Autoetnografía
Una metodología cualitativa
Silvia M. Bénard Calva
Selección de textos
Autoetnografía
Una metodología cualitativa
Primera edición 2019
D.R.© Universidad Autónoma de Aguascalientes
Av. Universidad 940, Ciudad Universitaria
Aguascalientes, Ags., 20131
www.uaa.mx/direcciones/dgdv/editorial/
D.R.© El Colegio de San Luis, A.C.
Parque de Macul 155
Fracc. Colinas del Parque, CP 78294
San Luis Potosí, S.L.P.
www.colsan.edu.mx
©
Silvia Marcela Bénard Calva (Selección de textos)
Silvia Marcela Bénard Calva (Traductor)
María de la Luz Luévano Martínez (Traductor)
Alejandro Rodríguez Castro (Traductor)
Carolyn Ellis
Tony E. Adams
Arthur P. Bochner
Laurel Richardson
Elizabeth Adams St. Pierre
Judith Preissle
Kathleen DeMarrais
Carol Rambo Ronai
Jillian A. Tullis
Micheal R. Burns
Dennis G. Jerz
ISBN UAA 978-607-8652-89-1
ISBN COLSAN 978-607-8666-41-6
Hecho en México
Made in Mexico
Autoetnografía: un panorama1
Carolyn Ellis2
Tony E. Adams3
Arthur P. Bochner4
Resumen
La autoetnografía es un acercamiento a la investigación y
a la escritura, que busca describir y analizar sistemática-
mente la experiencia personal para entender la experiencia
cultural. Esa perspectiva reta las formas canónicas de hacer
investigación y de representar a los otros, pues la considera
1 Recuperado de Ellis, C., Adams, T. y Bochner, A. (2010). Autoethnogra-
phy: an overview. Forum: Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative
Social Research, 12(1). Recuperado de http://www.qualitativeresearch.net/
index.php/fqs/article/view/1589/3095. Publicado por primera vez en: Ellis
C., Adams T. y Buchner A. (2010). Autoethnografie. En Mey G.& Ruck K.
(Eds.). Handbuch Qualitative Forschung in Der Psichologie. Alemania: VS
Verlag/springer. Reimpreso con el amable permiso de los autores.
2 Departmento de Comunicación. Universidad del Sur de Florida.
3 Departmento de Comunicación, media y teatro del noreste. Universidad de
Illinois.
4 Departmento de Comunicación. Universidad del Sur de Florida.
AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
como un acto político, socialmente justo y socialmente consciente. El investi-
gador usa principios de autobiografía y de etnografía para escribir autoetno-
grafía. Por ello, como método, la autoetnografía es a la vez proceso y producto.
Palabras clave: autoetnografía, ética relacional, narrativas co-construidas,
entrevistas interactivas, narrativa, etnografía, narrativa personal, etnogra-
fía narrativa.
Contenidos:
• Historia de la autoetnografía
• Hacer autoetnografía: el proceso
• Escribir autoetnografía: el producto
• Potencialidades, temas y críticas de la autoetnografía
• Formas y aproximaciones a la autoetnográfica
• La escritura como terapia
• Ética relacional
• Fiabilidad, generalización y validez
• Críticas y respuestas
Historia de la autoetnografía
La autoetnografía es un acercamiento a la investigación y la escritura que
busca describir y analizar sistemáticamente (grafía) experiencias personales
(auto) para entender la experiencia cultural (etno) (Ellis, 2004; Holman Jones,
2005). Esta perspectiva reta las formas canónicas de hacer investigación y de
representar a los otros (Spry, 2001), pues considera la investigación como un
acto político, socialmente justo y socialmente consciente (Adams & Holman
Jones, 2008). El investigador usa principios de autobiografía y de etnografía
para escribir autoetnografía. Por ello, como método, la autoetnografía es am-
bas: proceso y producto.
La “crisis de confianza” infundida por el posmodernismo de los años de
la década de 1980 introdujo nuevas y abundantes oportunidades para trans-
formar las ciencias sociales, con el fin de replantear sus objetivos y las formas
de hacer investigación. Gradualmente, los investigadores comenzaron a sen-
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Autoetnografía: un panorama
tirse incómodos por las limitaciones ontológicas, epistemológicas y axiológi-
cas de las ciencias sociales (Ellis y Boucher, 2000). En particular, se comenzó
a ilustrar cómo los “hechos” y “verdades” científicas “encontradas”, estaban
intrincadamente ligadas al vocabulario y a los paradigmas que los científicos
usaban para representarlos (Kuhn, 1996; Rorty, 1982); asimismo, se reconoció
la imposibilidad y la falta de deseo de comprender las narrativas universales
(De Certeau, 1984; Lyotard, 1984); reconocieron las nuevas relaciones entre
autores, audiencias y textos (Barthes, 1977; Derrida, 1978; Radway, 1984); y
se dieron cuenta de que las historias eran complejas, constitutivas, fenómenos
llenos de sentido que mostraban una moral y ética, que vehiculaban maneras
únicas de pensar y sentir, y que ayudaban a las personas a dar sentido a sí mis-
mos y otros (Adams, 2008; Bochner, 2001, 2002; Fisher, 1984). Aún más, había
una necesidad creciente de resistir al colonialismo, a los estériles impulsos de
investigación que se inscriben autoritariamente en una cultura para explotar a
sus miembros, y después, despreocupadamente, partir y escribir para obtener
beneficios económicos o profesionales, ignorando lazos con los miembros del
grupo investigado (Conquergood, 1991; Ellis, 2007; Riedmann, 1993).
