100% encontró este documento útil (1 voto)
3K vistas421 páginas

2083 G

2083g

Cargado por

Deyana Dimitrova
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
3K vistas421 páginas

2083 G

2083g

Cargado por

Deyana Dimitrova
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Grumpalicious

Mia Faye
Table of Contents
Title Page
Derecho de autor y aviso legal
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Epílogo
Muestra: “En Su Oficina”
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Acerca de Mia
Derecho de autor y aviso legal

Copyright © 2021 por Mia Faye

De ninguna manera es legal reproducir, duplicar o transmitir


cualquier parte de este documento, ya sea en medios electrónicos o en
formato impreso. La grabación de esta publicación está estrictamente
prohibida y no se permite el almacenamiento de este documento a menos
que se cuente con el permiso por escrito del autor. Todos los derechos
reservados.
Este libro es un trabajo de ficción. Cualquier parecido con personas reales,
vivas o muertas, o hechos reales es pura coincidencia. Los nombres,
personajes, empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son
productos de la imaginación del autor o se utilizan de forma ficticia.

Facebook: Mia Faye


Capítulo 1
Genevieve

“¿Os acordáis del año pasado, que conocí a Jonny Cresta en el Baile del

Legende? Estaba totalmente dispuesta a casarme con ese hombre.”


Recordaba mientras Peyton, Eliza y yo íbamos en primera clase de un vuelo
de Houston a Washington D.C.

“Dios, me sigo partiendo de risa con la forma en la que contaste lo de

que entraste a su habitación y te encontraste a toda esa gente,” se rio


Peyton.

“Cierto. Tenía como seis mujeres desnudas en la cama. A ver, no quiero


decir que yo no me hubiera desnudado por él, pero, joder, ¡tenía unas

perversiones sexuales un poco raras!” Sacudí mi cabeza.

Johnny Cresta era la estrella de rock más sexy del planeta, y había ido a

por mí. No solo había ligado despreocupadamente conmigo, sino que lo


había intentado con todas sus fuerzas, así que yo estaba en plan, ‘pues sí,

estoy saliendo con una estrella del rock.’ Dios, no podía haber estado más

equivocada.
“Bueno, esperemos que esta vez no te vayas a casa con una leyenda del

rock borracha,” me advirtió Eliza.

“Para ser justos, pensaba de verdad que iba a ser su única cita. No tenía

ni idea de que quería que fuera la número siete. Durante un minuto accedí,

me desnudé, me metí en el jacuzzi y le seguí la corriente hasta que el señor


Rarito dijo, ‘¿y si tú y tú y tú venís aquí y me dais un pequeño

espectáculo?’ Yo me puse en plan, ‘no, gracias’, salí del jacuzzi, me puse la

ropa de vete a saber quién y me gasté setenta dólares en un viaje de taxi a

nuestro hotel. Él se cabreó mucho, me escribió al día siguiente, ¿os

acordáis? Y todo lo que hizo fue quejarse porque su polla no había jugado
lo suficiente por mi culpa. Le dije que su polla necesitaba rehabilitación y

un terapeuta de adicción al sexo. Bueno, una noche loca y divertida, pero

no, no tengo ninguna intención de repetirla esta vez. Si está aquí, lo

ignoraré,” Me reí y en silencio recé por que él no estuviera allí.

“¿Sigue mandándote mensajes?” Preguntó Eliza.

“A veces. Supongo que le gusta mantener a las mujeres en su órbita…

O quizás ni se acuerde de quién soy yo y esté repasando toda su lista. Me da


igual. Nunca voy a contestarle.”

“De todas formas, esta vez vas a ser una cantante real. Por suerte, tu

aventura del año pasado con el karaoke fue lo suficientemente memorable

como para que Asher contratara a tu banda,” me recordó Eliza.


Esa noche de hacía un año me había emborrachado un poco y acabé con

el micrófono y cantando en el karaoke. Lo hice lo mejor que pude y, bueno,

quizás me dejé llevar un poco, cantando a pleno pulmón. Para cuando la

canción había terminado, lo había dado todo… La gente se quedó

sorprendida, de eso no hubo duda.

“Definitivamente, esa fue la parte buena.” Me giré hacia Eliza y le


pregunté, “bueno, ¿tienes ganas de pasar una noche de chicas fuera de

casa?” Mi emoción se había renovado solo de pensar en la oportunidad de

cantar delante de gente tan prestigiosa y en estar con mis amigas de nuevo.

Eliza se había convertido en madre por completo y no la habíamos visto en

semanas. “¿Crees que Andre y Zachery sobrevivirán? Nunca antes se han

quedado solos, ¿no?”

“Espera, ¿nunca has dejado a Zachery?” Peyton parecía atónica.

“Bueno, Andre es un padre genial, pero Zachery es un pequeño muy

inquieto. Siempre he pensado que mejor cuatro manos que dos. Andre

prácticamente me ha tirado de casa sabiendo lo mucho que necesito esta


noche de chicas, así que soy libre para divertirme al máximo. Además,

Zachery ya tiene dos años y puede que en el futuro tenga una hermana o

hermano, así que voy a disfrutar de este fin de semana antes de volver a

estar gorda y embarazada,” se rio Eliza.


Ella se había casado con Andre Michelson, un magnate de la industria

energética, hacía casi dos años, y habían tenido un bebé. Acababa de

terminar su Máster en Ética Medioambiental, y ella y su marido habían


fundado una empresa de energías limpias que trabajaba con gente de zonas

empobrecidas para producir energía limpia y barata. Eliza había seguido

siendo amiga mía y de Peyton, aunque ya no era nuestra compañera de casa.

“Bueno, yo estaba deseando salir de Texas,” Peyton puso los ojos en

blanco.

“Ey, Texas no está tan mal,” dije, defendiendo mi estado adoptivo.

“Ya, pero estoy volviendo a sentirme ansiosa. Me quedaré en Texas algo

más de tiempo, pero estoy lista para abrir mis alas y ver mundo.” Al ser

artista y actriz, Peyton siempre había sido un alma libre.

“Bueno, yo soy una chica de campo hasta la médula, nada me va a

alejar de las praderas,” me reí porque las chicas sabían que era totalmente

cierto.
**
En el Legende, la cafetería y discoteca de estilo francés de la amiga de

Eliza, Ophelia, y su marido, Asher, nos encontramos con los amigos de

Eliza de Washington. Todos los años se hacía esa gran fiesta en honor al

aniversario de Asher y Ophelia. Eran gente bastante conocida, ya que

Ophelia dirigía una revista de interés público y Asher había renunciado a

una vida dedicada al almacenamiento cibernético para dirigir el Legende,


una zona de juegos para políticos, actores, músicos y gente pudiente.

Cuando vine el año pasado, me quedé totalmente estupefacta. Ese año

estaba un poco más relajada… gracias a Dios.

“¡Peque!” Harper corrió hacia nosotras con sus brazos bien abiertos.

“¡Dios mío, no me puedo creer que ya haya pasado un año!”

La que venía hacia nosotras era Harper Prentice, esposa del congresista

Reid Prentice, y mejor amiga y antigua compañera de piso en Washington

de Eliza.

“¡Harper! ¡Dios, estás impresionante!” Eliza abrazó a Harper.

“¡Eso es porque estás viendo a la nueva Superintendente Escolar de


Washington!” gritó ella.

“¡Capulla, no me lo habías dicho, eso es increíble!” Contestó Eliza.

“¡Quería darte la noticia en persona!” Harper resplandecía de alegría.

“Me alegro mucho por ti, ¡vamos a una mesa y nos ponemos al día!”

Eliza empujó a Harper hacia una mesa reservada con su nombre en ella

mientras Peyton y yo las seguíamos.

“¡Dios, sí!” Harper se dirigió emocionada hacia la mesa con Eliza

mientras giraba su cuello hacia nosotras. “Bueno, ¿estás nerviosa por el

bolo de esta noche?” Me preguntó.

“¡Estoy deseando estar sobre el escenario!” Le dije. “Tengo que ir a

prepararme, ¿sabes con quién puedo hablar?” Tenía que admitir que estaba
un poco nerviosa, ya que tenía que estar en el escenario en una hora.

Miré alrededor de la sala, buscando al resto de mi banda. Sabía que

estaban ahí. Ellos habían venido en un vuelo distinto, pero, como tenía una

compañía de teléfono de mierda, solo podía mandar mensajes. Me habían

dicho que ya habían llegado, pero no tenía ni idea de dónde estaban.

“Tienes que hablar con Leah, está en la barra. Ella te explicará todo.”

Harper me lanzó una gran sonrisa. “Estoy muy emocionada por ti,

Genevieve. Esta va a ser tu noche. Lo presiento. En el Legende pasan cosas

mágicas.” Y no lo decía de broma. Definitivamente, el Legende había sido

el punto de partida de casi todos sus romances de cuento de hadas, pero yo

no estaba allí para conocer a nadie.

Ya había estado ahí antes y de ninguna de las maneras iba a volver a

pasar por esa mierda. Con una vez tuve suficiente.

“Bueno, solo espero no ahogarme,” le dije, ofreciéndole una sonrisa

nerviosa.

“¡Mucha mierda!”, dijo Eliza mientras se sentaba en la mesa.

“Te gritaremos mucho,” añadió Peyton.

“¡Wiii!” Levanté mi mano en el aire alegremente y me separé de las


chicas. Los nervios me estaban afectando y tenía que hacerlo bien. Ya

habría tiempo más tarde de beber y volverme loca.


Aunque me hubiera encantado beberme unos cuantos cócteles y hablar

con las chicas, era un bolo muy importante y necesitaba estar serena para

ello. Caminé hacia la barra y vi a Ophelia allí, tan impresionante como

siempre, hablando con uno de los trabajadores. Su marido sexy estaba

trabajando en la sala. Tal y como vi el año pasado en el Baile del Legende,

en cuanto todo el mundo estaba pasándoselo bien, Asher y Ophelia se

escondían en algún lugar y simplemente observaban lo que habían creado.

El día iba por completo del amor que sentían el uno por el otro, y después
de todos estos años que llevaban juntos, este seguía reforzándose… Tenían

una relación de ensueño, de eso no había duda. Tenían un montón de niños,


eran más ricos que nadie y se seguían queriendo el uno al otro. Joder, quién

no querría algo así.


“Ey, Ophelia,” fui hacia la barra para hablar con ella.

“Genevieve, bien, ya has llegado. El resto de la banda está en el


backstage, preparándose.” Se puso de pie para darme un abrazo.

No éramos amigas demasiado cercanas, pero lo habíamos pasado bien el


año anterior, y todas estábamos unidas en esa especie de pandilla de

compañeras de piso pasadas y presentes que habíamos formado.


“Sí, acabo de recibir un mensaje.” Le sonreí, desesperada por encontrar
a mi banda.

“¿Estás lista para darlo todo?” Me dio un puñetazo juguetón en el brazo.


“¡Sin duda voy a intentarlo!” Le dije, sintiéndome un poco intranquila
en ese momento, pero era normal. Siempre me ponía nerviosa antes de un

concierto. Normalmente hacía unos cuantos estiramientos, calentaba la voz


y me dejaba llevar por el momento. Nunca la había cagado en un concierto,

no había nada de qué preocuparse.


“Tengo muchas ganas de volver a escucharte cantar. Tu karaoke del año

pasado hizo que la gente se volviera loca.” Ophelia era muy simpática,
siempre te hacía sentir bien.
“Gracias, voy a ir al backstage a calentar con la banda, si te parece

bien,” De repente, estaba tan emocionada como nerviosa por el bolo.


“Oh, sí, claro. Te acuerdas de dónde está el vestuario, ¿verdad? Detrás

de la barra hay una puerta que pone staff, pásala, recorre el pasillo y al bajar
las escaleras a la izquierda.”

“Sí, ahora me acuerdo, gracias,” le ofrecí una gran sonrisa y ella me


respondió con otra igual de cálida.

“Buena suerte, luego nos vemos y nos ponemos al día.”


“Me parece genial.”

Así que marché y me encontré a la banda escaleras abajo, calentando.


