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Revolución y Conflictos en Cholula

El documento presenta una conversación entre el general José Juan Reyes y varias personas del pueblo de Cholula que ha tomado el ejército revolucionario. El general interroga a los residentes más ricos para obtener dinero y ganado, y fusila a un comerciante que se niega a cooperar. También da instrucciones a sus hombres y otorga un aumento de sueldo al maestro de la escuela.
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Revolución y Conflictos en Cholula

El documento presenta una conversación entre el general José Juan Reyes y varias personas del pueblo de Cholula que ha tomado el ejército revolucionario. El general interroga a los residentes más ricos para obtener dinero y ganado, y fusila a un comerciante que se niega a cooperar. También da instrucciones a sus hombres y otorga un aumento de sueldo al maestro de la escuela.
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Enamorada

Merolico

Bienvenidos a Cholula, sed bienvenidos a este martirizado pueblo, ¡oh, soldados de la


revolución triunfante! Bienvenido sea el ejército libertador cuyos aguerridos paladines
vienen rompiendo con su bravura y con su sangre las cadenas opresoras de un pueblo
esclavizado por la reacción. Bienvenidos, hermanos de Juárez, hermanos del alma,
hermanos míos.

G. José Juan

Bocanegra...

C. Bocanegra

A sus órdenes, mi general.

G. José Juan

...agárrame al merolico ése y me lo guardas vivo.

C. Bocanegra

Muy bien, mi general.

Hombres en cantina

Ay, ricos hijos de la guayaba, ‘ora sí ya les llegó su padre.

G. José Juan Reyes

¿Quiénes son los ricos del pueblo?

Merolico

¿Ricos? Si aquí no hay ricos, mi general

G. José Juan

¿Quiénes son los ricos del pueblo? ¿Qué tienen? ¿Y cuánto tienen?
¿Quiénes son?

Fidel Bernal

El comandante de las fuerzas nos aseguró que no había peligro de que el pueblo cayera y
ahora estamos a merced de estos bandidos.

Maestro Apolonio

Yo no les llamaría bandidos. Son revolucionarios.

Fidel Bernal

Para el caso es lo mismo. Yo odio a estos que se dicen revolucionarios y que con ese
pretexto están destrozando el país y el comercio.

Rosa Bernal

Fidel.

Maestro Apolonio

No le pasó nada. Era una bala perdida de un reaccionario que iba de huida.

Fidel Bernal

Déjame en paz, Rosa. Vete con las mujeres, déjanos aquí a los hombres.
Ya les decía yo que nos debíamos de haber refugiado en la iglesia, con el señor cura.

Carlos Peñafiel

Mi casa es mi casa y mi casa será respetada tanto como la iglesia.


Con perdón de usted, Padre Sierra.
Y usted, Don Fidel, no olvide que hay que enfrentarse a esta gente con dignidad y valor.
Nosotros somos lo que somos y ellos son… lo que son.

C. Bocanegra

Conversión pa’ la derecha y derecho a su zaguán.


Alto.
Carlos Peñafiel

Son ellos.

Beatriz Peñafiel.

Yo te acompaño, papá.

Carlos Peñafiel.

No, hija, tú te quedas aquí, a cuidar la casa.


Vamos.

Fidel

Padre, ¿qué nos irán a hacer?

Padre Rafael

No sé, pero Dios es siempre justo.

No se preocupe usted, Beatriz. Parece una ironía de la vida, pero el general que tomó el
pueblo, el general José Juan Reyes y yo fuimos al seminario juntos durante algún
tiempo. Nos quisimos como hermanos. No creo que eso se le haya olvidado. Esté usted
tranquila.

C. Bocanegra

Conversión por la izquierda y derecho pa’l cuartel.


No pierdan el paso.

Gen. José Juan

Sierrita.

Padre Rafael

José Juan

Gen. José Juan


Mi hermano, ¡qué gusto me da verte! Me habían dicho que estabas por aquí pero no
podía creerlo. Sin embargo me dije: “puede que sí esté en una de tantas de las 365
iglesias que hay en este pueblo, y ya ves: estuviste”

Padre Rafael

Todas las iglesias están cerradas, José Juan. Menos una.

Gen. José Juan

Bocanegra...

C. Bocanegra

Ordene, mi general.

G. José Juan

...sácate estos y que esperen.

C. Bocanegra

Sí, mi general

Padre Rafael

No, que no salgan.

Gen. José Juan

Bueno, ¿entonces a qué has venido?

Padre Rafael

Gracias, José Juan. Sólo he venido a acompañar a estos señores.

Gen. José Juan

Ah, vaya, ya entiendo. Se me había olvidado. Entonces mira, espérame mientras me


ocupo de ellos.
Padre Rafael

Esperaré, José Juan, y también espero que no vayas a hacer nada que sea indigno de ti.

Gen. José Juan

Siéntate.
Que te sientes, te digo.

C. Bocanegra

A ver si se apean los sombreros, o se los tumbo a punta de culatazos.


Pronto, que van a tenerse que confesar con su nuevo padre.

G. José Juan

¿Quién de ustedes es Carlos Peñafiel?

Carlos Peñafiel

Soy yo.

G. José Juan

Acérquese.
Le estoy diciendo que se acerque.
Usted sabe a lo que he venido a este pueblo.

Carlos Peñafiel

Sí.

G. José Juan

Me extraña haberlo encontrado por aquí. ¿Por qué no se fue con ellos?

Carlos Peñafiel

Porque esta es mi tierra. Aquí nací y aquí me han de enterrar con los míos. Además, no
creo que ustedes vayan a durar aquí mucho tiempo.
G. José Juan

A usted me lo voy a tener que cuidar mucho, señor Peñafiel.

Carlos Peñafiel

Yo siempre he sabido cuidarme a mí mismo.

G. José Juan

Brama usted muy golpeado, amigo, pero a la vaca mañosa hay que saberla ordeñar. Si no
fuera por eso…

Carlos Peñafiel

Pierde usted el tiempo. Lo que tengo no está donde me lo pueda robar un cualquiera.

Padre Rafael

Don Carlos

G. José Juan

¿Quién es Fidel Bernal?

Fidel Bernal

A sus órdenes, mi general. Yo soy Fidel Bernal, comerciante, para servirle y para servir
en todo al gobierno que usted representa. No sabe usted el gusto que me da que hayan
libertado al pueblo de Cholula.

G. José Juan

Pues me da gusto ver que haya gente razonable entre ustedes, gente dispuesta a cooperar
con nosotros.

Fidel Bernal

No faltaba más, mi general. En todo y por todo. Puede usted contar conmigo
incondicionalmente, aunque no tengo nada.
G. José Juan

Pues por lo pronto puede usted cooperar con $30,000 pesos en efectivo.

Fidel Bernal

¿$30,000 pesos? ¡Imposible!

G. José Juan

$30,000 pesos y todo el ganado que mandó usted remontar hace unos días.

Fidel Bernal

Sería la ruina.

