Revolución y Conflictos en Cholula
Revolución y Conflictos en Cholula
Merolico
G. José Juan
Bocanegra...
C. Bocanegra
G. José Juan
C. Bocanegra
Hombres en cantina
Merolico
G. José Juan
¿Quiénes son los ricos del pueblo? ¿Qué tienen? ¿Y cuánto tienen?
¿Quiénes son?
Fidel Bernal
El comandante de las fuerzas nos aseguró que no había peligro de que el pueblo cayera y
ahora estamos a merced de estos bandidos.
Maestro Apolonio
Fidel Bernal
Para el caso es lo mismo. Yo odio a estos que se dicen revolucionarios y que con ese
pretexto están destrozando el país y el comercio.
Rosa Bernal
Fidel.
Maestro Apolonio
No le pasó nada. Era una bala perdida de un reaccionario que iba de huida.
Fidel Bernal
Déjame en paz, Rosa. Vete con las mujeres, déjanos aquí a los hombres.
Ya les decía yo que nos debíamos de haber refugiado en la iglesia, con el señor cura.
Carlos Peñafiel
C. Bocanegra
Son ellos.
Beatriz Peñafiel.
Yo te acompaño, papá.
Carlos Peñafiel.
Fidel
Padre Rafael
No se preocupe usted, Beatriz. Parece una ironía de la vida, pero el general que tomó el
pueblo, el general José Juan Reyes y yo fuimos al seminario juntos durante algún
tiempo. Nos quisimos como hermanos. No creo que eso se le haya olvidado. Esté usted
tranquila.
C. Bocanegra
Sierrita.
Padre Rafael
José Juan
Padre Rafael
Bocanegra...
C. Bocanegra
Ordene, mi general.
G. José Juan
C. Bocanegra
Sí, mi general
Padre Rafael
Padre Rafael
Esperaré, José Juan, y también espero que no vayas a hacer nada que sea indigno de ti.
Siéntate.
Que te sientes, te digo.
C. Bocanegra
G. José Juan
Carlos Peñafiel
Soy yo.
G. José Juan
Acérquese.
Le estoy diciendo que se acerque.
Usted sabe a lo que he venido a este pueblo.
Carlos Peñafiel
Sí.
G. José Juan
Me extraña haberlo encontrado por aquí. ¿Por qué no se fue con ellos?
Carlos Peñafiel
Porque esta es mi tierra. Aquí nací y aquí me han de enterrar con los míos. Además, no
creo que ustedes vayan a durar aquí mucho tiempo.
G. José Juan
Carlos Peñafiel
G. José Juan
Brama usted muy golpeado, amigo, pero a la vaca mañosa hay que saberla ordeñar. Si no
fuera por eso…
Carlos Peñafiel
Pierde usted el tiempo. Lo que tengo no está donde me lo pueda robar un cualquiera.
Padre Rafael
Don Carlos
G. José Juan
Fidel Bernal
A sus órdenes, mi general. Yo soy Fidel Bernal, comerciante, para servirle y para servir
en todo al gobierno que usted representa. No sabe usted el gusto que me da que hayan
libertado al pueblo de Cholula.
G. José Juan
Pues me da gusto ver que haya gente razonable entre ustedes, gente dispuesta a cooperar
con nosotros.
Fidel Bernal
No faltaba más, mi general. En todo y por todo. Puede usted contar conmigo
incondicionalmente, aunque no tengo nada.
G. José Juan
Pues por lo pronto puede usted cooperar con $30,000 pesos en efectivo.
Fidel Bernal
G. José Juan
$30,000 pesos y todo el ganado que mandó usted remontar hace unos días.
Fidel Bernal
Sería la ruina.
G. José Juan
Y también todas las existencias de trigo y de azúcar que tiene acaparadas aquí mismo en
Cholula.
Fidel Bernal
G. José Juan
No entiende, pero bien que se aprovecha. Acapara los alimentos y sube los precios y el
pueblo que pague y que pase hambres.
Las revoluciones... las revoluciones no se hacen para que unos se hagan ricos a costa de
la sangre de los que combaten por sus convicciones.
Cualquier causa puede tener enemigos porque los hombres tienen derecho a pensar
libremente o no son hombres libres. Se puede sentir respeto por el enemigo que lucha y
muere por la causa que él considera justa, pero aquellos que se tambalean entre dos
bandos, los que quieren estar bien con todos, los que no son enemigos de nadie y cuando
hay una lucha y que se juegan los destinos futuros de la patria, ésos son los verdaderos
traidores, los bastardos, las sanguijuelas que se alimentan chupando la sangre de sus
hermanos.
Bocanegra…
C. Bocanegra
A la orden, mi general.
G. José Juan
…fusílalo.