“Genevieve, qué bien que hayas llegado. Bueno, ¡ya estamos todos!

¿Qué tal el vuelo?” Preguntó Marlon, el guitarrista principal.


“Primera clase es una pasada. No voy a querer volver a volar sin mi
camarero personal ni las galletas de chocolate. ¡Podría acostumbrarme a ese

estilo de vida!” Hice una extraña recreación de un avión con mis brazos de
la que me arrepentí al instante.

“Bueno, si clavamos lo de esta noche quizás las galletas de chocolate se


conviertan en algo normal para nosotros. ¿Te importa si tocamos Suddenly

Rain? Quiero volver a practicar el riff…”


“Claro.”

Marlon, Gabriel, el teclista y yo tocamos unas cuantas canciones para


calentar y practicar. Al poco rato, era hora de subir al escenario, y yo estaba

motivada y preparada. Me había puesto un vestido corto de color negro y


unas botas de combate, llevaba el pelo recogido en una coleta alta y un par

de pendientes de perla que mi madre me había dado antes de mudarme de


Indiana a Texas. Antes de ella, habían sido de mi abuela, y los llevaba para

que me trajeran buena suerte.


Cuando entré al escenario, las luces eran brillantes y deslumbrantes,
pero podía ver la multitud de personas que había alrededor del escenario, y

la música seguía sonando mientras nos preparábamos. Reconocí unas


cuantas caras familiares, políticos mayormente, pero no le di demasiadas

vueltas. Solo quería cantar. Así que canté. Me armé de valor y canté con
todo mi corazón. Pronto la multitud era una neblina borrosa en tonos arco
iris. El mundo eran mis chicos de la banda y mi voz… y todo lo que amaba

de la música.
Yo había escrito esas canciones; había puesto en ellas mi corazón, y así

las canté. Se me hizo corto el concierto, podría haber estado cantando toda
la noche. Me quedé quieta, escuchando los sonoros aplausos, un poco

perdida, cuando una persona me tocó en el hombro. Miré para atrás y no


tenía ni idea de a quién estaba mirando.
“Ven conmigo,” dijo el tío, y como estaba tan desorientada, bajando de

lo alto de mi actuación, lo seguí.


El tío me llevó directamente hasta Cash Coltrane, el productor de

música más sexy del mundo tanto física como popularmente. Él estaba ahí,
de pie, enfrente de mí, con un traje de lana negro, sujetando una copa de

whisky con hielo.


“¿Tienes un momento?” Preguntó con su voz profunda y ronca, que

hacía que tu vagina quisiera deshacerse de tus bragas y hacerle un baile en


su cara.

“Mm… sí, claro,” fue mi respuesta tan poco elocuente.


Capítulo 2
Cayden

Me habían invitado al Baile del Legende y, después de haber roto con

Allie, sabía que tenía que ir. Era un movimiento publicitario. Iría y me
harían unas cuantas fotos con gente famosa, feliz, divirtiéndome, para que
así las acusaciones de Allie sobre que era un cerdo mujeriego se disiparan

cuando la gente viera en las noticias de su móvil mi gran sonrisa. Me

aseguré de permanecer rodeado de compañeros, mayormente músicos,


raperos, y unos cuantos actores y actrices, pero permanecí alejado de

cualquier persona que pudiera parecer una posible cita.


Lo irónico era que, mientras estaba ahí aparentando ser un tío que se lo

estaba pasando de miedo, estaba también buscando a la próxima chica.

Tenía que ser guapa, tenía que tener apariencia inocente y tenía que

aparecer pronto, porque Allie King estaba en todos los portales de noticias
contándole al mundo que era un cerdo al que le gustaba acostarse con otras.

Tenía que ir de la mano de alguien a quien nadie se le ocurriera difamar.

Estaba siendo atacado en la corte de la opinión pública y la mala prensa

estaba haciendo mella en mi reputación. El problema era que Allie tenía


razón, era un cerdo mujeriego. No obstante, lo que no le estaba contando al

mundo era que ella era una jodida perra vengativa.

Ella lo tuvo claro desde el momento en el que comenzamos a salir. Allie

era una sensación en Internet. Empezó con vídeos de belleza, y después se

diversificó y comenzó a dar consejos de citas en streaming, respondiendo


los comentarios de sus espectadores de una forma dinámica, cara a cara.

Ella era literalmente sexo… Todo en ella era sexy y seductor. Admito que

deseaba a la chica. A ver, era como un autocine. Todo músico, político y

deportista de la ciudad había pasado por sus manos, así que supuse que

sería divertida. ¡Y fue divertida hasta que empezó a querer que saliéramos
de forma exclusiva y comenzó a utilizarme! Mi fama le estaba trayendo las

cifras que necesitaba en su Instagram y su canal de YouTube. Estaba a

punto de cerrar un trato con Netflix para un reality show, pero necesitaban

una estrella más grande que ella, y yo era quien ella había pescado para ser

esa persona. Dicho de manera sencilla, ese acuerdo con Netflix era la única

razón por la que quería estar conmigo.

Todas esas veces en las que iba a su casa y había algún famoso random
estaba siendo filmado sin mi conocimiento. Después, en la cama, me

llevaba muy cerca de tener un orgasmo alucinante y me dejaba al borde del

éxtasis.
“Si no, no sería divertido,” decía mientras rodeaba la cabeza de mi polla

hinchada con su larga y afilada uña, “¿y si grabamos juntos unos cuantos

capítulos para el reality show? Nada serio, solo nosotros pasando el rato en

una grabación divertida de publicidad.” Entonces me chupaba la cabeza de

la polla solo un poco y en mi mente ardía el mantra de ‘solo déjame que me

corra’.
Hubiera accedido a venderle mi alma y el alma de todos mis hijos no

nacidos que nunca he querido tener con tal de que se volviera a montar

sobre mi polla y me catapultara hasta el espacio exterior. Así que eso es lo

que hizo. Me folló hasta la inconsciencia y me hizo firmar un

consentimiento para aparecer en su programa. Después acabó conmigo, la

muy zorra. En su show, salía como un idiota con el que ni siquiera yo

querría salir.

Así que rompimos, lo cual no fue una sorpresa para nadie, pero le debía

tres episodios más en los que se suponía que teníamos que aparecer tratando

de arreglar las cosas. Que le dieran, no teníamos nada que arreglar…


follábamos – eso era lo único que hacíamos. Bebíamos, comíamos,

salíamos con gente y follábamos hasta quedarnos dormidos. Era una vagina

andante con ojos y boca. Así que mi publicista pensó que, si podía

encontrar una chica dulce y conseguir que le gustara, nos sería más fácil
quitarnos de encima a Allie King. Y allí estaba ella, más dulce que la

limonada en un caluroso día de verano.

Entró en el escenario vestida con un corto vestido negro sexy y esas


botas monstruosas que le quedaban bien. Pelo rojo como el fuego, ojos

azules, llena de encanto sureño, era la imagen de la inocencia. Y entonces

abrió la boca y me dejó pasmado. Nunca antes había escuchado un sonido

tan sofisticado. A mí, como norma general, no me gustaba demasiado la

música country, pero esto era un híbrido extraño entre country y rock

alternativo. No solo era dulzura y luz, sino también una artista jodidamente

buena que estaba al corriente de las últimas tendencias en música.

Disfruté de las vistas y de la música y, conforme ella cantaba canción

tras canción, mi determinación a llevármela a la cama se fortalecía.

También juré convertirla en mi musa. Ese pedacito de dulce encanto sureño

iba a ser mi defensa contra el reality show de mierda de Allie. Grabaría esos

jodidos últimos episodios con un pequeño caramelito de mi mano. No

íbamos a volver juntos; no, esto era la guerra. En cuanto consiguiera que la

señorita Campestre accediera, iba a terminar con Allie King. Esperé a

Kevin, mi asistente, mientras él sacaba a mi dulce cantante sureña del

escenario.

“Bueno,” dije, llegando a mi mesa reservada en la esquina de la ruidosa


sala después de cogerla del brazo y alejarla de su banda. “¿Cómo
comenzaste a cantar así?” Me deslicé dentro del cubículo y le hice una señal

al camarero para poder pedirle unas copas.

“Mm, supongo que simplemente abrí la boca,” dijo ella en voz baja.

Me encantaba ver a las mujeres temblar. No era que me gustara

asustarlas, pero la mezcla de tensión sexual y emoción siempre me

entusiasmaba.

“Claro, claro. Pero quiero decir, esa mezcla, ya sabes, vibrando al ritmo

del country, pero lanzando un duro riff de guitarra, y esas dolorosas letras

en tonos rasgados, ha sido inspirador. Es como si hubieras casado la

melancólica música country de ruptura con el ‘te voy a follar fuerte en el


capó de mi coche’. Me encanta.”

“A los chicos les gusta el country, yo fui criada en él, y me gusta

bastante, pero siempre estoy buscando algo distinto. Los tíos son unos

músicos excepcionales, así que lo especio a mi manera siempre que puedo.”

Su sonrisa era más brillante que el sol, pero era su decaída confianza lo que

me encendía.

“Entonces, la parte de follar en el capó, ¿es toda tuya?” Me incliné hacia

delante para intimidarla lo suficiente.

“No intencionadamente, pero sí, sigo mis instintos, musicalmente

hablando.” Sus nervios se aceleraron un poco más, y yo saboreé el

momento.
“¿Alguna vez has follado sobre el capó del coche de alguien? Lo

pregunto por un amigo.”

“Mm… ¡no!” Dijo sin rodeos, a punto de salir corriendo. “Creo que…”

“Solo estaba bromeando. Bueno, sabes quién soy, ¿verdad?” No

habérselo dicho de primeras era otro pequeño juego al que me gustaba

jugar. Era un rey a la hora de elegir a una más de la muchedumbre, me

encantaba la sensación de poder.

“Sí, Cash Coltrane, eres productor musical… pero, creo que…” Se

mordió el labio, y mi polla estaba bien jodida, la necesitaba. “Debería

decirles a mis amigas que estoy contigo.”

No estaba seguro de cuánto más iba a aguantar sin embestirla contra la

pared. Mi hotel no estaba lejos, supuse que podría esperar hasta llegar a la

puerta de mi suite, después me la follaría fuerte y rápido sobre la cama y le

ofrecería una bebida.

“Sé que mi reputación ahora mismo no es la mejor, así que dejemos esto

claro antes de que te vayas corriendo con tus amigas. Allie King fue un

movimiento promocional. No la quería, y apenas la conozco. Dicen que

toda publicidad es buena, pero creo que últimamente la balanza está


demasiado inclinada hacia el lado malo de la publicidad. El reality show se

salió de madre y, créeme, todo estaba editado. Nos exprimían para ganar

audiencia.” Era una pequeña mentira, estoy seguro de que en la sala de


edición había material mucho peor del que realmente mostraron en el

programa. “En realidad soy un osito de peluche, pero mi publicista cree que

siendo un cabrón conseguiré que mis clientes se sientan más atraídos. Yo

aún no lo tengo claro, pero nunca se sabe. Me gusta tu voz y me gustaría

escucharla más, pero aquí hay demasiado ruido para hablar. Mi hotel está al

final de esta calle. ¿Te vendrías a tomar una copa?” Me aseguré de sonar

frío y hablar de forma casual, como si no tuviera ningún plan de seducirla ni

esa noche ni ninguna otra.


“Mm… no estoy segura.” Me mandó una sonrisa en forma de mueca.

“Disculpa, déjame que lo aclare, al vestíbulo del hotel. ¿Te gustaría


venir conmigo al bar del vestíbulo del hotel a tomar una copa?” Puse mi

cara de juego y ella mordió el anzuelo.


A ver, estaba claro que íbamos a pasar por el vestíbulo, pero de camino

a mi habitación.
“Necesito decirles a mis amigas a dónde voy. ¿Me das un minuto? Están

en esa mesa de ahí.” Señaló con la cabeza hacia un grupo de gente que
estaba sentada en la mesa privada de Asher y Ophelia Davis.

“¿Conoces a Ophelia y a Asher?” No pude evitar sorprenderme un


poco.
“Sí, ellos me consiguieron el bolo. Tengo que pasar un rato con ellos ya

que he hecho el viaje hasta aquí. ¿Puedo verte luego?”