G. José Juan

Y también todas las existencias de trigo y de azúcar que tiene acaparadas aquí mismo en
Cholula.

Fidel Bernal

Pero si yo no tengo nada, mi general. Usted es hombre de bien y no puede arruinarme.


Yo no soy enemigo de nadie. Yo sólo quiero estar bien con todos. ¿Me oye, mi general?
Estar bien con todos. Que me dejen en paz y que me dejen trabajar. Yo sólo soy
comerciante y no entiendo de revoluciones.

G. José Juan

No entiende, pero bien que se aprovecha. Acapara los alimentos y sube los precios y el
pueblo que pague y que pase hambres.
Las revoluciones... las revoluciones no se hacen para que unos se hagan ricos a costa de
la sangre de los que combaten por sus convicciones.
Cualquier causa puede tener enemigos porque los hombres tienen derecho a pensar
libremente o no son hombres libres. Se puede sentir respeto por el enemigo que lucha y
muere por la causa que él considera justa, pero aquellos que se tambalean entre dos
bandos, los que quieren estar bien con todos, los que no son enemigos de nadie y cuando
hay una lucha y que se juegan los destinos futuros de la patria, ésos son los verdaderos
traidores, los bastardos, las sanguijuelas que se alimentan chupando la sangre de sus
hermanos.

Bocanegra…

C. Bocanegra

A la orden, mi general.

G. José Juan

…fusílalo.

C. Bocanegra

Sí, mi general

Fidel Bernal

No, no, no, mi general. No, por favor, mi general, no me mate. Yo le doy los $30,000
pesos y el ganado, pero no me mate, mi general. No me mate, mi general. No me mate,
mi general, por lo que más quiera. Yo le doy $100,000 pesos. Todo mi dinero, mis
alhajas, pero no me mate. Le digo que le doy todo, todo. Mi esposa que es muy joven y
muy bella, pero no me mate, mi general.

G. José Juan

¿Qué es lo que dijo?

Fidel Bernal

Mi esposa, le aseguro que es divina.

G. José Juan

Bocanegra, ya sácalo.

Fidel Bernal

Ay, no, por Dios. Virgencita mía. No, virgencita, no. Mi virgencita, no. No, no por Dios.
No, no, no, no, no...
Bocanegra

Perdóneme, mi general, no me pude aguantar. Me dio asco.

G. José Juan

Bocanegra

C. Bocanegra

Ordene, mi general.

G. José Juan

Los anillos

C. Bocanegra

Qué mi general. A usted no se le escapa nada. Qué lindo es tener un jefe así, aunque no
le toque a uno nada.

G. José Juan

¿Y usted quién es?

Mr. Roberts

Soy el señor Roberts.

G. José Juan

Y que hace usted por aquí.

Mr. Roberts

Soy el ingeniero de la presa en construcción. Necesito un salvoconducto para ir a la


ciudad de México y regresar.

G. José Juan
¿A la ciudad de México? ¿Y qué va a hacer a la ciudad de México?

Mr. Roberts

Nada de política me lleva allá. Le estoy diciendo la verdad. Voy allá a comprar las donas
y el traje de novia. Espero casarme muy pronto en este pueblo con la hija de don Carlos
Peñafiel, a quien usted ya conoce.

G. José Juan

No puedo negárselo por su nacionalidad.


Bocanegra

C. Bocanegra

Ordene usted, mi general.

G. José Juan

Lleva al míster este a que le den un salvoconducto.

C. Bocanegra

Sí, mi general.

Mr. Roberts

Muchas gracias, señor general.

G. José Juan

Nada más a un tipo como éste se le ocurre casarse en estos tiempos.

Maestro Apolonio

Yo soy Apolonio Sánchez, el maestro de escuela, señor mi general, y soy del norte, de
Sinaloa.

G. José Juan

¿Y por qué lo trajeron?


Maestro Apolonio

Me trajeron con el montón.

G. José Juan

Pues ándele, váyase a abrir la escuela.

Maestro Apolonio

Sí, señor mi general.

Maestro Apolonio

Por detrás no.

C. Bocanegra

¿No oyó?

G. José Juan

¿Qué le pasa, profesor? ¿Qué le preocupa?

Maestro Apolonio

Sin querer ofender a nadie, quiero participarle, mi señor general, que desde hace 7
decenas que el gobierno no me paga y pues tengo cerrada la escuela desde la semana
pasada.

G. José Juan

¿Y cuánto es su chivo?

Maestro Apolonio

¿Cómo?

G. José Juan
¿Que cuánto gana diario?

Maestro Apolonio

$1.75 diarios, señor general, y antes ganaba $2 pesos pero ahora nos rebajan 25 centavos
y no sé por qué.

G. José Juan

¿Y cuántos muchachos tiene?

Maestro Apolonio

A casi todo el pueblo. Y perdóneme que no los haya contado. Son muchos. No caben en
la escuela.

G. José Juan

Siete decenas.

Maestro Apolonio

Sí, señor.

G. José Juan

Y $1.75 diarios.
Maestro Apolonio

Sí, señor.

G. José Juan

Aquí tiene usted $200 pesos, profesor. Después le pagaremos lo que se le debe. Y desde
mañana, gana usted el doble.

Maestro Apolonio

Muchas gracias, señor mi general. Muchas gracias, señor mi general.

G. José Juan
Bueno, ándele, váyase a abrir la escuela.

Maestro Apolonio

Con su permiso.

Hombre en la puerta

Pasa.

G. José Juan

Mira, Bocanegra, toma esta lista y sácate éstos. Que te den lo que esté apuntado y si se
niegan, ya sabes lo que tienes que hacer.

C. Bocanegra

¿Y los cuatro viejos que les están dando chicharrón allá afuera?

G. José Juan

Que les sigan dando hasta que chillen.

C. Bocanegra

Está bien, mi general.

Media vuelta. Conversión pa´, escalera. Marchen, marchen. Vamos, vamos, vamos.

Padre Rafael

Muchas gracias, José Juan. Yo no tomo.

G. José Juan
Mira, Adelita, mejor vete a jugar allá afuera, ¿quieres?

Adelita

Sí, papacito.
G. José Juan

¿Cuánto dinero te dieron a guardar tus amigos?

Padre Rafael

No tengo ningún dinero.

G. José Juan

Tú eres el cura del pueblo. En ustedes sí tienen confianza. ¿Dónde lo tienes escondido?

Padre Rafael

No tengo dinero de los ricos; sólo un poco de los pobres. Las limosnas de todo un año,
pero no creo que eso te pueda interesar. No llega a $200 pesos.

G. José Juan

En lo personal no me interesa el dinero, pero para la causa sí me interesa, por poco que
sea. ¿Es todo lo que tienes?

Padre Rafael

Eso es todo. Es decir, de valor hay otras cosas, como hubo en todas las iglesias:
candelabros, vasos sagrados, casullas; ya no queda gran cosa.

G. José Juan

¿Pues qué les hicieron?

