Grumpalicious
Mia Faye
Table of Contents
Title Page
Derecho de autor y aviso legal
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Epílogo
Muestra: “En Su Oficina”
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Acerca de Mia
Derecho de autor y aviso legal
Copyright © 2021 por Mia Faye
De ninguna manera es legal reproducir, duplicar o transmitir
cualquier parte de este documento, ya sea en medios electrónicos o en
formato impreso. La grabación de esta publicación está estrictamente
prohibida y no se permite el almacenamiento de este documento a menos
que se cuente con el permiso por escrito del autor. Todos los derechos
reservados.
Este libro es un trabajo de ficción. Cualquier parecido con personas reales,
vivas o muertas, o hechos reales es pura coincidencia. Los nombres,
personajes, empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son
productos de la imaginación del autor o se utilizan de forma ficticia.
Facebook: Mia Faye
Capítulo 1
Genevieve
“¿Os acordáis del año pasado, que conocí a Jonny Cresta en el Baile del
Legende? Estaba totalmente dispuesta a casarme con ese hombre.”
Recordaba mientras Peyton, Eliza y yo íbamos en primera clase de un vuelo
de Houston a Washington D.C.
“Dios, me sigo partiendo de risa con la forma en la que contaste lo de
que entraste a su habitación y te encontraste a toda esa gente,” se rio
Peyton.
“Cierto. Tenía como seis mujeres desnudas en la cama. A ver, no quiero
decir que yo no me hubiera desnudado por él, pero, joder, ¡tenía unas
perversiones sexuales un poco raras!” Sacudí mi cabeza.
Johnny Cresta era la estrella de rock más sexy del planeta, y había ido a
por mí. No solo había ligado despreocupadamente conmigo, sino que lo
había intentado con todas sus fuerzas, así que yo estaba en plan, ‘pues sí,
estoy saliendo con una estrella del rock.’ Dios, no podía haber estado más
equivocada.
“Bueno, esperemos que esta vez no te vayas a casa con una leyenda del
rock borracha,” me advirtió Eliza.
“Para ser justos, pensaba de verdad que iba a ser su única cita. No tenía
ni idea de que quería que fuera la número siete. Durante un minuto accedí,
me desnudé, me metí en el jacuzzi y le seguí la corriente hasta que el señor
Rarito dijo, ‘¿y si tú y tú y tú venís aquí y me dais un pequeño
espectáculo?’ Yo me puse en plan, ‘no, gracias’, salí del jacuzzi, me puse la
ropa de vete a saber quién y me gasté setenta dólares en un viaje de taxi a
nuestro hotel. Él se cabreó mucho, me escribió al día siguiente, ¿os
acordáis? Y todo lo que hizo fue quejarse porque su polla no había jugado
lo suficiente por mi culpa. Le dije que su polla necesitaba rehabilitación y
un terapeuta de adicción al sexo. Bueno, una noche loca y divertida, pero
no, no tengo ninguna intención de repetirla esta vez. Si está aquí, lo
ignoraré,” Me reí y en silencio recé por que él no estuviera allí.
“¿Sigue mandándote mensajes?” Preguntó Eliza.
“A veces. Supongo que le gusta mantener a las mujeres en su órbita…
O quizás ni se acuerde de quién soy yo y esté repasando toda su lista. Me da
igual. Nunca voy a contestarle.”
“De todas formas, esta vez vas a ser una cantante real. Por suerte, tu
aventura del año pasado con el karaoke fue lo suficientemente memorable
como para que Asher contratara a tu banda,” me recordó Eliza.
Esa noche de hacía un año me había emborrachado un poco y acabé con
el micrófono y cantando en el karaoke. Lo hice lo mejor que pude y, bueno,
quizás me dejé llevar un poco, cantando a pleno pulmón. Para cuando la
canción había terminado, lo había dado todo… La gente se quedó
sorprendida, de eso no hubo duda.
“Definitivamente, esa fue la parte buena.” Me giré hacia Eliza y le
pregunté, “bueno, ¿tienes ganas de pasar una noche de chicas fuera de
casa?” Mi emoción se había renovado solo de pensar en la oportunidad de
cantar delante de gente tan prestigiosa y en estar con mis amigas de nuevo.
Eliza se había convertido en madre por completo y no la habíamos visto en
semanas. “¿Crees que Andre y Zachery sobrevivirán? Nunca antes se han
quedado solos, ¿no?”
“Espera, ¿nunca has dejado a Zachery?” Peyton parecía atónica.
“Bueno, Andre es un padre genial, pero Zachery es un pequeño muy
inquieto. Siempre he pensado que mejor cuatro manos que dos. Andre
prácticamente me ha tirado de casa sabiendo lo mucho que necesito esta
noche de chicas, así que soy libre para divertirme al máximo. Además,
Zachery ya tiene dos años y puede que en el futuro tenga una hermana o
hermano, así que voy a disfrutar de este fin de semana antes de volver a
estar gorda y embarazada,” se rio Eliza.
Ella se había casado con Andre Michelson, un magnate de la industria
energética, hacía casi dos años, y habían tenido un bebé. Acababa de
terminar su Máster en Ética Medioambiental, y ella y su marido habían
fundado una empresa de energías limpias que trabajaba con gente de zonas
empobrecidas para producir energía limpia y barata. Eliza había seguido
siendo amiga mía y de Peyton, aunque ya no era nuestra compañera de casa.
“Bueno, yo estaba deseando salir de Texas,” Peyton puso los ojos en
blanco.
“Ey, Texas no está tan mal,” dije, defendiendo mi estado adoptivo.
“Ya, pero estoy volviendo a sentirme ansiosa. Me quedaré en Texas algo
más de tiempo, pero estoy lista para abrir mis alas y ver mundo.” Al ser
artista y actriz, Peyton siempre había sido un alma libre.
“Bueno, yo soy una chica de campo hasta la médula, nada me va a
alejar de las praderas,” me reí porque las chicas sabían que era totalmente
cierto.
**
En el Legende, la cafetería y discoteca de estilo francés de la amiga de
Eliza, Ophelia, y su marido, Asher, nos encontramos con los amigos de
Eliza de Washington. Todos los años se hacía esa gran fiesta en honor al
aniversario de Asher y Ophelia. Eran gente bastante conocida, ya que
Ophelia dirigía una revista de interés público y Asher había renunciado a
una vida dedicada al almacenamiento cibernético para dirigir el Legende,
una zona de juegos para políticos, actores, músicos y gente pudiente.
Cuando vine el año pasado, me quedé totalmente estupefacta. Ese año
estaba un poco más relajada… gracias a Dios.
“¡Peque!” Harper corrió hacia nosotras con sus brazos bien abiertos.
“¡Dios mío, no me puedo creer que ya haya pasado un año!”
La que venía hacia nosotras era Harper Prentice, esposa del congresista
Reid Prentice, y mejor amiga y antigua compañera de piso en Washington
de Eliza.
“¡Harper! ¡Dios, estás impresionante!” Eliza abrazó a Harper.
“¡Eso es porque estás viendo a la nueva Superintendente Escolar de
Washington!” gritó ella.
“¡Capulla, no me lo habías dicho, eso es increíble!” Contestó Eliza.
“¡Quería darte la noticia en persona!” Harper resplandecía de alegría.
“Me alegro mucho por ti, ¡vamos a una mesa y nos ponemos al día!”
Eliza empujó a Harper hacia una mesa reservada con su nombre en ella
mientras Peyton y yo las seguíamos.
“¡Dios, sí!” Harper se dirigió emocionada hacia la mesa con Eliza
mientras giraba su cuello hacia nosotras. “Bueno, ¿estás nerviosa por el
bolo de esta noche?” Me preguntó.
“¡Estoy deseando estar sobre el escenario!” Le dije. “Tengo que ir a
prepararme, ¿sabes con quién puedo hablar?” Tenía que admitir que estaba
un poco nerviosa, ya que tenía que estar en el escenario en una hora.
Miré alrededor de la sala, buscando al resto de mi banda. Sabía que
estaban ahí. Ellos habían venido en un vuelo distinto, pero, como tenía una
compañía de teléfono de mierda, solo podía mandar mensajes. Me habían
dicho que ya habían llegado, pero no tenía ni idea de dónde estaban.
“Tienes que hablar con Leah, está en la barra. Ella te explicará todo.”
Harper me lanzó una gran sonrisa. “Estoy muy emocionada por ti,
Genevieve. Esta va a ser tu noche. Lo presiento. En el Legende pasan cosas
mágicas.” Y no lo decía de broma. Definitivamente, el Legende había sido
el punto de partida de casi todos sus romances de cuento de hadas, pero yo
no estaba allí para conocer a nadie.
Ya había estado ahí antes y de ninguna de las maneras iba a volver a
pasar por esa mierda. Con una vez tuve suficiente.
“Bueno, solo espero no ahogarme,” le dije, ofreciéndole una sonrisa
nerviosa.
“¡Mucha mierda!”, dijo Eliza mientras se sentaba en la mesa.
“Te gritaremos mucho,” añadió Peyton.
“¡Wiii!” Levanté mi mano en el aire alegremente y me separé de las
chicas. Los nervios me estaban afectando y tenía que hacerlo bien. Ya
habría tiempo más tarde de beber y volverme loca.
Aunque me hubiera encantado beberme unos cuantos cócteles y hablar
con las chicas, era un bolo muy importante y necesitaba estar serena para
ello. Caminé hacia la barra y vi a Ophelia allí, tan impresionante como
siempre, hablando con uno de los trabajadores. Su marido sexy estaba
trabajando en la sala. Tal y como vi el año pasado en el Baile del Legende,
en cuanto todo el mundo estaba pasándoselo bien, Asher y Ophelia se
escondían en algún lugar y simplemente observaban lo que habían creado.
El día iba por completo del amor que sentían el uno por el otro, y después
de todos estos años que llevaban juntos, este seguía reforzándose… Tenían
una relación de ensueño, de eso no había duda. Tenían un montón de niños,
eran más ricos que nadie y se seguían queriendo el uno al otro. Joder, quién
no querría algo así.
“Ey, Ophelia,” fui hacia la barra para hablar con ella.
“Genevieve, bien, ya has llegado. El resto de la banda está en el
backstage, preparándose.” Se puso de pie para darme un abrazo.
No éramos amigas demasiado cercanas, pero lo habíamos pasado bien el
año anterior, y todas estábamos unidas en esa especie de pandilla de
compañeras de piso pasadas y presentes que habíamos formado.
“Sí, acabo de recibir un mensaje.” Le sonreí, desesperada por encontrar
a mi banda.
“¿Estás lista para darlo todo?” Me dio un puñetazo juguetón en el brazo.
“¡Sin duda voy a intentarlo!” Le dije, sintiéndome un poco intranquila
en ese momento, pero era normal. Siempre me ponía nerviosa antes de un
concierto. Normalmente hacía unos cuantos estiramientos, calentaba la voz
y me dejaba llevar por el momento. Nunca la había cagado en un concierto,
no había nada de qué preocuparse.
“Tengo muchas ganas de volver a escucharte cantar. Tu karaoke del año
pasado hizo que la gente se volviera loca.” Ophelia era muy simpática,
siempre te hacía sentir bien.
“Gracias, voy a ir al backstage a calentar con la banda, si te parece
bien,” De repente, estaba tan emocionada como nerviosa por el bolo.
“Oh, sí, claro. Te acuerdas de dónde está el vestuario, ¿verdad? Detrás
de la barra hay una puerta que pone staff, pásala, recorre el pasillo y al bajar
las escaleras a la izquierda.”
“Sí, ahora me acuerdo, gracias,” le ofrecí una gran sonrisa y ella me
respondió con otra igual de cálida.
“Buena suerte, luego nos vemos y nos ponemos al día.”
“Me parece genial.”
Así que marché y me encontré a la banda escaleras abajo, calentando.
“Genevieve, qué bien que hayas llegado. Bueno, ¡ya estamos todos!
¿Qué tal el vuelo?” Preguntó Marlon, el guitarrista principal.
“Primera clase es una pasada. No voy a querer volver a volar sin mi
camarero personal ni las galletas de chocolate. ¡Podría acostumbrarme a ese
estilo de vida!” Hice una extraña recreación de un avión con mis brazos de
la que me arrepentí al instante.
“Bueno, si clavamos lo de esta noche quizás las galletas de chocolate se
conviertan en algo normal para nosotros. ¿Te importa si tocamos Suddenly
Rain? Quiero volver a practicar el riff…”
“Claro.”
Marlon, Gabriel, el teclista y yo tocamos unas cuantas canciones para
calentar y practicar. Al poco rato, era hora de subir al escenario, y yo estaba
motivada y preparada. Me había puesto un vestido corto de color negro y
unas botas de combate, llevaba el pelo recogido en una coleta alta y un par
de pendientes de perla que mi madre me había dado antes de mudarme de
Indiana a Texas. Antes de ella, habían sido de mi abuela, y los llevaba para
que me trajeran buena suerte.
Cuando entré al escenario, las luces eran brillantes y deslumbrantes,
pero podía ver la multitud de personas que había alrededor del escenario, y
la música seguía sonando mientras nos preparábamos. Reconocí unas
cuantas caras familiares, políticos mayormente, pero no le di demasiadas
vueltas. Solo quería cantar. Así que canté. Me armé de valor y canté con
todo mi corazón. Pronto la multitud era una neblina borrosa en tonos arco
iris. El mundo eran mis chicos de la banda y mi voz… y todo lo que amaba
de la música.
Yo había escrito esas canciones; había puesto en ellas mi corazón, y así
las canté. Se me hizo corto el concierto, podría haber estado cantando toda
la noche. Me quedé quieta, escuchando los sonoros aplausos, un poco
perdida, cuando una persona me tocó en el hombro. Miré para atrás y no
tenía ni idea de a quién estaba mirando.
“Ven conmigo,” dijo el tío, y como estaba tan desorientada, bajando de
lo alto de mi actuación, lo seguí.
El tío me llevó directamente hasta Cash Coltrane, el productor de
música más sexy del mundo tanto física como popularmente. Él estaba ahí,
de pie, enfrente de mí, con un traje de lana negro, sujetando una copa de
whisky con hielo.
“¿Tienes un momento?” Preguntó con su voz profunda y ronca, que
hacía que tu vagina quisiera deshacerse de tus bragas y hacerle un baile en
su cara.
“Mm… sí, claro,” fue mi respuesta tan poco elocuente.
Capítulo 2
Cayden
Me habían invitado al Baile del Legende y, después de haber roto con
Allie, sabía que tenía que ir. Era un movimiento publicitario. Iría y me
harían unas cuantas fotos con gente famosa, feliz, divirtiéndome, para que
así las acusaciones de Allie sobre que era un cerdo mujeriego se disiparan
cuando la gente viera en las noticias de su móvil mi gran sonrisa. Me
aseguré de permanecer rodeado de compañeros, mayormente músicos,
raperos, y unos cuantos actores y actrices, pero permanecí alejado de
cualquier persona que pudiera parecer una posible cita.
Lo irónico era que, mientras estaba ahí aparentando ser un tío que se lo
estaba pasando de miedo, estaba también buscando a la próxima chica.
Tenía que ser guapa, tenía que tener apariencia inocente y tenía que
aparecer pronto, porque Allie King estaba en todos los portales de noticias
contándole al mundo que era un cerdo al que le gustaba acostarse con otras.
Tenía que ir de la mano de alguien a quien nadie se le ocurriera difamar.
Estaba siendo atacado en la corte de la opinión pública y la mala prensa
estaba haciendo mella en mi reputación. El problema era que Allie tenía
razón, era un cerdo mujeriego. No obstante, lo que no le estaba contando al
mundo era que ella era una jodida perra vengativa.
Ella lo tuvo claro desde el momento en el que comenzamos a salir. Allie
era una sensación en Internet. Empezó con vídeos de belleza, y después se
diversificó y comenzó a dar consejos de citas en streaming, respondiendo
los comentarios de sus espectadores de una forma dinámica, cara a cara.
Ella era literalmente sexo… Todo en ella era sexy y seductor. Admito que
deseaba a la chica. A ver, era como un autocine. Todo músico, político y
deportista de la ciudad había pasado por sus manos, así que supuse que
sería divertida. ¡Y fue divertida hasta que empezó a querer que saliéramos
de forma exclusiva y comenzó a utilizarme! Mi fama le estaba trayendo las
cifras que necesitaba en su Instagram y su canal de YouTube. Estaba a
punto de cerrar un trato con Netflix para un reality show, pero necesitaban
una estrella más grande que ella, y yo era quien ella había pescado para ser
esa persona. Dicho de manera sencilla, ese acuerdo con Netflix era la única
razón por la que quería estar conmigo.
Todas esas veces en las que iba a su casa y había algún famoso random
estaba siendo filmado sin mi conocimiento. Después, en la cama, me
llevaba muy cerca de tener un orgasmo alucinante y me dejaba al borde del
éxtasis.
“Si no, no sería divertido,” decía mientras rodeaba la cabeza de mi polla
hinchada con su larga y afilada uña, “¿y si grabamos juntos unos cuantos
capítulos para el reality show? Nada serio, solo nosotros pasando el rato en
una grabación divertida de publicidad.” Entonces me chupaba la cabeza de
la polla solo un poco y en mi mente ardía el mantra de ‘solo déjame que me
corra’.
Hubiera accedido a venderle mi alma y el alma de todos mis hijos no
nacidos que nunca he querido tener con tal de que se volviera a montar
sobre mi polla y me catapultara hasta el espacio exterior. Así que eso es lo
que hizo. Me folló hasta la inconsciencia y me hizo firmar un
consentimiento para aparecer en su programa. Después acabó conmigo, la
muy zorra. En su show, salía como un idiota con el que ni siquiera yo
querría salir.
Así que rompimos, lo cual no fue una sorpresa para nadie, pero le debía
tres episodios más en los que se suponía que teníamos que aparecer tratando
de arreglar las cosas. Que le dieran, no teníamos nada que arreglar…
follábamos – eso era lo único que hacíamos. Bebíamos, comíamos,
salíamos con gente y follábamos hasta quedarnos dormidos. Era una vagina
andante con ojos y boca. Así que mi publicista pensó que, si podía
encontrar una chica dulce y conseguir que le gustara, nos sería más fácil
quitarnos de encima a Allie King. Y allí estaba ella, más dulce que la
limonada en un caluroso día de verano.
Entró en el escenario vestida con un corto vestido negro sexy y esas
botas monstruosas que le quedaban bien. Pelo rojo como el fuego, ojos
azules, llena de encanto sureño, era la imagen de la inocencia. Y entonces
abrió la boca y me dejó pasmado. Nunca antes había escuchado un sonido
tan sofisticado. A mí, como norma general, no me gustaba demasiado la
música country, pero esto era un híbrido extraño entre country y rock
alternativo. No solo era dulzura y luz, sino también una artista jodidamente
buena que estaba al corriente de las últimas tendencias en música.
Disfruté de las vistas y de la música y, conforme ella cantaba canción
tras canción, mi determinación a llevármela a la cama se fortalecía.
También juré convertirla en mi musa. Ese pedacito de dulce encanto sureño
iba a ser mi defensa contra el reality show de mierda de Allie. Grabaría esos
jodidos últimos episodios con un pequeño caramelito de mi mano. No
íbamos a volver juntos; no, esto era la guerra. En cuanto consiguiera que la
señorita Campestre accediera, iba a terminar con Allie King. Esperé a
Kevin, mi asistente, mientras él sacaba a mi dulce cantante sureña del
escenario.
“Bueno,” dije, llegando a mi mesa reservada en la esquina de la ruidosa
sala después de cogerla del brazo y alejarla de su banda. “¿Cómo
comenzaste a cantar así?” Me deslicé dentro del cubículo y le hice una señal
al camarero para poder pedirle unas copas.
“Mm, supongo que simplemente abrí la boca,” dijo ella en voz baja.
Me encantaba ver a las mujeres temblar. No era que me gustara
asustarlas, pero la mezcla de tensión sexual y emoción siempre me
entusiasmaba.
“Claro, claro. Pero quiero decir, esa mezcla, ya sabes, vibrando al ritmo
del country, pero lanzando un duro riff de guitarra, y esas dolorosas letras
en tonos rasgados, ha sido inspirador. Es como si hubieras casado la
melancólica música country de ruptura con el ‘te voy a follar fuerte en el
capó de mi coche’. Me encanta.”
“A los chicos les gusta el country, yo fui criada en él, y me gusta
bastante, pero siempre estoy buscando algo distinto. Los tíos son unos
músicos excepcionales, así que lo especio a mi manera siempre que puedo.”
Su sonrisa era más brillante que el sol, pero era su decaída confianza lo que
me encendía.
“Entonces, la parte de follar en el capó, ¿es toda tuya?” Me incliné hacia
delante para intimidarla lo suficiente.
“No intencionadamente, pero sí, sigo mis instintos, musicalmente
hablando.” Sus nervios se aceleraron un poco más, y yo saboreé el
momento.
“¿Alguna vez has follado sobre el capó del coche de alguien? Lo
pregunto por un amigo.”
“Mm… ¡no!” Dijo sin rodeos, a punto de salir corriendo. “Creo que…”
“Solo estaba bromeando. Bueno, sabes quién soy, ¿verdad?” No
habérselo dicho de primeras era otro pequeño juego al que me gustaba
jugar. Era un rey a la hora de elegir a una más de la muchedumbre, me
encantaba la sensación de poder.
“Sí, Cash Coltrane, eres productor musical… pero, creo que…” Se
mordió el labio, y mi polla estaba bien jodida, la necesitaba. “Debería
decirles a mis amigas que estoy contigo.”
No estaba seguro de cuánto más iba a aguantar sin embestirla contra la
pared. Mi hotel no estaba lejos, supuse que podría esperar hasta llegar a la
puerta de mi suite, después me la follaría fuerte y rápido sobre la cama y le
ofrecería una bebida.
“Sé que mi reputación ahora mismo no es la mejor, así que dejemos esto
claro antes de que te vayas corriendo con tus amigas. Allie King fue un
movimiento promocional. No la quería, y apenas la conozco. Dicen que
toda publicidad es buena, pero creo que últimamente la balanza está
demasiado inclinada hacia el lado malo de la publicidad. El reality show se
salió de madre y, créeme, todo estaba editado. Nos exprimían para ganar
audiencia.” Era una pequeña mentira, estoy seguro de que en la sala de
edición había material mucho peor del que realmente mostraron en el
programa. “En realidad soy un osito de peluche, pero mi publicista cree que
siendo un cabrón conseguiré que mis clientes se sientan más atraídos. Yo
aún no lo tengo claro, pero nunca se sabe. Me gusta tu voz y me gustaría
escucharla más, pero aquí hay demasiado ruido para hablar. Mi hotel está al
final de esta calle. ¿Te vendrías a tomar una copa?” Me aseguré de sonar
frío y hablar de forma casual, como si no tuviera ningún plan de seducirla ni
esa noche ni ninguna otra.
“Mm… no estoy segura.” Me mandó una sonrisa en forma de mueca.
“Disculpa, déjame que lo aclare, al vestíbulo del hotel. ¿Te gustaría
venir conmigo al bar del vestíbulo del hotel a tomar una copa?” Puse mi
cara de juego y ella mordió el anzuelo.
A ver, estaba claro que íbamos a pasar por el vestíbulo, pero de camino
a mi habitación.
“Necesito decirles a mis amigas a dónde voy. ¿Me das un minuto? Están
en esa mesa de ahí.” Señaló con la cabeza hacia un grupo de gente que
estaba sentada en la mesa privada de Asher y Ophelia Davis.
“¿Conoces a Ophelia y a Asher?” No pude evitar sorprenderme un
poco.
“Sí, ellos me consiguieron el bolo. Tengo que pasar un rato con ellos ya
que he hecho el viaje hasta aquí. ¿Puedo verte luego?”
Oh, era atrevida. No le dices a un magnate de la industria musical que
era, en ese momento, el productor de música más exitoso de Norteamérica,
que quieres que os veáis más tarde. Me reí. “¿A cuánto rato te estás
refiriendo? Necesito descansar bien y esta oferta tiene fecha de expiración,”
dije, amenazando un poco. Por el cambio en la expresión de su cara, ella lo
entendió.
“Cierto. ¿Veinte minutos? ¿Crees que tu oferta se habrá esfumado
entonces?” Estaba devolviéndomela; eso era sexy.
“Puede. Estoy en el Chateau Reve, ven al bar del vestíbulo y verás si
estoy allí; si estoy, tendremos una charla; si no, encantado de conocerte.”
Estaba jugando duro, pero insisto… me gustaba ir de caza. Ver a la gente
estresarse era divertido, y había tenido poca diversión con Allie intentando
joder mi carrera en vez de joderme a mí.
Se rio por mi atrevimiento. “De acuerdo,” dijo. Estuvo a punto de poner
los ojos en blanco, pero se contuvo. “Estaré allí tan pronto como pueda.” Y
tras decir eso, se puso de pie y se giró hacia mí. “Me alegro de poder hablar
contigo, es solo que no puedo ser maleducada con mis amigos. Espero que
lo comprendas.”
Mm, bueno, no se deja tirado a un productor de música de mi nivel de
fama, pero le di puntos por ser lo suficientemente valiente como para
intentarlo.
“Te veo pronto,” le guiñé un ojo.
Me gustaba la chica. Esperé unos cuantos minutos y me marché del
Legende, que estaba empezando a llenarse de gente, ruido y, pronto,
paparazis. Me había tomado suficientes fotos, así que salí por la puerta de
atrás, me abrí paso entre el tráfico y aterricé en el bar del hotel con un
whisky con hielo. Unos treinta minutos después, la cantante sexy, a la que
no le había preguntado por su nombre, entró con un abrigo negro largo que
complementaba su vestido mini y sus ridículas botas. Levanté el brazo para
que viera dónde estaba y ella vino directa hacia mí.
“Lo has conseguido,” me levanté para ofrecerle su silla.
“Sería estúpida si no estuviera aquí.” Una sonrisa se extendió en su
cara. “Además, mis amigas prácticamente me han echado del club. Por
cierto, me llamo Genevieve.” Vino hacia mí y me ofreció su mano.
“Cayden, pero todo el mundo me llama Cash.” Cogí su mano.
“Sí, sigo sabiendo quién eres,” dijo de forma nerviosa mientras se
sentaba en la silla que había preparado para ella.
“Bien, y tienes el apoyo de tus amigas, eso es fantástico. No me gusta
enfrentarme a ‘las chicas’ de nadie. Pueden dar bastante miedo, ya sabes a
qué me refiero.”
“Sí, lo sé, y lo dan. Estoy aquí con sus bendiciones y un montón de
advertencias feroces de que las llame si las cosas se ponen intensas. Todas
ellas están en marcación rápida para venir a rescatarme, así que, sin
jueguecitos, señor Coltrane.” Me miró de forma juguetona y eso reforzó mi
necesidad de llevármela a casa; tenía algo especial.
“Oh, de acuerdo, así que esas tenemos,” bromeé.
“Así es,” dijo mientras llegaba el camarero al que había llamado.
Ella pidió una copa de vino y nos pusimos a hablar.
“¿Eres de Washington?” Necesitaba saber su localización porque yo era
neoyorkino, y no iba a estar haciendo viajes por ella.
“Actualmente vivo al lado de Houston, Texas. Leah me ha traído al
Baile del Legende en avión junto con mi compañera de casa; venimos todos
los años. Bueno, el año pasado fue la primera vez que yo asistí, pero nuestra
‘pandilla’ de chicas se reúne todos los años, nos quedamos en su casa y
pasamos unos cuantos días juntas.”
“¿Te quedas en casa de Ophelia y Asher?”
“Sí, y se espera que llegue antes de medianoche o todo se convertirá en
calabazas y ratones. Puede liarse un poco.”
“Faltan treinta minutos para la medianoche; ya estamos en la cuenta
atrás para el jaleo. ¿Por qué no las llamas y les dices a tus amigas que te
quedas esta noche conmigo?” El movimiento fue atrevido, lo admito, pero
en el pasado había funcionado.
Ella se rio y sacudió la cabeza. “Creo que tengo algo de margen en la
hora siempre y cuando llegue. Así que, hablemos.”
“Bueno, me gusta tu voz, obviamente. Tienes un royo chulo; has hecho
algunas cosas interesantes con música que no es tan interesante y yo podría
convertirte en una estrella. Aunque tengo que ser sincero, no estoy seguro.
Necesito que vengas a Nueva York y prepares algunas canciones, después
conozcas a nuestro equipo de relaciones públicas, produzcas algo que
podamos vender y así podremos ver con qué estamos trabajando. Has
llegado al nivel uno del juego ‘firmemos un acuerdo con la discográfica’.
¿Cuál es tu visión para el futuro? Musicalmente hablando.”
“Bueno, me gusta jugar con géneros y mi banda es de la vieja escuela
del country, pero les parece bien que yo experimente, así que quiero probar
con el soul y el góspel, pero sin dejar de lado el ritmo y el toque de corazón
roto. La gente tiene problemas, quiero tratar eso, pero también mostrar un
poco de ánimo. Quiero llegar a un acuerdo con el Coro de Góspel de
Houston y crear algunas armonías con algunos de sus solistas, y llevar todo
esto a un nivel superior.” En cuanto se puso a hablar de música se volvió
apasionada, justo lo que quería ver como productor musical, pero, además,
su entusiasmo me hizo estar absolutamente desesperado por ella.
“Todo eso suena interesante, pero no cantarás con tu banda, serías solo
tú. Como mucho, son música de fondo.” Tenía que romper sus lazos. Tenía
guitarristas y teclistas clamando por trabajar en el estudio, y ella no era una
banda, ella era una marca propia por sí misma.
Capítulo 3
Genevieve
¿Trabajar sin mi banda? Eso no iba conmigo, llevábamos juntos desde
la universidad. Había tenido que discutir mucho con ellos, pero estábamos
juntos en las duras y en las maduras, estábamos comprometidos los unos
con los otros. Tenía que defender a mis chicos.
“Señor Coltrane, lo siento, pero estoy en una banda. No tengo en mente
separarme de ellos.”
“Entonces, ¿estás dispuesta a renunciar a tu carrera por unos cuantos
tíos que estarían igual de contentos tanto tocando en un bar de mala muerte
como en el espectáculo del descanso de la Superbowl? No destacan
demasiado y lo sabes. Venga, Genevieve, eres consciente de lo que te estoy
ofreciendo. No nos andemos con tonterías, ¿vale? Estoy a punto de lanzarte
a ser la próxima sensación. ¿En serio quieres renunciar a ello por dos tíos
que probablemente te dejarían tirados por un pack de cervezas?”
Wow, era un gilipollas.
“Pensaba que habías dicho que todo eso de ser un capullo era
información falsa,” le dije, y ladeé mi cabeza.
“Los negocios son los negocios. Tina tuvo que perder a Ike y tú tienes
que deshacerte de esos chicos. ¡Vas a ser una leyenda! Pero bueno, es tu
elección.” Se encogió de hombros.
“¿Puedo pensarlo un poco y hablarlo con ellos?” Miré a sus ojos
profundamente, buscando un alma ahí dentro.
“Como he dicho, quiero que vengas a Nueva York la semana que viene
y hagas una prueba. Eso debería darte el tiempo suficiente. Ahora, me he
terminado mi bebida y veo que tú estás a punto de terminarte la tuya.
Hemos sobrepasado el toque de queda de medianoche, Cenicienta. Te
sugiero que llames a tus amigas, les digas que te vas a quedar a pasar la
noche conmigo y vayamos a mi habitación a ponernos más cómodos.”
Vaya con el productor.
“O puedo irme a la mansión de Davis y verte en Nueva York la semana
que viene.” Me bebí lo que me quedaba de bebida.
“¿Qué hace falta para que te vengas a la habitación conmigo?” ¿Estaba
suplicándome?
“No hace falta nada. Nada va a convencerme de irme a la habitación
contigo. Tienes una reputación terrible y, por muy ficticia que pueda ser,
una chica siempre tiene que tener mucho cuidado.”
“¿Qué crees que va a pasar en mi habitación?” Fingió estar sorprendido
y, si no hubiera estado en guardia, hubiera pensado que era divertido.
“Cosas perversas.” Le seguí la corriente.
“O podemos bebernos unas cuantas copas más, escuchar unas cuantas
canciones que quiero que escuches y quizás jugar-”
“Ves, ahí es donde va la palabra ‘no’.”
“- con algunos sonidos que quiero probar.” Se me quedó mirando y me
tuve que reír. “Y verás que yo también sé cantar.”
“¡Eso es mentira!” Estaba realmente sorprendida.
“No lo es. Ven, deja que te lo demuestre.” Me guiñó un ojo, se levantó y
se fue al piano que había entre varias mesas.
Como era muy tarde, apenas había unas cuantas personas más en el bar.
“Esto puede ser divertido,” comenté mientras me levantaba y lo seguía.
Él se sentó al piano y empezó a golpear las teclas, y cuando digo
golpear las teclas, me refiero a que un orangután podría haber tocado mejor.
Entonces procedió a cantar Mary tenía un corderito en el tono más
espantoso que podía haber. Me asaltó un ataque de risa nerviosa. No podía
parar de reírme.
“¡Dios mío, no sabes cantar!” Fui capaz de decir entre risas temblorosas
mientras él cambiaba la canción y cantaba su propia letra ridícula.
La lana de Mary era blanca como la nieve, pero Dios, Mary era una
ZORRA con un culo…
Y la canción comenzó a describir cosas inmencionables que Mary
haría… Y tuve que detenerle. No podía soportarlo más.
“Por favor, para,” calmé mi risa para decir.
“Haz que pare…” De repente, empezó a cantar sobre cosas que Mary
podría hacer con su corderito, yo estaba horrorizada.
“¡Haré lo que quieras con tal de que pares!” Miré alrededor, realmente
avergonzada.
“Ven a mi habitación.” Dejó de tocar y se me quedó mirando.
“¿Dejarás de cantar sobre Mary y su…? ¡Ni siquiera soy capaz de
decirlo!” Estaba realmente avergonzada, aunque era divertido.
La canción era de mal gusto, pero absurdamente divertida. Podía ver
que Cash se lo estaba pasando bien, y aligeró mucho el ambiente.
“Sí.”
Bajó la tapa del teclado y se puso de pie.
“Y solo vamos a escuchar unas cuantas canciones, ¿verdad?” Sabía que
no era buena idea ir a su habitación, pero en ese momento me sentía un
poco atrapada, y él se veía bastante inofensivo, casi como un niño.
Toqué el teléfono en mi bolsillo por si acaso. Me gustaba saber que
estaba ahí y que, si algo iba mal, Peyton estaría al otro lado de la línea en
cuestión de segundos. Peyton, Eliza, Harper y Ophelia, estaban todas en
modo alerta, solo por si acaso necesitaba que me rescataran. Le mandé un
mensaje a Peyton.
Me quedo con Cash un rato, tengo mis puños en alto y las pistolas en la
funda, no va a pasar nada. No hace falta que esperes despierta.
“Sí. ¿Qué haces, mandar un SOS a tus chicas? ¿Ahora mismo? Eso no
parece necesario.”
“Solo estoy reseteando el temporizador.”
“Bien, aunque me gustaría que no las preocuparas. Puede que esto nos
lleve un rato. El ascensor está en esta dirección,” dijo antes de comenzar a
caminar.
Lo seguí consciente de que no debía hacerlo, pero era una adulta a cargo
de mi propio destino, así que fui. El viaje en ascensor fue tan incómodo
como esperaba que lo fuera. No podíamos quedarnos en silencio, pero, ¿qué
tipo de conversación tienes en cuarenta y cinco segundos? Si hubiéramos
estado en una película, nos hubiéramos besado, pero como esa opción no
estaba sobre la mesa, él dijo…
“¿Tienes novio?” Preguntó de forma directa.
“No te estás esforzando demasiado en limpiar esa mala reputación,
¿no?” Me metí con él.
“Bueno, si tienes novio, vas a echarlo mucho de menos, pero, en cuanto
firmemos contigo, te quedarás en Nueva York durante el futuro inmediato.
Los novios suelen volverse locos cuando las mujeres están a cientos de
kilómetros,” dijo con cara seria.
“No tienes por qué preocuparte por eso,” es todo lo que le contesté.
“Bien,” y toda su cara se iluminó en cuanto las puertas del ascensor se
abrieron. “Hogar, dulce hogar.” Esperaba que estuviera de coña.
“¿Vives en un hotel?”
Él me llevó por el pasillo hasta el penthouse y, por supuesto, era
impresionante. Es una locura como algunas personas viven con toda esa
riqueza y otras apenas tiene dinero para el día a día.
“A veces lo parece. ¿Qué te gusta beber? Tengo de todo.” Caminó
directo hacia la pequeña barra que había en la sala de estar de su habitación,
la cual ocupaba gran parte de la planta superior.
“¿Por?” Pregunté, sentándome en un asiento de su sofá acolchado que
era tan grande e incómodo que pensaba que podía ser catapultada al techo si
alguien se sentaba al otro lado. Ese divertido pensamiento hizo que me
preocupara por que él terminara sentándose al lado, así que, discretamente,
me moví a una de las sillas igualmente acolchadas. Conforme me hundía en
su esponja, noté que no era más cómoda, pero era infinitamente más segura.
“Viajo mucho, como te puedes imaginar. Además, soy una persona
bastante imponente, por eso el personal del hotel quiere que esté contento.
Me dan todo lo que quiera, sin importar lo disparatado que sea. Pero bueno,
una barra llena de alcohol no es demasiado. No sé, podría tener a una mujer
esperando en mi dormitorio… Estoy seguro de que podrían ofrecerme una
si lo pidiera.”
Lo miré y él tuvo la osadía de poner una sonrisa burlona.
“Tal y como un pequeño rey tirano,” me metí con él, también sonriendo
burlonamente.
“Está claro que no actúas como una persona que quiera conseguir un
contrato discográfico,” me advirtió de una forma que rozaba lo intimidante.
“Lo siento, debo de ser desconocedora de los protocolos para estar con
una persona tan imponente. ¿Se supone que tengo que besarte los pies?
¿Lamerte los zapatos? ¿Chuparte la polla? ¿Qué me haría parecer más como
una mujer que quiere un acuerdo discográfico?”
“Voy a optar por la opción número tres…” Dijo, caminó y me ofreció
una bebida. “Me he tomado la libertad de decidir por ti,” dijo mientras me
daba una bebida claramente con burbujas.
“¿Qué es esto, un poco de GHB con algo para rebajarlo?” Dije mientras
colocaba la bebida en mi mano.
“Vodka Belvedere con Seven Up, mi bebida favorita.” Se sentó en el
sofá después de colocar la bebida en mi mano, y me felicité por haber
tenido la previsión de sentarme en la silla. “Tú no sales mucho, ¿no?”
Ahora me estaba tomando el pelo, y yo empecé a respirar.
“Ya sabes cómo son los texanos…”
“No, no lo sé, ilumíname.” ¿Por qué sabía que me iba a soltar eso?
Le di un sorbo a la bebida para ganar la fuerza suficiente para mantener
la cabeza en alto.
“En realidad no sé cómo son los texanos, soy de Indiana. Me mudé a
Texas para cantar. Quería ir a Austin, pero entonces conseguí la oportunidad
de presentarme a un casting con mis chicos y, como ellos ya vivían allí, me
subí a bordo, y hemos estado tocando en bolos desde entonces.” Me hice
pequeña al ser consciente de que el tipo de bolos en los que yo cantaba ni
siquiera estarían en su radar.
“Déjame adivinar, ¿bares de mala muerte, pistas de patinaje y bailes de
instituto?”
“Algo un poco mejor, pero, mmm, sí.” Le di otro trago a la bebida.
“Entonces, no tienes novio, ¿pero te estás follando a alguno de los tíos
de la banda?” Le dio un trago a su bebida después de soltar esa bomba.
“No, no me follo a nadie.” Le mire, y estaba hablando totalmente en
serio, pero probablemente él no se creería que seguía siendo virgen.
“¿Eres romántica?” Su expresión cambió sin esfuerzo a una mirada
manchada de lujuria.
“¡Soy virgen!” Joder, ¿por qué cojones le había soltado eso? En ese
momento, me puse a devorar la bebida y él dejo salir una risa fuerte.
“Me encanta tu sentido del humor. Normalmente, la gente tiene tantas
ganas de conseguir que firme con ellos que ahora mismo estarían
temblando… Y se hubieran quedado en el sofá,” se burló. “A estas alturas
tendría mi lengua por sus cuellos y mi polla estaría lista para la primera
ronda, pero tú, tú eres gratamente única.”
“Vaya, gracias.” Dejé mi bebida, sintiendo ya los efectos del alcohol
invadiéndome, ya que no había comido nada en todo el día porque estaba
nerviosa por el concierto.
“De nada.” Le dio otro sorbo a la bebida mientras sus ojos me miraban
fijamente.
“¿Tienes frutos secos o algo de comer en esa barra tan bien surtida? Me
muero de hambre.” No hubiera confesado eso si no estuviera
verdaderamente hambrienta.
“Tengo frutos secos…”
“Me vendrían bien.” Lo miré abatida.
“Claro, vamos a pedir algo de comer. Espero que creas que soy un
hombre bueno. Quizás que te alimente ayude. Bueno, ¿qué te apetece? El
pollo siempre está bien, pero aquí tienes el menú de noche.” Se levantó y
me ofreció una carpeta de lino con un elegante escrito en forma de
pergamino. En él había cosas muy simples: pizza, patatas fritas, ensalada
César… pero estaban descritas como si fueran platos solo aptos para los
dioses. Tomates frescos a la plancha con alioli trufado, con albahaca de
huerta y perlas de mozzarella elaboradas artesanalmente sobre crujiente pan
a las finas hierbas… o pizza.
“Mm, estos tomates a la plancha con alioli trufado sobre pan a las finas
hierbas suena de lujo, y un ginger ale, por favor.”
“Pediré dos y una ensalada… ¿y ginger ale? Solo bebo ginger ale
cuando tengo dolor de estómago.” Su tono de voz se agudizó, como si fuera
un niño haciendo burla.
“Bueno, quizás tenga un poco de dolor de estómago,” solté como si
hubiera sido insultada.
“Probablemente solo tengas hambre.” Se inclinó hacia mí con tanta
seducción que fue incluso gracioso, así que me reí.
“Y tú. Así que, que corra el aire. ¿Estoy aquí por una cita o por un
debut? Soy una música seria…” Solté como un soldado corriendo hacia la
batalla.
“Y yo soy un hombre de negocios serio,” me interrumpió. “Eres
impresionante, pero eso ya lo sabes. Seducirte sería ordinario, no obstante,
actuando como dos personas adultas, pensaba que tú y yo podríamos follar
después de comernos la pizza.”
Vaya, eso era definitivamente ir al grano.
“En cuanto a eso…” Empecé.
“Creía que habías dicho que no tenías novio.” Me dijo.
“Y yo pensaba que habías dicho que estabas intentando ser un hombre
mejor. Pero veo que eso puede ser imposible.” Le contesté.
“Bueno, vamos primero a pedir algo de comida y luego ya veremos
cómo soy.” Se levantó y tecleó algo en el iPad que había sobre el escritorio.
No le llevó mucho rato, pero estaba contenta por el respiro. Cuando
volvió, se sentó en el sofá y de nuevo me choqué los cinco a mí misma por
no haberme quedado en él. Le di un trago a mi bebida, aunque no debía.
“Bueno, ¿y qué tienes en contra de follar?” Preguntó.
“Me gusta amar.” Le mandé una sonrisa zalamera.
“¿Eres Amish?” Parecía sorprendido.
“¿Y si lo fuera?” Bromeé para mantener su atención en palabras y no en
acciones.
“Bueno, pues buena suerte en la industria musical, cariño.” Sacudió la
cabeza.
“Y qué pasa, ¿que toda la gente con la que firmas folla contigo? ¿Big
Lil’ y QXTC se pusieron de rodillas?”
Él se volvió a reír. “No.”
“Entonces solo lo haces con las mujeres, ¡qué machista!” Fingí estar
ofendida.
“Solo con las que son sexis, y tú, Genevieve, eres una mujer
jodidamente sexy, pero tu nombre es un trabalenguas. No podría gritar eso
cuando disparara mi carga. ¿Te importa si lo acorto a Genni?”
“No me importa, mi madre me llama Genni, y alguna otra persona más.
Me gusta más Genevieve, pero entiendo tu enfoque de vida cavernícola, así
que, si Genni te viene mejor, me parece bien. Pero mantén tus cosas en su
sitio. No me apunto a eso.” Dije.
“¿Te va la tijereta entonces?” Se echó hacia atrás, parecía desanimado.
“Me gustaba pensar que era el tipo de mujer que podría hacer el amor
con otra mujer, pero no lo soy. Desgraciadamente, prefiero a los hombres.”
“¿Por qué desgraciadamente?” De repente, volvía a estar interesado.
“Porque se comportan como simios.” Sacudí mi cabeza y me puse de
pie.
Si me involucraba en más bromas sexuales, iba a acabar acostándome
con él, y sería el primero. El penthouse de Cash en el hotel no era el lugar
adecuado en el que perder mi virginidad. Había estado esperando a alguien
bueno, mayormente a un tío monógamo por el que sintiera un flechazo, y
Cash Coltrane no era ese tío ni de lejos. Había hecho muchas cosas sexuales
y no le tenía miedo al sexo, era solo que sentía que entregar algo así tenía
que ser a alguien que lo valorara, al menos un poco. Había estado con tíos
que habían jugado con mis tetas, me habían masturbado y besado… pero en
cuanto a piel sobre piel al completo, sentía que necesitaba que hubiera algo
más. Había visto su piano al entrar a la sala, así que me senté en él y
comencé a tocarlo. Tenía una balada en la que estaba trabajando y pensé
que quizás eso amansaría al magnate de la música hasta que pudiera pensar
con frialdad.
Capítulo 4
Cayden
Era jodidamente talentosa. Eso tenía que admitirlo. Conforme se alejó
de nuestra conversación, se sentó en el piano y comenzó a tocar una pieza
que le rompería el corazón a cualquiera. También había que tener en cuenta
su forma de tocar el piano, que era asombrosa, lujuriosa como su jodida
voz, y yo estaba más tenso que una tabla. Llegó nuestra pizza, pero no tuve
corazón para interrumpirla. Firmaría con ella sin importar nada, de eso no
tenía ninguna duda. No debería haberla presionado, pero necesitaba una
tapadera. Quería estar con una chica buena para así borrar mi reputación de
chico malo. Ella no tenía por qué acostarse conmigo, podía ser
completamente contractual, pero me moría por follármela. Decidí
simplemente quedarme ahí sentado y escucharla cantar. Cuando terminó,
me miró, pidiendo una tregua.
“Eso ha sido… maravilloso. Ten, come un poco de ensalada y pizza
antes de que se enfríe y se vuelva gelatinosa,” dije de broma, ya que parecía
responder mejor cuando me ponía bromista.
“Ew, ¿la pizza se vuelve gelatinosa?” Ella se quitó los zapatos, cogió un
plato con una pizza individual en él, se volvió a sentar en la silla y se lanzó
a comer; la pobre tenía mucha hambre. “Dios mío, esta pizza es mejor que
el sexo. Deberíamos quedarnos aquí y comer de esto toda la noche,” dijo
con la boca llena. ¡Joder, qué sexy era!
“Preferiría comerte a ti…”
“Claro que sí.” Puso los ojos en blanco. “Entonces, ¿eres siempre así de
cerdo? ¿O es todo una actuación?”
“No soy un cerdo, pero me gusta tener mucho sexo. También me gusta
darle un poco de sabor a la vida, así que el sexo con una sola persona me
parece demasiado restrictivo.” Comencé a dar mi discurso completo sobre
los seres humanos y sobre cómo una persona nunca sería suficiente para un
hombre de las cavernas, y que por eso la monogamia era lo que era, cuando
ella me aguó la fiesta.
“Vale, ¿y Allie King no podía lidiar con todos los extras? ¿Te conocía
bien cuando empezasteis a salir? ¿O también intentaste aparentar ser
alguien bueno con ella?” Joder, lo dijo como si nada, como si no tuviera
nada que perder.
“No, ella sabía en lo que se estaba metiendo; ocho mil millones de
dólares, incluso con un acuerdo prenupcial, sería más rica de lo que nunca
hubiera imaginado.” Menuda cazafortunas.
“¿En serio la producción de música da ocho mil millones de dólares?”
“No, pero las inversiones, los bienes raíces y crear equipamiento de
grabación innovador sí que lo hacen. Sé con qué personas juntarme. ¿El
Sound Hog, ese pequeño USB que conectas a un iPhone y lo convierte en
un mini estudio de grabación? Esa pequeña pieza de metal tiene un valor de
unos mil millones de mis dólares. El software que desarrollamos para él
convierte tu portátil en un mezclador de sonido y tiene la capacidad de
cancelar el sonido ambiente y ampliar las voces. Aún no ha salido al
mercado de los Estados Unidos, pero está triunfando en China, donde lo
creó Yu Tai Fang. Dentro de poco, los YouTubers, Tik Tokers y artistas que
graban en casa podrán producir cosas con una calidad prácticamente de
estudio solo con unos cuantos gadgets y un iPhone, todo ello por un buen
precio. Va a ser todo un éxito. Yo simplemente le solté unos cuantos
millones y hemos ganado mucho dinero. Ves, eso es lo que hago. No solo
descubro estrellas, también lanzo gadgets, respaldo líneas de cosmética, y
algún día planeo ser el propietario de varias islas y de toda una línea de
hoteles resort en la costa. No me llaman Cash por nada, me he ganado mi
dinero siendo ingenioso e inteligente.” Estaba orgulloso de lo que había
conseguido, pero no conseguí admitir que había ganado mucho de ese
dinero siendo también turbio y pisando al pequeño para llegar hasta ahí.
“Vale, así que eres muy rico. Prácticamente todo el mundo lo sabe.
Entonces, ella era una cazafortunas que quería conseguir tus billetes o
criptomonedas o lo que fuera. ¿Te gustaba?” Oh, era una pequeña muy
dulce.
“Me gustaba tener sexo con ella, era extravagante y eso me gusta en una
mujer.”
“Vaya, eres todo un partidazo.” Puso los ojos en blanco por segunda vez
esa noche y cogió otra porción de pizza. “Sé que esto puede que me haga
perder la oportunidad, pero bravo por ella por saltar del barco. Quiero decir,
muy mal por intentar vaciar tu cuenta del banco y difamarte por televisión,
pero es una mujer inteligente si sabe cuándo irse.”
“No, esto no ha tenido nada que ver con el empoderamiento femenino.
No consiguió lo que quería y por eso ha ido a atacarme, así son las cosas.
Todo esto solo va de difamarme. Por mucho que pueda sorprenderte, ni
siquiera le puse los cuernos. Hablé de hacerlo, pero no lo hice. La verdad es
que ella quería casarse, sin acuerdo prenupcial, y tenía muchas otras
exigencias, así como el programa de televisión. Yo simplemente dije que ya
estaba bien, y ahora estoy lidiando con todo esto.” Odiaba completamente a
Allie por todo por lo que me estaba haciendo pasar.
“Entonces, ¿no eres un caníbal? ¿No quieres azotarla hasta que sangre y
después chuparle toda la sangre?”
“¿Estarías tú aquí si lo fuera?”
“The Star es una basura, así que todo lo que esté escrito ahí tiene que
ser mentira, pero no voy a tener sexo contigo. Ni esta noche, ni mañana por
la noche, ni en Nueva York. Ni en un tren, ni en la playa, ni llueva o
nieve…” Se rio. Era exasperante, pero estaba mona.
“¿Por qué?” Necesitaba saberlo.
“No es lo mío.” Se terminó otro trozo de pizza. “Y se está haciendo
tarde.” Se inclinó hacia delante y cogió una lata de ginger ale. “Mañana
tengo que pasar el día con mis chicas antes de volver a Texas. ¿Seguimos
con el trato de Nueva York? ¿O esto es una especie de ‘encantado de
conocerte, siento que no haya funcionado’?”
¿Se iba a ir?
Ni de coña.
“¿Tienes tiempo para una canción más?” Tenía que conseguir que
pasara aquí la noche.
“Sí, pero, ¿para qué? O quieres que haga esa audición o no quieres.” Me
miró con una mirada cautelosa.
“Quiero que hagas la audición, esto no va de eso. ¿Crees que soy
atractivo?”
“No eres una persona insegura; te da igual si lo creo o no lo creo.”
“Finjamos por un momento que sí que me importa, aunque tienes razón,
me da igual.” Le mandé una sonrisa.
Ella ladeó la cabeza. “Claro que sí, eres atractivo y divertido, pero sigo
sin estar segura de si todo esto es una actuación o no. Probablemente estés
podrido por dentro.”
“¿Y si no lo es?”
“Lo dudo.”
“¿Hasta dónde llegarías conmigo?” No podía creer que estuviera
haciendo trueque.
Ella suspiró. “¿Vas en serio? ¿Qué estamos, en el instituto? Lo más lejos
que voy a llegar es hasta la puerta, y ya está.”
“¿Me tienes miedo?”
Durante un momento, me miró, y sus pequeñas defensas puntiagudas se
relajaron. “Sí.”
“Tiene sentido.” Miré sus preciosos ojos azules y ese impresionante
pelo rojo, y en todo en lo que podía pensar era en lo bien que sentaría que
estuviera encima de mi polla. Pero, además, quería escucharla gemir y
gritar mi nombre. “¿Y si antes de que te vayas, nos compartimos una
verdad? Sin ocultar ni mentir, sin máscaras. Esto no va de música; va de
nosotros.”
“¿Por qué?” Parecía aterrorizada.
“Porque creo que me gustas.” Y desgraciadamente, así era. “Quiero que
confíes en mí.”
“¿Por qué?”
“¿Tiene que haber una razón?”
“Contigo, sí.”
“Porque tienes las agallas de exigir respuestas. Ahora mismo, tú no
estás desnuda y tumbada, y yo estoy saltando por el aro para intentar
conseguirlo, y lo cierto es que puede que no lo consiga esta noche. Eres un
reto inesperado, la gente como tú es rara de encontrar. Eres única en tu
especie.”
“¿Solo una verdad?” Se me quedó mirando a los ojos. “¿Esto es todo?”
“Empiezo yo.”
“Vale.” Se recostó en la silla y la tensión entre nosotros se derritió un
poco.
“Cuando nací, me llamaron Cayden Marwhipple. Mi madre, Crystal
Marwhipple, me dio a luz en el Hospital St. John, en Queens. Ella era una
puta que cobraba veinte dólares por hacer una mamada en la esquina. Pero
era jodidamente guapa, o al menos así es como la recuerdo. Mi padre era un
multimillonario, y Crystal solo era un juego para él. Cuando se quedó
embarazada, él la rechazó y la acusó de estar embarazada de otro hombre.
Tras eso, ella empezó a tomar metadona para desayunar y heroína para
cenar, y acabó en la calle. Ella amaba a ese capullo y él la destruyó. Así que
ella se quedó destrozada. Cuando yo tenía catorce años, perdió mi custodia
y me pusieron bajo cuidado tutelar. Estuve con una buena familia de
modales suaves, los Arbonettes. La madre tenía cuatro ‘hijos’ como yo y
todos compartíamos habitación. Al día siguiente de convertirme en Cayden
Arbonette, hui y nunca volví. Me inventé un nombre y me lo cambié
legalmente,” me reí pensando en lo punki que había sido.
“Viví en la calle, estuve en bandas, me quedé en casa de un amigo o de
otro hasta que tuve dieciocho años y tuve un lío con una viuda rica. Ella
tenía veinte años más que yo y me inició en el negocio de la música, ya que
su último marido había sido un productor y sabía todo sobre esa gente.
Empecé con artistas callejeros, raperos y tíos que había conocido en la
ciudad… Y entonces todo se puso en marcha. Ella no quería tener ningún
compromiso y estaba lista para cambiar de chico joven, pero me dio una
buena cantidad de dinero y yo comencé a usarlo. Cuando gané mi primer
millón, le devolví todo el dinero para demostrarle que ella me había
enseñado a ganarlo. Ella no lo aceptó, pero estaba orgullosa, supongo, y eso
me convirtió en quien soy hoy.”
“¿Y tenía sexo contigo?” Genni parecía horrorizada.
“Sí, un sexo espectacular.” Recuerdo que durante una temporada ella
fue mi todo.
“Hablo con ella de vez en cuando y voy a visitarla alguna vez. Es como
yo, siempre tiene un nuevo juguete de su brazo, y ahora es mucho más
vieja.”
“¿Te drogaste con ella o mientras estuviste en las calles? O bueno,
¿haces ese tipo de cosas ahora?”
“No, con ella no, a ella no le iban las drogas. Las probé en la calle y en
fiestas, y en cualquier otro lugar donde las pudiera conseguir, pero, como
mi madre fue una drogadicta, no me apegué a ellas. Te juro que todo lo que
te acabo de contar es cierto y solo mi gente lo sabe, así que, si le dices algo
a la prensa, haré que acaben contigo. Ni siquiera serás capaz de conseguir
un trabajo en el McDonald’s.” No debería haberla amenazado, pero me
sentía vulnerable.
“No voy a decirle nada a la prensa. Es una historia terrible, Cash.”
Oh, la dulce empatía en sus ojos, ella no tenía ni idea de quién era yo.
Podía soportar la mierda; lo había estado haciendo desde el día en el que
nací.
“Me convirtió en lo que soy a día de hoy. Sea una persona buena o
mala, es lo que soy. Bueno, es tu turno.”
“Soy virgen de verdad.” Levantó la mirada para mirarme con ojos de
corderillo y yo me sentí como un tigre acechando a su presa.
“Creía que me estabas tomando el pelo. ¿Cuántos años tienes? ¿Cómo
has podido aguantar tanto sin…? Chica, tienes que explicarme esto.”
“Tengo veintitrés años y no soy una mojigata, he hecho muchas cosas,
solo que no he practicado sexo en el sentido bíblico. No tengo una
convicción moral chiflada, es solo que quiero tener sexo con alguien a
quien quiera. No solo con un tío cualquiera, sino con alguien que signifique
algo para mí. Y aún no he querido a nadie lo suficiente. Eso es todo, nada
más dramático que eso.”
“Vaya, eso es casi tan sorprendente como mi historia, aunque no tanto
teniendo en cuenta cómo parecer ser. Entonces, para que pueda tener algo
de diversión contigo, ¿vas a tener que quererme? Eso es injusto, no soy una
persona fácil de querer, probablemente nunca lleguemos a ese punto.”
“Bueno, entonces solo haremos otras cosas, como música. Puedo ser
una cliente más, como el resto de tu gente.” Joder, era tan ingenua.
“Eres demasiado sexy para ser una de mi gente.”
“Entonces estamos en un punto muerto.”
“Solo quiero que toques una canción más, pero antes de que lo hagas,
necesito tu consentimiento. ¿Puedo tocarte? Has dicho que has hecho otras
cosas, ¿podemos hacer ‘otras cosas’?” La miré con mi intención verdadera,
que era conocerla mejor. “Mira, a las mujeres, incluso con las que solo
quiero pasar el rato, me gusta tocarlas… explorarlas. Además, como he
dicho, necesito limpiar mi imagen. Tener una mujer como tú sería
definitivamente el tipo de exfoliación profunda que estoy buscando.”
“Ahí está,” ella suspiró, parecía decepcionada.
“¿Ahí está el qué?”
“La letra pequeña. Me necesitas porque soy buena para tu imagen.” Un
ceño se formó en su cara.
“Te necesito porque eres buena para mí,” suspiré en rendición porque
era la verdad.
Capítulo 5
Genevieve
¿De qué coño iba este tío? No lograba entender a Cash Coltrane. No lo
entendía y a la vez sí. Con una historia pasada como la suya, el tío estaba
desesperado por amor, pero obviamente tenía miedo a este. Se quedó
quieto, sentado, mirándome con sus grandes ojos verdes, y yo solo quería
derretirme. Físicamente era impresionante, pero eso solo era buena
genética. Era oscuro y difícil de leer. Sé que podía hacer que mis sueños se
hicieran realidad, él me lo estaba proponiendo.
“Querías que tocara una canción más. Así que voy a tocarla y después
me iré. Te veré la semana que viene en Nueva York, o en cuanto me mandes
el billete y la información del hotel. ¡Mantendrás tus manos lejos de mí y te
comportarás! Creo que eres el hombre más guapo que he conocido nunca,
pero estás podrido. No quiero ser parte de tu vida personal.” Me puse de pie
y me dirigí al piano.
“Ouch.” Dijo mientras me seguía.
“Lo siento tío, es lo que hay.”
Me senté en el piano y canté una canción de amor en la que había estado
trabajando. Estaba aún sin limar, y ni siquiera estaba segura de si me
gustaba, pero estaba en llamas. No podía mentirme a mí misma, estar con
un chico malo así, que tenía tanto poder sobre mi futuro, era embriagador.
Era feminista y una mujer fuerte; no iba a caer en la trampa de nadie. Los
hombres eran unos liantes y Cash Coltrane era sencillamente el hombre más
liante con el que me había encontrado. Profundizar demasiado con él sería
sin duda una catástrofe, pero no estaba lista para dejarlo, lo cual era
extraño, ya que había dejado a muchos otros hombres. Él electrificaba el
aire que había alrededor nuestro y había cierto tipo de atracción mística que
me arrastraba a él y de la que no me podía escapar. Toqué mi canción y
canté con todas las contradicciones en forma de remolino dando vueltas en
mi corazón y, cuando terminé de cantar, él se apoyó sobre el piano y se me
quedó mirando.
“Creo que eres la mujer más perfecta que he conocido nunca,” susurró
suavemente y, de todas las cosas que había dicho esa noche, creo que esa
fue la más sincera y a la vez la menos cierta.
“Gracias. Quiero ser tu amiga, Cash. Creo que no tienes muchas de
esas.” Me puse de pie y lo besé en la frente.
Él me agarró del brazo, con determinación, pero no tan fuerte como
para asustarme. Se me quedo mirando durante un largo momento y después
me besó. Tengo que ser sincera: fue el mejor beso que me habían dado
nunca. Sus labios eran suaves y lisos, y sentía su cuerpo caliente y fuerte
contra el mío. ¿Por qué no quería esto? En cuanto su boca se abrió, fue una
llamada atrayente, y yo respondí en especie. Su sabor era embriagador,
seductor, dulce…
“Tengo que irme,” dije sin aire, porque era una idiota.
“Te acompaño al vestíbulo y me aseguraré de que te metes en un taxi.”
Parecía derrotado.
“Ah, que le den a todo.” Lo volví a besar, porque hubiera sido una idiota
si hubiera dejado pasar el momento.
Él me llevó a sus brazos, y yo supe que me estaba metiendo en
problemas. Por suerte, no fue al dormitorio, sino que me colocó sobre el
sofá.
“Eres una besadora impresionante.” Su dedo tocó mis labios.
“Tú también lo eres,” le dije aturdida. “Pero besarnos es lo único que
vamos a hacer,” le advertí, volviéndome a subir mentalmente las bragas de
chica mayor.
“Vale, ¿y qué más?”
“Nada más.” Me quedé mirándolo.
“Dame solo algo más. Te prometo que no iré más allá de lo que tu
consientas, y si dices que nos mantenemos en besarnos, haremos eso, pero
tengo la sensación de que tú, al igual que yo, quieres más.”
El calor de su mirada me quemó de deseo.
“Me gusta que jueguen con mis pechos y con los dedos, me gusta lo que
los dedos hacen.” Sentí como mi cara se sonrojaba tras decir eso.
“Puedo trabajar con los dedos. ¿Qué hay de las bocas?”
“Las bocas se quedan en las bocas.” No estaba lista para más que eso.
“¿Y no hay posibilidad de negociar eso?”
“Esta noche no.”
“Lo acepto.” Y eso es todo lo que dijo antes de volver a besarme.
Me llevó a sus brazos y, mientras seguía besándome, sus manos
recorriendo su camino por la línea de mi cuello y por dentro de mi vestido.
Quise protestar, pero en el momento en el que sus cálidas manos tocaron mi
cuerpo, perdí el sentido. Sus dedos bailaron ligeramente sobre mis pezones
y mi vagina gritaba con todas sus fuerzas, suplicando e implorándome que
no fuera tan cabrona con ella. Quería escucharla y ser la mujer que ella
quería que fuera, pero no podía hacerlo, especialmente no con alguien como
Cash Coltrane.
Acaricié el lateral de su cuerpo mientras él se pegaba más a mí sobre el
sofá. “¿Estás bien?” Preguntó él, sin aire.
“Estoy bien.” Le mostré una sonrisa, estaba bien siempre y cuando
acatara las normas.
“¿Puedo desvestirte?” Preguntó, respirando aire caliente en mi oreja.
¿Si podía desvestirme? Joder, esto se estaba poniendo serio. No es que
estuviera demasiado vestida con mi vestido mini negro, así que supuse que
así ya tenía bastante.
“Ya estoy bastante desvestida.” Hice rodar mis caderas sobre su
erección y se dio cuenta de a qué me refería.
“Solo iremos todo lo lejos que tú te sientas cómoda.” Me besó en los
labios y, durante un instante, pensé que de verdad podía ser dulce. Entonces
sus manos encontraron su punto de acceso conforme se deslizaban por mi
vestido y llegaban a mis finas bragas de seda.
“Solo los dedos,” suspiré, sabiendo con exactitud qué estaba a punto de
hacer.
“Solo los dedos,” dijo, haciendo cosquillas con sus dedos sobre mi coño
empapado, que estaba caliente y listo para lo que él tuviera para mí.
Sus hábiles dedos recorrieron su camino por debajo de la goma elástica
de mis bragas mientras un dedo me acariciaba suavemente la vulva. Cogí
aire y cerré los ojos, apenas era incapaz de cabalgar las olas de esa intensa
sensación.
“Dios,” dije sin aire.
“¿Estás segura de que esto es todo lo que quieres?” Él movió su dedo
dentro de mí, y yo me mordí el labio.
Quería muchísimo más, estaba desesperada por más de él, pero no
podía. Tenía que mantenerme fuerte. Esto se le daba muy bien, estaba
volcado en mi orgasmo, pero no era un hombre bueno, y tenía que mantener
mi cabeza fría. Sentí su erección golpeando contra mi cadera, pero la
ignoré, no quería alimentar su llama de ninguna manera.
