DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA
REVISTA DE
CIENCIAS SOCIALES
Vol. 34 - n.º 48 - enero-junio de 2021
Actores sociales y ambiente
Montevideo - Uruguay
ISSN 0797-5538 - ISSN online 1688-4981
DOI 10.26489/rvs
Revista de Ciencias Sociales / Departamento de Sociología. - v.1 n 1 (1986) -
Montevideo: Universidad de la República. Facultad de Ciencias Sociales,
Departamento de Sociología, 2021 -
Semestral. - V.34 n. 48 (2021)
ISSN 0797-5538
ISSN online 1688-4981
DOI 10.26489/rvs
1. Política ambiental 2. Agroecología 3. Conflictos sociales
4. Higiene ambiental 5. Estrategia de desarrollo
SDD 300
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Vol. 34 - n.º 48 - enero-junio de 2021
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Table of contents
Dossier
Social actors and environment
Presentation........................................................................................................................ 7
Soledad Nión Celio and Valentina Pereyra Ceretta
Environment and crisis in Uruguay................................................................................. 13
Agroecology as a counter-hegemonic construction
I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli and J. Pivel
The approval process for the protected area of Montes del Queguay............................ 41
Conflicts, actors, challenges
Verónica Filardo and Virginia Rossi
Poisons, remedies and weedkillers................................................................................. 67
Agricultural workers and pesticides popular knowledge
Victoria Evia Bertullo
Visions on the risk, nature and development.................................................................. 93
The pulp production in Uruguay
Valentina Pereyra Ceretta
Articles
Contemporary theoretical discussions about poverty................................................. 115
Capabilities, well-being and human needs
Diego Amarilla
Analysis of the resocialization process......................................................................... 131
The method of the Protection and Assistance to the Convicted Association
L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira and T. Ferreira Nascimento Durães
Identity, motherhood and work...................................................................................... 155
A study between social classes in Chile
C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes and G. Madrid Muñoz
Conference...................................................................................................................... 175
Genes, race and culture
Ulrich Kattmann
Book review
The profession of the sociologist in Uruguay in times of change................................ 193
Eduardo Arroyo Laguna
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021.
Tabla de contenidos
Dossier
Actores sociales y ambiente
Presentación....................................................................................................................... 7
Soledad Nión Celio y Valentina Pereyra Ceretta
Ambiente y crisis en Uruguay........................................................................................... 13
La agroecología como construcción contrahegemónica
I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay................................ 41
Conflictos, actores, desafíos
Verónica Filardo y Virginia Rossi
Venenos, curas y matayuyos........................................................................................... 67
Trabajadores agrícolas y saberes sobre plaguicidas
Victoria Evia Bertullo
Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo............................................................... 93
La producción de pasta de celulosa en Uruguay
Valentina Pereyra Ceretta
Artículos
Discusiones teóricas contemporáneas sobre pobreza................................................ 115
Capacidades, bienestar y necesidades humanas
Diego Amarilla
Análise do processo de ressocialização....................................................................... 131
O método da Associação de Proteção e Assistência a Condenados
L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
Identidad, maternidad y trabajo..................................................................................... 155
Un estudio entre clases sociales en Chile
C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
Conferencia..................................................................................................................... 175
Raza, genes y cultura
Ulrich Kattmann
Reseña bibliográfica
El oficio del sociólogo en Uruguay en tiempos de cambio............................................ 193
Eduardo Arroyo Laguna
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021.
Dossier
Presentación
Actores sociales y ambiente
Hace ya diez años de la publicación del número 26 de la Revista de Ciencias
Sociales, el último dedicado al vínculo entre las ciencias sociales y el am-
biente. En esa oportunidad, se señalaba la relevancia de las ciencias sociales
en el estudio de las temáticas ambientales, los desafíos para el desarrollo
sustentable y los límites que la visión exclusiva desde las ciencias naturales
imponía para comprender cuáles eran los fenómenos que estaban emergiendo
desde este ámbito con paulatina claridad.
En la última década, las ciencias sociales lograron abrirse un espacio
notorio en el tratamiento de los temas vinculados a la salud ambiental y humana,
articulados en debates sobre los modos de producir, los bienes ecosistémicos
y la participación ciudadana en la gestión del riesgo. No obstante, es menester
seguir consolidando el aporte desde el campo de lo social, que debe continuar
desarrollándose en interdisciplinariedad y con espíritu crítico, nutriéndose de
las experiencias empíricas y de las teorías globales, pero también de aquellas
americanistas desarrolladas más recientemente.
Gazzano y Achkar (2013) señalan que la irrupción de la temática
ambiental en los ámbitos sociales, culturales, científicos y políticos
constituye un nuevo factor cuestionador, que pone en debate conceptos como
desarrollo, tecnología y ciencia, entre otros. Desde hace varios miles de años,
ya desde el surgimiento de la agricultura, la temática ambiental es objeto de
reflexión humana. No obstante, recién en la década del sesenta del siglo XX
se transformó en un campo de estudio sistemático y acumulativo, donde se
produce conocimiento científico.
A fines de la década del setenta y comienzos de la del ochenta, el
tema ambiental ya había ganado un espacio importante en la preocupación
científica internacional. En parte, el desarrollo de esta preocupación estuvo
vinculado a grandes desastres y sus efectos en la desigualdad social (García
Acosta, 2005). Paulatinamente, comenzaron a identificarse elementos que
influyen, en distintos grados, en el funcionamiento de los ecosistemas
en diferentes dimensiones de nuestra vida: a) ambiental (degradación,
contaminación, nuevos problemas); b) alimentaria: pérdida de seguridad y
soberanía alimentaria y nutricional; c) económica y social: sobreacumulación,
concentración de riqueza, pobreza, diferenciación social, asimetrías de poder
y acceso a los bienes naturales, los alimentos y las decisiones; d) político-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 7-12.
8 Presentación
social (conflictos, ecodesplazamientos, exclusión, hambre, desnutrición,
violencia, entre otros) (Bartra, 2009).
Los modelos productivos actualmente preponderantes se basan en
una división internacional del trabajo, con avance del extractivismo,
reprimarización de las economías, sobreexplotación de los bienes naturales,
pérdida de soberanía tecnológica, alimentaria, cultural, social y económica
(Svampa, 2012). Los efectos de estas formas de producir afectan la salud
humana, animal y ambiental, acumulándose con la contaminación producida
por las tecnologías pasadas, intensificando el cambio climático y la
insostenibilidad en el largo plazo de estas formas de vida (Beck, 1986).
Si bien la explotación y la exportación de bienes naturales no son
actividades nuevas en la región, en los últimos años del siglo XX y
primeros del siglo XXI se intensificó la expansión de proyectos orientados
a ellas (Svampa, 2012). En la medida en que los diferentes megaproyectos
reconfiguran territorios, no solo ponen en jaque las formas económicas y
sociales preexistentes, sino también el alcance de la democracia y la justicia
social, pues se imponen sin el consenso de las poblaciones y generan así
fuertes divisiones en la sociedad. En tal sentido, otra de las consecuencias
de este modelo ha sido la explosión de conflictos socioambientales, visibles
en la potenciación de las luchas por la tierra, en particular encarnadas en los
movimientos indígenas y campesinos, así como en el surgimiento de nuevas
formas de movilización y participación ciudadana, centradas en la defensa
de los bienes naturales, la biodiversidad y el ambiente. Estos conflictos
socioambientales suponen intereses y valores divergentes, en un contexto
de gran asimetría de poder; es decir, expresan diferentes concepciones (y
disputas) sobre el territorio, la naturaleza y el ambiente (Svampa, 2012).
En este contexto, desde hace unas décadas se comenzó a señalar que
la crisis ambiental es, en realidad, una crisis civilizatoria, en la que no se
puede separar la degradación de la dimensión físico-biológica del deterioro
social (Leff, 1998). El problema ambiental se presenta entonces, en primera
instancia, fundamentalmente desde un contexto biofísico, y, cuando se intenta
incorporar a su interpretación la dimensión económica y social, puede ser
reformulado como “crisis civilizatoria” (Bartra, 2009).
La constatación de estas problemáticas interpela a la sociedad a través
de dos preocupaciones centrales: la primera es que la sociedad se ve afectada
en su conjunto, no existen mecanismos que permitan a individuos o grupos
aislarse y evitar sus efectos, es decir, “nadie se salva”, y la segunda es la
certeza del fracaso, al menos hasta hoy, en la identificación de soluciones
(Gazzano y Achkar, 2013). En línea con lo anterior, Machado Aráoz (2015)
señala que la exacerbación consumista y fosilista experimentada durante el
siglo XX desembocó en lo que Beck (1986) llama “sociedades del riesgo”.
Los riesgos actuales muestran los límites de las sociedades industriales y
aparecen como efectos no deseados del desarrollo científico-tecnológico.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.7-12.
Actores sociales y ambiente 9
Según Galindo (2015), la teoría de la modernidad reflexiva de Beck
apunta al potencial de conflicto social derivado de las relaciones entre las
definiciones de los riesgos. En este sentido, Luhmann (1991), Giddens
(1995) y Beck (1986) —teóricos clásicos de las ciencias sociales— muestran
cómo el concepto de riesgo se puede asociar a cambios profundos en las
relaciones sociales, en las formas de autoridad y en las relaciones entre
ciencia, tecnología y sociedad. Los efectos no deseados producidos por
la alta complejidad alcanzada por los procesos de racionalización en la
sociedad implican riesgos tanto de alcance personal como global. En este
marco, las teorías sobre el riesgo se esfuerzan por señalar que existe una
creciente reflexividad: los individuos son cada vez más conscientes de su
contexto social y de su papel como actores dentro de él, y son capaces de
reflexionar sobre sus propias prácticas y sus consecuencias (Giddens, 1995).
La aceptación activa de los riesgos es parte importante del clima de riesgo
con que se vive en la modernidad actual. Específicamente, los debates en
torno a la “naturaleza” se vuelven una nueva fuente de legitimación moral
por la cual se justifican los distintos saberes en pugna (Wilkinson, 2001;
Douglas, 1996). En estos procesos de definición y atención de los riesgos se
ponen en juego diferentes recursos de poder.
La noción de políticas del riesgo vincula riesgo con poder y conocimiento
con valores políticos de libertad, equidad, justicia, derechos y democracia.
La “pérdida de inocencia” de esta era inspira nuevos movimientos políticos
relacionados con una nueva forma de racionalidad ambientalmente
responsable en el marco de esa modernidad reflexiva (Wilkinson, 2001; Beck,
2010). Así, se producen debates que suponen procesos de concentración del
conocimiento y de las decisiones sobre el riesgo vinculadas a los modelos de
desarrollo y productivos a escala nacional e internacional.
La idea de crisis civilizatoria que mencionábamos en párrafos anteriores
tiene, entonces, profundas implicancias para los actores sociales, ya que,
como advierte Agoglia (2010), la gran crisis es un llamado a la acción. La
crisis ambiental o civilizatoria y las consecuencias negativas de la aplicación
de algunas propuestas o aparentes soluciones han generado reacciones y
tensiones en diversos actores sociales que comienzan a problematizar, a
buscar nuevas soluciones y a centrar su mirada en estos fenómenos.
El desarrollo de la ciudadanía ambiental está íntimamente relacionado
con las oportunidades para participar en la gestión ambiental y con las
demandas de los actores sociales vinculadas a ello. La visibilidad de los
conflictos ambientales y el incremento de las demandas por la participación
en temas de calidad ambiental o en proyectos que potencialmente tienen alto
impacto en el medioambiente no terminan de abrirse un lugar pleno en las
políticas públicas ni en el ámbito empresarial o académico (Gudynas, 2009).
A modo de ejemplo, los gobiernos progresistas que hubo en las últimas
décadas en la región latinoamericana mantuvieron los estilos de desarrollo
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 7-12.
10 Presentación
con altos impactos ambientales, basados en la apropiación de bienes naturales,
y la participación ciudadana (bajo el paraguas de los derechos ambientales)
se presenta como una solución que no tiene cabida en los Estados que se
autodefinen como representantes de los derechos “del pueblo” (Gudynas,
2009).
En este contexto, desde comienzos del siglo XXI, en diversos ámbitos
de la sociedad uruguaya se observa una creciente asignación de importancia
a la temática ambiental, especialmente a la urgencia de encontrar soluciones,
acordes con la realidad regional, a los problemas ambientales emergentes.
Las configuraciones productivas de las últimas décadas dejaron en evidencia
la sobreexplotación de la naturaleza y sus consecuencias para la vida humana,
requiriendo la atención de una serie de problemas de diversa índole. Desde lo
público-estatal, se desarrollan políticas y acciones para hacer frente a estos
problemas, que se presentan con argumentos que van desde lo paliativo a
la transformación del sistema. Por su parte, desde las organizaciones de
la sociedad civil y las comunidades, se buscan tanto soluciones paliativas
como acciones transformativas, que muchas veces entran en tensión con las
propuestas estatales.
El presente dossier pretende ser un aporte a este campo, mediante la
contextualización del debate sobre las relaciones entre sociedad y ambiente
en el Uruguay actual, donde las características de las llamadas sociedades del
riesgo comienzan a ser cada vez más visibles. Por un lado, especialmente en
el plano ambiental, se observa el avance del agronegocio, la contaminación
de los ríos, la degradación de los suelos, el creciente uso de agroquímicos,
etcétera. Por otro lado, hay un resurgimiento de formas “alternativas” de
producción, normativas y controles, “tecnologías limpias” aplicadas a la
industria, áreas protegidas, ciudadanías ecológicas, entre otros.
Diez años después de aquel número de la Revista de Ciencias Sociales
que trataba temas de ambiente y ciencias sociales, este dossier se propone
darle continuidad y mostrar el empuje de esta línea investigativa abordando
las temáticas de medioambiente y ciencias sociales desde una mirada
interdisciplinaria, con artículos que unen los grandes debates políticos
y científicos sobre ambiente, ciencia y tecnología con las problemáticas
específicas que afronta el Uruguay en materia de desarrollo, sustentabilidad,
ambiente, sociedad y producción. Estos son algunos de los debates en los
cuales el país se encuentra hoy en día, en el marco de un fenómeno regional
y mundial donde los riesgos ambientales, sociales y políticos conviven en
un espacio de disputa de poderes y visiones encontradas de los diferentes
actores involucrados.
Los artículos incluidos abordan una diversidad de problemáticas vinculadas
al medioambiente, las relaciones sociedad-ambiente y los actores involucrados,
los modelos de producción y los riesgos asociados a ellos, buscando cubrir una
amplia gama de perspectivas y miradas sobre estas temáticas.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.7-12.
Actores sociales y ambiente 11
En primer lugar, Gazzano, Achkar, Apezteguía, Ariza, Gómez Perazzoli
y Pivel abordan la noción de agroecología como herramienta emancipatoria
y contrahegemónica en la transformación social, dada la actual crisis
civilizatoria ligada a los riesgos ambientales. El trabajo realza la importancia
de las unidades de producción, la organización comunitaria, el conocimiento
local, la biodiversidad y las formas de vinculación con la naturaleza.
En el caso de Filardo y Rossi, el artículo refiere a la cuestión de las áreas
protegidas por medio del análisis de los conflictos entre actores locales, los
intereses que proclaman y los servicios ecosistémicos que disputan para el
área de Montes del Queguay (Paysandú, Uruguay).
Por su parte, Evia Bertullo estudia los conocimientos populares sobre el
uso de plaguicidas, en los que se combinan saberes corporales y del habitar
el territorio con saberes expertos que se resignifican.
Por último, Pereyra se aproxima al estudio de la instalación de las
industrias de pasta de celulosa en el Uruguay, pero desde las valoraciones que
diversos actores sociales (por ejemplo, la academia, las organizaciones de la
sociedad civil y los sindicatos) hacen de este sector productivo, buscando
caracterizar los modelos de desarrollo implícitos en sus discursos.
Soledad Nión Celio y Valentina Pereyra Ceretta
Coordinadoras del dossier
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 7-12.
12 Presentación
Referencias bibliográficas
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su emergencia, desarrollo y profundización desde la perspectiva de la teoría
crítica [Tesis de Doctorado Interuniversitario de Educación Ambiental].
Girona: Universidad de Girona.
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Beck, U. (2010). Climate for Change, or How to Create a Green Modernity?
Theory, Culture & Society, 27(2-3), pp. 254-266.
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Giddens, A. (1995). La constitución de la sociedad. Buenos Aires: Amorrortu.
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Luhmann, N. (1991). Sociología del riesgo. México: Universidad Iberoamericana.
Machado Aráoz, H. (2015). Ecología política de los regímenes extractivistas.
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Piñeiro, D. (2010). Medio ambiente y ciencias sociales: vínculos imprescindibles.
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Svampa, M. (2012). Pensar el desarrollo desde América Latina [en línea].
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and Insufficient. Current Sociology. 49(1), pp. 1-22.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.7-12.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.1
Ambiente y crisis en Uruguay
La agroecología como construcción contrahegemónica
Inés Gazzano, Marcel Achkar, Elena Apezteguía, Julián
Ariza, Alberto Gómez Perazzoli y Julio Pivel
Resumen
En Uruguay se consolida la intensificación agraria, que conecta el agronegocio extractivista con el
régimen alimentario corporativo mundial y con una crisis ambiental-civilizatoria sin precedentes.
Frente a esto, emergen conflictos y disputas socioambientales, movimientos de cambio y acciones
contrahegemónicas que cuestionan y construyen formas de resistencia orientadas hacia otros
marcos de relación, gestión de bienes, formas de producción, comercialización, consumo y
organización. Desde el desarrollo conceptual, el análisis bibliográfico y la autorreflexión, se
busca visibilizar estas acciones y reflexionar sobre ellas. Se identifican elementos comunes y
sinergias con abordajes críticos de investigación y formación para plantear nuevas reflexiones a
partir de la aprobación de la Ley Nacional de Agroecología.
Palabras clave: Plan Nacional de Agroecología, organizaciones sociales, Uruguay, soberanía
alimentaria, política pública.
Abstract
Environment and crisis in Uruguay. Agroecology as a counter-hegemonic construction
In Uruguay, agrarian intensification is consolidated, connecting extractivist agribusiness with
the global corporate food regime and an unprecedented environmental-civilizational crisis.
Confronted with this, socio-environmental conflicts and disputes emerge, movements for change
and counter-hegemonic actions that question and build forms of resistance to other frameworks of
relationship, asset management, forms of production, marketing, consumption and organization.
From conceptual development, bibliographic analysis and self-reflection, we seek to make
these actions visible and reflect on them. Common elements are identified as well as synergies
with critical research approaches and professional training to raise new reflections as from the
approval of the National Law of Agroecology.
Keywords: National Agroecology Plan, social organizations, Uruguay, food sovereignty, public
policies.
Inés Gazzano: Doctora en Recursos Naturales y Sostenibilidad, profesora agregada de
Agroecología, integrante del Grupo de Agroecología de la Facultad de Agronomía de la
Universidad de la República (UDELAR).
ORCID iD: 0000-0002-1959-7922
Email:
[email protected] Marcel Achkar: Doctor en Ciencias Agronómicas, Laboratorio de Desarrollo Ambiental y
Gestión Sustentable del Territorio (Facultad de Ciencias-UDELAR).
ORCID iD: 0000-0001-7082-8557
Email:
[email protected] Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 13-40.
14 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
Elena Apezteguía: Doctora en Zootecnia, integrante del Grupo de Agroecología de la
Facultad de Agronomía (UDELAR).
ORCID iD: 0000-0002-7251-2537
Email:
[email protected] Julián Ariza: Magíster en Ciencias Agrarias y Ciencias Sociales, doctorando en Ciencias
Agrarias, integrante del Grupo de Agroecología de la Facultad de Agronomía (UDELAR).
ORCID iD: 0000-0003-0356-2829
Email:
[email protected] Alberto Gómez Perazzoli: Magíster en Desarrollo Rural Sostenible.
ORCID iD: 0000-0001-5373-8488
Email:
[email protected] Julio Pivel: Economista, maestrando en Ciencias Agrarias.
ORCID iD: 0000-0002-4403-9965
Email:
[email protected]Recibido: 19 de mayo de 2020
Aprobado: 22 de setiembre de 2020
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
Ambiente y crisis en Uruguay 15
Introducción
El régimen alimentario actual configura la agricultura y la alimentación en
función de la economía capitalista mundial, que pasó, entre el siglo XIX y
el XXI, de un régimen colonial a uno mercantil e industrial (consolidado
en 1950-1970), y, desde las décadas del setenta y del ochenta, con la tran-
sición al neoliberalismo, a un régimen corporativo que se extiende hasta la
actualidad (Rodríguez, 2010), propagado en Latinoamérica con la llamada
revolución verde y el discurso de la seguridad alimentaria. Este “imperio
alimentario” (McMichael, 2005; Ploeg, 2010) está dirigido a la expansión
y acumulación de capital sin límites y no a la satisfacción de necesidades
alimentarias. Para expandirse, orienta esfuerzos a eliminar límites sociales
y ecológicos, conformando enclaves agroexportadores basados en sistemas
locales de extracción y apropiación de riqueza, con explotación intensiva de
recursos y especificidades locales con estrategias que, desde lo global, go-
biernan los sistemas productivos locales (González de Molina y Fernández,
2010).
En los últimos veinte años, a escala mundial, la expansión agrícola
se estabilizó en 4.900 millones de hectáreas y ralentizó las pérdidas de
cobertura forestal en 50% (período 2010-2015), pero regiones tropicales y
subtropicales perdieron siete millones de hectáreas anuales de bosques entre
2000 y 2010 y la superficie agrícola aumentó seis millones de hectáreas por
año. La degradación de suelos por erosión, hídrica o eólica, se estima en
diez millones de hectáreas anuales, un 20% de las tierras cultivadas muestran
disminución de productividad y un 24%, procesos de desertificación. La
agricultura es responsable del 70% de la extracción de agua dulce. En los
últimos cincuenta años, las emisiones de gases de efecto invernadero de
la agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo se cuadruplicaron y
todo indica que seguirán aumentando para 2050. El cambio climático se
relaciona con el aumento en el número e intensidad de desastres naturales y
el número de plagas y enfermedades transfronterizas, que, junto al aumento
de los conflictos territoriales, la competencia por los recursos naturales, las
migraciones y los riesgos del efecto de enfermedades animales sobre la salud
humana, configuran una situación preocupante para la seguridad alimentaria
y la humanidad (FAO, 2017, 2018).
La crisis asociada al modelo agroalimentario, intensifica la “epidemia
global de malnutrición”, con más de 820 millones de personas con
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16 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
hambre, de los cuales 42,5 millones viven en América Latina. En 2018,
cuatro millones de niños menores de 5 años y 262 millones de adultos
(59,5%) tenían sobrepeso u obesidad. En 2017, en el mundo murieron once
millones de personas por causas asociadas a la alimentación inadecuada,
de los cuales 600.000 eran de nuestra región (FAO, FIDA, PMA-OMS y
UNICEF, 2019).
La alimentación y la agricultura evidencian un riesgo alarmante
asociado a la disminución de la biodiversidad: de seis mil especies vegetales
para alimentación, seis representan el 66% de la producción agrícola total.
De cuarenta especies animales domesticadas, cinco tienen importancia
comercial y de 8.803 razas notificadas, 7.745 son locales, 594 ya fueron
extintas y un 26% corren riesgos de extinción. Por su parte, un 33% de
la población de peces está sobreexplotada. Las pérdidas de colonias de
abejas aumentan, un 17% de los polinizadores vertebrados está en peligro
de extinción. La biodiversidad del suelo está en peligro en todo el mundo
y los pastizales están entre los ecosistemas más degradados (FAO, et al.,
2019). Sin embargo, en las últimas décadas se ha dado un avance científico
sin precedentes en la historia de la humanidad, que posibilita la evaluación
de los sistemas ambientales y potencia el desarrollo de nuevas estrategias
productivas, en un contexto creciente de preocupación por la calidad de la
alimentación de las personas.
Asistimos a un momento histórico de desborde, en el que el
entrelazamiento de impactos y la imposibilidad de controlarlos y predecirlos
devienen en una crisis estructural, que, dentro de un marco más amplio, puede
reconocerse como crisis civilizatoria (Maya, 1995; Bartra, 2009; Agoglia,
2012; Giraldo, 2018). Pero también asistimos a movimientos de cambio,
disputas y acciones que cuestionan y construyen formas de resistencia y
propuestas orientadas hacia otros marcos de relación, En esta disputa, la
agroecología integra acciones surgidas en distintos ámbitos, transformadoras
y de cambio social.
Este trabajo parte de la inquietud de visibilizar y reflexionar sobre
estas acciones que cuestionan y proponen opciones al modelo dominante y
confluyen en torno a la agroecología, aportando al debate y la construcción
actual en la implementación de la Ley Nacional de Agroecología (Ley
n.o 19.717, Plan Nacional para el Fomento de la Producción con Bases
Agroecológicas). Contempla técnicas cualitativas de análisis bibliográfico
y documental y triangulación de fuentes de información, para integrarlos
en la reflexión. Se estructura en cinco apartados: esta introducción; una
breve presentación agrario-ambiental de Uruguay; un marco conceptual
sobre ambiente y crisis, hegemonía/contrahegemonía y agroecología; la
presentación de las acciones, y la síntesis-reflexión, acompañada por nuevas
interrogantes.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
Ambiente y crisis en Uruguay 17
Uruguay: breve caracterización agroambiental
Uruguay integra el bioma Pampa, la región de pasturas naturales más exten-
sa y biodiversa del planeta. En las últimas décadas, profundizó su situación
como enclave agroexportador de commodities. Disminuyó el área sembrada
de trigo, maíz, sorgo y caña de azúcar e incrementó levemente la de ceba-
da. Desapareció el cultivo de girasol, se estabilizó el área de arroz irrigado,
emergió el cultivo de colza y se incrementó exponencialmente el área de soja
(DIEA, 2019). La “sojización” asocia siembra directa, semillas transgénicas,
sustitución de rotaciones agrícola-ganaderas tradicionales por agricultura
continua y uso masivo de agrotóxicos (Arbeletche, Ernst y Hoffman, 2011;
Gazzano, Achkar y Díaz, 2019).
En esta dinámica, se evidencian procesos de erosión y disminución del
contenido de carbono orgánico (Morón, 2003; Achkar, Domínguez, Pesce
y Díaz, 2016; Beretta Blanco, Pérez y Carrasco Letelier, 2019); deterioro
productivo de los suelos de mayor potencial agrícola del país (Gazzano,
Achkar y Díaz, 2019); impactos sobre la salud humana (Burguer, Alonso,
Heuhs y Laborde, 1992; Laborde, Martínez, Martínez López, Méndez
Acuña, Morador, Fuster, Sponton y Tomasina, 2006; Bozzo, Cadenazzi
y De Souza, 2015) y los ecosistemas; creciente conflictividad en torno al
binomio transgénicos-agrotóxicos (CURE-UDELAR, 2019); amplios
impactos negativos en la biodiversidad, malezas tolerantes a herbicidas,
insectos resistentes y contaminación transgénica de variedades criollas de
maíz (Galeano, 2016). Se observan también una diferenciación mayor entre
empresarios agrícolas vinculados a la exportación y productores familiares
vinculados al mercado interno; profundas transformaciones en el mercado
de trabajo; procesos de concentración, anonimato y extranjerización de
la propiedad y uso de la tierra; disputa por el acceso y uso de los bienes
naturales y aumento de la fragilidad ambiental de los sistemas productivos
(Carámbula, 2015).
Entre 2000 y 2011, desaparecieron 12.000 explotaciones agropecuarias
(21% del total), concentradas en las de menor superficie y el rubro ganadería
de carne. En lechería, disminuyeron un 20% los establecimientos entre 2008
y 2018, con mayor impacto en los de menos de 50 hectáreas (34%) que en los
de más de 500 hectáreas (10%) (DIEA, 2019). La horticultura, concentrada
en el sur y en Salto, perdió el 55% de las explotaciones de horticultura a
campo (3.795 explotaciones y 19.646 hectáreas). En horticultura protegida la
disminución fue de un 14,5%, pero con fuerte aumento del área (40%) (DIEA,
2000, 2011). En fruticultura de hoja caduca, que abastece el mercado de
frutas frescas, concentrada en Montevideo y Canelones, se redujo el número
de productores un 41% entre 2005 y 2016 (DIEA, 2016), la gran mayoría con
superficies de menos de 10 hectáreas. Diversos trabajos analizan factores de
insustentabilidad (Aguirre y Chiappe, 2009; Díaz y Achkar, 2009; Álvarez,
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 13-40.
18 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
Pedemonte, Abdala y Marisquirena, 2011; Pedemonte, Molina y Álvarez,
2014) y señalan desde distintas dimensiones los procesos de alteración y
degradación del sistema ambiental.
En seguridad alimentaria, dos de cada tres personas corren riesgos
de sufrir enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a sobrepeso y
obesidad, que afectan al 64,8% de los adultos, a un 37% de los jóvenes de
entre 15 y 24 años y a un 27,2% adolescentes de entre 13 y 15 años. Uruguay
ocupa el tercer lugar en Latinoamérica en consumo de alimentos y bebidas
ultraprocesadas (OPS y OMS, 2015). A la vez, la población de menos de 2
años es vulnerable a subalimentación, con 10% de retrasos en la talla y 30%
de incidencia de anemia (Ministerio de Salud Pública, 2016). Hay esfuerzos
para mejorar hábitos de alimentación, como se señala en la Guía alimentaria
para la población uruguaya. Para una alimentación saludable, compartida y
placentera (Ministerio de Salud Pública, 2016), aunque son limitados por la
insuficiente producción nacional de frutas y hortalizas para consumo interno,
que es 50% de la recomendada per cápita anual (Gómez Perazzoli, 2019). En
este sentido, sería fundamental contar con una perspectiva histórica sobre el
tema, pero es un trabajo de investigación aún no realizado.
El despliegue extractivista y sus consecuencias globales y locales, la
dinámica paradojal de la sobreproducción de alimentos, junto al hambre y
la mal nutrición, son parte de la crisis sin precedentes de la modernidad, que
no se agota en las desigualdades del sistema capitalista, sino que se amplía
a estructuras de dominación políticas, pedagógicas, epistémicas, religiosas,
ecológicas, espaciales, lingüísticas, sexuales, de género y generacionales, es
decir, en todos los órdenes de la vida (Grosfoguel, 2016). Svampa (2012)
plantea que la explosión de conflictos ambientales ligados al acceso y control
de los recursos naturales y el territorio supone el enfrentamiento de actores,
intereses y valores divergentes, pero con asimetría de poder. Los conflictos
expresan diferentes concepciones sobre territorio, naturaleza y ambiente y
establecen una disputa acerca de lo que se entiende por desarrollo y también
por democracia.
Marco conceptual
Ambiente y crisis
Según el pensamiento ambiental crítico, la crisis ambiental emerge como una
manifestación de la exclusión de la naturaleza, la cultura y la subjetividad del
núcleo duro de la racionalidad de la modernidad (Gazzano y Achkar, 2013).
Svampa (2013), en un recorrido por las movilizaciones en América Latina,
evidencia la consolidación de enclaves agroexportadores que amplían el
modelo extractivista mediante un proceso de reprimarización de las economías,
pérdida de soberanía alimentaria e incremento de impactos ambientales y
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
Ambiente y crisis en Uruguay 19
sociales. La autora señala luchas con “giro ecoterritorial”, identificando la
sinergia entre las luchas ancestrales por la tierra de movimientos indígenas
y campesinos, junto con nuevas formas de movilización y participación
ciudadana centradas en la defensa de los bienes naturales, la biodiversidad
y el ambiente. Este encuadre reúne el carácter ambiental, integra la noción
de territorialidad, opuesta al discurso ecoeficientista y la visión desarrollista
dominante, se vincula a la justicia ambiental y los derechos de la naturaleza
y representa nuevos “marcos comunes de acción colectiva, que funcionan no
solo como esquemas de interpretación alternativos, sino como productores
de una subjetividad colectiva” (Svampa, 2013). En estas luchas, se despliega
un conjunto de acciones y actores que se vinculan a estrategias de resistencia
y búsquedas de cambio en el sistema alimentario corporativo, cuestionando
y generando opciones ante los efectos negativos biofísicos, sociales,
económicos, políticos y culturales en torno a la soberanía alimentaria y más
allá de ella, en la definición de las formas de habitar.
Hegemonía y contrahegemonía
El concepto de hegemonía propuesto por Gramsci (1971) permite abordar la
complejidad que presenta el proyecto de modernidad como estructura domi-
nante de fuerzas sociales y políticas diferentes que se mantienen unidas a tra-
vés de una concepción del mundo y sus posibles vías de superación en clave
de construcción contrahegemónica. La hegemonía es dinámica; se instala a
través de la cultura, es decir, los modos de producción y reproducción de la
vida cotidiana, buscando naturalizar una determinada forma de vivir, de ver
el mundo, definiendo lo que “debe ser”. Pero no se ejerce en su totalidad en la
sociedad, sino que en el ámbito de las relaciones sociales, constituidas por la
ideología, se evidencian contradicciones y tensiones que abren un escenario
cambiante y de disputa permanente (Rauber, 2008, 2016; Yagenova, 2010),
donde es posible defender la creación de una hegemonía nueva y liberadora
(Alves, 2010).
Esta disputa abre paso al análisis de vías y posibilidades de construcción
contrahegemónica. Al respecto, la posición de Rauber (2008) es tajante: a
partir de una salida de la lógica del capital, plantea una superación de la trampa
cultural del modo de vida que esta sostiene, la construcción de un poder
propio desde los sectores populares, que refleje el modo de vida cotidiano,
individual, comunitario y de sus organizaciones sociales y políticas en un
proceso de deconstrucción de la ideología y la cultura del capital. Uruguay
comienza a transitar este proceso en el siglo XXI, mediante una serie de leyes
que incluyen instancias participativas.
Para captar esos ángulos de mirada, es medular dar espacio a procesos de
construcción amplia y popular, que tienen como una de sus características la
incorporación de los micropoderes como terreno de disputa cultural. Guattari
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 13-40.
20 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
(2016) señala la desterritorialización del poder del capital y su influencia
sobre el conjunto de la vida económica, social, cultural y en la subjetividad
individual, planteando afrontar también sus efectos en el seno de la vida
cotidiana doméstica, de vecindad, de trabajo, en el seno de la cultura y la
ética personal. Desde esta perspectiva, es posible la construcción de poderes
contrahegemónicos populares a partir de la vida cotidiana en los territorios,
de la capacidad instituyente de los movimientos sociales, componente
ineludible para la construcción y consolidación de una transformación
sistémica profunda, con las microexperiencias como bases en las que asentar
la macropolítica (Rebellato, 2008; Rauber, 2016).
La revaloración de la cotidianeidad tiene la fuerza de preservar niveles
de organización que contienen a los micropoderes y potencian la disputa
cultural de diversos actores, donde los vínculos con la clase trabajadora
fortalecen la trama social que imbrica en forma permanente la vida cotidiana,
la cultura y la ética con las formas históricas de organización y de lucha.
Un aspecto clave en esta línea es lograr una correlación de fuerzas que
trascienda el cuestionamiento del sistema y avance hacia la construcción
de formas alternativas de vida, articular en forma orgánica la resistencia de
una pluralidad de sujetos (vinculados a movimientos ambientalistas, luchas
feministas, indígenas, por la tierra, de trabajadores, contra la exclusión,
entre otros) que sufren las consecuencias del sistema, deconstruyendo
la dominación y construyendo cultura propia y capacidad organizativa e
incluyendo las relaciones intrafamiliares en vinculación con los procesos de
descolonización y despatriarcalización.
El poder hegemónico tiene capacidad de transformación o renovación
permanente (Kioupkiolis, 2018), pero los poderes contrahegemónicos
populares también presentan una renovación permanente a través de la
construcción de formas alternativas de vida, la acción social colectiva y la
disputa al poder hegemónico, características que se reúnen en la agroecología,
que, junto a su planteo de gestión ecológica, constituye una propuesta de
cambio del sistema alimentario.
Agroecología
Sevilla Guzmán (2011) plantea la agroecología como matriz sociocultural
que emerge del diálogo entre el conocimiento científico y el conocimiento
popular y contribuye a nuevos conocimientos para abordar la comprensión
crítica del modelo industrial de agricultura y para generar una propuesta
transformadora a partir de la construcción de principios ecológicos y sociales
que adoptan formas técnicas específicas y estrategias de organización, par-
ticipación y acción propias (Altieri, 2007; Gliessman, Rosado May, Guada-
rrama Zugasti, Jedlicka, Méndez, Cohen, Trujillo, Bacon y Jaffe, 2007; Ca-
poral, 2013; Sevilla Guzmán, 2011). Así, las estrategias sistémicas de trans-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
Ambiente y crisis en Uruguay 21
formación a través de la gestión ecológica de los bienes naturales permitirían
modificar las causas de la crisis en la cual las unidades de producción están
inmersas y en conflicto.
Desde una articulación armónica entre seres humanos y naturaleza,
la agroecología avanza hacia niveles de mayor justicia social (Altieri,
1999; Sevilla Guzmán y Soler Montiel, 2009). Producto de la coevolución
sociedad-naturaleza (Norgaard, 1994), involucra las dimensiones ecológico-
técnico-productiva, socioeconómico-cultural y sociopolítica (Guzmán
Casado, González de Molina y Sevilla Guzmán, 2000). Supera el concepto
de seguridad alimentaria y se orienta hacia la búsqueda de soberanía
alimentaria, al centrarse en el derecho de los pueblos a definir sus propias
políticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos
para garantizar el derecho a la alimentación para toda la población.
Implica también cambios más allá de los aspectos técnico-productivos, en
las relaciones sociales y de poder, en el acceso y la gestión de los bienes
naturales, la distribución de los alimentos y el acceso a ellos, la organización
social, la toma de decisiones sobre la orientación del sistema productivo y
las formas de creación de conocimiento. Ello configura cambios profundos
que hacen de la agroecología una estrategia transformadora, que integra
la dimensión política en su vínculo con las organizaciones sociales y los
cambios institucionales necesarios.
Agroecología en Uruguay
La capacidad de propuesta transformadora resulta de un acumulado en el
que primero se generan mecanismos de resistencia y luego de organización
(Rauber, 2016). Hoy, la agroecología sintetiza elementos de resistencia, de
organización y de propuesta transformadora, constituyendo así uno de los
proyectos sociales con mayor vitalidad en América Latina.
En Uruguay, la resistencia se vincula fundamentalmente a organizaciones
de agricultura familiar, formadas por productores que aluden a una condición
campesina y productores capitalizados. El sector gremial surge por la
necesidad de resistir los efectos de los intereses de estancieros vinculados a
sectores exportadores y financieros (Piñeiro, 1985).
Diferentes trabajos aportan miradas sobre esta resistencia. Oreggioni
(2011) analiza la resistencia de una sociedad de fomento rural con más de
seis décadas de historia en el sur de Uruguay, señalando que estrategias
asociativas y económicas contribuyeron a la resistencia ante las condiciones
de competencia del mercado, pero no alcanzan para definir un proyecto que
proponga otro tipo de relaciones sociales. Díaz (2009) y Oyhantçabal y
Carámbula (2011) aportan elementos de análisis de procesos de resistencia y
conflictos en el medio rural, referidos al acceso a la tierra de los trabajadores
de la caña de azúcar. Rossi y Notaro (2016) estudian las acciones de la
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 13-40.
22 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR). Mencionan a los discursos
y posicionamientos como principal estrategia de resistencia colectiva y
señalan la naturaleza gremial alternativa a las organizaciones dominantes de
ganaderos empresariales, así como la trayectoria histórica, la identidad de
la CNFR como referente de la producción familiar y su representatividad
nacional, y sitúan en “la permanencia” el principal indicador de éxito de
resistencia al modelo. Florit y Piedracueva (2015) analizan discursos de
la CNFR y la Red de Grupos de Mujeres Rurales (RGMR) y sitúan como
central su resistencia antagónica, que busca reformas estructurales con
configuraciones sociales por fuera de los límites del sistema dominante.
La agroecología se presenta como un espacio de confluencias políticas,
culturales, económicas, ambientales y ontológicas. Se reconoce en ella la
acción de sectores poco visibilizados o a los que no se les atribuye mayor
relevancia en la composición de un proyecto transformador, en los que
se identifican acciones que se diferencian y definen, se solapan, imbrican
y contribuyen a la matriz sociocultural de la agroecología en Uruguay,
desplegadas a partir de la década del ochenta.
En el tema ambiental, los primeros aportes se vinculan a la necesidad
de conocer los recursos naturales para su gestión. Pero la agenda ambiental
crítica se consolida hacia fines de la última dictadura cívico-militar
uruguaya, en un contexto internacional que integra la creciente conciencia
social (Bookchin, 1999), la búsqueda de saberes integrales sobre los sistemas
ambientales (Gazzano y Achkar, 2013) y el reconocimiento de una nueva
perspectiva del desarrollo (Noguera y Pineda, 2009).
Junto con el reconocimiento de la problemática ambiental como
manifestación multidimensional de la estructuración de la sociedad moderna,
se procesa a principios del siglo XXI un nuevo ciclo de intensificación
agraria (Gazzano, Achkar y Díaz, 2019). El movimiento ambiental cuestiona
los impactos del modelo que tensiona la economía de mercado, cuestiona
la propiedad y las formas de gestión dominantes de los bienes naturales,
realiza denuncias, construye alternativas de gestión y aporta a fortalecer los
movimientos sociales y la dimensión participativa.
Un ejemplo de ello, en Uruguay y América del Sur, son las campañas por el
agua. En la década del noventa, los Estados nacionales fomentaron el ingreso
de empresas transnacionales, cediendo soberanía de los territorios (Puello
Socarrás y Gunturiz, 2013), con acciones, que, mediante la expropiación de
fuentes de agua dulce y el control de los territorios productores de agua,
profundizaron los problemas de las comunidades para acceder al agua potable
y al saneamiento (Domínguez y Achkar, 2019).
En respuesta, los movimientos consolidaron estructuras de alcance
regional, como Red Vida, con propuestas como la creación en 2006 de
una Convención Sudamericana del Agua, en Cochabamba, y en el ámbito
nacional, en 2002, formaron la Comisión Nacional en Defensa del Agua
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
Ambiente y crisis en Uruguay 23
y la Vida (CNDAV), integrada por movimientos sociales, sindicatos,
organizaciones no gubernamentales ambientalistas, grupos de académicos y
sectores políticos de izquierda, que presentaron una propuesta de reforma
constitucional plebiscitada en 2004 y apoyada por el 64,7% de la ciudadanía.
Este conflicto por el agua permitió visibilizar y conectar rápidamente a
la población con una problemática socioambiental y logró la defensa de un
componente esencial para la vida, poniendo en cuestión los modos de acceso
y gestión y sus impactos. Estos rasgos de conservación de un bien natural,
la participación, la acción y la construcción de una alternativa a través del
movimiento ambiental, en forma contrahegemónica al control privatizador y
trasnacional del agua, conectan en forma sinérgica con la agroecología.
Un capítulo importante, más directamente relacionado con la cuestión
alimentaria, es la conformación y la consolidación de organizaciones sociales
de producción-conservación, distribución y consumo, que, con aportes
diversos, fortalecen el entramado social contrahegemónico, presentadas a
continuación.
Red de Agroecología del Uruguay
La Red de Agroecología del Uruguay (RAU) articula a agricultores ecológi-
cos, personas vinculadas al consumo, el procesamiento y la distribución de
alimentos y organizaciones sociales, instituciones y personas que visualizan
el impacto positivo social y ambiental de la agroecología y asumen el com-
promiso de contribuir a su desarrollo. Se consolidó en 2005 por el impulso
dado por la Asociación de Productores Orgánicos del Uruguay (APODU)
para convocar, junto a otros actores y organizaciones, a la creación de un
sistema participativo de garantía con amplios niveles de participación para la
agricultura familiar ecológica del Uruguay.
Esta red define una serie de principios que comprometen a sus
integrantes: i) construcción de sistemas productivos económicamente
viables, ambientalmente sustentables y socialmente justos; ii) preservación
de la biodiversidad y no explotación de recursos naturales; iii) promoción
de la soberanía alimentaria; iv) promoción de sistemas de producción,
distribución y comercialización que frenen y reviertan la concentración de
riquezas, dando especial importancia al desarrollo de los mercados locales,
solidarios y al fomento de una cultura de responsabilidad ciudadana en el
consumo; v) rescate y fortalecimiento de una cultura asociativa, solidaria y
de complementación, que contribuya a la organización de consumidores y al
empoderamiento de pequeños productores agropecuarios; vi) participación
igualitaria de integrantes de la red en todos los procesos y tomas de decisiones,
considerando especialmente las diferencias de género, edad y otras asociadas
a cualquier tipo de discriminación; vii) promover la dignificación del
trabajo de la familia de agricultores, respetar los derechos de trabajadores
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 13-40.
24 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
contratados y de los niños, niñas y jóvenes, cuidando que las tareas no afecten
negativamente su desarrollo personal o el acceso a la educación.
Sus principales áreas de acción son: la certificación participativa; la
promoción de mercados locales y circuitos cortos de comercialización;
la promoción de la producción ecológica de alimentos; la incidencia en
políticas públicas; la capacitación; la organización de encuentros nacionales
cada dos años; los encuentros de consumidores y la organización de la
Muestra Nacional de la Agroecología. Está compuesta por siete regionales,
reúne a unas trescientas personas y el 70% de sus integrantes son agricultores
familiares dedicados a diversos rubros, principalmente hortalizas y frutas
y, en menor medida, ganadería, apicultura y procesamiento de alimentos
(Gómez Perazzoli y Galeano, 2006; Rieiro y Karageuzián, 2018).
Red de semillas nativas y criollas
El avance de los procesos de acumulación de capital en la agricultura ha
puesto en el centro la amenaza a las semillas, a través de mecanismos como
las biotecnologías, los tratados de libre comercio y las leyes de derechos de
obtentor, de certificación, de comercialización o de registro de variedades,
entre otras. En consecuencia, estas amenazas se extienden hacia los saberes
colectivos y la subsistencia de millones de familias agricultoras, y atentan
contra la posibilidad de los pueblos de construir soberanía alimentaria.
La Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas (RNSNC) se consolidó
en 2004 y tiene como objetivo principal el rescate y la revalorización de
variedades criollas o tradicionales, para aumentar la disponibilidad de
semillas para la producción familiar, tanto para el autoconsumo como para el
abastecimiento de mercados locales, fortaleciendo la soberanía alimentaria
(RNSNC, 2020). Propone la conservación in situ, mediante la generación
de un reservorio vivo asociado a saberes transmitidos generacionalmente y
la diversidad de conocimientos y adaptaciones locales. Está integrada por
familias rurales, suburbanas y urbanas, organizados en 350 emprendimientos
que conforman 33 grupos en el país (Redes, 2014).
Los ejes principales de trabajo son: la realización de actividades de
fitomejoramiento participativo; la distribución de semillas y la realización
de cultivos semilleros en hortícolas, medicinales, aromáticas, forrajeras,
agrícolas y árboles nativos; la implementación de charlas-talleres en centros
educativos; la capacitación y formación para productores; la difusión de
conocimiento; la organización de espacios de intercambio de semillas y
saberes; la integración regional con organizaciones de Brasil, Argentina,
Paraguay, Bolivia, Perú y Colombia y la integración de la Coordinadora
Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC-Vía Campesina)
(RNSNC, 2018).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
Ambiente y crisis en Uruguay 25
Organizaciones de mujeres rurales
Las mujeres rurales y urbanas comparten desigualdades de género, pero en
el medio rural estas adoptan formas específicas dadas por la superposición
entre las unidades doméstica-reproductiva y productiva. La invisibilización
del trabajo femenino en las actividades productivas ha sido discutida por
Peaguda (1996), Chiappe y García y Santos (2005), Vitelli (2013), Gallo y
Peluso (2013) y Florit (2015), destacando la relevancia de plantear este tema
en el debate nacional. En el censo de 2011 (INE, 2011), un 43, 8% de la
población que vivía en el medio rural disperso uruguayo estaba represen-
tado por mujeres y, a su vez, las mujeres rurales representaban un 4,5% de
la población femenina del país. La propiedad de la tierra es un elemento
bisagra que conecta la redistribución de bienes y recursos económicos con el
reconocimiento como base del poder de negociación y empoderamiento de
las mujeres y hace referencia a aspectos de identidad, subjetividad y cultura
(León, 2008, citado en Mascheroni, 2016).
En la apertura democrática durante la década del ochenta, en la
búsqueda de soluciones comunes al aislamiento, la crisis económica, la falta
de empleo, el éxodo rural, especialmente de jóvenes, y el debilitamiento
de las comunidades rurales, se destaca el papel pionero jugado por las
organizaciones sociales, especialmente por la RGMR, fundada en 1991,
y la Asociación de Mujeres Rurales (AMRU), fundada en 1994. Ambas
tuvieron el apoyo de organizaciones de promoción y desarrollo rural de la
época (el Centro Cooperativista del Uruguay, el Plenario de Mujeres del
Uruguay, el Programa Mujer Rural de la CNFR y diversas organizaciones
no gubernamentales). Para la RGMR, fue importante la participación en
el V Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe (Argentina, 1990).
De acuerdo con Florit y Piedracueva (2015), la RGMR parte de una mirada
crítica de la mujer rural en su contexto y del papel de las organizaciones
de productores, planteándose como objetivos fundamentales el desarrollo
integral de la mujer rural, la valoración de su rol, la búsqueda de alternativas
productivas autosustentables, la formación política de sus integrantes y la
generación de espacios de intercambio en defensa de los derechos humanos.
Está integrada por aproximadamente noventa mujeres, organizadas en
dieciséis grupos. Asume una posición crítica frente al agronegocio, ha
internalizado el concepto de soberanía alimentaria e integra la CLOC-Vía
Campesina.
La AMRU, desde sus orígenes, tuvo mayor difusión nacional y elevada
complejidad organizativa, con seis regionales y cuatros áreas de trabajo
(institucional, social, productiva y comercial), pero con énfasis en las
actividades productivas. La organización de la Mesa Criolla, en 2001, le
dio visibilidad y reconocimiento nacional. En 2003 alcanzó a 190 grupos,
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 13-40.
26 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
70% dedicados a actividades productivas, mayoritariamente la preparación
de conservas. Integra desde 2004 la Confederación de Organizaciones de
Productores Familiares del Mercosur Ampliado (COPROFAM).