Con el tiempo, los académicos de un gran espectro de disciplinas contem-
plaron lo que pasaría si las ciencias sociales comenzaran a estar más cercanas
a la literatura que a la física, es decir, si ellos propusieran historias en lugar de
teorías y estuvieran más conscientes de estar centrados en sus valores, más que
pretender no tenerlos (Bochner, 1994). Muchos de estos académicos voltearon
hacia la autoetnografía buscando una respuesta positiva a la crítica de las ideas
canónicas sobre lo que era hacer investigación y cómo la investigación debía
estar hecha. En particular, se concentraron en formas de producir investiga-
ciones con sentido, accesibles y evocativas, arraigadas en la experiencia perso-
nal; que sensibilizaran a los lectores frente a cuestiones tales como la identidad
política, las experiencias escondidas en el silencio, y que permitieran ahondar
en las formas de representación que profundizaran en nuestra capacidad de
empatizar con personas distintas a nosotros mismos (Ellis & Bochner, 2000).
Los autoetnógrafos reconocen innumerables maneras en que la experiencia
personal influye en el proceso de investigación. Por ejemplo, los investigadores
deciden quién, qué, cuándo, dónde y cómo investigar; y las decisiones están
necesariamente ligadas a los requerimientos institucionales (por ejemplo, co-
mités de evaluación institucional), recursos (por ejemplo financiamiento), y la
circunstancia personal (por ejemplo, un académico investiga sobre el cáncer
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AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
porque ha tenido una experiencia personal con la enfermedad). Los inves-
tigadores pueden también cambiar nombres y lugares por protección (Fine,
1993), comprimir años de investigación en un solo texto y construir un estu-
dio de una manera predeterminada, por ejemplo, usando una introducción,
literatura crítica, sección de métodos, hallazgos y conclusión (Tullis, McRae,
Adams y Vitale, 2009). No obstante, algunos investigadores aún asumen que
la investigación puede hacerse desde una postura neutral, impersonal y obje-
tiva (Atkinson, 1997; Buzard, 2003; Delamont, 2009); aunque la mayoría aho-
ra reconoce que dicha presunción no está fundada (Bochner, 2002; Denzin y
Lincoln, 2000; Rorty, 1982). Consecuentemente, la autoetnografía es una de
las perspectivas que reconocen y dan lugar a la subjetividad, a lo emocional, y
a la influencia del investigador en la investigación, en lugar de esconder estas
cuestiones o asumir que no existen.
Además, los académicos reconocieron que diferentes personas tienen
diferentes supuestos acerca del mundo –diferentes maneras de hablar, escri-
bir, valorar y creer– y que las formas convencionales de hacer y pensar la in-
vestigación son estrechas, limitantes y parroquiales. Estas diferencias pueden
fincarse en raza (Anzaldúa, 1987; Boylorn, 2006; Davis, 2009), género (Blair,
Brown y Baxter, 1994; Keller, 1995), sexualidad (Foster, 2008; Glave, 2005),
edad (Dossa, 1999; Paulson & Willig, 2008), habilidades (Couser, 1997; Ger-
ber, 1996), clase (Hooks, 2000; Dykins Callahan, 2008), educación (Delpit,
1996; Valenzuela, 1999), o religión (Droogsma, 2007; Minkowitz, 1995).
Mayoritariamente aquellos que abogan e insisten en las formas canónicas
de hacer y escribir la investigación respaldan una perspectiva blanca, mas-
culina, heterosexual, de clase media alta, cristiana y corporalmente capaz.
Al seguir estas convenciones, el investigador no sólo descuida otras maneras
de saber, sino que también implica que otras maneras son necesariamente
insatisfactorias e inválidas. La autoetnografía, por otro lado, expande y abre
la mirada sobre el mundo y se aparta de definiciones rígidas de lo que se
considera la investigación significativa o útil. Este acercamiento también nos
ayuda a entender cómo las diferentes personas sobre las cuales hablamos son
percibidas o son influenciadas por las interpretaciones de lo que estudiamos,
sobre cómo lo estudiamos o lo que decimos sobre nuestro tema (Adams,
2005; Wood, 2009).
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Autoetnografía: un panorama
Hacer autoetnografía: el proceso
Como método, la autoetnografía combina características de la autobiografía y
la etnografía. Cuando se escribe una autobiografía, el autor escribe sobre ex-
periencias pasadas, retrospectiva y selectivamente. Generalmente el autor no
vive esas experiencias sólo para convertirlas en un documento publicado, sino
que esas experiencias se ensamblan a posteriori (Bruner, 1993; Denzin, 1989;
Freeman, 2004). En el proceso de escribir, el autor también puede entrevistar a
otros y consultar textos, tales como fotografías, diarios y grabaciones que ayu-
den a recordar (Delany, 2004; Didion, 2005; Goodall, 2006; Herrmann, 2005).