C. Bocanegra
Sí, mi general
Fidel Bernal
No, no, no, mi general. No, por favor, mi general, no me mate. Yo le doy los $30,000
pesos y el ganado, pero no me mate, mi general. No me mate, mi general. No me mate,
mi general, por lo que más quiera. Yo le doy $100,000 pesos. Todo mi dinero, mis
alhajas, pero no me mate. Le digo que le doy todo, todo. Mi esposa que es muy joven y
muy bella, pero no me mate, mi general.
G. José Juan
Fidel Bernal
G. José Juan
Bocanegra, ya sácalo.
Fidel Bernal
Ay, no, por Dios. Virgencita mía. No, virgencita, no. Mi virgencita, no. No, no por Dios.
No, no, no, no, no...
Bocanegra
G. José Juan
Bocanegra
C. Bocanegra
Ordene, mi general.
G. José Juan
Los anillos
C. Bocanegra
Qué mi general. A usted no se le escapa nada. Qué lindo es tener un jefe así, aunque no
le toque a uno nada.
G. José Juan
Mr. Roberts
G. José Juan
Mr. Roberts
G. José Juan
¿A la ciudad de México? ¿Y qué va a hacer a la ciudad de México?
Mr. Roberts
Nada de política me lleva allá. Le estoy diciendo la verdad. Voy allá a comprar las donas
y el traje de novia. Espero casarme muy pronto en este pueblo con la hija de don Carlos
Peñafiel, a quien usted ya conoce.
G. José Juan
C. Bocanegra
G. José Juan
C. Bocanegra
Sí, mi general.
Mr. Roberts
G. José Juan
Maestro Apolonio
Yo soy Apolonio Sánchez, el maestro de escuela, señor mi general, y soy del norte, de
Sinaloa.
G. José Juan
G. José Juan
Maestro Apolonio
Maestro Apolonio
C. Bocanegra
¿No oyó?
G. José Juan
Maestro Apolonio
Sin querer ofender a nadie, quiero participarle, mi señor general, que desde hace 7
decenas que el gobierno no me paga y pues tengo cerrada la escuela desde la semana
pasada.
G. José Juan
¿Y cuánto es su chivo?
Maestro Apolonio
¿Cómo?
G. José Juan
¿Que cuánto gana diario?
Maestro Apolonio
$1.75 diarios, señor general, y antes ganaba $2 pesos pero ahora nos rebajan 25 centavos
y no sé por qué.
G. José Juan
Maestro Apolonio
A casi todo el pueblo. Y perdóneme que no los haya contado. Son muchos. No caben en
la escuela.
G. José Juan
Siete decenas.
Maestro Apolonio
Sí, señor.
G. José Juan
Y $1.75 diarios.
Maestro Apolonio
Sí, señor.
G. José Juan
Aquí tiene usted $200 pesos, profesor. Después le pagaremos lo que se le debe. Y desde
mañana, gana usted el doble.
Maestro Apolonio
G. José Juan
Bueno, ándele, váyase a abrir la escuela.
Maestro Apolonio
Con su permiso.
Hombre en la puerta
Pasa.
G. José Juan
Mira, Bocanegra, toma esta lista y sácate éstos. Que te den lo que esté apuntado y si se
niegan, ya sabes lo que tienes que hacer.
C. Bocanegra
¿Y los cuatro viejos que les están dando chicharrón allá afuera?
G. José Juan
C. Bocanegra
Media vuelta. Conversión pa´, escalera. Marchen, marchen. Vamos, vamos, vamos.
Padre Rafael
G. José Juan
Mira, Adelita, mejor vete a jugar allá afuera, ¿quieres?
Adelita
Sí, papacito.
G. José Juan
Padre Rafael
G. José Juan
Tú eres el cura del pueblo. En ustedes sí tienen confianza. ¿Dónde lo tienes escondido?
Padre Rafael
No tengo dinero de los ricos; sólo un poco de los pobres. Las limosnas de todo un año,
pero no creo que eso te pueda interesar. No llega a $200 pesos.
G. José Juan
En lo personal no me interesa el dinero, pero para la causa sí me interesa, por poco que
sea. ¿Es todo lo que tienes?
Padre Rafael
Eso es todo. Es decir, de valor hay otras cosas, como hubo en todas las iglesias:
candelabros, vasos sagrados, casullas; ya no queda gran cosa.
G. José Juan
Padre Rafael
G. José Juan
Es una gran pintura: La pintó en 1698, si no me equivoco. Y tenía que ser una gran
pintura si la pintó un Juárez.
Padre Rafael
G. José Juan
Con Rodríguez o como quieras, pero un Juárez. Mira, eres tan ingenuo, que te apuesto a
que ni siquiera te has dado cuenta que en cierto modo tú y yo somos iguales.
