Capítulo 1.
TEMPESTAD
Los sueños de Sakura Haruno volvieron a transformarse en realidad con cada
pitido odioso que resonaba a través de la habitación. Con pesar abrió los ojos y
de manera torpe comenzó a tantear sobre su escritorio de madera de pino hasta
hallar el pequeño aparato debajo de varias fotografías que sobresalían de los
demás papeles
— ¿Hola? —contestó mientras volvía a erguirse sobre la silla acomodándose la
blusa
— Hola, cariño. Soy yo
— Ah, hola Sai —intentó contener un bostezo aunque fue prácticamente
imposible
— ¿Ocupada?
— Un poco —en ese momento un trueno retumbó fuera de aquellas paredes
dando la entrada a la tormenta que estuvo amenazando con aparecer hacía
varias horas. Sakura recorrió la habitación con la mirada mientras intentaba
recordar cuáles habían sido los planes que había olvidado esta ocasión. El lugar
estaba completamente vacío— lo siento. Sé que debí llamarte antes pero perdí
la noción del tiempo
— No te preocupes. Sólo llamaba para saber si ya estabas en tu casa aunque
me imaginó que aún sigues en el estudio ¿no es cierto?
— Ajá. Estoy terminando de revisar unas tomas pero creo que las editaré en
casa
— Me parece perfecto. Llámame cuando llegues. Te amo
— Si, te llamaré. Adiós —cerró el teléfono mientras suspiraba preguntándose si
sería normal que no pudiera decirle a su prometido que también lo amaba.
Probablemente no. Puso la mano sobre el ratón de la computadora para
desactivar el protector de pantalla, hizo varios clics revisando un par de carpetas
y luego apagó el ordenador. Empujó la silla mientras se levantaba estirando los
brazos. Había sido un largo día. En realidad, los últimos meses habían sido unos
muy largos días. Mientras cogía su abrigo del perchero que había junto a la
pared que dividía su cubículo de los demás, no pudo evitar pensar que tal vez
algo iría mal en su vida. Bueno, eso era obvio. Tener casi veinticinco años y ser
controlada por tu mundo en lugar de que fuera al revés claramente significaba
que algo iba mal.
Cuando decidió estudiar fotografía pensó que tal vez así podría escapar del
mundo al que había pertenecido desde que había nacido. Su padre un
importante doctor y su madre con un complejo de perfección que rayaba en lo
enfermizo, hicieron que ella siempre deseara ir más allá de ellos, más allá de
aquel mundo de lujos y perfección fingida al que parecía estar destinada por
derecho. Siempre buscó ser independiente y vivir aventuras mientras conocía
otros lugares nuevos y totalmente excitantes. Se equivocó. Irse lejos y estudiar
fotografía a pesar de lo que dijeran sus padres pareció ser la manera perfecta de
escapar pero en realidad no funcionó. No hubo viajes ni mucho menos aventuras
excitantes para vivir.
Ahora trabajaba como fotógrafa de la sección de sociales en el periódico de la
ciudad en la que vivía, ¿qué tan irónico podría ser eso? era cierto que ya no
participaba en aquellos eventos glamorosos pero ¿qué era peor, ya no participar
o ser la espectadora de una realidad que parecía estar destinada a ella sólo para
atormentarla? Definitivamente siempre pensó que debería haber algo más en la
vida que sólo un trabajo que no te hace feliz y un futuro matrimonio del que no
estás del todo segura.
Hay estaba la otra cuestión: Sai. Lo había conocido por accidente en el centro
comercial y antes de que pudiera darse cuenta ya había salido durante casi
cuatro años y ahora estaban comprometidos. No es que no sintiera nada por él,
al contrario, estaba segura de que sentía algo pero… eran tan diferentes.
"Diametralmente opuestos" sería la frase más adecuada. Él un abogado,
centrado, directo, racional. Ella una fotógrafa, soñadora, sentimental. No había
nada en común, ni la música, ni las películas ni programas de televisión, ni
comida. Nada.
Aún no habían fijado una fecha para la boda ni habían iniciado con los
preparativos pero eso no evitaba que sintiera escalofríos cada vez que veía el
anillo de compromiso en su dedo —por eso siempre lo llevaba en un bolsillo
interno de su bolso—. Le aterraba pensar que tal vez las cosas no deberían de
ser de esa manera y ella pudiera echarlo todo a perder. No estaba segura de
nada salvo de una cosa, alguien como Sai no debería sufrir por su indecisión.
Esperaba que tal vez, como le habían dicho algunas de sus compañeras de
trabajo, ese sudor frío que experimentaba al ver el anillo de bodas sólo fuera por
nervios pasajeros al dar aquel gran paso. En verdad deseaba que así fuera.
Dio una última mirada a su escritorio. La montaña de papeles y fotografías
amenazaba con hacer un desastre total en los días próximos días. Ya habrá
tiempo para arreglarlo cuando regrese el lunes pensó mientras colgaba su bolso
sobre el hombro. Estaba a punto de caminar hacia el ascensor cuando se detuvo
para mirar la placa que había sobre el escritorio: "Sakura Haruno. Reportera
gráfica". No pudo evitar recorrer con la mirada cada una de las letras doradas
que sobresalían en ese pequeño trozo de metal, llenas de lo que parecía que
ella había perdido hacía mucho tiempo. Su luz. Aún cuando lo intentaba,
últimamente con mayor intensidad que antes, no podía definir en qué momento
su vida se había estancado ahí, cuándo había perdido los sueños y la esperanza
de que siempre había algo más allá de lo que veía, de que siempre podría haber
más.
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Sobre una azotea, no muy lejos de donde las oficinas del "Konoha Journal"
estaban ubicadas, un par de hombres miraban hacia las calles de abajo. Ambos
eran altos y estaban ataviados con abrigos de cuero largos, pantalones del
mismo material y botas de tipo militar.
— Así que por fin comenzará a llover — susurró uno mientras alzaba la mirada
después de que un par de rayos atravesaran el cielo nocturno. Su cabello
grisáceo destacaba entre sus vestimentas negras mientras era lentamente
aplacado por las gotas de agua
— Llevamos más de media hora aquí sin hacer nada así que habla de una vez,
Kakashi. La lluvia y tu plática incesante están poniéndome de mal humor —
Kakashi sonrió de lado al oírlo
— Con todo respeto, siempre pareces estar de mal humor Sasuke —el aludido
centró su mirada fría en él
— ¿Estás criticándome? —replicó. Parecía tal vez diez años menor. Las
delicadas facciones que se poseía eran elegantes, aristocráticas siendo
enmarcadas por un par de mechones de cabello negro que caían alrededor de
su rostro mientras el resto se alborotaba en su nuca. Su mirada oscura reflejaba
una madurez y frialdad autoritarias al igual que su voz.
— En absoluto. Sólo expongo mi punto de vista —De nuevo volvieron a quedar
en silencio. Sasuke caminó un par de pasos más hacia la orilla hasta
encontrarse con la mitad del cuerpo inclinado hacia la nada. Era como si
estuviera esperando a que algo o alguien pasara debajo de él. En realidad lo
esperaba— Mi señor, he sido su cónsul y mentor durante casi cuatrocientos
años en los cuales puedo decir que ha sido un placer haber estado con usted
¿lo sabe verdad? —el chico de cabello negro levantó la mano izquierda frente a
él para indicarle que se callara
— Déjate de tonterías. Sabes que odio que me llames de esa manera. No soy tu
señor —el hombre se aclaró la garganta para continuar
— Aunque creo que discrepo en eso supongo que entonces puedo aventurarme
a decir que eres más que un compañero de batallas y que te he considerado
como un hijo —los fríos ojos negros volvieron a clavarse en él
— Aclaremos de una vez por todas esto, Kakashi —comentó impaciente— ¿qué
demonios sucede? —el hombre volvió a quedarse en silencio clavando su
mirada en él logrando exasperarlo— Habla de una vez o tendré que arrancarte
las palabras de la boca —durante un par de minutos de nuevo no hubo
respuesta hasta que el hombre de cabello gris se aclaró la garganta y volvió a
abrir la boca
— El consejo me ha llamado nuevamente —Sasuke volvió a erguirse para
después clavar su mirada oscura en él. Se acercó de manera elegante e
imponente hacia Kakashi haciendo que el hombre inmediatamente apoyara una
de sus rodillas sobre el suelo mojado aún cuando quizás era un par de
centímetros más alto. Sasuke apretó con fuerza los puños para evitar golpearlo
— Tienes tres segundos para levantarte y dejarte de toda esta payasada —
sentenció con frialdad. Kakashi obedeció de inmediato dejando su mirada atada
al piso. Sasuke miró a su alrededor y finalmente giró el rostro hacia la izquierda
— ¿Desde cuando lo sabes?
— Desde hace algún tiempo
— ¿Y por qué no me lo habías dicho?
— Porque no pensé que el tiempo fuera tan breve —alzó la mirada con cautela
— Escucha Sasuke, ambos sabíamos que era cuestión de tiempo para que
reclamaran mi presencia en el cargo que me fue entregado por destino. A pesar
de los quinientos años que llevo aplazándolo tarde o temprano tendría que
volver, incluso Neji ya debió de haberlo visto. Yo… —de nuevo Sasuke levantó
la mano dispuesto a replicar pero entonces algo cambió. Ambos abrieron los
ojos lo más que pudieron mientras un olor dulzón y frío saturaba sus narices a
pesar de la lluvia y un hueco se formaba en sus pechos. Sasuke dibujó una
media sonrisa de satisfacción— ¿Cuántos? —cuestionó de inmediato
— Tal vez siete. Vienen en dos direcciones distintas —volvió a mirarlo—
Hablaremos después. Hay trabajo que hacer —su compañero asintió e hizo una
reverencia. Sasuke se dirigió hacia el extremo donde había estado y cuando
estuvo en la orilla miró sobre su hombro— Y Kakashi… no se te ocurra morir hoy
¿quedó claro? —antes de recibir respuesta desapareció de la vista del hombre
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El estacionamiento estaba a dos edificios de distancia ya que el diario compartía
aparcamiento con las oficinas de una aseguradora y un edificio de
departamentos. Llevaba casi tres años trabajando en ese lugar casi los siete
días de la semana, recorriendo ese pequeño trayecto de unos veinte metros y de
repente le pareció tan lejano ahora que veía la intensidad con la que la lluvia
caía. No tenía sombrilla así que significaría que aunque fuera tan rápida como
los campeones de atletismo terminaría empapada. Meditó las opciones que
tenía durante unos segundos. Al no haber más supo que tendría que hacerlo.
Soltó una maldición e inició su carrera a través de la avenida iluminada
parcialmente por las farolas.
Luego de su minimaratón logró llegar al estacionamiento, inclinó su bolso y
comenzó a buscar las llaves. Cuando al fin halló la pequeña maraña, ésta cayó a
un pequeño charco. Mientras maldecía se agachó para tomarlas y se encontró
con un par de zapatos frente a ella. Tomó las llaves y se puso de pie
— Parece que necesitas un poco de compañía, muñequita —dijo el hombre
mirándola lascivamente. De inmediato Sakura comenzó a retroceder cada paso
que el hombre avanzaba. Pensó en regresar al edificio del periódico pero
justamente otro hombre apareció en esa dirección. Tenía bloqueados ambos
accesos. No podría acercarse a su auto ahora— Me encanta tu cabello. Parece
tan tierno. Me gustaría tocarlo
— A mí me gustaría tocar otras cosas —escupió el otro. Sakura miró a su
alrededor dándose cuenta de que ya no podría volver al periódico. Dio un par de
zancadas más y luego de que se alejó un poco comenzó a avanzar por la
avenida principal sin importar la lluvia. Estaba cerca de la zona de restaurantes
así que si lograba llegar ahí estaría a salvo. De cualquier manera, comenzó a
buscar en su bolso un gas pimienta que Sai le había comprado
— Oye hermosura, ¿tienes que ir a alguna parte? Podríamos llevarte. Mi auto
está cerca —Sakura apresuró su paso concentrándose para no perder la calma.
"En situaciones de riesgo es necesario mantener la calma para poder pensar
con claridad. Mantén el control" se decía mentalmente. Luego de indagar hasta
lo más profundo de su bolso se dio cuenta de que el "bendito" gas pimienta no
estaba. Lo había dejado en un cajón del escritorio. Su corazón comenzó a latir
con fuerza cuando vio el letrero de una cafetería cercana. "Sólo unos metros
más, sólo unos metros".
De nuevo aceleró el paso y antes de que pudiera divisar la siguiente avenida
uno de los hombres la sujetó por la cintura. Sus pies quedaron colgando en el
aire, y mientras la arrastraba hacia atrás, le cubrió la boca con la palma de la
mano. Sakura luchó pateando y lanzando puñetazos, y cuando acertó a
propinarle un buen golpe en un ojo, logró zafarse. Intentó alejarse lo más
rápidamente posible, taconeando con fuerza sobre el pavimento, mientras el
aliento se agolpaba en su garganta pero entonces el hombre volvió a sujetarla
de nuevo. Cubrió su boca con la mano mientras la arrastraba hacia una zona
oscura. Un callejón. Esos malditos la estaban arrastrando a un callejón. El
pánico comenzó a inundar todo su ser mientras sacudía su cuerpo intentando
zafarse.
El hombre la recargó bruscamente contra la pared de ladrillo presionando su
cuerpo sobre el de ella. Aún sin dejar de luchar, las lágrimas comenzaron a
nublar en sus ojos. Ellos eran dos. Eran más fuertes. Y ella…
¡Dios mío por favor, no!
Capítulo 2
Un acertado golpe en la mandíbula logró descontrolar a Kakashi lo suficiente
para que no alcanzara a esquivar el momento en el que una daga se incrustó en
su espalda a la altura de los riñones. El primer enemigo terminó volando por los
aires hasta azotar contra el muro del callejón donde se encontraban y entonces
inicio un forcejeo con el que le había herido.
Había una cosa cierta en esa guerra respecto a sus enemigos, los cazadores de
Akatsuki. Entre más años pasaran en aquella organización sanguinaria, más
hábiles se volvían. Akatsuki estaba conformada por vampiros rebeldes en contra
del –actualmente- extinto régimen Uchiha, y que se encontraban bajo las
órdenes de Orochimaru, el antiguo líder de "El Círculo", la parte más alta en
cuanto a la escala social vampírica se refería. Durante siglos enteros las
acciones de Orochimaru pasaron desapercibidas hasta que finalmente dio su
golpe maestro como inicio de la guerra que proseguía en la actualidad. Luego
del "Crystal Day" donde más de la mitad de la población de la raza fue
aniquilada a manos de aquel traidor y sus seguidores, aquella sociedad
comenzó a perseguir a los vampiros civiles llevando a la raza al borde de la
extinción.
Sin embargo, en respuesta a ellos nació la Cofradía. Vampiros con
características únicas en batalla entrenados específicamente para la protección
de la raza. Guerreros incansables que luchaban unidos para proteger y salvar lo
poco que quedaba de una especie que había alcanzado la gloria absoluta y que,
al igual que Roma, había decaído trágicamente hasta el borde del caos y el
olvido. Héroes anónimos sin una verdadera identidad, al menos no una pública.
Siempre existían especulaciones sobre sus miembros y su localización pero no
pasaban de ser ideas o comentarios pasados de una boca a otra en medio de
reuniones civiles. Rumores.
Finalmente Kakashi logró atravesar al segundo cazador con el que estaba
forcejeando la daga. En un amplio despliegue de habilidad desenfundó una de
las SIG que traía colgando a ambos lados de la cadera y con dos tiros partió por
la mitad el corazón del asesino para luego apuñalarlo con la misma daga. Una
vez que los cazadores obtenían el sello de maldición de Orochimaru se volvían
extremadamente resistentes logrando sobrevivir a heridas que siendo vampiros
normales les hubiesen ocasionado la muerte. Sólo existe una única forma de
acabar con un cazador y esa es atravesando el pecho con algo de metal
-excepto plomo, de ahí que las balas no sean suficientes-.
Cuando la hoja de acero atravesó el esternón hasta el corazón, las marcas que
dejaba la activación del sello se diseminaron a través de toda la piel cubriéndola
de una tonalidad endrina. Finalmente el cuerpo se desintegró hasta tomar una
forma líquida. Kakashi se apartó de la ahora mancha aceitosa en la pared. Con
grandes bocanadas intentó llevar aire a sus pulmones mientras se tambaleaba
para llegar a su anterior oponente que continuaba tirado en el piso entre un par
de botes de basura, abrió su abrigo dejando ver la cartuchera que llevaba en el
pecho y de ahí sacó una flamante daga plateada. La hoja del instrumento
centelló cuando otro relámpago surcó el cielo en medio de la tormenta y en un
movimiento rápido, aquel cazador corrió con la misma suerte de su compañero.
Kakashi se puso de pie dándose la vuelta y sacudió la daga para quitarle el
rastro de sangre color negro. Algo iba mal. Aunque no pudo precisar qué hasta
que… uno, dos, tres tiros impactaron en su abdomen. Tres, los cazadores
siempre van en grupos de tres. Lo había olvidado. Como si fuese un novato
olvidó ese pequeño detalle. Una sonrisa irónica se dibujó en su rostro al ver al
tercer integrante que había sido el primero en hacerle frente y que creyó haber
dejado inconsciente. Al mismo tiempo en el que un cuarto disparo hacía impacto
directamente en su pecho, su daga hizo lo mismo en el cuerpo del cazador
acabando con él.
Balas de acero. Dos en la parte inferior de su abdomen, tal vez en los intestinos.
Una más en su pulmón derecho, estaba seguro porque la sangre estaba
comenzando a llenar ese órgano haciéndole difícil respirar. Y finalmente una
debajo de la clavícula del lado izquierdo.
Definitivamente las cosas no estaban bien, nada bien.
Se recargó en uno de los muros que formaban el callejón llevándose la mano
derecha al extremo opuesto del pecho. Esa herida era la que más sangraba
probablemente porque había perforado alguna arteria. Al mismo tiempo, su
mano izquierda tanteó el interior del bolsillo de su pantalón de cuero hasta hallar
su teléfono celular, abrió el aparato y tecleó *0. Cuando la ayuda llegara -porque
esperaba que así lo hiciera- estaba seguro de que primero le salvarían la vida y
después su líder se la quitaría el mismo por su negligencia. Sip, en definitiva eso
no le agradaría a Sasuke.
En absoluto.
Sus respiraciones se estaban haciendo cada vez más difíciles y la lluvia no
estaba ayudando ni un poco a mantener su cuerpo caliente mientras estaba
empezaba a ser aquejado por ligeros temblores. Cerró los ojos e inhaló lo más
profundo que pudo en un intento de no quedar inconsciente debido la falta de
flujo de oxígeno hacia su cerebro. Dolía peor que ser castrado. Casi podía
jurarlo.
"Relájate. Sabías que esto sucedería. No opongas resistencia"
Entonces escuchó voces provenientes de la avenida, se pegó aún más a la
pared y esperó conforme las voces se acercaban. Giró la cabeza hacia la
entrada del callejón y vio a una joven de cabello rosado cruzar dando grandes
zancadas seguida muy de cerca, en realidad más de lo que debería, por dos
hombres. La mirada de Kakashi se ensombreció cuando imaginó lo que
probablemente sucedería. Podía olerlo. En ese instante el caballero que existía
en su interior emergió sobre el dolor y la agonía que estaban llenando su cuerpo.
"Bueno. El consejo puede esperar unos minutos más"
Comenzó a moverse lentamente hacia la salida del callejón manteniendo la
mano derecha en su posición de compresa mientras los dedos de su mano
izquierda se encogían y estiraban constantemente preparándose para lo que
vendría. Gracias al cielo era ambidiestro
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
— No te preocupes, linda. Esto te gustará tanto que vas a rogarme por más —
gruñó el hombre en su oído. La oleada de pánico que estaba saturando su ser le
dio nuevos bríos y reanudó su intento por escapar sacudiendo su cuerpo con
más fuerza. Una de las manos de Sakura logró zafarse y sus uñas rasguñaron la
mejilla izquierda de su agresor. El hombre se descuidó liberando
inconscientemente la garganta de Sakura y ella profirió un grito— ¡No intentes
hacerte la lista conmigo, estúpida zorra!
Dos fuertes bofetadas cruzaron en ambas direcciones el rostro de Sakura
partiéndole el labio del lado izquierdo. Su cabeza comenzó a perder conciencia
de lo que sucedía logrando escuchar solamente la risa tonta del otro tipo. Las
cosas no podían suceder así. Eso no podía estar sucediendo. Sintió el sabor
ferroso de la sangre en su boca y el dolor punzante a ambos lados de la nariz.
Tal vez se la habría roto pero entre la intensa lluvia no pudo distinguir si estaba
sangrando.
Antes de que pudiera darse cuenta, el hombre le había sujetado ambas
muñecas sobre su cabeza con una mano y con la otra estaba intentando
desgarrar su blusa. Uno a uno los frágiles botones de la prenda de seda azul
claro fueron cediendo dejando al descubierto el sostén de encaje blanco.
Entonces sintió algo frío en el cuello.
— Si vuelves a intentar esa estupidez de gritar entonces te abriré la garganta
¿entendiste? —dijo mientras intentaba abrirle las piernas con una rodilla. Sakura
sacudió levemente la cabeza tratando de liberarse de ese estado de
semiinconsciencia en el que estaba cayendo cuando sintió la lengua del tipo
rozar su cuello y la parte inferior de su mandíbula.
La sensación fue simplemente grotesca. Grandes arcadas comenzaron a mover
su cuerpo intentando expulsar la asquerosa sensación que había en su
estómago. Una voz en su interior le gritaba a todo pulmón que luchara, que
intentara escapar pero la respiración agitada y el cansancio en su cuerpo no le
permitían hacer nada. Las lágrimas volvieron a asomarse en sus ojos nublando
su vista en combinación con la sensación de que pronto podría desmayarse. No
podía soportarlo. Se odió a sí misma por ser tan débil.
Todo estaba perdido.
Entonces escuchó un gemido hueco y repentinamente la presión sobre sus
muñecas se fue desvaneciendo
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Lo que Kakashi presenció al adentrarse a ese callejón estaba muy lejos de lo
que había esperado. La sangre hirviente comenzó a correr estrepitosamente en
sus venas quemando las heridas donde estaban alojadas las balas y la que
había sido ocasionada por el cuchillo, al ver aquel monstruoso espectáculo.
Repentinamente el dolor y la agonía fueron reemplazados por el coraje y la rabia
de ver la clase de vejación que se alzaba frente a él.
Con una velocidad sobrenatural se acercó y su puño derecho impactó en el
costado del hombre que sostenía a la chica, lo tomó por los hombros alejándolo
de ella mientras éste se doblaba por el dolor y entonces la rodilla de Kakashi
impactó de lleno con el rostro del agresor dejándole inconsciente. El segundo
hombre se lanzó contra él. Con un siseo Kakashi dejó al descubierto sus
colmillos al mismo tiempo en el que contenía el puño del humano dentro de la
palma de su mano. Apretó con fuerza hasta escuchar el sonido de los huesos
romperse, dio un golpe certero en el estómago y luego un par de codazos
directos en la cara que fueron suficientes para que terminara su noche junto a su
compañero en el sucio suelo del callejón.
De nuevo su respiración volvió a tornarse agitada e inconstante cuando giró la
vista hacia el muro donde la joven se encontraba recargada con las rodillas
flexionadas temblando. Probablemente una mezcla entre el terror de lo que
había estado a punto de sucederle y lo frío de la noche.
— ¿Te encuentras bien? —cuestionó jadeante sin acercarse a ella. Durante un
instante no recibió respuesta hasta que notó un ligero asentimiento con la
cabeza por parte de la chica.
Sakura no lograba procesar todo lo que había ocurrido. Estuvo tan cerca de ser
violada y de repente había aparecido aquel hombre vestido como si fuese un
matón a sueldo y la había salvado. Su mente seguía sin lograr alcanzar la
lucidez pero su estado de conciencia fue suficiente para poder escuchar la
pregunta del hombre y contestar. Aún se encontraba con las uñas de una mano
aferradas a los ladrillos del muro del callejón mientras que la otra intentaba
mantener cerrada su blusa y sus piernas estaban comenzando a flaquear debido
al pánico.
Juntó todas las fuerzas que le quedaban para dirigir la mirada hacia su salvador.
Era impresionante. El hombre parecía medir casi dos metros aún cuando estaba
ligeramente encorvado intentando respirar. Su cabello grisáceo aplastado por la
lluvia le caía sobre el rostro cubriéndole el ojo izquierdo. Sus vestimentas eran
totalmente negras, un abrigo de cuero largo hasta las rodillas y enormes botas
toscas aseguraban lo que ella imaginaba.
Entonces el hombre cayó al piso. Sakura corrió rápidamente hacia él y se
arrodilló a su lado.
— ¿Se encuentra bien? —preguntó instintivamente. Kakashi se llevó la mano al
pecho. Sakura abrió el abrigo omitiendo la cartuchera y las armas que traía el
hombre sobre el cuerpo para concentrarse en las heridas de bala— No puede
ser. Está herido.
La mirada de Sakura revisó a su alrededor en busca de algo que le ayudara a
detener las hemorragias de Kakashi pero al no hallar nada que le pudiera ser de
ayuda utilizó sus manos. No podía decidir cuales eran las más graves así que
con una mano comenzó a hacer presión en el abdomen mientras que con la otra
lo hacía en la herida del pecho, cerca del corazón. Kakashi se estremeció por el
contacto.
— Debemos llevarlo a un hospital —tartamudeó Sakura. Parte por el rastro del
pánico que aún tenía y parte por el nuevo temor que la estaba invadiendo.
— ¡Por todo el cielo! Tienes los ojos más hermosos que he visto en mi vida —
susurró cuando Sakura clavó su mirada en él— Ese verde es único.
— ¿Tiene un celular? Hay que llamar a una ambulancia
— No… no te preocupes. Está bien —respondió Kakashi en una mezcla de
gemidos y jadeos
— No. No está bien. Necesita ir a un hospital. Iré por ayuda — intentó ponerse
de pie pero el hombre se lo impidió al tomarla por la muñeca
— Por favor, quédate conmigo. En verdad, está bien —las lágrimas volvieron a
asomarse en el rostro de Sakura ahora por una extraña sensación de
impotencia.
— No. Tenemos que conseguir ayuda. No puede morir. No después de haberme
salvado. —respondió con desesperación— No puedo dejarlo morir.
— Escúchame. Está bien. Sólo… —un dolor punzante hizo que se doblara
ligeramente emitiendo un gemido— sólo necesito que te quedes conmigo hasta
que esto acabe. Por favor —la impotencia se reflejó en la mirada de Sakura.
— No puedo hacerlo. Por favor resista —volvió a intentar ponerse de pie.
Entonces miró hacia la entrada del callejón— Voy a…
Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Sus ojos se estrecharon mientras
intentaba definir si era real o no lo que veía frente a ella. La silueta parecía ser
un hombre aunque no podía ver nada más que…
No era posible. Esos ojos rojos no podían ser reales.
Eran aterradores.
Sin darse cuenta, su cuerpo comenzó a temblar conforme aquella sombra se
acercaba a donde ella estaba. En una reacción instintiva se acercó más a
Kakashi como si intentara protegerlo. Un relámpago iluminó por un segundo y
pudo definir que, efectivamente, se trataba de un hombre. Alto, caucásico,
cabello oscuro y expresión gélida. No podía ser un hombre. No con esa frialdad
que emanaba por cada uno de los poros de su piel bajo toda aquella ropa de
cuero.
— Tranquila. No te hará daño —musitó Kakashi.
Bueno, eso no era lo que le decían sus instintos. Más bien, le gritaban a toda
voz que huyera antes de que "eso" se acercara a ella. Una de sus manos se
posó en el pecho de Kakashi cuando aquel ser se agachó frente a ella haciendo
que sus miradas se engancharan. Aquella mirada carmesí resultó simplemente
hipnotizante. De repente ya no sintió ni dolor ni pánico ni terror ni la lluvia sobre
su cuerpo.
Nada.
Una vez que Sakura quedó congelada Sasuke miró a Kakashi. Realmente lucía
mal, el color de su piel había desaparecido y ahora era tan pálido contrastando
con sus vestimentas. Recorrió el torso del hombre sobre la camisa negra, con
las yemas de los dedos. Toco cada una de las heridas en el cuerpo de Kakashi
sintiendo como su compañero se estremecía en medio de la agonía. Se detuvo
en la que había cerca del corazón.
— Eres un infeliz —murmuró clavando su mirada en Kakashi esbozando una
media sonrisa nerviosa. El hombre sonrió con dificultad alzando su mano
derecha que fue estrechada por la de Sasuke. Dio una última mirada al chico y
finalmente, con lentitud, cerró los ojos. La fuerza del apretón desapareció.
En ese momento la lluvia cesó.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El callejón volvió a quedarse en absoluto silencio. Sakura se encontraba de pie
frente a los dos hombres que instantes antes habían intentado violarla y que
ahora estaban tendidos sobre el suelo. Era increíble que hubiera logrado
noquearlos a ambos. No pensó que podría pero el pánico logró darle la fuerza
necesaria de último minuto para conseguirlo. Su respiración era agitada pero
cuando la adrenalina comenzó a desaparecer el pánico, salió corriendo del
callejón sujetándose la blusa. Saliendo del lugar halló su bolso y luego de
levantarlo siguió corriendo hasta llegar al estacionamiento.
Sus manos temblaban tan intensamente que le costó mucho trabajo introducir la
llave en la cerradura del auto. Cuando finalmente logró abrir la puerta, se
introdujo dentro del vehículo, cerró la puerta, aferró ambas manos al volante y
luego recargó el rostro sobre ellas.
El pánico aún seguía corriendo por sus venas y eso se reflejó en las lágrimas en
sus mejillas aunque ella las confundió con gotas de agua que resbalaban desde
su cabello. Pero… había algo además del pánico y el dolor en el rostro y las
muñecas. No podía recordar cómo había derribado a sus agresores.
Su mente estaba en blanco.
Capítulo 3
Entre las sombras que se formaban donde las luces de las farolas del
estacionamiento no alcanzaban a iluminar, Sasuke se mantenía observando el
ford focus color plata estacionado al otro extremo. La distancia no era problema
para su aguda visión nocturna. Pudo ver claramente el cuerpo de Sakura
recargado en el volante del auto y los ligeros temblores que la aquejaban.
— Tenías que morir. Aún cuando te ordené que no lo hicieras, moriste hoy —
reclamó a la presencia que se materializó a sus espaldas.
— Si, bueno, ¿qué más podría hacer? No puedes retrasar lo inevitable —Sasuke
se giró para verlo. Kakashi estaba frente a él, sus ropas de combate habían sido
reemplazadas por una túnica de color ocre que destellaba tenuemente
cubriéndole hasta los pies.
— Sabías que hoy era el día y por eso me lo dijiste hoy justamente ¿no es
verdad? —Kakashi asintió.
— ¿Qué diferencia hubiera hecho si te lo hubiese dicho ayer, hace una semana
o un mes? De cualquier manera, el resultado hubiera sido el mismo.
— Te equivocas. Si me lo hubieras dicho antes, bien podría haberte matado yo
mismo y así ahorrarnos todo el drama —Kakashi sonrió de nuevo— Pero tenías
que hacerte el héroe antes de morir. Tenías que ser un caballero hasta el último
minuto ¿verdad?
— Me conoces perfectamente, mi señor.
El silencio invadió el espacio entre ellos. Kakashi se concentró en estudiar el
rostro de aquel al que por muchos años consideró un compañero de batallas, un
amigo, un hijo. Encontró a Sasuke hacía casi cuatrocientos años tan sólo un par
de años después de que éste hubiera pasado por la transición. El último
miembro de la línea de sangre Uchiha, el último vampiro totalmente puro que
pisaba la tierra, el que por destino estaba destinado a ser rey de la raza y que
por decisión había renunciado al cargo. Siempre deseó poder permanecer a su
lado el tiempo suficiente hasta que eligiera tomar su destino pero ya no fue
posible. El tiempo se le había agotado en este plano y él tendría que ver lo que
el chico hiciera desde la distancia.
Volvió a centrarse en el rostro de Sasuke. Era simplemente perfecto, como lo
esperarías de alguien que genéticamente lo era. Por los mechones de su cabello
negro alrededor de su rostro corrían pequeñas gotas remanentes de la tormenta
que acababa de pasar. Ahora que lo miraba con detenimiento pudo ver los casi
imperceptibles rastros del tiempo que había en aquel rostro, aunque más que
rastros del tiempo eran vestigios de todo lo que había tenido que vivir, de toda la
tragedia que lo había seguido desde hacía tanto tiempo. Sus ojos eran el reflejo
exacto de todas aquellas cicatrices que había en su corazón. Su mirada fría,
calculadora y…
— Hacía mucho tiempo que no utilizabas el sharingan —susurró al recordar
aquel detalle que instantes antes había pasado desapercibido ante sus ojos.
Bueno, en medio de la agonía era comprensible.
— Hmp. Si no fuera por tu complejo de héroe, no me habría visto en la
necesidad de utilizarlo para alterar los recuerdos de esa chica —soltó con
frialdad. Kakashi sonrió de lado. Los miembros de la Cofradía tenían la habilidad
de borrar los recuerdos superficiales de los humanos pero el talento de Sasuke
iba mucho más allá. No sólo podía borrar las memorias recientes sino también
las que se encontraban más profundas e incluso alterarlas para hacer creer a la
persona cosas que no eran ciertas.
El hombre exhaló profundamente.
— Bueno, es momento de que me vaya. El consejo ha estado esperando por mí
desde hace quinientos años y creo que ha sido el tiempo justo para hacerse
desear un poco ¿no crees? Cuídate mucho, Sasuke. No me hagas venir desde
el otro lado para patear tu trasero porque estás jugando al vampiro indestructible
¿de acuerdo? —Sasuke lo miró alzando una ceja— En verdad cuídate y
despídeme de los otros. Creo que no fue muy cortés de mi parte no decirles que
hoy era el día de mi partida, pero puedo jurar que si les hubiese dicho también
hubieran querido matarme —una corta risa provino de la garganta de Sasuke.
Kakashi asintió con la cabeza— Lo vuelvo a decir. Ha sido un placer haber
estado contigo, mi señor —susurró inclinando la cabeza, luego se giró y
comenzó a avanzar hacia la oscuridad. Entonces se detuvo y miró sobre su
hombro— Ah, lo olvidaba. Un último favor, Sasuke
— Habla
— Vigila que llegue a salvo a su casa ¿quieres? —pidió refiriéndose a Sakura
— ¿Por qué? Es una simple humana —la última palabra sonó como si dijera rata
o algo peor
— Mmmm, pues… creo que es lo mínimo que puedo hacer por la mujer que me
salvó la vida ¿no crees?
— Pero si estás muerto
— Bueno, entonces por la mujer que intentó salvarme la vida. Es probable que
siga nerviosa por todo lo que sucedió. Además… tal vez pronto necesite de tu
ayuda —Sasuke frunció el seño pero antes de que pudiera preguntar, Kakashi
siguió su camino hacia la oscuridad haciendo su figura cada vez más difuminada
hasta que finalmente se desvaneció por completo.
Durante unos minutos Sasuke siguió contemplando aquel punto en medio de la
nada en donde Kakashi se había desmaterializado. Cuando reaccionó, dirigió su
mirada hacia donde el auto de Sakura estaba estacionado y vio que por fin se
ponía en marcha. Estuvo a punto de desmaterializarse para seguir con su
trabajo de aquella noche pero entonces recordó el último favor para Kakashi
"Lo que me faltaba. Hacer de niñera para una mujer humana" —miró hacia el
cielo que había comenzado a despejarse— "En verdad Kakashi, agradece a
Dios que ya estás muerto porque sino yo te hubiera asesinado con mis propias
manos"
Luego de proferir mentalmente su amenaza, sacó su teléfono celular, presionó
una tecla de marcación automática. Al escuchar que respondían, se ahorró
cualquier frase de saludo y cortesía para dar una orden simple:
— Reúne a todos en el complejo. Ahora. —dicho esto, guardó el teléfono y se
desmaterializó
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Una hora y media dentro de la ducha no pareció suficiente para quitarse la
desagradable sensación que tenía por todo el cuerpo. Aún podía sentir el
asqueroso tacto de aquel tipo sobre su pecho y el fétido olor de su hálito mezcla
de cigarrillo y alcohol sobre su rostro. Un estremecimiento recorrió todo su ser.
Luego de llegar de manera milagrosa hasta su casa, se había metido
directamente al baño arrancándose los restos de la blusa y la falda que había
llevado puestas y luego dejó que el agua y todo el envase de su jabón de baño
hicieran el resto.
Inhaló profundo preparándose para mirarse al espejo. Con la manga de la
camisola que utilizaría de pijama quitó el vaho que se había acumulado sobre el
espejo del baño y centró su mirada en la imagen que tenía frente a ella. Lucía
terrible. El labio inferior del lado izquierdo estaba inflamado además de que tenía
una pequeña línea recta definiendo donde estaba roto. Su nariz lucía aún peor;
ya presentaba un moretón de coloración purpúrea en la parte superior del
tabique, casi a la altura de los ojos. Supo que no estaba rota pero ahora parecía
como si estuviese en medio del proceso de recuperación luego de una cirugía
estética. Elevó su rostro apartándose el cabello para dejar al descubierto el
cuello y vio el pequeño corte ascendente que tenía del lado izquierdo gracias a
la constante fricción de la navaja de aquel tipo.
Entre las sombras de su habitación oscura, Sasuke la observaba. Era bastante
alta comparada con las mujeres humanas que había conocido, calculaba que
medía más de uno con setenta; parecía una de las modelos de las pasarelas
pero su cuerpo lucía muchísimo mejor. Había que reconocer que como humana
era hermosa. Tenía el cabello largo y abundante de color rosa hasta la altura del
pecho, los ojos tintados de un extraño color verde jade, una piel color crema y
unos labios simplemente perfectos. Todo en conjunto dándole una apariencia
angelical a su rostro. Aunque su cuerpo, incluso debajo de aquella camisola
floja, se llevaba las palmas: piernas largas, cintura estrecha y senos
perfectamente proporcionados. En definitiva, era todo lo que cualquier hombre
-humano o no- podría desear en su lecho.
"¿En qué demonios estás pensando? Es una mujer humana. ¡HUMANA!"
Tuvo que abofetearse mentalmente para despejarse de aquellos extraños
pensamientos que surcaron su cabeza. Entonces sonó el teléfono que había
sobre uno de los dos buroes de la cama y justo en el instante en el que Sakura
encendió la luz, Sasuke se desmaterializó hasta el jardín en la parte trasera del
edificio. Alzó la vista hacia el apartamento de Sakura ubicado en el segundo piso
y pudo ver la silueta de la chica mientras se paseaba por la habitación con el
teléfono para abrir la puerta corrediza que daba al balcón. Agudizó su oído y le
pareció escuchar que hablaba con un hombre.
— No. Estoy bien. Yo… Sai escúchame. Estoy bien, logré escapar aunque estoy
muy asustada. Si, eso me ayudaría mucho, gracias, te espero. Yo también.
Adiós —Luego de escuchar eso, Sasuke supuso que había cumplido con lo
prometido así que dio un par de pasos mientras se desmaterializaba a través del
jardín.
Sakura colocó el teléfono en el soporte y luego se dejó caer sobre la cama.
Sabía que probablemente no podría dormir aquella noche pero esperaba que la
presencia de Sai le ayudara con los ataques de terror que le venían cada cinco
minutos. Intentó recordar qué había sucedido cuando logró escapar pero de
nuevo lo único que consiguió fue que la jaqueca volviera. Cerró los ojos y respiró
profundo. Un segundo después se levantó de golpe de la cama. Su piel se erizó
por completo debido a lo que percibió.
Un aroma oscuro flotando en su habitación. Un par de ojos rojos grabados en su
mente.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Cuando Sasuke se materializó en el jardín frente a la mansión de la Cofradía
miró a detalle lo que había a su alrededor. Se trataba de una construcción de
inicios del siglo XIX perfectamente restaurada por Kakashi, ubicada a más o
menos veinticinco minutos del centro de Konoha. El enorme y maravilloso jardín
que se extendía desde la parte trasera hasta ambos lados de la mansión aún
tenía rastros de la tormenta. Todo estaba rodeado por una barda de casi cinco
metros de altura hecha de piedra sólida y una cerca electrificada de más de diez
mil voltios –eso sin contar la barrera de genjutsu que la protegía del exterior
haciéndola invisible para cualquiera-.
En el centro del patio empedrado había una fuente de piedra caliza y a su
alrededor, se encontraban estacionados los autos de los miembros de la
Cofradía. A sus compañeros, mejor dicho, a sus hermanos les gustaba viajar
con estilo y al ver los cinco vehículos supo que todos ya se encontraban ahí.
Sin más preámbulo entró, atravesó el vestíbulo sin prestarle mucha atención al
mayordomo que había salido a darle la bienvenida. Un simple movimiento de
cabeza a modo de saludo fue todo lo que hizo. Luego siguió su camino hasta su
estudio. Abrió las puertas de par en par y vio que todos estaban reunidos a la
espera de su llegada. De nuevo se ahorró la cortesía del saludo y fue a sentarse
rápidamente tras el magnífico escritorio de caoba.
El silencio embargó la habitación mientras se dedicaba a estudiar a cada uno de
los presentes. A su derecha, recargado sobre una de las paredes de color verde
oscuro, se encontraba Naruto, su –no admitido públicamente- mejor amigo. El
cabello rubio alborotado intentaba cubrir sus ojos azules que en ese momento se
encontraban opacados por el dolor de la pérdida. Su rostro se mostraba serio,
algo totalmente desconocido en él.
Junto a Naruto, sentados en un mullido sofá negro, estaban Neji y Shikamaru. El
primero tenía los codos apoyados en las rodillas y la espalda encorvada. Su
cabello castaño estaba atado en una coleta baja dejando ver el tatuaje en forma
de ramificaciones que iba desde el lado derecho de su cuello hasta los dedos de
la mano. Aquel resplandor a su alrededor, parte de su herencia "angelical", que
generalmente mantenía bajo control hasta hacerlo invisible, ahora era
perceptible mientras sus ojos perlados se perdían en las llamas de la chimenea
que crispaban al otro lado de la habitación frente a él.
Shikamaru estaba recargado por completo en el sofá como era su costumbre,
con la mirada perdida. Su cabello castaño atado en una coleta alta desarreglada
era distintiva en él al igual que su personalidad apática. Era considerado, más
bien, estaba comprobado que era el vampiro y quizás el ser más inteligente que
caminaba sobre la tierra. No había nada que lo perturbara. Sin embargo, en esta
ocasión se podía ver su desconcierto por la manera en la que martillaba con los
dedos sobre su pierna derecha.
A la izquierda de Sasuke, recargado en un rincón de la habitación se encontraba
Gaara, con toda seguridad, el miembro más peligroso de la cofradía. Su carácter
era inestable debido a la tortura a la que fue sometido durante todos sus años
pre-transición a manos de su padre luego de que su hermano mayor muriera
protegiéndolo en el "Crystal day". Era frío y calculador al igual que Sasuke con la
única e innegable diferencia de que Gaara rayaba en la crueldad y lo sádico.
Había que reconocer que era un extraordinario guerrero y un compañero
aceptable en sus "buenos –y casi nulos- momentos" pero no querrías meterte
entre él y el akatsuki al que hubiese elegido como juguete si quisieras conservar
tus extremidades completas. El tatuaje sobre su frente de lado derecho era la
muestra de su ideología narcisista antes de ingresar a la cofradía.
"El demonio que sólo se ama a sí mismo"
Kiba estaba recargado sobre la moldura superior de la chimenea viendo
fijamente el fuego. Era un miembro poseedor de la herencia de una especie que
se encontraba aún más cerca de la extinción que los vampiros. Era muy alto,
con el cabello castaño oscuro alborotado y los ojos dignos de una fiera. Un gran
guerrero, sin temor a equivocarse se podría decir que el mejor. Fuerte, decidido
y capaz. Ahora que las llamas danzaban frente a su rostro, las sombras le daban
un aspecto aún más fiero resaltando las puntas de los colmillos que se
asomaban en sus labios entreabiertos.
Y finalmente, frente al escritorio sentada en una silla de piel negra con los
brazos cruzados sobre el pecho y una pierna cruzada sobre la otra, se
encontraba Ino. La única mujer aceptada en toda la historia de la cofradía. Una
guerrera excelsa, ágil, veloz, certera, fuerte, valiente. Mil y un palabras podrían
describir a Ino pero sólo una frase se adaptaba a ella: Belleza absoluta. La
descendiente de la línea de sangre Yamanaka era considerada la beldad de
toda la especie. Aunque su hermosura no era equiparable a su habilidad en el
campo de batalla, cosa que los akatsukis habían comprobado en más de una
ocasión. El término femmefatale le quedaba como anillo al dedo.
Estos eran los miembros de la Cofradía de las Sombras del Fuego, o como
popularmente se les conocían, los hokages. Guerreros protectores de la raza
vampírica o de lo que quedaba de ella. Cada uno de ellos único e irremplazable.
Cada uno de ellos parte de los otros unidos por la sangre sagrada de una estirpe
bendita y maldecida al mismo tiempo.
— Supongo que todos saben el por qué de esta reunión inusual a mitad de la
noche ¿no es verdad? —comenzó a decir Sasuke.
— ¿Por qué no nos dijiste que el consejo ya había llamado a Kakashi? —
cuestionó Naruto mirándolo fijamente. De nuevo el destello de dolor se reflejó en
sus ojos azules. Un dolor que Sasuke, aunque debería, no podía sentir.
— Kakashi me lo dijo esta misma noche antes de que sucediera. Aunque me
imagino que Neji también tenía conocimiento de ello ¿no es verdad? —el aludido
centró su mirada en Sasuke. Negro contra blanco.
— Te recuerdo Sasuke, que yo veo el qué más no el cuando ni el por qué. Así
que, respondiendo a tu pregunta: Si, si sabía que el consejo había llamado a
Kakashi pero no supe que su plazo expiraba hoy hasta que comenzó la tormenta
y en ese momento ya no se podía hacer nada.
— Además ¿qué hubieras hecho Sasuke, rogarle porque no se fuera, decirle
que como rey le ordenabas que se quedara? ¡Ah, lo olvidaba, tú no eres rey! —
comentaron sarcásticamente a su izquierda. Sasuke se levantó de la silla de un
salto y se acercó al pelirrojo, lo tomó por las solapas del abrigo y con un siseo
reveló sus colmillos.
— Cuida tu lengua, Gaara o yo mismo la meteré detrás de tus dientes de
manera permanente —sentenció el azabache mirando fijamente al hombre. El
ambiente dentro del estudio se congeló cuando ráfagas gélidas surgieron
provenientes de ambos. Los colmillos de Gaara también salieron a relucir en
respuesta a la agresión del pelinegro. De inmediato los demás se acercaron.
— Tranquilo, Sasuke. No le hagas caso —interrumpió Kiba colocándose entre
ellos para intentar apartarlos con cautela. Parecían dos tigres listos para dar el
primer zarpazo— Gaara no ha tenido una buena noche. Nos emboscaron cinco
akatsukis, uno de ellos le rebanó la pierna y ya sabes como se pone con la
pérdida de sangre.
— No necesito que me defiendas —gruñó clavando su fría mirada aguamarina
en él. Kiba lo miró sobre el hombro.
— Pues entonces no te hagas el estúpido y conserva la calma antes de que te
arranquen la lengua, hermano —volvió a mirar a Sasuke— Tranquilo, cálmate.
Con lentitud, las manos de Sasuke fueron aflojando su agarre a la vez que sus
colmillos volvían al interior de sus labios hasta que finalmente liberó a Gaara.
Poco a poco la presión fue desapareciendo del ambiente, Sasuke volvió al
escritorio, levantó la silla que había derribado al levantarse y tomó asiento.
Cuando todos volvieron a sus posiciones, miró su reloj y luego a cada uno de los
presentes.
— Son casi las dos. Neji, Kiba y Shikamaru volverán al centro y patrullarán una
zona de veinte cuadras a la redonda incluyendo la avenida de los bares. Es
viernes así que muchos civiles suelen ir ahí. Sólo procuren no quedarse a beber
en uno ¿de acuerdo? —los tres asintieron y se acercaron a la entrada.
— Iré con ellos —dijo Gaara yendo hacia la puerta.
— No, no lo harás —de nuevo la mirada de Sasuke se enfrentó a la del pelirrojo.
El Uchiha se levantó de su silla y apoyó los nudillos sobre el escritorio— Tú y
Naruto necesitan alimentarse. En especial tú luego de ser herido. Puedo oler su
hambre hasta acá.
— No necesito que te preocupes por mí. No eres mi padre.
— ¡Y gracias al cielo que no lo soy! Pero escucha esto, toda esta estupidez de
matarte de hambre es tu problema, pero no voy a permitir que salgas a pelear
estando débil y no por ti sino por quienquiera que te acompañe. Ahora, haces lo
que te digo o te arrastraré hasta la clínica de Tsunade y dejaré que te encadene
a una maldita camilla mientras te obligan a alimentarte como un niñato. —
sentenció fríamente— Tú eliges.
