E S U Elegbaa
Mitología Yoruba:
Esu el mensajero divino, el portero celestial
Por Oloye Ifanla Italeke
En la teología Yorùbá, Èşù es es una divinidad que es descrito con un carácter tan versátil que
uno debe ser cauto en describirlo. Él posee una enorme diversidad de contradictorios aspectos
que hacen difícil definirlo de manera coherente. Es llamado increíblemente a menudo por los
occidentales como el Diablo o Satán, sin embargo, en nuestro entendimiento del Nuevo
Testamento Èşù no es ciertamente el Diablo pues Satán es quien utiliza su poder en contra del
propósito de salvación de Dios a favor de los seres humanos.
La doctrina de los Òrìşà no posee demonios, pues creemos que todo lo que Olódùmarè creó
fue para la balanza del destino de los hombres, y no para su destrucción.
La tradición oral en ocasiones nos indica que Èşù fue el primer ser creado por Olódùmarè y que
nació del soplo divino de Dios sobre un monte de laterita, por lo anterior, cualquier otra
interpretación dada para Èşù es creación de aquellos que pretenden mancillar la religión de los
Òrìşà.
Después de Olódùmarè, Èşù al igual que Ọ̀ rúnmìlà (Ifá) son las únicas divinidades a las que se
les ha otorgado una enorme devoción en todas las tierras Yorùbá, sin embargo, entre la
concepción de Olódùmarè y la de Èşù, hay una gran diferencia.
La concepción de Olódùmarè es la de un Dios puro, un elevado pensamiento demasiado lejano
para ser molestado y no existe representación de él en ningún aspecto o forma. Por otro lado,
Èşù pertenece al sistema animista, él es una divinidad que ocupa uno de los más importantes
lugares entre los otros Òrìşà, está representado por diferentes clases de imágenes, recibe
adoración en forma de ofrecimientos y oraciones, y debe ser el primero en ser propiciado
antes que cualquier otro Òrìşà.
Èşù en la religión Yorùbá, tal como existe en otras religiones, posee el papel del mensajero
divino. Por lo que se refiere a la mitología occidental, Èşù tiene sus colegas en el dios griego
Hermes y el dios romano Mercurio, que, como él, son los heraldos entre las divinidades y los
seres humanos.
Además de llamarlo Èşù, los Yorùbá, sobre todo de la región costera, se refieren a él como
Ẹlẹ́gbára o Ẹlẹ́gbéra. Otros nombres relacionados con él son Ẹlẹ́gbáa, Èdşù, Èdjù, Òlá ìlú, Ògiri
Òkò, Àgba, etc.
Èşù tiene un número realmente indefinido de nombres debido a que posee un carácter
extremadamente huidizo y resbaladizo que no es fácil de definir, por ello en tierras Yorùbá
frecuentemente escuchamos en uno de sus Oríkì:
Lógẹmo Ọ̀ run, a Ńlá ká’lùú, Pàápa-wàrá, a túká má şeé şà
El indulgente hijo de Dios venido del cielo, cuya grandeza se manifiesta en todo lugar, el más
rápido y repentino, quien tiene la capacidad de separar algo y que nadie pueda unirlo otra vez
En tierras Yorùbá, Èşù es dividido o clasificado en 4 diferentes grupos. Cada grupo posee un sin
numero de Èşù. Los grupos a los que hago referencia son los siguientes
Èşù Àwúre
Este grupo de Èşù son consagrados para ayudar al bienestar de los seres humanos
Èşù Ẹbọ
Son los Èşù que se encargan de fiscalizar que los Ẹbọ sean cumplidos y que los Ẹbọ sean
aceptados para que nuestras peticiones se manifiesten
Èşù Ìjà
Estos Èşù son los encomendados de pelear en contra de las energías negativas y en ocasiones
crean conflictos a los seres humanos que nos quieren afectar
Èşù Isolé
Son los Èşù que se encargan de proteger nuestros hogares y a todos los que en ellos habitamos
Existe una representación de Èşù sumamente importante en la religión Yorùbá, al icono que
hago especial énfasis es a la tierra o piedra porosa conocida como laterita. La tierra o piedra
laterita se genera cuando este tipo de piedra se descompone, es una tierra rojiza propia de las
regiones tropicales. Los Yorùbá la consideran como la más importante, común, y quizás la
representación física más vieja de Èşù, en ocasiones esculpida en un montón de tierra áspera o
pilar llamado Èşù Yangí. Existe un mito de la creación del mundo que describe a Èşù Yangí
como una forma primordial:
Al principio de los tiempos nada existía aparte del aire. Olódùmarè era una masa infinita de
aire que cuando empezó a moverse despacio para respirar, tomó una parte del aire para
transformarse en una masa de agua, mientras originaba a Òrìşà Ńlá, el gran Òrìşà Funfun. Al
unísono el aire y el agua se movieron y una parte se volvió un barro rojizo, de ese barro, una
burbuja originó la primera materia dotada de forma, una piedra roja y barrosa. Olódùmarè
admiró esa forma y le sopló su hálito (Ẹlẹ́mìí) dándole vida, esa forma, la primera dotada de
existencia individual, fue la piedra laterita, Yangí.
