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Enamorado de Dios

Hablar de enamoramiento de Dios es una expresión que no gusta a todos: parece excesiva y poco creíble (y poco creído). Parece robada de otros lenguajes y contextos: “enamorado” está bien para “él que está atontado por ella”, pero parece impropio para la relación entre Dios y el virgen.

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Enamorado de Dios

Hablar de enamoramiento de Dios es una expresión que no gusta a todos: parece excesiva y poco creíble (y poco creído). Parece robada de otros lenguajes y contextos: “enamorado” está bien para “él que está atontado por ella”, pero parece impropio para la relación entre Dios y el virgen.

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-Enamorado de Dios-

Hablar de enamoramiento de Dios es una expresión que no gusta a todos: parece excesiva y poco creíble (y poco
creído). Parece robada de otros lenguajes y contextos: “enamorado” está bien para “él que está atontado por ella”,
pero parece impropio para la relación entre Dios y el virgen. Dos cuestiones:

a) Enamoramiento significa, según Lonergan, amor intenso y creativo, total y totalizador, sin límites ni
restricciones, condiciones o reservas. Lo más natural es que la criatura “se enamore” del Creador; es más, en
rigor, sólo quien es amor sin límites puede ser amado sin límites. Lo que es impropio consiste en utilizar el
término para hablar de las relaciones amorosas humanas.

Etty Hillesum1 escribe: «Las cartas a Dios confesaba son las únicas cartas de amor que se deben escribir».
«Y ésa es la sensación que yo tengo de manera perpetua y constante: la de estar en tus brazos, Dios mío,
protegida, abrigada, impregnada de una sensación de eternidad».

Natoli [filósofo no creyente]: «hay hombres de Iglesia que testimonian en su carne estas palabras “Tú has
tomado ya posesión de mis entrañas”. No son locos, son amantes. Amantes de Dios».

b) El ser humano está hecho para enamorarse. No puede dejar de entregarse y abandonarse totalmente a otra
persona o a una gran pasión: a quién o a qué, lo elegirá él, pero sea célibe o casado, tendrá que enamorarse.
Sin enamoramiento al hombre le falta algo esencial.

“Podemos, así, decir que no se lleva a efecto absolutamente nada sin el [amor] de aquellos que han de contribuir a su actuación. A
una pasión hemos de llamarla un [amor]; la personalidad humana ha de posponer a un objetivo todos sus restantes [amores] y fines
que tiene o puede tener, y se ha de empeñar en un objetivo con todas las veras de su voluntad, concentrando en este fin todas sus
tendencias y sus fuerzas; y en tanto que así lo hacemos, debemos afirmar, de un modo general, que nada grande en el mundo se ha
hecho sin [amor]”.2

Ahora indicaremos los elementos o pasos progresivos del enamoramiento del virgen.

1.- Extraña seducción:

En el origen del enamoramiento no está el yo, sino el tú; quien se enamora sufre, de algún modo, la acción del otro, es
pasivo con respecto a él. Esto es particularmente evidente en el caso del virgen, porque es Dios quien toma la
iniciativa; más aún, es Él quien está enamorado y seduce más que cualquier enamorado. Pero de modo singular,
y no como la seducción humana.

“El amor empieza siempre ‘fuera de mí’, en aquel bien que me interpela, me seduce y me llama. Implica, en primer lugar, una
especie de impacto sufrido por la persona. Hay ‘algo’ o ‘alguien’ que nos toca, nos afecta; es lo que se denomina inmutatio. Esta
seducción despierta en la persona como una armonía, una afinidad de sentimientos, una transformación original. Hay algo en mí que
cambia, que se transforma, que se ‘adapta’ a la realidad que me ha inmutado, compenetrándose la persona con aquello que le ha
seducido, y originando una intencionalidad que orienta el afecto hacia dicho bien. Es lo que se llama la coaptatio. Esta
transformación interior del sujeto genera una repercusión cognoscitiva que implica una alegría interior, una complacentia respecto
de aquello que ha sucedido. Es la sacudida psicológica que el bien amado provoca la persona, quien se alegra de lo que ha
ocurrido”.3

2.- Autoconciencia:

Enamorarse significa amar con todo el corazón, la mente, las fuerzas, tanto más totalmente atraídos e implicados
en la operación cuanto más amable es el ser amado en sí mismo. Dios es el más amable de todos los seres.

