La Evaluación como instancia de aprendizaje.
Los relatos se cargan de emoción cuando reflejan las implicancias de
la evaluación, en cualquier instancia, teñida de sensaciones,
sentimientos, temores, angustias.
Al respecto, Philip Jackson señala: “...mucho antes de llegar a la
edad escolar , cada niño experimenta el dolor del fracaso y el
júbilo del éxito; pero sus logros , o la ausencia de estos, no se
hacen “oficiales” hasta que ingresa al aula . A partir de
entonces, se acumula , poco a poco, un registro semi público
de su progreso y, como estudiante, tiene que aprender a
adaptarse al espíritu continuado y penetrante de la evaluación,
que dominará sus años escolares”...
Esto nos da una idea de la marca personal, la impronta que acontece
sobre al sujeto como alumno a lo largo de su vida, no sólo en cuanto
a su rendimiento académico, sino también sobre sus sentimientos,
percepciones y vivencias .
Lo que demuestra claramente que el proceso de evaluación en sí,
está teñido por una serie de exigencias racionales, psicológicas y
emocionales, en cualquier instancia y bajo toda circunstancia
evaluativa.
La educación auténtica
Este concepto proporciona instrumentos que van más allá del análisis
del conocimiento declarativo, los aspectos conceptuales que los
alumnos enuncian.
Incluye también la observación y valoración de lo que los alumnos
“demuestran” que saben hacer, pensar y resolver. Esto está
íntimamente ligado a la comprensión.
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Pero...¿por qué es tan importante comprender lo aprendido? , ¿en
qué radica la diferencia ? . Los tipos de comprensión se revelan en
“los desempeños”.
Cuando los alumnos pueden mostrar cómo están utilizando sus
conocimientos, de qué modo los aplican en lo cotidiano , si son
capaces de dar cuenta de lo que están haciendo y pueden analizarlo ,
cuestionarlo , debatirlo, llegar a conclusiones universalmente válidas ,
es entonces allí donde se puede obtener información sobre las
maneras de comprender más profundas y se evita confundir el
verdadero aprendizaje con la repetición mecánica de conceptos.
La Evaluación permite emitir juicios de valor sobre la actividad
educativa. Ahora bien: esos juicios pueden ser fundamentados o
arbitrarios ya que todo proceso evaluativo está teñido de subjetividad.
El rigor de los mismos procede de las evidencias recogidas en el
devenir de la actividad escolar.
Tanto el profesor que evalúa como el alumno, de acuerdo al grado de
estima, confianza, respeto, empatía con ese profesor, influirán en el
resultado final. Y, por otro lado, no debemos dejar de lado que no
sólo evalúa el maestro. También él es evaluado de otras formas , por
sus alumnos.
Y qué decir del estigma de la trayectoria escolar de ese niño o
adolescente que en la mayoría de las veces lo tipifica , lo “estigmatiza”
para bien o para mal a lo largo de su vida como estudiante .
Ya vemos que son innumerables los factores que intervienen en el
proceso evaluativo y de ahí la rigurosidad , la calidad y la inteligencia
que debemos tener como profesionales de la educación al llevarla a
cabo.
Es necesario, además, aplicar criterios de valor a lo comprobado y
eso dependerá de los valores educativos que se defiendan. Recoger
datos de calidad ( rigurosos, precisos ), exige una habilidad finísima y,
al mismo tiempo, también un criterio y sentido común responsable.
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Todos los individuos podemos y sabemos observar pero no todos
somos capaces de “interpretar” atinadamente lo observado , tampoco
eso garantiza el buen uso que haremos con lo observado para la
mejora del proceso de enseñanza y aprendizaje. No todos somos
capaces de atribuir sentido y significado a los hechos y a las actitudes
de nuestros alumnos.
Los instrumentos de recoloección de datos han de ser sensibles ante
el grado de complejidad de la actividad que se necesita evaluar.