La furia se reflejó en la mirada de Gaara, sin embargo, no dijo nada, apretó
ambos puños y luego salió casi arrollando a medio mundo. Cuando se escuchó
el golpe de la puerta principal, Sasuke volvió a sentarse, apoyó los codos sobre
el escritorio y entrelazó los dedos frente a su rostro.
— ¿Qué hay de mí? —cuestionó Ino rompiendo el hilo de sus pensamientos
— Necesito hablar contigo. Espérame en la terraza —la rubia asintió y luego
salió junto con Kiba y los demás dejando a Naruto y a Sasuke en el estudio—
¿Ya tienes de quién alimentarte esta noche? —cuestionó viendo al rubio que
permanecía recostado sobre la pared
— Ah, sip. —soltó una risa nerviosa— Una amiga de Neji dijo que no habría
problema así que, dado que hoy terminé pronto, le llamaré para saber donde nos
vemos —Sasuke asintió. Una de las cosas que más le preocupaban era la
alimentación de Naruto. El chico no tenía pareja y al igual que él, no tenía
muchas amistades así que conseguir a alguien que le dejara beber de su vena,
no siempre era una tarea sencilla.
Minutos después de que Naruto salió del estudio Sasuke fue hacia el tercer piso
de la mansión. En la terraza, Ino se encontraba observando el cielo de nuevo
claro, sin una sola nube. Justo como debe de ser luego de una tormenta.
Escuchó como se abría la puerta a sus espaldas, se giró y vio a Sasuke
comenzar a acercarse hacia donde ella estaba.
— ¿Y bien, de qué quieres hablar? —cuestionó mirando fijamente al azabache.
Su sonrisa se desvaneció al ver la expresión de Sasuke. Esa mirada sólo podía
significar una cosa:
Hidan.
Capítulo 4
Naruto se materializó en un callejón a un par de cuadras del club Xtasis, un sitio
donde los vampiros se mezclaban entre los humanos inconscientes de su
existencia. Caminó a través de la avenida donde se ubicaban la mayoría de
clubes nocturnos de la ciudad, los múltiples estilos eran distintivos de cada uno
tanto en la apariencia como por la música que se escuchaba a través de las
puertas. Xtasis era el club de moda, las luces azules iluminaban a través de la
puerta de cristal de varios centímetros de grosor y la música retumbaba por
todas partes.
La fila de espera era larga pero para él no significaba nada, se acercó a uno de
los enormes hombres que cuidaban la entrada, le susurró algo y de inmediato
tuvo acceso libre siendo guiado hasta las escaleras que separaban la zona VIP
del resto. El elemento de seguridad abrió el cordón de terciopelo rojo y luego de
que Naruto pasara, estrechó su mano y un billete pasó al bolsillo izquierdo del
humano. Después de subir las escaleras dio un recorrido con la vista por el
lugar, a la izquierda las mesas y asientos eran sólidos simulando el mármol que
tomaba extrañas tonalidades gracias a las luces azules y moradas mientras que
del otro lado del espacio que había sido tomado como pista de baile privada, se
encontraba la barra.
Comenzó a abrirse paso entre la pequeña multitud de la zona exclusiva, tarea
sencilla considerando que la mitad de las féminas, acompañadas o no, centraron
su completa atención en él. Era irresistible. El cabello dorado, ojos de un azul
intenso y completamente expresivos, alto, cuerpo tonificado envuelto en ropas
negras de cuero y una sonrisa que poseía diferentes facetas. Podía ser
encantadora, reluciente o como en esta ocasión una rara mezcla entre timidez y
sensualidad que estaba embrujando a todas las del sexo opuesto.
— ¿Qué hacen aquí? —preguntó luego de ver a Neji y Kiba sentados en una
mesa al fondo, cerca de la puerta de servicio. Tomó asiento junto a Kiba.
— Eso es lo que nosotros deberíamos preguntarte —respondió Neji luego de
darle otro trago al vaso con escocés que había frente a él— No se suponía que
debías alimentarte hoy.
— Así es. Sólo quise venir por un trago antes.
— ¡Ah, con que miedo a las mujeres! —exclamó Kiba sonriendo burlonamente.
— En absoluto. De hecho…
— Ahí está tu cita —le interrumpió Neji a la vez que apuntaba hacia las
escaleras con el índice de la mano en la que sostenía el vaso.
Naruto se giró y efectivamente, una mujer alta y bella se encontraba a unos
cuantos metros de ahí. De nuevo Neji lo había hecho. Los nombres de sus
"amigas" eran una lista interminable y ninguna de ellas era en absoluto cosa
menor que un ángel. Por eso odiaba pedirle ayuda cuando sus opciones de
alimentación se acababan. Simplemente el hecho de que fueran hermosas lo
hacía más difícil.
— Tendrás que buscar mínimo tres razones para que no te rompa la cara
cuando regrese al complejo —sentenció Naruto mientras se ponía de pie. La risa
ronca de Neji se escuchó sobre la música
— Las tengo aquí. —comenzó a responder mientras iba elevando los dedos—
Una: estoy salvando tu trasero, dos: estoy salvando tu trasero y tres, por si no lo
he mencionado,: estoy salvando tu trasero —la mirada que el rubio le lanzó fue
bastante cáustica— Oye, tú me pediste ayuda y simplemente intenté darte lo
mejor. Ayame es muy bella y pensé que tal vez podrían divertirse un poco —
Naruto le arrebató el escocés de la mano y se lo bebió todo de un trago— Claro
hermano, para que aplacar tu hambre en la vena de una belleza si bien puedes
atascarte de whisky —comentó sarcástico. La mujer empezó a acercarse a ellos
cuando Naruto la interceptó a un par de pasos de la mesa.
— ¿Naruto? —preguntó cuando vio al rubio quien asintió dedicándole una
sonrisa.
— Gracias por hacer esto. En verdad, gracias. —ella negó con la cabeza
— Es un placer —su mirada viajó hacia Neji que estaba a la espera de un nuevo
escocés, hubo un extraño intercambio silencioso y luego volvió a centrarse en el
ojiazul— ¿Quieres hacerlo en mi casa?
— En realidad tengo un lugar cerca así que podemos ir ahí. No pienso quitarte
más tiempo del necesario –le pasó un brazo por los hombros y comenzó a
guiarla. Entonces se detuvo— Espera un minuto —la mujer asintió. Naruto se dio
la vuelta de regreso a la mesa donde sus compañeros estaban.
— ¿Y ahora qué, te ha encontrado tan molesto que no pudo hacerlo? —
cuestionó Kiba sarcásticamente.
— Ja, ja. Muy gracioso —extendió la mano con la palma hacia arriba moviendo
los dedos— Llaves.
— ¿Qué? —preguntó Neji.
— Me materialicé hasta aquí. Si ella va a hacerme este favor, mínimo quiero
llevarla en un auto así que denme unas jodidas llaves —musitó con impaciencia.
Neji y Kiba notaron la expresión de su rostro, esa que significaba que estaba
dudando sobre beber de esa mujer. Naruto siempre odiaba beber de
desconocidas por sentir que las utilizaba así que antes de que decidiera
cancelar la cita y lidiar con el hambre, Kiba se llevó la mano al bolsillo del abrigo
y luego le arrojó las llaves.
— Llévate el Escalade. Neji y yo terminamos las rondas y sólo vinimos por un
último trago antes de que amaneciera así que no es necesario que regreses por
nosotros. Nos materializaremos de regreso al complejo.
— Gracias —dijo antes de irse. En las escaleras, la mujer lo estaba esperando
así que respiro profundo y se preparó mentalmente para lo que vendría.
Sabía que la alimentación era una de las cosas de mayor prioridad que existen
en la vida de un vampiro. Beber sólo de los de tu especie significaría una ventaja
pero que específicamente sea del sexo opuesto podía representar todo lo
contrario. Naruto era el ejemplo de ello. Aunque se suponía que el hecho de
beber de mujeres debería ser hasta cierto punto excitante; eso sin contar que si
tienes una pareja el vínculo que creas es realmente intenso y profundo… no era
así en su caso. Trescientos veinticinco años caminando sobre la tierra no habían
sido tiempo suficiente para que la mujer indicada apareciera en su vida, así que
en ocasiones como estas se preguntaba si algún día la encontraría.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Días después…
De nuevo las pesadillas la despertaron. El sueño había sido el mismo en las
cinco últimas noches, ella corriendo bajo la tormenta, aquellos sujetos detrás, la
llegada al callejón y luego ese par de ojos rojos frente a ella. Se pasó las manos
por el cabello. No podía estarle sucediendo eso, creía que estaba al borde de un
colapso mental, de la locura. Miró a su derecha y vio a Sai dormido. Su
presencia no había sido de mucha ayuda en realidad. Vio el reloj, faltaban un par
de horas para el amanecer.
Como se estaba volviendo costumbre, se levantó de la cama y caminó hasta la
cocina. Abrió la nevera y se bebió casi todo el cartón de leche. La sed la estaba
matando pero enseguida las náuseas volvieron y estuvo a punto de vomitar.
Llevaba semanas así, con un hambre y sed gigantescas pero su estómago se
había hecho tan sensible sin motivo aparente que pocas cosas eran las que
toleraba; sus horas de sueño habían aumentado y de repente los lentes de
contacto habían comenzado a molestarle, ahora tenía que usar los normales
cuando trabajaba. Lo peor era que las cosas habían empeorado después del
ataque que había sufrido. A la lista de molestias se habían agregado las
pesadillas y el asunto no parecía tener un fin cercano.
Pensó en volver a la cama pero al ver a Sai dormido ahí decidió cambiar de
opinión y se recostó en el sofá. Para él todo era parte del Síndrome de Estrés
Post-traumático y hasta le había recomendado ir a terapia pero ella sentía que
había algo más, algo que estaba cambiando en ella. O tal vez era que estaba
perdiendo la razón. ¡Dios! Todo en su vida era un desastre total, su
apartamento, el trabajo, las pesadillas… ni siquiera el sexo era bueno. En ese
aspecto había quedado desilusionada luego de darse cuenta de que en realidad
no había sido como lo había imaginado luego de oír las múltiples historias de
sus amigas.
Tal vez algo realmente estaba yendo mal con ella.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
En la mansión de la cofradía, Neji, Shikamaru, Kiba y Gaara se encontraban en
el recibidor llegando de las rondas que habían realizado aquella noche. La rutina
era la misma la mayor parte de las veces, rondas y luego reunión para informar
los resultados. Sólo faltaban Naruto, Ino y Sasuke quienes habían estado a las
afueras de la ciudad, en la zona rural. Un par de minutos después los tres
aparecieron a través de la puerta principal.
— ¡Ya era hora! —exclamó Kiba.
— Lo sentimos, ya estábamos a punto de regresar cuando nos encontramos con
un grupo de ocho akatsukis así que no pudimos desaprovechar la oportunidad
de divertirnos un poco —respondió Ino con una sonrisa.
— ¿Estás bien?
— Ella está bien, Kiba —interrumpió Sasuke con cierto aire de fastidio—
Vayamos al estudio.
— Antes podrían saludarme ¿no creen? —todos se giraron hacia la parte
superior de las escaleras y no pudieron ocultar su sorpresa al ver a Kakashi de
pie vestido con la túnica ocre. Cuando el hombre estuvo con ellos, los saludos y
muestras de afecto en forma de abrazos no se hicieron esperar aunque después
cambiaron a pequeños golpes como reclamo por no haber anunciado su partida
— A mí también me da mucho gusto verlos. ¡Demonios!, tan sólo han sido días y
yo siento que han pasado siglos enteros sin tener que escucharlos. Espero que
no les importune mi presencia.
— Siempre eres bienvenido y lo sabes —dijo Sasuke que se había mantenido un
poco alejado del grupo al igual que Gaara. De inmediato Kakashi se acercó a él
e hizo una pequeña reverencia— ¿Puedo preguntar por qué estás de este lado?
— Mi señor, he venido para tratar un asunto contigo. Espero que puedas
concederme un par de minutos.
— Seguro, iremos al estudio para escuchar los reportes de esta noche y luego
hablaremos.
Después de que el hombre asintiera, todos estaban apunto de pasar a través del
vestíbulo cuando sucedió lo inesperado.
— ¿Huelen eso? —susurró Kiba deteniéndose al instante en el que percibió un
delicado aroma a rosas.
Los demás lo imitaron pero antes de que alguien pudiera hacer un comentario.
El lugar se llenó de pétalos de rosas rojas que caían de alguna parte del techo y
se desvanecían antes de tocar el suelo.
"Maldición". Exclamó Sasuke mentalmente esperando no ser oído.
Frente a ellos, al pie de las escaleras una figura cubierta por una túnica blanca
resplandeciente se materializó. Todos, incluyendo a Sasuke, apoyaron una
rodilla en el piso y agacharon las cabezas.
— Su santidad —se apresuró a decir Kakashi alzando ligeramente la cabeza.
Unos delicados dedos sobresalieron de la túnica y retiraron la capucha que
cubría el rostro y cabello de una hermosa mujer de piel extremadamente blanca
y ojos y cabello negros. Su rostro era la representación de lo que los más
prodigiosos artistas hubiesen sido capaces de esculpir, absolutamente bello.
— Comprendo mi descortesía al haber venido sin avisar pero debo tratar un
asunto importante con Su excelencia. De ser posible en privado —Sasuke alzó
la mirada. La mujer asintió y él se puso de pie. El Uchiha se esforzó porque las
palabras que salieran de su boca fueran corteses.
— Con todo respeto mi señora, cualquier asunto que haya requerido su viaje
desde el otro lado bien puede ser tratado ante la presencia de mis hermanos. La
cofradía no tiene secretos.
El rostro de la mujer quedó paralizado por un segundo, una pequeña arruga en
el ceño apareció y después una corta y débil sonrisa sonó en el lugar.
— Sigues siendo el mismo, Sasuke. Pero de acuerdo, si así lo deseas. —centró
su mirada en los demás— Pueden levantarse guerreros. —cuando todos
estuvieron de pie, estudió cada uno de sus rostros y luego comenzó a hablar—
El motivo de mi visita es porque he de darles un anuncio de parte de nuestra
diosa —de nuevo hizo una pausa, miró a Sasuke y continuó— En breve se
realizará la ceremonia de iniciación de las nuevas sacerdotisas consagradas a la
diosa Amaterasu y he sido enviada aquí para darles a conocer sus rostros y así
mismo encomendarles la tarea de entregarles el mensaje.
"Lo que hacía falta. Las muertes de civiles se han incrementado y ellas quieren
llevarse a más mujeres" pensó Sasuke. Su mirada se enfrentó a la de la mujer y
enseguida ese pensamiento quedó sellado.
— Nuestra señora está consciente de la difícil situación en la que se ha hallado
la raza durante los últimos siglos y por eso mismo ha decidido limitar aún más la
cantidad de sacerdotisas. En esta ocasión sólo serán seis —extendió su mano
derecha hacia el frente con la palma hacia arriba. Entonces, cientos de
pequeñas luces comenzaron a tintinear hasta que la imagen de una chica
apareció. Les dio su nombre y luego repitió el mismo proceso con las cuatro
siguientes.
La atención de todos estaba puesta en cada uno de los rostros que aparecían
pero la expresión de Sasuke sólo reflejaba fastidio total. ¿Cuánto tiempo había
pasado desde la última vez en que había visto a la mujer? Ah, claro lo
recordaba. Desde el "crystal day". Lo único bueno del asunto de las sacerdotisas
era que al menos ellas se encontrarían a salvo.
Fue entonces cuando la última imagen que apareció captó su atención. Lo
primero que se vislumbró fueron unos ojos verdes, las facciones de ese rostro
las reconoció de inmediato.
"¿Ella? ¿cómo puede ser posible?"
— Estas son las chicas que han sido elegidas por nuestra señora. Todas están a
punto de pasar por la transición. Debo pedirles que les hagan saber que una vez
que pasen por el cambio, deben ser reunidas en el templo para pasar al otro
lado. Espero contar con su ayuda, guerreros.
Luego de que todos asintieran, la mujer se desvaneció de nuevo entre pétalos
de rosas. El silencio que le siguió pareció eterno hasta que Sasuke lo rompió
inesperadamente.
— Hablaremos de las rondas más tarde. Todos vayan a descansar —entonces
miró a Kakashi— Tú. Muévete. Tienes que aclarar muchas cosas.
Sasuke atravesó el vestíbulo, entró a la biblioteca pasando de largo hasta abrir
las puertas francesas que daban al jardín. Cuando se dio vuelta, Kakashi estaba
parado a unos cuantos pasos.
— Comienza a hablar.
— Pensé que llegaría antes de que ella lo hiciera y así podría decírtelo todo con
detalle.
— Así que sabías que esa mujer no era humana. Por eso decías que tal vez
necesitaría mi ayuda ¿no es verdad? —su mirada era completamente fría—
¿Por qué no me lo dijiste?
— Pensé que lo notarías cuando estuvieras en su casa. Incluso yo en medio de
la agonía pude olerlo —Sasuke desvió la mirada pensando en todo lo que eso
conllevaba.
— No voy a hacerlo —musitó.
— ¿Qué?
— Sé que es lo que estás pensando y no lo haré —volvió a encarar a Kakashi—
No la alimentaré.
— Pero ¿por qué?
— Porque no lo deseo. ¿Qué esperabas que hiciera, que me enteraría y
decidiría hacerlo por compasión?
— Pues… si —se acercó un par de pasos al chico— Sasuke, por favor. Sé que
no lo entiendes pero en verdad es necesario que…
— ¡Pues entonces dímelo! —ordenó— ¡Sabes cuánto odio que me digan
verdades a medias y de último minuto! —Kakashi se mantuvo en silencio por
unos instantes intentando armarse de valor.
— Es una mestiza. Humana.
— ¿Qué? —la expresión de Sasuke fue de completa extrañeza— ¿Entonces
cómo puede ser una elegida? ¿cómo lo sabes?
— ¿Se te olvida que estoy en el consejo? En realidad los motivos del por qué
una mestiza ha sido seleccionada los desconozco y además me niego a
cuestionar el juicio de nuestra señora pero…
— Ese hecho no cambia nada. Me niego rotundamente así que no lo pidas.
— Tengo que hacerlo.
— Lo siento, no lo haré. Puedes pedírselo a alguien más, incluso a uno de los
hermanos. Tal vez con otra sangre sobreviva si es fuerte.
— ¿Y a quién se lo pediría? La sangre de Kiba no es viable para el cambio, la de
Neji tampoco, a Shikamaru ni pensarlo porque Temari lo asesinaría y a mí
también, no puedo contar con Gaara así que…
— Queda Naruto. Pídeselo a él.
— No. —respondió cortante. La expresión de Sasuke se hizo tan fría que
Kakashi tuvo que inclinar la cabeza antes de seguir hablando— Mi señor, sabes
que la transición es dura aún en miembros con el linaje más puro. Ino estuvo a
punto de morir. Para alguien como ella las posibilidades de que sobreviva son
casi nulas pero con tu sangre ella podría lograrlo…
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Faltaba tan sólo unos minutos para la salida del sol así que las cortinas de acero
comenzaron a correrse para cubrir las puertas y ventanas de la mansión. En la
oscuridad, Sasuke se encontraba sentado en uno de los sillones que había en
su habitación con la chimenea encendida, mirando fijamente hacia la ventana
sosteniendo un vaso medio lleno con vodka. Pese a tener una noche agotadora
el sueño no estaba en su itinerario del día. Necesitaba pensar y a la vez odiaba
tener que hacerlo. Había veces como esta en la que pensaba que el destino
estaba a punto de alcanzarlo y podía manipularlo a su antojo.
Alguien llamó a su puerta. Miró sobre su hombro y vio la silueta gracias a la luz
que se asomaba desde el pasillo. Volvió a centrar su mirada al frente. Ella era la
única que podía interrumpirlo y no importunarlo a la vez.
— ¿Te encuentras bien? —preguntó Ino mientras caminaba por la habitación
hacia él— No estuviste con nosotros en la última comida —Sasuke no dijo nada
y esa fue su respuesta. Llegó hasta él y se recargó en el borde de la ventana—
¿Quieres contarme?
El silencio en la habitación estaba lejos de ser incómodo. Naruto y Sasuke
habían sido su familia desde hacía varios siglos, nadie la conocía mejor que
ellos dos y ella era quien mejor los conocía. Los conocía tan bien que estaba
casi segura de que Sasuke se encontraba en medio de una encrucijada, por la
simple manera en la que sus ojos se clavaban en la imagen frente a él, como si
quisiera aferrarse a algo real antes de divagar en medio de su mente.
— Es sobre una de las elegidas. La descendiente de la línea de sangre Sarutobi
—Ino frunció el ceño con curiosidad.
— ¿Qué hay con ella?
— Yo la conozco, bueno, la he visto antes. La noche de la partida de Kakashi,
luego de que fue herido me llamó y como no dijo nada sabes lo que significa —la
chica asintió— Había sido herido por akatsukis y mientras agonizaba vio que ella
estaba siendo acechada por dos humanos. Por lo que sé, Kakashi la salvó de
ser violada. Fui a buscarlo y cuando llegué ahí, ella estaba a su lado intentando
salvarlo —una extraña sonrisa apareció en el rostro de Sasuke causando aún
más sorpresa en Ino— Aún tengo grabada la imagen en mi memoria; ella
haciendo presión sobre las heridas de Kakashi bajo la tormenta negándose a
dejarlo partir.
— Sasuke escu… —intentó interrumpir pero se detuvo al ver la mano del
azabache.
— Más allá de lo que estás pensando. Intenté borrar su memoria de manera
simple pero no pude así que tuve que utilizar el sharingan y aún así no estoy del
todo seguro de haberlo logrado. El punto es que minutos después hablé con
Kakashi y él me pidió vigilar que ella llegara a salvo a su casa además me dijo
algo que en ese momento no comprendí. Hice lo que me pidió pero sólo como
un favor para él, ya conoces mi opinión sobre los humanos, pero ahora ya
entendí a lo que se refería cuando me dijo que tal vez ella necesitaría mi ayuda.
Un nuevo silencio apareció entre ellos. Ino comprendió de qué estaba hablando.
— ¿Y vas a ayudarla?
— Kakashi vino para pedírmelo. No sé por qué está fijado con ella, creo que
tiene una extraña gratitud por no dejarle morir solo y quiere que mi sangre sea la
que le ayude en el cambio.
— No tienes que hacerlo si no lo deseas, Sasuke —musitó— alguien más podría
ayudarle. Podríamos buscar a un hombre que lo haga.
— El asunto de todo esto, Ino es que ella es una mestiza. Humana. —la chica
abrió los ojos de par en par— y no sabe absolutamente nada de nosotros —
esperó algún comentario pero no hubo nada— Y yo no sé cómo tratar con esto.
— O sea que has decidido ayudarla.
— Hay muy pocas cosas que pueda negarle a Kakashi, a Naruto o a ti.
Lamentablemente esta no fue una de ellas. —bebió el resto del contenido del
vaso de un solo trago— Pero no sé como hacerlo. ¿Qué le diré, "hola mi nombre
es Sasuke y soy quien va a ayudarte a pasar por la transición porque ¿acaso no
te lo mencionaron? Eres mitad vampiro. Ven, muérdeme"?
— Podrías intentar acercándote a ella primero. Ganarte su confianza —Sasuke
la miró con incredulidad— Necesitas que confíe en ti primero antes de soltarle
algo así. Además, ella no tiene opción si quiere vivir. Tú eres su única alternativa
y será mejor que ella confíe en ti cuando se entere a que te vea como un extraño
y te tema como lo hacen todos los demás. Ella estará bien, después le
informaremos su condición como sacerdotisa pero si lo que te preocupa es lo
que le suceda después si no acepta porque no estás interesado en ella como
pareja, no la dejaremos sola. Buscaremos a un hombre adecuado para ella —
Sasuke volvió a mirarla.
— ¿Buscaremos?
— A mí no tienes por qué engañarme, Sasuke. Sé que estás así porque no
tienes ni la menor idea de cómo tratar con una mujer, a quien no tengas que
tratar porque debes alimentarte, sin resultar petulante y si quieres que esto
funcione necesitarás mi ayuda. —en el rostro del azabache se dibujó una media
sonrisa. Más allá de que no le sorprendiera el hecho de que Ino tenía razón,
tenía que reconocer que seguía asombrándole su honestidad y su forma de ser
tan directa.
— ¿Estás segura de que puede funcionar?
— Claro. Haremos que funcione —respondió con una sonrisa.
Capítulo 5
— No puedo creer que haya aceptado llevar a cabo tu plan, Ino.
— Es más probable que confíes en una persona que es tu vecino a tener que
empezar desde cero con alguien que conoces en un club ¿no crees?
— No lo sé. —musitó lacónico— Además, ¿cómo pretendes que vivamos aquí?
— Tranquilo, no tendrás que vivir aquí. Es sólo para que nos conozca y ya sabes
—respondió con cierto aire de obviedad.
— Ahí está su auto —musitó Sasuke al ver las luces de un auto subiendo la
calle.
— Bueno, hay que hacer lo nuestro —susurró Ino tomando una caja de cartón
del camión de mudanzas que habían alquilado para la ocasión— Sígueme.
— No. Yo aquí te espero —la rubia se giró para mirarlo
— Recuérdame que te golpee cuando vayamos a hacer las rondas —dijo para
luego darle la espalda.
Sakura estacionó el auto sobre la avenida, el edificio donde vivía no contaba con
estacionamiento así que no tenía más opción.
Había sido un día tremendamente largo. El sábado había estado cubriendo un
evento a beneficio del hospital de la ciudad así que hoy siendo domingo tuvo
que ir a la editorial para presentar las tomas que había obtenido de esa cena.
Lamentablemente, su editor no estaba del todo conciente de la cita así que llegó
un par de horas tarde y después el resto del día se había ido en hacer las
correcciones pertinentes. Sólo quería descansar pero eso no había logrado
conseguirlo en mucho tiempo. Por una parte agradeció que Sai hubiera decido
regresar a su casa excusándose en que el despacho donde trabajaba le
quedaba más lejos, pero por otra parte no quería estar sola.
Tomó su bolso y entonces notó el camión de mudanzas que había estacionado
del otro lado. Tan desconectada del mundo estaba últimamente que ni siquiera
sabía que uno de sus vecinos se había mudado. Salió del auto y comenzó a
caminar hacia la entrada, estaba a punto de subir las escaleras hacia la puerta
cuando vio a una mujer ahí.
— ¡Sasuke la puerta volvió a cerrarse! ¿puedes ayudarme? —pidió Ino
actuando. Ella había cerrado la puerta con la mente cuando escuchó a Sakura
acercarse— ¡Sasuke!
— Déjame ayudarte —dijo la ojiverde acercándose para abrir la puerta y además
quitándole un par de libros que se asomaban de la caja.
— Ah, gracias. Eres muy amable, ¿vives aquí? —Sakura asintió.
— En el 2-B.
— ¿En verdad? Nosotros nos acabamos de mudar el 2-C —respondió Ino
mientras iban subiendo las escaleras. El ascensor estaba descompuesto, como
solía estarlo la mayor parte del tiempo. Cuando llegaron al segundo piso, Ino
caminó hasta el final del pasillo donde estaba la puerta abierta. Los muebles
habían sido colocados pero lo demás aún estaba en cajas. Sakura la imitó y de
nuevo se colocó en el umbral de la puerta.
— Soy Sakura —dijo extendiendo la mano. Ino la estrechó.
— Mucho gusto, soy Ino —miró sobre el hombro de Sakura— y ese que viene
ahí es mi… mi primo Sasuke.
Sakura no pudo evitar estudiar a la mujer a detalle. Era muy hermosa, alta,
rubia, ojos azules y además las facciones delicadas como las de un ángel. Tal
vez era modelo o algo así. Luego, cuando ella le hizo referencia a Sasuke se
giró para mirarlo. Él tampoco se quedaba atrás. En absoluto. Era un poco más
alto que Ino, cabello y ojos negros, piel blanca pero no pálida y expresión de
superioridad y seguridad que tuvo que reconocer que le dejó sin aliento. Cuando
él pasó a lado de ella, inconscientemente contuvo el aliento. Era impresionante,
de esa clase de hombres que pueden hacer que te quites de su camino con solo
una mirada o pasar por encima de ti sin ningún miramiento. Sasuke se acercó al
sofá donde dejó la caja que traía cargando y luego se puso junto a Ino.
— Sasuke, ella es nuestra vecina Sakura —dijo la rubia sonriendo. El azabache
extendió la mano.
— Sasuke Uchiha. —musitó lacónicamente. Ino puso los ojos en blanco.
"¡Seguro que así confiará en ti! Porque claro, es más fácil confiar en alguien que
tiene escrito en la cara «No hay nadie más malo en este mundo que yo» ¡Bien
hecho enorme pedazo de…!" la ojiazul detuvo ahí su imprecación mental.
— Mucho gusto. —respondió insegura estrechando la mano brevemente.
Por un instante creyó que la mano de ese hombre la quemaría. Estaba segura
que eso habría pasado. Había algo en él que hizo que una corriente eléctrica
recorriera su cuerpo sin reparo, era algo en su mirada o tal vez en su simple
presencia. Fue tan extraño que incluso sintió que había algo de familiaridad en
él. Parpadeó un par de veces para aclarar su mente y luego vio de nuevo sobre
ellos al interior del apartamento
— Bueno, yo los dejo para que continúen. Eh, si necesitan algo pueden pedirlo.
Estoy en la puerta de a lado, también por si quieren tomar un café…
— Gracias. En verdad eres muy amable. —respondió Ino con una sonrisa—
Creo que aceptaremos tu invitación para beber café después de que terminemos
de acomodar algunas cosas, si no te importa.
— En absoluto. Los estaré esperando. —dicho esto se dio la vuelta y caminó
hacia su apartamento.
¿Qué tan desesperada estaba por no quedarse sola que había invitado a sus
nuevos vecinos? Tal vez creían que era una de esas vecinas incómodas y
hostigadoras o algo así. Abrió la puerta, arrojó el bolso que traía sobre el sofá y
luego caminó hacia el baño para darse una ducha. Cuando terminó, se vistió con
su pijama -blusa de tirantes azul claro y pantalón de rayas blancas y azules- y
volvió al sofá para ver un poco de televisión antes de irse a dormir; no estaba
dispuesta a cenar, lo menos que quería era un terrible dolor de estómago.
Habían pasado un par de horas cuando el timbre sonó causándole un
sobresalto. Se puso de pie y luego de ver por la mirilla, supo que eran sus
nuevos vecinos. Había creído que no irían.
— Ah, lo siento. No pensé que estuvieras ya dormida. —dijo Ino al verla vestida
con pijama— Podríamos dejarlo para otra ocasión.
— Oh, no te preocupes. Sólo estaba viendo un poco de televisión. Pasen.
Los guió a la cocina y mientras ella ponía el café, Ino y Sasuke se sentaron en la
mesa de la cocina. Maldijo mentalmente. Eran tan perfectos que no parecían
reales y mucho menos sentados en su sencilla mesa de madera de pino en
medio de su pequeña cocina. Pensó que personas como ellos deberían de vivir
en la zona más lujosa de la ciudad y no en un edificio de apartamentos de inicios
de siglo pasado en el centro.
— Así que hoy se mudaron. ¿Puedo preguntar donde vivían antes? —inquirió
para intentar romper el silencio que se había formado entre ellos.
— Eh, pues nosotros vivimos en Suna durante un tiempo antes de venir. Sasuke
trabajaba en una agencia de seguridad privada y yo era publicista.
— Y… ¿por qué decidieron mudarse a Konoha? —cerró los ojos gritándose
mentalmente. Ahora si parecía una de esas vecinas incómodas, hostigadoras y
además chismosas— Lo siento, no es de mí…
— Tranquila, está bien. A partir de hoy somos vecinos y creo que está bien que
conozcas un poco de nosotros —respondió Ino con una sonrisa— Yo perdí mi
empleo, bueno, más bien renuncié a él y quería eh, como se diría… "extender
mis horizontes". Sasuke quería un cambio de aires y decidió venir conmigo. En
realidad no es una gran historia —miró a Sasuke y él le regresó la mirada. El
gesto no pasó desapercibido para Sakura, había cierta intensidad en aquel
intercambio de miradas que le hizo dudar por un momento que eran primos— Tú
cuéntanos algo sobre ti, Sakura ¿a qué te dedicas?
— Soy reportera grafica, fotógrafa —aclaró un poco nerviosa—, del Konoha
Journal. Trabajo en la sección de sociales. En realidad tampoco es gran cosa…
La conversación, en la que Sasuke sólo participó con escasos monosílabos, se
extendió por un par de horas más. Conforme el tiempo pasaba, Sakura quedaba
más encantada con sus nuevos vecinos, dejaron de parecerle demasiado
perfectos y en realidad comenzó a sentirse más cómoda y tranquila a su lado.
Finalmente, cerca de la medianoche, Sasuke e Ino se despidieron de ella.
— ¿Ves? Te dije que mi plan funcionaría —señaló Ino una vez que estuvieron
de nuevo en "su" apartamento. Sasuke fue hacia una de las habitaciones y
cuando regresó estaba vestido con sus ropas de combate y perfectamente
armado. Minutos después Ino estaba igual— ahora sólo tenemos que convivir
con ella un poco más. Que se de cuenta de que somos personas agradables y
confiables —miró a Sasuke y sonrió— bueno, en tu caso sólo confiable.
— Hmp. Había olvidado que la comedia era otro de tus talentos, Ino. La chica
"quiero extender mis horizontes" —respondió con una media sonrisa
ocasionando malestar en la chica.
— Cierra la boca.
Sasuke sonrió al ver su expresión y antes de que el sarcasmo siguiera, ambos
se desmaterializaron hacia la zona de clubes. Ahí se verían con los demás para
comenzar las rondas de esa noche.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El aniversario del periódico estaba demasiado cerca. Todos los que laboraban
en sus oficinas estaban vueltos locos puliendo los últimos detalles para la
celebración de aquel evento tan esperado. Para Sakura en realidad no
significaba mucho. Su trabajo estaba puesto al corriente gracias al cambio de
horario que había adoptado desde hacía unas semanas así que, a diferencia de
sus compañeros, ella se encontraba terminando de retocar un par de fotografías
inmersa en su tranquilidad. En su aburrida y agobiante tranquilidad. Al menos
así fue hasta que sonó su teléfono. Sin apartar la mirada del monitor del
ordenador, buscó a tientas el pequeño aparato y vio que tenía un nuevo mensaje
de texto. Era de Ino.
"Hola Sakura. He salido del trabajo antes así que me pregunto si te gustaría
tomar un café. Llámame. Ino"
Sakura sonrió tenuemente y respondió un sencillo "Me encantaría." Luego volvió
a dejar el móvil sobre el escritorio y siguió con su trabajo.
Habían pasado tan sólo unos días desde que había conocido a Ino y Sasuke
pero debía reconocer que no imaginó que en tan poco tiempo podía haber hecho
tan buenas migas con ellos, en especial con Ino. Ella era de la clase de persona
que su madre siempre había querido que Sakura fuera; elegante, sofisticada,
educada, y aunque no lo quisiera reconocer, una parte de su interior también lo
hubiese deseado. Ino era una gran persona además. Siempre que se veían
había un extraño aire de familiaridad y calidez con la que la trataba que la hacía
sentir cómoda.
En cuanto a Sasuke pues…
Él era totalmente opuesto a Ino. Siempre serio. Siempre frío. Era como si
hubiese nacido con el interruptor de emociones en apagado. Nunca lo veía reír,
ni tampoco podía escuchar emoción alguna en su voz o reflejada en su rostro.
No podía evitar sentirse intimidada con su presencia pero… también había que
reconocer que era increíblemente atractivo, más que atractivo. Ese hombre
era… no había palabras para describirlo. Sencillamente su presencia le robaba
hasta el último vestigio de aliento cuando estaba cerca. Había algo en él que lo
hacía completamente distinto a cualquier hombre que hubiese conocido antes.
Su piel se erizaba cada vez que estaba en el mismo lugar que él, como si una
corriente eléctrica la recorriera y entonces…
"Espera un momento. ¡¿Qué diablos te pasa Sakura? Cómo puedes estar
pensando así de un hombre que apenas conoces."Se recriminó mentalmente al
darse cuenta hasta donde habían divagado sus pensamientos dignos de la más
alocada colegiala en vez de pertenecer de una mujer que estaba comprometida
y que debía actuar con madurez.
Decidió regresar a su trabajo aún cuando su concentración había quedado
averiada luego de esa extraña reflexión. Finalmente luego de algunos minutos
más, dio por concluida aquella jornada laboral y se fue a casa. Durante el
trayecto, su mente no dejó de vagabundear en aquel nuevo vecino que tenía.
Sentía que había algo muy extraño en él.
Al llegar al edificio donde vivía, intentó subir por el ascensor pero de nuevo el
"bendito" aparato estaba descompuesto. "¿Cuándo se harán cargo de él?" se
preguntó mientras tomaba las escaleras. Al menos le serviría para recuperar un
poco del tiempo que había olvidado invertir en el ejercicio. "Aunque no es que
haya comido tanto últimamente que deba matarme en un gimnasio" Soltó un
suspiro cuando se halló a un escalón de llegar al rellano del segundo piso y
recordó que había olvidado parte del trabajo que había llevado a casa en el auto.
Dio la vuelta dispuesta a bajar las escaleras mientras prometía no volver a
instigar al universo a que conspirara contra ella por haberse quejado. De repente
su visión se tornó borrosa y los escalones comenzaron a acercarse y alejarse
mientras un hueco se formaba en su estómago. Estaba a punto de desmayarse.
Intentó apoyarse en el pasamanos pero su mano erró y entonces sintió como a
su alrededor todo se movía. Estaba a punto de tener un encuentro cercano con
cada uno de los escalones de abajo pero eso no sucedió. En ese justo instante
sintió como algo jalaba fuertemente su brazo y luego su cuerpo chocó contra lo
que parecía ser un muro.
Con la poca conciencia y fuerzas que quedaban en su cuerpo alzó la vista para
ver donde había impactado y se encontró con una mirada de oscura fija en ella.
En el segundo más rápido que pudo haber pasado en toda su existencia, el
mareo pareció desvanecerse. Sasuke la estaba sosteniendo gracias al brazo
con el que le había rodeado la cintura y la tenía pegada a su cuerpo. Su
respiración se tornó agitada. Lo último que le faltaba para impulsar sus
pensamientos alocados era tener a ese hombre lo suficientemente cerca de ella
como para poder oler aquel excitante aroma oscuro que provenía de él. No es
que le molestara pero era demasiado tener ese perfecto rostro masculino a unos
cuantos centímetros del suyo y más aún esbozando una enigmática sonrisa de
lado. Sintió su pulso en las sienes, el mareó volvió y entonces… todo se volvió
oscuridad.
Sip, definitivamente fue demasiado.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sasuke no pudo dejar de observar a la mujer que estaba sosteniendo entre sus
brazos. Había que reconocer que de cerca era mucho más hermosa. Había
llegado al apartamento hacía un par de minutos para esperar la llegada de Ino
pero nunca se imaginó lo que sucedería. Luego de salvar a Sakura de caer por
las escaleras no pudo evitar mirarla fijamente. Estudiar, con un extraño interés,
cada una de las facciones que se dibujaban en su rostro. No podía leerle la
mente pero sintió el latido acelerado de su corazón golpear tenuemente contra
su pecho y vio el ligero sonrojo que apareció en sus mejillas por tenerlo tan
cerca. No pudo evitar dibujar una sonrisa de suficiencia en su rostro y luego la
chica había quedado inconsciente.
La alzó en brazos y caminó con ella hasta el apartamento cerrando la puerta con
la mente detrás de ellos. Con cuidado la recostó en el sofá y luego él se sentó
sobre la pequeña mesita de centro que había en la estancia desde donde siguió
observándola. Estaba más delgada que la primera vez que la había visto,
además se podían ver los rastros de cansancio en su rostro. Imaginó que todo
estaba relacionado con el proceso de transición.
Lentamente se acercó a su cuello que había quedado al descubierto por la forma
en la que su cabeza estaba recostada sobre el brazo del sofá, y lo rozó con la
punta de la nariz respirando profundamente. Luego volvió a alejarse al darse
cuenta que su propio cuerpo había respondido. Si, su cambio estaba muy
próximo. Cuando las mujeres se acercaban a ese proceso, su cuerpo despedía
un ligero aroma especial y había que reconocer que el de Sakura lo era en
extremo. Una delicada mezcla entre el aroma propio del cambio y el que ella
poseía. Puro, dulce pero fresco.
No pudo evitarlo. Volvió a acercarse hacia el cuello de la mujer y lo fue
acariciando con la nariz suavemente. Rozó su clavícula y por un instante pensó
en que tal vez podía ir más lejos cuando sus labios hicieron lo propio en el
cuello. Entonces la racionalidad que había quedado bloqueada resurgió y se
apartó rápidamente poniéndose de pie. Caminó hasta el otro extremo de la
estancia y miró hacia el sofá. Apretó el puente de su nariz entre los dedos índice
y pulgar. Tenía que calmarse para poder recuperar el control. Eso no podía estar
pasándole a él.
Era imposible.
Justo en ese momento Ino se materializó en el apartamento frente a él. Jamás
se había alegrado tanto de verla.
— Lamento la tardanza. Fui a buscar a Sakura a su trabajo pero me dijeron que
ya se había ido —soltó un suspiro un poco desanimada— habíamos quedado en
tomar un café pero supongo que algo importarte se le atravesó. —su tono de voz
volvió a cambiar — bueno, ¿listo para irnos?
— Ino, mira detrás de ti —musitó Sasuke. La chica lo miró un poco extrañada y
luego hizo lo que él le pidió.
— ¡Santo cielo! —exclamó sorprendida— ¡No me digas que ya le contaste la
verdad!
— Por supuesto que no. Simplemente se desmayó. Su cambio está muy
próximo, deberías agradecerme que yo estuviera cerca y que así no terminó
rodando por las escaleras. —Ino pareció ignorarlo, se acercó a Sakura
arrodillándose junto al sofá
— ¡Pobrecita! —susurró mientras pasaba los dedos a través del cabello de
Sakura— es probable que en estos momentos esté preguntándose si algo no irá
mal con ella. Aún recuerdo lo que se siente pasar por todo eso y no puedo
imaginar lo que es pasar por ello y no saber lo que pasa —soltó un suspiro y se
giró para mirar a Sasuke quien permanecía recostado en el muro con los brazos
cruzados— supongo que no saldremos hasta que despierte ¿no es cierto?
— Puedes tú —recalcó esa palabra— quedarte con ella. Yo alcanzaré a Naruto
en el centro y daré un par de rondas. Avísame si las cosas se complican. —lo
último que necesitaba era estar en la misma habitación con esa mestiza que
estaba haciendo que el perfecto balance que siempre poseía se viera en riesgo.
Ino se levantó de golpe y se acercó a él tan rápido que por un momento creyó
que se había desmaterializado.
— ¡Ah no! —exclamó mirándolo casi con molestia— Escúchame muy bien
Sasuke Uchiha porque sólo lo repetiré una vez: YO NO SOY LA NIÑERA DE
SAKURA. ESE ES TÚ TRABAJO —repuso señalándolo con el índice— yo
simplemente soy un alma caritativa que decidió ayudarte en este asunto pero
eso no significa que tú puedas deslindarte de él sólo así como así ¿quedó claro?
—él no respondió— pregunté si te quedó claro.
— Seguro —respondió finalmente. En ese momento una media sonrisa se dibujó
en su rostro y su mirada también cambió.
— ¿Qué es tan gracioso? —cuestionó con cierto aire de indignación.
— ¿Ya te habían dicho lo mandona que puedes llegar a ser? No entiendo como
Kiba puede contigo.
— Muy gracioso. Lo mejor será que aceptes que te molesta que yo me haya
decidido por él y no por ti —comentó jocosamente siguiéndole el juego—
perdiste tu oportunidad Uchiha. Esa es la realidad
Sasuke estaba a punto de replicar cuando escucharon un pequeño gemido
proveniente del sofá.
Sakura intentó abrir los ojos y cuando al fin lo consiguió se dio cuenta de que no
estaba en su apartamento. Miró a su alrededor y vio a Ino y Sasuke del otro lado
de la estancia mirándola fijamente. La primera en acercase fue la rubia quien le
preguntó una y otra vez como se sentía, luego le preparó un poco de té y la
obligó a permanecer sentada en el sofá por casi media hora más. Estaba tan
aletargada que ni siquiera notó que la rubia estaba vestida con sus ropas de
combate. Mientras Ino le hablaba, no pudo evitar dirigir su mirada hacia Sasuke
quien permanecía recostado sobre el muro, con los brazos cruzados, también
mirándola, más bien, estudiándola. Un escalofrío la recorrió de arriba abajo al
recordar de manera parcial lo que había sucedido en las escaleras.
Cuando finalmente Ino la dejó ir a su casa, Sakura entró al apartamento, tomó
una ducha y se fue directamente a la cama. Estaba realmente cansada lo cual
ayudó, en cierta manera, a que pudiera dormir.
Esa fue la primera noche en la que Sasuke apareció en sus sueños de una
forma en la que ningún hombre había aparecido antes.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Minutos después, Ino y Sasuke se materializaron a unas cuadras de la avenida
principal de la zona de clubes. Caminaron un poco hasta que en la oscuridad de
un callejón se encontraron con una escena que no podrían haberse imaginado.
Gaara se encontraba peleando con un trío de akatsukis y las cosas ya estaban
prácticamente definidas. Dos de ellos se encontraban tirados en el piso, aún
vivos porque mantenían su forma pero de un modo incapacitados. Habían sido
novatos, Sasuke e Ino lo supieron por las ligeras marcas de maldición que se
asomaban en las partes de su piel que la ropa no alcanzaba a cubrir; aunque si
hubieran sido más experimentados no habría significado diferencia alguna, no
con Gaara furioso.
— Había olvidado que hoy era el día… —musitó Sasuke en voz tan baja, que de
no haber estado a su lado, Ino no hubiese podido oírlo. Estaba tan concentrada
en la cruenta pelea que se desarrollaba frente a sus ojos que en realidad no
estaba segura de haber oído correctamente.
El akatsuki que combatía contra Gaara soltó un grito desgarrador cuando el
pelirrojo le desprendió, literalmente, el brazo del torso. La piel de Ino se erizó.
Algo dentro de su mente le decía que dejara de mirar pero no podía evitarlo.
Sentía el odio de Gaara envolver su cuerpo de manera asfixiante como la
oscuridad los envolvía en ese momento. Nunca había visto algo tan cruel. Ella
había acabado con muchos de ellos desde hacía tiempo pero… lo que Gaara
hacía era completamente distinto. En ese momento estaba jugando con aquel
que no hace mucho había sido un vampiro civil, en su rostro se dibujaba una
sardónica sonrisa al escuchar al akatsuki gritar implorando porque terminara.
Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Escuchó el crujir del codo del otro
brazo del cazador cuando lo dobló hasta hacer que el hueso se asomara por la
piel, se llevó una mano a la boca y su cuerpo comenzó a temblar. Era
demasiado cruel lo que Gaara estaba haciendo, la manera en la que él actuaba
estaba simplemente fuera de su comprensión. Había escuchado a Sasuke y a
los demás hablar sobre ello pero siempre pensó que exageraban, que tal vez a
Gaara le gustaba asesinar con las manos pero no que jugara con los akatsukis
antes de acabar con ellos. Ahora sabía que ese sádico juego era una espantosa
verdad. Intentó contener las lágrimas mientras observaba como destrozaba la
garganta del cazador con sus colmillos y luego lo tiraba al suelo, agonizante.
Entonces la gélida mirada aguamarina se enfocó en ellos, como si apenas se
hubiese percatado de su presencia. "Es verdad, él es… un demonio" fue lo único
que Ino pudo pensar ante la figura terrorífica que se alzaba al final de aquel
callejón. Los ojos claros, crueles, enmarcados por gruesas ojeras, los pómulos
hundidos, debido a que no se alimentaba de mujeres de su raza, manchados por
la sangre que le había salpicado cuando desgarró la garganta de aquel cazador
y los afilados colmillos expuestos como si fuese una fiera. No era un vampiro
normal. Ni siquiera le importó que ellos lo estuvieran observando, levantó a otro
akatsuki al que, por lo visto, le había cortado los tendones de los brazos y
piernas pues parecía un muñeco de trapo, y se dispuso a hacer lo mismo.
Ella no podía soportar ver aquello, se llevó la otra mano a la boca, con ambas se
preparó para ahogar cualquier clase de grito y finalmente logró apartar la mirada
del atroz espectáculo.
— ¡Es suficiente Gaara! —exclamó Sasuke con voz firme mientras se acercaba
a él.
— No te metas en esto, Sasuke. ¡No es asunto tuyo! —respondió arrastrando las
palabras gracias a la euforia, que parecía que, en aquel momento estaba
sintiendo. Sasuke no le hizo caso, desenfundó las dos dagas que traía en la
cartuchera que le cruzaba el pecho y en un movimiento ágil apuñaló a los dos
cazadores que yacían en el suelo.