“Sí,” tragué saliva. “Me arruinarás si te doy más.”
Todo lo que él hizo fue reírse, besarme en la mejilla, y presionar su dedo
con fuerza contra mi dolorido clítoris.
“Está bien,” es todo lo que dijo antes de pellizcar y tirar de mi clítoris,
haciéndome retorcerme debajo de él.
Apreté los dientes mientras mi cabeza daba vueltas y entonces él hundió
dos dedos dentro de mí mientras su pulgar continuaba con su trabajo en mi
clítoris, y eso fue todo lo que pude soportar. Mi cuerpo se arqueó hacia el
suyo. El sudor se formó en mi frente y mi cuerpo se hizo un nudo. Pronto vi
la luna mientras él bombeaba sus dedos dentro de mí, llevándome a un
orgasmo tan intenso que casi me desmayo. Nunca en toda mi vida había
sentido tanta euforia. Cuando volví a la tierra, estaba temblando. Él saco sus
dedos de dentro mío y le dio unas palmaditas a mi coño antes de volver a
colocar la inútil tela de mi ropa interior de nuevo sobre mi tembloroso sexo.
“Eres el demonio,” dije sin aliento.
Él presionó su polla empalmada contra mi lateral, por lo que en todo en
lo que podía pensar era en su deseo. “Lo soy,” me susurró en el oído antes
de morderme el lóbulo de la oreja. “Te veo en Nueva York.”
Se levantó del sofá y, si hubiera tenido un mínimo de energía, hubiera
hecho algo. Pero en vez de ello, me quedé en el sofá esperando a que algo
pasara. Y no pasó nada. Él se fue a su dormitorio y no volvió. Me sentía
muy rara.
Tras unos instantes, un hombre con un traje negro abrió la puerta de la
habitación del hotel. Inmediatamente me asusté, lo cual él debió sospechar,
porque lleno de calma se quedó en el marco de la puerta.
“¿Señorita Green? Soy Kevin, estoy aquí para llevarla a casa de su
amiga.”
Me pregunté cómo era posible que el atractivo hombre que había venido
a rescatarme conociera mi apellido. Estaba en el cartel de la fiesta como una
de las artistas que actuaban, posiblemente, él había sido más observador que
Cash. Qué más daba, me levanté y pensé en decirle algo a Cash, pero él era
el cabrón que me había provocado un orgasmo y se había ido, así que nos
quedamos con el ‘te veo en Nueva York’.
Cuando volví a casa de Ophelia y Asher, todo el mundo estaba
durmiendo. Tenía el código de entrada, así que entré y me acosté. A la
mañana siguiente, les conté todos los detalles gore a las chicas y me
elogiaron eufóricamente por haberme ido con la cabeza bien alta. Así que
me había hecho correrme, vaya cosa. Era una mujer adulta; podía
sobrellevarlo. Decidí ponerme en modo negación y simplemente disfrutar
de algo de tiempo con mis amigas.
Alrededor de las dos en punto del día siguiente a habernos acostado, si
es que puede llamarse así, Asher recibió una llamada.
“Genevieve,” gritó por encima de nuestra conversación. “Cash Coltrane
está al teléfono, quiere hablar contigo.” Asher caminó hacia mí y me dio su
teléfono móvil personal. “Al parecer ha estado llamando al club toda la
mañana, buscándote.”
Agh, mi tiempo de negación había terminado. “Gracias,” cogí el
teléfono y me lo puse en la oreja. “¿Cash?”
“Al fin doy contigo. Por favor, dale a Kevin tu información personal
para que pueda reservarte un velo y un hotel,” y entonces de repente estaba
al teléfono con Kevin, el hombre simpático que me había traído a la casa.
Le di todos mis detalles y esperé a que me devolviera a la llamada con
Cash, pero no lo hizo. Me dio las gracias y colgó. Mentiría si dijera que no
estaba un poco desanimada. Cash ni siquiera se había molestado en decir
adiós o algo. Nos veríamos en Nueva York, por supuesto, pero sabía que
sería algo completamente distinto. Seguí diciéndome a mí misma que era lo
mejor. Cash Coltrane no era trigo limpio.
Disfruté del resto de mi estadía con las chicas y volví a Texas para
encontrarme con un paquete de FedEx para mí en la puerta enviado hacía
solo unas horas. Lo abrí para descubrir un billete en primera clase para
Nueva York, un itinerario que indicaba que me iba a quedar en el penthouse
del Park Hyatt, en Manhattan, una lista de horas y lugares a los que tenía
que ir, y el nombre de mi conductor y la marca, modelo y matrícula del
coche que me llevaría por la ciudad. También iba la información de
contacto de Kevin en una carta impresa sobre un papel membretado con el
nombre de Coltrane Industries, pero firmado por Anne Marie Fuchs,
Segunda Asistente de Cayden Coltrane. Y eso era todo. Teniendo en cuenta
el itinerario, iba a reunirme con el señor Coltrane a título oficial varias
veces durante esos días, pero yo lo había echado a perder. Mi viaje no fue
hasta tres semanas después y, durante todo ese tiempo, Cash nunca me
llamó. Había conseguido justamente lo que quería, y tenía que recordarlo,
aunque no podía evitar sentir que había perdido la oportunidad de mi vida
de ser algo más que únicamente su próximo éxito.
Capítulo 6
Cayden
Tenía que admitirlo, fue difícil contenerme. Una y otra vez, reproducía
en mi mente esa mirada de euforia que pasó por la cara de Genni.
Especialmente cuando estaba en reuniones aburridas o haciendo frente a la
última travesura de Allie. La forma en la que su cuerpo se tensó alrededor
de mis dedos cuando se corrió… y esa mirada ardiente de éxtasis en su cara.
En serio, fue casi imposible reprimirme, pero, sin embargo, lo hice. Tenía
que hacerlo. Ella era demasiado inteligente y talentosa como para joderla,
literalmente. Se habría ido, era el tipo de persona que tiene la fortaleza
necesaria para hacerlo, de eso estaba aseguro, así que me contuve. Si iba a
conquistar a Genevieve Green, tenía que tener la mente fría, lo cual estaba
resultando difícil, ya que me estaba masturbando en el baño privado de mi
oficina.
Probablemente, podría haber llamado a alguien de mi pequeña agenda
negra para que hubiera venido y hubiera hecho el trabajo por mí, pero
estaba deshaciendo nudos, no creándolos. A esas alturas, todo el mundo
sabía toda mi mierda. Allie había desenterrado a todas las chicas con las
que me había acostado, y era particularmente buena a la hora de encontrar a
aquellas que me odiaban por completo. Bravo por su perseverancia. Ahora
estaba en la portada de todas las revistas de cotilleo de Estados Unidos.
Además, seguía obligado bajo contrato a rodar tres episodios más de su
reality show, y el receso estaba a punto de terminar. Querían su tiempo de
grabación. El productor ya había llamado unas cuantas veces mientras Allie
exponía en los medios de comunicación a toda persona que quería acabar
conmigo, tal y como los titulares de esa semana probaban.
“Cash Coltrane le prometió un descanso de su carrera a Lana Rivers
solo para dejarla tirada en la cuneta de una carretera.” Esa puta se había
bajado de mi coche después de dinamitar su propia audición. No podía
conseguir que nadie pusiera su música, en especial porque su pequeña
adicción al fentanilo estaba interfiriendo en su trabajo. Me la encontré
reventando píldoras en el suelo de mi baño y estaba de camino a llevarla a
rehabilitación cuando saltó del coche, medio desnuda, en pijama. Esas
píldoras eran mi prescripción personal para el dolor después de mi cirugía
de rodilla. Allie debía de haber escarbado mucho para encontrar a Lana, ya
que llevaba alejada de los focos unos diez años. Esa noche consiguió que un
coche que pasaba la llevara, y nunca más volví a escuchar de ella. Hice un
seguimiento y averigüé que ella sola se había metido en una clínica de
rehabilitación tras sufrir una sobredosis en casa de una amiga.
“Cash Coltrane acusado de tener sexo con una prostituta mientras estaba
prometido con Whitney Saunders.” De nuevo, Allie estaba sacando
provecho de mis titulares. Whitney me propuso matrimonio, y yo no dije
que sí, así que no estábamos prometidos. Y la mujer, a la que le pagamos un
montón de dinero, era parte de un servicio legal de escorts de Nevada que
estaba especializado en experiencias de tríos sexuales; lo cual fue idea de
Whitney. Cierto es que pasé más tiempo con la prostituta que con ella, y eso
la cabreó y con razón, por eso la dejé al día siguiente.
El último titular era el peor. “Cash Coltrane Oculta un Hijo Ilegítimo.”
Por mucho que quisiera que ese también fuera falso, era cierto. Allie debía
de haber hablado con Sarah en persona, ya que no había forma de que ella
hubiera actuado en contra de su Acuerdo de Confidencialidad. Lo único que
se me ocurría era que Allie hubiera ido a Sarah bajo la apariencia de otra
amante despechada. Habría tenido que trabajar mucho tiempo para romper a
Sarah, porque, de todas las mujeres con las que había salido, Sarah era la
más decente y, si era sincero conmigo mismo, probablemente la única mujer
a la que había amado de verdad. Ella se quedó embarazada cuando solo
tenía diecinueve años. Yo tenía veinticuatro. Habíamos estado saliendo
durante una temporada y no habíamos sido demasiado cuidadosos. Acababa
de salir de mi relación con Whitney, la mujer mayor que me había
rescatado, y yo quería ser salvaje. Tenía más dinero del que podía gastar, así
que jugué fuerte.
Cuando Sarah me contó que estaba embarazada, le sugerí que abortara.
Ella se negó, así que la dejé. Tuvo a mi hijo, pero yo no reconocí que fuera
mío. Ella nunca me contactó, pero una amiga suya me dijo que lo estaba
pasando mal como madre soltera, intentando criar a su hijo sin ningún tipo
de ayuda. Sus padres la habían repudiado, y estaba viviendo en un sucio
motel con traficantes de droga y prostitutas mientras intentaba mantener su
puesto de trabajo como ayudante de un profesor de la universidad en la que
ella se estaba graduando. Le pagó a alguien para que cuidara a Alex, el
nombre del bebé era Alex, y al parecer ella no estaba comiendo. Su amiga
me dijo que estaba tan delgada que estaba preocupada por su salud.
Era un cabrón, pero tenía corazón, así que hice que Sarah firmara un
Acuerdo de Confidencialidad y le pagué la manutención del niño pese a que
juré que nunca lo reconocería como mío. A lo largo de los años, consiguió
graduarse como maestra y ahora era ayudante de profesor en la universidad
pública local. Me ofreció que dejara de pagarle, pero le pedí que metiera el
dinero en un fondo de ahorros para la universidad de Alex, ya que él ya
tenía nueve años y lo necesitaría algún día. Ella me ofreció mandarme fotos
del chico, pero yo rechacé verlo.
Nunca me arrepentí de esa decisión, pero había días en los que pensaba
en ellos. Pero yo no era el tipo de hombre que quisiera una vida como la
suya: académica, tranquila, de buenos modales. No la odiaba. Ella era la
única ex que me importaba de verdad. Eso era decir algo… algo terrible.
Ahora la pobre mujer estaba siendo expuesta en los medios… Todo porque
Allie era una puta.
Recorrí el pasillo hacia la sala de conferencias, donde habían dejado a
Genni. Era la primera vez que iba a verla o a hablar con ella en tres
semanas, desde que la había dejado después de haberle provocado un
impresionante orgasmo tan solo usando mis dedos. Era tan exasperante, ¿y
qué si era virgen? No me hubiera importado descorcharla, pero algo en el
fondo de mi mente me decía que, si lo hubiera hecho con ella esa noche,
hubiera hecho un pacto con el diablo. Tomar su virginidad hubiera sido un
juramento de sangre con la bestia, porque hubiera arruinado a una chica
muy buena. Genni no era una chica con la que jugar. Ella era superior, y su
vagina estaba cerrada bajo llave.
Ni siquiera podía recordar la de veces que me había masturbado con la
imagen de sus ojos poniéndose en blanco y sus labios abriéndose para
jadear mientras la masturbaba con los dedos hasta el delirio. Joder, estuvo
bien.
Conforme llegaba a la sala acristalada con una gran mesa de caoba, la vi
sentada, con un traje de color camel y una divertida camisa de Gucci de
estampado floral. Solo esa camisa debía de costar todos sus ahorros, pero
merecía la pena; estaba para comérsela. Tenía buen estilo, además: ve a una
tienda de segunda mano, coge un traje de estilo retro y pon una camisa print
de diseñador debajo, y ahí lo tienes… moda. En cuanto la vi, algo dentro de
mí se detuvo. Me provocaba cosas que eran una locura, solo estando ahí; sin
esfuerzo. Tenía que mantener mi posición de poder, aunque como confesión
diré que no quería.
Entré a la sala de conferencias y ella se levantó. Estaba más
impresionante aún de pie. Delante de ella había una libreta nueva, tres
bolígrafos y el sobre de papel manila que le había enviado con el itinerario,
los billetes y la confirmación del hotel.
“Me alegro de volver a verte,” dije de forma seca mientras me sentaba
en mi sitio, presidiendo la mesa, a una buena distancia de ella.
“Lo mismo digo.” Ella sonrió educadamente. “Gracias por todo esto,”
levantó el sobre de manila. “La habitación de hotel es exorbitante, pero me
encanta.” Una sonrisa se formó en su cara.
“Bueno, me alegro. Vas a estar aquí una temporada, así que quería que
estuvieras cómoda.”
Me estaba dejando caer, podía sentirlo. Tenía que gobernar esas
emociones. Durante los primeros días, iba a ser frío como el hielo con ella,
para que, cuando le diera un pedacito, ella se abriera a mí y me dejara tomar
todo de ella, cada gota.
“Bueno, gracias, lo estoy.” Dijo alegremente.
“Doy por hecho que has podido deshacerte del resto de la banda.” Me
quedé mirándola, consciente de que era un punto de conflicto.
“Aún no me has ofrecido un contrato,” contestó, más fría, menos
efervescente.
“Entonces, ¿aún no has hablado con ellos sobre esto?” Sabía que estaba
siendo un completo capullo, y sentaba de maravilla.
“Ellos quieren lo mejor para mí sin importar el qué. Les he mencionado
que tú me escuchaste cantar y que me ibas a traer a Nueva York. No es que
pudiera ocultar que iba a venir aquí durante un mes. Son unos tíos guais. Lo
entienden. Creo que quieren que en algún punto los traiga, pero esa no es la
cuestión. Tengo integridad musical y tú puede o no puede que firmes
conmigo. No sé qué tienes planeado, pero no me vas a convertir en algo que
no soy. No tengo miedo a decir que no.” Se me quedó mirando y tuve que
admitir que tenía cojones, o en este caso una fiera vagina, porque nadie, ni
una sola persona, me había rechazado.
“Bueno, no nos adelantemos a los acontecimientos.” Volví a encarrilar
el tema. “Vas a conocer a Joe Malcavies, es mi productor principal, y quiero
que los dos grabéis tres canciones, dos originales y una cover. En cuanto
terminemos aquí, te llevaré a su oficina y te dejaré allí. Una vez que él y tú
hayáis tenido algo de tiempo para trazar tu plan de juego, volverás a
encontrarte conmigo aquí, en la sala de conferencias. Mi asistente me
avisará cuando llegues.” Tras decir eso, me puse de pie, dejando mis
intenciones en el aire a propósito.
“¿Y qué voy a hacer una vez vuelva aquí?” La curiosidad la había
superado, un punto para mí.
“Te lo diré entonces.”
Ella soltó un resoplido y yo me reí satisfecho. Me gustaba jugar. Era
divertido y tenía un oponente que merecía mucho la pena. Les tenía muchas
ganas a los días venideros.
“De acuerdo.”
Se puso de pie para seguirme y salimos de la sala de conferencias hacia
la oficina de Joe.
Joe era un hombre anciano que seguía fumándose un paquete de
cigarrillos al día aunque no hubiera ningún espacio en el edificio para que él
fumara legalmente. Creo que debía de tener una pequeña sala de fumadores
en el tejado, pero me daba igual. Si había vivido todos esos años fumando
tanto como lo hacía, era posible que dejar de hacerlo lo matara. Era un tío
viejo y guay, con una cabeza calva brillante, vaqueros desteñidos y una
chaqueta de cuero de diez mil dólares que siempre llevaba puesta. Era, por
encima de todo, un genio de la música, pero jodidamente malhumorado.
Genni lo iba a odiar. Si podía hacerle frente a Joe, tendría a toda la industria
de la música en sus manos.
Caminamos en silencio por el pasillo hasta el estudio de Joe, donde
tenía un piano, un escritorio lleno de cosas y un pie de micrófono rodeado
por paredes de paneles acústicos. Desde las ventanas de suelo a techo de su
oficina de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial podías ver todo
Manhattan. Nuestro edificio era más viejo que Matusalén y tenía esos
bastos radiadores que podían freír el sitio en un día frío. Mi oficina había
sido rediseñada y modernizada, pero, por lo que fuera, el estudio de Joe
nunca había pasado por lo mismo. Me encantaba el sitio.
Pensaba que a lo mejor ella sacaría algún tema sin importancia del que
hablar mientras caminábamos, pero no lo hizo, simplemente absorbió el
ambiente frío como el hielo. Me hizo querer empotrarla contra la pared y
follármela frente al despacho de Chloe de Asuntos Comerciales, pero, por
supuesto, simplemente recorrí el silencioso camino hasta que llegamos al
sitio de Joe.
Llamé a la puerta y él gritó desde adentro, “¡está abierto!” Su ronco
gorgoteo retumbó en el silencioso y eficiente espacio de oficinas.
Abrí la puerta, y él estaba sentado en su escritorio abarrotado. No estaba
seguro de qué estaba haciendo, porque nadie podría trabajar con ese
desorden, pero estaba bastante seguro de que el escritorio caótico era solo
una treta para hacernos creer que estaba ocupado. Era tan jodidamente
talentoso que no necesitaba nada. Toda su genialidad estaba en su cabeza,
encerrada del resto del mundo, y solo salía en ráfagas chirriantes de
genialidad.
“Ey, Joe. Esta es la chica de la que te hablé,” dejé que Genni entrara.
“Hola,” dijo con un poderoso aire de confianza.
“¡Joder, es atractiva!” Se levantó de su silla y rodeó el escritorio.
Después se plantó frente a ella, apoyándose sobre los papeles que estaba
seguro que nunca necesitaría. “Todo lo que tenemos que hacer es ponerle
Auto-Tune y te hará ganar dinero,” dijo como si fuera un hecho.
“Ya, pero esta en realidad tiene voz.”
“¡Joder, bien!” Joe sacudió su cabeza.
Capítulo 7
Genevieve
Estaba ahí quieta, de pie. Agh, odiaba a los hombres que eran como
estos dos. Sabían que eran la hostia y por eso hablaban sobre mi cabeza
como si yo no estuviera en la sala, como si fuera un objeto más.
“Bueno, escuchemos lo que tenemos,” dijo Joe, girándose hacia mí.
Mi estómago se encogió un poco, pero, sin decir nada, caminé hacia el
piano que había en la esquina y puse mis manos sobre las teclas. Había
estado trabajando en la canción de amor que había tocado para Cash, así
que simplemente empecé a tocarla sin ninguna pretensión. Canté sabiendo
que mi voz era fuerte. No tenía miedo porque no estaba atada al resultado.
Claro que quería que esto hiciera despegar mi carrera, pero no había atado
todos mis sueños y esperanzas a esa oportunidad. Si Cash Coltrane me
quería, quizás otros productores también lo hicieran.
Además, no estaba segura de que pudiera neutralizar mi atracción hacia
Cash. Él sabía que, cuando me provocó ese orgasmo en la habitación de su
hotel, y después me echó, estaba probando que él tenía el poder. Debía de
pensar que me había pasado todas las noches que habíamos estado
separados recreando esa escena en mi cabeza una y otra vez. No quería
darle tanto poder, pero mentiría si dijera que no había sido así.
Toqué con todo mi corazón y me perdí en la música. Cuando terminé la
canción, me sentía a flor de piel, pero conectada y con los pies en la tierra.
Mi música iba a salvarme, incluso de mí misma.
“¡Wow, joder!” Dijo el hombre mayor mientras se impulsaba de su
escritorio. “Puedo trabajar con esto.”
“¡Querrás decir con ella!” Me giré hacia él y solté, ya me habían
objetivado demasiado.
Cash se rio. “Ten cuidado, es dura de moler.” Él sacudió la cabeza, y no
supe del todo qué significaba, pero me daba igual. Yo iba a hacer lo mío y a
salir de ahí.
“Mándamela cuando hayas terminado,” es todo lo que dijo mientras se
giraba y salía.
“Lo haré,” dijo Joe, que olía a colonia cara, cuero y cigarrillos, mientras
me daba una palmada en el hombro y me hacía señas con la mano para que
me levantara. “Ven, vamos a probar esto.” Él ocupó mi sitio en el piano
mientras Cash se alejaba por el pasillo.
Intenté no mirarlo, pero eché un vistazo y, por supuesto, fue en el
momento exacto en el que él también me estaba mirando a mí. En el
momento en el que nuestros ojos se encontraron, un rayo me atravesó el
alma. No estaba segura de cómo iba a sobrevivir a mi tiempo en Nueva
York. Durante unas cuantas horas, estuve trabajando con Joe en una canción
y, por muy borde que el hombre me había parecido al conocerlo,
rápidamente comenzó a ser más majo.
“Vale, vamos a cambiar este tono aquí, y tienes que arrollar esta frase,
ya sabes, ir a tope con ello, mostrar todo tu rango y control vocal y después
traerla de vuelta. Revienta todo, añade un poco de chispa, pero mantén la
calma.”
Mientras que la mayoría de la gente no entendería lo que me estaba
diciendo, definitivamente, me estaba hablando en mi idioma, así que trabajé
duro con él para mezclar el pop con el brillo vocal y un poco de
musicalidad real. Cuando el día había terminado, teníamos dos canciones
bastante sólidas, una que él me había enseñado y otra que yo ya había
escrito.
“Vale, reuniremos una banda, haremos algunos ensayos y dispondremos
la dulce canción que has tocado antes y esta otra. Le mandaré las pistas a
Cash y entonces estarás en sus manos. Si firmamos contigo, volverás aquí
conmigo y hablaremos sobre grabar un álbum. Sinceramente, creo que sería
un gilipollas si no firmara contigo, pero Cash puede ser caprichoso,” dijo
casi para sí mismo.
“Oh, lo sé,” le contesté, poniendo los ojos en blanco.
“Sí, es un buen hombre, solo que lo oculta bien. De acuerdo. Te llevo de
nuevo a él y buena suerte, pase lo que pase, tienes una voz impresionante y
eres una muchacha increíble. No te pierdas en todo este jaleo. Mereces
mucho la pena.”
Joe me llevó de vuelta a la oficina de Cash y, en vez de hacer el camino
en silencio, saludó a todo el mundo y me presentó a gente de aquí y de allá,
gente cuyas caras probablemente recordaría, pero que sus nombres
olvidaría.
Para cuando llegamos a la oficina de Cash, se le veía un poco nervioso.
“¿Y bien?” Miró por encina de su ordenador con las cejas levantadas.
“Tenemos mucho con lo que trabajar. Empezaremos mañana y tendré
una demo de dos canciones para ti el miércoles para así ir engrasando el
equipo de producción. En cuanto me des el OK podemos organizar un
debut, debería llevarnos un par de semanas, como mucho seis.”
La cara de Cash se relajó un poco al escuchar a Joe decir eso. “Bien. De
acuerdo. Gracias, Joe.” Cash se levantó y se estiró.
“Tráeme más como ella y no más críos adolescentes harapientos que no
son capaces de encontrar una nota ni aunque les den un golpe entre los
ojos.”
“Marcus Laughlin ya tiene un contrato de grabación, ahora mismo es la
gran sensación en Europa, Joe.” Cash parecía estar reprendiendo al hombre.
“Eso no significa que me guste su voz,” Joe se encogió de hombros y
caminó despacio hacia la puerta. Justo cuando estaba a punto de entrar al
pasillo me dio una palmada en la espalda. “Golpéale fuerte, chica. Si actúa
como un mono, tú simplemente déjale KO.”
Su comentario me hizo explotar con una sonrisa nerviosa.
“Ja, ja,” se burló Cash. “Este viejo se piensa que es mi padre.”
“Bueno, alguien debería serlo,” gritó Joe desde el pasillo.
“Es inofensivo,” dijo Cash, como si necesitara protección de Joe y no de
él.
“Es divertido, nos lo hemos pasado bien. Bueno, ¿he terminado por
hoy?” Estaba deseando volver a la ostentosa habitación de hotel que me
había reservado, darme un baño caliente y pedir un montón de comida del
menú de servicio de habitaciones, porque me moría de hambre.
“No, te llevo a cenar fuera,” Cash cogió su chaqueta de un perchero que
había junto a la puerta.
“Agh, ¿por qué?” Dije, y después me mordí el labio.
Por suerte, Cash estaba de buen humor. “¿Por qué? Bueno, porque hay
algo de lo que quiero hablar contigo.”
“¿No está relacionado con la música?” Lo seguí hacia afuera de su
oficina.
“No.”
“¿Hay alguna forma de librarme de esto?” Le miré, levantando mi
bandera blanca.
“No la hay.” Sus ojos tenían un destello ardiente, tanto él como yo
sabíamos que no me iba a ningún lado sin él.
“¿A dónde vamos a ir a cenar?” Suspiré, sabiendo que había perdido.
“Es una sorpresa.” Su sonrisa era contagiosa.
“Eres lo peor,” le dije, sacudiendo la cabeza mientras él me cogía del
brazo.
“No, soy lo mejor.”
Cash me llevó a un elegante restaurante para el que no estaba bien
vestida, pero iba con Cash Coltrane, podría haber entrado llevando un
albornoz y no hubiera pasado nada. Él conocía a casi todo el mundo que
había en el lugar, así que me alegré mucho de que nos llevaran a una sala
privada. Por lo que fuera, me sentía mejor haciéndole frente a él en vez de a
una sala llena de gente que él conocía, pero, de todas formas, ya había sido
vista. Tanto me pareciera bien como si no, ahora estaba en el radar de Cash.
“¿Y bien?” Dije en cuanto nos sentamos. “¿Es esto parte de tu plan para
presentarme como tu ‘siguiente’?”
“Superestrella, quizás.” Él sabía a qué me refería y evitó la respuesta a
propósito.
“¿O?” Me quedé mirándolo.
“Eres carne fresca y dulce. Así que sí, eso es exactamente para lo que te
he invitado a cenar. Quiero ser visto contigo para que la gente sepa que tú
eres la siguiente.” Entonces cogió el menú y fingió que no acababa de soltar
una bomba sobre mi cabeza.
“¿Sabes? No tengo por qué quedarme aquí. Podría irme aparentando
que te odio y así tu reputación seguiría estando la mierda. No estoy en el
mercado,” le amenacé, pero en un tono de broma para no provocar su
completa y absoluta ira.
“Podrías, pero, ¿por qué lo harías? Has pasado la prueba de Joe, estás en
tu camino a cumplir tus sueños, ¿por qué tirarías todo eso a la basura
porque te esté intentando seducir y tenga una reputación pésima con las
mujeres?” Dijo todo eso con cara seria.
“¿Cuál es el fondo del asunto entonces?” Quería llegar al meollo de una
vez.
“Necesito limpiar mi nombre y necesito follarte.” Vale, ese era el fondo
del asunto. “Ahora mismo sé que follar está descartado, pero tengo una
propuesta, y no creo que puedas o debas rechazarla.”
“No.”
“¿Cómo puedes decir que no si ni siquiera has escuchado la propuesta?”
“Porque imagino de qué se trata.”
“Imagina,” me retó.
“Quieres que sea tu novia falsa,” solté.
“Quiero que seas mi esposa falsa.” ¡Boom!
“Estás como una puta regadera. No, ni de coña. Ah, ah. ¿Puedo volver
ya a mi hotel?” En realidad, estaba lista para volver a Texas.
“Es una propuesta muy simple. Te doy cinco millones de dólares y tú te
casas conmigo. Sales en ese horrible reality show conmigo, y yo arreglo tu
contrato de grabación. Tú finges ser la esposa enchochada, yo me follo a
quien quiera, y espero que en algún momento sea a ti. Puedes quedarte con
un ala de mi casa, de todas formas buena parte de ella está vacía, cogiendo
polvo. Nos separamos y divorciamos en unos cinco años. Voilà, mis
problemas están solucionados y tú consigues un montón de dinero.”
“Cinco millones no es suficiente dinero para tirar cinco años de mi vida
a la basura.”
“Vas a estar centrada en tu carrera. Durante cinco años, estaré
haciéndote crecer para convertirte en la estrella más grande de la música.
Estoy hablando de Grammys, ofertas de películas, patrocinios.”
“¿No crees que la gente menospreciará mi talento al pensar que he
conseguido todas esas cosas porque estoy ‘casada’ contigo?” Casi me
ahogo con la palabra ‘casada’, apenas era capaz de decirla.
“No, porque el mundo y yo vamos a enamorarnos de ti a la vez. No nos
vamos a casar hoy, eso será más tarde. Está todo organizado.”
“¿Y si digo que no?” Porque iba a decir que no.
“Entonces saldremos a cenar juntos todas las noches bajo el escrutinio
del público hasta que digas que sí.”
“¿Y crees que amenazarme es la mejor forma de conseguir esto?” Me
estaba cabreando seriamente. “Además, ¿no tendría que salir a sitios
contigo de todas formas? Quiero decir, si fuéramos a seguir con la
producción, me llevarías a sitios.”
“Sí, pero te estaría llevando a sitios para que te vieran, para construir tu
carrera, para hacer que todo fuera sobre ti. Si no dices que sí, entonces todo
va a ser en mi territorio, con mi gente, todo irá sobre mí. Quizás así la gente
piense que eres mi nuevo ligue.”
“¿Y si simplemente me vuelvo a Texas esta misma noche?” Me puse de
pie, quería irme.
“Vete.” Se me quedó mirando, retándome a irme del restaurante.
Mi corazón tocó fondo. Estaba en una encrucijada, ¿qué iba a hacer?
¿De verdad tenía las agallas para dejar marchar todo y volver a los bares de
mala muerte y los bailes de instituto? Me dije a mí misma que no sería así.
Encontraría otro productor; conseguiría que mis canciones se pusieran en la
radio. Haría vídeos en YouTube y usaría a mis amigos para ayudarme a
encontrar a alguien, a cualquiera que no fuera Cash Coltrane, para que me
representara. Podía hacerlo. Podía. Era mejor que un contrato de
matrimonio falso. Quería amor real. Me lo merecía, así que, sin decir
ninguna otra palabra, salí del restaurante y, para mi absoluta sorpresa, él me
dejó hacerlo.
Conforme estaba fuera, en las ruidosas calles de Nueva York, hice todo
lo que pude por aguantarme las lágrimas. Había escuchado que era difícil
conseguir un taxi en Nueva York, pero no me llevó mucho rato hacer que
parara uno. Durante todo el rato que estuve ahí quieta, podía sentir los ojos
de la gente fijos en mi espalda. Lo más seguro es que fueran clientes del
restaurante, también podían ser los ojos de Cash, pero no me giré para
mirar. Hice que el taxi me llevara a mi hotel e inmediatamente comencé a
recoger mis cosas. Con una mano estaba echando cosas a una maleta y con
la otra llamando a la aerolínea para cambiar mi vuelo.
Medio esperaba que Cash apareciera en mi habitación, pero no lo hizo.
Después, esperaba que apareciera en el aeropuerto, pero tampoco lo hizo.
Así que me volví a casa y, a las seis de la mañana del día siguiente al que
había llegado a Nueva York, estaba de nuevo en Houston, Texas. En cuanto
entré en mi casa, sorprendí a Peyton, aunque la había llamado y le había
dejado un mensaje. Vi su cara y estallé a llorar.
“Todo va a salir bien, cariño. Has hecho lo correcto.” Ella me dio un
abrazo y yo simplemente sollocé.
Le había dejado un largo y laberíntico mensaje contándole todo lo que
había pasado ese día, así que estaba agradecida de no tener que volver a
contárselo. Simplemente, dejé que me abrazara mientras yo lloraba.
Capítulo 8
Cayden
Iba a ser mucho más difícil de romper de lo que pensaba.
La observé desde la ventana del restaurante mientras ella llamaba a un
taxi. Le llevó un rato, pero consiguió uno. Después, dejé el restaurante y me
fui a casa. Ahí llamé a Kevin para ver si había hecho el check-out en el
hotel, y lo había hecho. De ninguna de las maneras iba a perder a Genni,
pero necesitaba darle un poco de espacio. Su huida de mí solo me hacía
desearla más. Estaba tan enfadado, triste y frustrado que le dije que
contratara a alguien para seguirla. Kevin trabajaba conmigo desde el inicio
de los tiempos, y podía confiar en él para que hiciera lo que fuera, incluso si
era algo un poco turbio. Consiguió que un hombre subiera a su vuelo en
cuestión de minutos.
Sabía su dirección en Texas y mi hombre mantendría vigilada la casa de
Genni para mí. Durante la madrugada, colocó cámaras en los árboles, en el
buzón y alrededor de la propiedad. Conectó esas cámaras a una aplicación
de mi teléfono y, con un simple toque a mi pantalla, podía verla entrar y
salir de la casa. Sí, la estaba acosando. No tenía derecho a hacerlo, ni el más
mínimo. Pero me dije a mí mismo que no hacía ningún daño por vigilarla.
No tenía ningún plan de hacerle nada malo. Estaba totalmente preparado
para aceptar los límites que ella había decidido, al menos durante un
tiempo. No, solo la estaba vigilando de forma inofensiva para asegurarme
de que no se fuera a ningún sitio donde no pudiera encontrarla. Eso es lo
que me dije a mí mismo. Está claro que las cámaras de vigilancia
probablemente no fueron la mejor idea que pude tener, porque me encontré
en el límite de la obsesión con las salidas y llegadas de Genni.
Estaba bien verla sentarse afuera con su amiga, en el porche, bebiéndose
un té helado. Su cara estaba inflamada, parecía que había estado llorando, y
me sentí mal por ello. Pero seguía estando decidido a ofrecerle un
matrimonio falso. Quizás cinco millones no fueran suficientes, tenía
pensado doblar esa cantidad. Diez millones. En serio, eso es un montón de
dinero. Cuanto más la miraba, peor me sentía. Llegó un punto en el que no
fui capaz de solo mirarla.
En su primer día en casa, estuvo callada. Al día siguiente, me mandó un
mensaje:
Todo esto me supera. No soy el tipo de mujer hecha para un matrimonio
falso. No sé mentir. Sería una mierda de mujer falsa. La verdad es que
estaba empezando a disfrutar de salir contigo. Buena suerte con todo y
gracias por la oportunidad. Te deseo lo mejor. Genni.
Me quedé mirando el email durante un minuto. Era una despedida, pero
no tenía ninguna intención de dejarla marchar. Por lo menos, haría que
firmara con mi discográfica. Al día siguiente, Joe me preguntó por ella, y
yo le dije que había tenido una emergencia familiar y estaba de vuelta en
casa, pero que volvería pronto.
“Joder, ¿qué le has hecho?” Me mandó una de sus miradas despectivas.
“En realidad, nada. Absolutamente nada, en serio.” Bueno, más o
menos.
“Si pierdes la oportunidad de firmar con ella, vas a arrepentirte el resto
de tu vida.” Era bueno amenazándome, confiaba en él.
“No ha pasado nada, solo ha tenido que irse a casa por poco tiempo,”
defendí mi caso.
“Ahá,” es todo lo que él contestó.
No le respondí su mensaje de inmediato porque quería que pensara en
mí. Necesitaba ocupar un espacio en su mente. Así que esperé para
contestarle. Vi las imágenes de vigilancia, que mayormente eran de ella
recogiendo el correo, y me di cuenta de que necesitaba más. No podía
simplemente quedarme sentado y mirarla. En un impulso, reservé un billete
a Houston y una habitación de hotel al lado de su casa. Le pedí al tío que
quitara todas las cámaras y lo despedí. Iba a hacer esto yo mismo. Kevin
pensó que estaba loco, y no refuté sus preocupaciones, estaba demente.
“Es una buena chica, Cash. Déjala en paz,” tuvo los cojones de decir.
“Sigo teniendo que grabar tres episodios con Allie. Podría hacer que los
grabaran simplemente ignorando a esa zorra, o podría aparecer pasando
página. Prefiero la segunda opción. Genni tiene el potencial para ser algo
increíble. No voy a dejar pasar esta ocasión y, como mi socio potencial, no
quieres que deje pasar esto.”
“Como amigo tuyo que soy, solo te estoy advirtiendo. No la cagues.”
Me mandó una sonrisa amable, pero sentí la decepción en ella.
Él no estaba equivocado.
“Puedo hacerlo,” le aseguré. “Definitivamente, puedo ganarme a la
chica.”
“Tú siempre te ganas a la chica, pero piensa en ella, ¿se merece lo que
vas a hacerle?” Levantó sus cejas hacia mí.
“Nunca he conocido a la chica correcta. Genni tiene el potencial para
ser algo más, y quizás pueda intentar ser mejor… para ella.”
“Eso esperemos, por el bien de ambos.”
Y tras decir eso, dejó que me fuera.
Viajé a Houston y le mandé un mensaje desde el hotel dos días después
de que ella me mandara su mensaje a mí.
Tenemos que hablar.
Es todo lo que le dije. Esperé a que me respondiera.
No sé qué decir.
Me contestó de inmediato.
Di que te encontrarás conmigo afuera en veinte minutos.
Era arriesgado hacerle saber que estaba ahí, pero era un tío imparable.
¿Estás en Houston?
Podía sentir como sus nervios crecían.
Lo estoy.
Y después no hubo nada. Por un instante me arrepentí de haber quitado
las cámaras, pero, en vez de darle vueltas, simplemente conduje hasta su
casa y aparqué en su camino de entrada. Finalmente, ella salió.
“¿Qué estás haciendo aquí?” Preguntó. No parecía enfadada, solo
sorprendida.
“No me diste oportunidad de explicarme.” Salí de mi coche y me apoyé
sobre la puerta del conductor.
“¿Y por eso has venido hasta aquí?” La mirada de confusión que había
en su cara no tenía precio.
“El viaje merece la pena por ti. ¿Puedo entrar adentro para que podamos
hablar esto? Aquí estoy en tu territorio, tú tienes todo el poder.” Levanté
mis manos en el aire como si me estuviera rindiendo.
“¿De qué hay que hablar?”
“Déjame entrar y te lo cuento.”
“Mi compañera Peyton está aquí, y ella tampoco está interesada en salir
contigo, ¡así que no le preguntes!”
Ooh, me encantaba.
“Considérame advertido,” es todo lo que le dije mientras la seguía
adentro de la casa.
La propiedad era una bonita y vieja casa estilo granja, pero tenían
muebles y toques muy modernos y eclécticos. Ya me gustaban las dos
mujeres. Pude ver en la esquina, donde estaba ubicada la cocina, a una
mujer alta que llevaba unos pantalones cortos y un crop top. La chica estaba
cortando algo sobre una tabla, y entendí a la perfección por qué Genni no
quería que mareara a su compañera de casa. Porque, al igual que Genni, era
increíblemente guapa. Pero, por suerte para mi chica, ella no era mi tipo,
con su pelo largo y oscuro y su figura recta. Me gustaba que Genni tuviera
curvas y fuera pelirroja. Es más, me gustaba Genni, y no estaba buscando a
otra mujer, daba igual lo atractiva que fuera.
“Siéntate.” Asintió hacia una silla azul eléctrico. “¿Quieres una Coca
Cola o algo? Tenemos en la nevera Coca Cola, Sprite y té helado.”
“Tomaré un té helado.” Parecía que esa era la mejor opción, hacía el
suficiente calor para ello.
“Vale.” Genni fue a la cocina y dijo, lo suficientemente alto para que yo
lo escuchara, “se va pronto.”
“Hola.” Su compañera me saludó desde la cocina y, aunque era una
situación muy incómoda, la saludé de vuelta, reteniendo mi personalidad de
macho dominante solo lo necesario.
Cuando Genni llegó con nuestro té, su compañera emplató lo que fuera
que estaba preparando y desapareció.
“¿Y bien?” Genni se sentó en la silla que había al otro lado, que era de
un amarillo estridente.
Los muebles parecían nuevos, ya que la tela se veía limpia y apenas
usada. En las paredes había pinturas en colores complementarios que me
hicieron pensar que o bien Genni o bien su compañera las habían pintado.
“¿Y bien? ¿Quién es la artista de la familia?” Le pregunté para suavizar
el ambiente.
“Peyton,” fue la simple respuesta de Genni.
“Es muy buena. Tengo que preguntarle cuánto cobra. Me encantaría
tener unas cuantas de estas pinturas en la oficina,” lo dije prácticamente
para congraciarme con Genni, pero la verdad era que las pinturas eran muy
exóticas y sugerentes.
En ellas salía gente desnuda pintada con duros trazos de pincel y pocas
líneas. Mientras que los cuerpos no eran nada eróticos, uno nunca lo sabría,
ya que había tan poco de ellos que dejaban mucho a la imaginación. Los
colores eran atrevidos e impactantes, pero si los mirabas más de cerca,
había matices, un poco de un ojo, el lado de un hombro, el arco de una
espalda. Y después, definitivamente podías ver las figuras haciendo el amor,
o bailando, o sentadas tomando el té. Me encantaban.
“Te mandaré un link a su página web cuando te vayas,” dijo Genni de
forma monótona.
“¿Por qué estás tan arisca, amor mío? No te he hecho daño.” Me estaba
empezando a cabrear por su tono de voz y la distancia emocional que estaba
poniendo entre los dos.
“No, pero me lo harás.”
Sí, tenía que lidiar con mi maldita reputación, una que, sinceramente,
me había ganado.
“Bueno, no nos adelantemos a los acontecimientos. Que compre las
obras de arte de tu talentosa amiga no hace daño a nadie. Vayamos al grano.
No te estoy pidiendo que te cases conmigo por dinero. Te estoy pidiendo
que “salgas” conmigo.” Puse las comillas en el aire. “Por dinero.”
“No hago “nada” por dinero,” ella también hizo las comillas en el aire.
“Vaya, pues eso es estúpido. ¿Cómo planeas vivir?” Le estaba tomando
el pelo, sentaba bien.
“Sabes a qué me refiero.” Se me quedó mirando.
“¿Qué hace falta para que lo hagas?” Así de desesperado estaba, así que
dejé la pelota en su tejado.
“¿Por qué no puedes buscar a otra persona y dejarme que me centre en
mi música? Si salgo contigo, parecerá que esa es la razón por la que estás
firmando conmigo. Me quita toda mi credibilidad como música y me coloca
donde las mujeres han estado durante décadas… acostándose con hombres
para llegar a lo más alto. No quiero ser parte de eso.” Su expresión cayó,
comprendía lo que estaba diciendo.
Aunque esa era la norma en los círculos en los que me movía, podía ver
por qué ella no quería utilizar su efecto como mujer para labrarse su camino
hacia lo alto. Era admirable, como todas las cosas sobre ella.
“Bueno, solo yo tendría que saber que vas a llegar hasta el final
conmigo, el mundo no tiene por qué descubrirlo aún. Estaba pensado que
podríamos acordar una suma de dinero que te permita vivir el resto de tu
vida si lo gastas y lo inviertes de forma inteligente. Podemos establecer una
línea de tiempo que te permita tener la oportunidad de sacar a la luz tu
música antes que nuestra relación.” A mí todo me parecía bastante bien
pensado.
“¿Y si justamente encuentro a alguien en ese periodo de tiempo? ¿De
cuánto tiempo estamos hablando? Un año es una tontería, no le haría nada a
tu reputación, especialmente porque me estás dando tiempo para que me
establezca por mí misma. Gracias por eso, por cierto. Dos años sea
probablemente todo lo que sea capaz de darte, pero dos años no son una
relación realmente. En cualquier cosa más allá de dos años me estás
quitando tiempo para poder encontrar a alguien a quien querer de verdad.
Joder… ¿por qué estaba siendo tan… real con todo esto?
“¿Tres años entonces? ¿Son tres años demasiado tiempo para estar en
una relación falsa con una gran cantidad de dinero en la cuenta del banco?
Tengo treinta y seis años, así que hay una buena diferencia de edad entre
nosotros. En tres años, tú solo tendrás…”
“Tú tienes treinta y seis años. En tres años, tendrás casi cuarenta y yo
tendré veinticinco. No creo que tú quieras una familia o una relación real,
pero yo sí que quiero ambas. Si empiezo a buscar al hombre adecuado con
veinticinco años, me quedo prácticamente sin tiempo de disfrutar de mi
marido antes de que seamos padres…”
Dios mío, la cabeza me daba vueltas.
“Wow, vale. ¿Quién ha dicho nada de tener niños? Sabes que va a llevar
algo de tiempo que tu carrera se establezca, vas a tener que esperar un
tiempo para tener niños, sea conmigo o sin mí. Y solo por saberlo, ¿de
cuántos niños estamos hablando?” Me daban náuseas solo de preguntar.
“Por lo menos tres o cuatro.” Ella sonrió ampliamente, consciente de
que me tenía agarrado de las pelotas, ya que ya tenía un hijo que nunca
había visto, y ese iba a ser el único.
“Tres o cuatro hijos es sin duda una buena razón para romper.” Supe
que ella no quería que yo lo viera, pero su brillante sonrisa se esfumó de su
cara cuando dije eso.
Capítulo 9
Genevieve
Así que no le gustaban los niños. No sé por qué me importó, pero, por
alguna razón, eso me dolió de verdad. Me quedé mirándole y, por muy
atractivo que fuera, él nunca iba a ser el hombre adecuado. Hiciera lo que
hiciera o considerara hacer, y en parte me odiaba por siquiera pensar en
ello, iba a ser por el dinero y por mi carrera, y por nada más. Sin embargo,
como una idiota, seguía aferrada a la idea de que podía haber una pequeña
chispa de esperanza para nosotros.
“¿Qué tienes en contra de los niños?” Ver como su boca se torcía en una
mueca fue probablemente la única respuesta que necesitaba, pero me senté
y esperé a que escupiera todas las razones por las que un cabrón egoísta
como él no quería amar y cuidar a niños.
“No son mi estilo,” dijo en voz baja.
“Quizás porque piensas en ellos como en accesorios que están pasados
de moda para tu coche rápido o tu estilo de vida lleno de caviar,” le dije.
“O quizás porque ya tengo uno,” me soltó, y después cerro los labios.
Entonces, tenía un hijo. Quizás no había querido contarme lo del hijo
que ya tenía, pero su rabia había dejado que la verdad saliera. Ahora
estábamos en un campo de batalla casi igualado. Cuando había llegado esa
mañana, él tenía todo el poder. Había venido a Texas para atraparme en mi
casa y ofrecerme una obscena cantidad de dinero por ser su novia para que
el reality show que estaba rodando con su ex no le expusiera como el
verdadero y completo capullo que era en realidad.
A ver, no había sido tan malo conmigo, solo fanfarrón y con un toque de
dominación alfa, pero ya había conocido a hombres así antes. En realidad,
no se había sobrepasado, aunque sentarse en mi sala de estar sin ninguna
invitación previa casi se podía considerar ir demasiado lejos. Nunca había
leído que tuviera un hijo. Parecía raro, pero la gente rica era extraña.
“¿Lo tienes?” Fue todo lo que se me ocurrió decir.
“Sí. Tiene nueve años, aunque nunca lo he visto. Su madre lo tuvo sin
mi consentimiento.”
“¿Necesita una mujer tu consentimiento para dar a luz a su propio
hijo?”
“Uno que no acordamos tener…” Comenzó.
“Contéstame a esto. ¿Metiste tu polla dentro de ella?”
“Sí,” Dijo, tragándose su rabia.
“Entonces tienes un hijo. Tienes un hijo de nueve años.”
“Al que nuca veré,” añadió.
Quería darle un puñetazo en la cara.
“Pobre chico. Espero que su madre se haya casado con alguien bueno.
Es una mierda ser un niño sin padre. Bueno, imagino. Yo fui muy
afortunada de que mi padre no solo me quisiera, sino que además le gustara
estar conmigo… ¿Te imaginas algo así?”
“¿Y ahora quieres tener un montón de mierda de niños?”
Me reí, aunque no debía hacerlo. Estaba intentando permanecer fuerte,
pero la visión de un montón de mierda de niños era graciosa. “Sí, todo un
montón de…”
“¿Por qué?” De repente, estaba serio.
“Quizás porque en el fondo de mi corazón soy una niña. Se me dan bien
los niños, y me encantan. Son muy inteligentes y divertidos. Son unos
pequeños ingenuos sabioncillos. Supongo que no puedo expresarlo bien del
todo, pero me han encantado los niños desde siempre. No me puedo
imaginar no estando rodeada de niños algún día.” Y, en realidad, ese era mi
sueño; una carrera como cantante, un hombre que me amara y una minivan
llena de niños.
“Bueno, todo lo que yo veo es estrés y jaleo y formas en las que tu
tiempo y energía son robados.”
“Supongo que tú solucionaste ese problema. ¿Cómo se llama tu hijo, o
ni siquiera te molestaste en preguntarlo?”
Cash se me quedó mirando durante un momento, como si estuviera
levantando una bandera blanca.
“Si te lo digo, ¿accederás a nuestros términos?”
“¿Por qué lo haría? En primer lugar, no tenemos términos y, en segundo,
conocer el nombre de tu hijo no es que sea una gran revelación.”
“Podrías enterrarme con esa información; nadie más lo sabe. Hice que
Sarah firmara un Acuerdo de Confidencialidad.”
“Tu pobre hijo.” Sacudí la cabeza, sintiéndome muy triste por ese pobre
niño. “¿Sabes su nombre o no?”
“Se llama Alex,” dijo en voz baja. “Y su madre aún no se ha vuelto a
casar.” Toda su conducta cambió. “Y voy a pedirte de forma respetuosa que
no digas nada sobre él a nadie que no sea yo. No quiero tener que llevar a
cabo acciones legales. Quiero que esto funcione.”
“Quieres decir que quieres que nuestra relación falsa funcione para que
puedas sacarte a ti mismo de este jaleo.” Ladeé mi cabeza hacia él, me
sentía poderosa.
“Supongo… sí.”
“No puedo darte tres años.” Me mantuve firme en eso.
“¿Por veinte millones de dólares?”
“Esa es una cantidad de dinero demencial, pero si lo aceptara no sería
nada más aparte de una puta rica.”
“Supongo que en la amplia definición de la palabra puta… podrías
serlo, pero por el momento solo nos hemos besado. Sería el beso más caro
que habría dado nunca, pero merecería la pena.” Volvía a haber un brillo en
sus ojos.
“Seis meses,” solté.
“Mm, veinte millones por seis meses no es un buen negocio para mí.”
Al menos seguía sonriendo.
“Gratis. Te daré seis meses gratis. Trabajaré en mi carrera, supongo que
podemos empezar algo, pero yo tomaré las decisiones sexuales. No vamos a
hacer nada que yo no quiera hacer, ya que esto no va a ser una relación real.
A cambio, tú me llevas de tu brazo a donde quiera que te haga falta y a ese
estúpido reality show. Todo lo que pido es que trabajemos en mi música y
simplemente… no sé, veamos a dónde nos llevan esos seis meses. Cobraré
lo que se supone que debo cobrar como música.”
“¿Y después de los seis meses?” No lo había rechazado, así que por lo
menos estaba reconsiderando mi proposición.
“Tras los seis meses, podemos discutir los siguientes pasos. Creo que en
seis meses sabremos mejor a qué me enfrento.”
“Lo acepto.”
Me sorprendió que no me hiciera negociarlo más. “¿En serio?”
“Sí. Ahora prepara una maleta, vas a estar fuera seis meses.”
“Echa el freno, amante. No me voy a levantar e irme contigo en este
mismo instante. Eres bienvenido a quedarte a cenar. Los chicos van a
preparar una barbacoa y vamos a tocar unas cuantas canciones y pasárnoslo
bien este sábado noche. Después, mañana, canto en el coro de la iglesia y
entonces, y solo entonces, puede que me suba en el avión contigo,
dependiendo de lo bien que te comportes con mi gente.” Me quedé
mirándolo de forma firme.
“Tú, señorita Genevieve, ¡eres dura de moler!” Se rio.
“¡Bueno, he salido a mi padre!” Le dije, intentando picarle.
“¿Qué debería hacer mientras esperamos a que vengan tus amigos con
la barbacoa?” Parecía avergonzado e incómodo… bien.
“Bueno, estamos al cargo de los condimentos, la ensalada de patata, la
ensalada de col, y los pasteles, así que creo que lo mejor será que te pongas
un delantal y me ayudes con ello.” Me puse de pie y caminé hacia la cocina
sabiendo que lo había asustado.
“No soy muy buen cocinero,” dijo ahogado.
“No hace falta que lo seas para cortar.” Le di un trozo de repollo y un
cuchillo. “Tiras largas y finas, ya sabes, como la col.”
Él se rio. “¿En serio me vas a hacer hacer esto?”
“Bueno, tú vas a hacerme hacer lo que sea que vayamos a hacer, así que
sí. Esto no es nada en comparación con los sacrificios que yo voy a hacer.”
“Haces que suene como algo muy malo,” dijo nervioso.
“Es malo, créeme. ¿Cómo pueden estar equivocadas millones de
mujeres respecto a ti?”
“Bueno, yo no diría millones exactamente…”
Empezó con el repollo y tenía razón, probablemente no había cocinado
ni un solo día de su vida. Esto iba a ser muy divertido. Encendí Spotify en
mis altavoces inalámbricos Bose y puse a unos artistas indies locales que
me encantaban. Quizás también firmara con ellos, ya que también venían
esa noche a la barbacoa y a cantar. Saqué las patatas y empecé a lavarlas en
el fregadero antes de cortarlas.
“¿Y hacéis esto todos los sábados por la noche?”
Su habilidad para cortar no había mejorado, pero le di puntos por
intentarlo.
“Todos estamos bastante ocupados, así que esto lo solemos hacer el
último sábado de cada mes. La mayoría de nosotros somos amigos de tocar
en bolos. Peyton tiene unos cuantos compañeros de arte a los que también
les gusta venir, te encantarán,” dije sarcásticamente.
“Oh, ¿y por qué es eso?” Preguntó de forma despreocupada.
“Son guais, sexis y les importa todo una mierda. En serio, podrían llegar
con un hurón como mascota y actuar como si nada,” me reí porque eso pasó
una vez. “Y les gusta tener sexo los unos con los otros.”
“Bueno, eso seguro que será entretenido. ¿Debería preocuparme por ser
reconocido? Es algo en lo que siempre tengo que pensar. Aunque, si vamos
a hacer lo de los seis meses, todo lo que acabe en redes sociales será bueno,
porque estoy seguro de que no vamos a hacer nada comprometedor.”
“Mis amigos no son imbéciles; estarás bien. Sobre todo, vas a ser
acusado de destrozar el repollo, porque te tiraría por un puente por esa
basura de tiras que has hecho.” Le mandé una mirada despectiva de forma
juguetona.
“¿Qué? Es la primera vez que intento hacer algo en la cocina, dame un
poco de cancha. Lo máximo que sé hacer es abrir una lata de sopa y
calentarla en el microondas.”
“Lo cual haría que el lugar saliera por los aires.” Me quedé mirándole.
“En un plato, por supuesto.” Puso los ojos en blanco como si eso fuera
cocinar.
Era divertido. Nos lo estábamos pasando bien. De alguna forma,
descartar el tema del dinero y dejar el sexo bajo mi criterio había hecho que
la situación fuera mejor. Y no quería admitirlo, pero Cash Coltrane se
estaba comenzando a meter en mi cabeza. No lo odiaba, lo cual era una
mejora teniendo en cuenta que dos días antes lo había despreciado tanto que
había salido huyendo.
“Claro, en un plato. Vale, ¿estás listo para graduarte con las zanahorias?
Ya has triturado casi todo el repollo, siendo triturar una forma suave de
decirlo.”
“Bueno, no si sigues criticándome.” Actuó ofendido y de repente yo
quería volver a besarlo.
Lo bueno es que Peyton entró y evitó que hiciera algo estúpido.
“Ey, qué bien que ya hayáis empezado con las guarniciones. Bones
acaba de escribirme, él y la pandilla están de camino.” Peyton cogió un
trozo del repollo descuartizado del bol y se lo llevó a la boca. “¿Esta noche
tocan tiras gruesas en la ensalada?” Ladeó su cabeza y miró las tiras de
repollo que torpemente había cortado Cash, y que eran demasiado grandes
en algunos sitios y diminutas en otros.
“Parece que sí,” contesté.
“Qué rico. Vale. Voy a preparar el pastel antes de que nos pongamos a
abrir cervezas.” Peyton se puso un delantal que decía, El lugar de una mujer
es donde coño quiera estar. Estaba hecho a mano, y era tan vibrante y
atrevido como el resto de obras de Peyton.
“Bonito delantal.”
“Gracias. Si quieres, puedo hacerte uno,” fue la contestación indiferente
y despreocupada de Peyton. Ella estaba demasiado ocupada lavando los
melocotones y haciendo su pastel como para ni siquiera atender o
preocuparse por Cash.
“Claro,” Cash se rio y, como él lo hizo, yo también. “Ahora, las
zanahorias…” Cash estaba listo para ponerse a ello. Tenía que admitir que
me encantaba verle esforzarse.
Capítulo 10
Cayden
De normal, hubiera odiado estar en la cocina, pero con Genni era una
experiencia de unión divertida. Su compañera Peyton era probablemente
más de mi estilo, pero estar con Genni y compartir risas era más
satisfactorio de lo que nunca pensaba que podía ser. Pronto llamaron a la
puerta y un montón de desaliñados con olor a pachuli llegaron vestidos con
la ropa más actual. Habían llevado el término moda al siguiente nivel. Se
pasaron cervezas, al igual que hierba, vino y whiskey. No eran exactamente
mi tipo de persona, pero no era difícil entrar en su ambiente.
“¿Quién ha hecho ese repollo tan raro?” Preguntó un tío que llevaba
unos vaqueros rotos pintados con unas flores y un Jesús alienígena en una
cruz.
Yo me encogí de hombros mientras ayudaba a llevar la comida de la
cocina a la gran mesa del porche. Sentados sobre la barandilla, unas cuantas
sillas destartaladas y un largo columpio del porche, había un grupo de gente
poliamorosa abrazándose y besándose con camisas descaradamente
desabotonadas, camisetas sin sujetador, tops y vestidos veraniegos, todos
enredados entre sí como una masa de bohemios con rastas, tatuajes,
descalzos y de género fluido. Eran un unido grupo de neo-hippies, de eso no
había duda. Nunca me había considerado a mí mismo poco guay en ningún
aspecto, pero ahí, frente a esa pandilla, tuve que admitir que mi nivel de ser
guay bajó un poco.
Lo más divertido fue que ellos no tenían ni idea de quién era yo. Pensé
que era extraño viniendo de un grupo de músicos, pero resultó ser que el
grupo de cuerpos humanos con pelo, tatuajes y desnudez eran los amigos
artistas de Peyton, que habían llegado aquí en una minivan. Los amigos de
Genni estaban entrando por el largo camino de entrada con un Prius, un
Toyota Highlander y un Ford F-150 rojo. Por alguna razón, ver el desfile de
coches y la orquestación que había debido de ser necesaria para ponerlos en
movimiento a la vez hizo que me pusiera un poco nervioso. La verdad era
que no sabía por qué, pero esa era la gente de Genni y, por alguna razón,
sentí inseguridad.
“¿Me echarán?” Fui por detrás de ella y la agarré de la cintura.
Estaba claro el gesto que había hecho, y recibí algunas miradas curiosas
de los bohemios, pero como los unos estaban prácticamente aparcados en
las entrepiernas de los otros, fue una mirada de paso, sin juzgar. Asentí
hacia el desfile de coches y Genni giró su cabeza hacia mí y sonrió.
“Seguramente.” Me acarició la mano. “Si actúas tal y como eres.”
Después dijo esto con una sonrisa malvada. “Estos tíos van a reconocerte en
cuanto te vean. Espero que hayas traído tu pistola.”
“Oh, me la he dejado en el coche…” Aparcaron en el camino de entrada
y casi a la vez se abrieron las puertas, y tres hombres altos salieron del
Prius, lo cual me hizo ahogar una risa por como tres hombres tan altos
podían caber en un coche tan pequeño. Detrás de ellos, dos mujeres salieron
del Highlander y una mujer rubia y de grandes pechos salió del F-150.
Comenzaba la noche. Los tres hombres fueron directos a Genni y yo dejé
caer las manos, por si acaso. No iba a dejar que me intimidaran, pero
primero tenía que conseguir afianzarme.
“¡Genni, has vuelto de Nueva York!” Dijo el primer hombre, el más
alto, mientras caminaba hacia el porche.
Él ni se molestó en mirarme mientras cogía a Genni y le daba un abrazo
de oso gigante.
“¡Gen Z!” El hombre detrás de él grito mientras le daba puñetazos al
aire. “Ey,” me miró y dijo asintiendo, reconociéndome al instante.
“Bueno,” el primer hombre dejó de abrazarla. “¿Qué estáis haciendo
aquí?” Una mueca se formó en su cara y, durante un instante, vi que había
una historia, y me quemó por dentro. Pensaba que ella había dicho que no
había nadie destacado en su vida. Tenía que echarle cojones al asunto. No
iba a dejar que nadie se interpusiera entre nosotros.
“Estamos recogiendo unas cosas de Genni,” le dije.
“Puede que estemos recogiendo mis cosas,” añadió ella con una mirada.
“Pero ahora estamos aquí para pasar el rato con vosotros. Marlon, lo mejor
será que te pongas con esa barbacoa. Estoy muerta de hambre y no dejo de
pensar en un filete.” Genni dejó caer todo su peso contra esa mole de
hombre, y él se movió.
“Primero déjame coger una cerveza.” Se agachó y cogió la primera
cerveza que vio en la nevera.
Yo opté por el whisky, y después les seguí a la barbacoa. Ya me habían
presentado a los bohemios y estaban todos metidos en una animada
discusión sobre cuál era el verdadero color azul cerúleo y si era el mejor
color para iluminar las sombras en obras que expresaban la depresión.
Fuera lo que fuera lo que estuvieran fumando, yo quería un poco. Estaba
asquerosamente aburrido con los de la barbacoa.
Otro tío moderno se unió a nosotros y se puso a hablar con Marlon.
“Oye, estaba pensando que, para Feather on Fire, deberíamos cambiar el
tiempo y hacerlo más animado, bailable…”
“No, honky-tonk no,” protestó mi chica.
“Es verdad, que odias todo lo que sea antiguo,” tuvo la osadía de
quejarse.
¿Desde cuándo el honky-tonk era algo antiguo?
“Bueno, vamos a hablar de lo obvio, ¿no? Cash Coltrane está aquí.”
Todo el lugar se quedó en silencio; incluso los bohemios dejaron de discutir
sobre el color azul. “¿No querréis asustarle con el honky-tonk?” Respeto.
La adoraban. Acababa de presenciar cómo Genni se llevaba de calle a
su gente. Pensaba que era difícil hablar con ella, pero acababa de protestar
de forma atrevida sobre el honky-tonk, en Texas. Era un movimiento
valiente, pero estúpido.
“¿Por qué nos preocupamos por un productor musical importante y
poderoso? La última vez que me miré al espejo no llevaba dientes de oro ni
me llamaba Lil’ no sé qué, sino Gabriel,” dijo el tío en voz baja.
“Bueno, sí, he firmado con unos cuantos raperos. Le tengo un amor
personal al rap y Genni tiene razón, no me gusta mucho el honky-tonk, pero
me gustan los sonidos nuevos. Encontré a Genni en una fiesta. No estoy
diciendo que esté aquí para firmar con nadie aparte de Genni, pero deberíais
saber que está peleando bastante por vosotros. No os haría ningún daño
poner de vuestra parte y, ya que he dicho que no me gusta el honky-tonk,
quizás no deberíais tocarlo.” Me dejé llevar por el momento, pero me
gustaba que la gente se asustara un poco.
“Sí, claro. De todas formas, esta noche solo vamos a improvisar.
Estamos de barbacoa, esto es casa. Solo la familia cruza la valla,” dijo uno
de los tíos. “Esto no va de acuerdos discográficos. ¡Esta noche va de filetes
y cervezas!”
Hubo un rugido proveniente de los bohemios y de repente me sentí
superado por cantidad. Le di un trago a mi whisky y evité ponerme
cabizbajo. Creo que Genni se dio cuenta de mi angustia, porque me cogió
de la mano y me llevó a un par de sillas vacías que había al otro lado del
porche. Los bohemios empalagosos se habían derramado por el suelo, pero
ninguno de ellos se había alejado de los otros lo suficiente como para llegar
hasta el otro lado de la cubierta. Estábamos a salvo.
“A veces son un poco descarados,” dijo Genni mientras cogía un
puñado de uvas del buffet y se metía una en la boca.
“O mandones.” Tuve que decir.
“Bueno, tú mejor que nadie sabes qué es eso.” Me mandó una mirada de
madre y, de repente, supe que su talento con los niños sería estelar.
“Cierto, sé lo que es.” Estiré la mano y cogí unas cuantas de sus uvas.
En ese momento me di cuenta de que estaba muerto de hambre.
“¿Alguna vez hiciste quedadas antes de hacerte tan famoso como para
que nadie se pueda acercar a ti a menos de tres metros?” Estaba en modo
casual, se quitó los zapatos y plegó sus pies debajo de ella.
Era un híbrido, en parte bohemia, en parte mandona texana, en parte
jodidamente sexy.
“Bueno, supongo que nuestras fiestas eran algo distintas. Teníamos
alcohol y drogas, buena música, excentricidades de drogados y elecciones
de comida cuestionables, hasta que llegó el dinero. Hacíamos barbacoas en
el tejado o la escalera de incendios, pero la pizza barata del bar de la
esquina era normalmente nuestro menú, eso y unas cuantas bolsas de papas,
o alguna Oreo. En aquel entonces. Ahora, sí, todo es caviar y filet mignon.”
