MATERIA: Organización y Métodos
ESTUDIANTE: Orellana Colque Dánely
DOCENTE: Lic. Msc. Navia Quiroga Gustavo
GRUPO: 01
FECHA: 10/11/2020
ANTÁRTIDA
¿Y si existiera un lugar gobernado por la ciencia, en el que hace décadas
predomine el respeto por los animales y la cooperación entre países en vez del
conflicto? Este lugar se llama Antártida y es un gigantesco laboratorio en el que
se analiza el impacto climático que definirá el futuro del ser humano.
Ese lugar no es imaginario; se encuentra en nuestro mismo planeta y ocupa el
espacio equivalente a una vez y media Europa.
El periodista Mario Cuesta, que ha viajado por medio mundo trabajando detrás
de las cámaras para programas de televisión como el Desafío Extremo de
Jesús Calleja, quedó impactado con el milagro que ocurre en el Polo Sur la
primera vez que visitó el lugar.
El Tratado Antártico firmado por 12 potencias mundiales en 1959 protege
desde entonces a la región de la negativa influencia de la raza humana.
Aunque varios países del Tercer Mundo protestaran en el pasado por que fuera
un pequeño grupo de países poderosos el que decidiera sobre la explotación
de minerales en la zona, el acuerdo ha logrado hasta ahora proteger sus
codiciados recursos naturales.
“Me pareció la tierra prometida. Además de ser un escenario impactante es el
lugar donde se están tomando medidas medioambientales más eficaces y
donde la ciencia encuentra el laboratorio más grande del mundo. Comparado
con otros países en los que he trabajado, marcados por el conflicto bélico, es
un reducto para la paz y el diálogo”, comenta Cuesta por teléfono. Cuando
regresó, decidió rodar una película que mostrara el aspecto menos explorado
de la región. Durante el verano austral de 2017 grabó a bordo del buque
oceanográfico Hespérides la cinta Antártida: un mensaje de otro planeta, que
acaba de ganar el Premio del Público en la sección Impacto del Another Way
Film Festival y puede verse en Movistar+ y en Filmin. “Hay bastantes
documentales sobre la Antártida, pero casi todos se enfocan en la naturaleza o
la investigación científica y apenas se habla de su prodigiosa organización
política. Cuando se ha intentado modificar en estos 50 años ese espíritu del
tratado, ha sido la propia comunidad internacional la que se ha encargado de
contrarrestar esos impulsos depredadores del hombre y de proteger su
esencia”, explica el director.
La Antártida de Cuesta, que recopila testimonios de quienes viven y trabajan en
ella durante varios meses al año, es también un homenaje a todos los
ingenieros, cartógrafos y diseñadores cuyo esfuerzo salva vidas y hace posible
las grandes gestas humanas, aunque que no suelen salir en la foto. Su
particular exploración del continente desconocido analiza cuestiones más
generales, “como qué es lo que impulsa realmente el avance del ser humano”,
apunta el periodista.
Otro de los retos de la región es controlar el aumento exponencial del turismo.
Ha pasado de 45.000 visitantes en el año 2017 a los 75.000 del año 2019, lo
que puede contaminar, en el sentido más amplio del término, a esta burbuja de
oxígeno al sur del planeta. El mayor reto a la hora de completar la película, con
un equipo técnico reducido a mínimos, ha sido precisamente adaptarse a las
estrictas y necesarias medidas de protección del continente, que restringen al
máximo la libertad de movimiento y obligaba al equipo a readaptar su agenda
de rodaje varias veces al día.
Pero la Antártida que registra Cuesta no es perfecta. Por ejemplo, en ella
también existe la misoginia, con pocas científicas en puestos de mando,
aunque el documental deja claro que esos defectos llegan a modo de herencia
del otro lado del mundo. “¿Se puede cambiar la sociedad desde la ciencia?”,
pregunta en un momento dado a una científica chilena. “Por supuesto, por eso
estamos acá”, responde ella. Sin querer pecar de idealista, el director sí admite
una “necesidad de creer en lo naíf en un mundo asolado y asediado por la
guerra y la contaminación”.
Cuesta también ha lanzado un libro infantil ilustrado, Antártida: el continente de
los prodigios (editorial Mosquito Books), supervisado por investigadores del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que adapta para los
niños el contenido del documental. En ambos casos plantea la posibilidad de
que un ser humano más amable pueda mejorar su incierto destino en el planeta
Tierra. “No defendemos una simple utopía, porque mostramos un ejemplo que
es real, en el que las grandes potencias del mundo han sido capaces de
mantener el diálogo en un lugar en el que también existen intereses
económicos”, defiende. “Siempre observamos a la Antártida desde el punto de
vista del mundo desarrollado, pero esta vez quería reflejar cómo se ve el
mundo en el que vivimos desde la Antártida. De haber existido, sus habitantes
nos mirarían con desconcierto y perplejidad”.