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Autodidactismo: Educación de Calidad

El documento discute el autodidactismo como una opción para una educación de calidad. Explora las características de una educación de alta calidad y cómo el autodidactismo, o aprendizaje autogestionado, podría adaptarse al sistema educativo tradicional de Argentina. Señala que el autodidactismo permite a los individuos crear su propia educación utilizando los abundantes recursos disponibles hoy en día.
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Autodidactismo: Educación de Calidad

El documento discute el autodidactismo como una opción para una educación de calidad. Explora las características de una educación de alta calidad y cómo el autodidactismo, o aprendizaje autogestionado, podría adaptarse al sistema educativo tradicional de Argentina. Señala que el autodidactismo permite a los individuos crear su propia educación utilizando los abundantes recursos disponibles hoy en día.
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AUTODIDACTISMO

¿Una opción para una educación de calidad?

El autodidactismo es la forma en que un individuo es capaz de crear su propia educación, o bien, es


el arte de aprender por sí mismo. La sociedad actual, así como las nuevas tecnologías, ponen al
alcance una infinidad de recursos como son los sistemas de comunicación masivos y las fuentes de
información electrónicos, los cuales se caracterizan por potenciar un importante desarrollo
intelectual. Pero, ¿puede el sistema educativo de Argentina ofrecer una educación con todas las
posibilidades para una educación de calidad? En este artículo mostramos las características de una
formación de alta calidad y las distintas alternativas que tiene el autodidactismo para adaptarse a las
condiciones de un sistema educativo fundamentado en la enseñanza tradicional.

Palabras clave: Autodidactismo, Educación, Calidad.

Introducción

El término autodidactismo se refiere a la capacidad que tiene un sujeto de conformarse a sí mismo,


siendo él mismo el que educa y es educado, el que da y recibe. Es una forma de aprendizaje que
consiste en que cada persona se convierte en su propio maestro y adquiere los conocimientos por
interés, a partir de los estímulos disponibles. De esta manera, el individuo se administra materiales
educativos con la finalidad de formarse profesionalmente en algún campo del conocimiento, es un
gran observador, incluso de sí mismo. A medida que éste avanza, se le abren nuevas metas. En algún
momento de este proceso necesita ayuda, de lo cual, en el caso general, es consciente, por ello, en
el momento que necesita ayuda la busca, y ya sea que la encuentre o no termina la tarea que
comenzó. Por otra parte, “el autodidacta no sólo aprovecha cualquier oportunidad, sino que las
genera. Este estilo de estudio hace del aprendizaje una actividad automática. Así, el individuo no
aprende para aprobar ningún examen, ni para lucir sus conocimientos. Se aprende por el simple
placer de aprender, donde el conocimiento o habilidad adquiridos son su mayor recompensa. Por lo
tanto, podemos afirmar que el autodidactismo es el método que mejor demuestra que el
aprendizaje es posible” (Enebral, 2006). El autodidactismo puro no existe: El hombre empieza su
conformación mediante la heteroeducación, es decir, influenciando directamente por otros, para
luego ir adentrándose en el autodidactismo. Además, “el hombre se configura como consecuencia
de la interacción que establece con el medio ambiente. Según la riqueza de esta interacción, el
sujeto se independizará en mayor medida del medio, de modo que pueda situarse frente a él y
dominarlo” (Sarramona, 1991). De acuerdo a Sarramona (1991), “Debesse afirma que la educación
no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo, y Humbert la define como una tutela que tiene por
misión conducir al sujeto hasta que no tenga necesidad de tutela”, la mayoría de las personas tienen
su propio concepto. Aunque existan diversas maneras de entender este término, y más aun de
llevarlo a cabo, surge la idea de perfeccionamiento, vinculada a una visión ideal del hombre y la
sociedad. Así, la educación significa la única posibilidad de realización del ser humano, pero no
puede ser una simple imposición externa, sino que, para alcanzar sus más nobles metas, precisa de
la cooperación voluntaria del propio sujeto. Como se puede apreciar en las definiciones anteriores
de educación, el individuo llega a una etapa de su vida en la cual tiene posibilidad de educarse a sí
mismo, sin la necesidad de un educador, o sea, puede abordar el autodidactismo como una forma de
perfeccionamiento de su persona. Así, el presente trabajo pretende abordar ciertas consideraciones
en torno al autodidactismo como una alternativa para una educación de calidad.

