Fuente: Instituto Nacional San Martiniano.
José de San Martín: Libertador de América
Breve biografía de José Francisco de San Martín. Un camino hacia la Libertad.
El nacimiento en Yapeyú
José Francisco de San Martín fue hijo del capitán don Juan de San Martín,
nacido en Cervatos de la Cueza el 3 de febrero de 1728, y de doña Gregoria
Matorras del Ser, que vio la luz en Paredes de Nava el 12 de marzo de 1738. Las
dos poblaciones pertenecían al Reino de España y estaban en jurisdicción de
Palencia, una de las provincias de Castilla la Vieja.
El Libertador vino al mundo el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, que
actualmente forma parte de la provincia argentina de Corrientes y que, por
entonces, era la capital de uno de los cuatro departamentos en que habían sido
agrupados los treinta pueblos de las misiones guaraníticas tras disponer el rey
Carlos III en 1767 la expulsión de los jesuitas, quienes habían evangelizado la
región, sufrido el martirio en muchos casos e incorporado a miles de indígenas
a la vida civilizada.
Don Juan de San Martín ejerció allí, desde 1775, las funciones de teniente de
gobernador.
En 1781, la familia San Martín -el padre, la madre y cinco hijos, de los que
cuatro eran varones- estaba radicada en Buenos Aires.
Todos emprendieron viaje a España a fines de 1783, haciéndolo a bordo de la
fragata Santa Balbina. Arribaron al puerto de Cádiz en la segunda quincena de
marzo de 1784.
Soldado del ejército real
José de San Martín, después de realizar estudios elementales en Málaga, donde
se había establecido su familia, se incorporó en 1789 como cadete al
Regimiento de Murcia, del arma de infantería.
Mientras formó parte del ejército real con guarnición en España, combatió
inicialmente en África contra los moros (árabes islámicos que habitaban en el
norte de ese continente) y después lo hizo en Europa o en los mares vecinos, en
guerras sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Esto determinó su
participación en treinta y una acciones bélicas, siendo una de ellas el combate
de Arjonilla.
Por su actuación en la famosa batalla de Bailén, donde resultaron batidas las
legiones invasoras del emperador Napoleón I, fue ascendido al grado de
teniente coronel y condecorado con medalla de oro, alto timbre de honor del ya
por entonces destacado militar rioplatense.
Por este tiempo, en que pasó a ser oficial de caballería, San Martín se vinculó a
otros jóvenes americanos, residentes en la Península, que forjaban planes de
independencia política para las respectivas regiones de su nacimiento.
En 1811, pidió y obtuvo su retiro del ejército real, dejó España por la vía de
Portugal y se trasladó a Londres, donde esperaba concretar su propósito de
pasar a América.
“Mi país nativo”
Corrido el tiempo, San Martín evocaría en varias ocasiones esta etapa de su
vida.
Así, en 1848, escribió lo siguiente: “yo serví en el ejército español, en la
Península, desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de
teniente coronel de caballería. Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores
de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc.,
resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle
nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar".
Muchos años antes, en 1819, había manifestado: "Hallábame al servicio de
España el año 1811 con el empleo de comandante de escuadrón del Regimiento
de Caballería de Borbón cuando tuve las primeras noticias del movimiento
general de ambas Américas, y que su objetivo primitivo era su emancipación del
gobierno tiránico de la Península. Desde este momento me decidí a emplear
mis cortos servicios a cualquiera de los puntos que se hallaban
insurreccionados: preferí venirme a mi país nativo, en el que me he empleado
en cuanto ha estado a mis alcances... ".
San Martín y otros rioplatenses desembarcaron el 9 de marzo de 1812 en
Buenos Aires, la ciudad capital del antiguo Virreinato del Río de la Plata.
Contribuir a la independencia de los pueblos americanos era la alta misión que
lo había impulsado a retornar a la tierra de su nacimiento.
En Buenos Aires, en San Lorenzo, en el Norte
A poco de su llegada, el gobierno triunviro le confió la organización de un
escuadrón de caballería, que en pocos meses se constituiría en la base del
Regimiento de Granaderos a Caballo, de inmortal memoria en las luchas por la
emancipación americana.
Mientras instruía a oficiales, cadetes, cabos y soldados en el arte militar, en el
manejo de las armas y en la disciplina castrense, el general San Martín contrajo
matrimonio con María de los Remedios de Escalada.
