Mentalización.
Revista de psicoanálisis y psicoterapia, 15; Abril 2021 1
Pensar el Doble. Del Narcisismo Primario
a la Construcción de la Alteridad
Johann Jung
Y
A partir de la introducción que hizo Freud no está capacitado para distinguir y calificar sufi-
no cesa de debatirse, en el seno de la comunidad cientemente lo que en el interior de él tiene que
psicoanalítica, la noción del narcisismo primario ver con el objeto o consigo mismo. La alteridad
haciendo referencia históricamente a un estadio del objeto se percibe entonces como formando
“anobjetal” que precede el reconocimiento efec- parte de sí y provista de atributos del yo, esto tiene
tivo del objeto. como consecuencia amenazar a la subjetividad de
Esta posición teórica, aunque haya sido refu- un estado de alienación.
tada por algunos analistas en nombre de la exis- Esta aproximación del narcisismo primario
tencia precoz de relaciones de objeto, o más aún choca igualmente con los recientes descubrimien-
en nombre de una diferenciación establecida de tos de las neurociencias y de la psicología del
entrada entre el sujeto y su entorno, corresponde desarrollo, a partir de los cuales ya no es posible
en Freud a la necesidad de pensar los orígenes del hoy en día pensar al sujeto como estando “cortado
psiquismo. En este sentido, la investigación de un “o “confundido” con su entorno, y esto incluso en
primer estado, que va a calificar en 1938 de narci- un estadio precoz. Numerosos trabajos subrayan,
sismo primario absoluto, tiene que ser compren- por el contrario, la existencia a partir del naci-
dido más globalmente a la luz de la reformulación miento de un compartir estados emocionales en-
teórica de los años 20 en el sentido de un mito tre el recién nacido y su entorno, así como una ca-
fundador. pacidad para distinguir lo que viene de sí y lo que
Sin embargo, y aunque algunos enunciados viene del otro sujeto. Por ejemplo, el bebé desa-
de Freud permiten matizar esta concepción, su rrolla muy pronto un conocimiento implícito del
persistencia en el pensamiento psicoanalítico cuerpo como entidad diferenciada, lo que Ph Ro-
contemporáneo sigue planteando un cierto nú- chat llama “un sentido ecológico de sí”. La puesta
mero de dificultades a la hora de pensar en los pri- en evidencia de estas aptitudes precoces ha con-
meros lineamientos de la construcción de la sub- ducido a un cuestionamiento del narcisismo pri-
jetividad, y en aquello que está en juego en el co- mario contemplado como un estadio primitivo
razón de los sufrimientos narcisistas e identita- del desarrollo (Ph Rochat, D. N. Stern) a partir del
rios. cual el sujeto no podría percibir una diferencia
La clínica actual de estas formas de sufri- con su entorno, éste no sería ni reconocido ni di-
miento muestra cómo el objeto, aunque descono- ferenciado.
cido en su alteridad propia, se ha “impuesto” pre- Estas consideraciones reenvían al impasse
cozmente a la subjetividad. El objeto no está au- teórico de un narcisismo primario definido suce-
sente sino incorporado al yo bajo una forma inasi- sivamente por Freud como un estado autárquico
milable e impensable, alterando considerable- independiente del objeto (1911), después como
mente la construcción del narcisismo primario. un estado anobjetal caracterizado por la indife-
En estas coyunturas psíquicas, en donde “la som- renciación primitiva sujeto/objeto (1920).
bra del objeto ha caído sobre el yo”, el sujeto ya
Y
Association Recherches en psychanalyse | « Recher-
ches en psychanalyse » 2015/1 n° 19 | pages 77 à 86
ISSN 1767-5448. Traducción de Pilar Puertas Tejedor.
