1.
Fundamentos pedagógicos en el ámbito
de la enseñanza semipresencial y a
distancia
¿Qué es?
Los fundamentos pedagógicos en el ámbito de la enseñanza semipresencial y a distancia
son el “suelo firme” que permiten construir una enseñanza no presencial donde puedan
habitar los estudiantes cultivando sus aprendizajes.
¿Para qué me sirve?
Sin un fundamento pedagógico sólido la acción formativa no se sostiene y será más difícil
llegar al objetivo final de una formación integral. Es decir, quizás se consiga hacer una
acción de instrucción (dar conocimientos) o una acción de adiestramiento (desarrollar
destrezas) pero no se podrá “educar con fundamento” (dar una formación humana en todas
sus dimensiones).
Incluso, sin intención de educar, sino sencillamente de instruir o adiestrar, el conocimiento
de los fundamentos permite sacar el máximo partido pedagógico a todos los elementos y
así, alcanzar mayores logros con menores esfuerzos y recursos.
Por otro lado, cuando no se tienen presente los fundamentos, las acciones formativas
pierden autenticidad y creatividad, dejan de tener identidad propia y se reducen a meras
imitaciones de otras acciones sin saber porqué se hace lo que se hace, y por tanto, sin vivir
toda la intención educativa que cada elemento contiene.
Además, cuando no se diseña sobre fundamentos sólidos, la práctica docente deja de ser
sostenible, se deteriora con rapidez y termina por perder su eficacia, su sentido y su
utilidad.
¿Cómo hago para ponerlo en marcha?
Los fundamentos pedagógicos no son una parte del proceso o herramienta prescindible,
sino como dice el propio termino; es lo fundamental y se aplica en todas las partes y en el
todo de la intervención formativa. La manera de integrarlo en la enseñanza no presencial es,
teniéndolos presentes en todo momento y así, pensar y optar por las mejores alternativas
pedagógicas en cada caso, teniendo en cuenta las posibilidades y limitaciones concretas.
Los fundamentos se ponen en juego en tres parcelas claves (Fig 1.)
Casos de uso - Buenas prácticas
Para apreciar el adecuado uso de los fundamentos, no basta con observar estructuras o
dinámicas en general, sino que debemos observar cómo se vive en cada momento las
estructuras y dinámicas.
No todo fundamento es “suelo firme”, sino sólo aquel que se hace pedagogía viva: sólida,
flexible y capaz de evolucionar, abierta a lo inmutable de la realidad y receptiva a lo
mutable. Estos son algunos de los elementos que se deben respetar para que la pedagogía
permanezca viva:
2. Principios pedagógicos
Para educar, debemos partir de multitud de principios, como un alfarero: Materia prima y
sus propiedades, objetivos, herramientas disponibles, capacidades personales, necesidades
de los usuarios… Así el docente, el artesano de la educación, debe tener en cuenta multitud
de principios para su arte:
Principios Físicos: No se educa en abstracto. No es lo mismo un día de calor que un día de
frío, estar en el Sahara que vivir en Oslo…
Materiales. Internet, terminales, aplicaciones, mesas, sillas…
Temporales. Reconocer que no existe el tiempo cero: tiempo para entrar, situarse,
recibir instrucciones, realizar las actividades
Espaciales. Lugar dónde se ubica el educador y los educandos físicamente
Principios psicológicos: Por ejemplo, se deberá tener en cuenta el desarrollo evolutivo del
aprendiz, su estabilidad emocional, su motivación, etc.
Principios sociológicos: Características de los hogares, demandas sociales, de las
relaciones entre iguales…
Principios legislativos: Lo establecido por las leyes educativas.
Principios deontológicos: Lo que es ético y lo que no.
Principios pedagógicos: Son los que se establecen a partir de la teoría educativa de la que
se parta, que a su vez se apoyan en los demás principios.
¿Por qué Educación abierta? Amplía la imagen. Fuente: Giulia Forsythe
Entre los principios pedagógicos se podrían destacar los siguientes:
1. Principio crecimiento personal integral. Toda enseñanza no presencial debe poder
ser integrada en el propio proyecto de vida del estudiante. Todos los aprendizajes
deben procurar la unidad interior y tender a la coherencia de vida.