Padre Rafael
¿Iguales? Somos iguales como todos los hombres son iguales ante dios.
G. José Juan
No, Rafael, no ante dios, que yo no sé mucho de esas cosas. Aquí abajo. Sí, aquí en la
tierra.
Mira, tú predicas y luchas a tu manera por un mundo eterno del mañana en el que el bien
tiene su premio y el mal tiene su castigo, un mundo lejano al que aspiran a llegar todos
los hombres porque creen que en ese mundo podrán tener la dicha eterna.
Padre Rafael
G. José Juan
La manga. Hay que tener fe en la vida sin pensar en la muerte. Por eso yo lucho porque
nuestro mundo, este mundo de vida, de carne y de tierra, sea un lugar donde los hombres
puedan vivir mejor. Porque el hombre que vive bien, suele siempre ser un hombre de
bien, y esos hombres de bien son las almas buenas que recibirán el premio que tú les has
prometido.
Nuestras armas y nuestros medios son distintos, es cierto. Pero yo, es decir, nosotros,
vamos abriendo la tierra y tú vas echando la semilla en esos surcos abiertos.
Padre Rafael
Como quieras, pero hay más de un camino y no me podrás negar que servir al hombre es
también servir a dios
Padre Rafael
G. José Juan
El rebaño le pertenece al señor y también nos pertenece a nosotros. Por eso el día en que
los hombres de lucha y los hombres contemplativos que cuidan de las almas estuvieran
unidos, entonces nuestros hermanos de la tierra serían hombres mejores y la patria, que
es el cielo de la tierra, sería una patria mejor, y el cielo, tu cielo, tendría más almas
puras, que lo convertirían en cierto modo en una como patria eterna, que serviría de
inspiración para las generaciones del mañana.
Padre Rafael
Hay mucho de verdad en lo que dices, José Juan. Pero esa inquietud, esa preocupación
por el bienestar de los hombres que arde dentro de ti también la hemos tenido y la
seguimos teniendo nosotros. Y si no, piensa en la obra de los misioneros del siglo XVI.
Nadie podrá negar que ellos no sólo se preocuparon por el bienestar material y espiritual
de los hombres, sino que muchos de ellos perdieron la vida al buscarles ese bienestar.
G. José Juan
Adelita
G. José Juan
Adelita
Sí, papacito.
Padre Rafael
G. José Juan
No, pero como su padre fue compañero mío, casi mi hermano. Su madre, una soldadera.
Murieron en la volcadura de un tren.
Padre Rafael
¿Y por qué la tienes aquí? Esta no es una vida propia para una niña.
G. José Juan
La dejé al cuidado de unos parientes lejanos, pero pronto me di cuenta que la gente no
quiere a los niños ajenos. No me la trataban bien, y ni remedio, no tengo más hogar que
mi silla vaquera, pero la mocosa me quiere y está mejor conmigo.
Padre Rafael
G. José Juan
De eso, quién sabe, pero ustedes sí han hecho buenos generales. Te digo eso por si acaso
se te había olvidado.
Padre Rafael
G. José Juan
Mientras esté yo aquí, puedes hacer lo que quieras y puedes hacerlo desde ahora mismo.
Es decir, si sigues el camino que les trazaron a ustedes los misioneros del siglo XVI.
Padre Rafael
Muchas gracias, José Juan. Entonces, con tu permiso. Me voy para la iglesia.
G. José Juan
Hombre en la puerta
Pasa
Mr. Roberts
G. José Juan
¿Un qué?
Mr. Roberts
Mr. Roberts
Pues hable.
Mr. Roberts
G. José Juan
No
Mr. Roberts
G. José Juan
¿Por qué?
Mr. Roberts
Porque cuando uno ama a una mujer, también se ama todo lo que la rodea a ella.
G. José Juan
Mr. Roberts
Sí, precisamente, y muy enamorado, y el señor peñafiel, que tiene usted detenido, es su
papá de mi novia.
Yo sé que usted lo considera enemigo de la revolución, y lo es, en cierto modo. Sus
ideas son a la antiguo, pero no cambiará. Mire, mi general, le voy a hablar con la mano
en el corazón, como dicen ustedes los mexicanos. Yo quiero mucho a mi novia y es por
ella que me atrevo a pedirle esto. Su padre no cree en la revolución, pero yo sí. Déjeme
que yo los ayudes a ustedes, y usted, déjelo en libertad. Es por el amor de una mujer, mi
general.
Padre Rafael
Acabo de estar con el general y no se preocupe, Beatriz, le puedo asegurar que a su papá
no le pasará nada.
Beatriz
Si le hacen algo a mi papá, soy capaz de volarles la tapa de los sesos a todos ellos.