El 7 de diciembre de 1812, el nuevo gobierno triunviro le concedió el empleo de
coronel del flamante regimiento.
El 3 de febrero de 1813, San Martín, al frente de 120 granaderos, obtuvo su
primera victoria en tierra americana al derrotar en San Lorenzo, cerca de la
ciudad santafesina de Rosario, a 250 infantes desembarcados de una expedición
fluvial corsaria promovida por el gobierno de Montevideo, ciudad aún
dominada por partidarios del rey Borbón. El combate duró quince minutos y en
su transcurso el jefe criollo estuvo a punto de perder la vida al quedar
aprisionado por su caballo herido.
El Ejército del Norte había sido creado por el gobierno revolucionario en 1810
para afirmar su autoridad y consolidar el movimiento independentista hasta las
fronteras con el Virreinato del Perú. Al mando del benemérito general Manuel
Belgrano, vencedor en las batallas de Tucumán y Salta, penetró en 1813 en el
Alto Perú (actual Bolivia), donde sufrió los reveses de Vilcapugio y Ayohuma.
Mientras las fuerzas militares derrotadas retrocedían hasta Salta para
reorganizarse, el gobierno de Buenos Aires decidió socorrerlas con el envío de
refuerzos al mando del coronel San Martín. Este asumió el mando del Ejército
del Norte el 29 de enero de 1814, tras disponerse el relevo del general Belgrano.
El nuevo jefe, que estableció sus cuarteles en Tucumán, se dedicó a reorganizar
y disciplinar el ejército que se le había confiado, para lo que se valió de sus
amplios conocimientos militares. Se hallaba dedicado a tan importante tarea
cuando un grave deterioro de su salud lo obligó a pedir licencia, que le fue
concedida. Pasó entonces a Córdoba, donde el descanso y los cuidados
médicos contribuyeron a mejorar su estado.
Gobernador de Cuyo
Mientras se hallaba en el Norte, San Martín llegó al convencimiento de que por
ese solo camino no se lograría derrotar a las fuerzas del virrey del Perú que
ocupaban el Alto Perú. En su concepto, era necesario abrir un segundo frente
por el océano Pacífico y avanzar sobre Lima para que las tropas virreinales se
retirasen a fin de acudir en defensa del territorio peruano amenazado. Mientras
esto no sucediese, el Ejército del Norte y la defensa de la frontera con el Alto
Perú quedarían a cargo de Martín Miguel de Güemes y sus milicias gauchas.
El 10 de agosto de 1814, el director supremo Gervasio Antonio de Posadas
designó a San Martín -dijo hacerlo "a su instancia y solicitud"- "gobernador
intendente de la Provincia de Cuyo, con el doble objeto de continuar los
distinguidos servicios que tiene hechos a la Patria y el de lograr la reparación de
su quebrantada salud en aquel delicioso temperamento".
Cabe señalar que la gobernación intendencia de Cuyo había sido creada el 29
de noviembre de 1813, con jurisdicción sobre las provincias de Mendoza, San
Juan y San Luis, separadas por esta decisión de la de Córdoba.
El plan continental de liberación
Llevaba San Martín dos meses en el gobierno de Cuyo -asumido por él en
septiembre de 1814- cuando sucumbió el régimen independentista de Chile a
manos de las tropas represoras enviadas por el virrey del Perú. Esto determinó
que el Libertador replantease su plan de acción militar, lo que lo llevó a optar
entre dos alternativas: o adoptar un plan defensivo en previsión de que las
tropas del virrey del Perú atacasen a Cuyo atravesando la cordillera de los Andes
o formar un ejército para cruzar esas montañas a fin de liberar Chile y,
conseguido esto, hacer otro tanto con el Perú. Se decidió por la segunda, o sea
por una acción militar destinada a asegurar a los pueblos hispanoamericanos su
segregación de la monarquía borbónica y su condición de estados soberanos.
El plan continental sanmartiniano fue aprobado por el gobierno de las
Provincias Unidas del Río de la Plata poco después de haber declarado estas su
independencia el 9 de julio de 1816.