Muy frecuentemente, los autobiógrafos escriben sobre “epifanías” –aque-
llos momentos que recuerdan algo que ha tenido un impacto significativo
en la trayectoria de la vida personal– (Bochner y Ellis, 1992; Couser, 1997;
Denzin, 1989); periodos de crisis existenciales que constriñen a una persona a
atender y analizar la experiencia vivida (Zaner, 2004); o aquellos eventos luego
de los cuales la vida ya no parece ser la misma. Una epifanía se reclama como
un fenómeno que una persona puede considerar como una experiencia que
la transformó, y que otra puede no considerarla así. Las epifanías revelan las
formas en las que una persona pudo negociar “situaciones intensas” y “efec-
tos que permanecen –remembranzas, recuerdos, imágenes, sentimientos– largo
tiempo después de que un incidente crucial supuestamente ha pasado” (Bochner,
1984: 595).
Cuando los investigadores hacen etnografía, estudian una práctica cultu-
ral relacional, valores y creencias comunes, y experiencias compartidas, con el
propósito de ayudar a los miembros del grupo (insiders), y a los culturalmente
extraños (outsiders) a entender mejor una cultura (Maso, 2001). Los etnógrafos
se convierten en observadores participantes dentro de una cultura –esto es, to-
mando notas de campo de sucesos, así como de sí mismos tomando parte, o de
la participación de los demás en estos acontecimientos (Geertz, 1973; Goodall,
2001). Un etnógrafo también puede entrevistar a los miembros de una cultura
en particular (Berry, 2005; Nicholas, 2004), examinar la manera en que sus
miembros hablan y se relacionan (Ellis, 1986; Lindquist, 2002), investigar los
usos del espacio y los lugares (Corey, 1996; Makagon, 2004; Philipsen, 1976),
o analizar objetos como la ropa y la arquitectura (Borchard, 1998), textos
tales como libros, películas y fotografías (Goodall, 2006; Neumann, 1999;
Thomas, 2010).
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AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
Cuando los investigadores realizan autoetnografía, escriben retrospecti-
va y selectivamente sobre epifanías que derivan, o que fueron posibles, gracias
a que son parte de una cultura o tienen una identidad cultural específica. Sin
embargo, además de relatar sobre sus experiencias, a los autoetnógrafos se les
pide que cumplan con el protocolo de publicación de las ciencias sociales para
analizar estas experiencias. Tal como Mitch Allen expone, un autoetnógrafo
debe:
[…] observar la experiencia de manera analítica. De otra manera, [estarías]
contando [tu] historia –y está bien–. Pero muchas personas lo hacen con
Oprah [presentadora de un programa de televisión en EE. UU.] todos los
días. ¿Por qué tu historia es más válida que la de alguien más? Lo que hace
tu historia más válida es que tú eres un investigador. Tienes un conjunto de
herramientas teóricas y metodológicas, y bibliografía que puedes usar. Ésa es
tu ventaja. Si no puedes hacer un análisis utilizando dichas herramientas y la
literatura, y sólo la expones como “mi historia”; entonces ¿por qué privilegiar
tu historia sobre la de cualquier otra persona de las que puedo ver 25 veces al
día en la televisión? (entrevista personal, 4 de mayo 2006).
Los autoetnógrafos no sólo deben usar sus herramientas metodológi-
cas o la literatura de investigación para analizar una experiencia, sino que
también deben considerar las formas en las que otros experimentan epifa-
nías similares; deben utilizar la experiencia personal para ilustrar facetas de
una experiencia cultural y, así, hacer que las características de una cultura
sean familiares para los del grupo y los externos. Para lograrlo, se requerirá
comparar y contrastar la experiencia personal con la investigación existente
(Ronai, 1995, 1996); entrevistar a los miembros de esa cultura (Foster, 2006;
Marvasti, 2006; Tillmann-Healy, 2001), o examinar artefactos culturales re-
levantes (Boylorn, 2008; Denzin, 2006).
Escribir autoetnografía: el producto
Para que los autores escriban una autobiografía, en la mayoría de los casos se
espera que ellos cuenten con un amplio manejo de medios impresos (Adams,
2008; Lorde, 1984; Gergen y Gergen, 2010) para un uso de medios adicionales,
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Autoetnografía: un panorama
con el fin de hacer y presentar las investigaciones desde el enfoque performa-
tivo de las ciencias sociales. La autobiografía debe ser estética y evocadora,
enganchar a los lectores y usar las convenciones de la narrativa en sus histo-
rias, tales como personajes, escenas, tramas (Ellis & Ellington, 2000), o una
progresión de la historia de forma cronológica o fragmentada (Didion, 2005;
Frank, 1995). Una autobiografía también debe mostrar nuevas perspectivas de
la experiencia personal –sobre las epifanías– buscando y llenando el “vacío”
que existe entre historias relacionadas con ella (Couser, 1997; Goodall, 2001).
