Textos Velocidad Lectora Enumerados
Textos Velocidad Lectora Enumerados
Nivel 1º 2° 3° 4° 5° 6° 7° 8°
Desempeño básico básico básico básico básico básico básico
Muy Rápida 56 84 112 140 168 196 214 214
Rápida 47-55 74-83 100-111 125-139 150-167 178-195 194-213 194-213
Medio Alta 38-46 64-73 88-99 111-124 136-149 161-177 174-193 174-193
Medio Baja 29-37 54-63 76-87 97-110 120-135 143-160 154-173 154-173
Lenta 22-28 42-53 64-75 85-96 104-119 125-142 135-153 135-153
Muy Lenta 21 42 63 84 103 124 134 134
5° básico Los ríos y las montañas Los siete cabritos El muñeco de Julián
de Chile
La casita de caramelo. 5
11
Había una casita de caramelo.
Tenía las paredes de turrón. 17
de menta. 33
chicle. 52
Un día llovió. 56
poquito a poco. 67
La casita de caramelo.
Había una casita de caramelo.
Tenía las paredes de turrón.
El techo era de chocolate.
Las puertas y las ventanas de
caramelo de menta.
Los muebles eran de caramelo de fresa.
Menos el colchón de la cama que era de
chicle.
Un día llovió.
Y la casa se deshizo dulcemente,
poquito a poco.
Dominio lector Nº1
Hoja del Profesor
Primer Año Básico
El pato y el loro. 6
loro japonés. 18
52
En la calle hay músicos que tocan unos
bombos gigantes. 55
risa. 75
El pato y el loro
En mi casa hay un pato amarillo y
un loro japonés.
El loro es verde y sus garras son café.
Le gusta comer jamón y tomar té.
Mi mamá los lleva a la calle.
En la calle hay músicos que tocan unos
bombos gigantes.
El pato danza con sus zapatitos rojos.
El loro canta y a la gente le da mucha
risa.
Mi mamá los alaba con cariño.
Dominio lector Nº1
Hoja del Profesor
Segundo Año Básico
La abeja agradecida. 4
La abeja agradecida.
Además de los animales, existen otros seres con vida que viven fijos a la 17
tierra, de la que se alimentan. Son las hierbas, arbustos y árboles, que 36
reciben el nombre de plantas o vegetales. 44
Sin las plantas, no tendríamos alimentos vegetales, no vivirían los 56
animales, no habrían casas, ni barcos, ni aire puro. Sin las plantas no 73
podríamos vivir. 76
Existen muchas clases de plantas. 82
Unas se distinguen por su gran tamaño, como el roble, el álamo y el pino. 98
Otras son medianas, como el rosal y el limonero. Algunas son pe-queñas, 113
como el musgo de los prados. 122
A las plantas les ocurre lo mismo que a los animales, pues como tienen 136
vida, nacen, crecen, se alimentan, respiran, tienen hijos, envejecen y 152
mueren. 155
A diferencia de los animales, que se trasladan de un lugar a otro y 170
tienen órganos de los sentidos, las plantas viven fijas y no tienen sentidos. 183
Algunas plantas sólo duran un año o menos, y otras pasan de cien 185
años de vida. 199
203
(fragmento)
Elio Arrechea
español
Dominio lector Nº1
Hoja del Alumno
Cuarto Año Básico
Además de los animales, existen otros seres con vida que viven fijos a la
tierra, de la que se alimentan. Son las hierbas, arbustos y árboles, que
reciben el nombre de plantas o vegetales.
Sin las plantas, no tendríamos alimentos vegetales, no vivirían los
animales, no habrían casas, ni barcos, ni aire puro. Sin las plantas no
podríamos vivir.
Existen muchas clases de plantas.
Unas se distinguen por su gran tamaño, como el roble, el álamo y el
pino. Otras son medianas, como el rosal y el limonero. Algunas son
pequeñas, como el musgo de los prados.
A las plantas les ocurre lo mismo que a los animales, pues como tienen
vida, nacen, crecen, se alimentan, respiran, tienen hijos, envejecen y
mueren.
A diferencia de los animales, que se trasladan de un lugar a otro y
tienen órganos de los sentidos, las plantas viven fijas y no tienen sentidos.