Padre Rafael

Han servido para contribuir a otras causas, José Juan.

Sin embargo, queda en la sacristía un cuadro: La adoración de los reyes de Nicolás


Rodríguez Juárez. Data de fines del siglo XVII. Ya podrás juzgar el valor que tiene.

G. José Juan
Es una gran pintura: La pintó en 1698, si no me equivoco. Y tenía que ser una gran
pintura si la pintó un Juárez.

Padre Rafael

Pero fue Nicolás Rodríguez Juárez.

G. José Juan

Con Rodríguez o como quieras, pero un Juárez. Mira, eres tan ingenuo, que te apuesto a
que ni siquiera te has dado cuenta que en cierto modo tú y yo somos iguales.

Padre Rafael

¿Iguales? Somos iguales como todos los hombres son iguales ante dios.

G. José Juan

No, Rafael, no ante dios, que yo no sé mucho de esas cosas. Aquí abajo. Sí, aquí en la
tierra.
Mira, tú predicas y luchas a tu manera por un mundo eterno del mañana en el que el bien
tiene su premio y el mal tiene su castigo, un mundo lejano al que aspiran a llegar todos
los hombres porque creen que en ese mundo podrán tener la dicha eterna.

Padre Rafael

Y la tendrán si es que tienen fe antes de morir.

G. José Juan

La manga. Hay que tener fe en la vida sin pensar en la muerte. Por eso yo lucho porque
nuestro mundo, este mundo de vida, de carne y de tierra, sea un lugar donde los hombres
puedan vivir mejor. Porque el hombre que vive bien, suele siempre ser un hombre de
bien, y esos hombres de bien son las almas buenas que recibirán el premio que tú les has
prometido.
Nuestras armas y nuestros medios son distintos, es cierto. Pero yo, es decir, nosotros,
vamos abriendo la tierra y tú vas echando la semilla en esos surcos abiertos.

Padre Rafael

Yo sólo aspiro a servir a dios, José Juan.


G. José Juan

Como quieras, pero hay más de un camino y no me podrás negar que servir al hombre es
también servir a dios

Padre Rafael

El rebaño le pertenece al señor.

G. José Juan

El rebaño le pertenece al señor y también nos pertenece a nosotros. Por eso el día en que
los hombres de lucha y los hombres contemplativos que cuidan de las almas estuvieran
unidos, entonces nuestros hermanos de la tierra serían hombres mejores y la patria, que
es el cielo de la tierra, sería una patria mejor, y el cielo, tu cielo, tendría más almas
puras, que lo convertirían en cierto modo en una como patria eterna, que serviría de
inspiración para las generaciones del mañana.

Padre Rafael

Hay mucho de verdad en lo que dices, José Juan. Pero esa inquietud, esa preocupación
por el bienestar de los hombres que arde dentro de ti también la hemos tenido y la
seguimos teniendo nosotros. Y si no, piensa en la obra de los misioneros del siglo XVI.
Nadie podrá negar que ellos no sólo se preocuparon por el bienestar material y espiritual
de los hombres, sino que muchos de ellos perdieron la vida al buscarles ese bienestar.

G. José Juan

Y si ellos hicieron eso, ¿por qué no lo han seguido haciendo ustedes?

Adelita

Papacito, ¿ya le diste chicharrón al cura?

G. José Juan

No, Adelita, todavía no. Vete a jugar con los caballos.

Adelita
Sí, papacito.

Padre Rafael

Esa niña ¿es hija tuya?

G. José Juan

No, pero como su padre fue compañero mío, casi mi hermano. Su madre, una soldadera.
Murieron en la volcadura de un tren.

Padre Rafael

¿Y por qué la tienes aquí? Esta no es una vida propia para una niña.

G. José Juan

La dejé al cuidado de unos parientes lejanos, pero pronto me di cuenta que la gente no
quiere a los niños ajenos. No me la trataban bien, y ni remedio, no tengo más hogar que
mi silla vaquera, pero la mocosa me quiere y está mejor conmigo.

Padre Rafael

¿Sabes, José Juan? Tu hubieras hecho un magnífico sacerdote.

G. José Juan

De eso, quién sabe, pero ustedes sí han hecho buenos generales. Te digo eso por si acaso
se te había olvidado.

Padre Rafael

Bueno ¿y qué puedo seguir diciendo misas?

G. José Juan

Mientras esté yo aquí, puedes hacer lo que quieras y puedes hacerlo desde ahora mismo.
Es decir, si sigues el camino que les trazaron a ustedes los misioneros del siglo XVI.

Padre Rafael
Muchas gracias, José Juan. Entonces, con tu permiso. Me voy para la iglesia.

G. José Juan

(Inaudible) …de otras causas.

Hombre en la puerta

Pasa

Mr. Roberts

Muchas gracias, mi general.


Mi general, traigo uno precupación.

G. José Juan

¿Un qué?

Mr. Roberts

Una preocupación y no sé cómo decirle.

Mr. Roberts

Pues hable.

Mr. Roberts

General, ¿ha estado usted enamorado alguna vez?

G. José Juan

No

Mr. Roberts

Entonces va a ser muy difícil que me comprenda usted.

G. José Juan
¿Por qué?

Mr. Roberts

Porque cuando uno ama a una mujer, también se ama todo lo que la rodea a ella.

G. José Juan

Y usted, ¿está enamorado?

Mr. Roberts

Sí, precisamente, y muy enamorado, y el señor peñafiel, que tiene usted detenido, es su
papá de mi novia.
Yo sé que usted lo considera enemigo de la revolución, y lo es, en cierto modo. Sus
ideas son a la antiguo, pero no cambiará. Mire, mi general, le voy a hablar con la mano
en el corazón, como dicen ustedes los mexicanos. Yo quiero mucho a mi novia y es por
ella que me atrevo a pedirle esto. Su padre no cree en la revolución, pero yo sí. Déjeme
que yo los ayudes a ustedes, y usted, déjelo en libertad. Es por el amor de una mujer, mi
general.

Padre Rafael

Acabo de estar con el general y no se preocupe, Beatriz, le puedo asegurar que a su papá
no le pasará nada.

Beatriz

Si le hacen algo a mi papá, soy capaz de volarles la tapa de los sesos a todos ellos.

Padre Rafael

Beatriz, aprenda a dominarse.

Un día le va a dar un disgusto muy grande ese carácter que tiene. Hay que tomar las
cosas con más calma.

Beatriz

Es que esos son capaces de cualquier barbaridad, Padre.


Padre Rafael

Mire, Beatriz, mejor regrese a su casa. Con toda seguridad, don Carlos ya la está
esperando.

Beatriz

Ojalá, Padre.

Padre Rafael

Beatriz.

Beatriz

Sí, Padre.

Padre Rafael

Le voy a suplicar otra vez que no salga a la calle. Sobre todo en estos días. Es mejor.

Beatriz

¿Y por qué no he de salir, Padre?

Padre Rafael

Usted misma acaba de decir que esos son capaces de cualquier cosa.