Los autobiógrafos pueden redactar textos estéticos y sugerentes utilizan-
do técnicas “que muestren” (Adams, 2006; Lamott, 1994), las que han sido
diseñadas para llevar “a los lectores a la escena” –particularmente hacia pensa-
mientos, emociones y acciones (Ellis, 2004)– con el fin de “vivir una experien-
cia” (Ellis, 1993: 711; Ellis & Bochner, 2006). Frecuentemente, el uso de una
conversación “que muestra” permite a los escritores hacer eventos integrado-
res y emocionalmente ricos. “Contar” es una estrategia de escritura que funcio-
na para “mostrar”; ofrece a los lectores cierta distancia de los acontecimientos
descritos para que puedan pensar en los eventos de una manera más abstracta.
Añadir un poco de “contar” a la historia que se “muestra” es una manera eficaz
de transmitir la información necesaria para apreciar lo que está pasando, así
como una manera de comunicar la información que no necesariamente requiere
de la inmediatez del diálogo, ni un vínculo sensible.
Los autobiógrafos también pueden hacer textos artísticos y evocativos
alterando el punto de vista del autor. A veces pueden utilizar la primera perso-
na para contar una historia, por lo general, cuando éstos la observan o viven
personalmente una interacción y participan como “testigos oculares” de una
manera íntima e inmediata (Cauley, 2008). En otras ocasiones pueden utilizar
la segunda persona para llevar a los lectores a la escena; para presenciar acti-
vamente con el autor, una experiencia de la que se es parte, de manera que el
lector no se sienta distanciado del evento relatado (por ejemplo, Glave, 2005;
McCauley, 1996; Pelias, 2000). También pueden usar la segunda persona para
describir momentos que parecen muy difíciles de narrar (Glave, 2005; Pelias,
2000; McCauley, 1996). A veces los autobiógrafos usan la tercera persona para
establecer el contexto en una interacción, reportar resultados y presentar lo
que otros hacen o dicen (Cauley, 2008).
Cuando los investigadores escriben etnografías, ellos producen “descrip-
ciones densas” de una cultura (Geertz, 1973: 10; Goodall, 2001). El propósito
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AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
de estas descripciones es facilitar el entendimiento de esa particular cultura,
tanto entre los “propios” como en “ajenos”; descripciones que son creadas (in-
ductivamente) aclarando los patrones de la experiencia cultural –sentimientos
repetidos, historias y eventos–, como se evidencia en las notas de campo, en-
trevistas u objetos (Jorgenson, 2002).
Cuando los investigadores escriben autoetnografías, buscan producir
descripciones densas, estéticas y evocativas de experiencias personales e inter-
personales. Esto se logra primeramente discerniendo los patrones de la expe-
riencia cultural evidenciada en las notas de campo, entrevistas u artefactos, y
después, describiendo dichos patrones usando etapas de narración (por ejem-
plo, el carácter y desarrollo de la trama), mostrando y contando, alterando
las voces narrativas. De esta manera, el autoetnógrafo no sólo trata de hacer
significativas y comprometidas las experiencias personales y culturales, sino que
también produce textos accesibles con el fin de tener un público más amplio y
diverso; lo que el reporte de investigación tradicional generalmente desatiende;
una acción que haga posible un cambio social y personal con mayor número de
personas (Bochner, 1997; Ellis, 1995; Goodall, 2006; Hooks, 1994).
Potencialidades, temas y críticas de la autoetnografía
Formas y aproximaciones a la autoetnografía
Las formas de la autoetnografía difieren en el énfasis que se pone en el estudio
de otros, en el yo del investigador y en la interacción con los otros; en el aná-
lisis tradicional y en el contexto de la entrevista, así como en las relaciones de
poder.
Por ejemplo, las etnografías de indígenas/nativos, desarrolladas a par-
tir de personas colonizadas o económicamente subordinadas, sirven para
irrumpir y enfrentar el poder instituido mediante el proceso de investigación;
particularmente por el derecho del investigador (externo a la cultura) y su
autoridad para estudiar a los otros (exóticos). Otrora al servicio del etnógrafo
(hombre, blanco, heterosexual, clase media alta, cristiano, capaz), ahora los
etnógrafos nativos/indígenas trabajan para construir sus propias historias per-
sonales y culturales, ya no encuentran excusable el ser sometidos (a la fuerza)
(Denzin, Lincoln & Smith, 2008).
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Autoetnografía: un panorama
Las etnografías narrativas son textos presentados en forma de historias
que incorporan las experiencias de los etnógrafos en descripciones etnográ-
ficas y los análisis de otros. Aquí el énfasis está en el estudio etnográfico de
los demás, lo cual se completa, en parte, atendiendo a los encuentros entre el
narrador y los miembros de los grupos que son estudiados (Tedlock, 1991),
articulando la narrativa con el análisis de los patrones y los procesos.