Por eso cuando hablamos de instrumentos de evaluación pensamos
en ellos como herramientas abiertas y flexibles y de ahí que debemos
contar con una diversificación de métodos de exploración de la
realidad.
Asumimos, entonces, que la evaluación requiere del relevamiento de
información sobre la que luego se elaborarán juicios de valor y se
tomarán decisiones y, por tanto, se trata de una tarea
extremadamente delicada y que debe tomarse con la mayor
responsabilidad.
Podemos también preguntarnos sobre si ¿es necesario relevar una
información única?, esa información ¿permite realizar análisis válidos
para los distintos tipos de destinatarios? ¿cómo se maneja la cuestión
afectiva en la sensibilidad única y exclusiva de cada sujeto a ser
evaluado?
¿Qué relaciones encontramos entre enseñar, aprender y
evaluar?
Existen preocupaciones específicas por los desempeños que muestran
los estudiantes en relación con el aprendizaje de los contenidos que
se enseñan en la escuela. Los alumnos no recuerdan ni comprenden
una gran parte de lo que se les brinda dentro del ámbito escolar.
En este marco se analizan las prácticas docentes, las tareas de
aprendizaje de los alumnos y también se cuestiona la evaluación, sus
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funciones , los instrumentos que se ponen en juego, los tipos de
información que se obtienen y los usos que se hace de ellos.
Estos problemas nos convocan a pensar que el proceso de evaluación
está implicado en la tensión producida entre las metas relativas al
dominio de los contenidos disciplinares que los docentes proponen y
el proceso de aprendizaje de cada estudiante, que es individual,
único e irrepetible , imposible de ser comparado.
Entonces , la pregunta recurrente fue, es y seguirá siendo :
¿qué evaluar?
¿para qué y por qué evaluar determinadas situaciones o
conocimientos o habilidades?
¿Cómo identifican docentes y alumnos si se han alcanzado los
propósitos de enseñanza y cómo acceden los estudiantes a reconocen
y aprehender qué , cómo y por qué lo aprendido?
La evaluación es un proceso de análisis que se apoya en el diálogo.
Un diálogo entre los participantes, evaluados y evaluadores,
evaluadores y la sociedad.
Es una plataforma de participación que compromete a los
protagonistas en la acción del centro y a toda la sociedad, interesada
en los procesos de educación que tienen lugar en las escuelas.
Como ya dijimos, la evaluación es un fenómeno de comprensión. La
comprensión exige una lectura atenta e inteligente de la realidad.
Diálogo y comprensión están encaminados a la mejora de la realidad;
tiene conexiones con el cambio y la innovación. No es fácil definir la
mejora porque tiene que ver con la esencia del proceso educativo.
Para entender lo que decimos, podemos señalar sus principales
características:
tiene en cuenta el contexto, es decir, analiza lo que
sucede dentro de la institución que ha tenido una historia
irrepetible y tiene un ethos cultural único. Parte de las
peculiaridades diacrónicas y sincrónicas del centro,
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está atenta a los procesos y no sólo los resultados,
da voz a los participantes en condiciones de libertad , es
decir, tiene en cuenta la opinión de los miembros de la
comunidad educativa porque son ellos los que disponen de las
claves interpretativas de lo que sucede,
usa métodos diversos y suficientemente sensibles para
captar la complejidad de los fenómenos que se producen en la
escuela,
está atenta a los valores , no limitándose sólo a la
búsqueda de indicadores de carácter técnico,
se expresa en un lenguaje accesible a los destinatarios,
pretende ser una plataforma de participación y diálogo
sobre la enseñanza y el aprendizaje.
La institución puede considerarse como una unidad funcional de
planificación, acción, evaluación y mejora.
El equipo directivo, como dinamizador de la vida de la institución,
debe impulsar una reflexión permanente y compartida sobre la acción
educativa.
Esta reflexión compartida:
no es una amenaza,
no es una fiscalización,
no es un juicio,
no es una intromisión,
no es una descalificación,
no es una imposición.