“Bueno, nosotros aún seguimos en aquel entonces. Tú solo sé simpático.
Eso no hará que piensen que te gustan. Solo conseguirá que la noche sea
más divertida.” Me dio el resto de las uvas. “Quiero de lo que te estás
tomando.” Miró hacia mi vaso de whisky ya casi vacío. “¿Quieres otra?”
“Sí, claro.” Estaba a punto de levantarme.
“Quieto, cowboy, deja que los nativos se acerquen a ti.” No estaba
seguro de a qué se refería, pero parecía un consejo sabio.
Y finalmente, los nativos se acercaron, y también los bohemios.
Sorprendentemente, nos lo pasamos bien. Me bebí unos cuantos vasos de
whisky y, en cuanto empezaron a servir la comida, la gente se desplegó.
Pese a que mi repollo estaba fatal cortado y era para reírse, muchos
comentaron el buen sabor que tenía. No tenía ninguna habilidad en la
cocina, apenas había cortado eso y dejado que Genni hiciera toda la magia.
No obstante, la combinación de mi corte y su preparación funcionó tal y
como ella dijo que haría. Nuestro plato fue un éxito. Eso sentaba bien.
“Le he añadido un poco de Cash, supongo que hacemos un buen
equipo,” es lo que contestó ella hacia el cumplido y a la pregunta de qué
había cambiado en la receta del repollo.
Era su primer paso a aceptar nuestro acuerdo, y estaba agradecido por
ello. Después, pasó del repollo a incluirme en otras partes de la
conversación, que iba de acá para allá, por ejemplo, sobre cómo estaba su
madre o si iba a seguir trabajando en el bar de mierda en el que era
camarera, ya que su fama era inminente. Tenía mucha curiosidad por
escuchar sus respuestas.
“Voy a dimitir mañana, pero solo porque estaré en Nueva York durante
una temporada, y ya veremos cómo va todo. Seguro que Bea me recontrata
si necesito un trabajo, siempre ha sido muy buena,” fue la respuesta de
Genni.
“Se va a jubilar pronto,” dijo uno de los tíos de la banda.
No estaba seguro de si la estaba desanimando a dimitir o dándole la
oportunidad de dejar de ser camarera. Yo optaba por la segunda. Genni
nunca más volvería a tener un trabajo vulgar.
“Sé que ella quería que me quedara con el sitio, pero yo tengo otros
planes. A ella le parece bien. Espero que se jubile, trabaja demasiado duro.”
Y ese fue el final de la conversación sobre el, dentro de nada, antiguo
trabajo de Genni.
Tras una buena comida, un montón de conversaciones y una fusión de
todos los grupos en la que se me incluyó sin esfuerzo alguno, Genni se
levantó y entró a la casa. Sus compañeros de la banda la siguieron como si
estuvieran magnéticamente conectados a ella y volvieron con instrumentos.
De forma casual, volvieron a sus asientos, pero con una guitarra, un
pequeño kit de tambores y un teclado eléctrico. Los amplificadores y esas
cosas estaban conectados y ajustaron el sonido al pequeño espacio del
porche. Pronto nos deleitaron con un concierto improvisado vibrante y
genial. Mientras que los dos hombres de su banda no eran el tipo de
músicos por los que daría todo por que firmaran, eran buenos y conocían
los gustos musicales de ella, y además comprendían su pulso artístico.
Normalmente usaba ese término para describir la firma musical o la voz de
una persona, era algo intrínseco al artista, y los tíos lo pillaban. Encajaban
bien juntos. Si de verdad quería pelear por ellos, tenía ese punto a su favor.
Al final, aunque en ese momento no lo supiera, ella sería la que tendría todo
el poder.
Capítulo 11
Genevieve
Nunca antes había visto a Cash verdaderamente incómodo, y no lo
conocía lo suficiente como para saber cómo hacer que se sintiera cómodo,
pero parecía totalmente fuera de su ambiente. Tenía que darle su
reconocimiento por haberse quedado. Les hizo frente a mis amigos y al
extraño grupo de artistas de Peyton, que siempre parecían seguirla. Ella
tenía este increíble grupo de amigos que eran muy cercanos y muy diversos,
no solo en color sino en identidad de género y orientación sexual. Si no
estás acostumbrado a estar en el entorno de Peyton, era mucha información
que absorber. Cash fue bastante simpático con los tíos y se sentó a
escucharnos tocar durante un par de horas. Otra banda tocó también y él fue
halagador con todo el mundo. Para cuando llegó la una de la madrugada,
todos estábamos bastante cansados, borrachos y llenos de música,
conversación y alcohol.
“La verdad es que me lo he pasado bien esta noche,” le dije mientras
todos limpiábamos.
“¿En serio?” Bromeó.
“Puedes ser mucho con lo que lidiar. Disfrutar de tu compañía es un
gran paso hacia delante, así que no me presiones,” me quejé.
A veces me preguntaba si era un buen movimiento de negocios frenar
tanto a Cash como lo hacía, pero lo cierto era que seguía sin sentirme
completamente cómoda con él.
“Oh, sé que no tengo que presionarte, cariño mío. Pero tengo que volver
a mi hotel y quiero saberlo. ¿Vas a volver conmigo a Nueva York mañana?
No puedo escaquearme más del trabajo y tú aún tienes una sesión de
grabación agendada para finales de semana. Ya hemos reservado el
estudio.”
El buen rato había terminado.
“Seis meses, ¿verdad? Me pagas el alquiler de este sitio y mi Airbnb o
donde sea que me quede en Nueva York, y yo no tengo que darte más que
seis meses. También necesito dinero para los gastos diarios, pero lo que te
estoy pidiendo es mucho más barato que veinte millones, así que deberías
aceptar la oferta mientras esté disponible.”
“La acepto.” Se acercó hacia mí mientras el resto se iba de la casa,
despidiéndose con tono de dormidos mientras los conductores designados
ponían los coches en marcha para llevar a nuestros amigos a sus casas.
Peyton ya se había escabullido a su habitación, quizás con uno de sus
habituales, y de repente solo estábamos Cash y yo en la cocina.
“¿Qué estás haciendo?” Le pregunté, retrocediendo hasta el fregadero
de la cocina.
“Los besos siguen incluidos en la oferta, ¿no?” Deslizó sus brazos por
mis lados y se movió de forma que su cuerpo presionó el mío. Su polla
estaba dura como una roca. Me pregunté cuánto rato llevaba lidiando con su
empalme.
“No estás en condiciones de besarme.” Miré hacia su erección y eché mi
cabeza hacia atrás, alejándola de él.
“Déjame que ese sea problema mío. Sabes que quieres besarme. He
escuchado cómo cantabas esta noche. Tu voz era pura sexualidad
descontrolada, y creo que era por mí.” No estaba equivocado.
Me había estado volviendo loca toda la noche. Estaba muy sexy vestido
de forma casual, con un par de vaqueros y una camisa de marca de manga
corta desabrochada lo suficiente para ver como la pendiente de su cuello y
garganta se encontraban con la parte superior de su pecho. Él tenía ese tipo
de piel bronceada y sedosa que te hacía querer tocarla. Probablemente se
había gastado una fortuna en el cuidado de su piel, pero estaba funcionando.
Todo lo que quería hacer era besar su cuello. Estaba siendo una estúpida al
resistirme a él cuando todo lo que quería hacer era rendirme.
“Tengo ese efecto en la gente,” mentí.
Él no me volvió a preguntar si podía besarme, simplemente se inclinó y
lo hizo. Debía de haber visto el deseo en mis ojos, porque yo me derretí en
él. Era como si nos estuviéramos comiendo vivos, estábamos muy
hambrientos el uno del otro.
“¿Puedo confiar en que te quedes a dormir conmigo sin hacer nada?”
Rompí el beso para preguntar.
“La pregunta es, ¿puedes confiar en ti misma?”
Agh, siempre así de capullo. “Puedes volver a tu hotel.”
Él acarició mi mejilla con su dedo y, sinceramente, era el movimiento
más cariñoso que había hecho nunca. Fue un momento de verdadero cariño
y adoración.
“Cogeré todo lo que me des. No hagas que esto sea demasiado fácil, la
mitad de la diversión está en la caza.” Me besó en los labios de forma
suave, así que lo cogí de la mano y lo llevé a mi habitación.
Me encantaba el estilo boho-chic, así que mi habitación era
monocromática, en blanco, gris y negro, pero también era femenina y
estilosa, con un suave toque de color aquí y allá. Estaba orgullosa de mi
estilo de decoración y tenía una cama cómoda, así que me sentí segura al
invitar a Cash a que se quedara a pasar la noche. Claro que él estaba
acostumbrado a las cosas más lujosas, pero mi dormitorio era acogedor.
“Muy bonito,” dijo cuando le di al interruptor y las luces iluminaron la
habitación.
Me quité la camisa y los vaqueros, quedándome en ropa interior. Estaba
realmente cansada y quería dormir, así que deshacerse de la ropa y entrar en
la cama parecía el movimiento más inteligente.
“¿Así que vamos a hacer esto?” Preguntó.
“Sí, a lo salvaje.” Me reí mientras me metía entre las sábanas y me
acurrucaba en la cama.
Cash, sin embargo, se tomó su tiempo. Comenzó a desabrocharse la
camisa como si estuviera en un anuncio de Calvin Klein e hizo lo mismo
con sus vaqueros, aunque no estaba siendo explícitamente sexy, solo lo
hacía lentamente. En cuanto tiró su camisa y su pantalón encima de mi silla
acolchada de terciopelo gris, lo vi en casi toda su gloria. Era de los hombres
que llevan bóxers, y su paquete estaba arponeando seriamente la tela.
“¿Te gusta lo que ves?” Me guiñó un ojo.
“Joder, ¿cómo narices mantienes todo eso oculto?”
“Tengo mis formas.”
“No me extraña que pienses tan poco, tu polla es como el 80% de tu
masa corporal.”
Eso hizo que se riera fuerte.
“Será por eso.” Cuidadosamente, se metió debajo de las sábanas, a mi
lado. “Tengo que decir que, dormir a tu lado y que ignores por completo mi
órgano favorito, puede ser todo un reto.”
No era una amenaza, lo cual agradecí, y no estaba realmente segura de
cuánto quería ignorarlo. Aún no estaba lista para llegar hasta el final, Cash
seguía siendo un monstruo, pero le estaba pidiendo mucho y era consciente
de ello.
“¿Qué tal si nos encontramos a medio camino? Hiciste un buen trabajo
haciéndome ver la luna la otra noche con solo esto.” Cogí su mano y
acaricié sus dedos con los míos. “Yo haré lo mismo por ti.” Le mandé una
gran y brillante sonrisa.
“No es mi forma favorita de liberarme, pero mientras me dejes hacer mi
magia de nuevo contigo esta noche, me parece bien si a ti te parece bien.
Ves, podemos llegar a acuerdos.” Se acomodó entre las sábanas de forma
que nos quedamos cara a cara, cada uno en una almohada.
En ese momento, eran casi las dos de la madrugada.
“Bueno, si accedo a irme contigo a Nueva York mañana, ¿cómo va a ser
todo?” De repente estaba tanto emocionada como nerviosa por lo que podía
tener por delante.
“Vas a trabajar como una mula. Tienes que conseguir un montón de
cosas en un periodo de tiempo muy corto, y lo demás… Supongo que lo
demás será como esto, solo que en restaurantes elegantes y fiestas
exclusivas en vez de en el porche y en conciertos-barbacoa. Las noches…
bueno, a veces simplemente hay que ver cómo se desenvuelve todo. Doy
por hecho que estás preocupada por que me convierta en lo que todo el
mundo piensa que soy una vez que mi polla consiga lo que está esperando.”
“Sí.”
“Una vez más, vas a tener que ver cómo se suceden las cosas. No soy un
buen hombre. Está bien que te mantengas firme. Ahora… en cuanto a esto.”
Se movió hacia mí y me empezó a besar de nuevo.
Estaba mucho más cómoda besándolo y olvidándome de todo lo que
tenía por delante de mí. De alguna forma, sentía que estaba bien besarlo.
Sus manos se movieron bajo mi sujetador deportivo y dejé que me lo
quitara. También le dejé que me pellizcara y acariciara los pezones hasta
que mi vagina se llenó de deseo. Esa pobre y desatendida parte de mí
hubiera hecho lo que hiciera falta por tomar su polla esa noche, pero mi
cerebro seguía sin quererlo. Estaba convencida de que en el sexo completo
tenía que haber amor.
Me besó en el cuello y detrás del lóbulo de mi oreja, y todo mi cuerpo
comenzó a arder de deseo. Me puse roja y estaba literalmente chorreando,
algo que él descubrió pronto, en cuanto sus dedos juguetones dejaron de
acariciar mis pezones y bajaron hasta mi coño. Su dedo corazón se deslizó
por mi resbaladizo núcleo y se detuvo, dejándolo ahí quieto.
“Al menos aquí hay alguien que sí que me desea,” me susurró de forma
sexy en el oído mientras movía su dedo dentro de mi vagina.
“Es una zorra…” Dije con voz ronca.
“Ojalá tú lo fueras,” dijo después de morderme el lóbulo de la oreja.
Y eso me volvió loca. Dejé que me desnudara por completo y mientras
tanto mi mano buceó en la parte frontal de sus calzoncillos, qué el
convenientemente se quitó rápidamente. Estábamos desnudos y
completamente húmedos y empalmados el uno por el otro. Acaricié su
polla, que era como de terciopelo suave sobre acero. Joder, debía de usar el
mismo tratamiento para la piel en su polla que en sus manos, cuello y cara.
“Tengo que decir que tienes la piel de tu polla muy suave.”
Él hundió su dedo dentro de mi coño y yo agarré su polla con más
fuerza.
“Puede que algún día pases de la primera base.”
“Y tú puede que me conviertas en un hombre honesto,” dijo antes de
añadir un segundo dedo y empezar a deslizarlos adentro y afuera
lentamente, ignorando mi hinchado clítoris.
Decidí aplicar la misma lentitud deliberada en él. Puede que no hubiera
llegado nunca hasta el final, pero había hecho pajas a tíos antes. Sabía cómo
llevar a un hombre a la sumisión. Me encantaba ver como finalmente se
derrumbaban y se volvían locos de deseo. Quizás por eso a Cash le gustaba
provocarme orgasmos. Era divertido ver como alguien se rendía al placer
que le producías. Suavemente, pasé mi pulgar por la punta de su polla
conforme se humedecía de líquido preseminal.
Él cogió aire y cerró los ojos, sacando los dedos de dentro mío.
“¿Por qué haces eso?” Le pregunté, de forma inocente, sabiendo
exactamente por qué.
Cash agarró mi mano. “¡Más fuerte!” gruñó. “¡Más rápido!” Él empezó
a bombearse a sí mismo en mi mano y yo la alejé para que dejara de follarse
mi mano.
“Ey, eso no es justo. ¡Lo estoy haciendo yo!” Le dije, dándole una
palmada al lateral de su mano infractora.
“¡Fóllame, Genni!” Él echó su cabeza hacia atrás, frustrado.
“Esta noche no, pero hay algo que puede que te guste.”
De repente, salté sobre él, pasando mis piernas por encima de su mitad.
Usé mi deslizante coño para llevar su polla hacia su tripa y la aguanté ahí,
dejando caer todo el peso de mi cuerpo sobre él. Él era un hombre fuerte, y
yo no pesaba demasiado, podía soportarlo.
“Me gusta esto,” gruño, apretando sus dientes.
“¿Sí?” Le pregunté mientras deslizaba mi húmedo coño a lo largo de su
polla, apretándola con fuerza.
Comencé a moverme hacia delante y hacia atrás, follándome su polla
sin tenerla dentro de mí. Estaba encima y sentía que tenía el control. No
estaba renunciando a nada, en vez de eso, estaba usando lo que tenía para
que los dos disfrutáramos. Cuanto más rápido iba yo, más jadeaba él. Sus
manos agarraron mis caderas y me llevó hacia él con más fuerza mientras
yo me movía más y más rápido hasta que le oí gritar. Y cualquiera que
quedara en la casa debió de escucharle también.
“¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!” gritaba mientras se encorvaba hacia mi cuerpo y
disparaba una pegajosa carga con tanta fuerza que caía en la parte superior
de su pecho.
Me bajé de él y terminé el trabajo con mi mano, bombeando y
apretando hasta que saqué toda gota que había en él. Incluso cuando
empezó a ablandarse, seguía siendo un hombre con un miembro gigante.
Me choqué los cinco a mí misma por no haberme enfrentado a la bestia…
pero había una parte de mí, una que no iba a ser capaz de negarse mucho
más, que quería todo de él más de lo que nunca antes lo había querido.
Cuando Cash finalmente recuperó su aliento, me miró. Yo seguía en
llamas, lista para mi gran momento, cuando él bajo su cuerpo lo justo para
susurrarme… “Eres mía.”
Capítulo 12
Cayden
Me tenía totalmente hechizado. Me corrí con tanta fuerza que vi la luna.
Cuando finalmente su cara se enfocó, ahí estaba, un ángel, la mujer más
guapa del mundo. Solo quería adorarla. Puede que mi reputación estuviera
en la cuerda floja, pero me daba igual. Estaba enganchado. Me tenía en la
palma de su mano. Sabía muy poco de ella, pero tenía seis meses para
cerrar el trato, y yo ya estaba listo para firmar…
“Joder, Genni,” dije sin aliento. “Joder. Eso ha sido increíble. Ahora.”
Llevé la mano entre sus piernas para encontrarla aún lista para cualquier
cosa que me permitiera hacer. “Quiero volverte tan loca como tú me acabas
de volver.”
Ella me besó. “Tengo juguetes.” La sonrisa diabólica de su cara me
llenó de placer travieso.
“Me gustan los juguetes.” Ella procedió a sacar una caja negra con un
conjunto picante de cosas guardadas en bolsas de terciopelo y cajas largas y
finas. “¿Qué tenemos por aquí para jugar?”
De repente, todo esto era increíblemente divertido.
“Este es mi favorito.” Sacó una bolsa de terciopelo negro y dentro de
ella había un consolador electrónico con un exterior suave y diseñado de
forma que pareciera una larga polla. Estaba impresionado por la maestría
del objeto y era suave, invitaba al tacto. Quizás no era tan bonito como uno
real, pero era muy tentador. “Ten,” lo cogió y tocó uno de los muchos
pequeños botones brillantes que había en la base de la cosa, donde también
había un largo e inclinado mango. “Esto es increíble. Algún día deberías
dejarme que te lo metiera.”
“Oh no, a mí no. No me van esas cosas. El agujero de mi culo solo
opera en una dirección y es hacia afuera, para adentro no va nada.” Moví mi
dedo hacia ella en protesta.
Ella se rio de mí. “Vale, tú estás respetando mis límites, así que yo haré
lo mismo. Bueno, si presionas esto, se calienta.” Sentí como el dispositivo
se calentaba. “Pero si lo vuelves a presionar…” Lo hizo, y de repente, la
cosa cobró vida.
Había visto consoladores penetradores en acción, Allie también tenía
una buena colección, pero nunca los habíamos usado porque, ¿por qué lo
hubiéramos hecho? Ya nos teníamos a mí. Esta, no obstante, era una
situación distinta.
“Esto parece divertido,” comenté, y de verdad que lo parecía, pero no
tan divertido como yo podría serlo.
“Lo es… mucho…” Se tumbó en la cama y abrió sus piernas mientras
me acariciaba el brazo. “¿Por qué no te diviertes un poco?”
Tragué saliva, era tan jodidamente erótica la idea de poder usar eso de
cualquier forma que quisiera con ella en ese sitio al que me había prohibido
ir.
“¿En serio?” Toqué la polla vibradora loca.
“Tiene unos cuantos botones y hace cosas distintas. Juega un poco con
él.”
Ese fue todo el permiso que necesité. Me moví hacia su precioso
cuerpo, que era esbelto y fuerte, y muy perfecto. Sus pechos eran pequeños
y turgentes, su estómago plano y musculoso, sus piernas largas y esbeltas,
pero con un poco de carne cerca de su culo, donde más sexis eran. Era una
obra de arte. Me volví a empalmar solo de verla ahí tumbada desnuda con
sus piernas bien abiertas, esperando a que le diera placer como a una reina.
La besé en sus suaves labios y jugué con el aparato, pasándolo por su tripa
hasta que se rio. Lo llevé por sus pechos perfectos mientras la besaba en el
cuello y en la garganta, trazando con mi boca el camino hacia sus tetas.
Cogí cada uno de sus pezones y los chupé con fuerza, mordiéndola de vez
en cuando mientras pasaba el vibrador por su clítoris y entre sus piernas,
provocándola, haciéndole tener tantas ganas de él como yo tenía de ella.
Solo jugar con ella me estaba haciendo estremecerme de deseo, pero me
tragué mi necesidad mientras llevaba el dispositivo entre sus piernas,
temblando con anticipación al momento en el que la penetraría con ello.
Mientras la excitaba, ella me acariciaba la espalda y me animaba a
continuar con sus pequeños gemidos y respiración acelerada. Fue todo lo
que necesité para colocar el disparatado artilugio abajo y prepararlo para
meterlo con mis dedos. Jugué con su precioso coño, ya que prefería tocarla
y verla reaccionar a mi habilidad experta para encender a una mujer.
Cuando estuvo al borde de su orgasmo, me detuve, y sus ojos se abrieron,
mirándome, suplicantes. Tenía toda la intención de llevarla hasta el final del
éxtasis, pero quería que me suplicara por ello. Quería escucharla decir que
me deseaba.
“Te daré lo que quieres, cariño mío, pero tú también tienes que darme
algo,” le expliqué mientras encendía el consolador y lo movía
juguetonamente en el aire.
“¿El qué?” dijo sin aire por la anticipación a lo que iba a pasar.
“Tienes que suplicar…” Entonces moví el aparato suavemente por su
clítoris y ella se movió hacia delante, involuntariamente.
“Cash,” imploró, susurrando.
“Necesito algo más,” le dije mientras lo volvía a pasar por su sensible
piel.
“Por favor.” Me agarró del brazo, casi suplicando, estaba cerca, pero…
“¡Ven mañana a Nueva York conmigo!” Decidí aprovechar para decirle
también.
“Por favor. Tú… por favor.”
“Ven a Nueva York conmigo y me encargaré bien de ti.” Acerqué el
artilugio a la entrada de su vagina, solo lo suficiente, pero no del todo.
“Vale, vale,” me concedió, y entonces la premié con una suave
embestida de mi mano y la cosa que tenía en ella.
Cuando entró dentro de ella, ella se arqueó, y la vista era tan erótica que
mi polla se disparó hacia delante, queriendo estar en el momento. Bueno,
quería estar en más que en el momento, pero me lo estaba pasando bien.
Empecé a jugar con las velocidades y ajustes que el aparato tenía mientras
suavemente lo metía y lo sacaba de ella, hasta que apretó su mandíbula, y
supe qué venía después. Me incliné y reclamé su boca mientras ella gritaba
por un intenso orgasmo. Me encantaba que estuviera temblando y
jadeando… Y definitivamente, despertando al resto de la casa. Presioné esa
cosa tan lejos como pude mientras ella se estremecía y sacudía en torno a
ella.
Después de esa tormenta, no había ninguna duda de lo que habíamos
hecho. Ella estaba totalmente follada, solo que no por mi polla. Sin
embargo, era extrañamente satisfactorio verla ahí tumbada sonrojada y
cubierta por un brillo de sudor.
“¿Te ha gustado eso?” Le pregunté, burlándome un poco.
“Dios mío,” dijo sin aire, y supuse que eso era un “sí”.
“Genial.” La besé en la mejilla mientras volvía a la vida y lentamente
saqué el aparato de ella y lo dejé sobre la mesita de noche.
Era tarde y los dos estábamos cansados, aunque yo estaba mucho menos
cansado y ahora tenía que lidiar con el problema de mi polla bien dura. No
iba a pedirle que me ayudara con ello, se la veía bastante agotada mientras
se giraba hacia mí y simplemente resplandecía.
“Gracias.” Su sonrisa era el cielo.
La atraje hacia mí y la besé de nuevo, con mi erección presionada entre
nuestras tripas.
“Ha sido raro, pero también divertido.” Estaba siendo sincero.
“Por lo que veo, te ha gustado.” Ahí estaba ese brillo malvado en sus
ojos.
“Sí, bueno. Lo ha hecho.” Intenté tener una conversación trivial, pero
sinceramente, era bastante difícil.
“Y ahora, ¿qué hacemos con eso?” Miró hacia mi polla y se chupó el
labio.
“Sí, esto.” Pasé mi polla por su piel.
Sin pensárselo demasiado, me la cogió con su mano y pasó sus dedos
suavemente arriba y abajo mientras su otra mano cogía mis pelotas. Sentaba
bien, pero no me estaba ayudando demasiado. Entonces ella rodó a su sitio
de la cama y sacó algo que olía de maravilla, se echó en las manos y a mí, y
empezó a bombearla con más fuerza mientras se acercaba a mí y me
empezaba a besar.
“¿Qué es eso?” Le pregunté en voz baja, tocando su mano.
“Aceite CBD. Es para calmarte un poco.” Mientras me tocaba y jugaba
conmigo, sentía la sensación de deseo con un hormigueo mágico. “Te
correrás suavemente y, después, dormiremos.”
Sí que hizo que me corriera, con sus besos y su trabajo experto con la
mano, y yo disparé como un cohete, no fue demasiado suave, pero ya sabía
que no lo sería. Genni me tenía en llamas. No obstante, me sentí muy
somnoliento después de haber alcanzado ese orgasmo.
“Estamos hechos un desastre,” dije de forma sexy en su oído después de
haber explotado en su mano.
“Sí.” Se levantó de la cama y fue al baño adyacente.
“¿Se supone que tengo que seguirte?” No estaba seguro.
“Un momento.”
Oí el agua de la bañera caer y de repente me pregunté cómo íbamos a
encajar los dos en su pequeña bañera, pero pronto vi que nos las podíamos
arreglar si ella se sentaba en un lado con sus piernas sobre mí y yo me
sentaba en el otro con mis piernas sobre ella. Yo estaba acostumbrado a
bañeras del tamaño de una piscina, pero esto era íntimo y divertido.
Simplemente, dejamos que el agua se arremolinara entre nosotros. El agua
estaba caliente y olía a lavanda, e inmediatamente me sentí relajado. De
hecho, aunque Genni y yo habíamos jugado bastante fuerte esa noche, dejar
fuera del acuerdo el sexo penetrativo nos liberó a los dos. Habíamos
alcanzado el éxtasis, pero no teníamos esa carga que llega después. Cuando
terminamos, nos secamos con unas grandes toallas rosas de rizo, nos fuimos
a la cama desnudos… y nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente, me desperté con ella echa un ovillo sobre mi
pecho, pegada a mi cuerpo. Tenía que mear, pero no me atrevía a moverme.
Así que me quedé ahí, quieto, necesitando mear, y la miré mientras dormía.
Me quedé mirándola tanto rato como pude, pero finalmente mi vejiga
necesitaba vaciarse.
“Lo siento,” le dije, intentando no empujarla. “La naturaleza me llama.”
Me deslicé de debajo de ella y me dirigí al baño con el fresco aire de la
mañana. No tenía ni idea de qué hora era, así que cuando volví al
dormitorio busqué mi móvil y mi ropa y vi que ya eran casi las nueve de la
mañana. Tenía un vuelo privado previsto para las doce, así que era hora de
despertar a la bella durmiente y hacer que se pusiera en marcha.
“Ey, preciosa. Tenemos que recoger tus cosas y prepararnos para irnos,
tenemos un vuelo a Nueva York en tres horas.”
Delicadamente, tiré de las sábanas y ella protestó un poco, pero después
buscó a tientas su móvil, lo encontró, gruñó y salió de la cama. No me dijo
nada al pasar por delante de mí para ir al baño, así que yo simplemente me
vestí.
Ella asomó su cabeza por la puerta del baño y me miró.
“Entonces, ¿vamos a hacer esto de verdad?” Me preguntó, apoyándose
contra el marco de la puerta desnuda y sexy.
“Sí. Te ayudaré a hacer las maletas. Y…” Cogí el vibrador de la mesita
de noche de mi lado de la cama. “Esto también lo cogemos. Fue divertido.”
Ella puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza mientras iba hacia un
cajón que había en el centro de la habitación, lo abría, sacaba unas bragas,
unos vaqueros y un sujetador, y sin decir nada se los ponía. Después pasó
por delante de mí, casi totalmente vestida, abrió su armario y cogió una
blusa floral que era jodidamente sexy.
“Vale, pues mm… coge esa maleta y empieza a sacar cosas y meterlas
ahí. Yo cogeré mis productos de aseo, electrónica y demás cosas de los
cajones. Hay que limpiar esto.” Asintió hacia el vibrador y yo hice lo que
había ordenado. Mientras estaba en el baño, le oí que preguntaba, “¿cuántas
maletas puedo llevar?”
“Todas las que tú quieras, es un avión privado. Le pediré a Kevin que
haga el check-out de mi habitación en el hotel.”
“¿Kevin está aquí?”
Se me había olvidado que posiblemente ella ya hubiera conocido a
Kevin. Era mi conductor y mi asistente, pero más importante aún, era una
especie de amigo. Me cubría las espaldas. Era un hombre de pocas palabras,
y no tenía que estresarme por que él dijera demasiado sobre mis idas y
venidas, aunque a él tampoco le importaban, o al menos tenía la decencia de
no inmiscuirse. Tenía planeado hacerle mi socio de negocios, pero me
estaba llevando un tiempo conseguir que el abogado estuviera todo lo libre
posible para trabajar en el papeleo de su cambio de estatus.
“No, está en Nueva York, pero puede hacer que recojan mis cosas y las
lleven al aeropuerto. Solo llevo una mochila de noche. Como me trajo aquí
un conductor… No te preocupes. Céntrate en empaquetar todo.”
Así que escogí cosas que me gustaban de su pequeño armario, sabiendo
que le compraría todo un nuevo conjunto de prendas de ropa, cosas de
diseñador, cosas que ella tendría que ser vista llevando, y ella recogió sus
cachivaches y los metió en su maleta. En aproximadamente una hora ya
habíamos recogido sus cosas y estábamos listos para irnos. Tuvo una
despedida llena de lágrimas con Peyton que fue un poco dura de presenciar,
pero me esforcé en no dejarme arrastrar por sus profundas emociones.
“Voy a escribirte todos los días,” le prometió Genni a Peyton mientras la
besaba en la mejilla.
“Y yo iré a visitarte,” Peyton se estaba aguantando las lágrimas. “Dios,
todo esto está pasando muy rápido.”
“Lo sé.” Genni parecía totalmente perdida. “Te prometo que seguiré
pagando el alquiler. Tendrás toda la casa para ti sola.”
Peyton miró hacia el suelo. “No la quiero toda para mí sola.”
Agh, la escena fue una tortura.
“Volveré, te lo prometo.”
No, no volvería, pero no era el momento o el lugar adecuado para
mencionar eso, así que dejé que se despidieran.
“Sin duda arreglaremos todo para que vengas de visita,” le aseguré a
Peyton, y no estaba mintiendo. Era divertida y tenía un grupo de amigos
ligones e interesantes. Los invitaría a todos a Nueva York en algún
momento.
Por mucho que quisiera dejar a Genni sentarse y beberse su dolor,
teníamos que coger el avión, así que la arrastré hacia el coche que nos
estaba esperando. El conductor colocó sus maletas en el maletero y nos
fuimos.
“No me puedo creer que esté haciendo esto,” dijo para sí misma.
“Me alegro de que lo estés haciendo. Tú solo piensa en esto como el
principio de una gran aventura.”
Me lanzó una mirada irónica llena de dolor y, por alguna razón, me hizo
tener más ganas de complacerla. De repente, todo lo que quería era que
fuera feliz.
Capítulo 13
Genevieve
¿Sabes cuando estás en un sueño y estás desnuda y saltas de un avión y
flotas hasta que te mueres? Pues ese sueño… yo lo estaba viviendo. Al
menos eso es lo que pensaba que estaba haciendo sentada ahí, con un vodka
con Seven Up en un avión privado volando hacia una muerte segura.
Acabábamos de pasar una noche juntos increíble, aunque era reacia a
admitirlo. Él era un ególatra, pero si era sincera, había sido muy bueno, o al
menos más bueno de lo que esperaba que fuera.
“Pronto llegaremos a Nueva York,” dijo después de haber visto juntos
La Purga.
Era una película jodidamente espeluznante que iba de un mundo en el
que no había normas y la gente se volvía majara. Era una película de miedo,
pero nos dio a Cash y a mí algo que hacer que no fuera… bueno, lo que
habíamos hecho la noche de antes. Me estaba sintiendo extrañamente bien
respecto a todo, aunque probablemente no debiera sentirme así.
“Vale,”
“Y tengo bastante hambre. La comida de avión, incluso en mi avión
privado, te deja con ganas de más. ¿Qué te parece si dejamos tus cosas en el
hotel y salimos a cenar? Conozco un sitio espectacular. Después te dejaré
un rato para que puedas estar a tu aire.”
Estaba bien que fuera consciente de que necesitaba un poco de espacio
para recobrar fuerzas.
“Vale, me parece bien. Mm, entonces, ¿voy a alojarme en un hotel
durante seis meses?” No tenía ni idea de dónde me iba a quedar, en realidad
Cash y yo no habíamos hablado de los detalles.
“Te quedarás en un hotel hasta que pueda terminar las reformas de tu
apartamento. Soy el dueño de un edificio y hay un apartamento libre, pero
el inquilino se acaba de ir, así que necesita una remodelación completa.”
“Quieres decir que has echado a tu inquilino hoy.” De repente, me
estaba cabreando mucho.
“No, en realidad son una simpática familia con un rottweiler gigante y
un hijo de tres años, y pronto tendrán gemelos, por lo que el apartamento de
un dormitorio ya no les es apropiado. Se han alineado los astros, se
mudaron la semana pasada.”
No tenía forma de saber si esa era la verdad o no, y la idea de vivir tan
cerca de él me daba escalofríos, pero me dije a mí misma que podía hacer lo
que fuera durante seis meses, así que me pareció bien. Me había
comprometido a la aventura, así que me motivé mentalmente.
“Vale. Tú mandas. Quiero decir, tú mandas en esto.” Lo cierto era que
no quería darle todo el poder.
Pensé que quizás me soltaría una respuesta sarcástica, pero lo único que
hizo fue quedarse mirándome. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y de
repente quería volver a besarlo, pero me contuve mientras el avión se movía
hacia un lado y el piloto nos decía que nos abrocháramos los cinturones y
nos preparáramos para el aterrizaje. Tanto si estaba lista como si no lo
estaba, era el momento.
Aterrizamos y Cash me llevó al hotel solo el tiempo suficiente para
ponerme algo apropiado para la cena. Él ya llevaba puesto lo que los
productores de música suelen llevar: unos vaqueros de marca, una camisa
cara y unos zapatos, y en cuanto me vestí, me sacó de allí. Me tomé un
momento para maravillarme ante la cantidad de gente sin nombre que tenía
empleada. En parte me sentía mal por ellos.
“Veo que tienes muchos empleados,” le comenté.
“Tengo que contar con mucha gente porque, normalmente, estoy
jodidamente ocupado. Estos dos últimos días han sido un buen descanso
para mí. Pasar tiempo contigo, conocer más sobre ti, ha estado bien.
Contrato a mucha gente y les pago bien, así que no tienes de qué
preocuparte,” dijo como consolándome.
“No estoy preocupada, es solo que parece que ni siquiera conoces sus
nombres,” reculé un poco.
“No tengo por qué hacerlo.” Sí, seguía siendo un capullo.
Llegamos al restaurante y nos condujeron a una mesa al fondo. De
nuevo, todo el mundo conocía su nombre, pero a él no le importaban los
suyos. Ni siquiera era educado, y me di cuenta de que, en su propio hábitat,
seguía siendo un cretino.
“¿Por qué no tratas a la gente que te ayuda con respeto y amabilidad?
Quizás conseguirías más de ellos si actuaras como si te importaran,” dije
mientras él sacaba mi silla para que yo me sentara.
De nuevo, él solo se me quedó mirando, y yo hice lo mismo.
“No tengo muy buena memoria,” me confesó finalmente después de
mirarme durante unos segundos más de lo que sería cómodo. “Es un defecto
que tengo. Así que…”
“Etiquetas identificativas. Quizás deberías hacer que todo el mundo
llevara elegantes etiquetas identificativas.” Abrí el menú para mirar qué
había, pero sobre todo para bloquear su intensidad.
“¿Harán que te sientas mejor las etiquetas identificativas?” Estiró la
mano y echó mi menú hacia delante para poder ver mi cara.
“Sí.” Me senté recta y me quedé mirándolo.
“Entonces pediré que las lleven.”
Y ese fue el final de la conversación. Decidí esperar a ver si era cierto o
no que iba a hacer eso. Era una prueba. Si lo hacía, consideraría pasar más
tiempo con él, si no, entonces probablemente estaría de vuelta en Texas
cuando el experimento de seis meses terminara.
“Gracias,” volví a centrarme en el menú. “Bueno, ¿qué me
recomiendas?”
“Me encanta la langosta al tomillo fresco y salsa de mantequilla con
mouse de ajo, el pato también está muy bueno, y la pasta de trufa. En
realidad, todo está delicioso. Si quieres, podemos pedir unos cuantos platos
y los compartimos. Así puedes probar varias cosas.” Me sonrió de forma
cálida, como si estar juntos fuera suficientemente divertido para él.
Quizás incluso le gustaba la idea de que compartiéramos la comida, así
podría llevar mis papilas gustativas a un viaje sinigual. Terminamos
pidiendo tres platos y, sinceramente, nunca en toda mi vida había comido
así de bien.
“Esta es la mejor comida que he probado nunca.” Sabía que estaba muy
efusiva, pero me daba igual.
“Es jodidamente buena, totalmente cierto,” se jactó, pero tenía derecho
a hacerlo, había sido su idea, así que estaba presumiendo.
“Si como así todas las noches voy a ponerme tan grande como tu casa.
Y a mí no me importa, porque me gusta comer,” dije como en una especie
de advertencia.
“También vamos a entrenar, todo en equilibrio,” me mandó una mirada
despectiva.
“Correr no. No me gusta correr. Haré yoga, pilates, bicicleta, pero
levantar pesas o correr no, no es lo mío.” Me mantuve firme.
“De acuerdo. De todas formas, no puedo correr en Nueva York, se
echarían encima de mí. Yo voy al gimnasio, pero tienen un estudio de yoga,
yo iré por mi lado y tú por el tuyo. No hay problema.”
“¿En serio vamos a estar juntos tanto?” De alguna manera, temía pasar
mucho tiempo con él.
“Y tanto, tenemos que ser vistos como una pareja. No te preocupes,
amor, seguro que al final te acostumbras a mí.”
“¿Voy a tener algo de tiempo para mí misma?” De repente, me preocupé
por que mis seis meses fueran a ser como sus otras relaciones, con los
paparazzi pegados al cogote y los movimientos de publicidad a cada paso.
“No estás aquí para tener tiempo para ti misma.”
Durante el resto de la noche, hablamos de las tendencias en la música,
de qué cantaría, qué me encantaría cantar, y mantuvimos la conversación
centrada en cosas simples, cosas que no me hicieran sentir que me estaban
arrebatando mi vida. Creo que Cash podía sentir que me estaba empezando
a preocupar, así que mantuvo la conversación ligera. Al final de la noche, le
di las gracias por la cena, cogimos un coche hasta mi hotel y nos quedamos
en la puerta de mi habitación.
“Me alegro de que te lo hayas pasado bien esta noche, y ves, ni siquiera
te he pedido que vengas a mi casa. Eso me convierte en un tío bastante
genial.” Sinceramente, esperaba que estuviera de coña.
“Bueno, el listón está bastante bajo si traerme a casa es el distintivo de
ser un hombre genial. ¿Qué hay de mañana? ¿Qué quieres que haga para
que parezca que estoy saliendo contigo?” No habíamos hablado sobre ello,
ya era momento de que lo hiciéramos.
“Bueno, ya sabes, tú actúa como si hubiéramos vuelto a mi casa para
tener sexo. Me refiero a que actúes como si estuvieras enamorada de mí.
Simplemente sé tú. Yo me ocuparé del resto. Solo hemos empezado a
‘salir’. Las cosas no deberían ser aún demasiado intensas.”
“Vale.”
Me sentí aliviada por que no tuviéramos que estar ya a tope, pero ‘ser
aún demasiado intensas’ era una frase que me asustaba un poco. ¿Cómo
sería ser intensos con Cash?
A la mañana siguiente, Cash me mandó un coche para que fuera al
estudio, y yo me puse ropa casual, lista para ponerme manos a la obra. Me
encontré con Joe y empezamos de inmediato. Tuvimos un largo día y Joe
pidió comida. Aparte de que me escribió para preguntarme si había dormido
bien, no vi a Cash ni oí de él en todo el día. Di por hecho que estaba
ocupado poniéndose al día con el trabajo, y yo estaba muy centrada en
aprenderme las canciones nuevas y trabajar con los miembros de la banda
que, francamente, eran peores que los míos, así que se me pasó el tiempo
volando.
Hice un compromiso conmigo misma, asegurarme de convencer a Cash
de firmar con mi banda en cuanto probara que mi opinión importaba.
Encajábamos mejor, y sabía que, pese a lo talentosos que eran los nuevos
miembros de la banda, solo eran músicos contratados, no sentían el mismo
amor y pasión que mis tíos. Sabía por qué Cash no los quería por aquí,
competirían por mi tiempo y mi atención, pero ya sabía lo que era tener
citas con ellos, y decidimos que era mejor seguir como amigos y nada más.
Salí con ambos alrededor de una semana o dos, y fue un desastre total. Al
menos tenemos algo de lo que reírnos cuando seamos viejos.
Después de trabajar duro todo el día, estaba hambrienta y cansada, y de
un humor aletargado. Cash vino a recogerme, me quedé sorprendida y un
poco enfadada, ya que solo quería darme un baño caliente y tomarme un
gran plato de crema de brócoli; algo rico y sustancial.
“¿Cómo ha ido?” Me preguntó mientras caminaba de forma jovial.
“Genial, pero estoy muy cansada. ¿Podemos empezar a “salir” mañana?
Solo quiero darme un baño caliente, comer algo bueno, ver algún programa
en la tele e irme a la cama.” Y nada más…
“Suena genial.”
Me animé a preguntar, “entonces, ¿vas a dejarme irme a casa?”
Él se rio en mi cara, esa nunca era una buena señal.
“No.”
“Jo, venga, Cash. Te prometo que mañana saldré contigo. Solo necesito
un poco de tiempo para mí.”
“Creo que el ‘tiempo para ti’ es muy importante. Así que sí. Ten tiempo
para ti misma.”
“Muchas gracias.” Una sonrisa apareció en mi cara y lo besé en la
mejilla. Después bajé las escaleras hacia el coche que nos estaba esperando
en la calle.
Él me siguió. Di por hecho que solo era para conseguir una despedida
adecuada y quizás un mejor beso, ya que el mío había sido bastante escueto.
Pero, conforme me giré para darle un pico en los labios, él me abrió la
puerta del coche, haciéndome la cobra. Pensé, bueno, va a jugar al gato y al
ratón. Sabía que podía ganarle, así que me metí en el coche después de que
él me abriera la puerta.
“Bueno, Cash, gracias de nuevo. Te veo mañana.” Me despedí de él con
la mano y entonces él se metió en el asiento de mi lado. “Em, ¿qué estás
haciendo?”
“Em, meterme en el coche,” dijo, imitando mi tono.
“¿Por qué?” Me quedé mirándolo.
“Porque vamos a por algo para que comas, y después vamos a volver al
hotel para tener un poco de ‘tiempo para ti’.”
“Sabes que tener tiempo para mí significa tiempo solo conmigo y no
contigo, ¿verdad?” Crucé mis brazos y resoplé como un niño mimado.
“Tradicionalmente, sí. Pero como tú y yo estamos saliendo y nos
encanta pasar tiempo juntos, ‘tiempo para mí’ también me va a incluir a
‘mí’.”
Agh, sabía que tenía que haber una trampa. Simplemente cerré los ojos
mientras el conductor ponía el coche en marcha.
“Llévanos a Le Bon Reve,” le dijo al conductor mientras él asentía y
cerraba la separación.
“Solo quiero un bol grande de sopa de brócoli y una copa de vino,
después quiero estar desnuda y darme un baño caliente. Nada de eso tiene
por qué incluirte.” Estaba en plan quejica, pero me daba igual.
“El Bon Reve tiene sopa de brócoli y cheddar, así que bien.”
Y eso fue todo, no iba a dejar que me librara de él.
Capítulo 14
Cayden
Sabía que no me quería a su lado, pero me daba igual. No la quería tener
fuera de mi vista. En cuanto había vuelto a la oficina, la gente ya había
empezado a hablar. ¿Quién era la chica sexy que había en el estudio? ¿Por
qué había vuelto con ella en mi avión privado? Parecía que el consenso
general en la oficina era que les gustaba. No me entretuve en escucharlos,
pero tenía oídos en las paredes, y ellos me mandaban por email los chismes
que escuchaban. Tenía que saber dónde me encontraba en el juego, así que
le mandé un mensaje a mi segunda asistente, Anne Marie.
Genni, una artista nueva, está grabando en el estudio con Joe. Asegúrate
de que tenga todo lo que le haga falta. Además, haz que se sienta
bienvenida. Es muy especial para mí.
‘Especial para mí’ era nuestro código para decir MÍA, lo cual
significaba que se tenía que asegurar de que nadie más se acercara a ella
mientras yo no estuviera cerca.
Entendido, jefe. Se comenta que es muy guapa, así que me he asegurado
de que la gente sepa que ya está cogida. Parece una buena chica, para nada
de tu tipo.
Me encantaba lo mordaz que era Anne Marie. Era joven, probablemente
tendría la misma edad que Genni, y una vez pensé en salir con ella, estaba
claro que era lo suficientemente guapa y valiente. A menudo salía en
defensa mía, pero, al final, mi polla no estaba interesada. No sentía nada
cuando estaba cerca. Ni siquiera fantasear con ella desnuda me provocó
nada, así que Anne Marie esquivó la bala del romance de oficina entre jefe
y asistente. Ella tampoco tenía mucho interés en salir conmigo, lo cual hizo
que nuestra relación platónica fuera muy divertida.
Decidí jugar un poco con Anne Marie ya que mi pobre e ignorada polla
estaba jodidamente dolorida por Genni. Tenía que distraerme. De ninguna
de las maneras iba a dejar que Genni se escapara de mi vista esa noche. Si
tenía que prepararme para otro viaje con su varita mágica, lo haría, pero
necesitaba meterme en la cama con esa mujer, estaba desesperado.
¿Y por qué una chica buena no es mi tipo? Cuidado con lo que dices –
soy el que firma tus cheques.
Porque a ti te gusta mancharte las manos.
Oh, eso era muy diplomático por parte de mi asistente, por decirlo
finamente.
Más tarde, sentado con Genni, no se la veía muy impresionada con mis
planes. Eso escocía un poco, pero tenía planeado ser el hombre más
encantador de Estados Unidos. Me iba a ganar a esa mujer aunque eso me
matara.
“Lo que estoy diciendo es que no quiero ir a un sitio elegante,” suspiró
mientras salíamos del coche.
“Oh, ¿qué tienes en contra del Brócoli au Fromage? Venga, no es para
tanto, vamos a ver a unos cuantos amigos míos y después te llevaré a casa
para que te des ese baño.”
“No…” lloriqueó mientras yo entrelazaba mi brazo al suyo y la
arrastraba dentro del restaurante.
Íbamos a vernos con otra pareja rockera. Eran clientes míos, Mark y
Magenta, eran estrellas del rock y unas personas muy divertidas. La cena ya
estaba organizada, pero no iba a dejar que Genni se escabullera esa noche.
Nos divertimos pese al hecho de que sabía que ella no quería estar ahí. Ella
y Magenta estuvieron hablando de música, estuvieron en su propio mundo,
dejándonos a Mark y a mí que habláramos de negocios y nos
maravilláramos ante lo rápido que las dos mujeres habían hecho amistad.
Estaba un poco preocupado por que Genni y Magenta se volvieran
demasiado cercanas. No necesitaba a nadie que potencialmente pudiera ser
reclutado en su bando.
Conocía a Mark y a Magenta desde hacía años. Conocí a Mark cuando
él estaba empezando, intentando salir de las calles. Teníamos un pasado
parecido, y era una persona que gustaba fácilmente. Él conoció a Magenta
mientras estaba en el estudio, ella era una de las cantantes acompañantes y
tanto él como yo nos dimos cuenta bastante rápido de que su voz era
demasiado buena como para ser una simple acompañante. En cuanto
empezaron a cantar juntos, se enamoraron. Era una historia romántica y me
alegré de que Magenta se la contara a Genni cuando ella preguntó que cómo
se habían conocido.
Los dos estaban podridos de dinero y eran dos de mis artistas más
exitosos. Debido a esto, los llevaba a cenar de vez en cuando para ponernos
al día y mostrar mi reconocimiento. Me daba igual la retribución que yo
recibiera por la venta de los discos, estábamos todos hasta arriba de dinero.
Por alguna razón, hablar de dinero hizo que Genni se quedara callada, así
que tomé nota de preguntarle después al respecto.
La cena fue agradable, y estábamos en el coche de vuelta a su hotel
cuando me miró con ojos de rendición.
“Eso ha estado bien, no me lo esperaba. Pero de verdad que quiero
darme un baño y no quiero que tú estés ahí.”
“La reforma de tu apartamento habrá terminado la semana que viene.
No puedo esperar tanto para verte desnuda, lo siento.” Pensé que la
sinceridad era la mejor política.
“Pensaba que sólo estábamos ‘saliendo’,” comentó usando comillas en
el aire.
“Hemos estado juntos desnudos; ya he llegado a esa base. La verdad es
que no quiero ir hacia atrás.” Puse una cara que hizo que se riera, eso
sentaba bien.
“Sube y tómate una copa. Me mostraré antes de meterme a la bañera.
¿Hay trato?”
Me había dicho que subiera a la habitación de su hotel, así que sí, había
trato.
“Me parece bien.” Me sorprendió que me dejara acercarme tanto a ella,
pero quisiera o no quisiera admitirlo, nos lo estábamos pasando bien.
Pidió una botella de vino que nos bebimos en el balcón mientras
disfrutábamos de las vistas a la ciudad que tenía su suite ridículamente cara.
“Todo esto parece de cuento de hadas,” admitió después de beberse una
copa y media de vino.
“Lo es, solo que yo no soy el villano.”
“¿No lo eres?” Su expresión era de sorpresa.
“No, soy el apuesto príncipe que te convierte en reina con un beso de
amor verdadero.”
Y… se atragantó. “Seguro que sí.”
“Termínate la copa y te lo demostraré.”
Se tomó el vino y se me quedó mirando. “Muy bien, Apuesto Príncipe,
haz lo que puedas.”
Me encantaba lo juguetona que podía llegar a ser. “No puedo besarte en
una silla.” Levanté las cejas.
“Bueno, pues tendrás que hacerlo.”
No tenía planeado ponérmelo nada fácil.
Me levanté, la levanté de su silla y la eché a la cama. No fui delicado,
pero tampoco lo hice de forma forzosa.
“¿Qué mierda de movimiento de príncipe ha sido ese?” Se rio a través
de su rabia fingida.
“Todas las princesas estaban ya en sus camas cuando recibían su beso
de amor verdadero. Solo estaba preparando el escenario.” Entonces me puse
encima de ella.
“Mm, no me suena que el príncipe asaltara a la princesa.”
“Calla y bésame.” Llevé mi boca a la suya.
Ella deslizó su lengua dentro de mi boca, sabía a Chardonnay. Mi
maldita polla se puso atenta, necesitándola como una loca. Cuando ella
terminó el besó, me dio un suave pico en los labios y me miró con esos ojos
azul líquido.
“¿Así es como se supone que el príncipe me va a hechizar?” Preguntó
en un susurro.
“Me estás volviendo loco, Genevieve.” Y lo decía en serio.
“Se supone que los príncipes están bien de la cabeza.” Se impulsó y se
levantó de la cama tan rápido que no pude cogerla. Entonces se quitó la
blusa, se desabrochó el sujetador y se bajó la falda y las bragas. Después
meneó su culo desnudo hacia mí y se dirigió por el pasillo hacia el baño,
gritando a su paso. “Voy a darme un baño.”
Ese momento me hizo arder, no iba a mentir, pero ella estaba
manteniéndose fiel a sí misma – nada de sexo hasta que hubiera algo más
profundo entre nosotros. Sabía tan bien como yo que, si se quedaba
conmigo en la cama, acabaríamos follando. Incluso aunque no quisiera
admitirlo, le gustaba lo que le estaba haciendo a su cuerpo, a su mente y a
su espíritu. Se estaba enamorando de mí, pero ni de coña iba a rendirse. Su
rendición era solo a las circunstancias, pero no a mí. Aún tenía trabajo que
hacer. Así que me quedé en la cama y trabajé con mi móvil mientras oía el
sonido del agua caer en la bañera.
Ella tenía un baño en suite en el dormitorio en el que estaba tumbado
esperándola, pero había elegido el baño de invitados, era inteligente. No
había dicho ni adiós, así que hubiera sido bastante grosero por mi parte
irme. Eso es lo que me dije a mí mismo. No íbamos a follar hasta que
estuviéramos enamorados, o hubiera amor… o lo que fuera que sus
requisitos para follar con amor implicaran. El único problema era que, para
mí, el amor nunca iba a estar en la mesa. Probablemente, yo perdería el
interés, ya que nunca antes había tenido una relación profunda.
“No estoy seguro de que vaya a sobrevivir a esto,” llamé a la puerta del
baño y dije al ver que tras una hora en la bañera ella aún no había salido.
“¿No puedes hacerte una paja?” Preguntó, aún en la bañera.
“No estar contigo, físicamente hablando, va a ser la causa de mi
muerte,” dije a través de la puerta.
“Te está yendo bien,” se rio. “Puedes con esto.”
Y por mucho que quería odiarla, no podía.
“¿No estás ya toda arrugada? ¿Y no está fría el agua?”
Entonces oí agua gotear sobre las baldosas antes de que ella saliera con
un suave albornoz puesto.
“Ya estoy bastante arrugada.” Me ofreció una deliciosa sonrisa.
“Parezco un viejo trol arrugado, me voy a la cama.” Pasó por delante de mí
y caminó hacia su dormitorio, se quitó el albornoz y se metió en la cama.
“Apaga las luces cuando salgas.”
Y eso fue todo. Me podría haber metido en la cama con ella e intentado
convencerla de que me dejara quedarme, pero ella me habría dicho lo que
quería en un abrir y cerrar de ojos y se hubiera quedado callada, así que
apagué las luces y me fui. Sentía mi corazón pesado mientras me metía en
el coche y me alejaba de ella.
Al día siguiente, presione a la gente que estaba renovando su
apartamento. Yo vivía en un edificio del Upper West Side. Era el propietario
de los tres pisos superiores de un edificio enorme que ocupaba medio
bloque. Tenía demasiado espacio, así que convertí los dos pisos de abajo en
viviendas de alquiler para ofrecer a los músicos que representaba o a la
gente que sabía que necesitaba seguridad y un lugar en el que vivir en
Nueva York. Cada una de las unidades de alquiler tenía dos pisos; uno era
un apartamento de dos baños y dos dormitorios, y el otro tenía un
dormitorio y un baño. Los dos tenían una sala de estar grande, cocina y
comedor.
Mi apartamento tenía seis habitaciones, cuatro baños, un jardín y
piscina en el ático, un gimnasio indoor, sauna, sala de cine… lo básico. Me
reí por todo el espacio que tenía, especialmente porque me tiraba todo el día
trabajando y apenas estaba en casa. Cuando tenía alguna relación, era un
lugar increíble para aislarnos. Cuando terminaba con la mujer, simplemente
cambiaba la cerradura.
Entré a mi casa fría y oscura, y de repente parecía demasiado grande, así
que le escribí a Genni, consciente de que probablemente ya estaría
durmiendo.
No puedo dejar de pensar en ti.
Me mantuve ocupado con un whisky en el tejado mientras pasaba por
encima de emails sin contestar que debería haber respondido días antes.
Ella me estaba volviendo loco. A la mañana siguiente, volví a escribirle.
¿Quieres que te lleve un café?
Esta vez, sí que me respondió.
Estoy en el estudio. La semana que viene, quizás.
¿Qué cojones? ¿La semana que viene? No, ni de coña, no tenía ni idea
de lo que era salir con alguien, aunque fuera algo falso. Las palabras ‘la
semana que viene’ no estaban incluidas en nuestro vocabulario, así que le
pedí a un conductor que me llevara al estudio para poder llevarla a comer y
dejarle las cosas claras. Cuando entré al estudio, ella ya estaba comiéndose
una ensalada y riéndose con sus cantantes acompañantes, un grupo de tres
mujeres inmensamente talentosas que había asociado a ella. La mirada de
sorpresa en su cara fue un poco desconcertante, claramente no me esperaba.
“Cash, ey”. Se puso de pie y se alejó del grupo, caminando hacia mí.
“Nos estamos tomando un descanso.” Entonces procedió a darme un pico
rápido. “¿A qué debo este honor?” Estaba divertida y en plan ligona, para
nada como solía ser.
“Bueno, había pensado en llevarte a comer, pero parece que te has
adelantado.” Actué con tristeza y desánimo.
“Lo siento,” dijo, dándome un golpe en el hombro de forma juguetona.
Mientras que era un acto refrescante, también me cabreaba, porque,
cuanto más jugaba ella, más distancia crecía entre nosotros. No había forma
de que su apartamento estuviera listo al menos hasta la semana siguiente,
como pronto. Quería reemplazar el suelo, pintar, mejorarlo para convertirlo
en una smart house, necesitaba que tuviera todas las comodidades de último
modelo, porque sí, la estaba sobornando con todo mi arsenal.
“Bueno, quizás yo también me pida una ensalada y me quede por aquí
para escucharte cantar.” Estaba dispuesto a volver a cancelar la agenda del
día, lo haría, nada iba a detenerme de dormir con Genni esa noche, así que
eso fue exactamente lo que hice. Pedí una ensalada, que apenas era
suficiente para mí, cancelé mi día y me quedé en el estudio mientras Genni
trabajaba duro para aprender y perfeccionar la nueva canción que planeaban
grabar al día siguiente. Iban con prisa porque queríamos lanzar a Genni
antes de la temporada de los Grammy. Si podíamos conseguir que sonara
algo en la radio e íbamos fuerte con su debut, cabía la posibilidad de que
llegara a tiempo para ser tenida en cuenta para la categoría de mejor artista
nueva. Aunque tendría que matarse a trabajar para conseguirlo. Cuando
terminó al anochecer, yo estaba ahí para irme con ella.
“Cash, estoy molida. No puedo pasarme toda la noche en la bañera para
evitarte. De verdad que quiero ponerme un suéter feo y descansar. No
quiero tener que preocuparme por ti y por qué harás esta noche. Hoy he
estado trabajando jodidamente duro. Quiero estar sola esta noche.” El tono
de su voz era triste.
“¿Me odias?” Me lo estaba empezando a preguntar en serio.
“No, es solo que eres muy intenso. No puedo tomar demasiado de ti.”
Miró hacia abajo, hacia sus pies, probablemente sintiéndose mal por haber
dicho eso, y entonces supe que era la verdad. “¿No podemos pasarlo bien
juntos?”
Tenía razón, hostigarla para que hiciera algo que ella no estaba
dispuesta a hacer no era divertido. La miré a los ojos y declaré una tregua.
“Sí. Pasémoslo bien juntos. Ve al hotel y descansa un poco. Mañana quizás
puedas venir a mi casa y ver el trabajo que están haciendo en tu
apartamento, y cenar conmigo. También quiero que sepas que he pedido las
etiquetas identificativas para todos los que viven y trabajan conmigo. Te
prometo que usaré más sus nombres. Por ti.”
“Eso suena genial, pero espero que también sea por ti.” Y ahí estaba su
preciosa sonrisa.
Estaba bien que le sonara genial, así que teníamos un plan. Solo tenía
que vivir sin Genni una noche más y después estaría en mis dominios.
Capítulo 15
Genevieve
Vi como Cash se iba del estudio de grabación, y me pregunté si había
tomado la decisión correcta. La verdad era que disfrutaba de su compañía,
pero, por alguna razón, había una parte de mí que necesitaba mantener mis
puños en alto. Tenía que comprender esa parte de mí. ¿Por qué no le dejaba
tener sexo conmigo? Me encantaba estar con él, sexualmente hablando.
¿Por qué no me dejaba ir? La cuestión era el amor. ¿Era solo una conquista?
¿O era algo que él estaba empezando a amar? No podía tener la respuesta
en solo una semana, y por eso decidí que estaba tomando la decisión
correcta.
Volví a mi gigantesca y solitaria habitación de hotel, pedí un poco de
pollo a la brasa y patatas fritas, encontré una película de risa en Netflix y
me serví una gran copa de vino. Me puse unas acolchadas zapatillas de estar
por casa y disfruté de estar en mi salsa.
Peyton me había llamado y escrito unas cuantas veces desde que había
llegado a Nueva York, y yo solo le había dado una rápida respuesta
haciéndole saber que estaba viva. Tenía que hablar con ella, pero no esa
noche, esa noche no quería hacer absolutamente nada. Estaba agotada y
abrumada, así que simplemente estuve conmigo misma y me olvidé del
mundo. A la mañana siguiente, me desperté con mensajes de Peyton y de
Cash. Les ignoré a los dos y me fui hacia el estudio después de pedir un
bagel con crema de queso y un cappuccino del servicio de habitaciones.
Llegué lista para darlo todo, y eso es lo que hice durante todo el día. De
hecho, menos mal que me había comido el bagel para desayunar, porque
tuve que firmar mi contrato a la hora de la comida y no tuve ocasión de
comer.
Estaba lista para otra noche con servicio de habitaciones cuando Cash
apareció jodidamente atractivo. Me había olvidado por completo de que
había accedido a cenar en su casa.
Estaba demasiado cansada como para mantener mi guardia en alto, así
que le saludé con un beso y una advertencia severa. “Ey, tú. Tengo ganas de
ver tu casa de millonario, pero estoy demasiado cansada como para rehuirte,
así que nada de diversión,” le dije.
“Nada de diversión.” Se cruzó de brazos, era lo que había.
Cuando el coche llegó para recogernos, me senté al lado de Cash y
apoyé mi cabeza sobre su hombro, esperando poder echarme una rápida
siesta en el coche. Pensé que se pondría tocón, pero no lo hizo, solo me
acarició la espalda.
“Estás agotada, ¿verdad?” Su voz sonaba dulce y preocupada.
“Sí, han sido un par de días muy agotadores.” Ni siquiera abrí los ojos y,
antes de darme cuenta, ya estábamos en su casa. Debí de haberme quedado
realmente dormida.
Me desperté y arrastré mi aturdido culo a los escalones de afuera, los
cuales vi que eran imponentes. Habíamos llegado a uno de los vecindarios
más ricos que había visto nunca, y cuando él me abrió la puerta de su
mansión, mi corazón literalmente dejó de latir durante un minuto.
“¿Voy a vivir aquí?” Pregunté.
Ni siquiera podía pensar en él viviendo ahí. A ver, claro que él vivía ahí,
pero se suponía que yo me iba a mudar ahí la semana siguiente. El lugar era
impresionante. Tenía una lámpara de araña gigante en el vestíbulo y esas
grandes escaleras de caoba que dirigían al cielo, supuse. Había una preciosa
fuente en el centro del vestíbulo y cuatro buzones pulidos de caoba con
cuatro pequeñas placas doradas en las que estaban grabados los apellidos.
Me di cuenta de que el apellido de Cash estaba justo encima del mío.
“Sé que estás cansada, pero, ¿quieres ver tu apartamento? Está
quedando muy bien.”
Como ya sentía que estaba como en un sueño, asentí y accedí a que me
mostrara el sitio. En el interior había telas y plásticos por todas partes, pero
pude ver un magnifico conjunto de escaleras redondeadas y un increíble
ventanal con vistas a Manhattan. El diseño de la sala de estar era de estilo
victoriano, conforme entrabas tenías las escaleras en el centro de la sala,
llegando en forma de casada del piso de arriba. Al otro lado había un
comedor y supuse que la cocina estaría más allá. Los techos eran altos y las
molduras magníficas. Mi corazón se aceleró; me encantaba el sitio. Podía
ver el potencial para un hogar increíble, pese a los plásticos manchados de
pintura que había por todas partes. De repente, tenía ganas de vivir ahí. La
idea de estar al lado de Cash no era tan desalentadora sabiendo que mi
propio espacio privado sería tan lujoso.
“Bueno, como he dicho, sigue estando en obras, pero una vez pintemos
y coloquemos los muebles – tengo muestras arriba, puedes elegir – y
añadamos unos cuantos toques por aquí y por allá, este sitio será perfecto
para que nunca vengas a él.” Me mandó una sonrisa malvada y aprecié que
supiera que estaba cruzando mis límites.
“Ja, al contrario, querido Watson, me encerraré aquí con un cubo de
helado, una botella de vino y una gigantesca señal de no molestar colgada
en la puerta. Nunca voy a querer irme. Me encanta. ¿El dormitorio está
arriba?”
“Sí, el dormitorio está arriba, y también un loft, puedes usarlo como sala
de ensayos… o lo que tú quieras. Hay un comedor al pasar las escaleras y a
la izquierda está la cocina, que lleva a un patio pequeño. Todo lo que
necesitas pero que espero que nunca uses.” Me besó en el cuello y me llevó
hacia la puerta. “Vamos a por algo de comer y a que te pongas algo más
cómodo.”
“No voy a desnudarme,” solté.
“No. No vas a desnudarte, pero tengo unos pantalones de chándal y una
camiseta con los que probablemente estarás mejor para relajarte.”
Cerró la puerta y subimos dos tramos de escaleras hasta un largo pasillo
con puertas de madera satinadas y una gran doble puerta pintada en verde
bosque. “Esta es mi casa,” dijo, y abrió las puertas para revelar un lugar que
te cantaba.
