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Europa: Geografía y Diversidad Cultural

Europa no es técnicamente un continente sino una península de Eurasia con características físicas y culturales únicas. A lo largo de la historia, factores como la diversidad de paisajes, el clima templado, las vías fluviales y la mezcla de culturas han dado lugar a una gran diversidad interna en Europa y han facilitado los intercambios entre sus pueblos. Más que una noción geográfica, Europa es una construcción histórica y cultural basada en la herencia de Grecia y Roma, el crist

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Europa: Geografía y Diversidad Cultural

Europa no es técnicamente un continente sino una península de Eurasia con características físicas y culturales únicas. A lo largo de la historia, factores como la diversidad de paisajes, el clima templado, las vías fluviales y la mezcla de culturas han dado lugar a una gran diversidad interna en Europa y han facilitado los intercambios entre sus pueblos. Más que una noción geográfica, Europa es una construcción histórica y cultural basada en la herencia de Grecia y Roma, el crist

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AZCÁRATE LUXÁN, María Victoria y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, José

GEOGRAFIA DE EUROPA
Madrid: UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia)
2013, 394 pp
INTRODUCCION

Habitualmente nos referimos a Europa como uno de los cinco continentes, ignorando –de
forma consciente- que no es más que una península situada en el extremo occidental de la gran
masa continental euroasiática. ¿Por qué los europeos han elevado a categoría de continente lo que
es una pequeña porción de Eurasia? Sin duda alguna, porque, más allá de sus características físicas
originales, Europa presenta unas dimensiones culturales, económicas y geopolíticas excepcionales.

No se sabe con certeza el origen de la palabra Europa, quizás proviene del término
prehelénico hirib, que significa “poniente” u occidente. Pero sí se sabe que el nombre de Europa se
halla arraigado en la mitología griega y que se ha usado desde la Antigüedad (Herodoto, siglo V a.C.)
para designar a uno de los “continentes”, aunque en cada época de la historia se refería a una
realidad geográfica con límites diferentes y con un componente cultural, cada vez más rico y variado,
y otro componente geopolítico, cada vez más dominante.

A vista de satélite, Europa aparece como una península en forma de triángulo, bien soldada
a las tierras asiáticas y que se estrecha paulatinamente hacia el oeste. Rodeada por el Océano
Atlántico y otros mares interiores, su perfil es extremadamente recortado (4.000 km de costas), con
multitud de penínsulas y cabos que sobresalen de la masa continental y numerosos golfos que
penetran profundamente en ella. Este perfil continental se difumina a través de innumerables islas
y archipiélagos diseminados a su alrededor. Con 10,4 millones de km2 de extensión, Europa es
cuatro veces menor que América y que Asia y tres veces menor que África.

La proximidad del océano en todo el territorio europeo explica una de sus principales
características geográficas: la intensidad de las influencias marítimas en las condiciones climáticas
que hacen de toda Europa un lugar privilegiado para la ocupación humana. Climas templados
relativamente moderados y la proximidad relativa de una costa muy recortada facilitaron la
temprana ocupación agrícola y la intensa vida de relación a través de la circulación marítima, tanto
por las costas mediterráneas como por los mares escandinavos. La variedad de paisajes naturales
ha dado lugar, en el transcurso de la historia, a una gran diversidad de paisajes culturales.

Europa no es un continente. Sólo la mente y el espíritu de los europeos han considerado


como tal a un territorio peninsular, encrucijada de pueblos y crisol de tradiciones y culturas, que ha
sido la cuna de una civilización universal. Los límites físicos son convencionales e imprecisos, lo
mismo que lo son sus límites políticos. Ni los Urales ni el Cáucaso han sido límites claros ni barreras
de separación; Turquía (asiática) conserva en Europa el 3% de su territorio (una parte muy pequeña
en comparación con lo que tuve en siglos pasados el Imperio Otomano); Chipre, tradicionalmente
asiática, hoy forma parte de la Unión Europea; Islandia (europea), situada en medio del Atlántico,
está más próxima a Groenlandia que a las Islas Británicas; Groenlandia, provincia autónoma de
Dinamarca, forma parte de las tierras americanas; Canarias, Madeira y Azores (parte de Estados
europeos) se sitúan en latitudes tropicales y están más cerca de África que de Europa. En definitiva,
Europa es una península con límites imprecisos, aunque con una fuerte personalidad física tanto por
su relieve compartimentado como por la gran influencia marítima que la hacen especialmente
atractiva para la ocupación humana.