Por el anterior Ìtàn se reconoce que Èşù es el primogénito, el primer nacido del universo.
Otro mito alternado con Èşù Yangí relata que este estaba mofándose de Şọ̀ pọ̀ nná, la divinidad
de las epidemias, Şọ̀ pọ̀ nná perturbado aprendió a causar la viruela y uso su nueva habilidad
sobre Èşù. Consecuentemente Èşù con su habilidad mágica se transformo en Yangí para ocultar
las cicatrices de su enfermedad creada por Şọ̀ pọ̀ nná.
Una de las ciudades más relacionadas con Èşù es Ilé Ifẹ̀, la ciudad sagrada de los Yorùbá.
Siguiendo las tradiciones orales, parece que la casa original de Èşù fue Ọ̀ fa–Ilé, aunque a veces
se sugiere que fue Kétu. Actualmente su culto predomina en Ẹ̀rìn, cerca de Ìlobùú, sin embargo
indudablemente es una de las principales divinidades de todas las tierras Yorùbá.
Èşù es el único Òrìşà conjuntamente con Ọ̀ rúnmìlà que puede leer e interpretar el oráculo
sagrado de Ifá, es por esto que gana la importancia primaria y debe invocarse antes que ocurra
cualquier comunicación con los Òrìşà, asimismo debe recibir un sacrificio u ofrenda en la
apertura de todas las ceremonias. Es por esto que regularmente escuchamos en tierras Yorùbá
la siguiente expresión.
Kéşù gbà
Kẹ́bọ ó dà fẹ́lẹ́bọ
Deja que Èşù acepte esto
Para que de esta forma el sacrificio del devoto sea aceptado
Ifá en el Ọmọ Odù Ogbè Ọ̀ şẹ́ en una de sus múltiples leyendas nos revela la importancia del
sacrificio del chivo, como inevitable y sistemática ofrenda a Èşù y nos muestra las catástrofes o
los beneficios que podemos obtener si cumplimos o no con los ẹbọ apropiados.
Alawẹ ẹkọ, abẹyin gún-unrun
A dífá fún Arabá
Ti wọn yoo fi joye e kó wó kó wó
Wọ́n ní kó sákáalẹ̀, ẹbọ ní şíşe
Ó gbẹ́’bọ, Ó rú’bọ
El que aguanta el pedazo de ẹ̀kọ tiene la mano puntiaguda
Fue el Awo que interpreto el sagrado oráculo de Ifá para el árbol de Arabá
Quien el adversario estaba planeando su caída
Le aconsejaron que ofreciera sacrificio
Él cumplió.
Los árboles Arabá e Ìrókò llevaban ya un largo tiempo siendo vecinos. Sin embargo, Ìrókò ni un
solo día de su vida se había sentido cómodo siendo vecino de Arabá. Debido a esto, Ìrókò
planeo cómo lograr que Arabá fuera derribado por cortadores de madera. Un día, Ìrókò acudió
a los taladores de madera con la intención de llegar a un acuerdo pues él deseaba
fervientemente que fueran y redujeran a simples leños a Arabá.
Durante la noche del mismo día. Arabá tuvo un sueño muy negativo en el que él se veía
rebanado en pedazos y por ello acudió a escuchar el sabio consejo de Ifá con el Awo
anteriormente expresado.
El Awo le dijo a Arabá que se encontraba en un muy grave peligro y que su vecino y amigo
junto con otros estaban planeando su muerte. A pesar de lo anterior, Arabá estaba seguro que
él no se moriría y que ese complot fallaría, de igual forma estaba seguro que el principal
conspirador sufriría el mismo destino que estaba planeando contra él. El Awo de Arabá le
aconsejo que ofreciera sacrificio con un chivo maduro, 200 agujas grandes, mantequilla de
carite y dinero. También le sugirió que venerara a Èşù con un gallo, aceite de palma y dinero.