Padre Rafael
Un día le va a dar un disgusto muy grande ese carácter que tiene. Hay que tomar las
cosas con más calma.
Beatriz
Mire, Beatriz, mejor regrese a su casa. Con toda seguridad, don Carlos ya la está
esperando.
Beatriz
Ojalá, Padre.
Padre Rafael
Beatriz.
Beatriz
Sí, Padre.
Padre Rafael
Le voy a suplicar otra vez que no salga a la calle. Sobre todo en estos días. Es mejor.
Beatriz
Padre Rafael
Usted misma acaba de decir que esos son capaces de cualquier cosa.
Beatriz
Padre Rafael
Precisamente, Beatriz, pero dese cuenta de que usted no es como las demás.
G. José Juan
Qué bruta. Mira nomás qué chamorro tan lindo. Y qué cuerpo, mano. Pero cuerpo de
tentación, cara de espantapájaros. Les apuesto, por ver otra vez ese chamorro, me
aguantaría hasta una cachetada.
Beatriz
Y si es hombre, aguántese la otra, que me vio los dos chamorros, pelado éste.
C. Bocanegra
Qué mano tan dura tiene, por poco lo para de cabeza, general. Perdóneme que me haya
reído, pero las cosas están cambiando, ¿verdad?
G. José Juan
Soldado 1
Sí, mi general.
C. Bocanegra
Soldado 2
Denme el sombrero.
Beatriz
No me venga siguiendo.
G. José Juan
Beatriz
Beatriz
Don Chonito
Beatriz
De los grandotes.
Don Chonito
¿Un 16 de sptiempre?
Beatriz
Un 16 de sptiembre
Don Chonito
Va a volar.
Beatriz
Don Chonito
Beatriz
Que vuele.
Don Chonito
¿Cerillo?
Beatriz
Cerillo.
Don Chonito
Beatriz
¿La muerte?
Don Chonito
La muerte
G. José Juan
Beatriz
Manuela
Todavía no, niña Beatriz, desde esta mañana que se los llevaron a todos. Ay, dios santo,
niña, ¿qué les irán a hacer?
Beatriz
No tengas cuidado, Manuela, el padre Sierra dice que no les pasará nada.
Manuela
Lo que quieren es sacarle dinero al amo. ¿Por qué no se lo dan de una vez pa’ evitar
dificultades?
Beatriz
Manuela
Beatriz
Ha de ser papá.
Manuela
Beatriz
Mr. Roberts
Beatriz
Mr. Roberts
Beatriz
Beatriz
Mr. Roberts
Puede ser, pero el general Reyes opina de otra manera. Él no es hombre que cambie
fácilmente de opinión.
Beatriz
Yo voy a ir a verlo.
Mr. Roberts
Sería inútil. Tu papá quedará libre cuando se entregue el dinero que pidió.
Beatriz
¿Que le pidió dinero a mi papá? Si es peor que un ladrón, pero papá no se lo dará nunca.
Mr. Roberts
Él no. Lo sé.
Beatriz
Ni yo tampoco.
Mr. Roberts
Beatriz
Mr. Roberts
No, Beatriz, siéntate.
Beatriz
Mr. Roberts
Beatriz
¿Yo?
Mr. Roberts
Sí, le dije que estaba enamorado de ti y que tu papá nunca cambiaría. Le ofrecí traer el
dinero pero no aceptó.
No acabo de entenderlos a ustedes los mexicanos.
Beatriz
Yo soy la que no te entiende nada, Eduardo. Estás todo trabado, hecho un lío. No te
entiendo nada. Yo no sé cómo le vamos a hacer después. ¿Qué decías?
Mr. Roberts
Que no acabo de entenderlos a ustedes los mexicanos. Esto es un hombre que manda
matar un individuo porque le dio asco.
Beatriz
Mr. Roberts
Beatriz
¿Y quién fue?
Mr. Roberts
Don Fidel
Beatriz
De ése no me extraña nada. Pobre de Rosita. Pero ése no era mexicano, Eduardo.
Mr. Roberts
Fíjate. Mandó matar a don Fidel y casi al mismo tiempo aceptó mi súplica y le perdonó
la vida a otro hombre, un enemigo de la revolución, sólo cuando se pedí por el amor de
una mujer, por mi amor por ti, Beatriz, y ni siquiera te conoce.
Beatriz
Mr. Roberts
Pero no lo hizo
Beatriz
Mr. Roberts
Es un hombre extraño. No sé si es malo o es bueno, pero se le puede ver en los ojos que
cumple su palabra. Lo que no entiendo es que siendo tan mexicano nunca ha estado
enamorado.
Beatriz
G. José Juan
Padre Rafael
Para ti nunca estoy ocupado. Ellos pueden seguir ensayando solos. Además, te conozco
demasiado para no adivinar que algo más que un saludo te ha traído por acá. ¿En qué
puedo servirte?