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Jung, J. Pensar el doble: del narcisismo primario a la construcción de la alteridad 2
Cuestionando el estatus anobjetal del narci- partidarios de la observación directa de bebés a
sismo primario, estas nuevas investigaciones han partir de la observación de las interacciones pre-
permitido recientemente volver a pensar más ma- coces, y aquellos que defienden, por el contrario,
tizadamente su inscripción metapsicológica, re- la perspectiva de una reconstrucción de la vida
considerando notablemente el rol del objeto en su psíquica y de la vida subjetiva a partir de la clínica.
edificación. Este giro de la teoría permite igual- La segunda posición, desarrollada por R.
mente, como vamos a verlo aclarar por otro lado, Roussillon, da cuenta de la necesidad de salir de
la construcción de la identidad subjetiva -así aquellos conceptos tales como que “el bebé reco-
como la relación que mantiene con la problemá- noce o no reconoce la existencia del otro”. Si el
tica de la alteridad y del doble- en cada etapa de bebé está capacitado para percibir el mundo de los
su desarrollo. objetos y de “reconocer” algunas formas de la di-
ferencia, esta percepción depende al mismo
tiempo de una cierta concepción del otro, o de su
El Narcisismo Primario en Debate
diferencia, correspondiente a su nivel de desarro-
Los elementos del debate actual sobre el nar- llo.
cisismo primario permiten inferir, según R. Rous- La cuestión que se impone al autor ya no es
sillon, dos posiciones diferentes sin que sin em- que el bebé reconozca la existencia o no de la ma-
bargo sean antagonistas. La primera se ilustra en dre, sino más bien ¿cómo la diferencia percibida
los trabajos de M. David y B. Golse a partir de la es significada, y consecuentemente, qué tipo de
hipótesis, según la cual, los estados de conciencia relación se puede establecer?, está problemática
del bebé no son continuos. La actividad psíquica reencuentra la forma en la que el bebé categoriza
y en particular la que concierne a los estados de “su relación con el objeto” y en la que significa
conciencia del bebé, se expresarían de modo es- subjetivamente lo que percibe.
porádico; el reconocimiento o la percepción dife- De este modo, la representación de una acti-
renciada del objeto alternaría de este modo con vidad psíquica primitiva del bebé, que oscila entre
momentos de desconocimiento y/o indiferencia- percepción diferenciada del objeto y desconoci-
ción, ligados por ejemplo a ciertas manifestacio- miento del objeto, debe poder dialectizarse con la
nes de la vida pulsional. De este modo, B. Golse segunda posición que interroga el nivel de reco-
(2010) concibe la construcción de la intersubjeti- nocimiento del objeto. Por ejemplo, el bebé puede
vidad en un vínculo dialéctico “entre momentos percibir y discriminar ciertas estimulaciones del
de intersubjetividad primaria efectivamente posi- objeto con relación a sus propios movimientos (J.
bles de entrada, aunque fugitivos, y probables mo- Decety 2002-2004) sin que sea, por otro lado, ca-
mentos de indiferenciación”. paz de concebir y de reconocer al objeto en su ex-
Según R. Roussillon esta posición reenvía a la terioridad como “un objeto otro sujeto” (R. Rous-
cuestión de saber si se debe continuar pensando sillon) provisto de intenciones y de deseos pro-
al bebé en el sentido de una unidad, lo cual parece pios.
suponer la teoría de un narcisismo anobjetal, o Estos elementos nos conducen a aprehender
por el contrario pensarlo en el sentido de una ne- el establecimiento de un narcisismo primario a
bulosa subjetiva (M. David) que se unificaría se- partir de dos categorías de procesos o dos corrien-
cundariamente a partir de aquello que está en tes psíquicas a priori antagonistas pero que, sin
juego en la maduración. embargo, se co-construyen recíprocamente al hilo
Deconstruyendo la concepción de un sujeto del desarrollo.
que existiría de entrada bajo una forma estable y
duradera, esta posición permite complejizar lo
Las Dos Corrientes del Narcisismo Primario
que se entiende por narcisismo primario y recon-
siderar el rol del objeto en su constitución, unién- La primera categoría reúne procesos destina-
donos a la fórmula de Winnicott según la cual “un dos a sostener el establecimiento de una continui-
bebé solo no existe”. Esta perspectiva reenvía dad interna según el principio de la identidad de
igualmente al debate epistemológico entre los percepción. Esta primera corriente, que se puede
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calificar de “narcisista” ya que tiende hacia el re- En apoyo sobre la corriente anímica, y sobre la ca-
gistro de lo mismo y de la identidad de sí, evoca la pacidad precoz en distinguir una alteridad prima-
noción del doble anímico propuesta por C. y S. ria, la corriente objetal permitiría la construcción
Botella (2001). Siguiendo la definición que dan, el progresiva de una alteridad reconocida como tal,
doble anímico es ahora “un estado del psiquismo es decir, exterior e independiente del sujeto, y
que no capta nada del mundo que no sea referido consistirá en fabricar lo otro allá donde el sujeto
a uno mismo, el mundo no es más que un espejo encuentra lo mismo.