Arabá obedientemente realizo prontamente todas las sugerencias del Awo.
El día que Arabá iba a ser derribado, todos los taladores de madera se encaminaron con
hachas y machetes. Al llegar donde se encontraba Arabá todos empezaron a golpear con sus
hachas a Arabá. Infortunadamente para ellos, las 200 agujas que Arabá había ofrecido en el
ẹbọ, se convirtieron en espinas sobre su tronco y esto hacia imposible para los taladores
acercarse a Arabá. Al mismo tiempo, la mantequilla de carite lo había hecho totalmente
resbaladizo y el árbol crecía rápidamente poniéndose muy fuerte y difícil de golpear. Pronto,
los taladores de madera se frustraron y se pusieron a discutir cual era la acción que debían
tomar. Durante su conversación se les apareció Èşù Ọ̀ dàrà en forma de ser humano. Èşù Ọ̀ dàrà
los saludo, y ellos respondieron respetuosamente al saludo. Èşù Ọ̀ dàrà les preguntó cual era su
problema, a lo que ellos respondieron que su dificultad era tirar el árbol de Arabá.
Posteriormente los taladores le solicitaron a Èşù Ọ̀ dàrà que los aconsejara. Èşù Ọ̀ dàrà, que
había visto que el árbol de Arabá había cumplido con el ẹbọ indicado por Ifá, les dijo que se
olvidaran de tumbar el árbol de Arabá y señalo al árbol de Ìrókò, el cual se había negado en
cumplir con el ẹbọ, externándoles que definitivamente Ìrókò era más fácilmente controlable.
Los taladores vieron bastante lógica en lo que Èşù Ọ̀ dàrà les exponía. Posaron sus manos en
Ìrókò y antes que el gran Ìrókò fuera derribado, todos ellos agradecieron a Èşù Ọ̀ dàrà.
Posteriormente derribaron al gran Ìrókò y al terminar cada uno se retiro a su respectivo hogar.
Después que todos se hubieron retirado, Èşù Ọ̀ dàrà regresó con Arabá y le informó que Ìrókò
había sido quien había planeado algo malo en contra de él. Èşù Ọ̀ dàrà le externo que debía
cantar y bailar pues el peligro se había terminado ya que Ìrókò ya había sido talado. Arabá
estaba tan contento que agradeció efusivamente a Èşù Ọ̀ dàrà, a su Awo, a Ifá y a Olódùmarè y
en ese momento todos cantaron:
Kó wó kó wó
Àràbà kò wó mó, ojú ti Ìrókò
Kó wó kó wó
Que se derrumbe, que se derrumbe
A Àràbà no lo pueden derrumbar más y esto le da verguenza a Ìrókò
Que se derrumbe, que se derrumbe
Un área sobresaliente de la ambigüedad de Èşù es el género. Lo anterior lo comento ya que
Èşù es irrefutablemente un Òrìşà fálico y también un Òrìşà que tiene encarnaciones hembras.
Los aspectos femeninos de Èşù se encarnan más concretamente en divinidades hembras cuyos
atributos las hacen colegas de Èşù.
