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Entrevista A Barbara Cassin

La filósofa francesa Barbara Cassin discute tres modos de experimentar la nostalgia en la tradición europea a través de las figuras de Odiseo, Eneas y Hannah Arendt. La nostalgia de Odiseo está ligada a su anhelo por regresar a su casa en Ítaca, mientras que la de Eneas se relaciona con el exilio y la fundación de una nueva patria en Roma. Arendt concibe el lenguaje materno como el último reservorio del hogar.

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Entrevista A Barbara Cassin

La filósofa francesa Barbara Cassin discute tres modos de experimentar la nostalgia en la tradición europea a través de las figuras de Odiseo, Eneas y Hannah Arendt. La nostalgia de Odiseo está ligada a su anhelo por regresar a su casa en Ítaca, mientras que la de Eneas se relaciona con el exilio y la fundación de una nueva patria en Roma. Arendt concibe el lenguaje materno como el último reservorio del hogar.

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Entrevista a Barbara Cassin

Por Flavia Costa

"¿Cuándo se está realmente en casa?", es la pregunta con que la filósofa francesa Barbara Cassin
inauguró esta semana la tercera edición de La noche de las ideas, ciclo organizado por la Embajada
de Francia que se realizó en el Viejo Hotel Ostende y en el Museo MAR, de Mar del Plata. El tema
remite a su libro La nostalgia, publicado en 2015, donde Cassin aborda dos figuras míticas, Odiseo
y Eneas, y retoma a la pensadora contemporánea Hannah Arendt para iluminar tres modos de esa
particular experiencia de extrañar un lugar sin que eso signifique necesariamente pertenecer a él
desde siempre.

Para Cassin, la experiencia de sentirse en casa no es un destino, algo dado por haber nacido en un
lugar: "Nunca estoy naturalmente en casa --comenta en su paso por Buenos Aires durante una
semana agobiante que, sin embargo, no logra aminorar su enorme vitalidad--. Necesito ser
sorprendida, asaltada por la experiencia de sentirme bien".

La autora de Googléame y del Diccionario de los Intraducibles recuerda entonces que este libro
nació de un encargo: uno que le permitió "abordar un tema de filosofía práctica sin moralinas".
Porque para Cassin, sentirse en casa es una experiencia de hospitalidad, de sentirse bien recibido,
antes que una pertenencia: algo a lo que se llega en el intercambio con los otros.

Cuenta que para realizar ese encargo quiso "partir de una experiencia personal: la nostalgia
irreprimible que experimento cada vez que estoy 'de vuelta' en Córcega. Una sensación extraña,
ya que mis antepasados no son de allí. Nací en París, mi madre era de ascendencia húngara-judía y
mi padre, descendientes de piratas bárbaros. Y no obstante, me encuentro 'como si' estuviera en
casa. ¿Por qué? En parte, porque siento que allí el mundo se abre de cierta manera, de un modo
griego, como un cosmos, una belleza organizada en una gran coherencia. Y porque siento la
hospitalidad de su pueblo."

Para reflexionar sobre esa experiencia, Cassin aborda tres modos de darse la nostalgia en la
tradición europea. Su primera sorpresa fue que el término nostalgia no es griego, sino suizo-
alemán, creado en el siglo XVII para nombrar una "dolencia" que sufrían los mercenarios suizos
que custodiaban a Luis XIV. "La palabra suena perfectamente griega --señala--; está compuesta de
nostos, 'retorno' y algos, 'dolor'. La nostalgia es el sufrimiento de estar lejos y las penurias
padecidas en el intento de regresar. Y si bien en la Odisea jamás se la menciona, toda la Odisea
despliega su sentido, la vuelta a casa. Lo hace comparecer en una imagen hermosa, muy literal: la
de la cama enraizada, que es el secreto que permite el reconocimiento entre Ulises y Penélope:
saber cómo ha sido construida esa cama es la prueba, para Penélope, de que ese hombre no es un
impostor, porque conoce el secreto de su lecho nupcial hecho a partir de un tronco arraigado en la
tierra".

Otro elemento de la Odisea para pensar la nostalgia es que "cuando Ulises regresa a Ítaca después
de veinte años, vuelve a partir enseguida. Después de una larga noche --no sabemos cuán larga
es, ya que Atenea detiene a la Aurora para que no llegue el día, para permitir a los amantes el
reencuentro--, tiene que partir. Así se lo ha dicho Tiresias, hasta encontrar un pueblo que no
conozca el mar. Lo que nos indica que quizá hay que ser totalmente otro para poder apreciar la
propia casa ".

P: Como con la lengua: uno no sabe que habla su propia lengua hasta que no habla otra.

R: Exacto: uno puede hablar su lengua pero no sabe que es una lengua hasta que hace la
experiencia de otra. En cuanto a la segunda modalidad de la nostalgia está ligada al exilio, y
aparece en la figura de Eneas, quien sale de Troya en busca de una nueva tierra y funda Roma. Si la
frase clave de la Odisea es "Mujer, ¿quién ha movido mi cama?", la de la Eneida es: "Y todos
devendrán latinos y hablarán una sola lengua". Son cosas muy diferentes: una tiene que ver con
las raíces; la otra, con ser transportado a otro lugar y volverse otro. Y si uno piensa en los
inmigrantes hoy, ya no se les pide tener una cama arraigada sino cambiar de lengua, de hábitos.

R: La tercera modalidad concibe el lenguaje materno como último reservorio de un hogar.

--Sí. En una entrevista que le hace Günter Gaus en el año 1964, Hannah Arendt dice que no
pertenece a ningún pueblo, que no es alemana ni judía, sino que su lengua es su patria. Ella
mantiene esa lengua debajo de la que habla en los EEUU, pronunciando el inglés con un acento
que no quiere abandonar. Es una relación mucho más contemporánea, que tiene derivaciones
prácticas muy concretas.

P: ¿Cuáles?

R: Aprendí mucho trabajando con migrantes en Francia. Por ejemplo, que no debemos decirles:
"Siéntense y hablen francés". En cambio hay que preguntarles: "¿Qué lengua hablan?". Y ellos
aprenderán francés junto y gracias a esa lengua. Esto es muy importante. Hace poco, en una
exposición sobre la traducción, les pregunté: "¿Cuál es la palabra de la lengua materna que más
extrañan?". A partir de sus respuestas hicimos unos cuadros muy ricos, muy interesantes. La
segunda pregunta era: "¿Cuál es la palabra del francés que les parece más rara?". Y ellos me
llevaron a agregar una tercera: "¿Qué palabra del francés les gusta más?"

P: ¿Recuerda algunas respuestas especialmente?

R: ¡Si! Una mujer árabe comentó que la palabra que más extrañaba era una que quería decir: "Te
amo como para morir antes que vos". Y me preguntó: "¿Cómo quiere usted que diga esto en
francés?". Y un niño armenio me comentó que en armenio hay una palabra que significa: "Falta
todavía más que la falta". Son imágenes muy ricas.

P: Es esa riqueza lo que se ve amenazado por aquello que usted llama "globish" (mezcla de
global e english: inglés global)...

R: El globish amenaza todas las culturas singulares dentro de su diversidad. La verdadera amenaza
es detenernos en el globish, tener una lengua solo para comunicar. Para entender esto volvamos a
Arendt: lo que ella llama "banalidad del mal" es hablar solo con clichés; eso hace Adolf Eichmann.
No hay nada que se destaque en relación con la norma común. No hay literatura, no hay cultura
en globish. Sus obras son las carpetas de pedidos que llegan a Bruselas. Si sacamos eso, no queda
nada.

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