Un grito aterrador salió de la garganta de Gaara, Sasuke se apresuró a
arrancarle el cuerpo del akatsuki de las manos y apuñalarlo casi al mismo
tiempo antes de que Gaara lo arrojara por los aires hasta hacer que impactara
contra un muro del callejón. Su sed de sangre era algo que Ino jamás pensó que
sería posible, su voz sonaba completamente distorsionada en una mezcla de
odio, furia, euforia y maldad. En ese momento no estaba viendo a Sasuke como
su hermano de batallas o su compañero, ni siquiera lo reconocía. Sólo veía en él
al sujeto que le arrancó la única manera de explotar todo lo que guardaba en su
interior y que jamás sería capaz de explicar.
Cada año se repetía aquella situación. Ese había sido el primer día en el que su
padre lo había encerrado en las mazmorras del castillo en el que habitaban, el
primer día en el que lo había molido a golpes luego de haberse embriagado
culpándolo por la muerte de Kankuro, el primer día en el que ni su madre ni su
hermana habían hecho algo para salvarlo, el día en el que había perdido su
alma. Décadas después se había armado de valor para asesinar a su padre con
sus propias manos pero eso no había sido suficiente como lo había pensado. Y
ahora estaba a punto de terminar de saciar su odio con Sasuke, su compañero,
su hermano y sobre todo, el rey de la raza.
— ¡GAARA POR FAVOR DETENTE! —gritó Ino con desesperación cuando vio
que el pelirrojo tomaba a Sasuke por las solapas del abrigo exponiendo los
colmillos.
La mirada de Gaara se enfocó de inmediato en ella, las lágrimas estaban
corriendo por las mejillas de la chica mientras mantenía la mirada fija en él. Una
mirada de miedo, de súplica. "¡Gaara por favor detente!". Una imagen le vino a
la mente como un flash, la imagen de hermana gritándole para que no asesinara
a su padre. Cerró los ojos con fuerza intentando recordar qué estaba sucediendo
pero la confusión era mucho más grande y estaba retomando el control sobre él
hasta que escuchó la voz de Sasuke.
— Hazlo y demuestra que eres lo que él dijo que eras… —susurró el azabache
mirándolo fijamente. Sus miradas se encontraron. Instantes después, las manos
de Gaara aflojaron su agarre para al fin soltarlo. Lentamente fue retrocediendo
hasta que se halló del otro lado del callejón cerca de Ino aunque no la notó hasta
que ella rozó su hombro con las puntas de los dedos.
— ¡No me toques! —gritó empujándola, luego volvió a mirar a Sasuke. Sus
labios se abrieron pero nada salió de ellos, se frotó el rostro con ambas manos
sin importarle que se manchara con la negra sangre de akatsuki. Dirigió una
última mirada a Sasuke en la que al azabache le pareció ver un atisbo de
arrepentimiento y finalmente se desmaterializó.
El callejón quedó en silencio.
Ino reaccionó aproximándose a donde Sasuke estaba y se dejó caer de rodillas
junto a él.
— ¿Te encuentras bien? —preguntó titubeante mientras palpaba el cuello y el
rostro de Sasuke en busca de alguna herida. Cuando supo que estaba bien, lo
abrazó con fuerza— Creí que él te… creí que…
— Lo sé —susurró. Ino no pudo contenerse más y comenzó a llorar
amargamente. Su cuerpo seguía temblando invadida por el terror que aquel
momento le había ocasionado. Sasuke maldijo por lo bajo y luego la rodeó con
sus brazos— Hubiese hecho cualquier cosa para evitar que presenciaras esto.
Lo lamento, Ino.
En verdad lo lamentaba…
Capítulo 6
Las sensaciones se arremolinaban en su interior nublando cada uno de sus
pensamientos por más insignificantes que fueran. Sólo había espacio para una
sola cosa: él. Aquel hombre que en esos momentos acariciaba cada centímetro
de su piel con los labios, los dientes y la lengua. Sus manos viajaban a través de
todo su cuerpo enviándole enormes descargas de placer quemándola,
abrasándola, haciéndole desear más y más. El calor que ambos cuerpos
irradiaban estaba inundando su cama, metiéndose entre las sábanas y
acercándolos cada vez más. Sus frágiles y trémulos dedos se enredaron entre
aquel cabello negro buscando aferrarse a algo real antes de perderse totalmente
en aquel mar de sensaciones extremadamente placenteras.
Los labios exigentes de su amante volvieron a apoderarse de los suyos con
ferocidad, sus lenguas se entrelazaron frenéticamente y el juego de ardientes
caricias de aquel par de manos aumentó su intensidad de manera
desconcertante llevándola a experimentar un placer digno de cualquier
descripción de la palabra paraíso. Aún así ella necesitaba más. Lo necesitaba a
él por completo y estaba a punto de tenerlo. Lo sabía perfectamente.
Así fue. Él se posicionó entre sus piernas acariciándola apasionadamente y por
fin lo sintió en su interior. Echó la cabeza ligeramente hacia atrás, volvió a ver a
aquel hombre sobre ella, mirándola fijamente, con los ojos ardiendo de deseo
por ella. Y entonces, el nombre de aquel perfecto amante escapó como un
gemido de entre sus labios
Sasuke…
Sakura se levantó de golpe de la cama cubierta por una fina capa de sudor, su
respiración era agitada y sentía el calor correr por sus venas. Sin darse tiempo a
reaccionar se levantó de la cama y se dirigió a trompicones al baño, encendió la
luz, caminó hasta el lavabo donde se mojó la cara con agua fría y luego
permaneció con las manos apoyadas al borde mientras su respiración volvía a la
normalidad. Cinco. Con esa eran cinco las noches consecutivas que llevaba
soñando con Sasuke luego de aquel incidente en las escaleras.
Sueños que despertaban los más oscuros deseos en ella, sensaciones que
jamás pensó experimentar y mucho menos por un simple sueño. Alzó la cara
para ver su reflejo en el espejo aunque esta vez en lugar de concentrarse en las
ya familiares ojeras, vio como sus pezones se transparentaban a través de la
fina seda del camisón blanco que llevaba puesto. Aquellos sueños eran tan
reales que su cuerpo respondía al deseo y la excitación sin que ella lo pudiera
controlar, aún tenía la sensación de las caricias a través de su cuerpo.
Sencillamente no podía creerlo, ahora sabía que estaba enloqueciendo. Había
llevado las fantasías sexuales a un nuevo nivel.
A un nuevo y enfermizo nivel.
Regresó a su habitación y miró el despertador. Faltaban un par de horas para el
amanecer y algunas más para que tuviera que ir al trabajo pero ya no quería
volver a la cama, no si podía evitarlo. Volvió al baño y se dispuso a tomar una
ducha helada. Le hacía falta, vaya que lo hacía.
Horas más tarde Sakura se encontraba frente al ordenador en su cubículo del
periódico, retocando algunas imágenes sin ningún interés en específico más
bien en un intento de matar tiempo. Con la mano derecha movía el mouse y
daba alguno que otro clic mientras mantenía su rostro recargado en la otra
mano. No había más que pudiera hacer. Todo su trabajo estaba al corriente e
incluso había ido aquella mañana a completar unas cuantas tomas de la
preparación del evento que esa noche se llevaría a cabo.
La fiesta de aniversario del diario.
El evento más importante en su empleo y uno de los más significativos a nivel
social en la ciudad. El único en el que ella volvía a internarse en el mundo que
había dejado en su pasado en lugar de ser una espectadora más. Soltó un
suspiro. En realidad el fastuoso evento no la entusiasmaba en lo más mínimo
pero la asistencia para el personal era obligatoria, además Sai la acompañaría
aunque no sólo para darle su apoyo sino también para intentar aumentar la
cartera de clientes que su despacho poseía. Era cierto que el buffet apenas
estaba creciendo pero ya comenzaba a ganar publicidad gracias a las grandes
habilidades defensoras que Sai poseía y que había demostrado en algunos
casos importantes.
"Un extraordinario abogado y un temible adversario" había dicho el jefe de Sai
en una de las cenas a las cuales ella había tenido que asistir.
Volvió a suspirar. Si intentaba verle el lado positivo al asunto pues ese sería que
contaría con menos horas para estar en casa, menos horas para dormir y menos
horas para tener orgasmos mentales fantaseando con su vecino. Ese era el
único lado positivo que podía verle a ir a la fiesta del diario y aún así una parte
en su interior decía que no lo era del todo.
Cuando la jornada laboral -digna del olvido- llegó a su fin un par de horas
después del anochecer, Sakura fue a casa. Llegó a su edificio, estacionó el auto
y subió las escaleras hasta la entrada. Por fin el ascensor había vuelto a su
funcionamiento habitual luego de varias semanas y eso logró arrancarle una
tenue sonrisa del rostro. Desde lo ocurrido con Sasuke y temiendo que en algún
momento se repitiera su desmayo y él no estuviera para salvarla, le tomaba
varios minutos subir los escalones hacia su apartamento.
Cuando llegó al segundo piso las puertas de metal se abrieron de par en par,
ella salió y durante un instante se detuvo al ver hacia la puerta del apartamento
de Ino y Sasuke dudando un poco sobre si visitar a la rubia aunque fuera unos
minutos. Cuando la fue a ver después del trabajo la noche posterior a su
desmayo, Sasuke le había dicho que estaba un poco indispuesta y ella lo
comprobó al ver a Ino en cama. Así habían sido los dos días posteriores, o más
bien dicho las noches. La chica lucía realmente enferma pero cuando le
preguntó a Sasuke, él le respondió que era simple agotamiento físico debido al
estrés y que sólo necesitaba descansar.
Sakura sabía lo que era estar al borde gracias a la presión así que decidió darle
a Ino su espacio para que pudiera recuperarse pronto pero ya habían pasado
otros tres días y aún no había sabido nada de ella. Tal vez podría hacerle una
visita relámpago antes de irse a la fiesta. Caminó en dirección al apartamento de
sus vecinos deseando que Sasuke no le abriera pero justo cuando estaba a
punto de llamar a la puerta su teléfono comenzó a sonar. Sacó el pequeño
aparato de su bolso y vio el identificador: Sai.
Soltó un suspiro a la vez que se volvía de regreso a su apartamento para
contestar. Supuso que tendría que esperar hasta el día siguiente para ver como
se encontraba Ino. Por lo pronto, esta pintaba para ser una larga, muy larga
noche.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Minutos más tarde, Sasuke se materializó en el pasillo, lo habría hecho dentro
de "su" apartamento como normalmente lo hacía pero esa noche había un
invitado ahí: Kiba. El guerrero había ido a ver a Ino y alimentarla. Sintió el chakra
del chico y supuso que aún no había terminado así que apoyó ambas manos en
el pequeño muro que daba hacia las escaleras y desde donde podía ver el
vestíbulo del edificio.
Luego de haber presenciado aquel espectáculo atroz de Gaara jugando con los
akatsukis, Ino se había negado a regresar a la mansión, no mientras el pelirrojo
estuviera ahí. Aquella noche en un maratónico tiempo récord Shikamaru logró
instalar las persianas de acero en las ventanas del apartamento antes de que el
sol los sorprendiera y desde esa noche Ino no había dejado el lugar sin
importarle las súplicas de Sasuke, las de Kiba o las de Naruto. Ella
sencillamente aún no había logrado asimilar lo que había visto y lo cierto era que
no era para menos y que la culpa era toda de él. De nuevo la culpa era
solamente suya.
La puerta del apartamento se abrió apareciendo Kiba a través de ella. El hombre
iba vestido con las típicas ropas de combate; pantalón de cuero, camisa negra,
botas militares. No llevaba el abrigo dejando ver así las dagas en su pecho y las
pistolas en las caderas, tenía recogida la manga izquierda de la camisa. Sasuke
supo que Ino se había negado a beber de la vena del cuello de su compañero.
El rostro del guerrero era una mezcla entre frustración e impotencia por la
situación en la que su mujer se hallaba.
— ¿Cómo está? —cuestionó Sasuke acercándose a él. Kiba pasó la lengua por
la herida del antebrazo para sellarla y luego se quedó mirando al azabache
durante un instante antes de responderle.
— Un poco mejor —respondió fríamente— Al menos esta vez me dejó
alimentarla y espero que ahora que recuperó fuerzas piense las cosas un poco
más y al final de la noche, cuando venga a verla otra vez, consiga convencerla
de que regrese conmigo. Ahora, si me disculpas, iré a hacer mi trabajo.
Sasuke captó claramente la indirecta. Cuando Kiba pasó a su lado hacia las
escaleras, sintió la oleada de furia que había en el interior de su compañero y
que estaba dirigida a él. Luego de lo sucedido, no le había dirigido la palabra
más que para lo indispensable y eso era algo extraño viniendo de aquel
extrovertido. El azabache se giró para hablarle.
— Kiba se qué estás molesto conmigo, sé cómo debes de estarte sintiendo y…
El aludido se detuvo a un par de escalones más abajo en cuanto escuchó a
Sasuke. Reaccionó con rapidez y regresó al pasillo para encararlo.
— No Sasuke, no estoy molesto. Estoy furioso —respondió acercándose hasta
dejar sus rostros a unos centímetros de distancia sin poder contener más lo que
sentía— Tampoco sabes como me estoy sintiendo en estos momentos. Ino no
debió nunca, escúchame bien, nunca debió haber visto a Gaara en uno de sus
ataques. Y no, no estoy culpando a Gaara.
De nuevo otra indirecta sumamente directa.
— Lo conozco perfectamente desde que le ayudé a escapar de las garras de su
padre y desde entonces no he hecho nada más que protegerlo de sí mismo con
la esperanza de que en algún momento pueda sentirse como miembro de una
familia de nuevo. Y lo he hecho sin preocuparme porque Ino lo llegara a ver en
uno de sus momentos malos porque pensé que TÚ estarías ahí para mantenerla
alejada del demonio en el que Gaara suele convertirse cuando está sensible.
Ahora no te estoy hablando de hermano a hermano, de amigo a amigo o de civil
a rey. Te estoy hablando de hombre a hombre, te hablo como un hombre
decepcionado porque te confió lo más importante en toda su jodida vida y le
fallaste. —Kiba se detuvo para inhalar profundo y recuperar los estribos que
había perdido— Así que me detendré en este instante y voy a desmaterializarme
lejos de aquí porque a pesar de todo eres mi amigo y mi hermano y no quiero
decir o hacer algo de lo que me voy a arrepentir después.
Dicho esto, el vampiro se dio la vuelta y caminó otra vez por las escaleras
mientras se desmaterializaba. Sasuke se quedó mirando el espacio del vestíbulo
en la parte inferior y pensó que palabras más ciertas no le habían dicho en
varios años. Él tenía razón. Para un vampiro no había cosa o ser más importante
que su compañera, su mujer y Kiba le había confiado la protección de Ino pero él
le había fallado. Sus dedos se cerraron sobre el pequeño muro como muestra de
toda la frustración y furia que sentía contra sí mismo. ¿Cómo podía estar él
destinado para ser rey y proteger a una raza si no había podido proteger a una
de las personas más importantes para él?
Todo ese mar de emociones oscuras estaba consumiéndolo poco a poco sin
poder controlarlo hasta que una suave brisa golpeó sus sentidos. Aquel aroma
dulce y fresco, como si fuesen flores lo reconoció de inmediato. Giró la cabeza
hacia la izquierda y vio a Sakura salir de su apartamento. Estaba ataviada con
un vestido rojo de cóctel y el cabello recogido en lo alto dejando escapar un par
de mechones ondulados alrededor de su rostro. La chica lo estaba mirando
fijamente.
En el momento en el que sus miradas se encontraron un deseo desconocido
despertó en su cuerpo. Su instinto le pedía a gritos que tomara a esa mujer entre
sus brazos, que le echara la cabeza hacia atrás y saboreara su cuello, que sus
manos estrujaran cada una de las curvas que se remarcaban a través de aquella
fina tela y que se hundiera en su calor.
— Eh, ¿te encuentras bien? —preguntó titubeante la ojiverde al notar la mirada
que Sasuke le estaba dirigiendo. Ella desvió la suya intentando disimular la
incomodidad que estaba sintiendo y no porque se sintiera acosada sino porque a
cada instante que miraba a Sasuke no podía evitar recordar lo que soñaba que
él le hacía y entonces su cuerpo comenzaba a reaccionar justo como en ese
momento.
El aroma que Sasuke percibió se mezcló en un instante con una oleada de
deseo proveniente de Sakura. No pudo contenerse más. En un movimiento
rápido se acercó a ella y la recargó contra la pared.
— ¿Qué…? —intentó preguntar Sakura mientras sentía como el latido de su
corazón se aceleraba al sentir la mirada de Sasuke clavada en sus ojos y el
calor que se desprendía de su cuerpo. Era justo como en sus sueños y eso hizo
que un escalofrío recorriera su cuerpo de arriba abajo.
Sasuke pensó que no tenía tiempo para aquello, que debía salir a las calles y
hacer su trabajo, lo que realmente le importaba y sin embargo sabía que en ese
momento no podía alejarse de esa mujer sin al menos probarla. Tomó las
mejillas de Sakura entre las manos y la besó. Quería darle un beso breve y duro
que aliviara, además de su frustración, la repentina y abrumadora necesidad que
se había adueñado de él. Sin embargo, con el simple roce de sus labios estuvo
perdido. La besó con fuerza dejando que la frustración y la furia alimentaran
aquel beso hasta que se sintió como si se estuviera ahogando mientras ella
correspondía con la misma intensidad.
Sakura suspiró en su boca y abrió los labios para él. Sasuke introdujo la lengua
en sus profundidades y sintió que se hundía en su calor. Recorrió cada recoveco
de su cavidad y cuando encontró su lengua la acarició intensamente. Con los
sentidos embriagados, notó como si su cuerpo estuviese a punto de arder en
llamas; ella suspiró de nuevo y aquel suave sonido llegó hasta sus oídos
haciéndolo perder la razón. Lentamente inició la separación; sin embargo, eso
no fue posible porque Sakura se aferró a las solapas de su abrigo y lo atrajo
hacia ella pegando su cuerpo al suyo.
Sasuke emitió un gruñido y sin poder evitarlo, sintió una fuerte oleada de deseo.
Necesitaba tomarla. Ahora mismo.
La llevó de regreso al interior del apartamento empujándola levemente con el
cuerpo sin apartar sus labios. Cuando estuvieron dentro, cerró la puerta con la
mente y sentó a Sakura sobre la pequeña mesa de hierro forjado que había en
la entrada. Mientras los dedos de una de sus manos acariciaban las costillas de
Sakura hasta uno de sus senos, los de la otra se encargaban del nudo que
estaba atado en la parte posterior del cuello de la chica y sostenía aquel vestido.
Sakura no se quedó atrás y con rápidos y torpes movimientos le sacó el abrigo y
comenzó a desabotonarle la camisa. Narcotizada por sus besos, a merced de la
pasión que había fluido a través de ella como si fuera miel líquida, había sido
incapaz de tener un solo pensamiento racional. Solo había sentido una urgente
necesidad que la había dejado ciega y sorda a cualquier otra cosa. Ya no iba a
quedarse a medias, no más. Ya lo había hecho con sus sueños, sus ilusiones,
con su trabajo, incluso fantaseando con él, soñando que la tomaba justo como
en ese momento. Ahora que lo hacía, lo demás ya no importaba.
Con un silencioso gemido, Sasuke la aplastó contra él rozando la desnudez de
su pecho contra la de sus senos, sintiendo la excitación crecer en ambos, su
boca cerrándose sobre la de ella en un beso furioso que le estaba arrancando
hasta el último de sus alientos. Su lengua dentro de su boca, mientras sus
manos acariciaban su pelo soltándole el peinado, sus muslos y se demoraban
sobre las curvas dulcemente redondeadas de sus pechos. Sakura volvió a
apretarse contra él mientras Sasuke la levantaba por el trasero y la llevaba hacia
la habitación.
Él la sostuvo con fuerza mientras tomaba su boca con un beso que lo llevó al
borde de un abismo que nunca había imaginado. El aliento de Sakura se mezcló
con el suyo y Sasuke notó los latidos acelerados de su corazón vibrando contra
su torso metiéndose en lo más profundo de él. Cuando la recostó sobre la cama,
Sakura sintió que su cuerpo ardía por dentro de pies a cabeza. Tenía un
cosquilleo en la piel mientras las manos de Sasuke viajaban a través de su
cuerpo deshaciéndose de todas las prendas que la cubrían y provocándole a la
vez un tormento y una exquisita sensación de placer que fue en aumento
cuando sus labios tomaron el lugar de sus manos. Hasta la última célula de su
cuerpo gritaba de deseo.
El resto de su ropa alcanzó su destino en algún lugar de la habitación. Sólo con
acariciarla se adueñaron de él sensaciones y emociones que no había conocido.
La deseaba desesperadamente con un ansia repentina y fiera que nublaba
completamente sus sentidos. Sasuke notaba el fuego en su propio cuerpo.
Estaba endurecido, caliente y preparado, no quería otra cosa más en el mundo
que tomarla. Y Sakura esperaba lo mismo. Podía olerlo mientras sus manos y
sus labios recorrían la suave piel debajo de su cuerpo. Sasuke se movió para
ponerse a la altura del centro de su deseo y cubrirlo con la boca, y mientras su
lengua jugueteaba entre las piernas de Sakura, sus manos le acariciaban las
piernas y los glúteos.
Sakura dejó caer la cabeza sobre las almohadas y gritó su nombre cuando sintió
el primer orgasmo que la poseyó con una intensidad y fuerza que le arrancó el
último latido y el último aliento que aguardaba en su interior. La presión seguía
aumentando en su cuerpo, no podía respirar, no podía moverse y no le
importaba. Tan sólo quería que la tomara, ya no lo soportaba más. Lo
necesitaba en su interior justo en ese momento antes de que estallara.
Una voz dentro de la cabeza de Sasuke le insistía que se detuviera pero él no
escuchaba aquella voz en lo más mínimo. En vez de eso se preparó para
concluir y volvió a posicionarse entre las piernas de Sakura. Necesitaba tener
más y más de ella. Nuevamente se apoderó de sus labios y de sus suaves
pechos extendiendo el placer que ella estaba sintiendo en esos momentos.
Centró sus ojos en aquella mirada jade frente a él y antes de que hubiesen
desaparecido los últimos temblores del primer orgasmo, por fin se hundió en lo
más profundo de su ser.
Un gemido gutural escapó de sus bocas al unísono.
La sensación que experimentaron sus cuerpos al unirse los encadenó con un
nudo fuerte de pasión y deseo que ninguno de ellos fue capaz de romper. Las
manos de Sasuke recorriendo su anatomía la quemaban como si fuesen de
fuego haciendo que sus cuerpos se fundieran en uno sólo hasta que no supo
donde terminaba ella y comenzaba él. Se aferró a los fuertes hombros del
azabache incapaz de contener todo el placer que estaba sintiendo en aquellos
momentos. Las caricias de Sasuke tocaban puntos extremadamente sensibles
en ella y que nunca había sentido.
Los gemidos de Sakura en su oído y sus uñas hincadas en su espalda lo
estaban llevando al borde del éxtasis sin poder controlarlo. Todo su cuerpo
estaba vivo, vibrante. Notó una oleada de deseo tras otra, cada vez más fuertes.
Ella clavó sus ojos en los de él mientras Sasuke continuaba acariciándola con
más fuerza, embistiéndola más rápidamente, saliendo y entrando en su cuerpo a
un ritmo trepidante. Tocándola, penetrándola y extasiándola, llevándola al borde
del placer absoluto y, por fin, más allá de aquel límite.
Sakura gritó su nombre cuando su cuerpo explotó, Sasuke la siguió y unos
segundos más tarde, cuando jadeaban para tomar aire, él volvió a apropiarse de
sus labios y hundió la lengua en su boca. Y aunque sus cuerpos aún estaban
disfrutando de aquella increíble liberación, un nuevo deseo, incluso más fuerte
que el anterior, se adueñó de ellos.
Cuando por fin se separaron a causa de la falta de aire, Sasuke se alzó sobre
sus hombros para mirarla. Era hermosa, más que hermosa. Su rostro se
encontraba tenuemente sonrojado debido a la agitación, aún los ojos jade
presentaban destellos del placer vivido y sus labios ligeramente hinchados
estaban entreabiertos intentando llevar aire a sus pulmones. Entonces las
manos de Sakura acariciaron su rostro apartando unos mechones de su cabello
que se habían pegado a su cara gracias al sudor y fue como si un líquido
ardiente derritiera su piel en donde sus dedos le rozaban. El simple contacto
hizo que se estremeciera y el deseo que había sentido antes se volviera a hacer
presente.
Sus miradas estaban encadenadas una a la otra, sus cuerpos aún seguían
unidos y ambos querían que así se quedaran eternamente. Sin embargo, el
móvil de Sasuke comenzó a sonar desde algún lugar donde habían terminado
sus pantalones. El azabache maldijo por lo bajo mientras se deslizaba
lentamente fuera del interior de Sakura y luego salió de la cama para buscar el
aparato. Se movió tan rápido que Sakura dio un respingo, en un segundo él
estaba con ella y al siguiente casi del otro lado de la habitación.
— ¡Qué! —dijo tajante al abrir el teléfono. En seguida su expresión cambió—
¿Dónde estás? ¿Qué…? ¿Por qué estás…? —soltó un bufido— Estoy cerca. Te
veré ahí en unos minutos.
Terminó la llamada cerrando el móvil, alcanzó sus boxers y luego se puso los
pantalones dándole la espalda a Sakura quien ya se había envuelto en una de
las sábanas. Maldijo mentalmente. La voz de la cordura que instantes antes
había estado ignorando hasta hacerla desaparecer había regresado y le estaba
diciendo lo imbécil que había sido y lo lejos que había llegado.
Sakura se encontraba sentada en el borde de la cama viendo a Sasuke vestirse,
pudo ver gracias a la luz que se colaba por su ventana, las marcas de sus uñas
sobre la espalda de Sasuke. En definitiva lo sucedido había sido mejor que en
sus sueños, infinitamente mejor pero, ahora se enfrentaba a la incómoda
situación de "qué decir después de…" y por la tensión que había en los
músculos de Sasuke, sabía que para él era igual. Era incómodo y el silencio la
estaba matando.
— Tu camisa y tu abrigo deben de estar en la entrada —susurró nerviosa al ver
que Sasuke recorría la habitación una y otra vez con la mirada. Al escuchar su
voz, se puso rígido.
— Sakura, yo…
— No digas nada, Sasuke.
Lo que menos quería ella era que se disculpara por lo sucedido, que le dijera
que sus sospechas sobre su verdadera relación con Ino fueran ciertas y ellos no
fuesen primos en realidad. Por el tono de su voz estaba segura de que eso
habría dicho. Lo que había ocurrido no iba a cambiar porque se disculpara y
mucho menos se borraría así que, ya que lo habían hecho, quería conservar
esos recuerdos como algo que simplemente sucedió, que fue fantástico pero
que no volvería a ocurrir.
— Sasuke, mírame. —pidió la ojiverde poniéndose de pie luego de armarse de
valor. El azabache titubeó un par de segundos y finalmente se giró para mirarla.
Hermosa. De nuevo aquella palabra apareció en su cabeza con tan sólo verla—
Bésame.
Sasuke dio un pequeño respingo al escucharla. Pensó que le pediría una
explicación por lo sucedido, después de todo él había comenzado al besarla
pero jamás pensó que ella le haría esa petición. Su cuerpo sintió el deseo
renacer en él nuevamente y no pudo negarse. Con un par de grandes zancadas
se acercó hasta ella, tomó su rostro entre sus manos y lo alzó para poder
encontrar su mirada, lentamente fue acortando la distancia entre ellos hasta que
rozó sus labios con los de ella y los unió por completo.
Un beso completamente distinto. Lento, dulce y tranquilo. Los labios de Sasuke
recorrían los de ella con parsimonia, degustándolos lo más posible y cuando su
lengua delineó su labio inferior le permitió la entrada a su boca en donde se
encontró con la de ella y la acarició con delicadeza.
— Debo irme —susurró él entonces haciendo que su aliento chocara contra los
labios entreabiertos de Sakura. Ella asintió y Sasuke abandonó la habitación.
Luego de escuchar la puerta principal cerrarse, Sakura se dejó caer sobre la
cama nuevamente y cerró los ojos reviviendo automáticamente en su memoria lo
que acababa de ocurrir. Las sensaciones seguían presentes en su cuerpo, los
besos, las caricias de Sasuke y la sensación de él en su interior. Aún era
palpable.
El cansancio volvió a apoderarse de ella, sus párpados comenzaron a pesar y
justo cuando se iba a dejar caer en los brazos de Morfeo, escuchó su móvil
sonar desde alguna parte de la sala. Dada la insistencia de quienquiera que
fuese quien le estaba llamando se levantó para coger el aparato y cuando vio el
identificador volvió a la realidad de la que se había olvidado instantes antes. El
nombre de su prometido: Sai. Una sola pregunta atravesó su mente como un
rayo indicándole la verdad de lo que había sucedido.
"¿Qué hice?"
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sasuke permaneció un par de minutos en el corredor mientras se acomodaba la
camisa y el abrigo antes de entrar al apartamento que compartía con Ino. Ahí se
encontraba quien le había llamado instantes antes y dado de quien se trataba,
no podía permitirse ningún indicio que pudiera hacer que su visitante se enterara
de lo que había sucedido. Finalmente estuvo listo y se materializó dentro
encontrándose a un hombre viendo por la ventana.
— ¿Qué haces aquí Naruto? —cuestionó fríamente haciendo que el rubio se
volviera para verlo.
— ¡Vaya, ya era hora! —exclamó— ¿dónde se supone que estabas? Llevo
esperándote en el centro por horas.
— Eso no es asunto tuyo y ahora responde ¿qué haces aquí?
— No es obvio —respondió señalando con la cabeza hacia la habitación donde
Ino descansaba.
— Vine a ver como se encontraba Ino. He estado muy preocupado por ella.
— Lo sé. En un momento regreso —dijo el azabache antes de entrar en la otra
habitación de la que regresó instantes después completamente armado. En la
estancia, Ino estaba con Naruto lo que hizo que respirara un poco más aliviado
— Es hora de irnos —ambas miradas azules se centraron en él y el rubio se
puso de pie
— Intentaré volver más tarde. Pórtate bien ¿vale? —dijo Naruto a Ino quien
sonrió tenuemente.
— Yo soy quien debería decirles eso a ustedes. Cuídalo, por favor —pidió
refiriéndose a Sasuke haciendo que Naruto sonriera abiertamente
— Por supuesto. ¿Quién si no yo lo haría? Hay que ver que no arriesgue el
pellejo más de la cuenta —la sonrisa de Ino se hizo un poco más amplia.
— Hmp. Si ya terminaron hay que irnos —musitó Sasuke fríamente acercándose
a Naruto. Luego miró a Ino— Si sucede cualquier cosa no dudes en llamarme.
Esperó a que la chica asintiera y una vez que lo hizo, él y Naruto se
desmaterializaron.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El parque principal de Konoha era un buen lugar para esperar. Los humanos no
solían pasearse por ahí a esas horas pero había vampiros civiles que si lo
hacían. Además, esa sección en específico era crucial pues era la más corta y
cercana hacia la zona centro, concretamente la zona de clubes.
Sasuke no dejaba de repetirse que no se había acercado a Sakura para eso, su
objetivo había sido claro hasta que lo había arruinado con lo ocurrido. Había
complicado las cosas, no sólo para él sino también para ella, para el momento
en el que tuviera que decirle la verdad y para su destino con las sacerdotisas.
Ella estaba cerca de ver como todo su mundo y su realidad se transformaban y
él en lugar de ser una ayuda…
Lo había arruinado. Todo.
— ¿Vas a mantener esa cara todo el tiempo? —cuestionó Naruto cansinamente
— porque si es así yo creo que…
— Guárdate lo que tú creas para alguien a quien le importe —el rubio se quedó
atónito y lo miró.
— En verdad hoy estás realmente insoportable —declaró importándole poco la
gélida mirada que Sasuke le dedicó— No entiendo co-… —una sonrisa traviesa
se dibujó en su rostro al percibir aquel olor que provocó picor en su nariz—
Espero que un poco de diversión te quite el mal genio.
Sasuke no respondió, aunque por dentro él también esperaba que así fuera.
Ocho akatsukis, todos ellos con sus buenos años de antigüedad, símbolos de
experiencia, dentro de la organización. Nada mejor para intentar descargar toda
la frustración que los últimos días había estado carcomiendo el interior de
Sasuke alcanzando su desenlace esa misma noche hacía tan sólo un par de
horas, aunque más que una conclusión en realidad había llegado al punto más
alto. Decidió parar con sus reflexiones y concentrarse en la batalla que estaba a
punto de desarrollarse mientras veía a Naruto acercarse a los cazadores
cerrándoles el paso.
— Buenas noches, señoritas —dijo socarronamente esbozando una sonrisa
llena de completa excitación.
Los akatsukis adoptaron posiciones de lucha en cuanto lo vieron, encorvaron la
espalda, sus brazos se pusieron tensos a sus costados y los colmillos salieron a
relucir en medio de la oscuridad. Todo eso agrandó la sonrisa en el rostro de
Naruto, su mirada recorrió a cada uno de los cazadores con gran expectación a
la vez que hacía tronar sus dedos en señal de ansiedad.
— Bien, vamos a divertirnos —susurró lanzándose hacia sus oponentes.
Tres de ellos corrieron para hacerle frente mientras los otros comenzaban a
moverse por los árboles entre las sombras, inconscientes de la presencia de
Sasuke quien observaba como con sólo un cuchillo, Naruto ya había derribado a
dos de sus contrincantes. Una ácida media sonrisa se dibujó en el rostro del
Uchiha. Los cazadores podían ser rápidos, astutos y experimentados pero
Naruto no les estaba dando tiempo para poner en práctica lo aprendido. El
último akatsuki en pie logró hacerle un corte en el brazo pero eso sólo hizo que
el poder de Naruto aumentara, Sasuke se inclinó un poco para poder ver mejor
desde la rama en la que se encontraba parado y entonces un atisbo de recelo
cruzó su rostro.
Los ojos de Naruto se habían tornado rojos.
Bueno, no es que eso fuera malo ó peligroso pero había que tomar ciertas
medidas antes de que otra cosa pudiera suceder así que decidió que era tiempo
de unirse a la fiesta y acabar con todo de una buena vez. Abrió los botones de
su abrigo y sus manos se posaron sobre las dagas que sostenía la cartuchera
en su pecho, miró expectante hacía ambos lados y saltó de la rama para salir al
encuentro de los cazadores que estaban acechando a Naruto, quien aún
permanecía "entretenido" con el resto del equipo que había hecho aparición.
Un combate dos contra uno dio inicio aunque no duró más que unos cuantos
minutos hasta que Sasuke sometió a sus oponentes al vaciar el cargador de sus
dos SIG, luego desenfundó el par de deslumbrantes dagas y atravesó el pecho
de los cazadores convirtiéndolos en las manchas aceitosas que tenían por
destino. En realidad pensó que darían más batalla pero se había equivocado y
no había sido suficiente para desahogarse de todo lo que envolvía su mente en
ese momento.
Sakura. Su nombre cruzó su mente de manera tan rápida y espontánea que lo
tomó totalmente desprevenido. Había sido tan solo una fracción de segundo en
la que había perdido la concentración pero fue suficiente para que no lograra
reaccionar lo bastante rápido para esquivar los dos tiros provenientes de la
beretta del tercer cazador a quien no había visto. Uno le había rozado la parte
superior del hombro derecho y el otro había dado en justo debajo de la clavícula,
probablemente en una arteria porque el chorro de sangre dio un aspecto
escandaloso a la situación.
Naruto se giró luego de oír los disparos y vio a Sasuke caer de rodillas
doblándose hasta que su frente casi tocó el césped. Gritó el nombre de su
compañero y al no obtener respuesta la furia se fue apoderando de su cuerpo,
una furia que hizo que el poder que por lo general sabía controlar y mantener a
raya, ahora se liberara sin miramientos. Sus colmillos quedaron expuestos
mientras las uñas en sus manos lentamente se alargaban hasta convertirse en
garras y un aura color naranja comenzaba a surgir de su interior, envolviéndolo
como si fueran llamas. No podía controlarlo, no quería controlarlo. Esos infelices
iba a pagar, él los haría pagar.
Una corriente cargada de algo que hizo que la piel se erizara, golpeó la espalda
de Sasuke. Lentamente se giró para mirar sobre su hombro llevándose una poco
grata sorpresa al darse cuenta de lo que sucedía mientras su rostro era
alcanzado levemente por aquel resplandor que le produjo escalofríos. Eso no
estaba bien, nada bien. En cuanto el aura naranja fue aumentando de intensidad
absorbiendo a Naruto hasta iluminar lo que instantes antes había sido oscuridad
absoluta, Sasuke recobró un poco de sano juicio activando su instinto de
supervivencia, presionó con la mano izquierda el lado opuesto y corrió para
ocultarse detrás de un árbol a unos metros.
"¡Demonios! Esto realmente se va a poner feo."
Capítulo 6
Las sensaciones se arremolinaban en su interior nublando cada uno de sus
pensamientos por más insignificantes que fueran. Sólo había espacio para una
sola cosa: él. Aquel hombre que en esos momentos acariciaba cada centímetro
de su piel con los labios, los dientes y la lengua. Sus manos viajaban a través de
todo su cuerpo enviándole enormes descargas de placer quemándola,
abrasándola, haciéndole desear más y más. El calor que ambos cuerpos
irradiaban estaba inundando su cama, metiéndose entre las sábanas y
acercándolos cada vez más. Sus frágiles y trémulos dedos se enredaron entre
aquel cabello negro buscando aferrarse a algo real antes de perderse totalmente
en aquel mar de sensaciones extremadamente placenteras.
Los labios exigentes de su amante volvieron a apoderarse de los suyos con
ferocidad, sus lenguas se entrelazaron frenéticamente y el juego de ardientes
caricias de aquel par de manos aumentó su intensidad de manera
desconcertante llevándola a experimentar un placer digno de cualquier
descripción de la palabra paraíso. Aún así ella necesitaba más. Lo necesitaba a
él por completo y estaba a punto de tenerlo. Lo sabía perfectamente.
Así fue. Él se posicionó entre sus piernas acariciándola apasionadamente y por
fin lo sintió en su interior. Echó la cabeza ligeramente hacia atrás, volvió a ver a
aquel hombre sobre ella, mirándola fijamente, con los ojos ardiendo de deseo
por ella. Y entonces, el nombre de aquel perfecto amante escapó como un
gemido de entre sus labios
Sasuke…
Sakura se levantó de golpe de la cama cubierta por una fina capa de sudor, su
respiración era agitada y sentía el calor correr por sus venas. Sin darse tiempo a
reaccionar se levantó de la cama y se dirigió a trompicones al baño, encendió la
luz, caminó hasta el lavabo donde se mojó la cara con agua fría y luego
permaneció con las manos apoyadas al borde mientras su respiración volvía a la
normalidad. Cinco. Con esa eran cinco las noches consecutivas que llevaba
soñando con Sasuke luego de aquel incidente en las escaleras.
Sueños que despertaban los más oscuros deseos en ella, sensaciones que
jamás pensó experimentar y mucho menos por un simple sueño. Alzó la cara
para ver su reflejo en el espejo aunque esta vez en lugar de concentrarse en las
ya familiares ojeras, vio como sus pezones se transparentaban a través de la
fina seda del camisón blanco que llevaba puesto. Aquellos sueños eran tan
reales que su cuerpo respondía al deseo y la excitación sin que ella lo pudiera
controlar, aún tenía la sensación de las caricias a través de su cuerpo.
Sencillamente no podía creerlo, ahora sabía que estaba enloqueciendo. Había
llevado las fantasías sexuales a un nuevo nivel.
A un nuevo y enfermizo nivel.
Regresó a su habitación y miró el despertador. Faltaban un par de horas para el
amanecer y algunas más para que tuviera que ir al trabajo pero ya no quería
volver a la cama, no si podía evitarlo. Volvió al baño y se dispuso a tomar una
ducha helada. Le hacía falta, vaya que lo hacía.
Horas más tarde Sakura se encontraba frente al ordenador en su cubículo del
periódico, retocando algunas imágenes sin ningún interés en específico más
bien en un intento de matar tiempo. Con la mano derecha movía el mouse y
daba alguno que otro clic mientras mantenía su rostro recargado en la otra
mano. No había más que pudiera hacer. Todo su trabajo estaba al corriente e
incluso había ido aquella mañana a completar unas cuantas tomas de la
preparación del evento que esa noche se llevaría a cabo.
La fiesta de aniversario del diario.
El evento más importante en su empleo y uno de los más significativos a nivel
social en la ciudad. El único en el que ella volvía a internarse en el mundo que
había dejado en su pasado en lugar de ser una espectadora más. Soltó un
suspiro. En realidad el fastuoso evento no la entusiasmaba en lo más mínimo
pero la asistencia para el personal era obligatoria, además Sai la acompañaría
aunque no sólo para darle su apoyo sino también para intentar aumentar la
cartera de clientes que su despacho poseía. Era cierto que el buffet apenas
estaba creciendo pero ya comenzaba a ganar publicidad gracias a las grandes
habilidades defensoras que Sai poseía y que había demostrado en algunos
casos importantes.
"Un extraordinario abogado y un temible adversario" había dicho el jefe de Sai
en una de las cenas a las cuales ella había tenido que asistir.
Volvió a suspirar. Si intentaba verle el lado positivo al asunto pues ese sería que
contaría con menos horas para estar en casa, menos horas para dormir y menos
horas para tener orgasmos mentales fantaseando con su vecino. Ese era el
único lado positivo que podía verle a ir a la fiesta del diario y aún así una parte
en su interior decía que no lo era del todo.
Cuando la jornada laboral -digna del olvido- llegó a su fin un par de horas
después del anochecer, Sakura fue a casa. Llegó a su edificio, estacionó el auto
y subió las escaleras hasta la entrada. Por fin el ascensor había vuelto a su
funcionamiento habitual luego de varias semanas y eso logró arrancarle una
tenue sonrisa del rostro. Desde lo ocurrido con Sasuke y temiendo que en algún
momento se repitiera su desmayo y él no estuviera para salvarla, le tomaba
varios minutos subir los escalones hacia su apartamento.
Cuando llegó al segundo piso las puertas de metal se abrieron de par en par,
ella salió y durante un instante se detuvo al ver hacia la puerta del apartamento
de Ino y Sasuke dudando un poco sobre si visitar a la rubia aunque fuera unos
minutos. Cuando la fue a ver después del trabajo la noche posterior a su
desmayo, Sasuke le había dicho que estaba un poco indispuesta y ella lo
comprobó al ver a Ino en cama. Así habían sido los dos días posteriores, o más
bien dicho las noches. La chica lucía realmente enferma pero cuando le
preguntó a Sasuke, él le respondió que era simple agotamiento físico debido al
estrés y que sólo necesitaba descansar.
Sakura sabía lo que era estar al borde gracias a la presión así que decidió darle
a Ino su espacio para que pudiera recuperarse pronto pero ya habían pasado
otros tres días y aún no había sabido nada de ella. Tal vez podría hacerle una
visita relámpago antes de irse a la fiesta. Caminó en dirección al apartamento de
sus vecinos deseando que Sasuke no le abriera pero justo cuando estaba a
punto de llamar a la puerta su teléfono comenzó a sonar. Sacó el pequeño
aparato de su bolso y vio el identificador: Sai.
Soltó un suspiro a la vez que se volvía de regreso a su apartamento para
contestar. Supuso que tendría que esperar hasta el día siguiente para ver como
se encontraba Ino. Por lo pronto, esta pintaba para ser una larga, muy larga
noche.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Minutos más tarde, Sasuke se materializó en el pasillo, lo habría hecho dentro
de "su" apartamento como normalmente lo hacía pero esa noche había un
invitado ahí: Kiba. El guerrero había ido a ver a Ino y alimentarla. Sintió el chakra
del chico y supuso que aún no había terminado así que apoyó ambas manos en
el pequeño muro que daba hacia las escaleras y desde donde podía ver el
vestíbulo del edificio.
Luego de haber presenciado aquel espectáculo atroz de Gaara jugando con los
akatsukis, Ino se había negado a regresar a la mansión, no mientras el pelirrojo
estuviera ahí. Aquella noche en un maratónico tiempo récord Shikamaru logró
instalar las persianas de acero en las ventanas del apartamento antes de que el
sol los sorprendiera y desde esa noche Ino no había dejado el lugar sin
importarle las súplicas de Sasuke, las de Kiba o las de Naruto. Ella
sencillamente aún no había logrado asimilar lo que había visto y lo cierto era que
no era para menos y que la culpa era toda de él. De nuevo la culpa era
solamente suya.
La puerta del apartamento se abrió apareciendo Kiba a través de ella. El hombre
iba vestido con las típicas ropas de combate; pantalón de cuero, camisa negra,
botas militares. No llevaba el abrigo dejando ver así las dagas en su pecho y las
pistolas en las caderas, tenía recogida la manga izquierda de la camisa. Sasuke
supo que Ino se había negado a beber de la vena del cuello de su compañero.
El rostro del guerrero era una mezcla entre frustración e impotencia por la
situación en la que su mujer se hallaba.
— ¿Cómo está? —cuestionó Sasuke acercándose a él. Kiba pasó la lengua por
la herida del antebrazo para sellarla y luego se quedó mirando al azabache
durante un instante antes de responderle.
— Un poco mejor —respondió fríamente— Al menos esta vez me dejó
alimentarla y espero que ahora que recuperó fuerzas piense las cosas un poco
más y al final de la noche, cuando venga a verla otra vez, consiga convencerla
de que regrese conmigo. Ahora, si me disculpas, iré a hacer mi trabajo.
Sasuke captó claramente la indirecta. Cuando Kiba pasó a su lado hacia las
escaleras, sintió la oleada de furia que había en el interior de su compañero y
que estaba dirigida a él. Luego de lo sucedido, no le había dirigido la palabra
más que para lo indispensable y eso era algo extraño viniendo de aquel
extrovertido. El azabache se giró para hablarle.
— Kiba se qué estás molesto conmigo, sé cómo debes de estarte sintiendo y…
El aludido se detuvo a un par de escalones más abajo en cuanto escuchó a
Sasuke. Reaccionó con rapidez y regresó al pasillo para encararlo.
— No Sasuke, no estoy molesto. Estoy furioso —respondió acercándose hasta
dejar sus rostros a unos centímetros de distancia sin poder contener más lo que
sentía— Tampoco sabes como me estoy sintiendo en estos momentos. Ino no
debió nunca, escúchame bien, nunca debió haber visto a Gaara en uno de sus
ataques. Y no, no estoy culpando a Gaara.
De nuevo otra indirecta sumamente directa.
— Lo conozco perfectamente desde que le ayudé a escapar de las garras de su
padre y desde entonces no he hecho nada más que protegerlo de sí mismo con
la esperanza de que en algún momento pueda sentirse como miembro de una
familia de nuevo. Y lo he hecho sin preocuparme porque Ino lo llegara a ver en
uno de sus momentos malos porque pensé que TÚ estarías ahí para mantenerla
alejada del demonio en el que Gaara suele convertirse cuando está sensible.
Ahora no te estoy hablando de hermano a hermano, de amigo a amigo o de civil
a rey. Te estoy hablando de hombre a hombre, te hablo como un hombre
decepcionado porque te confió lo más importante en toda su jodida vida y le
fallaste. —Kiba se detuvo para inhalar profundo y recuperar los estribos que
había perdido— Así que me detendré en este instante y voy a desmaterializarme
lejos de aquí porque a pesar de todo eres mi amigo y mi hermano y no quiero
decir o hacer algo de lo que me voy a arrepentir después.
Dicho esto, el vampiro se dio la vuelta y caminó otra vez por las escaleras
mientras se desmaterializaba. Sasuke se quedó mirando el espacio del vestíbulo
en la parte inferior y pensó que palabras más ciertas no le habían dicho en
varios años. Él tenía razón. Para un vampiro no había cosa o ser más importante
que su compañera, su mujer y Kiba le había confiado la protección de Ino pero él
le había fallado. Sus dedos se cerraron sobre el pequeño muro como muestra de
toda la frustración y furia que sentía contra sí mismo. ¿Cómo podía estar él
destinado para ser rey y proteger a una raza si no había podido proteger a una
de las personas más importantes para él?
Todo ese mar de emociones oscuras estaba consumiéndolo poco a poco sin
poder controlarlo hasta que una suave brisa golpeó sus sentidos. Aquel aroma
dulce y fresco, como si fuesen flores lo reconoció de inmediato. Giró la cabeza
hacia la izquierda y vio a Sakura salir de su apartamento. Estaba ataviada con
un vestido rojo de cóctel y el cabello recogido en lo alto dejando escapar un par
de mechones ondulados alrededor de su rostro. La chica lo estaba mirando
fijamente.
En el momento en el que sus miradas se encontraron un deseo desconocido
despertó en su cuerpo. Su instinto le pedía a gritos que tomara a esa mujer entre
sus brazos, que le echara la cabeza hacia atrás y saboreara su cuello, que sus
manos estrujaran cada una de las curvas que se remarcaban a través de aquella
fina tela y que se hundiera en su calor.