Algunas plantas sólo duran un año o menos, y otras pasan de cien
años de vida.
(fragmento)
Elio Arrechea
español
Dominio lector Nº1
Hoja del Profesor
Quinto Año Básico
(fragmento)
Fernando Santiván
chileno
Dominio lector Nº1
Hoja del Alumno
Quinto Año Básico
(fragmento)
Fernando Santiván
chileno
Dominio lector Nº1
Hoja del Profesor
6º Año Básico
Resulta que Azulina estaba muy triste y que en el patio último de la casa 21
– allí donde la señora Parra se empina sobre cuatro rodrigones – no hacía la 34
niña otra cosa que estarse muy quieta sentada en su sillita, mano sobre mano, 48
mirando con ojos distraídos no se sabía qué. No jugaba con los hermanos , no 63
paseaba la muñeca en el coche, no tejía cantando esas alegres tonadas que 77
embelesaban el Jilguero, no reía a la par que el agua del 93
surtidor. A tanto llegó el ensimismamiento de la niña, que muy de mañana 108
hubo un conciliábulo en el patio. 115
(fragmento)
Marta Brunet
chilena
Dominio lector Nº1
Hoja del Alumno
6ª Año Básico
(fragmento)
Marta Brunet
chilena
Dominio lector Nº1
Hoja del Profesor
7º Año Básico
INFANCIA Y POESÍA 3
Para saber y contar y contar para saber… tengo que empezar así esta historia 17
de aguas, plantas, bosques, pájaros, pueblos, porque eso es la poesía, por lo 33
menos mi poesía. 41
(fragmento)
Pablo Neruda
chileno
º
Dominio lector Nº1
Hoja del Alumno 7ª
Año Básico
INFANCIA Y POESÍA
Para saber y contar y contar para saber… tengo que empezar así esta historia
de aguas, plantas, bosques, pájaros, pueblos, porque eso es la poesía, por lo
menos mi poesía.
(fragmento)
Pablo Neruda
chileno
Dominio lector Nº1
Hoja del Profesor
8º Año Básico
LA FERIA DE CHILLÁN 4
Y es tan grande el movimiento, que a las siete de la mañana no cabe nada 108
más. Y hay tanto ruido y tanto ir y venir, que la visión se colma de arabescos 127
enloquecidos. 129
- ¡Las tortillas de rescoldo de harina flor! ¡Con manteca, las tortillas! ¡Las 237
tortillas con chicharrones, caserito; pase a llevar tortillas! 248
- No hay flores más lindas que las que le tengo, señorita… Los pensamientos 262
dobles, las rosas fragantosas, las dalias, los claveles dobles… ¡Pasar a llevar las 276
flores! ¡Fresquitas las flores, con roció las flores!… 293
LA FERIA DE CHILLÁN
- ¡Las tortillas de rescoldo de harina flor! ¡Con manteca, las tortillas! ¡Las
tortillas con chicharrones, caserito; pase a llevar tortillas!
- No hay flores más lindas que las que le tengo, señorita… Los pensamientos
dobles, las rosas fragantosas, las dalias, los claveles dobles… ¡Pasar a llevar las
flores! ¡Fresquitas las flores, con roció las flores!…
(fragmento)
Antonio Acevedo
H. chilena
LA HORMIGITA CANTORA. 4
prende? 93
(fragmento)
Alicia Morel
LA HORMIGITA CANTORA.
