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Qué Es La Literatura

La literatura se define como un arte que utiliza las palabras para crear belleza y mundos de ficción, diferenciándose por su lenguaje poético y su capacidad de comunicación intersubjetiva. El canon literario, que incluye obras de diversas épocas, es inestable y está influenciado por instituciones y agentes que determinan qué textos son considerados literatura. El análisis literario puede ser inmanente, centrado en el texto, o trascendente, considerando el contexto histórico y biográfico del autor, y se clasifica en géneros como narrativo, lírico, dramático y ensayístico.

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Qué Es La Literatura

La literatura se define como un arte que utiliza las palabras para crear belleza y mundos de ficción, diferenciándose por su lenguaje poético y su capacidad de comunicación intersubjetiva. El canon literario, que incluye obras de diversas épocas, es inestable y está influenciado por instituciones y agentes que determinan qué textos son considerados literatura. El análisis literario puede ser inmanente, centrado en el texto, o trascendente, considerando el contexto histórico y biográfico del autor, y se clasifica en géneros como narrativo, lírico, dramático y ensayístico.

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¿Qué es la literatura?

Hacia un intento de definición

Existen diversas concepciones, es decir, ideas compartidas, consensuadas, acerca de lo que es la


literatura. Una de las ideas de mayor circulación sostiene que la literatura es arte, un arte que hace
uso de las palabras.

El Diccionario Enciclopédico Sopena explica que la literatura es “la realización de lo bello por
medio de la palabra”. Esta definición resulta conflictiva ya que depende de lo que cada uno considere
bello y además, este concepto varía de acuerdo con la época.

Hay quienes consideran que lo que diferencia a los textos literarios de otro tipo de textos es la
pertenencia de la literatura al campo de la ficción. Que un texto sea ficción quiere decir que crea un
mundo imaginario y quien lo lee no se cuestiona acerca de la verdad o de la falsedad de lo escrito.
Para la ficción, verdadero y falso no cuentan. Leer ficción es ir construyendo, en la lectura, una
totalidad coherente y convincente en sí misma.

Otro rasgo del texto literario es el uso de un tipo de lenguaje diferente del habitual, el lenguaje
poético. Este lenguaje se centra en sí mismo y llama la atención sobre las palabras utilizadas y sus
combinaciones, de modo que ellas dejan de resultar naturales. Por eso se dice que el lenguaje
literario es un lenguaje rarificado, que representa al mundo exterior e interior bajo una forma
diferente, innovadora. Veamos como ejemplo el comienzo de esta novela:” ¡Alumbra, lumbre de
alumbre, Luzbel de piedralumbre!

Por último, la literatura se entiende como una experiencia de comunicación intersubjetiva, esto
resulta una experiencia de acceso hacia otros modos de pensar y sentir.

El lenguaje literario

Dado que el lenguaje cobra una particular importancia en los textos literarios.
Es interesante analizar cuáles son los rasgos que lo caracterizan:

1. Es plurisignificativo dado que tiene la capacidad de sugerir tantos significados como, en


principio, acercamientos puedan hacerse al texto.
2. Tiene la capacidad de crear su propia realidad, su propio universo de ficción diferente de
aquel en que están inmersos tanto el autor como el lector.
3. Es connotativo, porque las palabras presentan valores semánticos (significados) peculiares y
de su combinación puede surgir una nueva visión de la realidad, un nuevo concepto

El canon literario

La palabra canon significa “lista o catálogo”. En relación con el arte, se aplica al


conjunto de obras consideradas como artísticas en un período determinado. Entre ellas, se incluyen
no sólo las obras realizadas por los autores contemporáneos sino también las de otras épocas, y que
forman parte de la tradición literaria.

La característica más importante del canon es su relativa inestabilidad, dado que el concepto de
lo que es literatura resulta variable. Su variación está determinada por cuestiones referidas, entre
otras, al gusto y la moda. Por ello, la valoración de una obra depende de los criterios (sociales y
culturales) y las ideas conque esa obra es analizada.

El canon se constituye, principalmente, a partir de instituciones como las escuelas y universidades,


los críticos literarios y las editoriales que determinan qué textos deben ser leídos como literatura y
cuáles no.

Las editoriales y la crítica de los suplementos culturales y literarios, la academia, los escritores
mismos, entre otros agentes, impulsan el consumo de algunas obras cuando otorgan prestigio a
ciertos autores, al tiempo que desestiman el consumo cuando ignoran a otros.

Las características intrínsecas de las obras literarias (ficción, carácter poético, experiencia de
comunicación intersubjetiva) pasan a un segundo plano si aquellos textos que se adquieren, se
recomiendan y se leen como literatura, están en gran parte determinados por la consagración a la
que acceden ciertos autores y obras, debido al trabajo de esos agentes que constituyen lo que se
conoce como campo intelectual: sistema de relaciones entre escritores, críticos, pensadores,
profesores…

Desde esta perspectiva, se restringe la idea del autor como un sujeto enteramente libre que hace
uso de sus facultades creativas, y dice lo que quiere y a quien quiere a través de sus obras. La figura
del autor tal como lo entendemos en la actualidad es una construcción del campo intelectual, y se
consolidó en el SXIX. A través del tiempo, la idea de autor se ha ido transformando: desde la
Antigüedad y el Renacimiento, cuando el autor era un creador sostenido económicamente por cortes
o mecenas, pasando por el que hace uso de su (ilusoria) libertad creadora –como el poeta
romántico- hasta el dueño de la obra, que cobra derechos sobre su producción. No puede olvidarse
que autor también es hoy quien da a conocer su producción a través de la red informática, por
ejemplo, el blogs o en sitios de internet dedicados a la narrativa o a la poesía.