El icono y lugar consagrado a Èşù entre los Yorùbá es constituido regularmente en un pedazo
de piedra porosa conocida científicamente como dije anteriormente cómo laterita (Yangí), o
por un montículo de tierra parecida al barro toscamente moldeado en forma humana, con
ojos, nariz y boca distinguidos con cauris. Puede estar representado por una estatua, adornada
con tiras engalanadas con cauris, teniendo en sus manos pequeñas calabazas llamadas Àdó
Àsubi Àsure (Àdó Ìsúbi Ìsúre), las cuales contienen los polvos que él utiliza en sus trabajos
negativos y beneficos. Sus cabellos regularmente son peinados en una larga trenza que cae
para atrás y forma una especie de penacho para esconder la hoja de cuchillo o navaja que
tiene en lo alto del cráneo. Esa navaja es mencionada en varios versos y leyendas de la
tradición Yorùbá. Un verso de Ifá que respalda lo anterior lo podemos tomar del Ọmọ Odù Ọ̀ sá
Èşù (Ọ̀ sá Ogbè), Ifá dijo:
Ká mú pẹ́kí ko pẹ́kí
Ká mú pẹ̀kì ko pẹ̀kì
Ká figi àjà méjì koraa wọn pẹ́kí pẹ̀kì pẹ́kí
A dífá fún Èşù Ọ̀ dàrà
Wọ́n ní kó rẹrù àsìngbà ká rọ̀ run
Ẹbọ n wọ́n ní ó şe
Ifá pé bí ò şe şóńşó abẹ
Èşù Ọ̀ dàrà ò lórí ẹrù ń rírù
Bí ò şe şóńşó abẹ
Ká mú pẹ́kí ko pẹ́kí
Ká mú pẹ̀kì ko pẹ̀kì
Ká figi àjà méjì koraa wọn pẹ́kí pẹ̀kì pẹ́kí
Fue lo profetizado por el sagrado oráculo de Ifá para Èşù Ọ̀ dàrà
A quien le fue pedido que llevara cosas de la esclavitud en su cabeza al cielo
Le pidieron que hiciera ẹbọ
Ifá dice a salvo por el filo de la navaja
Èşù Ọ̀ dàrà no se habría negado a llevar la carga
Si no es por el filo de la navaja
Orin / Canto:
Àfişóńşó abẹ, Àfişóńşó abẹ
Èşù Ọ̀ dàrà kò lórí ẹrù
Àfişóńşó abẹ
El que usa la punta de la navaja, el que usa la punta de la navaja
Èşù Ọ̀ dàrà no tiene (pues) cabeza de carga
El que usa la punta de la navaja
Como divinidad se dice que vino al mundo con un garrote en forma de pene llamado Ọ̀ gọ́ Èşù.
Está garrote se cree posee la propiedad de transportar a centenares de kilómetros en pocas
horas, y de atraer, por un poder magnético, objetos situados a distancias igualmente grandes,
a este garrote también se le conoce como “Agọngọ Ọ̀ gọ́”. Se dice que es con su Ọ̀ gọ́ que él
ataca a sus enemigos o a los que lo deshonran.
El aspecto fálico de Èşù lo podemos apreciar comúnmente en África en los templos dedicados
a él, en ellos y casi invariablemente apreciamos su Ọ̀ gọ́ Èşù o garrote mágico y en ocasiones
vemos figuras de Èşù con un enorme pene erecto, sinónimo de su virilidad.
Èşù es frecuentemente asociado con el semen y la placenta, y es señalado a menudo como dije
anteriormente como varón y hembra, las representaciones esculturales del Òrìşà incluyen al
varón y las figuras hembras embarazadas. Alternadamente, Èşù puede personificarse como
una figura que sostiene sus glándulas mamarias en sus manos. Este andrógino parece una
función de la habilidad de Èşù de cruzar los límites y acceder a todos los mundos en su papel
como mensajero mediador, él está en la mente de las mujeres y de los hombres.
Los Èlégùn Èşù (personas que se posesionan con la divinidad), participan en algunas ocasiones
en las ceremonias celebradas para otros Òrìşà. Algunos traen consigo dos o tres estatuillas de
Èşù y las indispensables pequeñas calabazas llamadas:
Àdó Àsubi (Àdó Ìsúbi)
La calabaza que emite mala fortuna
Àdó Àsure (Àdó Ìsúre)
La calabaza que emite buena fortuna
Àdó Àsubi Àsure (Àdó Ìsúbi Ìsúre)
La calabaza que emite mala y buena fortuna
Estas importantes calabazas, valga la redundancia, contienen los elementos del poder positivo
y negativo que él posee. Los sacerdotes llamados olúpòna, participan de las ceremonias para
Ògún que se realizan cada cuatro días. En el transcurrir de sus danzas, los sacerdotes traen
siempre en la mano un Ọ̀ gọ́ Èşù, con el cual molestan a todos los asistentes restregándoselos
en ocasiones en la cara, mostrando de esta forma el carácter travieso de Èşù.
Un aspecto crucial de Èşù es su relación con Ifá, esto lo podemos apreciar en todos los Ọpọ́n
Ifá (tableros sagrados de Ifá) pues todos tienen en la parte superior una cara ricamente tallada
representando a Èşù, esto se hace, pues como cite anteriormente, Èşù es quien debe aprobar y
ver que los ẹbọ decretados por Ifá hayan sido realizados.