Oh, era atrevida. No le dices a un magnate de la industria musical que
era, en ese momento, el productor de música más exitoso de Norteamérica,

que quieres que os veáis más tarde. Me reí. “¿A cuánto rato te estás
refiriendo? Necesito descansar bien y esta oferta tiene fecha de expiración,”

dije, amenazando un poco. Por el cambio en la expresión de su cara, ella lo


entendió.

“Cierto. ¿Veinte minutos? ¿Crees que tu oferta se habrá esfumado


entonces?” Estaba devolviéndomela; eso era sexy.
“Puede. Estoy en el Chateau Reve, ven al bar del vestíbulo y verás si

estoy allí; si estoy, tendremos una charla; si no, encantado de conocerte.”


Estaba jugando duro, pero insisto… me gustaba ir de caza. Ver a la gente

estresarse era divertido, y había tenido poca diversión con Allie intentando
joder mi carrera en vez de joderme a mí.

Se rio por mi atrevimiento. “De acuerdo,” dijo. Estuvo a punto de poner


los ojos en blanco, pero se contuvo. “Estaré allí tan pronto como pueda.” Y

tras decir eso, se puso de pie y se giró hacia mí. “Me alegro de poder hablar
contigo, es solo que no puedo ser maleducada con mis amigos. Espero que

lo comprendas.”
Mm, bueno, no se deja tirado a un productor de música de mi nivel de

fama, pero le di puntos por ser lo suficientemente valiente como para


intentarlo.
“Te veo pronto,” le guiñé un ojo.
Me gustaba la chica. Esperé unos cuantos minutos y me marché del

Legende, que estaba empezando a llenarse de gente, ruido y, pronto,


paparazis. Me había tomado suficientes fotos, así que salí por la puerta de

atrás, me abrí paso entre el tráfico y aterricé en el bar del hotel con un
whisky con hielo. Unos treinta minutos después, la cantante sexy, a la que

no le había preguntado por su nombre, entró con un abrigo negro largo que
complementaba su vestido mini y sus ridículas botas. Levanté el brazo para

que viera dónde estaba y ella vino directa hacia mí.


“Lo has conseguido,” me levanté para ofrecerle su silla.

“Sería estúpida si no estuviera aquí.” Una sonrisa se extendió en su


cara. “Además, mis amigas prácticamente me han echado del club. Por

cierto, me llamo Genevieve.” Vino hacia mí y me ofreció su mano.


“Cayden, pero todo el mundo me llama Cash.” Cogí su mano.

“Sí, sigo sabiendo quién eres,” dijo de forma nerviosa mientras se


sentaba en la silla que había preparado para ella.
“Bien, y tienes el apoyo de tus amigas, eso es fantástico. No me gusta

enfrentarme a ‘las chicas’ de nadie. Pueden dar bastante miedo, ya sabes a


qué me refiero.”

“Sí, lo sé, y lo dan. Estoy aquí con sus bendiciones y un montón de


advertencias feroces de que las llame si las cosas se ponen intensas. Todas
ellas están en marcación rápida para venir a rescatarme, así que, sin

jueguecitos, señor Coltrane.” Me miró de forma juguetona y eso reforzó mi


necesidad de llevármela a casa; tenía algo especial.

“Oh, de acuerdo, así que esas tenemos,” bromeé.


“Así es,” dijo mientras llegaba el camarero al que había llamado.

Ella pidió una copa de vino y nos pusimos a hablar.


“¿Eres de Washington?” Necesitaba saber su localización porque yo era
neoyorkino, y no iba a estar haciendo viajes por ella.

“Actualmente vivo al lado de Houston, Texas. Leah me ha traído al


Baile del Legende en avión junto con mi compañera de casa; venimos todos

los años. Bueno, el año pasado fue la primera vez que yo asistí, pero nuestra
‘pandilla’ de chicas se reúne todos los años, nos quedamos en su casa y

pasamos unos cuantos días juntas.”


“¿Te quedas en casa de Ophelia y Asher?”

“Sí, y se espera que llegue antes de medianoche o todo se convertirá en


calabazas y ratones. Puede liarse un poco.”

“Faltan treinta minutos para la medianoche; ya estamos en la cuenta


atrás para el jaleo. ¿Por qué no las llamas y les dices a tus amigas que te

quedas esta noche conmigo?” El movimiento fue atrevido, lo admito, pero


en el pasado había funcionado.
Ella se rio y sacudió la cabeza. “Creo que tengo algo de margen en la

hora siempre y cuando llegue. Así que, hablemos.”


“Bueno, me gusta tu voz, obviamente. Tienes un royo chulo; has hecho

algunas cosas interesantes con música que no es tan interesante y yo podría


convertirte en una estrella. Aunque tengo que ser sincero, no estoy seguro.

Necesito que vengas a Nueva York y prepares algunas canciones, después


conozcas a nuestro equipo de relaciones públicas, produzcas algo que

podamos vender y así podremos ver con qué estamos trabajando. Has
llegado al nivel uno del juego ‘firmemos un acuerdo con la discográfica’.

¿Cuál es tu visión para el futuro? Musicalmente hablando.”


“Bueno, me gusta jugar con géneros y mi banda es de la vieja escuela

del country, pero les parece bien que yo experimente, así que quiero probar
con el soul y el góspel, pero sin dejar de lado el ritmo y el toque de corazón

roto. La gente tiene problemas, quiero tratar eso, pero también mostrar un
poco de ánimo. Quiero llegar a un acuerdo con el Coro de Góspel de
Houston y crear algunas armonías con algunos de sus solistas, y llevar todo

esto a un nivel superior.” En cuanto se puso a hablar de música se volvió


apasionada, justo lo que quería ver como productor musical, pero, además,

su entusiasmo me hizo estar absolutamente desesperado por ella.


“Todo eso suena interesante, pero no cantarás con tu banda, serías solo

tú. Como mucho, son música de fondo.” Tenía que romper sus lazos. Tenía
guitarristas y teclistas clamando por trabajar en el estudio, y ella no era una
banda, ella era una marca propia por sí misma.
Capítulo 3
Genevieve

¿Trabajar sin mi banda? Eso no iba conmigo, llevábamos juntos desde

la universidad. Había tenido que discutir mucho con ellos, pero estábamos
juntos en las duras y en las maduras, estábamos comprometidos los unos
con los otros. Tenía que defender a mis chicos.

“Señor Coltrane, lo siento, pero estoy en una banda. No tengo en mente

separarme de ellos.”
“Entonces, ¿estás dispuesta a renunciar a tu carrera por unos cuantos

tíos que estarían igual de contentos tanto tocando en un bar de mala muerte
como en el espectáculo del descanso de la Superbowl? No destacan

demasiado y lo sabes. Venga, Genevieve, eres consciente de lo que te estoy

ofreciendo. No nos andemos con tonterías, ¿vale? Estoy a punto de lanzarte

a ser la próxima sensación. ¿En serio quieres renunciar a ello por dos tíos
que probablemente te dejarían tirados por un pack de cervezas?”

Wow, era un gilipollas.

“Pensaba que habías dicho que todo eso de ser un capullo era

información falsa,” le dije, y ladeé mi cabeza.


“Los negocios son los negocios. Tina tuvo que perder a Ike y tú tienes

que deshacerte de esos chicos. ¡Vas a ser una leyenda! Pero bueno, es tu

elección.” Se encogió de hombros.

“¿Puedo pensarlo un poco y hablarlo con ellos?” Miré a sus ojos

profundamente, buscando un alma ahí dentro.


“Como he dicho, quiero que vengas a Nueva York la semana que viene

y hagas una prueba. Eso debería darte el tiempo suficiente. Ahora, me he

terminado mi bebida y veo que tú estás a punto de terminarte la tuya.

Hemos sobrepasado el toque de queda de medianoche, Cenicienta. Te

sugiero que llames a tus amigas, les digas que te vas a quedar a pasar la
noche conmigo y vayamos a mi habitación a ponernos más cómodos.”

Vaya con el productor.

“O puedo irme a la mansión de Davis y verte en Nueva York la semana

que viene.” Me bebí lo que me quedaba de bebida.

“¿Qué hace falta para que te vengas a la habitación conmigo?” ¿Estaba

suplicándome?

“No hace falta nada. Nada va a convencerme de irme a la habitación


contigo. Tienes una reputación terrible y, por muy ficticia que pueda ser,

una chica siempre tiene que tener mucho cuidado.”

“¿Qué crees que va a pasar en mi habitación?” Fingió estar sorprendido

y, si no hubiera estado en guardia, hubiera pensado que era divertido.


“Cosas perversas.” Le seguí la corriente.

“O podemos bebernos unas cuantas copas más, escuchar unas cuantas

canciones que quiero que escuches y quizás jugar-”

“Ves, ahí es donde va la palabra ‘no’.”

“- con algunos sonidos que quiero probar.” Se me quedó mirando y me

tuve que reír. “Y verás que yo también sé cantar.”


“¡Eso es mentira!” Estaba realmente sorprendida.

“No lo es. Ven, deja que te lo demuestre.” Me guiñó un ojo, se levantó y

se fue al piano que había entre varias mesas.

Como era muy tarde, apenas había unas cuantas personas más en el bar.

“Esto puede ser divertido,” comenté mientras me levantaba y lo seguía.

Él se sentó al piano y empezó a golpear las teclas, y cuando digo

golpear las teclas, me refiero a que un orangután podría haber tocado mejor.

Entonces procedió a cantar Mary tenía un corderito en el tono más

espantoso que podía haber. Me asaltó un ataque de risa nerviosa. No podía

parar de reírme.
“¡Dios mío, no sabes cantar!” Fui capaz de decir entre risas temblorosas

mientras él cambiaba la canción y cantaba su propia letra ridícula.

La lana de Mary era blanca como la nieve, pero Dios, Mary era una

ZORRA con un culo…


Y la canción comenzó a describir cosas inmencionables que Mary

haría… Y tuve que detenerle. No podía soportarlo más.

“Por favor, para,” calmé mi risa para decir.


“Haz que pare…” De repente, empezó a cantar sobre cosas que Mary

podría hacer con su corderito, yo estaba horrorizada.

“¡Haré lo que quieras con tal de que pares!” Miré alrededor, realmente

avergonzada.

“Ven a mi habitación.” Dejó de tocar y se me quedó mirando.

“¿Dejarás de cantar sobre Mary y su…? ¡Ni siquiera soy capaz de

decirlo!” Estaba realmente avergonzada, aunque era divertido.

La canción era de mal gusto, pero absurdamente divertida. Podía ver

que Cash se lo estaba pasando bien, y aligeró mucho el ambiente.

“Sí.”

Bajó la tapa del teclado y se puso de pie.

“Y solo vamos a escuchar unas cuantas canciones, ¿verdad?” Sabía que

no era buena idea ir a su habitación, pero en ese momento me sentía un

poco atrapada, y él se veía bastante inofensivo, casi como un niño.

Toqué el teléfono en mi bolsillo por si acaso. Me gustaba saber que

estaba ahí y que, si algo iba mal, Peyton estaría al otro lado de la línea en

cuestión de segundos. Peyton, Eliza, Harper y Ophelia, estaban todas en


modo alerta, solo por si acaso necesitaba que me rescataran. Le mandé un

mensaje a Peyton.

Me quedo con Cash un rato, tengo mis puños en alto y las pistolas en la

funda, no va a pasar nada. No hace falta que esperes despierta.

“Sí. ¿Qué haces, mandar un SOS a tus chicas? ¿Ahora mismo? Eso no

parece necesario.”

“Solo estoy reseteando el temporizador.”

“Bien, aunque me gustaría que no las preocuparas. Puede que esto nos

lleve un rato. El ascensor está en esta dirección,” dijo antes de comenzar a

caminar.
Lo seguí consciente de que no debía hacerlo, pero era una adulta a cargo

de mi propio destino, así que fui. El viaje en ascensor fue tan incómodo

como esperaba que lo fuera. No podíamos quedarnos en silencio, pero, ¿qué

tipo de conversación tienes en cuarenta y cinco segundos? Si hubiéramos

estado en una película, nos hubiéramos besado, pero como esa opción no

estaba sobre la mesa, él dijo…

“¿Tienes novio?” Preguntó de forma directa.

