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Escatologia 02

Este documento discute las coincidencias y discrepancias entre la escatología y el mundo moderno, el cual está muy enfocado en el futuro. Explica que la búsqueda de sentido está relacionada con la preocupación por el futuro, y que pensadores como Bloch creían que el marxismo podía ser una filosofía más humana si incorporaba elementos escatológicos.

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Escatologia 02

Este documento discute las coincidencias y discrepancias entre la escatología y el mundo moderno, el cual está muy enfocado en el futuro. Explica que la búsqueda de sentido está relacionada con la preocupación por el futuro, y que pensadores como Bloch creían que el marxismo podía ser una filosofía más humana si incorporaba elementos escatológicos.

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II.

ESCATOLOGÍA EN NUESTRO MUNDO: COINCIDENCIAS Y DISCREPANCIAS

18. El futuro es uno de los asuntos que más interesan al hombre de hoy. Tanto, que se suele
utilizar como criterio discriminatorio de valor, de tal manera que lo que "no tiene futuro" es
absolutamente desestimado.

En general, y yendo un poco más atrás, los últimos tiempos de la historia del
pensamiento se han caracterizado por la importancia creciente de cuanto se relaciona con el
tiempo. No han faltado intentos de describir la historia reciente de la filosofía a partir,
precisamente, de este punto de vista, o sea, del interés emergente y creciente por el tiempo y
sus avatares. (Historicismo -acento puesto en el pasado-, existencialismo -valorando sobre
todo el presente-, futurismo -que destaca ante todo el futuro-). Y se ha ido, como vemos en
esta somera descripción, del pasado al presente, y de éste al futuro. Hoy se planifica, se
prevé, se organiza el futuro: en cierto modo se vive en él.

19. Si, pues, el futuro tiene mucho que ver con la Escatología (ver n.7) y a nuestro mundo le
preocupa enormemente el futuro, querría decirse, con sólo este elemental apriorismo
deductivo, que la Escatología tiene mucho que ver con el mundo de hoy. Así lo concluimos,
en nuestro razonar, y así es, en efecto. (Sería muy útil consultar, a este propósito, el best
seller de hace tres decenios El shock del futuro, de Alvin Toffler: "el objeto de este libro es
contribuir a nuestra adaptación al futuro, a enfrentarnos, con mayor eficacia, con el cambio
personal y social, aumentando nuestra comprensión de cómo el hombre responde a tal
cambio. Con este fin, plantea una amplia y nueva teoría de la adaptación").

20. ¿Por qué esa preocupación por el futuro, en el mundo y en el hombre de hoy? Una de las
más profundas razones reside en que, en la preocupación por el futuro está subyacente la
búsqueda de sentido. El sentido, en efecto, de la temporalidad, lo marca el futuro, pues hacia
él se dirige el tiempo. El hombre actual, en verdad, no se anda por las ramas al plantearse
preguntas acerca de las cosas que verdaderamente le preocupan; no son los suyos
interrogantes más o menos superficiales (cuestiones de detalle, de matiz...). Más bien, y no es
fácil decidir si por madurez o por un desazonado, y, hasta cierto punto, amargo
presentimiento, le es más propia la pregunta radical por el sentido. Es el sentido mismo de las
cosas lo que se cuestiona. (Sentido de la vida, de la muerte, de la historia, del trabajo, del
cristianismo, del matrimonio, de la familia, de la vida religiosa, de la medicina, de la
escuela... etc.). Es decir, si todo eso tiene sentido, si va a alguna parte, y cuál es su meta.