(fragmento)
Alicia Morel
LOS DINOSAURIOS 2
A las ocho de la mañana nos despertó un rayo de sol. Las facetas de las 23
lava en las paredes lo recogieron y devolvieron convertido en una lluvia de 36
chispitas. 38
- ¿Qué me dices, Alex? – preguntó mi tío - ¿Has pasado en tu vida 54
alguna noche tan tranquila? No hay ruidos ni grito… 64
- El lugar es muy tranquilo, en efecto – repliqué -. Pero esta misma 77
calma tiene algo trágico. 82
- No te apresures. Recién hemos bajado al nivel del mar. Puedes 95
comprobarlo consultando el barómetro. Yo estoy deseando poder usar el 106
manómetro. 108
- ¿No nos resultará perjudicial la presión? 116
- No, iremos bajando lentamente y nuestros pulmones se irán 126
acostumbrando a respirar en una atmósfera más comprimida. Pero dejémonos 137
ya de charla y busquemos el paquete que arrojé. 147
Hans miró atentamente a su alrededor con su buena vista de cazador y 160
lo descubrió en una saliente, unos treinta metros encima de nosotros. 173
Poco después almorzamos frugalmente y regamos la comida con 182
algunos tragos de ginebra. Mi tío anotó algunos datos en su cuadernillo de 196
viaje y, señalándome solemnemente una galería oscura, anunció: 207
- Ahora, Alex, vamos hacia el centro de la tierra. Considera que en 221
este momento comienza nuestro viaje. 227
Enseguida preparó lo necesario para procurarnos luz. Las galerías se 238
iluminaron y cada cual se colocó su mochila. Alcé la cabeza y dirigí por 253
última vez mis ojos hacia el inmenso tubo en el que se dibujaba el cielo de 269
Islandia, temiendo no volver a verlo. 277
En la última erupción la lava se había abierto paso a través del túnel 291
que atravesábamos. El interior estaba alfombrado por un barniz espeso y 303
brillante que centuplicaba la intensidad de nuestra luz. 312
La marcha no era demasiado difícil. El único cuidado que teníamos que 325
tener era el de no deslizarnos por la pendiente. Pero, por suerte, algunas 341
hinchazones en la erosión formaban peldaños. 348
En las paredes, la lava porosa tomaba formas de ampollitas redondeadas 36o
y a nuestro paso cristales de cuarzo opaco suspendidos de la bóveda 372
se encendían. 375
(fragmento)
Julio Verne
Francés
VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA
A las ocho de la mañana nos despertó un rayo de sol. Las facetas de las
lava en las paredes lo recogieron y devolvieron convertido en una lluvia de
chispitas.
- ¿Qué me dices, Alex? – preguntó mi tío - ¿Has pasado en tu vida alguna
noche tan tranquila? No hay ruidos ni grito…
- El lugar es muy tranquilo, en efecto – repliqué -. Pero esta misma calma
tiene algo trágico.
- No te apresures. Recién hemos bajado al nivel del mar. Puedes
comprobarlo consultando el barómetro. Yo estoy deseando poder usar el
manómetro.
- ¿No nos resultará perjudicial la presión?
- No, iremos bajando lentamente y nuestros pulmones se irán
acostumbrando a respirar en una atmósfera más comprimida. Pero dejémonos
ya de charla y busquemos el paquete que arrojé.
Hans miró atentamente a su alrededor con su buena vista de cazador y
lo descubrió en una saliente, unos treinta metros encima de nosotros.
Poco después almorzamos frugalmente y regamos la comida con
algunos tragos de ginebra. Mi tío anotó algunos datos en su cuadernillo de viaje
y, señalándome solemnemente una galería oscura, anunció:
- Ahora, Alex, vamos hacia el centro de la tierra. Considera que en
este momento comienza nuestro viaje.
Enseguida preparó lo necesario para procurarnos luz. Las galerías se
iluminaron y cada cual se colocó su mochila. Alcé la cabeza y dirigí por
última vez mis ojos hacia el inmenso tubo en el que se dibujaba el cielo de
Islandia, temiendo no volver a verlo.
En la última erupción la lava se había abierto paso a través del túnel que
atravesábamos. El interior estaba alfombrado por un barniz espeso y
brillante que centuplicaba la intensidad de nuestra luz.
La marcha no era demasiado difícil. El único cuidado que teníamos que
tener era el de no deslizarnos por la pendiente. Pero, por suerte, algunas
hinchazones en la erosión formaban peldaños.
En las paredes, la lava porosa tomaba formas de ampollitas redondeadas
y a nuestro paso cristales de cuarzo opaco suspendidos de la bóveda
se encendían.
(fragmento)
Julio Verne
Francés
LOS SIETE CABRITOS 3
(fragmento)
Leyenda peruana
LOS SIETE CABRITOS
(fragmento)
Leyenda peruana
Amanecer. 2
(fragmento) Ernesto
Livacic Gazzano chileno
Amanecer.