donde se refleja por proyección”. Situado cerca Al hilo del desarrollo precoz la corriente ob-
del polo perceptivo, el doble anímico constituye jetal se ilustra particularmente en momentos de
un modo de pensamiento primario dominado por apertura relacional, o más aun, momentos de
lo perceptivo y lo alucinatorio, en donde percep- compartir estésico y afectivo, que sostienen la
ción y motricidad están confundidas. Concebido construcción progresiva de un objeto diferen-
de esta manera, el animismo en doble ignora la al- ciado de sí, a partir de la dinámica homosexual
teridad (C. y S. Botella 2001) y consistirá funda- primaria “en doble” (Roussillon 2004-2008). Lo
mentalmente en fabricar lo mismo allá donde el que significa que estas investiduras objetales solo
sujeto encuentra lo otro. podrán realmente desarrollarse si el sujeto está
Por lo tanto, aunque la alteridad sea ignorada suficientemente asegurado en una continuidad
por la corriente “narcisista/anímica”, el objeto no anímica. Cuando la corriente narcisista no llega a
está ausente sino investido como una prolonga- establecerse de una manera suficiente, cuando el
ción de sí mismo. Esta investidura sostiene lo que animismo primario no está suficientemente sos-
se puede llamar una “relación de identidad” que tenido y confirmado por el objeto en los primeros
opera con el entorno para el mantenimiento de un tiempos de la relación precoz con el entorno, el
estado de indiferenciación primitiva. Este modo sujeto se encuentra entonces confrontado a una
de investidura continuo en doble jugará de esta ruptura del vínculo primario con el objeto y a un
manera un rol fundamental en la instauración de fallo en su organización narcisista en lugar de a
una continuidad psíquica, contribuyendo nota- una continuidad anímica. No pudiendo ser asimi-
blemente al establecimiento de una ilusión narci- lada al yo, la alteridad “encontrada demasiado
sística primaria. pronto” se impone a la psique e invade la subjeti-
Pero la subjetividad no puede construirse vidad: el sujeto encuentra al otro allá donde fra-
únicamente en el registro de la identidad a sí, no casa en constituirle como lo mismo. El impacto
puede establecerse exclusivamente en las formas traumático primario del encuentro con la alteri-
de lo mismo o en la investidura del otro como sí. dad del objeto interfiere en la relación homose-
Es por lo que paralelamente a la investidura de un xual primaria “en doble”, y por lo tanto en la ca-
objeto-doble anímico continuo, y a partir de los pacidad ulterior a investir al objeto como un “otro
trabajos mencionados precedentemente, plantea- sujeto”.
mos la hipótesis de que la subjetividad naciente A la inversa, una corriente narcisista suficien-
encuentra de entrada una forma de alteridad pri- temente bien establecida permitirá, gracias a la se-
maria, aunque no sea aún concebida/reconocida guridad de una continuidad narcisistica con el ob-
“subjetivamente” en una dimensión de exteriori- jeto, sostener la corriente objetal y del mismo
dad. La distinción entre lo de dentro y lo de fuera modo favorecer la investidura de un doble simul-
no está aún en este estadio significada simbólica- táneamente mismo y diferente de sí, un “doble
mente. transicional” que acompañará al sujeto en su en-
Sin pretender una sucesión temporal pode- cuentro con la alteridad.
mos pues distinguir una segunda categoría del Esta concepción converge con numerosos
proceso esta vez vuelta hacia el objeto y que defi- trabajos de psicólogos del desarrollo sobre la em-
niría, en el núcleo del narcisismo primario, una patía, la imitación precoz, (J. Decety 2002; 2004)
“corriente objetal” que tendría un objetivo dife- o la intersubjetividad primaria (C. Trevarthen,
renciador, lo que supone potencialmente el reco- 2003). Se acopla igualmente en el campo de las
nocimiento de una primera forma de alteridad. neurociencias con la hipótesis de un “sistema de
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Jung, J. Pensar el doble: del narcisismo primario a la construcción de la alteridad 4
lo otro” (N. Georgieff, 2007), “esencialmente di- imaginaria que “objetiva”, o bien aliena la identi-
ferente de sí”, que regularía la tendencia biológica dad a esta imagen y a la imagen del semejante.