Beatriz

Soy mujer, Padre, pero sé cuidarme.

Padre Rafael

Precisamente, Beatriz, pero dese cuenta de que usted no es como las demás.

G. José Juan
Qué bruta. Mira nomás qué chamorro tan lindo. Y qué cuerpo, mano. Pero cuerpo de
tentación, cara de espantapájaros. Les apuesto, por ver otra vez ese chamorro, me
aguantaría hasta una cachetada.

Beatriz

Y si es hombre, aguántese la otra, que me vio los dos chamorros, pelado éste.

C. Bocanegra

Qué mano tan dura tiene, por poco lo para de cabeza, general. Perdóneme que me haya
reído, pero las cosas están cambiando, ¿verdad?

G. José Juan

Con esa mujer me voy a casar.


Mi caballo.

Soldado 1

Sí, mi general.

C. Bocanegra

Párate ya, hombre.

Soldado 2

Denme el sombrero.

Beatriz

No me venga siguiendo.

G. José Juan

Si no la vengo siguiendo, oiga, la vengo cuidando.

Beatriz

Pues no me venga cuidando, oiga, que yo no necesito guajes para nada.


Don Chonito

Más velas, seño Beatriz

Beatriz

No, don Chonito.

Don Chonito, deme unos cuetes

Don Chonito

¿De los chiquitos o de los grandes?

Beatriz

De los grandotes.

Don Chonito

¿Un 16 de sptiempre?

Beatriz

Un 16 de sptiembre

Don Chonito

Va a volar.

Beatriz

Que vuele, eso es lo que quiero.

Don Chonito

Pues que vuele.

Beatriz
Que vuele.

Don Chonito

¿Cerillo?

Beatriz

Cerillo.

Don Chonito

Pero lo tiras rápidamente porque es la muerte, niña Beatriz.

Beatriz

¿La muerte?

Don Chonito

La muerte

G. José Juan

Vámonos, bola de bueyes

Beatriz

Manuela, ¿ya llegó Papá?

Manuela

Todavía no, niña Beatriz, desde esta mañana que se los llevaron a todos. Ay, dios santo,
niña, ¿qué les irán a hacer?

Beatriz

No tengas cuidado, Manuela, el padre Sierra dice que no les pasará nada.

Manuela
Lo que quieren es sacarle dinero al amo. ¿Por qué no se lo dan de una vez pa’ evitar
dificultades?

Beatriz

A esos bandidos ni un centavo. Que trabajen.


¿Y Faustina?

Manuela

Fue al cuartel a llevarle la comida al amo. No ha de tardar.

Beatriz

Ha de ser papá.

Manuela

Dios lo haga, niña.

Beatriz

Eduardo, ¿dónde está papá?

Mr. Roberts

Sigue detenido, pero no le pasará nada. No tengas cuidado.

Beatriz

¿Y cómo sabes que no le pasará nada?

Mr. Roberts

Hablé con el general.


No te apures tanto.

Beatriz

¿Y por qué no lo han soltado?


Mr. Roberts
De eso quiero hablarte, tú papá se negó a ayudar a los revolucionarios.

Beatriz

Hizo muy bien.

Mr. Roberts

Puede ser, pero el general Reyes opina de otra manera. Él no es hombre que cambie
fácilmente de opinión.

Beatriz

Yo voy a ir a verlo.

Mr. Roberts

Sería inútil. Tu papá quedará libre cuando se entregue el dinero que pidió.

Beatriz

¿Que le pidió dinero a mi papá? Si es peor que un ladrón, pero papá no se lo dará nunca.

Mr. Roberts

Él no. Lo sé.

Beatriz

Ni yo tampoco.

Mr. Roberts

Pero hay que darlo.

Beatriz

Tengo que ir a ver a ese bandido.

Mr. Roberts
No, Beatriz, siéntate.

Beatriz

¿Cuándo está todavía mi papá preso?

Mr. Roberts

Siéntate. Todo está arreglado y casi podría decir que tú arreglaste.

Beatriz

¿Yo?

Mr. Roberts

Sí, le dije que estaba enamorado de ti y que tu papá nunca cambiaría. Le ofrecí traer el
dinero pero no aceptó.
No acabo de entenderlos a ustedes los mexicanos.

Beatriz

Yo soy la que no te entiende nada, Eduardo. Estás todo trabado, hecho un lío. No te
entiendo nada. Yo no sé cómo le vamos a hacer después. ¿Qué decías?

Mr. Roberts

Que no acabo de entenderlos a ustedes los mexicanos. Esto es un hombre que manda
matar un individuo porque le dio asco.

Beatriz

¿Por asco? ¿Sólo por eso?

Mr. Roberts

Por salvar el dinero y la vida, le ofreció su mujer.

Beatriz
¿Y quién fue?

Mr. Roberts

Don Fidel

Beatriz

De ése no me extraña nada. Pobre de Rosita. Pero ése no era mexicano, Eduardo.

Mr. Roberts

Fíjate. Mandó matar a don Fidel y casi al mismo tiempo aceptó mi súplica y le perdonó
la vida a otro hombre, un enemigo de la revolución, sólo cuando se pedí por el amor de
una mujer, por mi amor por ti, Beatriz, y ni siquiera te conoce.

Beatriz

Pero quería mandar matar a mi papá.

Mr. Roberts

Pero no lo hizo

Beatriz

Pero lo quería mandar matar.

Mr. Roberts

Es un hombre extraño. No sé si es malo o es bueno, pero se le puede ver en los ojos que
cumple su palabra. Lo que no entiendo es que siendo tan mexicano nunca ha estado
enamorado.

Beatriz

¿Cómo va a estar enamorado si no tiene corazón? Es revolucionario.

Padre Rafael y Coro


Ave Maria, Gratia plena
Maria, Gratia plena
Maria Gratia plena
Ave, ave dominus
Dominus tecum
Benedicta tu in mulieribus
Et benedictus
Et benedictus fructus ventris
Ventris tui, Jesus
Ave Maria

Ave Maria, Mater dei


Ora, pro nobis pecatoribus
Ora, ora pro nobis
Ora, ora pro nobis pecatoribus
Nunc et in hora mortis
In hora mortis, mortis nostrae
In hora mortis nostrae
Ave Maria

G. José Juan

No sabía que estuvieras ocupado. Mejor te dejo. Nomás pasé a saludarte.

Padre Rafael

Para ti nunca estoy ocupado. Ellos pueden seguir ensayando solos. Además, te conozco
demasiado para no adivinar que algo más que un saludo te ha traído por acá. ¿En qué
puedo servirte?

G. José Juan

Quiero que me platiques de una muchacha.

Padre Rafael

¿Yo? ¿Una muchacha?

G. José Juan

Sí, quiero que me digas quién es.


Padre Rafael

Mira, ven. Mejor salgamos de aquí.

Me extraña que vengas a preguntarme a mí, a mí, por una muchacha. Casi pudiera yo
tomarlo como una falta de respeto.