“No te estás esforzando demasiado en limpiar esa mala reputación,

¿no?” Me metí con él.

“Bueno, si tienes novio, vas a echarlo mucho de menos, pero, en cuanto

firmemos contigo, te quedarás en Nueva York durante el futuro inmediato.


Los novios suelen volverse locos cuando las mujeres están a cientos de

kilómetros,” dijo con cara seria.

“No tienes por qué preocuparte por eso,” es todo lo que le contesté.

“Bien,” y toda su cara se iluminó en cuanto las puertas del ascensor se

abrieron. “Hogar, dulce hogar.” Esperaba que estuviera de coña.

“¿Vives en un hotel?”

Él me llevó por el pasillo hasta el penthouse y, por supuesto, era

impresionante. Es una locura como algunas personas viven con toda esa

riqueza y otras apenas tiene dinero para el día a día.

“A veces lo parece. ¿Qué te gusta beber? Tengo de todo.” Caminó

directo hacia la pequeña barra que había en la sala de estar de su habitación,

la cual ocupaba gran parte de la planta superior.

“¿Por?” Pregunté, sentándome en un asiento de su sofá acolchado que

era tan grande e incómodo que pensaba que podía ser catapultada al techo si

alguien se sentaba al otro lado. Ese divertido pensamiento hizo que me

preocupara por que él terminara sentándose al lado, así que, discretamente,

me moví a una de las sillas igualmente acolchadas. Conforme me hundía en

su esponja, noté que no era más cómoda, pero era infinitamente más segura.
“Viajo mucho, como te puedes imaginar. Además, soy una persona

bastante imponente, por eso el personal del hotel quiere que esté contento.

Me dan todo lo que quiera, sin importar lo disparatado que sea. Pero bueno,
una barra llena de alcohol no es demasiado. No sé, podría tener a una mujer

esperando en mi dormitorio… Estoy seguro de que podrían ofrecerme una

si lo pidiera.”

Lo miré y él tuvo la osadía de poner una sonrisa burlona.

“Tal y como un pequeño rey tirano,” me metí con él, también sonriendo

burlonamente.

“Está claro que no actúas como una persona que quiera conseguir un

contrato discográfico,” me advirtió de una forma que rozaba lo intimidante.


“Lo siento, debo de ser desconocedora de los protocolos para estar con

una persona tan imponente. ¿Se supone que tengo que besarte los pies?
¿Lamerte los zapatos? ¿Chuparte la polla? ¿Qué me haría parecer más como

una mujer que quiere un acuerdo discográfico?”


“Voy a optar por la opción número tres…” Dijo, caminó y me ofreció

una bebida. “Me he tomado la libertad de decidir por ti,” dijo mientras me
daba una bebida claramente con burbujas.

“¿Qué es esto, un poco de GHB con algo para rebajarlo?” Dije mientras
colocaba la bebida en mi mano.

“Vodka Belvedere con Seven Up, mi bebida favorita.” Se sentó en el


sofá después de colocar la bebida en mi mano, y me felicité por haber
tenido la previsión de sentarme en la silla. “Tú no sales mucho, ¿no?”

Ahora me estaba tomando el pelo, y yo empecé a respirar.


“Ya sabes cómo son los texanos…”
“No, no lo sé, ilumíname.” ¿Por qué sabía que me iba a soltar eso?

Le di un sorbo a la bebida para ganar la fuerza suficiente para mantener


la cabeza en alto.

“En realidad no sé cómo son los texanos, soy de Indiana. Me mudé a


Texas para cantar. Quería ir a Austin, pero entonces conseguí la oportunidad

de presentarme a un casting con mis chicos y, como ellos ya vivían allí, me


subí a bordo, y hemos estado tocando en bolos desde entonces.” Me hice
pequeña al ser consciente de que el tipo de bolos en los que yo cantaba ni

siquiera estarían en su radar.


“Déjame adivinar, ¿bares de mala muerte, pistas de patinaje y bailes de

instituto?”
“Algo un poco mejor, pero, mmm, sí.” Le di otro trago a la bebida.

“Entonces, no tienes novio, ¿pero te estás follando a alguno de los tíos


de la banda?” Le dio un trago a su bebida después de soltar esa bomba.

“No, no me follo a nadie.” Le mire, y estaba hablando totalmente en


serio, pero probablemente él no se creería que seguía siendo virgen.

“¿Eres romántica?” Su expresión cambió sin esfuerzo a una mirada


manchada de lujuria.

“¡Soy virgen!” Joder, ¿por qué cojones le había soltado eso? En ese
momento, me puse a devorar la bebida y él dejo salir una risa fuerte.
“Me encanta tu sentido del humor. Normalmente, la gente tiene tantas
ganas de conseguir que firme con ellos que ahora mismo estarían

temblando… Y se hubieran quedado en el sofá,” se burló. “A estas alturas


tendría mi lengua por sus cuellos y mi polla estaría lista para la primera

ronda, pero tú, tú eres gratamente única.”


“Vaya, gracias.” Dejé mi bebida, sintiendo ya los efectos del alcohol

invadiéndome, ya que no había comido nada en todo el día porque estaba


nerviosa por el concierto.

“De nada.” Le dio otro sorbo a la bebida mientras sus ojos me miraban
fijamente.

“¿Tienes frutos secos o algo de comer en esa barra tan bien surtida? Me
muero de hambre.” No hubiera confesado eso si no estuviera

verdaderamente hambrienta.
“Tengo frutos secos…”

“Me vendrían bien.” Lo miré abatida.


“Claro, vamos a pedir algo de comer. Espero que creas que soy un
hombre bueno. Quizás que te alimente ayude. Bueno, ¿qué te apetece? El

pollo siempre está bien, pero aquí tienes el menú de noche.” Se levantó y
me ofreció una carpeta de lino con un elegante escrito en forma de

pergamino. En él había cosas muy simples: pizza, patatas fritas, ensalada


César… pero estaban descritas como si fueran platos solo aptos para los
dioses. Tomates frescos a la plancha con alioli trufado, con albahaca de

huerta y perlas de mozzarella elaboradas artesanalmente sobre crujiente pan


a las finas hierbas… o pizza.

“Mm, estos tomates a la plancha con alioli trufado sobre pan a las finas
hierbas suena de lujo, y un ginger ale, por favor.”

“Pediré dos y una ensalada… ¿y ginger ale? Solo bebo ginger ale
cuando tengo dolor de estómago.” Su tono de voz se agudizó, como si fuera
un niño haciendo burla.

“Bueno, quizás tenga un poco de dolor de estómago,” solté como si


hubiera sido insultada.

“Probablemente solo tengas hambre.” Se inclinó hacia mí con tanta


seducción que fue incluso gracioso, así que me reí.

“Y tú. Así que, que corra el aire. ¿Estoy aquí por una cita o por un
debut? Soy una música seria…” Solté como un soldado corriendo hacia la

batalla.
“Y yo soy un hombre de negocios serio,” me interrumpió. “Eres

impresionante, pero eso ya lo sabes. Seducirte sería ordinario, no obstante,


actuando como dos personas adultas, pensaba que tú y yo podríamos follar

después de comernos la pizza.”


Vaya, eso era definitivamente ir al grano.

“En cuanto a eso…” Empecé.


“Creía que habías dicho que no tenías novio.” Me dijo.

“Y yo pensaba que habías dicho que estabas intentando ser un hombre


mejor. Pero veo que eso puede ser imposible.” Le contesté.

“Bueno, vamos primero a pedir algo de comida y luego ya veremos


cómo soy.” Se levantó y tecleó algo en el iPad que había sobre el escritorio.

No le llevó mucho rato, pero estaba contenta por el respiro. Cuando


volvió, se sentó en el sofá y de nuevo me choqué los cinco a mí misma por

no haberme quedado en él. Le di un trago a mi bebida, aunque no debía.


“Bueno, ¿y qué tienes en contra de follar?” Preguntó.

“Me gusta amar.” Le mandé una sonrisa zalamera.


“¿Eres Amish?” Parecía sorprendido.

“¿Y si lo fuera?” Bromeé para mantener su atención en palabras y no en


acciones.

“Bueno, pues buena suerte en la industria musical, cariño.” Sacudió la


cabeza.
“Y qué pasa, ¿que toda la gente con la que firmas folla contigo? ¿Big

Lil’ y QXTC se pusieron de rodillas?”


Él se volvió a reír. “No.”

“Entonces solo lo haces con las mujeres, ¡qué machista!” Fingí estar
ofendida.
“Solo con las que son sexis, y tú, Genevieve, eres una mujer
jodidamente sexy, pero tu nombre es un trabalenguas. No podría gritar eso

cuando disparara mi carga. ¿Te importa si lo acorto a Genni?”


“No me importa, mi madre me llama Genni, y alguna otra persona más.
Me gusta más Genevieve, pero entiendo tu enfoque de vida cavernícola, así

que, si Genni te viene mejor, me parece bien. Pero mantén tus cosas en su
sitio. No me apunto a eso.” Dije.

“¿Te va la tijereta entonces?” Se echó hacia atrás, parecía desanimado.


“Me gustaba pensar que era el tipo de mujer que podría hacer el amor

con otra mujer, pero no lo soy. Desgraciadamente, prefiero a los hombres.”


“¿Por qué desgraciadamente?” De repente, volvía a estar interesado.

“Porque se comportan como simios.” Sacudí mi cabeza y me puse de


pie.

Si me involucraba en más bromas sexuales, iba a acabar acostándome


con él, y sería el primero. El penthouse de Cash en el hotel no era el lugar

adecuado en el que perder mi virginidad. Había estado esperando a alguien


bueno, mayormente a un tío monógamo por el que sintiera un flechazo, y

Cash Coltrane no era ese tío ni de lejos. Había hecho muchas cosas sexuales
y no le tenía miedo al sexo, era solo que sentía que entregar algo así tenía

que ser a alguien que lo valorara, al menos un poco. Había estado con tíos
que habían jugado con mis tetas, me habían masturbado y besado… pero en
cuanto a piel sobre piel al completo, sentía que necesitaba que hubiera algo
más. Había visto su piano al entrar a la sala, así que me senté en él y

comencé a tocarlo. Tenía una balada en la que estaba trabajando y pensé


que quizás eso amansaría al magnate de la música hasta que pudiera pensar

con frialdad.
Capítulo 4
Cayden

Era jodidamente talentosa. Eso tenía que admitirlo. Conforme se alejó

de nuestra conversación, se sentó en el piano y comenzó a tocar una pieza


que le rompería el corazón a cualquiera. También había que tener en cuenta
su forma de tocar el piano, que era asombrosa, lujuriosa como su jodida

voz, y yo estaba más tenso que una tabla. Llegó nuestra pizza, pero no tuve

corazón para interrumpirla. Firmaría con ella sin importar nada, de eso no
tenía ninguna duda. No debería haberla presionado, pero necesitaba una

tapadera. Quería estar con una chica buena para así borrar mi reputación de
chico malo. Ella no tenía por qué acostarse conmigo, podía ser

completamente contractual, pero me moría por follármela. Decidí

simplemente quedarme ahí sentado y escucharla cantar. Cuando terminó,

me miró, pidiendo una tregua.


“Eso ha sido… maravilloso. Ten, come un poco de ensalada y pizza

antes de que se enfríe y se vuelva gelatinosa,” dije de broma, ya que parecía

responder mejor cuando me ponía bromista.


“Ew, ¿la pizza se vuelve gelatinosa?” Ella se quitó los zapatos, cogió un

plato con una pizza individual en él, se volvió a sentar en la silla y se lanzó

a comer; la pobre tenía mucha hambre. “Dios mío, esta pizza es mejor que

el sexo. Deberíamos quedarnos aquí y comer de esto toda la noche,” dijo

con la boca llena. ¡Joder, qué sexy era!


“Preferiría comerte a ti…”

“Claro que sí.” Puso los ojos en blanco. “Entonces, ¿eres siempre así de

cerdo? ¿O es todo una actuación?”