Ambas organizaciones han abierto el camino para la discusión de las
problemáticas de género en el medio rural, la visibilidad y el empoderamiento
de las mujeres rurales. Hoy aparecen debilitadas por dificultades de recambio
generacional, el peso de la institucionalidad pública en la temática y el
fortalecimiento de la CNFR y las sociedades de fomento rural, que concentran
la asignación pública de recursos para proyectos productivos. Actualmente,
estas dos organizaciones, junto a la CNFR, representan a la sociedad civil en
el Espacio de Diálogo de Mujeres Rurales.
Nuevas experiencias de acceso de los jóvenes a la tierra
En un proceso relativamente reciente, que “aún está ocurriendo”, diversos
grupos de jóvenes accedieron a tierras del Instituto Nacional de Colonización
(INC): en 2014, el colectivo Aldea Avatí, en Canelones; en 2017, el grupo
Los Parientes, en Treinta y Tres, y el colectivo agroecológico El Ombú, en
Paysandú, que estuvo en calidad de cuidador de la tierra hasta inicios de
2020.
Un elemento de conexión y potenciación entre estos colectivos, y
también de otros que no necesariamente están en tierras públicas, han sido
los Campamentos Nacionales de Jóvenes por la Soberanía Alimentaria,
organizados por la RNSNC (2016 en Canelones, 2017 en Paysandú, 2018 en
Treinta y Tres y 2019 en Lavalleja). En el proceso de los campamentos, los
grupos de jóvenes ganaron protagonismo, identidad colectiva y autonomía
para pautar sus espacios de trabajo e intercambio.
Estos colectivos valorizan el medio rural como forma de vida, pero su
identidad y condición no pueden entenderse desde la categoría de “joven
rural” (Durston, 1998; Caggiani, 2004; Espíndola, 2004; Romero, 2004;
Kessler, 2006). El acceso a la tierra en el caso de estos grupos no se da por
sucesión familiar, sino como resultado de estrategias de organización en red
y movilización hacia el restablecimiento de derechos. De igual forma, los
principales conocimientos para la práctica de la agricultura no provienen
del relevo generacional. En el ámbito del trabajo son procesos orientados a
generar dinámicas de autoempleo alejadas de estructuras patronales. Estos
jóvenes conforman sus grupos desde la estrechez de los lazos de amistad,
por lo que no existe una figura de autoridad ni relaciones de subordinación
prestablecidas y se apela, en cambio, a formas de organización más
horizontales, que privilegian la participación entre iguales (Ariza, 2018).
Algunos rasgos de estas experiencias señalan que: son colectivos
reivindicativos que emergen en forma autoorganizada y movilizados
por la satisfacción de necesidades, levantando una demanda de fuga a
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Ambiente y crisis en Uruguay 27
la marginalidad; presentan una propuesta agroecológica y de soberanía
alimentaria asumida como modo de vida y mediación con el ambiente; se
articulan en redes flexibles; se oponen a la tendencia migratoria de jóvenes
del campo a la ciudad; se desarrollan en tierras administradas por el Estado
a través del INC y plantean un cuestionamiento a las estructuras de la
modernidad, al desarrollar procesos de aprendizaje más allá de lo formal,
de trabajo más allá de las relaciones patronales, de habitar los espacios más
allá de la aspiración de vida individualizada y de intercambios más allá de
los circuitos económicos. Estos cuestionamientos se traducen en un hacer
cotidiano en el que se recrean alternativas orientadas a la construcción de
autonomía (Ariza, 2018).
Circuitos cortos, organizaciones de consumo y certificación ecológica
Los agricultores ecológicos desarrollan estrategias de circuitos cortos de co-
mercialización, buscando un contacto más directo con la población consumi-
dora y una mayor autonomía y control del proceso. En 1995, se generó el pri-
mer punto de venta, que funciona hasta la actualidad, la Feria de Alimentos
Ecológicos, en Montevideo, que también tiene dos puestos fijos (Ecotienda,
creada en 2005, y Ecomercado, en 2015), ambos gestionados por cooperati-
vas de agricultores. Las ferias y los puntos fijos, el reparto de canastas y las
ventas directas han crecido en todo el país y se han implementado espacios
de promoción y difusión de alimentos ecológicos y de formación práctica en
comercialización para agricultores.
Los alimentos se venden en un sistema de confianza directa productor-
consumidor, sin certificar, respetando las normas de producción orgánica, o
certificados mediante el Sistema Nacional de Certificación de la Producción
Orgánica. La RAU es la certificadora habilitada por el Ministerio de
Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). La evaluación se realiza mediante un
sistema participativo de garantías integrado por agricultores, consumidores y
técnicos, en el que se articula y fomenta el encuentro de personas implicadas
en generar modelos de producción y consumo vinculados a la agroecología
y la soberanía alimentaria, y constituyen también herramientas ricas para
impulsar acciones colectivas.
Hay 160 agricultores certificados, fundamentalmente familiares, que
comercializan en el mercado interno hortalizas, frutas y lácteos, con predios
que tienen en promedio siete hectáreas, junto con un sector no cuantificado de
agricultores rurales y urbanos, miembros de redes de semillas criollas, escuelas,
centros educativos o terapéuticos que desarrollan prácticas agroecológicas
(Gómez Perazzoli, Gazzano, Cartelle y Bizzozero, 2018; Rieiro y Karageuzián,
2018). Por su parte, en Uruguay se registran 1.207.000 hectáreas orgánicas
certificadas de ganadería de carne, con fines de exportación. Se trata de 400
predios extensivos con superficies promedio de 2.900 hectáreas, integrados en
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cadenas agroexportadoras cuyo núcleo son las mismas empresas transnacionales
que operan en Uruguay en la exportación de carne.
Agricultura urbana y periurbana
La agricultura urbana es un fenómeno creciente en Uruguay y en el mundo,
que se vincula a la alta densidad de población en las ciudades, donde vive
más de la mitad de la población mundial (95% en Uruguay), y a la necesidad
de reducir el hambre y la desnutrición enfrentando la vulnerabilidad econó-
mica y social ante los eventos climáticos extremos (inundaciones, tornados),
junto con un fenómeno también creciente de demanda de los sectores urba-
nos de acceder a circuitos de alimentos “sanos” y frescos y de propuestas
institucionales locales que impulsan “ciudades sostenibles”.
Las huertas urbanas aparecen ya en la década del cincuenta, vinculadas a
propuestas institucionales de fomento hortícola, y en su trayectoria histórica
se “reactivan” frente a las crisis por fenómenos naturales (inundación de
1959 en Uruguay, por ejemplo) (Miller, 1957) o económicas y sociales,
como en 2002, cuando surgió el Programa de Producción de Alimentos y
Organización Comunitaria (PPAOC) integrado por vecinos y distintos
servicios universitarios (Bellenda, Galván, García, Gazzano, Gepp, Linari y
Faroppa, 2018).
Este programa articuló actores y generó vínculos e intercambio de
saberes, al tiempo que contribuyó a desarrollar y fortalecer el capital social.
Al crearlo se buscaba generar un plan para paliar las carencias alimenticias
y contribuir al fortalecimiento de los vínculos sociales de las familias,
planteando que:
“En la búsqueda de alternativas de supervivencia, la creación de huertas
constituye una forma de resistencia social y un elemento mediante el cual es
posible aproximarse a mejorar la dieta en cantidad y calidad, en situaciones
de desempleo y caída real del ingreso.” (Programa de Producción de
Alimentos y Organización Comunitaria, 2002, citado por Bellenda, et al.,
2018, p. 142).
Se buscaba construir “una alternativa no asistencialista, sustentable,
basada en el desarrollo humano y en el desarrollo de la capacidad de las personas
participantes de organizarse, generar sus propias soluciones” (Programa de
Producción de Alimentos y Organización Comunitaria, 2002, citado por
Bellenda, et al., 2018, p. 143). La propuesta tuvo orientación agroecológica,
implementada en espacios reducidos, con escasez de recursos biofísicos y
económicos, considerando la necesidad alimenticia y la participación de las
familias, cuestiones estas que determinaron la diversificación productiva, y
se generaron sistemas autorregulados en plagas y enfermedades y reciclaje.
Un censo en el área de influencia del programa mostró que, en 2005, había
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120 emprendimientos, con 186 familias y aproximadamente 670 personas
involucradas, que cubrieron parte de su alimentación.
En el ámbito urbano-educativo, se creó en 2005 el Programa de Huertas
en Centros Educativos (PHCE), con apoyo de la Intendencia de Montevideo,
la Administración Nacional de Educación Pública y la Facultad de Agronomía
de la UDELAR, para promover un cambio cultural hacia una nueva forma
de dignificar a la persona en comunidad y en relación con la naturaleza, que
se mantiene a la actualidad. De este programa derivaron acciones hacia la
formación integral de estudiantes universitarios (2011) y de estudiantes de
secundaria y primera infancia (2016), así como hacia el trabajo con personas
privadas de libertad y agricultores en eventos de inundación.
Por su parte, la Red de Huertas Comunitarias (RHC) se consolidó en
2017, producto de una larga trayectoria que integra procesos de formación y
acción con participación de múltiples actores, organizaciones e instituciones
en agricultura urbana. La RHC se plantea coordinar acciones entre huertas;
compartir recursos, conocimientos y experiencias; fomentar la activación de
huertas comunitarias barriales, familiares y educativas; generar un espacio
de transformación social y contribuir en la economía familiar con alimentos
de bajo costo y alta calidad. Nuclea a varios grupos activos, y ha instalado
procesos de huertas en varios departamentos.
Formación, investigación y extensión
La articulación de formación, investigación y actividades de extensión en
agroecología surge como propuesta crítica en un contexto generalizado de
formación en ciencias agrarias fuertemente orientado por un enfoque de cien-
cia reduccionista, fragmentaria y positivista, asociado a la perspectiva de la
“revolución verde” y a la conceptualización del ambiente “al servicio de la
producción”.
A partir de la década del ochenta, y con mayor impulso en la del noventa,
se comenzó a generar diversas actividades de formación, con inicio en la
Facultad de Agronomía, que consolidó a partir del año 2000 un grupo en
agroecología. Al mismo tiempo, comenzó una demanda creciente y sostenida
de formación, asesoramiento técnico e investigación, que se mantiene
hasta la actualidad. Además, a nivel terciario se iniciaron cursos de grado
y posgrado, se ampliaron vínculos hacia afuera y hacia adentro del país,
con organizaciones, productores y el Instituto Nacional de Investigaciones
Agropecuarias (INIA), junto con acciones de la Asociación de Estudiantes de
Agronomía (AEA) y la contribución de la UDELAR en temáticas relacionadas
con la agroecología, mediante programas integrales y aportes desde las
ciencias sociales, la extensión, la nutrición, la veterinaria, la psicología, entre
otras disciplinas. Simultáneamente, se desplegaron actividades de educación
no formal en el ámbito de las organizaciones sociales.
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30 I. Gazzano, M. Achkar, E. Apezteguía, J. Ariza, A. Gómez Perazzoli y J. Pivel
En los últimos veinte años, en el marco de la UDELAR, la investigación
aportada en agroecología y temáticas relacionadas, con una fuerte presencia
de la Facultad de Agronomía, aumentó significativamente la diversidad de
temas y la conformación de equipos multidisciplinarios, a los que entre 2008
y 2014 se sumó el INIA, mediante el Programa de Agricultura Orgánica, así
como el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) y
la Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC).
No obstante, Gazzano y Gómez Perazzoli (2017) mencionan que no
existen fondos focalizados para investigar en agroecología en ninguna de las
instituciones y agencias de investigación del país, y plantean la necesidad
de priorizar una agenda de investigación nacional y destinar recursos para
consolidar la investigación y la propuesta planteada desde la agroecología
de un abordaje de sistemas complejos, con un enfoque holístico, sistémico,
participativo, pluralista y dialéctico que privilegie la relación sujeto-sujeto e
involucre múltiples escalas espacio-temporales e institucionales, vinculando
actores desde un enfoque territorial, para plantear estrategias transicionales.
Aun en este contexto de ausencia de apoyos específicos, la trayectoria
construida socialmente, que articula saberes y acciones, asume un rol
fundamental y logró reunir más de novecientos trabajos científicos y relatos
de experiencias en el VIII Congreso Latinoamericano de Agroecología-2020,
del cual Uruguay fue sede.
Políticas públicas y el Plan Nacional de Agroecología
Existen distintos instrumentos y políticas públicas que, directa o indirecta-
mente, aportan en agroecología: la creación del Sistema Nacional de Certifi-
cación de la Producción Orgánica, en 2008; el programa Plantar es Cultura,
del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), que fomenta desde 2014 la
agricultura urbana y las huertas comunitarias; el Programa Pequeñas Dona-
ciones, del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), que, desde
2005, apoya acciones ambientales y de producción agroecológica; y la im-
plementación de acciones por las intendencias.
En el último caso, podemos citar la declaración de interés departamental
de la agricultura ecológica, en 2015, por la Intendencia de Montevideo, así
como el apoyo de esta al PHCE y el desarrollo de capacitaciones. En Canelones
se impulsaron medidas pioneras, como la prohibición de las fumigaciones
aéreas, medidas cautelares en la cuenca de la Laguna del Cisne y el apoyo
a procesos de transición agroecológica en predios afectados y el Plan de
Ordenamiento Rural de Canelones. Por otra parte, en Treinta y Tres se creó
el Programa de Soberanía Alimentaria; en Rocha, el Padrón Productivo; en
Paysandú, Paysandú Agroecológico; en Río Negro, el Programa Cultivando
Saberes; y en Florida, el programa Huertas Orgánicas y Frutos Nativos.
La trayectoria de acumulación histórica permitió que un conjunto de
actores presentara en 2015 un proyecto de ley, que se aprobó en diciembre de
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Ambiente y crisis en Uruguay 31
2018, la Ley n.o 19.717, Plan Nacional para el Fomento de la Producción con
Bases Agroecológicas. El proyecto fue presentado por la RAU, la RNSNC y
la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología-Capítulo Uruguay
(SOCLA-UY). Esta ley declara de interés general la promoción y el desarrollo
de sistemas de producción, distribución y consumo de productos con base
agroecológica, con el objetivo de “fortalecer la soberanía y la seguridad
alimentaria, contribuyendo al cuidado del ambiente, de manera de generar
beneficios que mejoren la calidad de vida de los habitantes de la República”
(Ley n.o 19.717). Reconoce como sujetos principales a los productores
familiares agropecuarios y a los sistemas de producción urbana y suburbana.
La comisión honoraria prevista por ley elaboró los lineamientos generales del
plan, para continuar trabajando territorialmente a través de la participación y
el diálogo social y cocrear el contenido y las acciones específicas.
Discusión y nuevos puntos de reflexión
Las contradicciones, las tensiones y los conflictos entre la propuesta de pro-
ducción agroecológica y el modelo de producción convencional generan un
contexto que pone de manifiesto una disputa de paradigmas de producción,
lo que da paso, a su vez, al análisis de vías y modos posibles de construcción
contrahegemónica. Las acciones antes expuestas reúnen algunos rasgos con-
trahegemónicos: la predominancia de la organización en redes (RAU, RNS-
NC, RHC, RGMR y jóvenes), de carácter flexible, horizontal y descentraliza-
do en su funcionamiento y toma de decisiones, vinculadas a la construcción
de redes de intercambio y comerciales, pero también de creación de vínculos
e identidades sociales con expresión territorial.
Es central aquí la identificación de objetivos con algunos elementos
comunes contrarios al modelo dominante y propositivos de uno nuevo,
nucleados en torno al concepto de soberanía alimentaria, la calidad de vida
y la búsqueda de autonomía y modos de organización hacia una sociedad
sostenible, justa, equitativa y en defensa de los derechos humanos y de la
lucha de las mujeres contra la desigualdad. También es clave la construcción
de estrategias que confrontan la concentración, la deslocalización, la
homogeneidad, la serialidad y el control del sistema alimentario corporativo,
a través de una cierta identidad compartida con expresión territorial en torno
al manejo conservacionista de los bienes naturales, así como las estrategias
de articulación de producción y consumo mediante propuestas de cercanía,
conocimiento y confianza, el rescate, la conservación y la lucha por las
garantías en el acceso y la distribución de semillas nativas y criollas, el
acceso a bienes y el aumento de la resiliencia de los sistemas de producción.
Por otro lado, estas construcciones se imbrican en un relacionamiento
entre diversos actores en torno a la defensa de “lo ambiental”, dentro de
procesos de mayor amplitud que actúan en clave de denuncia, defensa y
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construcción participativa en la disputa ambiental, con un giro ecoterritorial.
En este desarrollo intervienen los enfoques críticos en los procesos de
investigación, formación y acción, que disputan el campo del conocimiento
a través de la transdisciplina, la integración de saberes y el abordaje de
sistemas complejos, desde una perspectiva holística, pluralista y dialéctica.
Fenómenos sociales crecientes como la agricultura urbana, abierta y
difusa, pero que implican una reconexión con la naturaleza y se vinculan
con la producción de alimentos como un factor de importancia clave en
la disminución de la vulnerabilidad social, se relacionan también con los
movimientos mencionados.
En esta trayectoria, parece evidenciarse un contexto generador de
algunos marcos comunes para la acción colectiva, que confrontan el
sistema alimentario en el marco de la crisis ambiental, desde esquemas
de interpretación alternativos que pueden operar como productores de
una subjetividad colectiva. Un hito en este sentido ha sido el logro de la
aprobación de la ley para la construcción del Plan Nacional de Agroecología.
En un despliegue de la potencialidad de esta propuesta, donde la
hegemonía se actualiza permanentemente, se vuelve fundamental el espacio
contingente de la acción colectiva, en el que las identidades y las acciones
se deconstruyen y reconstruyen. También se vuelve fundamental el carácter
instituyente de los movimientos sociales para avanzar en una transformación
profunda, que permita ligar las microexperiencias a la macropolítica,
consolidando los vínculos con la clase trabajadora, los jóvenes y las mujeres,
en una trama social que imbrica en forma permanente la vida cotidiana, la
cultura y la ética, con las formas históricas de organización y de lucha.
El logro de la aprobación de la Ley Nacional de Agroecología posiciona
al movimiento agroecológico ante a una serie de interrogantes: ¿Es posible
dar pasos hacia la reafirmación de la subjetividad colectiva? ¿Es posible un
profundo diálogo con la clase trabajadora y los sectores populares, en un
diálogo intergeneracional y que internalice la lucha de jóvenes y mujeres
hacia una mayor equidad? ¿Es posible consolidar la identidad del proyecto
desde el territorio o desde la institucionalidad?
Estas preguntas impulsan los marcos de interpretación, desde el
acomodo de la resistencia dentro del modelo actual a la unificación de
sentidos para oponerse creativamente a él, construyendo nuevos significados
y definiciones que permiten subvertir la “naturalidad” del poder redefiniendo
el sentir, el ser, el saber y la relación con la naturaleza, en un nuevo proyecto
alimentario-ambiental-civilizatorio, en clave del “buen vivir”. En este
sentido, la agroecología es una de las propuestas con mayor potencia en
América Latina y en el mundo para lograrlo.
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Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en partes iguales por Inés Gazzano, Marcel Achkar, Elena Apezteguía,
Julián Ariza, Alberto Gómez Perazzoli y Julio Pivel.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.13-40.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.2
El proceso de aprobación del área
protegida Montes del Queguay
Conflictos, actores, desafíos
Verónica Filardo y Virginia Rossi
Resumen
Las áreas protegidas son una herramienta de ordenamiento territorial privilegiada por los
Estados para el control del uso del suelo y la sustentabilidad de los sistemas socioecológicos.
En este artículo se presenta el estudio del proceso de integración de Montes del Queguay al
Sistema Nacional de Áreas Protegidas, realizado con el objetivo de identificar los conflictos que
se generan entre actores e intereses en torno a la apropiación de los servicios ecosistémicos
en disputa. Mediante la realización de entrevistas semiestructuradas a informantes clave, se
delimitó la periodización del proceso en tres fases (proyecto de solicitud de ingreso, delimitación
del área y elaboración del plan de manejo) y se muestra cómo la configuración del conflicto y el
posicionamiento de los actores varían en el tiempo.
Palabras clave: conflictos sociales, gobernanza, ordenamiento territorial, servicios ecosistémicos,
temporalidad.
Abstract
The approval process for the protected area of Montes del Queguay. Conflicts, actors, challenges
Protected areas are a privileged territorial planning tool by the States for the control of land use
and the sustainability of socio-ecological systems. This article shows the integration process of
Montes del Queguay to the National System of Protected Areas study in order to identify the conflicts
that are generated between actors and interests regarding the appropriation of the ecosystem
services in dispute. Through the conduction of semi-structured interviews with key informants,
the periodization of the process was delimited in three phases (admission application project, area
delimitation and preparation of the management plan) and we show how the configuration of the
conflict and the positioning of the actors vary in time.
Keywords: social conflicts, governance, land-use planning, ecosystem services, temporality.
Verónica Filardo: Doctora en Sociología, profesora titular del Departamento de Sociología de
la Facultad de Ciencias Sociales (UDELAR).
ORCID iD: 0000-0003-2304-069X
Email:
[email protected] Virginia Rossi: Doctora en Ciencias Sociales Agrarias, profesora agregada y directora del
Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Agronomía (UDELAR).
ORCID iD: 0000-0003-1519-5544
Email:
[email protected]Recibido: 19 de mayo de 2020
Aprobado: 17 de octubre de 2020
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
Introducción
Montes del Queguay, el territorio del estudio, está situado al noroeste del
Uruguay, en el departamento de Paysandú. En 2014 fue declarado área prote-
gida con recursos manejados e incluido en el Sistema Nacional de Áreas Pro-
tegidas (SNAP), organismo dependiente del entonces Ministerio de Vivienda
y Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA).
Desde la década del ochenta del siglo XX, la reconfiguración de extensas
áreas tradicionalmente ganaderas en el norte del país ha estado marcada
por el avance de la silvicultura y la agricultura, predominantemente sojera,
monocultivo que va de la mano de la expansión del modelo del agronegocio
en la región (Fernandes, 2009; Rossi, 2010). En este sentido, organizaciones
sociales de la zona de Guichón, junto con la Intendencia de Paysandú,
presentaron en 2005 un proyecto de inclusión del área denominada Montes
del Queguay para integrar al SNAP. En 2014, nueve años más tarde, se
firmó el decreto que la constituye como área protegida bajo la figura “con
recursos manejados”. La inclusión de Montes del Queguay en el SNAP es
excepcional, ya que parte de una solicitud de organizaciones sociales de la
región, que fueron las que lideraron la iniciativa.
Las áreas protegidas no necesariamente implican evitar la tendencia
general del capitalismo agrario de degradación de los recursos naturales
(Santos, 2011). El proceso de consolidación de áreas protegidas no está exento
de conflictos, dado que la conflictividad es un proceso constante alimentado
por las contradicciones y desigualdades del capitalismo (Fernandes, 2008).
El análisis del caso tiene particular interés desde la perspectiva de la
gobernanza y del ordenamiento territorial. Estos instrumentos de protección
y conservación de recursos naturales constituyen, paradigmáticamente, casos
de ordenamiento y planeamiento de los territorios.
Montes del Queguay fue uno de los territorios del Uruguay seleccionados
en el proyecto BEST-P (2015-2019),1 que trabajó desde la perspectiva de los
servicios ecosistémicos y el ordenamiento territorial en cinco países de América
Latina, con un equipo integrado por más de veinte investigadores formados
en diversas disciplinas. El abordaje del trabajo para la región de Guichón y
1 Proyecto “Bridging ecosystem services and territorial planning (BEST-P): a southern South
American initiative”, del Instituto Interamericano para el Cambio Global (IAI-CRN 3095),
coordinado por José Paruelo (Universidad de Buenos Aires). Más información disponible en
<http://www.iai.int/en/post/detail/crn-3095>.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 43
Montes del Queguay privilegió una mirada histórico-sociológica del proceso
de constitución de un área protegida con recursos manejados en este territorio,
los conflictos de intereses y las disputas por la apropiación de los servicios
ecosistémicos que estuvieron presentes durante más de veinte años.
Si bien en este artículo se presentan resultados que provienen de una
de las etapas del estudio realizado en Montes del Queguay y la región de
Guichón, el trabajo supuso varias fases. En primer lugar (2017-2018), con el
objetivo de elaborar el mapa de actores de la región de Guichón relativo a la
integración del área protegida en el SNAP, se realizaron quince entrevistas
semiestructuradas a diferentes agentes sociales, vinculados desde distintos
ámbitos al proceso de constitución del Montes del Queguay (productores y
colonos residentes del área, integrantes de organizaciones no gubernamentales
[ONG] y de emprendimientos productivos de Guichón, instituciones públicas,
técnicos del Instituto Plan Agropecuario [IPA], etcétera). Para la selección de
los agentes se contó, además, con el antecedente del estudio realizado años
antes sobre el capital social en la zona y la intervención de la UDELAR en
proyectos de extensión (Rossi, 2007).
Las entrevistas produjeron un rico material y permitieron generar mapas de
actores e identificar sus cambios y los de sus posiciones en diferentes momentos
del proceso, que va desde el proyecto de solicitud de ingreso al SNAP hasta la
conformación de la Comisión Asesora Específica (CAE) del área protegida, cuyo
objetivo fundamental fue la elaboración del plan de manejo del área. El análisis
de las entrevistas realizadas en la primera etapa de la investigación permitió
identificar las categorías que se utilizan para clasificar las posiciones de los
actores en cada una de las fases, así como las representaciones de los conflictos
y las tensiones en las escalas local y regional. A su vez, permitió construir un
universo de ideas a partir del cual, en una etapa posterior, se diseñaron las grillas
de la metodología Q, utilizadas para entrevistar a más de cuarenta informantes
clave. Esto permitió construir una tipología de subjetividades sobre los cambios
percibidos en el área protegida y su zona de influencia, cuyos resultados se
discuten en otra publicación (Filardo y Gravina, 2020).
En este artículo se presentan reflexiones originadas en el análisis de
las entrevistas semiestructuradas aplicadas a informantes clave, dado su
nivel de involucramiento o de afectación con el área protegida. El material
producido se organiza en torno al proceso vivido en el territorio, en tres fases
identificadas por los entrevistados y que coinciden con las previstas en el
protocolo de conformación de áreas protegidas del SNAP: 1) el proyecto para
solicitar al SNAP el ingreso del área; 2) la delimitación del área a proteger
y la definición de la figura de protección; y 3) la elaboración del plan de
manejo. Debe destacarse que existen diferencias, en las tres fases, en las
posiciones que ocupan los actores, vinculadas a los conflictos derivados del
decreto de declaración como área protegida de recursos manejados Montes
del Queguay (Decreto 343/014, del 25 de noviembre de 2014).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
44 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Antecedentes
En 1992, Uruguay firmó el Convenio de Diversidad Biológica en la Cumbre
de Río de 1992, ratificado por la Ley n.o 16.408 un año después, en la que se
designó al MVOTMA como autoridad competente para su instrumentación y
aplicación. Es a partir de ello que se creó el SNAP como principal institución
para la preservación de la biodiversidad y el ordenamiento territorial rural.
Con ello se pretendía:
“conciliar el cuidado del ambiente —en particular de la diversidad de
paisajes, ecosistemas, especies y elementos culturales— con el desarrollo
económico y social del país, apostando a generar oportunidades para las
comunidades locales y la sociedad en su conjunto a través de la recreación,
el turismo, la educación, la investigación y el desarrollo de actividades
productivas compatibles con la conservación.” (DINAMA, s. f.).
En 2019 eran diecisiete las áreas ingresadas en el SNAP, con una
superficie total de 334.125 hectáreas (incluyendo superficies terrestres y
marinas). Si bien se estima que estas áreas comprenden a más del 70% de
los paisajes existentes en Uruguay, su superficie total representa el 1,05% del
territorio total del país.
Área protegida con recursos manejados Montes del Queguay
El territorio
La denominación Montes del Queguay surge a partir del sitio conocido como
Rincón de Pérez, donde confluyen los ríos Queguay Grande y Queguay Chi-
co, en el departamento de Paysandú (Figura 1).
Figura 1. Ubicación del área Montes del Queguay
Fuente: Elaboración propia con base en MVTOMA, 2012. Diseño S. Cairus.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 45
El área protegida abarca 20.000 hectáreas,
“donde están representados diferentes ambientes: tierras bajas (bañados,
pajonales, lagunas, cursos fluviales), una de las mayores masas de montes
ribereños naturales del país, tierras altas (sierras basálticas y bosques de
cerritos asociados), arbustales o chircales, bosques parque y pastizales no
inundables, y se encuentran varias especies vegetales prioritarias para la
conservación.” (Decreto n.o 343/014).
El territorio cuenta, además, con un relevante patrimonio cultural,
histórico y arqueológico (tapera de Melchora,2 cercanía con Salsipuedes —el
lugar de exterminio de los charrúas—, vestigios arqueológicos, etcétera).
En la región se encuentran grandes establecimientos dedicados
fundamentalmente a la ganadería extensiva (vacuna y ovina), con algo de
agricultura, en muchos casos en manos de extranjeros. A principios del siglo
XXI, la expansión de la superficie dedicada a la soja se produjo a partir de
un sistema de aparcería agrícola (medianería), en el cual el propietario de la
zona, generalmente ganadero, arrienda pequeñas parcelas del establecimiento
para un cultivo agrícola y va rotando año tras año, pues luego de la cosecha
le dejan implantado un verdeo o una pradera permanente, mejoramiento que
puede utilizar para la alimentación de su ganado (DINAMA, 2012). Otra
actividad importante en la región es la apicultura (Achkar, Bessonart, Freitas
y Melo, 2007).
La población de la región se concentra principalmente en Guichón,
segundo centro poblado del departamento de Paysandú, y el resto se distribuye
en pequeños centros poblados. La colonia Juan Gutiérrez, del Instituto
Nacional de Colonización (INC), pertenece al territorio Montes del Queguay,
aunque también hay otras colonias relativamente cercanas: Pintos Viana y
José Batlle y Ordóñez. Las fracciones de la colonia Juan Gutiérrez tienen
en promedio 300 hectáreas, fracciones que se consideran pequeñas debido
a los índices de productividad del suelo, lo que lleva a que sus colonos sean
considerados como “pequeños ganaderos” y registrados como “productores
familiares” por las políticas públicas.
Las principales actividades en la zona son la ganadería, la agricultura,
la lechería y, en menor escala, la forestación. Como fue mencionado, en la
primera década del siglo XXI se registró un incremento de la producción
de soja. Los predios de los colonos muestran síntomas de deterioro y
han sido objeto de numerosos proyectos de recuperación de suelo en las
últimas décadas, sobre todo por parte del IPA, como en forma recurrente se
manifiesta en las entrevistas realizadas (DINAMA, 2009a). Por otra parte, el
2 Melchora Cuenca fue la mujer de José Artigas, héroe nacional. Ella y los hijos de ambos
vivieron allí durante el exilio de Artigas en Paraguay.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
46 Verónica Filardo y Virginia Rossi
río Queguay hace posibles actividades náuticas y ecoturísticas que ponen en
valor la conservación del paisaje.
Sistema de actores
Se presentan brevemente los resultados obtenidos en torno a los conflictos
entre diferentes actores locales y regionales, en función de los intereses que
proclaman y los servicios ecosistémicos que disputan. Se parte de quince en-
trevistas semiestructuradas realizadas a personas vinculadas al territorio en
estudio e insertas en diferentes espacios de actuación. Algunos son jerarcas
de organismos públicos o dirigentes de organizaciones sociales ambientalistas,
otros están ligados a determinadas actividades económicas, como productores
ganaderos, colonos del INC y técnicos de diferentes organismos públicos. Los
entrevistados identificaron a los actores sociales que visualizan con partici-
pación en el proceso y a partir de este material se realizó un ordenamiento
por parte del equipo de investigación y se elaboró un mapa de actores. Es de
destacar que el protagonismo y la intensidad de la participación de algunos
actores ha variado durante los años que van desde que se presentó la solicitud
de inclusión de Montes del Queguay como área protegida hasta 2018.
El sistema de actores locales de la actualidad, tal y como fue construido
a partir de las entrevistas, se presenta utilizando dos procedimientos
diferentes.3 En primer lugar, se incluye un diagrama de Venn que coloca a
los actores identificados en el momento actual en el territorio, las relaciones
que mantienen entre sí (cooperación o conflicto) o la ausencia de vínculo.
Se priorizó para ello la integración de la CAE, que formalmente oficia como
espacio de gobernanza idóneo para la elaboración del plan de manejo.
En segundo lugar, se estableció un ordenamiento matricial de los
actores (priorizados), en función del nivel de influencia y dependencia en
la toma de decisiones en relación con el área protegida y, en consecuencia,
las garantías sobre la provisión y límites para la apropiación de los servicios
ecosistémicos del territorio. En la medida en que la figura de área protegida
supone normativas para el uso del suelo, el control de los recursos naturales y
la fiscalización de su cumplimiento, así como una gestión cogobernada y un
plan de manejo establecido y diferenciado en zona núcleo y zona adyacente,
se considera que la inclusión del área en el SNAP modifica las prácticas
y produce cambios en el uso del suelo y el manejo, en extremo relevante.
Estas transformaciones afectan a muchos actores locales y regionales. Sin
embargo, el sentido de la afectación y el nivel de influencia en relación
con las decisiones de este proceso no son iguales para todos. Existen
quienes son más o menos afectados por dichos cambios y quienes tienen
más o menos poder en la conducción de este proceso. En este sentido, para
3 Sobre la metodología de mapeo de actores, se recomienda ver Rossi, Filardo y Auer (2019) y
Reed, Graves, Dandy, Posthumus, Hubacek, Morris, Prell, Quinn y Stringer (2009).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 47
ilustrar esta situación (Figura 3), no se consideran los actores públicos, sino
exclusivamente aquellos actores de la sociedad civil o actores económicos.
Los objetivos que siguen ambas representaciones, si bien se
complementan en la descripción de los intereses y conflictos en juego en el
territorio, son diferentes. En el diagrama de Venn la pretensión es descriptiva
y relacional, mientras que en la matriz de poder/dependencia los actores son
distribuidos en función de su posición en una estructura que considera dos
ejes o dimensiones (poder en las decisiones y dependencia de la conservación
de los servicios ecosistémicos que viabiliza el área protegida).
Dado el carácter de la descripción de los actores en el territorio en
estudio, definimos como actor central del área a la CAE. En el artículo 15 de
la Ley n.o 17.234 se establece que:
“El Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente
constituirá, con relación a cada área natural protegida, una Comisión Asesora
específica, en la que estarán representados el Poder Ejecutivo, los propietarios
de predios privados incorporados al área, los pobladores radicados dentro
del área, las autoridades locales y las organizaciones no gubernamentales
ambientalistas con actividad vinculada al área.” (Ley n.o 17.234).
La CAE de Montes del Queguay está integrada por la Dirección
General de Promoción y Desarrollo y la Dirección de Desarrollo Rural de la
Intendencia de Paysandú, delegados de MVOTMA, el SNAP, el Ministerio
del Interior (MI), el Ministerio de Turismo (MINTUR) y el Ministerio de
Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), junto a pobladores, propietarios y
ONG ambientalistas (Intendencia de Paysandú, 2016). Se presenta una breve
caracterización de los actores en la Tabla 1.
Figura 2. Sistema de actores de Montes del Queguay, 2018
Fuente: Elaboración propia. Diseño: S. Cairus.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
48 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Si bien se han priorizado algunos actores, existen otros que no fueron
colocados en el diagrama, pero que también forman parte del sistema.
Tal es el caso de la Junta Local de Guichón, que no integra la CAE. En
la zona también funciona una mesa de desarrollo rural (MDR), un órgano
de conformación interinstitucional y local, pero cuya actuación ha estado
vinculada primordialmente con la colonia Juan Gutiérrez y no tiene mayor
injerencia en las decisiones respecto al área protegida. Sin embargo, el
funcionamiento de las MDR también contribuye a la consolidación de capital
social en la zona, así como a dinámicas de trabajo colectivo y colaborativo.
La Liga de Guichón agrupa a productores ganaderos grandes y tuvo peso
relativo en épocas anteriores. Actualmente no participa de la CAE ni se
configura como un actor relevante. Tampoco integran la CAE actores que
fueron protagónicos en la fase de solicitud de ingreso del área protegida
al SNAP, como la Asociación Conservacionista Uruguaya de Ornitología
(ACUO) y el Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas (CEUTA).
Matriz de poder y dependencia
Para determinar las posiciones en torno a la dependencia de la conservación
de los recursos ecosistémicos de Montes del Queguay y el nivel de influencia
en la toma de decisiones para la elaboración del plan de manejo, se consi-
deraron solo dos actores de la sociedad civil que participan actualmente en
la CAE. Por ejemplo, el CEUTA es una organización de la sociedad civil
de principios ambientalistas, con impronta académica y vocación científica.
Aunque fue uno de los actores centrales en la formulación del proyecto de
solicitud de ingreso de Montes del Queguay al SNAP, al inicio de ese largo
proceso, no logró mantenerse en el territorio en el tiempo. No participa en
la CAE y es un claro ejemplo de las variaciones en el mapa de actores en
los diferentes momentos. Por este motivo, como se mencionó antes, no es
incluido en el diagrama.
Se ha ubicado al Club Queguay Canoas como un actor social que tiene
un interés específico en la protección del área, no solo por sus principios
conservacionistas y de sustentabilidad ambiental, sino también porque la
rentabilidad de sus actividades económicas depende de esto. En la medida
que es una organización que realiza actividades vinculadas al ecoturismo y
paseos histórico-patrimoniales, es imprescindible para su viabilidad asegurar
que el río en el que se desarrolla el canotaje no esté contaminado, que pueda
hacerse pesca recreativa sin pérdida de biodiversidad y que se mantengan
el monte nativo, la belleza del paisaje, la fauna autóctona que permita
avistamiento, etcétera. La conservación del ecosistema es condición sine
qua non para estas actividades y emprendimientos. Por tanto, la dependencia
respecto a la conservación de los servicios ecosistémicos que garantiza el
área protegida para el Club Queguay Canoas, que se constituye hoy como el
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 49
actor local más relevante, es muy alta. También es alto su poder de influencia,
ya que participa en la CAE, ha tenido un rol protagónico (al inicio como
parte de la Asociación Creativos) durante las tres fases del proceso y hoy
es el interlocutor privilegiado de los organismos públicos que participan
de la CAE y la contraparte de numerosos convenios para la realización de
inversiones públicas en el territorio (como el Centro de Visitantes, con el
MINTUR y con financiamiento del BID, entre otros).
Figura 3. Matriz de poder y dependencia de los actores en Montes del Queguay,
2018
Fuente: Elaboración propia. Diseño: S. Cairus.
Montes del Plata, como gran empresa forestal de carácter internacional
y que puede inscribirse en el modelo de agronegocio descrito por Fernandes
(2009), tiene una baja dependencia en su estrategia productiva con respecto
a la conservación de los recursos ecosistémicos de la zona. Por el contrario,
la inclusión de Montes del Queguay como área protegida puede interpretarse
como una iniciativa exitosa para frenar la expansión de la superficie
forestada y controlar la presión de este rubro de explotación sobre el área. Sin
embargo, la estrategia de posicionamiento de la empresa atiende a la cuestión
ambiental y las medidas internacionalmente establecidas para minimizar
el impacto negativo sobre el ecosistema que genera inevitablemente su
implantación. Es posible que la participación de las empresas forestales en la
CAE responda a esta estrategia, así como la medida de Montes del Plata de
manejar parte de sus explotaciones como reservas naturales, con acciones que
tomen en cuenta el cuidado ambiental y la investigación, lo que le asegura la
producción forestal sin mayores controles en grandes superficies y garantiza
sus ganancias. Su participación en la CAE convierte a esta empresa en un
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
50 Verónica Filardo y Virginia Rossi
actor de gran influencia en la toma de decisiones, que no solo está dada por
este motivo. Su tamaño, las regulaciones a las que está sujeta, pero también
los privilegios de los que goza, le confieren capacidad de activar recursos
que, en principio, son para su beneficio, aunque forman parte de los bienes
públicos para el territorio (la obra de un tramo de la ruta 4, por ejemplo, tuvo
significación para la circulación en la región). De igual manera, la mano de
obra que absorbe la empresa en la zona hace que su poder en la toma de
decisiones sea, de por sí, considerable.
La Sociedad de Fomento Rural Colonia Juan Gutiérrez también
participa de la CAE. Pero esto si bien formalmente le otorga simetría con
el resto de los actores, dista de asegurarla. Los productores de la colonia
(particularmente aquellos cuyos predios se inscriben en el área) son los
principales afectados por la conservación de los servicios ecosistémicos y
las normativas que se establezcan en el plan de manejo, entre otras cosas
porque su supervivencia depende de lo que “puedan hacer” (de lo que tengan
permitido y de su capacidad de llevarlo a cabo). No obstante, debe destacarse
que han sido parte del proceso desde su inicio, y su ingreso al área fue
voluntario en la mayoría de los casos. Sin embargo, se atiende a una situación
de vulnerabilidad mayor que la del resto de los actores, debida básicamente
a sus condiciones materiales de existencia y su posicionamiento en la
estructura productiva local. Son pequeños productores familiares con predios
de 300 hectáreas promedio, de suelo basáltico, con obligaciones financieras
permanentes (deben pagar la renta al INC, ya que son arrendatarios), pero
son los que tienen mayor arraigo a la tierra en la zona. Los colonos actuales
son la tercera generación de colonos que permanecen en el mismo predio
del INC, lo que permite interpretar que la permanencia les da su “sentido de
juego” (Bourdieu, 1988).
Los conflictos en Montes del Queguay en el tiempo
Las etapas que se describen a continuación definen no solo “momentos” di-
ferentes en el proceso de la integración de Montes del Queguay en el SNAP
(con objetivos y funciones específicas en dicho proceso, pautadas y regla-
mentadas: presentación del proyecto; delimitación del área y elaboración
del plan de manejo), sino que, además, el protagonismo de los actores en
cada una ellas también varía. El SNAP adquiere relevancia como institu-
ción fundamental a partir de la aprobación de Montes de Queguay como área
protegida y no antes, por ejemplo. Los actores que se comprometen por el
proyecto para la inclusión de Montes del Queguay en la reglamentación de
área con recursos manejados también varían en el tiempo. En el material de
campo se marca sistemáticamente un cambio en la significación que tiene la
preservación de los recursos naturales para la población local, incluso para
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 51
la localidad cercana de Guichón, en gran medida producto del alto número
de proyectos e intervenciones de diferentes organismos en el territorio des-
de 2005. Para el plan de manejo, particularmente de la forma en que está
siendo procesado y trabajado, se suman actores que no participaron en la
formulación del proyecto, que van delineando nuevos conflictos y acciones
estratégicas.
Periodización
El análisis de las entrevistas y el material documental consultado permite
historizar el proceso de la integración de Montes del Queguay en el SNAP
hasta 2019, identificando tres fases:
• Fase 1: La elaboración del proyecto de inclusión de Montes del
Queguay como área protegida del SNAP por parte de organizaciones
de la región, en alianza con la Intendencia de Paysandú.
• Fase 2: La delimitación del área a proteger y la definición de la figura
de protección. Fue un proceso de negociación con los diferentes
actores y sus diferentes intereses en la zona, en el que participan
además diversos organismos públicos. Para esta fase se conformó una
plataforma interinstitucional con representación de los actores locales
de diferente tipo. El producto final de este proceso es el decreto de
2014 que define la figura de protección “con recursos manejados”
(área protegida con recursos manejados Montes del Queguay) y
delimita la extensión del área (establece los predios afectados del área
núcleo y del área adyacente).
• Fase 3: La elaboración del plan de manejo. Una vez delimitada el
área y aprobada por el SNAP, se abrió una nueva fase que definió la
elaboración del plan de manejo del área, iniciada una vez aprobado el
Decreto n.o 343 en 2014 y que continuaba en 2019.
La Tabla 1 describe los diferentes tipos de actores sociales de Montes
del Queguay que fueron identificados en el sistema de actores en cada fase
del proceso.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
52 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Tabla 1. Breve caracterización de los actores y participación en las etapas del
proceso de aprobación del área protegida, 2019
Fases en
Integra la
Tipo de actor Organización Breve descripción las que tuvo
CAE
presencia
La organización ha participado en las
tres etapas identificadas. Los predios de
algunos colonos que la integran están
Sociedad de parcialmente afectados por la delimitación
Fomento Rural del área protegida. En varios casos se trata
Sí (dos
Colonia Juan de la tercera generación de colonos en 1, 2 y 3
delegados)
Gutiérrez estos predios.
Está conformada en su mayoría por
colonos de las colonias Juan Gutiérrez,
Pintos Viana y Batlle y Ordóñez, y también
por productores no colonos.
Fue corresponsable del primer informe que
se realizó para proponer la zona como área
protegida. Está vinculado a actividades
de ecoturismo, canotaje, camping y
Club Queguay
paseos turístico-ambientales e históricos. 1, 2 y 3 Sí
Canoas
Tiene sede en el Centro de Visitantes,
que es la puerta de entrada a Montes del
Queguay. Ha participado en las tres etapas
identificadas.
Organizaciones
de la sociedad Corresponsable del primer informe que
Agrupación
civil se realizó para proponer la zona como
Creativos 1 No
área protegida. Integrada por actores de la
sociedad civil de Guichón.
Organizaciones
Hay un representante de Paysandú
con sede en
Nuestro y Grupo Ecológico Naturista 3 Sí
Guichón y en
Sanducero (GENSA) en la CAE.
Paysandú
Tuvo un papel central en la promoción del
área protegida y realizó investigaciones
CEUTA
y estudios. Mantiene su impronta en
(con sede en 1 No
el proceso y es referenciada por los
Montevideo)
entrevistados. Actualmente no integra la
CAE ni tiene un rol central en el territorio.
Fue una de las organizaciones sociales
ACUO que presentaron el proyecto de ingreso de
(con sede en Montes del Queguay al SNAP. Actualmente 1 No
Montevideo) no tiene relevancia en el sistema de
actores y tampoco integra la CAE.
Colabora en la elaboración del plan de
Vida Silvestre 3 No
manejo.
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El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 53
Fases en
Integra la
Tipo de actor Organización Breve descripción las que tuvo
CAE
presencia
El MVOTMA es coadministrador del área
junto con la Intendencia de Paysandú. La
DINAMA preside la CAE y actúa con medidas
directas de gestión en el entorno del área
DINAMA-
protegida, articulando actividades y planes
MVOTMA, Sí (la
de desarrollo en las áreas adyacentes. El 2y3
SNAP preside)
SNAP (creado en el MVOTMA a través de la
DINAMA) apunta a la gestión ambiental y a
la visualización de los beneficios del área
protegida por quienes son parte de estos
territorios.
Unidad ejecutora del MGAP que integra
Organismos Dirección la CAE y aporta en el asesoramiento y
2y3 Sí
públicos Forestal-MGAP control del uso sostenible de los recursos
de alcance naturales.
nacional Integra la CAE, apoyando específicamente
(ministerios, el desarrollo de infraestructura turística
entes públicos, MINTUR orientada a la protección y conservación 3 Sí
institutos no de los valores naturales, históricos y
estatales) culturales del país.
Vinculado al proceso mediante las
fracciones que integran el área protegida
INC Sí (como
con recursos manejados y los colonos 1, 2 y 3
Regional invitado)
participantes en la Sociedad de Fomento
Paysandú
Rural Juan Gutiérrez.
Aunque no integra la CAE, sus técnicos
regionales han estado vinculados a todo
IPA el proceso del área protegida, en particular
Regional Litoral a través de proyectos de conservación 1, 2 y 3 No
Norte y mejoramiento del campo natural,
extensión, transferencia y capacitación en
producción ganadera.
Intendencia de Es coadministradora del área junto con el
1, 2, 3 Sí
Paysandú MVOTMA.
Municipios Las juntas locales corresponden a los
Piedras municipios, el tercer nivel de gobierno
Coloradas y (local), según resulta de la Ley n.o 19.272
Guichón. Juntas (Ley de Descentralización y Participación No
Organismos locales de El Ciudadana), aprobada en 2014. Son citadas
públicos de Eucalipto y a participar en todas las CAE, pero no se ha
alcance local Cerro Chato logrado su concurrencia.
(ejecutivo y Órgano legislativo que conjuntamente con
legislativo) Junta la Intendencia ejerce el gobierno dentro
Departamental de los límites del departamento. Participa No
de Paysandú en la cogestión del Centro de Visitantes
del área.
Participa en la elaboración del plan de
Jefatura de
manejo, principalmente en temas de 3 Sí
Paysandú (MI)
seguridad y fiscalización.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
54 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Fases en
Integra la
Tipo de actor Organización Breve descripción las que tuvo
CAE
presencia
Mesa de
Espacios de Ámbito de concertación territorial
Desarrollo Rural No
gobernanza (local-nacional).
de Paysandú
Varias facultades participan de diversos
proyectos en el área protegida desde hace
al menos treinta años. Las Facultades
de Agronomía y Veterinaria han tenido
un intenso vínculo con los productores
de la zona en el formato de extensión
universitaria y mediante el desarrollo de
proyectos de investigación en el territorio.
La Facultad de Ciencias también ha llevado
Facultades de
adelante estudios que fueron insumos
Agronomía,
importantes en la primera y la segunda
Ciencias y
fase del proceso del decreto de 2014. La
Academia Humanidades 1, 2 y 3 No
Facultad de Humanidades y Ciencias de
y Ciencias de
Educación, a través del Departamento de
Educación
Arqueología, ha generado importantes
(UDELAR)
antecedentes en torno a los vestigios
de pueblos aborígenes (charrúas) y los
hallazgos encontrados en el territorio.
El Polo de Ecología Fluvial trabaja
activamente en la formulación del plan de
manejo y en los trabajos de investigación
referidos a este. También participan en la
elaboración del plan otros integrantes del
Centro Universitario (CENUR) Litoral Norte.
Participan con dos delegados en la CAE.
De las empresas privadas de la zona, la
empresa forestal industrial más importante
es Montes del Plata, dedicada a la pulpa de
Montes del
Empresas celulosa y fundada en Uruguay en 2009
Plata y otras
agropecuarias por Araucho (Chile) y Stora Enso (Suecia- 1, 2 y 3 Sí
empresas de la
y forestales Finlandia). Si bien existieron diferentes
zona
firmas dedicadas a la forestación con
eucaliptus en la zona, tuvieron al mismo
representante técnico durante las tres
etapas.