Cómo era San Martín
San Martín repartió su tiempo en ejercer el gobierno civil de Cuyo y en
organizar el Ejército de los Andes, cuyo campo de instrucción estaba en el
Plumerillo, cercano a la ciudad de Mendoza. De un lugar a otro se trasladaba
montando "un caballo negro, rabón, de trote largo". Su vestimenta -escribió
Damián Hudson- era muy sencilla, pues usaba "pantalón de punto de lana, azul,
ajustado a la pierna, bota granadera, un largo sobretodo de paño del mismo
color en invierno, casaca larga de igual tela en el verano, con botones de metal
dorado, corbatín de seda o de cuero charolado, sombrero militar forrado en
hule".
Su estatura era de 1,70 m, aproximadamente, pero impresionaba como tanto o
más porque estaba siempre erguido, con presencia castrense. El rostro se
mostraba moreno, ya por coloración natural de la piel, ya por la huella que en él
había dejado el servicio prestado a campo abierto. La nariz era aguileña y
grande. Los prominentes ojos negros no permanecían nunca quietos y eran
dueños de una mirada vivísima. Poseía una inteligencia poco común y sus
conocimientos iban más allá de los propios de una estricta formación
profesional.
De maneras tranquilas y modales que revelaban esmerada educación, según los
momentos era dicharachero y familiar, severo y parco, optimista y dispensador
de ánimo para quienes lo habían perdido o vacilaban. Nadie pudo ni podrá
tacharlo de indiscreto, llegando en ocasiones a ser, por necesidad, casi críptico o
disimulador sin mentira. Profundamente reservado y caluroso en sus afectos, de
él dijo Mitre que "era observador sagaz y penetrante de los hombres, a los que
hacía servir a sus designios según sus aptitudes".
La liberación de Chile
Concluida la preparación del Ejército de los Andes, entre cuyos jefes se contaba
el gran patriota chileno Bernardo O'Higgins, a mediados de enero de 1817 se
inició el cruce de la cordillera, que parecía insalvable para una masa militar en
campaña. Traspuestas las montañas, las tropas libertadoras vencieron en
Chacabuco a un ejército realista el 12 de febrero, victoria que les dejó libre el
camino de Santiago, la capital de la antigua Capitanía General o Reino de Chile.
Tres días después, se reunió en la mencionada ciudad una representación de
hombres notables, la cual designó al Libertador para que fuera el máximo
magistrado político del país. Como San Martín declinó ese honor, entonces se
escogió al brigadier O'Higgins, con el título de director supremo, para regir los
destinos del país hermano. Al asumir el cargo, el patriota chileno dirigió al
pueblo una proclama en la que dejaba constancia de que "los hijos de las
Provincias Unidas del Río de la Plata, de esa nación que ha proclamado su
independencia como fruto precioso de su constancia y patriotismo, acaban de
recuperaros la libertad".
Con motivo de la victoria de Chacabuco, el Cabildo de Santiago obsequió al
general San Martín la suma de diez mil pesos. El héroe declinó el regalo y a la
vez solicitó al ayuntamiento que lo destinara a fundar una biblioteca nacional,
para que el pueblo, decía en una nota, "se ilustre en los sagrados derechos que
forman la esencia de los hombres libres".
Las tropas realistas que aún permanecían en el sur de Chile fueron reforzadas
desde el Perú e iniciaron un avance sobre Santiago. En la noche del 19 de marzo
de 1818 lograron sorprender en Cancha Rayada al ejército unido de argentinos
y chilenos, que se dispersó parcialmente. San Martín rehízo sus efectivos y el 5
de abril siguiente obtuvo un gran triunfo en la batalla de Maipú.
El escueto parte que en la tarde de ese día envió al director supremo de las
Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, lo dice todo:
"Nada existe del ejército enemigo; el que no ha sido muerto, es prisionero.
Artillería, ciento sesenta oficiales, todos sus generales, excepto Osorio, están en
nuestro poder; yo espero que este último me lo traigan hoy. La acción del 19 ha
sido reemplazada con usura, en una palabra, ya no hay enemigos en Chile".
La victoria de Maipú tuvo enorme importancia, no sólo militar sino también
política, por su gran repercusión en todo el continente, llevando esperanzas a
los pueblos aún dominados y causando a la vez halagüeños augurios por sus
derivaciones en la política europea.
Independencia del Perú
Poco antes de concluir 1818, el Congreso de las Provincias Unidas reconoció el
nuevo Estado de Chile, cuya independencia había sido declarada al comenzar el
año.