G. José Juan
Padre Rafael
G. José Juan
Me extraña que vengas a preguntarme a mí, a mí, por una muchacha. Casi pudiera yo
tomarlo como una falta de respeto.
G. José Juan
No, no creas eso, por favor, te lo suplico. Vengo a buscar al amigo y quiero que me
hables como amigo también.
Padre Rafael
Ahí tienes el cuadro del que hablamos, el que pintó ese señor Juárez.
G. José Juan
Padre Rafael
G. José Juan
Así ha de ser seguramente, pero ya ni quién se acuerde de ése símbolo. Por eso anda el
mundo tan desastrosamente mal.
Sí, ahí. A ver, mira, camina para acá, por favor.
Padre Rafael
G. José Juan
Sí, sí, camina para acá y súbete ahí. Más arriba. Eso es, dónde da la luz. Cuelga ese
Juárez ahí dónde le dé la buena luz.
Mira, hace unas horas que la vi. Unas cuantas horas nada más y me quiero casar con
ella.
Padre Rafael
¿Y ella lo sabe?
G. José Juan
No.
Padre Rafael
G. José Juan
No. Es decir, sí. La vi pero no sé quién es. Y tú eres el único que puedes decírmelo.
Padre Rafael
G. José Juan
Padre Rafael
G. José Juan
Digo…
Padre Rafael
G. José Juan
¿La conoces?
Padre Rafael
G. José Juan
¿Y es casada?
Padre Rafael
G. José Juan
¿Con quién?
Padre Rafael
G. José Juan
Padre Rafael
G. José Juan
Eso ya lo veremos.
Padre Rafael
Después de lo que me has dicho y del modo cómo lo has dicho, no sé qué te pueda decir
para hacerte comprender y para hacerte cambiar.
G. José Juan
Padre Rafael
Y es evidente al oírte hablar así, que fácilmente puede ser tuya. Tú tienes la fuerza y
ustedes toman por la fuerza lo que no pueden tener de otra manera, pero al tenerla así la
perderías sin remedio.
G. José Juan
Siendo mía no la perderé nunca. ¡Entiéndelo bien, me quiero casar con ella!
Padre Rafael
No tienes derecho y no te la mereces. Beatriz no es la mujer que tú has visto nada más.
Es buena y en el fondo es sencilla. Es para cuidar un hogar, un hogar, José Juan. ¿Y tú
que tienes? Nada. Sólo un ideal que te arrastra a combatir y que seguramente te
arrastrará hasta la muerte, un ideal que destruye todo lo que ella representa. ¿Qué
derecho tienes a aspirar a otra vida si ni siquiera eres dueño de la tuya? Porque tu vida te
lleva por los caminos de lo incierto y ella representa la seguridad y el arraigo de la casa,
de la tierra, de lo que no cambia, de lo que no se conquista luchando como tú luchas.
G. José Juan
Muy bien. Todo eso lo comprendo muy bien, pero dime, ¿ella está enamorada?
Padre Rafael
Eso no lo sé.
Empleada
Señorita Beatriz, le juro a usted que es cierto. En este momento lo van a fusilar.
Quiñonez
Oye, Bocanegra, ven, ¿qué vas a hacer? A mí me dijo el general que a este viejo no no lo
tronáramos porque si lo truenas me va a llevar a tronar a mí. Tú ya lo conoces.
C. Bocanegra
Órdenes son órdenes, mano. Si no me trueno al viejo este ahorita, me truenan a mí.
Soldado
Pues entonces esto está de los demonios, oye. Si no truenas al viejo te truenan a ti y si
tuenas al viejo me truenan a mí. Esto va a ser un tronadero peor que el sábado de gloria.
¿Cómo la ves?
C. Bocanegra
Pues el que tenga lumbre atrás y adelante que puje, cumple y se aguante. Alguien tiene
que servir de judas y ese penitente no vo’a ser yo.
De frente, marchen.
Preparen armas. Apunten.
G. Bocanegra
C. Bocanegra
G. José Juan
Siento lo que pasó, señor Peñafiel. Yo había ordenado que lo dejaran en libertad pero
mis órdenes no fueron entendidas. Está usted en libertad.
Carlos Peñafiel
¿Estoy en libertad?
G. José Juan
Carlos Peñafiel
G. José Juan
Beatriz
Tengo que pasar, les digo que tengo que pasar. Tengo que ver a mi papá, les digo. Tengo
que ver a mi papá, déjenme pasar, bandidos, o si no los cacheteo.
G. José Juan
Vámonos, papá.
G. José Juan
Señor Peñafiel, siento de veras lo que ha pasado, créamelo. Desearía que me hiciera el
honor de permitirme hablar con usted en su casa.