(fragmento) Ernesto
Livacic Gazzano chileno
LOS MARES DE CHILE 4
Es el caso de Chile. Nuestro largo litoral es un balcón abierto de par en par 133
ante el enorme Pacífico; dos mil millas nos separan de Pascua, la isla 148
polinésica más cercana a nosotros; Juan Fernández no atrae más que a 161
escasos turistas; el comercio de la langosta es limitado, tanto en la isla como 176
en San Félix y San Ambrosio. 184
Por eso, entre las razas aborígenes contamos con sólo dos de navegantes: los 236
alacalufes y los changos. Las verdaderas habitaciones de los 249
alacalufes son las canoas de corteza con que recorren los canales magallánicos. 261
De esta raza subsisten unos cien o ciento cincuenta individuos, consagrados, 272
como sus ancestros, a la caza de nutrias. Son los últimos representantes 287
de un pueblo nómada que los traficantes de pieles y los aventureros de 301
los canales han casi exterminado. 307
Las aguas tranquilas de los canales, la abundancia de caletas, islas y 321
ensenadas, hicieron de los alacalufes una raza de navegantes, la cual no ha 336
salido jamás de su primitivismo ancestral y ha llegado a su crepúsculo sin otro 349
progreso que el haber cubierto de harapos su antigua desnudez y de haber 362
reemplazado algunas de sus canoas de corteza por chalupas de madera. 373
375
(fragmento)
Salvador
Reyes chileno
LOS MARES DE CHILE
Por eso, entre las razas aborígenes contamos con sólo dos de navegantes: los
alacalufes y los changos. Las verdaderas habitaciones de los
alacalufes son las canoas de corteza con que recorren los canales magallánicos.
De esta raza subsisten unos cien o ciento cincuenta individuos, consagrados,
como sus ancestros, a la caza de nutrias. Son los últimos representantes
de un pueblo nómada que los traficantes de pieles y los aventureros de
los canales han casi exterminado.
Las aguas tranquilas de los canales, la abundancia de caletas, islas y
ensenadas, hicieron de los alacalufes una raza de navegantes, la cual no ha
salido jamás de su primitivismo ancestral y ha llegado a su crepúsculo sin otro
progreso que el haber cubierto de harapos su antigua desnudez y de haber
reemplazado algunas de sus canoas de corteza por chalupas de madera.
(fragmento)
Salvador
Reyes chileno
CABO DE HORNOS 3
(fragmento)
Francisco Coloane
chileno
CABO DE HORNOS
Es el caso más extraño de los que he oído hablar en mi larga vida de cazador
– dijo el viejo lobero Pascualini, desde la borda de su embarcación, y continuó
-: Yo no lo he visto; pero los tripulantes de una goleta que
encontramos ayer, de amanecida, en el Canal Ocasión, estaban aterrados por la
aparición de un témpano muy raro en medio del temporal que los sorprendió
al atravesar el paso Brecknock; más que la tempestad, fue la persecución de
aquella enorme masa de hielo, dirigida por un fantasma, un aparecido o qué sé
yo, pues no creo en patrañas, lo que obligó a esa goleta a refugiarse en el
Canal.
(fragmento)
Francisco
Coloane chileno
LA ESCUELA DEL FONDO DEL MAR 6
Amanda Labarca
chilena
LAS ESTRELLAS 2
(fragmento)
Kenneth Bailey
norteamericano
LAS ESTRELLAS
(fragmento)
Kenneth Bailey
norteamericano
EL MUÑECO DE JULIÁN 4
A los veinte años de edad Julián fabricó el primer muñeco casi 116
perfecto. Era un hombre de tamaño natural, vestido con ropa usada, pero 131
correcta, y cuyo rostro era una notable obra de arte. 143
(fragmento)
Constancio C.
Vigil uruguayo
EL MUÑECO DE JULIÁN
(fragmento)
Constancio C.
Vigil uruguayo
El anillo del pastor. 5
(fragmento)
Gianni Rodari
italiano
El anillo del pastor.