Características de una educación de calidad

El término calidad ha sido insertado en la educación desde hace varios años y los explícitos e
implícitos del mismo han sido marcados por las políticas del país en su momento. Este sistema de
educación debe estar fundamentado en la idea de que, en las comunidades humanas la educación es
una actividad dirigida a la preparación de nuevas generaciones y a todas aquellas personas que así lo
deseen. Esto con el fin de provocar y desarrollar en el individuo, determinado número de estados
físicos, intelectuales y morales requeridos por la sociedad en su conjunto y el medio especial al que
está destinado. “El individuo, al querer la sociedad, se quiere a sí mismo. La acción que ella ejerce
sobre él, especialmente por la vía de la educación, no tiene por objeto, ni por efecto comprimirlo,
disminuirlo o desnaturalizarlo, sino por el contrario, agrandarlo y hacer de él un ser verdaderamente
humano. Es indudable que sólo puede engrandecerse así haciendo un esfuerzo. Precisamente el
poder de hacer voluntariamente ese esfuerzo es una de las características más esenciales del
hombre (De Ibarrola, 1985). Siendo el autoestudio uno de estos esfuerzos para obtener una
educación de calidad.

El autodidactismo en Aargentina

A través del tiempo, la educación en varias partes del mundo ha venido dándose por medio de
modelos establecidos, los cuales han sido modificados al paso de la historia adecuándolos a las
necesidades reinantes en ese momento. Uno de estos modelos educativos es la escuela tradicional.
“Esta propuesta educativa presenta al maestro como dueño absoluto del conocimiento y el método,
teniendo como rasgos distintivos el verbalismo y el autoritarismo. Es en este contexto donde el
verbalismo es uno de los obstáculos más serios, porque la exposición del profesor substituye de
manera sustantiva otros tipos de experiencias, como puede ser la lectura, fuentes didácticas, la
observación y la experimentación. Así, la ciencia se convierte en algo estático y el profesor en un
mediador, mientras que la dependencia que se establece entre el profesor y el alumno favorece una
actitud acrítica en el sistema de las relaciones sociales” (Pansza, 1992). Siendo este modelo el
promotor para que el maestro sea el amo y señor del conocimiento y el método y es el único con
autoridad de decir: cómo, que, cuándo y dónde estudiar. “Los métodos tradicionales de enseñanza,
quizá desarrollan la buena memoria, pero difícilmente las capacidades creativas. Muchos
estudiantes pasan aproximadamente 30 horas semanales en las aulas, escuchando a los profesores y
tomando apuntes, los que después memorizan y repiten en los exámenes. Por otra parte, hace
mucho que la lectura ha dejado de ser una preocupación de educadores y de padres de familia. Esta
enorme laguna comienza en la primaria y se hace más ancha y profunda con el paso de los años
escolares (Wingartz, 1993). Además, pareciera ser que las preocupaciones del profesor deben
limitarse a lograr que los alumnos alcancen los objetivos de su programa de estudios, que se
mantenga la disciplina, que se seleccione la mejor actividad de aprendizaje, etc. Aunque es cierto
que estas preocupaciones u obligaciones del profesor son válidas, no se debe olvidar que la
educación en todo su desarrollo nunca deja de ser formativa. En el contexto de la educación
superior “hace tiempo que no se educa. Parece ser que únicamente se entrena y se ha venido a
exacerbar una tendencia creciente desde los años cincuenta de ofrecer y cursar carreras
especializadas que limitan y truncan la capacidad intelectual del educando (Wingartz, 1993). El
estudiante así, está destinado a asimilar únicamente lo que se le informa a diario en el salón de
clases. Dicho alumno se estancará en cuanto a los avances más importantes en el mundo de la
ciencia, perderá la cualidad intuitiva, la investigativa y sobre todo se estará convirtiendo en un ser
totalmente dependiente en la asimilación de conocimientos. Por lo tanto, el individuo que durante
su vida estudiantil no procuró educarse a sí mismo, durante su vida profesional tendrá grandes