— Eh, ¿te encuentras bien? —preguntó titubeante la ojiverde al notar la mirada
que Sasuke le estaba dirigiendo. Ella desvió la suya intentando disimular la
incomodidad que estaba sintiendo y no porque se sintiera acosada sino porque a
cada instante que miraba a Sasuke no podía evitar recordar lo que soñaba que
él le hacía y entonces su cuerpo comenzaba a reaccionar justo como en ese
momento.
El aroma que Sasuke percibió se mezcló en un instante con una oleada de
deseo proveniente de Sakura. No pudo contenerse más. En un movimiento
rápido se acercó a ella y la recargó contra la pared.
— ¿Qué…? —intentó preguntar Sakura mientras sentía como el latido de su
corazón se aceleraba al sentir la mirada de Sasuke clavada en sus ojos y el
calor que se desprendía de su cuerpo. Era justo como en sus sueños y eso hizo
que un escalofrío recorriera su cuerpo de arriba abajo.
Sasuke pensó que no tenía tiempo para aquello, que debía salir a las calles y
hacer su trabajo, lo que realmente le importaba y sin embargo sabía que en ese
momento no podía alejarse de esa mujer sin al menos probarla. Tomó las
mejillas de Sakura entre las manos y la besó. Quería darle un beso breve y duro
que aliviara, además de su frustración, la repentina y abrumadora necesidad que
se había adueñado de él. Sin embargo, con el simple roce de sus labios estuvo
perdido. La besó con fuerza dejando que la frustración y la furia alimentaran
aquel beso hasta que se sintió como si se estuviera ahogando mientras ella
correspondía con la misma intensidad.
Sakura suspiró en su boca y abrió los labios para él. Sasuke introdujo la lengua
en sus profundidades y sintió que se hundía en su calor. Recorrió cada recoveco
de su cavidad y cuando encontró su lengua la acarició intensamente. Con los
sentidos embriagados, notó como si su cuerpo estuviese a punto de arder en
llamas; ella suspiró de nuevo y aquel suave sonido llegó hasta sus oídos
haciéndolo perder la razón. Lentamente inició la separación; sin embargo, eso
no fue posible porque Sakura se aferró a las solapas de su abrigo y lo atrajo
hacia ella pegando su cuerpo al suyo.
Sasuke emitió un gruñido y sin poder evitarlo, sintió una fuerte oleada de deseo.
Necesitaba tomarla. Ahora mismo.
La llevó de regreso al interior del apartamento empujándola levemente con el
cuerpo sin apartar sus labios. Cuando estuvieron dentro, cerró la puerta con la
mente y sentó a Sakura sobre la pequeña mesa de hierro forjado que había en
la entrada. Mientras los dedos de una de sus manos acariciaban las costillas de
Sakura hasta uno de sus senos, los de la otra se encargaban del nudo que
estaba atado en la parte posterior del cuello de la chica y sostenía aquel vestido.
Sakura no se quedó atrás y con rápidos y torpes movimientos le sacó el abrigo y
comenzó a desabotonarle la camisa. Narcotizada por sus besos, a merced de la
pasión que había fluido a través de ella como si fuera miel líquida, había sido
incapaz de tener un solo pensamiento racional. Solo había sentido una urgente
necesidad que la había dejado ciega y sorda a cualquier otra cosa. Ya no iba a
quedarse a medias, no más. Ya lo había hecho con sus sueños, sus ilusiones,
con su trabajo, incluso fantaseando con él, soñando que la tomaba justo como
en ese momento. Ahora que lo hacía, lo demás ya no importaba.
Con un silencioso gemido, Sasuke la aplastó contra él rozando la desnudez de
su pecho contra la de sus senos, sintiendo la excitación crecer en ambos, su
boca cerrándose sobre la de ella en un beso furioso que le estaba arrancando
hasta el último de sus alientos. Su lengua dentro de su boca, mientras sus
manos acariciaban su pelo soltándole el peinado, sus muslos y se demoraban
sobre las curvas dulcemente redondeadas de sus pechos. Sakura volvió a
apretarse contra él mientras Sasuke la levantaba por el trasero y la llevaba hacia
la habitación.
Él la sostuvo con fuerza mientras tomaba su boca con un beso que lo llevó al
borde de un abismo que nunca había imaginado. El aliento de Sakura se mezcló
con el suyo y Sasuke notó los latidos acelerados de su corazón vibrando contra
su torso metiéndose en lo más profundo de él. Cuando la recostó sobre la cama,
Sakura sintió que su cuerpo ardía por dentro de pies a cabeza. Tenía un
cosquilleo en la piel mientras las manos de Sasuke viajaban a través de su
cuerpo deshaciéndose de todas las prendas que la cubrían y provocándole a la
vez un tormento y una exquisita sensación de placer que fue en aumento
cuando sus labios tomaron el lugar de sus manos. Hasta la última célula de su
cuerpo gritaba de deseo.
El resto de su ropa alcanzó su destino en algún lugar de la habitación. Sólo con
acariciarla se adueñaron de él sensaciones y emociones que no había conocido.
La deseaba desesperadamente con un ansia repentina y fiera que nublaba
completamente sus sentidos. Sasuke notaba el fuego en su propio cuerpo.
Estaba endurecido, caliente y preparado, no quería otra cosa más en el mundo
que tomarla. Y Sakura esperaba lo mismo. Podía olerlo mientras sus manos y
sus labios recorrían la suave piel debajo de su cuerpo. Sasuke se movió para
ponerse a la altura del centro de su deseo y cubrirlo con la boca, y mientras su
lengua jugueteaba entre las piernas de Sakura, sus manos le acariciaban las
piernas y los glúteos.
Sakura dejó caer la cabeza sobre las almohadas y gritó su nombre cuando sintió
el primer orgasmo que la poseyó con una intensidad y fuerza que le arrancó el
último latido y el último aliento que aguardaba en su interior. La presión seguía
aumentando en su cuerpo, no podía respirar, no podía moverse y no le
importaba. Tan sólo quería que la tomara, ya no lo soportaba más. Lo
necesitaba en su interior justo en ese momento antes de que estallara.
Una voz dentro de la cabeza de Sasuke le insistía que se detuviera pero él no
escuchaba aquella voz en lo más mínimo. En vez de eso se preparó para
concluir y volvió a posicionarse entre las piernas de Sakura. Necesitaba tener
más y más de ella. Nuevamente se apoderó de sus labios y de sus suaves
pechos extendiendo el placer que ella estaba sintiendo en esos momentos.
Centró sus ojos en aquella mirada jade frente a él y antes de que hubiesen
desaparecido los últimos temblores del primer orgasmo, por fin se hundió en lo
más profundo de su ser.
Un gemido gutural escapó de sus bocas al unísono.
La sensación que experimentaron sus cuerpos al unirse los encadenó con un
nudo fuerte de pasión y deseo que ninguno de ellos fue capaz de romper. Las
manos de Sasuke recorriendo su anatomía la quemaban como si fuesen de
fuego haciendo que sus cuerpos se fundieran en uno sólo hasta que no supo
donde terminaba ella y comenzaba él. Se aferró a los fuertes hombros del
azabache incapaz de contener todo el placer que estaba sintiendo en aquellos
momentos. Las caricias de Sasuke tocaban puntos extremadamente sensibles
en ella y que nunca había sentido.
Los gemidos de Sakura en su oído y sus uñas hincadas en su espalda lo
estaban llevando al borde del éxtasis sin poder controlarlo. Todo su cuerpo
estaba vivo, vibrante. Notó una oleada de deseo tras otra, cada vez más fuertes.
Ella clavó sus ojos en los de él mientras Sasuke continuaba acariciándola con
más fuerza, embistiéndola más rápidamente, saliendo y entrando en su cuerpo a
un ritmo trepidante. Tocándola, penetrándola y extasiándola, llevándola al borde
del placer absoluto y, por fin, más allá de aquel límite.
Sakura gritó su nombre cuando su cuerpo explotó, Sasuke la siguió y unos
segundos más tarde, cuando jadeaban para tomar aire, él volvió a apropiarse de
sus labios y hundió la lengua en su boca. Y aunque sus cuerpos aún estaban
disfrutando de aquella increíble liberación, un nuevo deseo, incluso más fuerte
que el anterior, se adueñó de ellos.
Cuando por fin se separaron a causa de la falta de aire, Sasuke se alzó sobre
sus hombros para mirarla. Era hermosa, más que hermosa. Su rostro se
encontraba tenuemente sonrojado debido a la agitación, aún los ojos jade
presentaban destellos del placer vivido y sus labios ligeramente hinchados
estaban entreabiertos intentando llevar aire a sus pulmones. Entonces las
manos de Sakura acariciaron su rostro apartando unos mechones de su cabello
que se habían pegado a su cara gracias al sudor y fue como si un líquido
ardiente derritiera su piel en donde sus dedos le rozaban. El simple contacto
hizo que se estremeciera y el deseo que había sentido antes se volviera a hacer
presente.
Sus miradas estaban encadenadas una a la otra, sus cuerpos aún seguían
unidos y ambos querían que así se quedaran eternamente. Sin embargo, el
móvil de Sasuke comenzó a sonar desde algún lugar donde habían terminado
sus pantalones. El azabache maldijo por lo bajo mientras se deslizaba
lentamente fuera del interior de Sakura y luego salió de la cama para buscar el
aparato. Se movió tan rápido que Sakura dio un respingo, en un segundo él
estaba con ella y al siguiente casi del otro lado de la habitación.
— ¡Qué! —dijo tajante al abrir el teléfono. En seguida su expresión cambió—
¿Dónde estás? ¿Qué…? ¿Por qué estás…? —soltó un bufido— Estoy cerca. Te
veré ahí en unos minutos.
Terminó la llamada cerrando el móvil, alcanzó sus boxers y luego se puso los
pantalones dándole la espalda a Sakura quien ya se había envuelto en una de
las sábanas. Maldijo mentalmente. La voz de la cordura que instantes antes
había estado ignorando hasta hacerla desaparecer había regresado y le estaba
diciendo lo imbécil que había sido y lo lejos que había llegado.
Sakura se encontraba sentada en el borde de la cama viendo a Sasuke vestirse,
pudo ver gracias a la luz que se colaba por su ventana, las marcas de sus uñas
sobre la espalda de Sasuke. En definitiva lo sucedido había sido mejor que en
sus sueños, infinitamente mejor pero, ahora se enfrentaba a la incómoda
situación de "qué decir después de…" y por la tensión que había en los
músculos de Sasuke, sabía que para él era igual. Era incómodo y el silencio la
estaba matando.
— Tu camisa y tu abrigo deben de estar en la entrada —susurró nerviosa al ver
que Sasuke recorría la habitación una y otra vez con la mirada. Al escuchar su
voz, se puso rígido.
— Sakura, yo…
— No digas nada, Sasuke.
Lo que menos quería ella era que se disculpara por lo sucedido, que le dijera
que sus sospechas sobre su verdadera relación con Ino fueran ciertas y ellos no
fuesen primos en realidad. Por el tono de su voz estaba segura de que eso
habría dicho. Lo que había ocurrido no iba a cambiar porque se disculpara y
mucho menos se borraría así que, ya que lo habían hecho, quería conservar
esos recuerdos como algo que simplemente sucedió, que fue fantástico pero
que no volvería a ocurrir.
— Sasuke, mírame. —pidió la ojiverde poniéndose de pie luego de armarse de
valor. El azabache titubeó un par de segundos y finalmente se giró para mirarla.
Hermosa. De nuevo aquella palabra apareció en su cabeza con tan sólo verla—
Bésame.
Sasuke dio un pequeño respingo al escucharla. Pensó que le pediría una
explicación por lo sucedido, después de todo él había comenzado al besarla
pero jamás pensó que ella le haría esa petición. Su cuerpo sintió el deseo
renacer en él nuevamente y no pudo negarse. Con un par de grandes zancadas
se acercó hasta ella, tomó su rostro entre sus manos y lo alzó para poder
encontrar su mirada, lentamente fue acortando la distancia entre ellos hasta que
rozó sus labios con los de ella y los unió por completo.
Un beso completamente distinto. Lento, dulce y tranquilo. Los labios de Sasuke
recorrían los de ella con parsimonia, degustándolos lo más posible y cuando su
lengua delineó su labio inferior le permitió la entrada a su boca en donde se
encontró con la de ella y la acarició con delicadeza.
— Debo irme —susurró él entonces haciendo que su aliento chocara contra los
labios entreabiertos de Sakura. Ella asintió y Sasuke abandonó la habitación.
Luego de escuchar la puerta principal cerrarse, Sakura se dejó caer sobre la
cama nuevamente y cerró los ojos reviviendo automáticamente en su memoria lo
que acababa de ocurrir. Las sensaciones seguían presentes en su cuerpo, los
besos, las caricias de Sasuke y la sensación de él en su interior. Aún era
palpable.
El cansancio volvió a apoderarse de ella, sus párpados comenzaron a pesar y
justo cuando se iba a dejar caer en los brazos de Morfeo, escuchó su móvil
sonar desde alguna parte de la sala. Dada la insistencia de quienquiera que
fuese quien le estaba llamando se levantó para coger el aparato y cuando vio el
identificador volvió a la realidad de la que se había olvidado instantes antes. El
nombre de su prometido: Sai. Una sola pregunta atravesó su mente como un
rayo indicándole la verdad de lo que había sucedido.
"¿Qué hice?"
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sasuke permaneció un par de minutos en el corredor mientras se acomodaba la
camisa y el abrigo antes de entrar al apartamento que compartía con Ino. Ahí se
encontraba quien le había llamado instantes antes y dado de quien se trataba,
no podía permitirse ningún indicio que pudiera hacer que su visitante se enterara
de lo que había sucedido. Finalmente estuvo listo y se materializó dentro
encontrándose a un hombre viendo por la ventana.
— ¿Qué haces aquí Naruto? —cuestionó fríamente haciendo que el rubio se
volviera para verlo.
— ¡Vaya, ya era hora! —exclamó— ¿dónde se supone que estabas? Llevo
esperándote en el centro por horas.
— Eso no es asunto tuyo y ahora responde ¿qué haces aquí?
— No es obvio —respondió señalando con la cabeza hacia la habitación donde
Ino descansaba.
— Vine a ver como se encontraba Ino. He estado muy preocupado por ella.
— Lo sé. En un momento regreso —dijo el azabache antes de entrar en la otra
habitación de la que regresó instantes después completamente armado. En la
estancia, Ino estaba con Naruto lo que hizo que respirara un poco más aliviado
— Es hora de irnos —ambas miradas azules se centraron en él y el rubio se
puso de pie
— Intentaré volver más tarde. Pórtate bien ¿vale? —dijo Naruto a Ino quien
sonrió tenuemente.
— Yo soy quien debería decirles eso a ustedes. Cuídalo, por favor —pidió
refiriéndose a Sasuke haciendo que Naruto sonriera abiertamente
— Por supuesto. ¿Quién si no yo lo haría? Hay que ver que no arriesgue el
pellejo más de la cuenta —la sonrisa de Ino se hizo un poco más amplia.
— Hmp. Si ya terminaron hay que irnos —musitó Sasuke fríamente acercándose
a Naruto. Luego miró a Ino— Si sucede cualquier cosa no dudes en llamarme.
Esperó a que la chica asintiera y una vez que lo hizo, él y Naruto se
desmaterializaron.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El parque principal de Konoha era un buen lugar para esperar. Los humanos no
solían pasearse por ahí a esas horas pero había vampiros civiles que si lo
hacían. Además, esa sección en específico era crucial pues era la más corta y
cercana hacia la zona centro, concretamente la zona de clubes.
Sasuke no dejaba de repetirse que no se había acercado a Sakura para eso, su
objetivo había sido claro hasta que lo había arruinado con lo ocurrido. Había
complicado las cosas, no sólo para él sino también para ella, para el momento
en el que tuviera que decirle la verdad y para su destino con las sacerdotisas.
Ella estaba cerca de ver como todo su mundo y su realidad se transformaban y
él en lugar de ser una ayuda…
Lo había arruinado. Todo.
— ¿Vas a mantener esa cara todo el tiempo? —cuestionó Naruto cansinamente
— porque si es así yo creo que…
— Guárdate lo que tú creas para alguien a quien le importe —el rubio se quedó
atónito y lo miró.
— En verdad hoy estás realmente insoportable —declaró importándole poco la
gélida mirada que Sasuke le dedicó— No entiendo co-… —una sonrisa traviesa
se dibujó en su rostro al percibir aquel olor que provocó picor en su nariz—
Espero que un poco de diversión te quite el mal genio.
Sasuke no respondió, aunque por dentro él también esperaba que así fuera.
Ocho akatsukis, todos ellos con sus buenos años de antigüedad, símbolos de
experiencia, dentro de la organización. Nada mejor para intentar descargar toda
la frustración que los últimos días había estado carcomiendo el interior de
Sasuke alcanzando su desenlace esa misma noche hacía tan sólo un par de
horas, aunque más que una conclusión en realidad había llegado al punto más
alto. Decidió parar con sus reflexiones y concentrarse en la batalla que estaba a
punto de desarrollarse mientras veía a Naruto acercarse a los cazadores
cerrándoles el paso.
— Buenas noches, señoritas —dijo socarronamente esbozando una sonrisa
llena de completa excitación.
Los akatsukis adoptaron posiciones de lucha en cuanto lo vieron, encorvaron la
espalda, sus brazos se pusieron tensos a sus costados y los colmillos salieron a
relucir en medio de la oscuridad. Todo eso agrandó la sonrisa en el rostro de
Naruto, su mirada recorrió a cada uno de los cazadores con gran expectación a
la vez que hacía tronar sus dedos en señal de ansiedad.
— Bien, vamos a divertirnos —susurró lanzándose hacia sus oponentes.
Tres de ellos corrieron para hacerle frente mientras los otros comenzaban a
moverse por los árboles entre las sombras, inconscientes de la presencia de
Sasuke quien observaba como con sólo un cuchillo, Naruto ya había derribado a
dos de sus contrincantes. Una ácida media sonrisa se dibujó en el rostro del
Uchiha. Los cazadores podían ser rápidos, astutos y experimentados pero
Naruto no les estaba dando tiempo para poner en práctica lo aprendido. El
último akatsuki en pie logró hacerle un corte en el brazo pero eso sólo hizo que
el poder de Naruto aumentara, Sasuke se inclinó un poco para poder ver mejor
desde la rama en la que se encontraba parado y entonces un atisbo de recelo
cruzó su rostro.
Los ojos de Naruto se habían tornado rojos.
Bueno, no es que eso fuera malo ó peligroso pero había que tomar ciertas
medidas antes de que otra cosa pudiera suceder así que decidió que era tiempo
de unirse a la fiesta y acabar con todo de una buena vez. Abrió los botones de
su abrigo y sus manos se posaron sobre las dagas que sostenía la cartuchera
en su pecho, miró expectante hacía ambos lados y saltó de la rama para salir al
encuentro de los cazadores que estaban acechando a Naruto, quien aún
permanecía "entretenido" con el resto del equipo que había hecho aparición.
Un combate dos contra uno dio inicio aunque no duró más que unos cuantos
minutos hasta que Sasuke sometió a sus oponentes al vaciar el cargador de sus
dos SIG, luego desenfundó el par de deslumbrantes dagas y atravesó el pecho
de los cazadores convirtiéndolos en las manchas aceitosas que tenían por
destino. En realidad pensó que darían más batalla pero se había equivocado y
no había sido suficiente para desahogarse de todo lo que envolvía su mente en
ese momento.
Sakura. Su nombre cruzó su mente de manera tan rápida y espontánea que lo
tomó totalmente desprevenido. Había sido tan solo una fracción de segundo en
la que había perdido la concentración pero fue suficiente para que no lograra
reaccionar lo bastante rápido para esquivar los dos tiros provenientes de la
beretta del tercer cazador a quien no había visto. Uno le había rozado la parte
superior del hombro derecho y el otro había dado en justo debajo de la clavícula,
probablemente en una arteria porque el chorro de sangre dio un aspecto
escandaloso a la situación.
Naruto se giró luego de oír los disparos y vio a Sasuke caer de rodillas
doblándose hasta que su frente casi tocó el césped. Gritó el nombre de su
compañero y al no obtener respuesta la furia se fue apoderando de su cuerpo,
una furia que hizo que el poder que por lo general sabía controlar y mantener a
raya, ahora se liberara sin miramientos. Sus colmillos quedaron expuestos
mientras las uñas en sus manos lentamente se alargaban hasta convertirse en
garras y un aura color naranja comenzaba a surgir de su interior, envolviéndolo
como si fueran llamas. No podía controlarlo, no quería controlarlo. Esos infelices
iba a pagar, él los haría pagar.
Una corriente cargada de algo que hizo que la piel se erizara, golpeó la espalda
de Sasuke. Lentamente se giró para mirar sobre su hombro llevándose una poco
grata sorpresa al darse cuenta de lo que sucedía mientras su rostro era
alcanzado levemente por aquel resplandor que le produjo escalofríos. Eso no
estaba bien, nada bien. En cuanto el aura naranja fue aumentando de intensidad
absorbiendo a Naruto hasta iluminar lo que instantes antes había sido oscuridad
absoluta, Sasuke recobró un poco de sano juicio activando su instinto de
supervivencia, presionó con la mano izquierda el lado opuesto y corrió para
ocultarse detrás de un árbol a unos metros.
"¡Demonios! Esto realmente se va a poner feo."
Capítulo 8
Después de bajar por el ascensor hasta la clínica, Sasuke se movió entre los
pasillos con la seguridad e imponencia como si se tratase del dueño del lugar, el
personal que se encontraba haciendo sus labores rápidamente se apartaba de
su camino y agachaba las miradas, lo que era de esperarse siendo el último
vampiro completamente puro que se encontraba pisando la tierra y todo lo que
ello conllevaba. Sin embargo, en ese preciso momento no se sentía como el rey
de su raza, el guerrero o el hombre, es más, ni siquiera se sentía como alguien
digno; no después de lo que había hecho. Tenía tantas interrogantes nublando
su mente que lo único que esperaba era que la tierra se abriera y lo tragara sin
dejar rastro alguno.
Cuando al fin se halló en el pasillo de la habitación de Naruto, no pudo evitar
sorprenderse al ver a Ino sentada en una silla revisando el cargador de una de
sus SIG, alejada de la puerta de la habitación. Ino alzó la mirada y de inmediato
se puso de pie al verlo.
— ¿Sucede algo? ¿por qué estás aquí afuera? —cuestionó Sasuke
acercándose a ella con gesto de preocupación en su rostro.
— Tranquilo, Naruto se está alimentando y quise darle un poco de privacidad
— Pero… ¿no ibas a hacerlo tú? ¿llamaron a alguien más? —Ino desvió la
mirada mientras una tenue sonrisa se dibujaba en su rostro.
— Pues… algo así —Sasuke la miró intrigado y cuando ella alzó la mirada para
encontrarse con la suya, él lo supo.
— La doctora —musitó haciendo que la sonrisa de Ino se hiciera más amplia.
Sasuke asintió levemente y entonces el silencio se hizo presente entre ellos.
— Lo siento —susurró Ino de forma inesperada, agachando la mirada. Sasuke la
miró de nuevo extrañado.
— ¿Por qué?
— Por todo esto, por todo lo que ha sucedido en los últimos días. —alzó el rostro
para encontrarse con la mirada de Sasuke—. No fue mi intención dejarlos solos
para hacer las rondas, soy una hokage y mi misión es la misma que la de
ustedes. Las cosas no han estado muy bien en los últimos años porque somos
muy pocos contra los akatsukis, tú eres el rey, nuestro líder, mi deber es servirte
y yo no tenía derecho a "tomarme un tiempo" ni a deslindarme de mi trabajo por
algo de lo que yo tenía conocimiento y que no debía juzgar. Gaara no tiene la
culpa de lo que sucedió ni tú tampoco, sólo estuvimos en el momento y en el
lugar inadecuados y mi obligación era afrontarlo con madurez y profesionalidad
—volvió a agachar la mirada sintiendo que la voz se le quebraba— Pero no lo
hice y lo siento. No volverá a suceder.
Sasuke respiró profundo, se acercó a ella y con una mano tomó su rostro por la
barbilla para que volviera a mirarlo.
— Lo sé Ino, y tú tampoco eres culpable de nada. No tienes por qué preocuparte
ni sentirte mal por lo que sucedió esta noche, son riesgos que siempre corremos
y si hubo algún error aquí, ese fue mío, pero ya no podemos hacer nada para
cambiar lo sucedido. Es cierto que eres una guerrera excelente y que nos has
hecho mucha falta pero tampoco podía obligarte a pelear si tú no te sentías bien,
eso hubiera sido ponerte en peligro y yo no lo habría permitido porque tú y
Naruto son lo más importante para mí, no lo olvides nunca.
Ino se quedó mirándolo durante unos segundos hasta que por fin asintió y
entonces Sasuke la abrazó.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sus respiraciones se hacían cada vez más cortas y frecuentes, el aire no estaba
llegando a sus pulmones con normalidad y sentía su corazón latir con tanta
fuerza que podía asegurar que el sonido se escuchaba por toda la habitación.
Aún sentía las manos de Naruto sosteniéndola de la cintura y su mirada celeste
clavada en ella, hechizándola. Estar tan cerca de ese hombre la estaba llevando
al límite sin que pudiera explicarse por qué. En ese momento una de las fuertes
manos abandonó su cintura para colocarse en su cuello y así acariciar la parte
inferior de su mejilla con el pulgar.
— ¿En verdad nunca has dejado a un hombre beber de ti? —cuestionó Naruto
con la voz enronquecida por la excitación que provocaron aquellas palabras y
que habían despertado su deseo súbitamente. Hinata se sintió desfallecer al
escucharlo, ni siquiera le pareció escuchar la pregunta, sólo se limitó a oír aquel
profundo tono de voz y a mirar los labios de Naruto dibujar cada palabra hasta
que, de alguna manera milagrosa, logró negar con la cabeza.
La mirada de Naruto también se concentró en los labios de Hinata
preguntándose si su textura sería tan suave como lucían o qué sabor tendrían.
Su otra mano se apartó de la cintura de la mujer para tomar con ella el brazo
que le había ofrecido, cerró sus dedos alrededor de la frágil muñeca y comenzó
a hacer caricias en formas circulares con el pulgar.
— Dime una cosa, doctora —se acercó más a ella llevando sus labios hasta su
oído y luego fue bajando lentamente haciendo que rozaran el cuello con cada
palabra, primero de arriba hacia abajo y luego en sentido contrario— si yo te
pidiera beber de tu cuello, ¿me dejarías?
Un electrizante escalofrío recorrió todo el cuerpo de Hinata ante aquel simple
pero seductor roce hasta que la sensación se alojó en su abdomen haciéndola
temblar. Sólo pudo asentir levemente porque le fue imposible articular palabra
alguna gracias a todo lo que la embargaba. Instantes antes había pensado estar
cerca del límite pero al sentir los labios de Naruto moverse por su mandíbula
supo que eso sólo era el comienzo.
— Entonces… —volvió a fijar su mirada en la de Hinata y acercó su rostro
dejándolo a escasos milímetros del de la chica para así no perder detalle del
rubor que había teñido sus blancas mejillas— si yo te pidiera que me dejarás
probar tus labios, tú… ¿me lo permitirías?
Toda su vida Hinata había sido una persona paciente, serena y tranquila pero en
esos momentos, con todo lo que sentía, la ansiedad estaba invadiéndola
mientras ella sólo pensaba en que momento se callaría Naruto y haría lo que
quisiera con ella porque, la realidad era que, si él quería hacerle el amor en ese
mismo instante ella se lo permitiría sin oponer resistencia alguna. Pero, al ver
que él no hacía nada, por primera vez decidió dar el paso y cerró los ojos
mientras terminaba con la tortura y unía sus labios a los de Naruto.
El rubio cerró los ojos mientras la mano que sostenía el brazo de Hinata se
movía hasta su espalda para acercarla más a él, sintiendo como ella apoyaba
delicadamente sus manos sobre su pecho. La sensación había sido mejor de lo
que había imaginado y el sabor no tenía punto de comparación con nada que
hubiese probado antes. Dulce, delicado, suave, todas esas exquisitas
sensaciones las estaba experimentando en ese momento y no quería
desaprovechar ni un solo segundo.
Pensó ser gentil en un principio pero eso no duró mucho, necesitaba más de
ella. La mano con la que sostenía el cuello fue hasta su nuca y soltó el listón que
recogía el cabello de Hinata permitiéndole hundir los dedos entre las suaves
mechas oscuras, con la lengua delineó lentamente el labio inferior logrando
tener acceso a la cálida boca recorriéndola con delicadeza y devoción buscando
saborear cada rincón hasta que se encontró con la lengua de la mujer y se
concentró en ella por completo.
El calor estaba envolviéndolos a ambos mientras el beso aumentaba de
intensidad hasta que pareció fundir la habitación alrededor de ellos dejándolos
en un punto en medio de la nada donde ya no tenían conciencia alguna. Con
delicadeza, Naruto fue recostando a Hinata sobre la cama mientras él se movía
para colocarse encima de ella y cuando los dedos de la ojiperla se deslizaron a
través de su cabello rozando la piel de su nuca con las uñas, la excitación que
estaba sintiendo en esos momentos se disparó haciéndole desear aún más y
sobre todo, exigiéndole ir más allá de lo que estaba yendo ahora.
Una de sus manos comenzó a moverse con maestría a lo largo de las piernas de
Hinata que habían quedado colgando en el aire, introduciéndose por debajo de
la falda, sintiendo la suave piel fundirse en sus dedos como si todo su cuerpo
estuviera a punto de hacer erupción y no hubiera manera de controlarlo. Deslizó
su mano hacia abajo y luego nuevamente hacia arriba, en esta ocasión sobre la
tela, apretó la cintura acercando el cuerpo de la mujer al suyo y cuando logró
encontrar uno de los magníficos senos lo estrechó ligeramente entre los dedos
de su mano, sacando un tímido gemido que terminó hundido en sus labios.
El deseo y la excitación lo estaban llevando casi al borde de la locura. Quería
arrancarle la ropa sin reparos hasta dejarla desnuda frente a él, recorrer con sus
manos y sus labios cada centímetro de aquella suave piel, hundir su lengua
entre sus piernas, sentir sus uñas hincadas en su espalda, escuchar sus
gemidos junto a su oído y hacerla gritar su nombre mientras alcanzaba el cielo
una y otra vez gracias a él. Ya no podía soportar más, su sexo ardía en deseos
de obtener una liberación, de introducirse en ella y alcanzar el clímax en su
interior pero entonces, súbitamente reaccionó al sentir como si algo golpease su
pecho de adentro hacia fuera.
Rompió el beso y abrió los ojos. El rostro de Hinata estaba justo en frente de él,
aún permanecía con los ojos cerrados, tenía los labios entreabiertos ligeramente
hinchados por lo exigente del beso, su pecho subía y bajaba de forma acelerada
intentando que sus pulmones recuperaran el aliento que él le había robado y sus
manos seguían detrás de su cuello.
De nuevo otro golpe en el pecho.
Supo que debía detenerse así que tomó las manos de Hinata con las suyas y
liberó su cuello mientras volvía a sentarse sobre la cama ayudando a Hinata a
hacer lo mismo. La chica abrió los ojos al instante sin lograr comprender lo que
sucedía sintiendo como el calor desaparecía bruscamente de la habitación hasta
dejar la atmósfera del lugar como había estado minutos antes.
"¿Qué había hecho mal?"
Pero no hubo respuestas, sólo silencio.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
— ¿Crees que les tome más tiempo? —cuestionó Ino al ver que hay había
pasado casi una hora desde que Hinata había entrado en la habitación. Sasuke
exhaló profundo.
— No lo sé pero, de cualquier manera —se puso de pie— Iré a recoger el auto
para estar listo cuando Naruto termine.
— ¿No dejarás que se quede? —el azabache negó con la cabeza.
— La clínica es segura pero Naruto no siente que él lo sea en estos momentos
así que prefiero tenerlo en casa. Hablando de casa, ¿volverás a la mansión? —
Ino asintió.
— Ya fui antes de venir para acá y también ya le llamé a Kiba para decírselo y
que así ya no se pase por el apartamento —Sasuke dio un respingo al escuchar
hablar de ese lugar y de nuevo, como ya se estaba volviendo una costumbre, la
imagen de Sakura apareció de imprevisto en su mente—. ¿Sucede algo? —el
Uchiha negó con la cabeza.
— Iré a por el auto, llámame si sucede algo ¿de acuerdo? —Ino asintió y luego
Sasuke desapareció al final del pasillo.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El silencio lo estaba matando pero… ¿qué decir?
— Doctora yo… lo siento, no fue mi intención yo… —se llevó una mano hacia su
cabello y cerró los dedos apretando varios mechones— Lo siento.
Hinata no pudo articular palabra alguna, no sabía que decir ni que hacer. Ahora
que el calor había desaparecido de su cuerpo se sentía completamente extraña,
no podía entender lo que acababa de suceder pero, más importante aún, no
podía entender por qué no había continuado. Ella hubiese deseado que así fuera
y le pareció que para Naruto era de la misma manera pero entonces, ¿por qué
se detuvo? Decidió no comenzar a sacar conjeturas y regresar a lo que
realmente debía importar.
— No te preocupes. No sucede nada. — Se aclaró la garganta y volvió a
extender su brazo hacia Naruto—. Bebe.
El chico dio un respingo al escucharla y fue entonces cuando la sed, que había
permanecido oculta tras el deseo que había experimentado, volvió. No sentía
que fuera correcto hacerlo, ya había cruzado el límite al haberse propasado con
ella, abusando de su confianza y buena voluntad, así que se le hacía el colmo
beber de ella pero… no tenía opción, sentía la sed ir creciendo a la par que sus
fuerzas desaparecían. Con toda la delicadeza que le fue posible, tomó el brazo
que ella le ofrecía y se inclinó hacia él, cerró los ojos, inhaló el aroma que
provenía de la suave piel y cuando sus colmillos salieron a relucir, de nuevo un
golpe en su pecho le hizo detenerse en ese momento.
— ¿Qu-qué sucede? —cuestionó Hinata al ver su expresión.
Naruto soltó su brazo sintiendo como todo su cuerpo comenzaba a temblar
cuando una corriente de energía recorrió cada centímetro de su ser. Energía que
él conocía a la perfección y que, por extraño que pudiera sonar, no le
pertenecía.
— No puedo hacerlo. —respondió titubeante— Necesito que me dejes solo, por
favor. Vete.
Un balde de agua helada.
Eso era lo que más se acercaba a lo que Hinata sintió al escuchar esas
palabras. Un hueco se formó en su pecho sin que lo pudiera evitar mientras
ligeros temblores llegaban a sus manos. La había rechazado, tajantemente. No
podía creerlo ni tampoco podía explicarse el por qué pero así había sucedido.
Sintió el rubor subir a sus mejillas y antes de someterse a la nueva humillación
de que él se diera cuenta se puso de pie.
— Entiendo — se limitó a responder, luego salió por la habitación sin que Naruto
la siguiera con la mirada.
Cuando escuchó la puerta cerrarse, concentró la mirada en ese lugar
imaginando la figura de Hinata desaparecer a través de ella.
Había sido un completo imbécil al dejarse llevar por lo que sentía sin siquiera
detenerse a pensar un segundo las cosas de manera fría. Nunca le había
gustado usar a las mujeres como un simple medio de supervivencia y mucho
menos involucrarse con ellas más allá, gracias a las sensaciones que aparecían
durante el proceso de alimentación, pero sobretodo, nunca le había sucedido
algo como aquello. ¿Por qué con ella?
Inhaló profundo y miró hacia las palmas de sus manos. Las puntas de los dedos
le dolían como si algo intentase salir a través de la piel, podía sentir punzadas
dolorosas recorrer su cuerpo y sus sienes palpitar intensamente como si…
Era imposible. Apretó ambos puños para intentar concentrarse y así obtener el
control de nuevo. Tal vez todo era un error porque…
No podía liberar al kyubi sólo por un simple beso ¿verdad?
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Minutos más tarde, Sasuke entró a la habitación.
— Naruto, ¿estás aquí? —el rubio salió por la puerta del baño vistiendo las
ropas que le habían llevado.
— Estoy listo, vamonos. —Sasuke pudo notar que había algo extraño en él pero
no podía definir lo que era.
— De acuerdo, vamos. Ino nos espera en el auto —de nuevo se aproximó hacia
la puerta pero la voz de Naruto lo detuvo cuando puso la mano sobre el
picaporte.
— Sasuke, ¿has visto a la doctora, Hyuga? —el azabache lo miró alzando una
ceja— No pienses mal, sólo quiero darle las gracias por… sus atenciones.
— No es necesario —respondió con seriedad y antes de que Naruto replicara,
agregó—: La doctora viene con nosotros
La quijada de Naruto estuvo a punto de alcanzar el suelo y eso ocasionó una
sonrisa en Sasuke. Mientras su amigo se preparaba luego de ser dado de alta,
él le pidió –o más bien exigió- a Tsunade que Hinata fuera a la mansión con
ellos para vigilar a Naruto y luego la llevarían de regreso a la clínica un par de
días más tarde, así que como lo había pedido el rey Uchiha, pues no tuvieron
más opción que acceder.
La realidad era que Sasuke pensaba que, de esa manera, lograría reponer un
poco de lo que había sufrido Naruto gracias a la falta de concentración que él
había tenido durante la batalla en la que había terminado herido. Darle a Naruto
algo de tiempo extra con la doctora, era su forma de congraciarse con él.
Ino se encontraba sentada en el asiento del copiloto en la camioneta cuando vio
a Naruto y Sasuke aparecer por la puerta principal de la mansión, bajó del auto y
se acercó a ellos.
— ¿Dónde está la doctora? —cuestionó Sasuke mientras Naruto se acercaba a
Ino, le pasaba un brazo por los hombros y le daba un beso en el cabello.
— Después de que Tsunade le dio la orden, ella dijo que iría por algunas cosas
a su casa y que estaría aquí en unos minutos.
En ese momento, Hinata se materializó a unos metros de ellos, llevando puestos
unos jeans, una blusa color lila, el cabello recogido a la altura de la nuca, una
maleta color negro junto a ella y un pequeño maletín colgado en el hombro.
— Lamento la demora —susurró la ojiperla inclinando la cabeza para así evitar
la mirada de Naruto.
Ninguno hizo comentario alguno tornando la situación un poco incómoda hasta
que Ino se acercó a ella y le apartó la valija de la mano.
— Permíteme —dijo la rubia con una sonrisa— La pondremos en el
portaequipaje. —Hinata asintió con timidez.
Los cuatro se dirigieron al auto y, contrario a lo que Ino y Sasuke habían
imaginado, Naruto pidió sentarse en el asiento del copiloto en vez de ir junto a
Hinata. De nuevo, no hubo comentarios a pesar de que la rubia y el pelinegro
tenían sus mentes llenas de preguntas para las que su compañero no tenía
pensado dar respuestas.
El trayecto estuvo marcado por una atmósfera de incomodidad que rayaba en lo
desesperante. Mientras Sasuke mantenía la vista en el camino y la boca sellada,
Ino parecía tener una charla amena con Hinata preguntándole cosas que,
Naruto, quien estaba perdido en el espejo retrovisor contemplando a Hinata en
secreto, quería escuchar y deseaba preguntarle personalmente.
Cuando por fin se estaban acercando a la barrera de genjutsu que mantenía la
ubicación de la mansión en secreto, todos pudieron respirar aliviados al hallarse
de nuevo en casa. Instantes después, atravesaron las enormes puertas de acero
para finalmente aparcar la Hummer propiedad de Kiba en el patio empedrado
junto a los autos de los hermanos de la Cofradía. Los cuatro bajaron del vehículo
y Hinata no pudo ocultar su asombro al ver la impresionante y magnífica
mansión que se alzaba frente a ella.
El mayordomo salió a su encuentro y luego de expresar su alegría al ver a
Naruto, les acompañó hasta entrar al vestíbulo de la mansión para después
desaparecer por las escaleras con el equipaje de Hinata.
— Ino, acompáñame. Neji y Shikamaru ya han regresado de las rondas y están
en el estudio. —se apresuró a decir Sasuke.
— ¿Y Kiba?
— Aún está afuera con Gaara —susurró buscando no causarle preocupación a
Ino, sorprendiéndose luego por ver a la chica con una expresión serena en el
rostro. Entonces dirigió su atención a sus otros dos acompañantes— Naruto,
muéstrale a la doctora su habitación. Danzou le preparó una en el ala este, al
final del pasillo donde está la tuya.
Los dos se pusieron rígidos y Naruto miró de soslayo a Hinata notando que ella
agachaba la cabeza.
— Claro —respondió el rubio casi en un susurro— Sígueme, doc.
Hinata asintió levemente viendo como Naruto se adelantaba mostrándole el
camino. Sasuke se extrañó al escuchar que la llamaba de esa manera pero, en
esos momentos ya tenía suficientes cosas en la cabeza. Naruto ya estaba lo
bastante crecidito para poder tratar las cosas con madurez… o al menos eso
esperaba.
Luego de subir las escaleras, Hinata siguió a Naruto a través de un par de
pasillos alfombrados de color rojo, las paredes en un tono crema sumamente
claro, casi blanco y magníficamente decorados con esculturas, cuadros y
espléndidos candelabros de oro en lo alto del techo sobre sus cabezas. El lugar
parecía sacado de un cuento de hadas, el palacio de una princesa y no un lugar
donde los más prodigiosos guerreros vivían. Siempre lo imaginó… diferente.
Finalmente salió de sus pensamientos al ver que Naruto se detenía y abría una
de las puertas dobles de la habitación. Las luces se encendieron repentinamente
–ella supuso que él lo había hecho- dejando ver el lujoso interior de la hermosa
habitación. La enorme cama con doseles en color rojo quemado en combinación
con las sábanas, los dos buroes en cada lado, el escritorio de roble con la silla
del mismo material y las puertas francesas que daba hacia el balcón.
— La puerta de ahí conduce al baño —dijo Naruto rompiendo su concentración
— La de allá es la del clóset —señaló con su dedo hacia la izquierda casi frente
a la cama— Tus pertenencias deben de estar ahí. Si necesitas algo, cualquier
cosa, marca asterisco uno en el teléfono y Danzou te atenderá. Mi habitación
está a cuatro puertas. Puedes disponer de todo a tu voluntad.
Hinata asintió y justo antes de que pudiera decirle algo a Naruto, el hombre
desapareció cerrando la puerta tras él. Ella se quedó estática en medio de la
habitación durante unos instantes hasta que dio unos pasos y se dejó caer sobre
la cama. Se sentía mal, extraña, enojada, decepcionada, triste, herida. Por un
momento había pensado que había algo especial entre Naruto y ella, mientras la
besaba en el hospital sintió una especie de conexión pero estaba claro que se
había equivocado. Esa conexión sólo pudo verla ella y fue una completa ilusión
porque luego se dio cuenta de que en realidad, no era como lo había pensado.
Naruto no estaba interesado en ella en lo más mínimo, ni siquiera la vio como
algo viable de que alimentarse.
Se había equivocado.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
La noche había caído desde hacía algunas horas cuando Hinata se levantó de
golpe de la cama. Se había quedado dormida más tiempo del que tenía
planeado. Según ella, se iba a levantar temprano para retirarle los puntos a
Naruto y así poder abandonar esa casa y regresar a su vida normal en la clínica.
Con torpeza se levantó de la cama a la vez que se colocaba la bata encima de
su camisón blanco de algodón que le llegaba casi a los tobillos, luego fue hasta
el clóset de donde sacó el pequeño maletín con equipo médico y salió de la
habitación.
Cuatro puertas hacia su derecha se detuvo, inhaló profundo para armarse de
valor y dio un par de golpes en la puerta. Escuchó un adelante y con cautela
entreabrió la puerta asomando medio cuerpo por ella para ver al interior de la
habitación, notando que se encontraba vacía y que la puerta del baño estaba
abierta. Entró por completo y luego cerró sigilosamente la puerta en el mismo
instante en el que Naruto salía del baño cubierto sólo por una toalla que tenía
enrollada alrededor de las caderas.
La respiración de Hinata se detuvo al ver la flamante escena que se alzaba
frente a ella, sin mover un solo músculo y sin poder evitarlo, el rubor –que ya
había creído superado y que desde que había conocido a Naruto había vuelto a
resurgir-, apareció de nuevo en sus mejillas. El cuerpo de Naruto que rayaba en
la perfección estaba frente a ella, casi desnudo dejando ver ese tono bronceado
en toda su piel y cada músculo perfectamente tonificado mientras de su cabello
dorado completamente mojado caían pequeñas gotas que recorrían diferentes
direcciones sobre el escultural torso, algunas perdiéndose dentro de la ligera tela
de la toalla.
Si eso no era ser atractivo y sexy por naturaleza, Hinata no sabía lo que era
entonces.
— ¿Doctora? —musitó Naruto intentando ocultar una sonrisa traviesa que
amenazaba con dibujarse en su rostro luego de ver la expresión que permanecía
en la cara de Hinata. Parecía una princesa con ese camisón blanco sin mangas
que le llegaba a los tobillos dándole una apariencia aún más angelical a la
normal. La ojiperla pestañeó varias veces saliendo de su ensimismamiento y un
poco avergonzada se aclaró la garganta.
— Eh, yo… —volvió a aclararse la garganta sintiéndose aún más nerviosa—
Vine para retirarte los puntos.
Naruto asintió mientras comenzaba a secarse el cabello con otra toalla que traía
en la mano y luego, mientras Hinata sacaba lo necesario de su maletín y lo
colocaba sobre un buró, él se sentó en la cama a su lado. Sin decir palabra
alguna, la mujer comenzó a hacer su trabajo y minutos después, había retirado
todas las suturas dejando sólo pequeñas marcas en un tono más claro como
muestra de que alguna vez había estado herido.
—Tu herida está sanando muy bien pero aún le falta un poco, tal vez porque
necesites alimentarte. —dijo la chica mientras guardaba todo el material de
curación en su maletín, sintiendo un leve chispazo de la seguridad que alguna
vez había poseído—. Te sugeriría que encontraras a alguien de quien hacerlo
antes de reincorporarte a tus actividades normales. Yo no tengo más que
decirte, por mí esto está terminado y si no tienes objeción, desearía volver a la
clínica. Si tienes tiempo, tal vez quieras pasarte por allá para que te revisen y así
sepas que ya estás completamente curado.
Al no recibir respuesta, se puso de pie y miró a Naruto quien permanecía con la
cabeza agachada y la mirada fija en el piso. Deseaba que le dijera algo,
cualquier cosa, incluso que tal vez le pidiera que se quedara pero… nada de eso
sucedía así que comenzó a darse por vencida. Se inclinó para tomar su maletín
dispuesta a irse y entonces la voz del rubio la detuvo.
— Sé que estás molesta por lo sucedido y no sé qué decir para disculparme. Es
sólo que yo… —Hinata respiró profundo y, por primera vez en las últimas horas,
otro chispazo de la seguridad que había conseguido durante todos sus años
como practicante de medicina, regresó a ella.
— N-no te preocupes, —de nuevo se aclaró la garganta odiando el hecho de
que eso se estaba convirtiendo en un hábito— te entiendo perfectamente. No
soy tu tipo de mujer y no querías beber de mí. Soy lo suficientemente madura
como para comprenderlo así que… no tienes por qué preocuparte.
— Las cosas no son así, Hinata —la ojiperla sintió un escalofrío recorrer su
cuerpo al escucharlo llamarla por su nombre—. Tuve una mala noche y sin
querer me desquité contigo. Me gustaría beber de ti si… aún fuera posible —un
notorio rubor cubrió las mejillas de la chica cuando Naruto alzó el rostro y fijó su
mirada celeste en ella a la vez que tomaba su mano delicadamente para
después llevarla hasta sus labios.
Segundos después, Hinata se arrodilló frente a él, en el espacio que habían
dejado sus piernas abiertas, con una mano apartó su cabello e inclinó la cabeza
dejando al descubierto su cuello.
— Ha-hazlo —susurró temerosa notando la expresión de sorpresa en el rubio.
Ni siquiera sabía qué estaba haciendo, nunca había hecho algo parecido a eso
en toda su vida y por esa razón no dejaba de sentirse nerviosa pero, cuando
Naruto se inclinó hacia ella y hundió sus colmillos en su piel, todo desapareció
dejando sólo una extraña sensación de intenso placer mientras sentía los labios
del rubio succionar sobre su cuello y los sonidos huecos que escapaban de su
garganta mientras se alimentaba de ella.
No había palabras para describir lo que estaba sintiendo en esos momentos. El
sabor de la sangre de Hinata era mucho mejor de lo que alguna vez había
soñado probar en su vida y la sensación del suave y cálido líquido ir recorriendo
el interior de su pecho para después difundirse a través de todo su cuerpo era
simplemente sublime pero, aún así, quería más de ella, ansiaba tener más y
más, tenerla a ella por completo y no dejarla ir nunca.