Ademas de lo anterior Èşù fue el primer aprendiz del sacerdocio de Ifá de Ọ̀ rúnmìlà, él fue
testigo de cada adivinación que su maestro realizo. A partir de entonces y valga la redundancia
a Èşù le fue dicho que siempre debía estar al Norte (Este) del tablero de Ifá atendiendo todo lo
que realizara su maestro Ọ̀ rúnmìlà. De este modo, Èşù mantuvo y aun mantiene registrado lo
que es dicho durante la lectura del oráculo de Ifá, por ello, él sabe perfectamente quienes
fueron los que acudieron a escuchar el sabio consejo de Ifá, observa quienes cumplen con el
tratamiento indicado y quienes no lo realizan. Esta es otra razón del porque los Babaláwo
toman sumo cuidado con sus aprendices y les indican durante el proceso de adivinación que
ellos no solamente esta aprendiendo, están de igual forma siendo testigos de lo indicado por
Ifá y de esta forma en caso que se requiera se tornan en los suplentes de su maestro.
Èşù al ser el testigo de las actividades de su maestro, en cualquier lugar en el que estuvo,
siempre hubo la necesidad de visitar a Olódùmarè y rendirle cuentas de cual era el
comportamiento de Ọ̀ rúnmìlà en la tierra, Èşù es el que corrobora en todo momento ante el
creador el acatamiento y buena conducta de Ọ̀ rúnmìlà y sus hijos sobre la faz de la tierra. Del
mismo modo, Èşù informa que se les dará a los Ajogun (espíritus negativos), la parte que le
corresponde a Ọ̀ rúnmìlà e indica la gente que no cumple en realizar cabalmente los sacrificios.
Èşù es el encargado de suministrar la parte que le corresponde de los sacrificios a los Ajogun
cuando ellos se acercan a demandar su parte. Esto es realmente lo que ocurre cuando una
persona falla en realizar los sacrificios correspondientes y por ello se encuentran con múltiples
calamidades al no cumplir con los sacrificios prescritos por Ifá.
Èşù Ọ̀ dàrà – Èşù Ọ̀ badàrà, esta considerado como el Èşù mas ligado a Ọ̀ rúnmìlà, se le atribuyen
las transformaciones, lo mismo de bueno en malo, que de malo en bueno. Este es el Èşù que
recibe en primera instancia todo lo brindado para los Òrìşà o Ifá, pues es bien sabido en la
tradición Yorùbá que se necesita una transformación para cambiar el destino y el
comportamiento de los fervorosos. Èşù Ọ̀ dàrà es el mensajero de las cosas y las noticias, es por
esto que regularmente lo podemos ver dentro del recinto sagrado de Ifá, siempre en contacto
con Ọ̀ rúnmìlà. Se adopta comúnmente en la ceremonia de Ìtefá (Ìtenifá - iniciación en los
secretos de Ifá)
Existen varias leyendas que nos narran los inicios de la humanidad que involucran a Èşù con
Ifá, una de ellas es la que muestro a continuación:
En un tiempo los seres humanos dejaron de efectuar sacrificios a los Òrìşà y
consecuentemente los Òrìşà se molestaron. Èşù partió de su casa para remediar el problema
consultando a Yemọja con el objetivo de conocer el remedio de recobrar la buena voluntad de
la humanidad. Yemọja le dijo a Èşù que otros Òrìşà conjuntamente con sus discípulos iban a
crear enfermedades sumamente dañinas (Şọ̀ pọ̀ nná) e iban a incendiarlo todo (Şàngó). Al saber
esto, Èşù tenía que hallar una muy buena solución para los humanos y que con ello
continuaran subsistiendo. Èşù consultó a Ọrúngan que le dijo:
“Recolecta 16 nueces de palma (Ikin Ifá) para cada uno de los dieciséis reyes (16 Odù), y de
esta forma aprenderás el significado de cada nuez”
Èşù se dirigió a un bosquecillo de árboles de palma dónde los monos le dieron las dieciséis
nueces que él necesitaba, los monos le dijeron a Èşù que debía recorrer el mundo e ir a
dieciséis lugares donde oiría dieciséis diferentes refranes que explicarían el significado de las
nueces (Odù Ifá). Posteriormente Èşù se encamino con el objetivo que una vez más los
humanos les tuvieran respeto a los Òrìşà, en su jornada aprendió el poder de adivinación, a su
retorno relató a la humanidad lo que había aprendido y les hizo saber el testamento de los
Òrìşà, la humanidad al comprender que los Òrìşà causarían catástrofes y que la única forma
para que ellos pudieran escapar de este desagradable destino era llevando a cabo las ofrendas
y las diversas veneraciones a los Òrìşà, fue entonces que ellos reasumieron sus sacrificios.
