. BOSQUE, La Morfología, en
F. ABAD Y A. GARCÍA BERRIO (coords.) Introducción a la lingüística, Alhambra, Madrid, 1983, págs.
115-154, que por su sencillez y claridad es muy adecuado para iniciarse en el tema. Un manual clásico de
Morfología es el de P. H. MATTEWS, Morfología. Introducción a la Estructura de la Palabra, Paraninfo,
Madrid, 1980. Otra clásico lo encontramos en la obra de E. NIDA, Morphology: The Descriptive Analysis
of the Word, The University of Micchigan Press, Ann Arbor, 1949. Y por último hay que citar el manual
de S. VARELA más actualizado que los anteriores y muy útil para iniciarse en el tema, Fundamentos de
Morfología, Síntesis, Madrid, 1990.