Situada en las latitudes templadas del hemisferio norte, Europa ocupa una posición
privilegiada que facilita las relaciones intercontinentales con Asia, África y América. Además la
configuración física interna facilita las relaciones intracontinentales, tanto de este a oeste, a través
del cabotaje en las costas de los mares del Norte y en el Mediterráneo y a través de la gran llanura
europea y del eje Danubio; como de norte a sur, a través de las numerosas vías fluviales de trazado
meridiano: del Mar Báltico al Caspio, a través del Dvina y del Volga y del Dvina y el Dniéper; del Mar
del Norte al Mar Negro, a través del Rin y del Danubio; del Mar del Norte al Adriático, a través del
Rin –pasos alpinos- valle del Po; del Canal de la Mancha al golfo de León, a través del Sena-Saona-
Ródano; y del golfo de Vizcaya al Mediterráneo, a través del valle del Ebro. Y ésta –la existencia de
buenas vías de circulación- es otra de las bases físicas fundamentales sobre las que se va a construir
el concepto de Europa.

La geografía física ha creado un territorio muy compartimentado, “pequeños países” con


numerosas especificidades, pero todos acogedores y bien comunicados entre sí, a través de vías de
comunicación fluviales y puertos de montaña accesibles. Estos “pequeños países” han desarrollado
a la vez caracteres particulares sin renunciar a una cultura común que hunde sus raíces en la
Antigüedad grecorromana y en el cristianismo. A lo largo de su historia milenaria, con Estados que
nacían y desaparecían, con enfrentamientos e intercambios permanentes, se han ido entrelazando
elementos culturales comunes y diferenciales hasta conseguir el complejo y admirable mosaico de
pueblos y culturas que hoy integran Europa que con un dinamismo excepcional ha creado una
cultura común y la ha difundido por todo el planeta.

Así pues, la configuración del relieve, la gran variedad de matices climáticos, la facilidad de
relaciones intra e intercontinentales y la mezcla de culturas han dado lugar a una de las más
importantes singularidades de Europa, su gran diversidad interna. La diversidad natural en un
espacio tan pequeño ha generado una importante complementariedad de recursos que, a su vez,
han dado lugar a una gran intensidad de intercambios, gracias a la facilidad que prestan las vías de
comunicación naturales. De esta manera, economías y culturas diferentes dieron lugar a unidades
políticas distintas.

Al observar Europa de cerca, a escala regional, no dejan de sorprender sus numerosos


contrastes, hasta el punto de hacernos dudar de su unidad. Por un lado, el noroeste, oceánico,
húmedo, rico, próspero y de larga tradición democrática; por otra, el sur más seco y soleado, pero
más pobre, con graves atrasos culturales, económicos y políticos y, en tercer lugar, el este,
dominado por las llanuras, con mayores contrastes térmicos, menos desarrollado, sin tradición
democrática y mucho más frágil y políticamente inestable. Todo ello induce a preguntarnos qué
factores aseguran la unidad entre las distintas regiones europeas.

La clave para su comprensión reside en reconocer que, más que una noción geográfica,
Europa es una construcción histórica y un concepto cultural. De hecho, los Urales son sólo una
frontera simbólica, establecida por Pedro I el Grande, que quería situar a Rusia dentro de Europa
para modernizarla, a la vez que aspiraba a que pudiera intervenir en todos los acontecimientos
importantes de Europa occidental. Y una forma de realizar este proyecto fue dicidiendo que Europa
no terminase en la frontera del Imperio Ruso con Occidente sino en los Urales. Con anterioridad,
Europa tuvo límites diferentes: en la Edad Media se identificaba con la Cristiandad; en el primer
atlas mundial del siglo XVI la frontera oriental estaba marcada por la línea del Don; y en el siglo XVII
fue desplazada hasta el Volga-Kama.

Más allá de su naturaleza física y de su diversidad biogeográfica, Europa es una encrucijada


de culturas y civilizaciones; diferentes grupos étnicos y familias lingüísticas, procedentes de Asia y
de África, fueron ocupando las diversas regiones de Europa: grupos de preindoeuropeos, urálicos,
altaicos, turcos, semitas, etc. Las grandes religiones monoteístas (cristiana –católica, ortodoxa y
protestante- judía y musulmana) han convivido y se han confrontado en territorio europeo. En este
crisol europeo, con una gran diversidad de aportaciones culturales –filosofías, religiones, técnicas,
arte, costumbres, etc.- se fue gestando la civilización europea, que ha contribuido de manera
extraordinaria al avance de la humanidad.