G. José Juan

No, no creas eso, por favor, te lo suplico. Vengo a buscar al amigo y quiero que me
hables como amigo también.

Padre Rafael

Ahí tienes el cuadro del que hablamos, el que pintó ese señor Juárez.

G. José Juan

La Adoración de los Reyes. Nicolás Rodríguez Juárez. Fecha: Año de 1648.


Tres reyes, los tres reyes magos, símbolos de poder, de riqueza y de opresión, en un
establo. ¡Qué ironía! Postrados de rodillas ante el niño que al nacer nos trajo el amor a la
hermandad de los humanos y cuando derramó su sangre en la cruz del calvario, hizo que
brotaran las llagas de los clavos, la caridad, la pureza y la bondad.
Qué símbolo tan inmenso para los hombres.

Padre Rafael

Es más que un símbolo, José Juan.

G. José Juan

Así ha de ser seguramente, pero ya ni quién se acuerde de ése símbolo. Por eso anda el
mundo tan desastrosamente mal.
Sí, ahí. A ver, mira, camina para acá, por favor.

Padre Rafael

No comprendo, José Juan.

G. José Juan
Sí, sí, camina para acá y súbete ahí. Más arriba. Eso es, dónde da la luz. Cuelga ese
Juárez ahí dónde le dé la buena luz.
Mira, hace unas horas que la vi. Unas cuantas horas nada más y me quiero casar con
ella.

Padre Rafael

¿Y ella lo sabe?

G. José Juan

No.

Padre Rafael

¿Y tú no sabes quién es ella?

G. José Juan

No. Es decir, sí. La vi pero no sé quién es. Y tú eres el único que puedes decírmelo.

Padre Rafael

Pues no sé cómo vaya a ser eso.

G. José Juan

Tienes que decirme quién es.


Mira, es la mujer más linda que yo he visto y su cara es un sueño. Los ojos, los ojos son
dos almendras de sombra y de cielo y cuando te miran te olvidas de todo, hasta de ella
misma, para ver esos ojos, los ojos de ella nada más. Su frente es alta y limpia y te dan
ganas de rosarla con tus labios, como un cariño, más que como un beso, y rosarle las
mejillas con tus labios secos. Y su boca, unos labios como dos relámpagos rojos cuando
se enoja porque te advierto que tiene su genio.

Padre Rafael

¿Y dices que tiene su genio?

G. José Juan
Digo…

Padre Rafael

No te puedes casar con esa mujer.

G. José Juan

¿La conoces?

Padre Rafael

Naturalmente. Es Beatriz. Es decir, la hija de don Carlos Peñafiel.

G. José Juan

¿Y es casada?

Padre Rafael

No, pero está comprometida para casarse.

G. José Juan

¿Con quién?

Padre Rafael

Con el señor Roberts

G. José Juan

¿Al que le di el salvoconducto?

Padre Rafael

Sí, es un buen hombre y ten la seguridad de que va a regresar por ella.

G. José Juan
Eso ya lo veremos.

Padre Rafael

Después de lo que me has dicho y del modo cómo lo has dicho, no sé qué te pueda decir
para hacerte comprender y para hacerte cambiar.

G. José Juan

¿Y por qué he de cambiar yo? Yo quiero esta mujer.


Nunca he querido antes y ahora que la he encontrado, no la voy a perder.

Padre Rafael

Y es evidente al oírte hablar así, que fácilmente puede ser tuya. Tú tienes la fuerza y
ustedes toman por la fuerza lo que no pueden tener de otra manera, pero al tenerla así la
perderías sin remedio.

G. José Juan

Siendo mía no la perderé nunca. ¡Entiéndelo bien, me quiero casar con ella!

Padre Rafael

No tienes derecho y no te la mereces. Beatriz no es la mujer que tú has visto nada más.
Es buena y en el fondo es sencilla. Es para cuidar un hogar, un hogar, José Juan. ¿Y tú
que tienes? Nada. Sólo un ideal que te arrastra a combatir y que seguramente te
arrastrará hasta la muerte, un ideal que destruye todo lo que ella representa. ¿Qué
derecho tienes a aspirar a otra vida si ni siquiera eres dueño de la tuya? Porque tu vida te
lleva por los caminos de lo incierto y ella representa la seguridad y el arraigo de la casa,
de la tierra, de lo que no cambia, de lo que no se conquista luchando como tú luchas.

G. José Juan

Muy bien. Todo eso lo comprendo muy bien, pero dime, ¿ella está enamorada?

Padre Rafael

Eso no lo sé.

Empleada
Señorita Beatriz, le juro a usted que es cierto. En este momento lo van a fusilar.

Quiñonez

Oye, Bocanegra, ven, ¿qué vas a hacer? A mí me dijo el general que a este viejo no no lo
tronáramos porque si lo truenas me va a llevar a tronar a mí. Tú ya lo conoces.

C. Bocanegra

Órdenes son órdenes, mano. Si no me trueno al viejo este ahorita, me truenan a mí.

Soldado

Pues entonces esto está de los demonios, oye. Si no truenas al viejo te truenan a ti y si
tuenas al viejo me truenan a mí. Esto va a ser un tronadero peor que el sábado de gloria.
¿Cómo la ves?

C. Bocanegra

Pues el que tenga lumbre atrás y adelante que puje, cumple y se aguante. Alguien tiene
que servir de judas y ese penitente no vo’a ser yo.
De frente, marchen.
Preparen armas. Apunten.

G. Bocanegra

Bocanegra, suspende este fusilamiento. Pasen al señor Peñafiel a mi despacho.

C. Bocanegra

Está bien, mi general. Descansen armas.

G. José Juan

Válgame, Dios, ya se lo andaba llevando todo el demonio.

Siento lo que pasó, señor Peñafiel. Yo había ordenado que lo dejaran en libertad pero
mis órdenes no fueron entendidas. Está usted en libertad.

Carlos Peñafiel
¿Estoy en libertad?

G. José Juan

En absoluta libertad, señor Peñafiel.

Carlos Peñafiel

¿En libertad, sin ninguna condición?

G. José Juan

Sin ninguna condición.


Carlos Peñafiel

No le comprendo a usted ni comprendo qué motivo lo haya impulsado a hacer esto.

Beatriz

Tengo que pasar, les digo que tengo que pasar. Tengo que ver a mi papá, les digo. Tengo
que ver a mi papá, déjenme pasar, bandidos, o si no los cacheteo.

G. José Juan

Lo siento, señor Peñafiel. Lo siento, señorita Peñafiel.


Beatriz

Vámonos, papá.

G. José Juan

Señor Peñafiel, siento de veras lo que ha pasado, créamelo. Desearía que me hiciera el
honor de permitirme hablar con usted en su casa.

Beatriz

Nadie que se haya atrevido a insultar a mi padre como usted lo ha hecho entrará a mi
casa.
Vámonos de aquí, papá.
Carlos Peñafiel

Beatriz, ¿hasta cuándo se te va a acabar esa costumbre?