Las entrevistas diádico-reflexivas se enfocan en los significados produci-
dos interactivamente y en la dinámica emocional de la entrevista. Se enfocan
en el participante y su historia, sus palabras y sus pensamientos, así como en
los sentimientos del investigador. Por ejemplo, la motivación personal para
realizar un proyecto, el conocimiento de los temas tratados, las respuestas
emocionales a una entrevista, y las formas en que el entrevistado pudo haberse
transformado en el proceso de la entrevista. Aunque la experiencia del inves-
tigador no es el principal objeto de estudio, las reflexiones personales añaden
contexto y capas a las historias que los participantes cuentan (Ellis, 2004).
Las etnografías reflexivas documentan las formas en que el mismo in-
vestigador cambia, resultado del trabajo de campo. Las etnografías reflexivo/
narrativas existen desde el comienzo de la investigación de la biografía del
etnógrafo, del estudio de su vida junto al grupo cultural investigado, hasta las
memorias etnográficas (Ellis, 2004: 50) o “relatos confesionales” (Van Maanen,
1988), donde los esfuerzos de investigación, entre bambalinas, se convierten
en el objeto de la investigación (Ellis, 2004).
Las narrativas en capas a menudo se enfocan en la experiencia del autor,
en los datos, en el análisis abstracto y en la literatura. Esta forma de presenta-
ción enfatiza la naturaleza procedural de la investigación. Al igual que la teoría
fundamentada, las cuentas en capas muestran cómo “la recopilación y el aná-
lisis de los datos se desarrollan simultáneamente” (Charmaz, 1983: 110); así, la
investigación existe como una “fuente de preguntas y comparaciones” en lugar
de “una medida de verdad” (Charmaz, 1983: 117). Sin embargo, a diferencia
de la teoría fundamentada, las cuentas en capas usan viñetas, reflexibilidad,
múltiples voces e introspección (Ellis, 1991), con el fin de “invocar” a los lec-
tores a entrar en “la experiencia emergente” de hacer y escribir investigación
(Ronai, 1992: 123); para concebir la identidad como un “proceso emergente”
(Ronai, 2005: 583); y, para considerar a los textos concretos y evocadores tan
importantes como los análisis abstractos (Ronai, 1995, 1996).
25
AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
Las entrevistas interactivas proveen un “entendimiento profundo e ínti-
mo de las experiencias de las personas, con una carga emocional, con temas
sensibles” (Ellis, Kiesinger y Tillmann-Healy, 1997: 121). Las entrevistas in-
teractivas son un esfuerzo de colaboración entre los investigadores y los par-
ticipantes. Son actividades de investigación en las cuales los investigadores y
participantes –que son uno y ellos mismos a la vez– trabajan conjuntamente
sobre temas que surgen en la conversación, sobre temas específicos (por ejem-
plo, trastornos de alimentación). Las entrevistas interactivas generalmente
consisten en sesiones múltiples –a diferencia de las investigaciones individua-
les, tradicionales con extraños–, que surgen en un contexto de relaciones bien
establecidas entre los participantes y entrevistadores (Adams, 2008). El énfasis
de este acercamiento está en lo que se puede aprender de la interacción en y
durante la entrevista, así como en las historias que cada persona trae al en-
cuentro de la investigación (Mey y Mruck, 2010).
Al igual que las entrevistas interactivas, las autoetnografías comunita-
rias usan la experiencia personal de los investigadores en colaboración, para
ilustrar cómo la comunidad manifiesta cuestiones sociales y culturales parti-
culares (por ejemplo, “ser blanco”) (Toyosaki, Pensoneau-Conway, Wendt &
Leathers, 2009). Las autoetnografías comunitarias no sólo facilitan prácticas
de investigación en “la construcción comunitaria”, sino que también crean
oportunidades para hacer posible la “intervención cultural y social” (Kardorff
& Schönberger, 2010: 59).
Las narrativas co-construidas ilustran el significado de las experiencias
relacionales, particularmente en lo que se refiere a cómo hacen las personas
en su conjunto frente a las ambigüedades, la incertidumbre y las contradicciones
del ser amigos, familia o compañeros íntimos. Las narrativas co-construidas ven
las relaciones como tramas creadas conjuntamente, incompletas e históricamen-
te situadas. Las actividades conjuntas dan lugar a co-construcción de proyectos
de investigación. A menudo, sobre o en torno a una epifanía, las personas indi-
vidualmente escriben primero su experiencia, y luego comparten y reaccionan
ante la historia que otro escribió al mismo tiempo (Bochner y Ellis, 1995; Toyo-
saki y Pensoneau, 2005; Vande Berg & Trujillo, 2008).
Las narrativas personales son historias de autores que se ven a sí mismos
como el fenómeno de estudio y escriben relatos sugerentes, específicamen-
te centrados en su vida académica, de investigación y personal (por ejemplo,
Berry, 2007; Goodall, 2006; Poulos, 2008; Tillmann, 2009). Éstas son, con fre-
26
Autoetnografía: un panorama
cuencia, las formas más controvertidas de la autoetnografía para los científi-
cos sociales tradicionales, especialmente si ellas no están acompañadas por un
análisis tradicional o con nexos a la literatura académica más tradicional. Las
narrativas personales proponen entender la experiencia propia u otro aspec-
to de la vida, y cómo ésta se intersecta con un contexto cultural ligado a los
otros participantes, como co-investigadores. Al tiempo, invitan a los lectores
a entrar al mundo del autor, y a utilizar lo que ahí aprenden, para reflexionar,
entender y hacer frente a sus propias vidas (Ellis, 2004).