Beatriz
Nadie que se haya atrevido a insultar a mi padre como usted lo ha hecho entrará a mi
casa.
Vámonos de aquí, papá.
Carlos Peñafiel
Padre Rafael
Tiene usted motivo de sobra para no querer recibirlo, don Carlos. Lo sé y me apena tener
que hablarles de esto. ¿Pero qué quiere usted que yo hiciera? Él es mi amigo, mi mejor
y casi mi único amigo y no he tenido más remedio que venir a decirles que hoy vendrá a
esta casa para hablar con usted.
Carlos Peñafiel
Beatriz
Padre Rafael
Beatriz
¿A las 8?
Faltan trece minutos, papá.
Carlos Peñafiel
Beatriz
Carlos Peñafiel
Beatriz.
Beatriz
Que Beatriz ni que ocho cuartos.
Carlos Peñafiel
Tú no.
Beatriz
Yo sí. Aquí se trata de que yo tenga la razón. Y perdóneme que le grite, papá. Hay cosas
que arreglamos mejor las mujeres que los hombres.
¿Verdad, padre?
Padre Rafael
Carlos Peñafiel
Beatriz
Padre Rafael
Carlos Peñafiel
Beatriz
Carlos Peñafiel
¿Y cómo te lo iba a decir si fue el escándalo del pueblo?
Beatriz
Carlos Peñafiel
No es eso. Es que los padres de tu mamá pues querían lo mejor para su hija. Y a mí no
me querían porque soy chaparro.
Padre Rafael
Beatriz
Carlos Peñafiel
Naturalmente.
Beatriz
¿Y ella te quería?
Carlos Peñafiel
Estábamos de acuerdo y sí nos queríamos. Todo fue porque los padres siempre ponen
peros con las hijas.
Beatriz
Carlos Peñafiel
Padre Rafael
Es él.
Beatriz
Es puntual.
¿Verdad, papa?
Padre Rafael
¿Yo? No.
Carlos Peñafiel
Beatriz
G. José Juan.
Beatriz
¿Y quién es yo?
G. José Juan.
Beatriz
Carlos Peñafiel
G. José Juan.
En esta casa no tiene usted qué hablar con nadie. Váyase y no siga molestando.
G. José Juan.
Beatriz
¿Pero que no entiende usted? Ya le dije que se vaya. ¿Cómo ha tenido el descaro de
venir a mi casa? Además le prohíbo hasta que pase por mi calle. ¿Se cree usted un
Narciso irresistible o qué? Además es usted un ridículo, un payo, un grosero, un
robavacas, zambo, chango mechudo, mantenido, lástima de ropa. Además usted es muy
feo. Payaso.
G. José Juan
¿Qué?
Beatriz
G. José Juan
No
Beatriz
G. José Juan
No, no le oí.
Beatriz
G. José Juan.
Sí.
Beatriz
G. José Juan
Ya
Beatriz
G. José Juan
¿Y ahora qué tal le supo? Eso le enseñará que las mujeres son como los ratones. Siempre
caen en la trampa por curiosas.
G. José Juan
Beatriz
G. José Juan
¿De veras?
Beatriz
G. José Juan
Beatriz
¿Cuál tranca?
G. José Juan
Beatriz
G. José Juan
Ah, no la suelta, pues entonces no entro. Ni que fuera tan buey. Los garrotazos se dan
después del matrimonio, no antes.
Beatriz
G. José Juan
¿De veras?
Beatriz
Sí, a lo barridito.
Ándele, ándele.
G. José Juan
Beatriz
Hombres en la calle
G. José Juan
Beatriz
No me toque.
G. José Juan
Perdóneme, señorita, pero tengo que hablar con usted, aunque sea aquí en la calle.
Beatriz
Usted no tiene nada que hablar conmigo y si quiere hablar, pues hable con sus
soldaderas.
G. José Juan
Beatriz
Eso a mí no me importa ¿Pues qué se ha creído que porque su corazón escoge, nada más
por eso tenemos que aguantar sus necedades? Pues se equivoca usted. Usted es quién es
y nosotros…
¿Por qué no decirle? Somos gente decente y usted un aventurero cualquiera, un pelado.
Déjeme en paz y váyase con sus mujerzuelas, o con sus soldaderas, o como acostumbre
usted a llamarlas
G. José Juan
Señorita, perdóneme que un pelado, porque soy un pelado para usted, le recuerde que si
somos diferentes no es ni por culpa mía ni por méritos de usted, como tampoco son
mujerzuelas esas mujeres a quiénes usted desprecia porque no las conoce, pero yo sí las
conozco. Son humildes y abnegadas y saben trabajar, sufrir y morir sin esperar nada,
nada más el cariño del hombre que quieren.