“No soy un cerdo, pero me gusta tener mucho sexo. También me gusta

darle un poco de sabor a la vida, así que el sexo con una sola persona me
parece demasiado restrictivo.” Comencé a dar mi discurso completo sobre

los seres humanos y sobre cómo una persona nunca sería suficiente para un

hombre de las cavernas, y que por eso la monogamia era lo que era, cuando

ella me aguó la fiesta.

“Vale, ¿y Allie King no podía lidiar con todos los extras? ¿Te conocía

bien cuando empezasteis a salir? ¿O también intentaste aparentar ser

alguien bueno con ella?” Joder, lo dijo como si nada, como si no tuviera
nada que perder.

“No, ella sabía en lo que se estaba metiendo; ocho mil millones de

dólares, incluso con un acuerdo prenupcial, sería más rica de lo que nunca

hubiera imaginado.” Menuda cazafortunas.


“¿En serio la producción de música da ocho mil millones de dólares?”

“No, pero las inversiones, los bienes raíces y crear equipamiento de

grabación innovador sí que lo hacen. Sé con qué personas juntarme. ¿El

Sound Hog, ese pequeño USB que conectas a un iPhone y lo convierte en

un mini estudio de grabación? Esa pequeña pieza de metal tiene un valor de

unos mil millones de mis dólares. El software que desarrollamos para él


convierte tu portátil en un mezclador de sonido y tiene la capacidad de

cancelar el sonido ambiente y ampliar las voces. Aún no ha salido al

mercado de los Estados Unidos, pero está triunfando en China, donde lo

creó Yu Tai Fang. Dentro de poco, los YouTubers, Tik Tokers y artistas que

graban en casa podrán producir cosas con una calidad prácticamente de

estudio solo con unos cuantos gadgets y un iPhone, todo ello por un buen

precio. Va a ser todo un éxito. Yo simplemente le solté unos cuantos

millones y hemos ganado mucho dinero. Ves, eso es lo que hago. No solo

descubro estrellas, también lanzo gadgets, respaldo líneas de cosmética, y

algún día planeo ser el propietario de varias islas y de toda una línea de
hoteles resort en la costa. No me llaman Cash por nada, me he ganado mi

dinero siendo ingenioso e inteligente.” Estaba orgulloso de lo que había

conseguido, pero no conseguí admitir que había ganado mucho de ese

dinero siendo también turbio y pisando al pequeño para llegar hasta ahí.
“Vale, así que eres muy rico. Prácticamente todo el mundo lo sabe.

Entonces, ella era una cazafortunas que quería conseguir tus billetes o

criptomonedas o lo que fuera. ¿Te gustaba?” Oh, era una pequeña muy
dulce.

“Me gustaba tener sexo con ella, era extravagante y eso me gusta en una

mujer.”

“Vaya, eres todo un partidazo.” Puso los ojos en blanco por segunda vez

esa noche y cogió otra porción de pizza. “Sé que esto puede que me haga

perder la oportunidad, pero bravo por ella por saltar del barco. Quiero decir,

muy mal por intentar vaciar tu cuenta del banco y difamarte por televisión,

pero es una mujer inteligente si sabe cuándo irse.”

“No, esto no ha tenido nada que ver con el empoderamiento femenino.

No consiguió lo que quería y por eso ha ido a atacarme, así son las cosas.

Todo esto solo va de difamarme. Por mucho que pueda sorprenderte, ni

siquiera le puse los cuernos. Hablé de hacerlo, pero no lo hice. La verdad es

que ella quería casarse, sin acuerdo prenupcial, y tenía muchas otras

exigencias, así como el programa de televisión. Yo simplemente dije que ya

estaba bien, y ahora estoy lidiando con todo esto.” Odiaba completamente a

Allie por todo por lo que me estaba haciendo pasar.

“Entonces, ¿no eres un caníbal? ¿No quieres azotarla hasta que sangre y
después chuparle toda la sangre?”
“¿Estarías tú aquí si lo fuera?”

“The Star es una basura, así que todo lo que esté escrito ahí tiene que

ser mentira, pero no voy a tener sexo contigo. Ni esta noche, ni mañana por

la noche, ni en Nueva York. Ni en un tren, ni en la playa, ni llueva o

nieve…” Se rio. Era exasperante, pero estaba mona.

“¿Por qué?” Necesitaba saberlo.

“No es lo mío.” Se terminó otro trozo de pizza. “Y se está haciendo

tarde.” Se inclinó hacia delante y cogió una lata de ginger ale. “Mañana

tengo que pasar el día con mis chicas antes de volver a Texas. ¿Seguimos

con el trato de Nueva York? ¿O esto es una especie de ‘encantado de


conocerte, siento que no haya funcionado’?”

¿Se iba a ir?

Ni de coña.

“¿Tienes tiempo para una canción más?” Tenía que conseguir que

pasara aquí la noche.

“Sí, pero, ¿para qué? O quieres que haga esa audición o no quieres.” Me

miró con una mirada cautelosa.

“Quiero que hagas la audición, esto no va de eso. ¿Crees que soy

atractivo?”

“No eres una persona insegura; te da igual si lo creo o no lo creo.”


“Finjamos por un momento que sí que me importa, aunque tienes razón,

me da igual.” Le mandé una sonrisa.

Ella ladeó la cabeza. “Claro que sí, eres atractivo y divertido, pero sigo

sin estar segura de si todo esto es una actuación o no. Probablemente estés

podrido por dentro.”

“¿Y si no lo es?”

“Lo dudo.”

“¿Hasta dónde llegarías conmigo?” No podía creer que estuviera

haciendo trueque.

Ella suspiró. “¿Vas en serio? ¿Qué estamos, en el instituto? Lo más lejos

que voy a llegar es hasta la puerta, y ya está.”

“¿Me tienes miedo?”

Durante un momento, me miró, y sus pequeñas defensas puntiagudas se

relajaron. “Sí.”

“Tiene sentido.” Miré sus preciosos ojos azules y ese impresionante

pelo rojo, y en todo en lo que podía pensar era en lo bien que sentaría que

estuviera encima de mi polla. Pero, además, quería escucharla gemir y

gritar mi nombre. “¿Y si antes de que te vayas, nos compartimos una


verdad? Sin ocultar ni mentir, sin máscaras. Esto no va de música; va de

nosotros.”

“¿Por qué?” Parecía aterrorizada.


“Porque creo que me gustas.” Y desgraciadamente, así era. “Quiero que

confíes en mí.”

“¿Por qué?”

“¿Tiene que haber una razón?”

“Contigo, sí.”

“Porque tienes las agallas de exigir respuestas. Ahora mismo, tú no

estás desnuda y tumbada, y yo estoy saltando por el aro para intentar

conseguirlo, y lo cierto es que puede que no lo consiga esta noche. Eres un


reto inesperado, la gente como tú es rara de encontrar. Eres única en tu

especie.”
“¿Solo una verdad?” Se me quedó mirando a los ojos. “¿Esto es todo?”

“Empiezo yo.”
“Vale.” Se recostó en la silla y la tensión entre nosotros se derritió un

poco.
“Cuando nací, me llamaron Cayden Marwhipple. Mi madre, Crystal

Marwhipple, me dio a luz en el Hospital St. John, en Queens. Ella era una
puta que cobraba veinte dólares por hacer una mamada en la esquina. Pero

era jodidamente guapa, o al menos así es como la recuerdo. Mi padre era un


multimillonario, y Crystal solo era un juego para él. Cuando se quedó
embarazada, él la rechazó y la acusó de estar embarazada de otro hombre.

Tras eso, ella empezó a tomar metadona para desayunar y heroína para
cenar, y acabó en la calle. Ella amaba a ese capullo y él la destruyó. Así que
ella se quedó destrozada. Cuando yo tenía catorce años, perdió mi custodia

y me pusieron bajo cuidado tutelar. Estuve con una buena familia de


modales suaves, los Arbonettes. La madre tenía cuatro ‘hijos’ como yo y

todos compartíamos habitación. Al día siguiente de convertirme en Cayden


Arbonette, hui y nunca volví. Me inventé un nombre y me lo cambié

legalmente,” me reí pensando en lo punki que había sido.


“Viví en la calle, estuve en bandas, me quedé en casa de un amigo o de
otro hasta que tuve dieciocho años y tuve un lío con una viuda rica. Ella

tenía veinte años más que yo y me inició en el negocio de la música, ya que


su último marido había sido un productor y sabía todo sobre esa gente.

Empecé con artistas callejeros, raperos y tíos que había conocido en la


ciudad… Y entonces todo se puso en marcha. Ella no quería tener ningún

compromiso y estaba lista para cambiar de chico joven, pero me dio una
buena cantidad de dinero y yo comencé a usarlo. Cuando gané mi primer

millón, le devolví todo el dinero para demostrarle que ella me había


enseñado a ganarlo. Ella no lo aceptó, pero estaba orgullosa, supongo, y eso

me convirtió en quien soy hoy.”


“¿Y tenía sexo contigo?” Genni parecía horrorizada.

“Sí, un sexo espectacular.” Recuerdo que durante una temporada ella


fue mi todo.
“Hablo con ella de vez en cuando y voy a visitarla alguna vez. Es como
yo, siempre tiene un nuevo juguete de su brazo, y ahora es mucho más

vieja.”
“¿Te drogaste con ella o mientras estuviste en las calles? O bueno,

¿haces ese tipo de cosas ahora?”


“No, con ella no, a ella no le iban las drogas. Las probé en la calle y en

fiestas, y en cualquier otro lugar donde las pudiera conseguir, pero, como
mi madre fue una drogadicta, no me apegué a ellas. Te juro que todo lo que

te acabo de contar es cierto y solo mi gente lo sabe, así que, si le dices algo
a la prensa, haré que acaben contigo. Ni siquiera serás capaz de conseguir

un trabajo en el McDonald’s.” No debería haberla amenazado, pero me


sentía vulnerable.

“No voy a decirle nada a la prensa. Es una historia terrible, Cash.”


Oh, la dulce empatía en sus ojos, ella no tenía ni idea de quién era yo.

Podía soportar la mierda; lo había estado haciendo desde el día en el que


nací.
“Me convirtió en lo que soy a día de hoy. Sea una persona buena o

mala, es lo que soy. Bueno, es tu turno.”


“Soy virgen de verdad.” Levantó la mirada para mirarme con ojos de

corderillo y yo me sentí como un tigre acechando a su presa.


“Creía que me estabas tomando el pelo. ¿Cuántos años tienes? ¿Cómo

has podido aguantar tanto sin…? Chica, tienes que explicarme esto.”
“Tengo veintitrés años y no soy una mojigata, he hecho muchas cosas,

solo que no he practicado sexo en el sentido bíblico. No tengo una


convicción moral chiflada, es solo que quiero tener sexo con alguien a

quien quiera. No solo con un tío cualquiera, sino con alguien que signifique
algo para mí. Y aún no he querido a nadie lo suficiente. Eso es todo, nada
más dramático que eso.”

“Vaya, eso es casi tan sorprendente como mi historia, aunque no tanto


teniendo en cuenta cómo parecer ser. Entonces, para que pueda tener algo

de diversión contigo, ¿vas a tener que quererme? Eso es injusto, no soy una
persona fácil de querer, probablemente nunca lleguemos a ese punto.”

“Bueno, entonces solo haremos otras cosas, como música. Puedo ser
una cliente más, como el resto de tu gente.” Joder, era tan ingenua.

“Eres demasiado sexy para ser una de mi gente.”


“Entonces estamos en un punto muerto.”

“Solo quiero que toques una canción más, pero antes de que lo hagas,
necesito tu consentimiento. ¿Puedo tocarte? Has dicho que has hecho otras

cosas, ¿podemos hacer ‘otras cosas’?” La miré con mi intención verdadera,


que era conocerla mejor. “Mira, a las mujeres, incluso con las que solo

quiero pasar el rato, me gusta tocarlas… explorarlas. Además, como he


dicho, necesito limpiar mi imagen. Tener una mujer como tú sería

definitivamente el tipo de exfoliación profunda que estoy buscando.”


