Las Minas Del Rey Salomón: H. Ride Haggard
Las Minas Del Rey Salomón: H. Ride Haggard
J¡^^,
B L A N C O S Y F I E L E S R O J A S . —A LA E S C U E L A . — U N A LECTURA muerte se sienta en ellas. Sed prudentes y vol- tilles; cinco mantas, veinticin<7^^íi'ifl^%íft'6
Buena cuenta van dando los yankees de los pobres in- ved atrás para cazar elefantes. He dicho. en salazón, el botiquín, con una^oMJIjl^itpiini-
dios, á quienes van echando de todas partes, sin respetar si- Y sin añadir una palabra más levantó su na y varios instrumentos quirtírgicos; una brú-
quiera las reservas ó vedados que se les hablan concedido azagaya por vía de saludo y volvióse al campa- jula, un compás, fósforos, un filtro, tabaco, una
para que pudiesen mantenerse en relativo aislamiento. Hoy mento, donde poco después le encontramos lim- trulla ó llana, y una botella de brandy.
es preciso apresurarse ya para ver un Pieí roja (tan pocos piando una carabina como cualquier otro kafir. A esto se limitaba todo nuestro equipo, bien
quedan), entre los cuales se cuentan los que figuran en el reducido, sin duda, para semejante expedición;
— ¡Qué hombre tan singular!—exclamó Sir
espectáculo del Buffalo-BUl que se da en la Exposición de
Enrique. pero no nos atrevíamos á llevar más. Así y todo,
París. ¡Pobre raza cobriza!
151 lindo grabado A la escuela nos pone de manifiesto la —Sí,—contesté;—demasiado singular; y á fe la carga era pesada para cada hombre tratán-
mala gana con que ese señorito se dirige al supradicho lu- que no me agrada su conducta. Decididamente dose de atravesar el abrasador desierto, donde
gar; pero no tendrá más remedio á lo que se ve, pues la sabe algo y no quiere hablar; pero supongo que sólo una onza de peso parece una libra. Como
mamá vigila y la hermanlta parece decidida partidaria de la de nada serviría indisponernos con él. En la quiera que sea, no era posible quitar nada, por-
instrucción obligatoria. expedición que hemos emprendido, poco impor- que sólo llevábamos lo absolutamente nece-
Una lectura es un asunto tratado con mucha gracia, aun- ta que nos acompañe un zulú misterioso. sario.
que la carta le iiaga (iiiizás poca ¿dem á la interesada, como Al día siguiente hicimos nuestros preparati- Con no poca dificultad, y prometiendo rega-
sucede con tantas otras cartas.
vos de marcha. Por supuesto, era imposible lle- lar á cada uno un cuchillo de caza, conseguí
CASACAS D E L T I E M P O D E JOKUK I
que tres míseros indígenas de la aldea
nos acompañasen hasta la primera pa-
Creemos que los aficionados á la indumentaria verán con rada, es decir, unas 20 millas, para lle-
gusto estas prendas y estos tipos de la época del primer var tina regular cantidad de agua. De
Jorge, indudablemente de mucho efecto decorativo. La tra-
dición de buen gusto y elegancia dejada por la reina Ana
este modo podríamos llenar de nuevo
(la Buena Jíemo) fué modificada, como era de esperar, por nuestras botellas después de la prime-
Jorge I de Ilanuover, el elegido del Parlamento, de otra ra noche de marcha, pues habíamos
raza y con otras ideas. A la severidad tory y católica del resuelto salir al oscurecer á fin de evi-
anterior reinado sucedió la holgura wigh del fundador de tar el calor. Yo dije á los indígenas
la actual dinastía, y, aun mejor dicho, de su ministro Wal- qué íbamos á cazar avestruces, muy
pole. Tan cierto es que la política tiene mucho que ver con abundantes en el desierto; pero aque-
los sastres.
llos salyajes se encogieron de hom-
bros, diciendo que estábamos locos y
que seguramente nos moriríamos de
La rada de Tolón (departamento del Var) es u n a de las sed, lo cual me pareció á mi bastante
mejores del Mediterráneo, y por la manera como está de- probable; pero como los indígenas de-
fendida resulta inexpugnable hasta donde puede serlo hoy
seaban los cuchillos, tesoros casi des-
u n a plaza. Su puerto vastísimo está dividido en dos partes,
que comunican entre sí por un canal. Son notables el care-
conocidos para ellos, consintieron en
nero, la cabestreria, el arsenal, los astilleros de Mourillon, venir, reflexionando sin duda que nada
la fundición, la fábrica de jarcias y la escuela de grumetes. tenían que ver con nuestra próxima
La ciudad, cuya parte nueva es muy bonita, está situada muerte.