Como pudimos apreciar en la anterior leyenda, Èşù al que consideran muchos un malvado,
realmente es una divinidad benevolente, sin embargo, es preciso mencionar que las 201
divinidades malevolentes son sus errantes ayudantes, ya que quien no cumple con los
sacrificios, Èşù tiene la tarea de enviarle alguno de estos asistentes. Realmente la función de
Èşù es reportarle diariamente todo lo que acontece en el mundo a Olódùmarè. Por eso es que
Olódùmarè para muchos parece estar muy remoto en concepto y posición. Los Yorùbá saben
perfectamente que las fuerzas malas y buenas están a cargo por orden del mismo Olódùmarè,
pues fue Él quien les dio a cada uno respectivamente lo que llamamos Àşẹ. Aquí es donde nos
surge la pregunta ¿Por qué hizo eso Olódùmarè? La respuesta desde el punto de vista
sacerdotal es que Olódùmarè sabía de antemano que siempre habría dos partes en cualquier
problema. Cuando se habla de algo “bueno”, se presupone que se conoce el lado “malo”. Por
ello es que los Yorùbá dicen que donde no existe lo bueno, tampoco existe lo malo. Esto es lo
que realmente brinda la balanza del mundo y de los seres humanos.
Los seres humanos sacrificamos a los Òrìşà que siempre están en la parte benefactora, sin
embargo es Èşù quién reparte a ambas partes, es el primero que recibe todos los sacrificios y
luego los reparte acorde a la naturaleza del ẹbọ. De esta forma se crea el balance y la armonía.
Por ejemplo, si una persona está enferma y ya cumplió con el sacrificio a su divinidad
protectora, Èşù repartirá el sacrificio y le ordenará a Àrùn (enfermedad) que se aleje y no
afecte más a la persona en enfermedad y le ordenará a Ìlera (salud) que entre en el cuerpo de
la persona para poder sanar. Con esto se logra una paz temporal por un periodo corto de
tiempo. El futuro nos traerá la necesidad de volver a sacrificar para enfrentar a otra fuerza
negativa.
En resumen de lo anterior, si una persona desea cambiar sus propias condiciones, deberá
sacrificar, pues la religión Yorùbá entiende que la paz no se derrama como una tormenta en la
faz de la tierra, la paz debe ser creada. Cada vez que una persona se encuentra en una
condición deplorable, el universo podrá ser reorganizado a su favor y ese será su propio
sacrificio. El termino sacrificio no siempre debe interpretarse en forma de sangre animal,
también puede ser un pago o remuneración a la comunidad, por ejemplo, cuando un
desempleado que es fervoroso se ofrece a limpiar el templo de los Òrìsà o Ifá durante varios
días ininterrumpidos; además de cantar y bailar allí, él/ella estará haciendo un sacrificio para
buscar un buen trabajo.
Los sacerdote de Ifá habitualmente sostienen que Èşù fue creado para ser el agente del
profeta Ọ̀ rúnmìlà, consideran que el deber de Èşù es ejecutar las prescripciones de Ọ̀ rúnmìlà,
estar siempre en la asistencia de él y actuar bajo sus órdenes. Mientras tanto Ọ̀ rúnmìlà es
asignado con el deber de escuchar la voz de Olódùmarè y declarar lo que el creador desea para
el mundo, dondequiera que la declaración de Ọ̀ rúnmìlà no sea respetada, el deber de Èşù es
traer alguna calamidad por vía del castigo al irreverente. A cambio del servicio que Èşù brinda
a Ọ̀ rúnmìlà, este prescribe ofrendas para él, pero siempre que Èşù no esté satisfecho con las
ofrendas, tiene la fuerza para estropear los trabajos realizados por Ọ̀ rúnmìlà.
Lo que la mayoría de los sacerdotes entendemos de las tradiciones orales acerca del carácter
de Èşù, es difícil aceptar la forma en que algunos sacerdotes de Ifá lo intentan desfavorecer,
Èşù menos que nadie puede recibir de esa manera una posición subordinada a cualquier
divinidad, y mucho menos la de un muchacho obediente. Absolutamente no hay ninguna duda
que existe un eslabón muy cercano entre Èşù y Ọ̀ rúnmìlà, aunque una equivocación de las
relaciones puede llevar fácilmente a un error de juicio en favor de uno o el otro, ellos se unen
a consecuencia de la conexión que hay entre sus respectivas funciones.