e innata en fabricar lo mismo, designado por otro Es diferente la perspectiva de Winnicott
lado como un “sistema de lo mismo”. Por oposi- (1971) por la cual el espejo es inicialmente un es-
ción, este sistema de lo mismo, o de lo otro como pejo vivo caracterizado por la función reflexiva
sí, permitiría el establecimiento de “una represen- del rostro materno. Cuando el bebé mira a su ma-
tación de lo otro idéntica a sí gracias a las repre- dre, nos dice el autor que lo que ve en general es a
sentaciones compartidas”. sí mismo, a condición añade, que lo que su rostro
Según N. Georgieff, esta diferenciación de un exprese esté en relación directa con lo que ella ve.
sistema de lo mismo y de un sistema de lo otro En esta coyuntura intersubjetiva primaria hay de
reposa sobre la distinción de dos niveles de alteri- alguna manera una superposición entre investi-
dad: una alteridad “imaginaria” en la cual la alte- dura narcisista y objetal, es decir, que el bebé hace
ridad aparecería como una forma especular de la experiencia de ser él mismo a través del otro, el
“identidad al yo”, y una alteridad radical y “ex- objeto es investido como un doble de sí.
traña al yo”. La hipótesis de una regulación “del El objeto investido en su función espejo ten-
sistema de lo mismo por el sistema de lo otro” su- dría aquí como tarea el articular las categorías de
giere, por otro lado, la existencia de gradientes in- lo mismo y de lo otro, o por decirlo de otra ma-
termedios entre estos dos polos. Por ej., se puede nera, armonizar las investiduras narcisistas y ob-
contemplar entre estos dos sistemas formas de jetales. De esta manera, el aporte de Winnicott
alianza en donde lo mismo y lo otro no se estable- permite pensar la investidura de “un objeto doble,
cen en una relación de oposición paradójica, sino espejo de sí” como una salida a la paradoja de un
que encuentran por el contrario una forma en la narcisismo primario atravesado por dos corrien-
que se armonizan. Esta armonización no anula la tes contrarias.
diferencia entre lo mismo y lo otro, sino que religa Se puede decir que esta doble vectorización
estos dos registros en una relación paradójica “no del narcisismo primario, a la vez orientado hacia
antagonista” que sostiene al sujeto en su encuen- los registros de lo mismo y de la alteridad, implica
tro con la alteridad. -como acabamos de verlo- la investidura del ob-
Todos estos señalamientos nos conducen a jeto en doble, progresivamente construido y sig-
subrayar la importancia del rol del doble en la nificado como doble de sí, es decir, simultánea-
construcción del narcisismo primario. mente “igual y diferenciado de sí” antes de ser
descubierto como un “objeto-otro-sujeto”.
Esta forma de doble que he propuesto nom-
La Necesidad del Objeto Doble
brar “transicional” (J. Jung 2010, 2013), tiene
Si históricamente la cuestión del doble se ha como particularidad articular sin oponerlas las
pensado en una perspectiva defensiva (O. Rank, categorías de lo similar y de lo diferente, la co-
1922; S. Freud 1919), los trabajos de Lacan y des- rriente narcisista y objetal y sobre todo, permite
pués de Winnicott sobre el espejo, han permitido transicionalizar la paradoja del narcisismo prima-
resituar su campo asociándolo a la problemática rio confrontado desde el origen a la cuestión de
de la simbolización y de la subjetivación. En La- la identidad de sí y de la alteridad a sí.
can (1949), el estadio del espejo constituye un La investidura de un objeto-doble transicio-
momento fundador del desarrollo, allá donde el nal puede ser rastreada alrededor de dos tiempos
yo adviene a sí mismo como otro en la identifica- esenciales de la subjetividad que jalonan la trayec-
ción con su propia imagen especular. Esta identi- toria identitaria.