Puede que tenga usted razón en despreciarlas. Tal vez sí sean muy diferentes a usted.
Después de todo, la gente no es toda igual por un simple accidente de nacimiento. Nada
más por eso. Y si le hubiera tocado nacer sin ninguna ventaja, como nacieron muchas de
esas mujeres, ¿qué clase de mujer hubiera sido usted? ¿Una mujerzuela?
Padre Rafael
Beatriz
Padre Rafael
No es cobarde.
Perdóname, José Juan.
Vámonos, Beatriz.
Beatriz
Nunca he visto un hombre tan brutal ¡Pegarle a una mujer! pero pegarle a usted, a un
sacerdote, eso no tiene nombre, Padre.
Padre Rafael
Beatriz
Eso, eso es lo que yo quisiera ser: Hombre, para arrastrarlo y patearlo. Me dan ganas de
tenerlo aquí para darle de bofetadas y quitarle esa sonrisa de cínico que tiene en la cara,
y esos ojos, Padre.
Padre Rafael
Beatriz
Padre Rafael
Beatriz
Eso y más.
Padre Rafael
Beatriz
Yo nada.
Padre Rafael
¿Nada?
Beatriz
Nada. ¿Qué le voy a decir yo a ese cualquiera, a ese pelado que está muy por debajo de
lo que yo soy.
Padre Rafael
Padre Rafael
Beatriz
Padre Rafael
Vio más allá de las figuras del lienzo. Vio un símbolo inmenso para los hombres y en la
cara tenía una expresión casi de amargura porque ya nadie se acuerda de ese símbolo,
como si él quisiera poder hacer que todos los hombres fueran otra vez iguales.
Beatriz
Padre Rafael
Beatriz
¿De mí?
Padre Rafael
Sí, y nunca he oído hablar a un hombre de una mujer como él me habló de usted,
Beatriz.
Don Joaquín
G. José Juan
Siéntese, mi mayor.
Don Joaquín
Soy viejo, mi general, y por eso me atrevo a entrometerme. Yo sé bien que usted prefiere
estar sólo ahorita, pero ya sabemos lo que pasó.
G. José Juan
Don Joaquín
Don Joaquín
G. José Juan
Don Joaquín
Mire, mi general, yo a usted le quiero mucho. Yo siempre he andado con usted en la bola
y ¿pa' qué decir más?
Así como me ve, todo viejo y arrugado, yo fui joven como usted. Sí, mi general, aunque
no lo parezca, y me enamoré de una muchacha. Ahora que ella y yo sí llegamos a
entendernos, pero hubo un pleito, lo que nunca falta cuando anda uno enamorado. Ahora
que aquel pleito no fue como los otros que, como es natural, ya habíamos tenido
anteriormente. A ella le mordió el orgullo, mi general, y a mí lo macho y ella se fue por
su lado y yo por el mío. Con una lagrimita que yo le hubiera visto en aquellos ojos, tan
lindos, yo me le hubiera hincado con todo y lo macho y le hubiera pedido perdón, mi
general, pero hay mujeres que no lloran y yo pues por eso aquí estoy como estoy, mi
general. Yo sé lo que le pasa, mi general, y créame, yo sé lo que se siente aquí, pero se
necesita ser muy macho pa' saber pedir perdón y yo no lo fui y aquí me tiene bebiendo y
bebiendo.
Perdóneme, ya he hablado mucho y no quiero molestarte. Con permiso, mi general
G. José Juan
Vengo a pedirle perdón, Beatriz, pero quizá usted no me quiera escuchar. Yo le pido
perdón y se lo pediré siempre sin esperar que me lo conceda. Tal vez mis palabras se
pierdan antes de llegar a sus oídos porque tienen que subir muy alto y su balcón está
siempre cerrado. Por eso otras voces tendrán que decirle lo que usted no deja que yo le
diga.