1
Judía holandesa asesinada por el nazismo en Auschwitz en 1943 con 29 añ os de edad.
2
HEGEL, Georg Wilhelm Friedrich, Lecciones de la filosofía de la historia-Líneas fundamentales de la filosofía del Derecho; Gredos,
Madrid, 2010, pp. 336-337. He intercambiado en los corchetes el término “interés” por “amor” para poder transmitir un mensaje en
armonía con lo que, segú n entiendo, CENCINI quiere decir. Ademá s, esto va en sintonía con comentarios al Pseudo-Dionisio de
Aeropagita por Doctores de la Iglesia como Juan de Á vila o Tomá s de Aquino.
3
Cf. NORIEGA, J., El destino del Eros. Perspectivas de moral sexual, Palabra, Madrid, 2005, pp. 101-102.
~1~
El amor intenso al Eterno desvela al ser humano quién es él mismo 4, le hace tomar conciencia de su belleza, de las
posibilidades escondidas e inéditas de su corazón, casi exprimiéndolas hasta la máxima realización, pero nadie
como el enamorado de Dios conoce los muros y los subterráneos del propio corazón.
“El amor constituye la única manera de aprehender a otro ser humano en lo más profundo de su personalidad. Nadie puede ser
totalmente conocedor de la esencia de otro ser humano si no le ama. Por el acto espiritual del amor se es capaz de ver los trazos y
rasgos esenciales en la persona amada; y lo que es más, ver también sus potencias: lo que todavía no se ha revelado, lo que ha de
mostrarse. Todavía más, mediante su amor, la persona que ama posibilita al amado a que manifieste sus potencias. Al hacerle
consciente de lo que puede ser y de lo que puede llegar a ser, logra que esas potencias se conviertan en realidad”. 5

3.- Nacimiento de la libertad:

Se dice que el enamorado ha perdido la lucidez, pero, en realidad, sucede todo lo contrario. El enamoramiento
provoca el nacimiento de la libertad. El enamorado, en efecto, goza de la certeza de ser amado y de amar, que son
las dos certezas de las que brota la libertad afectiva. El enamorado no cambiaría a la persona amada por nadie en el
mundo; el enamoramiento es exclusivo y el amor es eterno. Amar significa decir a otro (o escuchar que otro nos
dice): “Tú no morirás, tú vivirás para siempre”6.

Esto es tanto más cierto cuando se ama a Dios y cuando es Dios quien susurra al corazón aquellas palabras de vida. El
amor de Dios da al hombre dos certezas:

a) Ser amado desde siempre y para siempre.


b) Poder y tener que amar para siempre.

Quien está enamorado de Dios se siente amable y amado, libre para apreciar con agradecimiento los pequeños gestos
de afecto de los que normalmente está llena la vida y que vienen de muchas personas.

4.- Extensión de los límites:

El amor une a los semejantes o los hace semejantes en una irrefrenable acción transformadora. El objeto del amor
se hace cada vez más el modo de amar; es decir, si yo amo a Jesús, amaré como Jesús. Quien está enamorado
de Jesús lo pone en el centro de la vida y desde ahí irradia su vida entera. El amor a Jesús no es exclusivo, como el
que debe haber entre el hombre y la mujer en el matrimonio, sino inclusivo; es decir, incluye de inmediato a los
otros como parte integrante de este amor, como alguien, más aún, todos amados en Dios.

“Como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros”7

5.- Maduración de la identidad:

Cuanto mayor es la fusión, mayor será la diferenciación, porque «el amor maduro es la síntesis de pertenencia y
separación». Una relación amorosa permite reconocerse en el otro.