Esta reflexión compartida, en cambio:
es un diálogo,
es un encuentro,
es una comprobación,
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es un diagnóstico,
es un punto de partida,
es un intercambio,
es una ayuda ,
es una mejora
La evaluación interna es una exigencia de la propia actividad y resulta
importante porque:
permite reflexionar sobre lo que se hace,
facilita la coordinación tanto vertical como horizontal,
ayuda a comprender lo que sucede,
impulsa al diálogo y la participación, permite tomar
decisiones racionales,
impide los solapamientos,
ayuda a incidir sobre lo que se considera sustancial,
toma el error como forma de aprendizaje ,
otorga coherencia al trabajo en equipo,
ayuda a la capacitación y mejoramiento constantes.
De ahí la necesidad de realizar una evaluación que sea:
sistemática y no sólo ocasional,
rigurosa y no arbitraria,
canalizada y no dispersa,
conocida y no subrepticia,
colectiva y no sólo individual,
compartida y no sólo estamental,
libre y no impuesta,
continua, formativa, sumativa, en proceso. La evaluación
tiene como finalidad esencial la mejora constante del proceso
de enseñanza y aprendizaje. La evaluación, en sí misma, no la
garantiza. Lo esencial es poner la evaluación al servicio de la
[Link] evaluación, además de ser un proceso técnico es un
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fenómeno moral. Importa mucho saber a qué valores sirve y a
qué personas beneficia. Importa mucho evaluar bien, pero más
importa saber a qué causas sirve. No es un hecho aséptico, que
pueda realizarse sin tener en cuenta los valores, el respeto
hacia los demás y el sentido de la justicia.
La evaluación debe ser garantía de calidad, orientándose a la mejora
y no al control, la comparación o la discriminación. Debe garantizar la
igualdad de posibilidades a atender a las necesidades de cada sujeto.
Gimeno Sacristán dice que “tratándose de procesos de enseñanza y
de aprendizaje cumple dos finalidades primordiales: comprobar la
validez de las estrategias didácticas puestas en escena e informar al
alumno para ayudarle a progresar en su autoaprendizaje”.
Una evaluación realmente integral debe incluir en su objeto la
dimensión institucional y social que permita comprender la situación
educativa en su totalidad.
La escuela debe ser un lugar donde los alumnos aprenden a pensar y
a encontrarse a sí mismos en un clima de serena tranquilidad donde
se investiga, trabaja, estudia, no para dar exámenes, sino para
satisfacer el ansia humana de aprender. Mientras los exámenes
perduren en un diagnóstico, las escuelas no pasarán de ser casas de
corrección.
Objetivo general
Conocer los rasgos principales que definen la evaluación,
proporcionando información que ayude a los que trabajan en
los programas a optimizar su eficacia, tanto en la forma de
trabajar como en los resultados e instando a comprender las
relaciones entre la evaluación de una institución educativa,
entre diferentes instituciones, zonas escolares, programas y
sistema educativo.
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Objetivos específicos
Posibilitar a los docentes realizar una carrera de Postítulo
en Evaluación y su relación con los procesos de enseñanza y
aprendizaje.
Identificar, diseñar y promover situaciones de enseñanza
relacionadas con las temáticas en cuestión, desde un abordaje
actualizado involucrando nuevas tecnologías de la comunicación
para los distintos espacios formales y no formales de
transmisión de saberes.
Conocer los rasgos principales que definen la evaluación y
la distinguen de la investigación aplicada y de la simple
valoración asistemática.
Comprender y valorar las funciones que tiene en la
actualidad la evaluación para el desarrollo de los sistemas
educativos.
Conocer y valorar los principales paradigmas, modelos y
métodos que se utilizan en la evaluación educativa.
Seleccionar y establecer criterios de evaluación para
tomar decisiones en cada uno de los diferentes momentos.