ficación sostiene el establecimiento de un primer
esbozo del yo, gracias al cual el sujeto podrá expe- El Doble Encontrado-Creado
rimentarse bajo una forma unificada. De este
El primer tiempo concierne al encuentro pre-
modo, siempre asegurando una permanencia
coz con un objeto-doble encontrado/creado cons-
mental del yo, la experiencia del espejo instaura
titutivo de una ilusión narcisista primaria, gracias
una nueva relación a sí, una experiencia de sí más
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a la cual, el sujeto puede investir al objeto como a del objeto, a la inversa, el objeto-doble des-
sí mismo. Este primer vínculo no podrá estable- truido/encontrado, reenvía a la construcción del
cerse más que con la contribución del objeto y su objeto diferenciado, a la puesta a prueba del
capacidad de adaptarse a las necesidades del bebé, vínculo primario y de la relación de identidad que
esto es lo que se define como el estado de preocu- resulta, así como a las formas correspondientes de
pación materna primaria. Entre los registros de la supervivencia del objeto. La emergencia de la
las respuestas del objeto que corresponden al es- destructividad consecuente al fracaso de las inves-
tablecimiento de una ilusión así, podemos pensar tiduras en encontrado/creado, hace posible -en las
en los acoplamientos precoces descritos por Stern condiciones en donde el objeto sobrevive- el des-
(1989) y desarrollados por R. Roussillon (2004, cubrimiento de la capacidad del objeto para refle-
2008), o más aún en las formulaciones de C. Parat jar las vivencias subjetivas del sujeto. El objeto-
(1995) sobre el afecto compartido. doble asimilado al yo (encontrado/creado), no
Siguiendo este registro de la relación en do- está perdido sino (re)encontrado fuera (des-
ble, las investiduras anímicas en doble encuen- truido/encontrado) a partir del descubrimiento
tran, en su recorrido, las respuestas del objeto que de la función espejo del entorno. La supervivencia
van a permitir al sujeto sentirse a sí mismo e inte- del objeto-doble contribuye así a la constitución
grarse alrededor de un primer sentimiento de de una primera distinción entre una representa-
identidad. Dicho de otra manera, y paradójica- ción interna del objeto-doble, que ocupará el lu-
mente, el sujeto se encuentra/crea a sí mismo allá gar de espejo psíquico interno, y una representa-
donde es reflejado por el objeto, la identidad es ción externa del objeto-doble.
encontrada/creada a partir de la reciprocidad de A partir del descubrimiento de la exteriori-
las investiduras en doble que circulan en el núcleo dad del objeto, y de su función de espejo, la inves-
de la diada primitiva. La investidura del objeto tidura del objeto-doble destruido/encontrado
coincide aquí con la investidura de sí. completa la construcción en dos tiempos de un
La investidura del objeto sobre el modo en- “doble transicional” en la medida de combinar, en
contrado-creado sostiene, en este sentido, una el núcleo de la misma figura, los aspectos caracte-
primera armonización de los registros de lo simi- rísticos del narcisismo primario (continuidad,
lar y del otro, transicionaliza las dos corrientes del presencia, relación de identidad, desconoci-
narcisismo primario permitiendo un trabajo de miento de la alteridad, ilusión) con los correspon-
asimilación de la alteridad y de las respuestas del dientes al acontecimiento del narcisismo secun-
objeto al yo. Estas respuestas deberán ser confor- dario (discontinuidad, ausencia, relación de ob-
mes a las lógicas del narcisismo primario que con- jeto diferenciada, reconocimiento de la alteridad,
tribuyen al mismo tiempo a situar: el desconoci- desilusión).
miento de la alteridad del objeto, la ilusión de es- De esta manera, la descripción de dos tiem-
tar en el origen de su propia satisfacción y la ex- pos del doble transicional nos aclara sobre la
perimentación de la continuidad con el mundo construcción de diferentes formas de alteridad
del entorno. que acompañan la subjetividad al hilo de la cons-
trucción del narcisismo y de la identidad.
El Doble Destruido/Encontrado
En el desarrollo y la construcción del vínculo Trayectoria de la Alteridad
con el objeto que lleva al descubrimiento de su ex-
terioridad, la relación en doble se puede pensar La Alteridad Primaria
alrededor de un segundo tiempo esencial del do-
La descripción de un narcisismo primario
ble encontrado/creado, el doble destruido/encon-
atravesado por dos corrientes antagonistas nos ha
trado.