Con esa decisión se confirmaba uno de los fines de la campaña dirigida por San
Martín: éste era un liberador de pueblos, no su dominador.
Asegurada la independencia de Chile, San Martín organizó el Ejército Libertador
del Perú, integrado por argentinos y chilenos. La expedición, que partió el 20 de
agosto de 1820, desembarcó el 7 del mes siguiente en la bahía de Paracas,
donde se anunció al pueblo peruano que había llegado la hora de su liberación.
El jefe rioplatense inició en ese lugar su campaña, coronada con su entrada en
Lima el 10 de julio de 1821, ingreso que hizo de incógnito en el atardecer de
ese día para no quebrar la modestia y austeridad con que siempre rigió su
extraordinaria existencia. El 28 de ese mes, el general proclamó la
independencia peruana en la Plaza Mayor de Lima.
San Martín ejerció funciones de gobierno con el título de Protector de la
Libertad del Perú. Entre sus realizaciones cabe recordar las siguientes: creó la
bandera y el himno de la nueva nación; fundó la Escuela Normal y la Biblioteca
Nacional, a la que donó sus libros; decretó la libertad de los hijos de esclavos
nacidos después de la declaración de la independencia y extinguió los tributos
que pagaban los indígenas. Mientras continuaban las acciones militares contra
las fuerzas realistas, formó la primera escuadra peruana y el ejército nacional.
Después de entrevistarse en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, en julio de
1822, con el Libertador del Norte, el general Simón Bolívar, San Martín prefirió
abandonar el campo de su gloria con un renunciamiento ejemplar antes que
claudicar en sus principios de libertador de pueblos.
El héroe retorna a Buenos Aires
De regreso en Lima, convocó al Congreso Nacional y ante él renunció a sus
poderes en septiembre de 1822.
En esa ocasión pronunció un discurso pleno de altos principios y digno de su
talla heroica, al que dio término con estas palabras: "Desde este momento
queda instalado el congreso soberano y el pueblo reasume el poder supremo
en todas sus partes".
Enseguida, abandonó la sala del Congreso para trasladarse a su quinta de La
Magdalena, con el propósito de descansar unas horas antes de emprender el
viaje de retorno a Chile, como tenía proyectado. Allí fue a visitarlo una comisión
de diputados para ofrecerle, entre otros honores y títulos, los de "generalísimo"
y "fundador de la libertad del Perú", que San Martín aceptó únicamente en lo
que expresaban de honorífico, pero no en cuanto al amplio poder que tenía su
ejercicio.
En la madrugada del siguiente día -21 de septiembre de 1822- embarcó el
Libertador San Martín, aureolado por la grandeza de su alma, con destino al
puerto chileno de Valparaíso.
Después de permanecer en las cercanías de Santiago para reponerse de una
grave enfermedad, se dirigió a Mendoza, ciudad a la que arribó en los primeros
días de febrero de 1823 y donde permaneció algún tiempo para informarse de
la evolución de la situación política y militar existente en el Perú. Allí recibió la
noticia de la muerte de su esposa, cuyo deceso se produjo en Buenos Aires el 3
de agosto. Como consecuencia, quedó huérfana de la atención materna su hija
Mercedes, nacida en Mendoza el 24 de agosto de 1816.
El 4 de diciembre de 1823, San Martín llegó a Buenos Aires y por pocos días se
hospedó en una quinta de la familia Escalada sita en el antiguo partido de San
José de Flores (ahora Parque de los Patricios).
Desde allí retornó a la ciudad para visitar a las autoridades políticas de la
provincia de Buenos Aires, quienes le retribuyeron la cortesía. Empero, pronto
comenzó a manifestarse un ambiente de hostilidad en torno de su persona, a la
vez que se le atribuían absurdos proyectos y actitudes.
La educación de Mercedes
Resolvió trasladarse a Europa para dar a su hija una educación escolar
esmerada. También esperaba que este alejamiento le permitiera evadirse del
molesto ambiente que le habían creado en Buenos Aires algunos ingratos.
