Problemas con los enrocados y gaviones
El problema más habitual que se presenta en relación a la
infraestructura de los puentes es la socavación del suelo, tanto la
localizada en los alrededores de las fundaciones como la generalizada
del lecho. La socavación es el descenso que experimenta un lecho
móvil respecto de su nivel natural, debido a un desbalance entre la
capacidad erosiva de una corriente y el suministro de sedimentos.
Este descenso afecta a pilas y estribos como asimismo a toda
estructura cuya fundación esté inserta en un lecho móvil.
Habitualmente los puentes se dimensionan para la crecida
correspondiente a un período de retorno de 1 en 100 ó 200 años. Sin
embargo, hasta hace poco no se utilizaba este criterio, por lo que
existe una cantidad importante de puentes que significan un
estrechamiento al escurrimiento, aún para crecidas con períodos de
retorno bastante menores que los señalados. En todo caso, se debe
tener presente que las diferencias de caudales al llevar, por ejemplo,
el periodo de retorno a la mitad del habitual para diseño, no significa
que el gasto baje al 50%. Las variaciones del gasto para diferentes
periodos de recurrencia son mucho menores; dependiendo de las
características de la hoya el caudal para un período de retorno de 50
años puede resultar del orden del 80 al 85% del correspondiente a
100 años.
Cuando un puente crea un estrechamiento del cauce acelera el flujo,
con lo que crece el arrastre de materiales del lecho y, por lo tanto,
las fundaciones quedan propensas a socavarse: Esta condición
también impone una presión importante sobre los terraplenes de los
accesos los que, eventualmente, pueden llegar a cortarse.
Existen varias alternativas para proteger las riberas de los ríos, los
taludes de los terraplenes de acceso al puente y las fundaciones. Una
de las soluciones más comunes para proteger las fundaciones de los
puentes y los taludes de los terraplenes de acceso, es defenderlos
con enrocados o con gaviones, tal como se especifica en la Sección
5.207 del Volumen N 5 del Manual.
Los enrocados de protección de riberas se diseñan en función de la
velocidad del escurrimiento calculada para la crecida de diseño, y
ajustándose a una determinada granulometría que asegure su
estabilidad. En la Tabla 7.201.4B se da una pauta de los pesos
nominales (a lo menos el 50% del enrocado debe tener un peso
superior a éste)
que son necesarios para diferentes velocidades del escurrimiento. En
todo caso en la citada Sección 5.207 del Volumen N 5 del Manual se
entregan antecedentes de granulometrías para enrocados.
En general los enrocados de protección deben diseñarse con un
espesor igual a dos veces el diámetro nominal del enrocado. Este
diámetro puede estimarse utilizando una velocidad solicitante de la
corriente de 1,5 veces la velocidad media en la sección.
Los gaviones, otro sistema muy usado para controlar los efectos de
las corrientes, son elementos celula- res constituidos por
paralelepípedos, cilindros o bolsas de malla de alambre galvanizado
rellenos con piedras. Los elementos se amarran entre sí, formando
muros de contención, revestimientos de cauces, colchonetas de
protección de riberas, etc. Como son relativamente flexibles pueden
cambiar de forma o sufrir asentamientos importantes sin
experimentar mayores daños, por lo que son especialmente útiles
para proteger los estribos, cepas y taludes de terraplenes de acceso.
En la construcción de gaviones debe cuidarse especialmente la
selección de las piedras de relleno, pues
si resultan demasiado pequeñas o sus formas son inadecuadas, la
malla no las retiene por lo que el gavión falla. El segundo aspecto
que se debe tener en consideración se refiere a la corrosión del
alambre de la malla o del alambre de amarre, que normalmente son
galvanizados y/o recubiertos con plástico. Cuando se corta el
alambre, sea por efectos de la corrosión o porque experimenta un
alargamiento desproporcionado causado por un asentamiento
excesivo, las celdas se desintegran produciéndose la falla
generalizada del sistema. El arraigo de vegetación es positivo, pues
muchas veces ayuda a mantener las piedras en su lugar, aún cuando
las mallas y amarras se encuentren corroídas