Fuente: Elaboración propia, revisado por Francisco Bergós (SNAP) en 2020.
Fase 1: Proyecto de inclusión en el SNAP, conflictos iniciales
Si bien el decreto de constitución del área protegida se firmó en 2014, las
iniciativas de conservación de la zona datan de mediados del siglo XX.
En 1949, algunos representantes de la comunidad de Guichón solicitaron
la protección del llamado Rincón de Pérez. En 2006, diversas organizacio-
nes sociales vinculadas a actividades turísticas y culturales (no agropecua-
rias), apoyadas por un proyecto de las Naciones Unidas (Proyecto Pequeñas
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 55
Donaciones)4 y acompañadas por la Intendencia de Paysandú, formalizaron
la solicitud de inclusión de Montes del Queguay en el SNAP. A partir de allí,
desde el SNAP se promovió la constitución de una unidad ejecutiva de ca-
rácter interinstitucional (llegó a convocar a más de treinta instituciones), que
trabajó en la construcción de consensos locales para la protección del área.5
El 14 de diciembre de 2009, la DINAMA realizó la puesta de manifiesto pú-
blico, donde se presentó el área protegida Montes del Queguay en el depar-
tamento de Paysandú en la categoría área protegida con recursos manejados
(DINAMA, 2009b).
El análisis de las entrevistas realizadas revela que el principal conflicto
identificado en el territorio en la primera etapa fue por el uso del suelo,
fundamentalmente dedicado a algunos rubros de producción agropecuaria.
De hecho, se enfrentó el avance de las grandes empresas trasnacionales de
forestación y la introducción del cultivo de soja en agricultura. Ese fue el
cambio más relevante en la reconfiguración productiva y social de la zona,
que tradicionalmente ha sido “el corazón de la ganadería de Paysandú”. El
impacto sobre el ecosistema, tanto de la agricultura como de las forestales, era
percibido como un riesgo, lo que en primera instancia reveló el enfrentamiento
de dos posiciones: los “conservacionistas” y los “productivistas”.
Así, en la primera etapa el conflicto se representa como polarizado. El
argumento que se esgrime para legitimar esta clasificación puede formularse
de la siguiente forma: mientras que para los conservacionistas los recursos
naturales son valorizados en sí mismos y, por tanto, deben ser “conservados”,
para otros actores sociales la valorización de los recursos naturales está
dada en función de su valor de uso, es decir, como factor de producción. En
consecuencia, las medidas tendientes a la conservación son vistas por estos
últimos como un “impedimento a la producción”.
4 Proyecto PPD/FMAM/PNUD “Fortalecimiento de las comunidades locales para la gestión y
uso sustentable de los recursos naturales asociados al río Quegua-í” (URY/06/02 noviembre de
2006-abril de 2008).
5 “En el marco de este proceso de trabajo que involucra un conjunto creciente de actores, en
2007 se constituyó el ‘Plenario y Unidad Ejecutiva del área protegida’, que se integra con
referentes de la Intendencia Municipal de Paysandú; Sociedad de Fomento Rural de la Colonia
Juan Gutiérrez; Agrupación Creativos; productores y propietarios del área; Club Queguay
Canoas; CEUTA; Retos al Sur; Facultad de Agronomía; Universidad del Trabajo del Uruguay -
Guichón; Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca; Ministerio de Vivienda, Ordenamiento
Territorial y Medio Ambiente; Instituto Nacional de Colonización; Instituto Plan Agropecuario.
Es en este ámbito que se lleva adelante el proceso de elaboración que constituye la base para la
redacción de este borrador de proyecto” (DINAMA, 2009a, p. 2).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
56 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Tabla 2. Representación del conflicto social en torno a Montes del Queguay en la
primera fase
Conservacionistas Productivistas
Valor de uso para producir, para generar
Recursos naturales Valor en sí, a conservar
ganancia
Área protegida Beneficios Trabas, restricciones, impedimentos
El área protegida es vista como una herramienta del ordenamiento
territorial que permite y asegura la conservación de los recursos naturales y
como instrumento de control de los avances del agronegocio (representado
por las empresas forestales y el incremento de la producción de soja, con
intereses extranjeros), tendencia que se pretende revertir.
Si bien los técnicos entrevistados aluden al conflicto social respecto al
área protegida de forma dicotómica: conservar versus producir (“conflicto
estructural”), se ubican ellos mismos y al SNAP en una tercera posición, en
el medio, “producir conservando”:
“Creo que el más estructural y de fondo es el conflicto por el uso, entre una
alternativa que es de usos naturales de conservación y usos productivos
agropecuarios. Y ahí hay una gama de alternativas agropecuarias que son
más compatibles con la conservación, pero, en definitiva, todas, incluso la
ganadería extensiva, en un punto son incompatibles con la conservación
[…]. Entonces, el conflicto estructural está ahí, entre la producción y la
conservación.” (Entrevista).
De hecho, los técnicos entrevistados sostienen que el principal trabajo
de intervención con los productores del territorio afectado, como núcleo del
área o adyacente, particularmente con los pequeños productores colonos del
INC, se orientó justamente a mitigar las posiciones polares y a abogar por la
intermedia, favorecida y mediada por la propia figura en la que finalmente
se inscribió el área protegida: “con recursos manejados”: “Conservar implica
producir con prácticas conservacionistas. Tenés que producir de una manera
amigable con la conservación” (Entrevista).
Aunque el conflicto principal fue en esta etapa por el uso del suelo
básicamente entre ganadería (con recursos manejados) y agricultura (soja) y
forestación, los entrevistados identifican otros conflictos que se plantean con
agentes sociales (que no se constituyen como actores, son “difusos”), como
los cazadores furtivos y pescadores. Frente a ello, en la medida en que no es
posible negociar ni “representar” esos intereses, la herramienta de la que se
dispone es, en primer lugar, la legislación y la fiscalización (guardabosques),
aunque también se menciona una conciencia social local que no favorece
estas actividades (“no hay más baqueanos que acompañen a los cazadores”).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 57
Asimismo, se identifican conflictos entre diferentes actividades
económicas, por ejemplo turismo o uso agropecuario, que están presentes
desde el inicio (quienes presentaron el proyecto de inclusión del área en el
SNAP no fueron los productores agropecuarios, sino organizaciones locales
no vinculadas a la tenencia de la tierra). A su vez, el patrimonio cultural
y arqueológico del territorio supone dificultades de gestión asociadas a la
extranjerización de la tierra en la zona.
Fase 2: Delimitación del área y figura de protección (2009-2014)
La inclusión de un territorio en el SNAP requiere delimitar el área y la figura
jurídica que regula el tipo de protección que le corresponde.
“Porque yo tengo un área protegida, Montes del Queguay que es donde se
aplica el decreto estrictamente, un área adyacente donde no hay mucho para
hacer, pero sí se trata de que se cumplan estrictamente las normas vigentes
en otro tipo de cosas. Y después tengo otro territorio más grande, que es
en el que trabajamos […] sobre el paisaje circundante, tratando de que las
áreas no queden como islas dentro de ese paisaje, sino que se incluyan en el
paisaje y estén interactuando con ese paisaje.” (Entrevista).
Es por eso que, en general, lo que se denomina “el área adyacente”
no tiene las mismas exigencias en las condiciones de manejo de recursos
que lo que se define como área protegida, y por esto también el proceso de
la delimitación es negociado predio a predio. Luego de la intervención de
diferentes organismos públicos y múltiples negociaciones, el área protegida
quedó definida de la siguiente forma:
“El área protegida, en el caso específico de Montes del Queguay, está
definida por ser una superficie de inundación que tiene que ver con todo
el proceso hídrico de la región y que presenta un macizo boscoso que es
el más grande del país. Esos son un poco los valores del área por los que
se decidió incluirla dentro del SNAP. Dentro de esa área hay un complejo
mosaico de distintos ecosistemas: lagunas, bañados, pastizales. Abarca unas
mil hectáreas lo que es el área núcleo, el área donde realmente se aplica el
decreto.” (Entrevista).
El proceso de la delimitación del área fue una negociación de larga
duración que intentó llegar a consensos, acordar con todos los implicados.
Supuso resistencias, contemplaciones para con algunos agentes (propietarios
de grandes establecimientos) y una definición que no profundizara los
conflictos. Tuvo a favor que muchos quisieron entrar voluntariamente
(algunos de los colonos de la colonia Juan Gutiérrez) y que otros aceptaron sin
oponerse a la inclusión de parte de sus tierras (algunos grandes propietarios).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
58 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Sin embargo, no se incluyó en el área protegida a los que tuvieron posiciones
firmes sobre no querer ser afectados, dejándolos fuera de los límites del área.
“Los de la colonia quisieron entrar al área voluntariamente. El resto de la
población, las estancias, no creo que quisieran entrar al área protegida. […],
todo el mundo pensaba que de entrar en el área protegida iban, a la corta o a
la larga, a aparecer restricciones, ‘esto no se puede hacer’, entonces por eso
no querían entrar. Sé que alguna estancia no presentó problemas ni nada,
pero voluntariamente que quisieran entrar, no creo.” (Entrevista).
Se reitera en los relatos de los entrevistados sobre la fase de delimitación,
la resistencia de los grandes propietarios a ser incluidos en el área. En el afán
de consensuar y minimizar los conflictos, la DINAMA finalmente aprobó una
delimitación de mínima, sin oposiciones de los afectados: “Y el proceso fue
muy peleado, ahí fue que […] muchos establecimientos se fueron enterando
por escritos de El Telégrafo, pero fue muy peleado” (Entrevista).
Si bien se mantiene una cartografía del conflicto que enfrenta a
los “conservacionistas” y a los “productivistas”, aparecen en esta etapa
significativas distinciones en ambos polos, en las representaciones de los
entrevistados, que desdibujan la mirada simplista y dicotómica de la primera
fase. Algunos entrevistados identifican diferencias entre los conservacionistas:
por un lado, estaban aquellos “genuinamente interesados en la conservación”;
por otro lado, quienes veían en la conservación beneficios económicos
individuales y “disfrazados” (emprendimientos de ecoturismo).
“Ahí hay un núcleo de personas más genuinamente interesadas en la
conservación. Después, había gente que estaba vinculada al turismo, y hasta
el día de hoy está vinculada al turismo, que lo que quería era que toda esa
zona… toda esa zona es propiedad privada, y también un recurso económico
para el turismo, ellos antes no tenían acceso, hay un interés económico
disfrazado. Todas esas tensiones se dieron en el territorio.” (Entrevista).
Es importante señalar que las organizaciones sociales que presentaron
el proyecto de inclusión de Montes del Queguay al SNAP en alianza con la
Intendencia de Paysandú eran actores de la región, pero no eran propietarios
ni tenían otra forma de tenencia sobre el suelo. Para algunos, el interés en
la biodiversidad estaba dado, en alguna medida, porque se lucra con ella.
Los emprendimientos de ecoturismo deben su ganancia a la conservación del
ecosistema, y por ello en la regulación se juegan también intereses económicos
privados. Muchas de las actividades de diferentes emprendimientos que
funcionan en la zona están asociadas con el paisaje, el río, los montes, la
fauna y la flora.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 59
“Gente vinculada a la cultura y al patrimonio de la zona presentó su proyecto
y se hizo el trabajo de pedirle al SNAP que esté en el sistema. Pero no fueron
productores del lugar, fueron actores de la región, actores que no eran los
dueños de los lugares donde se estableció el área protegida. Se estableció un
conflicto entre el uso económico de los productores agropecuarios y otros
usos alternativos de esos lugares. Y el conflicto de intereses que hay detrás
de eso.” (Entrevista).
La representación del polo “productivista” como un agrupamiento que
inicialmente aparecía compacto se desdibujó también a lo largo del proceso.
Las diferencias entre los productores son notorias, se hicieron evidentes
intereses y condiciones productivas muy desiguales, así como disposiciones
hacia la conservación que no permiten sostener la clasificación simplista
inicial. Es así que surgieron y se presentaron en las entrevistas nuevas formas
de clasificación de los agentes sociales: el tamaño y las características de los
predios diferencian sustantivamente a los colonos del INC de las grandes
explotaciones ganaderas.
Los colonos, quienes en principio se veían como los más vulnerables
respecto al impacto que las restricciones de producción y manejo podían
generan en la viabilidad de sus explotaciones, mostraron mayor disposición
a integrarse en el área, a partir de una actitud proclive a la protección
sustentada en su vínculo con el ecosistema, su arraigo a la tierra y el paisaje,
así como una alta carga emocional y compromiso moral. Propietarios de
grandes explotaciones ganaderas con recursos patrimoniales significativos
en el área también se comprometieron con el proyecto de protección de
los servicios ecosistémicos, quebrando la homogeneidad pretendida de las
etiquetas postuladas inicialmente. Los arrendatarios para la producción
de soja vieron disminuidas sus posibilidades de desarrollo al cambiar las
disposiciones de los posibles arrendadores, producto —no exclusivo— de
un trabajo de concientización de varias instituciones públicas que fueron
construyendo gradualmente alternativas productivas y de uso de la tierra y de
manejo responsable de los recursos naturales.
Las representaciones de los conflictos y del posicionamiento de los
actores en ellos fueron modificándose a medida que se avanzó en el proceso,
atendiendo a una mayor complejidad. Es necesario, por otra parte, reconocer
el efecto de la acción de actores externos al área (UDELAR, IPA), que
cumplieron un papel central en la difusión de información de riesgos y en
la generación y comunicación, vía la extensión universitaria, de alternativas
productivas que promueven el cambio.
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60 Verónica Filardo y Virginia Rossi
Fase 3: Elaboración del plan de manejo (2014-2019)6
Montes del Queguay se encuentra en la etapa de elaboración del plan de
manejo del área protegida, al haber ingresado al SNAP según el Decreto n.o
343/014, en el que se delimita y se inscribe en la figura concreta del área
protegida con recursos manejados y se define, asimismo, la zona adyacente.
Para esta etapa, y con el objetivo explícito de elaborar el plan de manejo
del área, se conformó la mencionada CAE.
“Por ahora no tenemos plan de manejo en el área, estamos trabajando en
eso, pero lo único que tenemos es un decreto con una serie de restricciones
al uso de esos recursos. Para la comunidad, para los dueños de la tierra, el
ingreso del área fue un largo proceso de negociaciones con los tenedores
de tierra, un proceso complejo con muchos obstáculos, pero se llegó a un
cierto consenso para poder ingresarla en cuanto a los límites y en cuanto a
la categoría para incluirla.” (Entrevista).
La red de actores que se articula en torno al área protegida es densa
y marcada por la presencia tanto de organizaciones sociales de diverso
carácter, que representan diferentes intereses, como de un espectro amplio
de instituciones públicas. A pesar de que, en algunos casos, la presencia de
las organizaciones es intermitente y se identifican períodos en los que la
participación es más activa que en otros, puede considerarse que la zona
revela una actividad significativa en el proceso por parte de diversos grupos
de interés y varios organismos nacionales, departamentales y locales. Por
otra parte, la figura de la CAE, una vez que se disparó el proceso de la
integración del área en el SNAP, obliga a una articulación entre la sociedad
civil organizada, las empresas y los organismos del Estado, para que sean
parte activa del proceso de toma de decisiones y definiciones normativas
que constituirán el plan de manejo, y, finalmente, para construir un sentido
de totalidad e interés común. Todas estas son condiciones que favorecen
el capital social del territorio, el reconocimiento mutuo que promueve la
construcción colectiva de la identidad local y la gobernanza (Mayntz, 2001).
De las entrevistas se desprenden referencias que denotan un peso
significativo dado a determinadas personas, vistas individualmente. Esto
alude a empresarios o administradores de emprendimientos particulares
que no siempre tienen el mismo signo en el posicionamiento respecto al
área protegida: a algunos se les otorga carácter positivo y a otros no tanto.
Asimismo, la impronta personal de determinados jerarcas de organismos
públicos marca el proceso desde hace veinte años, con referencias cruzadas
y reconocimientos mutuos. Particularmente, los técnicos han logrado
6 Se delimita la Fase 3 al momento de la elaboración del presente artículo. A octubre de 2020 se
continuaba trabajando en esta fase.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 61
conformar una red personal y, mediada por ellos, institucional, que se activa
como capital social para la dinámica del área protegida y del territorio en
general. Este fenómeno es bastante común en Uruguay y se ha trabajado
en torno a diferentes espacios de actuación pública (programas públicos de
proximidad [Filardo, 2019], procesos de aprendizaje e innovación en el agro
nacional [Filardo, 2001a; Rossi, Arbeletche y Courdin, 2011] y desarrollo
local [Filardo, 2001b]).
Son las redes personales (sobre todo de técnicos y profesionales que
ocupan cargos en la administración pública) las que en muchas oportunidades
viabilizan las articulaciones interinstitucionales y las dinámicas territoriales
(asimismo, podrían bloquearlas). En general, los lazos egocentrados se ponen
a favor de los procesos colectivos en una suerte de red personal-institucional
que se apoya fuertemente en liderazgos personales y alto compromiso con el
tema convocante. Sin embargo, en las entrevistas se tensiona la capacidad de
representación de quienes integran los espacios de participación establecidos.
Se percibe que ocurre lo mismo con los cargos de representación de las
organizaciones de la sociedad civil, que se entienden como legítimos en el
ámbito de la negociación.
“Pasa con todos los lugares a los que uno va. Esas personas que te digo,
con representación equilibrada en término de a qué sectores de interés
representaban, porque teníamos dos ONG que representaban intereses
ambientalistas, personas que representaban a los productores más chicos
de la colonia, personas que representaban a instituciones que teníamos
intereses en promover la conservación en estos lugares y personas que
iban por los empresarios más grandes. Lo que yo veo que no hay es
representación. Vos tenés personas que tienen esas sensibilidades que van
supuestamente en representación de un colectivo más grande, pero con el
que no necesariamente, en general, no hay posibilidad […], se queda en la
persona que va. Entonces creo que ha sido un proceso equilibrado desde ese
punto de vista, pero muy divorciado de la masa que cada uno representaba.”
(Entrevista).
Conclusiones
La representación de los conflictos sociales en el área, así como la posición
en que se ubican los diferentes actores locales y regionales, se han ido modi-
ficando en las diferentes etapas que supone normativamente la inclusión de
Montes del Queguay como área protegida de recursos manejados del SNAP.
Al inicio del proceso, en la fase de elaboración del proyecto para la inclusión
del área, los entrevistados identifican dos posiciones antagónicas: quienes se
colocan a favor de la protección, los “conservacionistas”, y quienes rechazan
el proyecto y sostienen intereses vinculados a la producción, “productivis-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
62 Verónica Filardo y Virginia Rossi
tas”, en un conflicto que se enmarca como estructural por el uso del suelo.
Sin embargo, una tercera posición, “intermedia”, puede identificarse entre los
técnicos entrevistados, orientados a defender el equilibrio entre ambos polos,
fundamentada en “prácticas de producción amigables con el medioambiente”
o con “producir conservando”, que, a su vez, es compatible con la figura de
protección en la cual finalmente se inscribió el área en el SNAP (de recursos
manejados).
A medida que se avanzó en el proceso de delimitación del área y
se empezaron a definir más claramente los intereses subyacentes a las
posiciones, aparecieron distinciones dentro de lo que al inicio se dibujaba
como posiciones polares para delinear el conflicto. Así, en las entrevistas se
nombra a los “proteccionistas genuinos” y a aquellos que, bajo la consigna
de la conservación, disfrazan intereses privados y beneficios económicos
asociados a la protección de los recursos naturales, en gran medida agentes con
emprendimientos ecoturísticos que no son propietarios de la tierra afectada
ni residen dentro del área, sino en la localidad de Guichón. Por otra parte, la
mayoría de los colonos de la colonia Juan Gutiérrez, cuyos predios total o
parcialmente fueron incluidos en el área núcleo, ingresaron voluntariamente.
Esto señala que aun quienes dependen de la producción agropecuaria valoran
la conservación de los servicios ecosistémicos, incluso aunque las normativas
del uso productivo del suelo y el manejo que se establecerá para el área
protegida los desafíen para su sobrevivencia. Todo esto complejiza el mapeo
del sistema de actores que en principio se representaba de forma simple.
La estrategia comunicacional de una de las empresas forestales (Montes
del Plata) enfatiza su papel en la gestión de reservas naturales y la atención
a medidas de cuidado medioambiental, al menos en parte de la superficie
que explota. Montes del Plata forma parte de la CAE y la presencia de su
representante es valorada positivamente por los otros integrantes, tanto del
sector público como de las organizaciones de la sociedad civil.
La CAE constituye un espacio privilegiado de gobernanza instituido
normativamente por el SNAP, en el que participan representantes de
los organismos públicos involucrados, las empresas y la sociedad civil
organizada. En la fase actual, corresponde a la CAE la elaboración y el
ajuste del plan de manejo del área, un proceso en el que surgirán conflictos,
debido a los diferentes intereses en juego en torno a la apropiación de los
servicios ecosistémicos. No obstante la presencia de agentes que mantienen
discrepancias, parece robusto el interés en la conservación, en gran medida
porque buena parte de los directamente afectados (predios incluidos en el
área) son colonos del INC con gran sentido de pertenencia, arraigo a la tierra
e historia intergeneracional en esos predios. Manifiestan (de forma emocional
y encarnada) su compromiso con el cuidado del medioambiente y creen que
la expansión de la forestación y de la agricultura pone en riesgo el paisaje,
la fauna y el ecosistema del Queguay. La gobernanza en la CAE de Montes
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
El proceso de aprobación del área protegida Montes del Queguay 63
del Queguay, entendida como la forma de gobierno en la que participan
los diversos actores involucrados con capacidad de tomar decisiones con
legitimidad y que, a pesar de antagonismos, logran cooperar, en el entendido
de un sentido de totalidad que los trascienda, ha logrado consolidar el
proyecto Montes del Queguay, generando capital social en el territorio en
diferentes componentes (Grootaert y Van Bastelaer, 2001), en valores y
normas compartidas y en regulaciones y disposiciones legales en las que
participan a partir de la consolidación de espacios de decisión teóricamente
horizontal de los intereses existentes en la región. La cooperación de actores
externos, como la UDELAR, el IPA y otros, que han desarrollado proyectos de
diferente orden considerando siempre a la población local como destinataria
de sus intervenciones, ha contribuido en forma significativa al desarrollo de
las condiciones necesarias para lo anterior.
En relación con la implementación de un instrumento de ordenamiento
territorial, como lo son las áreas protegidas, el caso muestra la relevancia
de estudiar los múltiples agentes-actores sociales que intervienen, así como
aquellos que son afectados y las relaciones que mantienen entre sí, y, en
particular, el papel del gobierno local como protagonista en el sostenimiento
de la gobernanza en procesos de larga duración. Asimismo, pone de relieve el
valor que adquiere comprender los “sentidos del juego” y las significaciones
asociadas a los servicios ecosistémicos que configuran los conflictos. Por
último, no puede estar ausente del análisis la dimensión temporal, en la
medida que los conflictos sociales no son estáticos.
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Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en partes iguales por Verónica Filardo y Virginia Rossi.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 41-66.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.3
Venenos, curas y matayuyos
Trabajadores agrícolas y saberes
sobre plaguicidas en Uruguay
Victoria Evia Bertullo
Resumen
Desde principios del siglo XXI, Uruguay atraviesa un proceso de sojización que ha sido relacionado
con un incremento exponencial de los volúmenes de plaguicidas usados. Si bien existe evidencia
de que las exposiciones a estos productos suponen un riesgo para la salud humana, siguen
formando parte del paquete tecnológico dominante de este sistema productivo. Con base en las
propuestas de la antropología médica crítica y de la epidemiología sociocultural latinoamericana,
este artículo analiza los saberes sobre la exposición a plaguicidas y sus potenciales daños entre
trabajadores que los aplican en la producción sojera uruguaya, por haber sido identificados como
uno de los grupos más vulnerables a sus efectos. Los resultados indican que sus conocimientos
combinan e integran saberes populares y corporales con saberes expertos que son apropiados y
resignificados en una clasificación popular de peligrosidad de plaguicidas.
Palabras clave: Uruguay, saberes populares, sojización, antropología médica crítica.
Abstract
Poisons, remedies and weedkillers. Agricultural workers and pesticides popular knowledge
Since the beginning of the 21st century Uruguay has been going through a sojization process that
has been linked to an exponential increase in the volumes of pesticides used. Although there is
evidence that exposures to these products pose a risk to human health, they remain part of the
dominant technological package of this productive system. Based on the proposals of critical
medical anthropology of environmental health and Latin American sociocultural epidemiology, this
article discusses results obtained among workers linked to the application of pesticides in soybean
production in Uruguay, for having beig characterized as a social group particularly vulnerable to
exposures to these substances’ effects. The results indicate that popular knowledge regarding the
danger of pesticides combines body knowledge as well as expert knowledge which are appropriate
and resignified in a popular pesticide hazzard clasification.
Keywords: Uruguay, popular knowledge, soybean expantion, critical medical anthropology.
Victoria Evia Bertullo: Doctora en Antropología Social (CIESAS, México), licenciada en
Ciencias Antropológicas y magíster en Ciencias Humanas con Opción en Antropología de la
Cuenca del Plata (UDELAR), docente asistente del Departamento de Antropología Social de
la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UDELAR). Integrante del Sistema
Nacional de Investigadores (ANII).
ORCID iD: 0000-0001-9049-2464
Email:
[email protected]Recibido: 19 de mayo de 2020
Aprobado: 22 de setiembre de 2020
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Introducción
“Plaguicidas”, “pesticidas”, “productos fitosanitarios”, “protectores de cul-
tivos”, “agroquímicos”, “agrotóxicos”, “venenos”, “remedios”… Tanto a
nivel técnico como popular, distintos términos son utilizados para referirse
a estas sustancias que, si bien son utilizadas en la producción agropecuaria,
pueden ser peligrosas para la salud humana y ambiental. Esta ambivalencia
se hace evidente en la variedad de denominaciones y en los diferentes senti-
dos que denotan.
Sin bien los plaguicidas1 agrícolas sintéticos se utilizan en muchos
rubros productivos en Uruguay desde mediados del siglo pasado (Mañay, et
al., 2004), a comienzos del siglo XXI se observa un incremento exponencial
en los volúmenes importados. Este crecimiento ha sido relacionado con
el proceso de sojización ocurrido en el mismo período (Narbondo y
Oyhantçabal, 2011; Catacora Vargas, et al., 2012; Soutullo, 2013; Galeano,
2017). Entre 2000 y 2016 el área de agricultura en Uruguay se multiplicó por
3,3, mientras que el volumen de importación de plaguicidas se multiplicó por
4,6 (Galeano, 2017).
La producción sojera supuso la adopción de un paquete tecnológico
caracterizado principalmente por la siembra directa, el uso de cultivares
transgénicos y la utilización de plaguicidas para el control de plagas y
malezas (García Préchac, et al., 2010; Soutullo, 2013). El 98% del área de
soja sembrada en la zafra 2016/17 correspondió a soja transgénica (86% RR
y 14% Intacta RR2Pro) (IASAA, 2016, citado en Galeano 2017), ambas
modificadas genéticamente para ser resistentes al herbicida glifosato. A lo
largo del ciclo productivo, también se utilizan otros plaguicidas y mezclas de
ellos (Blum, et al., 2008; Narbondo y Oyhantçabal, 2011).
Diversos estudios demuestran que las exposiciones agudas y crónicas
a plaguicidas agrícolas suponen un riesgo para la salud humana, tanto
a corto como a mediano plazo, especialmente entre poblaciones rurales y
trabajadores agrícolas (Albert, 1990; Carson, 2001; Yáñez, et al., 2002;
Peterson, 2003; Burger y Fernández, 2004; Bochner, 2007; Faria, Fassa y
1 La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) definió
a los plaguicidas en 1986 como una sustancia o mezcla de sustancias destinada a prevenir,
destruir o controlar plagas, incluyendo vectores de enfermedades en humanos, especies no
deseadas de plantas y animales que causen daño o interfieran en la producción, procesamiento
o almacenamiento de alimentos, ganado y maderas (Burger y Pose Román, 2012).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Venenos, curas y matayuyos 69
Facchini, 2007; Oliva, et al., 2008; Nota y Ávila, 2010; Alavanja y Bonner,
2012; Ávila Vázquez, Difilippo, et al., 2015; Ávila Vázquez, Ruderman, et
al., 2015; Carneiro, Rigotto, Da Silva Augusto, Friedrich y Campos Búrigo,
2015; Díaz, et al., 2015; Bombardi, 2016; Prüss-Üstün, et al., 2016, Ávila
Vázquez, et al., 2017, 2018). No obstante, las condiciones sociotécnicas
actuales en la región hacen que el uso de plaguicidas agrícolas sintéticos en la
producción sojera sea estructural y presente una tendencia a la intensificación
y al aumento de la toxicidad de los productos empleados (Cáceres, 2018).
De los numerosos productos utilizados, el herbicida glifosato ha ganado
mayor visibilidad pública, ya que en los últimos tiempos se ha desatado
una fuerte controversia en torno a los potenciales efectos de la exposición
a él, no solo en países del Cono Sur, sino también en la Unión Europea y
Estados Unidos (Paganelli, et al., 2010; Antoniou, et al., 2012; Arancibia,
2013; Arancibia y Motta, 2015). Aunque la clasificación de toxicidad aguda2
recomendada para el glifosato por el Programa Internacional de Seguridad de
las Sustancias Químicas de la Organización Mundial de la Salud (IPCS-OMS)
es de categoría toxicológica III (Taran y Laborde, 2018), sus potenciales
efectos crónicos están en discusión, especialmente los efectos teratogénicos
y carcinogénicos (Antoniou, et al., 2012; Guyton, et al., 2015; Tarazona, et
al., 2017).
Aunque muchos de los otros plaguicidas3 que se usan en la producción
de soja transgénica no sean tan conocidos como el glifosato, es importante
mencionar que varios de ellos tienen clasificaciones de toxicidad aguda aún
más altas y también están asociados a diferentes problemas de salud. Por
ejemplo, el herbicida 2-4-D (ácido 2,4 diclorofenoxiacético) está clasificado
como categoría toxicológica II y pertenece al grupo químico de los compuestos
clorofenoxi, presentes en el “agente naranja” utilizado en la guerra de Vietnam
como defoliante (De Ben, Fernández y González, 2018). Entre los insecticidas,
el clorpirifos (categoría toxicológica II) es un organofosforado, grupo que ocupa
el primer lugar en las intoxicaciones agudas graves del Centro de Información
y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) en Uruguay (Taran, et al., 2018) y
la cipermetrina (categoría toxicológica II) según la Agencia de Protección
Ambiental de Estados Unidos (EPA, por su sigla en inglés) pertenece al grupo
C (posible carcinógeno para humanos) (Taran y Laborde, 2018).
2 La clasificación de plaguicidas según peligrosidad, realizada por la OMS, actualizada en 2009
(OMS, 2010), es la principal referencia para la clasificación toxicológica en Uruguay. Se basa
en la dosis letal 50 y constituye una guía para la comunicación del riesgo destinada a evitar
los efectos agudos. Hay cinco clases de productos (Ia, Ib, II, III, U), que van del más al menos
tóxico 12 (Laborde, 2018).
3 Excede por completo las posibilidades de este artículo dar cuenta de los debates en torno
de los efectos agudos y crónicos de cada uno de ellos. Para un panorama detallado de las
clasificaciones de todos los principios activos utilizados en Uruguay, ver Taran y Laborde
(2018).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
70 Victoria Evia Bertullo
En Uruguay, las intoxicaciones agudas por plaguicidas han sido
reconocidas como un problema de salud pública (Burger y Pose Román,
2012; Taran, et al., 2018). Estudios toxicológicos y de salud colectiva
señalan la mayor vulnerabilidad de los trabajadores asalariados agrícolas a
las exposiciones laborales agudas y crónicas, así como la preocupación por
el potencial riesgo de exposiciones ambientales en la población rural y de
centros poblados vinculados con el agronegocio (Burger y Fernández, 2004;
Burger y Pose Román, 2012; Heinzen y Rodríguez, 2015, 2016; Rodríguez
and Heinzen, 2017; Laborde, 2018). Estudios provenientes de la sociología
(Chiappe, 2015; Nión and Pereyra, 2018), de la salud colectiva (Heinzen y
Rodríguez, 2016; Rodríguez y Heinzen, 2017) y estudios interdisciplinarios
(Alegre, et al., 2012; Abbate, et al., 2017) sugieren que, aunque la exposición
a plaguicidas es reconocida como un problema de salud laboral y ambiental
entre trabajadores expuestos y pobladores de agrociudades, salvo escasas
excepciones, está naturalizada.
El campo de la salud ambiental, en especial el debate sobre los
potenciales efectos dañinos de ciertas sustancias tóxicas, está atravesado por
controversias sociotécnicas en relación con el desafío de la atribución, por
el problema del “saber” o “no saber”, de “quién sabe”, de cómo “lo que se
sabe” cambia a lo largo del tiempo y de las brechas de conocimiento (Little,
2016; Singer, 2016). Estudios antropológicos, de epidemiología popular y
de ciencia, tecnología y sociedad han documentado que los conocimientos
locales basados en la propia experiencia, personal o comunitaria, también
son formas legítimas de conocimiento sobre los daños ambientales en salud
(Brown, 1992; Auyero y Swistun, 2009; Singer, 2011; Arancibia, 2013;
Ottinger, 2013; Saxton, 2015a; Shapiro, 2015).
Existen también estudios antropológicos y de las ciencias sociales de
la salud realizados en otros países que indican que los saberes sobre los
plaguicidas están mediados por la posición de los actores en el sistema
productivo, representaciones socioculturales compartidas y relaciones de
género, así como por modos somáticos de atención y afectos (Quandt, et al.,
1998; Menasche, 2004; Gamlin, 2013, 2016; Gutiérrez Strauss, et al., 2013;
Ríos González, Jansen y Sánchez Pérez, 2013; Widger, 2014; Saxton, 2015a,
2015b). Asimismo, estas investigaciones sugieren que los saberes de los
grupos sociales más vulnerables están atravesados por incertidumbres sobre
los potenciales daños que generan estos productos en sus cuerpos y en el
entorno que habitan, reconociendo ciertos signos y síntomas y minimizando
o negando otros (Quandt, et al., 1998; Arellano, et al., 2009; Ríos González,
Jansen y Sánchez Pérez, 2013; Gamlin, 2016; Diez, 2017).
Desde la antropología médica crítica, el problema de la exposición a
los plaguicidas y sus potenciales impactos en la salud humana y ambiental
no puede reducirse a la dimensión biomédica de la enfermedad, sino que
también debe considerar las relaciones socioeconómicas y de poder-saber
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Venenos, curas y matayuyos 71
que inciden en que existan vulnerabilidades diferenciales ante los problemas
ambientales, así como la construcción cultural de los síntomas y tratamientos
(Evia, 2019). A su vez, como ha sido largamente señalado por la antropología
médica y por la epidemiología sociocultural latinoamericanas, todo grupo
social maneja criterios de causalidad, riesgo, vulnerabilidad y prevención
para las enfermedades y padecimientos que identifica como amenazantes,
aunque no siempre sean correctos, incorrectos o “suficientes” (Menéndez,
1998), y es fundamental partir de dicho reconocimiento para el desarrollo de
políticas sanitarias orientadas a la prevención o la reducción del daño (Haro,
2011; Osorio, 2011; Hersch Martínez, 2013).
Por todo lo anterior, el objetivo de este artículo es analizar los
saberes sobre la exposición a plaguicidas y sus potenciales daños entre
trabajadores que aplican estas sustancias en la producción sojera uruguaya.
Se hace foco en ellos por haber sido identificados como uno de los grupos
sociales estructuralmente más vulnerables a los plaguicidas en este proceso
sociotécnico. Contrariamente a una representación dominante en el sentido
común sobre que los trabajadores “no se cuidan” porque “no saben” o porque
“son dejados”, en este artículo se busca responder las siguientes preguntas:
¿Los potenciales daños generados por la exposición a plaguicidas son
considerados como padecimientos amenazantes para los trabajadores que
aplican estas sustancias en el contexto de sojización uruguaya? ¿Qué papel
tienen los saberes populares y expertos sobre plaguicidas en los criterios de
causalidad, riesgo, vulnerabilidad y prevención de los trabajadores agrícolas?
Metodología
El estudio se desarrolló en la microrregión de Dolores, departamento de So-
riano, entre setiembre de 2016 y julio de 2017, con una revisita en el verano
2017-2018 (Evia, 2019). Esta zona fue seleccionada porque el departamento
de Soriano casi duplica la tasa nacional de intoxicación por plaguicidas (Ta-
ran, et al., 2018) y porque la microrregión de Dolores es de las más intensivas
en el uso agrícola del suelo, con una importante presencia del cultivo de soja
transgénica (Soutullo, 2013; MGAP, 2015, 2017).
Se desarrolló una estrategia de investigación etnográfica (Hammersley y
Atkinson, 1994; Guber, 2001; Das y Das, 2007; Emerson, Fretz y Shaw, 2011)
de doce meses de duración, inspirada por el enfoque de la epidemiología
sociocultural (Menéndez, 2008, 2009; Haro, 2011; Osorio, 2011; Hersch
Martínez, 2013). Se combinaron distintas técnicas de investigación para
el registro y la observación etnográficos, con la consulta y el análisis de
fuentes epidemiológicas y documentales. El estudio consideró diferentes
actores sociales vinculados con este problema, entre los que se encuentran
trabajadores asalariados, productores agropecuarios, referentes sociales y
políticos locales, ingenieros agrónomos, médicos, vecinas de la localidad,
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
72 Victoria Evia Bertullo
maestras rurales, entre otros. En este artículo se profundiza en los resultados
obtenidos con trabajadores.
Estudios nacionales han reportado que en todas las fases del ciclo agrícola
existe exposición laboral a plaguicidas, en mayor o menor medida (Heinzen
y Rodríguez, 2016). En este estudio se decidió profundizar con trabajadores
que se desempeñaran directamente en tareas de preparación y aplicación de
plaguicidas en la producción sojera. Se consideraron veintisiete trabajadores
de fumigación aérea o terrestre, de entre 23 y 68 años, residentes en la región
de estudio. Veinte estaban activos y siete se habían desempeñado en estas
tareas en el período comprendido por este estudio, pero ya no lo hacían en
el momento del trabajo de campo. Fueron contactados durante recorridas
y observaciones del ciclo productivo y mediante referencias de contactos
locales. Las entrevistas en profundidad se realizaron mayoritariamente en
contextos domésticos y en algunos casos las esposas o hijos de los trabajadores
estuvieron presentes. Dos entrevistas en profundidad fueron realizadas en
contextos productivos, pero sin la presencia de los patrones.
Durante todo el proceso de investigación se llevaron registros en un
cuaderno de campo utilizando descriptores de baja interferencia (Guber,
2001; Emerson, Fretz y Shaw, 2011), donde se explicitó el contexto relevante
de las observaciones realizadas en cada etapa y se registraron citas in situ
y ex post. Las conversaciones desarrolladas en contextos de observación
etnográfica fueron registradas mediante cuaderno de campo, las entrevistas
en profundidad con grabador de voz digital, previo consentimiento de
los participantes, o mediante cuaderno de campo, teniendo en cuenta las
preferencias de la persona y el contexto de interacción. La codificación y
el tratamiento de los datos recogidos en campo se realizaron siguiendo el
método de Emerson, Fretz y Shaw (2011), que consiste en la identificación de
categorías emic emergentes y la posterior agrupación en categorías analíticas
intermedias para su análisis.
Resultados y discusión
Aplicación de plaguicidas en el contexto de sojización
En las distintas etapas del ciclo productivo se realizan fumigaciones con
plaguicidas agrícolas, entre los que se incluyen herbicidas, insecticidas y
fungicidas. Los plaguicidas pueden ser aplicados con maquinaria del esta-
blecimiento agropecuario o mediante la contratación de empresas especiali-
zadas en la prestación de servicios agropecuarios (también conocidas como
“contratistas”). Se puede utilizar maquinaria de aplicación terrestre (princi-
palmente equipos autopropulsados denominados popularmente “mosquitos”,
por su aspecto) o aérea (avionetas agrícolas o aeroaplicadores).
A partir de informantes calificados, se identificaron tres empresas
principales prestadoras de servicios agropecuarios terrestres y dos empresas
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Venenos, curas y matayuyos 73
aeroaplicadoras en la zona de estudio. Asimismo, se identificó que productores
agropecuarios que adquirieron maquinaria de gran porte en los últimos diez
años, además de usarla en sus predios, prestaban servicios a terceros. Esta
información cualitativa resulta congruente con la información cuantitativa
proveniente del censo nacional agropecuario.
Según Mondelli (2014), entre los dos últimos censos agropecuarios
(2000 y 2011) la contratación de servicios agropecuarios de fumigación
por parte de empresas agropecuarias en el país se multiplicó por tres y se
constató un aumento en el número de explotaciones agropecuarias que
declaran servicios agropecuarios como la principal fuente de ingreso, lo que
evidencia el crecimiento y la especialización productiva en estas tareas. En
Soriano, 1.452 explotaciones contrataron estos servicios (758 productores
agropecuarios y 892 empresas no agropecuarias) y 201 explotaciones los
vendían (MGAP, 2014).
Durante el trabajo de fumigación se distinguen dos roles fundamentales:
el que ejercen quienes realizan la fumigación y operan la maquinaria y el
de los que asisten dicho trabajo. Entre los que trabajan con maquinaria
terrestre, se distingue entre quienes operan las máquinas fumigadoras,
popularmente conocidos como “mosquiteros”, y quienes realizan tareas de
apoyo, que se conocen como “aguateros”. Esto coincide con lo descrito
por Heinzen y Rodríguez (2016) para Young, en el departamento de Río
Negro. Entre quienes realizan aplicaciones aéreas se distingue entre pilotos
y trabajadores de apoyo en piso, que realizan un trabajo similar al del
“aguatero”. Los “aguateros” tienen como principal tarea la preparación y
mezcla de los plaguicidas que serán aplicados, ayudar a cargar el “mosquito”
con la mezcla, procurar el agua necesaria para su preparación y realizar el
triple lavado de los recipientes vacíos que serán desechados. El trabajo
de piloto es altamente especializado y está sujeto a normas y controles
específicos de la aeronáutica.
Si bien los distintos cultivos agrícolas requieren “aplicaciones”, el
cultivo de soja es reconocido por los trabajadores como el más intensivo en
número de aplicaciones y como el que requiere productos que son percibidos
como más “bravos” o “fuertes”, tanto respecto de otros cultivos que se
realizaban “antes de la soja” (como el girasol o el lino) como de otros cultivos
que se producen además de la soja (como el trigo en invierno o el maíz en
verano). Asimismo, se encontró acuerdo en que la época del año más intensa
en fumigaciones es el verano (diciembre a marzo en Uruguay), cuando “la
soja” requiere de “más curas” y, además, hace más calor. Esto es congruente
con las descripciones del ciclo productivo (Narbondo y Oyhantçabal, 2011;
Galeano, 2017) y con antecedentes toxicológicos nacionales que registran
que el mayor número de intoxicaciones por exposición laboral a plaguicidas
agrícolas se dan durante los meses cálidos (Taran, et al., 2018).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
74 Victoria Evia Bertullo
Caracterización de la población laboralmente expuesta
A partir del estudio etnográfico realizado, se puede afirmar que las personas
que trabajan directamente en la aplicación de plaguicidas agrícolas son casi
exclusivamente hombres4 asalariados o pequeños capitalistas de empresas que
prestan servicios agropecuarios. Los productores agropecuarios señalaron pre-
ferir contratar las fumigaciones o dejarle ese trabajo a un empleado porque “no
les gusta andar con venenos”. Además, se encontró que existe una tendencia a
la especialización de algunos trabajadores en las tareas de fumigación, contra-
tados ya sea por empresas prestadoras de servicios agropecuarios o por estable-
cimientos agropecuarios con maquinaria propia para realizarlas.
En cuanto al perfil sociodemográfico, el rango de edad de los trabajadores
activos en el rubro considerados en este estudio fue de los 20 a los 48 años.
La mayoría residía en ciudades y centros poblados y se trasladaba al lugar de
trabajo diariamente por sus propios medios o por locomoción proporcionada
por la empresa. Exceptuando a los pilotos, el nivel educativo era de primaria
completa o educación media incompleta. Esto coincide con los hallazgos de
Figueredo (2012) sobre trabajadores de empresas prestadoras de servicios
agropecuarios en Dolores y Durazno y con los estudios de salud laboral entre
trabajadores de monocultivos en la zona de Young (Abbate, et al., 2017;
Heinzen y Rodríguez 2015, 2016).
A partir de la observación y el análisis del proceso de trabajo descrito
por los trabajadores, se identificó una serie de elementos vinculados a los
sistemas sociotécnicos que inciden en que, aun entre los trabajadores que
manipulan directamente plaguicidas agrícolas, haya algunos que estén
expuestos por más tiempo y de manera más directa a los plaguicidas que otros.
Las formas y la intensidad de exposición varían de acuerdo con la posición
del trabajador en el proceso productivo, especialmente en relación con el tipo
de tarea realizada, el prestigio asociado a ella, el tipo de empresa para la que
trabaja y la forma de pago de salario. Esto ha sido conceptualizado como una
vulnerabilidad diferencial a la interna del conjunto de trabajadores tanto a la
exposición a plaguicidas como a sus potenciales daños, siendo los aguateros
los que están en la base de la pirámide (Evia, 2019). Si bien la normativa
existente respecto a seguridad laboral, social y ambiental incide formalmente
en cómo se realizan las aplicaciones, en los contextos de exposición y en
las garantías con las que cuenta el trabajador en caso de siniestros laborales,
su existencia no es garantía de aplicación si esta no se controla de forma
adecuada (Evia, 2019).
Si bien no existe un registro único de trabajadores que preparan y
aplican plaguicidas en el país, es posible aproximarse a una estimación de
4 Se encontró el caso de una mujer dedicada a esta actividad, pero estaba radicada en el
departamento de San José y no se incluye en este trabajo.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Venenos, curas y matayuyos 75
esta población a partir de diferentes fuentes. El censo agropecuario recaba
información directamente sobre las explotaciones (son los productores los
que declaran la mano de obra contratada) y releva de manera diferente el
empleo permanente y el zafral (Ackermann y Cortelezzi, 2018). El último
censo registra un total de 8.266 trabajadores agropecuarios permanentes en
el sector de “cereales y oleaginosas (sin incluir arroz)”5 y un equivalente
a 1.300 trabajadores zafrales o temporarios, así como 1.069 trabajadores
permanentes, en el rubro de servicios agropecuarios a nivel país (MGAP,
2014). Por su metodología de medición, el censo incluye tanto a trabajadores
asalariados como a trabajadores autónomos (por ejemplo, productores,
socios o trabajadores familiares) (Ackermann y Cortelezzi, 2018) y no
considera a las empresas que prestan servicios agropecuarios, por lo que
presenta un subregistro del empleo en este sector (Mondelli, 2014). Por otra
parte, la Cámara Uruguaya de Servicios Agropecuarios (CUSA) estima que
las empresas que la integran dan empleo a 3.500 personas en todo el país
(CUSA, 2016).
Con base en las Encuestas Continuas de Hogares, Ackermann y
Cortelezzi (2018, p. 493) estiman que el sector agropecuario requirió un
promedio de 152.809 puestos de trabajo anuales para el período 2013-2016
(de los cuales 84.151 fueron asalariados, 62.597 patrones y cuentapropistas y
6.061 familiares no remunerados). De estos, 7.333 correspondió a la actividad
de “cultivo de soja y otros cereales” (4.855 asalariados, 2.295 patrones y
cuentapropistas y 183) y 8.987 a “servicios agrícolas” (5.073 asalariados,
3.837 patrones y cuentapropistas y 77 familiares no remunerados). De lo
anterior se puede inferir que en el entorno de un 10,6% de los puestos de
trabajo del sector agropecuario están vinculados al cultivo de soja y a los
servicios agrícolas, ambas actividades que implican potencialmente el
manejo de plaguicidas y vinculadas a la sojización. Obviamente, esto no
considera otros rubros productivos que también implican el manejo de estas
sustancias. Además, si tomamos en consideración el dato etnográfico de que
las tareas de fumigación suelen ser delegadas a trabajadores asalariados, la
población potencial se reduce a unos 9.928 puestos de trabajo anuales, lo que
representan un 6,5% del total de empleo del sector.
Por otra parte, la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA)
del MGAP ofrece cursos de “Manejo seguro de productos fitosanitarios”
en distintos rubros. Desde el año 2008 (DGSA, 2008), se exige que las
empresas aplicadoras de productos fitosanitarios en agricultura acrediten
que el personal afectado a tareas de manejo y aplicación haya realizado
5 En esta categoría se incluye la producción de soja. El cultivo de arroz, rubro en el que también
se utilizan muchos plaguicidas, es medido en una categoría propia. Existen antecedentes
nacionales específicos sobre trabajadores, plaguicidas y salud en este rubro (Alegre, et al.,
2012; GESTA, 2012; Alzugaray, 2016).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
76 Victoria Evia Bertullo
cursos de capacitación y cuente con una credencial o “carné de aplicador”
(comunicación personal DGSA-MGAP, 22 de enero de 2018). Los cursos
de “Manejo de productos fitosanitarios en la agricultura” son realizados
desde 2006 y en la DGSA se estima que han tenido 700 asistentes por año,
principalmente hombres (comunicación personal DGSA-MGAP, 22 de enero
de 2018). Si bien el número total de carnés emitidos no fue facilitado, es
posible inferir que al menos 7.0006 personas han sido habilitadas para la
aplicación de plaguicidas en actividades agrícolas en el país entre 2006 y
2016.
Si se comparan las cifras de los puestos de trabajo estimados en el sector
con los datos sobre los cursos de capacitación del MGAP se evidencia la
brecha entre los puestos de trabajo y el personal capacitado y habilitado. Esta
situación también fue relevada a partir del trabajo cualitativo, donde a pesar
de la obligatoriedad formal de la capacitación y habilitación con el “carné
de aplicador” para la preparación y aplicación de plaguicidas, no todos los
trabajadores la recibían oportunamente. Se relevaron casos de trabajadores
que pasaron varios meses e incluso años preparando o aplicando plaguicidas
antes de ir a algún curso o algunos que directamente no fueron nunca. Por
otra parte, los trabajadores que habían participado de estas capacitaciones las
valoraban de manera muy positiva y a su vez consideraban que era necesario
que alcanzaran a más trabajadores y desde etapas tempranas en su inserción
en el sector para ayudarlos a conocer más y prevenir los riesgos en la salud
individual y colectiva.