2. Principio de singularidad. La enseñanza no presencial no es un procedimiento
industrial de enseñanza-aprendizaje, sino una actividad creativa y artística que hace
aparecer algo nuevo, siempre “piezas” únicas, dotadas de capacidad para alcanzar
nuevos aprendizajes, cultivando la personalidad irrepetible de cada estudiante.
Requiere la posibilidad de que los trabajos y las relaciones formativas permitan el
desarrollo de cada estudiante de acuerdo con su capacidad, sus intereses y aficiones
y su ritmo de aprendizaje, así como con las circunstancias de su historia personal.
Requiere, asimismo, el estímulo permanente de la capacidad creativa de cada
estudiante y de la peculiaridad y fines específicos de cada institución educativa que
propone la acción formativa.
3. Principio de apertura. La enseñanza no presencial es abierta, no sólo cuando se
comparte de forma libre y se ofrece acceso gratuito y sin discriminación, sino
además, cuando atiende a todas las dimensiones de la realidad humana sin
reduccionismos pragmáticos o ideológicos.
La apertura se manifiesta en la disposición receptiva y capacidad expresiva; en la
apertura a la realidad natural y a la trascendencia, a la posibilidad de fundamentar el
trabajo escolar en el desarrollo de la capacidad de comunicación; en la apertura de
la institución escolar a la comunidad familiar y social.
4. Principio de autonomía. La enseñanza no presencial promueve la autoeducación
y hace posible la participación de los estudiantes no sólo con la realización libre y
responsable, sino también en la organización y programación de actividades, de tal
forma que los educandos puedan ejercer su libertad de aceptación, de elección y de
iniciativa. La enseñanza Online requiere de compromiso personal para poner en
juego aquellas cualidades que hacen posible el logro de los objetivos de la acción
formativa.
5. Principio de cooperación. La enseñanza no presencial promueve el aprendizaje
cooperativo entre los educandos, y se fundamenta en la cooperación entre el
educador y el educando en la enseñanza/aprendizaje como tarea compartida. La
educación, en cuanto intereducación, es la acción conjunta de docente y estudiante,
y estudiantes entre sí, mediante la cual, a través de la comunicación interpersonal y
la cooperación, llegan a dar lo más pleno y valioso de sí mismos.
6. Principio de liderazgo educativa. La educación, en cuanto heteroeducación, es la
ayuda que presta a otro, en su tarea de crecimiento personal, quien tiene derecho a
intervenir (potestad) y fuerza moral reconocida para ello (autoridad) por su
competencia profesional y su madurez personal. La intervención educativa es, por
tanto, un servicio, que se justifica por las necesidades del educando y que deberá
siempre respetar su libertad y fomentar su autonomía solidaria, de conformidad con
el principio de crecimiento personal integral.
3. Medio (tecnológico) y Ambiente
(humano)
El medio es el lugar donde desarrolla su vida cualquier ser viviente. Para los animales y
vegetales, el medio es aire y agua. Ahora bien, tanto en el medio aéreo como en el acuático
existen una serie de factores físicos, químicos y biológicos que influyen mucho en la vida
de los seres que ellos habitan. Estos factores constituyen el ambiente de aquellos medios.
Así mismo, cada viviente cuenta con un organismo con potencial de crecimiento que podrá
adaptarse a un determinado medio y podrá desarrollarse mejor en unos ambientes que en
otros según la temperatura, humedad, salinidad, presión, altitud…
Si comparamos este ejemplo con el medio de la enseñanza no presencial, encontramos que
el ambiente también tiene una gran influencia. El aprendizaje online no es pura abstracción
o puro mecanismo, se desarrolla en un medio más o menos operativo y con un ambiente
más o menos cambiante y humanizado. No todos los medios no presenciales son iguales:
dependerá de la potencia tecnológica y del adecuado diseño del currículo. Y a su vez, los
ambientes que se crean no siempre ayudan a crecer del mismo modo: grado y tipo de
motivación, entorno de comprensión y exigencia, cooperación, nivel de comunicación,
nivel de confianza, sinceridad… Y cada educando tendrá su actitud, sus hábitos y sus
capacidades para aprender por sí mismo y en equipo, pudiendo aprovechar todo ese
potencial si cuenta con adecuados apoyos.