Èşù es frecuentemente conocido como el portero o abridor de puertas, permítanme de
acuerdo a la filosofia del Awo Fálókun Fátúnmbí considerar qué puerta es la que Èşù abre, y
cuando es el momento preciso en el curso de nuestra vida tener esa puerta abierta.
¿Alguien sabe de qué puerta estamos hablando?
Respuesta:
La puerta de nuestra conciencia.
Ifá dice que una vez que nosotros comenzamos a vivir, es nuestra tarea recomenzar el uno
mismo todos los días, cada día usted tiene que incorporarse, asimilar, e integrarse a las
lecciones de vida que ocurren cotidianamente.
Èşù como el Òrìşà que abre las puertas, realmente se vuelve la fuente original para la
confrontación con el miedo, así históricamente, es una de las razones por las qué Èşù es
descrito como el "malo" o "negativo", y esto es porque él nos enfrenta cara a cara con
nuestros miedos, si no le gusta esta experiencia, o si usted no puede manejarlo, la tendencia
es culpar a Èşù en lugar de admitir su propia falta de valor.
Quiero decir con esto, que si usted se encuentra involuntario en atravesar la puerta que Èşù ha
abierto, lo más común es culpar al guardián de la puerta. Èşù es realmente al que nosotros
invocamos para poder confrontar nuestros miedos, es destacable mencionar que el punto
principal de esto consiste en no invocar a Èşù a menos que usted esté listo para afrontar la
vida con sus bondades y sus adversidades.
Las personas regularmente acuden a los sacerdotes Yorùbá diciendo que ellos están listos para
su crecimiento espiritual, los sacerdotes invocan a Èşù y las personas culpan a los oficiantes de
todos los problemas que los sacuden en la calle, sin embargo, los sacerdotes no son los que
están causando el problema, el problema se causó pidiendo a Èşù abrir la puerta.
Todo esto es únicamente para contestar la pregunta de ¿qué puerta es la que Èşù abre? La
puerta que le permite confrontar sus miedos y afrontar la vida. Nosotros los latinos tenemos
un proverbio que nos enseña a conducirnos de una mejor forma en nuestro entorno, al
proverbio al que hago referencia es:
“Dios dice, ayúdate, que yo te ayudare”
Los seres humanos debemos enfrentarnos a la vida para poder crecer espiritual y
materialmente, esto lo digo por que las divinidades no van a descender del cielo a socorrernos
particularmente a cada uno de nosotros. La palabra Yorùbá Ojúbọ, quiere decir santuario, cada
Ojúbọ contiene una piedra, y recordemos que en nuestra religión veneramos a las piedras y a
varios elementos brindados por la naturaleza, en este punto es importante destacar que la
palabra Ojúbọ también quiere decir “el lugar al que acudimos para decir nuestras plegarias”,
cuando usted recibe una piedra durante cualquier iniciación de la tradición Yorùbá y los
sacerdotes mayores invocan un hálito de energía para que viva en esa piedra, lo hacen con el
objetivo que usted tenga algo que dialogar cuando usted confronte a esa piedra, los mayores
nos enseñan que si no conversamos con la piedra, el espíritu de esa piedra se marchará.
Cabe destacar que los Ojúbọ que expresan amor y luz siembran esa energía en el Àşẹ de la
piedra consagrada, al hacerlo de esa forma, la protección proveniente de la energía de la
piedra es inminente, y es considerada una respuesta honorable de los Òrìşà, en consecuencia,
poco hay que temer de los Ajogun (energías negativas o espíritus malignos).
A pesar de lo que los misioneros cristianos han tratado de enseñar, nadie en tierras Yorùbá
cree que la piedra realmente sea Èşù o su espíritu, los Yorùbá nos enseñan que la piedra es el
lugar donde se da la cara cuando se está hablando con Èşù.
Como consecuencia de su carácter tan versátil, su altar regularmente es construido fuera de la
ciudad o de la casa. De aquí el dicho:
Èşù kò ní ìwà; a kọ́ ilé rẹ̀ sí ìta
Èşù no tiene carácter; su casa está hecha en la calle
De esta forma es comúnmente encontrada una piedra Yangí cerca de la entrada de cada
ciudad y enfrente de la entrada de muchas casas. El altar de Èşù esta cubierto a menudo con
una barraca hecha de hojas de palma de Ikin sostenida por cuatro palos cortos o columnas de
barro. También podemos apreciar láminas de hierro onduladas que están siendo sustituidas en
la actualidad por las hojas de palma de Ikin.