Plaguicidas: ambivalencia y clasificaciones populares
Un primer hallazgo en relación con la pregunta sobre si la exposición a pla-
guicidas es considerada como una amenaza para los trabajadores involu-
crados tiene que ver con los sentidos que denotan las denominaciones que
ellos le dan a estas sustancias. Se encontró que el término “plaguicida” no
se usa cotidianamente entre los trabajadores. Para referirse a los plaguicidas
de forma genérica se usan los términos “productos”, “productos químicos”
o “agroquímicos”, en menos casos. El término “venenos” también resulta
muy generalizado, sin embargo, su alcance no es homogéneo. Mientras que
para algunos la palabra “venenos” incluye a los distintos tipos de plaguici-
das, para otros se limita a los insecticidas. El uso del término “fitosanitarios”
aparece limitado a ciertos usos técnicos, como por ejemplo entre ingenieros
agrónomos, funcionarios estatales del MGAP o información presente en la
etiqueta de los productos, pero tampoco es utilizado por los trabajadores en
el día a día.
6 Esta normativa no incluye a los trabajadores que realizan estas tareas para el propio
establecimiento.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Venenos, curas y matayuyos 77
Otra forma de referirse a los plaguicidas es según su función (“matayuyo”,
para “quemar campo” o “cura” para “la lagarta” o “la chinche”). El término
“quemar” (el campo o las malezas) refiere a la función de los herbicidas de
desecar plantas y los términos “cura” y “tratamiento” refieren a la aplicación
de insecticidas y su función de eliminar los insectos considerados dañinos para
los cultivos. El término “plaguicida” es utilizado en algunas ocasiones en un
sentido restrictivo, como sinónimo de insecticida, por parte de trabajadores
asalariados y también de ingenieros.
Cuadro 1. Síntesis de denominaciones de los plaguicidas
Término A qué refiere
Productos (químicos)
Denominación genérica plaguicidas
Agroquímico
“Venenos” Denominación genérica o insecticida
“Cura” o “tratamiento” Insecticidas
“Matayuyo” o “para quemar” Herbicidas
Fuente: Elaboración propia.
Se observó que el uso de los términos “veneno” y “tratamiento”
o “cura” puede darse por una misma persona en distintos contextos
enunciativos. Siguiendo a Widger (2014), esto puede ser interpretado
como una representación ambivalente sobre las funciones y efectos de los
plaguicidas, que son tanto necesarios para proteger y curar los cultivos como
potencialmente tóxicos y hasta mortales.
Por otra parte, se encontró que ciertos productos son especialmente
identificados como “fuertes” o “bravos”, de lo que implícitamente se
desprende que otros no lo son. Cuando se preguntó sobre qué productos eran
clasificados como “bravos/fuertes”, cuáles no y por qué, las respuestas solían
ser con base en ejemplos de productos concretos. Estos podían ser referidos
según su función, según sus nombres comerciales o según sus principios
activos. Aunque se recordaba más la función del producto usado que su
principio activo o su nombre comercial, algunos de estos fueron mencionados
también (ver Cuadro 2).
Se propone que la categorización como “fuertes/bravos” o “no fuertes”
denota una clasificación popular de peligrosidad de los plaguicidas, mediante
la cual algunas sustancias son identificadas como más amenazantes que otras
para la salud ambiental individual y colectiva por parte de los trabajadores.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
78 Victoria Evia Bertullo
Cuadro 2. Plaguicidas referidos según función, clasificación popular y toxicidad
aguda OMS
Productos Principio Clasificación Toxicidad
Función Observaciones
nombrados7 activo popular aguda OMS
Lorsban* Clorpirifos Insecticida Bravo/fuerte II
Prohibido
Endosulfán Endosulfán Insecticida Bravo/fuerte II
desde 2011
Cipermetrina Cipermetrina Insecticida Bravo/fuerte II
Profenofos +
Curvis* Insecticida Bravo/fuerte II
lufenuron
Tiametoxan
Geonex* + lambda Insecticida Bravo/fuerte II
cialotrina
Tiametoxan
Uppercut* + lambda Insecticida Bravo/fuerte II
cialotrina
Lambda
Killer* Insecticida Bravo/fuerte II
cialotrina
Veneno/cura - Insecticida Bravo/fuerte II
Amina* 2,4-D Herbicida Bravo/fuerte II
Venta con
Gramoxone* Paraquat Herbicida Bravo/fuerte Ib receta
profesional
Glifosato/
Glifosato Herbicida No fuerte III
glifofato
Matayuyo - Herbicida No fuerte -
Nitrato de
UAN* Fertilizante Bravo/fuerte -
amonio y urea
Fuente: Elaboración propia con base en Taran, et al., 2018, y Modernel, 2016.
Asimismo, fue posible identificar que este sistema clasificatorio se
estructura con base en criterios que corresponden a distintos tipos de saberes:
a) “el olor” y los saberes sobre la experiencia corporal de la exposición; b)
“curas y matayuyo”, saberes populares sobre la función del producto; y c)
“la etiqueta del producto”, apropiaciones y resignificaciones de los saberes
expertos. Esto nos remite a la segunda pregunta de investigación que orienta
7 Los productos marcados con asterisco fueron mencionados según su denominación comercial
por los trabajadores. Los productos disponibles en el mercado se renuevan velozmente y
un mismo principio activo se puede comercializar con distintos nombres comerciales y
formulaciones. Algunas denominaciones comerciales se han popularizado y generalizado en
su uso. Para tener información sobre productos comercializados en Uruguay se consultó la
Guía SATA (Modernel, 2016) y sobre toxicidad a Taran, et al., 2018.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
Venenos, curas y matayuyos 79
este trabajo, sobre el papel de los saberes populares y expertos en materia de
plaguicidas en los criterios de causalidad, riesgo, vulnerabilidad y prevención
adoptados ante los padecimientos que son percibidos como amenazas o no.
Tipos de saberes y clasificación popular
A continuación, se desarrollan los distintos criterios que estructuran la cla-
sificación popular de los plaguicidas y se explica cómo se vinculan con la
pregunta de investigación mencionada.
a) “El olor”, saberes sobre la experiencia corporal de la exposición
La “hediondez” de los productos, es decir, la intensidad de su olor, es
relacionada con síntomas agudos experimentados en la exposición laboral
cotidiana como “asco” al olor, dolor de cabeza, mareos, descompostura, entre
otros. Por otra parte, los productos considerados “sin olor” son percibidos
como menos peligrosos y, por ende, manejados con menos precauciones, tanto
en lo que refiere a la exposición personal como a las posibles consecuencias
sobre terceras personas y el ambiente. Por ejemplo,
“el glifosato en sí te digo que están diciendo en la tele que es uno de los
más cancerosos y uno lo tiene como que es el más suave, ¿no? O sea…
prácticamente no tiene olor, casi que… es herbicida.” (Trabajador agrícola).
Esto coincide con hallazgos reportados por Diez (2017) entre tabacaleros
en Misiones, Argentina, quienes también desestimaban la potencial
peligrosidad del glifosato por su “falta de olor”.
Por otra parte, la intensidad del olor y la temperatura ambiente, en
especial en los meses cálidos, se asocia con la volatilidad de los productos.
Los plaguicidas en estado gaseoso son considerados muy peligrosos, porque
se considera que “el gas” ingresa al cuerpo mediante las vías respiratorias
y que incluso puede “penetrar” los equipos de protección personal o la
maquinaria, quemando el cuerpo o las vías respiratorias.
Asimismo, esto tiene su correlato en prácticas preventivas específicas
adoptadas en relación con estos productos, como “buscar el viento” (posicionar
el cuerpo o la maquinaria de forma tal que la dirección del viento no haga volar
las gotas del producto hacia personas o lugares que se quiere proteger), intentar
evitar “respirar el gas” mientras se prepara el producto, se aplica o se transita
por un lugar que está siendo fumigando e incrementar la higiene de manos y
cuerpo luego del trabajo con estos productos, entre otras prácticas.
La experiencia previa de exposición, los modos sensoriales de atención
y el conocimiento corporal permiten identificar ciertos síntomas o malestares
experimentados de manera aguda, que informan a los trabajadores sobre la
potencial peligrosidad de los productos y medidas preventivas a adoptar ante
ellos. Esto coincide con resultados en población femenina para la misma
región de estudio (Gamlin, 2013, 2016; Evia, 2018) de América Latina.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
80 Victoria Evia Bertullo
b) “Curas y matayuyo”, saberes sobre la función del producto
Como también deja entrever el testimonio sobre el glifosato en el
apartado anterior, se encontró un acuerdo generalizado en la consideración
de los insecticidas como más peligrosos que los herbicidas. La explicación
para esto es que los primeros están diseñados para matar insectos, en
oposición a los herbicidas que solo son para “quemar pasto”, lo cual coincide
con otros estudios para América Latina en los que también se encontró
que los insecticidas son considerados más peligrosos que los herbicidas,
vinculado esto con concepciones ontológicas que acercan a los humanos
más a los insectos que a las plantas (Gamlin, 2013; Diez, 2017). En el caso
de la sojización uruguaya, se consideran particularmente peligrosos los
insecticidas utilizados en las “curas de la soja”, en particular los “productos
para la chinche”.8 El producto más reconocido como “bravo” fue el Lorsban o
Clorpirifos. El uso de equipos de prevención personal —escaso y selectivo—,
como guantes, trajes o mascarillas faciales, suele ser reconocido por parte de
los trabajadores como más necesario durante la preparación de este tipo de
productos, aunque el momento del ciclo productivo en que son utilizados (los
meses más cálidos del verano) conspira para ello.
En cuanto a los herbicidas, para la gran mayoría de los trabajadores el
glifosato es un producto inocuo, que “no afecta” a animales ni a personas
porque “no tiene olor” (como se desarrolló en el apartado anterior). Se
comparte en general la idea de que ahora se “exagera con el glifosato”.
Respecto a otros herbicidas, si bien en términos generales son considerados
menos peligrosos que los insecticidas, se identifican dos excepciones de
productos considerados como “bravos”: la “Amina” y el Gramoxone o
Paraquat (a ambos se les atribuye un olor muy intenso, que puede llegar a
asquear, y la generación de dolores de cabeza y malestares digestivos, entre
otros).
Por último, los fertilizantes líquidos9 fueron mencionados en varias
ocasiones como productos fuertes y peligrosos, lo cual se vincula con su
efecto corrosivo.
c) “La etiqueta del producto”: apropiaciones y resignificaciones de los
saberes expertos
En Uruguay la etiqueta de los plaguicidas constituye un documento
legal, donde se incluye, entre otra información, la clasificación de toxicidad
aguda de la OMS. Además de la categoría toxicológica, la etiqueta muestra
señales de advertencia y bandas de colores: la banda roja se utiliza para las
categorías Ia y Ib, la amarilla para la II, la verde para la III y la azul para
8 Insecto considerado plaga en el cultivo de soja.
9 Si bien los fertilizantes no son estrictamente plaguicidas, sí fueron reconocidos por los
trabajadores como parte de los productos químicos que se usan en el trabajo, a los cuales
pueden estar expuestos y son potencialmente peligrosos.
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la U. Se encontró que los trabajadores incluyen dentro de los criterios de
peligrosidad algunos de estos elementos, mientras otros son reapropiados de
maneras contraintuitivas.
Por ejemplo, se reconoce que los productos “rojos” son “los peores”,
y luego les siguen los “amarillos”, pero no está clara la diferencia entre
los colores azul y verde. Ambos son considerados como “no peligrosos”.
A su vez, la escala numérica de la clasificación de toxicidad aguda de la
OMS y las denominaciones de cada categoría resultan contraintuitivas
para los trabajadores, lo que genera confusiones sobre que el número más
alto corresponde a un mayor grado de peligrosidad. Por último, alguna
información sobre ecotoxicidad de los productos que se incluye en las
etiquetas es leída e incorporada como otro criterio a considerar, en especial
respecto a los productos dañinos para animales (por ejemplo ranas o abejas).
En el Cuadro 3 se sintetizan los diferentes criterios y tipos de saberes que
se ponen en juego de manera dinámica y complementaria en la clasificación
popular de cada producto en particular como “bravo”/“fuerte” o como “no
peligroso”.
Cuadro 3. Síntesis de criterios de clasificación popular de peligrosidad de
plaguicidas
Criterio/Tipo “Bravos” o “fuertes” No peligrosos
Función Insecticidas o “curas” Herbicidas o “matayuyos”
Hediondos, olorosos, gaseosos Sin olor
Saberes corporales
Producen malestares corporales No afectan
Etiqueta Bandas roja y amarilla Bandas verde y azul
Fuente: Elaboración propia.
Como se ejemplificó en relación con cada uno de los criterios, la
clasificación popular sobre la peligrosidad se relaciona directamente con los
saberes populares preventivos. Los productos más “bravos” merecen “más
cuidados”. Por motivos de espacio, no es posible desarrollar aquí con detalle
los distintos saberes y prácticas preventivos encontrados en Evia (2019).
Por último, se hallaron saberes populares específicos respecto a los
potenciales efectos nocivos que puede tener la exposición laboral crónica
y acumulativa a plaguicidas “bravos”. Estos saberes se condensan en
padecimientos identificados desde la epidemiología sociocultural, como el
“estar intoxicado” o el “ataque de huesos” (Evia, 2019), que son atribuidos
desde los saberes populares a “trabajar por mucho tiempo con los venenos”,
pero no cuentan, necesariamente, con un correlato en los diagnósticos
biomédicos. Como ha sido estudiado para otros problemas de exposición
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ambiental a sustancias químicas tóxicas, este campo se caracteriza por la
ambigüedad, las brechas de conocimiento (tanto de la ciencia existente sobre
el tema como sobre su regulación) y el desafío de la atribución (Little, 2012,
2016; Ottinger, 2013; Singer, 2016).
Conclusiones
En este artículo se buscó contribuir a visibilizar los saberes populares de
trabajadores que se dedican a la manipulación y aplicación de plaguicidas
agrícolas en el contexto de la sojización uruguaya, en el entendido de que
todos los grupos sociales tienen saberes respecto de los padecimientos que
reconocen como amenazas para su vida y de que los conocimientos locales
basados en la propia experiencia (personal o comunitaria) también son for-
mas legítimas de conocimiento sobre los daños ambientales en salud. En esta
perspectiva, se entiende que relevar y sistematizar estos saberes resulta un
aporte necesario al debate actual sobre las consecuencias del proceso de so-
jización en la salud ambiental y la justicia social, particularmente en el Cono
Sur, así como respecto de las posibles medidas sociosanitarias y ambientales
a adoptar para prevenir mayores daños.
Sobre la primera pregunta que guio este trabajo, respecto de si los
potenciales daños generados por la exposición a plaguicidas son considerados
como padecimientos amenazantes para los trabajadores que aplican estas
sustancias en el contexto de la sojización uruguaya, encontramos que, a pesar
de que se usan denominaciones con sentidos ambivalentes para referirse a
los plaguicidas en distintos contextos enunciativos, parece primar el saber
sobre que los insecticidas, ciertos herbicidas y los fertilizantes pueden ser
peligrosos para la salud humana. El término “veneno” es muy elocuente en
este sentido. Sin embargo, hay otros productos, entre los que se destaca el
glifosato, que no son reconocidos como potenciales amenazas para la salud
humana y ambiental.
Sobre la segunda pregunta, respecto al papel de los saberes populares
y expertos sobre los plaguicidas en los criterios de causalidad, riesgo,
vulnerabilidad y prevención, se identificó y caracterizó una clasificación
popular de la peligrosidad de los plaguicidas, en la cual se combinan y
yuxtaponen saberes populares y expertos que son reapropiados y resignificados.
Los saberes corporales y somáticos, así como las experiencias previas de
exposición, permiten relacionar ciertos olores (intensidad o hediondez)
con la peligrosidad percibida en algunas sustancias. La importancia del
olor como criterio de peligrosidad respecto de los plaguicidas coincide con
estudios antropológicos que reportan la relevancia de la experiencia sensorial
y los saberes corporales en la percepción de la exposición a plaguicidas entre
jornaleros agrícolas en otros contextos productivos. Asimismo, desde los
saberes populares se retoman categorías provenientes de los saberes técnicos,
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como por ejemplo las bandas de color asociadas a las categorías de toxicidad
aguda presentes en las etiquetas de los productos o la clasificación de los
productos según su función, y son apropiadas y resignificadas en el sistema
clasificatorio de peligrosidad popular.
Estos resultados son de especial interés en relación con los actuales
debates y controversias en torno a los potenciales daños de sustancias
específicas utilizadas en el modelo tecnológico dominante de la producción
agrícola. Por ejemplo, en relación con el glifosato, encienden una señal
de alerta sobre la necesidad de fortalecer las políticas de prevención de
la exposición a esta sustancia, ya que sigue siendo percibida como poco
peligrosa. Por otra parte, los saberes populares indican que debería prestarse
más atención en el debate público a los potenciales daños ocasionados por
la exposición a insecticidas como clorpirifos o cipermetrina, especialmente
cuando son utilizados en los meses cálidos.
Dadas las características del proceso sociotécnico del ciclo productivo
de la soja, la exposición a plaguicidas es estructural en el sistema estudiado.
En este contexto, sería deseable que, en tanto no se transite hacia un cambio
de modelo, se fortalezcan las políticas orientadas a la prevención de la
exposición laboral y la regulación y el control de sus potenciales daños.
Los trabajadores dedicados directamente a la aplicación de plaguicidas son
grupos sociales particularmente vulnerables en este sentido y sus saberes
populares sobre estas sustancias deberían ser considerados.
Asimismo, queda abierta la posibilidad de nuevas preguntas y estudios
comparativos sobre los saberes de otros grupos sociales vinculados a esta
producción, como pueden ser los patrones, los trabajadores calificados
(ingenieros agrónomos, por ejemplo) y los técnicos vinculados a las agencias
reguladoras del Estado. ¿De qué manera incide su posición en las relaciones
de clase, género y saber-poder en los saberes sobre los plaguicidas y sus
potenciales daños a la salud humana y ambiental?
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Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en su totalidad por Victoria Evia Bertullo.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 67-92.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.4
Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo
La producción de pasta de celulosa en Uruguay
Valentina Pereyra Ceretta
Resumen
El artículo propone una aproximación al estudio de la instalación de las plantas de celulosa
en Uruguay haciendo hincapié en las valoraciones que diferentes actores sociales realizan
sobre este sector productivo y su vinculación con el ambiente y la naturaleza. En este sentido,
se busca caracterizar los modelos de desarrollo implícitos en sus discursos para reconocer
tensiones y similitudes. Se pretende avanzar en el análisis de la construcción social del riesgo,
profundizando en la selección realizada por los actores y en cómo los enfrentan. Para esto, se
incorporan los aportes de la literatura crítica latinoamericana y las teorías sobre relaciones
sociedad-naturaleza, con el fin de analizar los discursos en estrecha relación con las nociones
de desarrollo y ambiente que manejan los actores.
Palabras clave: naturaleza, desarrollo, riesgos, celulosa, extractivismo.
Abstract
Visions on the risk, nature and development. The pulp production in Uruguay
This article aims to introduce the study of the construction of pulp mills in Uruguay, placing a
focus on the various social actors’ assessments of this industry and the actors’ relationship with
the environment and nature. The purpose is to characterize the models of development implicit
in social actors’ discourses, identifying tensions and similarities between them. The study seeks
to further the analysis of the social construction of risk, delving into the actors’ risk selection
regarding the pulp mill industry and how they manage risks. Contributions from Latin-American
critical theory have been incorporated into the study, looking to analyze the actors’ discourses in
close relation to their own notions of development and environment.
Keywords: nature, development, risks, cellulose, extractivism.
Valentina Pereyra Ceretta: Licenciada en Sociología (UDELAR) y candidata a magíster
en Ciencias Agrarias, opción Ciencias Sociales, en la Facultad de Agronomía (UDELAR).
Investigadora y docente en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias
Sociales (UDELAR).
ORCID iD: 0000-0002-5593-4375
Email:
[email protected]Recibido: 19 de mayo de 2020
Aprobado: 7 de octubre de 2020
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 93-114.
Introducción
La instalación de las plantas de celulosa en Uruguay ha despertado fuertes
debates y cuestionamientos y, en este sentido, hablar de producción de celu-
losa significa también hablar de economía, desarrollo y ambiente. El debate
generado a raíz de la llegada de estos emprendimientos a nuestro país derivó
en demandas de incremento de seguridad, normativas y mayores cuidados
para los trabajadores y para el medioambiente. En este contexto, este trabajo
propone un acercamiento a los discursos sobre riesgo, ambiente y desarrollo
de diferentes actores sociales vinculados al sector.
Si bien los cuestionamientos en torno a estos temas son relativamente
recientes en Uruguay, no es así en el continente. En los últimos años del
siglo XX y principios del XXI se ha acentuado en América Latina un patrón
de acumulación basado en la sobreexplotación de bienes naturales-comunes1
y en la expansión de las fronteras hacia territorios considerados hasta el
momento como “improductivos”. Desde la literatura crítica latinoamericana
(Gudynas, 2017; Svampa, 2012; Machado Aráoz, 2014) existe consenso en
que se trata de una forma de producción, denominada extractivismo, basada
en la explotación intensiva de los bienes comunes, y cuyo producto se destina
principalmente a la exportación con poco o ningún procesamiento industrial
en el país de origen. Si bien existen diferencias en las características que
adquiere el extractivismo,2 en especial en cuanto al rol del Estado y la captura
y redistribución de la riqueza apropiada, es pertinente utilizar esta categoría
para dar cuenta de la relación que establece este tipo de producción con
la naturaleza. Gudynas (2017) señala que los extractivismos refuerzan las
concepciones de la naturaleza como “agregado de recursos”, es decir, parten
de una perspectiva utilitarista entendiéndolos como meras mercaderías.
Según el autor, esta manera de concebir a la naturaleza impide entender su
1 El concepto de bienes naturales-comunes (bienes comunes) alude a la necesidad de mantener
fuera del mercado aquellos bienes que, por su carácter de patrimonio natural, social o cultural,
pertenecen al ámbito de la comunidad y poseen un valor que rebasa cualquier precio (Svampa,
2012). Se trata de romper con la noción de naturaleza como recurso para ser utilizado y
manipulado.
2 Este enfoque presenta dos tipologías principales en las cuales podrían incluirse los distintos
países de la región: por una parte, el extractivismo propiamente dicho, ligado a los gobiernos
neoliberales; por la otra, el llamado “neoextractivismo”, ligado a los gobiernos de tinte
progresista. Ver en este sentido: Gudynas (2013) y Pérez Trento (2020).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021 pp.93-114.
Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo 95
organicidad y reconocer en ella otros valores, no utilitarios, y minimiza los
impactos ambientales.
Estas configuraciones productivas dejan sus huellas en el ambiente y
los territorios: desforestación y pérdida de biodiversidad, destrucción de
ecosistemas, erosión de los suelos y contaminación de fuentes de agua,
pérdida de reservas energéticas, problemas de salud y contaminación,
afectación de la seguridad hídrica y alimentaria, degradación de las dietas e
incremento incesante de desplazados y refugiados ambientales, son algunas
de las actuales afecciones (Bartra, 2009).
En esta coyuntura, Uruguay no representa una excepción. Carámbula y
Piñeiro (2006) concluyen que en los últimos años del siglo XX se gestaron
importantes transformaciones en la producción y la economía uruguayas,
fundamentalmente la reconfiguración del paradigma agrícola hacia un
modelo de agronegocio. El agronegocio como nuevo modelo de producción
se instala en el país de la mano de las grandes corporaciones internacionales
relacionadas con la producción de granos y la forestación. La presencia más
evidente del ingreso de transnacionales en el agro se dio sobre todo con la
expansión de las empresas forestales. Si bien en sus inicios la producción
forestal con destino industrial tuvo una alta presencia nacional, a fines
de la década del noventa se inició un proceso de extranjerización de las
plantaciones que contó con las empresas Weyerhaeuser, FOSA-BOTNIA y
ENCE como las principales protagonistas (Florit, 2013).
Juncal y Fernández (2013) proponen dividir la evolución del complejo
forestal-celulósico en Uruguay en tres etapas: una primera fase de instalación,
que abarcaría el período comprendido entre la promulgación de la Ley
n.o 15.939 (1987) y el año 2007, en el cual comienza a operar la primera
planta de pasta de celulosa Botnia (hoy UPM), próxima a la localidad de
Fray Bentos, en el departamento de Río Negro, sobre el río Uruguay. Una
segunda fase está signada por la primera planta ya en funcionamiento y por
la instalación de la segunda planta (Montes del Plata), próxima a la localidad
de Conchillas, en el departamento de Colonia, sobre el Río de la Plata. Por
último, la tercera etapa podría caracterizarse como de expansión y conlleva la
instalación de una tercera planta de procesamiento de pulpa de celulosa a ser
ubicada en la localidad Pueblo Centenario, en el límite departamental entre
Durazno y Tacuarembó, sobre el río Negro.
De esta forma, las industrias maderera y papelera en Uruguay han crecido
aceleradamente en los últimos doce años, duplicando el porcentaje que
ocupan en la composición del producto interno bruto (PIB) en relación, por
ejemplo, con 1998 (Tommasino, et al., 2016). En el informe de Uruguay XXI
(2016), con base en datos del Banco Central del Uruguay (BCU), se señala
que el PIB de la fase primaria muestra una trayectoria creciente, exhibiendo
una tasa promedio de crecimiento de 8,7% anual en la última década. Por su
parte, el valor agregado en la fase industrial también muestra una trayectoria
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96 Valentina Pereyra Ceretta
fuertemente creciente (sobre todo a partir del comienzo de las actividades de
la planta de celulosa de UPM, sobre finales de 2007, y de Montes del Plata,
a mediados de 2014), manteniendo un crecimiento promedio anual de 16,2%
en la última década (Uruguay XXI, 2016).
En cuanto a los riesgos asociados al sector, Nión y Pereyra (2019) dan
cuenta de que diversos actores relacionados con él identifican riesgos que
responden a diferentes problemáticas. Las autoras los agrupan en seis categorías:
laborales (uso intensivo de químicos, no uso de elementos de protección
personal, atrapamiento, ruido, estrés, sedentarismo, trabajo confinado);
productivos (dinámicas durante las paradas de mantenimiento, clausuras, falta
de insumos para la producción); ecológicos (contaminación, uso extractivo de
bienes comunes); socioeconómicos (desplazamiento de mano de obra, nuevas
dinámicas sociales, subcontratos); comunitarios (repercusiones en la salud
humana, impacto en las dinámicas comunitarias y sus identidades, conflictos
socioambientales, muy especialmente, problemáticas relacionadas con la
explotación sexual, los accidentes de tránsito y el aumento del alcoholismo) e
institucionales o colectivos (falta de trabajo en conjunto entre actores, falta de
espacios para la participación en la toma de decisiones).3
Este trabajo se propone aportar a los debates sobre los riesgos asociados
a la producción de celulosa a partir del análisis de los discursos de tres
actores vinculados al sector: organismos estatales, sindicatos de las empresas
de producción celulosa y colectivos ambientalistas. Específicamente, ahonda
en las valoraciones que estos actores hacen sobre el sector productivo en
vinculación con el ambiente, la naturaleza y las concepciones de desarrollo.
Con este objetivo, primero se presentan algunos conceptos teóricos sobre
riesgo y relaciones sociedad-naturaleza que dan base al trabajo; en el
apartado segundo, se explicita la metodología de la investigación; el tercero,
se corresponde con el análisis y el diálogo de los discursos de los actores
desde las bases teóricas antes expuestas; y en el cuarto y último apartado se
presentan las conclusiones y reflexiones finales.
Valoraciones sobre ambiente/naturaleza y riesgo
Relaciones entre sociedad y ambiente/naturaleza
Desde comienzos del siglo XXI, en diversos ámbitos de la sociedad uruguaya
se observa una creciente importancia asignada a la temática ambiental, espe-
cialmente a la urgencia de encontrar soluciones a los problemas ambientales
3 Durante el proceso, es importante diferenciar dos etapas: la construcción y la puesta en
funcionamiento. Muchos de los riesgos asociados a lo comunitario se enmarcan en la etapa de
construcción. Para profundizar en los riesgos asociados a la producción de celulosa, ver: Nión
y Pereyra (2019).
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Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo 97
emergentes. En esta línea, Gazzano y Achkar (2013) señalan que la irrupción
de la temática ambiental en los ámbitos sociales, culturales, científicos y po-
líticos constituye un nuevo factor cuestionador que coloca en debate concep-
tos como desarrollo, tecnología y ciencia.
En el ámbito mundial, hace varias décadas se comenzó a señalar que la
crisis ambiental es en realidad una crisis civilizatoria, en la que no se puede
separar la degradación de la dimensión físico-biológica del deterioro social
(Leff, 1998). Según Bartra (2009), el problema ambiental se presenta en
primera instancia desde un contexto biofísico y cuando se lo intenta unir, para
su interpretación, a la dimensión económica y social, puede ser reformulado
como “crisis civilizatoria”.
Beck (1985) declaraba la emergencia y constitución de la “sociedad del
riesgo”, refiriendo con ello a “una civilización que se pone en peligro a sí
misma”. Este planteo apuntaba a resaltar una serie de cambios decisivos de
la problemática ecológica de la modernidad. En esta época se asume que los
“beneficios del progreso científico-técnico” se ven crecientemente eclipsados
por la producción de peligros y de riesgos masivos y de vasto alcance. A su
vez, estos riesgos no son repartidos de manera equitativa entre la población,
y son por lo general las poblaciones más vulnerables aquellas que también
sufren las mayores consecuencias negativas ambientales y sociales.
En este contexto, resulta interesante introducirnos en los debates sobre
las relaciones sociedad/naturaleza a partir de los aportes de Schwarz y
Thompson (1990). Estos autores analizan que las distintas visiones sobre la
naturaleza derivan de visiones distintivas de la sociedad. En otras palabras,
lo anterior implica que los ideales de naturaleza se apoyan en un conjunto
de valores y creencias. En el caso de este trabajo, las relaciones que se
establecen entre sociedad y naturaleza dan base a los diferentes discursos
y evaluaciones que los actores hacen sobre los modelos de desarrollo, sus
riesgos y, en definitiva, de ser, estar y habitar los territorios.
Las propuestas sobre las tipologías de naturaleza y política ambiental
de Schwarz y Thompson (1990), que son retomadas por Douglas (1996),
indican que existen diferencias sistemáticas en el modo en que los individuos
perciben los riesgos ambientales. Estos autores identifican cuatro mitos
distintivos de la naturaleza; cada uno de ellos es una explicación del mundo
que justifica el estilo de vida con el que está comprometido su expositor y
este compromiso no es una intención privada, sino que es parte de la cultura
a la cual el expositor eligió adherir:
• Nature benign o “la naturaleza robusta”: en esta visión, la naturaleza
es suficientemente resiliente ante cualquier intervención humana. Se
corresponde con un modo de organización social “individualista”,
donde cada quien persigue sus intereses sin tener en cuenta el bien
colectivo (Schwarz y Thompson, 1990). Según Douglas (1996), esta
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 93-114.
98 Valentina Pereyra Ceretta
versión justificaría el avance de los modelos productivos extractivistas
sin importar las advertencias sobre contaminación o problemáticas
ambientales.
• Perverse/tolerant o “la naturaleza necesita estructura”: desde esta
perspectiva, se entiende que la naturaleza es tolerante, robusta
y estable, pero solo dentro de ciertos límites. Los seres humanos
pueden intervenir la naturaleza sin alterar el balance, pero solo hasta
cierto punto, pasado el cual el daño puede ser irreversible. Desde
esta visión, se plantea que la sociedad debe establecer reglas que
prevengan que ese punto sea sobrepasado. Esta perspectiva se suele
asociar con la idea de jerarquía, ya que sugiere un control social de
comportamiento centralizado por una autoridad, justificando también
la instauración de controles y la planificación de proyectos.
• Nature capricious o “la naturaleza es impredecible”: esta visión
defiende el carácter impredecible de la naturaleza y la idea de que
nadie puede saber el curso de los acontecimientos (Douglas, 1996).
Se afirma desde esta posición que no tiene sentido tratar de controlar
al medioambiente, dado que los cambios van a ocurrir con o sin la
acción humana. Un ejemplo de esto se encuentra en las discusiones
sobre el cambio climático o las visiones fatalistas.
• Nature ephemeral o “la naturaleza bajo presión”: aquí se advierte que
la naturaleza es susceptible de sufrir cambios permanentes. Propone
una actitud cuidadosa hacia el ambiente y las posibles consecuencias
de la intervención humana. Esta posición ha entrado en conflicto
fundamentalmente con la política de los empresarios y con los
jerarquistas.
En este punto, es interesante retomar los aportes de Svampa y Viale
(2014), quienes, con una mirada histórica, señalan que desde los inicios
de la modernidad la relación de la humanidad con la naturaleza ha sufrido
una alteración radical que se ha ido profundizando hasta el presente: el ser
humano primero se desconectó de la naturaleza, la concibió como objeto de
conocimiento, luego como objeto de dominación y, finalmente, como una
mera mercancía.
En el ámbito latinoamericano, Quijano (1992) vincula los procesos
extractivistas que mencionábamos en el apartado anterior con un proceso
de completa reconfiguración de la colonialidad4 del poder, reconociendo la
aceleración y la profundización de la tendencia a la concentración del control
por el poder desarrollista que alienta y alimenta la voracidad extractiva.
Uno de los elementos de esta relación es el radical dualismo cartesiano que
4 Colonialidad del poder fue la expresión utilizada por Quijano (1992) para caracterizar un
patrón de dominación global propio del sistema-mundo moderno/capitalista originado con el
colonialismo europeo a principios del siglo XVI.
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Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo 99
separa naturaleza y razón; de aquí que una de las imágenes más comunes en
este sentido es que la explotación de la naturaleza no requiere justificación
alguna, lo que expresa cabalmente la ética productivista. Estas ideas también
podrían ser relacionadas con la tipología de naturaleza robusta de los
citados Schwarz, Thompson y Douglas. También autores como Sack (1986)
denuncian que en función de una mirada productivista y eficientista de la
naturaleza se alienta la descalificación de otras lógicas de valorización, y
así los territorios escogidos por el capital pasan a ser considerados como
“socialmente vaciables” o “sacrificables”.
A partir de lo anterior, Machado Aráoz (2014) plantea la necesidad de
tener en cuenta las valoraciones sobre los territorios desde la subjetividad de
los actores:
“Ver y sentir las agresiones a los territorios como agresiones a los propios
cuerpos es ciertamente una cuestión ‘subjetiva’. Eminentemente subjetiva.
No sentir nada ante los ‘impactos’ mineros es algo también ‘subjetivo’.
‘Subjetividad’ y ‘objetividad’ remiten, en definitiva, a la forma política en
que se procesan los sentimientos humanos —personales y colectivos— en
los discursos y las prácticas. Allí donde se define la base motivacional de los
proyectos civilizatorios.” (Machado Aráoz, 2014, p. 67).
Finalmente, resulta importante incorporar la perspectiva de Ingold (2000)
para reflexionar sobre esta idea de naturaleza. El autor propone la perspectiva
del habitar, y habla de ambiente —no de naturaleza—, al cual define como
una zona de interpenetración continua. El ambiente no es una naturaleza
exterior, sino el producto parcial siempre en construcción que surge de la
interacción entre la vida humana y la no humana. Si bien este es un debate
profundo, que excede las pretensiones de este artículo, interesa nombrarlo
aquí porque da cuenta también de una forma de vincularse y de entender los
conceptos de ambiente/naturaleza y la importancia de su interrelación.
¿Cómo y quiénes definen los riesgos?
Las teorías del riesgo señalan que las actividades de producción se despliegan,
en la actualidad, en contextos de creciente incertidumbre e indeterminación,
marcando la existencia de riesgos propios de cada proceso y tarea. Con base en
esto, Douglas (1996) señala que los individuos tienden a tener un fuerte sentido
de inmunidad subjetiva. Con esto quiere decir que en las actividades que nos
son familiares existe la tendencia a minimizar la probabilidad de malos resul-
tados, es decir, se subestiman aquellos riesgos que se consideran controlados.
En el otro extremo de la escala de posibilidades, se tiende a restar importancia
a los peligros más infrecuentes y de baja probabilidad.
Lo anterior nos lleva a señalar que no existe el riesgo cero, lo que existe son
diferentes umbrales aceptables de riesgo, por ejemplo, según se participe en el
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 93-114.
100 Valentina Pereyra Ceretta
riesgo como portador de decisiones o como afectado por ellas. Las definiciones
de los riesgos y cómo afrontarlos difícilmente generen consensos absolutos,
aspecto que veremos claramente reflejado en los conflictos y disputas entre los
diferentes actores por los impactos de la producción de celulosa.
La existencia de actitudes y comportamientos con relación al riesgo
define culturas y umbrales aceptables, como producto de los valores insertos
en una estructura de poder social determinada y construidos socialmente a
partir de creencias y normas sociales (Pucci, Levin, Trajtenberg y Bianchi,
2006). A su vez, las decisiones sobre el riesgo implican un vínculo con el
tiempo, ya que son decisiones elaboradas en el presente pero proyectando
sobre acontecimientos que podrían suceder en el futuro.
En relación con las problemáticas ambientales, Douglas (1996) señala
que los peligros o riesgos son seleccionados por las personas culturalmente, es
decir, no todos son efectivamente peligros/riesgos, solo algunos. Además, los
procesos culturales que seleccionan los tipos de peligro a atender funcionan
mediante procedimientos que asignan responsabilidades. El conocimiento
sobre los riesgos pasa a ser histórico, local y cuestionado constantemente;
su naturaleza y control están sujetos socialmente a disputas. En este sentido,
también se pone en juego la legitimidad de la atención a esos riesgos, quiénes
pueden y quiénes deben atenderlos son cuestiones en constante debate.
A partir de lo planteado, este trabajo analiza los discursos sobre riesgo
de los actores relacionados con la producción de celulosa, en vinculación
con las visiones sobre naturaleza/ambiente y desarrollo que estos manejan,
como parte también de una construcción social. La relación que los actores
construyen (implícita o explícitamente) con la naturaleza/ambiente es un
elemento clave para comprender la definición y la selección de riesgos que
ellos hagan y cómo deben ser manejados y afrontados esos riesgos, así como
para entender sus visiones sobre el modelo en cuestión.
Metodología y recolección de datos
El trabajo forma parte de la investigación “Organización del trabajo y gestión
del riesgo en la producción de pasta de celulosa”,5 llevada a cabo durante
2017 y 2018. En la investigación se utilizó una aproximación cualitativa para
enmarcar la producción de pasta de celulosa en el contexto de los actores
sociales6 vinculados al sector, sus definiciones de los riesgos y los ámbitos
de atención y legitimidad del conocimiento para atenderlos o controlarlos.
5 Financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) en el llamado I+D
2017 y ejecutado por el Departamento de Sociología de Facultad de Ciencias Sociales (DS-
FCS), UDELAR.
6 Son concebidos como grupos, organizaciones o personas representativas de un dominio de
saber y poder en torno a los riesgos. Los actores sociales son definidos en función de un aspecto
específico de la realidad analizada.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.93-114.
Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo 101
En primer lugar, se realizó un mapeo de actores sociales, de modo de
poder representar las diferentes visiones en torno a la gestión del riesgo en la
producción de pasta de celulosa. El mapeo es una herramienta que permite
no solo listar posibles actores vinculados a un sector, sino también identificar
roles adjudicados, distribuciones de poder y legitimidad. El listado de actores
sociales se realizó entre investigadores y participantes según su vínculo con
el sector y la legitimidad de su participación (y su saber) en la definición de
los riesgos o su atención. Una vez generado el listado, espontáneamente,
en entrevista o taller, se les consultó específicamente por actores que no
habían sido mencionados, de forma que también se relevó por qué algunos
no surgieron o no fueron tenidos en cuenta.
La muestra se basó en la teoría y los antecedentes e integró casos a
partir de una selección por juicio, pero también por las dimensiones que
fueron surgiendo como relevantes en el transcurso del trabajo de campo. En
relación con las empresas, la muestra se compuso por las dos empresas del
sector y, dentro de ellas, un segundo nivel relevó información brindada por
el personal, tomando en cuenta las diferentes jerarquías, tanto de las áreas de
gestión (recursos humanos, seguridad, responsabilidad social, producción,
salud) como de las áreas operativas (madera, producción de chips, producción
de químicos, cocción, blanqueo, formación pulpa blanqueada, proceso de
secado, generación de vapor y recuperación, tratamiento de agua y efluentes,
laboratorio) (ver Tabla 1).
En términos de las técnicas de recolección de información, por un lado,
se realizaron entrevistas semiestructuradas, contemplando los ejes analíticos
del marco teórico, pero conservando la libertad de profundizar en aspectos
que pudieran emerger en las entrevistas mismas. En total, se realizaron 31
entrevistas semiestructuradas (individuales y grupales).
También se realizaron talleres en la metodología de paneles de expertos.
Estos paneles pueden definirse como grupos de especialistas en al menos uno
de los aspectos que hacen a la temática. En este caso, por “experto” no se
hizo referencia a personas con un determinado conocimiento especializado,
sino en el sentido de informante calificado. Se realizaron dos paneles, uno
en 2017 y otro en 2018, a los que acudieron, en cada uno, alrededor de 15
participantes, y se trabajó en grupos a partir de una consigna. En el segundo
panel, se presentaron reflexiones preliminares sobre el trabajo de campo
realizado hasta el momento, en un esfuerzo por comenzar a debatir los
resultados y reflexiones en curso.
Asimismo, se realizó observación en instancias de discusión sobre el
sector: paneles, conferencias y mesas redondas, y se realizaron observaciones
no participantes semiestructuradas de las instalaciones y procesos productivos
dentro de las empresas.
Desde el punto de vista cuantitativo, se analizaron datos secundarios
para caracterizar el sector: características productivas, de la fuerza de trabajo,
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 93-114.
102 Valentina Pereyra Ceretta
organización y proceso de trabajo, relaciones laborales, normativa, entre
otros. Por último, se propuso el análisis de diversos materiales audiovisuales
y prensa, mediante el cual también se relevaron posturas y visiones de los
diferentes actores.
Como instancia de socialización de resultados, se llevó a cabo una
actividad de intercambio y validación con actores sectoriales que participaron
en las diferentes instancias de entrevistas y talleres, sobre la base de resultados
preliminares de la investigación.
Tabla 1. Actores relevados por la investigación
Clasificación Actores participantes en paneles o entrevistas7
DINAMA, MVOTMA, Área Control y Desempeño Ambiental
DINAMA, MVOTMA, Área de Impacto Ambiental
DINAMA, MVOTMA, Dirección
Estatales
MSP, Dirección de Salud Ambiental y Ocupacional
MSP, asesora
IGTSS, MTSS, Dirección
Referente sectorial, AFPAPEL
Empresariales Referentes gerencias productivas, seguridad, calidad, RSE y RRHH de MDP
y UPM
Sindicales Referentes del sindicato de MDP, de UP y de FOPCU
Trabajadores de empresas de las diversas áreas operativas y de gestión
Trabajadores
de MDP y UPM
Química, FQ, UDELAR
Derecho Ambiental, FDER, UDELAR
Ciencias Ambientales, FCIEN, UDELAR
Academia
Ciencias Sociales, FIC, UDELAR
Urbanismo, FADU, UDELAR
Salud Ocupacional, FMED, UDELAR
Derecho Ambiental, DINAMA
Técnicos/as
Privado, Salud y Seguridad, Ergonomía
(asesores)
Privado, Salud y Seguridad, Prevención
Organizaciones no Referentes Redes Amigos de la Tierra
gubernamentales Referentes Grupo Guayubira
Medios de
Periodista prensa escrita
comunicación
Fuente: Elaboración propia.
7 Referencia de siglas: ver Tabla 2 en anexo.
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Riesgos y actores en la producción de celulosa
De los diversos actores relevados en la investigación, este artículo se centra
en los referentes estatales, en particular de las áreas salud y ambiente, los
referentes sindicales de las empresas y los colectivos ambientalistas. En rela-
ción con esta elección, se entiende pertinente realizar dos aclaraciones.
Por un lado, los entrevistados representantes de organizaciones/
instituciones, como es el caso de los tres incluidos en este trabajo, fueron
buscados en calidad de representes de la organización/institución a la cual
pertenecían, por lo que se entiende que su postura refleja el discurso de la
organización que representan. Dentro de los actores estatales, en este artículo,
se eligió trabajar con la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA)
como institución responsable del control ambiental en el territorio uruguayo
y con el Ministerio de Salud Pública (MSP) por su cometido de cuidado de
la salud de la población.
Por otro lado, en relación con la pertinencia de focalizar en estos actores,
se entiende que aportan tres visiones particulares del sector: la estatal, desde
su legitimidad para controlar y gestionar tanto el sector como los riesgos, los
sindicatos de trabajadores, por los supuestos beneficios y el contacto directo
con los posibles riesgos, y, finalmente, los ambientalistas, como portadores de
la visión crítica. Los tres actores, además, aportaron visiones con diferentes
grados de proximidad con la problemática: general, desde dentro y desde
fuera, respectivamente. Es interesante poner en juego estas tres miradas que
aparentemente tienen intereses y preocupaciones diferentes, pero que, a su
vez, pueden llegar a compartir concepciones de naturaleza y desarrollo.
Riesgo, naturaleza y desarrollo desde los actores estatales
En primer lugar, es interesante destacar que tanto la DINAMA como el
MSP identificaron espontáneamente la posibilidad de ocurrencia de riesgos
ambientales asociados al uso de “recursos naturales”, las posibles impli-
cancias para el medioambiente y, tangencialmente, su influencia en la salud
humana. El uso de la palabra “recurso” no es arbitrario, ya que desde la
perspectiva de otros actores, como los ambientalistas, se optó por usar la
expresión “bienes naturales”, en un esfuerzo explícito por incorporarla a
sus discursos como parte de una deconstrucción política de la naturaleza
como recurso.
En el sector salud, los entrevistados hicieron énfasis en riesgos asociados
a lo comunitario y social, especialmente en la etapa de la construcción de
las plantas de producción de celulosa (aumento de la explotación sexual,
incluso infantil, aumento de la violencia, accidentes de tránsito, alcoholismo,
etcétera). Estos tipos de riesgos fueron asociados no tanto a la producción de
celulosa en sí misma, sino a la concentración de operarios y a los cambios
en la dinámica de los territorios. A su entender, su accionar debería estar más
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centrado en esta etapa de la gestión de los riesgos en tratar de controlar y
acompañar los cambios en las dinámicas de las poblaciones a las que llega
este tipo de emprendimientos.
En relación con el funcionamiento de las plantas, la identificación
de riesgos no fue tan clara: si bien se insinuó la posibilidad de problemas
ambientales, estos fueron identificados como problemáticas de la que
deberían ocuparse otras instituciones. Esta delegación de la gestión del
riesgo operaría más aún para el caso de los riesgos ambientales, donde, si
bien se identificó la posibilidad de contaminación provocada por este tipo de
producción, se notó una confianza (y delegación) en el control ejercido por
parte de otros actores estatales.
En cuanto a los actores estatales vinculados con el ambiente (DINAMA),
la identificación primaria de riesgos fue aún menos clara, y si bien se
identificaron algunos riesgos de tipo ambiental, se percibió un esfuerzo
continuo por evitar profundizar en el tema, llegando incluso a tratar de evitar
el uso de la palabra “riesgo”. Asimismo, realizaron un gran esfuerzo por
enfatizar la existencia de controles ambientales y la normativa desplegada.
Al referirse a los posibles efectos sobre el ambiente, los referentes de
este sector hicieron importante hincapié en los controles técnicos disponibles
para regular las cargas y vertidos al río (vale señalar que las preocupaciones
ambientales se centraron mayormente en los efectos de esta industria en los ríos
y el agua). Un argumento frecuentemente esgrimido fue el uso de las “mejores
tecnologías disponibles” (best available techniques [BAT]) y el acatamiento
de los estándares internacionales de seguridad. Asimismo, la preocupación
principal de estos representantes fue asegurar a los entrevistadores la existencia
de un monitoreo continuo y de un sistema eficiente que permite la recolección
de información sobre emisiones en directo.
También se observó en los discursos de los entrevistados estatales
vinculados con el ambiente un continuo esfuerzo por comparar esta actividad
con otras actividades industriales, sacando el foco de los problemas
ambientales que esta en particular genera. El ejercicio de la comparación
también fue llevando al plano de la vida cotidiana de las personas, cotejando
estas actividades de producción con los efectos que generan los residuos de
los individuos en sus hogares.
Estos argumentos fueron fuertemente debatidos por los colectivos y
organizaciones no gubernamentales (ONG) ambientalistas, que se esforzaron
por demostrar el estado preocupante de los ríos de Uruguay en cuanto a
contaminación. Por su parte, los actores relacionados con la salud también
demostraron preocupación por la capacidad de “resistir” de los ríos en el país
ante la instalación de una nueva planta.
Ahora bien, en líneas generales, en ambos actores (ambiente y salud) se
identifica un discurso que tiende a compartimentar la responsabilidad de la
atención de los riesgos, así como la injerencia sobre ellos: seguridad laboral
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incumbe al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), salud laboral
o salud de la comunidad al MSP y los posibles impactos ambientales a la
DINAMA.
Asimismo, ambos actores coincidieron en la identificación del rol
primordial de los controles estatales para el correcto funcionamiento y
para minimizar los riesgos. La idea de controlabilidad en estos actores se
encuentra muy vinculada al concepto de umbrales de riesgo que se desarrolló
en el apartado teórico. Sobre esta idea de controlabilidad de los riesgos es
pertinente realizar dos reflexiones.
Por un lado, la identificación de riesgos se encuentra estrechamente
ligada a la noción de controlabilidad y manejo mediante las normativas y
el uso de las BAT. Es decir, existe un discurso compartido en torno a que
estas empresas aumentaron los estándares de seguridad ambiental y laboral
en el país. A partir de esto, se podría señalar que estos factores actúan como
moduladores en la percepción de los riesgos, situándolos en una órbita de
controlabilidad y un sentimiento de seguridad y confianza sobre su manejo:
son garantía de seguridad. En este sentido, la tecnología que podría ser vista
como la fuente de los riesgos es considerada, en cambio, como un medio de
protección.