El aprendizaje online no es pura abstracción,
se desarrolla en un medio cambiante y
humanizado
A continuación, algunos rasgos esenciales para crear un buen ambiente de aprendizaje en la
enseñanza no presencial que permitan a los estudiantes lograr aprendizajes significativos y
útiles:
- Normas de convivencia e instrucciones para el buen manejo de los servicios.
Saber crear el ambiente. Cortar impertinencias con asertividad. Aclarar y corregir
con amabilidad, hasta crear una cultura de pensamiento positivo, confianza y
responsabilidad social.
Vivir la responsabilidad social. Todos deben verse como protagonistas del
ambiente: “trato a los demás como quiero que los demás me traten a mi”
- Objetivos claros, viables y contenidos bien secuenciados.
- Comunicación amable. Lo que más distorsiona el ambiente de la plataforma son las
malas relaciones y las situaciones violentas. Enfados desproporcionados, amenazas
inquietantes, agresiones verbales, rabia contenida, resentimientos prolongados… Todo esto
genera un clima de frustración y desasosiego que sitúa al aprendizaje en un segundo plano.
Buen humor.
Saber perdonar y agradecer. Muchas veces, el ambiente no hay quien lo levante y
no es por falta de opciones, sino por cierto fondo de resentimiento que nos tiene
secuestrados. disculpar, pedir perdón, reconocer, agradecer… y el ambiente
cambiará por completo.
Dedicar tiempo a los estudiantes. La comunicación requiere tiempo, la
comunicación es humana. Nos podemos ayudar de la máquina pero el estudiante
debe ver detrás al docente humano que le comprende y le aprecia en todo momento.
4. Liderazgo docente
El docente que no sólo enseña, sino que también educa, es alguien que además de lograr
que sus alumnos adquieran los rendimientos propuestos por el programa, consigue no sólo
transmitir y hacer hacer lo exigido, sino además inspirar para que sus alumnos vayan más
allá, no se limiten a reproducir lo que otros han alcanzado, ni consumir la cultura que otros
han elaborado. El docente que inspira invita a sus alumnos a que vivan su visión, la
desarrollen y la hagan madurar. Les aporta seguridad para que no se limiten a ser
consumidores de aprendizajes, ni reproductores anónimos de estándares sino también,
creadores de conocimientos al servicio de los demás y del entorno.
Existe un amplio consenso pedagógico internacional en que el liderazgo del docente es uno
de los factores que se relacionan de forma significativa con la calidad educativa.
El liderazgo del docente es una forma de ser y de hacer, con humildad y grandeza de
ánimo, con la que se influye de forma positiva en los demás:
Es una forma de ser, un valor personal del educador que le convierte en una
referencia atractiva que da confianza y
Es una forma de hacer, una habilidad para influir, conducir el aprendizaje en el
aula y contribuir a la mejora de la educación en la institución educativa y el
desarrollo social.
Los elementos fundamentales que vertebran el liderazgo son:
Una visión magnánima (con grandeza de ánimo)
La capacidad para comunicar esa visión y entusiasmar a los demás y
La autoridad moral que lo hacen confiable y permiten creer en el líder
Las circunstancias externas y los estados interiores pueden entorpecer la capacidad de
liderazgo de los docentes pero lo que realmente puede impedirla es renunciar a la propia
visión, que es su misión. Uno no puede dar lo que no tiene, así que la primera misión de un
buen educador es el propio desarrollo personal. Esto significa que mientras más elevada sea
su interioridad y más en sintonía esté con el propio sentido de su vida, más valiosa será su
contribución a la educación.
El docente aspira a que sus alumnos no se limiten a copiar las competencias como las viven
otros, sino que las asimilen y las hagan cosa propia.
En nuestros sistemas educativos estandarizados es común que el docente se convierta en un
simple incitador de comportamientos humanos deseables por la sociedad, carente de
verdadera inspiración educativa, es decir, sin una auténtica motivación creativa.