Trio
Malagueña salerosa
Besar tus labios quisiera
Besar tus labios quisiera
Malagueña salerosa
Y decirte niña hermosa
Que eres linda y hechicera
Que eres linda y hechicera
Como el candor de una rosa
Si por pobre
Me desprecias
Yo te concedo razón
Yo te concedo razón
Si por pobre me desprecias
Yo no te ofrezco riquezas
Te ofrezco mi corazón
Te ofrezco mi corazón
A cambio de mi pobreza
Malagueña salerosa
Besar tus labios quisiera
Besar tus labios quisiera
Malagueña salerosa
G. José Juan
No, no se vaya usted. Por favor. Ya no la volveré a molestar jamás. Se lo prometo, pero,
por favor, óigame usted. Aquí, en este lugar, le quiero pedir perdón, perdón por todo,
perdón por quererla, pero yo no tengo la culpa de sentir lo que siento por usted. Me han
dicho que yo no tengo derecho a enamorarme y menos de una persona como usted
porque soy lo que soy y ni yo mismo sé cómo iré a acabar, pero el corazón no sabe de
eso. Sigue tranquilo, en calma, cuando de pronto se detiene como si la propia vida se
detuviera por un momento con la angustia de no saber si la vida acaba ahí o va a seguir
otra vez adelante y esa angustia ya nunca se aparta del corazón, pero yo he soñado
creyéndome capaz de haberla podido hacer feliz y dios sabe que todas mis esperanzas ya
sólo pueden tener una finalidad en mi vida: seguir soñando en eso mismo, en que quizá
yo la hubiera hecho dichosa a usted. Yo sé que algún día me tendré que ir de aquí, tal vez
muy pronto, y ya nunca la volveré a ver, pero quiero que usted sepa que la llevaré aquí
siempre. Estará usted aquí conmigo como está esa imagen en ese altar. Así la quiero a
usted y así la seguiré queriendo siempre.
Hombres cantando
Soldado
Mi general, lo andábamos buscando. Acaba de llegar el Propio y dice que las fuerzas
federales están como a siete kilómetros de aquí.
¿Cuánta gente dices que son?
El Propio
Son dos batallones de infantería, dos regimientos de caballería y además seis secciones
de ametralladoras, mi general. Vienen bien dotados de pertrecho y municiones y estarán
aquí en cinco horas y además traen consigna de destruirlos a su captura. Vivo o muerto,
mi general.
Soldado
No sé. A’í después les daré mis órdenes. Acuartelen a toda la gente.
Soldado
Sí, mi general.
Mr. Roberts
C. Bocanegra
¿Qué hacemos con él, mi general? ¿Lo trueno? Ha tenido el descaro de volver con un
traje de novia. ¿Lo trueno?
G. José Juan
Retírate, Bocanegra
C. Bocanegra
Sí, mi general.
G. José Juan
Cuando me habló usted la primera vez, no comprendí lo que me quería decir. Ahora sí lo
comprendo.
Vaya usted a ella y hágala muy feliz.
Rogelio.
Rogelio
Mande, mi general.
G. José Juan
Acompáñalo.
Rogelio
Sí, señor.
Padre Rafael
Había venido otra vez a rogar, pero no ha sido necesario. Te lo agradezco, José Juan.
Siempre has buscado la buena luz para los demás sin darte cuenta de que tú siempre te
quedas en la oscuridad. Hoy, hoy en la noche se casarán por lo civil y mañana, mañana
yo, tu amigo José Juan, tendré que casarlos ante dios.
Don Joaquín
G. José Juan
Don Joaquín
G. José Juan
Don Joaquín
Padre Rafael
G. José Juan
Hay veces que no se debe pelear. Es más decoroso retirarse a tiempo que pelear y pelear
hasta perder.
Bueno Sierrita, adiós y perdóname todo.
Padre Rafael
Soldado
Mi general, aquí está la señora que no quiso recibir ni el dinero ni las alhajas y pos' me
la traje.
G. José Juan
¿Es usted…?
Rosa Bernal
G. José Juan
Siento muchísimo que la hayan molestado así, señora, y le suplico me haga favor de
recibir ese dinero, que es suyo, y también los anillos. Y quiero que sepa usted que
aunque no me arrepiento de haber mandado fusilar a su marido, he sentido una gran
pena por usted.
Yo lo sé todo, señor, y no le guardo a usted rencor.
G. José Juan
Gracias, señora.
Quiñónez, acompaña a la señora a su casa y entrégale eso.
Quiñónez
Sí, mi general.
Mr. Roberts
Allá adentro está el juez que nos deberá casar ante todos tus amistades y quiero hacerte
estas últimas preguntas: ¿Estás segura de que quieres casarte conmigo?
Beatriz
Sí
Mr. Roberts
¿Estás segura de que no quieres a otro hombre, que sólo me quieres a mí?
Beatriz
Sí
Mr. Roberts
Te pregunto estas cosas porque eso otro hombre te quiero tanto a ti como podría yo
quererte. Entonces, ¿estás segura que estás dispuesta a ser mi esposa?
Beatriz
Estoy segura.
Mr. Roberts
Invitados
Juez
Beatriz Peñafiel, de hoy más tu nombre será Beatriz Peñafiel de Roberts. Firma.
Padre Rafael
No se alarmen ustedes. Son las fuerzas federales que vienen a atacar, pero el general
José Juan Reyes no peleará. Está derrotado y ha juzgado a más honra retirarse.
Quiñonez
G. José Juan
Cuando lleguen a las afueras del pueblo, que la gente se forme en línea desplegada.
Quiñonez