Por otro lado, específicamente en el caso de la DINAMA, si bien los
referentes reconocen que existieron ciertos problemas en los controles,
reflejados en eventos de contaminación o derrames, e inclusive admiten
la posibilidad de generación de efectos ambientales negativos —aspectos
que podrían pensarse como factores que escapan a esa controlabilidad—,
estos son entendidos como riesgos aceptables o esperables. Así, en cierta
medida, vuelven a ser “controlables”, dado que se encuentran dentro de los
parámetros admisibles, es decir, dentro de los umbrales aceptables de riesgo.
Otro argumento que aparece frecuentemente es la idea de que es muy
difícil rastrear la contaminación, porque las aguas “ya vienen contaminadas”.
En este argumento se percibe tanto una delegación de la problemática
ambiental a otros actores como una suerte de licencia o permiso para verter
cargas al río.
Pensando en los mitos sobre la naturaleza propuestos por Schwarz y
Thompson (1990) y Douglas (1996), se podría asociar estos discursos a la
visión de la naturaleza “fuerte y robusta, pero que necesita estructura”. En esta
visión, la contaminación parecería estar permitida dentro de ciertos límites,
que son definidos por autoridades o jerarquías institucionales, ya que solo
algunos actores tienen la legitimidad de definir los riesgos y sus umbrales.
En el caso de los actores estatales, tanto la idea de umbrales aceptables de
riesgo como la autodefinición de la legitimidad para atenderlos (basada en
conocimiento, experiencia e institucionalidad) apareció con frecuencia en
sus discursos.
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Llevando estas ideas al campo de las relaciones con el ambiente y las
concepciones de desarrollo, en los discursos de los entrevistados aparece
frecuentemente la vinculación entre estas empresas y el desarrollo mediante
la generación de puestos de empleo y la revitalización de zonas donde las
oportunidades laborales y el desarrollo económico eran escasos. En sus
discursos, los beneficios de la inversión justificarían la necesidad de asumir
ciertos riesgos (“cuantificables y controlados”) o aceptar ciertos niveles de
contaminación (umbrales aceptables de riesgo). Se observa entonces cómo
en estos discursos entra en juego aquella idea de los costos sacrificiales
del progreso o el desarrollo que mencionaban Sacks (1986) y Machado
Aráoz (2014), según la cual argumentos como la generación de empleos y
la necesidad urgente de crecimiento económico justifican la existencia de
impactos ambientales a mediano y largo plazo. Estos niveles de contaminación
son entendidos por los actores como parte de una ecuación que sienta su base
en una visión productivista de la naturaleza.
Las visiones desde los sindicatos de las empresas de celulosa
Dado el tipo de actor al cual refiere este apartado, resulta ineludible hacer
mención, aunque sea mínimamente, a los riesgos de tipo laboral. Estos acto-
res demostraron un amplio consenso en que los riegos laborales han dismi-
nuido debido a las mejoras en las condiciones laborales del sector, en espe-
cial en relación con su símil papelero.
Asimismo, el riesgo más cotidiano, de accidentes o enfermedades
individuales, ha sido sustituido por la visión del potencial del riesgo de
explosión de la planta; es decir, cambia la idea de riesgo laboral por la idea de
un posible riesgo industrial. El estudio realizado por Nión y Pereyra (2019),
mencionado en la introducción de este trabajo, da cuenta de que el cambio
en la identificación de riesgos les confiere a los trabajadores un peso mayor
en la responsabilidad, dado que ellos son responsables de un posible riesgo
ambiental y social de gran magnitud.
En este actor también se observó que existe una idea de estos
emprendimientos como motores de desarrollo, asociada a las externalidades
positivas de las empresas. Al igual que en el discurso de los actores estatales,
estas empresas contribuirían al desarrollo de zonas “olvidadas” y serían
oportunidades de progreso para muchos. Las externalidades negativas
aparecen, según el entender de estos actores, bajo control. Como en los
actores estatales, se observó que existe una gran confianza en los controles y
mecanismos de seguridad de las empresas, asociado a lo cual también surgió
con frecuencia el argumento de la utilización de BAT. Los controles, las
BAT y la normativa existente actuarían como moduladores de percepción,
haciéndolos sentir más seguros. El riesgo ambiental también aparece, a su
entender, como esperable y controlado.
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Ahora bien, en sus discursos aparece una cierta preocupación por crear
conciencia en los trabajadores, sobre todo en los más jóvenes o los que
recién ingresan, de los riesgos que pueden conllevar los posibles descuidos
o accidentes. Los entrevistados señalaron que a veces la automatización y
tecnologización de las tareas es tal, que se puede perder la noción de que se
está trabajando con “recursos naturales” y en el ambiente, solo a “través de
máquinas, como un jueguito de computadora”. De aquí es posible inferir que
las características del trabajo a través de computadoras y salas de control
podrían actuar como un factor de minimización en la percepción de riesgos y
posibles impactos en el ambiente. Desde los sindicatos se señaló un esfuerzo
por trabajar en la concientización del tipo de trabajo que se realiza y los
posibles riesgos que implica.
Relacionando este discurso con las tipologías de Schwarz y Thompson
(1990) y Douglas (1996), podemos suponer que este grupo también entraría
dentro de la visión de la naturaleza robusta pero necesitada de una estructura.
En este caso, los actores también asumen una idea de naturaleza como recurso
a utilizar, pero dentro de ciertos límites marcados. Los encargados de estas
delimitaciones serían las autoridades y jerarquías estatales y de la empresa.
Centrándonos en la vinculación con la naturaleza y el ambiente, al igual
que en los actores estatales, predomina un discurso que naturaliza el impacto
en la naturaleza y defiende la controlabilidad de los riesgos y los beneficios
asociados. En este caso, también se entiende que los riesgos ambientales
están bajo control tanto por la normativa desarrollada y los controles (de
habilitación y funcionamiento) aplicados en ese marco como por la tecnología
utilizada. Incluso se podría esbozar que en el caso de los actores sindicales las
externalidades positivas son aún más notorias, dado que gran parte de la mano
de obra proviene de otros rubros donde las condiciones laborales son más
precarias y para quienes el trabajo en las plantas de celulosas representó un
cambio cualitativo y cuantitativo importante en sus trayectorias de vida. Sin
embargo, también resulta interesante señalar que a lo largo de la investigación
los representantes sindicales participantes mantuvieron siempre una postura
abierta al diálogo con otros actores, inclusive aquellos más críticos del sector
del cual ellos forman parte.
Por último, un aspecto interesante a plantear y profundizar es la relación
de estos sindicatos con los demás sectores sindicales. En los últimos períodos,
estos sindicatos incipientes se vieron muy apoyados por el Sindicato Único
Nacional de Trabajadores de la Construcción y Anexos (SUNCA) y la Unión
Nacional de Trabajadores del Metal y Ramas Afines (UNMTRA), llegando
incluso a aparecer como sindicatos “propasteras”.8 Esto ha generado tensiones
y posturas encontradas en la interna de movimiento sindical, donde, dentro
de la misma central, conviven y se enfrentan posturas muy disimiles sobre los
8 El término pasteras refiere a las plantas de celulosa, por producir pasta de celulosa.
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modelos de desarrollo y, específicamente, sobre los beneficios o perjuicios de
este tipo de emprendimientos.
La visión desde los colectivos ambientalistas
El último conjunto de actores que se aborda en este trabajo está integrado
por aquellos grupos que presentan críticas a los emprendimientos vinculados
con el modelo forestal-celulósico. Resulta interesante abordar las posturas
de estos grupos, dado que presentan importantes diferencias con los anterio-
res, tanto en la identificación de riesgos como en la visión general sobre el
relacionamiento de este tipo de producción con los conceptos de ambiente y
desarrollo.
Los colectivos ambientalistas fueron los que más importancia les
dieron a los posibles riesgos del sector, identificando una gama mucho
más amplia de problemáticas ambientales asociadas. Estos actores también
identificaron riesgos de diversa índole: sociales, comunitarios, políticos y,
muy especialmente, ambientales y económicos.
Es importante señalar que en la identificación de riesgos, los entrevistados
de este grupo no se limitaron a los efectos concretos de las plantas de celulosa
sobre el ambiente, sino que abarcaron al modelo forestal-celulósico completo.
A modo de ejemplo, esto implicó tomar en cuenta las consecuencias de la
forestación como materia prima necesaria, los impactos del transporte de la
madera y el futuro tren para la tercera planta de UPM, e incluso llegar a
plantear preocupaciones que vinculan este tipo de producción con la pérdida
de soberanía estatal y alimentaria de los Estados y los pueblos. Esta gama de
críticas da cuenta de una visión más integral del riesgo, en el sentido de que no
los compartimentan por sectores (forestación, celulosa, transporte, etcétera),
sino que los entienden como parte de un mismo e indisociable fenómeno, es
decir, como parte de un modelo de desarrollo. Algo similar planteaba Graña
(2010) al analizar los discursos de los asambleístas de Gualeguaychú, en los
que veía que “la contaminación segura es el argumento más recurrente entre
los asambleístas; sin embargo, para ellos este es el aspecto más visible de una
problemática global: el modelo forestal […] que nos afecta a todos” (Graña,
2010, p. 75).
Como ya fue mencionado, estos actores son también muy críticos con
los controles ambientales establecidos por las empresas e incluso de los
organismos estatales, llegando a desconfiar de su efectividad y legitimidad.
También señalan que los convenios para la protección del ambiente no son
suficientes y, asimismo, que el argumento de la utilización de BAT no es
acertado, dado que en otros países, de Europa por ejemplo, las tecnologías
utilizadas son mucho menos invasivas para el medioambiente. Por último,
también advierten que los impactos no son visibles a corto plazo, sino que
debemos esperar sus efectos en años venideros.
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También desde este grupo se denuncia la falta de espacios para la
discusión sobre la instalación de estos emprendimientos y la falta de
legitimidad que se le otorga a su conocimiento. En muchas ocasiones, su
discurso es invisibilizado o ridiculizado con la excusa de que no poseen
el conocimiento legítimo para participar de los debates. Esto refleja una
clara disputa por la legitimidad del conocimiento, la definición y atención
de los riesgos, aspecto que también se observaba, en contraposición, en la
autopercepción de legitimidad de los actores estatales.
Retomando los planteamientos de Villegas (2014) sobre los movimientos
socioambientales en Latinoamérica, se visualiza que la resistencia en este
contexto muchas veces se vuelve difícil, al ser estos actores con frecuencia
ignorados y descalificados por los grandes medios de comunicación, políticos
y algunos sectores del mundo académico. El autor señala que los colectivos
opositores emergen como los “bárbaros” de nuestros tiempos, los que se
oponen al “desarrollo” o como fracciones “fundamentalistas” que ponen
trabas al progreso.
En esta línea, en los talleres y entrevistas realizados en el marco de la
presente investigación, también se denunció la falta de tratamiento de la
temática ambiental en el ámbito público. Esta temática no parece estar puesta
sobre la mesa en muchas de las discusiones o, cuando lo está, se la coloca en
un lugar secundario en relación con las necesidades de inversiones y trabajo
y las promesas de desarrollo económico.
“Siempre está este discurso, por decirlo de alguna forma, de los ambientalistas
versus el desarrollo […], pero en este momento ni siquiera están los
ambientalistas porque directamente el tema ambiental no está planteado. […]
La universidad salió a decir ‘el río Negro no resiste’, y eso no le movió un pelo,
a nadie le movió un pelo, o sea, no está el tema ambiental, no es un tema de
preocupación de este gobierno el tema ambiental.” (Referente ambientalista).
Vinculando estas ideas con las tipologías de naturaleza presentadas,
podríamos entender que estos actores se corresponden con la visión
“naturaleza bajo presión”, al preocuparse por los impactos sobre el ambiente
y los ecosistemas, cuestionar las externalidades positivas y denunciar
las negativas. También despliegan una fuerte crítica a este modelo como
propuesta de desarrollo y no solo enfocan las preocupaciones sobre las
temáticas ambientales, sino también en la viabilidad económica, social y
política del modelo. En sus discursos plantean problematizar los vínculos
que, como sociedades, establecemos con el ambiente y el relacionamiento
extractivista con la naturaleza.
Ahora bien, dentro del discurso de este grupo de entrevistados es posible
identificar dos tipos de críticas al modelo celulósico: el primero apunta a
cuestionar las externalidades positivas de este tipo de inversiones, como
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110 Valentina Pereyra Ceretta
el hecho de estar en zonas francas,9 cuánto efectivamente del know how
tecnológico queda en nuestro país, cuánto trabajo efectivamente generan, las
concesiones y los prerrequisitos que exigen para su instalación, la dificultad
de control ambiental, entre otros. El segundo nivel de crítica, más profundo,
apunta a problematizar las relaciones sociedad/naturaleza, planteando
las amenazas que este modelo productivo genera para las fuentes de agua
y alimentarias, para la salud humana y ambiental y, en definitiva, para la
reproducción de la vida. Esta segunda postura hace un llamado a respetar los
derechos de la naturaleza y a cuestionar el modelo de desarrollo basado en la
sobreexplotación de los bienes comunes.
Reflexiones sobre los discursos y las vinculaciones sociedad/naturaleza
En el análisis expuesto se describieron los discursos de algunos actores que,
de diferentes maneras y grados de proximidad, están vinculados al modelo
forestal-celulósico, especialmente a las plantas de celulosa. Se analizaron
también las diferentes percepciones sobre los riesgos vinculados al modelo,
atravesadas por las concepciones de naturaleza/ambiente y desarrollo que
estos actores manejan.
Por un lado, encontramos el argumento de actores estatales y
trabajadores de la producción celulósica, que legitima socialmente este tipo
de emprendimientos en estrecha asociación con sus supuestos impactos
positivos en las economías locales, que son presentadas como economías
atrasadas, territorios vacíos o con escasas oportunidades. En esta postura,
los beneficios de la inversión (mejores estándares de seguridad laboral y
ambiental, mejores tecnologías para reducir la contaminación, revitalización
de la economía, etcétera) justificarían la necesidad de asumir ciertos riesgos
o aceptar ciertos niveles de contaminación. La definición de estos umbrales
aceptables de riesgo parece estar en manos de determinado grupo de personas,
en el marco de una lógica de legitimidad del conocimiento.
En estos argumentos predomina un discurso que refiere a una naturaleza
fuerte y renovable, y en ellos parecen operar mecanismos de naturalización de
la contaminación y una atención selectiva a los riesgos que puedan surgir. En
este contexto, aparece con más fuerza la visión de la naturaleza como recurso
para usar y manipular, es decir, una naturaleza separada (y al servicio) de la
sociedad. Vale señalar que los sindicatos juegan un rol relevante, respaldando
la idea de desarrollo y externalidades positivas. No obstante, tienen una
mirada más abierta a la reflexión sobre la sustentabilidad ambiental de
este modelo en el largo plazo, muy especialmente ante la posibilidad de la
instalación de otras empresas de este tipo.
9 Áreas del territorio nacional cercadas y aisladas, con exenciones tributarias y demás beneficios.
Ver Ley n.o 19.566.
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Visiones sobre riesgo, naturaleza y desarrollo 111
Por otro lado, los actores vinculados a las ONG ambientalistas plantearon
un fuerte descontento con la gestión de los riesgos y las decisiones tomadas
por los actores estatales, sintiéndose en muchos casos puestos a un lado
en los debates. La crítica de estos actores no se limita a la producción de
pasta de celulosa, sino que, en un sentido más amplio, cuestiona el modelo
de desarrollo elegido para el país. Retomando las tipologías de naturaleza,
estos actores comparten una visión de naturaleza sensible a los impactos
de la acción humana y proponen una actitud cuidadosa hacia ella. También
se pudo apreciar una valoración diferente de los impactos ambientales y un
cuestionamiento más profundo en cuanto a los umbrales aceptables de riesgo.
Finalmente, es importante señalar que los talleres realizados como parte
de la metodología de la investigación demostraron ser verdaderos espacios
de diálogo, donde se pusieron en juego, en forma respetuosa, las diferentes
posturas de los participantes, muchas veces muy disímiles.
Este trabajo, aún en desarrollo, representó un esfuerzo por contribuir
al conocimiento sobre los discursos y percepciones referidos a los riesgos
asociados a la producción de celulosa, especialmente en su vínculo con el
ambiente y la naturaleza y los modelos de desarrollo. Asimismo, pretendió
contribuir al debate sobre los vínculos que establecemos con la naturaleza,
incorporando una perspectiva orientada a superar una visión productivista,
para imaginar otro tipo de relacionamiento y estar abiertos a valorar en ese
ambiente/naturaleza otros aspectos, más allá de su carácter de recurso. Se
entiende que esta perspectiva permitiría un mejor análisis histórico coyuntural
de la instalación de estas empresas en el Uruguay y de la participación de los
diferentes sujetos, organizaciones e instituciones en estos procesos.
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114 Valentina Pereyra Ceretta
Anexo. Tabla 2. Referencia de siglas
DINAMA Dirección Nacional de Medio Ambiente-Ministerio de Vivienda y Ordenamiento
MVOTMA Territorial
MSP Ministerio de Salud Publica
Inspección General de Trabajo y Seguridad Social-Ministerio de Trabajo y
IGTSS-MTSS
Seguridad Social
MIEM Ministerio de Industria, Energía y Minería
AFPAPEL Asociación de Fabricantes de Papel
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FQ Facultad de Química. Universidad de la Republica
FDER Facultad de Derecho, UDELAR
FCIEN Facultad de Ciencias, UDELAR
FIC Facultad de la Información y la Comunicación, UDELAR
FADU Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UDELAR
FMED Facultad de Medicina, UDELAR
Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en su totalidad por Valentina Pereyra Ceretta.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.93-114.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.5
Discusiones teóricas contemporáneas sobre pobreza
Capacidades, bienestar y necesidades humanas
Diego Amarilla
Resumen
En la literatura especializada se manifiesta un amplio consenso en definir a la pobreza desde
una perspectiva multidimensional, siendo el centro de la discusión las formas en que se mide el
fenómeno. Es en este sentido que el presente artículo ordena cronológicamente las principales
vertientes teóricas que nutren la conceptualización contemporánea de la pobreza (el enfoque
de los funcionamientos y capacidades y la teoría de las necesidades humanas), destaca las
taxonomías elaboradas por los principales referentes teóricos y arriba a conclusiones que invitan
a reflexionar sobre los contextos sociohistóricos que determinaron esta producción intelectual y
su contribución en la elaboración de un concepto de pobreza multidimensional.
Palabras clave: pobreza multidimensional, capacidades, funcionamientos, necesidades humanas.
Abstract
Contemporary Theoretical Discussions About Poverty. Capabilities, well-being and human needs
In the specialized literature there is a broad consensus in defining poverty from a multidimensional
perspective, being the ways in which the phenomenon is measured the center of the discussion.
It is in this sense that the present article chronologically ordered the main theoretical aspects
that nourish the contemporary conceptualization of poverty (the approach of functionings and
capabilities and the theory of human needs), highlighting the taxonomies elaborated by its main
theoretical references and arriving at conclusions that invite reflection on the socio-historical
contexts that determined this intellectual production and its contribution to the elaboration of a
multidimensional concept of poverty.
Keywords: multidimensional poverty, capabilities, functionings, human needs.
Diego Amarilla: Maestrando en Sociología y licenciado en Sociología por la Facultad de
Ciencias Sociales (UDELAR). Profesor ayudante del Departamento de Sociología de la
misma facultad y universidad.
ORCID iD: 0000-0002-2025-0117
Email:
[email protected]Recibido: 3 de julio de 2020
Aprobado: 22 de setiembre de 2020
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Introducción
El término pobreza se ha convertido de acuerdo con sus usos en un signifi-
cante portador de múltiples significados. Desde el conocimiento vulgar hasta
el científico, transitando por la política partidaria y ubicándose de manera
habitual en la agenda pública de muchos países, la pobreza se ha transforma-
do en una noción en búsqueda de teoría, tal como lo propone Tabaré Fernán-
dez (2010). Esto se da en la medida en que la implementación de estudios e
investigaciones en la temática por parte de las ciencias sociales y los orga-
nismos internacionales de desarrollo ha propiciado una profunda discusión
sobre el alcance y las consecuencias de la pobreza. Es así que Minor Mora
(2010) afirma que:
“[…] Dos parecen ser los temas que concitan las disputas principales
entre los científicos sociales que concentran su quehacer en torno a esta
problemática. Por un lado, la propia definición del objeto: la pobreza —qué
es ser pobre—; por otro, la estrategia de medición que debe adoptarse —el
método—.” (Ringen, citado en Mora, 2010, p. 2).
Aunque las discusiones centrales parecen seguir pasando por las formas
unidimensionales y multidimensionales de medición, en la dimensión
conceptual existe un amplio consenso sobre la multidimensionalidad de la
pobreza (Boltvinik, 2001; Fernández, 2010). En la definición de la pobreza se
intersectan diversos clivajes que son de utilidad clave para balizar un camino
teórico propenso a caer en eclecticismos. Por esto, se trae a colación la
distinción realizada por Paul Spicker (2007), que clasifica doce definiciones de
pobreza agrupadas de acuerdo con las condiciones materiales (destacándose
la limitación de recursos, las necesidades y el patrón de privaciones), con base
en las condiciones sociales (la pobreza, en este sentido, estaría asociada a la
ausencia de titularidades,1 a la carencia de seguridad básica, a la exclusión,
a la dependencia y a la pertenencia a determinada clase social) y también en
lo relativo a condiciones económicas (nivel de vida, desigualdad y posición
económica).
Todas estas perspectivas conceptuales parecen compartir, asimismo, un
presupuesto moral que remite a una privación inaceptable, lo que plantea
1 Entitlements, en el sentido de derechos a acceder a determinadas capacidades.
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de manera inevitable el debate entre pobreza absoluta y pobreza relativa.
Amartya Sen (1992) fue uno de los más importantes proponentes de una
concepción absoluta de la pobreza, basada en un “núcleo irreductible” de
privaciones (esencialmente alimenticias, que, en definitiva, impiden el
desarrollo de las capacidades), para luego incorporar en su teoría (solo en
términos complementarios) a la pobreza relativa, asociada a los bienes y sus
características. Peter Townsend (1979), por otro lado, se posiciona como
un destacado referente teórico de la concepción de privación relativa en su
definición de pobreza:
“[…] A su entender las personas, los hogares y los grupos de población
son pobres si carecen de recursos para obtener los tipos de dieta, participar
en las actividades y tener las condiciones de vida y las comodidades que
se acostumbran en las sociedades de las cuales forman parte, es decir, sus
recursos no les permiten tener acceso a los patrones ordinarios de vida,
costumbres y actividades del individuo o la familia promedio de la sociedad
en cuestión.” (Townsend, 1979. Citado en Mora, 2010, p. 4).
Del mismo modo surge la discusión entre recursos y necesidades2
como formas de abordar conceptualmente la pobreza. Este debate parece ser
ineludible para entender cómo se configuran las dinámicas de la pobreza:
“Las necesidades y los recursos para satisfacerlas cambian a lo largo del
ciclo de vida de un hogar. Por ejemplo, cuando los niños son pequeños
y numerosos, las necesidades son muchas, pero la capacidad de generar
ingresos es baja, por lo que muchos hogares se sitúan por debajo de los
umbrales de pobreza durante este período. Tanto el factor riesgo como la
relación cambiante entre recursos y necesidades a lo largo del ciclo de vida
pueden ser causas de pobreza temporal, aunque la segunda es de naturaleza
estructural y la primera contingente.” (Boltvinik, 2001, p. 38).
El presente artículo tiene como objetivo realizar un recorrido por los
principales conceptos y taxonomías de los dos cuerpos teóricos contemporáneos
más relevantes en la elaboración del concepto multidimensional de la pobreza:
el enfoque de las capacidades y la teoría de las necesidades humanas. En este
sentido, también se incursiona por la génesis contextual de ambos cuerpos
teóricos y, de forma lateral, en su ruptura o encuadre con el liberalismo
económico y el liberalismo político.
2 La distinción entre recursos y necesidades no solo es necesaria para entender las dinámicas de
la pobreza o para elegir una metodología de medición adecuada, sino que los determinantes de
la pobreza son diferenciales con base en los citados enfoques (Fernández, Borrás y Ezquerra,
2017).
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Para cumplir dicho objetivo, se desarrollan los conceptos nodales del
enfoque de las capacidades, destacando la relevancia de los funcionamientos de
los bienes, sus características y su relación con el desarrollo de las capacidades
humanas. Para poder llegar a esta instancia es menester aproximarse al
origen contextual del enfoque de las capacidades, en la medida en que en
la crítica a la noción de igualdad de la economía utilitarista se cimienta la
conceptualización de Amartya Sen (1987). En una segunda instancia, se
introduce el aporte de Martha Nussbaum (2000), que, enmarcándose en
el enfoque de las capacidades, incorpora el gran debe de su fundador: una
taxonomía de capacidades, de carácter universal y transcultural.
En lo que respecta a la teoría de las necesidades humanas, de Doyal
y Gough (1994), son examinados los conceptos de necesidades básicas y
necesidades intermedias, que se transforman en los elementos constitutivos
de su taxonomía de satisfactores (ampliamente utilizada en la constitución
del concepto de pobreza multidimensional contemporáneo). Finalmente,
se examina la conceptualización de Max Neef y sus colaboradores (1993),
destacando la propuesta sobre las necesidades humanas fundamentales y la
distinción entre satisfactores violadores/destructores, inhibidores, sinérgicos
y singulares.
El enfoque de las capacidades, de Amartya Sen
La génesis contextual del enfoque de las capacidades desarrollado por Sen
(1979) se sitúa en la discusión con la noción de igualdad en la economía
utilitarista y en la teoría rawlsiana de la justicia.3 Con importantes matices,
estas perspectivas tienden a ignorar el funcionamiento de los bienes para los
individuos, focalizándose en la utilidad que obtienen de ellos y desconocien-
do sus propiedades objetivas. Es así que, a fines de la década de los setenta,
Sen propone la noción de igualdad de capacidad básica como superadora de
las serias limitaciones que sustentaban las perspectivas citadas.
El gran aporte de Sen (1987) en su crítica a la economía utilitarista se da
en dos dimensiones. Por un lado, sin despegarse del liberalismo económico,
plantea que las utilidades que los bienes tienen para las personas pueden ser
comparadas y no solo medidas. Por lo tanto, se puede elaborar un ranking
de utilidades pensando en ellas como factores en la evaluación del bienestar
humano. Esto hubiera sido impensable para la economía neoclásica en la
medida en que cualquier mirada exterior4 (en adelante, K) que evaluara la
utilidad individual violaría los principios de libre elección de los bienes, ya
3 En el presente artículo el análisis se centra en la crítica a la economía utilitarista, en la medida
en que la conceptualización de Sen se desarrolla a partir de la discusión con ella.
4 En la bibliografía especializada las referencias a esta mirada exterior se hacen con la
nomenclatura K.
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que el individuo sería el único juez legítimo para seguir las metas que se
proponga. De ahí que el umbral5 (en adelante, Z) de utilidad sea diferente
en cada caso para el enfoque utilitarista. En segundo lugar, Sen critica al
enfoque utilitarista por no tener en cuenta las características de los bienes ni
el funcionamiento que estos tienen para las personas, que incluso trasciende
la propia concepción material. La limitación del utilitarismo al desconocer los
logros sociales que van más allá del bienestar individual6 se anclarían en una
ontología egoísta (base del homo economicus) que olvida el comportamiento
humano efectivo (San José, 1999).
La noción de libertad en sentido positivo es central en Sen y tiene mucho
que ver con el concepto de capacidades (capabilities), pero es conveniente
adentrarse aún más en el calado conceptual del enfoque de funcionamientos
para finalmente volver a la noción de capacidades. Sen dirá que la mera
posesión de bienes (commodities) por parte de las personas no basta para
evaluar el impacto que estos tienen en su bienestar y en cómo contribuyen
a su felicidad. En este sentido, cita como ejemplo el caso de una persona
portadora de una patología parasitaria:7 su consumo de una cierta cantidad de
alimentos seguramente resultará insuficiente, mientras que una persona sana
tendrá más que satisfecha su necesidad nutricional con la misma ración. Para
superar esta limitación conceptual propia de la idea de igualdad que sustenta el
utilitarismo, Sen introduce dos conceptos clave. En primer lugar, introduce a
las características8 (characteristics) como aquellas propiedades deseables de
los commodities, que, sin embargo, tampoco brindan información sustantiva
sobre lo que las personas pueden hacer efectivamente con ellas.
Por lo tanto, en una segunda instancia propone a los funcionamientos
(functionings) de los bienes como los logros obtenidos por las personas
a partir del uso de un determinado bien. El funcionamiento sería, de esta
manera, la instancia intermedia en términos temporales entre los bienes y
la utilidad (planteada en términos de felicidad). De modo que Sen propone
un enfoque de evaluación del bienestar basado en los funcionamientos que
supera ampliamente al utilitarista, ya que tiene en cuenta las características
de los bienes y es capaz de comparar las mediciones del bienestar de las
5 En los estudios de pobreza suele denominarse a los umbrales de medición con la letra Z
(Fernández, 2010).
6 En el planteamiento de Sen (1987) existen dos grandes visiones en torno a los intereses de
las personas. Estas radican en el “bienestar” y la “ventaja”: mientras que el bienestar está
relacionado con los logros de una persona y en cómo estos resultan en mayor calidad de vida y
felicidad, la ventaja está asociada con las oportunidades y tendría un mayor potencial explicativo
para el bienestar que el bienestar en sí mismo, ya que en el acceso a las oportunidades se
encuentra la capacidad de agencia de las personas.
7 Al ejemplo citado por el autor se podrían agregar los casos de los celíacos, los diabéticos o las
embarazadas, entre otros.
8 Las características de los bienes podrían ser, a modo de ejemplo, los valores nutricionales de
los alimentos.
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personas desde K, así como también de establecer un Z basado en los
funcionamientos y la libertad necesaria para el desarrollo de las capacidades,
al mismo tiempo que mantiene la premisa liberal de que los individuos tienen
capacidad de agencia para elegir qué vida quieren vivir, qué bienes comprar,
qué parejas tener y qué hacer en sus horas de descanso, por nombrar algunos
de los funcionamientos posibles. Asimismo, este razonamiento permite
conceptualizar a la pobreza de un modo universal/absoluto en cuanto al
acceso a las capacidades y los funcionamientos derivados de ellas, y fundar
un concepto relativo de la pobreza en lo que tiene que ver con el acceso
a los diferentes bienes y sus características, que varían de acuerdo con las
diferentes culturas y momentos históricos.
De esta forma, Sen plantea matemáticamente el enfoque de los
funcionamientos con las siguientes ecuaciones:
1) bi = fi (c(xi))
En esta ecuación, x representa los bienes (commodities) que la persona
i posee, c es la función de las características de los bienes y el vector f
representa a los funcionamientos de determinada persona i (el patrón de uso
de los bienes, qué puede hacer esa determinada persona con ellos y cuáles
son sus logros). Finalmente, y como resultado, el vector bi refiere a los
funcionamientos alcanzados por las personas.
Esto da lugar a la ecuación de felicidad, siempre entendida en relación
con los funcionamientos:
2) ui = hi (fi(c(xi))
En la presente ecuación, se agregan los vectores h y u, siendo h la
función de felicidad relacionada con los funcionamientos logrados por las
personas i, mientras que la función u es la evaluación del bienestar (utilidad)
de las personas con base en el producto de funcionamientos y felicidad de
las personas i.
Planteado de esta manera el enfoque de funcionamientos, toca definir
las capacidades (Q) como la libertad que tienen las personas de adquirir
los bienes x con determinadas características c y de optar por una serie de
funcionamientos f que deriven en logros y bienestar en sus vidas. Es así que
la libertad positiva tiene que ver con las oportunidades de las que disponen
las personas para su desarrollo pleno y el derecho a decidir sobre sus bienes,
en su capacidad de agencia. Matemáticamente, la ecuación que incluye a las
capacidades y a las titularidades (entitlements, en el sentido de derechos a
acceder a determinadas capacidades, representados por X) y al conjunto de
funcionamientos F elegidos por las personas i se desarrolla de la siguiente
forma:
3) Qi (Xi) = [bi | bi = fi (c(xi)) para algunos
fi (·) ϵ Fi, y para algunos xi ϵ Xi]
En la coronación de la obra de Sen, se destaca la noción de libertad
positiva y también se pone de relevancia un tipo de racionalidad que tiene
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que ver con el comportamiento humano efectivo basado en la ética y que
trasciende la racionalidad utilitarista basada en la maximización de beneficios.
Las capacidades funcionales centrales: el aporte de Nussbaum
Uno de los reproches conceptuales que se le han formulado a Sen tiene que
ver con la no elaboración de una lista o un set de capacidades y funciona-
mientos. La filósofa estadounidense Martha Nussbaum (2000) desarrolla en
su obra esta crítica a Sen, además de poner en el tapete la cuestión de las des-
igualdades de género, haciendo énfasis en la precaria situación de las mujeres
de los países en desarrollo (tomando como referencia a India) en las postri-
merías del siglo XX. De este forma, Nussbaum, quien se define como una
pensadora neoaristotélica y feminista, comparte el concepto de capacidades y
funcionamientos formulado por Sen, pero va aún más lejos, en busca de una
legitimación legal de las capacidades en la construcción de un universalismo
transcultural que tenga en cuenta la dignidad humana y la noción aristotélica
de ser en acto y ser en potencia, en cualquier sociedad y cultura.
Nussbaum propone que las capacidades y los funcionamientos deberían
ser parte del orden constitucional de los Estados nacionales, al mismo tiempo
en que hace hincapié en el umbral de satisfacción de estas capacidades, para
lo cual desarrolla una lista de “capacidades funcionales humanas centrales”,9
concebida como una taxonomía universal, aunque abierta a cambios sujetos a
la especificidad histórica de las distintas sociedades y circunstancias locales.
El set propuesto por Nussbaum consiste en las siguientes capacidades:
1) la vida: todas las personas tienen derecho a vivir temporalmente una
vida normal, es decir, no morir prematuramente y vivir una vida
digna de ser vivida;
2) salud corporal: también tienen derecho a ser capaces de tener buena
salud, incluyendo la reproductiva, y a tener una alimentación y
vivienda adecuadas;
9 La autora distingue tres tipos de capacidades, entre las que incluye a las básicas, las internas
y las combinadas. Las capacidades básicas consisten en aquellas referentes al goce de salud
corporal, base necesaria para poder llevar adelante funcionamientos: poder ver y poder oír.
Volviendo a sus raíces aristotélicas, Nussbaum dice que: “A newborn child has, in this sense,
the capability for speech and language, the capability for love and gratitude, the capability for
practical reason, the capacity for work” (Nussbaum, 2000, p. 84). Las capacidades internas,
por otro lado, refieren al estado de desarrollo de la persona misma, en los requerimientos
personales propios para el desarrollo de funcionamientos. Finalmente, las capacidades
combinadas son aquellas que integran las capacidades básicas como las premisas físicas y
materiales mínimas necesarias para el desarrollo del funcionamiento, así como también las
capacidades internas de madurez y desarrollo propicios para dicho funcionamiento. La lista de
capacidades centrales consistiría entonces en capacidades combinadas y la autora argumenta
que esto es una síntesis de las circunstancias materiales y sociales de las personas.
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3) integridad corporal: refiere a libertad de movimiento, en el
entendido de que las personas son soberanas de su cuerpo; aquí se
hace hincapié en la protección contra el abuso, incluyendo el infantil
y sexual, contra la violencia doméstica y los asaltos, así como a las
oportunidades para la satisfacción sexual y la reproducción;
4) sentidos, imaginación y pensamiento: dentro de esta dimensión,
Nussbaum propone la capacidad que hace vivir una vida
“verdaderamente humana”: desde la alfabetización y el acceso a un
sistema educativo capaz de desarrollar el pensamiento crítico en las
personas y la autoexpresión, hasta la libertad de expresión y de culto;
5) emociones: capacidad referida a poder amar y cuidar a otras personas
y a tener un desarrollo emocional sin impactos provocados por la
ansiedad o el miedo, fruto de abusos o negligencia;
6) razón práctica: ser capaz de formar una concepción del bien y de
planificar la propia vida;
7) afiliación: la autora propone una división en lo referente a la presente
dimensión: por un lado, destaca la importancia del reconocimiento
social y la empatía entre la persona y los otros, resaltando a la amistad
como una de sus instancias clave, y, por otro lado, enfatiza la protección
contra discriminaciones por raza, sexo, religión, casta, etnia u origen
nacional. Asimismo, la afiliación tiene que ver con el acceso a un
trabajo digno, a la vez que implica el desarrollo de una razón práctica
sobre el plan de vida de la persona, la autoestima y la no humillación;
8) otras especies: tener en cuenta, respetar y proteger la fauna y flora y
el mundo de la naturaleza en general;
9) jugar: disfrutar de actividades recreativas, poder reír;
10) control sobre el entorno de uno: el entorno de las personas es
presentado en una faceta política, que comprende el acceso a la
participación política y protecciones a la libertad de expresión y
asociación, y una faceta material, que versa sobre el derecho a tener
bienes, tierra y empleo, todo en igualdad de condiciones con respecto
a las demás personas y no solo formalmente, sino en términos de
oportunidades reales (Nussbaum, 2000).
Cabe señalar varias cuestiones respecto a la lista de capacidades
funcionales humanas centrales propuesta por Nussbaum. En primer lugar,
se destaca la novedosa incorporación de los derechos y garantías necesarias
para el desarrollo personal de mujeres y niños, que, en consonancia con los
Objetivos del Milenio,10 persigue el objetivo de empoderar a las mujeres
10 En el año 2000, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó una
declaración con base en una serie de objetivos comunes a todos los países, entre los que destaca
la necesidad de consolidar la igualdad entre varones y mujeres, posicionando en la agenda
pública global las desigualdades de género (ONU, 2000).
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y discutir desde una perspectiva feminista sus roles tradicionales. Por otro
lado, también es destacable la preocupación por el medioambiente, las otras
especies del mundo animal y las capacidades referidas a funcionamientos
que exceden las características de bienes/recursos materiales: el cultivo
de las emociones y la razón práctica, así como la necesaria participación
en la vida política de las sociedades. Nussbaum rescata del marxismo la
necesidad de oportunidades reales en el plano de las condiciones materiales
de existencia, en detrimento de una mera formalidad legal y burguesa, pero
esto no tiene ningún tipo de concesión en su visión liberal sobre las garantías
constitucionales de la democracia y la libertad política: en otras palabras,
el bienestar material no podría estar por encima de la libertad individual y
política de las personas.
La teoría de las necesidades humanas
La génesis contextual en que se desarrolla la teoría de las necesidades hu-
manas de Len Doyal y Ian Gough (1994) está signada por la consolidación
y predominancia de políticas neoliberales impulsadas por el ascenso de lo
que los autores denominan la “nueva derecha”, a principios de la década del
ochenta. Esto habría signado un paisaje marcado por la decadencia de los
Estados de bienestar y las políticas redistribucionistas en Europa occidental.
La propuesta desarrollada por Doyal y Gough es presentada como una alter-
nativa al neoliberalismo y conservadurismo político. La marcada impronta
neokantiana de los autores, por otro lado, se ve reflejada en su intención de
dar universalidad y objetividad a las necesidades humanas básicas, además
de reconocer que son constructos sociohistóricos, rechazando las visiones
naturalistas (defendidas por el utilitarismo y las políticas neoliberales), relati-
vistas y culturalistas de la necesidad. A diferencia del enfoque de capacidades
propuesto por Sen, la obra de Doyal y Gough rompe con los preceptos del
liberalismo económico, estableciendo necesidades universales y objetivas y
un rol preponderante del Estado en las políticas públicas. Esta ruptura, que
se aleja del enfoque de las capacidades, logra encuadrarse en el liberalismo
político por su férrea defensa del sistema democrático y republicano. En este
sentido, se asemeja más a la versión de las capacidades humanas centrales
propuesta por Nussbaum.
Los aportes realizados por la teoría de necesidades humanas de Doyal y
Gough son fundamentales en la construcción de la perspectiva multidimensional
contemporánea sobre la pobreza. Estos teóricos argumentan que existen
dos tipos de necesidades humanas básicas de características universales y
objetivas: por un lado, la necesidad concerniente a la supervivencia y a la salud
física y, por otro, aquella relativa a la autonomía individual, convirtiéndose
en condiciones sine qua non de toda acción individual para cualquier cultura
o sociedad y posibilitando la participación efectiva en la vida social con el
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fin de lograr cualquier objetivo que se considere valioso. La satisfacción de
estas necesidades básicas es un prerrequisito fundamental para el desarrollo
personal de los individuos en el marco de la participación en la vida social de
cada cultura y sociedad:
“Toda nuestra vida, aun cuando estemos solos, está dominada por lo que
aprendemos de otros, por cómo valoran lo que creen que hemos aprendido
y cómo reaccionan a los cambios de nuestras acciones sobre la base de
dicha valoración. En otras palabras, desarrollamos una concepción propia
de quiénes somos a través del descubrimiento de lo que somos o no capaces
de hacer, un logro que se basa en nuestra participación en la vida social.”
(Doyal y Gough, 1994, p. 79).
Al igual que Nussbaum, Doyal y Gough le reprochan a Sen el no haber
elaborado una lista sistematizada sobre las capacidades y los funcionamientos
correspondientes, conceptos que los autores dicen compartir, y, en este sentido,
pretenden incorporar el enfoque de Amartya Sen en su propia teoría. Para
esto, desarrollan los conceptos de satisfactores y necesidades intermedias,
de manera de poder “operacionalizar” las mencionadas necesidades básicas
de salud física y autonomía individual. De esta forma, se refieren a las
características de satisfactores universales como necesidades intermedias:
“[…] pueden así definirse como aquellas cualidades de los bienes, servicios,
actividades y relaciones que favorecen la salud física y la autonomía
humanas en todas las culturas. Por ejemplo, el aporte diario de calorías para
un grupo determinado de personas constituye una característica de casi todos
los productos alimenticios cuya relevancia es común a todas las culturas.
[…] La categoría de características de satisfactores universales tiende así el
puente crítico entre las necesidades básicas universales y los satisfactores
relacionados con lo social.” (Doyal y Gough, 1994, pp. 201, 202).
Esta apreciación conceptual tiene una cierta analogía con el enfoque de
funcionamientos en Sen, que era ubicado como la instancia temporalmente
intermedia entre el uso de los bienes y sus características y la utilidad entendida
en términos de felicidad a partir de los funcionamientos. En la constitución
de la taxonomía de necesidades intermedias elaborada por Doyal y Gough, la
necesidad básica de supervivencia y salud física se propone en un formato de
satisfactores universales planteados en términos negativos (siendo la privación
de dichas necesidades una carencia inaceptable): 1) alimentos nutritivos y
agua limpia; 2) alojamientos adecuados para la protección; 3) ambiente laboral
desprovisto de riesgos; 4) medio físico desprovisto de riesgos; y 5) atención
sanitaria apropiada. Por otro lado, las necesidades intermedias referidas a la
necesidad básica de autonomía individual se distribuyen de la siguiente manera:
6) seguridad de la infancia; 7) relaciones primarias significativas; 8) seguridad
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Discusiones teóricas contemporáneas sobre pobreza 125
física; 9) seguridad económica; 10) enseñanza adecuada; y 11) seguridad en el
control de nacimientos y en el embarazo y parto (Doyal y Gough, 1994). Los
autores remarcan, al igual que Martha Nussbaum, la inclusión de la necesidad
intermedia número 11 como el reconocimiento a las especificidades biológicas
de las mujeres, en el marco de un necesario empoderamiento desde las políticas
sociales dirigidas al alivio de la pobreza.
La legitimación11 de las necesidades humanas básicas y sus satisfactores
y necesidades intermedias descansa en el modelo biomédico y en los
derechos humanos, respectivamente. De este modo, Doyal y Gough también
adhieren al liberalismo político, en cuanto a que consideran que debe existir
necesariamente una serie de premisas políticas para el correcto desarrollo
de las personas y para la optimización de la satisfacción de las necesidades
básicas. Desde el liberalismo económico, se podrían realizar fuertes críticas
a la teoría de las necesidades humanas, en la medida en que la presencia de
K determinando las necesidades humanas básicas y sus satisfactores sería,
en el mejor de los casos, una violación flagrante a la libre elección de los
individuos.
Finalmente, otra de las coincidencias de la conceptualización de Doyal y
Gough con la teoría de Sen tiene que ver con el debate entre pobreza absoluta
y pobreza relativa. Para estos autores, las necesidades intermedias tomarían
una forma universal, mientras que sus satisfactores serían históricamente
variables, es decir, relativos. A modo de ejemplo, las necesidades intermedias
que implican la alimentación y el alojamiento serían comunes a todos los
pueblos, pero las formas de satisfacerlas serían diferentes en cada sociedad
debido a la inconmensurable diversidad de métodos gastronómicos y
arquitectura de refugios contra las inclemencias de la naturaleza.
El aporte latinoamericano a la teoría de necesidades humanas
En América Latina, destaca el enfoque propuesto por Max Neef, Elizalde y
Hopenhaym (1993), que posiciona a las necesidades humanas como elemen-
to central en el desarrollo de las personas y los países. El contexto sociohistó-
rico que signa esta producción intelectual está marcado por la predominancia
de los modelos económicos neoliberales y el fracaso de las políticas estata-
listas que llegaron a ser hegemónicas a mediados del siglo XX en gran parte
de América Latina.
De manera análoga a la argumentación de Doyal y Gough, Max Neef y
sus colaboradores plantean la necesidad de elaborar mediciones del bienestar
y de la pobreza que tengan en cuenta a las personas y no a los objetos,
poniendo como ejemplo las limitaciones del producto interno bruto (PIB)
11 Para los autores, las ciencias naturales y las ciencias sociales juegan un rol destacado en la
constitución y legitimación de las necesidades humanas.
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como indicador social y de calidad de vida. Otra de las coincidencias de Max
Neef y su equipo con los enfoques antes presentados tiene que ver con la
distinción entre las “necesidades humanas fundamentales” y sus satisfactores.
El argumento en este sentido es que mientras las primeras adquieren una
significación universal, objetiva y que aplica a todos los períodos históricos,
los satisfactores son relativos y varían según las diferentes culturas. Las
necesidades humanas son clasificadas por estos autores de la siguiente forma:
“En este documento se combinan dos criterios posibles de desagregación: según
categorías existenciales y según categorías axiológicas. Esta combinación
permite operar con una clasificación que incluye, por una parte, las necesidades
de Ser, Tener, Hacer y Estar; y, por la otra, las necesidades de Subsistencia,
Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y
Libertad.” (Max Neef, Elizalde y Hopenhaym, 1993, p. 37).
Asimismo, los autores prefieren hablar de “pobrezas” y no de pobreza, a
la que consideran atada a un principio economicista de asignación de recursos.
Las pobrezas se dan en aquellas categorías de necesidades axiológicas
descritas antes, donde no existe una satisfacción adecuada, produciéndose así
una serie de “patologías” sociales que los autores identifican como desempleo,
hiperinflación, patologías políticas (por ejemplo, la falta de libertad de
expresión), miedo, violencia, marginación y exilio. Las necesidades humanas
fundamentales no solo deben ser abordadas por un enfoque de carencias,
sino también desde la potencialidad que encierran, transformándolas, en una
construcción dialéctica entre carencia y potencialidad, potenciando de esta
manera, valga la redundancia, la subjetividad y el desarrollo individual y
colectivo.
La matriz12 de necesidades y satisfactores propuesta por Max Neef,
Elizalde y Hopenhaym muestra muchas semejanzas con la elaborada
por Doyal y Gough y con la lista de capacidades funcionales humanas
centrales de Martha Nussbaum. Asimismo, proponen formas no deseadas
de satisfacción de necesidades, que incluyen supuestos satisfactores
“violadores o destructores”, por ejemplo, el armamentismo, que pretende
satisfacer la necesidad de protección, pero que, en definitiva, niega
la posibilidad de satisfacer las necesidades de subsistencia, afecto,
participación y libertad. En este sentido, también se destaca la existencia
de “pseudosatisfactores”, un ejemplo de los cuales sería la explotación
12 Debido a que la matriz taxonómica de necesidades y satisfactores elaborada por Manfred Max
Neef y sus colaboradores es extensa, se enumeran en el presente trabajo los tipos de necesidades
humanas fundamentales, entendiendo que los satisfactores más comunes propuestos por el
autor han sido mencionados a lo largo del trabajo: desde la alimentación, la vivienda adecuada,
el acceso a la educación y a la salud hasta la libre participación en la vida social y política. Por
razones de espacio, no se desarrolla de manera exhaustiva la citada matriz (disponible en Max
Neef, Elizalde y Hopenhaym, 1993, pp. 53, 54).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp.115-129.
Discusiones teóricas contemporáneas sobre pobreza 127
desmedida de recursos naturales, que aparenta satisfacer la necesidad de
subsistencia. Una tercera categoría de satisfactores no deseados incluye
a los satisfactores “inhibidores”, que “[…] salvo excepciones, se hallan
ritualizados, en el sentido de que suelen emanar de hábitos arraigados”
(Max Neef, Elizalde y Hopenhaym, 1993, p. 58). Los ejemplos ofrecidos
en este sentido oscilan entre familias sobreprotectoras, producción de
tipo taylorista y aulas autoritarias. Finalmente, los autores mencionan a
los satisfactores “singulares”, que, por sus atributos, buscan satisfacer una
necesidad a la vez. En sus formas institucionales, estos satisfactores serían el
voto (participación), los programas asistenciales de vivienda (subsistencia)
o el ejército profesional (protección). Para solucionar los problemas
que encierra este tipo de satisfactores, los autores proponen una serie de
satisfactores “sinérgicos”, a los que reconocen como contrahegemónicos
pero que, en su afán de satisfacer una necesidad determinada, contribuyen
a la satisfacción simultánea de las demás. En el presente trabajo se quiere
destacar a la lactancia materna, la producción autogestionada, la educación
popular, la existencia de organizaciones comunitarias democráticas y la
democracia directa como algunos de los satisfactores sinérgicos más
relevantes.