Era de concepto abierto, sin ninguna pared, solo grandes ventanales por
todos lados, elegantes suelos de maderas oscura y unos muebles cálidos y
acogedores. “Esta es la sala principal. Aquí os donde me reúno con la gente
si necesito verme con ellos en casa para fiestas y cosas así. Arriba es donde
ocurre toda la magia.”
Lo seguí arriba a un espacio más pequeño e íntimo, con una acogedora
sala de estar con unas vistas de Manhattan aún mejores. Era un espacio
estilo vintage con molduras y adornos detallados, entradas en forma de arco
y pequeños espacios en los que perderse.
“Este sitio es impresionante,” dije.
“Tiene tres pisos; el primer piso está totalmente restaurado, en su estado
original. La segunda planta son todo dormitorios y baños, y la planta
superior tiene un jardín y un patio, una piscina indoor, jacuzzi, mi gimnasio
y otra sala de estar más moderna. Tiene una barra y una zona de baile. Es
para mis asuntos nocturnos…” Dejó que las palabras desaparecieran ahí.
“Wow, has pasado de no tener nada a tener mucho. Tengo que decir,
Cash, que pese a todo lo que se ha dicho sobre ti y la reputación con la que
cargas, has hecho mucho en tu poco tiempo sobre la tierra.”
Vi como los músculos de su cara se relajaban y su cuerpo se movía a
una postura cómoda.
“La verdad es que nadie antes lo había dicho así. Aunque tengo que
decir que es un poco triste vivir este sueño yo solo.”
“¿Por eso te convertiste en un adicto a las citas, un mujeriego y un
capullo?” Sabía que era borde, pero no te atrevas a utilizar la carta de ‘estoy
muy solo’ conmigo.
“Cierto. Me olvidaba de eso. Quizás esa sea la razón por la que estoy
solo. Bueno… la cena.” Inmediatamente cambió de tema, y me di cuenta de
que le había hecho daño.
Él. Cash Coltrane El Grande, era impenetrable, ¿no? Era inmune a los
insultos, pero yo le había dado con fuerza y la verdad era que nunca me
había hecho nada de mujeriego o capullo.
“Lo siento, me he pasado un poco.” Me encogí de hombros y dejé caer
mi guardia una fracción.
“No, me lo merezco. No te preocupes. Estoy solo por las decisiones que
he ido tomando. Bueno, ¿qué te apetece? Yo tengo antojo de comida
mediterránea, pero me parece bien lo que tú quieras.”
“No me parecería mal algo de falafel y hummus, me encanta un buen
plato de comida mediterránea y un Martini, ¡quiero un Martini!” ¿Por qué?
Yo ni siquiera bebía Martini.
Él se rio. “Vale, bien. ¿Quieres ginebra o vodka en el Martini?”
Preguntó mientras sacaba su móvil.
“Vodka y olivas, quiero tres olivas.” Ahora estaba siendo malcriada.
Él seguía sin poder contener la risa. “Vale, tres olivas,” confirmó
mientras presionaba números en su teléfono. “Y después algo de falafel,
shawarma, hummus con pita, olivas, baba ghanoush, un plato de gyro y
mm… baklava. Con eso deberíamos tener suficiente y estar listos para ver
una buena película y darnos un buen remojo.”
“¿Un buen remojo?” ¿Por qué tenía que ser siempre tan niña? ¿Esa
persona aterrorizada que no podía dejar marchar?
“Bueno, te encantan tanto las bañeras que he pensado que quizás
quieras disfrutar de la mía. Es suficientemente grande como para hacer una
fiesta dentro y tiene unos chorros fabulosos. Es del tamaño de una casa
pequeña, así que tú puedes quedarte en un extremo y yo me pondré en el
otro. Nos podemos echar agua, o escribirnos cartas… o utilizar señales de
humo.” La mirada de amor que había en sus ojos era cálida y encantadora.
“De acuerdo. Todo eso suena genial.”
Y lo fue. Comimos, hablamos de las reformas de mi nuevo apartamento
y elegí los colores, los muebles, las telas… Todo era como de cuento de
hadas. Cuando nos llenamos, él me llevó a su sala de cine que había en la
planta superior y vimos una comedia romántica mientras yo me acurrucaba
en sus brazos, digiriendo la comida de Oriente Medio tan deliciosa con mi
segundo Martini en la mano. Estaba un poco llena y achispada, pero muy
cómoda y feliz. Cash me abrazaba, acariciando mi brazo como si
tuviéramos dieciocho años, era perfecto.
“Bueno, ¿sigues queriendo darte un baño antes de irnos a la cama?”
Preguntó.
“¿Voy a dormir aquí?” Levanté mis cejas, pero no estaba preocupada.
Quería acurrucarme junto a él.
“Sí. Es demasiado tarde para llevarte por la ciudad y yo tengo
habitaciones de sobra. Puedes quedarte en una habitación de invitados o en
mi cama, estarás totalmente a salvo en cualquiera de esos sitios. Sé que
tienes que grabar mañana, y esta semana tenemos una reunión con los
productores del reality show para organizar nuestra participación. Te
prometo que Allie y tú no os cruzaréis muy a menudo, pero tengo que
cumplir con mi parte del contrato. Solo son tres episodios más.”
“Claro, lo entiendo. Mm, sí, vamos a darnos un baño y después, mm…
dormiré en tu cama.” Quería estar cerca de él.
Su bañera era gigante, como una pequeña piscina con techo de cristal
para ver las estrellas. El agua olía a jazmín y me encontré queriendo lavarlo
y tocarlo. No quería mandarle el mensaje equivocado, pero no podía
mantener mis manos lejos. De ninguna de las maneras íbamos a quedarnos
en opuestos extremos.
“¿Puedo lavarte y que sigamos estando en la friend zone?” Le pregunté,
tocando su hombro desnudo. Tenía un cuerpo perfecto, cincelado con
músculos que no eran demasiado turgentes, pero apretados y esbeltos.
“Puedes,” me dijo mirándome a los ojos.
Lo besé y me eché un poco de jabón que había en una cesta. Después
extendí el jabón por su cuerpo, me encantaba el tacto de su piel. Tal y como
esperaba, él se excitó por mi tacto.
“¿Te molesta esto?” Le pregunté mirando hacia su erección.
“No diría que me molesta. No te preocupes, como siempre, tomaré lo
que tú te sientas cómoda dándome.”
Por primera vez desde que conocí a Cash Coltrane, sonó totalmente
sincero, de verdad me permitiría tener el tiempo y el espacio para
disfrutarlo a mi propio ritmo.
“Gracias,” le miré a los ojos y dije mientras enrollaba mis dedos en su
polla dura. “Puedo echarte una mano con esto.”
Capítulo 16
Cayden
Ella bombeó mi polla bajo el agua, al principio con suavidad, después
su acción se convirtió en una oleada de movimiento e intensidad. Sentí
como la electricidad viajaba desde mi polla hasta los dedos de los pies y,
antes de darme cuenta, ya estaba listo para correrme con fuerza. Ella podía
darme muy poco, que siempre era suficiente. Me puse de pie, sintiéndome
tenso por el éxtasis, y me alejé de su agarre para eyacular en el filtro de la
bañera de hidromasaje. Punzadas de fuego pasaron desde mi nuca hasta mis
nalgas mientras me estremecía con el final de mi liberación.
“Joder, Genni,” suspiré mientras me volvía a colocar junto a ella. “Y
solo has usado tu mano.”
La verdad era que me maravillaba su habilidad para entenderme a mí y
a las necesidades de mi cuerpo. Normalmente, odiaba las pajas. Si no se iba
a por todas, al menos quería un poco de acción con la boca, pero con Genni,
solo su firme agarre era suficiente. Me di cuenta de que era porque solo ella
era suficiente. Solo estar con ella me hacía feliz. Todo lo demás era un
aderezo.
“Me he vuelto bastante buena con la mano.” Movió su mano en el aire y
pensé en todos los otros tíos con los que no se había acostado, y tenía
sentido. Se le daba bien hacer que los tíos se corrieran para que la dejaran
estar.
En realidad, era bastante triste. Los hombres siempre querían sexo, la
presionaban constantemente – tal y como había hecho yo – porque era
guapa, sexy y talentosa. Lo entendí, entendí todo el asunto de su virginidad
y por qué dar ese paso era algo tan valioso.
“Me encantaría devolverte el favor.” Me giré hacia ella y le ofrecí un
beso.
“Gracias, pero esta noche solo quiero secarme e irme a la cama. Aunque
estaría bien que me abrazaras.”
Y eso fue lo que hice. La abracé vestida con mi pantalón de chándal
holgado y una camiseta grande – estaba adorable. Pensé que no sería capaz
de solo dormir a su lado, pero con ella enrollada en mi abrazo, me sentía
cálido y cómodo, y estuvo bien dormir.
Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, nos lavamos los
dientes. La impresioné al tener un cepillo de dientes nuevo para ella…
Después se quedó callada.
“Supongo que debes de tener un montón de estos,” mencionó mientras
movía el cepillo de dientes en el aire.
“Ahora parecen bastante útiles.”
Me mandó una mirada divertida y el momento pasó. Pero estaba siendo
sincero, no me imaginaba a nadie que no fuera Genni en mi casa, conmigo.
Durante la siguiente semana, seguimos la misma rutina. Ella se levantaba,
nos tomábamos juntos un café, o quizás una tostada o yogur y fruta,
después cogía el coche que pedía para ella para ir al estudio, trabajaba duro
hasta bien entrada la noche, venía a casa, cenaba, se daba un baño y se
quedaba dormida conmigo en la cama. Negociamos tres episodios del
reality show para la televisión en los que Genni sería presentada como mi
novia y tendríamos unas vacaciones especiales en México planeadas como
episodio final en el que nos encontraríamos con Allie y su nuevo novio, y se
suponía que tenía que ser un viaje súper explosivo, lleno de drama. Casi no
firmamos el contracto, pero fue Genni quien me empujó a hacerlo.
“No tenemos por qué ser los explosivos,” me aseguró.
No estaba seguro de cómo iba a ser un viaje a México para nosotros,
pero decidí, por consejo de Genni, simplemente vivir el presente. Así que,
la semana siguiente, Genni publicó su primer single en YouTube.
Queríamos que fuera nominada a los Grammy, así que puse mi máquina de
relaciones públicas y todo el poder de las redes sociales a mi disposición, y
lanzamos su primer single la noche anterior a la que estaríamos rodando el
primer episodio del reality show juntos. Usamos el estudio de grabación de
la oficina, y era bastante tarde. Genni seguía estando impresionante, pero el
trabajo duro le había pasado factura. Necesitaba un día de descanso.
Desde que había llegado a Nueva York, había estado trabajando durante
dos semanas seguidas. Dormíamos juntos todas las noches y, más allá de
usar las manos, los dedos y la varita mágica en alguna ocasión, Genni y yo
aún no habíamos tenido relaciones sexuales. Estaba bien, suponía, pero
cuanto más estaba con ella, más quería hacerle el amor. No solo
empalmarme y follar duro con ella, sino hacerle el amor de verdad a cada
centímetro de su cuerpo. No obstante, el nivel de intimidad que
compartíamos era decisión suya.
Me senté y la vi cantar, su voz era ronca y preciosa, la canción era
desgarradora y tierna, y ella la había clavado. Para cuando era medianoche,
la canción ya se había hecho viral. El teléfono no paraba de sonar. Me
desperté con un millón de correos, se había convertido en una sensación
literalmente de la noche a la mañana, y por mucho que quería celebrarlo
con ella, teníamos la maldita filmación del reality. Así que fuimos a
maquillaje y peluquería al amanecer y le di un beso de despedida antes de
que nos llevaran.
“Simplemente sé tú misma, lo harás genial.” La animé, aunque la
verdad era que no lo necesitaba.
“Gracias,” dijo, parecía agotada.
“Bueno, ¿y a quién vas a estar explotando esta vez?” Preguntó Allie con
un tono mordaz cuando nos reunimos en la fiesta en una casa en la que nos
íbamos a ver por primera vez tras meses estando separados.
Todo estaba manipulado, por supuesto. La mayoría de la gente que
había por allí eran extras pagados para estar ahí, y los que no lo eran, eran
amigos de Allie. Estaba en un océano infestado de tiburones y, peor aún,
también lo estaba Genni.
“Estoy lanzando la carrera de una nueva cantante y estamos saliendo.
Esta vez no estoy jugando, Allie, ella es la indicada.”
“Que te jodan, Cash, nunca habrá una indicada,” soltó mientras Genni
salía de peluquería y maquillaje luciendo como una reina.
“Por favor, no me digas que esa es tu chica nueva,” Allie era un
monstruo malvado, y disfrutaba de cada segundo siéndolo.
“Allison King, te presento a Genevieve Green.” Opté por una
presentación directa.
“Hola,” Genni extendió su mano y, por un instante, pensé que Allie le
escupiría en ella.
“Hola,” contestó Allie, una puta Barbie totalmente de plástico, y con
cautela sacudió la mano de Genni. “Escuché tu canción anoche. Creo que
todo el mundo lo ha hecho. Cash tiene un buen equipo de relaciones
públicas detrás de él. Hasta me llegó una notificación de Facebook avisando
de que habías lanzado un super hit. Ja ja, era en plan, ¿Genevieve? ¿Quién
coño es?”
“¿Verdad? ¿Quién Coño Es? Creo que ese va a ser el título del álbum,
solo tenemos que conseguir la licencia,” bromeó Genni, y la quise mucho
más.
Lo que no sabía era que las cámaras ya estaban grabando y que ese
pequeño intercambio con los pitidos obligatorios para tapar las palabrotas
definitivamente saldría a la luz. No había nada que pudiera hacer, Genni
estaba nadando en aguas profundas. Por suerte, parecía que podía aguantar
su cabeza por encima del agua.
“Por si acaso, tenemos unos cuantos títulos más que estamos
considerando,” añadí para amansar la furia de Allie.
“Quizás debería llamarse Quién coño es el ligue de Cash de esta
semana,” añadió Allie.
“Ja ja, eso es gracioso.” Genni solo perdió el temple durante un instante.
“Solo que no soy el ligue de una semana de nadie, estoy demasiado
ocupada como para esas cosas. No tengo tiempo para tonterías, y Cash y yo
simplemente estamos explorando los sentimientos que tenemos el uno por
el otro. Ya te avisaré si la cosa fracasa, pero por ahora estamos los dos
bastante implicados.” Mostró una de sus grandes sonrisas de autor y sentí
como mi presión sanguínea se relajaba un poco. “Y Dios, me encanta lo que
hace con su boca. ¿Verdad? Lo da todo.” Miró a Allie directamente a la
cara.
“¿Y con todo te refieres a?”
“No es asunto tuyo.” Genni lanzó una de sus miradas y mi corazón se
relajó.
“Estás en la televisión, cariño. Todo es asunto nuestro. Cuando
empiezas a salir con el hombre más importante en la industria de la música,
especialmente si aparece en el programa de televisión de su exprometida,
incluso lo que cagas es de consumo público. Pero que no te duela
demasiado cuando esa última cita llegue más rápido de lo que creías que lo
haría. Cash tiene una fecha de caducidad corta.” Moviendo su pelo en el
aire, Allie se fue a hablar con otra persona y la cámara la siguió; le
encantaba tener la última palabra.
“Ya veo por qué te gustaba,” Genni me miró y me dijo de forma
sarcástica. “Aún debes de tener las marcas de sus uñas en tu espalda. Yo no
las he visto, pero eso no significa que no estén ahí. ¿Qué hacíais para
pasarlo bien, encender cerillas y tirároslas el uno al otro?”
“Es una folladora bastante buena. Imagina todo ese fuego jadeando y
suplicándote que se la metas más profundamente… y su vagina es una
experta, una vagina de diez. Quiero decir que podía conmigo y más.
Siempre trató solo de sexo.” Me encogí de hombros porque esa era la
verdad. “Es una zorra asquerosa, pero me apuntaría a pasar un rato con su
coño en cualquier momento… Cuando estábamos juntos lo nuestro siempre
iba de callarse y follar.”
Y, finalmente, me apunté a la fiesta. Había estado intentado ser un
hombre bueno para Genni, y ahí estaba, en la televisión nacional, porque
sabía que había cámaras por todos lados, y yo acababa de confesar que
Allie solo era un buen polvo. Genni se quedó quieta durante un momento,
un poco sorprendida, y después una bonita sonrisa falsa apareció en su cara.
“Se la ve bastante ansiosa, seguro que, si se lo pidieras, te seguiría
dando lo que quisieras, Cash. Claramente ella está dolida y te sigue
queriendo. Quizás necesitéis sentaros y tratar lo que falte… Quizás tengas
que hacerle sentir que fue más que una persona con la que te acostabas.”
No estaba seguro de por qué eso me cabreó tanto, pero perdí los
papeles. “¿Tú sabes lo que falta?” Grité, lo suficientemente alto como para
que todo el mundo me escuchara. “Su alma, eso es lo que falta. Venga ya…
no puedo hacer esto.” Cogí a Genni del brazo y estaba a punto de arrastrarla
afuera cuando ella me detuvo.
“Pero yo sí que puedo. Te quiero, Cash, y si tenemos que estar aquí para
limpiar tu nombre y demostrarle al mundo que eres mejor de lo que se
piensan que eres, entonces me quedaré aquí y soportaré lo que sea que
nadie me lance. Somos mejor que esto… podemos superarlo.”
Joder… era brillante. No solo estaba jugando al juego; estaba liderando
la partida.
“Por eso es por lo que te quiero. Eres fuego, chica. Fuego.” La cogí
suavemente del brazo y la llevé a la mesa de buffet en la que había
montones de comida, y se la presenté a la gente.
Allie nos siguió mirando con su ojo de halcón, pero me daba igual. Por
primera vez, me lo estaba pasando bien. Mucha gente hablaba del vídeo
viral de Genni, y bastantes se hacían fotos con ella para Instagram y
tuiteaban que acababan de conocerla. Y, aunque ella no había accedido a
ello, y no estaba en su contrato, cantó una versión a capella de la canción,
ahí mismo, en el césped, con solo un micrófono y su guitarra. Todo el
mundo se volvió loco por ella. Realmente, había encontrado a una estrella.
Tras la canción me alejaron de Genni, dejándola con la muchedumbre,
para grabar un confesionario que era parte del formato del programa.
Cuando era el novio de Allie, los hacíamos juntos, pero, como la tensión
había subido y habíamos roto, los hicimos por separado, e incluyeron
pequeñas y mordaces calumnias destinadas a destrozar al otro. Yo estaba
ligeramente preocupado después de que me pusieran un micrófono y me
sentaran en una sala rosa completamente diseñada por Allie.
“Bueno,” comenzó el entrevistador. “Allie va a por todas esta noche. En
primer lugar, quiere saber por qué has aparecido aquí con una chica.” Dijo
el entrevistador, siendo plenamente consciente de que Genni había firmado
un contrato para aparecer en el programa.
“¿Te refieres a más allá del hecho de que únicamente me han traído de
vuelta al show para estar aquí con mi nueva chica?” Me reí, sabiendo que
mi frase de regreso no pasaría de la sala de edición. “Bueno, Allie y yo
tenemos mucho de lo que recuperarnos. Ninguno de los dos fuimos
demasiado buenos el uno con el otro, y creo que tenemos heridas abiertas.
Yo no quería hacerle daño, pero bueno, ella está aquí con su nuevo novio,
así que, en el amor y en la guerra todo vale, ¿no? Quería que supiera que he
pasado página y que no le guardo ningún rencor. Genevieve es una de las
mujeres más buenas que hay en el mundo. Allie podría tomar nota, y quizás
lo haga, porque estoy seguro de que está ahí en esa fiesta preparada para
atacar, pero sé que Genni podrá soportar a Allie. Al fin y al cabo, Allie está
tan rota como yo.” Y eso era una jodida verdad. “Creo que eso es lo que
más amaba de Allie. Los dos estábamos rotos y rasgados, y ambos nos
arrastramos desde la cuneta. Allie me importaba y a una parte de mí
siempre le importará,” por supuesto, eso era mentira. “Pero desearle lo
mejor a alguien también es permitirse a uno mismo dejarle marchar. Genni
me ha enseñado eso, y espero que algún día todos podamos ser amigos.”
Sí, terminé con un torrente de mentiras. Mi plan era ser tan aburrido que
tuvieran que dejar de grabarme para así poder volver con Genni y
comprobar si necesitaba que la rescatara.
“¿Y qué hay de la acusación de Allie de que estabas saliendo con Genni
mientras vosotros dos aún seguíais juntos?”
“Genni nunca hubiera salido conmigo si hubiera seguido atado a
alguien…”
Las preguntas continuaron, y yo respondí todas con algo sobre Genni,
hasta tal punto que el entrevistador finalmente se cansó y habló con el
productor para ver si tenían suficiente grabación como para que me fuera. A
nadie le sorprendió que tuvieran suficiente, así que pude ir afuera y
encontrarme a Genni siendo tirada del pelo y arrastrada a la piscina.
Capítulo 17
Genevieve
Me pilló todo por sorpresa. En un momento estaba poniéndome una
copa de vino mientras secuestraban a Cash y al siguiente sentía ese dolor
intenso en la parte trasera de mi cabeza, era como si mi cerebro estuviera en
llamas. Perdí el equilibrio y en cuestión de segundos estaba en el agua. Así
de simple, yo era la que, totalmente vestida, me estaba tragando el agua de
la piscina. Al principio sentí miedo, luego rabia y después todo fue confuso
y triste. Nadé hasta las escaleras, pero no salí de la piscina porque Allie
estaba como una loca.
“¡Zorra asquerosa! ¡Eres una puta mentirosa, manipuladora y loca!”
Seguía diciendo lo mismo una y otra vez.
Miré alrededor para ver si podía estar hablando con otra persona, pero
no, me estaba mirando y hablándome directamente a mí. ¿Por qué? Yo solo
seguía sacudiendo la cabeza mientras Cash corría hacia ella y la agarraba
desde atrás, ya que parecía que iba a saltar a la piscina y venir a por mí de
nuevo.
“¡Eres un mierdas mentiroso, infiel y traidor!” Le gritaba a él y le
arañaba la cara con sus uñas.
Ella parecía histérica, y ni siquiera se me ocurría la razón para ello.
Cash me había dicho que ella sabía que habían roto. Yo había firmado un
contrato con él para aparecer en el show, por lo que yo no podía ser la razón
de su arrebato. Tenía frío y estaba cansada y mojada… con una camiseta
que me di cuenta que transparentaba, con todas las cámaras a mi alrededor.
Salí del agua con mis manos cruzadas sobre mis pechos, esperando que las
cámaras no me estuvieran grabando en sujetador. Un asistente de
producción corrió hacia mí y me ofreció una toalla que yo afanosamente
cogí.
“¡Cómo te atreves!” Vino Allie volviéndome a gritar al Cash haber
bajado su guardia, y yo me puse a correr, pero entonces repensé mi
estrategia y me quedé quieta. ¿Me iba a arañar en la cara a mí también?
Miré hacia Cash y él llevaba una línea roja en una de sus mejillas.
“¡Dime que no te vas a casar con él!” Allie estaba frente a frente
conmigo. “¡Dime que no te ha dado un anillo y que no lleváis juntos más de
UN AÑO!” Gritó.
“¡Menuda forma de joder la sorpresa, Al!” Cash vino corriendo detrás
de ella.
Wow, todo esto era demasiado drama para mí. De hecho, usé todas mis
fuerzas para no reírme de ambos.
“¿Y estás embarazada? ¿Por eso te está convirtiendo en una sensación
de la noche a la mañana? ¿Estás embarazada de su hijo bastardo?”
Todo era muy surrealista. ¿Embarazada? Si ni siquiera nos habíamos
acostado, y Cash… oh, él no se casaría conmigo si estuviera embarazada, él
me dejaría tirada en la cuneta, de eso estaba jodidamente segura. Así que
me giré y salí del set.
“¡Genevieve!” Gritó Cash con sus mejores habilidades teatrales.
“¡Vuelve aquí, zorra!” Chilló Allie.
“Sois tal para cual,” solté mientras sacudía la cabeza, salía del set y me
encerraba en uno de los baños que había en la mansión en la que estábamos
rodando.
Yo no había firmado para nada de eso. A través de la puerta, podía
seguir oyendo sonido de bullicio, y supuse que Allie había pasado a pelear
con Cash. Tras un montón de gritos e histeria, escuché el grito del director
diciendo ‘corten’, y todo el drama desapareció. Unos cuantos minutos
después, alguien llamó a la puerta del baño.
“Genni, soy yo.” Cash sonaba dulce y arrepentido y sincero, necesitaba
que me contara qué estaba pasando, así que abrí la puerta. “¿Estás bien?”
Fue lo primero que me preguntó.
“¿Lo estás tú?” La marca roja de su cara había empezado a sangrar un
poco.
“Estoy bien.”
No parecía estar bien, pero tomé su palabra.
“¿Qué ha sido todo eso?” Pregunté sin ni siquiera pensar en que podía
haber cámaras sobre nosotros.
“Bueno,” suspiró y, por alguna razón, tuve la sensación de que una
bomba estaba a punto de explotar. “Mira. Me tomé la libertad de contarle a
los productores que iba a pedirte que te casaras conmigo y que quizás
quisiéramos grabar eso como el próximo episodio.” No se atrevía a mirarme
a los ojos mientras lo decía.
“¿Y nuestros seis meses? Estamos en el día sexto, apenas…” Apreté mi
mandíbula y me esforcé por no comportarme como Allie.
“Sí, bueno, ya sabes, en seis meses será el gran día. O tendremos una
ruptura horrible…” Su voz se desvaneció.
“Entonces nos conocemos, nos enamoramos y nos prometemos en seis
días, ¿para casarnos en seis meses? ¿Y la gente se va a creer eso? ¿La gente
normal y racional que desayuna porque sabe que es la comida más
importante del día? Esa gente está en plan ‘sí, al fin Cash se ha enamorado’.
Te pregunto, ¿se va a tragar esta historia la gente que no está como una
regadera? Porque… yo sin duda no lo haría.”
“Bueno, esto es el Monte Olimpo, se tragan cualquier cosa que les
digas. Somos los intocables con una vida rica y glamurosa.” Me sonrió y se
encogió de hombros tímidamente.
“Y entonces, ¿Allie se piensa que nos vamos a casar? ¿Por eso ha
venido hacia mí como un tigre loco con las uñas afiladas?”
“Sí, se piensa que nos vamos a casar y quizás a tener un hijo.” Eso era ir
demasiado lejos.
“Entonces, solo por curiosidad, ¿qué va a pasarle a ese hijo que tú no
quieres? No sé, teniendo en cuenta que prácticamente estás dispuesto a
esterilizarme para no tenerlos… Menos mal que todo esto es mentira.”
“A la gente le encanta el drama,” me dijo. Podía ver que se sentía como
una mierda.
“Y qué vas a hacer, ¿te vas a burlar de la gente que sufre la pérdida real
de un bebé mintiendo? Cayden,” usé su nombre real para darle más énfasis,
“¿por qué estoy aquí? No eres el tipo de hombre con el que quiero estar, ni
siquiera en una habitación, y mucho menos casarme o salir… o hacer el
amor. Me voy a mi hotel.” Le di la espalda e hice todo lo posible por no
perder el temple con él tal y como Allie había hecho. “He sido una estúpida,
pero no voy a ser engañada más.” Mientras iba andando hacia el coche, uno
de los productores apareció corriendo hacia mí, jadeando, con una capa de
sudor cubriendo su frente. “No te molestes, me voy,” fue todo lo que dije.
Estaba hecha un desastre, mi pelo goteaba por mi espalda, pero mientras
había estado en el baño, había cogido un albornoz de detrás de la puerta.
Me daba igual que no fuera mío, no estaba mojada por que quisiera. Así que
mi plan era ir al vestuario y ponerme la ropa que había traído porque
vestuario nos había llamado la noche anterior y nos habían pedido a Cash y
a mí que trajéramos unas cuantas prendas más para que ellos eligieran qué
ponernos ante las cámaras. Estaba con mi plan en marcha y no iba a ceder.
“Tenemos que llevarte a maquillaje y peluquería de inmediato,” tuvo la
osadía de soltarme.
“No. He terminado.” No lo decía de broma.
“Taylor Rayne acaba de llamar, te ha escuchado cantar a capella y
quiere conocerte y grabar un dúo contigo. Va a volver a llamar en una hora
y necesitamos grabar esa llamada,” dijo sin aliento.
“Y Allie está por ahí como una loca, ¿verdad? No, gracias. Puedo hablar
con Taylor Rayne fuera de las cámaras.” Había terminado… del todo.
“En realidad, has firmado un contrato y tu grabación de hoy aún no ha
terminado. Ahora mismo ella está firmando un acuerdo. ¡Vas a hacer esto
en cámara! Así que vete para peluquería y maquillaje,” me dijo en tono de
orden y de una forma muy ruda.
Lo cierto era que no tenía una contestación que darle, así que lo hice.
Fui a maquillaje y peluquería, me hicieron que pareciera irreal. En serio, no
parecía yo misma, y me senté en una sala, en una cómoda silla, con un vaso
de agua y una ventana mirador que daba a la ‘fiesta’. Allie estaba siendo
consolada por sus ‘amigos’ y parecía que estaba llorando, pero me daba
absolutamente igual. Cash no estaba por ningún lado, pero, cuando ese
teléfono sonó, lo contesté, y una voz femenina dijo al otro lado, ‘un
segundo, enseguida se pone la señorita Rayne’. De nuevo, todo era muy
surrealista.
“Claro,” dije al teléfono, insegura de si alguien seguía al otro lado.
“Ey, espero no molestarte,” dijo una voz igual a la de Taylor Rayne.
“Quería decirte que he visto tu vídeo en YouTube y después Parker me ha
mandado un vídeo del show en el que estás cantando la canción a capella y
me ha fascinado. Eres muy buena.” No diría que estaba siendo
condescendiente porque no le pegaba nada, pero, mm, era más bien como
una especie de reconocimiento de una hermana mayor a una hermana
pequeña.
“Gracias,” No estaba muy segura de qué más decir.
Definitivamente, no debía decir que había escuchado su música desde
que era una adolescente, o que había intentado fingir ser ella antes de
encontrar mi propia voz. Estaba demasiado asustada y enfadada como para
hacer de fan, pero si hubiera estado en otro sitio, no hubiera tenido cámaras
delante y no hubiera acabado de ser atacada por una víbora… quizás
hubiera estado más nerviosa.
“Bueno, pues he estado pensando que, ahora mismo estoy en Nueva
York y voy a hacer un evento de caridad para los jóvenes sintecho. Mi
fundación está intentando recaudar fondos para casas, empleos,
asesoramiento y cosas así, y he hablado con Parker,” que era el productor
ejecutivo del reality show de Allie, “y me ha dicho que él daría un par de
millones si nos graba a ambas juntas cantando un dúo. Bueno, lo
anunciaríamos por YouTube, ya sabes, vídeos y esas cosas, y luego el gran
día en esta gran gala de recaudación de fondos tú y yo cantaríamos, y he
pensado que sería muy especial.” Estaba siendo muy convincente, y el bolo
parecía muy adecuado, así que dije ‘sí’ sin tener ni la más remota idea de en
qué me estaba metiendo.
“Claro. Suena bien.” Agh, ¿por qué a veces tenía que ser yo?
“Genial, así quedamos entonces. Dejaré que los productores se
encarguen de todo, pero va a estar genial. ¿Puedes venir a verme mañana a
mi hotel?” Se aseguró de no decir el nombre del hotel ante la cámara, pero
resultó que era el mismo hotel en el que yo me estaba alojando.
De hecho, nuestras suites estaban justo una al lado de la otra. Era muy
raro. Cuando terminamos la llamada, dejaron de grabar. No volví a ver a
Allie y eso estuvo genial. Tenía que volver a la semana siguiente a rodar lo
mío con Taylor y la recaudación de fondos, y estaba nerviosa por ello, pero
supuse que me mantendrían lejos de la línea de fuego de Allie porque sería
muy mala prensa que dejaran que algo pasara en un evento caritativo. Me
encontré con Cash antes de que nos subieran a una furgoneta negra y dejé
que la adrenalina del día recorriera mi cuerpo hasta el punto en el que
estaba cansada y callada.
“Wow, no me esperaba eso,” fue el extraño comentario que hizo Cash
mientras nos alejábamos de la mansión.
“¿Qué parte?” Todo había sido horriblemente incómodo.
“Lo has hecho genial.” Me sonrió y me llevó a sus brazos, y de repente
volvía a ser el hombre que me gustaba.
“Entonces, ¿qué ha pasado?” No quería indagar mucho en el drama,
pero sentí que tenía que hacerlo.
“No te preocupes, era todo para las cámaras. Todo va bien.” ¿Me estaba
dando largas?
“Ojalá alguien me hubiera avisado de que iba a ser arrastrada
literalmente hasta la piscina.” No quería estar tan cabreada como lo estaba,
pero, ¿en serio? “Y ahora la gente se piensa que voy a casarme contigo.”
Capítulo 18
Cayden
No me gustaba tener que mentirle, pero Allie perdió los papeles cuando
los productores le contaron que estaba en una relación seria con Genni. No
podía entender cómo podía tener una relación en un periodo de tiempo tan
corto, y entonces dio por hecho que la había estado engañando con Genni, y
en parte le dejé pensar lo que quería, ya que no tenía una explicación mejor
que darle. No podía contarle la verdad.
“Lo siento, si te lo hubiéramos dicho, no hubiera quedado auténtico. ¿Te
ha hecho daño?” Había arrastrado a Genni con mucha fuerza.
“No, pero me ha asustado, Cash. De hecho, todo esto me está asustando
bastante. No quiero sumergirme demasiado en este mundo, es un lugar
tenebroso. Y, sin embargo, también me da un poco de miedo ir a mi hotel,
porque al parecer Taylor Rayne se aloja en la habitación de al lado, y sería
raro si corro hacia ella. Toda esta noche ha sido demasiado.” Pobre, se la
veía pequeña y perdida.
“¿Y si vienes a casa conmigo, pedimos una pizza y nos olvidamos de
todo?”
“No me puedo olvidar de todo contigo.”
“Sí que puedes. Deja que sea tu amigo, tú puedes hablarme de cómo la
exnovia de un imbécil te ha atacado hoy en el plató de un reality show, y yo
escucharé y te rellenaré la copa de vino. Te lo prometo.”
Eso consiguió que se riera, lo cual era una buena señal.
“Es muy tentador,” dijo con una sonrisa brillante.
“Bien. Me gusta que pienses que soy tentador.” Y sus ojos en blanco
eran realmente preciados. “De hecho, me gusta todo de ti. Hoy has cantado
como los ángeles y he de decir que has sobrellevado el drama tan bien
como has sobrellevado la llamada de Taylor Rayne. Eso ha sido totalmente
inesperado. Creo que producción quería hacer algo épico como eso y
Taylor, me han contado, que estaba a la espera para hacer algo, pero se
suponía que sería algo relacionado con Allie. Allie tiene muchos contactos
y creo que ella y Taylor son ‘amigas’ desde que uno de los amigos de Allie
conoció a uno de los amigos de la otra, o algo así. Nunca prestaba mucha
atención, pero ahora lo hago porque quiere cantar contigo.” Ese iba a ser un
extra de publicidad muy bueno, estaba encantado.
“Sí, todo es…” Genni tomó una respiración profunda.
“Nada de lo que nos tengamos que preocupar ahora mismo.”
Quería abrazarla, así que lo hice. La llevé a mis brazos y la abracé con
fuerza. Sentaba bien tenerla pegada a mí. Durante ese instante, quise de
verdad a esa mujer. Era valiente, impresionante, talentosa, no había ningún
adjetivo positivo que se me ocurriera y no la describiera. Era
completamente diferente a todas las mujeres con las que había salido hasta
entonces.
La llevé a casa y pedimos una pizza con queso, olivas y pepperoni, fue
su elección. Tomamos vino y una ensalada César e incluso pedimos la
comida de la pizzería a domicilio que había en la calle, como si fuéramos
dos personas normales. Quería encender la televisión para poder usarla
como distracción, pero, en cuanto lo hice, apareció un anuncio del reality
show de Allie, y fastidió el momento, así que la apagué y puse algo de
música.
“¿Quieres darte un baño en el jacuzzi después de cenar? Creo que un
buen baño caliente puede venirnos bien a los dos… Podemos mirar las
estrellas.”
“¿No son peligrosos los jacuzzis?” Me mandó esa mirada juguetona que
siempre le encantaba lanzar.
“No con mi mejor amiga.” Le mandé un pequeño beso y ella se volvió a
reír. Me encantaba lo comprensiva que era. “Te lo prometo. Seguiré
comportándome.”
Ella me miró con una chispa de amor en los ojos. “Sé que lo harás.
Claro, vamos. Jacuzzi, vino y estrellas suena perfecto como broche final al
día más raro de mi vida.”
Hicimos un extraño brindis de porciones de pizza y nos dirigimos
arriba, al jacuzzi. Me quité la camisa y la tiré al suelo, después mis
vaqueros y mi ropa interior, ella ya me había visto desnudo antes, no había
por qué ser modesto. Viéndome desvestirme de forma tan casual, ella hizo
lo mismo y, en un instante, los dos estábamos desnudos.
Desafortunadamente, mi polla estaba realmente emocionada por ello, y lo
mostró. No era capaz ni de pensar en una imagen que la calmara, porque
Genni era increíblemente atractiva, especialmente desnuda.
“Lo siento, a este pequeño cabrón le gustan las mujeres desnudas. Se
tranquilizará si lo ignoramos.” Bromeé, hablando como si mi polla no fuera
parte de mí.
“No, no pasa nada. Entiendo por lo que está pasando,” suspiró.
“Venga. No hay ni un solo hueso de tu cuerpo que no puedas controlar
en relación a mí,” me quejé mientras me metía en el agua caliente. “Tú lo
tienes fácil, en serio. Ojalá no me atrajeras tanto; sería mucho más fácil no
tener sexo contigo.” No quería decir eso exactamente, pero es lo que dije.
“Finjamos por un momento que hacemos el amor. Luego, ¿qué?”
“¿Te refieres a qué cambiaría de nuestra relación? No creo que cambiara
demasiado. Ya hemos hecho el amor prácticamente, aunque me hayas hecho
esperar. Ha hecho que la necesidad sea mucho más intensa. No creo que
tener sexo contigo aminore demasiado el deseo que siento por ti. En ese
aspecto puede que sea más insaciable.” Todo mi cuerpo se calentó ante el
pensamiento de ir con ella hasta el final. “¿Por qué? ¿Qué está pasando por
esa preciosa cabecita?”
“Créeme, hay un jaleo ahí dentro.” Sacudió la cabeza y se mofó de sí
misma.
“¿Confías en mí?” Era una pregunta atrevida y arriesgada, porque
estaba bastante seguro de que no confiaba en mí ni lo más mínimo.
“No lo sé,” dijo en voz baja.
“Bueno, no es un ‘no’. Lo acepto.” La besé en la mejilla y ella me miró
como si estuviera a punto de llorar.
“¿Qué estoy haciendo? Toda mi vida se ha puesto patas arriba.” Se
mordió el labio y pude ver que estaba lidiando con una angustia existencial,
con más preocupación que la ocasión merecía.
“Todo va bien, estás abrumada y cansada. Un buen orgasmo te aliviará
de todos los problemas.” Ella se rio de mí; por lo menos se rio.
“¿Alguna vez te tomas algo en serio?” Ahora se estaba comenzando a
cabrear.
“Te tomo en serio, pero creo que le estás dando vueltas a muchas cosas
que no tienes poder de cambiar. Sinceramente, si simplemente te rindieras e
hicieras este viaje conmigo, dejarías de pelear contigo misma todo el rato.
Tú quieres que hagamos el amor, lo sé y lo sabes, pero sigues peleando
contra esta imagen de mí y de ti misma, y nunca vas a ganar esa guerra.
Solo déjalo estar y disfruta de la vida. Si te preocupa que vaya a tener sexo
contigo y después te lleve a una montaña desierta del norte del estado de
Nueva York y me deshaga de tu frío cadáver, te prometo que no lo haré. Sé
que hacer el amor contigo implica mucha responsabilidad y estoy dispuesto
a dar un paso adelante si tú también lo estás. Sé que todo ese remolino
interno trata de ti luchando contra tus propios demonios respecto a esto. No
hay nada malo en tener sexo casual, consensuado y con cariño. Eres una
mujer adulta y eso es lo que las mujeres adultas hacen. Tú querías que te
quisiera, bueno, en cierto modo es así. Lo cierto es que te respeto y no
tengo ningún plan de hacerte daño. La verdad es que quiero intentar algo
nuevo para mí. Nunca antes he amado a nadie, pero estoy dispuesto a
intentarlo contigo. Esto es lo máximo que le he suplicado a nadie… nunca.”
Me miró con una expresión de rendición absoluta.
“No puedo dejar de pensar en ti. Y quería… quiero…”
“No hace falta que lo digas. Yo también lo siento.” Entonces me incliné
y la besé apasionadamente, dejando que mi lengua entrara en su boca y la
saboreara mientras me pegaba más a ella.
No hice nada más aparte de besarla, aunque estaba claro que mi polla
quería más. Me lo tomé con calma, consciente de que, probablemente, ese
iba a ser el momento en el que Genni se fuera a dejar llevar y me permitiera
llevarla hasta la luna de verdad. Nos besamos durante un rato hasta que ella
levantó su cabeza y me miró.
“Me estoy poniendo cachonda,” suspiró.
“Yo también. Tengo un dormitorio aquí arriba.” Salí del agua y cogí dos
grandes toallas blancas. “Tiene vistas al cielo, igual que la sala de la
piscina. Y tengo aperitivos y cosas en caso de que tengas hambre, y agua
fría…” Poco a poco, ella salió de la piscina y se me quedó mirando
mientras enrollaba la toalla alrededor de sus hombros. “Seguiremos yendo
solo hasta donde tú quieras. No hay presión. Solo quiero despertarme a tu
lado.”
Ella se enrolló la toalla alrededor de su cuerpo perfecto y en silencio
salió del jacuzzi. “Tú diriges.”
Estaba siendo un poco más como sí misma, pero podía ver que seguía
teniendo dudas. Entramos al dormitorio que solo tenía, bueno, para follar.
Tenía vistas al cielo nocturno y uno podía follar hasta que su corazón mirara
contento a las estrellas, bueno, a las pocas que en realidad podíamos ver a
través de la contaminación lumínica, y ser los únicos en el mundo que
supieran que estábamos ahí. Tenía una obsesión loca por la privacidad, así
que todo tenía cristal triple, que estaba oscurecido por afuera. Nadie vería
nada, así que colgué mi toalla en un perchero en cuanto entré a la
habitación, pero Genni optó por seguir con la suya puesta.
“¿Te apetece un Martini de lavanda? Voy a prepararme uno para mí.”
Caminé hacia la barra totalmente desnudo.
“Camarero desnudo, es la primera vez que veo algo así. ¿Nos puede ver
alguien aquí arriba?” Miró en torno a la habitación, que era prácticamente
toda de cristal.
“No, nosotros podemos mirar afuera, pero ni una sola alma puede
vernos dentro. Mi diseñador es inmaculado. Sigue con la toalla puesta si
quieres, pero a mí me encanta esta sensación.” Empecé a coger lo que
necesitaba para preparar las bebidas mientras ella se sentaba al lado de la
terraza y miraba hacia la ciudad que estaba a nuestros pies.
“Tienes una vida increíble, Cash,” murmuró.
“Increíblemente solitaria a veces,” dije, llevándole la bebida. “¿De qué
sirve todo esto sin nadie con quien compartirlo?” Ella le dio un sorbo a su
bebida y no contestó, seguía luchando contra sus demonios internos, así que
llevé una silla detrás suya y comencé a masajearle los hombros. “No le des
demasiadas vueltas a todo esto.”
Ella se bebió su copa de un trago, lo cual no me esperaba para nada, se
giró hacia mí y me volvió a besar en los labios. Después me besó en el
cuello, el hombro y por mi pecho. Mi sangre empezó a bombear con fuerza
y no podía pensar con claridad. Me puse de pie, la levanté de la silla y la
llevé a la cama. El resto de la noche podría ser comparada con un tren de
mercancías acelerando por un pequeño y seductor pueblecito lleno de niebla
y sorpresa. Me dio total permiso para tocar, saborear y sentir.
“Con que digas una palabra, pararé,” le aseguré, y ella me agarró del
pelo y llevó mi cara a su boca.
“Quiero esto. Quiero todo de ti. No puedo esperar más. Me estoy
volviendo loca.”
Capítulo 19
Genevieve
No tenía ni idea de qué me pasaba, pero me sentía loca de necesidad.
Todas las células de mi cuerpo gritaban por Cayden, el hombre detrás del
mito de chico malo. Él había sido bueno, había mostrado contención, y yo
no me podía aguantar más. Estaba loca por él. Recorrí un camino de besos
por su cuerpo hasta su dura erección y me metí ese chico malo directamente
en la boca. No pensé, solo hice lo que mis instintos me dijeron que hiciera,
balanceándome y chupándole arriba y abajo. Acaricié su tripa, y después
masajee sus pelotas e intente tomar todo lo que pude de su polla de gran
tamaño hasta mi garganta, lo cual le hizo gritar.
“Joder, Genevieve…” Me encantaba que dijera mi nombre completo.
Me encantaba escucharle gritar en éxtasis. Quería más de él… todo de
él.
“Quiero que me hagas el amor,” le supliqué prácticamente cuando dejé
su polla dura.
“Bueno, no voy a ir ahí directamente, así que túmbese, señorita Green, y
déjeme que la ponga toda húmeda y deslizante para el viaje de su vida.”
Nos lo estábamos pasando bien, nos estábamos riendo, sentaba bien.
Esto estaba bien. Estas eran cosas que me estaba diciendo a mí misma todo
el rato mientras él me chupaba con fuerza mis pezones desnudos,
mordisqueándome de forma intermitente mientras chispas de deseo
inundaban todo mi cuerpo. Me arqueé hacia él para darle más mientras sus
dedos acariciaban y masajeaban mi otro pecho, volviéndome
completamente loca. Incluso por un momento pensé que me había echado
algo en la bebida, así de cachonda estaba por él, pero me hubiera dado
cuenta de que no tenía el control de mi mente racional y mi cuerpo.
Definitivamente, yo estaba al mando. Lo necesitaba, lo deseaba y, para
cuando acabara la noche, iba a tenerlo.
Él fue delicado y pasional mientras chupaba su camino hacia mi tripa, y
me dio pequeños mordisquitos, todos dolían y a la vez sentaban muy bien.
No estaba segura de si estaba intentado dejarme marcas o qué estaba
haciendo, pero sentía como si me estuviera comiendo viva, como si
estuviera tan hambriento de mí como yo lo estaba de él. Entonces descendió
más, y yo abrí mis piernas para él, sintiéndome temblar. Solo me llevó un
toque de su dedo en la caverna sedosa de mi coño para saber lo mucho que
lo deseaba.
Él se asomó a través del paisaje de mi cuerpo y sonrió. “Tienes gansas
de hacer esto, ¿eh?”
“Vale, no te regodees, solo… agh. ¡Métete dentro de mí!” Le gruñí
prácticamente.
“Puede que me enmarque esa frase… es perfectamente tú.”
Me aseguré de mandarle una mirada por mi cuerpo brillante que
temblaba en anticipación a lo que iba a venir. Su caliente y húmeda lengua
se deslizó por los lados de mi vulva y bailó por el centro, provocándome,
haciéndome gemir. Sus dientes afilados pasaron por mi clítoris y chupó y
mordisqueó ahí como lo había hecho en mis pechos, y yo llevé mi coño
hacia su cara.
“Por favor, Cayden. Por favor…” Gimoteé.
“Me encanta que me llames así.” Se sentó y se me quedó mirando.
“Nadie me llama Cayden.”
“Agh, fóllame ya, Cayden, ya trataremos la semántica después. Te deseo
tanto que voy a explotar.”
“¿Explotar sobre mis sábanas de algodón egipcio de ochocientos hilos?
Eso estaría mal. Deja entonces que me ponga a ello.” Se puso de rodillas y
yo puse mi mano sobre él, sintiendo su cálido y duro pecho.
“Pero sé suave, tengo que cantar mañana.” De repente, entré en pánico.
“Y respirar y hacer otras cosas.”
“No soy un salvaje, no voy a devorarte. Bueno, voy a hacerlo, pero
podrás respirar y hacer muchas otras cosas mañana. Solo relájate y disfruta,
yo me ocupo.”
Quería confiar en él, pero estaba muy asustada.
Así fue, estuve asustada hasta qué él puso su boca sobre mí y comenzó a
hacer su magia. Su cálida lengua tocaba sitios que nunca antes habían sido
tocados por otro ser humano, al menos no con la boca. Chupó mi clítoris
con fuerza y la electricidad recorrió todo mi cuerpo, cegándome de todo
menos de deseo. Todo lo que quería era tener a Cayden dentro de mí.
Quería que nuestros cuerpos se convirtieran en uno y encontrar un lugar en
el que juntos pudiéramos compartir una experiencia que fuera nuestra y solo
nuestra.
“Te deseo, Cayden. Por favor. ¡Te quiero dentro de mí ya!,” me las
arreglé para decir con una determinación loca por el deseo.
“Como tú desees, ya podemos ponernos a ello.” Me dio un beso en el
coño y mi mente se catapultó al éxtasis. Aún estaba nerviosa, pero él hacía
que todo fuera más fácil mientras me besaba y suavemente pasaba la cabeza
de su polla por mi húmedo y ávido coño.
“¡Estoy bien, estoy lista!” Presioné mis manos contra sus firmes nalgas
y lo atraje hacia mí.
“Vale, amor mío, allá vamos.” Y así fue. Lentamente, de forma
agonizante, centímetro a centímetro, entró dentro de mí hasta que alcanzó la
barrera de mi virginidad, y yo cerré los ojos con fuerza, esperando la
punzada de dolor que había oído que acompañaría su pérdida, pero no llegó.
Abrí mis piernas para él para darle más espacio, pero él no me embistió
como pensé que haría. En vez de eso, me sonrió, me volvió a besar en la
boca y con dos dedos jugó con mi clítoris mientras nuestros cuerpos estaban
aplastados juntos, y cuando la electricidad se convirtió en una tensa pelota
en mi tripa de una forma que no podía soportar más, me estremecí y temblé
por un orgasmo tan poderoso que ni siquiera me di cuenta de que él había
aprovechado ese momento en el que volvía de las alturas para penetrarme,
sintiendo el placer y el dolor como un cuchillo afilado, y de repente estaba
increíblemente llena… de él.
“Estoy ahí,” dijo suavemente mientras se quedaba dentro de mí y
esperábamos a que los fuegos artificiales y las mariposas se relajaran.
Me quedé quieta con mis sensaciones, aún me sentía un poco abrumada,
excitada y cómoda… ¿quizás amada? No estaba segura. Me volvió a besar,
mirándome a la cara, bebiéndome.
“Hola,” dije, sintiéndome un poco estúpida.
“Hola,” se rio él. “¿Cómo te sientes?”
Le miré y le dije. “Mucho.” Por muy poco elocuente que fuera, eso era
exactamente lo que estaba sintiendo.
“¿Mucho bueno? ¿Mucho malo? ¿Mucho no sé?” Se puso a indagar, lo
cual agradecí.
“Estoy bien.”
“Vale.” Se movió lentamente dentro de mí, y ahí estaba de nuevo ese
pinchazo de excitación, pero nada más. “¿Estamos listos para hacer el
amor?” Me preguntó en un extraño tono tejano.
“¿Mm?” Ladeé mi cabeza y le mandé una mirada extraña.
“¿Estás bien para que vaya ahí?” Parecía estar conteniéndose, como si
aún no hubiera llegado a su sitio feliz.
“Lo estoy, si necesito que pares…” por alguna razón, seguía echando el
freno, pero estaba bien.
Me encantaba la sensación de tenerlo dentro de mí. Era intenso, pero
también impresionante. No estaba segura de cómo él se estaba sintiendo,
aparte de listo para darlo todo.
“Te prometo que, solo con que digas la palabra ‘para’, te daré un
respiro.” Se movió más, saliéndose y después lentamente volviendo
adentro, y ahí estaba ese exquisito dolor volviendo a aumentar.
Enrollé mis piernas alrededor suyo y lo atraje más cerca de mí,
queriendo tener todo lo posible de él. Por alguna razón, no podía acercarme
lo suficiente y, cuando empezó a bombear en serio, todas las células de mi
cuerpo estaban sincronizadas con él, con sus movimientos, con su deseo y
necesidad, pero más importante, con su cariño conforme se aseguraba de
besarme y tocarme durante la experiencia. Pronto todo fue una neblina de
movimiento, besos, embestidas en llamas, y bombeo hasta que mi interior
se apretó tanto que exploté por toda yo y él, y el cálido zumbido de la
euforia me envolvió. Estaba tan en mí, volviendo del mejor orgasmo que
había tenido nunca, que apenas fui consciente de que de repente Cayden se
salió de mí y se la tocó unas cuantas veces antes de correrse sobre mi tripa,
jadeando y gimiendo hasta que colapsó encima de mí, caliente, exhausto y
pesado.
“Dios, eres el cielo,” suspiró mientras volvía de su propia liberación.
“Eso ha sido increíble.” Me acurruqué más entre sus brazos,
sintiéndome confusa y cansada, y antes de darme cuenta, ya me había
dormido.
No tenía ni idea de si él quería tener una charla postcoital, yo estaba tan
contenta y eufórica que me quedé frita. A la mañana siguiente, me desperté
con el sol dándome en la cara, me había olvidado por completo de que me
había quedado dormida en una habitación acristalada. Estaba molesta e
irritada, para nada con dolor, pero me sentía un poco magullada. Al
principio, pensaba que era cansancio, pero conforme abrí los ojos, todos los
recuerdos de la noche anterior me inundaron. Cash estaba durmiendo a mi
lado, pero él también estaba empezando a despertarse. No tenía ni idea de
qué hora era, pero di por hecho que era pronto.
Me notaba como si hubiera estado entrenando fuerte, pero, sobre todo,
quería darme una ducha. No estaba necesariamente sucia, solo un poco…
meh. Miré a Cash y no estaba segura de cómo sería para nosotros la mañana
de después de haberlo hecho. ¿Daría una vuelta triunfal como la primera
persona que había ido a donde ningún otro hombre había estado antes? ¿Iba
a estar caballeroso y me iba a preparar el desayuno? ¿O iba a actuar como si
yo solo hubiera sido un polvo más? No tenía ni idea, y en realidad no estaba
lista para nada de eso. En primer lugar, no era una persona muy
madrugadora, pero ahí estaba ante el sol resplandeciente, sin saber bien
cómo mirar a Cash o ni siquiera querer hacerlo.
“¿Cómo te encuentras?” Preguntó en un susurro ronco.
“Estoy mm… Yo… ¿Cómo te encuentras tú?” Odiaba ponerme en ese
plan, pero las palabras no me iban a salir, así que ni me molesté en
intentarlo.
“Acabo de ir y volver del cielo, puede que tú te estés sintiendo más bien
como si te hubiera atropellado un camión, así que voy a preparar la ducha
para los dos y pediré un buen café y comida. Te aconsejo que te tomes una
aspirina, solo por si acaso. ¿Tienes antojo de algo en particular?”
“Antojo, ja, eso es gracioso. Lo bueno es que no tengo antojo de nada…
Quiero decir, no hablamos de métodos anticonceptivos, pero no hay ningún
problema, ¿no? ¿La sacaste?” De repente estaba preocupada.
“Lo hice y todo va bien. He saltado del barco un montón de veces, el
esperma no alcanzó su objetivo, te lo prometo. Pero a partir de ahora vamos
a tener que ser más cuidadosos. Conozco un ginecólogo excelente que te
puede recetar pastillas anticonceptivas esta misma tarde.” Salió de la cama
y, pese a que su polla estaba semi erecta, seguía viéndose gigante.
“Dios, ¿he tenido todo eso dentro de mí?” Murmuré más para mí
misma, sintiéndome victoriosa, pero Cash me escuchó.
Él se rio, “ja, me tomas por un verdadero profesional.”
“Ya, profesional no era la palabra que hubiera dicho,” yo también me
reí, pero un poco incómoda.
“Estuviste dulce y perfecta.” Me lanzó un besó y desapareció en el baño
en suite.
Me alegraba tener un pequeño descanso de su intensidad. Miré
alrededor de la habitación, que tenía una visión 360 de Manhattan, y me
maravillé ante lo que el dinero era capaz de comprar. Además, tenía buen
gusto, todo estaba perfectamente diseñado. La habitación era impecable, y
desde la cama podía ver la piscina y el jacuzzi. Todo era de tejidos suaves y
de colores azul apagado y verde agua. Había fuentes que alimentaban la
piscina, de las cuales no me había dado cuenta antes, y el suelo era de un
mármol gris apagado con una textura lo suficientemente áspera como para
no resbalarse.
Cogí la sábana de la cama y me la enrollé mientras me levantaba y me
dirigía a la otra sala. En cuanto empecé a caminar, tuve una pequeña
sensación ahí abajo de que había sido desflorada, pero no era para nada algo
malo, y no algo que me detuviera de volver a querer estar con Cash. Era
divertido y liberador, y no me arrepentía en absoluto. Entré a la sala de la
piscina, que era en parte piscina y jacuzzi y en parte sala de estar/bar. Me
senté en una silla acolchada y miré hacia la ciudad, dejando que mis
sentimientos se asentaran.
Capítulo 20
Cayden
No estaba seguro de cómo estaba Genni. Parecía un poco distante al
despertarse, pero sabía que solo eran sus nervios y quizás preocupación de
que la noche no hubiera significado tanto para mí como podía haber
significado para ella. No iba a dejar que les diera demasiadas vueltas a sus
pensamientos, porque la noche había sido increíble. Ella había estado
increíble, tan receptiva, tan preciosa. Me preocupé más de lo que pensaba
que me preocuparía por ella, y quería que supiera que nada había cambiado
entre nosotros. Seguíamos en nuestros seis meses de prueba, seguíamos
aventurándonos hacia lo desconocido y ella era, tanto lo quisiera ser como
no, una forma de limpiar mi reputación.
“Bueno,” entré a la sala de estar completamente desnudo, consciente de
lo extraño que era sentirme tan cómodo con ella, pero si estábamos
haciendo esto, se tenía que acostumbrar a mí. “¿Estás lista para la ducha?”
Pregunté, manteniendo el tono ligero.
Ella me miró y se rio, esa era una buena señal, ¿no? Llevaba una sábana
de la cama enrollada y se veía un poco perdida en el voluminoso espacio.
“Claro.” Se puso de pie, se ajustó más la sabana alrededor de ella y
caminó hacia mí.
Me aseguré de darle una palmada a su culo cubierto conforme pasó por
mi lado. “Fuiste toda una guerrera anoche, Genni. Me encantó cada
minuto.”
Ella giró la cabeza para mirarme y me sonrió. “Bien.”
Mmmm, eso era todo lo que iba a sacarle, supuse. Fui detrás de ella y
suavemente le quité las manos de la sábana que estaba agarrando sobre su
pecho.
“No puedes llevar esto en la ducha,” le dije de broma, y ella se rio con
nerviosismo. “¿Deberíamos hablarlo? ¿O quieres esperar a que salgamos de
la ducha?” Esperaba que supiera a qué me refería.
De repente, parecía distante, lo que pasaba a menudo con las vírgenes
que ya no lo eran, aunque yo no hubiera dicho que Genni fuera exactamente
virgen, pero ella había hecho una entrega más profunda conmigo que con
cualquier otra persona, y, en realidad, yo solo estaba haciendo lo mío. No le
había dado nada más que a cualquier otra mujer con la que me había
acostado, pero, con ella, sabiendo lo mucho que había en juego, había sido
diferente, y quería que supiera eso.
“Claro.”
“Vale, anoche perdiste la virginidad. ¿Te arrepientes?” Fui directo al
grano.
“¿Te arrepientes tú?” Se giró hacia mí, parecía un poco perdida.
Mi feroz diva estaba un poco apagada esa mañana. “¿Por qué iba a
arrepentirme?” Le di un cálido beso en la mejilla. “Fue precioso, todo en ti
es precioso; incluso la forma en la que haces el amor.”
Eso pareció relajarla. “Pero en realidad yo no hice nada para ti,” dijo en
voz baja.
“Aparte de darme algo que guardabas con mucho cariño. No necesitaba
nada más que eso. Y, si quieres mi consejo, no hagas más grande esto. Deja
que todo sea como es. Nos daremos una ducha, desayunaremos y hablaré
con la gente de Taylor sobre el dúo, porque no queremos perdernos esa
oportunidad. ¿Vale?”
“Vale.” Se relajó un poco y nos metimos en la ducha, el único problema
era que, en cuanto entramos a ella, quería volver a follármela.
“¿Y cómo te sientes?” Le pregunté mientras colocaba un dedo
delicadamente en su recientemente abierto sexo.
“Un poco irritada.”
“Un buen orgasmo puede ayudar con eso.” Empecé a mover mis dedos
alrededor suyo y a jugar un poco, y después la besé en el cuello mientras el
agua caía sobre nosotros.
“Oh, ¿tú crees?” Ahí estaba de nuevo…
Se rio mientras la masturbaba hasta llevarla a un pequeño orgasmo. Ella
me devolvió el favor con una paja que hizo que me corriera muy rápido.
Me encantaba estar con ella. Era divertida y no se tomaba a sí misma
demasiado en serio. Me di cuenta de que me la había traído conmigo sin
nada que ponerse, así que se puso unos pantalones míos de chándal y una
camiseta que le quedaba ancha en su cuerpo perfecto, haciendo que
estuviera más adorable aún. De camino a la puerta, cogió una de mis gorras
de béisbol para completar el look. En cuanto nos metimos en el coche, cogí
mi teléfono por primera vez en toda la mañana. Solo eran las ocho, no es
que estuviera holgazaneando, pero mi teléfono debía de haber estado
recibiendo llamadas toda la noche. Mientras que me encantaba tener tiempo
para dedicarme totalmente a Genni, en el futuro, tendría que asegurarme de
que mi teléfono estuviera encendido para no perderme nada importante.
Había miles de emails del mánager de Taylor y de Kevin diciéndome
que Genni tenía que ir a la suite de Taylor a las diez. Teníamos tiempo de
sobra para preparar a Genni para esa reunión, así que pasamos por un
Starbucks y pedimos para que nos trajeran nuestros cafés y muffins al
coche.
“Cómo te pasas,” dijo con un bigote de crema de cappuccino sobre su
labio superior.
“Oh, ¿en serio quieres verme ir ahí adentro mientras tenemos una
agenda programada? Yo no voy a sitios normales.” Me daba igual lo clasista
que sonara, era la verdad.
“Agh, estás hecha toda una princesa.”
Eso hizo que levantara las cejas, nadie me había llamado princesa antes.
“Me gustas, Genni. Vives al borde del peligro y no tienes miedo de que te
pueda matar por haber dicho eso.” Me reí, pero era cierto que nadie más se
hubiera atrevido.
“Sé que me gustan las cosas salvajes, como dormir con un hombre que
tiene la reputación de ir de flor en flor.”
“Sí, ese soy yo y por eso estás aquí, para ayudarme a superar esos
pequeños baches de relaciones públicas. Me haces tener buena imagen.”
No, no debería haber dicho eso.
“Encantada de servirte.” Le dio un trago a su café y se calló.
No se había cerrado por completo, pero tenía esa mirada distante de
nuevo. Francamente, no tenía tiempo para eso. Teníamos que llevarla a
peluquería y maquillaje y asegurarnos de que estaba lista para su gran
momento. En cuanto entramos al hotel, mi personal estaba ahí para
llevársela.
“Recuerda, esto es divertido,” le dije mientras la besaba, y se la llevaron
a su suite para prepararla.
Lo que ella no sabía era que me había pasado la mayor parte del tiempo
en el que ella se había quedado callada en el coche escribiendo
frenéticamente a Kevin para que llamara a los estilistas y fueran pitando al
hotel. Contábamos con maquillaje y peluquería en el edificio porque
teníamos un estudio en el que a veces hacíamos grabaciones en vivo. Hice
que los estilistas llevaran ropa, extensiones para el pelo, maquillaje,
zapatos, todo lo que Genni necesitara para estar lista. No es que no tuviera
belleza natural, pero en el despiadado mundo de la industria musical, la
belleza natural no era suficiente. Mientras preparaban a Genni en su suite,
me reuní con Kevin en el vestíbulo.
“Bueno, ¿cómo está yendo la operación ‘limpieza de mis actos’?” Le
pregunté.
“Desde el ángulo de las relaciones públicas, los dos os veis bien. He
visto el metraje del show y Allie aparece como más cabrona que tú, así que
es una victoria.” Kevin llevaba trabajando conmigo toda la vida; conocía el
juego casi mejor que yo.
“Genni es perfecta.” Era extrañamente protector con ella, como si ya no
quisiera jugar más al juego, no con ella.
“Genial. Bueno, esto con Taylor Rayne va a ser épico. Esto debería
hacerla llegar al estrellato. ¿Estáis listos para acelerar a fondo?”
Tuve que reírme porque, ¿no habíamos al fin acelerado a fondo la noche
anterior?
“Sí. Veamos a dónde nos lleva esto.” Solo eran las nueve y media de la
mañana y ya quería una copa.
Genni emergió unos cuantos minutos después, estaba fresca y
deslumbrante. Llevaba unos pantalones vaqueros, una blusa desenfadada y
estaba preciosa en plan natural, no obstante, no había sido arreglada como
esperaba que lo fuera. Intenté no parecer enfadado mientras venía hacia mí.
“Ey, amor. ¿No ha llegado la gente de maquillaje a tiempo?” No debería
haber preguntado eso, lo supe en el momento en el que lo hice, me esperaba
un terremoto.
“Oh, la gente de maquillaje,” el sonido de su voz daba miedo; era una
mezcla de condescendencia y maldad. “No les he abierto la puerta, así que
no estoy segura de qué ha pasado con ellos. Me he puesto mi música y me
he perdido en mí misma. Necesitaba sacar lo mejor de mí, y ellos iban a
fastidiar la atmósfera. Por cierto, me he encontrado con Taylor en el hall.