al pie de una montaña, distinguiéndose entre los edificios Todo el día siguiente descansamos
civiles el Ilólel de Yille, obra del siglo xviii. Es Tolón una y dormimos, y al ponerse el sol toma-
ciudad populosa, muy culta, muy adelantada; pero en cam-
bio adolece de una insalubridad terrible, haciendo siempre
mos un buen refrigerio, compuesto de
estragos allí la fiebre tifoidea. vaca fiambre y te frío, el último que
tal vez beberíamos en mucho tiempo,
según observó tristemente el capitán
Good. Después de hacer nuestros últi-
mos preparativos, nos echamos para
LAS MINAS DEL REY SALOMÓN esperar la salida de la luna, que al fin
apareció á eso de las nueve de la no-
che en todo su esplendor, iluminando
H. R I D E HAGGARD el desierto con sus plateados rayos. La
calma y el silencio tenían un no sé qué
de solemne que nos imponía. A los po-
(CONTINUACIÓN)
cos momentos estábamos en pie y dis-
puestos á emprender la marcha, y aun
No podréis responder, porque lo ignoráis. Es- vacilábamos un poco; cosa natural, dada
cuchadme, y yo os lo diré. De la oscuridad ve- la condición humana, en un caso en
nimos y á la oscuridad vamos. Semejantes al que se trata de jugar la vida. Sir En-
ave impelida por la tormenta durante la noche, rique, el capitán y yo íbamos juntos;
volamos fuera de la Nada. Por un momento se Umbopa nos seguía á pocos pasos con
ven nuestras alas á la luz del fuego; pero de su azagaya en mano, la carabina á la
pronto desaparecemos para siempre. La vida no espalda y fija la vista en el horizonte
es nada y la vida es todo: es la mano con que del desierto. Los tres indígenas alqui-
retenemos á la muerte; es el gusano de luz que «Deshabillé» de la casa Laferriére lados iban en último término con Vent-
brilla en la noche oscura y parece negro por la vogel.
mañana; es el blanco vapor del hálito del ru- —Caballerps,—dijo el Sr. Curtís,—
miante en el invierno; es la sombra fugaz que varnos los pesados rifles destinados para la emprendemos ahora el más extraño viaje que
se desliza sobre el césped y ya no se ve al po- caza de elefantes, y otros varios objetos, y en ningún hombre podría realizar, y es muy dudoso
nerse el sol. su consecuencia despedimos á los portadores, que salgamos en bien de la empresa; pero somos
- —Sois un hombre extraño,—dijo Sir En- arreglándonos con un indígena que habitaba tres hombres que sabrán hacer frente á todo.
rique. allí para que cuidase de Jas armas hasta la Antes de ponernos en camino elevemos una
—Me parece que nos asemejamos mucho,— vuelta. Sin embargo, sentía dejarlas en manos oración al Todopoderoso, que rige los destinos
repuso Umbopa sonriendo.—Tal vez busque yo de aquel salvaje, que fijaba en los rifles una de los hombres, pidiéndole que guíe nuestros
también un hermano en aquellas montañas. mirada de codicia, y por lo mismo tomé algunas pasos.
—¿Qué quieres decir?—pregunté con recelo. precauciones. En primer lugar los cargué, y Así diciendo, Sir Enrique se descubrió, y du-
•—¿Qué sabes til de aquellas montañas? dije al indígena que si los tocaba se dispararían rante un minuto ó dos cubrióse el rostro con
— ü n poco, un poco. Hay allí una tierra ex- por sí solos. Para demostrarle la verdad, le dejé las dos manos. El capitán y yo hicimos lo
traña, una tierra de maravillas, donde habita hacer fuego con mi carabina, y tuvo tan mala mismo.
un pueblo valeroso, donde hay árboles y crista- suerte que mató á uno de sus bueyes. Esto le No me tengo por muy devoto, pues pocos ca-
linas corrientes, y montañas blancas, y un an- espantó mucho, y no me cupo duda de que no zadores lo son; y en cuanto á Sir Enrique, nun-
cho camino. He oído hablar de todo eso; pero tocaría después las armas. ca le había oído hablar asi antes, aunque á mi
¿por qué he de repetirlo aquí? Aquel que viva Libres ya de todo lo que podía ser superfino, modo de ver era muy religioso, lo mismo que
lo verá. el Sr. Curtís, el capitán, yo, Umbopa y el ho- el capitán, á pesar de su vicio de blasfemar;
De nuevo me infundió sospechas el zulii: pa- tentote Ventvogel arreglamos lo que cada uno pero creo que nunca he rezado con más fervor,
recíame que sabia demasiado. debía llevar, y que, para el que menos, suponía y parecióme que esto me aliviaba. Nuestro por-
—No me temáis, Macumazahn,—dijo, inter- un peso de cuarenta libras. venir era completamente desconocido, y yo creo
pretando mis miradas;—yo no abriré hoyos para Además do las armas, excepto los riñes que que esto es precisamente lo que más nos acerca
que caigáis dentro, ni tramo cosa alguna. Si habían quedado bajo la custodia del salvaje, á nuestro Criador.
alguna vez cruzamos esas montañas que se ele- contábanse las municiones, cuatro cuchillos, —Ahora,—dijo Sir Enrique,—marchen.
van detrás del sol, ya os diré lo que sé; pero la cinco botellas de agua, cada una de cuatro cuar- Y todos le seguimos.