Con fuerza aferró más el frágil cuerpo femenino al suyo y lentamente lo fue
subiendo hasta que la sentó a horcajadas sobre su regazo, apretándola contra él
lo más que le fue posible. Hinata apoyó las manos en los fuertes hombros del
rubio mientras sentía aumentar la intensidad de la succión en su cuello haciendo
que un pequeño gemido escapara de sus labios, disparando el deseo de Naruto
que pudo sentir entre las piernas a través de la tela de la toalla y la del camisón.
El ojiazul, ansioso de aumentar el contacto deslizó las manos a través de la
espalda de Hinata, moviéndose hasta la parte inferior del camisón e
introduciéndose debajo de él para poder sentir la piel de las piernas de la chica,
apretándolas ligeramente buscando obtener lo máximo de ellas también.
Adrenalina, excitación, pasión, fogosidad, enajenación y una intensa lujuria de
sangre y sexo estaban saturando sus cuerpos llevándolos a una atmósfera
donde sólo el deseo y el frenesí tenían cabida en ese momento. Los segundos
corrían de manera tan acelerada y tan lenta a la vez mientras las sensaciones
abarrotaban sus cuerpos nublando sus sentidos a cualquier cosa que no fuera el
íntimo intercambio que estaban teniendo en esos momentos, en esos
acalorados momentos y ellos esperaban que durara lo más posible. Deseaban
que así fuera.
Minutos después, el calor en la habitación pareció bajar un poco de intensidad y
cuando Naruto terminó de alimentarse, con lentitud se apartó del cuello de
Hinata hasta dejar sus rostros uno frente al otro. La respiración de ella era
agitada y su pecho golpeaba contra el suyo mientras sentía la vitalidad de su
sangre pasar a él fortaleciendo hasta la última célula de todo su cuerpo.
Mientras la asimilación seguía, él se concentró en acariciar de arriba abajo las
piernas de Hinata sintiendo como ella se estremecía ante sus sutiles caricias.
No había palabras para explicar lo que estaba sintiendo en ese momento. Todas
las sensaciones completamente placenteras que habían recorrido su ser al
alimentar a Naruto, había escuchado hablar muchas veces sobre ello pero las
palabras se habían quedado cortas, había sido la cosa más excitante que había
hecho en su vida y deseaba volver a hacerlo de nuevo, con él, en ese mismo
instante. El roce constante de las manos de Naruto en sus piernas lograba
agitarla y hacerle sentir que su cuerpo pedía más. Ese hombre estaba logrando
causarle algo que no había sentido antes, sus caricias eran magistrales y sin
embargo, el rostro casi aniñado que poseía en esos momentos contrastaba
seduciéndola aún más.
Pasó sus dedos a través de los mechones dorados del cabello de Naruto y sintió
como ahora era él quien sucumbía antes sus simples caricias, lo que hizo que
sonriera con un tenue toque de suficiencia. Pasó su dedo índice por una de las
mejillas del chico, dibujando las extrañas y tenues cicatrices que ahí había y que
no había notado a simple vista, siendo entonces cuando vio el pequeño hilo de
sangre que iba del labio inferior del chico hasta la barbilla. Sin poder controlar el
instinto que esta surgiendo en ella, tomó el rostro de Naruto con una de sus
manos y luego, de manera titubeante, acercó su boca hacia la mandíbula del
ojiazul y con la lengua delicadamente lamió el ligero rastro de sangre. Cuando
volvió a alejarse, se encontró con la mirada del rubio nublada totalmente por lo
que a ella le pareció deseo total y no pudo evitar sonrojarse una vez más.
Naruto estaba al borde de todo, ese simple gesto que había hecho Hinata lo
había llevado al límite y no sabía si sería capaz de controlarse en ese momento.
Jamás se había sentido tan conectado con alguien como lo había estado con
ella en el momento en el que había estado bebiendo de su cuello y sin embargo,
la sensación de querer, de necesitar más de ella no parecía menguar. Apartó su
mirada del hermoso rostro que tenía frente a él y volvió a dirigirla al cuello
notando las marcas de sus colmillos y los diminutos ríos de sangre que todavía
brotaban gracias a que aún no había sellado las heridas.
Por un segundo volvió a mirar a Hinata y luego se fue acercando con lentitud
hacia el cuello de la chica intercalando su mirada entre el rostro de ella y esa
zona de su cuerpo, luego pasó con igual parsimonia la lengua a través de los
dos pequeños orificios para poder cerrarlos y de nuevo un tímido gemido llegó
hasta sus oídos incitándolo a continuar. Observó la dirección que había tomado
el rastro de sangre, yendo por la clavícula, pasando por uno de esos magníficos
senos y finalmente perdiéndose bajo la tela del camisón. No estaba seguro de
poder continuar, lo deseaba más que cualquier cosa en el mundo pero tenía
duda si ella se lo permitiría. Volvió a centrar su mirada en la de la chica y luego
la alternó con el rastro de sangre que contrastaba en la blanca piel.
Deseaba hacerlo pero…
— Hazlo… —volvió a susurrar la joven y sus palabras sonaron a campanas
celestiales para él.
¿Qué había sucedido con la tímida y tranquila Hinata? Ah, claro, lo recordaba.
Había quedado sepultada cuando supo todo lo que podía sentir gracias a un
hombre, bueno sólo con uno… el que se encontraba en ese momento con ella.
Naruto.
Los labios del rubio comenzaron a moverse con sosiego, recorriendo el rastro de
sangre que había sobre su piel haciéndola estremecer por el simple toque de su
lengua en cada parte de ella. Cuando por fin llegó al nacimiento de sus senos, la
lengua de Naruto hizo caricias más intensas, ella arqueó la espalda
instintivamente buscando aumentar el contacto sintiendo a la vez, las manos de
Naruto adentrarse más bajo su camisón. Segundos después, los labios del
ojiazul subieron a través de la línea de su garganta hasta encontrarse con los
suyos y unirlos en un beso lento, apacible que en pocos instantes exigió más de
cada uno de ellos.
Naruto hundió la lengua dentro de la boca de Hinata mientras sus manos se
movían hacia el borde del camisón y comenzaban a tirar de él hacia arriba
intentando obtener más acceso al espectacular cuerpo de la mujer que tenía
sobre sus piernas. Hinata entendió la idea y levantándose tenuemente ayudó a
que el chico consiguiera su objetivo, alzó los brazos y en un segundo se hallaba
desnuda, sobre él, sintiendo la calidez de sus senos rozar con la del pecho de
Naruto, llenando su cuerpo de un hormigueo totalmente placentero.
Mientras recorría la suave piel del cuello de Hinata con los labios y con las
manos hacía lo propio a través de cada una de sus curvas, Naruto se movió
hábilmente hasta poder recostar a Hinata sobre la cama quedando él sobre ella.
Sus labios buscaron uno de los senos para introducirlo en su boca brindando
caricias con su lengua, logrando sacar gemidos cada vez más intensos de los
suaves labios de Hinata. Sus manos viajaban sin reparo a través del cuerpo de
la mujer mientras las de ella hacían lo mismo, de manera más amable por su
espalda.
Las caricias, los besos, el simple contacto entre sus cuerpos ya no resultaba
suficiente y el ansia de tener más del otro estaba tomando el control de sus
cuerpos y de sus pensamientos. De forma sumisa, Hinata se deshizo de la
diminuta toalla que permanecía entre ellos logrando por fin sentir la erección de
Naruto golpear contra su cuerpo haciendo que las piernas comenzaran a
temblarle de excitación y deseo por continuar.
Para Naruto era igual, el juego tortuoso de caricias cada vez más ardientes y la
fricción candente entre sus cuerpos estaba llevando su cuerpo al borde y a
pesar de que quería extender el placer de todo lo que sentían por más tiempo,
no consideraba que podría ser capaz de conseguirlo. La necesitaba a ella,
necesitaba hundirse en su interior y tenerla por completo, ser uno con ella. De
nuevo, casi con locura, se apoderó de los delicados labios femeninos, hundiendo
su lengua en lo más profundo de la cavidad de Hinata mientras con sus manos
abría las suaves y largas piernas de la mujer para acomodarse entre ellas,
rozando su miembro en su cálida entrada, logrando sacar un gemido.
Por fin iba a suceder, lo que ambos habían deseado desde el primer momento
en el que se habían conocido estaba a punto de pasar pero, de pronto, una ola
de energía llenó precipitadamente el cuerpo de Naruto sin siquiera poder
controlarlo.
No, no podía estar pasando.
El rubio cerró los ojos con fuerza mientras apretaba las sábanas con sus puños
intentando retomar el control que estaba perdiendo pero resultaba imposible, la
ola de energía se acrecentaba cada vez más y él sentía como su interior era
invadido por algo que no debía suceder. Se levantó un poco sobre sus brazos y
entonces un pequeño quejido escapó de sus labios.
— Naruto… ¿qué sucede? —cuestionó Hinata la ver la expresión de sufrimiento
que se había dibujado en el rostro del rubio— ¿Naruto? —musitó acercando
tímidamente su mano para acariciarle la mejilla izquierda. El hombre se
estremeció y apartó la cara evitando ese contacto, que antes había sido un
pedazo de paraíso para él y que ahora era una tortura y algo que inclinaba la
balanza en contra suya.
Por fin se levantó por completo alejándose de Hinata mientras su cuerpo se
doblaba lentamente sintiendo que no podría controlar más lo que estaba a punto
de suceder.
— Yo… lo lamento Hinata —dijo jadeante como si estuviese luchando contra un
dolor sumamente intenso — No puedo. Perdón.
Antes de que la mujer pudiera decir o hacer algo, Naruto desapareció por la
puerta de la habitación dejándola sola, sobre su cama y con un mar de dudas en
su cabeza. ¿Qué no podía hacer? ¿estar con ella? apretó las sábanas bajo sus
manos al abrir los ojos a la verdad que no había visto antes. Él no la deseaba,
no lo suficiente.
Naruto estaba a punto de sentirse estallar, necesitaba calmarse o las cosas se
pondrían realmente feas. Sentía el poder oscuro surgir en su interior, inundando
cada rincón de su cuerpo desnudo y amenazando con hacerse presente de las
peores maneras en las que lo había hecho en anteriores ocasiones. No podía
ser posible pero… lo era, estaba sucediendo. ¿Por qué no lo vio antes?
Era obvio.
Cuando había tenido sexo con otras mujeres, una parte de él siempre se
mantenía en control, consciente de que no era algo más allá del simple contacto
carnal pero… con Hinata, él quería estar con ella al cien por ciento y eso
significaba entregarse por completo, dejarse llevar por sus emociones, lo cual
facilitaba las cosas para el kyubi. Maldijo mientras se deslizaba por la pared
hasta quedar sentado en el suelo y aferraba los dedos a las mechas de su
cabello rubio. Eso significaba que no podría estar con Hinata…
Nunca.
— Siempre creí que eras más exhibicionista que Kiba pero estar desnudo en el
pasillo… es demasiado ¿no crees?
— Ahora no Gaara —respondió cansino el rubio a su compañero sin siquiera
mirarlo aunque estaba seguro que se había detenido frente a él— No estoy de
humor.
— Puedo preguntar ¿qué ocurre? —cuestionó sentándose en el otro extremo del
pasillo. Limpió la manzana roja que traía en la mano y comenzó a comerla— No
tienes que contarme si no quieres pero…
— Hinata está adentro —respondió interrumpiéndolo.
— ¿La doctora? —Naruto asintió— ¿Y?
— Ella está adentro, desnuda —interrumpió de nuevo y justo antes de que le
preguntara otra cosa, añadió—: y yo estoy así —alzó la cara para que su
compañero viera sus ojos convertidos en los del kyubi y extendió las manos para
que viera la transformación que habían sufrido sus uñas. A Gaara casi se le cae
la quijada al verlo quedándose durante algunos segundos sin saber que decir
hasta que se aclaró la garganta.
— Pero… ¿Cómo ocurrió, ella está bien, tú… estás bien? —Naruto asintió y de
nuevo bajó la cabeza— ¿cómo es posible? ¿no se suponía que podías
mantenerlo bajo control y que pues… el sexo no…?
— Eso pensé yo también, pero ahora ya no sé. —respondió dejando oír la
frustración en su voz— Nunca me había pasado.
Los dos permanecieron en silencio durante un par de horas hasta que
escucharon correr las cortinas de acero anunciando el final de la noche. Gaara
se puso de pie, caminó hacia Naruto y le extendió la mano.
— Vamos, te prestaré algo de ropa y luego bajaremos a entrenar hasta que
recuperes el control —el rubio –aún con los ojos del kyubi- no dejaba de mirarlo
sorprendido.
— ¿No vienes de hacer rondas? Debes de estar molido. —Gaara se encogió de
hombros.
— No te preocupes —respondió con gesto indiferente— Tampoco es que pueda
dormir mucho.
Definitivamente Gaara siempre se había hallado al final de su lista de las
personas a quien recurrir en caso de algún problema pero ahora sabía que, de
forma extraña, había estado equivocado. Sujetó la mano de su compañero y se
puso de pie.
— Gracias —susurró mientras comenzaba a caminar hacia la habitación de
Gaara.
— Si puedo ayudar a que dejes de castigarnos con tu desnudez, entonces lo
hago con gusto. —Naruto esbozó una media sonrisa. Esa clase de comentarios
venían del Gaara que él conocía.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Día tres. Había pasado todo el fin de semana y gran parte del lunes sin haber
tenido noticias de Sasuke, lo que terminaba de confirmar las ideas que habían
recorrido su mente en los últimos días y que una parte de su interior se negaba a
reconocer, y eso era que, lo que había sucedido con Sasuke había sido
simplemente algo carnal y nada más pero… ¿por qué no podía dejarlo pasar?
Intentó volver a su trabajo en la computadora pero el azabache no dejaba de
atravesar su mente cada vez que ella intentaba dejarlo de lado, llenándola de
frustración y molestia consigo misma.
¿En qué estaba pensando? Le había sido infiel a su novio, su prometido, al
hombre con el que probablemente compartiría el resto de sus días, con un
hombre al que apenas conocía y en lugar de sentirse culpable se estaba
preguntando por qué Sasuke no le había llamado. ¿Qué estaba pasando con
ella? No podía estar pensando en eso ni en él. No podía dejar que a su patética
pero equilibrada vida entrara la ilusión de Sasuke para hacer y deshacer a
voluntad cuando sólo había sido un simple y mero encuentro sexual,
completamente casual y pasajero.
La mayoría de sus compañeros ya se habían retirado desde hacía un rato,
aunque todavía quedaban los encargados de la reproducción y edición del
periódico y ella. Miró el reloj en el monitor del ordenador luego de notar que el
sol ya se había ocultado, vio que ya era un poco tarde y decidió dejar hasta ahí
la poco fructífera jornada laboral de aquel día, de nuevo, digna del olvido. Tomó
un par de objetos de su escritorio para guardarlos dentro de su bolso, apagó el
ordenador, alcanzó su abrigo del perchero para ponérselo y luego caminó a
través del pasillo de los cubículos hasta salir al ascensor donde mientras
esperaba, aprovechó para verificar sus mensajes.
Había cinco y tres de ellos eran de Sai preguntándole por su falsa enfermedad
que había inventado para excusarse por no asistir a la fiesta el viernes anterior.
Siempre había intentado ser sincera con Sai lo más posible pero el viernes le
había mentido de manera descarada fingiendo un resfriado cuando fue a mitad
de la noche a su apartamento para ver cómo se encontraba. Por si no se sentía
ya lo suficientemente mal, una nueva dosis de culpa llegó a su ser al ver los
mensajes de Sai. Estaba a punto de regañarse a sí misma, de maldecirse por
haber hecho algo de lo que siempre se creyó incapaz toda su vida hasta que
Sasuke había se había cruzado en su camino.
No podía culparlo a él de todo porque no la había obligado, ni le había puesto un
arma en la cabeza para que aceptara sino todo lo contrario, ella había estado
más que dispuesta y vaya que había participado todo el tiempo. Sin pensarlo, las
imágenes de lo sucedido con Sasuke en su habitación volvieron a su cabeza y
ella no tuvo más remedio que abofetearse mentalmente para quitarlas. Por fin
escuchó el sonido del ascensor deteniéndose y cuando las puertas se abrieron
de par en par, ella alzó la mirada y casi se va de espaldas.
— Sasuke… —el pelinegro estaba recargado en la pared opuesta del ascensor
mirándola con un ápice de sorpresa dibujado en su rostro.
Su nombre escapó de esos sensuales labios como un susurro perfectamente
audible para él. Nuevamente no sabía como había terminado en ese lugar.
Durante todo el fin de semana intentó sacar la imagen de Sakura de su cabeza
pero sus intentos tuvieron el efecto contrario haciéndola cada vez más presente,
aumentando su necesidad por verla, por tocarla, por besarla hasta hacer la
situación tan insoportable que él ya no pudo contenerse más.
Había pasado los últimos tres días en vela pensando en llamarla, sólo para
escuchar su voz pero sabía que eso no iba a ser suficiente y fue así como al
caer la noche se había materializado en el edificio del periódico donde ella
trabajaba pero al tomar el ascensor no se imaginó que la vería de frente, en
definitiva el universo estaba conspirando contra él para hacerlo caer en una
tentación que estaba más que prohibida para él pero… no lo podía evitar.
Durante unos segundos ambos permanecieron mirándose el uno al otro hasta
que Sakura reaccionó, miró hacia ambos lados y finalmente agachó la cabeza
mientras avanzaba al interior del ascensor, las puertas se cerraron y ella se
colocó en el otro extremo del lugar concentrándose en los números de los pisos
siendo iluminados uno a uno. Lástima que trabajaba en el quinto piso, jamás el
tiempo en un ascensor le pareció tan eterno.
— ¿Q-qué haces aquí? —cuestionó cuando el ascensor se detuvo
abruptamente. Antes de que pudiera reaccionar, Sasuke se había acercado a
ella, arrinconándola contra la pared y él justo como lo había hecho en su
apartamento la vez anterior.
— No es obvio —susurró con un tono de voz tan ronco e irresistible que a
Sakura le recorrió un escalofrío de pies a cabeza.
— Deja de hacerlo —musitó intentando apartarlo de ella.
— ¿El qué?
— Esto que estás haciendo, el venir y… "mover tantas cosas en mí como si
fueses mi dueño" Sólo aléjate ¿si? —Sasuke esbozó una media sonrisa al darse
cuenta que las palabras de Sakura no estaban para nada acordes a lo que su
cuerpo pedía. Pasó los brazos por debajo de la tela del abrigo, rodeando la
cintura de la mujer y acercándola más a él.
El pulso de Sakura se aceleró súbitamente cuando su mirada se enfrentó a la de
Sasuke y sus manos se apoyaron sobre el pecho del azabache. Tenía que ser
solo lujuria, tenía que convencerse de que era sólo eso pero… ¿por qué se
había sentido feliz al verlo y ahora cuando la tenía así en sus brazos?
— ¿En verdad quieres que me aleje de ti? —susurró al oído de la ojiverde
haciendo que sus piernas le temblaran, y luego aumentó la sensación cuando
sus labios comenzaron a moverse a lo largo del cuello.
— Yo… "¡Vamos, Sakura! Dile que sí, que quieres que se aleje de ti, que lo que
sucedió la noche anterior no volverá a ocurrir" —cerró los ojos al darse cuenta
que traer a colación lo sucedido antes no ayudó mucho a su causa, al contrario,
su cuerpo comenzó a arder en deseos porque se volviera a repetir. Abrió los
ojos para enfrentar la mirada de Sasuke de nuevo y vio una media sonrisa
dibujada en el rostro de él.
— Ya lo sabía —musitó y antes de que Sakura pudiera replicarle algo, Sasuke
atrapó sus labios con los suyos y otra vez, cualquier cosa perdió su total
relevancia ante ese contacto.
Era de nuevo de esa clase de besos suaves y cálidos que le quitaban aún más
la respiración que los apasionados que habían compartido mientras tenían sexo.
Sin poder evitarlo más, cerró los ojos a la vez que sus manos se movían con
lentitud hasta hundirse en los mechones oscuros en la nuca de Sasuke. Ese
hombre no podía tener tales efectos en ella, había intentado convencerse de que
así sucedía pero la realidad era bastante obvia. Sintió la lengua del azabache
delinear suavemente sus labios y le permitió la entrada para poder encontrarse
con la suya y aumentar las sensaciones del beso, confirmando lo que ella ya
sabía:
Tratándose de Sasuke, su fuerza de voluntad y determinación desaparecían
dejando sólo el deseo de estar con él.
La intensidad del beso estaba yendo en aumento de manera vertiginosa hasta
que él abandonó sus labios y comenzó a moverse por el contorno de su
mandíbula y la línea de su cuello, logrando erizarle cada centímetro de su piel.
Las manos del hombre estaban recorriendo su espalda, su abdomen y luego
encontraron sus senos para apretarlos ligeramente y ella dejó escapar un
gemido mientras se embriagaba del aroma oscuro y totalmente masculino que
emanaba de la piel de Sasuke.
Quería que durara, que el ascensor se quedara ahí por horas, que él la tomara
ahí, en ese mismo momento sin preocuparse por nada más y sin embargo,
debía detenerse. Sai. Su nombre apareció de repente en su mente y ella supo
que era la principal razón por la que debía alejarse de Sasuke pero sabía
también que no era suficiente, así que, si ella no podía alejarse de él, aunque no
le pareciera lo mejor, debía hacer que él fuera quien se alejara.
— Sasuke… yo… debes de saber que… —intentaba decir mientras con sus
manos trataba de apartar un poco a Sasuke de ella— no podemos seguir con
esto.
— ¿Por qué no? —cuestionó junto a su oído para luego volver a su tarea de
llenar su cuello de besos sin descanso.
— Por que… por que yo —odiaba no poder decirlo, aumentó sus fuerzas para
seguir intentando apartarlo de ella y así hablar con seriedad pero parecía
imposible hasta que, luego de unos instantes, consiguió articular la frase que
necesitaba— porque estoy comprometida. Yo…
El azabache dejó de recorrer su cuello con los labios y fijó su mirada en la de
ella. El silencio los envolvió por unos segundos
— Tengo novio y… voy a casarme. —susurró esperando que él se alejara, sintió
que el ascensor comenzaba a moverse de nuevo y sin embargo, Sasuke la
mantenía aferrada a su cuerpo.
— No me importa, —contestó despreocupadamente y luego volvió a acercar su
rostro hasta rozar los labios de Sakura con los suyos haciendo que se tocaran
con cada palabra que decía— ¿y a ti?
La respuesta no había sido lo que Sakura hubiese esperado. Y ahora, gracias a
esa pregunta, la duda comenzaba a llenar su mente…
¿A ella le importaba estar comprometida?
« Continuará… »
apítulo 9
Sin darse cuenta de en qué momento había sucedido, ya se encontraba de
regreso en su apartamento, con Sasuke besándola sin darle tiempo de nada y
sin preocuparse por no haber respondido a la pregunta que el azabache le había
hecho minutos antes. Porque, la realidad era que, ella no tenía, ni podía pensar,
la repuesta y mucho menos en esos momentos con él.
Esos labios estaban reclamando los suyos con tal intensidad que no solo sentía
que le robaban el aliento sino también hasta el último vestigio de energía en
cada rincón de su cuerpo. Él no podía ser real y lo que estaba sucediendo entre
ambos tampoco. Él no podía despertar en ella tal deseo que la hacía olvidar todo
lo demás pero, así era. Jamás se había sentido tan atraída hacia alguien ni
tampoco había sentido todo lo que Sasuke le provocaba con un simple beso. No
dejaba de repetirse que no podía ser cierto, aunque las evidencias físicas,
decían todo lo contrario.
— Sa-Sasuke… espera… —susurró de algún modo intentando apartarse de
nuevo— Esto no puede seguir, no…
— Creí que ya habíamos aclarado ese punto —respondió mientras trataba de
retomar lo que estaba haciendo—. Si a ti no te interesa, a mí tampoco.
— ¡Yo no dije que no me importara estar comprometida! —se apresuró a
exclamar haciendo más amplia la distancia entre ellos.
— De acuerdo —dijo el azabache liberando la cintura de Sakura—. Si de verdad
es lo que quieres, me iré.
La cara de Sakura reflejó un poco de sorpresa. ¿De verdad ella quería que él se
fuera? Cerró los ojos intentando encontrar algo dentro de su mente que le
indicara qué hacer, pero no había nada. No sabía si le importaba estar
comprometida, si realmente estaba lista para un compromiso así, si lo que
sucedía con Sasuke era normal, si lo que estaba sucediendo con ella misma lo
fuera, no sabía que hacer con su vida, qué camino seguir, cuál era realmente su
propósito. Nada, no sabía nada y eso no hacía más que aumentar el enojo que
sentía contra ella misma.
En ese momento la cabeza comenzó a darle tantas vueltas que se sintió
mareada y sus piernas flaquearon casi al instante.
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó Sasuke sosteniéndola de nuevo entre
sus brazos impidiendo que cayera al suelo.
Sakura presionó el lado derecho de su cabeza mientras intentaba responder
pero sentía que todo se hacía cada vez más borroso. Él sabía que ella no se
encontraba bien, podía oler el aroma del cambio aún con más intensidad y supo
que era cuestión de días antes de que sucediera. El tiempo se le estaba
agotando y en lo único que podía pensar era en lo bien que se mezclaba el
aroma de Sakura con el del cambio, haciendo emerger el deseo en él.
— Ven. Deberías recostarte —continuó el azabache mientras la alzaba en
brazos y luego la depositaba con delicadeza sobre el sofá.
Sakura observó a Sasuke, quien estaba arrodillado a su lado, logró alzar su
mano para tocar aquel perfecto rostro masculino y luego delineó sus labios con
la yema del dedo índice.
— Bésame —le pidió la ojiverde y él obedeció en el instante, uniendo sus labios
de manera lenta. Sakura pasó sus brazos alrededor del cuello de Sasuke
buscando profundizar el contacto, sus manos se movieron por el interior del
abrigo que él vestía apartándolo hasta la altura de los codos, el azabache se
levantó lentamente, quitándose el abrigo por completo, luego tomó a Sakura por
la cintura y la arrastró con él hasta quedar acostados sobre la alfombra.
Conforme la pasión del beso aumentaba, las manos comenzaron a moverse
sobre el cuerpo del otro buscando deshacerse de las estorbosas prendas que
los cubrían y que les impedían sentirse por completo.
Era cierto, no sabía nada en esos momentos, ni sobre lo que ya había sucedido,
ni sobre lo que sucedía, ni sobre lo que sucedería en un futuro con ella pero, de
lo único que estaba realmente segura era que, estando con Sasuke, podía
sentirse como no lo había hecho en mucho tiempo.
Estar con ese hombre, la hacía sentir… viva.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
En la mansión, Naruto se encontraba dentro de su clóset terminando de vestirse.
Ese día volvería a las rondas y necesitaba estar concentrado pero eso le había
resultado prácticamente imposible, no como estaban las cosas con Hinata.
Habían pasado casi dos noches desde lo que había sucedido cuando estaban
haciendo el amor. Maldito kyubi. Por primera vez en sus más de trescientos
años de existencia estaba odiando con toda su alma a esa cosa que vivía dentro
de él sin su permiso, gracias a ella había lastimado a Hinata y desde ese
momento ella no había querido ni hablar con él ni verlo.
La puerta de su habitación se abrió y Danzou apareció a través de ella.
— Mi señor —dijo el anciano inclinando la cabeza.
— ¿Qué lograste averiguar, cómo está Hinata?
— La señorita Hyuga se encuentra bien, acabo de llevarle la primera comida y
puedo decirle que se encuentra en excelentes condiciones —entonces se detuvo
como si dudara en continuar con su informe.
— Pero… —musitó Naruto incitándolo a seguir.
— Pero ha externado abiertamente su deseo de continuar encerrada en su
habitación sin hablar con nadie. Según sus palabras, sólo espera que el señor
Sasuke le de su autorización para poder abandonar la mansión. —Naruto
guardó silencio durante unos instantes mientras evaluaba las palabras del
mayordomo hasta que finalmente se dio cuenta de que no había más que hacer.
— De acuerdo. Gracias, Danzou. Puedes retirarte —dijo dándole la espalda al
hombre, tecleó la combinación sobre un gabinete y una vez que la puerta de
metal se abrió, tomó dos GLOCK y varios cargadores de repuesto.
Las imágenes de lo sucedido noches antes pasaron por su mente y eso lo hizo
enfadarse consigo mismo. De un manotazo cerró el compartimiento y luego
abandonó su habitación. Al encontrarse en el pasillo miró hacia su izquierda y,
sin poder contenerse, caminó en esa dirección deteniéndose justo frente a las
puertas de la habitación al final del corredor. Colocó su mano sobre la puerta
pensando en la figura de Hinata del otro lado de ese simple trozo de madera.
Quería… no, deseaba verla, sólo con eso le bastaría pero sabía perfectamente
que no sucedería, no después de lo ocurrido. En ese momento reaccionó, apretó
los puños y se alejó por el corredor dando grandes zancadas que resonaban por
todos lados, denotando su frustración.
En el segundo en el que desapareció tras una esquina, la puerta de la habitación
se abrió a medias, asomándose Hinata a través de ella. Pudo sentir la presencia
de Naruto segundos antes en ese mismo lugar, quería verlo pero, no podía.
Mirar a sus ojos llenos de rechazo sería demasiado para ella, que él le dijera que
no podía estar con ella porque no la deseaba sería algo fulminante y sabía que
no podría soportarlo. A pesar de toda la seguridad que aparentaba, lo cierto era
que la tímida y débil Hinata que había sido de niña seguía viva en una parte
dentro de ella. Sabía que él volvería a las rondas esa noche y su corazón no
pudo evitar estremecerse por ello.
"Por favor, ten mucho cuidado…" rogó mentalmente antes de regresar a su
habitación.
Cuando estuvo en el patio, Naruto miró a su alrededor notando que faltaban el
Escalade negro de Kiba y la Hummer color gris oscuro propiedad de Neji,
además del Audi de Shikamaru. Frunció el ceño mientras se preguntaba por qué
el no podía utilizar un auto, bueno, el auto lo tenía y echó un vistazo a su
pequeño bebé que se hallaba aparcado entre los autos de Ino y Sasuke pero,
sinceramente, en esos momentos el conducir no aparecía como una de las
cosas que le apetecía hacer. Deseaba esa noche poder pelear como nunca
antes.
Necesitaba desahogar toda la impotencia que invadía su cuerpo, necesitaba
alejarse, necesitaba salir y prepararse para algo que realmente no quería pero
debía hacer… dejar ir a Hinata.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Las respiraciones desacompasadas y sonoras se escuchaban entre las cuatro
paredes que los rodeaban, sus cuerpos tirados en la alfombra aún unidos,
cubiertos de sudor, se frotaban uno contra otro al ritmo en el que buscaban
restablecer el latir frenético de sus corazones. Sasuke buscó de nuevo los labios
de Sakura, negándole la posibilidad de recuperar el aliento perdido y ella gimió
en respuesta. Esa mujer lo volvía literalmente loco, todo en ella lo atraía de una
manera que hasta cierto punto lo molestaba, y sin embargo, no podía resistirse a
tomarla cada vez que la veía.
Un zumbido comenzó a hacerse notar en medio del sonido poco cadencioso de
sus respiraciones. Sasuke liberó lentamente los labios de Sakura.
— Esta vez no es el mío —susurró mientras mordisqueaba su labio inferior,
arrancándole un suspiro a la mujer que yacía bajo su cuerpo.
— Lo sé. Es el mío —dijo jadeante intentando quitarse a Sasuke de encima,
aunque él no hacía mucho para ayudarla—. Debo contestar. Puede ser
importante.
Sasuke soltó un bufido casi con irritación y lentamente salió de ella para dejar
que contestara el maldito aparato. Sakura se puso de pie, sintiendo como las
piernas le temblaban, se vistió con la camisa de Sasuke y pensó que si se había
sentido débil hacía un par horas, en ese momento realmente lo estaba. Con
dificultad logró sacar el móvil del bolso para contestar.
— ¿Sí? ¿Eri, qué sucede? —hizo un mohín al escuchar la voz de la asistente del
editor. Eri era una gran chica y muy vivaz pero, aún le faltaba foguearse en el
ambiente del diario así que siempre que Kentarou –el editor- se enojaba, la
ponía tan nerviosa que le impedía pensar con claridad. Sakura respiró profundo
cuando escuchó el motivo de su llamada—. No, yo le envié las imágenes esta
mañana junto con tres copias. Estoy segura. No… ¿está el jefe ahí? dile que
quiero hablarle —volvió a inhalar profundo mientras esperaba, entonces sintió un
escalofrío que le recorría la espalda y cuando se giró, notó que Sasuke la miraba
de una forma tan ardiente que hizo que las mejillas no fueran la única parte de
su cuerpo que se encendiera—. Deja de hacerlo.
— ¿El que? —respondió con una sonrisa traviesa dibujada en el rostro mientras
recorría con la mirada el cuerpo de Sakura de arriba abajo, imaginando lo que
había debajo de la negra tela de su camisa y lo fácil que sería arrancarla de un
solo movimiento.
Ella estaba a punto de replicar cuando escuchó la voz de su editor del otro lado
del auricular devolviéndola a lo que debería estarle preocupando. Luego de
varios minutos de discusión acalorada por el teléfono, el tono de seguridad en la
voz de Sakura le pareció indicar a Sasuke que había ganado la pelea. Cuando
ella volvió a centrar su atención en él, se dio cuenta de que ya estaba casi
completamente vestido.
— Debo irme —dijo Sasuke ásperamente comenzando a sentir lo que no
deseaba: culpa.
— ¿Algún día… "te quedarás el tiempo suficiente para poder hacer otra cosa
que no sea estar uno encima del otro"? —soltó un suspiro sintiendo que había
evitado quedar como una idiota—. Olvídalo.
— ¿Qué sucede? —cuestionó acercándose a ella. El pareció divisar el hilo que
seguían los pensamientos de Sakura pero no podía detenerse a pensar mucho
en ello porque su mente se estaba llenando de cosas que lo hacían sentirse
peor de lo que ya lo hacía.
— ¿Tú crees que esto está bien, no te molesta que yo…?
— En realidad no lo sé, pero si quieres que me aleje, lo haré. —respondió
Sasuke aunque ciertamente él no estaba seguro de sus palabras.
Antes de que ella pudiera decir algo, él atrapó sus labios en un beso tan tórrido
que las piernas de Sakura volvieron a flaquear y la cabeza comenzó a darle
vueltas. Él la alzó en brazos y la llevó hasta la cama, le quitó su camisa y la
cubrió con las sábanas.
— Debes descansar —musitó antes de besarla de nuevo para después salir de
la habitación.
Cuando Sakura se quedó sola intentó hacer un análisis concreto de la situación
pero en lo único en lo que pudo pensar fue en las caricias de Sasuke, en sus
besos, en la sensación de tenerlo dentro de ella y en todo lo que él era capaz de
hacerle sentir y que no había sentido nunca con nadie. Esperaba que él le dijera
que lo que estaban haciendo estaba mal pero fue cierto cuando le dijo que no le
importaba y eso no dejaba de atormentarle haciendo que se preguntara si a ella
le importaba.
Siempre pensó que era lo bastante madura como para manejar correctamente
cualquier tipo de situaciones, sabiendo siempre como afrontar cosas como
abandonar su antigua vida, trabajar en el diario, su compromiso con Sai pero, no
sabía como hacerlo cuando se trataba de su atractivísimo y extremadamente
sexy vecino con quien estaba teniendo una ardiente aventura.
"¡No puede ser que esto te esté pasando a ti!" se recriminó a sí misma mientras
se cubría un poco más con las sábanas. Pensó en buscar su pijama pero, aun
sentía el calor en su cuerpo, así que sólo se dedicó a esperar a que el sueño la
venciera, lo cual sucedió tan sólo unos minutos después.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El día estaba pasando con avance lento, sus horas habían sido interminables
mientras muy pocos dentro de la mansión de la cofradía podían dormir. Ino y
Kiba eran de los pocos inquilinos que lo habían conseguido hasta que la rubia se
levantó de la cama.
— ¿Qué haces, Ino? —cuestionó Kiba medio dormido.
— Nada, vuelve a dormir.
— Apenas es mediodía —respondió removiéndose entre las sábanas
acercándose a la rubia que permanecía sentada en el borde de su lado. Se
levantó sobre sus codos y plantó un beso en el hombro de su mujer— Vuelve a
la cama —susurró roncamente mientras sus labios iban subiendo a través del
suave cuello de la ojiazul quien inclinó la cabeza hacia el lado opuesto para
darle más espacio.
— Iré a la cocina por un poco de agua —musitó alejándose de la tentación en
forma de hombre que intentaba arrastrarla de nuevo hacia las sábanas y no
precisamente para dormir. Se puso de pie y del borde de la cama tomó la bata
de seda color vino a juego con su camisón— Volveré enseguida.
Salió de la habitación al corredor que permanecía perfectamente iluminado y
caminó a través de él hasta llegar a las escaleras; ya en la parte inferior atravesó
el vestíbulo, siguió su camino hasta por fin encontrar la puerta de la cocina
flamantemente equipada, tomó un vaso de la alacena y sirvió un poco de agua
en él. Luego se sentó en una de las sillas altas frente a la mesa de cerámica que
había en medio de la habitación, fijando la mirada en las baldosas del piso.
Segundos más tarde sintió un chakra detrás de ella que hizo que su cuerpo se
pusiera totalmente rígido, con cautela giró la cabeza para mirar sobre su hombro
y vio a Gaara parado en el umbral de la puerta.
— No sabía que estarías despierta —dijo el pelirrojo lacónicamente mientras se
acercaba a Ino. La chica sintió lo que, imaginó, debía sentir una oveja estando
frente a un lobo a punto de ser devorada. Sin poder controlarlo, un temblor
recorrió su cuerpo cuando Gaara pasó frente a ella hacia la nevera, al mismo
tiempo en que las imágenes de él jugando al Jack el destripador con los
cazadores de akatsuki cruzaban su mente.
Gaara abrió la puerta de la nevera y ocultó la sonrisa irónica que se dibujó en su
rostro al oler el miedo que Ino tenía de él. Algo muy normal que sentía la
mayoría de las personas hacia un demonio como él.
— No tienes por qué temerme —dijo sin asomar el rostro— Nunca te haría daño,
no por ser la mujer de Kiba.
Ino no supo si sentirse aliviada o no luego de ese comentario pero fue
precisamente el nombre de su pareja lo que le llevó a rememorar todas las
veces en las que Kiba se ofrecía para ser el compañero del pelirrojo durante las
rondas, como siempre entrenaba con él y como siempre salía en defensa de
Gaara ante cualquier circunstancia.
"Sé lo que es estar atrapado en un mundo que te asfixia por lo que ha sucedido
fuera de tu control sin saber como expresar lo que sientes" solía decirle cada vez
que le preguntaba por qué tanta insistencia con estar cerca de Gaara. "Sé lo que
es sentirte solo, sin una familia en quien apoyarte porque te ha dado la espalda.
Y es por eso que creo que vale la pena estar con Gaara, porque él sabe lo que
es eso y, tal vez no sea capaz de decirlo pero… yo creo que anhela encontrar a
una familia justo como yo te encontré a ti. Quiero que él se sienta parte de algo
otra vez…"
— No te temo Gaara —susurró la rubia aún sin saber si sus palabras eran del
todo ciertas. Aunque tenía la esperanza de que así fuera—. Temo por ti.
El pelirrojo se enderezó asomando medio cuerpo sobre la puerta, sacó una
botella de agua, cerró la nevera y caminó hasta recargarse en una de las
encimeras de mármol cerca del fregadero, desde donde pudo observar a Ino con
cierto aire de incredulidad en su rostro.
— ¿Temes por mí? —cuestionó alzando una ceja— ¿Por qué habrías de
hacerlo? Si yo no fuera bueno asesinando cazadores, todos ustedes desearían
que estuviera muerto. No hay por qué decir lo contrario cuando sabemos que es
verdad, Ino. Tú misma lo has visto, no soy la clase de ser que deba pisar la
tierra. —cada una de sus palabras eran tan afiladas como cualquier navaja, sólo
que estas herían directamente el corazón.
— T-te equivocas. Nada de lo que vi puede hacerme pensar eso, aunque es
cierto que me impresionó y que no logro comprenderte del todo, no significa que
no me preocupe por ti y por lo que te pase. ¿En verdad crees desearíamos que
estuvieras muerto?
— Por supuesto.
— ¿Y piensas que Kiba estaría de acuerdo contigo después de todo lo que han
pasado juntos?
— Las cosas con Kiba son diferentes —Ino se puso de pie de un salto al
escuchar la respuesta de Gaara. Ese hombre era más terco que cualquiera que
ella hubiese conocido, incluyendo a Sasuke.
— ¿Por qué es diferente? No solo somos parte de la misma misión ni tampoco
es que seamos simples compañeros, Gaara. Hay más que eso entre nosotros y
lo sabes. Sé que las cosas no han sido fáciles para ti y con toda honestidad no
me imagino a mí pasando por todo lo que tú tuviste que pasar pero
sinceramente, desearía poder quitarte un poco de todo lo que traes dentro de ti.
Si tan solo… —hizo una pausa mientras giraba el rostro hacia la derecha— Si
tan solo quisieras dejarnos entrar, te darías cuenta de que somos una familia, tú
familia. Kiba y… y yo también si tú quisieras… sólo… —las palabras dejaron de
brotar de su boca así que esperó respuesta en silencio durante un par de
minutos y cuando pensó que no llegaría:
— Lo tendré en cuenta —musitó secamente para luego salir por el mismo lugar
por el que había entrado.
Ino suspiró al ver la puerta cerrarse pero algo de esperanza llenó su corazón
cuando oyó la respuesta de Gaara. Viniendo de él, era más de lo que pudo
haber esperado.
Instantes después volvió a la habitación viendo a Kiba dormido sobre su
estómago. El chico sintió como se volvía a acomodar en la cama y se acercó a
ella.
— ¿Sabes? tenías razón. —susurró la rubia acurrucándose contra su pecho de
Kiba mientras él la rodeaba con sus brazos.
— ¿Sobre qué? —preguntó medio dormido.
— A pesar de todo, he estado pensando que yo también creo que podría valer la
pena acercarse a Gaara. —Kiba rió tenuemente sobre su cabello al escuchar las
palabras de Ino.
— ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
— Tú —se levantó un poco y acercó sus labios a los de Kiba para darle un beso,
luego volvió a recargar su cabeza en el pecho del chico— Por fin creo haber
entendido tus palabras y… si él es tu familia, también es la mía y espero que
algún día Gaara lo sienta de la misma manera.
Kiba volvió a sonreír mientras unía sus labios a los de Ino sintiéndose feliz por
las palabras de la chica. No cabía duda que ella era la mujer de su vida y,
aunque sonara imposible, cada día que pasaba sentía que la amaba más que el
anterior; además, considerando que le quedaba más de medio milenio para
compartir a su lado, estaba dudando que su cuerpo fuera capaz de contener
tanto amor por ella en su interior.
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La llamada de Sai al trabajo la había hecho ponerse nerviosa y más aún cuando
pidió que se reunieran para comer. Por lo general, en la mayoría de ocasiones
anteriores, ella había sido quien había hecho la petición por lo que resultaba
extremadamente raro que él la hubiese citado.
El restaurante se encontraba lleno debido a que era la hora en la que la mayoría
de las personas tenían su horario para comer. Miró a su alrededor y luego volvió
a beber un poco del café que tenía frente a ella. Sinceramente, a pesar de no
haberlo visto en días, no estaba segura de querer ver a Sai en ese momento,
sobre todo por lo que había estado sucediendo con Sasuke en esos días.
Suspiró pensando que lo suyo con Sasuke sólo se estaban limitando a sesiones
de candente sexo durante unas cuantas horas y después, días enteros sin
hablarse. Así había sido la primera vez y todo parecía indicar que así sería en
esta segunda ocasión, aunque pensó que eso, precisamente, era lo que
diferenciaba las aventuras de las relaciones formales.
Sabía que no debía estar pensando en eso así que decidió concentrarse en la
hora. Habían pasado quince minutos después de la hora acordada y Sai no
había aparecido aún. Suspiró profundamente, lo más seguro era que él tuviera
mucho trabajo y que la dejara plantada, después de todo, no sería la primera
vez; sin embargo, apenas ese pensamiento cruzó su mente, vio a Sai pasar
entre varias mesas en dirección a donde ella se encontraba.
— Hola, cariño. Perdón por el retraso —dijo dándole un beso en la frente y luego
tomó asiento en la silla frente a ella—. ¿Llevas mucho tiempo esperando?
Sakura negó con la cabeza y antes de que pudieran decir otra cosa, la mesera
los interrumpió para tomar su orden, una vez que lo hizo se retiró dejándolos
solos de nuevo. La situación se estaba sintiendo más incómoda de lo que debía
y Sakura lo sabía, así como también sabía que ese estrujamiento en el
estómago que estaba sintiendo en esos momentos era nada más ni nada menos
que la culpa que comenzaba a hacerse presente.
Alzó el rostro y su mirada se encontró con la de Sai. Él siempre había sido
extremadamente serio pero en esos momentos le sonrió tan tiernamente que la
hizo sentir aún peor que una cucaracha en un basurero.
— ¿Y cómo te sientes, ya estás mejor? —cuestionó Sai sacándola de sus
pensamientos.
— Eh, si. Parece que fue sólo una de esas enfermedades de cuarenta y ocho
horas. Ya me siento mucho mejor. —De nuevo se preguntó ¿cómo podía ser
capaz de mentirle tan descaradamente?
— Es bueno escucharlo. Había estado muy preocupado todo el fin de semana, y
más aún cuando no respondiste a mis mensajes. Pensé en cancelar todo para
que pudiera cuidarte.
— Tranquilo, de verdad ya me siento mucho mejor. —Sai estiró su mano para
tomar la de ella y luego de la llevó a los labios para besarla.
— Me alegra.
"Strike uno"
De nuevo, la mesera los interrumpió dejándoles la comida y luego los minutos
siguieron transcurriendo en silencio con excepción de los comentarios breves
sobre lo bien que estaba la comida por parte de Sai. Sakura sólo se limitó a
asentir porque había ordenado una ensalada debido a la sensibilidad estomacal
que la había estado aquejando desde hacía varias largas semanas. Cuando
llegó el postre, no pudo negarse a compartir una rebanada de un delicioso pastel
de chocolate aunque se arrepintió casi al instante debido a las arcadas que le
produjo, aún así intentó controlarse para no hacer sentir mal a Sai.
— ¿Sabes? hace mucho tiempo que no salíamos a comer juntos —dijo el
hombre con cierto aire de culpabilidad que casi la mató en ese instante—.
Aunque sé que es por culpa mía, he estado trabajando mucho últimamente pero
espero que entiendas que es para poder iniciar los preparativos para la boda.
Quiero que todo sea como tú lo quieres sin importar los gastos. —hizo una
pausa— Y también sé que querrás asesinarme por lo que te voy a decir —
Sakura lo miró intrigada.
— ¿Sucede algo? —Sai llevó un trozo del pastel a su boca y luego de
degustarlo, respondió.
— El buffet de Ooji Yoshikawa ha tenido problemas con su equipo jurídico en
Suna y quiere que yo los auxilie en un caso que están llevando para las
industrias Akirayama. —Sakura no pudo ocultar su impresión. Ese despacho de
abogados era uno de los más importantes a nivel mundial según le había
comentado Sai en más de una ocasión y también había oído hablar sobre esas
industrias, las principales en el ramo automotriz.
— E-eso es… impresionante —susurró sin poder salir del asombro—.
¡Felicidades!
— Gracias, cariño.
— No entiendo por qué habría de asesinarte por ello.
— Bueno, porque tendré que ir a Suna por un par de semanas y debo partir
mañana —respondió casi con arrepentimiento—. No hemos estado juntos desde
hace varios días y ahora yo me voy. Es perfectamente justificable si quieres
enfadarte.
"Strike dos"
Un nuevo estrujamiento se alojó en el abdomen de Sakura, extendió su mano
sobre la mesa y la colocó sobre la de Sai sintiendo que él le daba un ligero
apretón.
— Nunca podría enfadarme contigo por haber conseguido un logro tan
importante en tu carrera así que no tienes por qué sentirte culpable ¿de
acuerdo?
— Me encantas, por eso te amo tanto —Sakura dio un ligero respingo mientras
sentía su estómago desaparecer por la compresión que había sobre él—. Pero
¿sabes qué? intentaré compensarlo, ¿tienes que volver a la editorial hoy?
— Eh, no. De hecho…
— Entonces te propongo que te fugues conmigo y pasamos toda la tarde juntos
¿qué dices? —Sakura apretó sus labios con fuerza y finalmente asintió.
— Me encantaría.
"Strike tres. Ponchada"
Después de comer, caminaron por el parque, fueron al cine y luego a cenar a un
restaurante a las afueras de la ciudad, las cosas que solían hacer cuando eran
más jóvenes y todo era más simple que ahora. Sakura no pudo librarse ni un
solo minuto de la opresión que sentía en el pecho luego de ver a Sai cancelar
todas sus citas para estar con ella sin interrupciones, intentado recobrar algo del
tiempo que habían perdido desde hacía algunas semanas. Él quería compensar
su ausencia y eso la hizo sentir muy ruin al darse cuenta de que ni siquiera la
había notado por pensar en Sasuke.