Padre Rafael

Tiene usted motivo de sobra para no querer recibirlo, don Carlos. Lo sé y me apena tener
que hablarles de esto. ¿Pero qué quiere usted que yo hiciera? Él es mi amigo, mi mejor
y casi mi único amigo y no he tenido más remedio que venir a decirles que hoy vendrá a
esta casa para hablar con usted.

Carlos Peñafiel

¿Para hablar conmigo?

Beatriz

En mi casa no se atrevería ése.

Padre Rafael

Pues yo creo que sí. Dijo que vendría a las ocho.

Beatriz

¿A las 8?
Faltan trece minutos, papá.

Carlos Peñafiel

Pues que venga, yo hablaré con él.

Beatriz

No, yo hablaré con él.

Carlos Peñafiel

Beatriz.

Beatriz
Que Beatriz ni que ocho cuartos.

Carlos Peñafiel

Tú no.

Beatriz

Yo sí. Aquí se trata de que yo tenga la razón. Y perdóneme que le grite, papá. Hay cosas
que arreglamos mejor las mujeres que los hombres.
¿Verdad, padre?

Padre Rafael

Es cierto, don Carlos. Acuérdese usted.

Carlos Peñafiel

Beatriz

Padre Rafael

Don Carlos, él está enamorado de su hija, tan enamorado que me desconcierta y me


preocupa, pero por eso mismo es incapaz de hacerle ningún daño ni a usted ni a ella
porque la quiere.

Carlos Peñafiel

¡Cómo no va a ser capaz! Y más si está enamorado.


Yo, que soy gente decente, tuve que robarme a mi mujer. Imagínese de lo que será capaz
un… un cualquiera como ése.

Beatriz

¿Te robaste a mamá? No me lo habías dicho.

Carlos Peñafiel
¿Y cómo te lo iba a decir si fue el escándalo del pueblo?

Beatriz

¿Mis abuelitos no te querían?

Carlos Peñafiel

No es eso. Es que los padres de tu mamá pues querían lo mejor para su hija. Y a mí no
me querían porque soy chaparro.

Padre Rafael

Se oponían como todos los padres, Beatriz.

Beatriz

¿Pero tú a mamá te la robaste?

Carlos Peñafiel

Naturalmente.

Beatriz

¿Y ella te quería?

Carlos Peñafiel

Estábamos de acuerdo y sí nos queríamos. Todo fue porque los padres siempre ponen
peros con las hijas.

Beatriz

¿Pero te casaste con ella, verdad?

Carlos Peñafiel

Naturalmente que me casé. Chaparro, pero me casé. Yo soy todo un caballero.

Padre Rafael
Es él.

Beatriz

Es puntual.
¿Verdad, papa?

Padre Rafael

¿Yo? No.

Carlos Peñafiel

No vas a usar malas razones.

Beatriz

Todas las que sé, papá.


¿Quién es?

G. José Juan.

Soy yo, señorita.

Beatriz

¿Y quién es yo?

G. José Juan.

El general José Juan Reyes.

Beatriz

¿Y qué quiere usted aquí?

Carlos Peñafiel

Vengo a hablar con su papá, señorita Peñafiel.


Beatriz

¿De qué quiere hablarle?

G. José Juan.

Y también quisiera hablar con usted.


Beatriz

En esta casa no tiene usted qué hablar con nadie. Váyase y no siga molestando.

G. José Juan.

Yo vine a hablar con su papá, señorita, y no con usted.

Beatriz

¿Pero que no entiende usted? Ya le dije que se vaya. ¿Cómo ha tenido el descaro de
venir a mi casa? Además le prohíbo hasta que pase por mi calle. ¿Se cree usted un
Narciso irresistible o qué? Además es usted un ridículo, un payo, un grosero, un
robavacas, zambo, chango mechudo, mantenido, lástima de ropa. Además usted es muy
feo. Payaso.

G. José Juan

¿Qué?

Beatriz

¿Quéee? ¿Está sordo?

G. José Juan

No

Beatriz

¿No oyó nada?

G. José Juan
No, no le oí.

Beatriz

Pues acérquese. No quiero que me oigan.


¿Ya sé acercó?

G. José Juan.

Sí.

Beatriz

¿Acérquese más? Pegadito el oído a la puerta, por favor.


¿Ya?

G. José Juan

Ya

Beatriz

¿Cómo le quedó el oído, oiga? Eso le enseñará a no confiarse ni de su abuela.

G. José Juan

¿Y ahora qué tal le supo? Eso le enseñará que las mujeres son como los ratones. Siempre
caen en la trampa por curiosas.

G. José Juan

Señorita Peñafiel, muy buenas noches.

Beatriz

Buenas noches, chistoso. Pásele a ver a mi papá. Ándele.

G. José Juan

¿De veras?
Beatriz

Sí, ándele, me estoy muriendo porque pase. Ándele.

G. José Juan

Bueno, pero antes suelte esa tranca.

Beatriz

¿Cuál tranca?

G. José Juan

¿Cómo que cuál tranca?


Esa que trae ahí en las manos.

Beatriz

¿Y usted qué dijo? Ya la solté, ¿verdad? De guaje.

G. José Juan

Ah, no la suelta, pues entonces no entro. Ni que fuera tan buey. Los garrotazos se dan
después del matrimonio, no antes.

Beatriz

Sí, ¿y qué dijo usted? Ya se le hizo, ¿verdad?


Ya lo solté, ándele, ¿ahora qué piensa? Ándele. Pásele, mi general, al cabo que viene
muy elegante. Ándele.

G. José Juan

¿De veras?

Beatriz

Sí, a lo barridito.
Ándele, ándele.
G. José Juan

Mustia vieja de… Me lleva la que me trajo

Beatriz

Con esta van dos veces que le rompo el hocico al güichupe.


Y ojalá y viniera por la tercera vez para volarle todos los dientes y dejarlo sin portón.

Hombres en la calle

(Inaudible) Este es mi general Juan José Reyes. Arriba, mi general. Í, ñor

G. José Juan

Señorita, por favor.

Beatriz

No me toque.

G. José Juan

Perdóneme, señorita, pero tengo que hablar con usted, aunque sea aquí en la calle.

Beatriz

Usted no tiene nada que hablar conmigo y si quiere hablar, pues hable con sus
soldaderas.

G. José Juan

Quizá tenga usted razón, señorita, pero desgraciadamente el corazón no escoge.