“Eras Tú
aquella parte de mí mismo
que yo buscaba por todas partes
para completarme”.8

4
Alguna vez escuché decir que la respuesta de Jesús a la pregunta “¿Tú quién dices que soy yo?” revela quién soy yo en realidad.
5
FRANKL, Viktor E., “El sentido del amor” en FRANKL, Viktor E., El hombre en busca de sentido, Herder, Barcelona, 1991, pag. 63.
6
Aunque CENCINI no cite al autor de la frase en el texto, pertenece a Gabriel Marcel.
7
Juan 17, 21.
8
PEIRANO, M., La via, p. 19.
~2~
“Tomás nos ofrece una luminosa explicación de la definición del Aeropagita, pues nos muestra como el amor, en cuanto apetito,
hace de dos, amante y amado, uno, pero no los confunde ni los cambia, sino que agrega uno al otro, de modo que ya no son dos, sino
uno, pero no son el mismo, ni tampoco dos-juntos, sino dos-unidos, unificados, esto es, hechos uno, precisamente, en el amor. Son
uno porque tienen el mismo querer. De hecho, solo porque están unidos puede el amante querer el bien del amado, pues es gracias a
la unión que el amante conoce el bien del amado. La nueva forma que ahora tienen ambos es la de querer el mismo bien, así se
cumple en ambos que cada uno quiere su bien, y que su bien es al mismo tiempo el bien del otro, y por eso permanecen unidos en el
mismo amor. Al mismo tiempo, no se confunden, pues «la fórmula dionisiaca nos presenta el amor como una relación interpersonal
caracterizada por la unidad-diferencia, estructura necesaria para la constitución del acto amoroso»”.9

6.- Crecimiento en la libertad afectiva:

Es libre quien elige depender en todo de aquello o de aquel a quien ama y es llamado a amar.

7.- Valor para permanecer:

Quizá enamorarse sea fácil, lo difícil es permanecer en el amor; “en las alegrías y en las penas”, o sea, siempre:
el enamoramiento es la formación permanente del amor. El amor tiene sus estaciones. “Hay una juventud
de espíritu que permanece en el tiempo y que tiene que ver con el hecho de que el individuo busca y encuentra en
cada ciclo vital un cometido diferente a realizar, un modo específico de ser, de servir y de amar”10.

No siempre quien se consagra a Dios puede tener en el corazón el fuego encendido de la pasión de amor por Cristo; a
veces este fuego podrá aparecer apagado, y en el lugar de la llama habrá cenizas. A condición de que debajo haya
brasas encendidas, y dentro del corazón el deseo de soplar sobre ellas…

8.- Presencia-ausencia:

El enamoramiento se encuentra en el punto de confluencia de estas dos experiencias, es la chispa que


salta por el contacto entre ausencia y presencia, entre deseo insatisfecho y deseo satisfecho. El amor se hace intenso y
ocupa todo el corazón cuando es fruto de ambos caminos, de la presencia en la ausencia y de la ausencia en la
presencia, del que es Ausente y Presente11. Enamorarse de Cristo quiere decir revivir en sí, en la propia identidad, la
misma experiencia de muerte y resurrección.

“¿Cómo eres a la vez fuego devorador y agua que irriga? ¿Cómo quemas y das dulzura…? ¿Cómo haces dioses a los hombres, cómo
cambias la tiniebla en luz? ¿Cómo vences la tiniebla con la luz, cómo resplandeces en el corazón, cómo lo transformas todo? ¿Cómo
te unes a los hombres, cómo los haces hijos de Dios, cómo haces que arda su corazón con el deseo de Ti…?”. 12

9
SACRISTÁ N LÓ PEZ, Raú l, “La definició n tomista del amor como unió n afectiva”, Revista Española de Teología, Vol. LXXV, cuaderno 2,
mayo-agosto 2015, p. 327.
10
JUAN PABLO II, Vita consecrata, Roma, 1996, n. 70.
11
Jaime Ló pez Peñ alba, profesor de Espiritualidad de San Dá maso, tiene una frase que viene bien a cuento en referencia al Reino de
Dios. Se dice en Escatología que hay una tensió n entre el “Ya” y el “Todavía No” del Reino, a lo que Jaime reformula diciendo “Ya”,
pero “Todavía má s”.
12
SIMEÓ N EL NUEVO TEÓ LOGO, Hymnes, SC 156 [1969], Himno 6, pp. 2014-206.
~3~

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