Los pilares de esta cultura común se basan en los tres grandes focos culturales de la
Antigüedad: Atenas, Romas y Jerusalén. En la Europa medieval, tan política y económicamente
fragmentada, nunca faltaron los intercambios de mercancías, ni se interrumpieron los movimientos
espirituales, ni las corrientes de pensamiento que se difundieron de un extremo a otro. Tal ocurrió
con el feudalismo, las órdenes monacales, el espíritu de las Cruzadas, la difusión de la vida urbana,
la construcción de catedrales, la imprenta, los estilos artísticos, las corrientes filosóficas, el
mercantilismo y la monarquía autoritaria, los primeros avances de la medicina, las técnicas de
construcción e ingeniería; y más tarde, con la difusión del Estado absolutista, el colbertismo, los
ideales de la Revolución Francesa, la separación de poderes, la Revolución Industrial, los
movimientos nacionalistas, el capitalismo, la filosofía marxista, los movimientos obreros, el Estado
nacional, el espíritu democrático y el Estado de derecho, etc. Elementos de la civilización universal
que tuvieron su origen en suelo europeo y se difundieron por todo el continente, a través de los
intensos intercambios y pro el resto del planeta, a través de las colonizaciones y las migraciones.

Pero, junto a esta profunda identidad cultural, por la que todos los que viven en este
pequeño continente se sienten europeos, sorprende su gran fragmentación política. Hoy en día, se
muestra como un complejo mosaico de pueblos y de Estados que buscan fórmulas de cooperación
para que Europa no pierda el protagonismo que siempre ha tenido a escala mundial. Está dividida
en 47 Estados, resultado de una complicada historia política y el deseo de toda nación o pueblo por
tener un Estado propio. En el fondo, la extrema fragmentación política no hace más que reflejar la
diversidad cultural que subyace bajo la unidad del concepto histórico de Europa. Lejos de la
uniformidad, la unidad cultura europea encierra un complejo mosaico de pueblos, lenguas,
religiones, tradiciones y diferentes gados de madurez política, de riqueza y de desarrollo. Unidad y
diversidad, las dos facetas contrarias de una misma y compleja realidad. Europa, el “viejo
continente” como muchas veces se lo llama con familiaridad, en función de su largo pasado
histórico.

En esta obra abordamos los grandes temas de la Geografía de Europa, desde los diferentes
aspectos del medio físico y de la geografía política a la evolución y estructura de la población, la red
de ciudades, las actividades y espacios económicos y los contrastes entre los grandes espacios
regionales. Estos aspectos fundamentales del espacio geográfico europeo constituyen el contenido
de los cinco capítulos en que se estructura el libro.
El primero se centra en el análisis de los elementos más importantes del medio natural, el
componente más estable del espacio geográfico: el relieve y las unidades morfoestructurales, los
dominios climáticos y los paisajes naturales, la red fluvial y su acondicionamiento por el hombre, los
mares y las costas, y los recursos naturales. La geografía física con un relieve compartimentado y
dominios climáticos variados, ha contribuido sustancialmente a reforzar os particularismos
regionales que se han ido configurando a lo largo de la historia. A la vez, los múltiples corredores
naturales han facilitado la intercomunicación, la difusión y el sincretismo cultural que han dado lugar
a la cultura común que subyace en el fondo vivencial de toda Europa. Así los pueblos que integran
Europa presentan a la vez un fondo cultural común y especificidades que los diferencia de los demás.
Igualmente, el medio físico nos proporciona el conocimiento de la localización y distribución de los
recursos naturales, hecho que nos ayuda a explicar la localización de los espacios económicos, tanto
los agrarios como los industriales y turísticos.

En el segundo capítulo se tratan los fundamentos culturales e históricos de la gran


diversidad cultural y política que presenta Europa y, a continuación, la génesis, evolución y situación
actual del gran proyecto de unificación que representa la Unión Europea. Los numerosos pueblos
asentados en territorio europeo han luchado por mantener su independencia y construir su Estado
propio y han resistido a los sucesivos intentos de unificación “a la fuerza” que han significado los
imperios. Al final, triunfó el concepto de Estado nacional que es el que ha provocado y ha
consolidado la intensa fragmentación del continente.

Haciendo uso de su capacidad creativa e innovadora, Europa, que en tiempos pasados creó
el Estado-nación, la democracia parlamentaria y el Estado de derecho, ha iniciado, una vez más, con
la Unión Europea un nuevo proyecto política cuya finalidad radica en crear una estructura política
capaz de integrar y armonizar la diversidad, garantizarla paz, contribuir al mantenimiento de los
derechos ciudadanos conquistados y fortalecer la capacidad de influencia política y económica de
Europa a escala global, en este mundo actual extremadamente competitivo.