Beatriz

Eso a mí no me importa ¿Pues qué se ha creído que porque su corazón escoge, nada más
por eso tenemos que aguantar sus necedades? Pues se equivoca usted. Usted es quién es
y nosotros…
¿Por qué no decirle? Somos gente decente y usted un aventurero cualquiera, un pelado.
Déjeme en paz y váyase con sus mujerzuelas, o con sus soldaderas, o como acostumbre
usted a llamarlas

G. José Juan

Señorita, perdóneme que un pelado, porque soy un pelado para usted, le recuerde que si
somos diferentes no es ni por culpa mía ni por méritos de usted, como tampoco son
mujerzuelas esas mujeres a quiénes usted desprecia porque no las conoce, pero yo sí las
conozco. Son humildes y abnegadas y saben trabajar, sufrir y morir sin esperar nada,
nada más el cariño del hombre que quieren.
Puede que tenga usted razón en despreciarlas. Tal vez sí sean muy diferentes a usted.
Después de todo, la gente no es toda igual por un simple accidente de nacimiento. Nada
más por eso. Y si le hubiera tocado nacer sin ninguna ventaja, como nacieron muchas de
esas mujeres, ¿qué clase de mujer hubiera sido usted? ¿Una mujerzuela?

Padre Rafael

José Juan, no seas cobarde.


No le pegues a una mujer, pégale a un hombre.

Beatriz

Qué infeliz y qué cobarde.

Padre Rafael

No es cobarde.
Perdóname, José Juan.
Vámonos, Beatriz.

Beatriz

Nunca he visto un hombre tan brutal ¡Pegarle a una mujer! pero pegarle a usted, a un
sacerdote, eso no tiene nombre, Padre.

Padre Rafael

Yo tuve la culpa. Me olvidé de lo que soy y me le enfrenté como hombre.

Beatriz
Eso, eso es lo que yo quisiera ser: Hombre, para arrastrarlo y patearlo. Me dan ganas de
tenerlo aquí para darle de bofetadas y quitarle esa sonrisa de cínico que tiene en la cara,
y esos ojos, Padre.

Padre Rafael

Beatriz, no hable usted así.

Beatriz

¿Que no hable así? Si quisiera despedazarlo.

Padre Rafael

¿Eso quisiera hacerle?

Beatriz

Eso y más.

Padre Rafael

Con razón lo provocó. ¿Qué le dijo usted?

Beatriz

Yo nada.

Padre Rafael

¿Nada?

Beatriz

Nada. ¿Qué le voy a decir yo a ese cualquiera, a ese pelado que está muy por debajo de
lo que yo soy.

Padre Rafael

¿Bajo, dijo usted?


Beatriz

Bajo, bajo y rebajo.

Me da coraje solamente de acordarme de él.


Yo no sé porque no lo castiga dios. Gentes como él no deberían de vivir. Yo no sé porque
rayos no se mueren todas esas gentes que no sirven para nada bueno.

Padre Rafael

Beatriz, acérquese usted. Por favor.


José Juan estuvo aquí y vio ese cuadro ahí casi en la oscuridad y lo cambió de lugar
porque él quería que le diera la buena luz. Para él los tres reyes simbolizan a los
poderosos, a los que son o creen ser superiores a los demás y ese niño es de los que están
más abajo porque es la caridad, el amor y la humildad, y ahí tiene usted a los poderosos,
de rodillas y humillándose como si quisieran bajar de su altura para ser iguales que sus
semejantes.

Beatriz

¿Eso dijo él?

Padre Rafael

Vio más allá de las figuras del lienzo. Vio un símbolo inmenso para los hombres y en la
cara tenía una expresión casi de amargura porque ya nadie se acuerda de ese símbolo,
como si él quisiera poder hacer que todos los hombres fueran otra vez iguales.

Beatriz

¿Y eso… eso es lo que persiguen esos revolucionarios, Padre?

Padre Rafael

No sé. Pero eso es lo que él me dijo a mí.

Beatriz

¿Pero ese estuvo aquí?


Padre Rafael

Sí, estuvo aquí para hablarme de usted.


Beatriz

¿De mí?

Padre Rafael

Sí, y nunca he oído hablar a un hombre de una mujer como él me habló de usted,
Beatriz.

Don Joaquín

Perdóneme, mi general, ¿me permite sentarme con usted?

G. José Juan

Siéntese, mi mayor.
Don Joaquín

Soy viejo, mi general, y por eso me atrevo a entrometerme. Yo sé bien que usted prefiere
estar sólo ahorita, pero ya sabemos lo que pasó.

G. José Juan

Mire, mi mayor, en mis asuntos no se mete nadie, ni jóvenes ni viejos.

Don Joaquín

Perdone, usted, mi general.

Don Joaquín

¿Me… me permite, mi general?

G. José Juan

Don Joaquín, siéntese. Perdóneme.

Don Joaquín
Mire, mi general, yo a usted le quiero mucho. Yo siempre he andado con usted en la bola
y ¿pa' qué decir más?
Así como me ve, todo viejo y arrugado, yo fui joven como usted. Sí, mi general, aunque
no lo parezca, y me enamoré de una muchacha. Ahora que ella y yo sí llegamos a
entendernos, pero hubo un pleito, lo que nunca falta cuando anda uno enamorado. Ahora
que aquel pleito no fue como los otros que, como es natural, ya habíamos tenido
anteriormente. A ella le mordió el orgullo, mi general, y a mí lo macho y ella se fue por
su lado y yo por el mío. Con una lagrimita que yo le hubiera visto en aquellos ojos, tan
lindos, yo me le hubiera hincado con todo y lo macho y le hubiera pedido perdón, mi
general, pero hay mujeres que no lloran y yo pues por eso aquí estoy como estoy, mi
general. Yo sé lo que le pasa, mi general, y créame, yo sé lo que se siente aquí, pero se
necesita ser muy macho pa' saber pedir perdón y yo no lo fui y aquí me tiene bebiendo y
bebiendo.
Perdóneme, ya he hablado mucho y no quiero molestarte. Con permiso, mi general

G. José Juan

Vengo a pedirle perdón, Beatriz, pero quizá usted no me quiera escuchar. Yo le pido
perdón y se lo pediré siempre sin esperar que me lo conceda. Tal vez mis palabras se
pierdan antes de llegar a sus oídos porque tienen que subir muy alto y su balcón está
siempre cerrado. Por eso otras voces tendrán que decirle lo que usted no deja que yo le
diga.