Hemos tenido una charla de un minuto y vamos a hacer esto en su suite.
Solo he bajado para decírtelo. Estamos listas para empezar a cantar, así que,
si quieres subir y pasar el rato con su séquito estaría genial, de lo contrario,
podrías acercarte un rato para tener todo bajo control.” Ya estaba hablando
como una profesional.
“Subiré. Tengo muchas ganas de escuchar lo que estéis cociendo.” Y
quería asegurarme de que su encanto rural no fuera demasiado encantador.
No necesitaba que con su dulzura y sinceridad destrozara nuestra tapadera.
Cuando entré a la suite con Genni, el sitio parecía una casa de locos.
Taylor se la llevó antes de que ni siquiera pudiera advertirla. Boom, se
había ido, dejándome con los lobos; no era un buen lugar en el que estar.
Me enfrenté a ellos lo mejor que pude, menos mal que Kevin también había
venido. Había perfeccionado las evasivas hasta convertirlas en un arte. La
‘gente’ curiosa de Taylor no consiguió nada más allá de lo básico sobre
dónde había encontrado a Genni, si estaba saliendo con ella, si iba a firmar
con ella, si éramos más que una relación casual… Todas las respuestas a las
preguntas que estaban empezando a aparecer en Internet no habían sido
realmente dichas. Nos llevó un par de horas y pronto todos nos fuimos a
nuestros propios rincones a hacer lo nuestro.
Lo cierto era que tenía trabajo que hacer, ya que tenía otros artistas,
muchos de ellos listos para lanzar grabaciones, así que tenía que escuchar
las mezclas finales, tomar notas sobre las canciones nuevas, etc., había
mucho trabajo por hacer, y todo lo que había estado evitando se había
acumulado. Empecé a enfrascarme en ello cuando Genni apareció
resplandeciente con su nueva mejor amiga.
“Bueno,” empezó a decir Taylor, también brillando de euforia; parecía
que habían pasado horas follando juntas. “Lo hemos lanzado.” Me encantó
la mirada de cabreo en la cara de su mánager, porque él no era el único en la
sala preparado para rugir.
“¿Qué quieres decir con que lo habéis lanzado?” Pregunté
cautelosamente.
“Una versión acústica de ‘Angel’. Genevieve y yo acabamos de hacer
un vídeo juntas para YouTube. Estábamos a tope,” se rio con ese dulce
encanto rural suyo y me di cuenta de que Genni y Taylor podrían haber sido
hermanas, las dos tenían esa actitud amable y despreocupada, y mi
estómago se hizo un nudo.
El mundo iba a devorar a Genni, no porque ella fuera demasiado
inocente, en realidad no era tan ingenua, pero iban a clamar por ella hasta la
extenuación.
“¿Y no me la has enseñado?” La voz de su mánager estaba marcada por
el estrés.
“Vamos a enseñárosla ahora.” Taylor cogió el mando a distancia de la
TV gigante de la sala de estar y la encendió.
De forma casual, pasó por los canales de YouTube y escribió Taylor
Rayne, y el nuevo vídeo apareció con cuatrocientas visualizaciones. Ahora
no puedes simplemente publicar un vídeo en Internet y conseguir que se
empiece a mover en una hora a no ser que sea un directo. Y ahí estaba en la
parte inferior de la pantalla, publicado en vivo hacía cinco minutos. Hubiera
lo que hubiera en ese vídeo, ya había salido al mundo, y probablemente la
prensa estaba viéndolo a la vez que nosotros.
“Hola a todos.” El vídeo empezaba con Taylor hablando a la cámara y
Genni sentada a su lado en una silla del comedor, ambas con guitarras y
micrófonos. “Ella es Genevieve Green. Acabamos de grabar una nueva
canción, “Angel”. Estoy muy emocionada con esta canción, pero vayamos
al grano, ¿por qué no la tocamos para vosotros y después Genni os habla
sobre la canción?” Miró a Genni y preguntó, “¿te parece bien?”
“Sí,” dijo Genni mientras aparecía una sonrisa en su expresión, muy
parecida a las muchas que había visto la noche anterior, con amor, ojos
iluminados… feliz.
Las dos mujeres se miraron la una a la otra y entonces Genni comenzó a
tocar la guitarra, su voz era fuerte y melódica. La maestría de su propio
sonido y expresión siempre me había impresionado, pero poca gente de la
que había en la habitación la había escuchado cantar. Conforme el vídeo se
reproducía, Taylor la miraba con una sonrisa de hermana mayor, y las dos
se sentaban en el sofá triunfalmente viéndose a ellas mismas tocar. En el
vídeo, Taylor se unía a la armonía, era el tipo de sonido que podía derretirte
el corazón. Era como sexo líquido de dos cantantes increíblemente
preciosas, talentosas y llenas de alma. Tenía que admitir que era
hipnotizante. Me daba igual si no había maquillaje y Genni se veía un poco
descolorida con la iluminación de mierda. El vídeo estilo amateur era
vibrante, exquisito y emotivo. Cuando la canción terminó, todo el mundo
estaba callado escuchando a Genni explicar el significado de la canción.
“Escribí esta canción para mi abuela cuando tenía once años. Es un
poema que compuse después de que ella falleciera. Ella luchó con fuerza
contra el cáncer, una mujer que había trabajado toda su vida después de que
su marido la dejara para criar a sus cuatro hijos sola y construir un futuro
para ellos. Ella era una mujer fuerte que no dejaba que nadie la derribara,
hasta que el cáncer finalmente lo hizo. Simplemente pensé que, si había
alguien que se merecía ser un ángel, esa era ella. Así que pensé que, si iba a
tener un ser celestial a mi lado, quería que fuera mi abuela, por eso la línea,
‘Siéntate a mi lado y ayúdame a ver lo que hay en la periferia, así no
perderé de vista mi destino’. Es por todas las veces en las que yo no sabía
qué iba a pasar, pero confiaba en que mi ángel guardián se asegurara de que
fuera lo que fuera, fuera a ir bien.”
“Eso es precioso,” añadió Taylor. “Y te da, no sé… te da una sensación
de esperanza, ¿verdad? De que podemos tomar una decisión y saber que,
pese a que nuestra decisión sea acertada o no, tendremos a un ángel
cubriéndonos las espaldas.”
Vi como las visualizaciones se duplicaban en cuestión de diez minutos.
“Vale, vale.” El manager de Taylor suspiró, dejando salir mil toneladas
de estrés. “Esto se va a volver viral. Esto es bueno. Esto es muy bueno. ¿De
dónde has salido tú?” Miró hacia Genni y preguntó.
Capítulo 21
Genevieve
Había estado trabajando duro toda la mañana, pero cantar con Taylor
fue muy fácil. Nos llevamos bien de inmediato, ella se aprendió la canción
en apenas minutos y enseguida estábamos en marcha. Vibramos como si
lleváramos cantando juntas toda la vida.
“Qué guay, ¡ha quedado genial!” Taylor me miró y nos chocamos los
cinco de manera juguetona. “Podemos trabajar para sacar una grabación
apropiada y un vídeo. Estoy segura de que Cash conoce el procedimiento.”
Taylor le lanzó a Cash una sonrisa, la cual él le devolvió.
“Sí, organizaremos todo esto. Estoy bastante seguro de que nos acabáis
de restar a los dos diez años de nuestras vidas con el pequeño truco de
magia que acabáis de hacer, pero esto va a ser una locura. No se me ocurre
una mejor presentación para Genni.”
Cash estaba convirtiendo rápidamente este momento divertido
improvisado en trabajo, y en parte lo odiaba por ello, pero era productor de
música, ese era su superpoder. Supuse que simplemente estaba siendo él
mismo, que es lo que yo le había pedido. No podía echarle la culpa por el
hecho de que en ese momento no me gustara demasiado.
Tras ver el vídeo de YouTube, que rápidamente ganaba visualizaciones,
pedimos comida para que nos la trajeran a la suite y hablamos de la
logística de la canción. Cuando todo estuvo dicho y hecho, quería quedarme
y salir con Taylor, pero se la llevaron, y también a mí. En secreto nos
escribimos la una a la otra y planeamos una ‘reunión nocturna’ cuando toda
esa gente se apartara de nuestro camino. Le dije que quizás me costara
perder de vista a Cash, pero esa noche tenía toda la intención de dormir en
la cama del hotel. Necesitaba un poco de tiempo para procesar todo. Los
últimos días habían sido demasiado raros para ser creídos.
“Habéis estado impresionantes,” dijo Cash cuando estuvimos
finalmente solos esa tarde. “¿Quieres que salgamos a cenar antes de volver
a mi casa?”
“Acerca de eso.” Tuve que decir simplemente.
Él me miró conforme su expresión se hundía. “¿Sí?”
“Necesito una noche libre. Quiero decir, toda para mí, para poder
procesar todo lo que está pasando.”
“¿Y no puedes procesarlo conmigo al lado?” Sonó como si me estuviera
acusando.
“Solo esta noche.” Le ofrecí una sonrisa cálida.
Lo cierto era que quería pasar más tiempo con él y explorar lo que
habíamos comenzado, pero no esa noche. Quería pasar el rato con Taylor y
tocar y tener un minuto para mí misma. Además, tenía que llamar a Peyton,
porque en cuanto había visto el vídeo, se había quedado flipando y
queriendo saber todos los detalles, y yo no había tenido tiempo para hablar
con ella. Me había prometido a mí misma que no la dejaría tirada, que era
su mejor amiga y siempre lo sería. Esos días no estaba siendo una buena
amiga precisamente, así que tenía que dar un paso y mostrarle que no me
estaba alejando de ella.
“Tengo que decir que eso me desanima.”
“Lo sé, te lo recompensaré mañana. No me estoy alejando y quiero
mantener, mm… disfrutar de lo que tenemos, es solo que esta noche
necesito un poco de espacio. Te llamaré mañana y así podremos hacer
planes.”
“En realidad, mañana va a terminar gran parte de la renovación de tu
apartamento. Creo que deberías pensar en mudarte a tu nuevo hogar y
después prepararte para nunca estar ahí. Y así, en la extraña ocasión en la
que necesites estar lejos de mí, estaré a tu lado, por si acaso cambias de
opinión,” dijo mientras ponía su mano sobre mi rodilla.
El sexo no iba a convencerme, no esa noche. Le di un apretón a su
mano. “Eres un tío jodidamente intenso.”
Él se rio, yo me reí, y el momento tenso desapareció.
“Entonces, ¿quieres que te deje aquí?” Sonaba muy dolorido.
“Sí, porque si pedimos comida en la habitación, beberemos y nos
besaremos, y después meterás tu polla dentro de mí y lo haremos. Así que,
para evitar esa cadena de acontecimientos en particular, voy a echarte de mi
habitación para poder tener un poco de espacio para respirar. Fuera.” Me
puse de pie y comencé a empujarlo. “Fuera, fuera, fuera.”
“Sabes que no deberíamos empezar nuestra relación contigo queriendo
deshacerte de mí, ¿verdad?” Gruñó.
“Solo esta noche.”
Me costó un poco, pero finalmente le convencí para que me dejara, así
que tuve un respiro, llamé a Peyton y le di todos los detalles, y justo a
tiempo la asistente de Taylor llamó a la puerta de mi habitación.
“Si estás disponible, a Taylor le gustaría venir,” ella era muy educada y
amable.
“Claro, aunque estoy muerta de hambre, así que si ella tampoco ha
comido podemos pedir algo.”
“Se lo haré saber,” es todo lo que me dijo la asistente de Taylor antes de
alejarse.
Unos cuantos minutos después, Taylor apareció en mi habitación y nos
sentamos y hablamos como si nos conociéramos de toda la vida. Aunque
ella no me preguntó por Cash, yo le conté que ambos sentíamos una especie
de atracción animal que estaba intentando entender. El consejo que me dio
Taylor fue que me lo tomara con calma. Ojalá pudiera haberle contado todo.
Necesitaba una amiga, pero creo que le conté suficiente. Ella lo
comprendió; no estaba siendo cegada por Cash.
“Solo he estado con él un par de veces, pero no me creo todos esos
rumores. Aunque es un hombre de negocios. Tú mantén tus ojos bien
abiertos,” me advirtió.
“Lo sé. Lo cierto es que debería salir corriendo, pero mi estúpido
corazón quiere que me quede.”
Ella se rio. “Espera y toma nota, quizás aquí haya una canción.” Las dos
nos reímos de eso, y la noche pasó volando.
Para cuando nos despedimos, el vídeo en directo de YouTube se había
vuelto viral.
“Bueno, bienvenida al cohete espacial,” dijo antes de que su asistente y
un guardaespaldas la acompañaran por el pasillo hasta su habitación.
“Ja, ja, ¡muy graciosa!” Grité desde detrás de ellos mientras ella me
decía adiós con la mano y una sonrisa pícara.
Pero, por muy graciosa que pensaba que estaba siendo, estaba
totalmente en lo cierto, los siguientes meses fueron exactamente como un
cohete acelerando a través del espacio exterior. Pasó mucho, apenas tengo
las palabras para describir lo mucho que mi vida cambió.
Al día siguiente me mudé a mi nuevo apartamento, lo cual era raro
porque aún había trabajadores en él, así que tuve que vivir con Cash. Estoy
segura de que todo eso estaba cuidadosamente planeado para hacer que me
quedara con él, lo cual pensé que era infantil, hasta que tuve su cara entre
mis piernas, haciéndome el mejor cunnilingus que una mujer había recibido
nunca. Mi vagina tenía un Mai Tai en una mano y un Martini en la otra
mientras yacía estirada en las costas de Martinica. Me corrí en su propia
cara y no me arrepentí ni lo más mínimo. Estábamos siendo juguetones y
divertidos. Él me penetró mientras yo estaba a cuatro patas y, por mucho
que quisiera seguirle el juego y dejar que me la metiera desde detrás, en
parte odiaba esa posición porque no podía verle la cara. Quería ver la
euforia en sus ojos, pero, en vez de eso, él se corrió sobre mi espalda y
colapsó sobre mí, jadeando y sudando. Lo cierto era que no era el tipo de
experiencia que esperaba.
“Joder, Genni.” Dijo tras recuperar su aliento. “Lo tienes tan
jodidamente ajustado.”
“Bien cerrada, seguro que también podrías notar tu mano así de
ajustada.”
“¿Pasa algo?”
“No, pero quiero poder mirarte cuando hagamos el amor. Me siento
follada.” Lo miré con seriedad.
“Tenemos que llevarte al ginecólogo. Tengo miedo de dejarme llevar
por las emociones demasiado y no sacarla a tiempo, y entonces sería una
catástrofe.” Sacudió la cabeza como si por haber eyaculado en mi culo
hubiera evitado un desastre natural.
“¿Quieres decir tener un bebé?”
“No yo… Eso no va a pasar estando yo.” Me besó en las tetas y me dio
una palmada en el culo mientras me giraba hacia él.
“Estoy de acuerdo. Hasta que no tenga solucionado el tema de las
anticonceptivas, no haremos nada más.”
La expresión de su cara se hundió como si le hubiera herido
gravemente. “¿Qué? ¿Sin sexo? Puedo hacer que un médico te vea mañana.
Habremos solucionado todo esto mañana por la noche.”
“Mañana voy al estudio de grabación y tengo ensayos con Taylor
durante los próximos dos días…” Estaba intentando hacerle saber que
conseguir algo que evitara que tuviera un bebé suyo no era mi prioridad.
“Le haremos un hueco.” Me besó, se giró y se puso a dormir.
Estaba claro que no estaba siendo tan romántico como lo había sido, y
francamente no estaba disfrutando de la experiencia demasiado. Me
encontraba en una posición en la que me estaba replanteando todo
seriamente. Al día siguiente, me cogió cita para ir a ver al médico, pero tuve
que cancelarla porque seguía en el estudio. Estuve demasiado ocupada los
siguientes días, no pude ir al médico, lo cual cabreó a Cash, pero le recordé
que estaba trabajando en mi carrera y en los planes que él había puesto en
marcha.
Llegaba a casa demasiado cansada como para ni siquiera comer, mucho
menos tener sexo con él, así que habían pasado un par de noches y él estaba
agitado y ansioso, no era el hombre más simpático con el que estar. Durante
ese tiempo, el vídeo viral con Taylor se convirtió en un éxito y tenía
compromisos de hablar con ella en The Ellen Show, Jimmy Kimmel Live y
James Corden. Apenas veía a Cash. Para aquel entonces mi apartamento ya
estaba terminado y yo me iba a hurtadillas a la cama y, cuando me
despertaba, tenía mensajes suyos preguntándome que dónde estaba.
No le había dado una llave, pero no me sorprendió despertarme una
mañana con él a mi lado, en mi dormitorio. La semana estaba terminando y
yo lo había evitado con éxito durante cuatro días completos. Eso era mucho
para Cayden y para mí, especialmente teniendo en cuenta que, desde que
nos habíamos conocido, no habíamos estado separados durante más de un
par de días.
“¿Qué coño te pasa? El Doctor Gannet me ha dicho que has cancelado
todas las citas. ¿Tú sabes lo difíciles que son de conseguir?”
“Pues ponte un condón,” gruñí e intenté seguir con los ojos cerrados.
Era demasiado temprano para todos sus sinsentidos.
“No puedo, me estrangulan, literalmente,” resopló.
“Estoy trabajando en sacar las canciones. Querías que viniera a darlo
todo, bueno, pues eso es lo que estoy haciendo. No puedo ser la receptora
de tu polla embestidora toda la noche y después trabajar todo el día para ser
la siguiente sensación. Francamente, prefiero afianzar mi carrera como
cantante, porque, cuando esto termine, quiero tener algo sobre lo que
crecer.”
“¿Cuando esto termine? ¡Ni siquiera ha empezado!” ¿En serio me
estaba gritando? “¡Tómate las jodidas anticonceptivas, Genni! Y maquillaje
y peluquería están aquí. Tienes una conferencia de presa con Taylor en dos
horas. Y aunque eres guapa al natural, necesitamos que subas de nivel en el
juego. Vamos en plan Cenicienta con esto, así que no los eches. Deja que
hagan lo que hacen para convertirte en alguien mucho más especial.
Queremos glamour. Labios grandes, pestañas coquetas, pelo largo y
espeso… Tienes suerte de tener de por sí un color de pelo impresionante.”
“Yuhu,” dije sarcásticamente.
Me lanzó una mirada de cansancio y la brigada de maquillaje y
peluquería apareció. Estaba atrapada. Me acicalaron, prepararon y
maquillaron. Me pusieron uñas falsas, pestañas falsas, bronceado falso,
extensiones para el pelo y relleno para hacer que mis tetas parecieran más
grandes. Cuando terminaron, quedaba muy poco de mí misma. Me sentía
como una muñeca de cera.
“Ooh, vale,” dijo Taylor en cuanto entré a la sala. Todo lo que pude
hacer fue mirarla y poner los ojos en blancos. “No te preocupes, encontrarás
tu rollo,” me susurró, y sabía que no se refería a que encontraría la sombra
de ojos perfecta.
Más bien me estaba asegurando que, algún día, encontraría las palabras
que necesitaba para deshacerme de toda esa gente que quería convertirme
en algo que no era. Tuvimos una buena conferencia de prensa y, cuando
terminó el día, los paparazzi estaban sobre ambas. Tuvimos que separarnos
conforme Cash me llevó al coche que estaba esperándonos, pero la gente
nos siguió en vehículos y a pie corriendo mientras el coche se adentraba en
calles abarrotadas de gente. Fue vertiginoso. Los fans golpeaban las
ventanas y gritaban. Daba mucho miedo.
Cuando salimos del coche para ir al restaurante a cenar con los
productores del show de Allie, un hombre se abalanzó sobre mí y casi me
tira al suelo. Me besó con tanta fuerza que me dolieron los labios. Un
portero del restaurante fue capaz de quitarme al hombre de encima, pero le
gritó a Cash por no tener seguridad.
“Estoy en ello, tío. Gracias, ese ha estado cerca.” Me llevaron dentro del
restaurante, donde la gente miraba de reojo y susurraba.
“Vamos a ponerte seguridad veinticuatro horas,” se rio, ajeno a cómo
me estaba afectando todo eso. “Has explotado, literalmente. Eres tendencia
en todos lados.”
Me daba igual. Me dolían los pies, mi corazón estaba paralizado y lo
único que quería hacer era acurrucarme en la cama y dormir una semana.
La cena fue incómoda, por decirlo finamente.
“Quiero que filméis el ascenso de Genni,” prácticamente les ordenó
Cash a los productores. “He pasado página y vuestros espectadores lo
saben. Dejad que Allie trabaje en su propio punto de vista, pero, en cuanto a
mí respecta, quiero poner a Genni frente al mundo, y esta es la mejor
plataforma para ello. He firmado mi acuerdo y sé que sigo teniendo que
grabar dos episodios, así que haced que merezcan la pena. Ella va a ser una
gran estrella – no os perdáis vuestra oportunidad. Grabaremos la
recaudación de fondos tal y como habíamos planeado.”
No quería ser una gran estrella, solo quería tocar mi música y tener un
lugar cómodo al que ir al final del día, quizás alguien a quien amar y con
quien empezar una familia. Cash me había arrastrado a un mundo del que
no sabía nada, pero, más importante aún, era un sitio en el que no quería
estar.
Capítulo 22
Cayden
“¿Por qué no puedo llevar mi ropa normal? ¿Y mi pelo real? Esto es
ridículo, Cash, en serio, todo esto es demasiado.” Se había estado quejando
y suplicando por librarse de las pestañas falsas, uñas y extensiones para el
pelo durante la última hora.
“Te prometo que este fin de semana saldremos tranquilamente. No
tengo nada planeado, pero mientras estés trabajando, especialmente
haciendo cosas de publicidad, vas a tener que verte en tu mejor versión, lo
cual significa un poco de glamour. Confía en mí, todas las artistas lo
hacen.”
“No, no lo hacen,” gruñó Genni mientras la alejaban de mí para una
prueba de armario, más maquillaje y otro peinado antes de ser la artista
invitada en Saturday Night Live, un bolo que sinceramente no podía creer
que hubiéramos conseguido.
Los artistas invitados que habían programado ir estaban atrapados en
Estonia, donde el cantante principal estaba luchando contra una neumonía.
Así que los productores del programa fueron capaces de convencer a Taylor
de que fuera su artista invitada de esa semana, y ella insistió en que Genni
fuera con ella, e iban a cantar Angel y otra de las canciones de Genni con
Taylor cantando las armonías. Ella y Taylor habían estado trabajando en las
canciones durante una semana, ensayando para el programa de SNL.
Apenas había visto a Genni y, cuando llegaba a casa, se iba directa a la
cama.
La había convencido de que se quedara conmigo mientras estaba
trabajando tan duro para poder ayudarla. Le dije que tenía empleados que
preparaban el desayuno, limpiaban y hacían todas las cosas mundanas que
ella no tenía tiempo de hacer. Todos llevaban etiquetas con sus nombres y,
para satisfacerla, los llamaba a todos por su nombre. En realidad, eso
parecía hacerles querer trabajar más duro y, además, les encantaba Genni.
Todo lo que hacían para ella lo hacían con mucho más cariño y devoción.
Era como estar saliendo con Jesús.
No habíamos tenido sexo desde la noche de después de que perdiera la
virginidad, y estaba bastante distante. Había sido brusco con ella como lo
había sido con la mayoría de las mujeres con las que había salido en el
pasado, y mucha de la magia que compartimos la noche anterior se había
perdido. Ninguno de los dos estaba en el mejor lugar, así que despejé
nuestras agendas para el fin de semana, iba a darle los dos días más
románticos posibles en mi casa, iba a estar atendida y agasajada.
Estaba haciendo una sesión de fotos con los productores de SNL para
sus anuncios y, después de eso, tenía otra sesión con la revista
Cosmopolitan, que planeaba publicar un pequeño artículo sobre Taylor y
Genni, así que ambas tenían que estar allí. El director artístico decidió darle
glamour. Genni tendría que soportarlo. Cuando salió del vestuario de los
estudios de SNL, estaba impresionante, pero siendo honestos, no se veía
para nada como la chica natural de la que me enamoré a primera vista. Se
parecía a una Kardashian del reality show sobre un grupo de hermanas
multimillonarias y glamurosas.
Ella apenas tuvo tiempo de beber un poco de agua antes de que la
llevaran al estudio para ensayar y tomar imágenes y después posar con
estilo para algunas fotos. Después de SNL, se tomó un batido en el coche, y
directa a la siguiente sesión de fotos. En el último momento, el estilista
decidió que quería ir en una dirección distinta con el look de Genni, y la
llevó a una boutique que había en la calle, donde Genni fue reconocida y
atacada por unos fans voraces. La mayoría solo quería saber qué estaba
pasando, ya que habían escuchado la canción en YouTube y querían saber
más sobre su asociación con Taylor Rayne debido a que gran parte de las
publicaciones sobre ella aún no se habían lanzado. Toda la atención y el
estilismo estaban desgastando a Genni. No se le veía feliz, y llegó un punto
en el que estaba literalmente sollozando. Uno de los estilistas le clavó sin
querer una aguja en la cabeza mientras le colocaban extensiones en el pelo,
y esa fue la gota que colmó el vaso. En cuanto el día terminó y se despidió
de Taylor, se rompió y lloró durante todo el viaje de vuelta a casa.
Le pregunté varias veces que qué le pasaba, pero lo único que hacía era
llorar. Cuando volvimos a mi casa, se puso un par de pantalones de pijama
y un top que acentuaba sus pechos. Se subió a mi cama y se giró a su lado,
tal y como había hecho las dos últimas noches. Durante las noches previas
en las que ambos nos teníamos que levantar al amanecer, le había dejado
dormir, pero esta vez no tenía que ir a ningún sitio al día siguiente.
Podríamos dormir, tomar un brunch en casa, y quizás pasar el rato en el
jacuzzi, ver una película o hacer algo mundano. Ella estaba terriblemente
estresada, y quería hacer lo que pudiera para aliviar parte de esa presión.
Recuerdo mis primeros años en la industria musical; fueron muy duros.
Quizás ella evitaría las drogas y la oscuridad que me siguieron a mí, pero
iba a tener un despertar rudo se lo mereciera o no. Quería aligerar su peso
de cualquier forma que pudiera. También me di cuenta de que yo había sido
parte del problema, y al principio había prometido que sería mejor persona.
Me deslicé hacia su lado de la cama y acaricié su hombro. “¿Ha sido
todo demasiado hoy?” Le pregunté en voz baja.
Ella sollozó un poco, pero no dijo nada. No es que estuviera intentando
ser borde, pensé que quizás simplemente no tenía la capacidad de formar las
palabras que necesitaba decir. Quizás se estaba aguantando un Tsunami, no
tenía ni idea, así que le acaricié el hombro suavemente mientras ella
encontraba su lugar seguro. Como no le importaron las caricias en el
hombro, dejé que mi mano bajara por su camiseta, y acaricié su pecho. Ella
no me detuvo, pero tampoco respondió de forma enérgica a mi cariño. Tras
un buen rato considerable, se giró hacia mí.
“No sé si estoy hecha para esto,” dijo en voz baja. “Apenas he
conseguido superar el día de hoy.”
“Ahora mismo estás en un pico de fiebre. Es solo porque tienes algo que
el mundo quiere, y están clamando por ti. Además, hemos subido la apuesta
haciendo que tú y yo seamos sujeto de curiosidad. La gente se está
preguntando, ¿qué fue antes, Cash o la carrera musical? No vamos a correr
a contárselo, así que ellos van a investigar tanto como puedan. La gente es
extraña. Cuando ven algo que quieren con muchas ganas, son capaces de
comprometer sus códigos morales con tal de conseguirlo. Tú, ahora mismo,
eres el juguete nuevo por el que se atropellarían los unos a los otros en la
calle con tal de tenerte en sus manos. El desenfreno puede que se apague
algún día, pero quizás siempre sea un poco demencial, por eso tienes que
encontrar un santuario, un amigo, y yo, cariño mío, puedo ser ambas cosas.”
Y lo decía en serio, quería ser más que solo un amante.
No estaba seguro de qué más podía hacer, pero, al verla tan angustiada,
supe que hacer que se sintiera mejor y traerle paz estaban esa noche en los
primeros puestos de mi lista. Normalmente no me preocupaba por las
mujeres con las que salía, y entonces es cuando caí en la cuenta de que
amaba a Genni. Puede que no fuera amor real o eterno, pero era amor.
“Cash, no sé cómo puedes serlo, porque tú eres parte del problema.”
Miró hacia mis manos mientras lo decía, y yo dejé de tocar su pecho.
“Lo sé.” Sentí como la culpa me inundaba.
“Has estado muy frío y distante,” empezó. “Vamos corriendo de un sitio
a otro, y odio las pestañas y el pelo falso y toda esa mierda que tengo que
llevar para aparentar ser alguien a quien te has follado un millón de veces.
Vi las pruebas de rodaje del SNL y me parezco a Allie, pero con el pelo
rojo. Soy como un maniquí-robot que es tan falso que flotaría si alguien lo
tirara al mar. Lo próximo que querrás será que me ponga tetas, que me quite
una costilla y me inyecte silicona en el culo y los labios. No puedo hacer
esto, esta no soy yo. Te lo he estado diciendo todos los días y aun así me
empujas a este estilista o aquel maquillador. Cuando el peluquero me ha
clavado la aguja en la cabeza, esa ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Esto no es lo que quiero, Cayden, y si esto es lo que tú quieres que yo sea,
si este pedazo de basura de plástico es lo que tú crees que venderá
canciones, entonces me voy. Puedo volver a Houston y cantar honky tonk.
Me da igual. Estabas empezando a gustarme, pese a todo lo que he leído
sobre ti. Me has mostrado bondad, un lado más vulnerable de ti mismo,
pero yo… No puedo ser en lo que me estás intentando convertir. Lo siento.”
Y ahí estaban las lágrimas de nuevo.
Creo que el colapso no era solo por las cosas falsas que tenía que
ponerse. Posiblemente, sus esperanzas y sueños se habían hecho añicos al
descubrir que no los quería ahora que sabía todo lo que conllevaban. Quizás
yo era la causa de su angustia. No lo sabría a no ser que lo habláramos.
“Vale. Admito que nos hemos dejado llevar. A veces todo esto es
cuestión de cuándo se hace y de golpear cuando el hierro aún esté caliente,
pero hay un ser humano unido al tren de mercancías que ahora estás
acelerando, así que lo pillo. Este fin de semana no vamos a ir a ningún sitio.
Nos quedaremos aquí, comeremos, haremos el amor, nos daremos una
ducha, tendremos más sexo, y quizás volvamos a comer.” Estaba intentando
ser inspirador.
“O quizás recoja mis cosas y me vuelva a casa una temporada para
poder volver a ser yo.” No podía estar sugiriendo eso.
“No, dijiste que me dabas seis meses.” De repente, pensé que era
posible perderla.
“Cash, no quiero hacer esto más.” Estaba hablando en serio.
“¿Cuál es la peor parte?”
“Que todo es falso, incluido tú. Ahora mismo nada de mi vida parece
real.”
“Vale, empecemos por ahí entonces. Si las cosas fueran más reales,
¿considerarías quedarte más?”
“Mientras no sea forzada a llevar más pelucas o pestañas, reconsideraré
quedarme más. Y tú… Quiero conocerte a ti, no al capullo que aparece en
el reality show.”
“Lo pillo. Menos capullo, más yo. Lo malo es que yo soy un capullo.
No puedo cambiar todo de mí, pero estoy trabajando en ser mejor persona
para ti. Espero que te hayas dado cuenta.”
Ella tomó una respiración profunda. “Ahora mismo estoy un poco
perdida.”
“Bueno, ¿me dejas que te encuentre?” La besé en el hombro que le
había acariciado antes.
“¿Quieres decir tener sexo?” No parecía muy entusiasmada.
“Más o menos. ¿No te gusta tener sexo conmigo?” No era inseguro,
pero necesitaba profundizar en el fondo del asunto.
“Sí. Sientas muy bien, pero el sexo sienta así, ¿no? Podría ser con
cualquiera.”
¿Podía ella ser cualquiera? ¿Era el sexo algo que disfrutaba sin importar
con quién? No. Genni había traído todo un mundo nuevo de intimidad a mi
vida.
“Me gusta tener sexo contigo, Genevieve, eres especial y significas más
para mí de lo que podría admitir. Lo cierto es que estoy un poco asustado
porque vas a ser mi perdición…” La besé en la mejilla y entré en calor al
darme cuenta de que me estaba abriendo a ella de verdad.
“Espero que lo sea, porque tu yo interior es alguien por quien merece la
pena luchar. Y sí, el sexó hará que me sienta mejor… creo.”
Se giró completamente hacia mí y se quedó ahí, tumbada, preciosa y
vulnerable. Su piel era inmaculada y perfecta, sin una sola marca en ella.
Sus labios tenían esa redondez que te hacía querer besarlos todo el día, y
sus largas y esbeltas piernas se agarraban a mis caderas como una mordaza
mientras la penetraba, aguantándonos juntos. Me encantaba follármela, era
mi sabor favorito de mujer. Me incliné hacía ella y besé su cálido cuello, y
mi polla se estremeció con chispas de deseo mientras recorría mi camino
hasta su clavícula. Suavemente, su mano tocó mi cuerpo, y una onda de
electricidad me atravesó.
“Vamos a deshacernos de esto,” dije en la profunda agonía de mi deseo.
Ella accedió de buena gana mientras se quitaba su top. Sin ningún tipo
de ceremonia, lo tiré al suelo y fui a por sus pantalones de pijama,
quitándoselos también, dejándola totalmente desnuda. Ella se sentía
cómoda con su cuerpo y por eso se quedó quieta, esperando a que yo hiciera
el siguiente movimiento. No estaba en el mismo nivel de confort que
cuando iniciamos nuestra relación y, por alguna razón, en ese momento, lo
quería. Mi polla ya estaba dura, por supuesto, pero pensé que un poco de
curiosidad por su parte podía ser divertida. Así que la besé en sus dos tetas
y me tumbé boca arriba, con mi polla apuntando al aire.
Ella se apoyó sobre sus codos y me miro. “Mm, ¿vamos a hacerlo o…?”
Estaba un poco dudosa.
“Oh, sí, vamos a hacerlo, es solo que he pensado que quizás quieras
darle algún beso a mi vivaz polla antes de que comencemos, y yo te puedo
devolver el favor.” Mantuve el tono ligero y divertido. “Me encantan las
felaciones. Casi tanto como follar, por eso, ¿te importaría empezar con una
pequeña mamada?”
“¿Esto qué es, como un menú? ¿Estás haciendo un pedido?” En parte,
estaba metiéndose en el juego.
“Algo así. ¿Algo que tú quieras en particular?” De nuevo, mantuve mi
tono animado y divertido.
“En realidad no, solo, ya sabes, amor… supongo.”
“Cierto, a mí también me gusta el amor, pero si vamos a estar haciendo
esto, quizás deberíamos hablar de lo que te hace sentir bien.” De repente,
era un terapeuta sexual. “Ah, y método anticonceptivo. Tienes que empezar
con las pastillas.”
“¿Qué vamos a hacer esta noche?” La pobre parecía muy asustada.
“Deja que yo me encargue esta noche, pero mañana deberíamos ir al
médico y que te recete algún anticonceptivo.”
“Dios no quiera que tengamos un bebé,” gruñó en voz baja.
“Ahora mismo, cuando tu carrera acaba de despegar, esto es tanto por
mí como por ti. Tenemos que lanzarte antes de comenzar a preocuparnos
por pequeñas Gennis corriendo por aquí.”
“Tienes razón, no sería inteligente tener un bebé no deseado ahora.”
Miró hacia abajo y su humor se oscureció un poco.
Capítulo 23
Genevieve
La conversación estaba matando el momento. Odiaba hablar de
embarazos accidentales porque significaba que no importaba lo cercanos
que Cash y yo nos estuviéramos volviendo, él nunca querría a un hijo
nuestro, tal y como no quería al hijo que ya tenía. Le di muchas vueltas al
hecho de tener sexo con él esa noche, pero lo cierto era que hacer el amor
con Cash hacía que nos acercáramos más. Cuantos más momentos íntimos
compartíamos, más nos entendíamos el uno al otro. Ese conocimiento nos
despertaba, no solo sexualmente, sino también emocionalmente y, debido a
eso, él abordó el tema antes de que yo dijera nada.
“Vamos a tomarnos las cosas con calma.” Me besó en los labios. “No
vamos a tomar ninguna decisión sobre nada, es muy pronto. Mañana irás al
ginecólogo y hablaremos de las opciones y entonces decidiremos. Esta
noche quiero que seamos felices,” dijo mientras recorría un camino de
besos hasta mi tripa. “He cambiado de opinión. Yo empezaré, podemos
dejar la mamada para otro día.”
Y eso hizo. Me encantaba la sensación de tenerlo entre las piernas, con
su lengua presionando contra mí. Me arqueé hacia su ansiosa boca, mi
cabeza daba vueltas de pasión. Sabía cómo volverme loca de una manera
que me olvidaba del mundo. Sentía un cosquilleo de placer por todo el
cuerpo que mermaba mis preocupaciones sobre lo que estábamos haciendo,
por lo que me centré más en el momento. En ese instante no existía nadie
más. Cuando sus manos se sumaron a su boca, vi estrellas en mi línea de
visión mientras el primero de varios orgasmos me alcanzaba. Mi estómago
se tensó y yo me moví mientras mi cuerpo temblaba y explotaba. En cuanto
la cálida ola de euforia pasó sobre mí, me sentí bien.
“Aquí estás,” comentó Cash mientras volvía de las profundidades con
su polla levantada y llena de necesidad.
“Mi turno.” Lo miré, consciente de que necesitaba un poco de lo que me
acababa de dar. Poco a poco, rodé hacia él y me moví por la cama para
tomar su gigantesca polla con mi boca. El hecho de pasar mi lengua por su
polla suavemente trajo una especie de intimidad que no esperaba. No tenía
mucha experiencia en hacer esto, solo lo había hecho unas pocas veces. La
mayoría de las veces solo lo hacía el rato que fuera necesario, pero con
Cash disfrutaba de verdad de la sensación de tenerlo en mi boca. Conforme
me lo llevaba más adentro, sus gruñidos de satisfacción me animaban a
explorar más de él mientras acariciaba sus pesadas pelotas. Conforme
tomaba más y más de él hasta mi garganta, sentí una sensación extraña en la
que él y yo nos convertíamos en un ser, conectados de una forma íntima.
Me la llevé hasta el fondo y estaba a punto de masajear su polla con mis
labios cuando su mano tocó mi cabeza cuidadosamente.
“No quiero correrme en tu boca,” susurró de forma dulce mientras me
levantaba por los hombros. “Quiero mirarte a la cara,” dijo, quedándose
mirándome durante un momento antes de besarme en el cuello y acariciar
mis pechos, volviendo a encender el fuego de mi interior.
Puso mi pierna sobre su cadera y suavemente presionó contra mi coño,
con una presión que me mandó pellizcos de dolor y placer por mi cuerpo.
Antes de ser capaz de descifrar qué estaba pasando, él estaba sobre mí, con
una sonrisa, entrando lentamente del todo.
“Ah,” grité mientras él se convertía en parte de mí de la forma más
íntima posible.
Desde ese instante comenzó a penetrarme y embestirme, y mis caderas
se encontraban con las suyas clamando por todo lo que él me diera. No
podía pegarme a él lo suficiente. Por eso, lo tumbé sobre su espalda y
empecé a montar su polla con fuerza. Llevaba mis caderas hacia las suyas y
sentía su polla en los rincones más lejanos de mi cuerpo, y aun así quería
más. Estaba hambrienta de él. Me incliné para apoyarme sobre su pecho
mientras nos presionábamos el uno sobre el otro. Lo besé mientras nuestros
cuerpos subían y bajaban hasta que ambos estuvimos al límite.
Rápidamente, Cash salió de mí y se tocó la polla entre mi coño y mi culo,
dándome una sensación deliciosa conforme se corrió con fuerza y con
temblores en mi espalda. Fue raro, pero también maravilloso.
“Eres una diosa,” dijo sin respiración, jadeando por el esfuerzo de su
clímax. Yo seguía sin haber alcanzado mi clímax, así que me coloqué sobre
su polla desinflada mientras sus dedos encontraban mi inflamado clítoris y
lo presionaban con fuerza, pellizcando y pulsando hasta que todo se
convirtió en una neblina de calor. Tras haber tenido un primer orgasmo tan
poderoso, el segundo fue más suave, y me dejó rara mientras me bajaba de
su cuerpo y rápidamente me quedaba dormida. En algún momento de
camino al país de los sueños, creí escuchar que me decía que me quería,
pero no estaba segura, todo era demasiado pastoso y nuboso como para
saberlo.
Me dormí plácidamente a su lado. Estaba claro que estaba agotada, ya
que ni siquiera sentí como se levantaba y se movía por la habitación. Solo
me desperté al escuchar el característico sonido de su teléfono desde algún
lado cerca de mi cabeza. Sonó el suficiente rato como para despertarme
hasta el punto en el que no iba a volver a quedarme dormida.
“Lo siento,” dijo en voz baja mientras yo abría los ojos e intentaba
centrarme.
Cuando mi visión se aclaró, ahí estaba él con una barba de dos días y
unos ojos verdes adoradores, mirando mi alma.
“Buenos días.” Me esforcé por mostrarle una sonrisa.
No estaba tan destrozada como lo estuve la primera vez que tuvimos
sexo, pero seguía siendo un hombre con un miembro bastante grande y una
forma de hacer el amor muy pasional y entusiasta. Me sentía bien follada y
dolorida.
“¿Cómo te encuentras hoy?” Se acurrucó más cerca de mí y me dio
miedo que notara mi aliento mañanero.
“Me siento genial, pero debería ir a lavarme los dientes antes de que te
acerques más,” dije echando mi cabeza hacia atrás.
“Oh, confía en mí, un poco de aliento mañanero de alguien tan deliciosa
como tú nunca va a alejarme de ti.” Se inclinó y me besó apasionadamente
para demostrármelo. “Me encantó lo de anoche, y me encanta despertarme
contigo. De alguna forma, haces que sienta que el día va a ir bien.” Estaba
absolutamente radiante cuando el teléfono volvió a sonar.
Se había ido el hombre angustiado que era gruñón y distante. Era
Cayden de nuevo, el amante tierno que sabía comprobar cómo estaba
emocionalmente. Quería a ese hombre, al que estaba tumbado a mi lado,
porque era una persona que muy pocos conseguían ver.
“Bueno, ¿qué vamos a hacer hoy?” Pregunté, me sentía revitalizada.
Una vez más, su teléfono volvió a sonar. “Alguien tiene ganas de hablar
contigo.”
Miró el número de teléfono y arrugó su nariz. “¿Por qué no deja un
mensaje en el buzón de voz y ya está?” Dijo en voz baja.
“Cógelo. Si quieres me puedo ir a otra habitación.” La verdad es que no
pensé en el hecho de que estaba desnuda.
“No, quédate.” Contestó el teléfono y me miró con una sonrisa. “Sí.”
No era una forma demasiado amable de saludar a alguien, pero era Cash
Coltrane, no se esperaba que fuera amable. Esperó al teléfono durante unos
minutos mientras una expresión de preocupación se extendía en sus rasgos.
“¿Qué?” La tensión de pronto se convirtió en pánico. “¿No tiene solo nueve
años?” Sus labios formaron una línea fina. “Bueno, no sé qué esperas que
haga al respecto.” Hubo otra pausa larga. “En serio, Sarah. No sé cómo
puedo ser de ayuda. Llama a la policía. Ya te dije que no quiero
involucrarme. Os mando dinero, eso debería ser suficiente. Avísame si lo
encuentras. Si no sabes nada de él en un día, veré lo que puedo hacer por mi
parte para conseguirte más ayuda.”
De nuevo, un momento de silencio. “Escucha, siento que se sienta así,
de verdad, pero sabes que crecer sin un padre no es lo peor que te puede
pasar, lo superará. Quizás tu nuevo marido pueda dar un paso adelante, ¿no
es eso lo que hacen las familias?” Se estaba cabreando y su cara poniéndose
roja. “Oh, ya veo, bien,” dejó salir un suspiro pesado. “Supongo que eso
cambia las cosas. Siento no poder ayudarte. Tú… Llámame cuando lo
encontréis. Lo siento.” Colgó el teléfono y su cara se hundió en un ceño de
preocupación.
“¿Va todo bien?” No quería entrometerme, pero tenía muy mala pinta.
“Alex se ha escapado de casa. Su madre está embarazada y empezaba a
notársele, así que se lo contaron, y él se ha ido en algún momento de la
noche. No lo encuentran.” La voz de Cayden era un áspero susurro. “Sarah
quiere que vaya a ayudar a buscarlo, pero no creo que eso fuera bueno. Él ni
siquiera sabe que yo soy su padre. Creo que quiere que lo comunique por
redes sociales y lo reclame como mío, para que así él se sienta querido, pero
ese es su trabajo, no el mío. Ni siquiera lo conozco. Mi padre me abandonó
y nunca me reclamó, y yo acabé bien. Estará bien. Probablemente esté en
casa de un amigo intentando cabrear a su madre.”
“¿Es eso lo que tú hiciste? ¿Huir para castigar a tu madre porque tu
padre no te quería?” No debería haberlo preguntado, no era de mi
incumbencia, pero si algún día iba a tener algo más que una relación falsa
con él, su hijo acabaría siendo parte de nuestras vidas, aunque él no
quisiera.
“Es una situación totalmente distinta,” resopló.
“No es para nada distinta. Tú me dijiste que tu padre era famoso y para
él tu madre solo era un entretenimiento, y tú terminaste en la calle,
consumiendo drogas, saliendo con delincuentes, y…”
“Y le di un cambio a mi vida y mírame ahora. No necesité un padre para
convertirme en lo que me he convertido en la vida, ¿vale? Al chaval le irá
bien… Viene de una estirpe fuerte, se endurecerá.” Tras decir eso, Cayden
salió de la cama y caminó desnudo hacia el baño.
“¿Sabes lo exasperante que eres?”
“Siempre soy yo, ¿verdad?” Me gritó desde el baño. “Siempre soy yo el
tipo malo.”
Me quedé pensando en ello durante un momento. Es cierto que tenía
parte de razón, que él fuera a buscar a Alex no iba a traerlo de vuelta, pero
negar a su hijo, especialmente como figura pública que era… Bueno, eso
podía acabar perfectamente con la autoestima de un chaval. Se quedó
durante un rato en el baño y llegó un punto en el que no sabía qué hacer.
Debería haber ido y haber intentado consolarle, pero a él no le iba eso. En
vez de hacer eso, me levanté y me vestí. Fui a la sala de estar y me quedé
ahí, mirando Manhattan, pensando en un niño de nueve años vagando por
esas calles con el corazón roto. Tras un buen rato, Cayden salió de su
habitación, parecía renovado, se había dado una ducha sin mí.
“Lo siento, no es de mi incumbencia lo que hagas o dejes de hacer con
tu hijo.” Me giré hacia él para mirar su preciosa cara con las primeras luces
de la mañana. Solo eran alrededor de las ocho, así que aún era bastante
pronto.
“No, tienes razón. Es que… todo es muy complicado.”
“Es solo que pienso en él ahí en esas calles, sintiéndose solo, y me
preocupo, eso es todo. Un niño no debería pasar por ese tipo de dolor. No es
su culpa haber nacido.” Cerré los ojos y pensé en Cayden y en mí, no lo
habíamos hecho de forma segura, y aunque estaba bastante segura de que
no, podríamos haber hecho un bebé fácilmente.
“Tienes razón.” Se puso detrás de mí y deslizó sus manos por mi
cintura. “A veces soy el malo de la película.” Me besó en el cuello y me
mandó escalofríos por la espina dorsal.
¿Estaba lista para amar al antagonista? Justo entonces recibió otra
llamada, y todos los nervios de mi cuerpo se tensaron. La expresión de
Cayden era de confusión mientras respondía.
“Aquí Cash,” dijo, obviamente no sabía quién estaba a la otra línea.
“¿Qué? ¿Cómo?”
“¿Está bien?” Grité en pánico.
Cayden sacudió la cabeza y yo me asusté más aún.
“De acuerdo, sí, está aquí, te la paso para que se lo digas.” Y tras decir
eso, Cayden me pasó el teléfono.
Le miré con los ojos abiertos de miedo. “Hola, señorita Green. Soy
Carlton Spelling, de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la
Grabación. Quería hacerle saber que ha sido nominada junto a Taylor Rayne
por la canción Angel. Le daremos todos los detalles más adelante.”
“Dios mío… Vale, mm, vale. Gracias,” Dije mientras terminaba la
llamada, completamente sorprendida. “¿Me acaban de nominar a un
Grammy?” Apenas fui capaz de soltar.
“Parece que sí. A ti y a Taylor.” Ahora Cayden estaba radiante de
orgullo.
“¿Cómo es posible?” Apenas me había ido de Texas, todo era una
absoluta locura. Ni siquiera fui capaz de calcular cuánto tiempo había
pasado.
“Bueno, ella es Taylor Rayne y la canción es preciosa, la última vez que
lo he comprobado había alcanzado los treinta millones de visualizaciones.
Taylor va a lanzar un EP con la canción en él, vas a ganar millones.
Conseguimos el acuerdo ayer. Pensé en darte la sorpresa este fin de semana,
pero parece que Carlton Spelling se me ha adelantado.”
“No puedo creerme que todo esto esté pasando.” Me dejé caer sobre la
silla que había al lado de la ventana y dejé que todos los sentimientos me
inundaran.
Capítulo 24
Cayden
Estaba emocionado por Genni. Había visto a varios de los artistas que
había lanzado conseguirlo, pero ninguno con tanta rapidez como ella. Vale
que había contado con la fama de Taylor para impulsarla, pero Genni era
realmente talentosa, y Taylor lo supo desde el momento en el que la
escuchó cantar. Taylor pidió permiso para meter Angel en su EP, pero
necesitaba que Genni estallara con su propia canción. Había estado
escribiendo y grabando cosas que eran buenas, pero necesitaba algo que
fuera lo suficientemente bueno como para seguir un éxito tan rompedor. Iba
a dejarle caer algunas ideas, pero la llamada por la nominación a los
Grammy y que Alex se hubiera perdido tomaron prioridad. Le pedí a mi
chef que nos preparara un buen menú de celebración con mimosas en la
terraza. Genni estaba realmente emocionada, solo su preocupación por mi
hijo estaba por delante en su mente.
“Aún no ha llamado,” mencionó Genni tras terminarse sus huevos
hervidos y polenta al romero.
“Lo sé.” Tenía que admitirlo, yo también me estaba preocupando.
“¿No crees que deberías llamarla?” Genni se mordió el labio de la
forma en la que lo hacía cuando estaba realmente estresada.
“Ha dicho que llamaría ella.”
“Bueno, entonces, ¿supongo que que la llames no ayudaría?” Genni
miró hacia mí teléfono conforme comenzó a sonar de nuevo.
Había estado sonando sin parar una vez que la noticia de que Genni
había sido nominada a un Grammy se había difundido. Como la mayoría de
la gente no tenía su número de teléfono, llamaban al mío. Yo solo le daba
mi número privado a mi círculo más cercano, pero esa era la gente que
estaba llamando. Ella tendría que llamar a sus amigos pronto, pero quería
dejarle tener un poco de tiempo para asentar sus sentimientos. Era triste que
en un día en el que debería estar de celebración y disfrutando, estuviera
preocupada por mi hijo; eso decía mucho de su forma de ser.
“¿Te sentirás mejor si llamo?” Quería que este día fuera sobre ella, pero
lo cierto era que, cuanto más tiempo pasaba sin recibir una llamada, más
desanimados estábamos los dos.
“Quizás así podemos saber si…” La pobre volvió a morderse el labio.
“Vale.”
Así que llamé a Sarah y ella contestó al instante. “¿Alguna noticia?” Le
pregunté, mi corazón comenzó a acelerarse.
“Creen que es posible que lo hayan encontrado. La policía ha dicho que
han recibido información sobre un muchacho que había sido visto
merodeando por el parque y en los columpios toda la mañana. No es una
zona a la que solamos ir; debe de haber caminado kilómetros. Están yendo
ahora a la localización a comprobarlo. Estoy tan preocupada, Cash.” Sarah
estaba llorando.
“Lo sé, da mucho miedo no saber dónde está. Especialmente en esta
ciudad. Tienes que ser valiente. Cuando llegue a casa tiene que sentir que
estás contenta de verle. Debe de estar bastante jodido para tener ganas de
salir corriendo así. Tiene mucho que procesar.” Agh, odiaba las
conversaciones profundas, especialmente aquellas en las que probablemente
yo era parte del problema.
“Espera, la policía está llamando a John.” Oí voces de fondo y el sonido
de alivio que venía de una voz grave masculina.
Di por hecho que era John, su nuevo marido. Recordaba que ella había
mencionado tener una relación con un hombre llamado John, y ahora era su
marido… Bueno, bien, ella se merecía alguien mejor que yo. Entonces miré
a Genni, sentada ahí, expectante, con los ojos bien abiertos, y me pregunté
si ella no se merecía también a alguien mejor que yo. Odié los sentimientos
que esa pregunta despertó, así que me limité a esperar a que Sarah regresara
al teléfono.
“Lo han encontrado. Dios mío, Cash, lo han encontrado,” dijo Sarah
entre lloros.
“Eso está genial. Son grandes noticias. Tú, ya sabes, dile que lo
quieres,” me atraganté conforme lo dije.
“Pregunta por ti a todas horas.” Su voz era pequeña y distante. “Yo no
sé qué decirle, así que sigo diciendo que no tiene importancia. Sé que John
le quiere y que será su padre, pero Alex no para de preguntar por su padre
“real”, preguntando si se lo diré algún día. Siento haberte llamado, es que
he entrado en pánico. Espero que lo comprendas.” Estaba volviendo a
alejarse de mí.
“Claro. Sí. Me alegro de que hayas llamado. Quiero saber…” Joder, era
muy malo en esto.
“Sí, bueno. Gracias por coger mi llamada. Nos vamos para comisaría.”
Y eso fue todo. Sarah y yo nos despedimos de forma incómoda.
“¿Lo han encontrado?” Los ojos de Genni estaban brillantes y
expectantes.
“Sí. Así que ahora puedes centrarte en disfrutar de este maravilloso
día.” La besé en la mejilla sintiendo una oleada de alivio.
Más tarde, ese mismo día, Taylor llamó a Genni, y estuvieron hablando
un largo rato y planeando verse pronto. Aún tenían por delante el concierto
de la recaudación de fondos, así que hicieron planes para eso, y además
Genni tenía muchas ideas para las canciones. Ella le daba ideas a Taylor, y
hablaban como si fueran amigas de toda la vida. No tenía por qué ofrecerle
contenido a Genni, ella era toda una profesional.
“Hoy tú eres la protagonista,” le dije en cuanto colgó el teléfono. “¿Qué
quieres hacer?”
“Quiero que vayas a ver a tu hijo. Para celebrar mi nominación a los
Grammy, yo iré esta tarde al ginecólogo para que veas que estoy de tu lado,
y me gustaría que tú fueras a ver a tu hijo como muestra de buena fe. Si
puedes enfrentarte a algo tan importante de tu vida, sabré que merece la
pena rescatarte.”
Joder, lo decía totalmente en serio.
“Genni, esto es mucho más complicado de lo que crees.” Planeaba
utilizar todas las estrategias que conocía para no ir a conocer a mi hijo.
“¿Por qué? ¿Planeas ser un capullo con tu hijo porque tu padre fue un
capullo contigo y con tu madre? ¿Cómo de complicado es eso? Eso es solo
tú siguiendo con el ciclo de abuso por el que estás resentido con tu padre.”
Joder. Me gustaba vivir en negación mucho más que enfrentarme a la
mierda que no tenía ningún interés en afrontar.
“¿Y si digo que no?”
“No tengo por qué tomarme la píldora si no voy a tener sexo.”
“¿Me estás diciendo que no te acostarás conmigo si no conozco a mi
hijo?” En ese momento, me dieron ganas de estrangularla.
“No. Estoy diciendo que todo este show de seis meses se ha terminado.
Te echaré de menos, Cayden, pero no puedo enamorarme o ni siquiera que
me guste un hombre que no respeto. Si no puedes entrar en contacto con tu
hijo, no puedo respetarte y, francamente, ni siquiera sé cómo eres capaz de
vivir contigo mismo.”
Y ahí estaba.
No tenía ningún problema en vivir conmigo mismo porque, al final, no
me preocupaba por nadie. No podía. Había crecido duro. Tenía una gran
barrera, era impenetrable… Pero Genni la había superado. Joder, había sido
lo suficientemente dura como para derribarla.
“Vamos al médico antes de que termine su jornada.” Saqué mi teléfono
y marqué el número del doctor.
“Y…”
“Y llamaré a Sarah a ver qué dice.”
“Gracias.”
Pudimos ver al Doctor Gannet, que habló de las opciones
anticonceptivas con Genni. Yo no pude estar en la sala con ella porque no
éramos pareja desde el suficiente tiempo como para ser parte de su decisión.
Si hubiera estado en mis manos, hubiera dicho que se pusiera la inyección
de Depo-Provera, la cual nos daba al menos tres meses de protección, o
mejor aún, el DIU, que nos daba años, pero ella optó por la píldora, el
método anticonceptivo más tradicional y humanamente inseguro que había,
el mismo método anticonceptivo con el que Sarah se quedó embarazada de
Alex. No podía decirle a Genni que estaba decepcionado, ya que había
hecho lo que le había pedido, había conseguido un método anticonceptivo.
En el coche de camino a casa de Sarah, se metió una píldora en la boca y
me sonrió.
“¿Sabes que te las tienes que tomar todos los días a la misma hora?”
Miré a mi reloj. Agh, las cuatro en punto, hubiera sido mucho mejor si se
las tomara por la mañana.
“Sí, pero ahora ya estamos listos para esta noche.” El brillo malvado de
sus ojos aflojó un poco mi rabia.
La verdad era que estaba nervioso. Había llamado a Sarah y ella había
accedido a que viera a Alex, especialmente porque él acababa de volver a
su casa y estaban discutiendo las razones por las que se había ido. Él estaba
llorando y muy emocional. Accedimos a que ella le contaría que estaba
yendo para no aparecer de repente. Por dentro estaba destrozado, pero, por
suerte, por fuera seguía siendo el mismo monstruo frío y sin emociones que
siempre había sido. Cuando llegamos, Sarah me recibió en la puerta.
“Hola, Cash.”
“Hola, Sarah. Ella es Genevieve Green. Espero que no te importe que
haya venido conmigo. Necesito un poco de apoyo moral,” dije de broma,
pero no era divertido.
“Claro. Sí. Hola.” Estaba rara, pero dulce.
“Gracias,” Genni estiro los brazos y la abrazó. “Debes de haber estado
muy preocupada.”
Dios, amaba a esa mujer. Bueno, en realidad amaba a las dos mujeres,
las dos tenían ese tipo de fortaleza emocional necesaria para manejar esas
situaciones con fuerza y resiliencia.
“Dios, ha sido muy duro,” dijo Sarah, e instantáneamente se hicieron
amigas.
Entramos a la sala de estar de su inmenso apartamento de Brooklyn. Era
nuevo, amueblado con estilo y lleno de gente. Me di cuenta de lo
embarazada que estaba Sarah cuando se agachó para susurrarle a Alex en la
oreja. Su marido, John, parecía preocupado, al igual que sus padres, que
apenas pude reconocer, ya que habían envejecido. Toda la situación era
horrible. Deberíamos haber organizado el encuentro mejor. Pero Sarah
estaba tan emocional por la huida de Alex que estaba confusa, al igual que
yo.
“Hola,” dije en voz baja. “Me llamo Cayden, aunque la mayoría de la
gente me llama Cash.” Empecé, sin saber muy bien qué decir.
“Sé quién eres,” Alex me miró con odio absoluto en su mirada.
Era un pequeño niño enfadado, y me descolocó un poco porque no solo
se parecía mucho a mí, sino que también me veía reflejado en él como niño.
Yo tenía la misma mirada amarga y ese silencio tenso.
“Bueno,” me senté en la silla que tenía al lado. “¿Sabes por qué he
venido?” Joder, ya estaba ahogándome.
“Te sientes culpable porque no te has preocupado por mí una mierda.”
Joder, era exactamente como yo.
“Es más o menos eso. Quiero decir, sí que me preocupo por ti, Alex,
siempre lo he hecho. Es solo que he tenido demasiado miedo a, no sé,
enfrentarme a ti, supongo.” Ayuda.
La sala estaba en silencio, y el momento fue muy intenso y horrible.
Estaba deseando que alguien ofreciera galletas o palomitas o un vaso de
whisky.
“Claro, de un niño de nueve años. Qué miedo. Bueno, pues que te den.
Nadie me quiere y tú solo estás intentando sentirte mejor. Mi madre va a
tener un bebé y cuando llegue él tendrá unos padres que le quieran.” Tras
decir eso, Alex se levantó del sofá y Sarah fue corriendo detrás de él, pero
John la detuvo.
“Recuerda que su psicóloga nos ha dicho que le demos espacio y
dejemos que pase por esto él solo.”
Él era bastante razonable. Maldita sea, odiaba a ese tío. No por casarse
con Sarah o por ocupar el hueco que yo había dejado vacío, sino por ser la
mejor persona que yo podría haber sido. Y no solo era mejor persona, sino
que también estaba mostrando a Genni lo que ella se merecía de verdad, y
no era a un hijo de puta como yo.
“Te has esforzado en venir aquí, es un comienzo,” dijo Sara. “Gracias.”
“Escucha. Yo… Él necesita más que un tío que simplemente aparezca y
le diga su nombre. Yo, mm… tengo que ser mejor en esto, supongo. Mm.
Hagamos algo cuando se calme un poco, como ir al parque, joder, mm, soy
bastante reconocible. ¿Quizás podemos vernos aquí? No sé, ¿hay algo que
le guste? ¿Puedo traer algo para sobornarle? Ya sabes, para mejorar un poco
la oferta…”.
“Le encanta Hampton Green, está obsesionado con él.”
“Genial. Le traeré entradas y pases para el backstage. Y le pediré a Ham
que le firme unas cuantas cosas. Es un tío genial, haría lo que fuera. Lo
único que tenemos que decidir es cuánta atención pública va a querer Alex.
Puedo mantener todo esto oculto, pero la gente va a tener curiosidad.”
“Por el momento, consigamos que salga de su habitación. Las cosas
firmadas estarían bien, probablemente se vuelva loco, y quizás la semana
que viene podríamos cenar todos juntos aquí. Si él ve que vas a ser parte de
esto, entonces finalmente se relajará. Es un buen niño, más aún, es un niño
estupendo, es solo que está muy dolido. Averiguamos que el bebé va a ser
niño y desde entonces él no ha sido el mismo,” dijo Sarah con una mirada
de tristeza y culpa.
“De acuerdo. Genni y yo tenemos una cosa para el reality show de
Allie, estaremos en México unos cuantos días, pero planificamos algo para
después.”
La mirada de sorpresa en la cara de Genni me recordó que se me había
olvidado contarle lo del viaje a México, y ahí estaba de nuevo, siendo un
perfecto capullo.
Capítulo 25
Genevieve
Era muy duro ver a Cayden pasarlo mal. El rechazo de Alex le había
dolido, pero al menos había hecho el esfuerzo, ¿y de qué coño iba todo eso
de México? Cuando volvimos a su casa, no quería enfrentarme a él, así que
me contuve, pero, ¿México? ¿En serio? ¿Con todo lo que estaba pasando?
“Entonces…” Me quedé mirándole.
“Cierto, sí. Resulta que la productora ha tenido la genial idea de que
rodemos un par de días en una villa en México. Será todo en plan bikinis,
bebida y mucho drama. Será genial. La semana que viene es el concierto de
la recaudación de fondos y después iremos a México… Yuhu.”
“Oh, sí, suena perfecto.” Le mandé una gran y falsa sonrisa.
“Acabas de ser nominada a los Grammy y en cuanto escribas otra
canción sacarás otro éxito, así que ahora mismo eres el mayor atractivo del
planeta, Genevieve. Te prometo que no te haré quedar mal, pero saliendo en
el show y en todos lados, conmigo, con Taylor, en los Grammy… Vas a ser
la gran sensación en la música en menos de un año, así que aguanta. Esto
solo pasa una vez en la vida.” Se le veía realmente emocionado, y me había
llamado Genevieve, lo cual lo prefería, así que relajé mi expresión y lo
besé.
“Vale. Confío en ti. Estoy orgullosa. Hoy ha sido un día duro para ti.”
Le cogí de la mano y lo llevé a que se sentara en el sofá conmigo.
“Solo ha sido duro porque me he visto a mí mismo reflejado en esa
pequeña cara asustada y enfadada. Hubo un momento en mi vida en el que
odiaba a mi madre por no ser capaz de conseguir que mi padre estuviera
con nosotros y odiaba más aún al donante de esperma por abandonarme, y
ahí estaba yo…” no pudo decir lo demás. “Pero bueno, tengo tiempo.
Puedo… No sé qué puedo hacer. Espero que algo.”
“Bueno, yo sí sé lo que puedo hacer,” dije deslizándome hacia el suelo,
para nada preocupada por que hubiera algún trabajador por ahí.
Tenía unos trabajadores que eran como invisibles. Todos llevaban el
mismo uniforme beige y literalmente se fusionaban con el esquema de color
de la casa… Pero al menos ahora llevaban etiquetas identificativas, y él se
había molestado en reconocer su trabajo de vez en cuando. Sabía que tenía
un chef y un par de empleadas domésticas, y también estaba Kevin, su
asistente/brazo derecho, pero, aparte de Kevin, la mayoría de la gente de la
casa de Cayden eran como el vapor. Incluso el conductor era como una
aparición. Lo bueno es que no era un jefe de los que despotrican y, lo malo,
que daba la sensación de que no eran personas reales. En parte era triste,
como muchas cosas que había empezado a descubrir acerca de la vida de
Cayden. Aunque era una persona muy famosa, era muy protector con su
vida privada, así que contaba con gente genérica para atender todas sus
necesidades. Si me vieran sacándole la polla y bajándome al pilón, bueno, o
ya lo habrían visto antes o su día se volvería mucho más interesante.