En el momento en el que su nombre apareció en sus pensamientos, las
imágenes de lo que sucedía con él cruzaron su mente y de nuevo la duda la
tomó por sorpresa. Miró a Sai quien caminaba a su lado, tomándola de la mano
y se preguntó si en algún momento, por pequeño que fuera, él había dudado
sobre su compromiso como ella lo hacía. Por la seguridad que veía en sus ojos
supuso que no lo había hecho y entonces se molestó consigo misma al darse
cuenta de que lo único que estaba buscando era una justificación, un motivo
para no sentirse tan mal como se sentía.
Cuando la noche cayó, Sai y Sakura se encontraban en la puerta del
apartamento de la ojiverde despidiéndose.
— En verdad desearía poder llevarte conmigo —susurró Sai mientras acariciaba
la mejilla de Sakura con el dorso de los dedos.
— Está bien —respondió la ojiverde— No tienes de que preocuparte. Además,
no sería bueno que te distrajeras
Sai sonrió tenuemente mientras le rodeaba la cintura con los brazos y luego la
acercaba a él.
— Tal vez tienes un poco de razón, si estoy contigo, nada más me importa. Así
que técnicamente eres la distracción más grande que tengo.
Sakura respondió el comentario con una sonrisa muy forzada antes de que Sai
la besara. Por primera vez en su vida, desde que lo había conocido, no sintió
nada ante ese contacto, nada siquiera cercano a lo que sentía cuando estaba
con…
Antes de que pudiera pensar su nombre, escuchó la puerta del apartamento de
junto abrirse y como por reflejo, se apartó de Sai. Cuando miró sobre su hombro
se encontró con una mirada oscura y sobre todo, fría.
… Sasuke
El azabache reaccionó y pasó junto a ellos sin siquiera mirarlos, con ese aire de
superioridad y arrogancia que lo caracterizaba, dejando una estela helada a su
paso, como si de repente, la temperatura del lugar hubiese descendido varios
grados centígrados.
— ¿Quién es? —le preguntó Sai una vez que Sasuke desapareció en el
ascensor.
— Mi… vecino "amante" —corrigió una vocecilla en su interior—. "O al menos lo
era hasta hace un minuto."
— Algo en él no me agrada —susurró Sai sacándola de sus pensamientos
nuevamente.
— No es una mala persona —dijo Sakura intentando defenderlo—. Es primo de
Ino, ¿la recuerdas? La rubia que conociste en la editorial.
Sai la miró sorprendido pero en un segundo volvió a recuperar su semblante de
siempre.
— Bueno, debo irme. —dijo restándole importancia al asunto—. Mañana debo
levantarme temprano porque mi vuelo sale a primera hora —tomó su rostro entre
las manos para besarla nuevamente—. Intentaré volver lo más pronto que me
sea posible ¿de acuerdo?
Sakura asintió dedicándole una leve sonrisa. Él la besó una vez más y luego
caminó hasta el ascensor. Cuando se halló sola en el corredor, miró hacía el
apartamento de Sasuke e Ino, imaginándolo a él parado justo como lo había
estado instantes antes, recordando la manera en la que la había mirado.
"Tal vez, después de todo, no esté dispuesto a ser el amante de alguien…"le
susurró de nuevo esa extraña voz interna. Ella le dio toda la razón y entonces
entró a su apartamento, cerrando la puerta tras ella.
Sasuke atravesó el vestíbulo, se detuvo en el primer escalón de las escaleras
exteriores del edificio, miró a su alrededor y apretó los puños al darse cuenta
que el aroma que provenía de ese humano que estaba con Sakura, era el mismo
que había captado la ocasión anterior. Era su prometido. De nuevo, sin poder
controlarlo, un fuego intenso recorrió todo su ser y antes de seguir con la
alucinación de la que se creía preso en esos momentos, se desmaterializó hacia
el centro.
Necesitaba luchar. Lo necesitaba de veras.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Cuando tomó forma, se encontraba en el techo de un edificio habitacional y vio
que Ino y Naruto estaban ahí.
— ¡Vaya, ya era hora! —exclamó Naruto acercándose a él. Ino se quedó un par
de pasos alejada—. ¿Se puede saber donde estabas?
— No te importa —respondió lacónico.
— No estás de humor ¿eh? —cruzó los brazos sobre su pecho adquiriendo un
semblante pensativo—. Veamos, en la primera comida estabas de tu humor
apático normal y luego te desapareciste, lo cual quiere decir que algo sucedió en
la última media hora —asintió varias veces como si supiera que todas sus
conjeturas fuesen correctas—. ¡Ya sé! ¿No me digas que la mujer en la que
estás interesado te rechazó de nuevo? —Sasuke apretó los puños con fuerza
intentando contener sus ganas de atizarle un buen golpe a Naruto por ser tan
bocazas.
— ¿De qué mujer están hablando? —cuestionó la rubia mirando a ambos
hombres alternadamente.
— De nadie —musitó Sasuke pero Naruto le interrumpió.
— De la mujer en la que Sasuke está interesado ¿no lo sabías? —Ino negó con
la cabeza— ¡Qué extraño! Pensé que tú la conocías.
— Pues no, pero ¿qué hay con ella?
— No lo sé —respondió Naruto sin importarle que Sasuke seguía parado junto a
él, como si se hubiese olvidado de su presencia— pero si no me equivoco, es la
segunda vez que le da calabazas. No se tú pero yo, aún cuando todavía no la
conozco, ya siento que me agrada.
— ¿Quién es Sasuke? —le preguntó Ino— ¡Por favor no me digas que es Karin
porque entonces tendré que golpearte por imbécil!
— Bueno, no es que Karin sea fea, —comentó Naruto— pero…
— ¡Ya es suficiente! —exclamó Sasuke casi con furia haciendo callar a ambos—
No le hagas caso, Ino. No sé de qué mierda está hablando este imbécil pero ya
es suficiente ¿quedó claro?
Ninguno respondió pero cuando Sasuke caminó hasta el borde, ambos se
dirigieron una mirada cómplice. La reacción de Sasuke les había dicho más de lo
que él imaginaba.
Un par de minutos más tarde, Naruto se acercó a él.
— ¿Sigues molesto? —cuestionó con mesura—. Escucha, sé que no fue la
manera pero quería saber qué te pasaba y…
— Te conozco de toda la vida, Naruto —le interrumpió—. Y si realmente me
enfadara por cada estupidez que sale de tu boca, te la hubiese cosido yo mismo
apenas comenzaste a hablar. Así que, no. No estoy molesto, pero no quiero
volver a escuchar otra tontería como esa ¿de acuerdo?
— Claro, jefe. —ambos permanecieron en silencio durante unos instantes más
mientras observaban el movimiento en la calle bajo ellos.
— ¿Qué sucede? —cuestionó Sasuke al ver la ansiedad con la que Naruto
hacía crujir sus dedos. La mirada celeste se centró en él y luego de que se
armara de valor, el rubio respondió:
— Necesito pedirte un favor.
— Habla.
— Bueno, verás… —se rascó la nuca en muestra de nerviosismo— entre Hinata
y yo… bueno… lo que quiero decir…
— No complaceré a la doctora porque tú no eres capaz de hacerlo. —
interrumpió Sasuke con una media sonrisa dibujada en el rostro—. Pídeselo a
Neji, tal vez él quiera hacerlo sin cobrarte, pero ya sabes a qué atenerte si dejas
que toque a tu mujer.
— Ja ja —musitó sarcástico— Aunque en realidad tiene algo que ver. Necesito
que me ayudes con algo, es referente Hinata. Tal vez cuando volvamos a casa
puedas decirle…
— ¿Acaso no lo sabes? —cuestionó casi sorprendido, volteando para mirarlo—
La doctora Hyuga se va esta noche. Pidió mi autorización y…
Al oírlo, Naruto dio un respingo y antes de que Sasuke pudiera decirle algo más,
se desmaterializó.
"Supongo que no lo sabías" pensó el azabache mirando el espacio que antes
había sido ocupado por su amigo.
— Sasuke —le llamó Ino y entonces él percibió el aroma dulzón y frío que tanto
estaba esperando. No pudo evitar esbozar una media sonrisa mientras se
acercaba a la rubia.
"Bueno, hora de divertirse" dijo mentalmente antes de desmaterializarse para
iniciar, lo que esperaba, fuera una noche muy agitada.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Hinata siguió a Danzou a través del corredor y las escaleras hasta que
finalmente se detuvo cerca de la puerta, dio un último vistazo al magnífico
cuadro de ángeles que decoraba el techo del vestíbulo, maravillándose por la
exquisita combinación de colores que hacía parecer que los querubines tenían
vida propia y que en cualquier momento bajarían de las esponjosas nubes para
mostrarse ante ella.
Si, eso era una ilusión, como también lo había sido lo que ella había sentido con
Naruto.
Suspiró profundo y miró su reloj, aún era temprano así pensó que lo mejor sería
decirle a Danzou que la llevara a la clínica y ya después de ahí, ella se
materializara hasta su casa al final de la noche. Había estado ausente durante
casi cuatro noches y tenía varios pacientes por atender, ninguno de gravedad
pero estaba vigilando sus procesos de mejoría.
— Señorita, el auto está listo —dijo Danzou cortésmente apareciendo por la
puerta. Ella asintió y caminó en su dirección, cuando estaba dispuesta a salir
detrás de él, se sorprendió de ver a Naruto frente a ella bloqueándole la salida,
causándole un sobresalto.
Según le había dicho Danzou, las paredes de la mansión estaban recubiertas de
acero, lo que impedía la materialización dentro de la casa entonces… ¿cómo
había podido hacerlo Naruto?
— Estoy fuera de la casa —respondió como si pudiese leer su mente, lo cual era
imposible a menos de que estuvieran predestinados y hubiesen tenido intimidad
y, obviamente, eso no había sucedido—. ¿Por qué no me dijiste que te irías
hoy?
Ella alzó el rostro lentamente y cuando sus ojos se encontraron con la mirada
celeste de él, no pudo evitar sentir ese extraño escalofrío que la recorría siempre
que lo miraba, de manera automática las imágenes de lo ocurrido días antes
regresaron a su memoria y rápidamente apartó su mirada, desviándola hacia un
costado. No podía verle el rostro pero estaba parado justo frente a ella, tan sólo
unos cuantos centímetros los separaban y eso hacía posible que el aroma que
emanaba de la piel de Naruto llegara hasta su nariz.
— Qu-quise ser práctica y evitarnos esta incomodidad. —con cautela levantó
nuevamente el rostro sólo para descubrir que la mirada de Naruto seguía
clavada en ella. Él abrió la boca como si intentara decir algo pero ella se lo evitó,
tomando la iniciativa—. No tienes por qué decir nada. Ahora las cosas han
quedado bastante claras y yo… —suspiró— sólo déjame ir.
En ese momento Naruto la tomó por los hombros antes de que ella rodeara para
salir por la puerta. Su toque fue como brazas ardiendo sobre su piel aún por
encima de la tela y de nuevo una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo.
— Por favor, sólo déjame explicarte ¿si? —inclinó su cabeza y con una mano
tomó el rostro de ella por el mentón para que pudiera encontrar su mirada—.
Dame sólo unos minutos y si después sigues sin cambiar de opinión, te juro por
la diosa que saldré de tu vida para siempre. Por favor, Hinata.
Ella cerró los ojos mientras seguía escuchando su súplica, no quería verle a los
ojos porque sabía que entonces sucumbiría sin remedio pero, por otra parte,
algo dentro de ella le decía que necesitaba escuchar lo que él tenía que decir.
Tenía mucho que preguntarle, demasiadas dudas y si quería volver a su vida
anterior, necesitaba saciar su curiosidad para así no tener a Naruto presente en
su mente todo el tiempo. Volvió a abrir los ojos y lo miró fijamente.
— D-de acuerdo. —la sonrisa que se dibujó en el rostro de él fue tan cálida que
llegó a cada rincón de su ser.
— Gracias —tomó su mano y comenzó a caminar a través del patio—. Ven
sígueme.
— Pensé que hablaríamos aq…
— Eso haremos, pero quiero que conozcas un lugar —respondió casi con
entusiasmo—. No te preocupes, Danzou regresará tu equipaje adentro. Ven,
sube.
Hinata se detuvo de golpe al ver el hermoso auto que había frente a ellos. Un
Dodge Challenger 71, de color naranja y un par de franjas negras al frente.
— ¿Es tuyo? —preguntó asombrada a Naruto, quien estaba del otro lado. Él
asintió—. Es hermoso.
— Gracias. Fue un regalo de Sasuke por mi cumpleaños hace dos años, tiene
como pasatiempo restaurar autos clásicos. Pero no se lo digas a nadie, es un
secreto.
Hinata sonrió tenuemente, abordó el vehículo y miró a Naruto.
— ¿A dónde vamos?
— Ya lo verás. Te va a encantar —respondió el rubio, y entonces, puso en
marcha el motor.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
— ¿Estás seguro? —preguntó Ino por el móvil—. Entiendo, gracias Shika.
— ¿Qué sucede? —le preguntó Sasuke una vez que Ino finalizó la llamada.
— Shika dice que ya no hay más cazadores en esta zona y que los pocos que
logró rastrear se dirigen hacia las afueras por lo que Kiba y Gaara van hacia allá.
—soltó un suspiro— Supongo que por hoy ya hemos terminado.
Sasuke asintió levemente mientras sopesaba las palabras de Ino. Shikamaru no
solamente era el vampiro más inteligente que existía sino que, además, tenía la
habilidad de rastrear a los cazadores de akatsuki en varios kilómetros a la
redonda, tuviesen o no los sellos de maldición activados.
— Y bien, ahora que ya no tenemos trabajo por hacer y estamos solos, ¿vas a
decirme a que mujer se estaba refiriendo Naruto?
— Te dije que no le hicieras caso. Son alucinaciones que tiene —volteó a ver a
Ino y notó que ella lo miraba de esa manera que quería decir que sabía que le
estaba mintiendo.
— Ambos sabemos que Naruto no sabe cuando cerrar la boca pero no es un
mentiroso y además, te conoce mejor que tú mismo Sasuke así que…
— Ya te lo dije Ino, no es lo que Naruto y tú están pensando así que déjalo
¿quieres? —la rubia soltó un suspiro en señal de resignación mientras veía a
Sasuke caminar un par de pasos al borde del techo donde se encontraban.
— Como quieras, sólo pido conocerla antes de que vayas a emparejarte con ella
¿de acuerdo? Adiós.
Sasuke dio la vuelta para replicar pero cuando lo hizo, Ino ya se había ido.
— Te veré en casa… —musitó mientras volvía a concentrarse en la calle bajo él,
segundos después saltó y mientras caía se desmaterializó, sólo que en vez de ir
a la mansión, su instinto lo llevó a otro lugar. Un lugar que sabía que no debía
visitar y que sin embargo no podía evitarlo.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El sueño la había reclamado hacía varias horas cuando pudo sentir que alguien
se acomodaba a su lado. De inmediato abrió los ojos a la vez que se sentaba de
golpe.
— Tranquila, soy yo.
— ¿Sasuke? —musitó extrañada, pero al ver su figura sentada a su lado siendo
delineada por la escasa luz que se colaba por su ventana supo que era él—.
¿Cómo…? —intentó preguntar—. Entiendo, estoy soñando. —susurró
convencida volviendo a acostarse dándole la espalda. Los sueños que había
tenido desde hacía varios días eran tan reales que lo que sucedía en ese
momento le pareció sólo uno más.
— ¿En verdad crees que estás soñando? —cuestionó acostándose junto a ella
sobre las sábanas. Entonces comenzó a acariciar su cuello con los labios
mientras la abrazaba por la cintura.
— Por supuesto. Tienes esta maldita costumbre de venir a mí aún en sueños así
que esto no me extraña.
— ¿De verdad? —ella asintió.
— Aunque por lo general haces otras cosas más interesantes —Sasuke rió
quedamente inhalando el aroma de la piel desnuda de la espalda de Sakura.
— Puedo hacerlo si quieres. —susurró bajando el pequeño tirante del camisón
azul que ella vestía—. Un par de cosas interesantes —repitió sus palabras—
están viniendo a mi mente en estos momentos.
— No te ofendas pero no en esta ocasión. —respondió con la voz débil en señal
de que se estaba durmiendo otra vez—. He estado demasiado cansada
últimamente y tú no ayudas mucho que digamos.
— Lo sé. Así que no te preocupes, no haré nada más que esto. —dijo
acercándola más a él, hundiendo el rostro entre su cabello, embriagándose con
el aroma a flores que tenía. Ella suspiró.
— Pensé que te alejarías luego de saber lo de Sai y yo.
— ¿Por qué lo haría?
"Eres mía…" susurró una voz en su cabeza logrando sacarlo de balance durante
un segundo. ¿En verdad él había pensado eso? Antes de encontrar respuesta,
la voz de Sakura lo interrumpió.
— Porque nunca imaginé que tú eras de los que podía ser el amante de alguien,
cuando bien podrías… —no continuó gracias a la interrupción de un bostezo.
— No me iré a menos que tú lo desees —respondió extrañándose de sus
propias palabras, aún más al darse cuenta de que eran totalmente ciertas.
— Entonces… —susurró dándose la vuelta y así hundir el rostro en el pecho de
Sasuke para inhalar aquel aroma que tanto le gustaba—. Quédate conmigo.
— Eso haré. —musitó rodeándola con sus brazos—. Dime algo, Sakura…
— ¿Mmmm?
— ¿Cómo prefieres tenerme, en sueños o en carne y hueso?
— Como ahora —susurró arrastrando las palabras, pasándole un brazo por el
abdomen— Me encanta el sexo contigo pero, aún en mis sueños, nunca
habíamos cruzado más palabras que no fueran "Por favor, sigue. Oh si, si…" y
esas cosas.
Sasuke sonrió tenuemente.
— Supongo que tienes razón…
Minutos más tarde, cuando sintió que la respiración de Sakura volvió a hacerse
más acompasada, supo que había vuelto a dormirse y simplemente se dedicó a
mirarla. Sin poder controlarlo, pasó el dorso de su mano por la suave mejilla y
cuando ella se removió entre las sábanas acercándose más a él, sintió el deseo
que se agitaba en su interior.
"No podía estar pasando". Estaba cansado de repetir esa frase tantas veces que
ahora ya no le encontraba lógica.
Sabía que nada de eso debería estar pasando, realmente era consciente de que
las cosas no debían de ocurrir así pero no podía recordar el momento en el que
los planes y la razón habían dejado de parecerle importantes. El no se había
acercado a Sakura ni para conocerla ni mucho menos para acostarse con ella,
su trabajo solamente era apoyarla en el proceso de transición, debía ser
solamente eso, pero la situación se había salido de su control desde el momento
en el que la estrechó en sus brazos.
Fue en ese momento cuando todo su raciocinio, control y madurez se habían ido
por el desagüe dejando solamente a sus instintos que lo habían colocado en esa
situación. Ahora, oficialmente era el amante de una mujer, una mujer que
además era humana, algo que no tendría que hacer puesto que -aunque
estuviera mal que él lo dijera- siempre había podido tener a la mujer que
quisiera, fuese humana o no, en su lecho con tan sólo una mirada.
Pero había mucho más en Sakura, había algo en esa mujer que lo sacaba de
sus cabales, le removía cosas en su interior que no sabía que poseía y lo atraía
con una fuerza tan magnética que le era imposible resistirse, cuando no estaba
luchando en lo único en lo que podía pensar era en ella y por más que intentaba
controlarlo, le era imposible. Era como si, lo estuviese hechizando.
Dentro de él, la voz de la razón le decía que debía alejarse de ella pero… todo
su cuerpo le gritaba que hiciera lo contrario.
¿Como podía alejarse de la persona que le recordaba que seguía vivo?
Capítulo 10
Llevaban en el auto cerca de treinta minutos y aún no tenía idea de a donde se
dirigían, instantes antes había visto las señales que indicaban que habían salido
de la ciudad y ahora todo lo que había a su alrededor era el campo vacío,
invadido por la oscuridad total. Miró de reojo hacia su izquierda y vio a Naruto
con el rostro igual de impasible y la vista fija en el camino que recorrían con las
luces apagadas, bueno, para alguien con la vista tan agudizada como la tenían
los vampiros, las luces resultaban mera formalidad en presencia de humanos.
Aún con la escasa luz, debía reconocer que era simplemente increíble. Ese
hombre parecía no conocer la palabra defecto. Era demoledoramente atractivo.
Su rostro era la representación de lo que las humanas –y no solamente ellas-
definirían como el rostro masculino perfecto, rasgos magníficamente definidos
pero delicados a la vez, sonrisa de encanto y ojos de un azul tan hipnótico que
con una sola mirada estaba segura de que podían derretir hasta el corazón más
frío. Y bueno, su cuerpo no era cosa menos, esos casi dos metros lo hacían
alguien imponente y poseía un aire de seguridad y hasta cierto punto, salvaje
que hacían pensar que no debía ser tomado a la ligera y que, sin embargo,
también era parte de su encanto; todo en complemento con cada músculo
perfectamente tonificado sin dejar rastro a dudas de que nada en él era
imperfecto. Absolutamente nada.
Y ella lo sabía de primera mano.
Pensar en ello fue una mala idea. De inmediato todas las escenas de lo que
había casi sucedido entre ellos se arremolinaron de golpe en su mente y sintió el
calor ir subiendo lentamente en su interior. Intentó concentrarse en otra cosa
mirando discretamente en otras direcciones hasta que una duda asaltó su
cabeza cuando vio -o más bien no vio- las líneas divisorias sobre el pavimento,
lo cual era extraño considerando su visión desarrollada. ¿A qué velocidad
estaban yendo? Dispuesta a saciar su curiosidad, y en aras de evitar algún
incidente bochornoso si el deseo se despertaba en su cuerpo, decidió bajar la
ventanilla sintiendo una gran corriente de aire golpearla de repente.
Jamás había sentido algo como eso, el viento chocaba contra su rostro
enfriándolo al instante y se colaba por su cabello agitándolo para hacerle sentir
un extraño cosquilleo en el cuello. No podía dejar de sonreír al sentir su cuerpo
embargado de esa sensación tan excitante y, sin poder evitarlo, miró a Naruto
quién también la observaba con aquella sonrisa casi aniñada que tanto le
encantaba mientras el viento también le alborotaba los mechones rubios de su
cabello.
— ¿Cómo puedes ir tan rápido? —preguntó casi a gritos gracias al viento que
golpeaba sus tímpanos—. ¡Es increíble!
— Me encanta sentir la adrenalina al conducir, lo de la ventanilla te lo hubiera
sugerido antes pero pensé que te molestaría el aire. —Hinata negó con la
cabeza y entonces él bajo también la suya, duplicando la intensidad de la
sensación del viento entre ellos.
— ¡Es fantástico!, nunca se me habría ocurrido hacerlo —respondió con una
sonrisa antes de darse cuenta de que Naruto estaba aumentando la velocidad a
un límite humanamente mortal, sin embargo no le preocupó en lo más mínimo y
cuando él soltó un grito de júbilo a través de su ventanilla, ella no pudo hacer
otra cosa que reír al notar ese aire tan despreocupado que los rodeaba.
En medio de la carretera era como si fuesen realmente libres.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sakura se removió entre las sábanas haciendo que Sasuke se diera cuenta de
que se había quedado dormido. Miró a la mujer que yacía a su lado notando que
la había destapado mientras dormía y al verse a sí mismo supo la razón: estaba
vestido. No es que él durmiese desnudo pero unos pantalones y abrigo de cuero
no formaban parte de lo que él consideraría su ropa para dormir favorita, y como
aún se negaba a alejarse de Sakura, sólo encontró una opción.
Con el mayor cuidado que le fue posible, retiró el brazo que estaba sobre su
torso para sentarse, apoyado con los talones logró quitarse las botas y después,
el abrigo, la cartuchera, las armas, la camisa y los pantalones fueron a parar a
algún lugar en el piso de la habitación, cerca de la cama. Cuando se encontró
casi desnudo, volvió a recostarse, esta vez debajo de las sábanas, acercándose
de nuevo a Sakura, abrazándola por la espalda. Sin embargo, se tensó al
instante al darse cuenta que el simple roce con el cuerpo de ella había agitado
aún más el deseo que había dentro de él y que pensó que había controlado
momentos antes.
— Dijiste que no harías nada esta noche —musitó entre dormida cuando sintió la
erección de Sasuke golpear cerca de su trasero. Él sonrió sin poder evitarlo.
— Lo sé, y pienso cumplirlo, al menos hasta que deba irme. —Sakura se volteó
para mirarlo, abriendo parcialmente los ojos.
— ¿Por qué te vas? —Sasuke le dio un rápido beso y luego pasó sus dedos
entre las mechas rosadas.
— Porque pronto tendrás que despertar. —a ella le pareció lógico así que
asintió.
— Claro. Había olvidado que estaba soñando. —susurró mientras recargaba la
cabeza sobre el pecho –ahora desnudo- de Sasuke, sintiendo como él la
abrazaba con intensidad, envolviéndola en su cuerpo en un gesto tan protector,
que incluso podía llegar a lo posesivo y que, sin embargo, le gustó.
Sasuke inclinó el rostro para poder tener el cabello de Sakura a unos cuantos
centímetros y así seguir deleitándose con ese suave aroma mientras pensaba
que aún le quedaban unas horas antes de que tuviera que volver a la mansión.
Ya después se encargaría de hacer un análisis frío a la situación, por ahora, lo
único que le importaba era continuar sintiendo eso que sentía teniendo a Sakura
acurrucada en su pecho, compartiendo la misma cama. Nunca lo había sentido
antes y algo dentro de él deseaba seguir sintiéndolo siempre.
Por primera vez en su vida, agradeció el hecho de que la noche no hubiese sido
tan agitada como él había deseado en un principio.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Luego de algunos minutos más, por fin Naruto aparcó el auto a la orilla del
camino. Ambos bajaron del vehículo y el rubio caminó hasta quedar parado junto
a ella.
— Bien, a partir de aquí caminaremos. Son sólo unos cuatro o cinco kilómetros
más —Hinata dio un respingo al escucharlo y él no pudo evitar sonreír—. Es
broma, nos materializaremos.
— P-pero, no sé a donde vamos. —respondió un poco sonrojada—. Yo no
puedo materializarme si no sé a donde voy.
— No sabía que fueras tan joven —dijo él sorprendido. La habilidad de
desmaterializarse era algo que se pulía con los años, y generalmente, para los
que recién pasaban por el cambio, las limitaciones eran bastantes—. ¿Cuántos
años tienes?
— Veintinueve.
— Uuyy —Naruto hizo una mueca mientras pensaba en algo—. ¡Ya sé! Ven —
extendió su mano para tomar la de ella—. No importa.
— P-pero…
— ¿Confías en mí, Hinata? —ella asintió y entonces Naruto la jaló hacia él hasta
sentir su cuerpo considerablemente cerca del suyo. Hinata alzó la vista y no
pudo evitar sonrojarse haciendo que Naruto sintiera un espasmo en la espalda al
ver su rostro teñido de carmesí. Intentando recuperar el hilo de sus
pensamientos, el rubio se aclaró la garganta—. Bueno, me desmaterializaré y tú
seguirás mi chakra pero debemos de estar lo más juntos que se pueda para que
esto resulte ¿de acuerdo?
Hinata asintió y entonces Naruto la atrajo más hacia él, ella cerró los ojos
logrando sentir el latido de su corazón contra su pecho y su flujo de chakra irse
estableciendo en un nivel estándar, lo escuchó inhalar profundo y ella hizo lo
mismo hasta lograr equilibrar su energía con la de él. Sus chakras se fusionaron
y una vez que alcanzaron un equilibrio, sus cuerpos se hicieron cada vez más
ligeros hasta que les fue posible viajar a través del viento, dejándose envolver
por una cálida sensación al estar los dos completamente unidos en el nivel más
estricto de la palabra.
Tan sólo fueron unas cuantas milésimas de segundo pero ella pudo haber jurado
que el tiempo se congeló en una eternidad completa.
— Ya puedes abrir los ojos Hinata —susurró Naruto en su oído provocándole un
escalofrío. Lentamente obedeció hasta que pudo ver lo que se alzaba frente a
ella—. Y bien, ¿qué te parece?
— Es… increíble —dijo casi sin aliento.
Se encontraban en la cima una de las colinas más altas que rodeaban la ciudad,
el cielo estaba completamente estrellado siendo iluminado por la luna llena
sobre ellos y Konoha se extendía justo al frente, con los miles de pequeños
puntos luminosos haciéndola parecer un reflejo del cielo nocturno. Sin poder
evitarlo, caminó unos pasos más hacia delante, buscando contemplar todo con
el mayor detalle que le fuera posible.
— Ten cuidado, doctora. Estás al borde y es una caída de varios cientos de
metros.
Hinata se detuvo en seco y desde ahí se quedó mirando completamente
maravillada la hermosa vista que se alzaba a su alrededor.
— No lo puedo creer. —musitó en un suspiro—. Es realmente hermoso.
— Me alegra que te guste —dijo él apoyando el mentón sobre su hombro
izquierdo mientras la abrazaba por la cintura—. Bienvenida a mi escondite
secreto. Siempre vengo aquí cuando quiero pensar, bueno, en realidad pienso
mientras vengo hacia acá, la panorámica es un plus.
Hinata sonrió mientras ladeaba su rostro para encontrar el de Naruto
extremadamente cerca, y antes de que pudiera decir algo, él capturó sus labios
en un beso que logró remover cada fibra de su ser. Ese lento y apacible roce le
estaba quitando las fuerzas de manera tan súbita que sentía la cabeza darle
vueltas, pero en el momento en el que la lengua de Naruto delineó sus labios
pidiéndole acceso al interior de su boca, el último ápice de cordura emergió
dentro de ella y en lugar de darle paso, se separó obligadamente.
— Di-dijiste que querías hablar —señaló llevando sus manos hacia las de Naruto
y así poderse deshacerse de su abrazo, luego se alejó un par de pasos—. Me
trajiste aquí para eso, n-no para…
— Lo siento, Hinata —dijo mirando al piso.
Ella sólo apretó con más fuerza sus dedos entrelazados, no era de las personas
que perdían la paciencia con facilidad pero esa frase, en labios de Naruto,
estaba comenzando a fastidiarla de sobremanera. "¿Acaso no tenía más
material dentro de su repertorio?" Se extrañó de haber pensado eso, siendo ella
alguien tan tranquila y paciente pero, en definitiva, ese hombre lograba sacar a
relucir facetas de ella que ni siquiera ella misma conocía.
— Necesito que dejes de decir eso como si fuera suficiente para aclarar las
cosas. Aunque en realidad… no hay mucho que aclarar.
Hinata suspiró sintiendo como el corazón le latía a mil por hora, las manos
comenzaron a temblarle y su cuerpo se estaba cubriendo de una ligera capa de
sudor frío pero, ahora, no podía evitar que las palabras siguieran brotando de
sus labios aún cuando Naruto hizo un ademán para intentar interrumpirla, ella se
lo impidió.
— N-necesito que me dejes continuar. Ya he entendido todo, no soy la mujer
que tú esperabas o que tú quieres —Naruto hizo un nuevo intento para hablar—
No, de verdad, n-no necesito que digas algo para tratar de hacerme sentir mejor.
A-aunque no lo creas, yo… yo puedo entenderlo, sé que de entre todas las
mujeres que pisan la tierra, no soy alguien que resalte o que incluso valga la
pena para… —se aclaró la garganta— para un hombre totalmente perfecto
como tú lo eres y… y yo…
Naruto no pudo evitar soltar una leve y ácida carcajada por el comentario de
Hinata. Ella lo miró frunciendo el ceño.
— ¿Tú crees que soy perfecto, Hinata? —volvió a reír tenuemente—. Nada más
alejado de la realidad, cariño. Soy el rey de los defectos.
— No creo que sea necesario que te burles de mí —murmuró ella.
— No me estoy burlando te lo asegu…
— ¡Si no soy la mujer que deseas bien podrías decirlo y así yo podría regresar a
mi vida ¿no te parece? —de inmediato se llevó ambas manos a la boca. Nunca
le había hablado a alguien de esa manera, ni siquiera había pensado que su
tono de voz llegara a tales decibeles pero acababa de hacerlo, por primera vez
en toda su vida había levantado el tono de su voz, o más bien, le había gritado a
alguien.
Estaba a punto de disculparse cuando, en un movimiento totalmente sorpresivo,
Naruto la acercó a él, juntando sus cuerpos haciéndola sonrojar al instante.
Intentó liberarse pero los fuertes brazos que la rodeaban se lo impedían,
ciñéndose a su alrededor con firmeza.
— ¿En verdad crees que no te deseo, Hinata? —cuestionó casi con indignación
tomando una de las frágiles manos para llevarla hasta la erección que
presionaba contra sus pantalones en ese momento. Ella se estremeció
sonrojándose aún más—. Eres lo que más deseo en estos momentos, te juro por
la diosa que no hay nada en este mundo que quiera más que arrancarte la ropa
en este mismo instante y hundirme dentro de ti por completo. Te pienso en cada
momento, tu aroma se quedó grabado en mi mente haciéndome casi
enloquecer, mi piel arde por tocarte, quiero recorrer tu cuerpo con las manos,
con la boca, con mi lengua. Quiero hacerte el amor de mil y un formas y en
todos los lugares que te puedas imaginar. Y si esto —volvió a hacer presión
sobre sus pantalones ocasionando que ambos gimieran— no es deseo,
entonces no sé lo que es.
El corazón de Hinata estaba latiendo a un ritmo tan intenso que si ella fuera
humana, ya le habría dado un paro cardiaco. La cercanía del cuerpo de Naruto,
el calor que irradiaba, su aroma totalmente masculino con tintes amaderados, la
mirada oscurecida, toda esa ardiente declaración además de su mano en
aquella parte del cuerpo masculino, estaban llevándola a un estado de
nerviosismo que se extrañaba de poder conservarse aún en pie. El calor en su
cuerpo creció abruptamente y en lo único que pudo pensar era que no podía
esperar a que él cumpliera todo lo había dicho. No podía evitar desearlo de esa
manera tan intensa y eso la estaba matando.
Naruto sonrió irónico y con lentitud liberó su mano y el resto de su cuerpo.
— Pero no puedo… —Hinata intentó recuperar el ritmo normal de su respiración
antes de continuar.
— ¿P-por qué?
— Porque contrario a lo que tú piensas. Yo no soy perfecto.
Ella distaba mucho de estar de acuerdo con él, y lo comprobó recorriendo el
cuerpo de Naruto con la mirada, de arriba abajo.
— No me refiero a lo físico, Hinata —dijo notando la manera en la que ella lo
estaba mirando. Si hubiese sido otra persona, no le extrañaría en absoluto o si
fuera en otras circunstancias, ya se habría arrojado sobre ella—. Me refiero a lo
que hay dentro de mí.
De nuevo, ella discrepaba. La realidad era que no lo conocía mucho pero sabía
lo necesario. La calidez en su mirada y el encanto de su sonrisa podían decirle
más de lo que podrían hacerlo cientos de citas y horas de charla.
— Yo creo que…
— Con lo que hay dentro de mí —le interrumpió él— me refiero en un sentido
totalmente literal —ella frunció el ceño extrañada por no lograr entender lo que
quería decirle. Él no supo si era correcto lo que estaba a punto de hacer pero, ya
que sabía que en algún momento ella se cansaría de los secretos y desearía
salir de su vida, quiso hablarle con la verdad. Inhaló profundo, volvió a mirarla y
dijo—: Hinata, ¿sabes lo que son los bijus?
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Las llamas se encontraban a su alrededor, miró sus manos y vio lo delgados que
eran sus dedos manchados de sangre, agachó la mirada y vio el cuerpo cubierto
por una capa negra, no, él no podría estar… Una voz sonó a sus espaldas a la
vez que intentaban levantarlo jalando su brazo "¡Con un demonio, Sasuke!
¡Debemos irnos!" "No Naruto, no puedo dejarlos, mis padres están ahí, Itachi
está…" "¡Él está muerto! ¿no lo ves? Todos lo están, ya no podemos hacer
nada" "¡Llévate a Ino, yo no pienso huir!" y entonces sintió el golpe en el pecho
que dio inicio a su transición, los temblores recorriendo su cuerpo mientras sus
huesos y músculos se estiraban y todo a su alrededor cambiaba para siempre…
— ¿Sasuke? —cuestionó Sakura cuando él se levantó de golpe de la cama
respirando agitadamente—. ¿Te encuentras bien?
Él no respondió pues aún no conseguía volver al presente por completo. Odiaba
las pesadillas y había dormido tan poco en los últimos días que las había
olvidado casi por completo. Ahora ya recordaba por qué no era adepto a la cama
cuando de dormir se trataba, aunque más que sueños, eran rastros de su
pasado que se negaban a abandonarlo y que aprovechaban cualquier ocasión
para recordarle la miseria en la que se hallaba desde hacía varios siglos.
Con la mirada recorrió la habitación en la que estaba, respiró profundo y
entonces sintió un cálido toque en su mejilla, miró hacia su derecha y vio a
Sakura sentada a su lado.
— ¿Te encuentras bien? —le volvió a preguntar. Él tomó su mano, la acercó a
sus labios y le dio un beso a la vez que asentía. Entonces miró el reloj
despertador que había sobre el buró y notó que ya era tarde. O temprano, según
quien lo viera.
— Debo irme —susurró antes de llevar su mano a la nuca de Sakura para
acercarla y unir sus labios de manera intensa. Ese roce fue suficiente para que
él dejara de lado los recuerdos momentáneamente y no pudo evitar
sorprenderse porque que ella tuviera esa clase de poder sobre él.
Después de unos instantes, se quitó la sábana de encima, salió de la cama y se
inclinó para tomar sus pantalones de cuero, dándole a Sakura una estupenda
vista de su lado posterior.
— ¡Dios, me encanta tu trasero! —exclamó en un suspiro, haciendo que el
azabache se irguiera y luego se girara para mirarla.
— ¿Disculpa?
— Bueno, todo tu cuerpo es increíble pero tu trasero pues… se lleva las palmas.
—aclaró abiertamente. Después de todo, ¿qué tenía de malo decirle al autor de
tus deseos sexuales más ocultos, en sueños, que tenía un magnífico trasero?
— ¿Ah, si? —dijo alzando una ceja mientras caminaba hacia ella, le dio un beso
y Sakura asintió. Él se apartó y segundos más tarde ya estaba completamente
vestido. Volvió a besarla, esta vez recostándola sobre la cama—. Descansa —
susurró viendo como al instante Sakura cerraba lentamente los ojos. Su mente
aún era en gran parte humana así que eso la hacía todavía maleable a sus
órdenes.
Permaneció durante unos minutos más viéndola dormir y al darse cuenta que el
tiempo se le acababa, se desmaterializó de vuelta a la mansión.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
No podía creerlo.
La historia que acaba de escuchar no podía ser cierta pero… lo era. Le parecía
difícil de creer pero sabía que cada palabra que Naruto le había dicho era
verdad. Ahora el problema estaba en poder asimilar todo porque ¿qué tan difícil
podía ser comprender que el hombre que ella creyó perfecto y por el que se
sentía sexual y extremadamente atraída, tenía un demonio encerrado en su
cuerpo que emergía cada vez que él perdía el control de sus emociones?
Había oído hablar de Minato Namikaze, su padre siempre lo había elogiado
como un guerrero más allá de lo extraordinario, la mano derecha del extinto
Fugaku Uchiha pero no había escuchado nada sobre su hijo ni sobre lo demás.
¿Cómo había podido encerrar a un ente demoníaco en el interior de su hijo
recién nacido? Bueno, ella no era quien para juzgarlo pero luego de haber
escuchado todo por lo que Naruto había tenido que pasar gracias al kyubi,
deseaba poder entender el motivo que pudo haber tenido su padre para hacer
algo como eso.
— Es por eso que la otra noche no pude seguir, me dejé llevar y el kyubi
aprovechó mi descuido para hacerse presente, fue esa la razón por la que me
alejé de ti, porque… no quería lastimarte. Aunque después me di cuenta de que
te había hecho daño de otra manera.
— P-pero… dices que puedes controlarlo ¿no? —él asintió—, Entonces, no
importa, tú…
— No Hinata, solo puedo controlarlo de manera parcial y eso requiere de toda mi
concentración pero cuando estoy contigo me pierdo y entonces… —ella se
acercó y acunó el rostro de él en una de sus manos.
— Podríamos intentarlo, tú… yo estoy segura de que no me harías daño. —él
colocó su mano sobre la de ella.
— Desearía que eso fuera verdad pero no estoy seguro, Hinata. Una vez que
esta cosa se apodera de mí, yo pierdo el control y hago cosas de las que no
sería capaz. Sasuke y los demás lo han visto, el chakra que hay dentro de mí es
demasiado grande y si llegase a descontrolarme por un segundo no me
perdonaría si te llegara a lastimar. Por eso no puedo estar contigo, no de esa
manera —dio pequeños besos en los nudillos de la chica— y por eso tampoco
puedo pedirte que te quedes conmigo ni que me aceptes… —ella puso su índice
sobre sus labios.
— Yo quiero estar contigo, no me importa lo demás…
— Pero… —intentó interrumpir.
— Shh, estoy segura de que podremos encontrar la manera. Claro, a menos de
que no me quieras junto a ti.
Naruto sonrió tenuemente y la rodeó con sus brazos atrayéndola hacia él.
— ¿Quién no querría estar con una mujer hermosa, inteligente, tierna y que
tiene una manera única y encantadora de sonrojarse cuando la beso? Yo soy
quien debería preguntar, doctora. ¿Tú me…? —no pudo continuar porque Hinata
se paró de puntitas y unió sus labios a los de él recorriéndolos con tanta timidez
y discreción que Naruto sentía una lenta y deliciosa tortura con cada delicado
roce.
— So-sólo no me dejes fuera ¿de acuerdo? —pidió pasando los dedos entre los
mechones rubios de su cabello. Naruto la miró mientras pasaba su lengua por
los labios en un gesto tan provocativo que Hinata no pudo evitar dejar escapar
un suspiro.
— Por supuesto, doctora —dijo finalmente antes de besarla de nuevo.
Esa mujer era única, jamás pensó llegar a sentirse así por alguien, durante toda
su vida estuvo esperando a esa persona y ahora que la había encontrado,
hallaría la manera de poder entregarse a ella completamente y sin temor a que
su "otro yo" hiciera acto de presencia. Le tomara el tiempo que le tomara o
teniendo que sacrificar cualquier cosa, encontraría la manera… de eso estaba
seguro.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Horas más tarde, Sakura se encontraba aún dormida en su cama, se giró hasta
quedar tendida sobre su estómago y entonces un aroma oscuro inundó su nariz,
causándole un sobresalto. Abrió los ojos y de golpe se sentó, sintiendo como su
respiración se agitaba y el corazón le latía con fuerza. Ese aroma lo conocía a la
perfección, era el de Sasuke pero… no podía ser. Entonces recordó el sueño
que había tenido durante toda la noche acerca de él durmiendo a su lado.
"Genial, Sakura. ¡Bienvenida a Crazyland!, tu entrada incluye terror al
compromiso, una serie de candentes fantasías y sueños eróticos con tu vecino,
confusión en tu patética vida y por si no es suficiente, una dotación extra-grande
de delirios matutinos. ¡Disfruta tu estancia!" se dijo a sí misma sarcásticamente
mientras pasaba los dedos entre su cabello.
Exhaló profundo y salió de la cama torpemente pero en cuanto se puso de pie,
las náuseas se apoderaron de ella haciéndola correr lo más rápido que pudo
hasta llegar al baño. Después de darle los buenos días de manera cercana e
íntima a su inodoro, se dirigió al lavabo en donde se enjuagó la boca y mojó su
cara con agua fría.
"Ah, lo olvidaba, nuestra promoción del mes incluye también deterioro físico para
así lograr el equilibrio cuerpo-mente que necesitas antes de ir a parar a un
psiquiátrico. ¡Qué lo disfrutes!"
Vale, el sarcasmo no era lo más adecuado para esos momentos pero era lo
único que le quedaba por hacer, reírse de la situación en la que se encontraba.
— Deberías ir al médico —le dijo una de las chicas que trabajaba con ella y con
las que se reunía para almorzar—. Tener esos síntomas no me parece nada
normal.
— Aoi tiene razón —agregó la otra—. Tal vez no pase de simple agotamiento
físico pero no puedes dejar que vaya en aumento.
— Ya lo hice —respondió Sakura—. Hace dos días fui al médico y me dijo
precisamente eso, que es debilidad causada por el estrés y que eso me produjo
anemia, el doctor me recetó hierro y dijo que estaría bien en unas semanas,
además me prohibió toda comida que no sea saludable.
— O sea la comida deliciosa.
— Me temo que así es, Sae —alzó el dedo índice— lo que me recuerda que
entonces, nuestra noche de maratón de películas de hoy queda cancelado pues
la prohibición incluye la pizza, el helado y las toneladas de chocolate que
solemos comer en cada ocasión.
Sakura recibió un abucheo al unísono por parte de las dos mujeres que
consideraría casi sus amigas, y decía casi porque había cosas que no podía
compartir con ellas, aunque eso no significaba que no las apreciara y valorara su
compañía.
— Vamos, Sakura. —comentó Aoi, una mujer de cabello oscuro y ojos castaños
totalmente expresivos y casi infantiles—. Hemos esperado dos meses para esta
noche, no podríamos hacer una pequeña excepción y comenzar el régimen
alimenticio cien por ciento saludable a partir de mañana —juntó ambas palmas
haciendo un gesto de súplica—. ¡Por favor! estoy segura de que Johny Deep,
Orlando Bloom, Robert Pattinson y todos los demás bombones que aparecen en
las películas de esta noche te lo agradecerán enormemente ¿si? ¡por favor!
La ojiverde no pudo evitar sonreír tenuemente, Aoi podía tener casi veintiséis
pero su mentalidad se había quedado como en preparatoria en lo que a hombres
se refería, incluyendo a los galanes de las películas y a su novio, que estaba
más que encantado por esa personalidad tan espontánea que ella tenía. Sakura
estaba dispuesta a negarse cuando su otra acompañante se unió a la súplica y
entonces no tuvo más remedio que ceder.
— De acuerdo, lo de esta noche sigue en pie—vio la nota de la cuenta, sacó
dinero de su bolso y se puso de pie—. Avísenles a Eri y a Misa y nos vemos en
mi casa a las ocho.
— ¿Ya no vas a regresar a la editorial? —Sakura negó con la cabeza.
— Tengo que hacer unas tomas en el festival que hay en el parque central.
— Bueno, suerte. Nos vemos en tu casa. —dijo Sae.
— Ten cuidado, no vayas a flirtear con nadie —añadió Aoi— ah, ¡y no llegues
tarde!
— Claro mamá, prometo no hablar con desconocidos —musitó Sakura con una
sonrisa— Nos vemos.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Al caer la noche, todas estaban acomodadas en la estancia del apartamento de
Sakura comiendo pizza, chocolates, helado y charlando animadamente mientras
bebían vino. Una típica noche de chicas totalmente relajadas y divertidas, algo
que a Sakura le había hecho falta en las últimas semanas, una noche tranquila o
al menos lo fue hasta que llamaron a la puerta.
— Debe ser Eri —dijo levantándose de la alfombra en la que se encontraba
sentada— Kentarou casi la asesina hoy y la dejó trabajando tiempo extra —
explicó mientras se dirigía a la puerta. Cuando la abrió no pudo ocultar su
sorpresa— Sasuke… ¿q-qué haces aquí? —el azabache estaba a punto de
decir, o mejor dicho, de hacer algo cuando escuchó las risas que provenían del
interior del apartamento.
— ¿Tienes visitas?
— Eh, si. Unas compañeras del trabajo vinieron para… ya sabes…
— Toma —dijo extendiendo el brazo con un libro— Ino me pidió que te lo
entregara y te diera las gracias, está trabajando y no pudo hacerlo
personalmente.
Sakura tomó el libro y luego miró a Sasuke mientras sentía en su interior unas
enormes ganas de no dejarlo ir.
— Eh, tengo uno que ella me prestó, ¿te importaría entregárselo por mí? —él
negó con la cabeza— Entonces, pasa.
Un silencio profundo llenó el apartamento una vez que las amigas de Sakura
vieron a Sasuke. El asombro, o más bien la fascinación, fue colectiva al ver la
impresionante figura de ese hombre parado junto a Sakura, vestido con una
camisa negra de manga corta de color negro que se ajustaba perfectamente a
su torso y hacía resaltar sus bien tonificados brazos además de unos jeans
desgastados que le daban una apariencia de modelo de pasarelas.
— Chicas, él es Sasuke Uchiha, mi vecino —miró al hombre—. Sasuke, ellas
son: Aoi, Sae y Misa, trabajan conmigo en el diario.
Silencio.