Desde una mentalidad adquisicionista, el docente aspira a que sus alumnos adquieran las
competencias, y si su mentalidad es constructivista, procurará que no se limiten a copiar
las competencias como las viven otros, sino que las hagan suyas, las construyan dentro de
sí, las asimilen y las hagan cosa propia. Pero a fin de cuenta, el objetivo es alcanzar los
resultados previstos sin apena espacio para la creatividad.
Habitualmente, cuando se habla de creatividad en la educación, no se piensa en inspirar
para un fin original, sino en crear medios originales para llegar a los fines estandarizados.
Partir de fundamentos pedagógicos sostenibles, permite cultivar una didáctica con
mentalidad abierta, una mentalidad educativa habitacionista que no se limite a que el
docente logre que sus alumnos adquieran o construyan resultados cerrados, sino que sepa
inspirarlos para que vayan más allá de lo previsto y habiten el misterio de su auténtico
valor, en su “Elemento”, como diría Ken Robinson: “Cuando nos apasiona lo que
hacemos y además tenemos la preparación adecuada para hacerlo bien, estamos en
nuestro “Elemento”, un estado maravilloso en el que trabajamos sin cansancio y con gran
creatividad”.
5. Actitud, hábitos y capacidades del
estudiante
La actitud es la forma con la que cada estudiante afronta la enseñanza no presencial. Se
podrían distinguir tres grandes actitudes:
Estudiante mediocre (efectivo) sólo le preocupa obtener la certificación que pasa
por hacer lo mínimo y preocuparse sólo por lo urgente (que si tengo tal actividad
para subir mañana, tengo que presentarme en tal teleconferencia, que si mi
compañero no ha hecho su parte del trabajo…) y no se interesa por ir más allá de lo
que preguntan en el cuestionario de autoevaluación, y menos se plantea la
posibilidad de profundizar en algún tema al que se sienta cierta inclinación, pues
toda inclinación se dirige hacia otra parte.
El estudiante mediocre puede sacar incluso las máximas notas, pero sin salir de la
zona de confort; para ello puede no tener inconveniente en copiar y hacer todo tipo
de chapuzas con las que no aprende pero hace creer al docente que sí lo está
haciendo.
Estudiante estratégico (eficiente) es alguien que trabaja bien. Con profesionalidad,
con orden, disciplina, constancia y responsabilidad. Su objetivo es hacer todo lo
mejor posible pero su meta termina con el logro del objetivo formativo para borrar
los aprendizajes próximamente y seguir con nuevos retos. Se podría decir que es un
estudiante pragmático, busca los mejores resultados pero tampoco tiene una visión
general de su vida, una misión; un proyecto de vida lleno de sentido. Su objetivo es
llenarse de competencias y títulos pero luego no tiene muy claro “¿yo para que he
nacido?”.
El reto pedagógico de la enseñanza no presencial no se reduce a culminar tareas y
actividades, ni aprender los temas para el próximo examen, eso sería lo urgente.
Tampoco se detiene el reto, en desarrollar competencias y valores, eso sería lo
importante. Lo fundamental es invitar al estudiante a que integre sus logros de
aprendizaje en una vida llena de sentido, donde se encuentra “en su salsa”, en su
“Elemento”. Si el docente no presencial es educador y no mero enseñante, al
detectar alumnos mediocres y estratégicos tratará de tenerlo en cuenta para
invitarles a la excelencia y a que su “Elemento” donde ser feliz y poder ayudar
mejor a los demás para que también lo sean.
A este educando que habita en su Elemento, le llamo estudiante magnánimo.
Estudiante magnánimo. Aspira a lo sublime, busca la excelencia. No es arrogante,
no se cree mejor que nadie, ni actúa para que los demás le admiren. Más allá de las
apariencias o los efectos que se generan en los demás, la auténtica grandeza del
estudiante –la magnanimidad- consiste en el interés hacia todo y todos desde el
propio Elemento. No en el sentido trivial de una especie de curiosidad universal,
sino en el sentido profundo de amar la realidad y ponerse a su servicio con lo que
soy. Sin verdadero estudio no se puede amar la realidad y sin amar la realidad no se
puede ser estudiante magnánimo.