Hay una concatenación elemental entre las acepciones vulgares de "sentido" y


"dirección", en cuya virtud para una realidad móvil el sentido queda determinado por el
término hacia el que ésta se dirige. El sentido, en este supuesto, no puede ser comprendido
del todo sin referencia a la meta a la que el móvil se encamina. Este es precisamente el caso
que nos ocupa. En el enlace pasado-presente-futuro que es propio de la realidad del tiempo,
podemos imaginar unidas estas dimensiones al modo de las partes de un ser móvil, y
precisamente en marcha hacia el futuro. El futuro bien puede decirse que da sentido a la
marcha (o el sentido de la marcha) de cuanto está sometido al tiempo. La pregunta por el
sentido del mundo, de la historia, del hombre y de su esfuerzo, tiene mucho que ver con la
pregunta por el futuro; en cierto modo, pueden hacerse convertibles o equivaler la una a la
otra.

21. Todo el énfasis puesto en el movimiento, en la historia y en el tiempo estaba orientado a


desembocar en una nueva actitud acerca del futuro. Pero el cambio en la conciencia común
de los hombres se ha debido, más bien, a un factor social: el extraordinario progreso de este
siglo en tecnología, en industria, en urbanización y en el significado de la comunicación
social. Esto es lo que ha cambiado radicalmente nuestro modo de pensar y de vivir. La vida
consciente implica siempre un proyecto, un porvenir; negar ese porvenir es negar la
conciencia.

Es cierto que el presente es lo único que tenemos. Pero el intento de convencer al


hombre para que viva sólo en el presente, es un esfuerzo vano e inútil. De la esencia del
presente es su continua sustitución por nuevos presentes, que convierten en pasado al
anterior. La vida humana hoy está lanzada, como un torrente, en una carrera acelerada hacia
el futuro. El hombre de hoy vive, por anticipado, en el mundo de mañana. Su conducta no
está determinada, veíamos, ni por el pasado ni por el presente, sino por el futuro. El cambio
mismo es visto como el proceso por el que el futuro invade la vida. Llega a detectarse una
especie de dificultad, e incluso incapacidad- de adaptación a la velocidad de ese cambio.

22. De aquí que los más vigorosos sistemas de pensamiento, los que reivindican actualidad,
hay algo que no pueden dejar de abordar: el futuro. Una gran concepción llegada hasta
nuestros días, llena de pasión por el futuro ha sido, sin duda, el marxismo. Ha llevado al
hombre a ver el presente como un movimiento hacia el futuro. Ha sido capaz de ello por su
impulso mesiánico, su identificación de teoría y praxis, y su interpretación de la historia
como predestinada a conseguir una sociedad sin clases, que pone ante los hombres, como una
utopía social, el paraíso en la tierra.

23. Pero el marxismo 'oficial' fue muy limitado en estos aspectos, ya que, para afirmar el
determinismo del proceso histórico, tuvo que negar el valor de la persona, y el hecho de la
libertad. Lo personal fue del todo subordinado al totalitarismo estatal. Por eso surgió un
neomarxismo o marxismo reformista, basado en los escritos humanistas de Marx joven
([Link]., Roger Garaudy, Ernst Bloch...). Estos autores pensaban que lo central del mensaje de
Marx estaba, más que en su materialismo, en su mesianismo. Bloch, en concreto, creía que
para realizar ese mesianismo, el marxismo debía ser más abierto (opuesto al rígido y
dogmático) y asimilar de otras corrientes de pensamiento filosófico, o incluso religioso,
elementos que se considerasen esenciales desde el punto de vista escatológico, es decir,
conducentes a enseñar y ayudar al hombre a mirar el futuro con esperanza.

24. Bloch (cuyo pensamiento inspiró hace unos años importantes obras teológicas) entendía
que toda la realidad está animada por un apetito cósmico, un impulso basado en la necesidad
(es decir, la carencia, la miseria) que impele a lo que es hacia lo que no es, o sea, hacia la
realización, y, por lo mismo, hacia el futuro. La esencia y la fuerza del ser (= de la materia)
no es el ya, sino el todavía no. La materia no es ser (=Sein), sino todavia no ser (=noch nicht
Sein). El hombre es conciencia, pero en proceso de construcción. Lo que al hombre le
constituye y le mueve no es lo ya consciente (=bewusst), sino lo todavía no consciente
(=noch nicht bewusst).