Conclusiones
Este artículo intentó hacer un repaso de las teorías que fundamentan un con-
cepto multidimensional de la pobreza, que se torna absoluto en el espacio de
las capacidades/funcionamientos/necesidades y relativo en lo concerniente a
bienes/satisfactores. Como se ha planteado durante el trabajo, las diferencias
más agudas entre los enfoques de capacidades y funcionamientos y el de la
teoría de las necesidades humanas radican en la tesitura más o menos liberal
de dichas perspectivas. Aunque en las dos visiones existe una declarada ad-
hesión al liberalismo en sus diferentes formas, Amartya Sen logra elaborar
un ranking de las utilidades, con base en su enfoque de los funcionamientos,
que el utilitarismo ignoraba debido a su desconocimiento de las característi-
cas de los bienes. De esta manera, el K propuesto por Sen no viola los prin-
cipios liberales de la libre elección individual de vivir y ser feliz, al mismo
tiempo que reconoce un núcleo irreductible de privaciones asociado a reque-
rimientos nutricionales. El enfoque de la teoría de las necesidades humanas
es netamente liberal en lo político, pero no desde el punto de vista econó-
mico: Doyal y Gough proponen un K decididamente ajeno a las elecciones
individuales, basado en una legitimación biomédica y legal de la salud física
y la autonomía individual, respectivamente. Su concepción de pobreza es, al
igual que en el enfoque de los funcionamientos, absoluta en lo concerniente
a las necesidades, pero relativa en cuanto a los satisfactores.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 115-129.
128 Diego Amarilla
Otros puntos a destacar son las contribuciones que han hecho las
diferentes perspectivas de acuerdo con su contexto histórico. El enfoque
de las capacidades/funcionamientos desarrollado por Sen en las décadas
siguientes a la segunda posguerra pone en entredicho las bondades del PIB
como indicador de bienestar social, planteando la ambiciosa construcción de
un Z capaz de medir y comparar el bienestar del individuo. A la postre, este
avance conceptual llevó nada más y nada menos que a la elaboración del
índice de desarrollo humano (IDH), que ha marcado sin dudas un clivaje en la
historia de la medición de bienestar de los países, dando lugar a la elaboración
de políticas públicas más consistentes con las diferentes realidades. Martha
Nussbaum, por su parte, retoma el planteamiento de Sen desde una mirada
feminista que pone en el centro de la cuestión social a las mujeres y los niños,
haciendo énfasis en los países en desarrollo, lo que marca el comienzo de una
nueva era en las postrimerías del siglo XX.
Finalmente, Doyal y Gough, en pleno colapso del bloque comunista en
Europa oriental y sin deslindarse del liberalismo político, plantean un papel
estatal relevante en la economía y en la vida social, en el marco de un auge
global de políticas promercado y de una reorganización geopolítica que
consolidaba a las democracias liberales occidentales como las hegemónicas
portadoras de legitimidad, con una profunda crisis de los modelos de bienestar
socialdemócratas. En esta sintonía, Max Neef y sus colaboradores reconocen
el fracaso de las políticas estatalistas y neoliberales en América Latina,
proponiendo el modelo de desarrollo a escala humana como alternativa.
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Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en su totalidad por Diego Amarilla.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 115-129.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.6
Análise do processo de ressocialização
O método da Associação de Proteção
e Assistência a Condenados
Lucas Sena de Souza Dembogurski, Dijaci David de
Oliveira e Telma Ferreira Nascimento Durães
Resumen
O sistema penitenciário brasileiro apresenta diversos problemas estruturais: superlotação, violação
de direitos e altos índices de reincidência. O motivo deste conjunto encontra-se na ineficácia das
políticas públicas direcionadas às instituições penais no país, que não oferecem condições dignas
para sobrevivência das pessoas em situação de privação de liberdade. Contudo, desde a década
de 1970 metodologias alternativas, como as aplicadas pela Associação de Proteção e Assistência
a Condenados (APAC), vem demonstrando resultados positivos em relação à ressocialização de
presos. Neste trabalho pretendemos analisar as metodologias aplicadas pela APAC por meio uma
revisão da literatura acerca desta experiência prisional.
Palabras clave: APAC, sistema penitenciário, ressocialização, reincidência, humanização.
Abstract
Analysis of the resocialization process. The method of Protection and Assistance to the Convicted
Association
The prison system in Brazil is overcrowded, with rights violations and high rates of recurrence. The
problem lies in the ineffectiveness of the public policies directed at the penal institutions in the
country, which is not worthy of conditions for people in situations of liberty deprivation. However,
since 1970, alternative methodologies, such as the Nations by the Protection and Assistance to
Convicted Association (APAC), have been showing positive results regarding the re-socialization of
prisoners. In this work we intend to analyze the methodologies applied by APAC through a review of
the literature on prison experience.
Keywords: APAC, penitentiary system, resocialization, recidivism, humanization.
Lucas Sena de Souza Dembogurski: Possui graduação em Relações Internacionais pela
Faculdade Anglo Americano, Direito pela Universidade Anhanguera-Uniderp. É mestre em
Sociologia pela Universidade Federal de Goiás.
ORCID iD: 0000-0003-0463-6543
Email:
[email protected] Dijaci David de Oliveira: Possui graduação em Sociologia pela Universidade de Brasília,
mestrado em Sociologia pela Universidade de Brasília e doutorado em Universidade de
Brasília. É professor da Faculdade de Ciências Sociais (Universidade Federal de Goiás).
ORCID iD: 0000-0002-8975-2190
Email:
[email protected] Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Telma Ferreira Nascimento Durães: Possui graduação em Ciências Sociais pela
Universidade Federal de Goiás (1984) e doutorado em Sociologia e Ciência Política -
Universidad Complutense de Madrid (2004). É professora da Faculdade de Ciências Sociais,
da Universidade Federal de Goiás.
ORCID iD: 0000-0001-9628-0710
Email: [email protected]
Recibido: 12 de marzo de 2020
Aprobado: 9 de junio de 2020
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Análise do processo de ressocialização 133
Introdução
Neste artigo abordaremos as metodologias penais alternativas propostas
pela Associação de Proteção e Assistência ao Condenado (APAC) para
enfrentar os problemas vivenciados pela população carcerária no Brasil. O
objetivo é apreender se as estratégias diferenciadas de aplicação de penas,
aos indivíduos que cometeram crimes, apresentadas por esta instituição, têm
mostrado resultados positivos em relação ao sistema prisional tradicional.
Partimos do pressuposto de que a metodologia adotada apresenta resultados
otimistas no que se referem aos índices de violência nos presídios, à taxa
de reincidência; aos custos de manutenção do sistema e ao processo de
ressocialização dos presos.
No Brasil tanto o sistema de segurança pública quanto o sistema de justiça
criminal não conseguem responder às demandas da sociedade. Segundo o 9º
Anuário Brasileiro de Segurança Pública, publicado em dezembro de 2016
pelo Fórum Brasileiro de Segurança Pública, pelo menos 58.497 pessoas
foram mortas de forma violenta no Brasil em 2014. O número registrado em
2013 é de 53.646. Somando todas as categorias de mortes violentas o Brasil,
em 2014, apresenta uma taxa de 28,8% mortes para cada 100 mil habitantes.
Neste mesmo ano 398 policiais foram mortos e 3009 pessoas morreram pelas
mãos de agentes policiais. A 11º edição do Anuário, publicada em outubro de
2017, registra que no ano de 2016 o Brasil teve 7 pessoas assassinadas por
hora, com 61.283 mortes violentas intencionais, maior número já registrado
no país. Neste mesmo período 453 policiais militares e civis foram vítimas de
homicídio e 4.222 pessoas foram mortas em decorrências de intervenções de
policiais. Esses números exemplificam a problemática situação da segurança
pública no Brasil, onde a atuação das forças de segurança contribui para o
alto índice de violência criminal.
Com relação ao sistema prisional a realidade brasileira também
é problemática. Segundo o Levantamento Nacional de Informações
Penitenciárias - Infopen (Infopen, 2017)1, o número de pessoas privadas de
liberdade no Brasil, até junho de 2017, atingiu o número de 726.354, ou
seja, 349,78 presos para cada 100 mil habitantes, considerando apenas os
indivíduos que cumprem pena em estabelecimentos penais. Entre os anos
1 Optou-se por não realizar atualização das informações fornecidas pela Infopen devido à
imprecisão das informações geradas pelo governo brasileiro a partir do ano de 2018.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
134 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
2000 e 2017 a população do sistema carcerário brasileiro aumentou mais de
150%. Índice superior ao crescimento populacional do mesmo período. Em
2017 o déficit de vagas no sistema foi de 303.112. Em números absolutos e
relativos o Brasil apresenta a quarta maior população prisional do mundo.
O número aproximado de unidades prisionais é de 1.424, seria necessário
a construção de mais de 5 mil estabelecimentos em 15 anos para comportar
esse quantitativo de indivíduos (Ministério da Justiça, 2014).
O relatório divulgado pela Anistia Internacional coloca o Brasil no topo
dos países mais violentos do mundo (Amnesty International, 2017). São mais
de 100 homicídios por dia. Segundo o documento a sensação de impunidade
é favorece o aumento da violência criminal no país, na medida em que 85%
dos homicídios não são solucionados. O relatório relaciona como principais
fatores para a crise da segurança pública a violência policial, registros
de tortura e a falência do sistema prisional. A reincidência e as péssimas
condições estruturais das unidades prisionais também favorecem aos altos
índices de violência. Sete em cada 10 presos voltam a praticar crimes
(Amnesty International, 2017).
No Brasil, em junho de 2017 foram registrados 235.241 presos
provisórios; totalizando 33,29% da ocupação de vagas no sistema prisional.
Os presos que cumprem pena em regime fechado ocupavam 43,57% das
vagas (Infopen, 2017). A presença de uma numerosa população encarcerada
sem condenação é um dos gargalos do sistema, onde o número de presos é
excessivo em relação ao número de vagas.
Gráfico 1. Distribuição percentual de vagas por tipo de regime ou natureza da
prisão no Brasil, dezembro de 2017
6,02%
16,72%
33,29%
Prisão provisória
Regime fechado
Regime semiaberto
43,57%
Regime aberto
Fonte: Infopen, jul/2017. * Pessoas sentenciadas a tratamento ambulatorial não ocupam vaga no sistema
prisional.
Metodologia
Este estudo se trata de uma pesquisa bibliográfica, que buscou identificar por
meio da literatura produzida no Brasil acerca do sistema penitenciário estatal,
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Análise do processo de ressocialização 135
assim como da experiência do sistema APAC. A metodologia de pesquisa
bibliográfica permite a descrição e análise acerca de assuntos já produzidos,
mas que ainda não possibilitem uma análise sistematizada (Rother, 2007).
Para tanto se analisou artigos, livros, outros documentos bibliográficos tais
como relatórios e levantamentos realizados por governos locais e federal
(Andrade, 2010), bem como trabalhos científicos sobre o assunto. A busca
foi realizada nas seguintes bases informatizadas de artigos indexados:
Scientific Eletronic Library On Line (SciELO), Scientific Periodicals
Electronic Library (SPELL) e Portal de Periódicos da Coordenação de
Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior (Capes). Para a busca dos
artigos foram utilizadas as seguintes combinações de palavras: APAC, centro
de ressocialização, reincidência criminal, condições prisões, método APAC,
metodologia APAC, sistema prisional e comunicação interna, havendo
uma seleção de artigos e relatórios publicados entre 2000 e 2017 que
abordassem acerca das metodologias aplicadas no sistema APAC no sistema
penitenciário brasileiro vigente nas prisões federais e estaduais, assim
como as condições e características tanto física das prisões quanto de sua
administração, comportamento das populações carcerárias dos respectivos
métodos aplicados e legislações vigentes.
Os livros selecionados para a realização deste trabalho foram escolhidos
devido à representatividade e respeitabilidade que seus autores possuem no
campo acadêmico, com ênfase nas publicações da área de ciências sociais.
Como a divulgação da experiência da APAC tem se restringido ao Brasil,
foram excluídos artigos de outros idiomas que não fossem a língua portuguesa
pela dificuldade de encontrar trabalhos que abordassem sobre o assunto.
Sistema punitivo no Brasil
Os Estudos e investigações acerca da realidade carcerária, tanto no Brasil
quanto em outros países, ocorrem no âmbito da criminologia. Com disciplina
científica a criminologia experimentou diversas mudanças desde seu
surgimento até os dias atuais. Todavia, convencionou-se apontar que dois
paradigmas têm norteado os debates em torno de seu objeto e metodologia:
a criminologia positivista e a criminologia crítica. Wacquant, desde esta
perspectiva, contribui para pensar a realidade no Brasil.
A sociedade brasileira é marcada historicamente pelas desigualdades
sociais e ausência de mecanismos e instituições democráticas que possam
diminuir a diferença social existente entre classes. Somado a isto, a adoção
do neoliberalismo pelo Estado e pelas classes de elite criam um paradoxo
apontado por Wacquant (1999): aumenta-se o aparato de repressão do Estado
por meio de força policial e prisões na tentativa de remediar a insegurança
generalizada causada pela ausência de Estado nos campos políticos e
econômicos.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
136 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
Sem aparatos políticos, econômicos ou sociais que possam diminuir a
pobreza e miséria, e marcados por uma longa tradição de marginalização e
racismo, as classes mais pobres e marginalizadas enfrentam um aparato de
opressão maior que as demais classes. Ademais, o fator etnorracial implica
o uso de penas mais rígidas a negros que a brancos (Wacquant, 1999;
Adorno, 1995). O resultado deste conjunto de fatores pode ser verificado na
composição da população carcerária no Brasil.
De acordo com relatórios do Conselho Nacional de Justiça - CNJ (2014),
a maior parte da população prisional brasileira está composta por negros,
jovens com pouco acesso à educação. Outros relatórios apontam que o índice
de apenados que estão na faixa etária entre os 18 e 29 anos é de 65,4%, ao
passo que aqueles que são analfabetos ou que têm educação até o ensino
fundamental somam a cifra de 75,1%, enquanto que os crimes realizados por
detentos com nível superior não passam de 2% (IPEA, 2015).
Se por um lado as classes mais pobres são mais punidas e vigiadas, as
classes mais abastadas são seduzidas por discursos que perpetuam a estrutura
de repressão. Por meio de uma linguagem baseada em dados estatísticos e
orientada para quantificação e classificação de grupos sociais, a retórica do
discurso neoliberal retira do indivíduo o foco do sistema para controlar a
criminalidade e avançar em processos de reabilitação do criminoso. O discurso
que orienta as intervenções do Estado está baseado em indicadores sobre
o alto índice criminalidade e sobre expressivo número de encarceramento
no país. Essa situação não se constituiria em nenhuma discrepância se o
sistema não limitasse a indicadores que, de certa forma, possam controlar
para responder afirmativamente suas próprias demandas.
A utilização de estatísticas criminais presente no discurso do Estado não
é fenômeno recente, todavia o que se percebe é que atualmente o sistema de
justiça criminal tem como referência muito mais a identificação, classificação
e gerenciamento de grupos sociais considerados de alta periculosidade do que
corrigir e reintegrar o criminoso à sociedade. Feeley e Simon advertem que
“a inclinação do sistema em medir seu próprio sucesso, face ao seu processo
de produção, colabora para que esse se feche num modo de funcionamento
que possua apenas uma tênue conexão com os propósitos sociais da punição”
(2012, p. 21).
Ainda segundo os autores acima citados “[…] essas novas expectativas
se manifestam no desenvolvimento de formas mais custo-eficientes de
custódia e de controle e em novas tecnologias para identificar e classificar
o risco” (Feeley e Simon, 2012, p. 27). São novas formas de controle, como
por exemplo, monitoramento eletrônico, criação de centros de custódias,
entre outras, que oferecem diferentes tipos de detenção de acordo com as
possibilidades de riscos.
A previsão estatística, estratégia de gerenciamento e preocupação
com grupos estão presentes na lógica do sistema de justiça criminal já há
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Análise do processo de ressocialização 137
algum tempo, a novidade que se desenha refere-se a que as novas formas
de controle, ao separar as pessoas em diferentes categorias, afasta-se de seu
objetivo central fundado na ideia de correção visando a ressocialização e
reinserção do indivíduo à sociedade, inibindo, desta forma, a reincidência
criminal.
Loïc Wacquant, em entrevista ao jornal Folha de São Paulo em
15/05/2016 afirma que no Brasil “[…] Os tribunais agem sabidamente
com preconceito de classe e raça. E o sistema prisional é um ‘campo de
concentração’ dos muito pobres. Como você pode esperar que esse trio
calamitoso ajude a estabelecer a ‘justiça’?”. No artigo publicado em 2003
na Punishmentand Society, intitulado “Toward a dictatorship over the
poor: Notes on the penalization of poverty in Brazil” (Wacquant, 2003),
o autor apresenta uma interessante discussão sobre a atuação do Estado
penal no Brasil para responder as perturbações geradas pelos processos de
desregulamentação da economia, de desestatização do trabalho assalariado
e de pauperização do trabalhador brasileiro e ressalta como as soluções
punitivas estão direcionadas para os setores pobres da sociedade.
O sociólogo Max Weber (2004), ainda que não tenha apresentado
uma teoria que caracteriza os procedimentos punitivos, oferece um arsenal
teórico importante para compreender os processos de racionalização
implicados na burocratização do direito penal. No Estado moderno o
domínio efetivo, em termos de poder de decisão, manifesta-se no cotidiano
da administração, encontra-se nas mãos dos funcionários tanto civis como
militares muito mais que nos discursos dos parlamentares. Segundo o
autor, o Estado moderno pode ser comparado a uma “empresa” em que,
da mesma forma que em uma fábrica, a relação de dominação apresenta
um fundamento econômico importante que é a separação do trabalhador
dos meios materiais de produção na esfera da economia capitalista e
dos meios administrativos materiais na esfera da administração pública.
Em ambos a disposição sobre os meios de poder encontra-se no aparato
da burocracia. O processo de burocratização do Estado, assentado em
um direito racionalmente instituído e de normas e regras racionalmente
concebidas, encontram-se estreitamente vinculado com o desenvolvimento
da sociedade capitalista moderna fundada, sobretudo, no cálculo. Assim
como a empresa capitalista, o Estado, para sua existência, necessita de uma
justiça e de uma administração que possa ser racionalmente calculada por
normas gerais da mesma maneira que a empresa capitalista calcula seus
rendimentos (Weber, 2004, p. 530). A legitimidade do Estado encontra um
fundamento importante na eficiência dos seus próprios aparelhos.
A racionalidade da gestão pública respaldado no atuarialismo
conjuga fatores como investimento financeiro; resolução de conflitos
de interesses e legitimidade das ações estatais, ou seja, é a lógica custo/
benefício principalmente em épocas eleitorais. A relação custo/benefício é
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
138 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
o pressuposto que orienta a análise empresarial de riscos e investimentos. O
objetivo do que se pode chamar de uma política criminal autorial é regular
grupos e não punir indivíduos, identificá-los, gerenciá-los e controlá-los. O
enfrentamento ao crime não é sua finalidade última. A retórica do combate
à criminalidade se ajusta interesses políticos especialmente eleitorais. A
política criminal atuarial, adotada pelo Estado no Brasil, justifica uma forma
de gestão de custos públicos voltada para o controle seletivo de determinados
grupos. Tomando dois marcadores de desigualdade social, cor e escolaridade,
registros do Infopen (2017) informam que pessoas de cor preta/etnias pretas
e pardas totalizam 63,6% de pessoas privadas de liberdade no Brasil. Com
relação à escolaridade verifica-se que 51,3% da população carcerária possuem
o Ensino Fundamental Incompleto.
O fortalecimento do aparato punitivo do Estado no Brasil que implicou
no crescimento acelerado do encarceramento dá indicações de que estamos
diante de um esgotamento do sistema prisional. Se tomarmos como referência
os índices de criminalidade do Brasil (e de todas as tentativas de redução dos
crimes) podemos afirmar que a política de encarceramento em massa não
gerou seu principal objetivo esperado, isto é, a redução das práticas criminais
e, consequentemente, a redução dos índices de criminalidade. A superlotação
gerada pelas políticas de encarceramento atenua a eficiência do sistema
prisional devido ao déficit gerado na relação oferta e demanda de vagas no
sistema carcerário.
Somam-se à superlotação das prisões brasileiras as suas precárias
condições estruturais, organizacionais e sanitárias. As celas são espaços
inadequados para a vivência e convivência de seres humanos. São locais de
tortura física e psicológica; predomina péssimas condições de higiene, de
alimentação; assistência médica propiciando a proliferação de epidemias e
o contágio de doenças. As prisões são verdadeiras jaulas, em desrespeito
aos direitos humanos, sem as mínimas condições de abrigar os presos O
insuficiente investimento no sistema prisional por parte do Estado reflete na
carência de recursos materiais e humanos. O número de agentes prisional
é ínfimo o que favorece a ausência de fiscalização e controle do sistema.
Uma prática recorrente no Brasil é instalação do poder paralelo dos presos
em função da ausência do Estado. As prisões passaram a ser reguladas e
administradas pelos próprios detentos. São eles que ditam as regras e normas
vigentes nesses espaços ao passo que a administração prisional realiza suas
práticas de ordem e administração do local mediante delicados acordos de
paz entre a população carcerária e administração prisional (Darke e Karam,
2014; Alvarez, Salla e Dias, 2013; Braga, 2008; Batista, 2009).
A situação prisional brasileira foge às teorias determinadas por Foucault
(2006) ou Goffman (2015), a prisão não se torna um local de destruição do
“eu” ou de disciplinamento dos corpos, de modo que o sujeito volte a ser apto
ao convívio na sociedade. Ocorre a destruição do “eu” e a disciplinamento
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Análise do processo de ressocialização 139
dos corpos para a realidade prisional, tornando geralmente os sujeitos
mais hostis e violentos, fugindo completamente dos ideais de pacificação e
disciplina do sujeito para a vida em sociedade. As consequências do descaso
do poder público são sentidas em relação às dificuldades de implementação
de projetos que visem a ressocialização e recuperação de detentos. Existe uma
resistência importante de grande parte da classe política do país em direcionar
investimentos financeiros a projetos e programas que visem a melhoria
da condição dos apenados (Salla e Ballesteros, 2008). O caos encontrado
nas prisões brasileiras, a ausência de programas de ressocialização e de
capacitação escolar e profissional e a falta de acompanhamento por parte do
Estado após a saída dos apenados das instituições penais, contribuem para que
a taxa de reincidência seja de 70% (Almeida e Sá, 2013; IPEA, 2015). Diante
do quadro crítico das prisões no Brasil surgem, por iniciativa de organizações
não governamentais, várias propostas e programas de assistência aos presos
assentados em uma concepção mais humana e solidária. A APAC é constituída
neste contexto.
Associação de Proteção e Assistência ao Condenado (APAC)
Em 1972 formou-se um grupo de voluntários cristãos que objetivava a
evangelização e dar apoio moral aos presos no presídio de Humaitá na cidade
de São José dos Campos, no estado de São Paulo, sob o nome de Pastoral
Penitenciária. Inicialmente não apresentou quaisquer metodologias a serem
aplicadas ou experiências com criminosos ou prisões (Ottoboni e Ferreira,
2004). Dois anos depois, em 1974 surge a necessidade de reativação da
penitenciária de Humaitá, nesta ocasião, o Juiz da Vara de Execução Criminal
convida o grupo a gerenciar a penitenciária. Para que pudessem administrar a
penitenciária foi necessário a organização formal do grupo, surgindo assim a
APAC, instituição sem fins lucrativos que tem como objetivo a execução de
penas de modo mais humanizado.
A partir dos resultados da instituição na implementação de sua
metodologia e a diminuição da violência dentro da prisão, o sistema da APAC
recebe autorização do poder público para abertura de unidades próprias
com a finalidade de auxiliar a Justiça no cumprimento das sentenças de
condenados. De acordo com os dados levantados, o sistema APAC conseguiu
reduzir para zero o número de homicídios dentro das penitenciárias (Massola,
2005) e também reduziu o índice de rebeliões. Na unidade de Itaúna foram
registrados apenas 28 casos de fugas e evasões entre os anos de 1997 e 2008
(Júnior e Nascimento, 2009). Estes resultados favoreceram a expansão do
sistema APAC em alguns estados da federação, desempenhando o papel de
auxiliar do sistema Judiciário (Silva, 2012).
Com o intuito de melhorar a execução dos serviços prestados pelas
unidades da APAC, é criado em 1995 a Fraternidade Brasileira de Assistência
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140 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
aos Condenados (FBAC), instituição responsável pela orientação, fiscalização
e uniformidade da aplicação do método APAC em todo o Brasil. A FBAC
é filiada à Prison Fellowship International (PFI), organização consultora
das Nações Unidas para assuntos penitenciários (Alves e Mijares, 2014;
Silva, 2012). A implementação e abertura de novas sedes da APAC recebe
acompanhamento da FBAC.
O método APAC é pautado em doze princípios, sendo eles: 1) participação
da comunidade; 2) recuperando ajuda recuperando; 3) trabalho; 4) religião;
5) assistência jurídica; 6) assistência à saúde; 7) valoração humana; 8)
família; 9) serviço voluntário; 10) centro de reintegração social; 11) mérito
e 12) Jornada em Cristo (Almeida e Sá, 2013). Alguns deles são previstos na
Constituição Federal de 1988 e na Lei 7.210, também conhecida como Lei de
Execução Penal, diploma jurídico que prevê os direitos, deveres e métodos a
serem aplicados ao sistema prisional brasileiro e aos demais sistemas penais
existentes no país, como é o caso da APAC (Falcão e Cruz, 2012), contudo
raramente é aplicada em sua totalidade.
A análise destes princípios será fundamental para compreender os
valores básicos que as estratégias adotadas pela APAC para garantir um
modelo alternativo de tratamento aos apenados no Brasil. Iniciando pelo
fator comunitário, a comunidade local desempenha papel fundamental na
ressocialização do sujeito. De acordo com Moreira (2008), os preconceitos
existentes em relação a detentos, tais como a crença de que são seres
irrecuperáveis ou de que uma vez fora da prisão, o detento ou ex-detento
voltará a praticar mais crimes, impossibilita a reaproximação entre a
sociedade e o sujeito.
Assim, a APAC se propõe a desenvolver eventos e outras medidas que
possam sensibilizar e mobilizar a comunidade local para que participem
no sistema prisional (Almeida e Sá, 2013), auxiliando na resolução de
problemas e estimulando a conexão entre comunidade e recuperandos.
Esta participação pode ser também realizada por meio dos voluntários,
recrutados a partir da comunidade. O método da APAC dá preferência para
os condenados originários ou que tenham família na mesma comarca na qual
está a unidade da APAC (Silva, 2012), esta aproximação com a comunidade
auxilia na reinserção do recuperando após sua saída da instituição. Este fator,
no entanto, pode ser considerado como obstáculo àqueles que se encontram
longe de suas famílias ou àqueles que não as possui.
Uma vez adentrado ao sistema da APAC o indivíduo está sujeito a uma
série de práticas que influenciarão na sua percepção de mundo e de si mesmo.
Uma destas é o tratamento fornecido aos internos: ninguém pode ser chamado
por apelidos ou nomes pejorativos, somente pode ser tratado e identificado
pelo nome (Simões, 2014). É vedado também a utilização de nomenclaturas
como detento ou preso, os únicos termos genéricos que podem ser aplicados
são “reeducandos” ou “recuperandos” (Vargas, 2011).
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Análise do processo de ressocialização 141
A manutenção da unidade e parte de seu funcionamento é de
responsabilidade dos próprios condenados, que devem, além de organizar
e limpar as unidades, realizar pequenos reparos e preparar as refeições. Esta
responsabilização auxilia no processo de autovalorização do sujeito (Alves e
Mijares, 2014). As tarefas que devem ser executadas pelos reeducandos fazem
parte da configuração do sistema de recompensas e punições que caracteriza
a estrutura organizacional aplicada ao sistema da APAC (Cabral e Lazzarini,
2010). Aqueles que cumprem às normas, que basicamente se pautam em
um bom comportamento, organização e ordem do ambiente prisional, têm
acesso a vagas para cursos de profissionalização, além de possibilidade de
progressão de regime. A avaliação dos detentos é feita pela Comissão Técnica
de Classificação (CTC) composta por profissionais que criam parâmetros
para análise de tratamentos individualizados, por exemplo, analisar a cessão
de periculosidade devido à ausência de dependência química (Silva, 2012).
O desrespeito a estas normas, bem como a qualquer outra, como a
utilizar apelidos antigos, acarretam penalidades. A fiscalização das celas e
do comportamento dos internos é realizada pelo Conselho de Sinceridade e
Solidariedade (CSS), grupo formado pelos próprios reeducandos (Vargas, 2011).
Os desvios e desobediências às normas estabelecidas geram consequências
que variam de acordo com a gravidade. Para os desvios considerados leves,
tais como falta de higiene na cela ou utilização de apelidos, a punição dada
é a perda de lazer temporariamente ou a perda de uma vaga em algum curso
no qual foi o reeducando candidato. Faltas consideradas médias são punidas
com prisão em cela por um dia ou mais, a junção de diversas faltas pode
resultar na regressão de regime. Já aqueles que realizaram faltas graves, ou
que apresentam acúmulo de desvios pode levar o sujeito ao retorno para o
presídio tradicional (Alves e Mijares, 2014).
Outra característica presente no sistema da APAC é estranha à maioria
dos presídios tradicionais, não só no Brasil como em diversas outras partes
do mundo: a ausência de polícia ou de forças armadas dentro das unidades. A
segurança dos locais é realizada por funcionários desarmados e a prática de
qualquer irregularidade é denunciada, na maioria das vezes, pelos próprios
detentos. Esta postura contribui para a mudança na visão que os detentos a
respeito do ambiente no qual está inserido, passa-se a ver a instituição como
mais acolhedora (Alves e Mijares, 2014).
A manutenção do sistema realizada pelos sujeitos pode acontecer em
dois momentos distintos. O primeiro deles ocorre quando não houve ainda a
inauguração da unidade APAC na Comarca, para isto, dois ou três detentos, do
sistema tradicional, dispostos a se adequarem ao sistema carcerário da APAC
são levados para realizar um estágio com duração de dois ou três meses em outra
unidade APAC já em funcionamento. Após a inauguração, os reeducandos-
estagiários são encaminhados para a nova unidade acompanhados de mais dois
ou três recuperandos da outra unidade APAC onde realizaram o estágio, para
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
142 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
que haja uma melhor implementação da metodologia. O segundo momento
se dá quando novos reeducados chegam à unidade já em funcionamento,
os demais presos auxiliarão os calouros a se adaptarem às regras e normas
exigidas pela metodologia e aplicam as regras de modo permanente.
De acordo com Ottoboni e Ferreira (2004), para que haja uma plena
recuperação do sujeito, afim de que este volte a ter convívio em sociedade,
é necessário que o reeducando se sinta como um cidadão digno e útil, para
isto, o método utiliza a laborterapia com esta finalidade. A laborterapia,
técnica que visa o bem-estar biopsicossocial dos indivíduos, é adaptada para
cada um dos regimes no qual o sujeito cumpre a sua pena. Para aqueles que
estão no regime fechado utiliza-se do artesanato para melhorar a percepção
da autoimagem. De acordo com alguns depoimentos colhidos por Ottoboni
e Ferreira (2004), alguns deles percebem que são pessoas dotadas de
capacidades, aptidões e responsabilidades a partir do momento que entram
em contato com as atividades artesanais.
No regime semiaberto, a formação profissionalizante se desenvolve de
acordo com a disponibilidade de vagas nos cursos e da vontade do detento.
Nesta etapa as parcerias com outras entidades como Rotary Club, prefeitura
e outras empresas e instituições são essenciais (Falcão e Cruz, 2012), é por
meio delas que os presos não apenas poderão ter os cursos profissionalizantes,
como também poderão entrar em contato com a profissão escolhida.
Massola (2005) em sua pesquisa, demonstra que a oportunidade de
trabalho era muito importante. A unidade por ele estudada, estabelecida em
São Paulo, destinava espaços físicos para a instalação de oficinas de empresas
privadas. Apesar da rotatividade das empresas (caso a empresa perdesse o
interesse ou não mantivesse ela o mínimo necessário de trabalho), duas ou
três das cinco oficinas disponíveis sempre funcionavam. Como não havia
restrição em relação à natureza da empresa, foi registrado o funcionamento
de fábricas de produção de talheres, montagem de brinquedos, lavanderia
e várias outras. A realização de trabalhos não só oferecia oportunidades de
especialização, como também reduzia o tempo do cumprimento de pena. No
regime aberto, dedicado à reinserção do sujeito à sociedade, o recuperando
agora é incentivado a trabalhar em uma profissão definida. A APAC busca
vagas de emprego ao reeducando para que uma vez fora do sistema APAC
ele possa voltar ao convívio social.
Além do trabalho, também é organizado dentro das unidades APAC
salas de aula para atividades de ensino dos detentos respeitando o nível de
escolaridade de cada um. Os voluntários, responsáveis pelas aulas, devem
programá-las par que contemplem diferentes etapas do processo educacional:
alfabetização, ensino fundamental e Educação de Jovens e Adultos (EJA)2.
2 O EJA é uma modalidade de educação voltada para adultos que não concluíram a educação
básica. Nela os indivíduos podem concluir as séries escolares não estudadas em um período
menor de tempo em comparação à educação regular.
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Análise do processo de ressocialização 143
O voluntariado na APAC não abrange apenas atividades vinculadas
ao exercício da docência. De acordo com sua especialidade profissional
as pessoas podem se dedicar à assistência jurídica; médicas, psicológicas,
odontológicas, entre outras, ademais pode-se participar de grupos de
Valoração Humana ou do apadrinhamento de reeducandos (Miranda, 2015;
Araújo, 2013 Massola, 2005).
Os grupos de Valoração Humana são destinados à autovalorização do
sujeito por meio de métodos psicopedagógicos. Os voluntários recebem
treinamento especial para a realização destes métodos de modo permanente,
ou seja, periodicamente todos os voluntários devem realizar cursos de
reciclagem e de aprimoramento das técnicas de aplicação da metodologia da
APAC (Oliveira, 2008). Outro trabalho importante realizado por voluntários
é o de apadrinhamento de internos. Muitos sujeitos que ingressam para
cumprimento de pena na APAC originam de famílias cujas figuras paterna
ou materna deixam a desejar no cuidado físico e na formação psicológica
das crianças (Silva, 2012). Com o intuito de reverter esta situação a APAC
criou a figura dos padrinhos, uma dupla de voluntários da APAC que
desempenharão a função de dar especial orientação e cuidado ao reeducando.
Isto ocorre na tentativa de refazer em nível psicológico as imagens negativas
que o reeducando tem da família (Almeida e Sá, 2013; Ferreira, Ottoboni e
Rosalem, 2016).
Outro ponto importante a ser destacado é que o sistema APAC prioriza
os condenados que têm família na Comarca, possibilitando o contato entre a
família e o reeducando. Tal estratégia promove o fortalecimento ou manutenção
dos laços familiares com o intuito de facilitar a ressocialização e mantendo
o sujeito ainda inserido no seu meio social (Araújo, 2013). Neste sentido, a
APAC também propõe realizar um trabalho assistência à família. Três ações
mais recorrentes são o suporte psicológico, o encaminhamento aos postos de
saúde e o fornecimento de cestas básicas às famílias (Faustino e Pires, 2007).
O fortalecimento dos laços familiares também por meio de atividades
religiosas como as chamadas “Jornadas de Libertação com Cristo”. Tratam-
se de eventos com duração de três dias e têm como objetivo a assistência
religiosa, a reflexão e a reaproximação com a família. São realizadas
palestras, reuniões de grupos, cultos religiosos e testemunhos que possam
promover à valorização humana e a religiosidade (Araújo, 2013; Faustino
e Pires, 2007). Ressaltamos que a religiosidade dentro do sistema APAC é
a estratégia central utilizada. A própria origem da metodologia teve como
inspiração inicial o cristianismo. Desta sorte, diversas igrejas realizam cultos
e missas semanalmente dentro das unidades APAC (Massola, 2005).
O sistema APAC traz para o centro de suas atividades os princípios
e medidas previstas na lei 7.210/84 (Lei de Execução Penal) visando
a ressocialização efetiva dos sujeitos por meio de programas de
profissionalização e escolarização, dando oportunidades para os indivíduos.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
144 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
APAC e as relações com a comunidade externa
Nesta seção abordaremos as relações entre a APAC e a comunidade externa
local, assim, buscaremos trazer para esta discussão algumas ferramentas e
programas utilizados que colaborem para esta aproximação, bem como as
consequências geradas a partir desta aproximação. Traremos também alguns
conceitos da administração pública que possam colaborar para um melhor
entendimento acerca dos fenômenos encontrados na literatura pesquisada.
O sistema APAC apresenta também como característica diferenciadora
da maioria dos sistemas prisionais existentes a forte presença de voluntários,
sendo considerado o papel do voluntário como fundamental para o
funcionamento adequado das unidades da APAC (Massola, 2005).
Para que possa promover o recrutamento de novos voluntários,
aproximar e esclarecer a comunidade local acerca do sistema APAC e do
funcionamento da unidade é promovido pela unidade palestras e outros
eventos na Comarca antes mesmo de ser inaugurada a unidade. Estes eventos
possibilitam que pessoas da comunidade possam se candidatar ao posto de
voluntário na APAC. Manifestada a vontade de se voluntariar, o candidato
deverá frequentar um curso de formação desenvolvido em 42 aulas (Silva,
2012).
Um desafio apresentado pelo sistema APAC diz respeito à dificuldade
enfrentada em relação ao curso de capacitação de voluntários. De acordo
com estudos de Simões (2014), o curso inicial de capacitação de voluntários
enfrenta uma taxa de evasão de 60%. Isto ocorre devido à dificuldade que
os candidatos ao voluntariado têm em acompanhar o curso de capacitação,
que consiste em um encontro semanal de duração de três horas, sendo
permitido apenas três ausências durante todo o curso de formação. Este curso
inicial fornece as ferramentas necessárias para a compreensão do sistema e
comunicação entre os atores envolvidos.
Aqueles que conseguem concluir o curso inicial de capacitação ao
voluntariado passam a participar de reuniões mensais. Estas reuniões não se
limitam apenas aos voluntários, é também destinada aos demais funcionários
e administradores da APAC (Simões, 2014).
A comunicação na APAC não exclui os demais atores, tais como os
reeducandos. Para isto os apenados utilizam-se das Comissões de Sinceridade
e Solidariedade (CSS). Este mecanismo tem diversas finalidades, tais como
recebimento de requerimentos solicitados por parte dos apenados, bem como
a resolução de conflitos ocorridos dentro da instituição da APAC e fiscalizar
as faltas e outras irregularidades cometidas pelos detentos (Vargas, 2011;
Massola, 2005).
A comunicação entre os atores, a criação e integração de uma cultura
própria da APAC e a internalização dos valores propostos pelo método podem
ser fatores que possibilitam a baixa reincidência criminal neste sistema
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Análise do processo de ressocialização 145
alternativo. De acordo com Massola (2005), na unidade de Bragança Paulista,
onde havia uma parceria entre o governo do estado de São Paulo e a APAC,
em determinados momentos de grande tensão ou em casos de adaptação a
mudanças, os internos alegaram que não realizariam quaisquer motins ou
rebeliões devido aos voluntários que os tratavam de modo humanizado e
traziam consolação e apoio.
A aproximação dos voluntários, que nada mais são que pessoas da
própria comunidade onde está inserida a unidade APAC, quebra a barreira
existente entre os apenados e a sociedade, em contrapartida, a sociedade
também se aproxima mais dos condenados, já que se promove seminários
e palestras destinadas à comunidade com o fim de esclarece-los acerca da
metodologia da associação. O mesmo ocorre no que diz respeito às empresas
localizadas na Comarca, já que as parcerias entre as instituições e as APAC
são benéficas para ambas as partes. De acordo com a Lei 7.210, o detento que
trabalha deve receber no mínimo três quartos do salário mínimo (Mirabete e
Fabbrini, 2000), se revelando uma mão de obra mais barata para as empresas.
Em contrapartida, para cada três dias trabalhados diminui-se um dia na pena
do condenado como prevista na mesma lei acima citada. As experiências
obtidas por meio destes trabalhos proporcionam a oportunidade de exercer
uma profissão mais especializada (Faustino e Pires, 2007).
Os custos de manutenção de uma unidade APAC também são atraentes
para o Poder Público local ou estadual. Devido às parcerias com as empresas,
que possibilitam a criação de hortas, galinheiros e suinocultura dentro das
unidades, o custo de alimentação é reduzido (Faustino e Pires, 2007), os
custos de serviços médicos tais como odontologia, psicologia entre outros
serviços são prestados gratuitamente por profissionais que residem na
comunidade (Vargas, 2011) diminuindo igualmente os custos da manutenção
da unidade APAC.
O resultado desse conjunto de fatores diminui o valor de R$ 1.800,00
(551,00 dólares americanos) mensal por pessoa no sistema prisional
tradicional para R$ 546,00 (169,00 dólares americanos) mensal por pessoa
no sistema APAC (Vargas, 2011). A participação de atores externos à APAC
(empresas, fundações, etc.) reduzem os custos para a manutenção do sistema
e aproxima a comunidade interna da APAC com a comunidade externa local.
O sistema APAC tem apresentado números de reincidência relativamente
mais baixos se comparado ao sistema tradicional prisional. Enquanto que no
sistema APAC varia entre 8% a 15% (Vargas, 2011; Fonseca e Ruas, 2016;
Araújo, 2013, no sistema tradicional índice de reincidência é de até 70%
(Almeida e Sá, 2013; IPEA, 2015).
Contudo, devemos fazer algumas ressalvas com relação à metodologia
utilizada no sistema APAC. A entrada do preso ao sistema se dá por solicitação
do preso que cumpre pena no sistema prisional tradicional ciente regras e
rotinas demandadas pela metodologia (Simões, 2014), demonstrando assim
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
146 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
que há uma espécie de filtragem realizada para o ingresso no estabelecimento.
APAC seleciona apenas àqueles que se encontram predispostos a adaptação às
regras estabelecidas, incluído a opção religiosa que se limita ao cristianismo,
nem um outro tipo de religião foi mencionada em toda literatura encontrada.
De acordo com estudos realizados por Vargas (2011), a rotina seguida
dentro das unidades APAC é rígida: são estabelecidas as horas para dormir,
acordar, alimentar-se, banhar-se, sendo vedado o uso de jogos de cartas
ou bebidas, devendo o próprio reeducando limpar e organizar sua cela,
auxiliar nas demais atividades, bem como frequentar a escola e as atividades
religiosas. No sistema tradicional as atividades não são fixas nem rígidas.
Segundo um entrevistado pelo pesquisador acima citado, no sistema
tradicional não há controle sobre o uso de álcool ou drogas, podendo o
detento utilizar estas substâncias, realizar jogos e outras atividades de caráter
meramente lúdico, não havendo horários fixos para dormir ou acordar,
ficando a bel-prazer dos detentos a composição de rotina destas atividades.
Alguns indivíduos que chegaram a ingressar no sistema APAC solicitaram
seu retorno ao sistema tradicional justamente por não conseguirem se adaptar
às regras impostas, afirmando ser a composição da metodologia do sistema
alternativo muito dificultoso e com ausência de espaços para entretenimento,
já que é vedado até mesmo assistir televisão (Vargas, 2011).
Detentos adictos a drogas ilícitas e álcool recebem apoio de equipes de
voluntários especializados. Segundo Sanchez e Nappo (2007), a religiosidade
e o tratamento humanizado a dependentes químicos têm se apresentado como
possíveis fatores que auxiliam numa recuperação melhor e mais rápida dos
dependentes, apontando uma melhor perspectiva de vida e reestruturando os
valores pessoais e os círculos de amizades. Os estudos realizados por estes
pesquisadores demonstram que práticas religiosas cotidianamente contribuem
para diminuir o número de casos de recaídas. As práticas religiosas presentes
obrigatoriamente dentro do sistema APAC, somado a outros fatores como
acompanhamento médico e psicológico são considerados como fatores
de êxito na recuperação dos sujeitos dependentes de drogas. No sistema
prisional tradicional foi registrado a presença de uso de drogas em 40%
dos casos (Guimarães et al., 2008), demonstrando facilidade nas recaídas e
aumentando a possibilidade de ações violentas por parte dos usuários.
A religião é considerada o elemento determinante na metodologia da
APAC (Júnior e Nascimento, 2009, Ottoboni e Ferreira, 2004), contudo
as práticas religiosas apresentam duas problemáticas: A primeira refere-
se ao fato de que as religiões praticadas dentro das unidades serem todas
de matrizes cristãs, variando entre o catolicismo e as práticas protestantes,
não havendo sequer registro de qualquer outra religião diferente, não
deixando claro tampouco se pode ou não haver manifestação religiosa de
outros credos. Mesmo que a religião seja apontada por Ottoboni e Ferreira
(2004) como um viés de mudança positiva no comportamento do sujeito
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Análise do processo de ressocialização 147
dentro da prisão, existe a possibilidade do reeducando adotar uma postura
de submissão aos princípios religiosos, impostos pelas igrejas que celebram
cultos dentro das unidades da APAC, para obter privilégios ou garantir sua
própria permanência dentro de um sistema carcerário alternativo. A segunda
problemática diz respeito ao fato de que ao instituir a obrigatoriedade da
religião na metodologia o sistema APAC vai de encontro aos princípios de
liberdade religiosa previstos nas Constituição Federal de 1988 (Brasil, 1988),
criando-se, desta forma, um problema constitucional.
Apesar das rotinas na APAC, a violência ainda se faz presente, ocorrendo
inclusive fugas de presos. Massola (2005) explica que até 1993 a unidade
prisional de Bragança Paulista, em São Paulo, era administrada e comandada
pelo Poder Público, sendo registradas sete fugas somente naquele ano. A
partir de 1994 a unidade passou a ser controlada pela APAC e sete fugas
foram registradas no período de cinco anos, entre 1994 e 1999. Mesmo em
número menor, considerando o período, esta prática ainda ocorreu.
O cumprimento da pena em regime fechado, semiaberto e aberto,
também é realizado de forma diferente no sistema da APAC. De acordo com
previsões da lei, quando há progressão do regime fechado para o semiaberto,
o detento pode receber permissão para sair durante até sete dias, para então
retornar ao novo regime. No sistema APAC, mesmo podendo receber esta
garantia, a associação barra normalmente este benefício por até três meses
após progressão para o regime semiaberto. No caso de reincidentes, o tempo
aumenta para quatro meses (Vargas, 2011). Esta prática é imposta devido a
necessidade de adaptação aos novos programas e parâmetros que o regime
propõe. No regime aberto o detento inserido no sistema prisional tradicional
deve comparecer perante o juiz em determinados períodos de tempo, conforme
previsto no despacho do mesmo. No sistema da APAC o reeducando trabalha
durante o dia e volta para a APAC para pernoitar (Vargas, 2011).
A regressão de regime se dá por meio de faltas, baseado no Regulamento
Disciplinar previsto na Lei 7.210. As faltas, que variam entre leves, médias e
graves, são classificadas de acordo com o que é estabelecido pelas Comissões
Técnicas Classificatórias (CTC). As punições aplicadas de acordo com a
gravidade da ação variam desde a perda de um dia de lazer ou um pequeno
período de tempo até regressão de regime ou expulsão da APAC e recondução
ao sistema tradicional (Massola, 2005). Este último fator pode ser de grande
influência em relação aos resultados relativos às baixas taxas de reincidência
criminal da APAC, já que se mantem apenas aqueles que aceitam se adaptar
e seguir todas às regras impostas pelo sistema.
A rigidez do método alternativo à avaliação sobre comportamento dos
reeducandos, descrito em relatórios, é alvo de crítica por parte dos mesmos,
na medida em que uma falta mediana pode pôr em risco uma série de
benefícios recebidos durante um longo período (Vargas, 2011). Uma série de
procedimentos, regras, exames criminológicos e psicológicos estabelecidos
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
148 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
no sistema da APAC, raramente são instituídos no sistema tradicional (Vargas,
2011; Massola, 2005; Simões, 2014).
Neste ponto destacamos as interessantes contraposições existentes
entre a prisão tradicional brasileira e o sistema APAC. Foucault (2006)
traça as prisões como instituições de controle dos corpos em que se tenta,
através dos métodos e ferramentas, tornar os corpos mais dóceis, sendo que
muitas das vezes estes instrumentos não se manifestam de modo violento
tampouco físico. No sistema tradicional não se o controle dos corpos com
fins disciplinares que a sociedade civil espera, mas sim um controle dos
corpos voltado para o sistema carcerário e recrutamento com organizações
criminosas. As ferramentas de controle apresentados no sistema APAC faz
com que os corpos se adequam e modelam-se aos preceitos estabelecidos,
cujo objetivo mais importante é a reintegração do preso à sociedade.
A concepção de instituição total (Goffman, 2015) ajuda-nos a entender
sistema APAC. As estratégias adotadas controlam o modo como o sujeito
deve comportar-se e altera o modo como o interno cumprirá sua pena em
determinados regimes. No sistema tradicional o exercício do controle não é
eficaz. O pequeno contingente de agentes penitenciários existentes de um lado
e uma política prisional voltada muito mais à punição do que a ressocialização
são fatores que, entre outros, não proporcionam a reintegração dos sujeitos
(Braga, 2008; Alvarez, Salla e Dias, 2013).
O número de vagas que cada unidade pode disponibilizar deve ser levado
em consideração dentro do sistema da APAC. De acordo com Ottoboni e
Ferreira (2004), a orientação é que as unidades não tenham mais de duzentas
vagas, sendo inviável o recebimento de qualquer outro detento que sobre
passe esta quantidade. Essa regra é estabelecida pela FBAC. O recebimento
de novos detentos ocorre em pequenos grupos, entre quatro e cinco sujeitos,
podendo receber apenas outro grupo depois de passados de sete a dez dias
(Ferreira, Ottoboni e Rosalem, 2016). Em Minas Gerais, Estado com maior
número de APACs no país, apesar do apoio recebido por parte do governo
estadual na implementação desta metodologia, o número de estabelecimentos
existentes é reduzido, esta situação se agrava quando analisado o número de
unidades femininas. Existem apenas quatro em todo estado.
É importante registrar que a maioria dos crimes cometidos por mulheres
no Brasil estão relacionados ao tráfico de drogas (Ministério da Justiça, 2014),
muitas delas presas em rota de tráfico, em locais distantes das Comarcas
em que residam suas famílias. Partindo do pressuposto de que a APAC
dá preferência às pessoas que têm família na mesma Comarca em que se
encontram estas mulheres terão maiores dificuldades de ingressar ao sistema.