Sakura no pudo evitar sentirse algo incómoda pero hasta cierto punto divertida
cuando recorrió con la vista cada una de las expresiones de las mujeres
embobadas con Sasuke mientras inspeccionaban su cuerpo de arriba a abajo
como si no fuese algo real. Y debía reconocer que a veces ella, dudaba que lo
fuera.
— Bueno, el libro está en mi habitación. —dijo— Sígueme, puedes esperar en el
corredor.
Sakura caminó a través del pasillo siendo seguida por el azabache, y él a su vez
por tres miradas rijosas que se deleitaban con la magnífica vista de su trasero
realzado por esos jeans. ¡Dios!, debería considerarse pecado que una simple y
común prenda como esa le quedara tan espléndidamente a un hombre, por ser
el detonante de deseos escandalosamente lujuriosos en tres simples chicas.
Una vez que se perdieron del ángulo visual de la sala, Sasuke se detuvo a mitad
del pasillo y esperó a que Sakura saliera de su habitación un par de minutos
después.
— Toma es… —alzó la mirada para encontrarse con una sonrisa que le quitó el
aliento mientras observaba como la oscura mirada de Sasuke se centraba en
sus labios y antes de que ella lograra hallar el hilo de sus pensamientos, él tomó
su rostro con una mano, le acarició el labio inferior con el pulgar y se inclinó
hacia ella para atrapar sus labios.
Sin ninguna posibilidad de hacer el menor movimiento, que no fuera
corresponder, Sakura llevó sus brazos alrededor del cuello de Sasuke, sintiendo
como el olor y el sabor del hombre invadían sus sentidos, nublándolos a
cualquier otra cosa. Él la abrazó con fuerza, juntando sus cuerpos al máximo
mientras su lengua se abría paso entre sus labios y ella se aferró a sus hombros
buscando prolongar aquel tórrido y fiero beso.
Un gemido escapó de ambos.
Había algo entre ellos que no se podía explicar, Sasuke lo podía sentir aunque
no lograra definir lo que era. Lo que sí sabía era que la deseaba con una
intensidad que le resultaba desconocida para él, desde que había conocido a
Sakura algo dentro de él se había removido y hacía que su cuerpo ardiera en
deseos cada vez que ella estaba cerca, justo como en ese momento. Le recorrió
la espalda con las manos y aferró su cuerpo aún más contra él, sintiendo como
se agitaba entre sus brazos.
— ¿Por qué no despides a tus amigas y ocupamos la alfombra para algo más
entretenido? —le susurró rozando su cuello con la nariz, inhalando ese aroma
suave que tanto le gustaba.
— N-no puedo —respondió titubeante, sintiendo las manos de Sasuke
deslizándose por sus costados desde el pecho hasta la cintura. Intentó resistirse
pero, cuando aprisionó su cuerpo contra la pared de manera apasionada y luego
se pegó a ella, no supo si podía ser capaz de hacerlo.
De nuevo su mirada se enganchó a la de Sasuke que estaba oscurecida por el
ferviente deseo, deseo que no solamente sentía así sino también por lo que
hacía presión contra su abdomen. No podía ser que él fuera capaz de hacerle
sentir tanto, el simple roce de su bien formado torso contra su pecho le
despertaba sensaciones que ella desconocía y que se incrementaron cuando
Sasuke volvió a besarla con ferocidad, rodeándole el trasero con las manos para
poder levantarla contra la pared.
— El libro fue un pretexto ¿no? —cuestionó jadeante separando sus labios por
escasos milímetros y aferrando aún más las piernas alrededor de sus caderas.
— En parte ¿y tú libro?
— En parte. —respondió con una sonrisa antes de que él la besara de nuevo,
con una intensidad casi animal.
Sasuke llevó una de sus manos por debajo de la delgada tela de su blusa,
recorrió la tersa piel del abdomen de Sakura hasta encontrar uno de los suaves
y delicados pechos que tanto deseaba llevar a su boca, y lo cubrió por completo
con su mano dando electrizantes caricias con el pulgar. Sakura gimió y él
aprovechó para profundizar aún más el insaciable beso, presionando su
erección contra su sexo por encima de la tela, dando ligeros empellones,
dejándole saber lo que bien podrían estar haciendo en esos momentos, en la
alfombra o en la cama o tendidos ahí mismo.
Todo el cuerpo de Sakura anhelaba su toque, sus besos y la intensidad de todo
lo que ocurría entre ellos. Incluso cuando su mente le recordó que a un par de
metros, había tres posibles espectadoras, en lugar de reprimirse, le hizo sentirse
aún más excitada ante el riesgo de ser descubiertos.
Instantes después, cuando las caricias de Sasuke sobre todo su cuerpo fueron
disminuyendo hasta que sus labios se separaron, ella pudo llevar aire de nuevo
hacia sus pulmones, sintiendo el roce de las manos de él a través de sus piernas
cubiertas por unos pequeños pantalones cortos hasta la mitad de los muslos.
Sasuke la dejó poner los pies en el piso nuevamente mientras la miraba de
arriba abajo, y ella casi pudo imaginar lo que él estaba pensando en esos
momentos, haciéndole sentir escalofríos.
Sakura se acomodó un poco las ropas e inhaló profundo sintiendo sus rodillas
aflojarse incapaces de mantenerla en pie, se apoyó contra la pared, rodeándose
la cintura con un brazo y luego volvió a encontrarse con la mirada de Sasuke, la
cual le decía que él disfrutaba verla así, sin aliento por su causa.
— Debes irte —susurró antes de que otra cosa llegase a suceder, él asintió,
tomó el libro que había terminado en el suelo y ambos caminaron de regreso
hacia la estancia. Las tres féminas que ahí estaban dejaron escapar pequeños
jadeos de nuevo por la presencia de aquel hombre cuando los vieron aparecer,
Sasuke hizo un gesto con la cabeza a manera de despedida y luego salió por la
puerta.
Las cuatros mujeres que se quedaron dentro volvieron a respirar.
—Chicas, con la boca cerrada también se ve perfectamente a colores. —susurró
Sakura divertida por las expresiones de sus compañeras.
De inmediato, los comentarios en torno a Sasuke, su anatomía y lo que se les
ocurría hacer con él en más de un lugar, llenaron la estancia.
— Tranquilas, debo informarles que Sasuke no está disponible. —en realidad
Sakura no sabía si eso era cierto pero entonces una imagen llegó a su mente—
¿Recuerdan a Ino, la mujer rubia que fue a buscarme la otra vez a la editorial y
que puso a todos los hombres de cabeza? —todas asintieron— bueno, pues
viven juntos. —lo cual, técnicamente, no era mentira.
Un suspiro de desánimo colectivo llenó la habitación.
— Eso era obvio. —dijo una—. Hombres como ese siempre están con mujeres
como ella.
— Pues sinceramente, —comentó Sae fijando sus ojos color miel en la copa de
vino frente a ella a la vez que se acomodaba un mechón de cabello detrás de
una oreja—. A mi no me importaría ser la segunda con él, nunca he sido amante
de alguien pero si se trata de ese monumento, díganme donde firmo.
Todas rieron por el comentario, aunque rápidamente Sakura sintió una punzada
en el pecho.
"A ti tampoco te importa ser la segunda" le susurró esa extraña vocecilla interna
que emergió de pronto devolviéndola de golpe a la realidad. No sabía si eso era
cierto o no, porque…
No sabía absolutamente nada sobre Sasuke.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Dentro de una de las habitaciones en el apartamento continuo, Sasuke estaba
terminando de vestirse para hacer rondas cuando le pareció escuchar un sonido
extremadamente familiar proveniente del exterior, siendo más exactos,
acercándose sobre la avenida. Exhaló profundo y continuó preparándose hasta
que Ino se materializó a sus espaldas.
— Pensé que ya estarías listo.
— Dame un segundo.
— ¿Hiciste lo que te pedí? —Sasuke asintió.
— Le entregué tu libro y ella me dio uno para ti, está en la mesa de la sala.
— Ah, gracias —hizo una pausa— ¿Y bien? —Sasuke se volteó para mirarla.
— ¿Qué?
— ¡Cómo que qué! La primera chica ya pasó por el cambio hace una semana y
por lo que sé, otra más lo hizo anoche. Ya sabes que yo no puedo oler el aroma
del cambio en una mujer así que, ¿qué fue lo que lograste averiguar sobre
Sakura?
— Está muy cerca, aunque por lo que percibí, puede que tengamos algunos días
más, así que no te preocupes.
— Pues, yo mejor te diría que no te confíes, sabes que el cambio surge de
repente y hay que estar preparados. Creo que deberías hablar con ella cuanto
antes ¿no crees?
— Tal vez. "Claro, siempre y cuando sea capaz de hablarle en lugar de
llevármela a la cama como ya se ha estado haciendo costumbre" — Ino dejó
escapar un suspiro.
— Bueno, iré a alcanzar a Kiba y a Gaara. Van a hacer rondas a las afueras y
quedé de encontrarme con ellos en el río —Sasuke la miró sorprendido.
— ¿Irás con Gaara?
— Y con Kiba. —aclaró— ¿Por qué me miras así?
— No lo sé, pensé que tal vez, luego de lo que viste, tú…
— ¿No querría ver a Gaara ni en pintura? —rió tenuemente— Tal vez hubo un
momento en el que lo pensé pero…
— Kiba logró convencerte ¿no?
— ¿Cómo lo sabes?
— Porque hizo lo mismo conmigo cuando trajo a Gaara a la mansión y a la
cofradía. Ese hombre tuyo tiene un don para la persuasión que lograría
convencer al mismo diablo si quisiera —Ino rió al escucharlo.
— Claro, ¿por qué crees que terminé quedándome con él? —soltó un suspiro—
Bueno, me voy —dijo dándose la vuelta, entonces, cuando estuvo cerca de la
puerta, miró sobre su hombro—. Por cierto… —le arrojó un juego de llaves—.
No pude resistirme y saqué a tu bebé a dar un paseo, ya que lo has tenido muy
abandonado últimamente. Lo dejé cruzando la calle, no te importa ¿verdad?
Sasuke negó con la cabeza mirando las llaves en su mano.
— Espero que no le hayas quemado el embrague como hiciste con el tuyo.
— ¡Fue un pequeño detalle y ni tú ni Kiba han podido olvidarlo! —le reprochó
con una sonrisa— La culpa la tienen ustedes por darme un auto así.
— ¿Entonces no te gusta el BMW que te regalé? Tan sólo llevas un año con él,
si no mal recuerdo.
— No es eso, —aclaró acercándose a él— pero quiero algo que pueda correr, ya
sabes, Naruto tiene el Challenger, Shika el Audi –bueno, no es que a Shikamaru
le guste correr-, tú tienes el Porschey también está el Lamborghini de Neji, que
por cierto casi no usa y no me deja conducir. —aclaró haciendo un puchero.
"¿Por qué será?" se preguntó Sasuke sarcásticamente.
— Y, seamos sinceros, —continuó Ino— Ambos sabemos que me veo
estupenda en mi auto pero…
— ¿Quieres un Porsche? —preguntó Sasuke alzando una ceja—. Si es así,
tendrás que esperar hasta tu cumpleaños.
Ino sonrió.
— No te preocupes, puedo vivir con el 1 Series, además… puedo conducir el
tuyo siempre que quiera ¿no?
Sasuke asintió y antes de pudiera decirle otra cosa, Ino se desmaterializó.
— "Hay cosas que no cambian" —pensó recordando la adicción que Ino tenía
por la adrenalina gracias a convivir durante más de tres siglos con Naruto.
Hace trescientos años le habría pedido un caballo para cabalgar contra Naruto y
ahora era casi un Ferrari, aunque pensó que sólo era cuestión de tiempo antes
de que lo pidiera. Soltó un suspiro. Definitivamente, entre esos dos iban a
terminar volviéndolo loco en cualquier momento.
Verificó los cargadores de sus dos SIG, las dagas en su pecho y los cuchillos de
cazador en sus muslos, luego caminó a través de la habitación, dispuesto a
desmaterializarse hasta que recordó que su auto estaba aparcado en la acera
de enfrente; metió la mano al bolsillo de su abrigo para sacar las llaves y decidió
usarlo. Por alguna extraña razón se sentía de humor como para moverse en
auto en lugar de ser simples partículas en el viento.
Cuando atravesó el vestíbulo del edificio, abrió una de las puertas de cristal y
desde el primer peldaño de las escaleras hacia la calle, desactivó la alarma del
fantástico Porsche 911 Turbo color plata que se encontraba aparcado cruzando
la calle. Bajó los escalones y a mitad de la avenida no pudo contenerse y volteó
a ver hacia la ventana del apartamento de Sakura, haciendo que de inmediato lo
que había hecho con ella instantes antes, volviera a su mente y dejara correr el
deseo por sus venas.
Entonces recordó las palabras de Ino: "No te confíes, sabes que el cambio surge
de repente y hay que estar listos. Habla con ella cuanto antes".
Exhaló profundo, el tiempo se le estaba acabando, él lo sabía y también sabía
que no debía seguir malgastándolo. Dio la vuelta y siguió su camino hacia el
auto, metió la llave en la hendidura y entonces…
— Hay que reconocer que, a pesar de ser una mestiza humana, tu mujer es toda
una belleza.
Sasuke se puso tenso al escuchar aquella voz tan familiar detrás de él, no podía
ser posible y él lo sabía. Si, eso no podía ser y se trataba sólo de una mala
pasada que su mente cansada le estaba jugando.
— Pero debes saber que te estás metiendo en graves problemas, Sasuke. Es
una elegida —dijo esa voz con tal nitidez que le heló los huesos.
Indeciso y atónito, miró sobre su hombro a un hombre parado en medio de la
calle que lo miraba fijamente.
"No puede estar pasando. Relájate, Sasuke. Respira."
Agachó la mirada mientras inhalaba profundo buscando tranquilizarse, luego dio
la vuelta y vio que el hombre seguía ahí de pie. Definitivamente estaba
alucinando. El desconocido –que en realidad no lo era en absoluto- era un poco
más alto y un poco más fornido que él, pero reconocía esos ojos y ese cabello
negro, largo casi hasta los hombros, además de esa sonrisa que se formó en
sus labios cuando él lo miró.
Pero, no podía tratarse de él porque él estaba…
— ¿Qué sucede hermanito, nunca habías hablado con un muerto?
« Continuará… »
Capítulo 11
El cielo se encontraba parcialmente despejado dejando que el brillo de algunas
estrellas fuera visible entre las grisáceas nubes que viajaban llevadas por el
viento. La brisa que viajaba en esos momentos era bastante fresca, casi
llegando a lo frío, en señal de que el verano estaba llegando a su fin pero que
aún quedaban quizás algunos días antes de que el frío otoñal se instalara en la
ciudad.
El silencio que se formó en el lugar fue roto por el sonido de una lata siendo
arrastrada de un lado a otro, en algún lugar de una de las aceras a ambos lados
de la avenida.
— ¿En algún momento vas a dejar de verme así? —preguntó Itachi después de
un par de minutos en los que su hermano no dejaba de mirarlo completamente
sorprendido— Estás pálido.
— E-e… —Sasuke se aclaró la garganta— Esto no es posible. Tú no puedes
estar aquí porque tú estás…
— ¿Muerto? —respondió con una sonrisa irónica—. Tal vez, la realidad es que
nunca creí en el mito humano sobre los fantasmas pero… —se encogió de
hombros— ya ves. Al parecer es cierto.
Sasuke negó con la cabeza. Ese hombre que estaba ahí parado frente a él no
podía ser su hermano, él lo había visto morir hacía más de trescientos años, él…
había muerto para salvarlo. No podía creer que fuera cierto pero…
"No. Es una alucinación."
— Vamos, hermanito. Abre un poco la mente ¿quieres? —hizo una ligera pausa
—. Hablando de abrir la mente y de humanos, jamás pensé que escogerías a
una humana para emparejarte. No después de todos los peyorativos con los que
solías hablar sobre ellos —exhaló profundo— Como te dije antes, debes de
tener mucho cuidado, Sasuke. —la mirada de Itachi se hizo sombría— No
querrás enfrentarte a la diosa por una mujer ¿verdad?
— P-pero…
— Ah, por cierto… mamá te envía sus saludos —el menor de los Uchiha alzó la
cara para mirarlo con extrañeza. Así que esa mujer ya sabía de su "otra"
existencia— Necesitan aclarar las cosas.
Sasuke iba a comenzar con la serie de preguntas que se estaban arremolinando
en su mente pero cuando abrió la boca, su hermano –o el fantasma de él- se
esfumó, tal y como había aparecido, sin rastro alguno. Aún sin poder creer lo
que había sucedido, dio vuelta y se metió en el auto, cerró la puerta y aferró las
manos al volante intentando aclarar los nubarrones que habían hecho estragos
en su mente.
Definitivamente se estaba volviendo loco porque acababa de tener una
conversación con su hermano fallecido hacía trescientos años.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Días después…
Los últimos cinco días habían sido dignos del recuerdo y no solamente lo
pensaba por el espectacular sexo que había tenido con Sasuke sino porque
había podido conocer un poco más sobre él y además habían pasado el tiempo
haciendo otras cosas como salir a cenar, ver televisión o charlar en vez de estar
uno encima del otro, aunque había que reconocer que eso también había sido
muy entretenido.
Nunca pensó que ella se vería en aquella situación, teniendo un amante, pero
así había sucedido antes de que lograra darse cuenta. Lo cierto era que había
algo en Sasuke que lo hacía prácticamente irresistible, y no se refería solamente
al cuerpo de dios que poseía. Era algo en su personalidad, la seguridad con la
que se movía, el aura de confianza en sí mismo que incluso rayaba en el
egocentrismo y esa sensación de sentirse protegida y a salvo cuando él se
hallaba cerca.
Sakura soltó un suspiro.
No podía estar pensando que entre ellos dos podría estar desarrollándose algo
más allá del simple deseo carnal porque entonces eso significaría graves
problemas.
"¡Vamos Sakura! ¿Has dormido con él durante una semana y ya piensas en la
posibilidad de echar por la borda cuatro años de relación? Sí, no ha sido la
relación que habías esperado pero al menos te da estabilidad ¿no?"
Volvió a suspirar con cierto aire de frustración antes de regresar su atención al
ordenador. Entonces sonó su teléfono celular.
— ¿Hola? —dijo mientras seguía editando las imágenes en la computadora.
— Hola, cariño. Soy yo —la sangre de Sakura bajó de golpe hasta sus pies al
escuchar esa voz.
— Ho-hola, Sai. —se aclaró la garganta a la vez que se enderezaba sobre su
asiento—. ¿Cómo estás? ¿cómo va todo por allá?
— De maravilla, cielo. De hecho, te tengo una gran noticia. En estos momentos
estoy en el aeropuerto de Suna, regreso esta misma tarde.
Los ojos de Sakura se abrieron de par en par escuchando las palabras de Sai
como un eco en su mente. Él regresaba ese día…
"Bienvenida de vuelta al mundo real, Sakurita" susurró burlonamente esa voz
dentro de su cabeza.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Durante las noches siguientes, incluso cuando se encontraba en plena batalla,
Sasuke no había podido dejar de pensar en lo que había sucedido con la
alucinación en forma de Itachi. Y ahora, estando escuchando los informes de
cada uno de los miembros de la cofradía, sobre sus rondas de la noche anterior,
su mente no podía apartarse de aquel inusitado suceso y de las palabras que su
hermano, o su fantasma o lo que fuera esa cosa, había dicho sobre lo que
sucedía con Sakura.
"Debes saber que te estás metiendo en graves problemas, Sasuke. Es una
elegida" "Ten mucho cuidado. No querrás enfrentarte a la diosa por una mujer
¿verdad?"
Sabía que había llegado el momento en el que él debía tomar una decisión pero
antes, necesitaba toda la información que pudiera obtener. Así que, cuando la
reunión terminó, fue a la terraza para hablar a solas con Shikamaru, el único
vampiro que podía aclarar todas sus dudas.
— Puedo preguntar ¿cuál es la urgencia? —cuestionó, acercándose a Sasuke a
la vez que encendía un cigarrillo—. ¿Qué sucede?
— Necesito que me des toda la información acerca de las sacerdotisas. —el
castaño lo miró extrañado.
— ¿Disculpa?
— Quiero que me digas todo lo que sabes sobre el tema, desde lo básico hasta
lo que te resulte relevante.
— Puedes ir perfectamente a leer las crónicas en la biblioteca, precisamente
acabo de actualizarlas hace un par de días. —Sasuke lo miró con aire de
obviedad.
— ¿Para qué perder el tiempo si bien puedes decírmelo tú? —Shikamaru soltó
un bufido.
— ¡Qué fastidio! —se llevó el cigarrillo de nuevo a sus labios para inhalar una
gran bocanada—. No hay mucho que saber del tema, o al menos, no sé más de
lo que tú sabes y que es importante —dijo sacando muy tenuemente el humo
mientras hablaba—. Cada doscientos cincuenta años, Amaterasu elige a doce
mujeres de la raza para que sirvan en el otro lado, como asistentes del consejo,
en los rituales que hacen, como escribas que registran nuestra historia,
ayudantes del oráculo o de ella. La mayoría de sus familias son notificadas al
momento de su nacimiento porque la marca de la consagración aparece en el
hombro izquierdo de las elegidas pero, por lo que sé, se desvanece a las pocas
semanas y sólo se vuelve a hacer visible hasta que las mujeres se encuentran
en las vísperas del cambio.
— ¿Qué más? —Shikamaru encogió los hombros.
— Bueno, la realidad es que no sé más sobre el asunto —volvió a inhalar del
cigarro—. Después del cambio se hace la ceremonia que ya conoces, las chicas
pasan al otro lado y sólo pueden volver si Amaterasu o el Oráculo las relevan de
sus labores, aunque desconozco los motivos por los cuales puedan decidir eso.
Es todo lo que sé, ¿alguna duda?
Sasuke miró hacia el extenso bosque que se alzaba frente a ellos a través de la
barrera de genjutsu, mientras Shikamaru terminaba de fumar el cigarrillo.
— ¿Todas las sacerdotisas deben ser vírgenes?
— Eh, supongo. En teoría es así porque los vampiros no somos sexualmente
interesados hasta después de la transición, además, las mujeres de nuestra raza
sólo dejan de serlo con uno de nosotros. —dejó escapar el humo sin despegar
casi los labios—. En otras palabras, los humanos no cuentan.
"¡Maldición! Eso es exactamente lo que no quería escuchar".
— ¿Y qué hay si una sacerdotisa no lo es? —Shikamaru se quitó el cigarro de
los labios y lo miró casi con incredulidad.
— ¿Estás de broma? —al ver que la mirada de Sasuke decía que hablaba en
serio, volvió a encoger los hombros mientras respondía—: Supongo que eso es
prácticamente imposible porque el llamado está en ellas siempre y se hace más
fuerte cuando están por pasar la transición, lo que significa que son el doble de
desinteresadas en el sexo que alguien normal. —A Sasuke le extrañó su
respuesta pues Sakura no parecía estar tan desinteresada en ese asunto. No
después de lo que habían hecho en los últimos días—. Nunca he oído de una
sacerdotisa no virgen y tampoco sé de las consecuencias que existan para aquel
que haya cometido la estupidez de haber desflorado a una de las elegidas de
Amaterasu.
"Doble maldición…"
Shikamaru lo miró con detenimiento durante unos instantes y Sasuke supo, por
la expresión en su rostro, que estaba buscando algo oculto entre las preguntas
que le había hecho, y también sabía que tarde o temprano lograría dar con el
meollo del asunto. Nada se le escapaba al descendiente de la línea de sangre
del clan Nara, absolutamente nada.
El castaño estaba a punto de decir algo cuando Ino apareció tras ellos.
— ¡Aquí estás! —exclamó al ver a Sasuke—. ¿Listo para irnos? —el azabache
asintió y entonces ella miró a Shikamaru, que estaba encendiendo otro cigarro—
¡Así que sigues fumando eh! —acusó poniendo los puños apoyados en sus
caderas— Sabes lo que Temari piensa de eso.
Shikamaru sonrió inhalando profundo.
— Mi mujer no está aquí, Ino. —respondió sacando el humo frente a ella— Y no
lo sabrá a menos que tú se lo digas —la rubia movió la palma de su mano de un
lado a otro, frente a ella para deshacerse del humo.
— ¡Agh! Sabes que odio el aroma del tabaco turco. Tienes suerte de que los
vampiros no contraigamos cáncer —una sonrisa apareció en el rostro del
hombre y antes de que comenzaran a discutir, Sasuke los interrumpió.
— Ya vamonos, Ino —volteó a ver a Shikamaru— Gracias por la información,
puedes irte, tal vez aún alcances a Neji.
Shikamaru asintió y una vez que Ino y Sasuke se quedaron a solas, la mujer
dijo:
— ¿Listo para la tan esperada cena?
— Esperada, no es la palabra que yo utilizaría.
— ¡Vamos, no pongas esa cara! —respondió acercándose a él para acomodarle
el cuello de la camisa sobre la chaqueta—. Hoy le dirás a Sakura la verdad y
necesitas lucir calmado y sereno para que no crea que estamos locos y llame a
la policía.
Sasuke asintió y entonces ambos se desmaterializaron hacia el apartamento.
Esta pintaba para ser una gran noche.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sakura estaba frente la mesa del comedor en su apartamento, verificando los
últimos detalles para recibir a sus invitados, estaba terminando de acomodar los
cubiertos cuando el timbre sonó. Aún faltaban casi treinta minutos para la hora
acordada pero pensó que, tratándose de Ino y Sasuke, tal vez la puntualidad era
parte de ellos. Caminó hasta la puerta y cuando la abrió, no pudo evitar
sorprenderse.
— ¿Sa-Sai? —el hombre se acercó a ella y la abrazó con intensidad.
— ¡Hola cariño! ¡Dios, te eché tanto de menos! No podía esperar más tiempo
para verte de nuevo —Sakura seguía sin poder salir de su asombro.
— Eh… y-yo también. —se hizo a un lado para dejarlo pasar—. ¿Por qué no me
dijiste que vendrías? Digo, no es que no me alegre de verte pero…
Sai recorrió el lugar con la mirada y vio el arreglo en la mesa.
— ¿Vas a tener visitas?
— S-si, Ino y Sasuke, mis vecinos van a venir a cenar. Nada formal sólo… no te
preocupes, tú…
— ¿Quieres que te acompañe? —Sakura abrió los ojos de par en par.
— C-claro, si no estás muy cansado por tu vuelo.
— En absoluto. —respondió él con una sonrisa—. Sólo me daré una ducha
rápida, si no te importa. —Sakura negó con la cabeza y entonces Sai se acercó
a ella para besarla.
— No tienes ni idea de cuánto te extrañé — le susurró antes de tomar
nuevamente la maleta que había dejado en el piso y caminar hasta la habitación
dejándola completamente atónita.
Por primera vez en su vida y en sus cuatro años de relación, no estaba del todo
segura que fuera una buena idea que Sai estuviera en su apartamento.
Minutos después, Ino y Sasuke tocaron el timbre del apartamento de Sakura
esperando que fuera ella quien les abriera pero se sorprendieron al ver a Sai. La
mirada de Sasuke se tornó sombría cuando vio el cabello mojado del humano y
percibió su olor flotando por todo el apartamento.
Eso significaba que se había duchado ahí.
— Hola, pasen —dijo haciéndose a un lado— Soy Sai, el novio de Sakura
— Mucho gusto, soy Ino —dijo la rubia estrechando su mano—. Y él es mi
primo, Sasuke.
Sai extendió su mano hacia él y cuando Sasuke la estrechó con fuerza, una
corriente cruzó ambas pieles. Ninguno confiaba en el otro y la razón apareció
justo a través de la puerta de la cocina.
Sakura salió para recibir a sus visitas, encontrándose con Sai y Sasuke
estrechando sus manos en un gesto en absoluto cordial, sino más bien, parecía
que intentaban ver quien era capaz de romperle más falanges al otro y casi pudo
jurar que un aura oscura los estaba rodeando.
"Tu prometido y tu amante, juntos compartiendo la mesa –claro, además de la
mujer-. Esto va a ser muy interesante, mi querida Sakura. Extremadamente
interesante…"
Decidió ignorar a esa voz burlona en su cabeza y regresar a la realidad.
— ¡Hola!, adelante. La cena está lista —dijo con una sonrisa aunque por dentro
sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.
Luego de que todos tomaran asiento en la pequeña mesa del comedor, detrás
del sofá, Sakura se dirigió de vuelta a la cocina e instantes después, la cena
estuvo servida para cuatro personas. El resto de la velada pareció ir con toda la
normalidad posible mientras que el apartamento se veía envuelto en una tensa
calma que no pasaba desapercibida para nadie aunque, afortunadamente, Ino
estaba ahí para poder hacerla más amena con su charla.
Quien parecía como si tuviera algo clavado entre las piernas, era Sasuke.
Había soportado la cena, con los gestos estúpidos que el humano tenía para con
Sakura, como limpiarla con su servilleta pero ahora, mientras comían el postre y
veía como él la alimentaba de su plato, sentía que algo lo estaba aprisionando
cortándole el riego sanguíneo a la parte racional de su cerebro. Cruzó los brazos
sobre su pecho y hundió las uñas en sus bíceps intentando controlar las
enormes ganas que tenía de hacer la mesa a un lado, tomar al humano por el
cuello y apretarlo hasta que ya no se moviera.
No podía evitarlo. Ese fuego que corría por sus venas estaba abrasando todo lo
que había en su interior llevándolo al límite de su control.
El azabache no dejaba de mirar a Sakura y a Sai de manera tan fría que de
nuevo, la temperatura de la habitación bajó por su causa. Ino se percató de
inmediato y volteó a verlo pero él seguía con la mirada fija en la pareja que tenía
en frente. Ella pensó que había imaginado las cosas pero entonces la
temperatura bajó aún más y notó lo tensos que estaban los músculos de la
quijada de Sasuke haciendo que su carótida resaltara bajo su blanca piel.
"No puede ser posible" se dijo a sí misma. "Vamos Sasuke, ¿qué sucede?". El
frío se hizo más intenso y entonces Sai y Sakura lo notaron. "Esto no puede
estar pasando". Ino respiró profundo cerrando los ojos mientras intentaba
establecer contacto con Kiba, no era telepatía como tal sino más bien, una
extensión de la conexión que había entre ellos gracias a su emparejamiento y a
la constante alimentación del otro. Era lo único que se le ocurría porque
necesitaba hacer algo antes de que las cosas se pusieran realmente feas.
— ¿Ocurre algo, Ino? —preguntó Sakura cuando la vio con los ojos cerrados y
el ceño fruncido. De inmediato la rubia abrió los ojos y sonrió.
— No, nada. Es sólo que… —su teléfono celular comenzó a sonar, ella se puso
de pie y se alejó un poco para contestar y suspirar aliviada viendo que se trataba
de Kiba—. ¿Hola?
— Cielo, soy yo. ¿Estás bien?
— Eh, si. Muy bien ¿y tú?
— ¿Qué ocurre?
— ¡Oh, lo siento! Pensé que lo había hecho —rió nerviosa—. Últimamente siento
que las cosas se me están saliendo de control y creo que podría ocurrir un
desastre si no estoy atenta.
— ¿Estás bien? —preguntó Kiba al no comprender de qué estaba hablando su
mujer.
— De acuerdo, te veré en un rato. Perdón por la molestia. —el hombre al otro
lado del teléfono exhaló resignado.
— Tendrás que explicarme qué ocurre cuando estemos en casa. Te amo.
— Claro. Adiós. —de nuevo volvió a suspirar y regresó a la mesa.
— ¿Estás bien? —cuestionó Sakura.
— Eh, si. Lo lamento pero debo irme. Surgió un problema en la agencia y
necesitan que vaya. —respondió acercándose a Sasuke para apretarle el
hombro con tanta fuerza que si hubiese sido humano, le habría roto la clavícula
—. ¿Sasuke, me acompañas?
El hombre asintió mientras se ponía en pie casi a regañadientes, aunque sabía
que era eso o asesinar al humano frente a Sakura. En realidad, en esos
momentos, no sabía cual sería la mejor opción, pero de lo que estaba
completamente seguro era sobre cual le haría sentir mucho mejor.
Sakura asintió a la vez que se ponía de pie para acompañarlos hasta la salida.
— Muchas gracias por todo, Sakura —dijo Ino una vez que atravesó la puerta—.
Ha sido una magnífica cena.
— No tienes por qué agradecer. Me alegra que les haya gustado —alzó la
mirada y se encontró con el rostro impasible de Sasuke y su mirada tan fría que
a ella le pareció que lograba atravesarla. Ino volvió a darse cuenta y jaló a
Sasuke de un brazo.
— Bueno, nos vemos. Te llamaré luego. —Sakura asintió y entonces Ino y
Sasuke comenzaron a caminar hacia su apartamento. Una vez que escucharon
la puerta cerrarse, se detuvieron—. Oye, Sasuke…
No pudo terminar porque en ese momento el hombre se desmaterializó lejos de
ahí.
Ino se quedó de pie, mirando el lugar donde antes había estado Sasuke y
entonces su olfato percibió rastros de algo que la dejó atónita. "Aroma de
vinculación" pensó al oler aquel vestigio de aroma masculino y oscuro que era
común entre los hombres de su especie cuando se encontraban estrechamente
relacionados con una mujer a la que tomarían por compañera. Nunca había olido
uno que no perteneciera a Kiba pero, sabía reconocerlo. Este era de Sasuke, lo
que significaba que él había…
"¿Qué hiciste, Sasuke?"
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Naruto se encontraba siguiendo a un escuadrón de akatsukis en el centro. Los
cazadores habían sentido su presencia y ahora lo estaban guiando a través de
varias calles hasta que se encontraron con un callejón solitario.
El guerrero dio un par de pasos hacia el interior del callejón mientras que los
cazadores adoptaban sus posiciones de lucha. Aunque ninguno hizo movimiento
alguno, lo cual comenzó a impacientar al hokage.
— Bueno, señoritas. ¿Quién de ustedes quiere bailar primero? —dijo esbozando
una media sonrisa divertida y tanteando con sus dedos la GLOCK que traía en la
cadera— De acuerdo, yo elegiré.
En un segundo, desenfundó el arma y comenzó a disparar logrando dejar,
parcialmente, fuera de combate a dos de los tres cazadores. El último consiguió
esquivarlo y luego se arrojó contra él.
Mala idea.
Naruto dejó que parte del chakra del kyubi corriera por su cuerpo y eso aumentó
su velocidad, permitiéndole adelantarse por mucho a los movimientos del
cazador, que intentaba atacarlo con un par de dagas. No pudo asestar ni un solo
golpe y entonces recibió un puñetazo directo en la quijada que lo sacó balance.
— Vamos, linda. Debes de tener algo más. No me hagas perder mi tiempo —
incitó el rubio sonriendo.
Los ojos del akatsuki se desorbitaron por la furia que sintió al ver que Naruto se
burlaba de él, así que aumentó su chakra y las marcas de maldición se regaron
por todo su cuerpo, alterando su apariencia hasta casi transformarlo por
completo.
— ¡Uy!, no tienes buen aspecto. Así no conseguirás novia nunca —volvió a
burlarse Naruto y entonces la batalla se reinició.
Las cosas no parecían cambiar y Naruto sabía perfectamente por qué; ese
cazador era un novato. Sí, podía llevar el sello de maldición casi a su segunda
fase pero, dada su inexperiencia, no podía manejar esa cantidad de chakra así
que en lugar de mejorar, sus movimientos se estaban haciendo cada vez más
torpes, lo que aprovechó para finiquitar el asunto.
De un salto pasó sobre la cabeza del akatsuki y antes de que pudiera darse
cuenta, lo aferró por el cuello y lo apuñaló con una de sus dagas directamente
en el corazón. Dejó caer el cuerpo al piso mientras se desintegraba hasta ser
solamente una mancha aceitosa y luego fue hacia los otros dos cazadores. Uno
tenía un tiro directamente en la garganta por el que se estaba desangrando y
que atravesaba su médula espinal impidiéndole moverse mientras que el otro
cazador tenía dos directos en el pecho y uno más entre las cejas. Naruto decidió
ponerle fin a sus agonías, si es que eso era posible, y los apuñaló al mismo
tiempo.
Poniéndose de pie, metió una mano al bolsillo de su pantalón para sacar el
móvil; una extraña sensación lo invadió y se movió un paso. Entonces Sasuke
apareció frente a él.
— Ten cuidado, hay… —el azabache caminó en su dirección y pisó lo que antes
había sido un cazador.
— ¡Agh!
—… restos de cazador —completó con despreocupación—. Como sea, ¿qué tal
va tu noche?
— Hecha una mierda ¿y la tuya?
— Entretenida —respondió con una tenue sonrisa—. Justo iba a llamar a Shika
para pedirle una nueva localización, ya que el muy holgazán solo se está
dedicando a patrullar el centro, ¿quieres unirte a la diversión?
— A eso vine.
— ¿Puedo preguntar qué te sucede? —cuestionó mientras presionaba una tecla
de marcación automática y luego esperaba.
— Hmp. Nada. ¿Qué te hace pensar que pasa algo?
— Porque… —entonces escuchó que respondían por el teléfono—. Ah, Shika.
He terminado, ¿qué tienes para mí ahora, primor? —dijo burlonamente.
Naruto hizo una mueca y apartó un poco el teléfono mientras Shikamaru sacaba
todo su repertorio de palabrotas y maldiciones para él, lo cual logró sacar una
media sonrisa del rostro de Sasuke.
— Ajá, sip. Ok, lo tengo. Gracias cariño, por eso te amo. —cerró el teléfono
antes de que pudieran responderle.
— Un día Shikamaru te va a arrancar cierta parte de tu cuerpo que te juro que
vas a extrañar y yo no voy a mover un solo dedo para impedirlo porque va a ser
algo muy divertido.
— Claro que no. En el fondo a él le encanta y más ahora que su mujer no anda
por aquí —inhaló profundo— como dicen los Rolling Stones, "todo lo que
necesitas es un poco de amor" ¿no?
Sasuke sonrió por el comentario.
— Esa frase no es de los Rolling Stones, es de Los Beatles, idiota. —Naruto rió
nervioso llevándose una mano a la nuca.
— Bueno, entendiste la idea. Ahora, dijo que hay un par de escuadrones
moviéndose por la quinta hacia el este ¿vienes?
— Por supuesto.
Entonces ambos se desmaterializaron.
Sasuke esperaba que eso diera para un buen rato porque necesitaba descargar
todo lo que había estado acumulando desde hacía algunas horas. Necesitaba
luchar para aclarar su mente y poder pensar fríamente lo que iba a suceder
desde ese momento en adelante con él y con… Sakura.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Las horas siguieron su curso y había sido una noche sumamente productiva,
una de las mejores en la última década pero aún así, los miembros de la
cofradía sabían que no debían confiarse. A pesar de lograr ganar terreno, la
balanza en esa lucha se había mantenido en un tenso equilibrio, y mientras no
encontraran a Orochimaru, él podía seguir juntando seguidores y si alguno de
los hokages llegara a faltar, las cosas se inclinarían drásticamente en su contra.
El último escuadrón había sido también de vampiros recién convertidos en
cazadores, así que no representó ningún reto para Naruto o Sasuke, siendo el
azabache el encargado de acabar con ellos.
Una vez que terminó la batalla, Naruto soltó un alarido de júbilo.
— ¡Oye, eso ha sido fantástico! —exclamó acercándose a su amigo que estaba
de espaldas a él, limpiando la sangre bruna de sus dagas—. Cuatro minutos y
medio para acabar con cuatro novatos —soltó un silbido decreciente— Debo
decir que me has dejado sor-pren-di-do.
Sasuke se giró para mirarlo y entonces Naruto lo vio molesto.
— Hiciste trampa.
— ¿Disculpa?
— ¡Que hiciste trampa!—Sasuke frunció el entrecejo— Sabes que eso no es
justo porque te da más ventaja.
— Yo no hice trampa, tonto. No sé de qué estás hablando.
— Uchiha no intentes verme la cara, sabes que no puedes usar el Sharingan.
— ¿De que demonios estás hablando? Yo no… —en ese momento se percató
de que estaba viendo el aura azul alrededor de Naruto, que indicaba sus niveles
de chakra.
¿Cómo había activado el sharingan sin darse cuenta? Siempre había sabido
controlarlo pero… ¿y si estaba por suceder…?
— Oye, Sasuke. ¿Me escuchas? —dijo Naruto chasqueando los dedos frente a
él.
— ¿Qué?
— ¿En verdad no te diste cuenta cuando activaste el Sharingan?
— No, es solo que… me dejé llevar, es todo —Naruto lo miró durante un
segundo, sabedor de cuando el Uchiha mentía pero no quiso indagar más.
— Bueno, —se encogió de hombros— de cualquier manera, hiciste trampa así
que el récord sigue siendo mío. Le llamaré a Shika para que nos de más trabajo.
Sasuke esbozó una media sonrisa.
— Claro, y tú sí puedes tener una fuente ilimitada de chakra incluida y usarla a
placer ¿no?
Naruto estaba a punto de replicar pero entonces un asunto vino a su mente,
haciendo cambiar la expresión de su rostro.
— ¿Se puede saber qué te pasa ahora? ¿No ibas a llamar a Shikamaru para…?
—se detuvo al darse cuenta del semblante de su amigo— ¿Qué sucede,
Naruto?
— Necesito pedirte un favor, Sasuke.
— ¿Qué te pasa?
— Lo que sucede es que… he tenido un par de problemitas con esto —dijo
dando pequeños golpes en su pecho.
— ¿Qué clase de "problemitas"?
— Eh… pues… —las palabras dejaron de salir de sus labios para convertirse en
simples balbuceos que estaban exasperando a Sasuke.
— Naruto, habla de una buena vez o tendré que sacarte las palabras a punta de
puñetazos. ¿Qué ha sucedido con el kyubi?
— Bueno, verás… sabes que Hinata y yo…
— Van a emparejarse —completó Sasuke mientras ponía a prueba su paciencia
con los rodeos de Naruto— ¿Y? seré tu testigo si es lo que quieres.
— Me encantaría, pero… no es eso.
— ¿Entonces?
— Pues es que no podemos emparejarnos porque aún no hemos… —apartó la
mirada, encogiendo los hombros esperando que Sasuke entendiera.
— ¿No has tenido sexo con ella? —cuestionó alzando una ceja, incrédulo—
¿Tú, Naruto Uzumaki, el "todas las mujeres mueren por mí, incluyendo a tu
mamá" aún no has podido cumplirle a la doctora? —rió entre dientes— Por
favor, dime quién eres tú y que has hecho con mi amigo.
— Es en serio Sasuke —respondió con severidad. De inmediato, el azabache
recuperó la compostura.
— ¿Por qué?
— Estuvimos a punto de concluir una vez pero…
— ¿Pero qué? —Naruto guardó silencio intentando buscar las palabras
adecuadas antes de responder.
— Nos llegaron visitas inesperadas.
— Te refieres a… —el rubio asintió— Pero, ¿cómo? ¿tú…?
— No lo sé, estaba muy concentrado en Hinata y pues el kyubi se aprovechó de
que había bajado la guardia, para salir y…
— ¿La lastimaste?
— ¡No, no, no! —dijo rápidamente— Pude detenerme a tiempo pero desde
entonces no lo hemos intentado porque tengo miedo de hacerle daño.
Sasuke guardó silencio durante unos instantes valorando la información. El
hecho de que Naruto estuviera perdiendo su control sobre el zorro de las nueve
colas podría significar un gran riesgo, uno enorme.
— ¿Y te ha sucedido nuevamente?
— Nop. De hecho ese es el asunto, sólo me sucedió estando con Hinata —
inhaló profundo— Por eso quiero pedirte ayuda. ¿Recuerdas que tu padre una
vez dijo que el Sharingan podría controlar al kyubi?
— Naruto, no puedo hacerlo. Ya lo sabes. Lo intentamos durante más de cien
años pero no funcionó, no sé como utilizar el Sharingan para reprimir el chakra
del kyubi sin casi matarte.
— ¡Por favor, Sasuke! Necesitamos intentarlo, si no nunca podré estar con
Hinata de verdad —el Uchiha lo miraba casi con agobio. Realmente quería
ayudar a Naruto, quería que fuera feliz pero… intentar lo que habían hecho un
par de siglos atrás era poner demasiado en juego.
— Naruto, yo… —en ese momento sonó el móvil del ojiazul.
— ¿Hola? Ah, Kiba. Si, él está aquí también. Si, ya terminamos ¿Qué tal van
ustedes? Entiendo. Si, ¿por qué no? Ok, ahí los vemos. —terminó la llamada y
miró su reloj—. Ya son tres con cuarenta y cinco, ¿quieres ir a X-tasis por un
trago antes de que acabe la noche? Kiba y los demás nos esperan allá.
Sasuke negó con la cabeza.
— Esta vez no. Te veré en casa.
— ¿A dónde vas?
— Tengo que arreglar unas cuantas cosas. Sobre tu asunto, lo discutiremos
después.
Sasuke se desmaterializó dejando a Naruto con la expectativa de tal vez obtener
su ayuda, mientras observaba las manchas aceitosas que habían dejando los
tres cazadores.
Instantes después, él también se desmaterializó.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Dejó el libro que sostenía entre sus manos y miró a través de la ventana.
La noche estaba llegando a su fin y ella no había podido dormir porque cada vez
que cerraba los ojos veía la mirada que Sasuke le había dirigido cuando se fue
después de la cena. Eso y el hecho de que Sai estaba dormido en su cama.
"La misma cama donde lo engañaste con otro" le susurró la voz dentro de su
cabeza.
Llevó los dedos hacia su cabello y apretó varios mechones rosados, con fuerza.
¿Cómo podía estarle sucediendo eso? Hubo veces en las que había deseado
tener emociones en su vida pero nunca se imaginó que serían "esa" clase de
emociones. Durante la cena se había sentido a punto de desfallecer por la
tensión que había en el ambiente, sólo quería que la tierra se abriera y se la
tragara o que un rayo le cayera encima. Sólo quería… desaparecer.
Cerró los ojos intentando llevar a su mente a algún lugar donde pudiera alcanzar
la tranquilidad y así poder pensar claramente las cosas, cuando escuchó un par
de golpes leves sobre la puerta. De inmediato se irguió pensando que había sido
una alucinación pero entonces volvieron a tocar. Se levantó del sofá y caminó
hacia la puerta mientras cerraba el albornoz sobre su camisón. Miró por la mirilla
y no pudo evitar sentir un escalofrío al ver a Sasuke. Inhaló profundo y abrió la
puerta.
— Sasuke, ¿qué haces aqu…?
Antes de que pudiera parpadear, Sasuke la tomó por los hombros y la recargó
en la columna que había cerca de la cocina. Ambos se quedaron mirándose
fijamente, sintiendo como el calor subía entre sus cuerpos por el simple hecho
de estar tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.
Sasuke olió el deseo de Sakura y eso hizo arder el suyo pero, también olió a Sai
en la otra habitación y eso lo enfureció aún más aunque… teniendo a esa mujer
tan cerca, podía ser capaz de tomarla ahí mismo sin importarle nada. Ella lo
estaba mirando expectante y sin poder evitarlo, inclinó su rostro hasta el cuello
de Sakura y lo recorrió con los labios sintiendo cómo se estremecía entre sus
brazos y sabía, estaba completamente seguro, de que eso, el humano no era
capaz de hacerlo, y nunca lo haría.
La simple visión del humano en su cama lo irritó y detuvo el contacto, volviendo
a mirar a Sakura a los ojos.
— Debemos hablar. —dijo apartándose de ella.
— ¿Q-qué sucede?
— Yo… —caminó de un lado a otro, pasando su mano a través de su cabello y
finalmente, se acercó a Sakura, la tomó por la nuca y la besó con intensidad,
sintiendo que ella se aferraba a las solapas de su abrigo para intentar
corresponderle de igual manera—. Ya no voy a seguir con esto —susurró
separando sus labios.
— ¿Qué? —preguntó extrañada al ver que él se alejaba un poco.
— No seguiré con esto a menos de que te tenga por completo. —Ni siquiera él
mismo sabía lo que quería decir con eso. Lo único que sabía era que no iba a
soportar que ese mísero humano le pusiera las manos encima o besara sus
labios. Porque ella era…
"Mía…" volvió a escuchar como un eco dentro de su cabeza.
— Y-yo… —desvió la mirada intentado pensar con claridad pero no podía
debido a lo repentino y a todo lo que aquello implicaba— ¿p-por qué cuando…?
—inhaló profundo— ¡Tú me dijiste que no te importaba que yo estuviera
comprometida! ¡Tú…! ¿Qué te hizo cambiar de opinión? ¡¿por qué ahora?
— Por qué yo…
— ¿Tú qué…? —preguntó sobresaltada, no necesitaba más confusión en su
vida y Sasuke venía en plan de eso.
— Porque nunca he sido un hombre de medias pintas y no voy a serlo por ti,
Sakura.
— Yo… no sé, ¿tú me…? En realidad yo no… —No podía ser que estuviera
sucediendo eso. Habían estado bien, con las horas de sexo y los pequeños
momentos de convivencia y ahora él… ¿por qué tenía que venir a arruinarlo
todo?