conducido a postular la existencia de una alteri-
Si la investidura del objeto-doble encon-
dad primaria. La alteridad primaria se refería a la
trado/creado crea las condiciones de una relación
aptitud del bebé para discriminar muy pronto sus
a sí, fundada sobre la continuidad y la presencia
propias acciones de las del otro (J. Decety 2002;
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Jung, J. Pensar el doble: del narcisismo primario a la construcción de la alteridad 6
2004), y la puesta en evidencia de una consciencia La alteridad imaginaria
innata de los estados subjetivos de las otras perso-
A diferencia de la alteridad primaria, la alte-
nas (C. Trevarthen, 2003), o más aún, a la cons-
ridad imaginaria o especular resulta del encuentro
trucción precoz de un “sentido ecológico de sí”
con un “objeto-doble encontrado/creado”, y co-
(Ph Rochat 2003).
rresponde a un primer momento de integración y
La hipótesis de una alteridad primaria per-
armonización entre las investiduras aními-
mite pensar teóricamente en la construcción de
cas/narcisistas y las investiduras objetales. La al-
una alter-idad que podría progresivamente ser re-
teridad imaginaria se abre de esta manera sobre la
conocida como tal.
creación de un espacio imaginario, permitiendo al
La alteridad primaria constituiría, de esta
sujeto integrarse o captarse a sí mismo a través del
manera, una forma matricial de la alteridad simi-
otro y realizar también la experiencia de una ilu-
lar al doble anímico, vis a vis de las otras formas
sión narcisista primaria. La alteridad imaginaria
del doble. Pero la coexistencia de una identidad y
se presenta pues como una alteridad identificada
de una alteridad a sí, invita también pensar en el
al yo (N. Georgieff, 2007), estrechamente ligada a
momento del nacimiento de la subjetividad, en las
los procesos de incorporación a partir de las in-
dos corrientes del narcisismo primario como mo-
vestiduras en “doble encontrado/creado”. Éste es
vimientos independientes no aún unificados en lo
el tiempo del compartir estésico, y de la puesta en
que llegará a ser secundariamente -bajo la forma
marcha de la “homosexualidad primaria en do-
integrada- una alteridad imaginaria.
ble” (R. Roussillon 2004, 2008). La alteridad ima-
Añadamos que esta forma precoz de alteridad
ginaria participa de esta manera en la constitu-
instaura una primera distancia identitaria, es de-
ción del narcisismo primario.
cir, una tensión potencial entre las experiencias de
Pero la clínica de las problemáticas narcisís-
continuidad identitaria y las experiencias de no
tico/identitarias muestran que esta manera de al-
identidad a sí.
teridad puede igualmente ser fuente de alienación
Introduce la idea de una primera diferencia-
para el sí primitivo, en particular cuando las ne-
ción en un sistema subjetivo donde reina la iden-
cesidades psíquicas del bebé no son tomadas en
tidad de percepción. Para formular esta paradoja
cuenta y no pueden ser satisfechas, o de manera
avanzaría la hipótesis de que, en este nivel de or-
general, cuando las respuestas del objeto primario
ganización subjetiva, identidad y alteridad “se
no llegan a acoplarse con los estados psíquicos del
oponen y no se oponen”; la alteridad forma parte
bebé. Se puede decir que este tipo de respuesta in-
integrante de la identidad introduciendo una pri-
terfiere en el establecimiento de una ilusión nar-
mera diferencia con ésta en el origen de su esta-
cisista primaria, el sujeto encuentra entonces al
blecimiento.
otro allá donde debería haberse encontrado, en-
Esta perspectiva nos lleva a evocar una repre-
cuentra lo otro allá donde debería haber encon-
sión originaria constitutiva del inconsciente, o
trado lo mismo, es decir, las respuestas del objeto
para ser más precisos, de lo que llegará progresi-
no son congruentes con los movimientos psíqui-
vamente bajo la forma de una primera distinción
cos del sujeto, no son homogéneos al sí mismo
entre la huella de la experiencia y su primera
primitivo: la sombra del objeto cae entonces sobre
puesta en forma subjetiva.
el yo. Lo que se genera es la creación de una zona
De esta manera, a la imagen de una “identi-
de alienación subjetiva, de confusión identitaria
dad subjetiva no todavía unificada” debido a la re-
resultante de la incorporación de una parte del
lación con un “objeto-doble encontrado/creado”,
objeto inadecuada al sí mismo primitivo, de una
la alteridad primaria puede ser considerada como
parte de sí mal “reflejada por el objeto”. Entonces
una alteridad fragmentaria y parcial, una alteri-
se corre el riesgo de que se establezca una “ilusión
dad de superficie todavía desconocida en sus efec-
negativa de sí” (Roussillon, 1999), es decir, la ilu-
tos diferenciadores.