probabilidades de permanecer en la oscuridad, ya que difícilmente será capaz de tomar decisiones
por sí solo, y siempre estará a la expectativa de que otras personas lo hagan por él. “La escuela
nueva, la cual desplaza la atención centrada en el maestro hacia una atención centrada en el
alumno, no ha tenido la suficiente fuerza para erradicar a la escuela tradicional. Además, la
influencia de este movimiento ha sido mínima en la educación” (Pansza, 1992). La implementación
de esto no logra superar el llamado modelo tradicional ya que solo se lo moderniza. Esta propuesta
presenta una visión reduccionista del maestro, lo limita al plano de la intervención técnica, pero al
fin de cuentas el maestro tiene la autoridad y el conocimiento dentro y fuera del aula. “Desde
mediados de este siglo aparece una nueva corriente: La Escuela Crítica o Didáctica Crítica, que pugna
por recobrar la reflexión, el análisis, y la autogestión como elementos indispensables en todo
proceso educativo” (Pérez, 1983). El reto para esta nueva escuela es inmenso, ya que perturba los
cimientos mismos de las instituciones, criticando y descubriendo el currículum oculto de la escuela:
roles, actos, normas, funciones, autoridades, etc., que si bien, siempre han existido, ahora se
exponen abiertamente proponiendo nuevos procesos y cambio de papeles. Esta propuesta confiere
al alumno poder de cambio, de gestión, reconociéndolo como actor social, lejos del elemento pasivo
receptor, del recipiente vacío que debe ser llenado por asignaturas de profesores o computadoras
como si fuera un sistema de almacenamiento. Por otra parte, esta visión quita al maestro el título
de: ¨dueño del conocimiento y de la verdad absoluta¨, liberándolo de una práctica docente que
limita y entorpece su propio desarrollo. Lo rescata de su papel expositor, cuestionando la realidad
estática y segmentada, y de lo absurdo de los rituales existentes, proponiendo que alumnos y
profesores puedan fundirse para cuestionar e investigar, crear para crecer juntos. Pero: ¿Cómo
empezar esa trasformación en la enseñanza, si se encuentra tan arraigada la actitud de dependencia
en la relación pedagógica?, y ¿Cuál podría ser un primer paso para romper con el esquema de
reproducción en la escuela? Definitivamente una base importante en el poder conferido al maestro
en su autoridad, está en el conocimiento - además de otros elementos otorgados por la institución y
la sociedad -, y el alumno que está al final de esta cadena de autoridad carece de poder (Pansza,
1992). Sin embargo, éste debe ser capaz de encontrar fuentes alternativas de conocimiento y
apropiarse de el por sí solo para romper ciertos patrones. Algunas de estos innumerables recursos
de información son: libros de texto, literatura en general, conferencias, revistas, manuales,
experimentación personal, dinámicas de grupo, etc. La lista es suficiente larga para satisfacer gustos,
“lo que falta es despertar el apetito de información”. Además, de tener a la mano información
técnica, - relativa a su profesión -; está a su disposición todo un abanico de disciplinas que se
involucra como historia, literatura, sociología, nutrición, filosofía, etc., que puede abordar, conocer y
buscar su relación con los demás saberes y su yo interno, para percatarse de que la realidad solo
puede ser comprendida a través de conocimientos. Entonces, se entiende que es necesario que
adquiera una cultura que rebase el terreno de su área de especialización. Las bondades del
autodidactismo no son solo una de las herramientas clave para la actualización permanente del
profesionista, para que sea capaz de adaptarse a los procesos y a los cambios, sino también
representan un medio hacia una educación integral. “Aprender a aprender, no se refiere únicamente
a la capacidad de buscar información y apropiarse de ella, sino que implica aprender a discriminar
información y fuentes de información. También, supone analizar lo que se está adquiriendo y buscar
el enlace o la confrontación con lo ya adquirido, circunscribir en nuestro quehacer lo aprendido,