“Oh, sí, puedes hacer eso.”
Él empujó sus caderas hacia afuera, consciente de que estaba a punto de
liberar a la bestia. Lo hice muy lentamente para volverle un poco loco. No
era la mejor a la hora de seducir, pero me acababa de tomar mi píldora
anticonceptiva y de ver a Cayden hacer algo increíblemente humano, así
que estaba realmente cachonda y lista para follar. Saqué su polla, que se
lanzó hacia mi cara en cuanto estuvo libre, y me bajé al pilón. No pasó
mucho rato hasta que fui levantada del suelo y llevada al dormitorio.
“He estado esperando esto todo el día.”
“Ah, ¿sí?”
Me dejó sobre mis pies frente a la cama y, sin ningún tipo de palabra o
ceremonia, me desabrochó los pantalones y me los bajó hasta las rodillas
junto con mis bragas, y después hundió su mano entre mis piernas con su
polla aplastada contra mi espalda, y empezó a masturbarme con fuerza.
Joder, era lo más sexy y salvaje que me había hecho nunca.
“Joder, Cayden.” Arqueé mi espalda hacia él mientras él deslizaba un
segundo dedo, y comenzó a meterlos y sacarlos hasta que empecé a
chorrear.
“Te he deseado como un loco desde el primer día en el que te vi
cantando en el Baile del Legende, cariño. Durante todo tu concierto, no
pude dejar de pensar en desnudarte, empotrarte contra una de las mesas y
follarte salvajemente, y esta noche, cariño, voy a follarte hasta volverte
loca.” Cuando me metió un tercer dedo, me agarré a su brazo porque mis
rodillas se debilitaron, y me esforcé por evitar que mis piernas cedieran,
pero era demasiado tarde.
En cuanto tocó mi inflamado y caliente clítoris con un movimiento, me
volví loca. Comencé a jadear y gemir. Él alejó su mano de mí, y mi
necesidad se encendió tanto que quería agarrarlo y clavar mi cuerpo en su
polla, pero, en vez de eso, me giré a él con ojos suplicantes. “¿Cayden?”
Estaba tan feroz y desesperada; en realidad era un poco triste.
“¿Sí?” dijo mientras me besaba en la frente y me quitaba la camiseta y
yo me quitaba del todo mis vaqueros y ropa interior.
“Estaba a punto.”
“Oh, ya lo sé. Por eso te he dado un respiro. La próxima vez que llegues
a ‘estar a punto’, vas a salir despegando hasta la luna. Te lo prometo.”
Dios, era el demonio, pero era tan jodidamente bueno. En cuanto me
tuvo desvestida, él mismo se deshizo de su ropa, casi se arranca la camisa
del cuerpo, probablemente haciendo saltar uno o dos botones en el proceso.
Me detuve durante un momento y pensé en que era un hombre tan rico que
podía permitirse destrozar su ropa con tal de desnudarse más rápido.
Entonces me volvió a coger y me tiró sobre la cama, juguetonamente, con
entusiasmo, y eso me hizo reír.
“¿Estás lista?” Se puso de rodillas detrás de mí, con su polla
sobresaliendo recta.
“Mm, ¿sí?”
“Bueno, si estás lista, ¡será mejor que te pongas bocabajo y con el culo
hacia el aire!”
“¿Cayden?” ¿Qué cojones me estaba pidiendo que hiciera?
“Tú hazlo, será divertido. No tienes que ponerte a cuatro patas, solo
ponte bocabajo con tu culo hacia arriba y… cierra los ojos.”
“No me van las cosas raritas, Cayden, acabo de abrirme a la diversión
ahí abajo.” No podía imaginarme qué estaba pensando hacerme.
“No, no me voy a aventurar en el gran desconocido – he visto lo que has
comido hoy, pero tienes que confiar en mí. El día de hoy ha ido de probar
nuestra confianza. Incluso aunque vayamos a tener una relación solo para la
prensa, seguimos teniendo que cubrirnos las espaldas el uno al otro.”
“Cierto. Me había olvidado de que solo estábamos fingiendo… ser una
pareja, quiero decir.” Supuse que, si íbamos a probar la idea de la confianza,
saber en qué posición estábamos era un buen comienzo.
“Por ahora. Recuérdalo, tengo seis meses gratis, ya estamos en la marca
de los tres meses, así que no quiero gastar mi periodo de prueba. Este
acuerdo puede que nos lleve a una relación real si no tenemos cuidado, pero
por el momento seguimos teniendo una cláusula de escape, así que cierra
los ojos y pon tu culo en el aire antes de que pierda la voluntad de ser
paciente, porque verte desnuda me está volviendo loco.”
“De acuerdo. Eres el hombre más extraño que he conocido nunca, pero
allá voy.” Me puse bocabajo y levanté mi culo un poco.
Inmediatamente, sentí su lengua pasar por mi humedad mientras me
hacía cosquillas con los dedos de una forma que me hizo reírme y abrir mis
piernas para ponérselo más fácil. Las cosquillas me dieron una especie de
subidón erótico. Sus dedos volvieron a ir dentro de mí, pero solo por poco
tiempo antes de llenarme con él. Tengo que decir que la primera incursión
siempre escocía un poco. Después se apoyó sobre mi espalda, no lo
suficiente como para aplastarme, pero lo suficiente para estar ahí,
envolviéndome por completo. No se movió, simplemente se quedó dentro
de mí mientras susurraba en mi oído.
“Voy a llevarte a otro mundo.” Se metió más dentro aún de mí. “Y
nunca te olvidarás de esta experiencia.”
Aunque era un poco arrogante, era perfectamente Cayden Coltrane
mientras se acercaba más y empezaba a rodar de forma tan lenta que hacía
que mis nervios se retorcieran.
“Quiero besarte,” gruñí mientras él cogía velocidad y me inmovilizaba
los brazos debajo de mí con los suyos propios, envolviéndome por
completo con su cuerpo.
No podía girarme para besarle o participar, lo cual era lo que quería
hacer en ese momento, sin embargo, en vez de eso, girara por donde me
girara, él estaba ahí. Se movió dentro y fuera más y más rápido y, después,
cuando estaba al borde del precipicio, en ese acantilado que da al éxtasis, él
ralentizó y empezó a besarme mi caliente lóbulo de la oreja y la parte
trasera de mi cuello. Entonces vinieron los pequeños pellizcos. No eran
mordiscos exactamente, no iba a dejar marcas de dientes, pero los pequeños
pinchazos inundaron mi coño y lo mojaron a él, así que cuando empezó de
nuevo me embistió con fuerza, mandando todos los sentimientos que tenía
dentro de mí a una ráfaga explosiva de sensación, y de nuevo otra
embestida dura y otra y otra, y yo lo agarré mientras me volvía a penetrar.
Dios, era intenso.
Sus piernas se pusieron debajo de las mías, levantándome de forma que
él quedaba totalmente detrás de mí y yo me levantaba de la cama
ligeramente, sujetándome en esa posición mientras me penetraba con
fuerza, directo a las profundidades de mi cuerpo. Me daba igual quién me
escuchara, grité. Estaba siendo tan poseída por él, tan dominada y, sin
embargo, era liberador dejarme ir y dejarle usar mi cuerpo para darme un
placer tan increíble. Justo cuando estaba a punto de correrme, él la sacó, me
giró, y volvió a entrar. En cuestión de segundos, estaba besándome en los
labios, las mejillas, mi frente, y pronto los dos estábamos ahí, en el límite.
“Córrete conmigo,” gruñó en mi oído, y así fue.
Perdí el control y me dejé rezumar por todo él, estremeciéndome,
temblando y alcanzando el éxtasis mientras su cuerpo se tensaba. Un
profundo y casi dolorido gemido se escapó de él y sentí la lluvia cálida de
su deseo dentro de mi cuerpo. Enrollé mis piernas en torno a él para tomar
todo lo que podía y dejé que su orgasmo me llenara. Los dos necesitábamos
tanto eso…
“Este ha sido el mejor sexo que he tenido nunca,” confesó mientras
suavemente salía de mí, se ponía a mi lado y me llevaba a sus brazos.
“¿Tú?” Quería decirle que eso no era posible, ya que se había acostado
con mujeres que se rumoreaba que eran prácticamente profesionales, pero
me di cuenta de lo grosero que eso sonaría, aunque no fuera mi intención.
Yo no era la mejor amante, no tenía práctica, pero era receptiva y
pasional, y tenía intención. Tuve que reírme ante mis propias inseguridades.
“Sí, amor mío. Eres la amante más genuina que he tenido nunca, y lo
digo en serio. Es muy refrescante.” Me besó en el hombro y vi la sinceridad
en sus ojos.
“¿Sabes?” Dije en un tono juguetón. “Podría enamorarme de ti.”
Capítulo 26
Cayden
No estaba listo para decirlo en ese momento, pero yo también me estaba
enamorando de ella. Durante los días siguientes, Genni pasó mucho tiempo
en el estudio de mi apartamento. Su apartamento ya estaba terminado y ya
se había ido oficialmente del hotel. No pasaba las noches allí a petición mía.
De hecho, apenas pasaba tiempo allí, lo cual me hacía muy feliz.
La veía mucho, pero ambos teníamos trabajo que hacer. Pasaba mucho
tiempo sola en la sala de grabación y al teléfono con sus compañeros de la
banda, trabajando en las melodías. Supuse que podía sentirse sola y le
pregunté que si quería trabajar con Joe o con otros músicos, pero ella me
dijo que estaba muy contenta con las canciones que había grabado con Joe y
que ahora estaba yendo por otro lado con las canciones con las que estaba
trabajando en mi estudio privado.
“Mis chicos siempre me dan inspiración,” dijo de forma despreocupada
mientras entraba al estudio con unos pantalones cortos y un top.
Estaba tan follable que era prácticamente en todo en lo que era capaz de
pensar. Teníamos un montón de sexo, lo cual definitivamente era un
beneficio de tenerla cerca, y cada vez que hacíamos el amor ella se volvía
más loca y divertida. Y pese a estar prácticamente desnudos toda la noche y
madrugada durante días, al final, cuando era el momento de empezar el día,
seguía teniendo ganas de ella. Era mi nueva droga. Además, estaba
explotando en todas partes. Decidimos quedarnos en casa porque, en cuanto
salía a cualquier lado, la gente la reconocía.
Estaba por todas las redes sociales y era la nueva sensación. La
misteriosa cantante con la voz de un ángel. Decían que era una mezcla entre
Billie Holiday y Janis Joplin con un toque de country soul. Cada vez que
abría su boca para cantar, veía a una superestrella. Se había ganado el
derecho a mandarme a la mierda cada vez que quería que se pusiera algo
falso o se pareciera a las muñecas de plástico que aparecían en las portadas
de las revistas. Ella era preciosa y única. Se había ganado el derecho a ser
ella misma por completo.
Cuando no estaba teniendo sexo conmigo, o escribiendo canciones,
tenía una sesión de fotos o una entrevista. Ella y Taylor estaban trabajando
en otra canción, y me suplicó que trajera a sus compañeros unos cuantos
días para poder grabar unas cuantas canciones con ellos. No me podía
resistir a ella, así que, durante una semana, perteneció a ellos. No estaba
realmente celoso, eran unos tipos geniales y no había ninguna amenaza de
que me la fueran a robar, pero eran su gente y, cuando ellos estaban cerca,
me daba cuenta de que yo no era de su gente… ni lo más mínimo.
Taylor hizo el concierto de la recaudación de fondos con Genni, y ella
cantó Angel. El equipo de grabación de Allie estuvo allí, pero, por suerte
para nosotros, Allie no apareció. Esta era una especie de grabación
secundaria que se intercalaría con el drama que Allie hiciera esa semana.
Como Allie no quería desviar la atención de la recaudación de fondos con
otra fiesta Allie-Cash, se mantuvo lejos. El equipo de grabación grabó el
concierto, un confesionario conmigo, algunos primeros planos de Genni
siendo Genni, y el momento en el que le dimos un millón de dólares a
Taylor antes de que el teletipo anunciara los diez millones. Entonces lo
dimos por terminado.
Tenía pavor a que llegara nuestro viaje a México y nuestro último
episodio contractual para el reality show. No obstante, cuanto más pensaba
en tomarnos un respiro de nuestras vidas frenéticas y disfrutar de cuatro
gloriosos días, más me animaba. Iba a tener a Genni toda para mí y para
más de un millón de espectadores. Sabía cómo funcionaban los reality
shows. Grabaríamos nuestra parte, pero Allie era la estrella, así que Genni y
yo tendríamos mucho tiempo para nosotros. Además, yo era un gilipollas, a
la gente le gustaba dejarme de lado.
“¿Estás seguro de que no tengo que meter nada en la maleta? Esto es
raro.” Genni me miró confusa.
“Bueno, solo lo que tengas, un par de outfits cómodos, algunos zapatos
y la bolsa de aseo. Producción te dará el resto de outfits. Lo siento, amor,
está en el contrato. Si lo hubieras leído, lo sabrías.”
“Agh,” me encantaba cuando ponía los ojos en blanco. “Aún sigo
teniendo el derecho a negarme, ¿no? ¿Puedo decir que no a cualquier cosa
horrenda que intenten ponerme?” Me encantaba que luchara por el control
que en realidad ninguno de los dos teníamos.
“Puedes intentarlo. Tendrás un estilista, juntos podéis trabajar en un
plan de estilismo. Ya les he dicho que nada de extensiones, pestañas
postizas o uñas falsas. Me he ganado unos cuantos gruñidos, pero ha valido
la pena con tal de ser el caballero con armadura de mi doncella.”
“Todo para que tu doncella no parezca una muñeca hinchable.” Abrió
los ojos mucho y puso la boca como la de una muñeca hinchable, con sus
brazos estirados frente a ella.
“Ten cuidado, cariño, puede que te tire sobre el sofá y haga un buen uso
de esa boca antes de que la limusina llegue.”
“¿Por qué una limusina?” Dejó de actuar y volvió a ser mi chica dulce.
“Porque el show empieza en cuanto salimos por esa puerta. Estamos
enamorados, ¿recuerdas? Tú eres mi redentora, mi salvación. Una buena
chica de Texas que va a domar al cabrón mujeriego.”
“¡Oh, genial!” Cogió su pequeña mochila en cuanto llamaron a la
puerta. “¿Ayuda si confieso que estoy nerviosa?”
“No tienes por qué estar nerviosa, solo te va a ver todo el planeta.
Luces, cámara.”
“¡No!” Chilló, y yo abrí la puerta a todo un equipo de cámaras.
“¡Acción!” Gritó el director, y yo enrollé mis brazos alrededor de
Genni, sonreí como si fuera el mariscal de un desfile de pueblo y la llevé
hacia ellos.
Ella trotó para mantener el ritmo, que era justo lo que quería que
hiciera, así que tuvo que poner su otra mano en la cabeza para que su gran
sombrero no saliera volando, el efecto fue una oportunidad de proteger su
cara de las cámaras. Mientras que sabíamos que íbamos a estar un motón
frente a la cámara, también comprendía que Genni no estuviera lista del
todo para tanto escrutinio. La había mantenido alejada del ojo público tanto
como había sido posible, y ahora estaba a punto de empujarla a la boca del
loco. Supuse que un buen viaje en avión sería la mejor forma de ayudarle a
prepararse.
En cuanto subimos a la limusina, saqué mi cabeza y grité, “¡viva
México!” como un completo idiota. Fue perfecto.
“¿Va a ser así todo el tiempo?” Gruñó.
“Cuando haya cámaras, sí. Pero, recuerda, vamos a una villa privada.
Esto solo es el carrete secundario que usarán en el montaje para mantener a
la audiencia enganchada. Buena parte de todo esto terminará eliminándose,
ya verás. Bueno,” saqué nuestro itinerario, “esto es lo que iremos haciendo.
Hay que recordar que esta es la última grabación del reality que tenemos
por contrato. Tenemos un pequeño episodio de seguimiento, pero solo será
una escena y un confesionario mío al final. Puede que nos sigan a los
Grammy, pero no pueden meterse en nuestro camino. Esa noche es tuya y
de Taylor, y la gente de Taylor los convertirá en polvo si se acercan
demasiado con las cámaras. Todo irá bien. Solo tenemos que superar este
viaje.”
“Claro. ¿Vamos a tener que correr en una carrera de obstáculos, o comer
gusanos, o que nos echen de México?” Estaba bromeando, pero podía ver
por la mirada de pánico de su cara que en parte lo decía en serio.
“Más o menos, pero no. Bueno, nos han organizado una gran cena
elegante en la playa una vez aterricemos. Pero en realidad es al día
siguiente de llegar. He exigido tener nuestro propio bungalow privado y un
día para descansar antes de hacer las grabaciones de llegada con buena cara
y felices. La villa tiene un aeropuerto privado, y la casa ha sido donada por
Hill McGowan, un famoso arquitecto que está a punto de abrir un hotel al
lado, del mismo estilo que la villa. Va a conseguir un montón de publicidad
gratis, ya que el restaurante en el que vamos a cenar está en su hotel.
Bueno, tenemos que ser súper halagadores con su villa y, estoy seguro de
que, conociendo a Allie, el sitio será una pasada. Después de la cena tendré
una escena de confesionario, probablemente hablando de lo raro que puede
ser el viaje, pero tú no vas a verte envuelta en eso. Al día siguiente vamos a
ir a ver ballenas y a hacer snorkel. Puedes quedarte en el barco o saltar al
agua, lo que tú elijas. También vamos a tener un picnic en la playa de
“temática náufrago”. Estoy seguro de que va a haber alguna escena tipo
supervivientes, pero nada de comer gusanos. Es su show, así que el centro
de atención será ella. Tendremos una cena tradicional preparada por los
locales y al día siguiente ayudaremos en una aldea de al lado a construir
unas casas. El último día nos quedaremos en la villa, en la piscina y
jugando a juegos, tanto mentales como corporales. Dice eso literalmente.”
Por suerte, eso hizo que se riera. “Será tanto horrible como asombroso. Pero
al menos nos enfrentaremos a ello juntos.”
“Y este es el último episodio para nosotros.” Su sonrisa decía el resto.
“En buena parte, sí.”
Salimos del avión, Genni sonreía y estaba radiante y, cuando entramos a
la villa, no hubo necesidad de actuar. El lugar era una pasada. Mi gusto
personal se inclinaba hacia las restauraciones y los edificios históricos, pero
la villa sobre los acantilados, con vistas al Mar de Cortés, era tan moderna y
vanguardista como uno podía imaginar. Era una smart house por completo,
así que, al entrar, un pequeño panel que había en la pared localizaba a todas
las personas que había en la casa en pequeñas pantallas. Aprendimos que el
panel de la pared podía ser programado para hacer muchas cosas. Por el
bien de la grabación, ciertas zonas fueron designadas como lugares de
rodaje para poder filmar simultáneamente.
No había persianas porque las ventanas se oscurecían conforme el sol se
ponía, la temperatura se programaba de forma digital para que la villa
siempre estuviera a 21ºC y todo lo que tenías que hacer era decir tu nombre
y lo que querías, y aparecería. La casa no preparaba comida, pero un
interfono informaría a los empleados de las necesidades de los huéspedes.
Como yo ya estaba listo para tomar una copa, probé el sistema.
“Cash, un whisky con hielo.” Entonces miré a Genni y le pregunté.
“¿Tú qué quieres?”
“Me apetece una copa de vino, Suavignon Blanc si tienen.” Sonrió,
parecía que estaba disfrutando.
Había modelos, actores y actrices, unas cuantas personas destacadas de
la moda y los negocios, y la mejor amiga de Allie, que no dudó en lanzarme
una gran mirada asesina. Ah, estaba de nuevo ante el peligro.
Capítulo 27
Genevieve
En cuanto Cayden entró a la villa, volvió a ser su viejo yo; escandaloso,
rozando lo odioso. Y, como si fuera una señal, el resto respondieron a él con
hostilidad hasta que Allie vino y nos dio la bienvenida con gestos
exagerados y sonrisas de plástico. Ella me besó en los labios, lo cual fue
raro, y después ligó con Cayden hasta que las cámaras dejaron de grabar y
habíamos acabado por ese día. Solo fue una hora de beber cócteles y ver lo
extremadamente cara y futurista que era la villa, y después hicimos caminos
separados. En cuanto las cámaras se apagaron, había una atmósfera mucho
más relajada.
Mientras que las cámaras apuntaban a los invitados, siempre que se
animaban a hablar conmigo, era sobre mi canción con Taylor Rayne, eso
fue literalmente sobre todo lo que hablaron conmigo. Unas cuantas personas
señalaron que estaba nominada a los Grammy porque había escrito y
cantado la canción. No preguntaron por ninguno de mis trabajos próximos y
yo no ofrecí ningún tipo de información sobre ellos porque, cuanta menos
interacción tuviera con esas víboras, mejor. Sí que hablé una vez sin que
nadie me hiciera ninguna pregunta y fue para escabullirme de la fiesta,
diciendo que necesitaba ir al servicio, y me tomé la píldora anticonceptiva,
en parte maldiciéndome a mí misma por tomármela a las cuatro en punto,
que era prácticamente la peor hora del día para tener que tomármela.
Decidí que poco a poco iría moviéndome en esa ventana de tres horas
para adelantarla a una hora más factible. Había escogido la mini píldora
porque quería una pastilla que me diera la mínima dosis de hormonas
posible, ya que odiaba alterar la química natural de mi cuerpo. No obstante,
estaba contenta cuando toda la grabación terminó y Cayden y yo pudimos
retirarnos a nuestro propio bungalow, que era espectacular. Estaba situado
sobre el océano, así que teníamos que caminar por un largo sendero que
cruzaba un banco de arena en el que el agua lamía los bordes de los
tablones de madera. A lo lejos estaba nuestro pequeño bungalow. El nuestro
era uno de los muchos que salpicaban el océano en una línea que iba más
allá de la playa.
“No me puedo creer que esto esté sobre el agua. Había visto sitios así en
las revistas, pero nunca en persona.” Tuve que decir, porque era realmente
impresionante.
“Al parecer, las habitaciones tienen suelo de cristal, vamos a ver. Se
supone que podemos ver la vida marina desde el confort de nuestra sala de
estar.”
Como la villa principal, los bungalós eran totalmente tecnológicos, pero
el suelo era de cristal. Me llevó un momento orientarme porque debajo de
mí había agua transparente.
“Wow, ¿cómo pueden hacer esto? Todo está muy limpio; puedo ver los
peces…” Me agaché para ver la maravillosa vida marina que había debajo
de mí.
“Supongo que el suelo es de cristal con tecnología de grabación
subacuática, por eso la imagen es tan nítida. El productor me ha dicho que
se pueden ver focas, tiburones, tortugas y peces. Es bastante emocionante.”
Cayden se unió a mí, y nos quedamos mirando cómo las algas se movían en
el agua con un pequeño pez entrando y saliendo de ellas.
“Es hipnotizante.”
Por primera vez en bastante tiempo, me sentí en paz simplemente
mirando el suelo del mar. “Me alegro de que hayamos hecho esto.” Le miré
y sonreí.
“Puede que no te alegres tanto después de que grabemos mañana, pero
vamos a pasárnoslo lo mejor que podamos. ¿Quieres nadar antes de pedir la
comida y follar toda la noche?”
Así era Cayden, siempre directo al grano.
“¿Quieres decir en el océano?” Daban ganas de meterse al agua, pero
daba un poco de miedo.
“¿Por qué no? El agua no está fría y está totalmente transparente. Pronto
se pondrá el sol.” Me cogió de la mano y me llevó a la cubierta que daba al
océano y tenía una escalera al agua.
“Hagámoslo.” Estaba asustada y, sin embargo, extrañamente seducida.
Nos pusimos nuestros trajes de baño, ya que si nos bañábamos desnudos
seguro que terminábamos en la portada de la revista TMZ. Cayden tenía
razón, el agua estaba de lujo. De hecho, mirar el agua mientras flotábamos
en el océano y el sol se ponía es uno de mis recuerdos favoritos del viaje.
No me había dado cuenta de todo el estrés que había estado acumulando
hasta que la tranquila agua relajó mis tensos músculos.
“¡Esto es increíble!” Confesé mientras cogíamos unas balsas hinchables
que había atadas a nuestro bungalow y nos deslizábamos por las calmadas
aguas.
La costa era poco profunda, por lo que te podías poner de pie y caminar,
así que supuse que estábamos en alguna especie de plataforma marítima,
estaba chulísimo.
“Ten cuidado,” me gritó Cayden. “Te estás yendo a la deriva.”
Él remó con su brazo y me cogió de la mano, y nos quedamos unidos
mientras veíamos el sol esconderse en el horizonte. En cuanto se fue, toda
la atmósfera cambió y de repente el aire se convirtió en una brisa heladora.
“Bueno, yo creo que estoy lista para volver,” dije a través de dientes
temblorosos.
“Ya veo. No tienes la piel tan dura como yo,” dijo de broma, poniendo
acento de pirata.
“Cierto, porque yo no soy una serpiente.” Dije tomándole el pelo.
“Oh, yo te enseñaré lo que es una serpiente. ¿Quieres una serpiente? Tú,
cariño mío,” me levantó de la balsa y me llevó por la escalera hacia nuestro
bungalow, “vas a ver lo que es una grande, gorda y larga serpiente de piel
dura.”
Y tras decir eso, me chupó el cuello, y yo ya estaba en llamas.
Me enrolló en una toalla y me dejó sobre el sofá que había en una
extraña habitación pequeña hecha de cristal. Se parecía mucho a su
habitación del ático.
“¿Qué es este sitio?” Pregunté, sin saber para qué podía ser esa pequeña
sala.
“Esta es una sala de calentamiento y enfriamiento. En verano, hay aire
acondicionado y puedes salir y ver el océano, en invierno y durante las
tormentas o después de un baño nocturno, es una sala de calentamiento
desde la que puedes ver el mar igualmente. Me encanta esta habitación, es
el sitio más jodidamente sexy en el que me he alojado.”
Ya podía ver su erección a través de su bañador mojado. “Ah, aquí está
la serpiente de la que estabas hablando.”
“La serpiente está esperando a que cenes antes de ella devorarte a ti. Así
que, ¿qué te apetece? Tienen tacos, aunque pronto yo voy a tener mi propia
ración de ‘tacos’.”
“¿En serio, Cayden? Puaj.”
“Solo era una sugerencia. Tienen todo tipo de comida mexicana
deliciosa. A mí me apetecen fajitas. Tienen fajitas de solomillo con
pimiento rojo asado confitado con polvo de guindilla fantasma. ¡Suena
picante!” Chasqueó los dedos al decir la palabra picante. “O quizás el atún
blanco que es de justo debajo de nuestra casa.” Me mandó una sonrisa
maligna.
“¿Tienen ensalada?” No pensaba que pudiera comer mucho más.
“Oh no, no puedes venir aquí, donde tienen la comida mexicana más
deliciosa del mundo, y pedirte una ensalada. ¿Qué tal un chili relleno? O
quizás una fajita vegetal sin el aderezo de la guindilla fantasma.”
“Eso sí que suena bien.”
“Vale, ¿y una jarra de Margaritas?” dijo poniendo un acento mexicano
mal hecho.
“Claro,” me reí. “No hables así delante de los locales, es grosero e
irrespetuoso.”
Su cara cayó de forma juguetona. “Cierto, ahora recuerdo, yo te he
traído A TI de vacaciones.” Fingió que se deprimía. “Ya no haré más
bromas culturalmente inapropiadas. Tengo que darles buenas propinas y ser
simpático con la gente… Agh, eres muy exigente.”
“Y estoy saliendo con un trol.” Le cogí la mano y se la besé.
“Un trol con una gran y gorda serpiente… que va a…” Justo en ese
instante llamaron a la puerta y, sin que Cayden fuera a responder, Allie la
abrió.
“Oh, vuestra habitación es más bonita que la mía. Zorras. Le dije a
producción que quería la habitación más grande,” soltó.
“¿Qué coño haces aquí?” Le dijo Cayden de inmediato.
“¿Qué? ¿Tres son multitud?” No estaba segura de si estaba bromeando
o no.
“Tenemos que besarnos. Lo dice producción,” se quitó su pareo y lo tiró
sobre el sofá.
Su bikini era poco más que una tela entrecruzada apenas más gorda que
una cuerda. Sus pezones apuntaban hacia delante, y se debía de haber
depilado el coño por completo, porque la pequeña franja de tela que lo
cubría no tapaba prácticamente nada.
“Ni de coña, no voy a besarte. No vamos a jugar a eso. Genni es mi
pareja estable. Vamos a casarnos, así que no. Tus pequeñas tretas
publicitarias no son bienvenidas aquí.”
“¿Casaros? Por favor. Sin ofender, Genevieve, cariño, tú eres una
cantante fabulosa y más dulce que un pastel, pero no eres rival para mí, y
Cash va a comerte viva en menos de un año. Alimentará a sus cocodrilos
con tus crías, o peor aún, fingirá que no tiene ninguna.”
“Ah, veo que esta noche has sacado las uñas. Bueno, ¿de qué va todo
esto? Producción sabe que estamos aquí para aumentar la intriga y terminar
con mi contrato. Pensé que habías traído al héroe de comic de Marvel
contigo. ¿Qué ha pasado con él?”
“No es nadie importante. Solo puede hacer ciertas cosas a ciertas horas
o tendremos que pagarle más.”
“Seguro que puedes permitirte pagarle para que te bese.”
“A un millón de dólares el episodio que te estoy pagando a ti.” Se
deslizó hacia él y entró a nuestra pequeña sala de calentamiento, y de
repente tuve el instinto de salir corriendo de la habitación.
Entonces ella lo agarró de la polla. “¿Estabas a punto de follártela?”
Podía ver que le apretaba con fuerza, porque él dio un respingo.
“Esa era la idea,” dijo entre dientes.
“Bueno, vale. No te follaré, pero tú me besarás. Solo demos un paseo
por la playa y así nos quitamos esto de encima. Mi compañía te está
pagando… así que pon morritos, putita.”
La quería y odiaba a la vez.
“De acuerdo,” dijo, y el corazón se me cayó a los pies. “Genni, solo será
un minuto. Un momento, pediré la comida.”
“Vale,” apenas dije. En ese momento, me sentía tan deprimida y
humillada que solo quería desaparecer.
“Volveremos pronto, cariño, y entonces podrás tenerlo todo para ti
solita.” Allie me miró como una viuda negra mordiendo a su presa.
No podía creerme que Cayden la siguiera, pensaba que él era mejor.
“Acabo de pedir la comida, y esto no llevará mucho rato,” dijo Cayden
mirándome con su horrible confianza.
Pensaba que estaba entrando dentro de él, viendo su lado bueno, ese que
sabía que estaba ahí. Pero que me dejara ahí y se fuera y creara un
escándalo falso que en última instancia nos amenazaría no solo a nosotros
sino más específicamente a mí y a mi incipiente carrera musical, hizo que
se me hiciera un nudo en el estómago. ¿Cómo podía hacer algo así? ¿Por
qué no había dicho que no? Ahora mi integridad iba a ser puesta en
cuestión, ya que se iba a besar con su exnovia en la televisión nacional.
Intenté no enfadarme, consciente de que nada de eso era real, pero no podía
evitar sentirme dolida.
Capítulo 28
Cayden
Rabia apenas alcanzaba a describir los sentimientos que me quemaban
por dentro. ¿Cómo se atrevía esa puta a exigirme que la besara y a
amenazar la tan delicada relación que tenía con Genni? Oh, iba a tener su
ración de drama, de eso no cabía duda. Me esforcé al máximo por no
hacerla pedazos en el corto camino hasta la playa por el que fuimos
seguidos por el equipo de producción con tres grandes cámaras apuntando a
nuestras caras.
“Siento sacarte de esta forma, Cayden.”
Odiaba cuando la gente como ella me llamaba Cayden. Genny había
empezado a llamarme por mi nombre real y, de sus labios, sonaba bien.
Viniendo de ella, era un puente de esperanza y pequeños pasos para
acercase más a mí, pero viniendo de Allie, que sabía que odiaba mi nombre
porque me recordaba a que fui un triste niño no deseado, hacía que la odiara
más aún.
“Entonces, ¿por qué lo has hecho?” Gruñí.
“Bueno, yo… no puedo soportar más esto. No puedo fingir estar
enamorada de Paul. Cuando lo beso, solo finjo que son tus labios los que
estoy besando.”
“Eres buena actriz,” dije de forma maligna. “Sigue intentándolo.”
Caminé más rápido, intentando ignorarla.
“Cayden, sabes que esto no ha acabado, que lo nuestro no ha acabado.
Sí, nos hemos hecho daño el uno al otro, y reconozco mi parte de culpa,
pero nosotros, los dos juntos, lo somos todo. No eches a perder todo lo que
hemos invertido.”
Vaya montón de mierda había soltado.
“¿Sabes lo que eres para mí, Allison?” Si íbamos a usar nuestros
nombres reales… “Fuiste un buen polvo. Quizás, uno de los mejores. Tu
talento en la cama puede ser verificado por muchos hombres. ¿Por qué te
piensas que comencé a salir contigo? Eres una estrella de rock en el
dormitorio. Tengo ganas de tomarme una cerveza con Paul y recordar lo
bien que usabas tu…”
“No puedes decir eso en la televisión nacional, Cash,” me advirtió el
productor.
Bueno, el show era bastante picante y se retransmitía en un canal en
directo con una clasificación de más de 17 años, pero supongo que nombrar
la palabra vagina no era algo que la gente de los shows para más de 17 años
hicieran.
“Boca,” dije en un suspiro cargado de veneno, el doble sentido me hizo
cosquillas.
“O tú la tuya,” ella me la devolvió con un contraataque penoso.
“Tú usabas tu boca para montar escándalos sobre nuestra relación y
ganar dinero con ello. Has usado tu boca para menospreciar a gente muy
trabajadora que se dejaba ser pisoteada por ti. Usabas esa boca para quitarle
el color a cualquier cosa bonita que hiciéramos. Y has usado tu boca aquí
esta noche para ordenarme que te bese en televisión y así cree una nube
tóxica de confusión y especulación sobre mi relación totalmente real con
Genni.” Entonces me di cuenta, lo que tenía con Genni era real, más real
que cualquier cosa que había tenido antes.
“Oh, qué poético eres. ¿Quieres que hablemos del sendero de niños no
deseados que has ido dejando detrás de ti? ¿O debería hacerlo yo?”
“Cortad,” me giré y miré a la cámara. “No puedes hacer eso. Está en mi
contrato. ¡No puedes hacer eso!”
“No puedo hablar de Alex, pero estoy jodidamente segura de que sí
puedo hablar del mío. ¿O sabías que había tenido un aborto?”
Todo en mí se desplomó.
“Y una mierda, y si lo tuviste, no fue mío.” El calor aumentó dentro de
mí y mi cara se puso roja.
“Eso no lo puedes saber. No tomaste ningún tipo de responsabilidad.
Todo el peso estaba sobre mí. Tenía que tomar precauciones yo, ponerme la
Depo-Provera, me hinché por culpa de las hormonas.”
Mierda.
“Si eso es verdad, no es algo que podamos hablar en televisión. No solo
es completamente inapropiado, sino que es cruzar una línea. Ninguno de tus
espectadores va a querer drama real y que dé miedo, un drama por el que
ellos pueden estar pasando. Tú eres un choque de trenes, una persecución
de coches y una película de vampiros todo en uno. La gente ve tu show para
poder irse por la noche a la cama sabiendo que lo están haciendo bien, que
al menos no son Allie. Puede que seas guapa, y puede que tengas un cojón
de dinero, pero lo que no tienes es clase.” Dije, y entonces me giré, dándole
la espalda, y comencé a caminar hacia la playa, consciente de que las
cámaras estaban de nuevo en marcha.
“¿Y si hubiera sido tu bebé?” Dijo Allie de forma que confesaba que no
lo había sido. “¿Y si lo hubiera dado en adopción?”
“Mejor entonces… Así hubiera tenido una oportunidad de tener una
familia que no estuviera tan jodida como estaría la tuya.”
“Ese es un golpe bajo, Cayden, incluso para ti.”
Me giré hacia ella. “¿Has tenido un aborto?” Necesitaba saber la verdad.
El equipo de grabación apagó las cámaras y se quedó quieto en la
oscuridad con las luces encendidas apuntando a nuestras caras.
Allie se quedó en silencio durante un instante y después tomó una
respiración profunda. “Siempre quise tener un desliz contigo.”
“¿Por qué? No me hubiera quedado contigo.”
“Lo sé.”
No podía creérmelo, pero una lágrima bajaba por su cara.
“¿Hubo un bebé, Allie?”
“No. Nunca lo hubo, pero… si me hubiera quedado embarazada, me
habría quedado con el bebé, porque así al menos seguiría teniendo una parte
de ti.” Se giró hacia mí y me besó suavemente en los labios, y tengo que
admitir que me quedé atónito, pero no en el buen sentido.
“Allie, en ese bungalow hay una mujer a la que amo de verdad. Ella
es…” Ni siquiera podía describirla. “No es de nuestro mundo y no está en
nuestros círculos. Es… No ha sido cegada aún por el odio, y no quiero que
me odie solo porque en el pasado tomara algunas decisiones de mierda. Fui
un cabrón contigo, Allie, lo admito. Los dos fuimos unos monstruos… y te
pido perdón por ello. De verdad.”
Me giré y comencé a caminar, dejándoles un montón de drama para mi
última escena.
“¿Has cogido todo eso?” Oí que preguntaba uno de los productores.
¿Coger todo el qué? Pensaba que las cámaras estaban apagadas cuando
habíamos hablado sobre Alex. Cuando miré hacia atrás, vi como el cámara
se quitaba su gorra de béisbol y dentro había una pequeña cámara… joder.
“Sí que lo he hecho.”
De repente, el mundo comenzó a tambalearse. Conforme caminaba
hacia el bungalow, vi a Genni en la cubierta. Sabía que había visto todo lo
que había pasado entre Allie y yo y, francamente, estaba listo para subirme
en un avión de vuelta a casa esa misma noche. Pero yo estaba allí para
batirme en duelo. No había dicho nada que estuviera fuera de lugar y la
mayor parte de lo que había dicho era totalmente cierto. Esperaba que los
hechos reales que había revelado acabaran en la sala de edición sin
publicarse. Entré al bungalow y Genni no corrió a recibirme, así que yo fui
hacia ella.
“No la he besado, ni he hecho que pareciera que lo haría. Quería
abofetearla, pero no hubiera sido bueno para ninguno de nosotros. Me ha
manipulado y tendido una trampa, y yo he caído en ella, así que tenemos
dos opciones. Podemos comernos la cena, que probablemente esté fría,”
miré hacia la bandeja de plata cubierta por una cúpula plateada, “hacer el
amor, disfrutar de este bungalow, y volver mañana con nuestros puños en
alto, o podemos subirnos en un avión esta noche y estar de vuelta en Nueva
York mañana por la mañana. Tú eliges. Yo haré lo que tú decidas.”
Ella se quedó en silencio, aún mirando hacia el océano.
“Ya te tienen cogido por las pelotas. Si salimos corriendo, ellos ganan,
así que mañana pondremos nuestros puños en alto. Pero tengo que decir que
esta noche estoy un poco cansada, Cash. Quizás podamos simplemente
cenar y dormir.”
Joder, odiaba hacerle daño.
“Como he dicho, es tu decisión.”
Así que esa noche cenamos y nos fuimos a la cama. La sostuve entre
mis brazos porque quería que supiera que ella era mi todo. En ese momento,
me di cuenta de que ella representaba mucho más que solo una chica
inocente a la que estaba usando para limpiar mi reputación; realmente era la
mejor mujer, además de Sarah, que había conocido nunca. Estábamos a dos
meses de nuestra marca de los seis meses, y no quería joderlo todo.
Al día siguiente fuimos a la observación de ballenas, Genni estaba
realmente emocionada por ver ballenas. Yo me esforcé en no marearme por
el movimiento del barco, ya que nunca me sentaba demasiado bien. Ella,
por el contrario, estaba hecha toda una profesional. Vimos algunas ballenas
jorobadas y orcas, y tengo que admitir que estuvo guay. Allie se pasó la
mayor parte del viaje en barco emborrachándose y con su lengua en la
garganta de su “novio”. Yo aguantaba a Genni en mis brazos. Por un lado,
me hacía sentirme menos mareado y, por otro, me veía menos cabrón. Dos
pájaros de un tiro.
Cuando volvimos a tierra firme y a nuestra gran cena, Allie estaba a
punto de empezar de nuevo. Tuve que hacer un confesionario y mi
conversación con Allie se sacó a relucir.
“Hay algunas cosas que no están hechas para aparecer en televisión.”
Nadie sabía que yo tenía un hijo secreto, pero Allie sí, y me había dado
cuenta de su plan. Iba a sacar toda mi mierda y a arrastrar al pobre chaval
hacia abajo sin importarle lo mal que estuviera hacer eso. Él no se merecía
eso. Puede que yo hubiera estado intentando ganar el premio a peor padre
del año, pero él era un gran niño y se merecía algo mejor.
“Escucha, si Allie estuvo embarazada y tuvo un aborto sin decirme
nada, entonces es cosa suya. Los hombres tienen derecho a saber si han
engendrado un niño. Olvídate de cómo se ha engendrado. Todos somos
adultos; sé qué me puede estar esperando en el momento en el que me
adentro en ese gran desconocido. Si hay un hijo, entonces la decisión sobre
su vida y su futuro es algo de lo que tengo el 50%.” Empecé a temblar, pero
seguí adelante. “Allie sabe que tengo un hijo. Es un chico increíble. No me
lo merezco para nada y tanto él como su madre lo saben, así que me he
mantenido al margen. Dejé su infancia en manos de su madre para no liarla.
Ahora tiene nueve años y estoy listo para esforzarme en darle mucho sobre
lo que hablar en terapia. Al menos tengo el dinero para pagársela. Él no fue
ningún error o accidente, es un pequeño niño con un futuro brillante. Estoy
orgulloso de él. Me alegro de haberme mantenido al margen, así al menos
ha tenido la oportunidad de no convertirse en alguien como yo. No
obstante, me he dado cuenta de que haciendo eso le he hecho daño de una
forma distinta. No voy a exponer a mi hijo en este o en ningún otro show,
pero voy a decir, aquí y ahora mismo, que estoy orgulloso de que esté en
este mundo, porque ahora sé que al menos una sola cosa en mi vida la he
hecho bien.” Y lo dije en serio.
No sabía que Genni estaba en la sala, no sabía que la habían traído, no
era lo normal. Se suponía que los confesionarios eran solo con el actor y un
cámara, pero esto iba de drama, y habían traído a Genni para mostrarnos
juntos. Cuando miré hacia ella, estaba llorando. Joder, no era capaz de hacer
nada bien.
“¿Estás bien?” Le pregunté, aún sentado en la silla del confesionario.
“Eso ha sido precioso, Cayden.” Caminó hacia mí y se sentó a mi lado,
cogiéndome de la mano. “Espero que tenga la oportunidad de oírte decir
todo eso, significaría mucho para él, de eso estoy segura.” Entonces me
besó tiernamente en la mano.
“¿Qué opinas de que Cash haya tenido una relación que siga estando tan
presente?” Preguntó el productor en voz alta, esperando mantener la
tensión.
“La vida es dura,” dijo ella. “Y real. Y te puedo decir que Cayden y yo
somos reales. Todo esto es nuevo y está en ciernes, pero nada nos detendrá,
porque juntos somos más fuertes que todo esto. Este viaje a México ha sido
divertido. Tengo ganas de cantar luego y he visto una orca en libertad y no
en una piscina diminuta de un delfinario. Este día ha sido increíble. Allie es
una gran mujer y algún día se casará con un hombre maravilloso, pero no
será con Cash, porque él ya está cogido.” Me volvió a besar y me aferré a la
balsa salvavidas que me había lanzado en medio de un océano de mentiras y
engaños.
Si había algo que era totalmente real, era su corazón.
Capítulo 29
Genevieve
Lo conseguimos. Esa noche canté, y estuvo genial estar en un escenario
al aire libre cantando canciones nuevas ante un público. Trabajamos en
construir casas en una aldea que hizo que todo lo que había en mi mundo y
el de Cayden pareciera trivial. El bungalow de última generación que tanto
había estado disfrutando me pesaba tras ver lo poco que tenían los aldeanos.
Nunca había vivido en pobreza absoluta. Durante toda mi vida, había tenido
techo y comida. Había tenido agua corriente y un dormitorio para mí sola.
Estos aldeanos no tenían nada de esas cosas y, sin embargo, sonreían y nos
ofrecían la mejor, más fresca y más impresionante comida que había
probado nunca. Pensé en quedarme allí a ayudarlos, pero en realidad eso no
les ayudaría. Ellos necesitaban dinero, casas, infraestructuras, empleo y
oportunidades.
En vez de quedarme, decidí dedicarle a la villa mi canción, la que había
estrenado en México durante el reality show. Ofrecí que todos los
beneficios de las ventas de la canción fueran dirigidos a la fundación que
estaba construyendo casas, a ver si así podían ir a más ciudades y hacer lo
mismo. Fue algo que no había hablado con Cash. Simplemente lo dije
durante mi confesionario y, al salir, vi su mirada de sorpresa. Él había
pedido ver mi confesionario en directo como una forma de proteger mi
imagen. Como mi productor, legalmente, tenía derecho a ello.
“Vas a dejarme en la quiebra. Primero, cantas con Taylor Rayne y lanzas
una canción en Internet, perdiendo la oportunidad de ganar miles de dólares
en beneficios en redes sociales explotando el debut. Y, además, lo hiciste a
través de la cuenta de Taylor, por lo que ella está cosechando el fruto de
tener casi mil millones de visualizaciones… bien hecho. Y, ahora, de la
próxima canción que cantas en televisión, vas a donar TODOS los
beneficios… Cariño mío, eres una…”
No podía permitir que lo dijera en televisión y se incriminara a sí
mismo, así que le interrumpí.
“Una santa. Gracias, cariño,” me incliné y lo besé. “Tengo muchas
ganas de ver qué hacen con el dinero.” Puse mis manos sobre mis caderas y
miré a lo que ya habíamos conseguido.
“Yo también,” dijo con una sonrisa, y ese fue el final de la
conversación.
Al final de nuestro viaje y, gracias a Dios, el final de nuestra grabación,
el propietario del resort nos ofreció que nos quedáramos como huéspedes.
Estaba tan impresionado por mi oferta a la comunidad que quería mostrar
su gratitud.
“¿Crees que nos podemos quedar unos cuantos días más? Me encantaría
quedarme aquí contigo, sin cámaras ni Allie.” Oh, cuánto quería estar en
ese paraíso con él y nadie más.
“Creo que podemos rascar unos cuantos días más. Nos vendrá bien.”
Menos mal que accedió.
Y esos días nos sentaron muy bien. Nos sentábamos en la playa, y yo
escribía canciones mientras él hablaba por teléfono, trabajando. Hicimos
snorkel en las aguas transparentes y vimos un montón de vida marina, e
incluso unas cuantas focas pasaron nadando junto a nosotros mientras
flotábamos en el agua. Era espectacular ser una más en la naturaleza.
Aunque Cayden y yo habíamos tenido unos cuantos roces, el tiempo juntos
en México me ayudó a tener una mejor visión de quién era él realmente, y
me estaba enamorando perdidamente del hombre que tenía delante.
Había hecho un gran trabajo escondiendo a ese hombre del mundo, pero
lo cierto era que, dentro de Cayden, estaba el corazón más grande y
precioso que existía. Y mientras estuvimos en México dejó que ese
gigantesco corazón dictara nuestros días. Durante las filmaciones, él me
defendió constantemente y luchó contra las víboras para mantener nuestras
reputaciones intactas. Éramos inquebrantables. Allie terminó rindiéndose de
intentar cazar a Cayden. Admitió en cámara frente al resto de su pandilla
que Cayden había pasado página.
Para celebrar ese momento de maravillosa publicidad, cenamos juntos
en el restaurante y volvimos a casa listos para otra noche de exploración
sexual.
Tras perder la virginidad con Cayden, poco a poco nos habíamos vuelto
más exploradores en nuestras actividades físicas. Mientras estaba tumbada
desnuda, con su cara entre mis piernas, apretaba los dientes conforme la
primera ola me golpeaba. Sabía que habría más, como siempre había hasta
que me quedaba totalmente exprimida.
“Qué te parece si…” Cayden levantó su cabeza para tener una
conversación, lo cual hizo que me riera. Aunque quería que volviera a lo
que estaba haciendo, sus epifanías durante el sexo siempre eran muy
divertidas.
“¿Sí?” Fingí de broma que estaba enfadada.
“Nos compramos una villa en México. Podría tomarte en nuestra propia
playa privada y hacer esto más veces en el confort de nuestra propia casa.”
Pasó su lengua por mi coño y un escalofrío de necesidad recorrió mi espina
dorsal.
“Me gustaría que hicieras esto más veces.” Pasé mis dedos por su pelo.
“¿Y cómo no amar este paraíso? Me apunto, pero tú pagas, yo sigo siendo
bastante pobre.”
Aunque daba por hecho que ganaría dinero, no había ganado demasiado
a esas alturas. Había tenido un adelanto de las ventas de las grabaciones y
Cayden me había financiado todo, así que en realidad no necesitaba fondos.
“No lo serás durante mucho tiempo más,” dijo antes de volver hacia mí.
Dios, era tan bueno comiéndome el coño, joder, apenas podía pensar.
Llevábamos en México una semana y me había pasado la mayor parte de
todo ese tiempo en una neblina. Especialmente cuando su lengua se metía
completamente dentro de mí. Cuando finalmente emergió, me sentía
debilitada y amada. Él subió por mi cuerpo, pasando su dura polla por mi
piel mientras mis terminaciones nerviosas se encendían. Conforme se
acercaba a mí, su boca no paraba de darme besos por mis pechos, mi tripa y
mi cuello antes de morderme el lóbulo de la oreja, y se colocó frente a mí,
poniendo mi pierna sobre la suya mientras su polla golpeaba mi montículo
pulcramente depilado.
“Entonces, ¿quieres esperar a que yo pueda pagarla?” No estaba segura
de lo que quería.
“No.” Pasó su polla por mi sensitivo coño, que estaba chorreando por
las ganas de que entrara.
“¿Entonces?” Gemí, intentando empalarme a mí misma en él; estaba
cansada de esperar, me estaba volviendo totalmente loca.
“Entonces, ¿qué te parece si terminamos con la cosa esta de los seis
meses?”
Me quedé mirándole con los ojos bien abiertos, totalmente perpleja.
¿Qué significaba eso? ¿Habíamos terminado? ¿Me estaba pidiendo que le
diera más tiempo?
Solté el aire mientras él se acercaba más con su polla. “Bueno, si
terminamos con ello, ¿luego qué?”
“Eso depende de ti.” Sus dedos bailaban sobre mí mientras mi cuerpo se
sonrojaba de calor.
“¿De mí?” Tragué saliva. “¿Cómo?”
“¿Te casarías conmigo?” Por supuesto, fue justo en ese momento
cuando me penetró, cegándome de deseo.
“Pero, ¿sin casarnos realmente?” Intenté no perder la cordura.
“No sé,” comenzó a moverse, lentamente, dentro y fuera de mí. “¿Qué
significaría el matrimonio para ti? ¿Para nosotros?”
Joder, no podía estar teniendo esa conversación, no en ese preciso
momento. Diría algo desesperado. Así que no dije absolutamente nada, solo
dejé que los pensamientos me inundaran mientras él lo hacía con más y más
intensidad. Se pegó más a mí, pasando sus brazos bajo los míos,
aferrándome a él mientras empezaba a penetrarme con fuerza, pasándome la
polla por el clítoris una y otra vez hasta que todo fue una mezcla de dolor,
placer y pasión.
“Sería lo que es,” gruñó. “Solo los dos amándonos el uno al otro.”
“¿Si digo que sí?”
Una gran sonrisa se formó en su cara. “Si dices que sí, ¡este bungalow
es nuestro!”
¿Qué? No podía pensar, necesitaba respirar. Él rodó sobre mí y me
levantó las piernas para que pudiera tomar más de él, aferrándome a su
cuerpo caliente con sus músculos tensos del esfuerzo mientras presionaba
su peso contra mí, haciendo que solo pensara en él. ¿Cómo serían nuestras
vidas? Día y noche con Cayden, ¿sería siempre así? ¿Siempre seríamos así
de felices?
“¿Y si digo que no?” Tenía que tantearle.
“Entonces lo intentaré más.” Tras decir eso, me levantó, me colocó
sobre su regazo y dejó que yo tomara las riendas. Me hundí en él, sintiendo
su polla hasta el fondo de mi cérvix. Estaba hambrienta de él mientras el
sudor brillaba en mi piel. Me agarré a sus brazos y lo follé, usando su
cuerpo y el mío para despegar hasta el éxtasis. Él dirigía mi ciego deseo con
mordiscos y besos en mi piel roja y caliente. Cuando se corrió dentro de mí,
grité y alcancé mi liberación sintiendo como una lluvia de emociones
abrumaba mis sentidos. En ese momento, no importaba nada, solo nosotros
dos. Me corrí con tanta fuerza que mi cuerpo temblaba y se estremecía
hasta el punto de ver el cielo, tal y como normalmente me pasaba con
Cayden. Lo que fue diferente fue que él también tembló y se estremeció, y
podía sentirle palpitando dentro de mí. Finalmente se calmó, respirando
pesadamente y asentando sus sentimientos.
“Eres mi todo,” me dijo mientras me abrazaba con fuerza y me
acariciaba el pelo húmedo, mirándome a la cara. “Podría pasar el resto de
mi vida contigo.”
“¿Y eso es una sorpresa?” Me quedé mirándolo, intentando averiguar
qué quería decir.
“Para mí sí.” Me besó en la frente y me levantó de su polla, y entonces
me llevó fuera de la cama. “Hora de un baño.” Entonces procedió a saltar
conmigo desde la cubierta al cálido océano; desnudos.
Éramos las únicas personas que había en kilómetros a la redonda. Los
bungalós estaban vacíos, por lo que solo estábamos Cayden y yo en el agua.
Él metió su cabeza debajo del agua, salió y se sacudió, mojándome, lo cual
hizo que me riera, estaba en plan muy juguetón. Me tiró más agua con las
manos y yo se la devolví, y entonces nos metimos en una guerra que nos
llevó a tumbarnos desnudos sobre la arena, exhaustos por nuestra pelea, con
su mano pasando por mi cuerpo y la mía acariciando su polla.
“Me gusta pasar estos ratos contigo,” le confesé. “Cuando eres así, y
estamos los dos solos, podría pasar el resto de mi vida contigo. Podría
casarme contigo, pero eso no es lo que me estás pidiendo, ¿verdad? Me
estás pidiendo que sea una esposa falsa que legitime tu reputación y la
arregle para que tú te puedas deshacer de las cosas horribles que has hecho.
No me importa ayudarte, me gustas. De hecho, podría aventurarme a decir
que me estoy enamorando de ti. Pero… comprometerme al matrimonio, sin
importar lo falso que sea, es algo de lo que no estoy segura.”
Él parecía muy desanimado. “Lo entiendo.”
Volvimos a nuestro bungalow y yo me sentía mal, pero no estaba segura
de si realmente quería continuar con sus planes, parecían fríos y artificiales.
“Podríamos esperar un poco más para prometernos,” le miré, esperando
no estar liberando la bestia que sabía que él estaba conteniendo. “Todo está
pasando muy rápido, la gente lo entendería.”
Él fue dulce y cariñoso, para nada una bestia. “Tenemos algo de
tiempo,” dijo antes de hacerme la cucharita al volver a la cama, y
suavemente deslizó su polla dentro de mí desde detrás mientras me besaba
en el hombro y el cuello, hablándome suavemente al oído.
“Eres mi mundo. Nunca he querido entregarme a nadie, pero contigo,
siento que ni siquiera todo sería suficiente.” Y tras decir eso, sus embestidas
fueron siendo cada vez más fuertes y pasionales, y de nuevo me llenó a mí
y a mi mundo tan por completo que no quería nada en mi vida que no
fueran los momentos que compartíamos.
Los dos nos corrimos con fuerza y de forma ruidosa, y después nos
quedamos dormidos abrazos, agotados, exhaustos y saciados. En ese
momento, todo era perfecto.
Eso fue hasta que me desperté al rato y caí en la cuenta de que ya me
había tomado la última pastilla anticonceptiva que me quedaba. Sabía que
tenía más en Nueva York, ya que estaba segura de que mi médico me había
mandado mi próxima dosis, pero estaba en México. Recé por que todo fuera
bien. Llegaría a casa esa misma noche. Pero, mientras estaba en el avión, no
pude evitar preocuparme un poco, ya que el día anterior me había tomado la
última píldora temprano, por la mañana, al finalmente habérmelas arreglado
para tomármelas en un horario más cómodo.
Al día siguiente fui a trabajar, a grabar mi álbum, y me olvidé de todo el
tema de las píldoras. Me aseguré de tomarme las pastillas de forma regular
y me dije a mi misma que no pasaría nada. Me quedé con Cayden todas las
noches y raramente me iba a mi apartamento. Cuando lo hacía, era
normalmente cuando Cayden tenía alguna cena de negocios o un evento al
que yo no tenía que asistir y quería estar en mi propio espacio. Aunque a él
le parecía totalmente bien que me quedara en su casa, no siempre me sentía
cómoda sola en ella. Tampoco me sentía absolutamente cómoda sola en la
mía, pero era la mejor de las dos opciones.
Cayden y yo estábamos pasando por un buen momento. Tenía que ser
vista de su brazo a menudo y no me importaba arreglarme y hacer el papel
de chica elegante y a la vez sensación musical en ciernes. Me di cuenta de
que encajaba bien en el papel. Ocupamos los titulares varias veces y mucha
gente especulaba sobre mis oportunidades de ganar el Grammy, ya que
Angel era la canción que más sonaba en la radio. Tenía entrevistas en
emisoras de radio, programas de televisión, podcasts, revistas… Me
comprometí con escuelas, centros de caridad y canté en un par de eventos
en directo con Taylor y su banda, lo cual hizo que echara de menos a mis
chicos, que ya estaban en su casa. Aunque me gustaba trabajar con
diferentes artistas, nadie podía compararse con mi gente, que sabía cómo
vibrar conmigo.
Así que, pese a estar bien y a haber encontrado mi rollo, en parte estaba
apagada. Había pasado más o menos un mes desde nuestro viaje a México y
echaba de menos lo bien que Cayden y yo lo habíamos pasado allí.
Hacíamos el amor todas las noches, sin saltarnos una sola vez, y yo seguía
sin darle una respuesta directa sobre su propuesta de matrimonio, aunque
tenía suerte, porque él no había vuelto a preguntar. Supuse que mi suerte se
acabaría tarde o temprano, pero, en ese momento, no estaba preocupada por
ello. En vez de eso, estaba mirando el calendario de mi teléfono, intentando
planear cómo iba a crear más canciones y hacer publicidad ese día cuando
me di cuenta de que no me había llegado la regla. Había estado tan ocupada
que no había prestado demasiada atención a ello hasta que caí en la cuenta
de que me había saltado por completo mi menstruación. Mi estómago se
hizo un nudo.
No podía pedirle a Kevin que fuera a la tienda a por un test de
embarazo, porque era demasiado cercano a Cayden, y no confiaba en la
mujer que estaba organizando mi campaña de publicidad. Tuve que
aventurarme e ir a la calle yo sola para comprar un test de embarazo. Me
puse una sudadera oscura, unos pantalones de chándal holgados y nada de
maquillaje. Esperaba ir lo suficientemente de incógnito como para ir a la
tienda que había al otro lado de la calle y comprar un test de embarazo.
Aunque tenía miedo de que alguien me descubriera, nadie lo hizo. Conseguí
ir y volver, y compré seis test de embarazo, dos de cada marca. Me tomé
absolutamente todos, y todos decían lo mismo… Embarazada. Me senté en
el suelo de mi baño y lloré, menos mal que Cayden estaba en Atlanta en un
concierto de Million Male y no estaba aquí para presenciar cómo me
enfrentaba a mi ruina.
Capítulo 30
Cayden
Era la noche de los Grammy y llevábamos en pie desde las seis de la
mañana, preparándonos para el gran evento. Genevieve no había accedido a
casarse conmigo y, aunque estaba desanimado por ello, también lo
comprendía. Ella era real. Todo en la belleza real y talento de Genevieve
tenía que ser respetado. No era el tipo de mujer a la que se le pedía formar
parte de un matrimonio falso y, aunque yo le había pedido hacer
precisamente eso, no podía negar el hecho de que el efecto Genni estaba
funcionado. Cada vez más, la prensa nos mencionaba de forma positiva.
Hablaban de lo guapa y talentosa que era Genni y de lo bien que nos parecía
ir juntos, como si yo hubiera enterrado mis días como picaflor y como
resultado mi corazón hubiera crecido. No podía negarlo, el cambio en la
opinión pública era refrescante.
Quería presionarla a que dijera que sí, y sin embargo no tenía el valor
para hacerlo. Ella se merecía más de lo que yo estaba preparado para darle.
Así que tenía una fecha en mi mente, la noche de los Grammy. Me había
dado tiempo a mí mismo hasta esa noche para volver a tratar el tema de la
propuesta de matrimonio. Pensé que, si le ofrecía dinero a Genni, nuestro
matrimonio sería lucrativo para ella y de esa forma yo mostraría mi
agradecimiento. Sin embargo, sabía lo poco que le gustaba aceptar dinero.
Iba a centrar mi propuesta en darle cualquier cosa que necesitara para ser mi
esposa. Pensé que tres años sería una buena cifra con la que empezar y, en
ese tiempo, llenaría su cuenta del banco sin su conocimiento. Para cuando
nos divorciáramos después de esos tres años, ella sería multimillonaria.
Claro que también iba a ganar mucha pasta por sí misma, así que me sentía
bien al no sacar el tema del dinero y en vez de eso pedirle que firmara un
acuerdo de permanecer conmigo durante al menos tres años. Iba a pedírselo
después de los premios. Si ganaba, sería una forma de celebrarlo. Si perdía,
la perspectiva de nuestro matrimonio podía verse como un consuelo.
Era lo último que necesitaba de ella. Había disfrutado mucho de nuestro
tiempo juntos y los seis meses habían pasado volando. Los siguientes tres
años serían fáciles. Esperé, con ganas de ver la gran revelación de su
vestido para los Grammy mientras bajaba las escaleras. Estaba
deslumbrante. Llevaba un largo vestido gris de seda con incrustaciones de
diamantes que brillaban, al igual que las mechas de su pelo escarlata. Ni
una sola mujer que había conocido en toda mi existencia había estado tan
preciosa como ella lo estaba esa noche.
“Estás tan impresionante que no tengo palabras,” murmuré con
vergüenza.
Nunca estaba nervioso por mis artistas. Ganábamos Grammys y los
perdíamos, y ganábamos más que perdíamos, pero, con Genni, estaba más
estresado que nunca. Quería que ganara y viviera el momento para ser
consciente de que se merecía todo en su futuro. Toda canción que componía
y cantaba era un éxito. Era una leyenda, y ella no tenía ni idea de ello.
“Gracias, Cayden.” Tenía la gracia de una reina.
Esa noche nos sentamos junto a otros grandes artistas con los que
compartimos mesa y todos ellos, llevando en el negocio durante buena parte
de su vida, elogiaron el talento de Genni. Para cuando se estaba anunciando
su categoría de premio, Genni estaba preparada para ganar. Taylor estaba
sentada en otra mesa, así que, cuando el presentador dijo sus nombres,
Taylor miró hacia Genni y le mandó un guiño. En silencio, Genni me cogió
de la mano y esperó a que el presentador abriera el sobre, y casi tengo que
recogerla del suelo cuando dijeron su nombre. Habían ganado. El resto de la
noche fue borrosa. Hubo felicitaciones, fiestas, comida y vino. Por su
emoción, Genni apenas comió, y solo bebió agua. Dijo que estaba
demasiado abrumada como para beber y que se quería mantener bien hasta
que estuviéramos a salvo en mi cama, escondidos del mundo.
Una vez estuvimos duchados y desnudos, acurrucados bajo las sábanas,
ella me besó con dulzura y dijo, “gracias por todo. No estaría aquí si no
fuera por ti.”
“Tarde o temprano, hubieras llegado hasta aquí,” le dije, porque era la
verdad. “Te merecías el Grammy, y ganarás muchos más, lo sé.” Le devolví
el beso mientras mi polla se endurecía.
Mis manos jugaron con sus pechos y ella chilló un poco y cogió aire.
Me había dado cuenta de que, en los últimos días, sus pechos estaban muy
sensibles a mi tacto. Mis dedos bailaron por sus pezones y, por mucho que
me encantaba lo sensitiva y receptiva que era a mi atención, sus gemidos y
estremecimientos me recordaron a cuando Sarah actuaba del mismo modo.
Entonces pensé en la última vez que Genni había tenido la regla y no lo
recordaba. No obstante, había estado fuera durante unos días, quizás la
había tenido mientras yo estaba en Atlanta.
Me moví de sus sensitivos pezones a la suave ladera de su estómago.
Tenía la forma perfecta, y la diminuta peca que tenía sobre su ombligo y por
la que estaba obsesionado era un círculo perfecto. Me gustaba dibujar una
línea con mi lengua desde esa ligerísima imperfección hasta el borde de su
vagina, que era suave, rosa y cálida. Ella sabía a luz y a especias y, en
cuanto puse mi boca sobre ella, se rio como siempre hacía.
Me encantaba que tuviera cosquillas, y a menudo me aprovechaba de
ello, conseguir que se rindiera era muy divertido. Esa noche no estaba
siendo diferente mientras usaba mi boca para hacerla gritar mientras mis
dedos pasaban por sus muslos internos, poniéndola húmeda de deseo.
“Sí,” dijo sin aliento. “Por favor, Cayden. Te deseo.” Suplicó por mi
polla mientras sus brazos me acercaban y se colocaba debajo de mí para que
todo lo que tuviera que hacer fuera un simple movimiento.