“Ahí está,” ella suspiró, parecía decepcionada.

“¿Ahí está el qué?”


“La letra pequeña. Me necesitas porque soy buena para tu imagen.” Un

ceño se formó en su cara.


“Te necesito porque eres buena para mí,” suspiré en rendición porque

era la verdad.
Capítulo 5
Genevieve

¿De qué coño iba este tío? No lograba entender a Cash Coltrane. No lo

entendía y a la vez sí. Con una historia pasada como la suya, el tío estaba
desesperado por amor, pero obviamente tenía miedo a este. Se quedó
quieto, sentado, mirándome con sus grandes ojos verdes, y yo solo quería

derretirme. Físicamente era impresionante, pero eso solo era buena

genética. Era oscuro y difícil de leer. Sé que podía hacer que mis sueños se
hicieran realidad, él me lo estaba proponiendo.

“Querías que tocara una canción más. Así que voy a tocarla y después
me iré. Te veré la semana que viene en Nueva York, o en cuanto me mandes

el billete y la información del hotel. ¡Mantendrás tus manos lejos de mí y te

comportarás! Creo que eres el hombre más guapo que he conocido nunca,

pero estás podrido. No quiero ser parte de tu vida personal.” Me puse de pie
y me dirigí al piano.

“Ouch.” Dijo mientras me seguía.

“Lo siento tío, es lo que hay.”


Me senté en el piano y canté una canción de amor en la que había estado

trabajando. Estaba aún sin limar, y ni siquiera estaba segura de si me

gustaba, pero estaba en llamas. No podía mentirme a mí misma, estar con

un chico malo así, que tenía tanto poder sobre mi futuro, era embriagador.

Era feminista y una mujer fuerte; no iba a caer en la trampa de nadie. Los
hombres eran unos liantes y Cash Coltrane era sencillamente el hombre más

liante con el que me había encontrado. Profundizar demasiado con él sería

sin duda una catástrofe, pero no estaba lista para dejarlo, lo cual era

extraño, ya que había dejado a muchos otros hombres. Él electrificaba el

aire que había alrededor nuestro y había cierto tipo de atracción mística que
me arrastraba a él y de la que no me podía escapar. Toqué mi canción y

canté con todas las contradicciones en forma de remolino dando vueltas en

mi corazón y, cuando terminé de cantar, él se apoyó sobre el piano y se me

quedó mirando.

“Creo que eres la mujer más perfecta que he conocido nunca,” susurró

suavemente y, de todas las cosas que había dicho esa noche, creo que esa

fue la más sincera y a la vez la menos cierta.


“Gracias. Quiero ser tu amiga, Cash. Creo que no tienes muchas de

esas.” Me puse de pie y lo besé en la frente.

Él me agarró del brazo, con determinación, pero no tan fuerte como

para asustarme. Se me quedo mirando durante un largo momento y después


me besó. Tengo que ser sincera: fue el mejor beso que me habían dado

nunca. Sus labios eran suaves y lisos, y sentía su cuerpo caliente y fuerte

contra el mío. ¿Por qué no quería esto? En cuanto su boca se abrió, fue una

llamada atrayente, y yo respondí en especie. Su sabor era embriagador,

seductor, dulce…

“Tengo que irme,” dije sin aire, porque era una idiota.
“Te acompaño al vestíbulo y me aseguraré de que te metes en un taxi.”

Parecía derrotado.

“Ah, que le den a todo.” Lo volví a besar, porque hubiera sido una idiota

si hubiera dejado pasar el momento.

Él me llevó a sus brazos, y yo supe que me estaba metiendo en

problemas. Por suerte, no fue al dormitorio, sino que me colocó sobre el

sofá.

“Eres una besadora impresionante.” Su dedo tocó mis labios.

“Tú también lo eres,” le dije aturdida. “Pero besarnos es lo único que

vamos a hacer,” le advertí, volviéndome a subir mentalmente las bragas de


chica mayor.

“Vale, ¿y qué más?”

“Nada más.” Me quedé mirándolo.

“Dame solo algo más. Te prometo que no iré más allá de lo que tu

consientas, y si dices que nos mantenemos en besarnos, haremos eso, pero


tengo la sensación de que tú, al igual que yo, quieres más.”

El calor de su mirada me quemó de deseo.

“Me gusta que jueguen con mis pechos y con los dedos, me gusta lo que
los dedos hacen.” Sentí como mi cara se sonrojaba tras decir eso.

“Puedo trabajar con los dedos. ¿Qué hay de las bocas?”

“Las bocas se quedan en las bocas.” No estaba lista para más que eso.

“¿Y no hay posibilidad de negociar eso?”

“Esta noche no.”

“Lo acepto.” Y eso es todo lo que dijo antes de volver a besarme.

Me llevó a sus brazos y, mientras seguía besándome, sus manos

recorriendo su camino por la línea de mi cuello y por dentro de mi vestido.

Quise protestar, pero en el momento en el que sus cálidas manos tocaron mi

cuerpo, perdí el sentido. Sus dedos bailaron ligeramente sobre mis pezones

y mi vagina gritaba con todas sus fuerzas, suplicando e implorándome que

no fuera tan cabrona con ella. Quería escucharla y ser la mujer que ella

quería que fuera, pero no podía hacerlo, especialmente no con alguien como

Cash Coltrane.

Acaricié el lateral de su cuerpo mientras él se pegaba más a mí sobre el

sofá. “¿Estás bien?” Preguntó él, sin aire.

“Estoy bien.” Le mostré una sonrisa, estaba bien siempre y cuando


acatara las normas.
“¿Puedo desvestirte?” Preguntó, respirando aire caliente en mi oreja.

¿Si podía desvestirme? Joder, esto se estaba poniendo serio. No es que

estuviera demasiado vestida con mi vestido mini negro, así que supuse que

así ya tenía bastante.

“Ya estoy bastante desvestida.” Hice rodar mis caderas sobre su

erección y se dio cuenta de a qué me refería.

“Solo iremos todo lo lejos que tú te sientas cómoda.” Me besó en los

labios y, durante un instante, pensé que de verdad podía ser dulce. Entonces

sus manos encontraron su punto de acceso conforme se deslizaban por mi

vestido y llegaban a mis finas bragas de seda.


“Solo los dedos,” suspiré, sabiendo con exactitud qué estaba a punto de

hacer.

“Solo los dedos,” dijo, haciendo cosquillas con sus dedos sobre mi coño

empapado, que estaba caliente y listo para lo que él tuviera para mí.

Sus hábiles dedos recorrieron su camino por debajo de la goma elástica

de mis bragas mientras un dedo me acariciaba suavemente la vulva. Cogí

aire y cerré los ojos, apenas era incapaz de cabalgar las olas de esa intensa

sensación.

“Dios,” dije sin aire.

“¿Estás segura de que esto es todo lo que quieres?” Él movió su dedo

dentro de mí, y yo me mordí el labio.


Quería muchísimo más, estaba desesperada por más de él, pero no

podía. Tenía que mantenerme fuerte. Esto se le daba muy bien, estaba

volcado en mi orgasmo, pero no era un hombre bueno, y tenía que mantener

mi cabeza fría. Sentí su erección golpeando contra mi cadera, pero la

ignoré, no quería alimentar su llama de ninguna manera.

“Sí,” tragué saliva. “Me arruinarás si te doy más.”

Todo lo que él hizo fue reírse, besarme en la mejilla, y presionar su dedo

con fuerza contra mi dolorido clítoris.

“Está bien,” es todo lo que dijo antes de pellizcar y tirar de mi clítoris,

haciéndome retorcerme debajo de él.

Apreté los dientes mientras mi cabeza daba vueltas y entonces él hundió

dos dedos dentro de mí mientras su pulgar continuaba con su trabajo en mi

clítoris, y eso fue todo lo que pude soportar. Mi cuerpo se arqueó hacia el

suyo. El sudor se formó en mi frente y mi cuerpo se hizo un nudo. Pronto vi

la luna mientras él bombeaba sus dedos dentro de mí, llevándome a un

orgasmo tan intenso que casi me desmayo. Nunca en toda mi vida había

sentido tanta euforia. Cuando volví a la tierra, estaba temblando. Él saco sus

dedos de dentro mío y le dio unas palmaditas a mi coño antes de volver a


colocar la inútil tela de mi ropa interior de nuevo sobre mi tembloroso sexo.

“Eres el demonio,” dije sin aliento.


Él presionó su polla empalmada contra mi lateral, por lo que en todo en

lo que podía pensar era en su deseo. “Lo soy,” me susurró en el oído antes

de morderme el lóbulo de la oreja. “Te veo en Nueva York.”

Se levantó del sofá y, si hubiera tenido un mínimo de energía, hubiera

hecho algo. Pero en vez de ello, me quedé en el sofá esperando a que algo

pasara. Y no pasó nada. Él se fue a su dormitorio y no volvió. Me sentía

muy rara.

Tras unos instantes, un hombre con un traje negro abrió la puerta de la


habitación del hotel. Inmediatamente me asusté, lo cual él debió sospechar,

porque lleno de calma se quedó en el marco de la puerta.


“¿Señorita Green? Soy Kevin, estoy aquí para llevarla a casa de su

amiga.”
Me pregunté cómo era posible que el atractivo hombre que había venido

a rescatarme conociera mi apellido. Estaba en el cartel de la fiesta como una


de las artistas que actuaban, posiblemente, él había sido más observador que

Cash. Qué más daba, me levanté y pensé en decirle algo a Cash, pero él era
el cabrón que me había provocado un orgasmo y se había ido, así que nos

quedamos con el ‘te veo en Nueva York’.


Cuando volví a casa de Ophelia y Asher, todo el mundo estaba
durmiendo. Tenía el código de entrada, así que entré y me acosté. A la

mañana siguiente, les conté todos los detalles gore a las chicas y me
elogiaron eufóricamente por haberme ido con la cabeza bien alta. Así que
me había hecho correrme, vaya cosa. Era una mujer adulta; podía

sobrellevarlo. Decidí ponerme en modo negación y simplemente disfrutar


de algo de tiempo con mis amigas.

Alrededor de las dos en punto del día siguiente a habernos acostado, si


es que puede llamarse así, Asher recibió una llamada.

“Genevieve,” gritó por encima de nuestra conversación. “Cash Coltrane


está al teléfono, quiere hablar contigo.” Asher caminó hacia mí y me dio su
teléfono móvil personal. “Al parecer ha estado llamando al club toda la

mañana, buscándote.”
Agh, mi tiempo de negación había terminado. “Gracias,” cogí el

teléfono y me lo puse en la oreja. “¿Cash?”


“Al fin doy contigo. Por favor, dale a Kevin tu información personal

para que pueda reservarte un velo y un hotel,” y entonces de repente estaba


al teléfono con Kevin, el hombre simpático que me había traído a la casa.

Le di todos mis detalles y esperé a que me devolviera a la llamada con


Cash, pero no lo hizo. Me dio las gracias y colgó. Mentiría si dijera que no

estaba un poco desanimada. Cash ni siquiera se había molestado en decir


adiós o algo. Nos veríamos en Nueva York, por supuesto, pero sabía que

sería algo completamente distinto. Seguí diciéndome a mí misma que era lo


mejor. Cash Coltrane no era trigo limpio.
Disfruté del resto de mi estadía con las chicas y volví a Texas para
encontrarme con un paquete de FedEx para mí en la puerta enviado hacía

solo unas horas. Lo abrí para descubrir un billete en primera clase para
Nueva York, un itinerario que indicaba que me iba a quedar en el penthouse

del Park Hyatt, en Manhattan, una lista de horas y lugares a los que tenía
que ir, y el nombre de mi conductor y la marca, modelo y matrícula del

coche que me llevaría por la ciudad. También iba la información de


contacto de Kevin en una carta impresa sobre un papel membretado con el

nombre de Coltrane Industries, pero firmado por Anne Marie Fuchs,


Segunda Asistente de Cayden Coltrane. Y eso era todo. Teniendo en cuenta

el itinerario, iba a reunirme con el señor Coltrane a título oficial varias


veces durante esos días, pero yo lo había echado a perder. Mi viaje no fue

hasta tres semanas después y, durante todo ese tiempo, Cash nunca me
llamó. Había conseguido justamente lo que quería, y tenía que recordarlo,

aunque no podía evitar sentir que había perdido la oportunidad de mi vida


de ser algo más que únicamente su próximo éxito.
Capítulo 6
Cayden

Tenía que admitirlo, fue difícil contenerme. Una y otra vez, reproducía

en mi mente esa mirada de euforia que pasó por la cara de Genni.