sión de estar en el origen de lo malo y del mal ser
en sí mismo, consecuente a la insatisfacción de la
necesidad primaria de estar “bien” reflejada por el
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objeto, favoreciendo la puesta en marcha de de- de una nueva relación con el objeto que delimita
fensas narcisistas organizadas alrededor de la es- la tópica interna.
cisión, en lugar de una necesidad narcisística pri- Pero debemos precisar que, si esta nueva con-
maria. figuración permite representarse la alteridad del
objeto y las particularidades ligadas a su subjeti-
La alteridad simbólica vidad, no hace desaparecer el vínculo en doble.
Ciertamente éste no aparece ya delante de la es-
Finalmente, en su trayectoria en doble, la
cena, pero va a continuar a ejercerse de una ma-
identidad subjetiva se construye -al hilo del paso
nera discreta bajo la forma interiorizada de un es-
por el narcisismo secundario- a partir de un tercer
pejo psíquico encargado de ligar reflexivamente
nivel de alteridad correspondiente al descubri-
las experiencias subjetivas del sujeto.
miento de la función reflexiva del objeto y a la
Esto significa que el objeto puede ser inves-
constitución de un espejo psíquico interno inde-
tido como otro sujeto sin que este investimiento
pendiente del objeto externo, a saber, la “alteridad
amenace la continuidad identitaria.
simbólica”.
Añadamos finalmente para terminar que la
La alteridad simbólica es una alteridad pro-
alteridad del objeto, una vez admitida y recono-
ducida por la actividad de simbolización, estre-
cida en su exterioridad, podrá ser utilizada como
chamente ligada al proceso de introyección. Se
un espejo de su propia alteridad y favorecer, gra-
puede decir que la alteridad simbólica supone, a
cias al mantenimiento de la relación en doble, el
diferencia de la alteridad imaginaria, el reconoci-
reconocimiento en sí de un otro sí–mismo.
miento por parte del sujeto de una alteridad inde-
La alteridad simbólica se abre de esta manera
pendiente y extraña a sí, así como el acceso a la
sobre el reconocimiento de una diferencia entre
representación de la ausencia; dicho de otra ma-
alteridad interna y alteridad externa, entre lo de
nera, a la renuncia de “representarlo todo”. Va a
dentro y lo de fuera, igualmente entre “sí y sí”, en-
ser este límite el que permita al sujeto represen-
tre diferentes momentos de sí.
tarse que no se representa, representarse que una
A partir de la puesta en evidencia de una do-
parte del objeto y/o de sí mismo se le escapa.
ble corriente del narcisismo primario y de la ne-
A partir de ahora la alteridad simbólica se
cesidad de una investidura del objeto en doble, la
presenta al yo como una alteridad mediatizada
exploración de las formas de no identidad a sí o
por la representación de la ausencia, el sujeto
de alteridad nos parece, de esta manera, poder
puede reflejarse a sí mismo, reflejar su alteridad y
constituir un eje complementario para captar los
la del objeto, al mismo tiempo que rechaza, gra-
procesos por los cuales un sujeto llega a construir
cias al espejo interno, la alteridad irrepresentable
“su identidad” y a experimentarse y a pensarse a
(C. y S. Botella, 2001).
sí mismo, inicialmente en presencia del objeto y
La alteridad simbólica permite de esta ma-
después en la relación de sí a sí que es heredera de
nera al sujeto estructurarse en una “relación a sí
la anterior.
simbólica” que une y separa al sujeto del objeto, la
identidad de la alteridad. Hasta ahora percibido e
investido sin estar reconocido subjetivamente en
su exterioridad, el objeto se constituye -a partir
del segundo tiempo de la relación en doble que
hemos descrito- como un otro sujeto. Es decir
que, no solamente el objeto es percibido e inves-
tido como un otro diferente del sujeto, sino que es
igualmente reconocido como otro sujeto, provisto
de deseos e intenciones propias, y de un funcio-
namiento psíquico diferenciado y autónomo. Esta
modificación de la relación con la alteridad intro-
duce una nueva era subjetiva gracias a la creación
Mentalización. Revista de Psicoanálisis y Psicoterapia
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