Biomasa (energía)
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
No debe confundirse con bioenergía.
Panicum virgatum, una planta resistente empleada para producir biocombustibles.
El maíz, ejemplo de planta utilizada para la fabricación de biocombustibles.
Energías renovables
Biocarburante
Biomasa
Energía geotérmica
Energía hidroeléctrica
Energía solar
Energía mareomotriz
Energía eólica
La biomasa (energía) se refiere a un tipo de energía útil en términos energéticos
formales: las plantas transforman la energía radiante del Sol en energía química a
través de la fotosíntesis, y parte de esa energía química queda almacenada en
forma de materia orgánica; la energía química de la biomasa puede recuperarse
quemándola directamente o transformándola en combustible.
Un error muy común es confundir «materia orgánica» con «materia viva», pero
basta considerar un árbol, en el que la mayor parte de la masa está muerta, para
deshacer el error; de hecho, es precisamente la biomasa «muerta» la que en el
árbol resulta más útil en términos energéticos. Se trata de un debate importante en
ecología, como muestra esta apreciación de Margalef (1980:12)
Todo ecólogo empeñado en estimar la biomasa de un bosque se enfrenta, tarde o temprano, con un
problema. ¿Deberá incluir también la madera, y quizás incluso la hojarasca y el mantillo? Una gran
proporción de la madera no se puede calificar de materia viva, pero es importante como elemento de
estructura y de transporte, y la materia orgánica del suelo es también un factor de estructura.
Otro error muy común es utilizar «biomasa» como sinónimo de la energía útil que
puede extraerse de ella, lo que genera bastante confusión debido a que la relación
entre la energía útil y la biomasa es muy variable y depende de innumerables
factores. Para empezar, la energía útil puede extraerse por combustión directa de
biomasa (madera, excrementos animales, etc), pero también de la quema de
combustibles obtenidos de ella mediante transformaciones físicas o químicas
(gas metano de los residuos orgánicos, por ejemplo), procesos en los que
«siempre» se pierde algo de la energía útil original. Además, la biomasa puede ser
útil directamente como materia orgánica en forma de abono y tratamiento
de suelos (por ejemplo, el uso de estiércol o de coberturas vegetales). Y por
supuesto no puede olvidarse su utilidad más común: servir de alimento a muy
diversos organismos, la humanidad incluida (véase «cadena trófica»).
La biomasa de la madera, residuos agrícolas y estiércol continúa siendo una
fuente principal de energía y materia útiles en países poco industrializados.
En términos energéticos, se puede utilizar directamente, como es el caso de
la leña, o indirectamente en forma de los biocombustibles (nótese que
el etanol puede obtenerse del vino por destilación): «biomasa» debe reservarse
para denominar la materia prima empleada en la fabricación de biocombustibles.
La biomasa podría proporcionar energías sustitutivas a los combustibles fósiles,
gracias a agrocombustibles líquidos (como el biodiésel o el bioetanol), gaseosos
(gas metano) o sólidos (leña), pero todo depende de que no se emplee
más biomasa que la producción neta del ecosistema explotado, de que no se
incurra en otros consumos de combustibles en los procesos de transformación, y
de que la utilidad energética sea la más oportuna frente a otros usos posibles
(como abono y alimento).1
Actualmente (2009), la biomasa proporciona combustibles complementarios a los
fósiles, ayudando al crecimiento del consumo mundial (y de sus correspondientes
impactos ambientales), sobre todo en el sector transporte. 1 Este hecho contribuye
a la ya amplia apropiación humana del producto total de la fotosíntesis en el
planeta, que supera actualmente más de la mitad del total (Naredo y Valero,
1999), apropiación en la que competimos con el resto de las especies animales y
vegetales.
Índice
1Clasificación
2Obtención de agrocarburantes
3Biomasa como energía alternativa
o 3.1Desventajas
4Procesos especiales para el uso de biomasa
5Véase también
6Referencias
7Bibliografía
8Enlaces externos
Clasificación[editar]
La biomasa, como recurso energético, puede clasificarse en biomasa natural,
residual y los cultivos energéticos.2
La biomasa natural es la que se produce en la naturaleza sin intervención
humana. Por ejemplo, la caída natural de ramas de los árboles (poda natural)
en los bosques.
La biomasa residual es el subproducto o residuo generado en las actividades
agrícolas (poda, rastrojos, etc.), silvícolas y ganaderas, así como residuos de
la industria agroalimentaria (alpechines, bagazos, cáscaras, vinazas, etc.) y en
la industria de transformación de la madera (aserraderos, fábricas
de papel, muebles, etc.), así como residuos de depuradoras y el reciclado
de aceites.