Lo que hay al final, el ésjaton, es un mundo logrado, con éxito, la identidad del
hombre consigo mismo: el ésjaton es la patria de la identidad.

Bloch esperaba que el marxismo, bien orientado, haría felices a los hombres,
convencido de que sólo los valores utópicos y esperanzadores del cristianismo, previamente
desprovistos del mito de las alusiones ultramundanas, son el auténtico correctivo del
marxismo y el medio de hacer éste más dinámico y humano.
. Algo nos dice lo visto hasta ahora de la íntima relación existente entre nuestro mundo y el
punto de vista escatológico. El cual, por cierto, sumerge en una tal dinamicidad a lo que
desde él se observa, que puede decirse que 'todo está haciéndose'. Desde la Escatología como
punto de mira, el mundo y la historia, y cuanto en ellos tiene lugar, no son algo ya concluso y
terminado. Feliz y muy elocuente el slogan de Bloch como resumen y síntesis de su propia
filosofía, cuando dice que sería precisamente éste: "S todavía no es P". Es decir, no se puede
nunca atribuir un predicado determinado y concreto a sujeto alguno, por cuanto nada es aún
lo que está llamado a ser.

26. Sin desdecirnos de lo que precede, podemos establecer una razón aún más sólida para
abordar la búsqueda de sentido. Reflexionemos un poco sobre estas dos sencilla
afirmaciones: La Escatología, como toda interpretación de la historia que atribuya a ésta un
sentido, se basa, en definitiva, en la experiencia básica y universal del mal y de sus múltiples
formas de manifestación. Debe igualmente fundarse en la connatural búsqueda de la felicidad
por parte del hombre.

En cierto modo la admiración que da lugar al pensamiento consiste en la quiebra del


horizonte más afín al ser humano que es el que le proporciona el del bienestar, el de lo
gratificante, en una palabra: el de la felicidad.

De hecho, la interpretación de la historia surge como un intento de explicar el


significado de la misma como significado del sufrimiento a que da lugar el acontecer. La
filosofía de la historia y la pregunta por su significado son debidas a la Historia de la
Salvación. Incluso las más arreligiosas o irreligiosas interpretaciones de la historia que le
asignan a ésta un sentido, se sustentan en la convicción, al fin y al cabo de índole religiosa,
de que el mundo está en peligro y -entiéndase ésta del modo que sea- definitivamente
necesita salvación.

27. ¿Qué da de sí, en nuestro mundo, el tema de esa búsqueda de la felicidad a que hemos
aludido? Indudablemente, la 'selección' que sigue está hecha con intención muy precisa;
cabría oponer la confeccionada con la intención contraria. Pero oigamos algo de lo que se ha
dicho sobre la felicidad del hombre.

"La felicidad consiste, las más de las veces, en saberse engañar" (Carlo Bini).
"Cuéntese entre los dichosos aquel a quien durante todo el día no le haya sucedido nada
malo" (Eurípides). "La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta
ignorancia" (Anatole France). "La felicidad es un relámpago que se desvanece y no torna.
Para no olvidar, ¡ay!, su existencia, es preciso embalsamarla en un recuerdo" (Théophile
Gauthier). "Es menester reír aun antes de alcanzar la felicidad, no sea que muramos sin haber
reído nunca" (Jean de la Bruyère). "La felicidad está en la ignorancia de la verdad" (Giacomo
Leopardi). "¡Proyectos de felicidad! ¿Quién sabe si seréis la única y verdadera felicidad de
este mundo!" (Alfred de Musset).

Esto nos dice lo rara que es la dicha para el hombre, a pesar de ser la felicidad su
vocación más profunda. En efecto, la búsqueda de un sentido a la vida, que se ve como
perdida entre tanto sufrimiento e infelicidad, es lo que ha dado lugar a la idea de la salvacion.