La magnanimidad no se queda en el interés por todo, sino que se manifiesta en la
apertura a los demás, en la donación de lo que sabemos y somos. Estudiar para tener
y tener para dar. De forma bellísima lo expresa Séneca al escribir: “Es propio de un
alma grande volver a la vida por amor a los demás” . Pero para dar hay que tener.
El darse del estudiante magnánimo no es un voluntarismo eufórico y sentimental,
sino un esfuerzo inteligente de capacitación para las acciones grandes, comenzando
por los pequeños detalles del estudio cotidiano, abierto a los demás y a la
trascendencia.
Entre los hábitos básicos para aprender siguiendo metodologías online, se podrían destacar
los siguientes:
6. Relación empática
Un docente empatiza con su alumno cuando capta su vivencia, la percibe y la interioriza.
No es un captar externamente las dificultades o necesidades de los estudiantes, sino
percibirlo de tal modo que uno experimenta su vivencia y desde esta perspectiva se está en
mejor disposición para ayudarle a crecer. Esta empatía no consiste en conectar con las
emociones del otro: alegrarse cuando se alegra o preocuparse cuando se preocupa.
Tampoco es pensar cómo lo está pasando el estudiante y tratar de sentirse como él, para
comprenderle. En ambos casos, no se pone uno en la mejor disposición de ayudarle.
La diferencia entre la primera forma de empatía y la segunda, es que la una enmarca la
ayuda con tendencia a la objetividad, mientras que la otra tiende a filtrar la realidad con
unas lentes de subjetividad. La primera aporta a los docentes, una nueva visión de la
realidad, además de contar con la propia perspectiva, se tiene en cuenta la perspectiva del
estudiante. Estas dos formas de ver la misma realidad, favorecen una comprensión
intersubjetiva de la realidad que les aproxima más a lo que las cosas son y como son
vividas por cada cual. Sin embargo, la mera resonancia emocional de vivenciar como
vivencia el otro, agudiza y multiplica las malas sensaciones. Se podría decir que se entra en
una espiral de agobios que sólo se rompe con perfeccionismos, agresividad, evasión en
lugar de la esfuerzo sereno y esperanzado por adquirir competencias.
La empatía es personal e intransferible y se aprende a fuerza de querer empatizar, abrirse,
permanecer receptivos, tratar de comprender y tratar de comprenderse… Algunas ideas
para mejorar en empatía no presencial. (fig 6.1.)
Con todo, la relación empática no es fácil, los estudiantes no quieren aportar mucha
información y evitan pronunciarse en temas de aprendizaje porque quieren ser atendidos en
el menor tiempo posible en este terrero. Por otro lado, los docentes disponen de poco
tiempo y en el tiempo disponible arrastran el agotamiento de jornadas laborales estresantes.
Quizás, este deba ser el punto de partida de la relación empática: aceptar la realidad tal y
como es.
En definitiva, no limitar la empatía a la esfera emocional, sino ampliarla a la existencial. No
limitarnos a comprender cómo nos sentimos, sino percibir interiormente la visión que el
estudiante tiene del mundo y la que uno mismo tiene y empatizar en el sentido más
trascendente de todo lo que está pasando, circunstancias tal vez difíciles que bien
afrontadas nos ayudan a crecer y realizarnos más plenamente.
Desde esta interpretación profunda de la empatía, se trasluce que la clave de la
comunicación educativa no está en una serie de habilidades, sino en la persona que educa.
Ningún catálogo de técnicas o recursos eficaces para educar valen tanto como la inteligente
administración de las posibilidades de la propia personalidad.
Junto a la forma de ser de cada docente, se encuentra la forma de hacer y de decir: la
palabra. Debes saber preguntar, saber responder y saber escuchar. La pregunta es un arma
decisiva, pero también es peligrosa, por cuanto supone un instrumento para dirigir las
conversaciones.
7. Motivación para participar y aprender
La motivación para que los alumnos alcancen los resultados de aprendizaje, se compone del
goce de emociones positivas, la satisfacción del dominio del contenido, la posibilidad de
aportar a los demás y la apertura al sentido de la propia existencia.