Especialmente cuando estaba en reuniones aburridas o haciendo frente a la
última travesura de Allie. La forma en la que su cuerpo se tensó alrededor

de mis dedos cuando se corrió… y esa mirada ardiente de éxtasis en su cara.

En serio, fue casi imposible reprimirme, pero, sin embargo, lo hice. Tenía
que hacerlo. Ella era demasiado inteligente y talentosa como para joderla,

literalmente. Se habría ido, era el tipo de persona que tiene la fortaleza


necesaria para hacerlo, de eso estaba aseguro, así que me contuve. Si iba a

conquistar a Genevieve Green, tenía que tener la mente fría, lo cual estaba

resultando difícil, ya que me estaba masturbando en el baño privado de mi

oficina.
Probablemente, podría haber llamado a alguien de mi pequeña agenda

negra para que hubiera venido y hubiera hecho el trabajo por mí, pero

estaba deshaciendo nudos, no creándolos. A esas alturas, todo el mundo

sabía toda mi mierda. Allie había desenterrado a todas las chicas con las
que me había acostado, y era particularmente buena a la hora de encontrar a

aquellas que me odiaban por completo. Bravo por su perseverancia. Ahora

estaba en la portada de todas las revistas de cotilleo de Estados Unidos.

Además, seguía obligado bajo contrato a rodar tres episodios más de su

reality show, y el receso estaba a punto de terminar. Querían su tiempo de


grabación. El productor ya había llamado unas cuantas veces mientras Allie

exponía en los medios de comunicación a toda persona que quería acabar

conmigo, tal y como los titulares de esa semana probaban.

“Cash Coltrane le prometió un descanso de su carrera a Lana Rivers

solo para dejarla tirada en la cuneta de una carretera.” Esa puta se había
bajado de mi coche después de dinamitar su propia audición. No podía

conseguir que nadie pusiera su música, en especial porque su pequeña

adicción al fentanilo estaba interfiriendo en su trabajo. Me la encontré

reventando píldoras en el suelo de mi baño y estaba de camino a llevarla a

rehabilitación cuando saltó del coche, medio desnuda, en pijama. Esas

píldoras eran mi prescripción personal para el dolor después de mi cirugía

de rodilla. Allie debía de haber escarbado mucho para encontrar a Lana, ya


que llevaba alejada de los focos unos diez años. Esa noche consiguió que un

coche que pasaba la llevara, y nunca más volví a escuchar de ella. Hice un

seguimiento y averigüé que ella sola se había metido en una clínica de

rehabilitación tras sufrir una sobredosis en casa de una amiga.


“Cash Coltrane acusado de tener sexo con una prostituta mientras estaba

prometido con Whitney Saunders.” De nuevo, Allie estaba sacando

provecho de mis titulares. Whitney me propuso matrimonio, y yo no dije

que sí, así que no estábamos prometidos. Y la mujer, a la que le pagamos un

montón de dinero, era parte de un servicio legal de escorts de Nevada que

estaba especializado en experiencias de tríos sexuales; lo cual fue idea de


Whitney. Cierto es que pasé más tiempo con la prostituta que con ella, y eso

la cabreó y con razón, por eso la dejé al día siguiente.

El último titular era el peor. “Cash Coltrane Oculta un Hijo Ilegítimo.”

Por mucho que quisiera que ese también fuera falso, era cierto. Allie debía

de haber hablado con Sarah en persona, ya que no había forma de que ella

hubiera actuado en contra de su Acuerdo de Confidencialidad. Lo único que

se me ocurría era que Allie hubiera ido a Sarah bajo la apariencia de otra

amante despechada. Habría tenido que trabajar mucho tiempo para romper a

Sarah, porque, de todas las mujeres con las que había salido, Sarah era la

más decente y, si era sincero conmigo mismo, probablemente la única mujer


a la que había amado de verdad. Ella se quedó embarazada cuando solo

tenía diecinueve años. Yo tenía veinticuatro. Habíamos estado saliendo

durante una temporada y no habíamos sido demasiado cuidadosos. Acababa

de salir de mi relación con Whitney, la mujer mayor que me había


rescatado, y yo quería ser salvaje. Tenía más dinero del que podía gastar, así

que jugué fuerte.

Cuando Sarah me contó que estaba embarazada, le sugerí que abortara.


Ella se negó, así que la dejé. Tuvo a mi hijo, pero yo no reconocí que fuera

mío. Ella nunca me contactó, pero una amiga suya me dijo que lo estaba

pasando mal como madre soltera, intentando criar a su hijo sin ningún tipo

de ayuda. Sus padres la habían repudiado, y estaba viviendo en un sucio

motel con traficantes de droga y prostitutas mientras intentaba mantener su

puesto de trabajo como ayudante de un profesor de la universidad en la que

ella se estaba graduando. Le pagó a alguien para que cuidara a Alex, el

nombre del bebé era Alex, y al parecer ella no estaba comiendo. Su amiga

me dijo que estaba tan delgada que estaba preocupada por su salud.

Era un cabrón, pero tenía corazón, así que hice que Sarah firmara un

Acuerdo de Confidencialidad y le pagué la manutención del niño pese a que

juré que nunca lo reconocería como mío. A lo largo de los años, consiguió

graduarse como maestra y ahora era ayudante de profesor en la universidad

pública local. Me ofreció que dejara de pagarle, pero le pedí que metiera el

dinero en un fondo de ahorros para la universidad de Alex, ya que él ya

tenía nueve años y lo necesitaría algún día. Ella me ofreció mandarme fotos

del chico, pero yo rechacé verlo.


Nunca me arrepentí de esa decisión, pero había días en los que pensaba

en ellos. Pero yo no era el tipo de hombre que quisiera una vida como la

suya: académica, tranquila, de buenos modales. No la odiaba. Ella era la

única ex que me importaba de verdad. Eso era decir algo… algo terrible.

Ahora la pobre mujer estaba siendo expuesta en los medios… Todo porque

Allie era una puta.

Recorrí el pasillo hacia la sala de conferencias, donde habían dejado a

Genni. Era la primera vez que iba a verla o a hablar con ella en tres

semanas, desde que la había dejado después de haberle provocado un

impresionante orgasmo tan solo usando mis dedos. Era tan exasperante, ¿y
qué si era virgen? No me hubiera importado descorcharla, pero algo en el

fondo de mi mente me decía que, si lo hubiera hecho con ella esa noche,

hubiera hecho un pacto con el diablo. Tomar su virginidad hubiera sido un

juramento de sangre con la bestia, porque hubiera arruinado a una chica

muy buena. Genni no era una chica con la que jugar. Ella era superior, y su

vagina estaba cerrada bajo llave.

Ni siquiera podía recordar la de veces que me había masturbado con la

imagen de sus ojos poniéndose en blanco y sus labios abriéndose para

jadear mientras la masturbaba con los dedos hasta el delirio. Joder, estuvo

bien.
Conforme llegaba a la sala acristalada con una gran mesa de caoba, la vi

sentada, con un traje de color camel y una divertida camisa de Gucci de

estampado floral. Solo esa camisa debía de costar todos sus ahorros, pero

merecía la pena; estaba para comérsela. Tenía buen estilo, además: ve a una

tienda de segunda mano, coge un traje de estilo retro y pon una camisa print

de diseñador debajo, y ahí lo tienes… moda. En cuanto la vi, algo dentro de

mí se detuvo. Me provocaba cosas que eran una locura, solo estando ahí; sin

esfuerzo. Tenía que mantener mi posición de poder, aunque como confesión

diré que no quería.

Entré a la sala de conferencias y ella se levantó. Estaba más

impresionante aún de pie. Delante de ella había una libreta nueva, tres

bolígrafos y el sobre de papel manila que le había enviado con el itinerario,

los billetes y la confirmación del hotel.

“Me alegro de volver a verte,” dije de forma seca mientras me sentaba

en mi sitio, presidiendo la mesa, a una buena distancia de ella.

“Lo mismo digo.” Ella sonrió educadamente. “Gracias por todo esto,”

levantó el sobre de manila. “La habitación de hotel es exorbitante, pero me

encanta.” Una sonrisa se formó en su cara.


“Bueno, me alegro. Vas a estar aquí una temporada, así que quería que

estuvieras cómoda.”
Me estaba dejando caer, podía sentirlo. Tenía que gobernar esas

emociones. Durante los primeros días, iba a ser frío como el hielo con ella,

para que, cuando le diera un pedacito, ella se abriera a mí y me dejara tomar

todo de ella, cada gota.

“Bueno, gracias, lo estoy.” Dijo alegremente.

“Doy por hecho que has podido deshacerte del resto de la banda.” Me

quedé mirándola, consciente de que era un punto de conflicto.

“Aún no me has ofrecido un contrato,” contestó, más fría, menos


efervescente.

“Entonces, ¿aún no has hablado con ellos sobre esto?” Sabía que estaba
siendo un completo capullo, y sentaba de maravilla.

“Ellos quieren lo mejor para mí sin importar el qué. Les he mencionado


que tú me escuchaste cantar y que me ibas a traer a Nueva York. No es que

pudiera ocultar que iba a venir aquí durante un mes. Son unos tíos guais. Lo
entienden. Creo que quieren que en algún punto los traiga, pero esa no es la

cuestión. Tengo integridad musical y tú puede o no puede que firmes


conmigo. No sé qué tienes planeado, pero no me vas a convertir en algo que

no soy. No tengo miedo a decir que no.” Se me quedó mirando y tuve que
admitir que tenía cojones, o en este caso una fiera vagina, porque nadie, ni
una sola persona, me había rechazado.
“Bueno, no nos adelantemos a los acontecimientos.” Volví a encarrilar
el tema. “Vas a conocer a Joe Malcavies, es mi productor principal, y quiero

que los dos grabéis tres canciones, dos originales y una cover. En cuanto
terminemos aquí, te llevaré a su oficina y te dejaré allí. Una vez que él y tú

hayáis tenido algo de tiempo para trazar tu plan de juego, volverás a


encontrarte conmigo aquí, en la sala de conferencias. Mi asistente me

avisará cuando llegues.” Tras decir eso, me puse de pie, dejando mis
intenciones en el aire a propósito.
“¿Y qué voy a hacer una vez vuelva aquí?” La curiosidad la había

superado, un punto para mí.


“Te lo diré entonces.”

Ella soltó un resoplido y yo me reí satisfecho. Me gustaba jugar. Era


divertido y tenía un oponente que merecía mucho la pena. Les tenía muchas

ganas a los días venideros.


“De acuerdo.”

Se puso de pie para seguirme y salimos de la sala de conferencias hacia


la oficina de Joe.

Joe era un hombre anciano que seguía fumándose un paquete de


cigarrillos al día aunque no hubiera ningún espacio en el edificio para que él

fumara legalmente. Creo que debía de tener una pequeña sala de fumadores
en el tejado, pero me daba igual. Si había vivido todos esos años fumando
tanto como lo hacía, era posible que dejar de hacerlo lo matara. Era un tío
viejo y guay, con una cabeza calva brillante, vaqueros desteñidos y una

chaqueta de cuero de diez mil dólares que siempre llevaba puesta. Era, por
encima de todo, un genio de la música, pero jodidamente malhumorado.

Genni lo iba a odiar. Si podía hacerle frente a Joe, tendría a toda la industria
de la música en sus manos.

Caminamos en silencio por el pasillo hasta el estudio de Joe, donde


tenía un piano, un escritorio lleno de cosas y un pie de micrófono rodeado

por paredes de paneles acústicos. Desde las ventanas de suelo a techo de su


oficina de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial podías ver todo

Manhattan. Nuestro edificio era más viejo que Matusalén y tenía esos
bastos radiadores que podían freír el sitio en un día frío. Mi oficina había

sido rediseñada y modernizada, pero, por lo que fuera, el estudio de Joe


nunca había pasado por lo mismo. Me encantaba el sitio.