28. Veamos legitimado, por consiguiente, incluso por no estrictas razones de fe, el apelar a
los datos de nuestra Revelación, inscritos en una Historia de Salvación. Ocurre esto porque,
efectivamente, no contiene la Revelación nada que sea heterogéneo y como exterior al
hombre: "La Biblia no es, ante todo, la visión que el hombre tiene de Dios, sino la visión que
Dios tiene del hombre"(Abraham Jossua Heschel); que algunos han preferido traducir "la
Biblia es más una antropología para Dios que una teología para el hombre". Que es una
expresión en la que, en todo caso, se quiere subrayar la cantidad y calidad de conocimientos
que la revelación nos proporciona sobre el hombre 'desde' Dios, y que desbordan
ampliamente los que, incluso con esa revelación, acerca de Dios podemos adquirir.

29. Hay un texto en el libro de los Hechos de los Apóstoles que queremos, incorporándolo,
traer a nuestra reflexión en este punto. Se trata de Hech 16,9, que debemos procurar leer con
atención. Todo un símbolo para nosotros. Si intentamos contextualizar esta lectura, desde
unos cuantos versículos anteriores y hasta unos pocos siguientes, son insoslayables algunas
preguntas. ¿Por qué el grito del macedonio que se aparece a Pablo? ¿Acerca de qué podrá
necesitar un griego la ayuda de un judío, y éste, además, convertido al cristianismo?

No está de más comenzar por conceder que lo que ocurre al extraño interlocutor de
Pablo nos ocurre un poco a todos. "Los griegos somos nosotros" (M. Rabanal). O como dirá
Zubiri: "Los griegos no son nuestros clásicos; más bien somos nosotros los griegos. Es decir,
Grecia constituye un elemento formal de las posibilidades de lo que somos hoy"

Aquí deberíamos incorporar una amplia exposición acerca de la confrontación


judaísmo-helenismo. Daremos sólo unas pinceladas. El mundo griego ha parecido representar
siempre la juventud del mundo. La belleza y la armonía de su arte traen la nostalgia de una
humanidad adolescente: de las claras miradas de niños a los que la vida no ha humillado aún.
Por eso algunos creyeron que la "alegría" y la felicidad griegas fueron turbadas por el
cristianismo.

30. Sin embargo no conviene precipitarse. Ha habido excesiva admiración y demasiado poca
crítica ante el fenómeno griego. "Hay mucho que hablar de los griegos todavía. Por lo pronto
hay que deshablar casi todo lo que hasta aquí se había dicho de ellos (...) La forma de mirar a
Grecia ha sido siempre extática, de adoración y de culto. No hay peor actitud para enterarse
de lo que una cosa es" (Ortega y Gasset). Visto más de cerca el mundo griego es un enorme
enigma, y, al final, una gran sorpresa.

31. "Es Grecia quien nos ha hecho hombres. Este pueblo, admirablemente dotado, a todo lo
que abordó -¿y qué dejó sin abordar?-, le dio la forma definitiva y perenne" ([Link]ère).
Obviamente, entre todas esas cosas hay también algunas menos luctuosas que la tragedia: la
comedia, el humor, etc. Pero la tónica de la vida, lo chocante de ella, lo que hace pensar, lo
marca justamente todo aquello que contradice el espontáneo deseo de bienestar y felicidad.
Ese término medio, en Grecia, lo ocupa ampliamente el sentimiento trágico.