Los cultivos energéticos son aquellos que están destinados a la producción de
biocombustibles. Además de los cultivos existentes para la industria
alimentaria (cereales y remolacha para producción de bioetanol
y oleaginosas para producción de biodiésel), existen otros cultivos como los
lignocelulósicos forestales y herbáceos y cosechas.
Obtención de agrocarburantes[editar]
Hay varias maneras de clasificar los distintos combustibles que pueden obtenerse
a partir de la biomasa. Quizás la más pertinente es por el proceso de producción
necesario antes de que el combustible esté listo para el uso.
Uso directo. La biomasa empleada sufre solo transformaciones físicas antes
de su combustión, caso de la madera o la paja. Puede tratarse de residuos de
otros usos: poda de árboles, restos de carpintería, etc.
Fermentación alcohólica. Se trata del mismo proceso utilizado para producir
bebidas alcohólicas. Consta de una fermentación anaerobia liderada
por levaduras en las que una mezcla de azúcares y agua (mosto) se
transforma en una mezcla de alcohol y agua con emisión de dióxido de
carbono. Para obtener finalmente etanol es necesario un proceso de
destilación en el que se elimine el agua de la mezcla. Al tratarse de etanol
como combustible no puede emplearse aquí el método tradicional de
destilación en alambique, pues se perdería más energía que la obtenida.
Cuando se parte de una materia prima seca (cereales) es necesario producir
primero un mosto azucarado mediante distintos procesos de
triturado, hidrólisis ácida y separación de mezclas.
Transformación de ácidos grasos. Aceites vegetales y grasas animales pueden
transformarse en una mezcla de hidrocarburos similar al diésel a través de un
complejo proceso de esterificación, eliminación de gua, transesterificación, y
destilación con metanol, al final del cual se obtiene también glicerina y jabón.
Descomposición anaeróbica. Se trata de nuevo de un proceso liderado
por bacterias específicas que permite obtener metano en forma de Biogás a
partir de residuos orgánicos, fundamentalmente excrementos animales. A la
vez se obtiene como un subproducto abono para suelos.
Biomasa como energía alternativa[editar]
En todos estos procesos hay que analizar algunas características a la hora de
enjuiciar si el combustible obtenido puede considerarse una fuente renovable de
energía:
Emisiones de CO2 (dióxido de carbono). En general, el uso de biomasa o de
sus derivados puede considerarse neutro en términos de emisiones netas
si solo se emplea en cantidades a lo sumo iguales a la producción neta de
biomasa del ecosistema que se explota. Tal es el caso de los usos
tradicionales (uso de los restos de poda como leña, cocinas de bosta, etc.) si
no se supera la capacidad de carga del territorio.
o En los procesos industriales, puesto que resulta inevitable el uso de otras
fuentes de energía (en la construcción de la maquinaria, en el transporte de
materiales y en algunos de los procesos imprescindibles, como el empleo
de maquinaria agrícola durante el cultivo de materia prima), las emisiones
producidas por esas fuentes se contabilizan como emisiones netas. En
procesos poco intensivos en energía pueden conseguirse combustibles con
emisiones netas significativamente menores que las de combustibles
fósiles comparables. Sin embargo, el uso de procesos inadecuados (como
sería la destilación con alambique tradicional para la fabricación de orujos)
puede conducir a combustibles con mayores emisiones.
o Hay que analizar también si se producen otras emisiones de gases de
efecto invernadero. Por ejemplo, en la producción de biogás, un escape
accidental puede arruinar completamente el balance cero de emisiones,
puesto que el metano tiene un potencial 21 veces superior al dióxido de
carbono, según el IPCC.
Tanto en el balance de emisiones como en el balance de energía útil no debe
olvidarse la contabilidad de los inputs indirectos de energía, tal es el caso de la
energía incorporada en el agua dulce empleada. La importancia de estos
inputs depende de cada proceso, en el caso del biodiésel, por ejemplo, se
estima un consumo de 20 kilogramos de agua por cada kilogramo de
combustible: dependiendo del contexto industrial la energía incorporada en el
agua podría ser superior a la del combustible obtenido. 3
Si la materia prima empleada procede de residuos, estos combustibles ayudan
al reciclaje. Pero siempre hay que considerar si la producción de combustibles
es el mejor uso posible para un residuo concreto.
Si la materia prima empleada procede de cultivos, hay que considerar si este
es el mejor uso posible del suelo frente a otras alternativas (cultivos
alimentarios, reforestación, etc). Esta consideración depende sobre manera de
las circunstancias concretas de cada territorio.
Algunos de estos combustibles (bioetanol, por ejemplo) no emiten
contaminantes sulfurados o nitrogenados y casi no liberan partículas sólidas,
pero otros sí (por ejemplo, la combustión directa de madera).