La escritura como terapia
Escribir es una manera de conocer un método de investigación (Richardson,
2000). En consecuencia, escribir historias personales puede ser terapéutico
para los autores, escribir para darnos sentido a nosotros mismos y a nuestras
experiencias (Kiesinger, 2002; Poulos, 2008); deshacernos de nuestras cargas
(Atkinson, 2007), y cuestionar historias canónicas –convenidas, autoritarias
e historias “proyectivas” –que “argumentan” cómo se debe vivir “el ideal del
yo social” (Tololyan, 1987: 218; Bochner, 2001, 2002). Al hacerlo, buscamos
mejorar y comprender nuestras relaciones (Adams, 2006; Wyatt, 2008), redu-
cir el prejuicio (Ellis, 2002a, 2009), fomentar la responsabilidad personal y el
nivel de agencia (Pelias, 2000, 2007); crear conciencia y promover el cambio
cultural (Ellis, 2002b; Goodall, 2006); y dar a las personas una voz que, previa-
mente al ejercicio de la escritura, tal vez no habrían sentido poseer (Boylorn,
2006; Jago, 2002).
Escribir historias personales también puede ser terapéutico para los par-
ticipantes y los lectores. Por ejemplo, en Estados Unidos, durante los sesenta,
la feminista Betty Friedan (1964) identificó “el problema que no tiene nombre”
–“el vago descontento crónico” que muchas mujeres blancas de clase media
experimentan por no ser capaces de comprometerse con su “desarrollo per-
sonal”; particularmente por no ser capaces de trabajar fuera de casa, en am-
bientes de trabajo igualitarios y solidarios (Wood, 2009). Friedan observó que
muchas mujeres, amas de casa, no hablaban entre ellas sobre tal sentimiento.
Aisladas en las tareas del hogar gran parte del día, estas mujeres no tenían
la oportunidad de compartir sus historias de descontento; así que se sentían
solas en su lucha, como si su aislamiento y sus sentimientos fueran cuestiones
con las que ellas tuvieran que enfrentarse aisladas. Friedan se volcó a la escri-
27
AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
tura con el fin de presentar y compartir historias de mujeres. Su escritura no
sólo vino a funcionar como terapia para muchas mujeres, sino que también
motivó significativamente un cambio cultural en nuestra comprensión de las
políticas públicas hacia los derechos de las mujeres (Kiegelmann, 2010).
Así, escribir historias personales posibilita “dar testimonio” (Denzin,
2004; Ellis y Bochner, 2006) –ofrece a los participantes y lectores la posibilidad
de observar y dar cuenta de un hecho, un problema o experiencia (por ejem-
plo, Greenspan, 1998; Rogers, 2004). Escribir permite a un investigador o a un
autor identificar otros problemas que están envueltos en la confidencialidad –
por ejemplo, una conspiración del gobierno (Goodall, 2006) o el aislamiento que
una persona pueda sentir después de ser diagnosticada enferma (Frank, 1995),
o las perjudiciales normas de género (Crawley, 2002; Pelias, 2007). Como testi-
gos, los autoetnógrafos no sólo trabajan con otros para validar el significado de
su dolor, sino que también permiten a los participantes y a los lectores sentirse
validados o más capaces de enfrentar o desear cambiar sus circunstancias.
Ética relacional
Los investigadores no existen aislados. Vivimos conectados a redes sociales
las cuales incluyen amigos, parientes; socios y niños; colaboradores de trabajo
y estudiantes; y trabajamos en universidades y centros de investigación. En
consecuencia, cuando nosotros llevamos a cabo o escribimos una investiga-
ción, implicamos a otros en nuestro trabajo. Por ejemplo, si una mujer estudia
y desarrolla campañas antitabaco dentro de una universidad, las compañías
tabacaleras pueden abstenerse de apoyar financieramente a la susodicha uni-
versidad; aunque sea ella quien esté realizando la investigación, puede hablar
en nombre de otros, en este caso, en nombre de su universidad. Así mismo, en
las etnografías tradicionales, generalmente es identificable por los lectores la
ubicación de las comunidades, al igual que los participantes presentados en el
trabajo de campo (Vidich & Bensmann, 1958).
Esta “ética relacional” se intensifica para los autoetnógrafos (Ellis, 2007).