Si un docente centra la motivación en el gusto, en lo placentero de la interacción, puede
terminar desarrollando un programa formativo muy superficial, más de entretenimiento que
de aprendizaje significativo; pero si sólo se centra en lo significativo del aprendizaje sin
generar situaciones placenteras o gratificantes, es fácil prever que sólo los estudiantes más
excepcionales serán capaz de llegar al final a fuerza de voluntad. Si deseamos llegar a todos
sin rebajar la profundidad de los aprendizajes, se requerirá un uso de todas las opciones de
motivación.
Fig. 7.1. Motivación por asimilación. Si no lees la infografía pulsa aquí.
Tradicionalmente, desde las teorías de la motivación se diferencia entre motivación
extrínseca, motivación intrínseca y motivación trascendente. Pues bien, la motivación desde
el humanismo abierto no sólo se entiende como una realidad del individuo que se ve
movido por factores extrínsecos, intrínsecos y trascendentes a un mismo tiempo sino,
además, se contempla un matiz enriquecedor de estos tres factores: la efusividad. Así, al
referirnos a la motivación desde la mentalidad habitacionista, nos estamos refiriendo a una
motivación efusiva, que se amplifica al ser compartida con los demás y los demás pueden
participar de esta motivación, más, si la siguen difundiendo. Cuando la motivación no es
abierta, por efusión, es motivación por asimilación (ver fig 7.1).
Motivación material. Se actúa porque se recibe algo a cambio.
Motivación social. Se actúa porque nos ayuda a estar con otros o para ganarnos la
aprobación de la gente que nos importa o a la que queremos impresionar.
Motivación intrínseca (psicológica). Se actúa por la sensación satisfactoria que nos
produce hacerlo.
Desde la óptica efusiva de la motivación podríamos diferenciar dos tipos:
Motivación ecológica. Se actúa por benevolencia, por la alegría que produce contribuir a
la sostenibilidad del mundo.
Motivación comunitaria. Se actúa por benevolencia, por la alegría que produce servir a los
demás.
Motivación existencial. Se actúa para encontrarse con la Realidad que no soy yo y que da
sentido a mi existencia: Dios, el Cosmos o como cada cual lo conciba.
8. Elementos curriculares
Los elementos que integran el currículo son:
Los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa.
Las competencias o capacidades para aplicar los contenidos de cada enseñanza y etapa
educativa.
Los contenidos o conjuntos de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes que
contribuyen al logro de los objetivos y a la adquisición de competencias. Los contenidos se
ordenan en asignaturas, que se clasifican en materias, ámbitos, áreas y módulos en
función de las enseñanzas y las etapas educativas.
La metodología didáctica, que comprende tanto la descripción de las prácticas docentes
como la organización del trabajo de los docentes.
Los estándares de aprendizaje evaluables, que permiten medir los logros de los resultados
de aprendizaje en cada asignatura.
Los criterios de evaluación del grado de adquisición de las competencias y del logro de los
objetivos de cada enseñanza y etapa educativa.
Dinámicas curriculares que favorecen el aprendizaje de las competencias
El aprendizaje de las competencias requiere de apertura a la diversidad metodológica; se
necesitan distintos tipos de enseñanza, de modo que no existe un método único de
enseñanza. Se pueden distinguir de forma básica tres grandes tipos: enseñanza dirigida por
el maestro, aprendizaje autónomo y aprendizaje cooperativo. Estos modelos pueden ser
elegidos en cada ocasión según convenga. Un programa óptimo presentará una
combinación de métodos y de actividades de aprendizaje diversas.
En cualquier contenido formativo o dominio de aprendizaje, la metodología debe ser
flexible; la enseñanza necesita cambiar, tanto si los alumnos mejoran su conocimiento o
destreza sobre el tema. En consecuencia, la combinación adecuada de procedimientos
didácticos se debe modificar en función del progreso en los cursos, el tipo de contenidos
que se abordan, las peculiaridades de un determinado grupo o las necesidades educativas
específicas de algún determinado alumno.