Padre e hija partieron de Buenos Aires el 10 de febrero de 1824, aunque el
Libertador esperaba regresar prontamente. Así lo expresó en la carta que, ya a
bordo del navío Le Bayonnais, envió ese día a su compadre, el coronel Federico
Brandsen: "Dentro de una hora parto para Europa con el objeto de acompañar a
mi hija para ponerla en un colegio en aquel país y regresaré a nuestro país en
todo el presente año, o antes si los soberanos de Europa intentan disponer de
nuestra suerte".
Durante el tiempo que permaneció en el Viejo Mundo mantuvo contacto
epistolar con amigos residentes en América, estuvo por breve lapso en Londres
y después fijó su domicilio en Bruselas, además de hacer varios viajes y visitas.
No derramar sangre criolla
Mientras su hija Mercedes continuaba sus estudios en un instituto educativo en
Bruselas, decidió retornar a Buenos Aires para atender sus asuntos personales,
en particular los de carácter económico. Alentado por la convicción de que
hallaría a sus compatriotas en paz, se embarcó a fines de 1828, pero al pasar por
Río de Janeiro tuvo noticias del movimiento revolucionario iniciado en Buenos
Aires el 1 de diciembre de 1828 por el general Juan Lavalle, su antiguo
subordinado, y del posterior fusilamiento del gobernador legítimo, coronel
Manuel Dorrego. Ambos hechos, alentados por el Partido Unitario,
determinaron que el Libertador decidiera no desembarcar en la capital porteña,
permaneciendo a bordo del buque Countess of Chichester, que lo había traído,
y hacerlo en Montevideo. Hasta allí llegaron delegados del general Lavalle para
ofrecerle el mando militar y político de la provincia de Buenos Aires.
Tras rechazar la proposición, San Martín escribió una carta al jefe revolucionario
en la que le decía: "Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de
armas, permítame usted, general, le haga una sola reflexión, a saber: que
aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera
justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que usted se
halla, una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo
inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halle usted
empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de uno
mismo ".
El largo ostracismo
Consecuente con su principio de no desenvainar su sable para luchar en
contiendas facciosas, el 17 de abril se marchó de Montevideo para regresar a
Bruselas pasando, previamente, por Inglaterra y Francia. El ostracismo que el
héroe se impuso al alejarse por segunda vez de las tierras rioplatenses no tenía
carácter definitivo en su sentir íntimo. En cuanto a su duración, la subordinó a
los sucesos que por entonces se desarrollaban en su patria.
San Martín y su hija dejaron Bruselas y a fines de 1830 se instalaron en París,
para después hacerlo en una modesta residencia de campo situada a unos 13
kilómetros de aquella ciudad. En ese tiempo asolaba varios países europeos una
epidemia de cólera, cruel enfermedad que atacó a ambos y de la que felizmente
pudieron reponerse.
El 13 de diciembre de 1832, la hija del Libertador contrajo matrimonio con
Mariano Balcarce, joven porteño que a la sazón residía en Europa. Poco antes,
San Martín había escrito a la madre de su futuro yerno lo siguiente: "La
educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista no ha tenido por objeto
formar de ella lo que se llama una dama de gran to no, pero sí el de hacer una
tierna madre y buena esposa; con esta base, y las recomendaciones que
adornan a su hijo de usted, podemos prometernos que estos jóvenes sean
felices, que es a lo que aspiro". Prontamente, el héroe sería abuelo, primero de
María Mercedes y después de Josefa.
A poco de trasladarse a Francia, San Martín anudó una honda amistad con
Alejandro Aguado, su antiguo camarada de armas en España, convertido por
entonces en un gran banquero. Cerca de la residencia de éste, en un lugar
conocido con el nombre de Grand Bourg, el héroe adquirió en 1834 una
confortable vivienda, que habitó hasta 1848 con su hija, su yerno y sus nietas.
Hasta allí llegarían para visitarlo compatriotas como Domingo Faustino
Sarmiento y Juan Bautista Alberdi; su antiguo subordinado el general inglés
Guillermo Miller y chilenos o peruanos empujados por el afán de conocer al
libertador de sus respectivas patrias.
Con la América agredida
El largo ostracismo del héroe no le impidió seguir atentamente la marcha de su
tierra nativa, así como sentirse vigía y custodio de la independencia americana.
Por ello, no vaciló en tomar posición cuando el jefe de la flota francesa de
estación en el Atlántico Sur decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires y del
litoral perteneciente a su soberanía. Bien se daba cuenta San Martín de que ese
bloqueo no era causa de un conflicto, sino consecuencia de una política
agresiva y atentatoria de la soberanía americana.