Trio

Que bonitos ojos tienes


Debajo de esas dos cejas
Debajo de esas dos cejas
Que bonitos ojos tienes

Ellos me quieren mirar


Pero si tu no los dejas
Pero si tu no los dejas
Ni siquiera parpadear

Malagueña salerosa
Besar tus labios quisiera
Besar tus labios quisiera
Malagueña salerosa
Y decirte niña hermosa
Que eres linda y hechicera
Que eres linda y hechicera
Como el candor de una rosa

Y decirte niña hermosa


Que eres linda y hechicera
Que eres linda y hechicera
Como el candor de una rosa

Si por pobre
Me desprecias
Yo te concedo razón
Yo te concedo razón
Si por pobre me desprecias

Yo no te ofrezco riquezas
Te ofrezco mi corazón
Te ofrezco mi corazón
A cambio de mi pobreza

Malagueña salerosa
Besar tus labios quisiera
Besar tus labios quisiera
Malagueña salerosa

Y decirte niña hermosa


Que eres linda y hechicera
Que eres linda y hechicera
Como el candor de una rosa

G. José Juan

No, no se vaya usted. Por favor. Ya no la volveré a molestar jamás. Se lo prometo, pero,
por favor, óigame usted. Aquí, en este lugar, le quiero pedir perdón, perdón por todo,
perdón por quererla, pero yo no tengo la culpa de sentir lo que siento por usted. Me han
dicho que yo no tengo derecho a enamorarme y menos de una persona como usted
porque soy lo que soy y ni yo mismo sé cómo iré a acabar, pero el corazón no sabe de
eso. Sigue tranquilo, en calma, cuando de pronto se detiene como si la propia vida se
detuviera por un momento con la angustia de no saber si la vida acaba ahí o va a seguir
otra vez adelante y esa angustia ya nunca se aparta del corazón, pero yo he soñado
creyéndome capaz de haberla podido hacer feliz y dios sabe que todas mis esperanzas ya
sólo pueden tener una finalidad en mi vida: seguir soñando en eso mismo, en que quizá
yo la hubiera hecho dichosa a usted. Yo sé que algún día me tendré que ir de aquí, tal vez
muy pronto, y ya nunca la volveré a ver, pero quiero que usted sepa que la llevaré aquí
siempre. Estará usted aquí conmigo como está esa imagen en ese altar. Así la quiero a
usted y así la seguiré queriendo siempre.

Hombres cantando

Sufro terrible la ausencia por una ingrata mujer que me abandonó.


Al cielo pido clemencia,
que me haga olvidar las penas que paso yo.
Qué sentimiento tan grande cuando me paso la noche velando por ti.
Quiero hacer por olvidarte pero más y más te siento juntito a mí.
No quiero verte y no volver

Soldado

Mi general, lo andábamos buscando. Acaba de llegar el Propio y dice que las fuerzas
federales están como a siete kilómetros de aquí.
¿Cuánta gente dices que son?

El Propio

Son dos batallones de infantería, dos regimientos de caballería y además seis secciones
de ametralladoras, mi general. Vienen bien dotados de pertrecho y municiones y estarán
aquí en cinco horas y además traen consigna de destruirlos a su captura. Vivo o muerto,
mi general.

Soldado

Ordene usted, mi general.


G. José Juan

No sé. A’í después les daré mis órdenes. Acuartelen a toda la gente.

Soldado

Sí, mi general.
Mr. Roberts

Usted me dio a mí un salvoconducto, verdad, ¿mi general?

C. Bocanegra

Salvoconducto o no salvoconducto, las cosas han cambiado.

¿Qué hacemos con él, mi general? ¿Lo trueno? Ha tenido el descaro de volver con un
traje de novia. ¿Lo trueno?

G. José Juan

Retírate, Bocanegra

C. Bocanegra

Sí, mi general.

G. José Juan

Cuando me habló usted la primera vez, no comprendí lo que me quería decir. Ahora sí lo
comprendo.
Vaya usted a ella y hágala muy feliz.
Rogelio.

Rogelio

Mande, mi general.

G. José Juan

Acompáñalo.

Rogelio

Sí, señor.

Padre Rafael
Había venido otra vez a rogar, pero no ha sido necesario. Te lo agradezco, José Juan.
Siempre has buscado la buena luz para los demás sin darte cuenta de que tú siempre te
quedas en la oscuridad. Hoy, hoy en la noche se casarán por lo civil y mañana, mañana
yo, tu amigo José Juan, tendré que casarlos ante dios.

Don Joaquín

Mi general, el enemigo ya está a la visita, en líneas desplegadas, listo para atacar. Su


artillería ya está emplazada.

G. José Juan

Prepare a la gente para evacuar la plaza inmediatamente.

Don Joaquín

¿Sin pelear, mi general?

G. José Juan

Sin pelear, mi mayor.

Don Joaquín

Está bien, mi general. Con permiso.

Padre Rafael

Me da gusto que hayas decidido no pelear.

G. José Juan

Hay veces que no se debe pelear. Es más decoroso retirarse a tiempo que pelear y pelear
hasta perder.
Bueno Sierrita, adiós y perdóname todo.

Padre Rafael

Adiós, José Juan. Que dios te bendiga.

Soldado
Mi general, aquí está la señora que no quiso recibir ni el dinero ni las alhajas y pos' me
la traje.

G. José Juan

¿Es usted…?

Rosa Bernal

Rosa Bernal, la viuda de don Fidel Bernal.

G. José Juan

Siento muchísimo que la hayan molestado así, señora, y le suplico me haga favor de
recibir ese dinero, que es suyo, y también los anillos. Y quiero que sepa usted que
aunque no me arrepiento de haber mandado fusilar a su marido, he sentido una gran
pena por usted.
Yo lo sé todo, señor, y no le guardo a usted rencor.

G. José Juan

Gracias, señora.
Quiñónez, acompaña a la señora a su casa y entrégale eso.

Quiñónez

Sí, mi general.

Mr. Roberts

Allá adentro está el juez que nos deberá casar ante todos tus amistades y quiero hacerte
estas últimas preguntas: ¿Estás segura de que quieres casarte conmigo?

Beatriz

Mr. Roberts

¿Estás segura de que no quieres a otro hombre, que sólo me quieres a mí?
Beatriz

Mr. Roberts

Te pregunto estas cosas porque eso otro hombre te quiero tanto a ti como podría yo
quererte. Entonces, ¿estás segura que estás dispuesta a ser mi esposa?

Beatriz

Estoy segura.

Mr. Roberts

Entonces, antes de entrar permíteme que te haga mi regalo de bodas.

Invitados

Vivan los novios, vivan. Vivan los novios, que vivan…

Juez

Los testigos de ambos contrayentes tengan la bondad de tomar su sitio. Quiero


aprovechar este momento para decirles que es un honor muy grande para mí cumplir
como juez en este matrimonio ya que se trata de la hija de don Carlos Peñafiel, mi
compadre, y de ti, Beatriz, que me tocó llevarte en brazos a la pila bautismal, que me
tocó asentar en registro tu nombre. Quiero decirte en este momento, tan significativo
para ti, para tu padre y para todos nosotros, lo que la ley espera del hombre y de la mujer
y empezaré por expresar el gusto que me da ver que te vas a casar con un extranjero, con
el señor Roberts porque esto demuestra que entre nosotros ni existen ni jamás han
existido prejuicios raciales y por lo tanto tu responsabilidad como mujer mexicana es
mayor.

Beatriz Peñafiel, de hoy más tu nombre será Beatriz Peñafiel de Roberts. Firma.
Padre Rafael

No se alarmen ustedes. Son las fuerzas federales que vienen a atacar, pero el general
José Juan Reyes no peleará. Está derrotado y ha juzgado a más honra retirarse.
Quiñonez

Ordene usted, mi general.

G. José Juan

Cuando lleguen a las afueras del pueblo, que la gente se forme en línea desplegada.

Quiñonez

Muy bien, mi general

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