“He pensado,” me aguanté encima de ella, “que podríamos hablar sobre
nuestro matrimonio.” Sabía que no era el mejor momento para sacar el
tema, pero la noche estaba a punto de terminar, y había hecho un trato
conmigo mismo.
“Te prometo que mañana podemos hablar de lo que quieras, pero esta
noche solo quiero hacer el amor.”
Y eso hicimos. A la mañana siguiente, al despertarnos, ella estaba más
blanca que un fantasma. Por un instante pensé que quizás tenía resaca, pero
no había bebido nada en la fiesta de los Grammy, de hecho, lo único que
había bebido en toda la noche había sido agua. Di por hecho que tenía un
bajón de azúcar.
“¿Te encuentras bien, cariño?” Le pregunté, expresando mi
preocupación.
“No mucho,” gruñó mientras se tambaleaba torpemente hacia el baño.
Mis instintos se dispararon; Sarah actuó de la misma manera cuando se
quedó embarazada.
Sabía que Genni se estaba tomando las píldoras anticonceptivas y, sin
embargo, en el fondo de mi mente, algo me decía que estaba embarazada.
No había tenido la regla en un tiempo. No es que llevara las cuentas, pero
conforme pensaba en ello, había pasado el tiempo suficiente como para que
el embarazo fuera una posibilidad real. Salí de la cama y fui hacia ella, que
estaba inclinada ante la taza del váter, enferma. No estaba vomitando, pero
se encontraba igualmente mal.
“¿Estás bien?” Pregunté, pasando mi mano por su espalda.
Ella se quedó quieta durante un momento, mientras pasaba la
tempestad, y después se puso de pie, aún un poco temblorosa, y sonrió.
“Serán los nervios.” Fue hacia el lavabo y se lavó los dientes.
“¿Nervios? Amor, has ganado el Grammy, ¿por qué estás nerviosa?”
Se giró hacia mí con lágrimas manando de sus ojos. “Creo que puede
que esté embarazada,” susurró.
“Yo también lo creo,” dije en voz baja, dejando que la llama de
electricidad que me estaba atravesando el cuerpo se calmara.
Si hubiera sido yo mismo, habría arremetido inmediatamente contra
ella, pero era Genevieve, el ser humano más maravilloso que tenía el honor
de conocer. No podía hacerle daño deliberadamente.
“Llamaré al médico y le pediré a Kevin que nos traiga unos test de
embarazo,” le dije.
“No hace falta.” Se desplomó sobre el borde de la bañera. “Ya me he
hecho seis pruebas.” Las lágrimas que habían estado acumulándose en sus
párpados comenzaron a caer por su cara.
“No podemos tener un bebé ahora mismo,” le dije suavemente mientras
me ponía de rodillas frente a ella y cogía sus manos con las mías. “Algún
día, Genni. De verdad, algún día, podría tener un bebé contigo. No está
fuera de mi ámbito de posibilidades. Eres la primera mujer con la que de
verdad consideraría empezar una familia y para mí ese es un gran paso
hacia delante, pero no podemos hacerlo ahora. Acabas de empezar tu
carrera y tu vida está a punto de estallar, es imposible que tengas tiempo de
estar embarazada y mucho menos de tener un bebé.” Sé que lo que estaba
diciendo era duro, pero estaba intentando ser bueno y cariñoso, tanto como
podía.
Me miró con esos preciosos ojos brillantes que tenía y dejó que las
lágrimas siguieran cayendo, ni siquiera apartó sus manos de las mías para
limpiárselas.
“No voy a abortar,” susurró. “Yo criaré sola a la niña… o al niño.” Tras
decir eso, comenzó a sollozar con fuerza, y suavemente apartó sus manos
de las mías y se fue al dormitorio.
Mientras lloraba, buscaba en los cajones para ponerse algo limpio. Yo
estaba un poco atónito, ya que estaba viviendo un déjà vu. Hacía diez años
que le había dicho a Sarah algo parecido. Genni no estaba enfadada, solo
destrozada. Desafortunadamente, el shock nubló todos mis sentidos y,
durante el tiempo que me llevó recobrar el sentido, ella se había vestido y
ya estaba saliendo de la habitación.
“Podemos solucionar esto,” le dije mientras pasaba por delante de mí y
se alejaba por el pasillo.
“No te casaste con Sarah, por lo que no tienes por qué casarte conmigo.
Dejaremos de lado tu propuesta. Cuéntale al mundo que te he puesto los
cuernos y que el bebé es de Marlon. Él recibirá esa bala por mí. He estado
dándole vueltas a esto y podemos contar que tuve un lío, que me quedo con
él y que vamos a volver a cantar juntos. Tu sello puede dejarme. No será
malo, tú seguirás pareciendo el tipo bueno que ha recibido un poco de su
propia medicina. El karma. Funcionará. Puedes seguir usándome para
limpiar tu reputación y yo volveré a Texas y a ser Genevieve Green de
nuevo.” Dijo mientras le caían lágrimas de los ojos. Había pensado mucho
en el plan de escape. Iba a recibir el balazo para proteger mi reputación.
Aunque era bonito, era ridículo.
“Aún no sabemos si estás realmente embarazada. Al menos vamos a ver
a Gannett y que nos confirme el embarazo, por favor. Después pensaremos
en qué hacer.”
“Claro, coge cita,” dijo, aún en voz baja.
Mi corazón golpeaba con fuerza y me encontraba un poco mal mientras
sacaba mi teléfono y llamaba al médico. Fui a mi despacho y cerré la
puerta, ya que había preguntas que pretendía hacerle que no quería que
Genni escuchara. Al igual que Genni, Sarah nunca consideró la idea de
abortar, pero yo quería conocer todas las opciones que existían. Si había
otra forma de que Genni y yo hiciéramos esto, quería que ella pensara en
ello. Quizás podríamos transferir el embrión a un vientre subrogado. De esa
forma Genni y yo tendríamos más tiempo para arreglar las cosas. Si Genni
no tuviera que llevar el bebé y estar visiblemente embarazada, podríamos
continuar como hasta ahora. Tenía que saber qué otras opciones tenía y,
para ser sinceros, estaba orgulloso de incluso reconsiderar opciones.
No podía forzarla a abortar y no quería que me dejara, así que, si
encontrábamos un vientre de subrogación para que llevara el bebé, quizás
podríamos decidir si la adopción sería una buena opción para nosotros. En
el peor de los casos, tendríamos un bebé juntos que sería dado a luz por un
vientre subrogado y criado por niñeras y empleados… Al menos así ella
mantendría su hijo. Era algo en lo que había que pensar. Claro que, en ese
momento, no consideraba al bebe como mío. Genni había dicho que quería
quedarse con él, así que estaba pensando en maneras en que ella pudiera
hacerlo. Me consideré un héroe en ese momento, pero tenía que contarle
todo eso de forma suave. Sería mejor si se lo explicaba el médico, así yo no
parecería tan cabrón.
Me sentí un poco mejor al solucionar todo en mi mente. Lo cierto era
que el pensamiento de perder a Genni me mataba. Podía verla como mi
futuro. No quería renunciar a ella, nunca encontraría a una mujer como ella.
Cuando salí de mi despacho tras hablar con el médico y confirmar que la
subrogación era una posibilidad, me encontraba mejor. Él incluso tenía
gente en lista de espera que estaría dispuesta a llevar el bebé de Genni. Mi
alma se había elevado al saber que teníamos opciones que mantendrían su
embarazo y al bebé alejados del ojo público. Así que, cuando fui a contarle
que había reservado una cita para ese mismo día, listo para consolarla y
amarla… ella se había ido.
Capítulo 31
Genevieve
Decir que estaba embaraza en voz alta y ver la mirada de Cayden era
todo lo que necesitaba saber. Las cosas no iban a funcionar entre nosotros.
Él había sido bueno y no había entrado en cólera, pero eso era porque sus
maneras tranquilas eran su forma de manipular. Ni una sola vez había
considerado tener este hijo, el que había en mi vientre, pero sí quizás otros
en el futuro. Pensar en su reacción hizo que cayeran más lágrimas. Mientras
él estaba en su despacho al teléfono con el médico, yo me había escabullido
silenciosamente de su casa. Fui al único lugar al que podía ir, al vacío y
poco usado apartamento que él tan meticulosamente había remodelado para
mí.
Entré al lugar, se sentía frío, opulento y vacío. Era perfecto. Sé que él
tenía un juego de llaves, así que eché la cadena de la puerta. Necesitaba
espacio, y esa pequeña cadena era la única cosa que podía mantenerlo
alejado de mí. En cuanto encajé la cadena en su pequeña hendidura, me
sentí tanto aliviada como aislada. El lugar tenía unas vistas increíbles de la
bulliciosa ciudad que había bajo mis pies, pero al mirar hacia abajo, hacia
toda esa gente que vivía sus vidas aparentemente sin complicaciones, me
sentí más perdida y sola.
Pensé en llamar a mi madre, pero, después de que mi padre muriera, se
había vuelto distante. Ella no quería que me dedicara a la música y por eso
me fui de casa para perseguir mis sueños. Nos llamábamos en navidades, y
me había mandado un mensaje por mi victoria en los Grammy. Aun así,
seguía sin estar contenta con mis elecciones vitales. Se había casado
después de que mi padre falleciera y tenía una nueva familia. Tenía dos
hermanastros, pero nunca los había visto. Yo era su pasado.
La única persona que tenía en el mundo que me pudiera ayudar era
Peyton. Era hora de confesarse y pedirle sus consejos. Ella era mi mejor
amiga desde hacía años, y confiaba en ella por completo. Nada de lo que yo
había vivido le habría superado a ella. No había hablado con ella desde que
había ganado el Grammy la noche anterior. Me había escrito y dejado
mensajes, pero me había dicho que no me preocupara en llamarla, ya que
sabía que estaría muy ocupada. Era gracioso, pero todo el bullicio de la
victoria en los Grammy, que había pasado hacía apenas unas horas, parecía
como un recuerdo lejano. Sí, estaba recibiendo llamadas, mensajes y
correos electrónicos a todas horas, y tenía entrevistas y publicidad post-
Grammy a las que tenía que ir ese día. Llamé a Kevin y le dije que
reagendara las entrevistas para el día siguiente.
Él estaba bastante enfadado porque no iba a hacer las entrevistas
telefónicas, pero le dije que me había surgido una cosa de prensa y no iba a
estar disponible. Estaba furioso porque me iba a perder muchas
oportunidades de publicidad y estaba igual de cabreado por no haber sido
capaz de dar con Cash. Solo eran las nueve y media de la mañana, tenía que
relajarse. Me preparé una taza de té y llamé a Peyton.
“Ey,” comencé diciendo, intentando sonar contenta.
“Dios mío, me has llamado.” Sé que estaba bromeando; sabía que iba a
llamarla, con fama o sin fama, ella siempre iba a ser mi amiga.
“Para,” dije.
“Bueno, ¿qué se siente al ser una pop star?” Estaba siendo dulce.
“Estoy embarazada.” No podía irme por los cerros de Úbeda; estaba
sufriendo demasiado.
“Oh… oh… vale. Bueno, mm… vale.” Dijo más decidida. “¿De cuánto
estás?”
“Voy a tenerlo.”
“Claro que lo vas a tener.”
Comencé a volver a respirar.
“¿Lo criarías conmigo?”
“Y tanto que sí. Donde quieras, en Nueva York, Texas, Marte, puedo ir
a donde sea. Puedo vender mis pinturas desde cualquier parte del mundo.
Soy tu chica, dime cuándo y allí estaré. Entonces…” Su voz se hundió un
poco. “Imagino que Cash no se apunta.”
“No.” No podía hablar de eso.
“Vale, no hay problema. Me tienes a mí. Todo irá bien.”
“He pensado que quizás podía conseguir que Marlon dijera que es
suyo.”
“Él haría cualquier cosa por ti. Eso lo sabes, pero creo que está saliendo
con alguien. No te preocupes, encontraremos a un padre. De lo único que
tienes que preocuparte es de estar sana y cuidarte bien mientras un ser
humano crece en tu tripa. Ese bebe es todo en lo que te tienes que
preocupar.”
En ese momento, entró una llamada de Cash. La ignoré.
“Entonces, ¿crees que te quedarás en Nueva York o vas a volver a
casa?”
Lo cierto era que no sabía la respuesta a esa pregunta. Tarde o
temprano, tendría que contárselo a mi madre, y había muchas cosas a tener
en cuenta. ¿Seguiría representándome Cayden? ¿Lo necesitaría tras la
victoria en los Grammy? Probablemente podría ir a cualquiera… Todos los
pensamientos se arremolinaban en mi mente y me estrangulaban, así que
opté por lo que sí sabía.
“No lo sé.”
En ese momento, Cayden llamó a mi puerta principal, tal y como
esperaba.
“¿Genni?” La voz de Cayden sonaba en pánico.
Lo ignoré.
“Bueno, tienes tiempo de sobra para decidirlo, ven a casa y deja que
cuidemos de ti.” Dios, necesitaba escucharla decir eso.
“Genni, por favor, solo dime que estás aquí, por favor. Estoy a punto de
llamar a la policía.” Cayden sonada realmente asustado.
“Un segundo, Peyton.” Me giré hacia la puerta, suspiré y después dije,
“estoy aquí, pero… necesito un poco de tiempo a solas.” Dios, esas
malditas lágrimas estaban amenazando con volver a atacar mis ojos
hinchados.
“Genevieve, podemos solucionar esto, no tienes por qué esconderte de
mí. Esto es distinto… Hay algunas ideas de las que quiero que hablemos,
por favor.”
Joder, estaba volviendo a llorar.
“¡Vete!” No podía soportarlo más.
“Vale. Lo pillo, tienes las hormonas disparadas, estás asustada,
desanimada, triste. Voy a dejarte tener un poco de tiempo. Tenemos una
entrevista a las tres en Entertainment Tonight y otra con Grammy.com, pero
van a ser cortas. Un maquillador vendrá a las dos para prepararte y yo traeré
comida. Hablaremos de esto esta noche y mañana iremos al médico.”
Oh, él ya tenía todo planeado. Iba a lanzarme a las vías para conseguir
lo que él necesitaba.
“Voy a tener este bebe, Cash, tanto quieras como no. No voy a abortar o
a darlo en adopción. No tienes por qué involucrarte.” Y empecé a sollozar
de nuevo, consciente de que Peyton estaba al teléfono.
“Quizás debería ir allí,” dijo ella, escuchando el estrés y la tristeza en mi
voz.
“¿Podrías?” Susurré al teléfono.
“Cojo el próximo avión.”
“Yo lo pagaré. Voy a mandarte la información de mi tarjeta de crédito.
Te necesito aquí.” Rebusqué en mi bolso para encontrar los detalles de mi
tarjeta de crédito y se los escribí a Peyton mientras estaba al teléfono.
“Genni, por favor, abre la puerta.” Cayden sonaba desesperado, pero
estaba demasiado asustada como para que me importara.
“Cayden, necesito espacio.” Por fin las lágrimas estaban
desapareciendo.
“De acuerdo. Estaré de vuelta a las dos en punto.” Tras decir eso,
escuché como sus pisadas se alejaban y solté un suspiro de alivio. Tenía
unas cuantas horas para mí hasta que le volvieran a dar la vuelta a mi
mundo.
“Vale. Ya tengo la información de tu tarjeta, Gen. Voy a colgar y a
reservar el vuelo de inmediato. Te veo en nada, ¿vale?”
“Vale. Y gracias, esto significa mucho para mí.”
“Tía, eres mi mejor amiga y siempre lo serás. Voy para allá.”
Por primera vez desde que seis test de embarazo me dijeran que estaba
embarazada, sentí que, quizás, aún había algo de esperanza para mi futuro.
Tenía unas cuantas horas para mí misma antes de volver a afrontar mi
vida. Peyton me había escrito hacía unos minutos diciéndome que ya había
reservado un billete para el primer vuelo que salía mañana por la mañana.
Todo lo que tenía que hacer era mandarle mi dirección y ella estaría en la
puerta de mi casa antes de las once de la mañana. Una lluvia de alivio me
lavó al ser consciente de que ella venía. No tenía otra cosa que hacer aparte
de sentarme hasta las dos en punto, cuando Cayden iba a venir y a
arrastrarme a los eventos de publicidad.
Si él se hubiera emocionado por nuestro bebé o al menos hubiera
preguntado que qué quería hacer, le hubiera abierto la puerta, pero no lo
había hecho, así que lo había dejado fuera y me había refugiado en mi
apartamento, consciente de que tarde o temprano tendría que salir. Eso era
lo que más me dolía, porque, pese a todo por lo que estaba pasando, lo
amaba. Por eso empecé a googlear Cayden “Cash” Coltrane, y averigüé que
su madre no solo seguía viva, sino que vivía a apenas unas manzanas de
allí. Debía de haber algo que Cayden no me había contado, ya que el
vecindario en el que ella vivía era muy rico. Una prostituta que había
recorrido las calles nunca podría permitirse vivir en un lugar así.
Fue sorprendentemente fácil conseguir su información e incluso un
correo electrónico al que poder escribirle, y ese día estaba lo
suficientemente loca como para hacerlo. Le envié un email explicándole
quién era y qué estaba pasando. Me esforcé en sonar dulce y cariñosa,
esperando poder tener una conversación con ella sobre su hijo. No esperaba
conseguir una respuesta y estaba comenzando a odiarme a mí misma por
haberle mandado el correo cuando de repente recibí un email de respuesta.
De hecho, el correo electrónico llegó en menos de cinco minutos.
Hola Genevieve. Gracias por contactar conmigo. Ha pasado mucho
tiempo desde la última vez que vi a Cayden, pero pienso en él todos los
días. Sé quién eres, y estoy disponible para hablar en cualquier ocasión.
Puedes contestarme a este email para hacerme saber cuándo te gustaría que
nos viéramos.
Saludos cordiales,
Crystal.
Todo mi cuerpo se tensó y congeló en el momento en el que vi su
respuesta. Por impulso, o por falta de cordura, le contesté.
¿Está libre ahora?
Me había vuelto completamente loca.
Sí.
Cogí aire y actué con una determinación ciega. Estaba en una misión
para salvar a mi bebé. Haría lo que hiciera falta así que… le contesté.
Voy para allá.
Aparecí en su apartamento veinte minutos después y me sorprendió ver
que el edifico y su casa eran incluso más lujosos que la mía. Una mujer
despampanante de unos sesenta años abrió la puerta y, al verla a ella y la
dulce sonrisa que tenía en la cara, me sentí mejor.
“Entra, Genevieve,” me dijo mientras abría más la puerta.
“Siento mucho molestarla.” Me tragué las lágrimas que querían volver a
caer. “Sé que es una locura aparecer así, es solo que…” Dios, ni siquiera
sabía qué decir.
“No tienes por qué disculparte. Te comprendo totalmente. Siéntate.”
Hizo un gesto hacia una silla de cuero gris que había a mi lado.
“¿Han venido muchas mujeres a usted en relación a Cayden?” Agh,
¿por qué había preguntado eso?
“No, cariño. Tú eres la primera,” dijo la mujer suavemente, y me sentí
como una absoluta idiota. “No obstante, debe de haberte llevado mucho
valor contactarme, así que me alegro de que hayas venido. He escuchado
todas tus canciones, y enhorabuena por tu Grammy, te lo mereces. He leído
y visto todo sobre ti y Cayden, y todo lo que puedo decir es que al fin
parece que mi hijo ha encontrado a una mujer que no solo puede mantenerlo
a raya sino quizás también curar su corazón roto,” lo dijo con tanto amor y
empatía que difícilmente podía creerme que esa fuera la mujer que él me
había descrito como su madre.
Me senté en la silla que ella me había señalado y sonreí. Extrañamente,
me sentía en paz en su impresionante casa. “¿Él tiene el corazón roto?”
Debía de estar en modo automático, porque, de lo contrario, esa no hubiera
sido la primera pregunta que hubiera soltado.
“Sí. Cayden ha tenido una vida muy dura. Creo que buena parte de su
rabia hacia las mujeres se debe a mí, pero no toda. Es duro para una madre
no solo perder la custodia de su hijo sino también perderlo de su vida por
completo. Una vez me quitaron a Cayden, nunca más pude recuperarlo, ni
siquiera después de haber pasado por rehabilitación y terapia. Yo misma me
convertí en terapeuta y ahora ayudo a gente que sufre adicciones. Mis
clientes son gente famosa como Cayden y jóvenes sintecho, también como
Cayden, pero de una manera distinta. Decidí que, si nunca iba a poder curar
a mi hijo, al menos curaría a otros como él. Intento contactarle todos los
años por su cumpleaños, pero él nunca me responde. Seguiré intentándolo
hasta el día en que me muera. Una madre siempre es una madre.”
Y ahí fue cuando empecé a llorar de nuevo, y todo lo que ella hizo fue
ofrecerme un pañuelo… tal y como haría una terapeuta.
“Bueno, cariño, ¿qué te ha traído aquí? ¿Te ha hecho daño?”
“No,” me recompuse lo suficiente para decir. “Estoy embarazada y el
bebé es suyo. Él tiene otro hijo, uno que… bueno, ellos no…” No podía
hacerlo, mis palabras, mi mente… nada me funcionaba.
“Vale. Primero de todo, sé quién es Alex. Su madre me manda fotos y lo
he visitado unas cuantas veces, es un niño encantador. Y ahora tú estás
embarazada, por lo que parece que voy a volver a ser abuela; eso es
maravilloso.” No podía querer más a esa mujer.
Estuvimos hablando durante unas cuantas horas y ella me contó cómo la
trató Clifford Ross, cómo la agasajó con lujos y mentiras y que, como ella
era joven e inocente, cómo le creyó. Tuvieron un hijo que él se negó a
reconocer y, en vez de cuidar de ellos, los dejó tirados en la calle. Ella no
tuvo otra opción que hacer lo único en lo que pensaba que era buena. Su
historia me conmovió. No era una mujer que se había abandonado a ella
misma y a sus principios, era una persona que se hizo cargo de su
sexualidad e hizo lo que tenía que hacer para cuidar de sí misma y de su
hijo.
Cuando el mundo siguió intentando llevarse a Cayden, desde los
policías que la arrestaban por prostitución hasta los trabajadores del
Departamento de Bienestar de Menores que la acosaban continuamente, ella
cayó finalmente en una espiral de desesperación y drogas, algo por lo que
se perdonaría a sí misma, pero que nunca olvidaría.
“No estoy orgullosa de esa etapa, pero sobreviví a ella. Perdí a la
persona más valiosa para mí y siempre me arrepentiré de ello, pero ahora
soy más fuerte y estoy aquí para ayudar a gente que ha pasado por la misma
pérdida que yo. Así que, si quieres seguir adelante con el bebé, nada puede
detenerte, sé consciente de ello.” Era muy cariñosa y alentadora.
“Gracias. ¿Por qué cree que Cayden nunca la ha perdonado?” Sabía que
la pregunta era atrevida, pero es que todo parecía tan injusto para ella.
“Porque me culpa de no haber sido capaz de mantenerlo conmigo. Si
simplemente le hubiera suplicado a su padre para que nos diera dinero, no
lo habría perdido. Y, para ser sinceras, ese es mi segundo arrepentimiento
más grande. Debería haber hecho que su padre reconociera a su hijo.”
Había una verdadera desolación en su expresión. “Pero ahora es demasiado
tarde.”
Y entonces, ya que estaba siendo tan temeraria, un pensamiento pasó
por mi mente. “¿Clifford Ross vive en Nueva York?”
“Sí, su oficina está a unas seis o siete manzanas de aquí.” Frunció el
ceño y me mostró una expresión de confusión.
“Me siento inspirada…” Sonreí, sintiéndome más empoderada que
nunca.
“Y por inspirada quieres decir…” Parecía un poco preocupada, pero me
mostró una sonrisa furtiva.
“No pasa nada por intentarlo.” Estaba sonriendo de oreja a oreja.
“¿Intentar el qué exactamente?”
“Intentar conseguir que reconozca a Cayden ahora.”
“No creo que eso ayudara mucho. Ahora es demasiado tarde, puede que
le vuelva a hacer daño.”
“Puede que sí, pero también puede que no. Ese hombre va a volver a ser
abuelo. Será mejor que sepa que ya tiene un nieto y que viene otro de
camino… Puede rechazarme o puede enfrentarse a las consecuencias.”
“¿Y cuáles podrían ser?”
“Bueno… la verdad. No hago daño a nadie si simplemente cuento la
verdad.”
Ella se rio. “Bueno, puedes intentarlo.”
Y eso es lo que hice en las pocas horas que me quedaban libres. Fui a la
oficina de Clifford Ross sin cita previa en un absurdo intento de reducir la
enorme brecha que lo separaba de su familia rechazada. Quizás mis
hormonas estaban un poco demasiado disparadas… pero me daba igual.
“Perdone, ¿usted es?” Me preguntó una mujer de unos cincuenta años
sentada en el escritorio de recepción.
“Soy Genevieve Green, vengo a ver al señor Ross.”
“No tiene ninguna cita con usted.” Me lanzó una mirada tanto de enfado
como de confusión.
“Lo sé, pero estoy embarazada de su nieto y solo necesito un
momento.”
“De acuerdo, voy a llamarle.”
Y eso hizo. Escuché una rabia explosiva proveniente de una sala
resguardada por paredes de vidrio esmerilado y la mujer me miró mientras
sujetaba el teléfono.
“Lo siento, pero está ocupado. Le llamará si quiere reunirse con usted.”
“De acuerdo. Dígale que soy cantautora y que, si no se reúne conmigo,
escribiré una canción sobre él y la extenderé por todo Internet,” dije con
una enorme sonrisa en la cara.
Ella trasladó mi mensaje a él y se oyó un rugido de rabia que sacudió las
paredes y que pude escuchar perfectamente.
“No voy a ser intimidado por una cantante. Llama a seguridad para que
la echen.”
“Eso no será necesario,” dije suavemente tras haber escuchado toda la
frase. “Ya me voy yo sola.”
El momento fue extraño, pero liberador.
Capítulo 32
Cayden
Esperé en el estudio a que Genni apareciera para su entrevista, pero no
llegaba. Me estaba poniendo realmente nervioso, ya que ella no era de
perderse sus citas, aunque estuviera triste o mal. Había esperado poder
hablar con ella antes de la entrevista, pero cuando había vuelto a su
apartamento, la maquilladora me había dicho que Genni se había ido y no
había vuelto. Le dije que se podía ir. Le mandé varios mensajes a Genni
suplicando que me contestara, y ella lo único que hizo fue asegurarme que
no estaba subida en un avión dirección a Texas.
Unos minutos antes de cuando se suponía que la entrevista debía
empezar, Genni entró en el estudio, se la veía renovada y vigorizada. No
tenía ni idea de lo que le había pasado desde el momento en el que estaba
llorando en mi dormitorio hasta cuando una superestrella segura de sí
misma apareció en el estudio.
“Siento llegar tarde, he tenido una mañana ajetreada.”
Su entrevista fue tan impresionante como ella, y sin embargo estaba
seguro de que algo iba mal. Cuando terminó la entrevista, la cogí del brazo,
suavemente.
“Tenemos que hablar.”
Odié la mirada de miedo que atravesó su cara, pero rápidamente se
derritió en una sonrisa fingida, que era peor aún. Sus defensas estaban en
alto. Cuando entramos en el coche para volver a casa, estaba callada, pero
no sombría ni malhumorada.
“Si te pregunto que qué has estado haciendo todo el día, ¿me lo
contarás?” Comencé diciendo.
Ella se giró y me miró. “Voy a quedarme con nuestro bebé.”
“Sí, eso es lo que quería hablar contigo.”
“También he conocido a tu madre esta mañana.”
Una bomba explotó en mi corazón, pero, en vez de enfadarme, me
quedé quieto.
“Es preciosa y te quiere con locura. Ha pasado por mucho, pero ha
sobrevivido. Y Peyton está de camino, se quedará conmigo en el
apartamento hasta que pueda encontrar otro sitio en el que vivir.”
Todo estaba pasando a la velocidad de la luz.
“¿Qué quieres decir? ¿Encontrar otro sitio? Genni, no ha cambiado
nada, seguimos con esto, te lo prometo. Yo solo… necesito un minuto. Por
favor.” Me sentía totalmente impotente y perdido, algo que solo había
sentido cuando era niño.
“También he ido a la oficina de tu padre,” dijo en un tono que apenas
pude escuchar.
“Wow,” estaba totalmente en shock. “Has tenido un día ajetreado.” No
fui capaz de decir nada más.
El coche se acercaba a nuestro edificio.
“Bueno, ¿de qué querías hablar?”
“He pensado que quizás tu embrión podría ser transferido a un vientre
subrogado.” Supe en cuanto lo dije que sonaba ridículo.
Ella abrió la puerta y salió del coche, después se giró hacia mí,
quedándose de pie en la acera del edificio.
“Voy a volver a mi apartamento a trabajar en algunas canciones. Nadie
va a tocar a mi bebé.” Se giró para dejarme solo, y no podía permitir que
volviera a hacer eso. No quería pasar un momento más sin ella.
“Por favor, no te vuelvas a alejar de mí. No te estoy diciendo lo que
tienes que hacer, solo estoy intentando ayudar buscando soluciones que
sean buenas para los dos.”
“Siento que tú no te alegres de tener un hijo, Cayden,” se giró hacia mí
para decir. “Ojalá este momento llenara tu corazón de amor y esperanza. No
puedo cambiarte, pero tampoco puedo dejar que me hagas daño tal y como
le has hecho a tantas otras mujeres. He ido a ver a tu madre para intentar
entenderte mejor y así poder descubrir por qué dejas a tantas mujeres
emocionalmente heridas por tu camino. Lo que me he encontrado ha sido a
una profesional adinerada y hecha a sí misma que sigue queriéndote y que
piensa en ti todos los días. No podría decir lo mismo del monstruo de tu
padre,” soltó. “Tal vez tu forma de tratar a las mujeres venga de él.” Su cara
se mantuvo seria y tranquila, pero sus palabras cortaban como el acero.
“¿Qué estás haciendo, Genevieve? Esta… esta es mi vida. No deberías
entrometerte.” No estaba tan enfadado como sonaba, solo en shock.
“He hecho lo que tenía que hacer. Mañana te veo.” Tras decir eso,
caminó hacia las escaleras.
“Por favor, no huyas de mí.” Di un paso hacia ella. “Podemos
solucionar esto, habla conmigo.”
Tomó una respiración profunda y comprendí lo difícil que todo esto
estaba siendo para ella. “Podemos hablar en mi apartamento.”
Siguió subiendo las escaleras hacia su aparamento y abrió la puerta. La
seguí adentro y después me quedé detrás de ella y esperé, sin saber muy
bien cómo proceder. Ella dejó el bolso y se quitó la chaqueta, colgándola en
el perchero que había al lado de la puerta, y se sentó en una silla junto a la
ventana, cogió su guitarra, y empezó a tocarla. Lo cierto era que la música
era muy relajante, me ayudó a centrarme más en los dos.
“He hablado con el médico. Tiene unas cuentas ideas para nosotros, si
estás dispuesta a escucharlas.” Me senté enfrente de ella mientras seguía
tocando.
“Sí,” dijo, pero no apartó sus dedos de las cuerdas. Miró con melancolía
hacia la calle de abajo.
“Bueno,” tragué saliva para aliviar el nudo que estaba cerrando mi
garganta. “Hay un procedimiento,” me aclaré la voz intentando centrarme.
“No haría daño al bebé y, si lo hacemos lo suficientemente pronto, no
debería haber mucho riesgo.”
Ella no dejó de tocar, pero me miró, “¿mucho?”
“Así es, no habría mucho riesgo si lo hacemos ahora o en las próximas
semanas, supongo. Mira, que lleves el embarazo a término sería realmente
complicado ahora mismo. No obstante, entiendo que vayas a tener este bebé
sin importar nada y respeto esa decisión. Sé que, si te quiero, ni siquiera me
debo molestar en pedirte que consideres terminar con el embarazo. No
obstante, está la posibilidad de la subrogación. Podríamos hacer que otra
persona llevara el bebé y lo único que tendríamos que hacer sería transferir
el embrión…” mi voz se apagó conforme ella empezó a rasgar la guitarra.
No dijo nada, solo empezó a cantar.
Recuerdo tu cálido abrazo, la mirada de tu cara, supe que serías mi
protector para siempre, mi bendición. Te llamé papá, y tú me sonreíste, y yo
fui tu princesa, y fui la dueña de los cielos, y tu fuiste mi castillo. Nadie te
prepara para el día en el que tu padre muere y, aun así, diré que fuiste y
serás todo lo que siempre necesité, mi fuerte y querido padre, la bondadosa
y cariñosa alma, la persona que cuida de mí… y mi bebé.
Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, y mi corazón se encogió.
Algunos padres son como tú, cariñosos, y algunos viven más aún, pero
otros no tienen tanta suerte, tienen padres que dan la espalda o no están ahí,
padres que no se preocupan, y esos bebés lo único que hacen es quedarse
quietos, mirar la puerta, esperar ver a su padre volver a casa, ¿me quiere mi
padre?
Papá, algún día te encontraré en el cielo y volveré a ver tu rostro, sentiré
tu abrazo de nuevo, y seremos libres, y papá, algún día me mirarás y verás
tus ojos en mi bebé, y veras la belleza que yo veo, algún día, papá.
Pero aquellos que se fueron y dejaron a sus hijos a su suerte, sintiéndose
desesperados y sin ser lo suficiente, esos padres dañan a sus hijos, que
esperan y rezan por que algún día… algún precioso día sean lo
suficientemente guapos, ricos y fuertes como para ser queridos, pero esa no
soy yo, y ese no será mi bebé… no este bebé.
Mi amor, mi amor, con tus preciosos ojos, serás la princesa de los
cielos, el príncipe del mar, mi amor, mi amor, toda la bondad que hay en el
mundo, toda la esperanza y los sueños que se pueden hacer realidad, estarán
ahí para ti, mi amor, mi amor… todo irá bien, te contaré cuentos y
fingiremos que no sabes que son mentira, que no existe un padre en este
mundo que no te quiera.
Las lágrimas se deslizaban en silencio por sus mejillas mientras me
miraba. “Gracias por hablar con el médico. Suena como una opción que
alguien podría elegir si tuviera que hacerlo, pero yo estoy sana. Puedo
llevar este embarazo yo misma. Peyton llega mañana por la mañana;
podremos con todo. Si quieres que me mude, lo haré. Solo dame unos
cuantos días para encontrar otro sitio en el que vivir.” Dijo todo eso con una
cara serena, como si fuera algo que había pensado durante un tiempo y ya
hubiera tomado una decisión.
“No quiero que te mudes. Esto no es el final. Esa canción… ¿Cuánto
tiempo llevas escribiéndola?”
“Un tiempo…”
“¿Es sobre tu padre?” Sabía con exactitud sobre qué iba, pero no podía
enfrentarme a ello. “Y el padre que se va… ¿soy yo?”
Odiaba las palabras que salían de mi boca.
“Tu padre ni siquiera se ha dignado a verme. Le ha dado igual.” Dijo en
voz baja. “Sé por qué eres como eres con Alex, y sé que lo estás
intentando… Es un comienzo. La canción no va de ti, va de tu padre y del
mío. Yo también perdí a mis padres, pero de una forma distinta. Tras la
muerte de mi padre, mi madre pasó página, mi padre lo era todo para mí.
Quizás por eso mi madre no podía soportar quererme por quién era y quién
quería ser. Esta canción va de nuestros padres… y de sus hijos.”
No podía quererla más. Tenía tanta fuerza y serenidad. Me quedaría a su
lado.
“Si quieres tener algo de espacio esta noche, dejaré que lo tengas, y que
tengas tiempo con tu amiga mañana, pero, por favor, no te vayas. No hemos
terminado. Solo dame un poco de tiempo para solucionar esto, es lo único
que te pido.”
“Toma lo que necesites, Cayden.” Me sonrió, era la primera sonrisa real
que había visto desde que había vomitado en mi casa esa misma mañana.
“Gracias.” Y tras decir eso, la dejé ahí con su preciosa canción.
Salí, cerré la pueta, y me quedé un rato más escuchando cómo reforzaba
los acordes y jugaba con la velocidad. Su maestría hacía brillar cada nota.
Conforme entraba en mi apartamento, lo único en lo que podía pensar
era en Genni. Su canción me había emocionado. Por impulso, llamé a Sarah
y le pregunté si Alex estaba libre. Era tarde, pero todos estábamos un poco
locos e impulsivos. Me dijo que estaba dispuesto a volver a verme, algo que
apenas pude creer. De camino a su casa, le pedí a mi conductor que parara
junto a una tienda de deportes y compré una pelota de baloncesto. Me había
dado cuenta de que había una cancha en su complejo de aparamentos, y
había pensado que podíamos tirar unas cuantas canastas antes de que
anocheciera. Me encantaba hacer eso cuando era niño. Jugar al baloncesto
me mantenía alejado de meterme en peores problemas de en los que ya me
había metido.
Me encantó la mirada de Alex cuando aparecí con la pelota. “He
pensado que podríamos jugar en la cancha.”
“No soy muy bueno,” confesó.
“Yo soy peor,” me reí.
“¿Quieres quedarte a cenar?” Preguntó Sarah. “Estaba a punto de asar la
carne.” Me encantó la mirada de bondad en su cara, me recordó a mejores
tiempos entre nosotros.
“Me encantaría.” Y por mucho que estaba echando de menos a Genni,
estaba exactamente donde necesitaba estar… con mi hijo.
Capítulo 33
Genevieve
Trabajé en la canción durante toda la noche, poniéndola a tono, pero
sobre todo manteniendo mi mente alejada de la vida para no abrumarme.
Dormí un rato, me desperté con náuseas, y echaba de menos a Cayden
cuando Peyton llamó a la puerta.
“¡Este sitio es una pasada!” Dijo, entrando con un monopatín de flores y
un chaquetón azul eléctrico. “¿Crees que dejará que te lo quedes?”
“Ey, Peyton,” me reí.
“Ey, tía. Bueno, así que te has quedado embarazada. Lo bueno es que te
has convertido en una estrella, porque Internet se ha vuelto loco contigo.
¿Tienes el Grammy o te han dado uno temporal de plástico?”
“Me han dado uno, pero el real está siendo grabado. Bueno, ¿tienes
hambre? ¿Quieres desayunar? Estoy muerta de hambre y sé de un sitio
genial al final de la calle. Podemos ir a picotear y fingir que no estoy
embarazada.”
“Claro, la negación va bien… Vamos a por tortitas.”
Y eso hicimos. Nos pusimos al día y nos comimos las tortitas de
chocolate más deliciosas de la historia.
“Bueno, ¿vas a contarme cómo estás o no?” Preguntó Peyton,
indagando.
“Estoy triste. Amo a Cayden.” Sus cejas se levantaron, y entendía por
qué. “Es querible. Créeme, hay más en él que solo…”
“¿Buen físico, dinero y una reputación de chico malo?”
“Sí, de verdad que hay más que eso, te lo prometo. Quiere que el bebé
sea transferido a un vientre subrogado, pero le he dicho que no.”
“Dios, qué romántico.” Fingió que tosía.
“Lo sé, pero no ha sido un ‘hemos terminado’ o un ‘yo pagaré el
aborto’, así que dale unos cuantos puntos por ello.”
“Vale, medio punto entonces.” Era mi mejor amiga; se había ganado el
derecho a ser escéptica.
“Entonces…”
“Entonces, voy a tener al bebé, tanto si él quiere como si no. Puedo
hacerlo, no tengo miedo.”
“Estás aterrorizada, pero eres valiente.”
“Bueno, así es como me siento, ahora ya tienes toda la información.” Le
ofrecí una gran sonrisa.
“¿Y Cash?”
“Cash hará lo que él vea. Si se va, cosa que por el momento no ha dicho
que vaya a hacer, pero si lo hace, lloraré y comeré helado. Me inflaré como
un balón de playa, y mientras esté embarazada, cantaré canciones tristes que
o bien elevarán o bien hundirán mi carrera, y pasaré página.”
“Bueno, bien, me alegro de que tengas todo planeado. Supongo que
puedo irme a casa,” se rio.
“¿Cuánto tiempo te puedes quedar?”
“Todo el que necesites. Aunque sé que estás ocupada…”
“He escrito una canción nueva y mañana voy a pedirle a un coro de
góspel que trabaje conmigo. No soy demasiado religiosa, pero tú tienes tus
raíces bautistas del sur… ¿Cómo puedo convencerte de que vengas
conmigo y me ayudes a convencerlos?”
“Hace una buena temporada que no piso una iglesia, pero cuenta
conmigo. Te ayudaré a que se suban al carro. Lo que se me da muy bien es
convencer a la gente a que haga cosas, y que amen a mi mejor amiga y su
música es algo bastante fácil… confía en mí.”
“Gracias.”
Dormimos juntas en la misma cama y, por la mañana, fuimos a la
Iglesia Bautista del Sur de Grace Street, que había trabajado en los álbumes
de otros artistas. Tengo que admitir que esa fue la primera y la última vez
que usé mi conexión con Taylor, ya que ella había trabajado con ellos en el
pasado. Le canté a ella algunas partes de la canción terminada, le encantó, y
llamó con antelación para conseguirnos una cita. Fue mucho más fácil de lo
que esperaba. A las nueve estábamos ensayando y a las cinco en punto del
día siguiente teníamos lista una poderosa balada con un coro de góspel.
Odiaba dejar a Cayden al margen, pero pude usar mi carta de ‘tengo que
aprovechar esto mientras pueda’, y él me dejó que fuera a mi aire. No más
charlas durante unos días, lo cual era bueno para los dos.
La canción quedó preciosa, nunca antes había estado tan orgullosa de
nada que hubiera escrito.
“Eres un genio,” dijo Taylor cuando escuchó la canción. “Bueno, ¿y qué
vas a hacer? Creo que deberías lanzarla, ya que… bueno…” Le había
contado que estaba embarazada.
“Estoy de acuerdo. Voy a colgarla esta noche en Instagram y Twitter…
Deséame suerte.”
“Tú no necesitas suerte, pero encenderé una vela por si acaso.”
“Gracias.”
Y eso hice. Con Peyton a mi lado, cogí el audio de la grabación que
habíamos hecho en la iglesia con el coro y el vídeo que Peyton había
montado con imágenes que había estado filmando durante el día con su
iPhone. Era una verdadera artista, había conseguido algunas imágenes
realmente impresionantes. Mientras yo había estado trabajando en la
canción y grabándola, Peyton había hecho un boceto de una madre y su hijo
con las caras de dos padres mirando, una por encima del hombro de la
madre y otro desde lejos. La imagen era tanto preciosa como inquietante.
Claramente mostraba a una madre con dos padres, uno en espíritu y otro
distante y olvidado. La imagen era tan inspiradora y desgarradora como la
canción, así que grabamos la imagen también y puse en créditos la autoría
de Peyton. Ella la animó usando un software de su ordenador, probando que
era el verdadero genio del grupo. La imagen mostraba a un padre en el
cielo, una madre y su bebé, abrazados, queriéndose, y un padre al otro lado
de la calle mirando y alejándose.
A medianoche, casi cuarenta y ocho horas después de haberle contado a
Cayden que iba a ser padre de nuevo, lancé la canción PADRE en Instagram
y Twitter con los hashtags #papáenelcielo #siempretequerré
#Cashyelcambio #AbueloRoss y presioné el botón de publicar. Papá en el
cielo era fácil de entender, siempre te querré era por Cayden, Cash y el
cambio era por Cayden y su hijo, y Abuelo Ross iba a cabrear a ese hombre
y no podía alegrarme más por ello.
Exactamente una hora después, la canción se había vuelto viral.
“Ciento cincuenta mil,” anunció Peyton. “¿Dónde están las botellas?
Hay que celebrarlo.”
“Tengo un poco de champán Veuve en la nevera de una cosa de hace
unas semanas. Todo tuyo, tía, bebe todo lo que quieras. Yo no puedo, pero
disfruta tú.”
“Cierto, mm… vale. ¿En qué otra ocasión voy a poder beber Veuve?”
Se encogió de hombros y se rio.
Nos lo pasamos bien leyendo los comentarios y las reacciones a la
canción. Si traes un coro de góspel, a la gente le llama la atención. Quizás
el Abuelo Ross seguía durmiendo, pero Cayden no. Un mensaje apareció en
mi teléfono noventa minutos después de que la canción fuera lanzada.
Has VUELTO a lanzar una canción sin estrujar el dinero… ¡agh! :)
Tomé una respiración profunda y esperé a ver qué pasaba después.
Cayden había estado de buen humor y eso era lo mejor que podía haber
esperado. Un par de minutos después, una notificación saltó en mi pantalla
con una foto de Cayden y Alex en una cancha jugando a baloncesto.
“Ey, Peyton, mira esto,” giré mi teléfono para enseñárselo. “Ese es
Alex, el hijo de Cayden.” La imagen era increíble, y el hecho de que
estuviera jugando con Alex era incluso más sorprendente, pero lo mejor de
todo era que él también había etiquetado su foto.
#Meencantaserpapá #AbueloRoss #ybebé2decamino
Mi corazón se encogió y un cosquilleo cálido me recorrió. De repente,
echaba de menos a Cayden, y no quería otra cosa que no fuera estar
desnuda en sus brazos, amándolo. Estaba entrando en razón y además me
comprendía. Entonces, apareció una segunda foto. Era yo recogiendo mi
Grammy. Aunque no les había prestado mucha atención a las fotos, ya que
parecía haber miles de ellas en Internet, esa foto mía era particularmente
bonita, pero el hashtag hizo que me quedara helada.
#CásateConmigoPrincesaDelCielo
“Joder,” exclamó Peyton. “Esto es fuerte.”
Por la mañana, Internet se había vuelto loco. Me desperté en un caos.
Todo el mundo estaba hablando de la canción y de todas las bombas que
habíamos lanzado durante la noche. Mi teléfono no paraba de sonar. No
mucha gente tenía mi teléfono personal, pero aquellos que lo tenían me
estaban llamando. Supuse que una o quizás unas cuantas de esas llamadas
serían de Cayden, pero estaba equivocada, no tenía ninguna llamada de él.
Aunque me acababa de pedir con un hashtag que me casara con él frente a
millones de personas online, no me había llamado.
Me preguntaba si él me echaba de menos tanto como yo le echaba de
menos a él. Aunque me encantaba estar con Peyton y ponerme al día con
ella, me encontré añorando a Cayden. Necesitaba el punto de vista loco y
artístico de Peyton, que era tan refrescante como sabio, pero Cayden me
transmitía un extraño tipo de paz. No me había dado cuenta de la cantidad
de llamadas que él mismo atendía o que Kevin manejaba hasta que me
había quedado sola ante todo, el teléfono sonaba sin parar.
“Bueno, ¿vas a contestar alguna llamada?” Peyton estaba pasmada.
“No terminaría nunca de contestarlas todas. Pueden dejarme un mensaje
hasta que el buzón de voz se llene,” me reí.
“Deberías tener un asistente,” dijo casi con un tono de madre.
“Hasta ahora había estado con Cayden, él se ocupaba de todo.” Me di
cuenta de que dejarlo sería insostenible.
En ese momento llamaron a la puerta, y estaba tanto emocionada como
enfadada.
“Genevieve, ¿puedes darme un minuto?” Era Cayden.
“Estoy aquí.” Peyton se puso detrás de mí. “Podemos con esto.”
Me reí. “En realidad es un buen tío disfrazado de imbécil, todo irá
bien.”
Abrí la puerta y Cayden estaba ahí, de pie, con flores y una bolsa
refrigeradora.
“Hola,” dijo, quedándose quieto, con una especie de efervescencia
infantil.
“Hola,” le contesté sin saber qué más decir.
“¿Puedo entrar?” Preguntó, ofreciéndome el precioso ramo de flores.
“Claro.” Cogí las flores y me moví a un lado, dejándole entrar al
apartamento.
“Hola, Peyton.” Asintió hacia Peyton mientras cogía la bolsa enfriadora
y caminaba hacia la mesa del comedor, que estaba junto a una ventana con
vistas a la ciudad. “He traído el desayuno, si no os importa que me una a
vosotras.” Me miró con grandes ojos enternecedores.
“No me importa,” dije suavemente.
“Yo voy con lo que diga Genevieve, pero, como le hagas daño, me da
igual ir a la cárcel por haberte asesinado. Haría lo que fuera por mi amiga,
así que estás advertido.”
Cayden dejó salir una sonrisa nerviosa. “Sí, señora, pero no tengo
ningún plan de hacerle daño a la mujer a la que amo, así que puedes
relajarte.”
Entonces Cayden abrió la bolsa refrigeradora y sacó un bol de plástico
con fruta fresca cortada a cubos. “Tenéis que saber que la he cortado yo
mismo.” Miré el bol y dentro había un montón de trozos mal cortados.
También había una caja enrollada en un lazo rosa palo, una bandeja con
vasos de café de papel y tapas negras de plástico, y otra caja enrollada, esta
más larga y con otro lazo rosa palo.
“Buen trabajo, Cayden,” le sonreí como si fuera un niño. “¿Qué has
traído?” La curiosidad me había superado.
“Son solo unas cuantas cosas de mi panadería favorita. Peyton, espero
que te guste el cappuccino, no estaba seguro de qué tipo de café preferirías,
pero a Genni y a mí nos encanta el cappuccino de la cafetería Green Hill,
está buenísimo: amargo, dulce, cremoso…”
“Me parece genial.” Los hombros de Peyton se relajaron un poco, se
veía menos tensa.
“Ten.” Le ofreció un café y después me dio otro a mí, y abrió las cajas.
La grande cuadrada contenía bollos de caramelo apilados los unos sobre los
otros, y la larga eran pasteles de varios tamaños y formas. “He pensado que
podríamos darnos un pequeño capricho. Hay bizcocho de caramelo con sal,
después tarta de fruta, cruasanes de chocolate, rollos de canela, pastelillos
de albaricoque… Son todos mis favoritos.” Era como un niño pequeño con
una caja de juguetes que quería compartir.
“Todo tiene muy buena pinta.” Me senté a la mesa y le quité la tapa al
bol de fruta fresca. “Gracias, Cayden.” Le ofrecí una gran sonrisa de
agradecimiento.
“Tu canción… Genni, tu canción.” Parecía estar tropezándose con sus
propias palabras.
“Sí, la canción…” Tomé una respiración profunda.
Esa canción y toda la locura de los hashtags habían cambiado nuestras
vidas para siempre. Estaba bastante segura de que ni yo ni Cayden teníamos
ni idea de qué iba a pasar a partir de ese momento y, durante un instante, los
dos estuvimos igualmente asustados.
Capítulo 34
Cayden
¿Cómo podía decirle que esa canción me había roto por dentro? Me
había hecho querer ser un hombre mejor y me había dado la oportunidad de
sentirme emocionado por mi bebé. Tenía que saber lo que sus letras crudas
y desatadas y su música le habían hecho a mi alma.
“Estuve con Alex y te vimos tocar la canción con tu guitarra, y nos lo
pasamos genial juntos. Le he dicho que voy a ser mejor padre y le he
pedido perdón por fastidiar todo, después le he dado las gracias por darme
otra oportunidad. Sienta tan bien, Genni.” Era extraño que lo primero que
quisiera contarle era que había pasado un buen día con Alex teniendo en
cuenta todo por lo que habíamos pasado.
“Vi la publicación, parece que los dos os divertisteis. Me alegro de que
hayas entrado en contacto con el Cayden; al final será mucho mejor para los
dos.”
“Estoy de acuerdo,” dije mientras le hacía señas a Peyton para que se
uniera a nosotros. “No muerdo, te lo prometo. Ven y siéntate con nosotros.”
Ella sacudió la cabeza como si los dos estuviéramos como una regadera
y se sentó en la silla vacía que había a mi lado. “Entonces, ¿ahora estáis
bien?” Preguntó.
“No sé. Genni, ¿lo estamos?” Me giré y la miré.
“Quiero tener este bebé, Cayden. Quiero llevarlo dentro de mí, quiero
darlo a luz y criarlo como mi hijo… o hija, contigo o sin ti, pero,
sinceramente, preferiría que fuera contigo, porque te quiero.”
La sinceridad en su expresión derritió mi corazón. Era el ser humano
más perfecto que existía.
“De acuerdo. Iremos al médico y haremos lo que haga falta para que te
mantengas sana. Prepararemos todo para que grabes música desde casa y
rebajaremos las entrevistas al mínimo. Quizás nos salgamos del mundo
mediático y así nos podamos preparar para ser una familia.” Una extraña
emoción me hizo cosquilleo al todo comenzar a tener sentido.
“¿Estás seguro?”
“Lo estoy.” Me incliné y la besé en sus suaves labios. “Te quiero,
Genevieve. Conseguiremos que esto funcione.”
“Oh, menos mal,” dijo Peyton mientras dejaba salir un suspiro. Eso hizo
que nos riéramos.
Disfrutamos del desayuno y de la conversación y miré mi iPhone
mientras el mundo se volvía loco con nuestros hashtags sorpresa. Una de las
llamadas que no paraba de sonar en mi teléfono venía del despacho de
Clifford Ross. El mensaje de voz que dejaron era de su abogado, que me
amenazó con demandarme por el hashtag AbueloRoss porque según él era
una violación de sus derechos. Estaba bastante seguro de que mencionar a
tu propio padre biológico no era ilegal, pero de todas formas llamé a mi
abogado y le pedí que enviara una carta formal en la que abordara las
acusaciones. En la carta, mi abogado le ofrecía a mi padre que se realizara
un test de ADN para así aclarar la confusión respecto a su paternidad. Si se
averiguaba que era mi padre biológico, tenía el derecho a hablar de ello
porque yo no había firmado ningún contrato de confidencialidad.
El abogado continuó informando de que Genni y yo no usaríamos más
el hashtag hasta que llegaran los resultados de la prueba de ADN. Le daba a
mi padre un mes para someterse a las pruebas en una clínica de Nueva
York, si no se las hacía, yo tendría derecho a reanudar legalmente el uso del
hashtag porque la negación a tomarse el test se tomaría como una
confirmación de su paternidad.
Ese día, dejamos que el resto de llamadas se quedaran sin contestar. La
vida estaba moviéndose a una velocidad vertiginosa y a mí me encantaba.
Tenía más sorpresas bajo la manga, ya que me había quedado despierto
buena parte de la noche haciendo planes. Tras el desayuno, hinqué la rodilla
y cogí la mano de Genni. En mi bolsillo tenía un anillo de diamantes de
siete quilates esperando a pasar el resto de su vida en el dedo de Genni.
“Genevieve Green, ¿quieres casarte conmigo? Prometo amarte y
respetarte con todo mi corazón y prometo ser el mejor padre que pueda
tener nuestro hijo. Tú me has mostrado que puedo ser un hombre mejor y lo
seré si me das la oportunidad. Nunca he amado a nadie tanto como te amo a
ti y espero que algún día pueda merecer tu amor. Por favor… cásate
conmigo para así pasar el resto de nuestras vidas enamorándonos una y otra
vez.” Tenía lágrimas en los ojos porque sabía sin duda alguna que ella era la
adecuada.
“Sí,” es todo lo que ella dijo, se la veía asombrada y callada.
“¿Podemos casarnos mañana?” Le pregunté, consciente de que yo ya
había organizado todo para casarnos en México, y Peyton soltó un grito
ahogado. “Después de que vayas al médico, por supuesto.”
“Has perdido la cabeza,” se rio Genni.
“Lo digo en serio. Iremos a México y nos casaremos allí. Te prometí
que compraría nuestro bungalow si nos casábamos. Todo lo que tengo que
hacer es transferir el dinero y el sitio es nuestro. Ya lo he arreglado y
oportunamente hay una capilla para bodas rápidas en la misma calle,” y no
estaba bromeando. Ya la había reservado también.
“Nunca he soñado con tener una gran boda ni nada por el estilo, pero
todo esto parece muy repentino y mm… triste.”
Me imaginaba que un lugar de bodas rápidas sería triste, pero merecía la
pena si significaba que podía casarme con Genni pronto.
“Bueno, supongo que, si esto solo es una boda falsa, en realidad no
importa cuándo o dónde nos casemos, así que vale. Los seis meses han
terminado, y sigo queriendo explorar más lo nuestro, así que hagámoslo.
Hagamos que pase.”
De repente, estaba un poco triste, ella no tenía ni idea de que quería
casarme con ella de verdad … y ser su marido hasta el último de mis días.
“No,” dije en voz baja, esperando que me quisiera tanto como yo la
quería a ella.
Ella me miró con una expresión de confusión. “¿No?” Preguntó.
“No va a ser un matrimonio falso. Me voy a casar contigo, Genevieve.
Si queremos, podemos tener una boda real una vez nazca el bebé, pero
quiero estar casado contigo ya mismo. No planeo tener ninguna otra esposa.
Tú serás mi único amor.”
“¿Cayden? ¿Qué estás diciendo?” Parecía que estaba a punto de llorar, y
lo último que quería era hacerle llorar más.
Ya le había hecho suficiente daño.
“Estoy diciendo que estoy enamorado de ti y que quiero que te cases
conmigo de verdad, para siempre.”
“Genevieve, ¿estás bien?” Preguntó Peyton. “Estás… pálida.”
“Es solo que… no esperaba esto,” confesó.
“¿No quieres casarte conmigo?” La mirada de dolor de su rostro me
golpeó y también me preocupó.
“No, sí que quiero, es solo que…”
“Todo es muy repentino, lo entiendo. Pero vivamos esta loca aventura
juntos. Te quiero y nunca voy a dejar de quererte.”
“¿Y qué pasará cuando el bebé sea un horror y el mundo nos vuelva
locos?”
“Bueno, eso solo será un mal día, pero juntos superaremos ese tipo de
días. Te lo prometo. Los dos hemos pasado por mucho, así que podemos
conseguirlo… los dos juntos.”
“Si tú estás dispuesto a intentarlo, yo también.” La dulce sonrisa que se
formó en su cara me dio esperanza.
“Peyton, ¿te importaría venir con nosotros a México durante unos días?
Seguro que a Genevieve le gustaría tener una madrina de honor y mejor
amiga en su gran día.”
“Oh, y tanto que voy, no me podéis dejar fuera de esto,” dijo con una
amplia sonrisa.
“¿Y Kevin viene?” Preguntó Genni, aún parecía confundida.
“Sí, y he invitado a Alex y a su familia para que disfruten de unas
pequeñas vacaciones. Es todo muy repentino, pero, por suerte, me he
rodeado de gente muy espontánea. Estamos todos a bordo. Mi jet privado
sale esta noche y mañana tendremos la peor boda del mundo,” me reí,
intentando aligerar el ambiente.
Esa misma noche, todos nos subimos al jet, y yo me aseguré de que el
ambiente fuera ligero y festivo. Tenía películas para todos los públicos,
aperitivos y un chef preparó una cena deliciosa. El vuelo era de nueve
horas, así que, cuando llegamos a la mañana siguiente, todo el mundo
estaba un poco cansado. Pospuse nuestra boda un día para que todos
pudieran descansar en los bungalós. En parte, le había mentido a Genni, no
solo había comprado nuestro bungalow, los había comprado todos. El
desarrollador seguía siendo el dueño del hotel, y yo era el dueño de los
bungalós con la condición de que tenía que dejarlos disponibles para
alquilar mientras no los usara. Nos pusimos de acuerdo en un precio de
alquiler exorbitante para así en unos años poder recuperar el dinero que
había gastado en comprarlos. No había ninguna parte negativa. Y lo más
importante, Genni, yo y el bebé tendríamos un lugar al que escaparnos si lo
necesitábamos. En cuando abrimos la puerta del bungalow, nos relajamos.
Era la escapada perfecta.
“No me puedo creer que esté pasando todo esto, Cayden,” dijo Genni
mientras se acostaba en el sofá y se quedaba mirando la calmada agua.
“Yo sí que puedo.”
Ella se rio, “sí, bueno, tú has organizado todo esto, así que supongo que
tú sí que puedes.”
“Y todo va perfectamente según lo planeado.” Fingí que me reía con
una risa maligna.
“¿Has pensado bien en lo que vamos a hacer mañana, señor Perverso?”
“Sé lo mucho que odias que te mareen, así que hay una tienda local en
el pueblo que he pensado que podemos visitar hoy. Allí te pueden bordar un
vestido de novia tradicional mexicano. Les he dicho que vamos a ir y están
dispuestos a trabajar con nosotros. Pero aún tenemos unas cuantas horas y
he pensado que podemos bautizar nuestra nueva casa.” Me puse de rodillas
frente a donde ella estaba tumbada y juguetonamente pasé mis dedos por
sus pechos.
Ella se río. “Tú, ¿qué pasa con los peces?” Sus ojos miraron hacia el
cristal del suelo.
“¿Estarías más cómoda en la cama?”
“Sí,” dijo, así que la cogí y la llevé a la cama.
No me llevó nada de tiempo desvestirla y llenar su piel de besos, la
había echado mucho de menos.
Ella respondió como siempre hacía, con suspiros y maullidos mientras
pasaba mi lengua por sus sensitivos pezones, lamiendo sus pequeños picos
y la piel de gallina que se formaba alrededor de ellos, diciéndome que ella
ya estaba lista.
“Ah, Cayden,” gritó, y sus dedos pasaron por mi pelo, poniéndome más
dura la polla.
Era imposible que me lo tomara con más calma; la necesitaba
demasiado.
“Abre las piernas, amor,” le ordené mientras mis dedos se hundían para
comprobar si podía tomarme.
No me sorprendió averiguar que estaba húmeda y expectante, así que la
penetré, sintiendo su estrechez. Estaba en casa. La mirada de adoración en
sus ojos mientras entraba en ella probó que era la única mujer que alguna
vez querría. Sus piernas se enrollaron en mi espalda y la follé con fuerza,
metiéndola y sacándola y sintiendo como su piel rozaba mi polla,
apretándose con cada embestida hasta que exploté en su útero, que ya
estaba ocupado por nuestro hijo. Estaba cegado de deseo y la tomé tres
veces antes de que cayéramos en un aturdido sueño de mediodía.
Apenas nos despertamos, duchamos y vestimos a tiempo para llegar a la
cita que teníamos en el pueblo para el vestido. Elegimos un vestido blanco
sencillo con un escote de pico y un bonito dobladillo con un bordado de
flores.
“Es perfecto,” dijo girando ligeramente.
“Tú eres perfecta,” la besé y le dimos las gracias a la dependienta.
Pagué el doble de lo que valía el vestido para apoyar la tienda, el dinero
extra fue muy bien recibido. Quedamos con Peyton, Sarah y su familia para
cenar en la playa, y pude ver que a Alex no solo le gustaba el bungalow con
su suelo de cristal y las vistas a los peces, sino que estaba emocionado por
tener a toda su familia junta por primera vez en su vida.
“Bueno, Alex,” pregunté mientras todos estábamos comiendo. “¿Te
gustaría que fuéramos a hacer snorkel mañana, después de la boda?”
“¿No vas a querer estar con Genni?” De repente, parecía muy triste.
“Quizás yo también me apunte a hacer snorkel.” Genni sonrió, y su
precioso rostro iluminó el lugar.
“Yo en este caso no me apunto,” dijo Sarah, dándose palmaditas en su
gran tripa de embarazada.
“Yo seguramente me quede con ella,” añadió John, y los dos
compartieron una mirada que conocía muy bien.
Los bungalós eran un lugar para el romance, y me alegraba que tuvieran
la oportunidad de disfrutarlo juntos mientras yo estaba con Alex.
“¿Cuándo te toca dar a luz?” Preguntó Genni de forma dulce.
“Esta previsto en unas seis semanas. Menos mal que Cash ofreció su
avión privado, porque estoy casi segura de que estoy en el límite de la fecha
para no volar. Pero me alegro de que estemos aquí. Gracias por traernos,
Cash, y por invitarnos a compartir el día de vuestra boda.”
“Bueno, estoy bastante seguro de que va a ser la peor boda de la
historia, pero, de todas formas, vamos a pasarlo bien juntos durante los
próximos días, solo nosotros, alejados del mundo.” Miré a cada uno de ellos
y supe que eran las únicas personas que quería que fueran testigos de
nuestra boda, con la excepción de Kevin, que estaba arreglando unos
detalles de última hora y llegaría a la hora de cenar. De hecho, por el
griterío que oí de fondo, debía de estar de camino.
“¡No, no puede ir ahí!” Gritó Kevin con todas sus fuerzas.
“Si él y su zorra pueden ensuciar mi nombre en todo el mundo, y tanto
que puedo ir ahí,” dijo una voz que apenas recordaba.
Sarah se puso blanca como un fantasma y yo giré la cabeza para
encontrarme con Clifford Ross corriendo hacia la playa con Kevin
pisándole los talones. Otros dos hombres lo seguían mientras mi padre se
dirigía furioso hacia nuestra mesa, que había sido colocada en la arena con
velas y antorchas para crear ambiente. Justo estábamos empezando una
maravillosa cena cuando él llegó a joderla.
“¡Mamá!” Alex empezó a entrar en pánico mientras Genni se ponía de
pie y caminaba hacia él.
Estuve a punto de detenerla, pero me di cuenta de que no sería capaz de
evitar que hiciera algo que ella ya había decidido y, en realidad, era la
persona más adecuada para esa misión. Si alguien podía domesticar a ese
gilipollas, sería ella, de eso estaba seguro.
Capítulo 35
Genevieve
Estaba confusa, sorprendida y totalmente cabreada, un montón de
emociones me recorrieron al ver a Clifford Ross dirigiéndose hacia nuestra
mesa. No podía permitir que molestara a la familia de Cayden, así que,
como yo había sido la que le había dejado salir de su jaula, yo sería la
persona que se enfrentaría al problema.
“¿Le puedo ayudar en algo?” Pregunté mientras me ponía frente al
hombre.
“¡Me has arruinado la vida!” Se detuvo. Por un instante, parecía que
fuera a golpearme en la cara.
“No, usted solito lo hizo hace mucho tiempo, cuando se alejó de la
mujer que estaba embarazada de su hijo. Eso no tiene nada que ver
conmigo. Es el abuelo de ese niño.” Asentí hacia Alex con la cabeza,
parecía que el chaval estuviera a punto de llorar. “Y es el padre de Cayden.