Cabe destacar que el Ojúbọ o altar de Èşù, en caso que se valla a edificar en una casa es
conveniente que este situado al aire libre al frente de la casa, no dentro ni atrás. Sin embargo,
en caso que no se posea un espacio al aire libre, un pequeño espacio puede utilizarse como
alternativa. Normalmente es el Yangí el que evidencia la existencia de Èşù. Los símbolos más
comunes que podemos encontrar en los templos de Èşù son:
Cuentas conocidas como Èré
Garrote o bastón conocido como Kùnmò Èşù
Garrote en forma fálica conocido como Agọngọ Ọ̀ gọ́ u Ọ̀ gọ́ Èşù
Piedra Yangí
Tela roja y negra
Cuchillo, que es curvo conocido como Ọ̀ bẹ Èşù
Algunas veces dos imágenes talladas hechas de madera
Calabazas pequeñas conocidas como Àdó Àsubi Àdó Àsure
Los materiales para propiciar a Èşù tradicionalmente son:
Agbàdó – Maíz
Àmàlà – Comida hecha a base de harina de ñame
Ataare – Pimienta de guinea
Eku/ Èkúté – Rata ahumada de campo
Epo pupa – Aceite rojo de palma (manteca de corojo)
Ẹja àrọ̀ / Ẹja Ifá – Pescado gato ahumado/ Pescado de Ifá (pez gato parecido al bagre)
Ẹ̀kọ – Tamal de fécula de Maíz (Engrudo)
Ẹmu (Ẹmu Ọ̀ pẹ̀) – Vino de palma
Işu – Ñame
Iyán – Puré de Ñame
Iyọ̀ – Sal
Obì Oloju Eta/ Obì Alawe Eta – Nuez de Kola de 3 gajos
Omi tútù – Agua fresca
Orógbo – Kola amargo
Ọkà – Guisado de harina de yuca
Ọtí – Cualquier bebida alcohólica de buena calidad (puede ser ginebra, ron, tequila,
aguardiente, cashasa) etc.
Animales
Àkúkọ – Gallo
Ẹyẹlé – Paloma
Ẹlẹ́dẹ̀ – Cerdo
Ẹtù – Gallina de guinea
Òbúkọ – Chivo (preferentemente de color negro)
Ọ̀ ni – Cocodrilo
Tabúes
Àdín/ Àdí – Aceite de semilla de palma
El aceite rojo de palma llamado “Epo Pupa”, es típico en los templos de Èşù y se utiliza para
refrescarlo y cocinar sus alimentos, sin embargo, el aceite color café claro extraído de las
almendras de palma, llamado “Àdín”, es muy ofensivo para Èşù y todos los demás Òrìşà, con
excepción de Ọ̀ sányìn que lo utiliza en la preparación de medicinas.
Nota
A Èşù se debe alimentar o venerar de pie usando todos los materiales tocando la parte trasera
del cuello debajo de la nuca del fervoroso, esto se hace en honor del Èşù que radica en la nuca
de todos los seres humanos. Los animales ofrendados para Èşù deben ser consumidos fuera y
mientras se alimenta no se deben decir malas palabras, no como un lenguaje completo.
En tierras Yorùbá los devotos de Èşù llevan comúnmente collares negros, rojizos y en
ocasiones se mezcla el blanco con el negro.
Arquetipo de Èşù
El arquetipo de Èşù es muy común en nuestra sociedad donde proliferan personas con un
notable carácter ambivalente, ni buenas ni malas, sin embargo, con inclinación para la maldad,
el desatino, la obscenidad, la depravación y la corrupción. Personas que tienen el arte de
inspirar confianza y de ella abusar, pero que presentan, en contrapartida, la facultad
inteligente de comprensión acerca de los problemas de los otros y brindar ponderados
consejos, con más celo cuando es mayor la recompensa esperada. Los pensamientos
intelectuales tramposos y las intrigas políticas les convienen particularmente y son, para ellos,
garantías de éxito en la vida.
Como un ultimo comentario, creo importante subrayar que los fervorosos de esta hermosa
tradición debemos entender que en alguna parte dentro de nosotros Èşù está vivo esperando
ir a trabajar.
ÈŞÙ ARÍWÁJÚ RẸ́YÌN
Èşù el que puede ver al frente y atrás al mismo tiempo
La tradición de Èşù nos enseña indudablemente a cuidar mejor a la naturaleza y especialmente
a nuestra familia humana, porque todos somos uno y lo que pensamos, hacemos y decimos
reverbera eternamente.
Èlàború Èlàboyè Èlàbosíse