Con dignidad y delicadeza, ofreció sus servicios al gobernador de Buenos Aires
y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina,
brigadier general Juan Manuel de Rosas. Así le decía en una carta remitida
desde Grand Bourg en agosto de 1838: "He visto por los papeles públicos de
ésta el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra nuestro país;
ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo sé lo que mi
deber me impone como americano; pero en mis circunstancias y la de que no se
fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hacen, por un exceso de
delicadeza que usted sabrá valorar, si usted me cree de alguna utilidad, que
espere sus órdenes; tres días después de haberlas recibido me pondré en
marcha para servir a la patria que me vio nacer".
Mas como el Gran Capitán se anoticia de que hay compatriotas que consienten
o apoyan la agresión europea esperando obtener con ello ventajas sobre la
facción que a la postre podría resultar vencida, escribirá en 1839: "Lo que no
puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido
se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor
que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el
sepulcro la puede hacer desaparecer".
“Yo soy del Partido Americano”
Corrido el tiempo, una nueva amenaza se cernió sobre América con motivo de
la intervención armada en el Río de la Plata hecha en forma combinada por
Inglaterra y Francia. Sabedor San Martín del combate de la Vuelta de Obligado,
en el que soldados argentinos enfrentaron a los invasores europeos, escribió en
1848 a Rosas lo siguiente: "Los interventores habrán visto lo que son los
argentinos. A tal proceder no nos queda otro partido que cumplir con el deber
de hombres libres, sea cual sea la suerte que nos prepare el destino, que por mi
íntima convicción no sería un momento dudoso en nuestro favor si todos los
argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria si las
naciones europeas triunfan en esta contienda que, en mi opinión, es de tanta
trascendencia como la de nuestra emancipación de España".
San Martín podía hablar con libertad y firmeza porque su pensamiento y su
acción estaban irrevocablemente unidos a quienes ponían vida, haberes y fama
al servicio de la libertad de las nuevas naciones. Así lo dijo por este tiempo al
escribir a su amigo Tomás Guido: "Usted sabe que yo no pertenezco a ningún
partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano".
La muerte del héroe
En 1848, debido a la agitación reinante en gran parte de Francia, San Martín
dejó Grand Bourg y, acompañado por su familia, se trasladó a Boulogne-sur-
Mer. Desde allí resultaría más fácil y rápido pasar a Gran Bretaña.
En Boulogne-sur-Mer, a las 3 de la tarde del 17 de agosto de 1850, falleció don
José de San Martín, brigadier general de la Confederación Argentina, capitán
general de la República de Chile y generalísimo de la del Perú y fundador de
su libertad. Se hallaban a su lado su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce,
sus nietas, el representante de Chile en Francia don Francisco Javier Rosales y el
doctor Jordán, quien lo asistió como médico. El diplomático chileno, al
comunicar a su gobierno la triste nueva, expresó que el Libertador "acabó sus
días con la calma del justo en los brazos de su afligida y virtuosa familia".
En 1880, los restos del Padre de la Patria fueron trasladados desde Francia a
Buenos Aires para ser depositados en el mausoleo que al efecto se erigió en la
Catedral. Figuras simbólicas que representan a la Argentina, Chile y Perú le
rinden guardia permanente.
El Gran Capitán de la libertad americana
Bien se puede decir del héroe que sólo ambicionó una cosa: la libertad de
América. Por alcanzarla sacrificó todo cuanto tenía en aras de ese alto principio.
Fue en vida glorificado y atacado, pero ni una ni otra cosa influyeron en la línea
que se trazara y que siguió en forma inmutable, desconcertando con su
templanza a sus enemigos.
Renunció a la gloria y envainó dignamente su corvo, que nunca fue usado para
avasallar naciones. La posteridad, a quien San Martín confiaba el juicio de su
vida y de sus acciones, lo proclama, como ha expresado el autor peruano
Mariano Felipe Paz Soldán: "El más grande de los héroes, el más virtuoso de los
hombres públicos, el más desinteresado patriota, el más humilde en su
grandeza, y a quien el Perú, Chile y las Provincias Argentinas le deben su vida y
su ser político".
Por Enrique Mario Mayochi.
Recursos