884 LA ILUSTRACIÓN IBEEICA
No teníamos más guía que las lejanas mon- cir, uno tras otro. De repente oírnosle proferir Al cabo de ese tiempo seguimos adelante
tañas y el antiguo plano de José da Silvestra, una exclamación, y le vimos desaparecer. Un hasta muy cerca de la madrugada. Los prime-
que, habiendo sido trazado por un hombre mo- minuto después prodújoae un gran rumor como ros albores de la aurora aparecieron lentamente:
ribundo en un pedazo de trapo tres siglos an- de gruñidos y pisadas, y llamaron nuestra las estrellas empezaron á palidecer, desvane-
tes, no podía considerarse de ningÚQ modo atención unas formas confusas que parecían ga- ciéndose al fin; la luna quedó eclipsada, y los
como un dato seguro. Sin embargo, en él fun- lopar en todos sentidos. Los indígenas dejaron rayos del sol, iluminándolo todo, reflejáronse
dábamos nuestra única esperanza de éxito. Si caer sus cargas; pero recordando que no había en aquel mar de arena, disipando las últimas
no encontrábamos aquel pozo de agua floja que allí dónde guarecerse, echáronse en el suelo, brumas.
el viajero señalaba en su plano como situado en gritando que estaba allí el diablo. Sir Enrique A pesar de esto continuamos la marcha, aun-
medio del desierto, á unas 60 millas de nuestro y yo estál)amos perplejos, y no fué poco nues- j que hubiéramos preferido descansar, sabiendo
punto de partida, y á igual distancia, poco más tro asombro cuando de repente vimos á Good bien que muy pronto sería imposible seguir
ó menos, de las montañas de Salomón, era muy alejándose á la carrera en dirección á las mon- I adelante bajo el calor del sol. Una hora después,
y como viésemos un grupo de rocas que se
destacaban en la llanura, buscamos allí un
-q refugio. Afortunadamente una de ellas for-
'-A maba una profunda cavidad donde no pene-
^ traban los rayos del sol, y allí nos acomoda-
t mos perfectamente. Después de comer un
-: poco de carne y beber nuestra ración de agua,
. ' pudimos conciliar muy pronto el sueño.
Traducción de
fSe conlinuará) ENKIQUE D E V E R N E U I L
E L EXTRACTO COMPUESTO D E
Zarzaparrilla
D E L DB,. A Y E R .
M E D A L t A I)K « l l O e n l a E x p o s i c i ó n
U n i v e r s a l d e ISarcelona.
Cura radicalmoiili' la ('spróf\ila. Iicriips, c n u i .
cioiies, llagas, cníi-riiiciladcs linmorabs y tmias
las afecciones de la piel por crónicas y reheliU-s
iiuesean. Purifica la sangre y vinciriza el sislenia.
Tomada ú tiempo y con constancia, evita los ;ita-
qnes apopléticos y todas las enferinedades que
tienen su origen en la fuerza y superal)UiHÍancia
íle la sangre. Las eniiueneiás médicas la i>re-
si'i'iijen con gran éxito, [Link] Incrédulos pueden
consultar con su doctt)r. De venta eñ todas las
íarniacias.
l'RKrAUABO POK EL
DR. J. C. AYER y CA., LoweII, Mass., E. ü. A.
TOLÓN 1555^ Ageiiles Generales para España,
y i L A N O A ' A lIEltlMANOS y C.V., B a r c e l o n a .
liA CHA^liaERESSE
folvos retrigerantes, el i non pin» ultra » do los polvos para la belleza. Su composición absolutamente n u e v a bajo el puntode vista de la higiene, su flnuní, su untuosidad y su perfecta a<lhcrencla
recomiendan su uso para las facciones mas delicadas. Reíresca la piel, disimula las arrugas, da a la tez la blancuramate, suave [Link] de la camella y hace desaparecer como i»or enciinto todas las Imperfecciones
ípeca8,paSos,roieoea,cto.)Paraballo6espectácalodondehaymuclialuz,pídasel» C H A R M I E R E S S E C.ONOENTREEy80lldificada,enestuche,muyadherente.¡Grannovedad 1 n u s s E R Inventor.
UueJ.-J,-Uoua»eui*,wl,rariaAl^Mm,n\»i»s\ahihm\ú)MaiTii:*i\tt\OT^uo\ty»\tíhthmm
illMIfíiSTKAClüN; Cortes, M5-3Í1. Ilamún ílolinas, eiiitor.-ReserTados los derechos de propiedad artística y iiteraria.-Las reclamaciones on Madrid, al representante de esta casa D. Manuel Pía y Yalor, Ápodaca, 10,2°.
-g^ I N S É R T E S E Ó N O , NO S E D E V U E L V E N I N G Ú N O R I G I N A L )H$-
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