PITAGORICOS
Al hablar de Pitágoras, lo primero en lo que la mayoría de la gente piensa es
seguramente el teorema que lleva su nombre. Pero en realidad no se sabe
si fue el filósofo y matemático griego quien lo enunció, como tampoco se
conoce la mayoría de su doctrina, que nunca dejó por escrito. Dos de las
características de la escuela pitagórica son su naturaleza comunal y su
hermetismo, y la figura de su fundador se funde con el corpus de enseñanzas
de los adeptos que le siguieron.
Para tratarse de una de las primeras figuras de relieve de la filosofía griega,
la vida de Pitágoras se conoce a muy grandes rasgos. Los primeros datos
biográficos sobre él no aparecen hasta 150 años después de su muerte,
son muy fragmentarios y sujetos a la interpretación de las generaciones
posteriores, empezando por sus propios discípulos.
Se sabe que era originario de la isla de Samos, en el mar Egeo oriental, y que
nació alrededor del año 570 a.C. En su juventud probablemente viajó a
Egipto, Jonia y Persia, antes de establecerse en la Magna Grecia -como
entonces se llamaba al sur de Italia, colonizado por los griegos-, primero en
Crotona y luego en Metaponto, donde murió en el 490 a.C.
Había estudiado una gran variedad de disciplinas, por lo que se supone
que cuanto menos procedía de una familia de buena posición. Sabía tocar la
lira, componer poesía y recitar a Homero, dominaba las matemáticas y la
astronomía, y conoció a grandes personajes como Tales de Mileto, quien le
despertó el interés por las ciencias. Durante sus viajes probablemente fue
iniciado en los misterios órficos en Creta y tal vez en los secretos de los magi,
los sacerdotes persas.
Pitágoras fundó en la Magna Grecia una escuela de pensamiento que
combinaba aspectos filosóficos, místicos y científicos. La escuela
pitagórica tenía muchas características de lo que en el mundo antiguo
llamaríamos sectas, como la separación entre aquellos que habían sido
iniciados en los misterios y podían participar en las discusiones y los no
iniciados, pero era novedosa en su énfasis en las matemáticas como una vía
para entender el universo.
Resulta difícil saber qué ideas se pueden atribuir al propio Pitágoras y
cuáles son obra de sus seguidores, en parte porque él no dejó escritos
sobre su trabajo y en parte porque los pitagóricos lo citaban sistemáticamente
como fuente de autoridad para dar más peso a sus propias ideas: es posible
que ni siquiera el famoso teorema de Pitágoras fuese formulado directamente
por él.
Los pitagóricos practicaban una forma de vida que en algunos aspectos podía
parecer contradictoria al resto de la sociedad. En algunos aspectos eran
muy abiertos, por ejemplo en lo que respecta a la inclusión de las mujeres
como miembros. En otros en cambio eran muy restrictivos: aunque
cualquiera podía asistir a las discusiones científicas como oyente, solo los
iniciados podían acceder a ciertos conocimientos de naturaleza más
filosófica. Los miembros más adeptos rechazaban las posesiones personales
y el consumo de productos de origen animal (como alimentos o ropa de lana)
y practicaban la vida comunal.
La idea central del pensamiento pitagórico era que los números eran la
esencia de todas las cosas, de ahí que la escuela se centrara en el estudio
de las matemáticas y la geometría. Se considera a Pitágoras como el
padre de estas dos disciplinas en el mundo griego, aunque posiblemente
aplicó conocimientos de los babilonios: su isla natal, Samos, estaba frente a
la costa jónica y por ende, en contacto con el mundo persa.
Lo que ha trascendido de la doctrina pitagórica son sobre todo la
matemática y la geometría, pero para sus practicantes estas tenían una
dimensión mística detrás. A ciertos números y figuras se les atribuían
cualidades especiales, una creencia que aplicaban a campos tan distintos
como la astronomía, la música o la metafísica. Parte de ese conocimiento
estaba reservado a los iniciados, puesto que tenía un componente casi
mágico que consideraban que no debía estar al alcance de cualquiera.