Un par de minutos transcurrieron en el más incómodo de los silencios que
ninguno de los dos parecía dispuesto a romper.
— Entiendo. —dijo fríamente al no recibir la respuesta que quería—. Entonces
esto se acabó. Sé que te dije que no me alejaría a menos de que tú lo desearas
pero no puedo, no a menos de que elijas ser mía por completo.
No hubo nada más que silencio después de eso. Sakura no lograba entender lo
que había sucedido y cuando volteó a verlo, él ya había desaparecido.
Entonces, la voz dentro de ella susurró…
"Pero, si soy tuya…"
Lamentablemente, su lado racional la reprimió tanto que no supo si lo había
pensado de verdad.
Al encontrarse de nuevo sola en el lugar, caminó hacia la puerta, miró hacia el
corredor durante un instante y la cerró, luego volvió a sentarse en el sofá
sintiendo repentinamente que el mundo se cerraba cada vez más a su alrededor,
impidiéndole poco a poco seguir respirando. Una presión en su pecho empezó a
sofocarla cuando su cerebro inició el proceso de cada palabra de Sasuke
¿acaso él le había dado a entender que sentía algo más por ella?
Eso la llevó a preguntarse… ¿ella sentía algo más por él?
Había habido tantas veces en las que ella había querido alejarse de él, de todo
lo que él le hacía sentir pero él siempre estuvo ahí y ahora cuando finalmente se
había rendido, él simplemente la había dejado. Teniendo la última palabra, él…
se había ido. Siempre supo que todo era cuestión de tiempo, sólo que no
imaginó qué tanto duraría.
Durante unos cuantos minutos más se quedó sentada, en medio de la oscuridad,
intentando convencerse de que había sido lo mejor, que el destino había
intervenido para hacerle ver el camino por el que debía seguir, y ese era junto al
hombre que dormía en esos momentos en su cama y no con el que había tenido
una aventura pasajera. Después de todo, ¿quién en su sano juicio iba a
sacrificar cuatro años de relación por sólo unos cuantos días de lujuria
desenfrenada? Porque había sido sólo eso: lujuria.
Se puso de pie y caminó hasta el baño donde se mojó la cara para poder
despejar su mente antes de volver a la cama con Sai. Vio su reflejo en el espejo
y notó que estaba cada vez más ojerosa y pálida. La cereza en el pastel de
desastres en su vida.
Fue entonces cuando recordó las palabras de Sasuke y la duda la asaltó de
golpe…
"Sé que prometí que no me iría a menos de que tú lo desearas…"
Un escalofrío recorrió su cuerpo, apoyó ambas manos en el lavabo para
mantenerse en pie mientras intentaba encontrarle lógica a lo que estaba
pensando.
"¿Acaso no había soñado eso?"
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
La reunión estaba a punto de ser terminada y Sasuke no había prestado
atención a nada durante las casi dos horas que duró. Una sola cosa, o mejor
dicho, una sola persona ocupaba sus pensamientos: Sakura. No podía dejar de
pensar en esos ojos verdes mirándolo fijamente, la sonrisa que siempre le
dedicaba cuando habían compartido la cena, o de cada parte de su cuerpo que
se había tomado el tiempo para conocer a detalle. ¡Demonios! Esa mujer lo
había hechizado y ahora no podía quitársela de la cabeza.
Finalmente dio por concluida la rendición de informes sobre las rondas y todos
abandonaron el estudio, con excepción de él e Ino, quien permaneció de pie
frente al escritorio.
— Debemos hablar.
— Ahora no, Ino. —respondió sin despegar la vista de la ventana que estaba a
sus espaldas. La ojiazul rodeó el escritorio y se paró frente a él.
— Ahora sí, Sasuke. —dijo dispuesta a aclarar todo de una vez por todas—.
¿Puedo preguntar qué diablos fue todo eso que sucedió en la cena?
— Nada, Ino —respondió con apatía. Eso sacó a la rubia aún más de sus
cabales.
— ¡¿Qué no fue nada? ¡Estuviste a punto de arrancarle el corazón a ese
humano! ¿qué es lo que te sucede?
Sasuke no sabía que decir, sólo quería salir de ahí, ir a su habitación, poner el
seguro de la puerta y olvidarse de todo, incluyendo el fuego que estaba
calcinando todo lo que había en su interior.
— Te hice una pregunta, —aunque en realidad ya sabía las respuestas. Sólo
quería una frase que confirmara sus sospechas—. ¿Qué es lo que te sucede?
¿por qué…?
— ¡Ya te dije que no sucede nada, Ino! — gritó poniéndose de pie, desesperado
por la situación— ¿no entiendes?
La paciencia de Ino se agotó.
— ¡No intentes verme la cara de idiota, Sasuke! ¡Pude oler tu aroma de
vinculación! —exclamó furiosa.
— Ino, escucha —pidió al recordar ese pequeño detalle— no es lo que… —la
mano de la rubia cruzó su rostro en una bofetada.
Sasuke sólo ladeó el rostro, y cuando volvió a mirarla, se percató del fuego que
salía a través de esos ojos celestes, su frágil cuerpo temblaba levemente ante la
ola de rabia que sentía hacia él y sin embargo, ninguna de las delicadas
facciones de su rostro se veía afectada más que por la tensión de sus músculos.
— ¿Cómo pudiste? Tú… ¡te acostaste con ella! —presionó el nudillo de su
índice contra sus labios intentando evaluar la situación. Volvió a clavar su mirada
en la de él y entonces pudo ver la realidad de lo que sucedía— No ha sido sólo
una vez ¿verdad? ¡Responde! ¿desde cuando te has estado acostando con
Sakura?
— Ino…
— ¿Acaso no sabes lo que significa? —comenzó a caminar de un lado a otro de
la habitación, frente a Sasuke incapaz de mantenerse en un solo sitio— ¡Por
supuesto que lo sabes! ¿Cómo pudiste hacerle algo así a Sakura? ¿Estás
consciente de que ya no podrá ser una sacerdotisa después de esto? ¡Le
arruinaste la vida!
No podía dejar de pasearse, pensando en todo. Las cosas no podían estar
pasando, no así.
— ¿Qué harás ahora, Sasuke?
— Nada.
— ¿Qué? —musitó atónita.
— Dije que no haré nada. El asunto con Sakura se acabó.
— ¿Qu-qu…? ¿Cómo puedes decir eso después de lo que has hecho? —
cuestionó indignada—Jamás creí que no te importara algo como esto cuando
fuiste TÚ —lo señaló con el índice— quien cambió el destino de Sakura. ¡Si tan
sólo querías placer hubieras escogido a una prostituta, Sasuke! ¿Qué demonios
sucede contigo?
— ¡Ya es suficiente! —gritó fastidiado— ¡Sólo la ayudaré a que sobreviva la
transición y después, si no puede hacerse sacerdotisa, conseguiré a un hombre
que se haga cargo de ella, ¿contenta? ¡Ahora te agradecería que dejaras de
meterte en mi vida por una sola maldita vez! ¡Recuerda quien es quien te ha
ayudado siempre, a quien le debes el favor más grande y a quien te estás
dirigiendo, Ino!
Eso fue un golpe bajo y él lo supo al instante de terminar de decirlo. Ese favor
del que habló en definitiva había sido uno muy grande pero a la vez no lo había
sido del todo porque Ino había sacrificado mucho por ello. Pudo notar la
expresión llena de dolor de ella y deseó que un rayo lo matara ahí mismo.
— Ino, yo…
— No digas nada —pidió la chica apartando la mirada para que él no viera que
las lágrimas estaban apareciendo— Tienes toda la razón, olvidé que eres el rey,
puedes hacer lo que se te antoje y yo no tengo ningún derecho a juzgar ninguna
de tus acciones. Así que me disculpo por mi insolencia —hizo una reverencia—
Lo lamento, mi señor.
Sasuke intentó hablar pero antes de conseguirlo, Ino salió corriendo de la
habitación y, cuando vio la puerta cerrarse, él estuvo a punto de partir el
escritorio de roble en dos
Capítulo 12
Los rayos del sol le estaban dando de lleno en el rostro y la luz comenzó a
molestarle. Al darse cuenta de eso, Sakura despertó y se sentó de golpe sobre
la cama, miró el reloj despertador y vio que era casi mediodía. ¿Cómo había
podido dormir tan profundamente que no escuchó la alarma? Soltó un bufido de
hastío, llegar tarde al trabajo era lo único que le faltaba para continuar con los
desastres en su vida. Inhaló profundo, luego vio a su alrededor y se dio cuenta
de que se hallaba sola en la habitación; salió de la cama y encontró una nota en
el espejo que decía:
"Buenos días, amor. Perdón por irme sin despedirme de ti pero tengo una junta
muy importante a la que no puedo faltar ¿nos vemos para comer? Llámame al
celular para ponernos de acuerdo. Te amo. Sai."
Sakura dejó la nota sobre el tocador, frotó sus ojos con intensidad al darse
cuenta de lo mucho que le dolía la cabeza y cerró las persianas de las puertas
que daban al balcón. Luego de lo ocurrido la noche anterior, lo único que quería
era poder, aunque fuera por un instante en el día, dejar de pensar en su
prometido y en su aman… En ese momento, recordó a Sasuke y lo que había
sucedido en la madrugada.
Habían terminado.
Si es que se podría usar ese término para cuando una aventura llegaba a su fin.
Sonrió sarcástica mientras se daba cuenta de que en realidad no debería
sentirse así, con esa extraña sensación de vacío interno que la azoró al recordar
todas y cada una de las palabras de Sasuke. No podía explicarse la razón por la
que sentía como si su pecho se estuviese comprimiendo de manera casi
dolorosa… ¿por qué?
Había sido sólo lujuria. Lo sucedido entre Sasuke y ella había sido simple y llana
lujuria causada porque él había entrado de improviso en su vida, su patética vida
mientras ella se hallaba en la encrucijada más grande porque estaba estancada
en un punto en el que nada de lo que hacía parecía tener relevancia, él apareció
y le dio el respiro que tanto necesitaba, solo eso.
Si, debía de ser eso. Tenía que convencerse de que había sido solamente eso
porque… no podía haberse enamorado de él ¿verdad?
En definitiva ya estaba desvariando en cosas que no debían tener importancia.
Necesitaba aclarar sus ideas, así que caminó hacia el baño dispuesta a darse
una ducha pero cuando estaba a punto de abrir el grifo, todo a su alrededor
comenzó a darle vueltas, sus piernas le temblaron sin control, vio la habitación
inclinarse hasta quedar completamente en posición horizontal, sintió una fuerte
punzada en la frente y luego, todo se volvió oscuridad.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Sasuke continuaba encerrado en su estudio, viendo las llamas de la chimenea
danzar frente a él, sin verlas en realidad, pensando en todo lo que había
sucedido la noche anterior, en la cena, la activación desapercibida del
sharingan, la discusión con Sakura y… en su pelea con Ino.
¡Maldición! No solía meter la pata con mucha frecuencia pero cuando lo hacía, la
metía y hasta el fondo.
Bebió de golpe todo el vodka que había en su vaso. Jamás había sido su
intención lastimar a Ino de esa manera. Él mejor que nadie sabía lo que era ser
perseguido por tu pasado sin piedad alguna, sentir como todo lo que hiciste o
dejaste de hacer tiene repercusión en tu futuro alterando la realidad que
esperabas vivir. Nunca debió haber dicho nada como aquello pero… -agitó sus
cabellos con fuerza- cuando se trataba de lo concerniente a Sakura, todo en él
se descontrolaba, y más, si se trataba de lo ocurrido durante aquella cena.
Aún así, nada justificaba lo que le había dicho a Ino ni tampoco, lo mucho que la
había lastimado con sus palabras.
Sakura.
Todo en lo que podía pensar era en esa humana que se había metido en su
cabeza sin que él se diera cuenta. Nunca antes una mujer le había afectado de
ese modo, atrapándolo durante cada instante de vigilia, atormentándolo con la
simple idea de su presencia. Pasaba sus noches rodando cerca de su
habitación, observándola, escuchando su respiración, los latidos de su corazón,
el sonido de la sangre fluyendo a través de sus venas; y sus días contando los
minutos que debía esperar antes de volver a hacerle el amor, de besar cada
parte de su cuerpo y luego hundirse en su cálido interior.
Odiaba todo el asunto sobre todo porque aún cuando el hambre yacía
adormecida dentro de él y sabiendo que ella aún no era una fuente real de
alimento, se sentía tentado más allá del límite de su control para poder resistirse
a tocar la suavidad de su cuello, delinearlo con su lengua y hundir sus colmillos
en él, embriagándose de la ambrosia carmesí que corría a través de esas
delicadas venas. Todo su cuerpo le rugía de vida y de hambre de una manera
desconocida para él. Y no quería. No debía sentirse así. Había sobrevivido
durante mucho tiempo sin una compañera y le había ido muy bien. Nunca le
habían gustado las complicaciones y Sakura lo era indudablemente pero… la
deseaba.
Aún después de lo sucedido, continuaba deseándola fervientemente, no quería
otra cosa en el mundo que no fuera tenerla entre sus brazos, la quería junto a él,
para él. Y sin embargo, ella no lo había aceptado, seguía aferrada a una vida
que estaba destinada a abandonar pero, sabía que era por ese humano que
había estado durmiendo en su cama, la misma cama en la que él le había hecho
el amor todas las noches anteriores. Si ese humano no estuviera presente…
La furia embargó su cuerpo, apretó con fuerza el vaso y luego lo arrojó a las
llamas de la chimenea. En ese momento la puerta se abrió.
— ¿Cómo supiste que estaba aquí, Naruto? —preguntó sin mirar al hombre que
se acercaba por su izquierda.
— Fui a buscarte a tu habitación y al gimnasio pero, como no te encontré y dado
que todo está cerrado, pensé que estarías aquí.
— Hmp. —esbozó una media sonrisa— ¿Y puedo saber por qué me estabas
buscando a estas horas?
— No podía dormir —Sasuke alzó el rostro para verlo—. Hinata insistió en
quedarse en mi habitación y pues, estando los dos acostados en la misma
cama, comprenderás que en lo que menos pienso es en dormir. —se movió
hasta el escritorio y apoyó la cadera en él, echándole un vistazo a todos los
papeles que había encima— ¿Qué hay de ti? ¿qué es lo que tanto te preocupa?
Desde hace días estás actuando más raro que de costumbre.
— Nada. Sólo, no puedo dormir.
Naruto exhaló profundo y miró a Sasuke.
— No puedes engañarme fácilmente, y lo sabes. Así que espero que cuando
quieras hablar puedas contarme ¿de acuerdo? —no recibió respuesta—
Regresando a mi asunto, ¿vas a ayudarme?
— Naruto…
— Por favor, Sasuke. Nunca te he pedido nada salvo esto, eres el único a quien
puedo recurrir. No lo haría si no fuese necesario…
El azabache se puso de pie, caminó hasta la pequeña mesa junto a la chimenea,
donde había varias botellas de licor, y se sirvió un poco en un nuevo vaso. Por si
no le hiciera falta, una encrucijada más en su vida. Deseaba ayudar a Naruto
pero, ya lo habían intentado una vez, su inexperiencia en ese uso del sharingan
había salido a relucir y ambos casi terminaron muertos, de hecho, Naruto lo
había estado durante casi dos minutos. Los minutos más largos en toda la vida
de Sasuke y no quería arriesgarse a perderlo definitivamente, él e Ino eran lo
único que siempre había tenido y si algo llegara a sucederles por su causa, él no
se lo perdonaría nunca.
No soportaría otra visita fantasmagórica en su vida.
Sin embargo, quería que fuera feliz. Al menos uno de los dos debería serlo.
Luego de que Ino se emparejara con Kiba, sólo habían quedado ellos dos y si en
sus manos cabía la posibilidad de ayudar a Naruto a que fuera feliz, él…
— De acuerdo —musitó lacónico—. Pero no digas que no te lo advertí.
El rostro de Naruto se iluminó ante su respuesta, y por primera vez, en toda su
vida, un verdadero rayo de esperanza se posó sobre él.
— Gracias, Sasuke.
— Hmp. No me lo agradezcas aún —caminó hacia la puerta, siendo seguido por
su amigo—. Espero que ya te hayas despedido de tu mujer.
— No tengo por qué. Confío en ti —sonrió divertido—. De cualquier manera, te
pido que por favor le digas lo que sucedió en caso de que no funcione.
— Claro, y me dejas a mí el paquete ¿no? —volteó a verlo—. Así ella me
destrozará cuando sepa que yo fui quien te asesiné.
— Es una posibilidad pero… si le ves el lado positivo, así no tendrás que
extrañarme mucho porque irás al otro lado conmigo.
La sonrisa de Sasuke se amplió un poco más. Él y Naruto atravesaron el
vestíbulo y abrieron una pequeña puerta que se encontraba debajo de las
escaleras y que conducía hacia el gimnasio donde los miembros de la cofradía
solían entrenar.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Todo parecía muy confuso, voces desconocidas se hacían notar a su alrededor,
el timbre de un teléfono y el ir y venir de pasos. ¿Dónde estaba? no recordaba
haberse quedado dormida. Sabía que había despertado esa mañana, recordaba
su conversación con Sasuke, la nota en el espejo, acercarse al baño y luego,
nada. La cabeza le dolía, abrió los ojos y la luz fluorescente frente a ella, la cegó
momentáneamente. Se llevó una mano hacia el lado derecho de su frente y
sintió pequeñas irregularidades en ella.
— Son las puntadas, no las toques —escuchó de una voz a su derecha, giró la
cabeza y vio a Sai sentado en una silla a su lado, mirándola preocupado—.
Llamaré al doctor.
Se puso de pie y salió por la puerta de cristal. Instantes después, un médico
junto a una enfermera regresaron con él. El doctor parecía estar en los
cuarentas y tenía esa clase de rostro amable que no hace más que ponerte
nerviosa ante la expectativa de cualquier palabra que pudiera salir de su boca.
— Ha sido un gran golpe el que se dio en la cabeza, señorita Haruno —dijo el
doctor observando las placas en el panel—. Pero afortunadamente la tomografía
no mostró daño alguno y el electro tampoco mostró alteraciones en su función
cerebral. Tiene usted mucha suerte. ¿Recuerda algo de lo que sucedió?
— E-en realidad no mucho. Iba a darme una ducha cuando me sentí mareada y
después, ya no recuerdo nada.
— No se preocupe, es normal. —dijo el médico de manera condescendiente—
Dígame una cosa, señorita Haruno ¿se ha sentido bien últimamente?
— Eh, la verdad… no. Me he sentido muy débil y cansada. Fui a consulta hace
casi una semana y me dijeron que tenía anemia pero que no había nada de qué
preocuparme.
— ¿Y ha estado siguiendo las recomendaciones que le dio su médico? —Sakura
asintió mientras notaba que el doctor parecía no haberle creído del todo—. Verá,
señorita Haruno. Sus análisis de sangre revelaron los niveles de eritrocitos y
hemoglobina realmente bajos. Necesita cuidarse, esa clase de
desvanecimientos no deben de tomarse a la ligera pues generalmente son
síntomas de padecimientos más serios. Se quedará en observación durante
unas horas más, repetiremos sus análisis y le administraremos altas dosis de
hierro y otros complementos. Si al final de esas horas, sus niveles se
restablecen un poco, la enviaré a casa ¿de acuerdo?
Sakura asintió una vez más y entonces el doctor abandonó la habitación,
dejando un silencio sepulcral en el interior.
— ¿C-cómo llegué aquí?
— Te encontré en el baño del apartamento —respondió Sai, serio— Regresé
porque había olvidado unas carpetas que necesitaba y vi que estabas tendida en
el suelo. Como no reaccionabas tuve que llamar a una ambulancia.
— ¿Estás molesto? —inquirió al escuchar el tono en el que Sai le estaba
respondiendo.
— ¿Desde cuando llevas sintiéndote tan mal?
— Yo… Sai… esto no es lo que tú…
— ¿piensas? ¡Por supuesto que lo es, Sakura! ¿Sabes lo que sentí al verte
inconsciente en el baño, cubierta de sangre?
— Sai…
— ¡Y tú nunca tuviste la cortesía de decirme que te sentías mal!
— Lo siento.
— No, Sakura. Yo soy quien lo siente. Porque ahora me he dado cuenta de que
no confías en mí lo suficiente como para decirme algo que tiene que ver con tu
salud.
— No es así… —respondió ella intentando mantener el equilibrio entre el dolor
que sentía en la cabeza y la frustración.
— ¡Claro que así es!
— ¡Ya te dije que no es así, Sai! —exclamó sin poder contenerse más— ¿Crees
que no pensé en decírtelo? Por supuesto que sí, quería decirte que he tenido
pesadillas durante semanas, la cabeza me duele tanto que siento que en
cualquier momento me va a estallar, tengo el estómago sumamente sensible y
no puedo comer casi nada sin tener ganas de vomitar. Pero sabía lo que ibas a
decirme, lo mismo que me dijiste aquella vez en la que casi me violaron
¿recuerdas? "Son sólo cosas de tu mente, Sakura" "Vas a ver que todo
desaparecerá en unos días" pues bien… déjame decirte que no fue así, Sai.
No…—continuó casi sin aliento— no desapareció y yo… —la voz se le quebró—
…tengo miedo. Sé que eso no es algo normal, sé que algo está mal conmigo,
algo me está pasando y no sé que es…
En ese momento el hombre se paró de la silla y fue a sentarse junto a ella,
rodeándola con sus brazos sintiendo como Sakura se aferraba a él con fuerza y
lamentando no haberle prestado la atención adecuada.
— Perdóname, mi amor. Perdón —susurró acariciando la espalda de ella— Te
prometo que a partir de ahora todo será diferente, vamos a averiguar que tienes
y lo haremos juntos ¿de acuerdo?
Sakura asintió aún sin estar segura de que ese abrazo le diera el consuelo que
ella buscaba pero, era él, era Sai, el hombre con quien ella estaba destinada a
pasar el resto de sus días, el hombre que estaba ahí ahora que más lo
necesitaba. Era él a quien ella…
"Vamos, Sakura. Sabes que eso no es verdad"
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Tres días después…
Naruto cayó al suelo. Era el tercer día de entrenamiento y no habían logrado
conseguir ninguna mejoría.
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó Sasuke mientras lo ayudaba a
reincorporarse. Él asintió.
— H-hay que intentarlo otra vez —susurró en un jadeo.
— No, ha sido demasiado. Te lo advertí. Necesitas llevar el chakra casi al nivel
de transformación pero no puedes hacerlo porque entonces yo no podría
controlarte solo.
— Lo sé pero…
— Yo te ayudaré —ambos miraron al hombre que se encontraba en el umbral de
la puerta.
— ¿Qué haces aquí, Gaara?
— Danzou estaba preocupado por el ligero temblor que hubo en su cocina hace
unos minutos y me pidió venir para averiguar si ustedes no se habían matado
ya.
— ¿Estás seguro que puedes ayudarnos? —preguntó Naruto. El pelirrojo se
encogió de hombros.
— Tal vez. Mi manejo de chakra es mejor que el de la mayoría aunque no sé
realmente qué es lo que están haciendo.
— Sasuke intenta reprimir el chakra del kyubi. —Gaara esbozó una media
sonrisa.
— ¿En verdad crees poder hacerlo, Sasuke?
— Hmp. Aún no lo sé. Estamos trabajando en ello, ¿vas a ayudarnos entonces?
Gaara volvió a encoger los hombros y Sasuke y Naruto lo tomaron como un sí.
— De acuerdo, entonces lo intentaremos una vez más. —dijo Sasuke luego de
unos instantes, alejándose del rubio— Concéntrate Naruto.
Él asintió y entonces un resplandor naranja fue haciéndose cada vez más visible
a su alrededor, extendiéndose luego por todas partes hasta que toda la
atmósfera del lugar se tensó tanto que empezó a sofocarlos. Gaara se mantenía
atento a cualquier señal de que algo anduviera mal, aún no tenía muy claro lo
que debía hacer pero, de lo que estaba seguro era de que si Naruto se
transformaba, en ese lugar tan pequeño, iba a ver serios, muy serios problemas.
La energía se hizo cada vez más intensa y fue entonces cuando Sasuke activó
el sharingan intentando divisar la fuente de chakra. Lo consiguió sin ningún
esfuerzo aparente pero, lo interesante sería manipularla. Se acercó un poco más
a Naruto, quien ya se había encorvado por la presión que el kyubi ponía sobre
su cuerpo. Sasuke se acercó un par de pasos más, estiró su mano para tocarlo y
entonces la energía se elevó de golpe, abrasándolo mientras salía volando por
los aires junto con Gaara.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
El sonido incesante del teléfono le recordó que se había dormido en el sofá.
Tanteó sobre su cabeza hasta encontrar el aparato y descolgó el auricular para
contestar.
— ¿Hola? —volvió a sentarse cuando escuchó de quién se trataba— Ah, hola
Eri. Bien, gracias. Si, creo que volveré al trabajo mañana. ¿Eh? Salir esta noche.
Yo, no lo sé. Es que… No, pero… —soltó un suspiro de resignación mientras
escuchaba el discurso persuadidor proveniente del otro lado de la línea
telefónica. Finalmente, se dio por vencida— De acuerdo. Las veré a las ocho.
Sip, seguro. Claro. Adiós.
Volvió a colocar el auricular en el soporte y luego se quedó observándolo
durante un rato. Bueno, salir de juerga esa noche no era lo que ella consideraría
un buen plan sobre qué hacer pero, cualquier cosa era mejor que permanecer
un segundo más tendida en ese sofá sintiendo el lento pasar de los minutos.
Suspiró profundo. Nunca antes se había sentido tan falta de vida como lo había
estado durante esos días, ni siquiera la televisión le había hecho olvidarse de su
alrededor y eso que ella puso todo su empeño en ello. Los únicos momentos en
los que había tenido contacto con el exterior habían sido cuando Sai le llamaba
cada cierto tiempo para verificar que seguía consciente y no tirada en el baño.
Recargó la nuca en el respaldo del asiento mientras concentraba su mirada en el
techo sintiendo que algo le estaba faltando, algo que había perdido
recientemente y que sin embargo, sentía como si lo hubiese tenido durante toda
su vida. "Sasuke…" Claro, iba a ser una completa hipocresía si decía que
apenas lo había pensado durante aquellos días, porque la realidad era que a
cada minuto su mente lo había traído a ella, haciéndole recordar lo bien que se
sentía estar entre sus brazos, debajo de su cuerpo, sintiendo sus ardientes
caricias recorrerla con detenimiento, el sabor de sus labios y el paraíso cuando
estaba en su interior.
Agitó la cabeza levemente de un lado a otro y luego miró a su alrededor,
recorriendo esa estancia que tantas veces había visto y que, sin embargo, no
había observado nunca a detalle. Se detuvo en el enorme librero cerca de la
ventana y notó el lomo de un libro sobresaliendo de entre los demás, caminó
hasta ahí y lo tomó entre sus manos.
Era un viejo ejemplar de «Cumbres Borrascosas» que había leído en más de
una ocasión. Pasó su mano a través de la cubierta y luego lo abrió en una
página al azar repasando con la mirada los párrafos sin leerlos realmente hasta
que encontró algo que llamó su atención.
"En ocasiones he soñado cosas que no he olvidado nunca y que han cambiado
mi modo de pensar. Han pasado por mi alma y le han dado un color nuevo,
como cuando al agua se le agrega vino…"
No pudo evitar recordar aquel sueño que tuvo acerca de Sasuke durmiendo a su
lado, su cálido aliento chocando contra su nuca mientras lo sentía respirar entre
su cabello, sus brazos envolviéndola en un gesto protector pero a la vez tan
necesitado, esa sensación de sentirse tranquila, completa y feliz mientras era
rodeada por aquel cuerpo masculino que le brindaba un sentimiento de bienestar
y plenitud que no había experimentado nunca.
Todavía se preguntaba cómo ese sueño había podido hacerle sentir tanto,
realmente parecía imposible pero había sido como si esa noche, todo lo que
siempre había estado buscando hubiese aparecido frente a ella. Ahora todo
parecía haberse desvanecido.
Aún su más ínfima esperanza de volver a verlo se había agotado pues también
en sus sueños, él la había abandonado.
Cerró el libro, lo dejó sobre el sofá y caminó hasta el baño dispuesta a darse una
ducha. De nada le servía atormentarse con algo que ya había acabado, que no
volvería y que había sido tan efímero como lo había sido la mayor parte de las
cosas felices en su vida.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Hinata estaba completamente concentrada en su labor. Gaara había ido por ella
al ver el estado en el que se encontraba Sasuke, y cuando llegó al gimnasio, no
pudo ocultar su sorpresa al ver el estado del azabache. Su brazo y parte de su
costado izquierdo tenían quemaduras gracias a la onda de fuego que salió
desprendida del cuerpo de Naruto.
Ahora el rubio estaba totalmente consciente y él y Gaara se encontraban
observando como Hinata terminaba de hacer las curaciones en el brazo de
Sasuke.
— ¿Es muy grave? —preguntó Naruto aún sin poder creer lo que sus ojos veían.
Hinata negó con la cabeza.
— Son quemaduras de segundo grado pero gracias a su línea de sangre
sanarán en unas cuantas horas. —alzó la mirada para ver a Sasuke, quien
permanecía con el rostro impávido—. El suero proteico que le administre
ayudará a la rápida regeneración celular pero, también le aconsejaría que se
alimentara, mi señor.
Sasuke asintió y una vez que Hinata terminó de colocarle los vendajes, se puso
de pie.
— Sasuke, perdón. No fue mi intención…
— No te preocupes, Naruto. Ambos sabíamos que era un riesgo y decidimos
correrlo. Esta vez sentí que estuve realmente cerca de lograrlo y supongo que
esa descarga de chakra fue porque el kyubi también lo sintió.
— Eh, sé que no es de mi incumbencia pero… —interrumpió Gaara— ¿Han
considerado la posibilidad de emplear un sello de cinco puntos?
Las tres personas a su alrededor lo miraron sorprendidos y él supuso que su
mejor opción era mantener su boca cerrada.
— De acuerdo… yo no dije nada.
Luego de un intenso silencio, Gaara abandonó el gimnasio siendo seguido por
Hinata y Naruto, dejando solo a Sasuke, mientras éste evaluaba la opción que le
había dado.
— Tal vez podría funcionar ¿no crees? —Sasuke se puso tenso al escuchar esa
voz, se dio la vuelta y vio a Itachi recostado sobre el muro.
— Esto no puede estar pasando. —musitó con cansancio.
— ¿Sabes?, siento como si esto ya lo había vivido. Creo que es a lo que se le
llama tener un déjàvu —dijo acercándose a su hermano— ¿Por qué
simplemente no puedes aceptarlo?
— ¡Porque esto no es posible, porque tú no puedes estar aquí porque estás
muerto! ¿lo entiendes?
— ¿Se te olvida con quién estás hablando, Sasuke? Por si no lo has notado,
quien fue atravesado por una espada fui yo, así que, sí. Si entiendo que estoy
muerto, quien no puede aceptar que estás viéndome, eres tú, hermanito.
Sasuke comenzó a pasearse de un lado, a otro a través de la habitación,
llevándose constantemente la mano hacia la nuca mientras intentaba hallar la
posible causa para su alucinación. Era por culpa del cansancio. No había
dormido prácticamente nada en los últimos días, había estado bajo mucha
presión con todo el asunto de Sakura y el resto de las elegidas, la guerra y las
bajas civiles también eran tema de preocupación además del problema de
Naruto con el kyubi.
Si, debía ser eso.
Itachi negó con la cabeza.
— ¿Qué demonios ha pasado contigo en todos estos años? Nunca habías sido
de esa clase de hombres que reniega de la verdad escudándose en cosas
estúpidas.
— Y sigo sin serlo, pero no pienso de igual manera cuando se trata de ilusiones
fabricadas por mi mente cansada.
— ¿Qué puedo hacer para que me creas? —no hubo respuesta—.¿Sabes quién
le indicó a Ino el camino que debían seguir cuando nos atacaron? —Sasuke
negó con la cabeza— Pues fui yo. Un par de noches antes, ella había perdido
uno de sus aretes y mientras lo buscaba, halló el camino y yo le expliqué cómo
usarlo. Puedes preguntarle y ella te lo confirmará. Entonces sabrás que soy real,
o bueno, que al menos estoy aquí.
Claro, él lo haría si tan sólo Ino le dirigiera la palabra.
— Ahora, regresando al asunto de Naruto. Nunca pensé que diría esto pero
estoy de acuerdo con Gaara, el sello de cinco puntos debería de funcionar pero
no lo vayas a aplicar tú. Podrías pedírselo a Kakashi, él sabe más de estas
cosas. Y antes de que lo olvide, sobre tu mujer, te puedo apostar lo que quieras
a que no durarás mucho tiempo sin ella, la biología y lo que estás sintiendo no
son algo con lo que puedas pelear y créeme, lo tuyo es sumamente poderoso.
Además, un humano no puede compararse con un Uchiha.
Sasuke estuvo a punto de replicar, diciéndole a su hermano que no se metiera
en su vida pero, de nuevo, Itachi desapareció de repente.
Esto confirmaba su idea de que estaba enloqueciendo porque no sólo era la
segunda vez que conversaba con su hermano muerto, sino que también, estaba
comenzando a creer que era real.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
Horas más tarde, la noche por fin cayó sobre la ciudad y en la mansión de la
cofradía, todos se estaban preparando para iniciar las rondas. Todos, con
excepción de Ino, que se encontraba sentada a los pies de la enorme cama que
compartía con Kiba, escuchando el repiqueteo inconstante del agua mientras él
tomaba un baño. Soltó un suspiro en señal de desánimo.
Esa era una de esas noches en las que desearía poder quedarse tendida en la
cama con el hombre que amaba a su lado; sin importar nada más, sin
obstáculos por vencer ni limitaciones a su alrededor pero… sabía que eso no era
posible. ¿Cuánto tiempo llevaban viviendo de esa manera?
Mucho.
En ese momento la puerta del baño se abrió frente a ella, dejando ver a Kiba
vestido solamente con una pequeña toalla alrededor de las caderas.
Ella se quedó mirándolo absorta, recorriendo con los ojos cada parte de ese
magnífico cuerpo masculino que, con todo orgullo y alegría, podía decir que le
pertenecía, tanto como ella le pertenecía a él. En cuerpo y alma.
Con andar cadencioso fue acercándose a Kiba, deteniéndose a tan sólo unos
centímetros de distancia. De nuevo su mirada recorrió el bien formado torso de
él y sin resistirse más, acercó su dedo índice y con la uña recorrió desde su
clavícula hacia la parte baja de su abdomen, pasando en línea recta a través de
sus pectorales hasta el ombligo y más abajo, sintiendo como él se tensaba por
ese simple roce. Alzó la mirada encontrándose con la de él; esa mirada salvaje,
cargada de un deseo ardiente y excitante que solo existía para ella y por ella.
Sin perder el contacto visual, se acercó aún más a él, percibiendo el calor que su
pecho irradiaba a través de la delicada seda del camisón que ella vestía, con los
labios rozó su mandíbula inferior, sintiendo que él nuevamente se estremecía.
¡Dios, le encantaba eso! Él le doblaba en peso, era más alto que ella y también
más fuerte, y sin embargo, ahí estaba, de pie, sin hacer un solo movimiento,
completamente a su merced. Fue deslizando sus labios hacia abajo, recorriendo
la línea de su garganta con la lengua, rozando su clavícula y luego repartiendo
pequeños besos en sus pectorales, haciendo el amago de querer ir más abajo.
— Ino… —suspiró Kiba al sentir un ligero roce de los colmillos de ella, en uno de
los músculos que sobresalían en su abdomen. Ella sabía perfectamente como
despertar el deseo en él.
— ¿Si? —respondió con una sonrisa de inocencia fingida mientras volvía a
levantarse, haciendo que su cálido aliento rozara la piel de él. Se detuvo justo a
la altura de sus pectorales, repartió nuevos besos más intensos y prolongados
hasta encontrarse con uno de sus pezones, lo atrapó con los labios y comenzó a
hacerle caricias con la lengua, rodeándolo con ella o succionando
calmosamente.
— Mujer, eres incorregible —dijo en un gemido y la sonrisa en el rostro de ella
se amplió más.
Entonces él la alzó por los codos y atrapó sus labios en un beso férreo,
rodeándola con sus fuertes brazos pegando sus cuerpos al máximo sin darle
oportunidad de escape alguna. Sus manos se deslizaron a través de la espalda
de ella, definiendo las curvas que se formaban debajo del camisón, y que
conocía a la perfección, hasta llegar a sus glúteos, rodeándolos con las manos y
hundiendo las yemas de los dedos en ellos para apretarla aún más a su cuerpo
y así hacerle saber lo que ella había provocado.
Ino sintió la erección de Kiba presionar contra su vientre y dejó escapar un
gemido que acabó ahogado en sus labios, su cuerpo se tensaba aún más al
ritmo con que sus lenguas mantenían ese ardiente e intenso juego, y ella no
podía esperar a que continuara. Sin apartarse ni un centímetro y con gran
maestría, llevó sus manos desde los anchos hombros de él, deslizándolas a
través de su pecho y abdomen, brindando suaves caricias hasta que finalmente
encontró aquel pequeño trozo de tela que se encargó de apartar mientras sentía
que Kiba la empujaba hacia la cama.
Fue entonces que volvió a recordar que él lo valía, estar a su lado lo valía, cada
segundo pasado a lado de él lo valía todo, las lágrimas, los gritos, el sacrificio, el
dolor. Así que, decidió no reflexionar más sobre aquello, porque sabía que
siempre era cuestión de tiempo pero… en las ocasiones anteriores, no había
tenido que pasar por ello sola.
Una, bueno, dos horas después. Ino estaba envuelta en una sábana,
manteniendo la mirada perdida entre las docenas de vestidos que se alzaban en
el interior del clóset.
— Cualquier color te hace ver hermosa— escuchó junto a su oído.
Los brazos de Kiba le rodearon la cintura desde atrás, y por lo que golpeaba
contra su espalda baja, sabía que seguía desnudo, totalmente listo para un
segundo, un tercero y tal vez un cuarto asalto, quizás más y ¡por todo el cielo!, la
sensación de su lengua recorrer los pliegues de su oreja hacía que ella se
sintiera absolutamente preparada para toda una noche y gran parte de la
mañana de un grandioso, apasionado y totalmente excitante sexo candente. Sin
embargo, sabía que eso no pasaría, al menos no en esa ocasión pero… también
sabía que si las manos de él seguían recorriendo su abdomen, bajando hasta
sus muslos y acariciando sus pechos, sucumbiría sin remedio.
No pudo evitar sonreír. Instantes antes era él quien se rendía ante sus caricias y
ahora los papeles habían cambiado, siendo ella quien estuviera deseando
fervientemente lo que los movimientos de aquellas ágiles manos estaban
prometiéndole.
Entonces un golpe en la puerta por gracia divina, los interrumpió.
— ¡Kiba, con un demonio, ya anocheció! —gritó Gaara desde el corredor al otro
lado del pasillo—. ¡¿Vas a salir o no?
Ino se dio la vuelta para encarar a Kiba, le dio un rápido beso y se separó,
estratégicamente antes de que la lengua de él se introdujera entre sus labios.
— Tal vez… podríamos retomarlo al final de la noche —dijo la rubia inclinando la
cabeza para recorrer con la mirada su cuerpo—. ¿No crees?
Kiba sonrió, la abrazó contra él y le dio un beso en la frente. Cuando un segundo
golpe retumbó contra la puerta, ambos se apartaron y con una velocidad
impresionante, Kiba se preparó para hacer las rondas.
— Es una cita entonces, mi amor. —susurró antes de besarla. Segundos
después, él ya había desaparecido tras la puerta.
Ino soltó un suspiro, regresó su atención a la elección de vestido pensando,
contrario a Kiba, en cual podría llamar menos la atención. Finalmente escogió el
que siempre usaba para esa ocasión, se arregló y caminó hacia la cocina,
encontrando ahí a Naruto y Sasuke hablando.
— Wow —susurró Naruto para luego soltar un silbido decreciente— Estás
hermosa pero… ¿qué haces vestida así? —cuestionó al verla ataviada con un
vestido de seda, mezcla entre un vestido común y una túnica, color blanco.
— Tengo que arreglar un asunto, así que no voy a poder acompañarlos en las
rondas esta noche.
— ¿Qué clase de asunto? —preguntó Naruto sin saber a que se refería. Pero
Sasuke, si lo sabía. Un mes antes, él había recibido el mensaje proveniente del
padre de Ino pidiendo verla, aunque él sabía perfectamente que, quien
realmente lo hacía, era Hidan. El ex prometido de Ino. — ¿Te refieres a ESE
asunto?
Ino asintió.
— ¿Qué tú no…? —volteó a ver a su amigo—. ¿Sasuke, tú no…? —regresó su
atención a la rubia— ¿No quieres que alguno de nosotros te acompañe?
Ella negó y dijo:
— No es necesario. Puedo cuidarme yo sola. —soltó un suspiro— Nos vemos
después.
Sin darles tiempo de preguntar absolutamente nada, se acercó a Naruto, le dio
un rápido beso en los labios y luego salió por la puerta de la cocina pasando
olímpicamente de Sasuke.
Naruto se puso de pie, caminó hacia la nevera para tomar una botella de agua y
luego regresó a su asiento frente a Sasuke. El silencio reinó por completo en
aquella habitación siendo interrumpido por el tamborileo incesante de los dedos
de Naruto sobre la botella mientras Sasuke se dedicaba a limpiar un par de
armas que tenía frente a él.
— Está molesta —susurró Naruto.
— Lo sé.
— Contigo.
— Lo sé.
— Está MUY molesta.
— ¡Lo sé! —exclamó fastidiado.
— Ella esta MUY molesta con…
— ¡Qué no entiendes que lo sé!
— ¡ESTÁ MUY MOLESTA CONTIGO! —gritó Naruto, intentado que Sasuke
viera lo obvio— La última vez que dejó de hablarte fue cuando teníamos diez y
tomamos su collar de perlas rosadas y tú lo usaste como proyectiles contra los
soldados de tu padre. Desde entonces sólo se había dedicado a patearnos el
trasero cada vez que la hacíamos enojar. ¿Qué sucedió?
— Hmp. Nada.
— Claro, y yo soy el mejor amigo de Mickey Mouse.
— El mejor amigo de Mickey Mouse es el Pato Donald, aunque creo que en tu
caso, te refieres al perro —Naruto perdió la paciencia y le dio un golpe a Sasuke
en la nuca.
— ¡Deja de hacerte el imbécil y dime qué le hiciste!
Sasuke exhaló profundo, apartó el arma hacia un lado y miró a Naruto.
— ¿Recuerdas el asunto de las sacerdotisas? —el rubio asintió— Pues…
Sasuke comenzó a contarle todo a Naruto, desde lo sucedido la noche de la
partida de Kakashi, incluyendo su petición de ser el soporte de Sakura para la
transición, el plan de Ino para acercarse a ella, lo ocurrido con Sakura las
últimas noches y su pelea con Ino por ese asunto. Con cada palabra que
escuchaba, la mandíbula de Naruto caía un poco más hasta que pensó que
llegaría al suelo.
Cuando Sasuke terminó su relato, ambos quedaron en silencio durante un par
de minutos.
— Im-bé-cil… —dijo Naruto en un susurro, aún sin creer lo que había escuchado
— ¡Eres el imbécil más grande que he conocido en toda mi vida! —exclamó—
¿dónde demonios tenías la cabeza? Sabía que no eras muy listo pero ¿no
podías haber mantenido a tu amigo dentro de tus pantalones? ¡Y con una
elegida!
— ¡¿Y crees que no sé que fui un idiota al haberlo hecho? ¡Por supuesto que lo
sé! Pero… —se detuvo y comenzó a caminar de un lado a otro frente a Naruto.
— Tú la… —dijo más calmado al ver la expresión en el rostro de Sasuke—
¿amas?
— Yo… —exhaló profundo— Debo irme.
Sasuke salió de la cocina dando un portazo y Naruto se quedó mirando el lugar
donde había estado su amigo. No pudo evitar sonreír.
— Tomaré eso como un sí. —susurró abriendo la botella de agua para beber un
poco.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
La música dentro de X-tasis, retumbaba a través de las paredes, llenando la
atmósfera de aquel ambiente que era único en ese club. Sakura y algunas de
sus compañeras de trabajo habían conseguido entrar a pesar de que era viernes
y el lugar estaba a reventar. Lograron hacerse de una mesa sobre un palco
desde donde se podía ver casi toda la pista por completo, con excepción de la
zona VIP que se alzaba al otro extremo del lugar y mientras algunas habían
conseguido parejas para bailar, Sakura permanecía sentada, oyendo el sonido
estridente del remix de la canción "Circus" de Britney Spears, que sonaba en
ese momento.
Tal vez no había sido, realmente, una buena idea salir. O al menos eso pensó
hasta que una de sus amigas llamó su atención.
— Oye, Sakura. ¿Qué no es ese tu vecino? —ella miró en la dirección en la que
le señalaban y vio a Sasuke abrirse paso entre la multitud, acompañado por un
hombre rubio.
Al igual que el noventa y nueve punto nueve por ciento de las mujeres que había
en el lugar, Sakura contuvo la respiración mientras los seguía con la mirada,
detallando aquel andar elegante y ágil con el que se movían a través de la pista
de baile, recorriendo el cuerpo de Sasuke, imaginando lo que había debajo del
pesado abrigo de cuero que llevaba puesto, y que ella había tocado con sus
dedos en más de una ocasión.
Una punzada atravesó su corazón y supo que haber recordado lo vivido con él,
no había sido la mejor opción cuando buscaba exactamente lo opuesto.
Fue entonces cuando prestó atención al hombre que iba junto a Sasuke, y de
manera casi imperceptible, dejó escapar un jadeo de asombro al ver aquella
magnífica figura masculina. Sasuke era un dios, de eso ella no tenía duda pero,
de manera irremediable, debía aceptar que su acompañante lo era un poco más,
el cabello dorado reflejando los destellos de las luces y el azul profundo de sus
ojos en compañía de ese tono bronceado de piel, eran más que suficientes para
que varias mujeres lo estuvieran desnudando con la mirada sin reserva alguna.
Eran como el día y la noche. Sasuke tenía ese aire atractivo, elegante, casi
aristócrata, serio, seguro y orgulloso de sí mismo que lo hacían completamente
irresistible, mientras que el aura de su amigo emanaba espontaneidad,
determinación y un toque de peligrosidad salvaje que robaban la atención de
cualquier mujer que estuviera frente a ellos, justo como en ese momento.
Con fuerza sobrehumana, Sakura logró vencer el hechizo del que se había
quedado presa y apartó la mirada recorriendo los rostros femeninos a su
alrededor dándose cuenta que, al igual que ella, todas las mujeres se hallaban
en la encrucijada de a cual elegir, si es que tuviesen la oportunidad de hacerlo.
Una vez que ambos hombres desaparecieron tras el cordón de terciopelo rojo
que marcaba el inicio de la zona VIP, el hechizo de feromonas se aplacó y la
actividad volvió a reiniciarse en la pista de baile.
— Por favor dime que conoces a su amigo y que puedes presentármelo ¿si?
— Eh… pues en realidad, no. Quiero decir, Sasuke sólo vive en el apartamento
de a lado, no es que seamos grandes ami…
Su amiga suspiró con desánimo mientras se recargaba de nueva cuenta en el
respaldo de la silla alta.
— ¡Qué lástima!
Sakura sonrió tensamente y luego regresó su atención al trago que había entre
sus manos.
Sasuke y Naruto dejaron, parcialmente, atrás el bullicio de la pista de baile del
club. Ser presa de las miradas lascivas de las mujeres no debería ser sorpresa
pero solía haber veces en las que era un poco incómodo, sobre todo cuando las
mentes de las humanas eran tan claras para ellos que podían divisar imágenes
de las escenas extremadamente eróticas que maquinaban y que los tenían a
ellos como protagonistas.
Cuando se encontraron en el apartado VIP, Naruto recorrió con la mirada el
lugar hasta que encontró a Kiba y Shikamaru sentados en la mesa de
costumbre, apartados de la multitud. Dio un pequeño codazo a Sasuke y ambos
se dirigieron hacia donde sus amigos se encontraban.
— ¿Dónde están Gaara y Neji? —cuestionó Sasuke mientras Naruto pedía
cervezas para ambos.
— Aquí nuestro "ojo omnisciente" —respondió Kiba apuntando hacia Shikamaru
con la mano en la que sostenía una botella de cerveza— los puso a trabajar con
un escuadrón como a seis kilómetros de aquí pero no deben de tardar —
entonces frunció el ceño— ¿Dónde está mi mujer? Creí que haría rondas con
ustedes.
— Fue al apartamento por sus armas y a ver a una de las elegidas —dijo
Sasuke lacónico— Me encontraré con ella ahí más tarde.
Naruto miró a Sasuke y luego se llevó la botella de cerveza a los labios para
bajarle casi la mitad de un solo trago. Ambos odiaban mentirle a su compañero
pero, la realidad era que las cosas nunca habían sido fáciles para ellos, sobre
todo por las diferencias que había entre sus l