As regras impostas e o número de vagas disponíveis nas unidades
são empecilhos importantes para um maior êxito deste sistema prisional
alternativo. Apesar de resultados positivos o programa ainda é bastante
limitado considerando a população carcerária no Brasil não podendo abarcar
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
Análise do processo de ressocialização 149
a todos os apenados do território brasileiro. Entre 2014 e 2016 foi registrado
o ingresso de apenas 74.169 novos detentos (Walmsley, 2016), número que
vai muito além da quantidade de vagas ofertadas pelas unidades da APAC.
Conclusão
Composta majoritariamente por pessoas negras, pobres e com baixa escolaridade,
a população carcerária no Brasil é fruto de uma série de desigualdades sociais e
econômicas, somadas ao aparato de repressão racista de sujeitos provenientes de
classes socioeconômicas mais baixas. Uma vez preso, o detento deve enfrentar o
ambiente hostil e caótico da prisão e assim que sair da instituição prisional, deve
lidar com o estigma que a condição de ex-detento, estigma este que aumenta as
dificuldades para o ingresso ao mercado de trabalho e a reintegração à sociedade
livre e consequentemente à manutenção de sobrevivência do indivíduo sem a
utilização de meios ilegais ou violentos.
Baseado em pilares como religião; trabalho; educação; acompanhamento
e solidariedade; o sistema APAC demonstrou, nas pesquisas analisadas
neste trabalho, um saldo positivo nos resultados obtidos tanto em relação ao
índice de reincidência, quanto na recuperação dos sujeitos e reintegração ao
convívio na sociedade.
A aplicação do método a todo o território nacional seria inviável devido
à necessidade de voluntários comprometidos com o sistema, de infraestrutura
demandada para o bom funcionamento, e da disponibilidade de vaga imposta
considerando o número de sujeitos encarcerados no Brasil. Por outro lado,
conter todo tipo de violência praticada dentro de um presídio na ausência de
forças de segurança implicaria na existência de um alto nível de solidariedade
entre os presos. Considerando a número e a influência das facções criminosas
existentes nas prisões brasileiras, este quesito se torna cada vez mais
inalcançável. Nos estudos analisados não foi encontrado qualquer menção a
casos de rebeliões dentro de unidades APAC.
Entretanto, a ausência das problemáticas facilmente encontradas nas
prisões brasileiras, sejam elas facções criminosas ou violência, dentro do
sistema APAC só é possível graças ao filtro que a instituição realiza em
relação aos detentos, uma vez que apenas aqueles que se sujeitam às regras
e segui-las podem permanecer no estabelecimento prisional. A metodologia
ignora diversos fatores subjetivos dos indivíduos e possibilita apenas o
cumprimento de pena de modo humanizado a poucos.
Outra problemática a ser considerada é a presença da religião dentro
das instituições APAC. A obrigação religiosa imposta ignora completamente
os direitos e deveres previstos no art. 5º, inciso VI da Constituição Federal
Brasileira, que prevê a liberdade religiosa e a liberdade de consciência, ou
seja, todos os brasileiros podem praticar suas crenças religiosas e têm o
direito de haver ou não crença religiosa (Brasil, 1988).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
150 L. Sena de Souza Dembogurski, D. David de Oliveira e T. Ferreira Nascimento Durães
Pautada na ressocialização do sujeito, por meio da valorização humana,
os índices de reincidência criminal no sistema APAC são inferiores ao
sistema convencional. Todavia, desde o ponto de vista dos autores deste
artigo, que advogam pelo desencarceramento e adoção de penas alternativas
à privação de liberdade, a metodologia da APAC deve ser tomada como
exemplo de possibilidades de ressocialização de indivíduos que cometeram
ações criminosas, levando em consideração todas as ressalvas anteriormente
citadas. O olhar sobre as estratégias adotadas deve ser crítico na medida
em que, retirar do Estado a responsabilidade de responder pelo sistema de
segurança pública e justiça criminal o que inclui o sistema prisional, pode se
tornar uma armadilha e um forte argumento para a privatização das prisões
e uma justificativa plausível para a exploração da força de trabalho dos
apenados.
Em um país onde o desencarceramento é ainda uma utopia e a população
encarcerada é numerosa, o que se espera é que esta metodologia possa servir
como base para a criação de outros sistemas carcerários que promova a real
ressocialização e reintegração do preso à sociedade garantindo, desta forma,
a diminuição do índice de reincidência criminal.
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Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en partes iguales por Lucas Sena de Souza Dembogurski, Dijaci David
de Oliveira y Telma Ferreira Nascimento Durães.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 131-154.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.7
Identidad, maternidad y trabajo
Un estudio entre clases sociales en Chile
Catalina Arteaga Aguirre, Manuela Abarca Ferrando,
Mariabelén Pozo Cifuentes y Graciela Madrid Muñoz
Resumen
El aumento de la participación femenina en el empleo asalariado ha enfrentado a las mujeres
al conflicto familia-trabajo. En un contexto de transformación del ejercicio de la maternidad y
de pérdida de fuerza del trabajo como fuente de identidad colectiva, nos preguntamos por la
construcción de identidades femeninas. Este artículo, mediante un estudio cualitativo basado en
la realización de entrevistas y grupos de discusión, centrado en mujeres madres y trabajadoras
de distintos sectores sociales en Chile, muestra cómo la esfera productiva está entrelazada con
la reproductiva. Al mismo tiempo, profundiza en cómo los mandatos de maternidad y trabajo son
significados y resueltos de formas distintas por mujeres de clase media y de clase trabajadora.
Palabras clave: clases sociales, empleo femenino, género, madres trabajadoras, identidades.
Abstract
Identity, motherhood and work. A study between social classes in Chile
The increase in female participation in wage employment has confronted women to the conflict
between family and work. In a context of transformation of the exercise of motherhood and the loss
of strength of work as a source of collective identity, we ask ourselves about the construction of
feminine identities by social group with respect to both dimensions. This article, through a qualitative
study based on interviews and discussion groups of working women of different social groups in
Chile, the study shows how the productive sphere is intertwined with the reproductive sphere, and
how being a working mother, and its tensions, are indissoluble elements of their identities. At the
same time, maternity and work mandates are solved in different ways according to social group.
Keywords: gender, identities, social class, women employment, working mothers.
Catalina Arteaga Aguirre: Doctora en Ciencias Políticas y Sociales (Universidad Autónoma
de México), académica del Departamento de Sociología (Universidad de Chile).
ORCID iD: 0000-0002-0365-5526
Email: [email protected]
Manuela Abarca Ferrando: Socióloga (Universidad de Chile), maestranda en Ciencias
Sociales con mención en Sociología de la Modernización (Universidad de Chile).
ORCID iD: 0000-0002-5605-8637
Email: [email protected]
Mariabelén Pozo Cifuentes: Socióloga (Universidad de Chile). Trabaja en la Vicerrectoría de
Investigación y Desarrollo de la misma institución.
ORCID iD: 0000-0001-7455-2850
Email: [email protected]
Graciela Madrid Muñoz: Socióloga (Universidad de Chile). Trabaja en el Departamento de
Ingeniería Informática de la Universidad de Santiago de Chile.
ORCID iD: 0000-0002-6465-8018
Email: [email protected]
Recibido: 16 de diciembre de 2019
Aprobado: 31 de enero de 2020
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
Introducción: las mujeres trabajadoras en Chile1
La experiencia de la maternidad es un proceso transformador en las tra-
yectorias de muchas mujeres asalariadas, que genera diversas tensiones y
conflictos en el intento de balancear múltiples identidades, como ser madre-
profesional o madre-trabajadora (Wheaton, 2017). Este artículo tiene por
propósito explorar la construcción de identidades femeninas desde las inte-
rrelaciones entre el universo laboral y del trabajo doméstico. En este sentido,
nos preguntamos cómo las mujeres de clases media y trabajadora articulan,
enfrentan y resuelven las tensiones existentes de ser madre y trabajar de for-
ma remunerada, a la vez que responden a los modelos culturales dominantes
sobre maternidad y empleo, distinguiendo las diferentes problemáticas y es-
trategias desarrolladas por estas de acuerdo a su posición social. Los resulta-
dos muestran que en las identidades de las madres trabajadoras/profesionales
las experiencias laborales y de maternidad constituyen ejes esenciales y están
entrelazadas de formas diversas según clase social.
En Chile, en los últimos veinticinco años, los hogares que cuentan con
ingresos percibidos por una mujer se han casi duplicado y actualmente cuatro
de cada diez hogares tiene una mujer como proveedora principal de ingresos
(INE, 2018a). Sin embargo, las desigualdades de ingreso y discriminaciones
en jerarquía, prestigio y poder se mantienen (Brega, Durán y Sáez, 2015;
Novella, Rucci y Vázquez, 2015; Riquelme y Abarca, 2015), mientras las
razones familiares de cuidado continúan estando entre los primeros motivos
de inactividad en mujeres adultas: las mujeres chilenas han postergado el
nacimiento de su primer hijo en varios años para poder desarrollarse laboral y
educacionalmente. Su inserción laboral es en Chile un 22,7% menor que la de
los hombres (INE, 2018b) y una de las menores de Latinoamérica (OIT, 2017).
A su vez, la maternidad aumenta las probabilidades de aceptar empleos
flexibles, de medio tiempo, menor salario y menor protección, para poder
dedicar tiempo a los quehaceres del hogar y la familia (Gómez y Jiménez,
2015). Por estas razones, los hogares con jefatura femenina enfrentan
mayores niveles de vulnerabilidad social y económica (Sepúlveda, Poblete,
Yachan y Saieg, 2016).
1 El presente trabajo es parte de los resultados del proyecto Fondecyt Regular n.° 1140930,
“Experiencias posicionales: subjetividades en la transformación social de Chile”. Para la
elaboración de este artículo se contó con el financiamiento de la Vicerrectoría de Investigación
y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
Identidad, maternidad y trabajo 157
A pesar de que existen esfuerzos por disminuir la carga femenina en las
labores no remuneradas,2 culturalmente los roles de cuidados siguen siendo
asumidos por las mujeres sin conducir necesariamente a un mejoramiento
de las condiciones de trabajo de las madres (INE, 2015). Conformando lo
que se conoce como “la barrera maternal” (Wheaton, 2017), las inequidades
en la fuerza laboral de las madres se entrelazan a fondo en los contextos
organizacionales y las mujeres continúan trabajando en espacios laborales
con predominancia de la perspectiva masculina, donde, a menudo, se las
estigmatiza por ejercer la elección tanto del trabajo como de la maternidad
(Zhou, 2017).
Este precario panorama laboral es el espacio donde las mujeres
madres trabajadoras construyen hoy sus identidades, tensionadas por
exigencias y conflictos que aparecen como contrapuestos (Guadarrama,
2008). En este marco, las percepciones sobre maternidad y la tensión con
el empleo determinan en gran medida la participación de las mujeres en el
mercado laboral, influenciada por el estrato socioeconómico de pertenencia
(Maldonado y Micolta, 2003). Este proceso no es experimentado igual por
todas las mujeres, difiere entre clases producto del desigual acceso a salarios,
educación, condiciones de empleo y redes de cuidado, principalmente
(Arteaga y Abarca, 2018).
Nuestro propósito es explorar la construcción de las identidades femeninas
desde las interrelaciones entre el universo laboral y del trabajo doméstico
diferenciando las experiencias y los discursos de mujeres procedentes
de distintas posiciones sociales. En este intento, nos distanciamos de una
postura teórica que separa las esferas de lo público y lo privado, adhiriendo a
la perspectiva que considera que el trabajo asalariado y el reproductivo deben
analizarse de manera conjunta, como ha sido planteado por el feminismo y
las ciencias sociales (Carrasco, 2012; Acker, 2006; Fraser, 2004).
Identidad, maternidad y trabajo
Las investigaciones sobre conflicto familia-trabajo han indagado en las ra-
zones de la participación de las madres en el trabajo remunerado y sus ex-
periencias conciliando empleo, crianza de los hijos y labores de cuidado en
países como España, Colombia, Chile y Estados Unidos (Brunet y Alarcón,
2005; Cardona, 2017; Godoy, 2011; Settle y Brumley, 2014). La mayoría de
estos estudios da cuenta de cómo en la modernidad las mujeres se enfrentan
a dos mandatos contradictorios. Por un lado, se encuentran con el ideal de
maternidad intensiva como expectativa social dominante, en el que, según
2 Los espacios laborales, la legislación y las políticas públicas han avanzado en proteger la
maternidad a través de medidas como licencias por reposo maternal, enfermedad grave del hijo
menor, derecho a sala cuna y derecho a tiempo destinado a lactancia, entre otras.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
158 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
las normas tradicionales de la división del trabajo por género, las madres
son llamadas a ocupar una gran cantidad de tiempo, dinero y energía con sus
niños (Hays, 1996). La buena maternidad se caracteriza como “maternidad
de tiempo completo” y ser “ama de casa” (Tobío y Parella, 2004). Si bien
estas expectativas se han debilitado en las últimas décadas con el ingreso de
la mujer al trabajo remunerado, han vuelto a recobrar impulso los valores
centrados en el niño, guiados por expertos, que requieren mucho tiempo y
dinero (Johnston y Swanson, 2007). Asimismo, coexiste una cultura de la
vida profesional dedicada al trabajo remunerado, la cual espera que se prio-
rice el trabajo delante de toda obligación (Araujo y Martucelli, 2012). Estos
mandatos tienen impactos para las mujeres en la fuerza laboral y en la esfera
privada, que las llevan a cuestionar las construcciones de su identidad, tanto
profesional como de madres (Zhou, 2017).
A raíz de estas ideologías hegemónicas, muchos estudios se han volcado
a explicar las “decisiones” de las mujeres por la carrera o la maternidad,
tipologizándolas según su identificación primordial (Christopher, 2012;
Toffoletti y Starr, 2016; Settle y Brumley, 2014). Pero nuevas investigaciones
muestran cómo el empleo de las mujeres y los estados de maternidad deben
ser considerados conjuntamente, pues los roles económicos y de cuidadoras
se unen (Dow, 2016).
Entendemos por identidad un proceso social de construcción relacionado
con la manera en que individuos y grupos se definen a sí mismos al querer
relacionarse e identificarse con ciertas características (Larraín, 2001).
Responde a las preguntas de quién soy, quién quiero ser y cómo quiero ser
reconocido dentro de un trayecto biográfico e implica necesariamente la
referencia a distintos grupos sociales con los que el sujeto se identifica y que
operan como espacio de pertenencia y fuente de sentido (Stecher, Godoy y
Díaz, 2005).
Las trayectorias femeninas se caracterizan por entrelazar maternidad
y trabajo como ejes primordiales sobre los cuales las mujeres construyen
sus identidades (Guadarrama y Torres, 2007). En este sentido, Masterson
y Hoobler (2015) indican que, tradicionalmente, comportamientos como
trabajar horas extras o aceptar ascensos se han asociado únicamente
a un compromiso con los roles de trabajo. Pero esta identificación
primordial con el trabajo y la carrera podría significar un medio para
entregar estabilidad financiera a la familia. También podría estar asociado
a convertirse en un modelo a imitar para los hijos. Como señala Zhou
(2017), el asunto en cuestión es cómo las mujeres organizan, combinan
o diferencian sus roles duales de cuidadoras y trabajadoras, y cómo el
empleo altera la experiencia de la maternidad, a la vez que la maternidad
remodela el significado del empleo. Al respecto, Guadarrama menciona
que, justamente, “de este entrelazamiento entre el mundo reproductivo y
productivo resultan identidades genérico profesionales sostenidas en dos
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
Identidad, maternidad y trabajo 159
ejes contradictorios: la maternidad y la profesión, a partir de los cuales
las mujeres construyen sus identidades” (2008, p. 332). La mayoría de las
mujeres aspirarían a la conciliación entre estas dos esferas, mientras solo
unas pocas excluirían una de ellas para realizarse exclusivamente como
madres o como profesionales.3
A su vez, se presenta el imperativo de la construcción de un proyecto
propio. El ideal asociado a la maternidad intensiva debe enfrentarse al mercado
de trabajo y su estructura, pero también a nuevos mandatos que ponen en
primera línea la necesidad de desarrollarse como individuo, ya sea mediante
el avance profesional o del tiempo libre (Araujo y Martuccelli, 2012). El
proceso de individualización afecta también el espacio de la maternidad
en tanto choca con nuevos mandatos que las mujeres deben afrontar, ya
que los aspectos que eran definidos socialmente hoy muestran una mayor
incertidumbre (Castilla, 2009). Así, tal como el trabajo ha sido desplazado
como elemento central y definitorio de la identidad colectiva, la maternidad
ha sido transportada a un espacio de producción de sentidos autorreferidos
y múltiples (Araujo y Martuccelli, 2012). Esta experiencia reflexiva de la
maternidad depende, a su vez, de los componentes estructurales (sociales,
políticos o económicos) que la limitan, y de los cuales, si bien varían de
individuo en individuo, uno de los más determinantes es la posición en la
estructura social.
“Las mujeres” no son un grupo social homogéneo y sus experiencias
maternidad-trabajo varían según factores como clase social, etnia, edad,
etcétera (Acker, 2006). El primero de estos factores es el que interesa a
este artículo. En mujeres de clase media, el mandato de “mujer profesional
exitosa” parecería ser dominante en sus orientaciones. Marcela Cerrutti
(2002) argumenta que las madres profesionales argentinas son influenciadas
por la maternidad intensiva e intentan ser supermamás, sin dejar de fomentar
una carrera exitosa. Wattis y James (2013) concluyen que las mujeres
profesionales en Inglaterra organizan la esfera doméstica en función
de la esfera profesional, con el objetivo de disminuir la influencia de los
temas domésticos en sus trabajos. Ansoleaga y Godoy (2013) destacan la
importancia de la continuidad de la carrera profesional en las estrategias de
mujeres madres de grupos medios en Chile, y Jhonston y Swanson (2007)
destacan cómo el éxito profesional se ha agregado a la categoría de “madre
integral” en mujeres profesionales de Estados Unidos.
3 Este trabajo conciliatorio se encuentra primordialmente en las mujeres, en la medida que son
las principales responsables del cuidado (Armijo, 2018). A pesar de la evidencia de nuevos
modelos de corresponsabilidad y un discurso de mayor involucramiento de los hombres en el
cuidado, en la práctica los varones se incorporan en roles de “colaboradores” o “ayudadores”
secundarios. Las tensiones de la paternidad refieren a las trabas estructurales en el mercado
laboral para su participación en los cuidados, pero pocas veces hay una concepción de la
exigibilidad de su derecho a cuidar también (Gómez, Arellano y Valenzuela, 2017).
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160 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
En el mundo obrero y popular, la maternidad y el trabajo parecen ser
experimentados de manera distinta. Las mujeres son madres a una edad más
temprana, mientras que el trabajo adquiere otras notas (Guadarrama y Torres,
2007). Guerra (2016) muestra cómo en trabajadoras de supermercado de
Santiago la maternidad y el trabajo son los ejes principales de su proyecto
personal, en torno a la idea de carrera y esfuerzo personal. Madrid (2016)
concluye que la maternidad es determinante en la construcción de identidades
laborales en trabajadoras del sector comercio en Chile, pues tensiona la
compatibilización entre trabajo productivo y reproductivo, volcando las
proyecciones laborales en solucionar su autonomía y el bienestar de sus
hijos. También aquí aparece en mayor o menor medida el mandato de
“mujer profesional” o “exitosa”. El estudio de Fuller (2010), en Perú, indica
cómo el trabajo ha permeado aun las significaciones de aquellas que son
exclusivamente amas de casa, quienes consideran a la “mujer de carrera”
como el ideal femenino actual.
Este artículo ahonda en la especificidad de la resolución de la tensión entre
maternidad, trabajo y proyecto personal según posición social en el contexto
chileno, lo que permite visibilizar similitudes y distinciones de acuerdo
con los recursos materiales y simbólicos que implica dicha diferenciación.
Comprendiendo su heterogeneidad interna, se utiliza el concepto clases
sociales en sentido laxo, sin intención de sobreenfatizar coherencia interna,
valores o estilos de vida compartidos. Con términos como clase y posición
social se da cuenta de las diferencias materiales y simbólicas de las distintas
jerarquías, sin adentrarnos en el bagaje teórico de cada concepto, pues no es
el centro de este trabajo.
Metodología
El artículo se basa en una investigación de carácter cualitativo perteneciente
al proyecto Fondecyt Regular “Experiencias posicionales: subjetividades en
la transformación social de Chile”. Llevado a cabo entre marzo de 2014 y
marzo de 2015, tuvo por objetivo conocer diversas experiencias de posicio-
namiento social en el país. Para la elaboración de este artículo se selecciona-
ron 21 entrevistas y 3 grupos de discusión de mujeres con hijos y que traba-
jan de manera remunerada, constituyendo una muestra total de 48 mujeres.
La variable de selección de las participantes fue la clase o posición social
de pertenencia, entendida como el lugar en el espacio social que ocupan los
sujetos a través de recursos materiales y simbólicos específicos (Arteaga,
Greibe, Pérez y González, 2017). Esta variable se construyó a partir de las
categorías sociocupacionales de León y Martínez (2001) para la realidad chi-
lena. La muestra final del artículo corresponde a mujeres pertenecientes a tres
posiciones sociales: sectores medios, obreros y populares (Tabla 1). Esto per-
mitió contrastar a mujeres de clase media profesional con estudios superiores
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
Identidad, maternidad y trabajo 161
y de clase trabajadora compuesta por trabajadoras asalariadas (sector obrero)
e informales-vulnerables (sector popular), que, en su conjunto, componen la
mayor parte de la fuerza laboral femenina del país. Se excluyó de la muestra
a gerentes y empresarias, en un intento de abordar la problemática a partir de
la relación con el trabajo asalariado o informal.
Tabla 1. Síntesis de la muestra
Mujeres
Grupo Nivel Mujeres participantes
Ocupación
social educacional entrevistadas en grupos de
discusión
Trabajadoras por cuenta propia
en cualquier rubro, profesionales
y personal técnico de cualquier
rubro de la economía que
Estudios
ejercen lo que estudiaron,
Sectores superiores,
personal administrativo de los 8 5
medios universitarios
sectores público y privado de
o técnicos
cualquier rubro, mujeres que se
definen como comerciantes y
vendedoras, y personal de las
fuerzas armadas.
Definen su puesto de trabajo
Entre final como “trabajadora” u “obrera”,
Sectores de primaria en cualquier rubro. Personas que
8 11
obreros y final de trabajan en el rubro artesanía y
secundaria jornal, y personal de servicio del
sector público y privado.
Entre
Mujeres que trabajan de manera
principios
Sectores informal, principalmente en el
de primaria 5 11
populares sector comercio y el servicio
y final de
doméstico.
secundaria
Total 21 27
Fuente: Elaboración propia.
Las entrevistas semiestructuradas se orientaron a rescatar la perspectiva
individual y biográfica de mujeres que son madres y sus trayectorias
laborales, familiares y de maternidad (Canales, 2006). Las entrevistadas
pertenecen a las ciudades de Santiago, Valparaíso, Ovalle y La Serena y sus
edades fluctúan entre los 29 y 63 años, incluyendo así distintas trayectorias de
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
162 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
vida.4 Las entrevistas tuvieron una duración promedio de una hora y fueron
realizadas en lugares acordados con las entrevistadas.
El objetivo de los grupos de discusión, por otro lado, fue reconstruir
la dimensión normativa (Canales, 2006) de las distintas experiencias de
maternidad, trabajo y posicionamiento social, permitiendo diferenciar
variables intra e intergrupales de identificación y modalidades particulares
en cuanto a clase social. Se realizaron tres grupos en Santiago, compuestos
exclusivamente por mujeres, uno por cada sector social de la muestra, con
una duración promedio de dos horas cada uno. Para ambas técnicas de
investigación, las participantes brindaron su consentimiento informado con
respecto a las condiciones y características de su participación y la garantía
del anonimato.
Resultados: maternidad y trabajo remunerado
El análisis del material muestra cómo la relación entre trabajo remunerado
y labores reproductivas está mediada por los significados que la mujer atri-
buye a la maternidad y al trabajo remunerado. Esta interrelación da lugar a
dos discursos principales sobre el vínculo entre maternidad y trabajo: uno
de las mujeres profesionales de clase media y otro perteneciente a una clase
trabajadora de mujeres con empleos no calificados e informales (ver Tabla
1). Ambos se vinculan a las condiciones materiales con las que cuentan estas
mujeres, el acceso a redes y a apoyos institucionales, así como a las represen-
taciones normativas acerca de lo femenino y lo masculino.
Maternidad y desarrollo profesional en mujeres de clase media
Las mujeres de clase media muestran una contradicción entre aquel mandato
de la maternidad sustentado en un imaginario intensivo y los nuevos man-
datos en el ámbito laboral y profesional, que pujan tanto por un mejor posi-
cionamiento en el mercado de trabajo como por una formación permanente.
Estas dos orientaciones contradictorias, cuyo incumplimiento a cabalidad
genera insatisfacción y frustración, muestran una tensión que se expresa en
la constante búsqueda de balance entre ambas esferas: ser buena madre y ser
exitosa.
El trabajo, la relación de pareja y la búsqueda personal cobran importancia
y parecieran competir con la maternidad. En consecuencia, puede decirse que
si bien la maternidad ocupa un lugar central en la vida de estas mujeres,
para un número creciente de ellas no es el único eje que ordena y da sentido
4 El proyecto original contempló hacer entrevistas y grupos de discusión con personas de distintas
ciudades y distintas edades, sin embargo, en este artículo no se profundiza en esta distinción.
La muestra no es lo suficiente robusta como para identificar diferencias o similitudes entre
distintas generaciones de trabajadoras.
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Identidad, maternidad y trabajo 163
a sus vidas. Esta tensión la ejemplifica Amelia (48, sectores medios), que,
aunque valora su maternidad temprana y su crecimiento profesional, tiene
otras expectativas para la vida de su hija: “Yo sueño para ti que tú viajes, que
conozcas, que salgas, antes de cualquier otra cosa que te desarrolles tú como
persona, como mujer, y después pienses en casarte y tener hijos y todo lo
demás, desarrollarte tú profesionalmente”.
Si bien no todas definen la maternidad como centro de su vida, el relato
de sus decisiones laborales se entrelaza con dicha experiencia. La maternidad
y las labores de cuidado familiar inciden en la continuidad laboral y el
posicionamiento en el mercado de trabajo:
“Yo creo que, si no hubiese tenido marido, hijos, yo creo que habría sido
una profesional de esas que le gusta sacar doctorado y todo. Pero las dos
cosas yo personalmente pienso que no son compatibles, cuando uno tiene
hijos y familia, hay que ir como a la par, no se puede dispar lo profesional,
las dos cosas.” (Carmen, 50, sectores medios).
Esto pone en relieve las significaciones y relaciones de poder de género
asociadas a la maternidad, en las que los mandatos del cuidado se entremezclan
con el mandato profesional. Lo anterior podría llevar a la conclusión de que
la maternidad es una limitante del desarrollo laboral femenino; no obstante,
por las mujeres participantes en este estudio es significada, en cambio, como
un motor. Tal como las profesionales del estudio de Jhonston y Swanson
en Estados Unidos (2007), en un intento de balancear ambas identidades,
las entrevistadas han integrado el trabajo al ideal de maternidad, de modo
que su desarrollo profesional las hace mejores madres. Incorporan así tanto
el mandato de proyecto personal (mediante estudios, formación, viajes,
deportes, etcétera) como el de supermadre. Consideran que esto las convierte
en un ejemplo para sus hijas e hijos, y las transforma en personas saludables
y felices, permitiéndoles cumplir mejor con su rol materno.
Esta coexistencia es posible gracias a la delegación parcial de las
actividades de cuidado, ya sea contratando un servicio (jardines infantiles o
cuidadores a domicilio) o apoyándose en la familia extendida o en la pareja
(esta última opción solo presente en este sector social), lo que les ha permitido
posicionarse en el mercado laboral y desarrollarse en los estudios sin culpa.
Ello también es sustentado por las posibilidades económicas, mayores
que en las mujeres de sectores obreros y populares. En estos arreglos, la
madre (abuela) adquiere una relevancia primordial, a veces sacrificando ella
posibilidades de empleo.
Las entrevistadas expresan un agradecimiento a aquellos familiares
que apoyan parte del cuidado. La idea de favor devela aquel mandato
donde el cuidado de los niños, niñas y personas mayores es responsabilidad
primeramente de la mujer. En ese sentido, el conflicto maternidad-trabajo
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
164 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
no solo opera en las dificultades para desarrollarse laboralmente por las
exigencias de la maternidad, sino también en la imposibilidad de desarrollo
en la esfera maternal por las exigencias de éxito profesional.
Un elemento transversal en las experiencias maternidad-trabajo son
las desigualdades de género en la trayectoria laboral. Las mujeres relatan
injusticias y discriminaciones que viven por ser mujeres y madres, como
las brechas salariales —cuestión que también está presente en las mujeres
obreras y populares, pero con otro cariz—. Marisol (38, sectores medios)
relata cómo ella y su esposo estudiaron en la misma universidad, la misma
carrera, pero él gana más. Alba profundiza en el reproche por intentar
desarrollarse en ambos aspectos:
“Olvídate, no, tú no puedes faltar. Y yo faltaba porque mi hijo estaba
enfermo. Entonces vienen ‘Pero ¿y por qué tiene hijos?’, ¿entiendes?
Son realidades distintas. ‘¡Bueno, tengo un hijo!’ […] Y ahí empezaron a
entender que es lo que era ser profesional, ser mujer, tener un hijo, venir de
la clase media, y baja…” (Alba, 33, sectores medios).
En este contexto, el trabajo remunerado se erige como fuente identitaria
individual, vinculado particularmente a la formación educacional. La
posibilidad de continuar estudios superiores aparece como herramienta de
posicionamiento en el mercado de trabajo y también como búsqueda de
crecimiento personal. Además, las mujeres trabajadoras de este grupo utilizan
este criterio para definir la posición social que ocupan. En ese sentido, en
lo colectivo, se construye una identidad con fuerte énfasis en la formación
educacional.
El gusto por la labor en que se desempeñan es algo transversal y el
trabajo remunerado aparece como una dimensión en la que no solo se juega
el sustento familiar, sino también como un espacio de desarrollo personal y
goce. En ese sentido, a pesar que mencionan a los hijos como motivación
principal de su actividad laboral, para un grupo grande de entrevistadas el
trabajo asume un eje importante de identidad personal con independencia
de ellos. Mariela (55, sectores medios) menciona que probablemente nunca
deje de trabajar: “no soy mujer para estar en la casa”. Lo anterior no deja de
aludir a los beneficios económicos de una jubilación tardía, pero también
representa autonomía y realización personal no solo por la satisfacción de la
labor misma, sino por el hecho de la no determinación de un otro para decidir
sobre su propia vida. Su identidad se forma así entre el hecho de ser madres
y ser mujeres profesionales, ser dueñas de su hogar y ser independientes. En
este grupo, la noción de autonomía y del proyecto propio, sin restricciones,
es un hecho valorado, donde la educación, la profesión y sus proyectos de
vida autónomos cumplen un rol central.
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Identidad, maternidad y trabajo 165
“Hoy día ya no, afortunadamente la sociedad evolucionó. Las mujeres
estamos en otro nivel y hoy día no te aguantai una pareja porque no tenís…
porque querís que te mantenga o por el respeto o por no estar sola. Hoy día,
no, te separai y punto. Y la mujer está más empoderada para salir adelante.
Entonces, en ese sentido uno mira la educación como una base, para que
esté como empoderada en salir adelante. En hacer lo que ella quiera…”
(Grupo de discusión, mujeres de sectores medios).
Maternidad y sacrificio en mujeres de clase trabajadora
Las mujeres de sectores obreros y populares presentan similitudes respecto a
cómo experimentan la maternidad y el trabajo remunerado. En ambas, la re-
presentación tradicional de maternidad se ve conflictuada por la necesidad de
trabajar extensas jornadas con poca flexibilidad. Trabajadoras de call-centers,
supermercados y retail, personal de aseo, asesoras del hogar, vendedoras am-
bulantes y otros oficios no calificados se caracterizan por trabajar, muchas ve-
ces, cerca de diez horas diarias y tener pocos días libres (especialmente en los
empleos informales). Varias de ellas declaran haberse rendido respecto a sus
quehaceres domésticos, dedicando su tiempo libre primordialmente al cuidado
de sus hijos e hijas. El trabajo se relaciona con el agotamiento, cansancio y
desgaste físico y emocional, sobre todo en aquellas de más edad.
Al mismo tiempo, abundan los relatos de discriminación y estigmatización
en los espacios laborales, ligados a su condición de mujeres y madres. Para
Claudia, el hecho de ser madre soltera ha sido causa de discriminaciones
laborales, incluso teniendo estudios, convirtiéndose en una preocupación
constante:
“Por ejemplo, yo, siendo técnico en enfermería, muchas veces he querido
postular a trabajos, pero, por ser nivel técnico, mamá soltera y mujer a la
vez, tienden a pagar mucho menos. O los trabajos te explotan y no es mucha
la igualdad que se ve con mis compañeros hombres. Hoy en día me inquieta
el tema laboral porque para mí es supercomplicado.” (Claudia, 29, sectores
obreros).
En estas condiciones laborales, está presente la culpa por haberse perdido
la crianza de sus hijos para poder proveerlos. La privación de la crianza es
un dolor que marca los significados atribuidos al trabajo y a sus biografías:
“Yo me privé de la crianza de los hijos, pero pucha que duele. Duele, porque
yo me privé de verlos crecer, de verlos, de disfrutar de sus cosas bonitas.
Todo a carrera con ellos, su graduación a carrera, porque no podía dejar
de trabajar. Porque si dejaba de trabajar a ellos les faltaba.” (Grupo de
discusión, mujeres de sectores populares).
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166 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
La condición de mujer jefa de hogar en este grupo tiene un carácter más
dramático, en la medida que no cuentan con suficientes recursos económicos
y tienen condiciones laborales muy precarias. Aunque también está presente
la búsqueda de equilibrio entre mandatos, existen menos recursos para
conseguirlo. Desde estas condiciones materiales y laborales que impiden
cumplir el ideal de madre presente, ellas resignifican su maternidad hacia
un rol proveedor orientado al bienestar material de los hijos y su futura
educación, siendo “mamá y papá” a la vez. Ser proveedoras entrega sentido
y forma a su labor y situación: “A veces se deprime un poco, porque dice que
no estoy con ella [su hija], que paso trabajando. Es lo que me queda: ‘Tengo
que trabajar para darles a ustedes’” (Ximena, 36, sectores obreros).
En la mayoría de los casos de estos grupos, las mujeres son jefas de
hogar y únicas proveedoras. Los hombres están ausentes no solo de sus
relatos de cuidado,5 sino de sus biografías, y suelen mantener relaciones
conflictivas con los padres de los hijos. Para este grupo es fundamental el
apoyo de las redes familiares y los escasos apoyos institucionales (como
jardines infantiles y salas cunas), debido a que no pueden, en general, costear
servicios privados para estos fines. En los sectores populares, en específico,
destaca mayormente la falta de apoyo, incluso de familiares. Se identifican
como actoras solitarias y desde allí elaboran estrategias para ejercer su
maternidad y trabajar. Predomina la sensación de haber vivido sin soporte,
siendo las “más afortunadas” aquellas que han contado con sus madres: “Y de
ahí he tenido que salir sola adelante. Sola, a mí la única que me ayudó fue mi
madre” (Grupo de discusión, mujeres de sectores populares). El sentimiento
de soledad abunda en los relatos, en un contexto donde se responsabiliza a
los individuos por su bienestar, anclado subjetivamente en un sentimiento
de culpa en quienes piden ayuda estatal. Los apoyos aún son insuficientes
y el cuidado continúa estando sustentado en los individuos y las familias de
manera primordial.
La noción de sacrificio reformula al trabajo —antes como abandono
de los hijos e hijas y agotamiento— de manera positiva y se incorpora a su
repertorio identitario como mujer-madre-sacrificada, que lucha y se esfuerza,
con su trabajo, para mantener y criar a su familia:
“Pero mis hijos, yo los crie sola, yo trabajé, cuando estaban chiquititos mis hijos
se fue el papá de ellos de al lado mío. Los niños tenían nueve meses y el niño tenía
tres años. Entonces yo luché, fui mamá y papá.” (Elena, 63, sectores populares).
5 Según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo del año 2015, las mujeres (incluyendo a
aquellas que trabajan remuneradamente) invierten casi seis horas en actividades de trabajo no
remunerado, a diferencia de los hombres, que ocupan 2,7 horas (INE, 2015).
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Identidad, maternidad y trabajo 167
En este discurso, hay una revalorización del ser mujer, madre y
trabajadora, común en contextos donde predomina el modelo de jefa de hogar
y el modelo tradicional de familia con hombre-proveedor se ha desdibujado:
“Yo siempre he dicho, la pobreza en mi Chile tiene cara de mujer, porque
somos nosotros las mujeres que sacamos adelante a nuestros hijos. Somos
nosotras las que salimos cada día a trabajar afuera, somos nosotras las que
si no tenemos pan, hacemos cualquier cosa para darle a los niños.” (Grupo
de discusión, mujeres de sectores populares).
Dicho discurso, que se construye en contraposición a los hombres,
cuestiona la posición subordinada de las mujeres en el ámbito del empleo,
ubicándolas en un horizonte de autonomía y superación, a pesar de la
precariedad laboral y las situaciones de exclusión y estigmatización en las
que viven. En este contexto, el ser mujer-madre-sacrificada funciona como
trinomio que identifica y abandera a las trabajadoras bajo un sufrimiento
común, muy parecido al de las trabajadoras del comercio que entrevistó
Guerra (2016) en Santiago. Así la tensión entre identidades de madre y
trabajadora se expresa incorporando los roles de mujeres sacrificadas y
proveedoras, pero también en los sentimientos de culpa y profunda tristeza
por no poder estar presentes en las vidas de sus hijos.
Este hallazgo es un aporte a otros estudios realizados en Argentina y
México (Marcús, 2006; Monteverde, 1996), los cuales señalan que mujeres
de sectores obreros y marginales no parecen construir una identidad fuerte
ligada al trabajo, pues sus condiciones laborales les entregan pocos elementos
que les permitan identificarse positivamente con este. De ahí, explican, la
relevancia de los hijos e hijas para dar sentido a aguantar la falta de valoración
en sus trabajos. Así, el trabajo es una prueba de amor maternal por ellos.
En este estudio, a pesar de que encontramos evidencias de lo anterior,
hallamos también que en el marco de los procesos de individualización y de
la fundamentación de sacrificio materno, surge para algunas un sentido de
autonomía vinculado al trabajo remunerado. Este adquiere un significado por
sí mismo, valorando la posibilidad de trabajar por el mismo hecho de estar
fuera del hogar y por la independencia que otorga, especialmente respecto a
tener sus cosas, sin la ayuda de un hombre, ligado a un proyecto personal.
Para varias de estas mujeres, aun cuando ya han criado, el trabajo sigue siendo
su vida y su motivación diaria. La contraparte de la culpa y la tristeza es el
sentido que tiene el empleo en sus vidas, en su reafirmación como personas.
Como ejemplifica una participante del grupo de discusión popular: “Quieren
que me salga de la locomoción colectiva porque tengo cáncer a los huesos.
Pero yo no me voy a salir, porque el día que yo me salga, me muero”.
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168 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
Conclusiones: resignificación del trabajo y la maternidad
En este artículo, más que realizar una categorización de los tipos de madres
trabajadoras según su priorización de la maternidad o el trabajo, se indagó
en las diversas formas en que ambas dimensiones comparten espacios en
sus configuraciones identitarias. Para ello, se compararon vivencias del con-
flicto maternidad-trabajo en dos grupos: una clase media, compuesta prin-
cipalmente por mujeres profesionales, y una clase trabajadora, compuesta
mayoritariamente por trabajadoras sin calificación e informales.
Se encontró que en la clase media existe una diversidad de formas
de relación entre maternidad y empleo, tanto en términos prácticos como
simbólicos. El ideal de mujer profesional cobra importancia en las
autopercepciones como mujeres y el éxito profesional se incorpora al ideal de
buena madre, ampliando el espectro de la maternidad. Sin embargo, al mismo
tiempo que estas mujeres acentúan la importancia del éxito profesional y
el crecimiento personal, apuestan por una maternidad presente tanto como
sus recursos lo permitan. Las mejores condiciones laborales de este grupo
sustentan, en buena medida, sus estrategias.
Por su parte, en los grupos obreros y populares existe un amalgamiento
entre las identidades de madre, mujer y trabajadora, es decir, entre
trabajo, femineidad y maternidad, que se reúnen en la noción de sacrificio,
fundamentado desde tres ejes: el rol de proveedoras de sus familias, la culpa
por la ausencia en la crianza de sus hijos y la precariedad de sus condiciones
laborales. Lo anterior conduce a una identificación en torno al trabajo, que se
vive como dualidad: el trabajo impide, pero a la vez refuerza su maternidad.
Como indica Reinaldo Guerra (2016, p. 201), la valoración de la maternidad
y el trabajo “se concretizan en un repertorio interpretativo que se ha
denominado como el de mujer-madre-sacrificada”, muy propio del contexto
latinoamericano.
No obstante estas diferencias, para la mayor parte de las participantes
del estudio dichas tensiones se significan en el ideal de madre-trabajadora/
madre-profesional como atributos indisolubles de sus identidades. La relación
entre trabajo remunerado y doméstico está mediada por los significados que
la mujer atribuye a la maternidad y al mismo trabajo remunerado, tal como
concluyen Fuller (2010), Godoy (2011) y Wheaton (2017) en Perú, Chile
y Estados Unidos, respectivamente. Pero también encontramos que esa
relación está mediada por las posibilidades de cuidados y tiempo dedicado a
la crianza de los hijos, pues un aspecto importante es cómo varía la sensación
de “abandono” por grupo social, teniendo efectos en la expresión del conflicto
y del vínculo entre maternidad y trabajo.
Un elemento unificador de las experiencias es la importancia del apoyo
familiar en las tareas de cuidado. Las abuelas cumplen un rol de cuidado
fundamental. Torralbo (2018) menciona cómo la estrategia de “cuidar en la
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Identidad, maternidad y trabajo 169
vejez” es utilizada en Chile sin importar la clase social. En este sentido, la
tarea de las mujeres mayores tiene un gran impacto en la sostenibilidad del
mercado laboral (Tobío, 2002). No obstante, el apoyo familiar se encuentra
ausente en muchas entrevistadas. Una futura línea de estudio se relaciona
con el impacto que tienen en ello y en las estrategias de trabajo-familia los
procesos mundiales de “desfamiliarización”, causados por el crecimiento de
los divorcios, el incremento de las mujeres en el mercado de trabajo y el
aumento de los hogares con jefatura femenina (López, et al., 2015).
Es necesario puntualizar que estos resultados son parte de una muestra
en la que la mitad de las mujeres resultaron ser jefas de hogar, cuyas familias
dependen principalmente de su trabajo para subsistir. Una posible futura
línea de investigación sería comparar estos resultados con mujeres con pareja
estable, en las que ellas no sean las principales responsables económicas de
sus hogares, así como con madres trabajadoras con hijos e hijas de diversos
tramos etarios.
El artículo busca ser un aporte a la inclusión del género en las organizaciones
laborales y a la comprensión del mundo del trabajo, mostrando cómo la esfera
productiva se encuentra y entrelaza con la esfera reproductiva y llegan a ser
indisociables en las representaciones de las mujeres. Es un aporte también
respecto a otros estudios que exploran el conflicto maternidad-trabajo desde
un solo grupo socioeconómico u ocupación. La comparación entre distintos
grupos sociales ha permitido discernir cómo el grupo socioeconómico de
pertenencia y la ocupación inciden en la resolución de esta tensión en la
construcción identitaria de las mujeres, pudiendo diferenciar al menos dos
expresiones del vínculo maternidad-trabajo.
El artículo también permite comprender los puntos de encuentro
entre mujeres de clase media y de clase trabajadora. Para todas, las
responsabilidades personales y familiares coexisten con fuertes aspiraciones
de progreso profesional o de mejoramiento de las condiciones de empleo, así
como con proyectos personales de autonomía e independencia. Esto quiere
decir que los compromisos con diversos roles no son excluyentes y que las
mujeres contemporáneas parecen estar comprometidas con una multiplicidad
de roles y actividades, tanto en su vida laboral como privada. Entender
esto permite captar las prácticas integradoras, adaptativas y creativas de la
experiencia carrera-familia en la mujer, en las que se negocian e integran los
desafíos de lo laboral y el cuidado. Estas reformulaciones y resignificaciones
parecen darse, a su vez, en un contexto de creciente individualización, donde
las mujeres asocian falencias en sus intentos de conciliación familia-trabajo
al fracaso e incapacidad personal, generando sentimientos de culpa, en vez
de entenderlos como un problema estructural de la ordenación sociocultural
del trabajo y del hogar como espacios distintos y claramente diferenciados
por género.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
170 C. Arteaga Aguirre, M. Abarca Ferrando, M. Pozo Cifuentes y G. Madrid Muñoz
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Contribución de autoría
Este trabajo fue realizado en partes iguales por Catalina Arteaga Aguirre, Manuela Abarca
Ferrando, Mariabelén Pozo Cifuentes y Graciela Madrid Muñoz.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 155-173.
DOI: http://dx.doi.org/10.26489/rvs.v34i48.8
Conferencia
Raza, genes y cultura
Ulrich Kattmann1
Resumen
El concepto de raza no tiene bases genéticas, los patrones de ADN y genéticos no están confinados
por los límites continentales y no concuerdan con ninguna clasificación de las llamadas razas.
Los genes que determinan rasgos de apariencia son solo un pequeño subconjunto de todos los
genes humanos. Además, la apariencia no muestra similitud genética o parentesco entre grupos
humanos. Esta clasificación es un recurso fundamental del racismo, y el culturalismo emerge
directamente del racismo y lo imita. Las concepciones raciales asumen que los grupos humanos se
han desarrollado de forma aislada y sobreviven en el reclamo de culturas completamente diferentes
y hostiles, lo que ha sido recientemente expresado como “choque de civilizaciones”, un renacimiento
de la “kulturkreislehre” del siglo XIX. Un elemento fundamental del racismo y del culturalismo es la
generalización y esta suele convertirse en una trampa de la simplificación. Las claves para superar
el pensamiento racista y culturalista se centran en el individuo, de este modo se podrá abolir el
pensamiento tipológico y reconocer el carácter especial de la diversidad humana.
Palabras clave: raza, cultura, racismo.
Abstract
Conference. Genes, race and culture
The concept of race has no genetic basis, DNA and genetic patterns are not confined by continental
boundaries and do not agree with any classification of so-called races. The genes that determine
appearance traits are only a small subset of all human genes. Furthermore, appearance shows no
genetic similarity or kinship between human groups. This classification is a fundamental resource
of racism, and culturalism emerges directly from racism and imitates it. Racial conceptions assume
that human groups have developed in isolation and survive in the grip of completely different and
hostile cultures, which has recently been expressed as a “clash of civilizations”, a renaissance
of the 19th century “kulturkreislehre”. A fundamental element of racism and culturalism is
generalization, and this often becomes a trap of simplification. The keys to overcoming racist
and culturalist thinking are centered on the individual, in this way typological thinking could be
abolished and the special character of human diversity recognized.
Keywords: race, culture, racism.
Ulrich Kattmann: Biólogo alemán y profesor de la Carl von Ossietzky Universität Oldenburg.
Activo en las áreas de la antropología y la investigación didáctica.
Email: [email protected]
Recibido: 2 de marzo de 2020
Aprobado: 8 de junio de 2020
1 Traducido del original: Kattmann, U. (2013). Genes, Race and Culture. En M. Koegeler-Abdi
y R. Parncutt (eds.) (2013). Interculturality: Practice meets Research. Cambridge: Cambridge
Scholars Publishing. Traducción de Daniel Mateo Ordóñez, sociólogo de la Universidad
Nacional de Colombia, febrero de 2020.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
La realidad científica de las razas
Color como estereotipo racial
Ninguna otra característica ha sido tan estrechamente vinculada al concepto
de raza como el color de la piel. Para los antropólogos, sin embargo, la pig-
mentación de la piel para clasificar humanos es inútil. La pigmentación de
la piel humana varía continuamente con la latitud geográfica, con pequeñas
discontinuidades y excepciones. Esta distribución es causada principalmente
por selección debido a la radiación UV. Como resultado, poblaciones huma-
nas de la misma latitud generalmente muestran el mismo grado de pigmen-
tación de la piel, por ejemplo, personas de piel oscura alrededor de la línea
ecuatorial en África, Asia, Australia y América del Sur. La distribución de
la pigmentación es el resultado paralelo de la evolución convergente, no de
descendencia común. Por lo tanto, el “color” no dice nada sobre el parentesco
entre seres humanos.
Sin embargo, las concepciones raciales están dominadas por “colores”,
como la oposición “blancos” y “negros” o “blancos” y “de color”. Los
europeos se entienden a sí mismos como “blancos”, a pesar del hecho de que
las pigmentaciones de los europeos del sur y las de la mayoría de los asiáticos
(los cuales son llamados “amarillos”) son casi idénticas. La discriminación
entre “negros”, “blancos”, “amarillos” y “rojos” es parte de la doctrina racial
del color, utilizada para indicar diferencias esenciales que no existen en
absoluto. Siguiendo estas discriminaciones raciales, la cultura europea sirve
como evidencia de la preeminencia o privilegio del “hombre blanco”.
La idea del aislamiento
Tradicionalmente, en la ciencia se piensa que las diferencias entre poblacio-
nes humanas y culturas son causadas por la evolución a través del aislamien-
to y la selección. Fue reclamado que las razas humanas se originaron por
separado en áreas aisladas (llamadas áreas de selección, “züchtungsräume”).
Esta concepción iba en línea con el concepto de evolución en la biología
convencional. La idea de aislamiento no solo dominó la biología evolutiva
durante mucho tiempo, también fue adoptada en otras disciplinas, que in-
fluenciaron el pensamiento racial y las interpretaciones raciales de las cultu-
ras humanas (Tabla 1).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 177
La idea de aislamiento dio también nacimiento a la idea etnológica
de “kulturkreise”, del joven Leo Frobenius (1873-1938), retomada en la
concepción de “civilizaciones principales” en El choque de civilizaciones
y la reconfiguración del orden mundial, de Samuel Huntington, en
1996. Con respecto a este entendimiento y la atribución de las culturas a
“pseudoespecies” (Erikson y Stjernfelt, 2009), debe ser señalado que las
culturas no están aisladas; no están cercanas las unas de las otras, pero viven
a través del intercambio de materias e ideas. Lo mismo es verdad para las
“razas”: las poblaciones humanas no evolucionaron de forma aislada, sino
en un frecuente y sostenido intercambio genético y cultural a través de la
migración.