interpretar, sintetizar, e ir logrando en este difícil proceso, independencia de pensamiento,
independencia de juicio y la posibilidad de crear, innovar y producir. Esto va más allá, porque al estar
investigando el alumno por su propia cuenta logra entender, por si mismo, algo – inclusive que ya
sabía -, experimenta un sentimiento de logro, de satisfacción personal, de autoestima y alimenta la
confianza en sí mismo” (Arcudia, 1991). Así se pasa del autodidactismo a la autoformación. Cuando
el alumno empieza a formarse a sí mismo, se despliega una fuerza transformadora, que no solo lo
afecta a él como individuo, sino que hasta su ambiente es influenciado por esta. ¿Quién puede tan
solo imaginar un salón de clase con 20 o 40 alumnos, reflexivos, críticos, analistas, con dependencia
de juicio y soporte técnico para cuestionar lo que se está enseñando?, revelándose ante la
asignación social de que alumno es el que aprende y maestro el que enseña y esto no por
menospreciar el papel del profesor, sino para el enriquecimiento de los dos. “Los alumnos aportan a
la enseñanza un interés directamente proporcional al grado de actividad que se le permite
desplegar. Su interés es mayor si pueden resolver por sí mismos un problema mediante la
investigación personal. De esta manera la actividad mínima desarrollada por el alumno al actuar
como espectador provoca con frecuencia el escaso interés del educando por el asunto que se le
presenta. Además, reduce su actitud de simple espectador, neutral o totalmente ausente, y rara vez
interesado” (Hans Aebli, 1958). Así, profesores y estudiantes estarán en el umbral de empezar una
nueva relación pedagógica, reuniéndose ambos partes para conocer y generar nuevas expectativas
que rebasen los objetivos del programa de una u otra materia, entrelazando diferentes disciplinas y
aprendiendo dentro de verdades más completas. Claro está que, para lograr materializar grupos de
trabajo en el aula se debe andar un largo camino, donde el autodidactismo podría ser uno de los
primeros pasos. Tal vez no precisamente el primero, porque es necesario involucrar al maestro antes
de convencer al alumno de adentrarse en el mar de posibilidades a las que puede acceder por medio
de esta herramienta de aprendizaje. El maestro es la persona más indicada para llevar al alumno de
la mano hacia el autodidactismo, utilizándolo como un método de enseñanza más a su disposición.
Es precisamente el/ella quien debe estar plenamente convencido del potencial de este estilo de
estudio, sabiendo que sobre una base cultural es posible acceder con menor dificultad a nuevos
campos del saber, tendiendo a la búsqueda constante de nueva información. Esta es solo una
estrategia que puede intentarse con la finalidad de mejorar el nivel de calidad educativa. Es apenas
el comienzo de una búsqueda hacia una nueva educación que recupere lo más valioso de la
experiencia docente e incorpore los grandes aprendizajes que dejan tanto los teóricos en su
constante reflexión sobre el hecho educativo.

Conclusiones

Se lograría una mejor calidad en la educación, si el estudiante dedicara su tiempo libre buscando y
absorbiendo conocimientos de toda naturaleza. De esta manera el autodidactismo no se postula
como una solución de los retos que afronta el sistema de educación, sino como una alternativa
rentable del proceso enseñanza-aprendizaje, siendo este un primer paso en el camino de superar la
escuela tradicional, hacia una escuela didáctica y crítica. Finalmente, el maestro puede sembrar la
semilla del autodidactismo en cualquier momento, utilizando todos los recursos disponibles a su
alcance (labor de convencimiento, autoridad, recursos didácticos), para inculcar en su práctica
docente diaria esto, lo cual lo llevaría a agrandar las posibilidades de aprendizaje de su alumno,
mostrándole el camino de superación constante como profesionista, como ciudadano y como
persona

Bibliografía

[Link]/publication/321055042_EL_PENSAMIENTO_DIDACTICO_DE_HANS_AEBLI/link/
5a0af3ebaca2721a23f9675e/download

[Link]
[Link]/RIE/article/download/3090/3952

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