El tercer capítulo analiza la evolución, distribución y estructura de la población europea, así


como el proceso de urbanización, las redes y las jerarquías urbanas; realidades que son
consecuencia e las transformaciones que la sociedad europea ha experimentado en los últimos 150
años. A escala mundial, Europa es uno de los grandes focos de poblamiento, con un volumen de
poco más de 700 millones de personas y una densidad media próxima a 100 habitantes por km2.
Con la transición demográfica terminada, la población europea acusa hoy graves problemas de
envejecimiento; el desarrollo y la modernización de la economía han dado lugar a una sociedad
mayoritariamente de servicios y urbana. Europa es el continente con mayor densidad e ciudades y
las redes urbanas, generalmente mejor desarrolladas en las regiones centrales que en las
periféricas, contribuyen a fortalecer la coherencia y la organización territorial. El análisis tanto de
los aspectos demográficos como de los urbanos se realiza teniendo en cuenta y poniendo de relieve
los numerosos contrastes regionales.

El desarrollo de las actividades económicas en Europa y la configuración de los espacios


económicos se abordan en el cuarto capítulo. Se exponen los factores de localización, los procesos
históricos y las transformaciones recientes, destacando el estudio de las producciones y regiones
agrarias, los espacios industriales, las redes de transporte y la actividad turística. En todos ellos,
Europa ocupa un lugar preemimente tanto en volumen de producciones como en competitividad y
en niveles de integración territorial. A la vez que se estudian los grandes avances en los sistemas de
producción, se analizan también los déficits de diversa naturaleza que presenta la economía
europea y las grandes dificultades que encuentran los agentes económicos y los poderes políticos
para superarlos. Entre otros, el desigual proceso de industrialización del espacio europeo, la elevada
concentración geográfica y de las actividades industriales y los actuales retos frente a la
competitividad a escala global y la elevada dependencia energética que padece. Se presta
igualmente atención a las redes de comunicación y transporte, ya que su desarrollo y adecuación
constituyen un factor clave en la localización de actividades productivas y contribuyen de manera
notable a la mejor organización y cohesión del territorio.

El desigual potencial económico y la diferente densidad e infraestructuras de comunicación


y transporte reafirman ese contraste entre el espacio central, altamente desarrollado y dominante
a escala continental, y las regiones del Sur y del Este, que sufren una cierta dependencia económica
tanto en los aspectos financieros como en los comerciales. Precisamente las políticas que
implementa la Unión Europea tiene la finalidad de reducir los desequilibrios regionales y fortalecer
la cohesión éntrelas distintas regiones europeas.

Por último, y después de analizar los principales componentes del espacio geográfico
europeo desde una perspectiva general, en el capítulo quinto abordamos el estudio de los grandes
espacios regionales. A pesar de su tamaño reducido, Europa no es un territorio homogéneo. La
diversidad es tan evidente que una última visión de Europa tiene que realizarse fijándonos en los
contrastes regionales. Esta mirada a la diversidad está estructurada en dos niveles: un primer nivel,
basado en la división de Europa en cuatro grandes espacios regionales, y un segundo nivel, en el que
se alude a las particularidades de la mayor parte de los Estados que forman parte de estos grandes
espacios. En todos ellos se ponen de relieve sus peculiaridades, centradas en el contexto natural e
histórico de cada uno, las diferencias ce carácter socioeconómico y político y los contrastes de
desarrollo que se perfilan en su interior. Las cuatro “Europas” que aquí analizamos son la Europa
del Noroeste, la Europa del Sur, la Europa Centro-Oriental y la Europa Oriental.

La Europa del Noroeste es la región con mayor nivel de desarrollo, centro de gravedad del
continente europeo y uno de los grandes polos económicos a escala mundial. La Europa del Sur, con
una vieja y rica historia cultural, arrastra graves retrasos estructurales respecto a la Europa del
Noroeste, derivados fundamentalmente de un difícil pasado. La Europa Centro-Oriental incuye a un
grupo de países que fueron territorios fronterizos de los grandes Imperios y que, después, formaron
parte de la llamada Europa del Este, en la época de la “guerra fría”; desde su incorporación a la UE
en 2004 y 2007, todos han dado un gran sato histórico, consiguiendo una estabilidad política que
nunca antes habían tenido y generando una nueva dinámica territorial. Por último, forman parte de
la Europa Oriental los países europeos integrados en la Comunidad de Estados Independientes que,
con graves problemas geopolíticos y de cohesión interna, figuran entre los menos desarrollados de
Europa; entre todos ellos, sobresale la nueva Rusia, gran potencia emergente, cuyo corazón
económico y político se encuentra, sin duda alguna, en territorio europeo.

En suma, en esta Geografía de Europa se presenta el análisis de los principales elementos


del espacio geográfico europeo y el estudio comparativo de los cuatro grandes conjuntos regionales.
La combinación de todos ellos nos proporciona una imagen de Europa a la vez unitaria y
fragmentada. Tanto en unos como en otros, la perspectiva geográfica combina la localización de los
hechos en el espacio natural con los procesos históricos, los niveles de desarrollo y los contrastes
en la organización territorial.

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