Tabla 1. Aislamiento como idea científica
Disciplina Concepciones
Filosofía de la historia Teoría de la cultura: culturas superiores son creadas y
Gobineau (1860-1882) y conducidas por razas superiores.
seguidores Degeneración de la cultura por la mezcla de razas.
Origen de las razas y especiación por separación geográfica.
Origen de las diferentes culturas por distribución y alienación
para lograr “identidad”. Para enfatizar la diversificación de
Biología evolutiva
las culturas, son definidas como entidades aisladas y —en
Psicología
analogía con la diversidad de las especies animales— llamadas
Erik Erikson (1902-1994)
“pseudoespecies”.
Estudios culturales
Pensando en culturas solo en plural: destacando diferencias y
animosidades entre culturas, las culturas son tratadas como
entidades autocontenidas.
Origen de razas humanas por selección natural en aislamiento
geográfico. “Razas” como precursoras evolucionarias de las
Antropología biológica verdaderas especies.
Las culturas son productos de rasgos raciales: vinculación de
una “cultura superior” a “razas superiores”.
Fuente: Elaboración propia.
Estudios genéticos sobre raza
Hasta ahora, la biología se refiere a la definición de raza basada en las dife-
rencias genéticas. Esas diferencias están conectadas a diferencias en las se-
cuencias de ADN. Pueden ocurrir dentro de los genes o en partes silenciosas
del ADN que no se traducen en productos genéticos (como ARN y proteínas).
Diferentes secuencias de ADN o versiones de genes que están localizadas
en el mismo lugar que un cromosoma (locus del gen) son llamadas genes
alélicos o alelos. De manera sintética, los alelos son genes (o, más general,
secuencias de ADN) del mismo gen locus. Un individuo humano tiene dos
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
178 Ulrich Kattmann
conjuntos de cromosomas en su núcleo celular y, en consecuencia, dos alelos
diferentes o dos idénticos.
Para dar un ejemplo: en el cromosoma n.o 7 del genoma humano está el
gen locus referido a la producción de una proteína específica de la membrana
celular. Esta proteína normalmente regula el consumo de iones de cloruro
dentro de la célula. Si el gen relacionado muta, el consumo de iones de
cloruro es inhibido. El gen mutado y el gen original están localizados en
el mismo gen locus de los cromosomas n.o 7, por lo tanto, son alelos. Si
un individuo tiene el gen mutado en ambos de sus cromosomas n.o 7, la
combinación de dos alelos mutados puede llevar a la enfermedad de fibrosis
quística. La fibrosis quística es la enfermedad genéticamente determinada
más frecuente en Europa occidental. En otras partes del continente, el alelo
mutado es menos frecuente. Así, las frecuencias de los dos alelos hacen parte
de las diferencias genéticas entre poblaciones europeas.
Este resultado puede ser generalizado: las diferencias genéticas entre
poblaciones humanas son siempre diferencias en las frecuencias de los alelos.
Los antropólogos están acostumbrados a hablar convencionalmente de genes,
cuando en realidad se refieren a alelos. Para ser claro, a continuación, en
lugar del término gen, se usa el término alelo en la definición dada (también
en expresiones o palabras combinadas, por ejemplo, “flujo de gen”).
Antes, los genetistas pensaban que todos los individuos de la misma
raza podían tener ciertos alelos en común, ausentes en los individuos de otra
raza. Pero en la naturaleza las diferencias genéticas entre poblaciones son
solo estadísticas. Por lo tanto, la comunidad genetista definió a las razas
como poblaciones (de las mismas especies), lo que difiere en la frecuencia de
sus alelos (Dunn y Dobhansky, 1946). De manera implícita, esta definición
incluye la suposición de que —en términos genéticos— individuos
pertenecientes a una raza difieren esencialmente de individuos de otra raza.
Pero la genética molecular muestra de manera bastante clara que esto no es
verdad para la diversidad de las poblaciones humanas.
Los elementos más importantes para la comprensión de la diversidad
humana son: mayor diversidad dentro de una misma población humana, no
entre poblaciones, constante variación en las frecuencias de los alelos en todo
el mundo y la sorprendente similitud genética de todos los humanos.
En consecuencia, un grupo de expertos señala:
“La revolución en nuestro pensamiento sobre la genética de poblaciones
y la biología molecular ha conducido a una explosión de conocimiento de
los organismos vivos. Entre las ideas que han sido profundamente alteradas
hay conceptos de variación humana. El concepto de ‘raza’ traído del pasado
hasta el siglo XX se ha vuelto completamente obsoleto… No hay razón
científica para continuar usando el término ‘raza’.” (UNESCO, 1995).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 179
Cuando se analizan poblaciones de diferentes regiones geográficas, el
resultado más llamativo es que la mayoría de las diferencias se encuentra
dentro de una misma población, no entre ellas. El análisis molecular de
la frecuencia de los alelos ha mostrado que, dentro de cualquier grupo de
humanos, las diferencias entre individuos son grandes en comparación
con las diferencias entre grupos, que son comparativamente pequeñas.
Las diferencias entre poblaciones de diferentes continentes (normalmente
asociadas con “razas” geográficas) contribuyen a solo un 10% de la variación
general de los humanos (Figura 1). Como consecuencia, el significado de
la clasificación racial se desvanece: para cada “blanco” europeo se puede
encontrar un “negro” africano que es genéticamente más similar a él que su
vecino de piel más clara.
Sin embargo, series de estudios en variación genética parecen apoyar
la clasificación tradicional en “razas” geográficas. Estos encuentran grupos
de similitud genética que corresponden a la distribución geográfica de las
poblaciones. El estudio más voluminoso con este tipo de resultados (Jorde,
et al., 1997) fue reanalizado, cuestionando el muestreo (Serre y Pääbo,
2004). Los participantes del estudio eran originarios de regiones localizadas
en los bordes del continente, es decir, se reunieron datos solo de grupos
que frecuentemente migraban a Estados Unidos. Si el muestreo incluyese
los continentes enteros, los grupos continentales —usando las mismas
estadísticas— desaparecerían. Por lo tanto, son artefactos del conveniente
muestreo estadounidense.
Los autores del reanálisis concluyeron:
“Hay una gran tendencia en la literatura a usar unas cuantas poblaciones
de los extremos de las masas de tierra continentales…, a hacer inferencias
en todo el mundo sobre las subestructuras en el acervo genético humano.
De hecho, por la genética humana, la diversidad tiende a distribuirse
continuamente, lo cual es especialmente problemático para muestrear los
extremos de los continentes, porque esto crearía la impresión de agudas
discontinuidades en las variantes genéticas. Al respecto, no sirve de nada
que la historia de la colonización de los Estados Unidos haya resultado
en un ‘muestreo’ de la población humana conformada en gran parte por
personas de Europa occidental, África occidental y el sudeste asiático. Así,
los estudios en los cuales individuos de Europa, el África subsahariana y
el sudeste asiático son usados (por ejemplo Jorde, et al., 1997) podrían ser
una descripción adecuada de la mayoría de los componentes de la población
estadounidense… Sin embargo, sería incorrecto concluir que dichos estudios
necesariamente generalizan a subdivisiones del acervo genético humano a
escala mundial.” (Serre y Pääbo, 2004, p. 1683).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
180 Ulrich Kattmann
Figura 1. Diferencias genéticas dentro y entre grupos de diferente origen
geográfico. Genes variables: dos o más alelos son conocidos (Lewontin, 1972;
Excoffier y Hamilton, 2003)
75%
Genes
constantes
Genes
25%
variables
84%
Genes variables
en una población
Genes variables
adicionales en una
población distante de
otro continente
Genes variables adicionales
4% en una población vecina
2%
10%
Genes variables adicionales
en una población distante
en el mismo continente
Fuente: Elaboración propia.
Debido a las extremas migraciones durante cerca de 100.000 años, los
continentes no formaron barreras para el flujo del alelo entre poblaciones
humanas. De acuerdo con esto, los patrones genéticos no están restringidos
a un continente, sino distribuidos entre ellos, documentando así la historia
migratoria humana.
Grandes monos de la misma especie, pero con orígenes geográficos
diferentes, no pueden ser distinguidos fácilmente por una persona común,
si bien esto no es un problema de los humanos. Sin embargo, las distancias
genéticas entre humanos son asombrosamente cortas: mientras el patrón de
derivación en poblaciones de chimpancés se asemeja a un gran arbusto, en
el caso de los humanos las pequeñas ramas están estrechamente unidas. Se
podría hablar de un patrón de “cepillo de botella” (Figura 2).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 181
Figura 2. Distancias genéticas (vecino próximo) del ADN mitocondrial (región
de control 1) entre individuos de poblaciones de los grandes simios y Homo
sapiens (Gagneux et al., 1999)
Gorila de montaña
Gorila del Gorila
occidental Humanos
este
Orangután
de Sumatra
forma ancestral
Bonobo Chimpancé
Orangután
de Borneo
Fuente: Elaboración propia.
La frecuencia de alelos de cada población de humanos es estadísticamente
diferente de la de otras. Esto es verdad, por ejemplo, para austriacos y
alemanes e incluso para los habitantes de dos ciudades vecinas. Las diferencias
aumentan con la distancia geográfica. Pero incluso estas diferencias no tienen
gran importancia y no justifican la clasificación en distintas razas (como en el
caso de los austriacos y alemanes).
La migración del Homo sapiens se inició en África unos noventa mil años
atrás y ha pasado por diferentes cuellos de botella que redujeron la diversidad
de forma decisiva. Este desarrollo fue seguido por un rápido crecimiento de
la población. Ahora somos una población global con la diversidad genética
de un grupo de diez mil africanos que migraron, se establecieron en todo el
globo y se convirtieron en siete mil millones: todos somos africanos.
En resumen, el concepto de raza no tiene bases genéticas, los patrones
de ADN no están distribuidos a lo largo de las fronteras ficticias de los
continentes y no tienen correlación con cualquiera de las categorías llamadas
razas (Cavalli-Sforza, Menozzi y Piazza, 1996; Cavalli-Sforza, 1997;
Templeton, 1999; Pääbo, 2001; Royal y Dunston, 2004; Serre y Pääbo, 2004;
Stix, 2008).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
182 Ulrich Kattmann
Racismo y culturalismo
Pasos hacia el racismo
A pesar de los resultados de los estudios genéticos, los racistas crean su punto
de vista de las razas sobre la base de sus propios intereses. Incluso para las
personas bien intencionadas, el conocimiento de que el concepto biológico
de raza es científicamente obsoleto no es suficiente para superar los prejui-
cios o las actitudes racistas (Janßen, 1998). Pero la percepción de la forma-
ción del pensamiento y las acciones racistas puede ayudar a identificarlos y
evidenciarlos. En los pasos hacia el racismo, el concepto de raza juega un rol
importante. Explícita o implícitamente, este concepto está casi inevitable-
mente asociado al prejuicio racial. La imagen de los extraños emerge de la
imagen propia: la autoimagen positiva de un grupo crea la imagen negativa
de fuera del grupo —esto ocurre, por ejemplo, con el estereotipo hetero (Nol-
ting, 1987; Kattmann, 1997)—. Por esto, las imágenes de fuera del grupo
(estereotipos y prejuicios raciales, sexuales y culturales) no encajan en la
realidad: ellas no nos dicen nada sobre las características de fuera del grupo
(y, naturalmente, tampoco del grupo) (Kattmann, 1980).
La clasificación de razas en la biología (incluyendo enfoques históricos)
y la discriminación racial pueden ser caracterizadas a través de procesos
muy similares (Tabla 2). Tal como lo describe la psicología social, los
paralelos entre los mecanismos de la discriminación de grupo y el proceso de
clasificación de las razas son llamativos y demuestran que, biológicamente,
las razas son construcciones sociales. Esto también se muestra por el hecho
de que las clasificaciones raciales difieren en extremo entre culturas y grupos
sociales debido a fuertes influencias de intereses sociales de los grupos
clasificadores (Kattmann, 1999).
La clasificación de humanos en razas es de por sí un recurso fundamental
del racismo, que promueve la discriminación social y culmina en el crimen
de genocidio (Tabla 3). Si se conecta con la valoración social, la clasificación
da a luz consecuencias peligrosas. Esto es verdad para las ideologías de
superioridad de “blancos” sobre “negros” o de “cultura” sobre “razas
primitivas”.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 183
Tabla 2. Paralelos entre la formación de los prejuicios raciales y la clasificación
biológica de las razas
Formación de prejuicios raciales (descrita por la
Doctrinas raciales (en la ciencia)
psicología social)
Conciencia de la afiliación a un grupo Muestreo de rasgos raciales típicos
Formación culturalmente determinada de grupos Clasificaciones raciales divergentes
Conceptos y definiciones de “raza”
Distribución y alienación de grupos Ideas esencialistas de la raza como
unidades persistentes de evolución
Evaluación de grupos Enlace de “raza” con habilidades
La autoimagen determina la imagen de fuera del mentales y culturales
grupo Inferioridad de las razas extranjeras
Construcción social de la raza
Ideología de grupo causada por conflictos e
Dicotomías “blancos” y “negros”, “arios”
intereses sociales
y “judíos”
Fuente: Elaboración propia.
Históricamente, la conexión entre la clasificación biológica de las
razas y el racismo es bastante fuerte. El ejemplo más llamativo es el de la
colaboración de antropólogos físicos alemanes con los nacionalsocialistas
para conducir las “leyes raciales”. Con las Leyes de Nuremberg de 1935 los
judíos perdieron sus derechos como ciudadanos alemanes y los matrimonios
entre judíos y personas de “sangre alemana y afín” fueron prohibidos. En
los casos de incertidumbre de la paternidad, estas leyes prescribían la tarea
de identificar si una persona era “judía”, “híbrido” o “alemán o de sangre
afín”. Miembros de institutos de antropología de universidades reclamaron
que ellos eran los únicos expertos capaces de determinar la “raza” de una
persona. En general, estos “expertos” decidieron inescrupulosamente que las
personas con menos estudios eran judíos, sin considerar los asesinatos que
los esperaban en los campos de concentración (Seidler y Rett, 1982).
Cabe destacar que la división de grupos, y no su evaluación, es el primer
paso del racismo. La cohesión entre los niveles de racismo y sus consecuencias
deben ser admitidas y evidenciadas en la investigación y práctica cultural.
Además, los mismos niveles aplican al culturalismo.
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184 Ulrich Kattmann
Tabla 3. Diferentes clases de racismo y sus consecuencias para la vida humana
Enfoques del racismo Estrategias de los racistas
Pureza Segregación, apartheid, guetos
Las razas difieren en su esencia; las razas deben
mantenerse puras.
Superioridad Discriminación social, supresión
Las razas difieren en valor: “mi raza es la mejor”. política
Selección Programas de esterilización,
Las razas deben ser constantemente mejoradas o se eugenesia
degenerarán.
Mi raza debe ser mejorada por selección positiva y
protegida de otras razas por selección negativa.
Limpieza Expulsión (limpieza étnica),
Los extraños son una amenaza, deben ser eliminados de asesinato, genocidio
mi territorio.
Fuente: Elaboración propia.
Raíces del culturalismo
“El culturalismo es la idea de que los individuos están determinados por
su cultura, que esas culturas se forman de manera cerrada, totalmente
orgánicas y que el individuo es incapaz de dejar su propia cultura, y, más
bien, que solo puede realizarse a sí mismo dentro de ella. El culturalismo
también mantiene que las culturas tienen derecho a derechos y protecciones
especiales, incluso si al mismo tiempo ellos violan derechos individuales.”
(Erikson y Stjernfelt, 2009, p. 1).
El culturalismo se basa principalmente en una visión disruptiva de
que las culturas humanas son esencialmente diversas. La diversidad de las
culturas (no su unicidad) era el problema dominante de la etnología. Así,
la antropología se enfocó en las razas como unidades esenciales y no en las
especies humanas como un todo. Las razas no estaban definidas solamente
por los rasgos del cuerpo, también por características psicológicas y
culturales. En el siglo XVIII, el conde francés Arthur de Gobineau (1816-
1882) construyó una filosofía de la historia que reclamaba que la cultura
europea había sido fundada y se basaba en la raza “nórdica”, “aria” o
“germana”, y que, inevitablemente, la mezcla de razas destruirá a la cultura.
Esto fue sostenido por Gobineau y varios de sus seguidores en los siglos XIX
y XX (por ejemplo, Houston Steward Chamberlain, 1855-1927, quien fue
leído con impaciencia por Adolf Hitler). Algunos elementos de este tipo de
pensamiento todavía son virulentos. Siguiendo las huellas de Gobineau, un
antropólogo alemán, formador de gran influencia, considera que la cultura
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Conferencia: Raza, genes y cultura 185
depende de la raza: “Cada cultura autóctona debe originalmente crecer en el
suelo de las habilidades especiales y aptitudes de los humanos que la están
llevando” (Knußmann, 1996, p. 426).
La afinidad del culturalismo con el racismo debe ser reconocida en los
estudios culturales: en la definición citada, la separación de culturas (como
el desarrollo aislado de las razas) y su tratamiento como entidades que
determinan al individuo no son paralelos superficiales, sino los resultados de
la concepción histórica de que raza y cultura están estrechamente vinculadas
entre sí. La idea de aislamiento, y aún más la concepción de un antagonismo
hostil, permanece de manera virulenta tanto en el racismo como en el
culturalismo. Esta reciente ideología alcanzó su expresión más influyente
en el postulado “choque de civilizaciones”, destacando principalmente la
confrontación de los “occidentales” con el mundo islámico (Huntington,
1996).
Trampas de la simplicidad
La generalización y los esquemas sirven fundamentalmente como herramien-
tas de orientación en un mundo complejo y diversificado. Pero las generali-
zaciones también son peligrosas. De manera inevitable, las generalizaciones
están conectadas con pérdidas de información: la individualidad se pierde en
el promedio. Si esta circunstancia no se evidencia, los resultados de la gene-
ralización se vuelven trampas de la simplificación. La simplicidad, entonces,
evoca la reificación de tipos abstractos, tales como “razas humanas”, “nive-
les de cultura”, “rol de los sexos”, y puede estar vinculada con estereotipos
racistas, culturalistas o sexistas. Explícita o implícitamente, las valoraciones
favorecen el desarrollo de ideologías como el racismo, el sexismo o el cul-
turalismo. Los medios de la simplificación son: tipos, dicotomías y valores
medios.
• Los tipos son imágenes ideales o tipos derivados estadísticamente
(clases), que desplazan la diversidad de los individuos. La formación
de los tipos está basada en el concepto de que individuos con
similares características deben ser estandarizados, ubicándolos en
una clase unificadora. Una forma más débil es la orientación a través
de prototipos (Rosch, et al., 1976). Si son tipos de razas, culturas
o sexos, existen solo en nuestras mentes. En biología, la formación
de tipos es en especial inadecuada porque la variabilidad, difusión
y continuidad de las características en grupos y entre grupos se da
de manera descuidada. En biología, los tipos son solo instrumentos
que ayudan a describir taxones y a reconstruir la historia de grupos
filogenéticos. En etnología, los tipos de culturas son útiles para
ordenar y tener una visión general de la diversidad de la vida humana.
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186 Ulrich Kattmann
Pero la cultura debe ser comprendida como entidad y como proceso
evolutivo en la historia de los humanos, por lo que el cambio y la
mutabilidad deben ser considerados. Las regularidades, las leyes y,
al menos, los llamados principios de conservación (conservación de
las especies o “razas” o cultura) no pueden ser deducidos de los tipos.
• Las dicotomías dividen la diversidad de procesos y modos de vida en
alternativas en apariencia incompatibles. Luego, formas intermedias
y la continuidad evolutiva e histórica son descuidadas o tratadas como
marginales. Esto es cierto para la dicotomía de los sexos, en la que
la superposición de características y, aún más serio, los intersexuales
son excluidos. Esto también aplica a las políticamente motivadas
dicotomías racistas de “blancos” y “negros” o “de color” y “blancos”
y a la distinción entre las llamadas civilizaciones primitivas y las altas
civilizaciones.
• La formación de valores medios también es un instrumento para
reducir la diversidad a la simplicidad y obtener tipos homogéneos.
De este modo, la difusión de características es ignorada. Una vez
formada y estadísticamente salvada por la importancia, la pérdida
de información a menudo no se tiene en cuenta, pero en general es
seguida de suposiciones científicas de largo alcance (por ejemplo
deducir la habilidad de los grupos a partir de los valores del coeficiente
intelectual).
Las trampas de la simplicidad no son la causa última de tales valoraciones
sociales, pero tienden a fortalecerlas. Se debe tener cuidado, ya que las
tendencias habituales del pensamiento conducen a generalizaciones, tipos y
dicotomías que son efectivos instrumentos mentales para justificar y hacer
cumplir intereses motivados personal o socialmente. Por consiguiente, las
cuestiones de medidas educativas no son solo valoraciones y discriminación
social por sí mismas, sino medidas de formación y uso adecuado del
conocimiento.
Más allá de las razas y el choque de civilizaciones
Solo la cultura humana
Para prevenir el racismo y el culturalismo no es suficiente con negar la exis-
tencia de las razas o enfatizar las similitudes culturales. Uno tiene que expli-
car las diferencias entre culturas que, en el marco de estos enfoques, están
vinculadas a las diferentes habilidades mentales de las poblaciones o “ra-
zas”. Por esto, es de gran importancia ofrecer una explicación alternativa.
De acuerdo con Jared Diamond (1997), las condiciones biogeográficas hacen
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 187
la diferencia: la agricultura, y, como consecuencia, la civilización compleja,
emergió en áreas habitadas por plantas y animales apropiados para la domes-
ticación. Estos datos deben ser usados para pintar una imagen correcta del
desarrollo de las poblaciones y culturas humanas (Kattmann, 2009).
Además, las diferentes culturas no deben ser tratadas como alternativas
excluyentes, sino que debe enfatizarse que son componentes complementarios
de la cultura humana. En la visión biológica inclusiva, la cultura es un rasgo
específico de la especie humana (Homo sapiens). Por lo tanto, el concepto
de cultura debería ser entendido principalmente como una unidad y, por
consiguiente, debería ser usado en singular. Se debe promover un pensamiento
inclusivo que busque combinar opuestos en un todo (Schaefer, 1984) y
mostrar que las variedades culturales son solo facetas de la cultura como
una característica humana única y universal. Este punto de vista inclusivo
puede ser un instrumento efectivo contra el pensamiento racista y culturalista
que aplica dicotomías y características grupales disruptivas: las diferencias
no son negadas o supervisadas, sino que son valoradas como una pluralidad
dentro de la unidad fundamental de la cultura humana. Los puntos en común
ya no son vistos como accidentales, sino como esenciales. De este modo, las
diferencias pierden su poder separador, y a veces hostil, y pueden convertirse
en puntos de partida hacia el diseño de una existencia enriquecida.
Los estudios calificados como interculturales o transculturales —o, más
abiertamente, la afirmación del desarrollo multicultural— aún implican la
existencia de culturas separadas y por esto respaldan el pensamiento disruptivo
del culturalismo. En este sentido, los estudios en los cuales la cultura humana
es el problema deberían, de manera adecuada, ser simplemente llamados
investigación cultural.
Interpretación de las curvas de campana
La superposición de distribuciones normales (curvas de campana) puede
ayudar a entender la diversidad humana (Figura 3). La zona de superposición
es vista de forma espontánea en el área aproximadamente triangular entre las
dos curvas (superposición de fantasía). Esta percepción de una superposición
de lugares enfatiza en las diferencias grupales y hace creer que los grupos
tienen solo unos cuantos valores en común. Pero la verdadera zona de su-
perposición es el área donde las dos curvas tienen los mismos valores en co-
mún en el eje X. Esta zona de superposición casi siempre incluye los valores
medios de ambos grupos. Por consiguiente, los valores medios no nos dicen
nada sobre los individuos de los dos grupos (es decir, “razas” o cualquier otra
división con un patrón de distribución similar).
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188 Ulrich Kattmann
Figura 3. Superposición de curvas de campana de dos grupos o poblaciones
Número
Superposición real
Superposición
de fantasía
Valores de rasgo
Fuente: Elaboración propia.
Centrarse en el individuo
Actualmente, la concepción de “raza” parece revivir con respecto a algunas
enfermedades genéticas y su terapia. En Estados Unidos, la anemia de cé-
lulas falciformes es llamada “enfermedad negra”, ya que los casos de esta
enfermedad son encontrados frecuentemente entre afroamericanos. Las en-
gañosas y peligrosas consecuencias de tal reificación de la raza pueden ser
demostradas con el caso de un pequeño niño pobre, malinterpretado por sus
doctores debido al color claro de su piel.
“Como en el siguiente ejemplo, etiquetar esta enfermedad sobre la base
del fenotipo (color de piel) resultó en consecuencias serias para la salud de
individuos que no son fenotípicamente ‘negros’ pero tienen las variantes
genéticas relevantes. Un niño de 8 años, fenotípicamente europeo, fue
presentado con dolor abdominal agudo y anemia (hematocrito 0,21).
A pesar de que su temperatura corporal era de 37,9°C, la cirugía fue
considerada. Un técnico (accidentalmente) encontró corpúsculos rojos con
características hematolíticas en un frotis. La cirugía fue cancelada luego de
que los resultados de una prueba para anemia falciforme salieran positivos,
y el niño fue tratado por anemia falciforme no diagnosticada previamente.
Sus padres eran de Granada y tenían ancestros de la India, norte de Europa
y del Mediterráneo. Este caso destaca la idea de que la ascendencia es un
mejor indicador que la ‘raza’ o la ‘etnia’ si uno lleva los marcadores de
anemia falciforme.” (Rotimi, 2004, p. 45).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 189
Ya que los muestreos están orientados hacia la “raza”, un científico líder
propone la siguiente declaración para que sea incluida en cada estudio sobre
poblaciones humanas: “Las frecuencias de los alelos varían entre cualquier
grupo humano seleccionado, asumir que esas variaciones reflejan ‘categorías
raciales’ no tiene justificación” (Duster, 2005, p. 1051). Esto también puede
ser un recordatorio en los estudios culturales. El punto más importante
para evitar el pensamiento racista, sexista y culturalista es enfocarse en el
individuo. La imagen del individuo no debe ser oscurecida por el estereotipo
de las llamadas características típicas del grupo al que el individuo pertenece.
Dichas categorizaciones pueden siempre ser dañinas para individuos que no
se ajustan al etiquetado racial o cultural.
El intento por centrarse en el individuo debe asegurarse en tres pasos:
• Tener cuidado con la tendencia general a reducir la complejidad y a
pasar por alto la individualidad mediante la formación de tipos.
• Reconocer que los esfuerzos mentales para discriminar fuera del
grupo son medios para mantener la autoimagen (tener en cuenta que
formar una imagen propia crea la imagen extraña).
• Considerar los propios (y profundos) intereses personales, sociales
o políticos y prejuicios y no permitir que estos guíen nuestros
pensamientos o acciones
El efecto de centrarse en el individuo y las consecuencias opuestas de
la orientación en imágenes grupales puede demostrarse en dos pequeñas
historias que aprendí de las personas involucradas:
“La enfermera trajo un niño nuevo al grupo del jardín de infantes. Una
niña pequeña señaló al niño de piel oscura y gritó: ‘¡Oh, miren, un negro!’.
Consciente de la situación, la enfermera le dijo al grupo: ‘Él no es un negro,
él es Gordon’.”
“Yo era un buen amigo de Elly. Repentinamente, Elly no apareció en la
escuela. La profesora dijo a la clase que Elly había tenido que dejar la
escuela. Cuando le dije a mi madre que estaba muy triste por que Elly estaba
ausente y que no sabía por qué había abandonado la escuela, mi madre me
dijo: ‘Elly es judía, tú sabes’.”
La historia de Gordon sucedió en un jardín de infantes en Kiel (Alemania)
hace varios años. Luego de la intervención de la enfermera, centrándose en
el individuo, el niño fue totalmente aceptado por el grupo. La historia de
Elly sucedió en la Alemania nazi. Me fue contada por una mujer anciana,
quien expresó sus sentimientos: “Es extraño, hoy en día no puedo entender
por qué me sentí satisfecha con esa respuesta y no pregunté de nuevo”. Pero
su reacción es bastante comprensible: la fijación a las diferencias del grupo
bloqueó la reflexión y las preguntas.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
190 Ulrich Kattmann
Recomendaciones para aplicar la investigación cultural
• Los conceptos biológicos de raza deben ser considerados como
completamente obsoletos.
• Evidenciando el hecho de que la raza no tiene bases genéticas,
la cuestión más importante no es si las razas existen o no, sino si
los conceptos biológicos de raza son adecuados para la diversidad
gradual de los humanos.
• Mientras que los biólogos deberían abandonar el concepto de raza,
los psicólogos y científicos culturales no pueden olvidar la “raza”.
• La “raza” es (incluso en la ciencia) un constructo social con
consecuencias atroces para la vida humana.
• Después de abandonar el concepto biológico de raza, es necesario ser
conscientes del racismo basado en la biología y la cultura.
• Los racistas (y otros) crean “razas” por sus creencias.
• La comprensión de la diversidad de las culturas debe ser enmarcada en
la percepción de que solo existe una cultura humana y, de este modo,
el disruptivo e incluso hostil culturalismo debe ser abandonado.
• Si aparecen concepciones o creencias raciales, sexistas o culturalistas,
es necesario centrarse en el individuo.
Las claves para superar el pensamiento racial, sexista y culturalista
yacen en:
• La percepción de los individuos como objetos concretos, mientras
que los tipos son simplemente abstractos crudos.
• La ambigüedad duradera, los puntos en común y la superposición de
aparentemente opuestos excluyentes.
• La consciencia de la variación y la reflexión del significado de
distribución normal.
Las connotaciones de la “raza” y el racismo, así como del culturalismo,
deben convertirse en problemáticas de discusión, educación y meditación
pública, también en la investigación cultural y la práctica. El objetivo
central es el respeto del otro. Entonces, lo “extraño” puede convertirse en
una parte familiar de nosotros. El método general para lograr este objetivo,
para enfrentar las trampas de la simplicidad y superar el pensamiento racial
y culturalista, es hablar los unos con los otros: es mejor hablar de raza que
guardar silencio sobre el racismo. Además, es más adecuado hablar de manera
inclusiva sobre las culturas como facetas de la vida humana que argumentar
exclusivamente sobre grietas insuperables entre culturas humanas.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Conferencia: Raza, genes y cultura 191
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Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 175-192.
Reseña bibliográfica
El oficio del sociólogo en Uruguay en tiempos de cambio
Miguel Serna y Eduardo Bottinelli
Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2020.
280 pp. ISBN 978-987-691-795-7
Eduardo Arroyo Laguna1
En este año en que ALAS cumple 70 años y la pandemia por COVID-19 ha
bloqueado la dinámica humana habitual, el hermano país de Uruguay nos
presenta un buen libro sobre el oficio del sociólogo en su contexto nacional.
Los editores, Miguel Serna y Eduardo Bottinelli, presidente y vicepresidente
del Colegio de Sociólogos del Uruguay, respectivamente, han compilado las
ponencias presentadas en el IV Congreso Uruguayo de Sociología, celebrado
entre el 24 y 26 de julio de 2019, en una publicación bien balanceada, que
combina temas y escritores, destacando la presencia ubicua de las sociólogas.
Esta publicación nos permite tener una síntesis de lo que ha habido
en Uruguay y de lo que hay ahora. Tanto la introducción que hacen Serna
y Bottinelli como el artículo “La sociología y el oficio del sociólogo en
Uruguay: prácticas y ámbitos” (Serna, Bottinelli y Porta) dan articulación
a todas sus partes. Siguiendo la cronología hecha por Gerónimo de Sierra,
referente nacional de la sociología, los autores plantean tres hitos, uno
fundacional, de 1958 a 1973; uno de cierre de la profesión por la dictadura,
de 1973 a 1984; y la restauración democrática a partir de 1985. Coincide la
periodización que hace De Sierra con la que encontramos en otros textos,
como el de Verónica Filardo, “Enseñanza de la sociología en la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de la República”, el de Denis Merklen,
“El ejercicio de la sociología frente a la cuestión social” e “Itinerarios de la
profesión del sociólogo en Uruguay”, de Marcos Supervielle.
1 Decano del Colegio de Sociólogos del Perú y miembro directivo de la Asociación
Latinoamericana de Sociología (ALAS).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 193-196.
194 Reseña bibliográfica
Sostienen Serna y Bottinelli que existió una institucionalización tardía
de la sociología en la perspectiva regional, al egresar la primera generación
de sociólogas y sociólogos entre 1968 y 1969. El período de dictadura
llevó al exilio a numerosos sociólogos, los que volverán y se articularán a
numerosos centros privados de investigación. En 1985, se inició la transición
democrática. Desde 1990 al 2000 se diversificó académica e institucionalmente
la enseñanza universitaria en la formación pública y privada, tanto en la
capital uruguaya como fuera de ella. Crecerá la Universidad de la República
(UDELAR), generando filiales fuera de Montevideo y ocurriendo un
paulatino proceso de internacionalización de la sociología. En este momento,
ya la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) era un
referente importante.
El perfil y espacio profesional del trabajo del sociólogo se extendió
al Estado, así como a organizaciones de la sociedad civil y al mercado
profesional privado. En ese entonces, había 1.170 titulados, de los que 1.062
eran egresados de la UDELAR y 108 de la Universidad Católica del Uruguay
(UCU). Existía una fuerte concentración de los graduados en la capital. Se
trataba de un sector joven: 64% de los sociólogos y sociólogas tenían entre 30
y 49 años. De ellos, 56% eran mujeres. La mayoría estaba cursando o había
terminado algún posgrado, 77% tenía trabajo remunerado como sociólogos y
20% vinculado a otras profesiones. El grueso trabajaba en el sector público
—la universidad, ministerios y otras instituciones—, con una importante
brecha de género.
En su artículo, Denis Merklen reitera la necesidad de recuperar la
terminología de cuestión social en lugar de pobreza y volver a apoyarse en
textos de inspiración etnográfica, interés que renueva Marcos Supervielle en
su ponencia. Merklen trabajó con Verónica Filardo el tema en Detrás de la
línea de la pobreza: la vida en los barrios pobres de Montevideo (2019)2
y desde allí sostienen que, en la década del ochenta, se pasó a estudiar al
trabajo, al pobre, la curva de la pobreza, la línea de pobreza, y la izquierda no
volvió a hablar de la cuestión social. La pobreza no se ve como proceso, sino
como un estado en el que se encuentran las personas; la política social se ha
concentrado en el pobre para sacarlo de la pobreza, en lugar de estudiar sobre
los procesos y dinámicas que lleven al empobrecimiento.
La segunda etapa va desde mediados de la década del cincuenta del siglo
XX, fines de la guerra de Corea, en un Uruguay que entonces era básicamente
una sociedad agroexportadora, famosa por sus cueros y lanas. En 1963, el
censo de población y vivienda incentivó la vocación científica por la sociología
uruguaya, sobre todo sociográfica, empirista, con información muy rigurosa
sobre clases y estratificación social. En la CEPAL, los sociólogos Quijano,
2 Filardo, V. y D. Merklen (2019). Detrás de la línea de la pobreza: la vida en los barrios pobres
de Montevideo. Buenos Aires: Gorla-Pomaire.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 193-196.
Reseña bibliográfica 195
Solari, Echevarría, Cardoso y Faletto tuvieron mucho que decir, pero fue la
economía la ciencia social de referencia. La última dictadura, que comenzó
en 1973, despidió en masa y deportó a muchos, que hoy son parte de una
diáspora por el continente y el mundo.
Bajo el título “Miradas críticas del desarrollo de la sociología en
Uruguay”, la segunda parte del libro se inicia con la ponencia “Sociología de
género y militancia feminista”, de Rosario Aguirre, que aborda los estudios
sobre la cuestión femenina en los ochenta.
Por su parte, “Sociología y territorio: un camino de encuentros desde la
investigación”, de Alfredo Falero, insiste en que los territorios son espacios
de resistencia y en el protagonismo de los movimientos sociales desplegados
en ellos.
Verónica Filardo, en el mencionado texto “Enseñanza de sociología en
la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República”, sigue
las pautas cronológicas ya indicadas y añade nuevos hechos sociales. En
1992, la creación de la Facultad de Ciencias Sociales, con tres carreras:
Sociología, Trabajo Social y Ciencia Política. Refiere a este momento como
de ensanchamiento del mercado de trabajo y de descentralización de la
UDELAR. En 2005 comienza el primer gobierno del Frente Amplio, se crea
el Ministerio de Desarrollo Social, destino de los egresados de Sociología, y
también el sector privado.
Dinora Motta de Souza, en “La sociología como disciplina escolar
dentro de la Administración Nacional de Educación Pública”, refiere a la
preparación de los profesores de sociología desde la educación secundaria.
El libro cuenta con una tercera sección, testimonial y muy original, en la
que los sociólogos relatan cómo hacen sociología. Hay alusiones al trabajo
de campo por parte de Lorena Custodio, en “La reflexión sociológica y el
trabajo de campo”, y también, en otros artículos, sobre la diversidad de roles
como indicador de fortaleza o debilidad profesional.
En el campo de la sociología de la cultura Rosario Radakovich plantea
que “la cultura fue y es mi pasión. La sociología, mi profesión”. Nos dice que
la sociología de la cultura ofrece el análisis de lo cotidiano, el tiempo libre, los
gustos, las prácticas artísticas. Encuentra los conflictos intergeneracionales
en asuntos como el disgusto adulto con el rock, la bronca uruguaya con la
cumbia o la percepción del envejecimiento del tango, y constata que entre
los uruguayos habría cierta heterogeneidad y un eclecticismo en los gustos
culturales, por ejemplo en la música.
Finalmente, la cuarta parte, titulada “La sociología y la defensa de la
profesión en América latina”, se abre con la Declaración del Encuentro de
Colegios y Asociaciones de Sociología en América Latina en Montevideo,
en 2019. Es una declaración corta, con nueve puntos que sintetizan que el
propósito común es el de vertebrar una agenda conjunta de trabajo, que debe
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 193-196.
196 Reseña bibliográfica
tener como eje principal de acción la promoción y la defensa de los espacios
de oficio, inserción laboral y profesional del sociólogo en la sociedad.
Karina Batthyány, secretaria ejecutiva del Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales (CLACSO), en su ponencia sobre los desafíos de las ciencias
sociales en la coyuntura latinoamericana y caribeña, define como encrucijada
el momento que actualmente se vive en América Latina y el mundo entero.
Estamos en un momento de surgimiento de corrientes conservadoras a nivel
mundial, unido hoy a la pandemia y la lucha por el control del planeta de parte
de las potencias. En este sentido, a pesar de que ha habido crecimiento, las
desigualdades se mantienen, incluso en los momentos de mayor crecimiento.
Por todos lados pululan las desigualdades de género, orientación sexual, raza,
grupo étnico, religión, situación económica y situación geográfica. La autora
señala que para CLACSO los objetivos centrales son erradicar la pobreza y
la pobreza extrema, así como reducir las desigualdades en una región como
América Latina, considerada la más desigual del mundo.
En suma, este libro se convierte en un hito en el trabajo sociológico en
Uruguay. Puede servir, además, como guía para que los sociólogos de los
diversos países latinoamericanos hagan un balance de su oficio y del ejercicio
profesional y extraigan valiosas enseñanzas de las experiencias relatadas.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 34, n.º 48, enero-junio 2021, pp. 193-196.
Normas editoriales para la presentación de artículos
originales para la Revista de Ciencias Sociales
Reglas generales n
Publicable sujeto a modificaciones
mayores.
La Revista de Ciencias Sociales del
Departamento de Sociología de la Facul- n
No publicable.
tad de Ciencias Sociales de la Universidad
de la República, Uruguay, es una publica- En caso de controversia en los juicios,
ción semestral y arbitrada. Recibe artícu- se envía a un tercer evaluador cuya deci-
los inéditos de ciencias sociales, en espa- sión determinará la publicación o no del
ñol, inglés o portugués, que no hayan sido artículo.
presentados ni se encuentren en proceso
de evaluación en otras publicaciones. Los El/la editor/a de la revista hace llegar
trabajos originales deben ser enviados a la las evaluaciones al autor, quien tendrá dos
siguiente dirección: revista.ds@ciencias- semanas para realizar, si corresponde, las
sociales.edu.uy. modificaciones al artículo. Si alguno de los
evaluadores emite el fallo “Publicable, su-
jeto a modificaciones mayores”, al recibir
Selección y arbitraje
la evaluación, el/los autor/es deberán con-
El Comité Editorial decide, sin conocer al siderar las sugerencias aportadas y especi-
autor del artículo, si el tema del trabajo se ficar, en carilla aparte, las modificaciones
encuentra dentro de la temática de la revis- realizadas en el artículo. Posteriormente,
ta y si cumple con las normas editoriales. los árbitros confirmarán que sus observa-
En caso de ser aceptado, el autor deberá ciones y sugerencias han sido contempla-
firmar una carta en la cual declara que el das y emitirán fallo al respecto. El autor
artículo es inédito y no está siendo evalua- contará con dos oportunidades de revisión,
do por otra publicación. Una vez recibida luego de las cuales el artículo será acepta-
la carta por el Comité Editorial, el artículo do o rechazado.
se envía, para su evaluación, al menos a
Una vez iniciado el proceso de eva-
dos árbitros externos, nacionales o extran-
luación por árbitros externos, en el caso
jeros, de trayectoria reconocida en la temá-
de que el/los autor/es decidan retirar el ar-
tica que se plantea. Los árbitros no cono-
tículo presentado, el Comité Editorial no
cen la identidad del autor y el autor ignora
aceptará trabajos de su autoría para los tres
la identidad de los árbitros, de acuerdo con
números siguientes de la revista.
el sistema conocido como “doble ciego”.
En un plazo de tres semanas, los árbitros
hacen sus observaciones, mediante un for- La presentación
mulario con diversos ítems (propósito del La primera página del texto deberá incluir
artículo, análisis y discusión teórica, me- el título del artículo en español e inglés y
todología, lenguaje, conclusiones, biblio- el/los nombre/s de el/los autor/es, con una
grafía, etcétera) y un juicio final según las nota al pie con una reseña de cada uno de
siguientes posibilidades: ellos, que indique titulación, cargo docen-
n
Publicable. te, institución, país de referencia, número
de identificación ORCID, dirección elec-
n
Publicable con cambios mínimos.
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198 Normas editoriales
trónica y contribución en porcentaje a la en tonos de grises. Eventualmente, se po-
elaboración del artículo. drán utilizar en los gráficos estilos como
El texto deberá tener una extensión total rayados o punteados. Los cuadros y las
máxima de 50.000 caracteres con espacios. gráficas deben entregarse en formato edi-
table (Word o Excel) sin incrustar.
El artículo deberá incluir un resumen
en español e inglés, de un máximo de 800 Los cuadros o gráficos deberán ir nu-
caracteres con espacios, y hasta cinco pa- merados correlativamente con números
labras clave, en los dos idiomas. En el caso arábigos antes del título, como por ejemplo:
del resumen en inglés, al inicio se debe Cuadro 1. Tasas de escolarización por
incluir el título del artículo en ese idioma. edades y nivel de ingresos per cápita de los
hogares. Año 2006
Títulos En cada cuadro, gráfico o ilustra-
Extensión máxima medida en caracteres ción deberá indicarse la fuente, como por
con espacios: ejemplo:
n
Título principal: 50. Fuente: Instituto Nacional de Estadís-
tica. Encuesta Continua de Hogares, se-
n
Título secundario: 45.
tiembre 2007
n
Subtítulos: 60.
En el caso de que el texto incluya ma-
Se recomienda incluir un subtítulo pas, estos deberán contener solamente los
cada 4.000 caracteres, aproximadamente. elementos imprescindibles y evitar aque-
llos que estén excesivamente recargados
Uso de itálicas de dibujo o de texto. Siempre se deberá
indicar la fuente.
El uso de itálicas se reservará para desta-
car aquellos conceptos o ideas-fuerza que Es imprescindible que todas las imáge-
el autor quiera resaltar. En ningún caso nes y mapas sean entregados en formatos
deberá usarse negrita o subrayado a estos de alta calidad (JPG con alta resolución),
efectos. Las itálicas se aplicarán también en archivos por separado, de lo contrario,
a todos los términos en idioma extranjero. no podrán ser incluidos en la revista.
En estos casos, deberán ir seguidos de la
traducción entre paréntesis la primera vez Citas y referencias bibliográficas
que aparecen en el texto.
Las citas y referencias bibliográficas de-
berán regirse por el sistema de referencias
Porcentajes Harvard (ver <https://libweb.anglia.ac.uk/
Se deben usar cifras seguidas del símbo- referencing/harvard.htm>).
lo de porcentaje (%) para indicar un valor Las citas se indicarán en el texto o al
porcentual, excepto cuando este se encuen- final del párrafo correspondiente, de la si-
tre al principio de una frase. En tal caso, guiente forma: entre paréntesis, con apelli-
hay que escribirlo en letras (por ejemplo, do del autor, año de la edición, y página/s
Treinta y cinco por ciento…). citada/s, si corresponde. Por ejemplo:
(Touraine, 1980, p. 250).
Cuadros, gráficos e imágenes Las citas textuales deben figurar entre
Dado que el interior de las publicaciones comillas y no se utilizará negrita ni itálica
se imprime en blanco y negro, todos los para resaltarlas.
cuadros, gráficos, mapas e imágenes que Cuando se trate de una obra de dos o
se incluyan en el texto serán presentados tres autores, debe nombrarse a todos en
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Normas editoriales 199
el texto. Por ejemplo: (Caetano, Gallardo Caetano, G. (1991). Notas para una
y Rilla, 1995). En el caso de que se cite revisión histórica sobre la “cuestión nacio-
a cuatro o más autores, se incluirá el ape- nal” en el Uruguay. En: H. Achugar (1991).
llido del primero seguido por “et al.”. Ej.: Cultura(s) y nación en el Uruguay de fin de
(Gambina et al., 2002, p. 119). siglo. Montevideo: Fesur, pp. 17-45.
Siempre que en una cita se omita parte Referencia a un artículo de revista:
del texto, se escribirán puntos suspensivos Quinteros, A.M. (2008). Trabajo so-
entre corchetes, de la siguiente manera: cial, familias y dilemas éticos. Trabajo So-
[…]. Del mismo modo, cualquier aclara- cial: Revista Regional de Trabajo Social,
ción que no pertenezca al texto citado se 44(22), pp. 52-62.
escribirá entre corchetes.
Cuando el libro, artículo o capítulo
Cuando, sin citar textualmente a un au- tenga múltiples autores, se debe mencionar
tor, se resume con palabras propias parte a todos ellos en el orden en el que figuren
de su obra, deberá indicarse el apellido del en la publicación.
autor, seguido del año de la obra entre pa-
réntesis. Por ejemplo: Para los recursos tomados de la Web:
“Junto con el proceso de globaliza- Citar los datos según se trate de un li-
ción, se comenzó a gestar lo que Castells bro, un artículo de libro, una revista o un
(2000) denominó Sociedad de la Informa- artículo de diario o periódico. Incluir la
ción y el Conocimiento…”. fecha en que se accedió al sitio web, así
como la dirección electrónica o URL entre
Cuando se citen varios autores, se in- corchetes angulares < >. Por ejemplo:
dicarán todos los datos que correspondan.
Por ejemplo: (Touraine, 1980; Delgado,
PNUD Informe sobre desarrollo humano
1982). De igual forma se procederá cuan-
[en línea]. Disponible en: <http://hdr.
do se citen varias obras de un mismo autor.
undp.org/es/> [acceso 15/02/2011].
Por ejemplo: (Touraine, 1980, 1989).
Notas al pie de página: no se usarán Costos
para referencias bibliográficas sino solo
para aclaraciones terminológicas. Las no- La Revista de Ciencias Sociales no cobra
tas al pie deben ir exclusivamente al pie por procesar artículos, publicarlos o acce-
de cada página, no como notas al final del der a ellos luego de publicados. Luego de
documento. publicado en la revista, el autor conserva
su derecho a publicar su artículo íntegro en
otros espacios.
Lista de referencias bibliográficas
En la lista de referencias bibliográficas se Política de acceso abierto
deben incluir los datos de todas las obras
y autores citados en el artículo, incluso si La Revista de Ciencias Sociales forma parte
las citas no son textuales. Las referencias de un conjunto de iniciativas que promue-
deben presentarse en orden alfabético por ven el acceso libre al conocimiento, por
autor y respetar la secuencia de los datos, lo que todos sus contenidos son de acceso
tal como figura en los siguientes ejemplos: libre y gratuito y se publican bajo licencia
Creative Commons de tipo CC BY SA.
Referencia a un libro:
Bourdieu, P. (2002). El oficio de soció- Normas de ética
logo. Buenos Aires: Siglo XXI.
La Revista de Ciencias Sociales adhiere a
Referencia a un capítulo: los estándares internacionales publicados
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200 Normas editoriales
por el Comité de Ética en la Publicación para la presentación de propuestas de dos-
(COPE) para garantizar la transparencia en sier o artículos temáticos.
los procesos de publicación de los artícu- Los autores deberán consignar la ins-
los y en los conflictos que puedan surgir titución y país de referencia. Recibirán
de ellos. dos ejemplares de la revista con su artí-
La Revista de Ciencias Sociales utiliza culo.
el programa antiplagio VIPER, con el que La Revista de Ciencias Sociales utiliza
se analizan todos los artículos recibidos. la red social Twitter.
Otras consideraciones
Comité Editorial
Los plazos máximos de entrega se dan a Revista de Ciencias Sociales
conocer cuando se realizan los llamados Departamento de Sociología
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de la República
Evaluadores de los artículos incluidos en este número
Virginia Ballester
Matías Carámbula
Minerva Catalán
Carolina González
Agustín Juncal
Julieta Krapovickas
Amalia Laborde
Geyser Margel
Pablo Meneses
Selva Ortiz
Gabriel Oyhantçabal
Diego Piñeiro
Anabel Rieiro
Johanne Saint-Charles
Sol Scavino
Laura Vecinday
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