(fragmento)
Gianni Rodari
italiano
FRONTERA NORTE 2
Al fin, a unos cien kilómetros de Arica, salimos a otra pampa a cuyo término 141
está el paradero de Zapahuira, a corta distancia del caserío prehispánico del 153
mismo nombre, apartado del camino. Arqueológicamente este 164
sitio tiene mucho interés por la abundancia de cementerios indígenas en sus 176
alrededores. También existen allí tambos antiguos, cuyas camas, fabricadas 188
con una mezcla de tierra y piedras, se mantienen hace siglos. Subiendo, es 204
el primer sitio donde se encuentran cultivos en andenes. 214
Unas tazas de café, una breve revisión del vehículo, y nos lanzamos a 229
trepar los veinte kilómetros que nos separan del portezuelo de Chapiquiña, 241
situado mil cuatrocientos metros más arriba. 248
(fragmento)
Alfredo Wormald
chileno
FRONTERA NORTE
Al fin, a unos cien kilómetros de Arica, salimos a otra pampa a cuyo término
está el paradero de Zapahuira, a corta distancia del caserío prehispánico del
mismo nombre, apartado del camino. Arqueológicamente este sitio tiene mucho
interés por la abundancia de cementerios indígenas en sus alrededores. También
existen allí tambos antiguos, cuyas camas, fabricadas
con una mezcla de tierra y piedras, se mantienen hace siglos. Subiendo, es
el primer sitio donde se encuentran cultivos en andenes.
Unas tazas de café, una breve revisión del vehículo, y nos lanzamos a
trepar los veinte kilómetros que nos separan del portezuelo de Chapiquiña,
situado mil cuatrocientos metros más arriba.
(fragmento)
Alfredo Wormald
chileno
ATARDECER 1
Al oriente, más allá del angosto valle, por sobre otros cerros, se yergue la 98
visión de las cordilleras nevadas. Las altas cumbres están en sombras. La 112
nieve en ellas es de un blanco verdoso, pálido y sutil. El invisible sol poniente 129
bañe, de la inmensa mole andina, sólo la base de las laderas abruptas que 145
arden en un rojo carmesí, acusando en rasgos netos, de un contraste violento, 159
las caprichosas quebradas llenas de profundas sombras violetas. Lentos suben 170
hacia lo alto de los rayos del sol. 181
Las nieves se encienden, y mientras por la base de las montañas, con 196
cendales de bruma, trepa, azul, la noche, a esa hora todos los valles de Chile 215
se iluminan lentos con el resplandor de las altas nieves lejanas. Es una luz 230
rosa, suave e incierta, como la primera que fluye, débil, de las lámparas 247
encendidas al crepúsculo. 251
Las cordilleras lentamente se apagan. Grises, parecen aún más lejanas. 264
Detrás de ellas, con una suavidad inenarrable, en marea avasalladora, la 278
noche asciende con sus aguas sutiles, de un indefinible verde azul, pleno de 293
quietud y transparencia. 297
En el aire lavado por la lluvia, hasta a los astros más pequeños se los 321
distingue con claridad. Todos resplandecen nítidos. Parece que esa noche la 334
alumbrara un número doblemente infinito de mundos desconocidos. 343
(fragmento)
Pedro Prado
chileno
ATARDECER
Al oriente, más allá del angosto valle, por sobre otros cerros, se yergue la
visión de las cordilleras nevadas. Las altas cumbres están en sombras. La
nieve en ellas es de un blanco verdoso, pálido y sutil. El invisible sol poniente
bañe, de la inmensa mole andina, sólo la base de las laderas abruptas que
arden en un rojo carmesí, acusando en rasgos netos, de un contraste violento,
las caprichosas quebradas llenas de profundas sombras violetas. Lentos suben
hacia lo alto de los rayos del sol.
En el aire lavado por la lluvia, hasta a los astros más pequeños se los
distingue con claridad. Todos resplandecen nítidos. Parece que esa noche la
alumbrara un número doblemente infinito de mundos desconocidos.
(fragmento)
Pedro Prado
chileno
La casita de caramelo. 5
caramelo de menta. 33
chicle. 52
Un día llovió. 56
poquito a poco. 67
La casita de caramelo.
Había una casita de caramelo.
Tenía las paredes de turrón.
El techo era de chocolate.
Las puertas y las ventanas de
caramelo de menta.
Los muebles eran de caramelo de fresa.
Menos el colchón de la cama que era de
chicle.
Un día llovió.
Y la casa se deshizo dulcemente,
poquito a poco.