32. Es aplastante la cantidad de testimonios profundamente pesimistas, reveladores de un


pensamiento hondamente troquelado, como decimos, por el instinto trágico. También se ha
escrito mucho, y demostrado suficientemente, la legitimidad de aceptar y proponer la
tragedia griega como paradigma de todas las formas de tragedia: "No podemos considerar de
ningún modo la tragedia griega como un ejemplo, en el sentido inductivo, sino como el
ejemplar por excelencia, como la plasmación súbita y plena de la esencia de lo trágico.
Comprender lo trágico equivale a reproducir en sí mismo la tragedia griega, no como un caso
particular de ésta sino como su origen, es decir, como su principio y su floración auténtica"
(P. Ricoeur).
33. He aquí una mínima muestra de los testimonios aludidos: "Penar es el destino de los
mortales" (Eurípides, Hipólito 207). "Siendo hombres, es imposible decir lo que nos reserva
el mañana, ni, si ves a un hombre feliz, decir cuánto tiempo permanecerá siéndolo. La fuerza
del hombre es pequeña, y ninguno de sus proyectos logra cristalizar; su corta vida no es sino
un cúmulo de penas, y la muerte, la inevitable muerte, pende sobre él" (Simónides, fragms.
22 y 29). "Duerme bebé, duerme el mar. Duerma también nuestro inmenso infortunio"
(Simónides, fragm. 27). "Pasamos como hojas. No hay mortal a quien Zeus no pruebe con
numerosos males" (Mimnermo, fragm. 2). "No hay hombre feliz. A todos los mortales que
ven el sol el dolor les punza" (Solón, fragm. 14). "Todos nuestros pensamientos de mortales
son vanos; no sabemos nada" (Theognis, v. 141). "Raza de los mortales, cuya vida es como la
nada. ¿Quién ha sabido verdaderamente de otra felicidad que la ilusión que para sí mismo se
ha forjado?" (Sófocles, Edipo en Tiresias 1186 s.). "Todos nosotros, mientras vivimos, no
somos sino fantasmas: una sombra vana" (Sófocles, Ayax 125).

34. Aun cuando la esencia de la tragedia es un tema que de vez en cuando, recurrentemente,
es estudiado, y consiguientemente cuenta con no pocas teorías de base, casi siempre y en casi
todas se incluye un ingrediente como razón última de esa "tragedia": es decir, el dato de que
para la mentalidad griega, la comprobación del sufrimiento que la vida comporta va unida a
una situación cerrada, irremediablemente: sin salida alguna posible. Por consiguiente sin
futuro y sin sentido. "La tragedia está muy bien ordenada. Todo es seguro y tranquilizador.
En el drama, con todos esos traidores, esos malvados fanáticos, esa perseguida inocencia, ese
fulgor de esperanza, es horrible morir. En la tragedia puede uno estar tranquilo (...). Después
de todo, en el fondo, todos son inocentes. No es distinto porque uno mate y otro sea muerto;
es sólo cuestión del reparto de papeles. Y además la tragedia es sobre todo tranquilizadora,
porque desde el principio se sabe que no hay esperanza, esa sucia esperanza (...). En el drama
se lucha, porque se espera en cierto modo poder salvarse. Es repugnante. Eso tiene un
sentido. Pero aquí todo es absurdo. Todo es en vano. Finalmente no hay nada que intentar"
(J. Anouilh).

35. Y ello, porque el tiempo es una realidad circular, que se repite incesantemente, una y
otra vez. Es decir, de él y de lo que él trae consigo no se puede librar nadie nunca. Dicho con
otras palabras, para el griego no hay historia, en el sentido de un tiempo nuevo, con
acontecimientos no repetidos y con situaciones distintas. O, diríamos con palabras casi
equivalentes, la historia no va a ninguna parte, carece de sentido. La temporalidad involucra
una cierta maldición, una interminable repetición del tiempo y de las situaciones que en él
tienen lugar. Es la sustancia del mito del eterno retorno, del mito de Sísifo. [Algunas
expresiones de Marco Aurelio son, a este propósito, de suma elocuencia: "El que ha visto lo
que hay en el presente lo ha visto todo: no sólo lo que ha habido desde toda la eternidad, sino
también lo que habrá en la infinitud del tiempo, porque todo es semejante y del mismo
aspecto" (6,37). "¿Qué es el vicio? Es algo que has visto frecuentemente. En cualquier parte
encontrarás las mismas cosas de que están llenas las historias antiguas, modernas o
contemporáneas, de que están llenas las ciudades y las casas. Nada nuevo (7,1). "Soñar sin
cesar cómo todo cuanto hoy acontece aconteció de modo idéntico en otro tiempo, y soñar que
todo volverá a repetirse. Los mismísimos dramas y escenas que has conocido por propia
experiencia o por narraciones más antiguas, tenlas ante tus ojos. Por ejemplo, toda la corte de
Adriano, toda la corte de Antonino, toda la corte de Felipe, de Alejandro, de Creso. Todos
los espectáculos eran los mismos; tan sólo los actores cambian" (10,27)].