Desafortunadamente, también es el abuelo de mi hijo que está por nacer, así
que, por como yo lo veo, tiene dos opciones: o da un paso hacia delante y se
comporta como padre y abuelo o se va por donde ha venido y espera a que
todo el caos desaparezca, y vive con las decisiones que ha tomado. Puede
que sea capaz de tiranizar a todo el mundo, pero nunca me tiranizará a mí.”
Me mantuve en mis trece, sin miedo a nada, aunque lo cierto es que debería
haber estado asustada.
“¡No tengo por qué ser responsable de lo que hizo esa zorra!” Acusó,
señalando con un dedo a Sarah.
Cayden se levantó y se acercó a Clifford. “¿Has venido hasta México
para arruinar mi boda, pero no eres capaz de levantar un solo dedo por ser
padre desde unas cuantas manzanas más allá? Tenemos seguridad y voy a
hacer que te tiren de esta propiedad. No sé cómo nos has encontrado o qué
te has pensado que conseguirías viniendo hasta aquí, pero te vas. Este es un
resort privado y tú no estás invitado. Te doy un minuto para que te gires y
desaparezcas. Si quieres limar asperezas, tenemos el resto de nuestras vidas,
pero no voy a dejar que arruines mi boda.” Cayden sacó su teléfono y
comenzó a escribir. “Yo diría que, que fueras pillado aquí con los
pantalones bajados, por así decirlo, sería un movimiento de publicidad
mucho peor que un pequeño e inofensivo hashtag.” Cayden estaba a punto
de presionar el botón de enviar cuando Clifford lo detuvo.
“¿Por qué me estás haciendo esto?” Me preguntó, pareciendo un poco
más indefenso de lo que lo había estado hasta ahora.
“Lo he hecho porque Cayden es el padre de nuestro hijo y también de
Alex, y él se está esforzando por cumplir ese papel. Usted es la razón por la
que él se alejó de su hijo. Usted le hizo sentir que no merecía su tiempo,
que su madre era una inútil y que, a la vez, él no merecía la pena. Usted
creó esta familia y después se alejó de ella. Pese a su abandono, ellos han
conseguido ser personas exitosas. Crystal es una terapeuta que trabaja con
supervivientes de traumas, y ya conoce a Cash Coltrane. Ellos dos se han
creado su propio camino en este mundo sin usted, y estoy segura de que mi
hijo hará lo mismo, pero mire lo que se está perdiendo. Ya se ha perdido
muchas cosas buenas que su hijo a hecho, como ayudar a jóvenes sintecho a
salir de la calle y sacar a los pandilleros de las bandas y llevarlos a
grabaciones de discos y escenarios. Tiene un nieto que aún está buscando su
lugar en el mundo, y un nieto aún por nacer que quizás ni siquiera le llegue
a conocer nunca. Algún día, morirá solo y desamparado, ¿y por qué?
¿Porque fue demasiado orgulloso como para comportarse como un padre?
Hoy ha mostrado sus verdaderos colores, señor Ross, y lo cierto es que son
demasiado feos como para que a nosotros nos gusten. Váyase a casa antes
de que sea echado a patadas y viva otro escándalo de publicidad. Vuelva a
Nueva York. Sé que nunca será el padre que esperaba que pudiera
reconciliarse con Cayden, así que desaparezca. Lo cierto es que, si no
quiere a su familia, no existe nadie sobre la tierra que sea más inútil que
usted.” Me quedé ahí, quieta, esperando a que se fuera.
Él se me quedó mirando y yo le miré a él, no con odio, sino con lástima,
y fue esa confrontación la que lo rompió.
“Mi padre me abandonó,” comenzó a contar, “y golpeaba a mi madre,
así que supuse que estuvo bien que se fuera. Cuando Crystal se quedó
embarazada, yo… yo sentí que podía acabar siendo como él. Era un hombre
horrible y no estoy orgulloso de quién era en aquel entonces. Tú llegaste a
mi oficina, señorita Green, y me recordaste quién fui una vez, y fue como si
le hubieran resucitado de la tumba. Y ahora yo soy él.” Parecía estar triste.
“No tiene por qué ser él; puede ser un hombre mejor. Su hijo está aquí,
su nieto está mirando, tiene la oportunidad de ser alguien distinto.
Acabamos de empezar a cenar, venga y siéntese con nosotros. Tenemos
comida de sobra. Fui a su oficina para ofrecerle una segunda oportunidad de
tener una familia, y ahora están aquí, puede irse y perdérselo o puede
quedarse. Esa es elección suya, pero lo que haga hoy le afectará el resto de
su vida.” Podía ver la soledad y rabia que había en sus ojos, sabía que
nosotros éramos todo lo que él tenía.
Sarah se puso de pie y habló. “Únase a nosotros… por favor. Nos
gustaría conocerle. Siéntese y denos una oportunidad, y nosotros haremos
lo mismo por usted.”
Estaba muy contenta de tener el apoyo de Sarah mientras John la cogía
de la mano, dándole fuerzas. Alex ya no se veía asustado, por el contrario,
parecía sorprendido. Sin decir una palabra más, Clifford Ross se sentó en la
silla vacía que había en la mesa mientras sus guardaespaldas se quedaban
detrás y vigilaban. La comida estuvo deliciosa y, mientras que la
conversación fue muy incómoda al principio, fue Peyton y su actitud
animada y de ‘me importa todo una mierda’ lo que rompió el hielo.
“Bueno, ¿y a qué te dedicas exactamente?” Le preguntó a Clifford. “A
ver, sé que eres el hombre más rico de Estados Unidos, pero, ¿qué haces?
¿Tienes un producto estrella o simplemente gestionas cosas como el espacio
exterior? ¿Vendiste tu alma al diablo?” Ella se rio, sin importarle
absolutamente nada.
La respuesta de Clifford fue enigmática. Tenía algo que ver con
inversiones, fondos especulativos y temas de economía que iban más allá de
mi comprensión, pero Peyton consiguió animar la cena, al igual que el vino
que Sarah, Alex y yo no bebimos. Nosotros tomamos cócteles sin alcohol,
fue divertido. Al final de la noche, Clifford tuvo el corazón suficiente para
hacer algunas confesiones.
“Algún día seré un hombre viejo. Sé que el camino será largo, pero
estoy dispuesto a comenzar ese viaje si vosotros también lo estáis,” confesó
finalmente.
“Bueno, entonces, no hay nada más que hacer aparte de que nos
acompañe mañana en nuestra boda,” dije con entusiasmo, aunque la cara
que puso Cayden no tuvo precio.
Y Clifford Ross nos acompañó en la boda. Fue un evento sencillo pero
precioso. Ni de lejos fue la boda más horrible del mundo. En cambio, fue
encantadora y pequeña, tal y como la hubiera querido.
Ocho meses después, estaba dando a luz en la sala de parto, gritando
mientras me esforzaba por que naciera el bebé Coltrane. En el tiempo tras
nuestra boda, Cayden y yo nos acercamos cada vez más a medida que
derribamos los muros que habíamos erigido para mantenernos a salvo.
Cuando nos dimos cuenta de que éramos el espacio seguro el uno del otro,
finalmente estuvimos bien. Él era y siempre sería mi mejor amigo. Peyton
era mi hermana y, Cayden, mi mundo. Así que, con Peyton a un lado y mi
maravilloso marido al otro, empujé como una loca para sacar a nuestro hijo,
¡fue duro!
“¡Lo estás haciendo genial, cariño!” Intentaba animarme, pero yo era
una bestia cabreada.
“Nunca más voy a dejar que tu polla se acerque a mí,” grité.
“Sé que no lo dices en serio, pero, ahora mismo, estoy de acuerdo con
todo lo que digas.” Se mantuvo tranquilo mientras yo rugía.
Yo era una guerrera, pero ese pequeño bebé no quería hacer su gran
entrada. Decidimos no saber su sexo hasta el día del nacimiento, así que
tenía muchas ganas de conocer a la persona que había estado moviéndose
dentro de mí todos esos meses.
“Aghhh,” gruñí.
“Ya lo tienes, ya está casi fuera,” añadió Peyton, y me giré hacia ella y
apreté los dientes.
“Nunca hagas esto,” gruñí. “Sálvate tú que estás a tiempo.”
“Eso dices ahora, pero sabes que quieres seis hijos. En unos cuantos
años estarás aquí otra vez, y quizás yo esté a tu lado,” dijo con una sonrisa.
“¿Seis?” Por un momento, Cayden tuvo mala cara. “Por ahora vamos a
pasar por este.”
“Es hora de empujar,” nos informó el médico.
Así que empujé, exhalé y me esforcé mucho por sacar a ese pequeño
bebé de dentro de mi cuerpo… Y, finalmente, lo hice, y sentí una lluvia de
alivio.
“Enhorabuena, señor y señora Coltrane, ha dado a luz a… ¡una pequeña
y preciosa niña!”
“¿Una niña?” Cayden murmuró, estaba blanco como la nieve.
“¿Te encuentras bien?” Preguntó Peyton.
“¿Es una chica?” De verdad que tenía pinta de que se iba a desmayar.
Yo estaba un poco cabreada, “¿qué pasa con que sea una chica?”
“Apenas soy capaz de ser un buen padre con un niño, ¿cómo voy a criar
a una niña? Va a odiarme.” Parecía que estuviera a punto de llorar.
“No, cariño mío. Si se parece a mí, va a adorarte.”
Y así fue. De hecho, la mayor parte del tiempo, ella prefería estar con él
en vez de conmigo, y eso era porque él se había vuelto totalmente loco. La
adoraba como un fanático obsesionado. Tuve que echarle la bronca varias
veces porque tenía una carrera profesional que no podía descuidar. Kevin
había sido ascendido a socio y hacía un montón de trabajo mientras Cayden
se quedaba en casa adorando a su hija y saliendo con su hijo.
Yo seguí escribiendo canciones y grabándolas, incluso después de que
Ava naciera. Cayden, por el contrario… Bueno, Cayden, mi querido
marido, estaba hecho un desastre. De hecho, fue en el aniversario de seis
meses de Ava cuando finalmente le hice una intervención. Él estaba
corriendo como un loco, como siempre, llevaba a Ava en sus brazos y
estaba buscando un pequeño vestido rosa que debía estar en la lavadora. No
se había peinado en días. Seguíamos haciendo el amor todas las noches, así
que se había dado una ducha después de hacerme ver la luna la noche
anterior, por lo que olía bien, pero no se le veía nada bien. No había
dormido toda una noche en seis meses y no había duda de que había llevado
lo de ser padre a otro nivel. Cuando Ava estaba durmiendo o conmigo, él se
iba con Alex a la cancha de baloncesto que había construido en nuestro
patio. De hecho, Alex venía cada dos semanas, ya que su hermano pequeño,
Aiden, acababa de nacer. Aunque le encantaba tener hermanos bebés, a
veces necesitaba un poco de tiempo para sí mismo, así que cuando Cayden
no estaba preocupándose como un loco por el bebé, estaba pasando el rato
con su hijo. No obstante, ese día, había cambiado sin éxito alguno el pañal
de Ava y estaba cubierto de caca de bebé. Esa semana, Alex estaba con
Sarah, y se suponía que teníamos que estar yendo al aeropuerto para coger
un avión hacia Washington D.C. para el Baile del Legende, el lugar en el
que nos habíamos conocido hacía dos años.
“Vale,” dije, cogiéndole el bebé. “Necesitas darte otra ducha y echarte
una siesta. El avión sale en cinco horas. Yo me ocupo.” Levanté a Ava
mientras me sacaba una teta para darle el pecho. Le di a Cayden una toallita
de bebé para que se limpiara la caca que tenía en el brazo. “Ducha… y
siesta.”
Él me lanzó la mirada de rendición más dulce que existía. “De
acuerdo.”
Miré su cara somnolienta mientras dormía y me di cuenta de que era el
amante, marido y padre perfecto. Estaba deseando pasar el resto de mis días
sobre la tierra con él, y estaba muy agradecida por tener a mi lado no solo a
un compañero fantástico sino también a un precioso bebé con la maravillosa
cara de su padre y mis ojos. No podía estar más feliz… o más agradecida
por la familia que tenía.
Epílogo
Genevieve
Llegamos al Baile del Legende a tiempo. Nuestra niñera se quedó con
Ava en el hotel mientras Cayden y yo pasábamos una más que necesitada
noche juntos. Tenía planeado darlo todo esa noche y tomarme el primer
sorbo de alcohol desde que había descubierto que estaba embarazada de
Ava. Fue genial volver a ver a Peyton, Eliza, Harper y Ophelia, estar con
mis chicas sentaba de lujo. Cayden también parecía estar feliz. Los chicos,
Andre, Asher y Reid, vinieron a su rescate cuando mi pandilla se abalanzó
sobre él. Iba un nuevo amigo con ellos, un tal Ryan McCallister, que era un
multimillonario que vivía en Argentina. Como uno de los nombres más
destacados dentro de la industria del turismo, los tíos estaban muy
interesados en preguntarle por viajes, ya que a todos los padres les
encantaba llevar a sus familias de vacaciones. Ryan era un amigo de Reid,
que había ganado su tercer mandato como senador. Él conoció a Ryan
mientras trabajaba en un acuerdo de comercio con el gobierno de Argentina.
A los chicos parecía irles bien solos, así que disfruté de un poco de tiempo
de chicas.
Todas las pinturas de la sala eran de Peyton, eran realmente exquisitas.
Algunas eran de mujeres llevando muy poca ropa, pero todas reflejaban su
poder como mujeres. Eran de diferentes etnias y hacían diferentes trabajos,
y aun así todas eran dueñas de su sexualidad y su fuerza. Las pinturas eran
muy sexis y seductoras, pero, sin embargo, también empoderadoras. Estaba
orgullosa de ella. Peyton estaba flipando porque Ophelia le acababa de decir
que alguien acababa de comprar todas las pinturas.
“¿Estás de coña?” Peyton se estaba volviendo totalmente loca. “¿Me
estás tomando el pelo? Eso son más de cincuenta mil dólares. ¿Quién tiene
ese dinero?”
Y en ese momento, el sexy y adinerado Ryan caminó hacia nuestra mesa
con los demás hombres animándole detrás de él.
“Yo lo tengo.” dijo sin rodeos. “¿Eres la artista?”
La cara de Peyton se puso roja. “Sí, soy yo,” dijo.
“¿Te importaría que te robara un poco de tu tiempo para hablar sobre
ellas?”
Incluso yo, que estaba locamente enamorada de mi marido, sentí como
se me aflojaban las piernas. Tenía un acento sexy y una mirada ardiente,
Peyton iba a meterse en problemas.
“Claro,” dijo Peyton mientras se ponía de pie y lo cogía de la mano.
“Me encantaría.”
“Parece que el Legende es el lugar donde sucede el amor,” dijo Ophelia,
y todos nos reímos, pero no estaba equivocada.
Miré hacia Cayden y, en ese momento, nuestros ojos se encontraron. La
mirada de amor que brillaba en ellos lo hacía con tanta intensidad que supe
que él me quería tanto como yo siempre le querría a él. No importaba dónde
estuviéramos o qué hiciéramos, seríamos nuestro particular felices para
siempre.
Cayden
Había sido el mejor año de mi vida. Criar a Ava y conocer a mi hijo
Alex fueron las cosas más maravillosas en las que nunca me había
esforzado. Aun así, lo mejor era ser el compañero de mi mujer. Cada día
que pasaba me enamoraba más de ella. Veía su preciosa cara reflejada en la
de mi hija, y me maravillaba ante lo afortunado que era por tener a dos
mujeres fuertes junto a las que envejecer. Las dos eran muy parecidas,
diplomáticas, pero decididas. Ava aprendió a caminar a los diez meses, y ya
estaba empezando a cantar. Incluso teniendo tan solo un año, tenía un tono
bastante bueno. Yo ya estaba haciendo planes para mi hija, aunque a
menudo su madre me miraba de reojo.
El álbum de Genni había conseguido ser disco de platino y estaba
nominada a tres premios Grammy, incluyendo a álbum del año. Ya no vivía
bajo la sombra de Taylor, aunque seguían siendo amigas cercanas.
Decidimos que lo mejor era que yo me quedara en casa con los niños y ella
fuera a los Grammy con mi madre. Si podía, usaría al bebé como excusa
para escabullirse pronto. Si los dos hubiéramos ido, hubiera sido más
difícil, ya que yo tenía obligaciones con otros artistas, así que envié a Kevin
en mi lugar y me mantuve fuera del ojo público tal y como había estado
haciendo durante todo el año. Le dije a mi empresa que me estaba tomando
un tiempo libre más que merecido para estar con mi familia, y estaba
disfrutando de cada momento. Había invitado a Sarah, Aiden, John, Alex y
mi padre para que vinieran a ver los Grammy desde casa.
Ese año los Grammy estaban siendo celebrados en el Madison Square
Garden, bastante cerca de casa. Todos gritamos como locos cuando
Genevieve ganó el premio a mejor actuación femenina, y optaba al de mejor
canción, pero nos desanimamos al ver que lo perdía por otra de las artistas a
las que representaba. Solo quedaba un premio por ser anunciado y era el de
álbum del año. Tras ganar uno y perder otro, podía sentir el estrés de Genni
aunque no estuviera allí con ella. Cuando el presentador dijo su nombre y el
del resto, vi como la cámara enfocaba su preciosa cara.
“¡Oh, sin duda va a ganar este!” Dijo mi padre mientras aguantaba a una
Ava durmiente en sus brazos.
“Eso espero,” añadió Alex cruzando los dedos, sentado junto a su
abuelo.
Sarah me mandó una mirada de ánimo. “Está preciosa, y su
interpretación de Padre en directo ha sido muy buena. Es increíble, Cash.
Va a ganarlo, puedo sentirlo.”
Tomé una respiración profunda y dije, “lo hará.”
¡Y lo hizo! Nos volvimos locos; había ganado el Grammy a mejor
álbum del año. Fue un momento increíble en nuestra casa. Iban a hacer una
entrevista en directo y un resumen del show al final, pero, extrañamente,
Genni no estaba ahí. En vez de eso, la puerta principal se abrió, y ahí estaba
ella con su deslumbrante vestido de diamantes.
“¿Me he perdido la fiesta?” Preguntó, parecía la reina del mundo.
“Has llegado justo a tiempo.” La besé y sonreí con orgullo.
Suavemente, cogió el bebé de los brazos de mi padre y entró a casa con
mi madre a su lado. “¿Puedo traer a una invitada extra?” Preguntó, riéndose
mientras mi madre entraba detrás de ella.
“El show ha sido increíble,” dijo mi madre. “Creo que la gente que
estaba sentada a mi lado se ha cansado un poco de que les dijera que
Genevieve era mi nuera, pero, ¿qué más da? Es mi nuera,” dijo mientras
abrazaba a Genni.
Genni le sonrió a mi madre mientras se acurrucaba a mi lado. “Te
quiero,” dijo, y apoyó su cabeza en mi hombro. “Nunca hubiéramos llegado
hasta aquí sin ti.” Miró alrededor de la sala, hacia todas las caras felices.
No quería contradecirla, pero no hubiéramos estado en esa habitación,
sentados juntos como familia, de no ser por ella. No obstante, eso ella lo
sabía, así que todo lo que dije fue, “te quiero y siempre te querré…”
Y así fue…
EL FIN
Querido lector,
Realmente espero que hayas disfrutado mi libro—significa muchísimo
que lo haya leído. Te quiero pedir un pequeño favor, podrías hacer un lindo
comentario en Amazon. No tengo los fondos para una gran casa editorial y
los comentarios son la mejor publicidad que puedo tener.
Y como una pequeña sorpresa para ti, en las siguientes páginas
encontrarás una muestra de mi novela “En Su Oficina”. ¡Espero que la
disfrutes!
Muestra: “En Su Oficina”
Capítulo 1
Robert
“¿Dónde está ella?”
Me paro frente a la recepcionista de la oficina, y soy consciente de que
parezco una torre a su lado. Ella es baja, y sentada es una pequeña bola de
energía nerviosa. Ella me mira hacia arriba como lo haría con un
rascacielos. Yo sonrío internamente, una temible reputación es construida
en tales momentos. El tipo de reputación de la que estoy muy orgulloso de
tener.
“¿Señor?”
La recepcionista murmura, casi inaudiblemente.
“Mi asistente, ¿Dónde está?”
Saludo en dirección a su escritorio, pero no aparto la mirada de la
recepcionista. El color se realza paulatinamente en sus mejillas. Ella
también se va hundiendo lentamente en su silla, cada vez más bajo, y parte
de mí es tentado a quedarse ahí parado el tiempo suficiente para ver si
eventualmente se desliza completamente fuera de ella.
“No lo sé, señor”
Dice.
“Creo que la vi salir hace unos cuantos minutos, pero no sé a dónde”.
Continúo mirándola fijamente. Mis cejas fruncidas, dejando que mi
disgusto la empapara. No era realmente su trabajo mantener un ojo en mi
asistente, me recuerdo a mí mismo después de algún tiempo. Deja en paz a
la pobre mujer.
“Muy bien”
Le digo.
“Cuando si aparezca, por favor dile que venga a mi oficina de
inmediato”.
La recepcionista asiente con la cabeza, el alivio en su cara es evidente.
Creo que La oigo suspirar mientras me doy la vuelta y me alejo de su
escritorio. Ojos me siguen mientras vuelvo a mi oficina, como siempre lo
hacen. Conversaciones desaparecen, las sonrisas se borran de las caras y
hay un falso y antinatural silencio en cada estación por la que paso. Bien,
Todavía siguen aterrados de mí.
De vuelta en mi escritorio, saco los archivos de Mendel y comienzo a
buscar entre ellos. Esto va a ser un caso difícil, posiblemente el más difícil
con el que he tenido que tratar. Pero de nuevo, todos mis casos han sido
difíciles. En aquellos días, cuando apenas estaba empezando antes de que
tuviera un récord imbatible por el que preocuparme, todo lo que quería era
ganar cada caso, dominar todas las batallas en el tribunal. Y como las
victorias comenzaron a acumularse, la presión creció exponencialmente.
Ahora, cada vez que recibo un nuevo caso, la preocupación está ahí, en el
fondo de mi mente. ¿y si este es aquel que no puedo descifrar? Usualmente,
me encojo de hombros con bastante facilidad. Ningún caso es imposible de
ganar, me gusta decirme a mí mismo. Pero este no es como los otros casos.
Esta vez, estoy enfrentándome al poder de la más grande empresa de
fabricación en el país.
La presión es la más alta que ha habido. No puedo permitirme caer en
este caso, por lo cual no entiendo por qué esa maldita asistente eligió hoy,
de todos los días, para desaparecerse de la oficina. Ella debería estar aquí.
Deberíamos estar discutiendo la estrategia que le pedí que elaborara,
hablando de los detalles del caso. En lugar de eso, estoy moviendo mis
pulgares mientras la espero. No, no lo permitiré. Cuanto más espero, más
agitado me pongo.
Después de revisar el reloj por centésima vez, me harto y cierro la
carpeta. empujo mi silla hacia atrás y me pongo de pie. Recorro la longitud
de mi oficina por un minuto, luego giro hacia la puerta, con la intención de
volver hacia la recepcionista y hacerla trizas un poco más, Pero no tengo
que hacerlo. Miro hacia arriba para ver a mi asistente medio caminando,
medio corriendo hacia la oficina. Sus zapatos hacen pequeños sonidos
galopantes que resuenan en el pasillo mientras ella se acerca.
Sus brazos están cargados con varias bolsas, las cuales ella deposita en
su escritorio afuera antes de apresurarse a mi oficina. Su expresión es varias
variaciones de aterrorizada. Sin duda ha oído que la estaba buscando, y sabe
que tan malo es que ella no estuviese allí. Es literalmente su trabajo, y una
de una larga lista de reglas absolutamente inflexibles que le metí en la
cabeza cuando la contraté. No importa qué, debes estar ahí cuando te
necesito.
“Lo siento mucho, Sr. Hardy”
Dice ella, retorciendo sus manos con ansiedad. Me mira con ojos
suplicantes, implorando, deseando que lo deje pasar, sólo esta vez. Como si
eso fuera posible.
“¿Recuerdas lo que te dije durante tu entrevista?”
Le pregunto, mi voz mucho más tranquila de lo que yo me siento
realmente.
“eh, sí, señor”
Ella suena insegura.
“¿Qué dije sobre tu trasero?”
“Que le pertenece, señor”
“¿Y?”
“Que debería estar aquí si me necesita y cuando me necesite. Antes de
que piense que lo hará”.
Ah, bien. Ella recordó las palabras exactas.
“Entonces, ¿Dónde estabas?”
Le pregunto.
“Yo… eh… yo… tuve unos cuantos asuntos personales…”
“¿Durante las horas de trabajo?”
“Lo siento mucho, señor…”
“Ya dijiste eso”
Ella parece estar a punto de llorar. Sus ojos están muy abiertos, y está
parpadeando un tanto demasiado rápido. Sus labios están temblando
también. Ella mueve la boca sin palabras, claramente sin saber qué decir.
“Claramente, tienes cosas más importantes que atender”
Digo.
“Odiaría interponerme entre tú y lo que sea que haya sido tan urgente
que necesitaste dejar la oficina en mitad del día sin decírmelo. Tal vez
debería liberar tu agenda, para que no tengas que correr de un lado a otro de
esta manera”
“¡No! Por favor, Sr. Hardy… estoy muy…eh, me disculpo. fue un error;
no volverá a suceder…”
“¿Cuánto tiempo has estado aquí, señorita Woods?”
“Dos semanas, señor”
“Qué vergüenza, Duraste más tiempo que la mayoría”
El record actual es de cuatro semanas y cinco días. Ella registra el uso
del tiempo pasado, y puedo ver el dilema en su rostro, preguntándose si
todavía hay algo que ella puede decir para salvar la situación o si es una
causa perdida.
“¿tu escribiste esto?”
Alcanzo el escritorio y recojo un delgado montón de documentos, y
luego los muevo frente a ella.
“¿Qué es eso?”
Ella pregunta, olvidándose por un minuto de lucir asustada y optando
por la confusión en su lugar.
“No tengo ni idea de lo que es”
Yo digo.
“Al principio, pensé que era el informe te pedí que escribieras esta
mañana, el resumen de todos los casos que hemos manejado que involucran
malversación. Pero cuando lo revisé, me di cuenta de que no es posible que
sea eso. No, esto, si es que es cualquier otra cosa que no sea una plagiada,
gramaticalmente aborrecible mezcla de palabras. Debe ser tu última súplica
para que te saque de tu miseria. Y por desgracia, Creo que debo hacerlo”
“Yo no… yo no…”
“Estás despedida, Srta. Woods”.
Aquí es normalmente cuando empiezan a llorar, rogar, o enfadarse y se
lanzan a los insultos. Si tengo suerte, hubiesen estado trabajando en un
discurso de “vete a la mierda”, y este es más o menos el momento donde
normalmente deciden soltarse con los improperios. ¿Qué más hay que
perder?
A su favor, la señorita Woods… y parece que no puedo recordar su
primer nombre… no hace nada de eso. Ella frunce los labios y me mira
fijamente durante varios minutos. Luego todo su cuerpo se desinfla, y se
encoge en la resignación. No hay pelea de su parte. Ningún intento de
negociar o amenazar. Y así es como sé que tome la decisión correcta.
Necesito a alguien con un exterior más duro y la capacidad de luchar por lo
que quiere. La señorita Woods tiene sus buenas cualidades; es muy buena
con los clientes, y ha dominado mi horario casi a punto. Pero ella nunca me
confrontaría a mí o a cualquiera. Ella nunca ha ido más allá de lo necesario
por el trabajo, prefiriendo mantenerse a los márgenes más estrictos de la
descripción de su trabajo. No es una luchadora. Francamente, me sorprende
que haya trabajado para mí todo este tiempo.
“Yo, eh … gracias por la oportunidad, señor Hardy”,
Ella se las arregla para decir. Su voz es temblorosa y baja. Puedo
apostar a que está poniendo cara de valiente, tratando de aferrarse a su
dignidad, pero va a romperse tan pronto como salga de mi vista. Siento una
breve necesidad de decirle algo amable, para tratar de suavizar el golpe de
cualquier manera que pueda. Pero el impulso se va en un segundo, sería
poco profesional. Robert Hardy no tiene tiempo para agarrarse de las
manos.
“Por favor, limpia tu escritorio mañana por la mañana”, le digo.
“Susan de recursos humanos se encargará de tu último cheque. Oh, y
voy a necesitar mis llaves, por favor”.
Una vez, olvidé tomar mis llaves de vuelta y un antiguo asistente
personal se escabulló en mi oficina y destruyó todos mis documentos, luego
me dejó una gran pila de mierda real en la alfombra. No voy a cometer ese
error de nuevo. La señorita Woods se ve absolutamente malhumorada
mientras deja caer las llaves en mi escritorio. La observo silenciosamente
mientras vuelve a su escritorio. Escucho los aburridos sonidos de ella
dejando caer cosas en una caja, empacando sus pertenencias. Su proceso es
lento, metódico, casi como si esperara que yo cambie de opinión en el
proceso. Como si al verla empacando su engrapadora, me vea vencido por
la culpa y nostalgia por todos los documentos que ella grapo para mí, y
luego la llamaré de vuelta y la dejare ir con una advertencia. Bueno, ella
está tristemente equivocada. Yo soy muchas cosas, pero no soy nostálgico.
Y ahora necesito encontrar otra Asistente Personal. Otra vez. estoy
empezando a perder la cuenta.
El teléfono suena, repentino y estridente, y lo alcanzo disimuladamente.
“¡Bobby maldito Hardy!”
Conozco esa voz. la reconocería en cualquier lugar, y me pone la piel de
gallina. Incluso por teléfono, Daniel Goldman suena como un completo
imbécil. Es presumido y seguro, y habla con un lento, casi sureño arrastre
de palabras que chorrea una confianza no ganada. En todos los años que lo
he conocido, él nunca ha estado en el Sur. Sólo es algo que decidió que
empezaría a hacer, probablemente porque él pensó que le daría carácter. No
lo hizo.
“¿Qué quieres, Goldman?”
Pregunto, tratando de no mostrar la irritación en mi voz. Puedo oír la
sonrisa en su voz, y no me gusta. Nunca son buenas noticias cuando Daniel
Goldman está feliz por algo, y son especialmente malas noticias si me llama
por eso.
“Oh, ¿todavía no lo sabes?”
Dice, todavía riéndose, Regodeándose, Colgando el cebo delante de mí.
“No tengo tiempo para esto, ¿No sé qué?”
“Hmm. Ahora casi deseo no haber llamado, sólo para poder ver la
mirada en tu cara cuando te presentes para la declaración y me veas sentado
frente a tu cliente. Pero entonces no podría vivir conmigo mismo si te
enteraras de alguna otra forma”
“¿Por qué…?”
Entonces viene a mí, el pensamiento repentino y no deseado. Y el
darme cuenta es como tener un cubo de agua helada volcado sobre mi
cabeza.
“¿Mendel te contrató?, ¿estás persiguiendo el caso?”
“Ding ding ding! Quieren ganar, así que sí. Les aconsejé que fueran con
alguien que les garantice una victoria, y eso es justo lo que hicieron”
“Y desde cuándo esa persona eres tú?” Digo, mi labio rizándose.
“Qué gracioso, me preguntaron exactamente lo mismo, ¿Y sabes lo que
les dije? Simple. Sólo hay un hombre que se ha enfrentado a ti y ganó”
“No ganaste, Goldman. El cliente llego a un acuerdo extrajudicial”
“Te destrocé, y lo sabes”
“Sigue diciéndote eso a ti mismo si es que te ayuda a dormir por las
noches”
“Está bien, Bob. No necesito esa pequeña victoria por tecnicismo. Te
dejaré tenerla porque sé cuánto significa tu tonto récord imbatible para ti.
Pero voy a por ti esta vez, amigo. Y te lo puedo decir gratis incluso antes de
que vayamos a tribunal; no ofreceremos o aceptaremos un acuerdo en
ningún momento del caso”
“Bueno, es bueno saber que todavía te engañas, Goldman. Ahora si me
disculpas, tengo trabajo real por hacer”
Cerré el teléfono un poco más fuerte de lo que pretendía, las cosas se
han vuelto más difíciles de lo que nunca fueron. Daniel Goldman. Mierda.
El hombre que identifiqué en días buenos como mi archienemigo, y en días
peores como mi enemigo mortal. El mayor imbécil que conocí y por más
que odie admitirlo, uno de los mejores abogados litigantes del país.
No he estado preparándome para enfrentarme a él, cualquier estrategia
que estuviese considerando se iría automáticamente por el caño. Luchar
contra Daniel requiere un enfoque diferente. El lado legal de las cosas es
importante, y el hombre es un abogado brillante. Pero ahí no es donde se va
a ganar la batalla. Con Daniel, la clave es mantener su atención fuera del
caso real, de cualquier manera posible.
Al pasar de los años, nos hemos enfrentado unas cuantas veces. Y esa
simple estrategia funcionó casi siempre. Tengo que distraerlo. ¿Pero cómo?
Este es exactamente el tipo de cosas para las que uno necesita una asistente.
Si tan sólo el bastardo hubiese llamado antes de que yo despidiese a mi
última asistente. Pero no, este es el caso equivocado para la señorita Woods.
No sobreviviría ni un segundo contra la presión que Daniel es capaz de
ejercer. Necesito una nueva cara, alguien lo suficientemente nueva que
Daniel no vea venir, pero a la vez lo suficientemente competente para
manejar el rigor de trabajar en un caso.
Usualmente confío en las agencias de empleo para enviarme solicitantes
para la posición de mi asistente personal. Me he convertido como en una
leyenda allí, gracias al hecho de que sigo enviando a sus solicitantes a casa.
La señora que se ocupa de mis solicitudes una vez bromeó que el día me
proporcionara alguien que dura todo el mes, ella se retiraría porque ningún
logro profesional superaría eso. Hoy, sin embargo, no estaré usando la
agencia.
No estoy preparado para el escrutinio y tener que explicarle a una
mocosa por teléfono, ¿Qué pasó con el último? Sabiendo que está torciendo
los ojos y marcando otra x en mi página. Además, me he cansado de las
mismas jóvenes que me envían, es casi como si pensaran que tengo una
preferencia. Necesito algo diferente; Alguien que no sólo haga el trabajo
por la paga, alguien que realmente se preocupe por representar al cliente y
hacer lo que sea necesario para ayudarlos. Necesito a alguien que pueda
seguir mi ritmo; alguien que puede hacer doble, como asistente y segunda
silla. Y necesito a alguien que pueda sumergirse en las trincheras y ensuciar
sus manos porque este caso va a exigirlo. Si resultan ser guapas y jóvenes,
entonces eso será un delicioso bono, Uno necesario considerando que La
gente nunca cambia, y Daniel Goldman enloquece por una joven y bonita
cara si alguna vez he visto una.
Capítulo 2
Amelia
Miro la página sin verla en realidad. Palabras saltan hacia mí, algunas
teniendo sentido, otras como sólo una colección de letras sin significado.
Incluso Leo y releo la misma oración una y otra vez, entendiéndola cada
vez menos. Eventualmente, me rindo. Cierro el libro de golpe y miro hacia
la pared frente a mí. Examen en 2 semanas, incluso ese desafortunado
recordatorio no es suficiente para que encuentre ganas de estudiar. Ahora
tengo un nudo permanente en la garganta, cada vez que pienso en el
examen. Pero en vez de que ese miedo y pánico me conduzca a mis libros,
hace exactamente lo opuesto.
Parece que no pudiese concentrarme, No tengo idea de porqué, es un
ciclo vicioso; estoy demasiado estresada para estudiar, y el no estudiar me
estresa. Ness no parece tener el mismo problema, ella está echada sobre su
estómago en la cama, sus piernas bailando en el aire mientras usa su
teléfono, envidio su libertad, su actitud despreocupada. Cada segundo que
no estoy estudiando, estoy entrando en pánico o enloqueciendo, pero Ness
no, no te hubieses enterado que las dos tenemos que sentarnos para el
mismo examen.
Ness y yo hemos sido compañeras de cuarto desde el primer día de
universidad, nos conocimos en el cuadrilátero. Cliché, pero nos tropezamos
la una con la otra e hicimos clic enseguida, y estábamos demasiado
asustadas de arriesgarnos a vivir con alguien más. Ella es también mi mejor
amiga, a pesar de que no pudiésemos ser más diferentes. Mientras yo soy
ansiosa y obsesiva, Ness es animada y extrovertida, una interminable fuente
de energía. Ella lo quiere hacer todo; ir a cada fiesta, besar a cada chico,
bailar cada canción. La mayor parte de tiempo, este contraste es drástico,
cómo lo es con nuestros enfoques en el estudio.
Hay más en la vida que sólo la escuela, le gusta decir a ella. Ness no
cree en matarse en nombre de las calificaciones, lo cual es el polo opuesto
de mi propia filosofía de entrar en pánico constantemente por obtener
calificaciones lo suficientemente buenas y pasar el examen de barra para así
poder lograr mis metas. No es que ella no lo intente; Ness es una de las
personas más naturalmente brillantes que conozco. Ella puede ver o
escuchar algo sólo una vez y se le queda grabado en la cabeza, eso es otra
cosa sobre ella de la que estoy locamente celosa. Así que, naturalmente, ella
parece haber olvidado qué tenemos un examen dentro de pocas semanas, un
examen muy esencial. No pienso haberla visto abrir un libro alguna vez.
“hey, conoces a los gemelos Smith?”
Pregunta repentinamente, quitando la vista del teléfono y mirando hacia
arriba por primera vez en un largo rato, la implicación no me es extraña.
Todos conocen a Los Smith, sí, pero ¿tú los conoces?
“Si, todos conocen a los gemelos Smith en el campus”
Digo.
“Ellos harán esta fiesta de fin de año en el salón Delta, y por lo que las
personas están diciendo por internet, va a ser épico”.
Me encojo de hombros.
“cuál es tu punto, Ness?”
“¿Mi punto?, Jesús, Amy. ¿Por qué eres así? ¡Mí punto es que
deberíamos ir!”
“Oh. No, gracias tengo que estudiar…”
“Has estado estudiando todo el día! ¡Y toda la semana! Por lo menos
necesitas un descanso, vamos. No puedes encorvarte en esa silla cada hora
de tu vida”
“sabes que odio las fiestas, Ness”
Estoy intentando cambiar el tema. La única manera de exitosamente
decirle no a Ness es lanzar tantas excusas hacia ella que no pueda
esquivarlas todas.
“Esto no es sólo una fiesta, es probablemente la última antes de que nos
graduemos”
“Celebraré graduarme cuando pase estos putos exámenes”
“Oh dios mío, mujer, detente. Eso es exactamente por qué tú deberías
venir a esta fiesta. Has estado tan preocupada por el examen que ni siquiera
eres tú misma, mira lo que te está haciendo, apuesto que ni siquiera notaste
qué tienes papitas en tu cabello”
Alcanzo el desastre que es mi cabello, y efectivamente, mi mano regresa
con polvo de papitas.
“No voy a escuchar tus tonterías el día de hoy”
Ness continúa.
“Vas a venir conmigo a la fiesta”
“probablemente no conoceré a nadie ahí”
Digo, con mí voz pequeña.
“Eso sólo puede ser algo bueno, significa qué puedes cometer algunos
errores y nadie lo recordará, además, estaré contigo toda la noche, así que
no debes preocuparte por ello”
“¿te refieres hasta que termines arrastrada por algún tipo y desaparecer
por el resto de la noche?”
“No haré eso, lo prometo. aunque no mentiré, he estado queriendo
meterme entre ese sándwich Smith…”
“Ew, Ness! Eso es asqueroso!”
“Que mojigata, vamos entonces. Vistámoste, no quiero ni pensar que
monstruosidades hay en tu clóset”
La fiesta es exactamente tan ruidosa como lo esperaba, el estruendo de
la música nos golpea incluso antes de llegar al salón y está amplificado al
grado enésimo cuando entramos. Hay más personas aquí de lo que he visto
en un solo lugar en el campus, y eso incluye los teatros de conferencias.
Parece que todos han venido, la presión de los cuerpos es como una pared
empujando por todos lados, me arrepiento de haber venido. Ness coge mí
mano, como si sintiese mí titubeo y me guía hacía el corazón de la fiesta.
Ella se detiene cada pocos metros, saludando a extraños aleatorios,
deteniéndose a conversar brevemente con otros. Claramente ella es
extremadamente popular, pero esas no son noticias.
Estoy una penosa falda corta y una camisa floral que está escondida
detrás un cálido suéter. Ness había luchado valientemente contra el suéter
insistiendo en que cubría mi mejor atributo, el cual para ella era mi pecho.
Pero ya había comprometido el largo de la falda, así que ella no iba a ganar
esta. Mi cabello está amarrado con un moño suelto en mí cabeza, de dónde
algunos cabellos seguían escabulléndose y cayendo alrededor de mi rostro,
A pesar de todo, pienso que me veo bastante bien para alguien que no
quería estar ahí en primer lugar.
Ness conduce el camino al alcohol casi en piloto automático, ella nos
sirve a ambas un trago y me pasa un vaso, levantando el suyo en el aire para
un brindis.
“Esta va por cometer algunos errores y ojalá hacer muchas memorias”
Chocamos vasos y tomo un tentativo sorbo de mi bebida. El whiskey
dispara directo a mi cerebro. Cierro mis ojos y toso violentamente por unos
cuantos segundos. Ness se ríe y me da palmadas en la espalda, pienso
escucharla murmurar ‘virgen’.
Una vez que mis ojos paran de transmitir, ella empuja el vaso de vuelta
a mis labios, me las arreglo para tragar esta vez; el sabor me tomó por
sorpresa la primera vez.
“Estás intentando emborracharme?”
Le pregunto a Ness. No puedo evitar notar cuán ansiosa está por
ayudarme a vaciar mi vaso.
“Sólo lo suficiente para que dejes de preocuparte y te diviertas un poco”
Dice ella.
Yo no lo digo, pero dudo que eso vaya a pasar. Las pocas veces que
Ness se las ha arreglado para alcoholizarme en el pasado, me llevaron a
perder la conciencia y despertarme al día siguiente sin ninguna recopilación
de lo que había pasado. No soy buena con el alcohol, nunca lo he sido.
Veo dos tipos acercándose, y enseguida sé que ellos son los Smith. Ellos
están inmaculadamente vestidos y se veían muy cool con sus trajes de
terciopelo idénticos y sus botas de punta de acero pulidas a un alto brillo.
Los Smith son algo legendarios alrededor del campus. Su padre no es nadie
más qué el decano de estudiantes, y su nombre los precede. Son salvajes,
trastornados y ostentosos, creo que la primera vez que los conocí fue en otra
de sus fiestas.
Los chicos ya por si solos son bien parecidos, al estilo clásico de las
estrellas de las películas de los 90. Son gemelos idénticos, pero a lo largo
del tiempo se han distinguido entre ellos por su ropa y personalidad. A
Frank le gustan sus corbatas de lazo, y él es por lejos el más atrevido de los
dos. Su hermano Miles era más callado, más reservado, pero puedes ver en
sus ojos que tenía un aire algo malo.
Ellos saludan a Ness con unos exagerados besos en ambas mejillas. Yo
doy un paso atrás, no queriendo ser arrastrada hacia la conversación,
deseando poder combinarme con la pared más cercana y quedarme ahí hasta
que sea hora de irse. Los escucho hablar de la fiesta y de cómo fue la
oportunidad perfecta para que las personas se introdujeran en las cosas que
nunca tuvieron oportunidad de hacer todo el año. Y hay algo un tanto pícaro
en la forma que Ness sonríe ante ese comentario, mierda, ella iba muy
enserio con lo del sándwich. La conversación no parece que vaya a morir en
algún momento, así que doy varios pasos más atrás, doy la vuelta y me voy
en busca de un baño.
El público parece haberse vuelto más grande, si es que eso es siquiera
posible. Me choco con incontables hombros, me paro en lo que parecen ser
cientos de dedos de los pies, balbuceo mis disculpas, pero ellos se arrebatan
por la música y el zumbido colectivo de las conversaciones en voz alta.
Eventualmente, localizo un baño en el piso en el que estoy, y me agacho
con Alivio. Me quedo ahí adentro el mayor tiempo que puedo. Sólo cuando
empiezo a temer qué Ness me esté buscando, salgo de donde estaba
sentada, lavó mis manos, y de mala gana me reintegro a la fiesta.
En ese corto tiempo, el ambiente parece haber cambiado. La música era
más lenta, más conmovedora, no tan ruidosa cómo antes. La gente que me
cruzaba estaban todos muy o levemente ebrios. Me doy cuenta qué es el
punto en cualquier fiesta cuando las drogas finalmente les han hecho efecto
a todos. Ness no estaba dónde yo la dejé, miro alrededor para confirmar que
yo estaba en el lugar correcto.
A medida que estaba a punto de irme a buscarla, noto el cabello peinado
hacia atrás de Miles Smith. Su hermano no se podía ver por ningún lado, ni
tampoco Ness, me le acerco y toco gentilmente su hombro. El voltea y deja
que su mirada viaje sobre mí, su expresión era extraña; siento que me está
desvistiendo y juzgando, todo al mismo tiempo.
“¿A dónde se fue Ness?”
Le pregunto.
Tengo que gritar para que pueda escucharme. Y pararme sobre los dedos
de los pies para así poder hablarle directo al oído. Él sacude su cabeza,
luego me pasa un vaso que yo reconozco como mío.
“Ella se fue con Frankie” dice él. “sí sabes a lo que me refiero”.
“¿Pensé que ella los quería a los dos?”
Le pregunto, las palabras soltándose de mi boca antes de que pueda
detenerme, filtro, Amelia filtro. Pero Miles solo sonríe.
“lo quiso, pero no me atraía”. Me gustan mis mujeres más…”
Sus ojos viajan sobre mi cuerpo una vez más. Siento los rayos x de su
mirada completamente a través de mí suéter y top, me sentía casi tentada
por tocar su barbilla y decir “mis ojos están aquí arriba campeón”.
“… poco convencional”
Él concluye y sonríe de nuevo como si hubiese dicho la cosa más
graciosa.
Mi corazón a empezado a tamborilear, tomo un inconsciente trago del
alcohol para calmar mis nervios, y luego otro. Es tan típico de Ness
prometer no dejarme sola y después hacerlo a la primera oportunidad,
sabiendo que tan incómoda me pongo alrededor de personas que no
conozco, y lo mucho que odio las fiestas. Hago una nota mental para
expresarle lo que pienso mañana, en verdad debería estar estudiando ahora,
quizá todavía puedo.
Saco mi teléfono para mirar la hora, los dígitos nadan exasperadamente
frente a mí, y por un segundo estoy convencida de que el piso está girando.
Miro arriba y alrededor preguntándome que acaba de pasar, ¿qué tan fuerte
era esa bebida? Intentó dar un paso atrás hacia algo sólido en lo que
sostenerme como una pared. Mi pie se levanta, pero parece no haber algún
lugar para bajarlo nuevamente, cuelga, por una eternidad, en el aire y luego
estoy cayendo. No sé cómo o porqué, pero la siguiente cosa que se es que
mi balance está completamente arruinado; no puedo recordar qué lado es
arriba, abajo, izquierda o derecha.
El cuarto completo da una poderosa sacudida y el piso se apresura a
encontrarme, unas manos fuertes me agarran antes de que llegue al piso,
pienso que puedo sentir dedos quemando la piel expuesta en mi brazo,
mientras el extraño me estabiliza y me sostiene. Todavía no puedo estar tan
borracha, pasó demasiado rápido. Sé que soy de peso ligero, pero todavía se
siente extraño cuán rápido llegué aquí. A menos que… Pero mi mente era
un charco de pensamientos formados a medias, apenas podía entrelazar
alguna idea, me siento repentinamente débil y descoordinada.
“Quieta”
Dice una voz desde algún lugar arriba de mí, trato de concentrarme en
mi salvador, pero mi visión es borrosa.
“Deberías recostarte, déjame ayudarte…”.
Y entonces estaba siendo cargada, creo sentir mis pies pateando el duro
torso de alguien, levanto mí brazo para tocar su rostro, a centímetros de mí
alcance, siento un leve cepillar de una barba, más abajo, mis dedos se
deslizan contra algo suave y rico, terciopelo. Miles es aquel que está
cargándome, recuerdo sus ojos, como penetraban en mí. Recuerdo la
apreciación, la observación, la manera en que permanecían tan ligeramente
sobre lo hinchado de mí pecho. Y recuerdo cuán incomoda me hizo sentir.
Algo anda mal, algo malo está pasando, puedo sentirlo.
Intento hablar, pero las palabras salen en un hilo de ruidos
incomprensibles, intento levantar mis manos de nuevo, para golpearlo,
quizá, o apartarlo, pero cada uno de mis dedos repentinamente pesaban una
tonelada. Grita, Amelia, trata y grita. Él no te puede lastimar, Esta en medio
de una multitud, todos lo pueden ver cargándote. Pero él es Miles Smith,
nadie va a pestañear, para ellos, esto podría verse solo como si él estuviera
llevando a una chica ebria a que tome un poco de aire.
Yo estoy por mí cuenta, la desesperación inunda mi cuerpo, cierro mis
ojos y me concentro en el único esfuerzo que requeriré para gritar, mi
cerebro parece letárgico, mi boca aún más.
Cuando finalmente abro mi boca todo lo que sale de ella es un pequeño
gemido manso.
“Ayuda”.
Dudo que alguien lo escuche, apenas puedo escucharlo yo misma.
Escucho a Miles abrir una puerta y luego entra en una habitación grande,
todavía cargándome. Mi mundo está todavía nadando, estoy flotando,
suspendida en el aire, entonces un colchón de felpa golpea mí espalda y me
recuesto quieta.
Capítulo 3
Robert
Esto fue una idea terrible. Estoy horriblemente, risiblemente fuera de
lugar; soy por lo menos 2 veces más viejo que la persona más joven aquí, y
se nota. La música es demasiado alta, Hay demasiadas personas, es
demasiado caluroso. Ninguna de las cuales son buenas señales para mí,
Pero puede que sean prometedoras para que yo esté aquí. Ojos
entrecerrados me siguen mientras camina por la casa. Sospechosos,
confundidos, asombrados, rara vez levemente hostiles, me siento viejo y no
bienvenido, pero no estoy a punto de retroceder a esto sólo porque esté un
poco incómodo. Todavía, no es la mejor idea, O quizá la ejecución es el
problema. Quizá debería haberle dado a esto más tiempo, dejar que la idea
se asiente antes de lanzarme. Sólo pareció como si la oportunidad perfecta
surgió inesperadamente.
¿Qué tanto tiempo ha pasado desde que alguien me llamó para contarme
acerca de una fiesta de la universidad? Demasiado tiempo, hace una vida,
pero eso es exactamente lo que pasó. Contacto a un viejo colega mío de la
universidad que todavía trabajaba ahí y mencione mi situación sin entrar en
demasiados detalles. Fue una petición extraña de hacer, me di cuenta
mientras buscaba palabras hablando por teléfono, era bueno que me
conociera personalmente.
¿El mejor lugar para encontrar algunas jóvenes mentes brillantes?,
probablemente algún tipo de ambiente educacional, una conferencia,
coloquio o charla. Pero no estaba buscando solo alguna mente estudiosa.
Pista fueron dadas, gargantas fueron aclaradas. Mi amigo comprendió y
finalmente me informó de la fiesta. La última ahí iba a ser para muchos de
los estudiantes, muchos de los cuales se graduaban en pocas semanas, era el
escenario perfecto. Su practicidad era enteramente otra cosa.
Me paseo por la casa, mis ojos escaneando las caras a mi alrededor. Es
la típica fiesta universitaria; fumones altos y flacos vagando por la casa,
jóvenes chicas solteras claramente en busca de un buen rato. Observé
detenidamente a depredadores examinando la escena. Nada resaltaba, nadie
capta mis ojos lo suficiente como para garantizar una segunda mirada.
Necesito una bebida, una firme. Pero nunca es una buena idea arriesgar las
bebidas en una fiesta, una universitaria.
Dejo que mis ojos se dirijan a la mesa de bebidas. ¿Quizá pueda con una
cerveza? Y es entonces cuando la veo. Ella estaba parada cerca la mesa,
pero inclinándose lejos de ella como si estuviese tratando de escabullirse sin
ser notada, ella está claramente incómoda; su lenguaje corporal está
gritando que no quiere estar ahí. Ella continúa lanzando miradas furtivas a
una baja, elegante Morena que estaba flanqueada por dos hombres y
claramente despreocupada por la incomodidad de su amiga. Pero todas estas
observaciones vienen segundas a la más destacada, la que me pega como
una tonelada de ladrillos: ella es absolutamente impresionante. Ya sea
deliberadamente o no, ella se las arregló para armarse un atuendo qué diga
que no se pudo tomar la molestia, pero si lo hubiese hecho, se hubiese visto
increíble.
Creo que ella se ve increíble de todas formas, su cabello es justo la
cantidad perfecta de suelto/arreglado. Estaba amarrado detrás en un moño,
dejando su cara en forma de corazón expuesta. Cabello qué es un rojo
oscuro impactante, enmarcando una cara pálida, casi privada del sol. Sus
ojos son grandes y rápidos, su nariz es larga y angosta, sus labios son
rellenos y provocadores, pintados con una exuberante sombra de rojo
ciruela que casi combinaba con su cabello. Su cuerpo está medio escondido
detrás de la mesa de bebidas, pero por lo que puedo ver, ella es alta y de
piernas largas; su postura es rígida, reservada, y casi demasiado cautelosa.
Es como si ella tuviera miedo de abrirse, como si quisiera permanecer en su
cascarón y no ser molestada por nadie. La entiendo, claramente, ella no
quiere estar aquí.
“¡Hola!”
Alguien se desliza dentro de mí campo de visión, completamente de
manera inesperada. Rubia, ojos azules, y una amplia y e invitante sonrisa.
Tengo un segundo para registrarla, y entonces ella se ha lanzado hacia mí,
envolviéndome en un audaz abrazo. Yo estoy demasiado impactado Como
para reaccionar, así que me quedo ahí parado rígidamente mientras ella me
da palmadas en la espalda. Es un abrazo familiar, uno que dice que me
conoce, aunque un tanto inmediato. Aún estoy seguro de que nunca he visto
a esta chica en mi vida. Lo recordaría, nunca olvido un rostro, ella sonríe
mientras se aparta.
“lo siento, ¿quién eres?”
Le pregunto, sacando su mano de mi hombro dónde estaba reposando.
Ella se ve desconcertada, casi ofendida. Trato de pensar en donde pudiese
haberla visto, pero nada me venía a la mente.
“¿Tú eres Robert Hardy, cierto?” ella pregunta. “El Robert Hardy”
“Sí… pero como es que tu…?”
“Lo siento, fue presuntuoso de mi parte acercarme a ti esa manera.
Supuse que me recordarías, lo siento mucho”
Abro mi boca y la cierro, todavía confundido.
“Mi nombre es Verónica Sharpe. Mi clase trabajó con usted en un
programa de tutorías para estudiantes de leyes jóvenes el año pasado, soy
una estudiante aquí”
La memoria finalmente encaja. Sí, hice una iniciativa de tutorías para la
escuela hace un tiempo en colaboración con la universidad, trabajando con
el presidente del cuerpo de estudiantes de la universidad. Pero ese había
sido un joven, ¿no?
“pienso saber porque no me recuerda. Yo no estaba exactamente al
frente, pero era una asistente del presidente del cuerpo estudiantil, y
nosotros interactuamos a diario por varias semanas”
“lo lamento mucho”
Le digo, y lo digo enserio. No tengo ningún recuerdo suyo del todo.
“Está bien, es un hombre ocupado, señor Hardy, no esperaría nada
menos”
“Bueno, es bueno saber que causé un impacto en alguien, incluso si no
la recuerdo”
“Oh, definitivamente causo impacto. He estado siguiendo su caso por
un largo tiempo, señor Hardy, soy su más grande fanática y si me permite
ser tan atrevida como para decir, que pienso que su defensa en el caso del
estado vs Colin fue un acto de genialidad”
Esto es extraño, no pienso haberme encontrado a una fanática alguna
vez. Pero también es profundamente halagador. Casi me recuerda a mí
mismo en la universidad, ansioso y desesperado de probarme a mí mismo,
de seguir los pasos de los abogados que yo había idolatrado.
“decir eso es muy amable de tu parte, eh, Verónica”
“¡es una coincidencia tan rara verlo aquí!”
Ella mira alrededor como si esperara que nuestros alrededores
desaparecieran y fueran reemplazados por un tribunal.
“Puedo preguntar por qué está aquí?” ella jadea.
“oh dios mío, está reclutando?”
La emoción en su voz Es palpable, sus ojos son ahora dos grandes orbes
de brillante azul.
“No”
Digo rápidamente. O sea, lo estoy, pero no quiero revelarlo.
“porque me encantaría trabajar con usted, señor, en cualquier función
que sea”
Verónica continúa. Su mirada es fija, ella me mira sin flaquear, debo
admirarla por su atrevimiento, cuán agresiva parece ser. Todas estas son
grandes cualidades de una asistente, y ¿por qué ella no? Ella es atractiva sin
duda. Una chica así de audaz y así de guapa sería definitivamente una
fuerza con la que contar. Goldman no sabría que lo golpeó, ella se ve
ansiosa, y ha hecho su investigación sobre mí. Eso en realidad podría ser un
plus para ella. Si ella ya está enterada de cómo trabajo entonces no habría
necesidad del entrenamiento inicial y cogerla de las manos mientras trata de
averiguar qué es qué. Así que, ¿por qué no?
Regreso la mirada a la mesa de bebidas, la maravillosa pelirroja se ha
ido, también su amiga. Uno de los chicos ha permanecido atrás.
¿Esperándola? ¿Hizo una jugada mientras yo estaba hablando con
Verónica? Empiezo a ver a otro lado, pero un movimiento clandestino de su
mano capta mí atención, y volteó hacia él. Lo hace con la ensayada
indiferencia de alguien que se ha salido con la suya varias veces antes. Es
tan rápido, demasiado. Un casual movimiento de muñeca sobre el vaso. Si
hubiese pestañeado, me lo hubiese perdido.
“Señor Hardy?”
Verónica está saltando de arriba a abajo positivamente sobre sus pies
enfrente de mí. Mis ojos se vuelven a concentrar en ella.
“Cierto, perdón”
¿de que estábamos hablando? Ah, sí. Ella quiere trabajar para mí.
“escucha, Verónica, eres una joven muy impresionante. De eso estoy
seguro, a pesar de que he estado hablando contigo por solo 5 min, pareces
brillante, y tienes la actitud perfecta para él mundo turbio qué es el sistema
legal. Nunca lo pierdas, te servirá de mucho. ¿Has terminado la escuela de
leyes?”
“técnicamente, estoy, me voy a graduar en un par de semanas”.
“bien, como dije, impresionante. Qué tal esto, dame tu información y te
tendré en mente en caso de que surja algo”.
Es lo menos que puedo hacer, es la única cosa que puedo hacer.
Verónica sonríe y saca un pedazo de papel de su bolso, y escribe su
información ahí. Asiento con la cabeza mientras me lo guardo en el bolsillo,
y ella opta por un animoso saludo y un “¡gusto en conocerlo!”. Mis ojos
vuelven a la mesa de bebidas. justo a tiempo, también. La maravillosa
pelirroja regresó y está conversando con un imbécil que acaba de adulterar
su bebida. Doy unos cuantos pasos a mí izquierda para así poder verlo
mejor. Él se ve ligeramente familiar, incluso más allá de la Clara fortuna y
afluencia que lo catalogaba como un mocoso mimado. Definitivamente
conozco su tipo: rico, arrogante, poderoso. Lo cual es probablemente el por
qué se puede salir con la suya, con lo que sea. Bien, está apunto de
descubrir que no puede.
Observo con espanto mientras ella se balancea, sintiendo el efecto de lo
que sea que puso en su bebida. El hombre la alcanza y La levanta antes de
que chocara contra el suelo. Muy caballeroso, imbécil. Me lanzo a la
acción, abriéndome paso a través de la multitud que yo había asumido que
estaba disminuyendo, pero la cual es todavía un factor importante.
Mantengo mi vista en ellos, en su saco morado, sus anchos hombros
mientras la lleva por el cuarto y alrededor de una esquina. Yo ahora estaba
dando codazos a la gente, dedos de los pies crujiendo debajo de mí, gritos
sobresaltados de dolor siguiéndome mientras paso.
Entro a través de lo que debe ser la población estudiantil entera, hasta
que, por último, rodeo la esquina, Justo a tiempo para ver ese frac morado
desaparecer en el cuarto al final del pasillo. Empiezo a trotar, llego al cuarto
y abro la puerta. El imbécil está en el proceso de juguetear con sus
pantalones, la chica estaba tirada en la cama, retorciéndose en feliz
ignorancia de en cuanto peligro se encontraba.
“Qué carajo?”
Dice el tipo, y tiene las agallas de lucir ofendido.
Camino hacia delante lentamente, o por lo menos así se veía mi cabeza.
Yo solo estoy vagamente consciente de haber levantado mi mano y después
abalanzarme. Escucho un apagado golpe, y después el hombre retrocede. Su
grito es alto y sorprendido, él se tambalea hacia atrás y luego cae, sus
brazos agitándose mientras intenta y falla en encontrar algo para
estabilizarse.
“Qué carajo?”
Grita de nuevo, su mano se dirige hacia su rostro y sale manchada de
sangre. yo Miro mí propia mano enrollada en un puño.
“sé lo que estabas intentando hacer”
Digo entre dientes apretados.
“eso es un delito criminal, uno por el cual podrías ir a la cárcel.
Drogarla y tratar de violarla, dos delitos criminales”
“No sé de lo que está hablando”
Dice el tipo, todavía agarrándose la nariz.
“Yo no violé a nadie”.
“Pero la drogaste, yo te vi”
Él parece no tener una respuesta para eso, camino hacia él con mi puño
levantado nuevamente, y el retrocede atemorizado, Wow, un imbécil y un
marica.
“Dame tu billetera”
Le digo. Sus manos están temblando, al igual que todo su cuerpo. Tomo
una foto de su licencia de conducir y su identificación de estudiante, algo
sobre el nombre Smith me suena levemente, pero no le doy vueltas.
“Esto es lo que vas a hacer, Miles Smith. Como principal, vas a
reportarte a la policía del campus mañana, y después vas a ir con el decano
y le explicarás lo que casi haces. Y después cumplirás con cualquier castigo
que la escuela decida, ¿me entiendes?”
Él asiente con la cabeza.
“Tengo tu información, haré un seguimiento dentro de pocos días, y si
me entero qué no has hecho lo que yo te pedí, vamos a tener un problema,
ahora largo de aquí”
Él no necesita que se lo diga por segunda vez. Voy hacia la cama y me
inclino, mirando a la chica, sus ojos están cerrados, casi como si estuviese
durmiendo, se ve hermosa, en paz. La sacudo gentilmente para despertarla,
su voz es débil, sus palabras incoherentes. Miró alrededor del cuarto y por
suerte hay algunas botellas de agua por la mesa cerca de la cama. Tomó una
y muevo su cuerpo hacia una posición un tanto erguida. Pongo la botella en
su boca y la obligo a beber algo de agua, se demora un rato, pero ella se
mueve de vez en cuando, y sus ojos se abren un poco.
“Hey”, le digo.
“Necesito tu dirección, para poder llevarte a casa”.
Ella parece no escucharme, después de un tiempo, sus ojos vuelven a
cerrarse y se queda dormida. Perplejo, alcanzo su bolso y me sumerjo
dentro, requiere buscar un poco, pero finalmente encuentro una tarjeta con
su dirección. Aliviado, pongo todo de nuevo en su bolso y salgo de la cama,
ella es un poco más pesada de lo que parece, pero me las arreglo para
levantarla sin mucho problema. La tengo en mi hombro y lentamente salgo
del cuarto, es mucho más difícil pasar a través de la fiesta repleta, pero me
las arreglo. Algo de la imagen de un hombre con una mujer echada en su
hombro ayuda a que se abran del camino. Pienso en caminar ya que su
salón de residencia No estaba tan lejos, pero en su estado, sería un infierno
pasar a través del campus, también ha pasado algún tiempo, Ya no creo que
conozca todo tan bien, así que la subo a mi coche y la conduzco hacia su
edificio.
Poniéndola en mi hombro de nuevo, la llevo por el largo pasillo de
cuartos idénticos hasta que encuentro el 46A, me tardo hurgando en sus
llaves, pero me las arreglo para abrir la puerta y entrar. Hurgo alrededor en
busca de un interruptor y lo enciendo. Estoy en un cuarto muy femenino
con posters brillantes por todas las paredes y sábanas rosadas idénticas
sobre dos camas. La acuesto gentilmente en una de las camas, es un poco
tedioso, apartando mi vista de sus cremosos y pálidos muslos. Retiro sus
zapatos y trato de arroparla.
Mi cara está cerca de la suya, Puedo escuchar su suave respiración,
sentirla en mí cara. Amelia, su tarjeta dice que su nombre es Amelia
Brooks, hermoso nombre, hermosa chica. Ella se mueve de nuevo. Esta vez,
cuando abre sus ojos puedo notar que está lucida, ellos viajan sobre mí, son
como piscinas verdes, entreabiertas. Me doy cuenta que tan extraño debe
ser para ella, despertar para encontrarse con un desconocido de esta manera.
Debe ser aterrador y confuso, me enderezo con la intención de voltear e
irme, pero sus manos se disparan repentinamente. Ella es más fuerte de lo
que pensé, o quizá es la sorpresa por todo, pero me jala hacia ella y sus
labios se aplastan con los míos.
¡Haz click aquí para saber la continuación de la historia!
Acerca de Mia
¡Hola, soy Mia!
Soy una adicta al romance que ama entretenerte con mis fantasias mas
salvajes. Desde que era una niña pequeña, mi sueño siempre había sido
llegar a convertirme en una escritora. ¡Aún no puedo creer que ese sueño se
está volviendo realidad! Si alguna vez deseas ponerte en contacto, me
puede buscar aquí:
[email protected] ¡Me emociona saber de ti!
Con amor,
Mia