El análisis literario

Si se considera que un texto es un producto de comunicación, analizarlo es,


metafóricamente, establecer con él un diálogo profundo. Quien lee una obra e intenta avanzar en su
comprensión más allá de una primera lectura encontrará seguramente elementos que habían pasado
inadvertidos. El análisis plantea un recorrido que parte de una obra en concreto, la fragmenta y la
recompone, pero al hacerlo reconoce sus elementos en forma más explícita y comprende su
configuración y mecánica. Es decir que el análisis posibilita una mejor comprensión de la obra.

Son muchas las formas de encarar el análisis de un texto. En gran medida, estas formas dependen
de las competencias con que cuenta cada lector y, en algunos casos, de las corrientes de análisis en
las que este se inscribe.

En general, se pueden establecer dos grandes tendencias:

1. Quienes sostienen que el análisis se limita a la obra en sí. Los estudiosos que adoptan este
método prescinden de todo lo que pudiera considerarse como “anexo” del texto. Por
ejemplo, la biografía del autor y el entorno social y cultural en el que fue escrito. Este tipo de
análisis puede denominarse inmanente porque sólo tiene en cuenta lo interno al texto,
permanece dentro de él.
2. Quienes opinan que toda obra “habla” directa o indirectamente sobre la época en que fue
producida y que, por este motivo, es posible reconocerla y considerarla como un testimonio
de su contexto. A este tipo de análisis se lo denomina trascendente porque no analiza
únicamente el material lingüístico sino que trabaja también sobre las circunstancias en que la
obra fue compuesta y los datos biográficos del autor.
Estas dos posturas representan los extremos de un continuum dentro del cual pueden
encontrarse varias propuestas de análisis que toman, en mayor o menor grado, elementos de
ambas corrientes.

Los géneros literarios


La palabra género ( del latín genus: familia, clase, tipo) refiere, en
literatura, a un conjunto de textos que tienen ciertas características comunes que los
diferencian de otros.
La primera clasificación de los textos literarios en géneros es la propuesta por Aristóteles
(384-322 a.C.) en la Poética. Él determina tres géneros: el lírico, el épico (narrativo) y el
dramático. Estos tres modos básicos de la configuración aristotélica perduraron durante
siglos y se convirtieron en productos históricos. Sufrieron modificaciones que generaron
variantes y subgéneros. En la actualidad, se ha incluido el género ensayístico.

El género narrativo
Las obras que conforman el género narrativo se caracterizan por la
presencia de un narrador que cuenta hechos que les suceden a personajes en tiempos y
espacios más o menos definidos. El narrador, la voz que el autor crea para que se haga cargo
de contar la historia, puede conocer todos los hechos y presentarlos de manera objetiva
(cuando así es, relata desde la tercera persona). Pero también puede presentar una visión
parcial de la historia, en cuyo caso suele narrar en primera persona, aunque también puede
hacerlo en tercera y, raramente, en segunda.
Las formas más comunes de la narrativa son la novela y el cuento.

El género lírico
Se caracteriza por la marcada presencia de la función emotiva o expresiva
del lenguaje. Quien expresa en el poema su subjetividad es el yo lírico.
El ritmo es el rasgo esencial del poema. Además, el uso connotativo del lenguaje
adquiere, en este género, su máxima expresión. Los procedimientos frecuentemente
empleados para connotar se llaman recursos expresivos ( imágenes, comparaciones,
paralelismos, etc)

El género dramático
Las obras pertenecientes a este género están destinadas a la
representación escénica. En estos textos se desarrolla una historia que se conoce mediante
los diálogos y las actuaciones de los personajes. Pero, además, contienen las indicaciones del
autor que orientan acerca de la puesta en escena.

El género ensayístico
Los ensayos son textos que ofrecen información, interpretación o
explicación acerca de un asunto sujeto a confirmación. Su propósito es persuadir al lector.
Los procedimientos usados para la elaboración del mensaje y la inclusión de fragmentos
narrativos, dramáticos o descriptivos lo ubican en el campo de la literatura.
Los géneros discursivos

En una sociedad moderna, existen múltiples y heterogéneas actividades


sociales pero todas tienen algo en común: de un modo u otro, todas recurren siempre al discurso. Es
decir: todas hacen uso de la lengua. Así, según las actividades que desempeñen, los distintos
hablantes producen enunciados que se relacionan con sus contextos y prácticas. Los enunciados que
proceden de una misma esfera muestran grandes semejanzas en el léxico, el tema, la estructura y
el estilo. Por eso conforman, un género discursivo. Para el lingüista y teórico literario M Bajtin, un
género es un conjunto de enunciados similares, dado que provienen de contextos también similares.
Al provenir de una misma esfera de actividad, estos enunciados guardan semejanzas en cuanto a su
contenido temático, estructura y tipo de léxico empleado. Así por ejemplo, la esfera periodística
genera tipos de enunciados reconocibles, tales como: entrevistas, noticias, crónicas, etc. En la
literatura son frecuentes divisiones genéricas, tales como: novelas, ensayos, cuentos, poemas, obras
teatrales, entre otras.

Los géneros discursivos se clasifican en primarios y secundarios.

Los primarios son géneros simples, inmediatos cotidianos, como las conversaciones diarias, los
relatos de encuentros casuales en colectivos y las cartas familiares.

Los secundarios son más complejos, cuidadosamente elaborados, más extensos y, por lo general,
escritos, como las novelas, las investigaciones científicas, los ensayos.

La literatura es un género secundario que absorbe y reelabora en forma estética géneros


primarios.

En una novela, por ejemplo, Boquitas Pintadas de Manuel Puig, se encuentra una gran cantidad de
géneros reelaborados en función de un género secundario; cartas, avisos fúnebres, denuncias
policiales, diarios íntimos, radioteatros, etc.

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