Tomando la experiencia personal, los autoetnógrafos no sólo se involucran a
sí mismos en su trabajo, sino también a quienes se encuentran cerca o son ín-
timos (Adams, 2006; Etherington, 2007; Trahar, 2009). Por ejemplo, si un hijo
cuenta una historia en donde se menciona a su madre, ella estará implicada
por lo que él dice; es difícil enmascarar a su madre sin alterar el significado
28
Autoetnografía: un panorama
y propósito de la historia. De igual manera, a las personas que participan en
un estudio de una comunidad; se puede identificar a un ministro, al alcalde
de una ciudad, a otro funcionario electo, o la madre del autor. Éstos serán
fácilmente reconocibles. O si una autoetnógrafa escribe una historia sobre los
actos racistas de uno de sus vecinos, éste estará implicado en sus palabras, aun-
que el autoetnógrafo no mencione su nombre (Ellis, 2009). Ella puede tratar de
encubrir la ubicación del nombre de la comunidad, pero no será difícil averiguar
dónde vive (y, en consecuencia, tampoco identificar al vecino de quien se habla).
Además, los autoetnógrafos a menudo mantienen lazos interpersonales
valiosos con sus participantes, ocasionando una relación ética más complica-
da. Frecuentemente los entrevistados son o se convierten en amigos a través
del proceso de investigación. Normalmente no los consideramos “sujetos” im-
personales a ser explotados como fuentes de información. En consecuencia,
las cuestiones éticas ligadas a las relaciones se convierten en una parte im-
portante del proceso de investigación y del producto (Tillmann-Healy, 2001,
2003; Tillmann, 2009; Kiegelmann, 2010).
Así, los autoetnógrafos consideran las “preocupaciones relacionales”
como una dimensión fundamental de la investigación (Ellis, 2007: 25; Trahar,
2009), las cuales se deben tener en mente a lo largo de la investigación y del
proceso de escritura. En muchas ocasiones, esto obliga a los autoetnógrafos a
mostrar su trabajo a los implicados en la investigación, o a quienes participan
en sus textos, permitiendo tanto la réplica como la oportunidad de que éstos
expresen cómo perciben lo escrito sobre ellos, además de responder al cómo
han sido representados en el texto. Al igual que los etnógrafos tradicionales,
los autoetnógrafos también están llamados a proteger la privacidad y seguri-
dad de otros, alterando las características que les identifican, tales como las
circunstancias, los temas tratados u otras particularidades como raza, género,
nombre, lugar y apariencia. Considerando que la esencia y el significado de la
historia de la investigación es más importante que el recuento exacto del de-
talle (Bochner, 2002; Tullis et al., 2009), los autoetnógrafos deben permanecer
conscientes de cómo estos dispositivos de protección pueden influir en la in-
tegridad de sus investigaciones; igualmente en la forma en que su trabajo será
interpretado y comprendido. Por lo regular, también tienen que ser capaces de
continuar viviendo en el mundo de las relaciones, al que su investigación se
incorpora después de haber sido terminada.
29
AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
Fiabilidad, generalización y validez
Los autoetnógrafos valoran la verdad narrativa basándose en el resultado del
relato –cómo se utiliza, cómo se entiende y es recibida por nosotros y otros,
como escritores, participantes, audiencias y simples personas (Bochner, 1994;
Denzin, 1989). Los autoetnógrafos también reconocen que lo que entendemos y
referimos como “verdad”, cambia a medida que el género de escritura o la repre-
sentación de la experiencia cambian (por ejemplo, la ficción o la no ficción; las
memorias, la historia o la ciencia). Por otra parte, reconocemos la importancia
de la contingencia. Sabemos que la memoria es falible, que es imposible recordar
o informar sobre eventos de manera exacta o sobre cómo esos acontecimientos
fueron vividos y sentidos; de igual manera, reconocemos que a menudo las per-
sonas que han vivido “el mismo” evento, frecuentemente suelen contar historias
diferentes sobre lo que pasó (Tullis et al., 2009). En consecuencia, cuando se
aplican términos como confiabilidad, validez y generalización a la autoetnogra-
fía, el contexto, el significado y utilidad de estos términos son alterados.
Para un autoetnógrafo, las cuestiones de fiabilidad se refieren a la credibi-
lidad del narrador. ¿Podría el narrador haber tenido las experiencias descritas
dada la evidencia de las “pruebas fácticas” disponibles? ¿El narrador cree que
esto es lo que le pasó realmente a él o a ella? (Bochner, 2002: 86) ¿El narrador
ha tomado una “licencia literaria” al punto en que la historia es percibida más
como una ficción que como un relato veraz?
Estrechamente relacionada con la fiabilidad, se encuentran las cuestio-
nes de la validez. Para los autoetnógrafos, la validez significa que una obra
busca verosimilitud; evoca en los lectores una sensación de que la experiencia
descrita es realista, creíble y posible; un sentimiento de que lo representado
podría ser verdad. La historia es coherente; conecta a los lectores con los escri-
tores y proporciona continuidad en sus vidas. Lo que importa es la forma en
que la historia permite al lector entrar en el mundo subjetivo del relator –ver
el mundo desde su punto de vista, incluso si este mundo no “encaja con la
realidad” (Plummer, 2001: 401). Una autoetnografía también puede ser juz-
gada en términos de si ayuda a los lectores a comunicarse con otras personas
diferentes a ellos mismos, o si ofrece una forma de mejorar las vidas de los
participantes y de los lectores, o del propio autor (Ellis, 2004). En particular,
los autoetnógrafos preguntan: “¿Qué tan útil es la historia?” y “¿Para qué fin
podría exponerse la historia?” (Bochner, 2002).
