México, sus desafíos.
Partimos de la idea de que los mexicanos deseamos vivir en un país más
desarrollado y menos injusto, que haya solucionado los niveles de pobreza y
desempleo que nos aquejan, mejor ubicado en el contexto internacional y con un
rumbo que nos lleve a instaurar una sociedad del conocimiento. Lograr tales
propósitos requiere concebir la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura
como los pilares de la transformación de la sociedad. El sistema educativo actual,
necesita cambios cualitativos que den pleno soporte a la transformación social
conducida por un nuevo modelo de desarrollo.
Para el México del presente resulta ineludible la responsabilidad de garantizar a
todos los niños y adolescentes una educación básica de excelente calidad. Para
alcanzarla hay que actuar en varios frentes: extender la jornada escolar, para que
obligatoriamente los estudiantes hagan deporte, para que aprendan a obtener
información y usarla, para que sepan comunicarse y para que practiquen
alguna labor artística. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación
(INEE) debe evaluar continuamente el logro de los
avances educativos y sugerir los cambios de rumbo.
Para el sector público, las universidades son la base de la formación de capital
humano y la innovación, además de un elemento clave de cohesión social y, por
tanto, de financiación con dinero público. Para las empresas, suponen la oferta de
todo tipo de graduados, el reciclaje permanente a lo largo de toda la vida
profesional, el origen de muchos de los avances del conocimiento que permiten su
transformación en nuevos productos o nuevas técnicas de producción u
organización.
Para la sociedad, en general, las universidades son el canal habitual de promoción
intelectual de jóvenes y, cada día más, de todo tipo de adultos, así como una
fuerza dinamizadora y de reflexión.
Una creencia generalizada en todo tipo de países es que las universidades
constituyen elementos fundamentales para el crecimiento económico y la solidez y
la solidaridad social.
Afirmaba que el alumno es un sujeto activo, y que es tarea del docente generar
entornos estimulantes para desarrollar y orientar esta capacidad de actuar. De
este modo, es el maestro quien debe conectar los contenidos del currículum con
los intereses de los alumnos.
La Educación para la Paz nace como un legado del movimiento de la Escuela
Nueva, que tiene un factor desencadenante histórico, el cual es el estallido de la
Primera Guerra Mundial y sus consecuencias socioeconómicas y morales. Este
movimiento concibe la paz como la ausencia de guerra.