36. Efectivamente, los griegos eran, como los definiría San Pablo, "los que no tienen
esperanza" (I Tes 4,13). O lo que es lo mismo, para la mentalidad griega el tiempo, el
devenir, el futuro, la historia, no pueden nunca ser vehículo de salvación. La única salvación
posible estaría en salir del tiempo a otros ámbitos: la contemplación de la verdad, el saber
(esa es la causa del atractivo de las sirenas, según pudo conocer Ulises: enseñarían todo lo
que se puede saber), la ausencia de sentimientos, la tranquilidad, la indiferencia, la apatía...

37. Las preguntas que nos hemos hecho en el n.29 están, como vemos, sin responder aún.
Pero ya nos podemos hacer cargo, al menos, de cuál era la situación de aquel mundo al que
San Pablo, y con él el cristianismo, se hallaban próximos, y con el que se iban a encontrar.
Así podremos comprender mejor el impacto que su doctrina podría causar.

38. Por raro que pueda parecer hay no poca similitud entre aquel mundo pagano y la actual
'cultura del fragmento'. Una y otra necesitan un tipo de continuidad humana y teológica
mediante la cual podamos sustraernos inicial y definitivamente al reto de la fragmentación,
tan densamente presente en el pensamiento actual, tiempo de ambigüedad y de desmemoria.
"Cuando se ha perdido la brújula, lo inmediato es navegar a la deriva, no saber a qué atenerse
en temas clave de la vida, lo que conduce a la aceptación y canonización de todo. Es una
nueva inmadurez, que ha ido creciendo lentamente, pero que hoy tiene una nítida fisonomía"
(E. Rojas). Entre las características del nucleo de la posmodernidad es indudable que se da
una cierta lógica interna, a veces detectable sólo mediante un esfuerzo considerable. Como lo
es que quizá ninguna tan corrosiva como la negación de la finalidad.

39. Tal vez la posmodernidad presente la vertiente más opuesta a una interpelación
escatológica precisamente por su negación a aceptar la continuidad de un tiempo con relieve.
Por dos razones: la primera, por la cerrazón al futuro y a lo último. Sin los cuales se esfuman
las respuestas al porqué y al para qué de todo y de cada realidad, y las relativas al sentido
total y a la felicidad humana. Respuestas todas ellas ávidamente buscadas por la sensibilidad
y actitudes de talante religioso, abierto siempre a las cuestiones últimas y al misterio, y que,
en último término, han pretendido siempre satisfacer la necesidad de superar y dotar de
significado a las experiencias contiguas al caos y el sinsentido, como el mal, el error, la
injusticia, el sufrimiento y la muerte. La segunda, porque la exclusiva adhesión al presente
("carpe diem") hace incomprensible cualquier vinculación institucional, que implica un vivir
responsable, comprometido y fiel a un proyecto de sentido. Así ni se puede llevar una vida
conyugal estable, ni asumir con dignidad cualquier tipo de compromiso serio en campo
alguno. El hombre de hoy es frío, no cree en casi nada, ha desertado de valores trascendentes,
es cada vez más vulnerable y se encuentra indefenso.

40. En la cultura del fragmento también lo son los retazos de 'acontecer' que se yuxtaponen
sin formar una historia, entendida como un proceso único, evolutivo, coherente. Hay tantas
historias como convencionales y caprichosas selecciones de eventos se han hecho o se pueden
hacer, según los más variados criterios.

41. Estas son, a grandes rasgos, las características más importantes que aproximan y alejan
respectivamente la Escatología en su relación con nuestro mundo. Quedamos, pues, al borde
de un paso importante que es preciso dar.

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