Los alumnos deben aprender conforme a los mayores niveles de dominio pero, a la vez,
progresar normalmente en el currículo. Esto significa que el contenido curricular y las
actividades de aprendizaje deben ser lo suficientemente difíciles como para desafiar a los
estudiantes e incrementar su aprendizaje, pero no tanto como para ocasionar confusión y
frustración en algunos de ellos. La instrucción deberá enfocarse en la zona de desarrollo
próximo, la cual puede definirse como el rango de conocimientos y habilidades que los
estudiantes todavía no son capaces de aprender por sí mismos pero que pueden adquirir con
ayuda de sus maestros.
Los estudiantes aprenden mejor en un entorno de cohesión y apoyo entre docentes-
alumnos, alumnos-alumnos. Un primer aprendizaje es que los estudiantes manejen la
plataforma y los distintos materiales didácticos de forma responsable, participen
atentamente en las actividades de aprendizaje y contribuyan al bienestar personal, social y
académico de todos los miembros del grupo.
Los estudiantes aprenden mejor en un entorno de cohesión y apoyo entre docentes-
alumnos, alumnos-alumnos.
Los alumnos aprenden mejor si la mayoría del tiempo disponible se destina a actividades
relacionadas con el currículo y la organización de la sesión los conduce a comprometerse
con ellas. Los maestros eficientes ocupan la mayor parte del tiempo en actividades
orientadas a alcanzar los objetivos educativos. Los docentes más nóveles invierten más
tiempo en cuestiones de organización, disciplina, malos entendidos, aclaraciones… Los
profesores que tienden a la mediocridad, procuran dar sensación de actividad pero sin gran
preocupación por los aprendizajes.
Todos los componentes del currículo convergen para crear un programa consistente, con la
finalidad de alcanzar los propósitos y objetivos educativos. Es importante que el docente
“cocine” su contenido. No puede limitarse a servir crudo lo que llega de otros, sino que
debe ponerse en la óptica de sus alumnos para que descubran el sentido y la conexión con
su vida de aquello que se les está proponiendo.
Conviene que los docentes preparen a sus alumnos para que aprendan por ellos mismos,
proporcionarles orientaciones para el aprendizaje, como una estructura inicial que aclare los
resultados esperados y que indique las estrategias de aprendizaje adecuadas.
A menudo los estudiantes se benefician al trabajar en parejas o en pequeños grupos, pues
ello les permite construir significados o ayudarse unos a otros en el dominio de sus
habilidades. El aprendizaje cooperativo produce beneficios sociales y cognitivos.
Hoy como siempre, el profesor debe facilitar el aprendizaje significativo y la retención,
los contenidos deben explicarse claramente y desarrollarse con énfasis en su estructura y
relaciones.
Conviene promover el diálogo reflexivo; plantear preguntas para propiciar entre los
estudiantes disertaciones fundamentadas, alrededor de ideas integradoras.
El desarrollo de competencias requiere de actividades de práctica y aplicación. Los
alumnos necesitan suficientes oportunidades para practicar y aplicar lo que aprenden, y
para recibir retroalimentación.
Las investigaciones muestran que la construcción de un soporte al compromiso de los
estudiantes con sus tareas favorece el desarrollo de competencias. Esto supone generar
tareas motivantes para los alumnos para que estos realicen una trabajo productivo y no
meramente ejecutivo o reactivo. Ante la novedad con la que deben enfrentarse los alumnos,
es fundamental que el maestro proporcione a los estudiantes la asistencia necesaria que les
mantenga en el compromiso con la tarea de aprendizaje de manera productiva.
La evaluación enfocada a la constatación del desempeño de los estudiantes. Los docentes
deben utilizar una variedad de métodos de evaluación formales e informales para encauzar
los avances hacia el cumplimiento de los objetivos de aprendizaje.
Tener presente las necesidades formativas y los diseños educativos prescriptivos. La
comunidad educativa establece unas expectativas de logro que incentivan la acción
didáctica del docente, que desarrollará las tareas de enseñanza, de una manera o de otra a
partir de las expectativas para alcanzar con perseverancia logros de aprendizaje esperados.