30
Autoetnografía: un panorama
La generalización es también importante para los autoetnógrafos, aun-
que no tiene el significado científico tradicional y social, que deriva y se aplica
en las grandes muestras aleatorias de encuestados. En autoetnografía el foco
de generalización se mueve de los entrevistados a los lectores, y siempre está
siendo probado por éstos para determinar si una historia les dice algo sobre su
experiencia, o sobre las vidas de otros que conocen; se determina si el autoet-
nógrafo (específico) es capaz de alumbrar (de manera general) sobre procesos
culturales desconocidos (Ellis y Bochner, 2000; Ellis y Ellingson, 2000). Los
lectores validan al comparar sus vidas a la nuestra, reflexionando sobre cómo
nuestras vidas son similares o diferentes a las suyas, pensando las razones del
porqué o percatándose de que las historias les han informado de personas y
vidas desconocidas (Ellis, 2004; Flick, 2010).
Críticas y respuestas
A medio camino entre etnógrafos y autobiógrafos, los autoetnógrafos a menu-
do somos criticados como si estuviésemos buscando alcanzar las mismas metas
que las obras canónicas de la etnografía tradicional o de las artes escénicas. Los
críticos quieren que la autoetnografía se apegue a los criterios aplicados normal-
mente a las etnografías tradicionales o a las normas de la escritura autobiográfi-
ca. Así, la autoetnografía es criticada por ser demasiado artística y no científica,
o por ser demasiado científica y no suficientemente artística.
Como parte de la etnografía, la autoetnografía es rechazada por los están-
dares de las ciencias sociales por ser insuficientemente rigurosa, teórica y ana-
lítica; o por tener un toque muy estético, emocional y terapéutico (Ellis, 2009;
Hooks, 1994; Keller, 1995). Los autoetnógrafos son criticados por hacer muy
poco trabajo de campo, por observar a muy pocos miembros de cierta cultura,
por no pasar suficiente tiempo con otros (distintos a sí) (Buzard, 2003; Fine,
2003; Delamont, 2009). Además, por usar su experiencia personal, se cree que
los autoetnógrafos no sólo usan datos supuestamente sesgados (Anderson,
2006; Atkinson, 1997; Gans, 1999), sino que también viven (Madison, 2006)
ensimismados en lo suyo y no cumplen con las obligaciones académicas de
las hipótesis, los análisis y la teorización.
Como parte de la autobiografía, la autoetnografía es descalificada por las
normas de escritura autobiográfica, así como por ser insuficientemente estéti-
ca y literaria, no suficientemente artística. Los autoetnógrafos son percibidos
31
AUTOETNOGRAFÍA. UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA
como más atentos a la imaginación científica sociológica que a tratar de tener
legitimidad como científicos. En consecuencia, los críticos dicen que los autoet-
nógrafos hacen caso omiso de la imaginación literaria, artística o de la necesidad
de talento artístico (Gingrich-Philbrook, 2005). Moro (2006), por ejemplo, cree
que se necesita ser un “súper” escritor para escribir autoetnografía.
Estas críticas posicionan erróneamente al arte y a la ciencia, contraponién-
doles mutuamente una condición que la autoetnografía busca corregir. La au-
toetnografía como método, intenta irrumpir en esta contraposición ciencia y
arte. Los autoetnógrafos creen que la investigación puede ser rigurosa, teórica
y analítica; emocional y terapéutica; inclusiva de fenómenos sociales y persona-
les. Los autoetnógrafos también valoran la necesidad de escribir y representar
la investigación de formas sugerentes, estéticas (por ejemplo, Ellis, 1995, 2004;
Pelias, 2000). Uno puede escribir de forma estéticamente atrayente, sin darse cita
con la ficción o sin tener la formación académica de un literato o un dramaturgo.
Las preguntas más importantes para los autoetnógrafos son: ¿quién lee nuestro
trabajo?, ¿cómo afecta a los lectores? y ¿cómo mantiene viva una conversación?
Además, en un mundo de diferencias (metodológicas), los autoetnógra-
fos encuentran fútil el debate sobre si la autoetnografía es un proceso de in-
vestigación válido o un producto (Bochner, 2000; Ellis, 2009). A menos que
se esté de acuerdo en un mismo objetivo, no podemos llegar a un acuerdo en
los términos en que podemos juzgar cómo lograrlo. Sencillamente, los auto-
etnógrafos toman un punto de vista diferente sobre cuál es la temática de las
ciencias sociales. En palabras de Rorty, estos puntos de vista diferentes “no son
problemas por resolver”; al contrario, son “una(s) diferencia(s) con la que se
han de vivir” (1982, p. 197). Los autoetnógrafos ven en la investigación y en
la escritura, actos socialmente justos. Más que tener una preocupación por la
exactitud, el objetivo es producir textos analíticos, accesibles, que nos cambien
a nosotros y al mundo en el que vivimos para mejorarlo (Holman Jones, 2005).
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