Cuento: Las Vacas no van al colegio
Ocurrió cuando Beto solo tenía 3 años. Jugaba al balón junto a la
guarida de los conejos cuando la pelota salió disparada hacia la
carretera. Beto corrió detrás justo en el momento en que un camión
lleno de haces de trigo pasaba por ahí. La vaca Paca, que pastaba
tranquilamente en el prado de al lado, vio toda la escena, y salió
corriendo hacia el niño.
El conductor, que no había visto a Beto, tan pequeño y veloz, se
quedó pasmado al observar aquella enorme vaca corriendo hacia la
carretera. Y frenó en seco.
Aquel fue el principio de una amistad muy especial. Beto se pasaba
horas con la vaca Paca, solo bebía la leche que salía de sus ubres, y
a veces, cuando no podía dormir, se acurrucaba junto a ella. A su
lado nunca tenía miedo.
Por eso a nadie le sorprendía verlos siempre juntos. Eran como uña
y carne, tan unidos que parecía imposible diferenciar donde acababa
la sonrisa de Beto y donde comenzaba el meneo travieso de la cola
de la vaca Paca. Y así fue siempre, hasta que Beto creció y tuvo que
ir al colegio.
El colegio estaba en la ciudad y era muy grande. Estaba lleno de
niños y niñas, pero no había conejos, ni prados, ni caballos, y por
supuesto tampoco estaba la vaca Paca. ¿Por qué no podría llevarse
a su amiga al cole, compartir pupitre y jugar juntos en el recreo?
– Porque es una vaca, Beto – le decía Mamá – las vacas no van al
colegio, ni hacen deberes, ni cambian cromos durante el recreo.
Pero tanto insistió Beto, que Mamá finalmente accedió. Y Beto
acudió al día siguiente montado en su vaca Paca. Todos los niños
querían tocarla, jugar con ella, beber su leche y subirse a su lomo.
Pero tras un rato, la vaca Paca se cansó de estar pastando por aquel
prado de cemento y decidió sentarse. No se le ocurrió otra cosa que
hacerlo justo bajo una de las porterías del campo de fútbol:
– ¡Con ella de portera ganaremos todos los partidos! – exclamó
entusiasmado Beto.
Pero el equipo contrario pronto se cansó de jugar con la vaca Paca.
– ¡Esto es injusto, queremos una portera de nuestro tamaño!
– Así gana cualquiera…
– Esto es trampa
Así que a Beto, no le quedó más remedio que convencer a la vaca
Paca para que se moviera de la portería.
– Quédate mejor en el pasillo – le dijo – que ahora tengo clase de
matemáticas y no puedo atenderte.
La vaca Paca obedeció a Beto y se quedó tranquilamente tumbada
en el pasillo, pero al rato, empezó a aburrirse de estar ahí sola y
comenzó a llamar a su amigo. Los mugidos de la vaca eran tan
fuertes que el maestro Daniel tuvo que parar la clase.
– ¿Qué es ese escándalo? Así no podemos seguir la clase…
Y salió al pasillo a ver que pasaba. La vaca Paca se puso muy
contenta de ver por fin a alguien que la hablaba…¡estaba tan
aburrida ahí sola! Tan contesta estaba, que con todo su cariño dio un
lametazo a la calva brillante del maestro Daniel.
– Aaaaagh. ¡Qué asco! Esto es una vergüenza. Llévense a esta vaca
a dirección.
Y para allá que fueron Beto y la vaca Paca, muy compungida por
haber organizado todo ese lío. A Carmen, la directora, casi le da un
patatús cuando vio a la vaca Paca entrar por la puerta de su
despacho.
– ¿Qué hace una vaca aquí?
– Es que es mi mejor amiga y quería traerla para que conociera el
colegio, a mis otros amigos, a los profesores…
La directora vio tan ilusionado a Beto, y tan avergonzada a la pobre
vaca, que se le ocurrió una idea.
– Beto, el colegio no es lugar para una vaca. Tu amiga tendrá que
quedarse en vuestra granja mientras tu estás en el cole. Pero ya que
ha venido hasta aquí, vamos a enseñarla a todos los niños…
La idea de Carmen era sencilla: dar una clase que ningún alumno
olvidaría jamás. La vaca Paca, Beto y Carmen fueron pasando por
todas las clases. Carmen les enseñaba todo lo que había que saber
de las vacas y de los animales como ella: los mamíferos. Además
muchos niños ordeñaron por primera vez una vaca, descubrieron
como se alimentaba, que costumbres tenía y cómo vivían. Había sido
la mejor clase de conocimiento del medio que todos habían tenido
jamás.
Cuando acabó la jornada, Beto y la vaca Paca volvieron a la granja y
contaron todo a Mamá, que con esa cara que ponen siempre las
mamás cuando están a punto de decirnos algo importante afirmó:
– Ya te lo dije, Beto. Las vacas no van al colegio…