Pensaba que a lo mejor ella sacaría algún tema sin importancia del que
hablar mientras caminábamos, pero no lo hizo, simplemente absorbió el
ambiente frío como el hielo. Me hizo querer empotrarla contra la pared y

follármela frente al despacho de Chloe de Asuntos Comerciales, pero, por


supuesto, simplemente recorrí el silencioso camino hasta que llegamos al

sitio de Joe.
Llamé a la puerta y él gritó desde adentro, “¡está abierto!” Su ronco

gorgoteo retumbó en el silencioso y eficiente espacio de oficinas.


Abrí la puerta, y él estaba sentado en su escritorio abarrotado. No estaba

seguro de qué estaba haciendo, porque nadie podría trabajar con ese
desorden, pero estaba bastante seguro de que el escritorio caótico era solo

una treta para hacernos creer que estaba ocupado. Era tan jodidamente
talentoso que no necesitaba nada. Toda su genialidad estaba en su cabeza,
encerrada del resto del mundo, y solo salía en ráfagas chirriantes de

genialidad.
“Ey, Joe. Esta es la chica de la que te hablé,” dejé que Genni entrara.

“Hola,” dijo con un poderoso aire de confianza.


“¡Joder, es atractiva!” Se levantó de su silla y rodeó el escritorio.

Después se plantó frente a ella, apoyándose sobre los papeles que estaba
seguro que nunca necesitaría. “Todo lo que tenemos que hacer es ponerle

Auto-Tune y te hará ganar dinero,” dijo como si fuera un hecho.


“Ya, pero esta en realidad tiene voz.”

“¡Joder, bien!” Joe sacudió su cabeza.


Capítulo 7
Genevieve

Estaba ahí quieta, de pie. Agh, odiaba a los hombres que eran como

estos dos. Sabían que eran la hostia y por eso hablaban sobre mi cabeza
como si yo no estuviera en la sala, como si fuera un objeto más.
“Bueno, escuchemos lo que tenemos,” dijo Joe, girándose hacia mí.

Mi estómago se encogió un poco, pero, sin decir nada, caminé hacia el

piano que había en la esquina y puse mis manos sobre las teclas. Había
estado trabajando en la canción de amor que había tocado para Cash, así

que simplemente empecé a tocarla sin ninguna pretensión. Canté sabiendo


que mi voz era fuerte. No tenía miedo porque no estaba atada al resultado.

Claro que quería que esto hiciera despegar mi carrera, pero no había atado

todos mis sueños y esperanzas a esa oportunidad. Si Cash Coltrane me

quería, quizás otros productores también lo hicieran.


Además, no estaba segura de que pudiera neutralizar mi atracción hacia

Cash. Él sabía que, cuando me provocó ese orgasmo en la habitación de su

hotel, y después me echó, estaba probando que él tenía el poder. Debía de

pensar que me había pasado todas las noches que habíamos estado
separados recreando esa escena en mi cabeza una y otra vez. No quería

darle tanto poder, pero mentiría si dijera que no había sido así.

Toqué con todo mi corazón y me perdí en la música. Cuando terminé la

canción, me sentía a flor de piel, pero conectada y con los pies en la tierra.

Mi música iba a salvarme, incluso de mí misma.


“¡Wow, joder!” Dijo el hombre mayor mientras se impulsaba de su

escritorio. “Puedo trabajar con esto.”

“¡Querrás decir con ella!” Me giré hacia él y solté, ya me habían

objetivado demasiado.

Cash se rio. “Ten cuidado, es dura de moler.” Él sacudió la cabeza, y no


supe del todo qué significaba, pero me daba igual. Yo iba a hacer lo mío y a

salir de ahí.

“Mándamela cuando hayas terminado,” es todo lo que dijo mientras se

giraba y salía.

“Lo haré,” dijo Joe, que olía a colonia cara, cuero y cigarrillos, mientras

me daba una palmada en el hombro y me hacía señas con la mano para que

me levantara. “Ven, vamos a probar esto.” Él ocupó mi sitio en el piano


mientras Cash se alejaba por el pasillo.

Intenté no mirarlo, pero eché un vistazo y, por supuesto, fue en el

momento exacto en el que él también me estaba mirando a mí. En el

momento en el que nuestros ojos se encontraron, un rayo me atravesó el


alma. No estaba segura de cómo iba a sobrevivir a mi tiempo en Nueva

York. Durante unas cuantas horas, estuve trabajando con Joe en una canción

y, por muy borde que el hombre me había parecido al conocerlo,

rápidamente comenzó a ser más majo.

“Vale, vamos a cambiar este tono aquí, y tienes que arrollar esta frase,

ya sabes, ir a tope con ello, mostrar todo tu rango y control vocal y después
traerla de vuelta. Revienta todo, añade un poco de chispa, pero mantén la

calma.”

Mientras que la mayoría de la gente no entendería lo que me estaba

diciendo, definitivamente, me estaba hablando en mi idioma, así que trabajé

duro con él para mezclar el pop con el brillo vocal y un poco de

musicalidad real. Cuando el día había terminado, teníamos dos canciones

bastante sólidas, una que él me había enseñado y otra que yo ya había

escrito.

“Vale, reuniremos una banda, haremos algunos ensayos y dispondremos

la dulce canción que has tocado antes y esta otra. Le mandaré las pistas a
Cash y entonces estarás en sus manos. Si firmamos contigo, volverás aquí

conmigo y hablaremos sobre grabar un álbum. Sinceramente, creo que sería

un gilipollas si no firmara contigo, pero Cash puede ser caprichoso,” dijo

casi para sí mismo.

“Oh, lo sé,” le contesté, poniendo los ojos en blanco.


“Sí, es un buen hombre, solo que lo oculta bien. De acuerdo. Te llevo de

nuevo a él y buena suerte, pase lo que pase, tienes una voz impresionante y

eres una muchacha increíble. No te pierdas en todo este jaleo. Mereces


mucho la pena.”

Joe me llevó de vuelta a la oficina de Cash y, en vez de hacer el camino

en silencio, saludó a todo el mundo y me presentó a gente de aquí y de allá,

gente cuyas caras probablemente recordaría, pero que sus nombres

olvidaría.

Para cuando llegamos a la oficina de Cash, se le veía un poco nervioso.

“¿Y bien?” Miró por encina de su ordenador con las cejas levantadas.

“Tenemos mucho con lo que trabajar. Empezaremos mañana y tendré

una demo de dos canciones para ti el miércoles para así ir engrasando el

equipo de producción. En cuanto me des el OK podemos organizar un

debut, debería llevarnos un par de semanas, como mucho seis.”

La cara de Cash se relajó un poco al escuchar a Joe decir eso. “Bien. De

acuerdo. Gracias, Joe.” Cash se levantó y se estiró.

“Tráeme más como ella y no más críos adolescentes harapientos que no

son capaces de encontrar una nota ni aunque les den un golpe entre los

ojos.”

“Marcus Laughlin ya tiene un contrato de grabación, ahora mismo es la


gran sensación en Europa, Joe.” Cash parecía estar reprendiendo al hombre.
“Eso no significa que me guste su voz,” Joe se encogió de hombros y

caminó despacio hacia la puerta. Justo cuando estaba a punto de entrar al

pasillo me dio una palmada en la espalda. “Golpéale fuerte, chica. Si actúa

como un mono, tú simplemente déjale KO.”

Su comentario me hizo explotar con una sonrisa nerviosa.

“Ja, ja,” se burló Cash. “Este viejo se piensa que es mi padre.”

“Bueno, alguien debería serlo,” gritó Joe desde el pasillo.

“Es inofensivo,” dijo Cash, como si necesitara protección de Joe y no de

él.

“Es divertido, nos lo hemos pasado bien. Bueno, ¿he terminado por
hoy?” Estaba deseando volver a la ostentosa habitación de hotel que me

había reservado, darme un baño caliente y pedir un montón de comida del

menú de servicio de habitaciones, porque me moría de hambre.

“No, te llevo a cenar fuera,” Cash cogió su chaqueta de un perchero que

había junto a la puerta.

“Agh, ¿por qué?” Dije, y después me mordí el labio.

Por suerte, Cash estaba de buen humor. “¿Por qué? Bueno, porque hay

algo de lo que quiero hablar contigo.”

“¿No está relacionado con la música?” Lo seguí hacia afuera de su

oficina.

“No.”
“¿Hay alguna forma de librarme de esto?” Le miré, levantando mi

bandera blanca.

“No la hay.” Sus ojos tenían un destello ardiente, tanto él como yo

sabíamos que no me iba a ningún lado sin él.

“¿A dónde vamos a ir a cenar?” Suspiré, sabiendo que había perdido.

“Es una sorpresa.” Su sonrisa era contagiosa.

“Eres lo peor,” le dije, sacudiendo la cabeza mientras él me cogía del

brazo.

“No, soy lo mejor.”

Cash me llevó a un elegante restaurante para el que no estaba bien

vestida, pero iba con Cash Coltrane, podría haber entrado llevando un

albornoz y no hubiera pasado nada. Él conocía a casi todo el mundo que

había en el lugar, así que me alegré mucho de que nos llevaran a una sala

privada. Por lo que fuera, me sentía mejor haciéndole frente a él en vez de a

una sala llena de gente que él conocía, pero, de todas formas, ya había sido

vista. Tanto me pareciera bien como si no, ahora estaba en el radar de Cash.

“¿Y bien?” Dije en cuanto nos sentamos. “¿Es esto parte de tu plan para

presentarme como tu ‘siguiente’?”


“Superestrella, quizás.” Él sabía a qué me refería y evitó la respuesta a

propósito.

“¿O?” Me quedé mirándolo.


“Eres carne fresca y dulce. Así que sí, eso es exactamente para lo que te

he invitado a cenar. Quiero ser visto contigo para que la gente sepa que tú

eres la siguiente.” Entonces cogió el menú y fingió que no acababa de soltar

una bomba sobre mi cabeza.

“¿Sabes? No tengo por qué quedarme aquí. Podría irme aparentando

que te odio y así tu reputación seguiría estando la mierda. No estoy en el

mercado,” le amenacé, pero en un tono de broma para no provocar su

completa y absoluta ira.


“Podrías, pero, ¿por qué lo harías? Has pasado la prueba de Joe, estás en

tu camino a cumplir tus sueños, ¿por qué tirarías todo eso a la basura
porque te esté intentando seducir y tenga una reputación pésima con las

mujeres?” Dijo todo eso con cara seria.


“¿Cuál es el fondo del asunto entonces?” Quería llegar al meollo de una

vez.
“Necesito limpiar mi nombre y necesito follarte.” Vale, ese era el fondo

del asunto. “Ahora mismo sé que follar está descartado, pero tengo una
propuesta, y no creo que puedas o debas rechazarla.”

“No.”
“¿Cómo puedes decir que no si ni siquiera has escuchado la propuesta?”
“Porque imagino de qué se trata.”

“Imagina,” me retó.
“Quieres que sea tu novia falsa,” solté.
“Quiero que seas mi esposa falsa.” ¡Boom!

“Estás como una puta regadera. No, ni de coña. Ah, ah. ¿Puedo volver
ya a mi hotel?” En realidad, estaba lista para volver a Texas.

“Es una propuesta muy simple. Te doy cinco millones de dólares y tú te


casas conmigo. Sales en ese horrible reality show conmigo, y yo arreglo tu

contrato de grabación. Tú finges ser la esposa enchochada, yo me follo a


quien quiera, y espero que en algún momento sea a ti. Puedes quedarte con
un ala de mi casa, de todas formas buena parte de ella está vacía, cogiendo

polvo. Nos separamos y divorciamos en unos cinco años. Voilà, mis


problemas están solucionados y tú consigues un montón de dinero.”

“Cinco millones no es suficiente dinero para tirar cinco años de mi vida


a la basura.”

“Vas a estar centrada en tu carrera. Durante cinco años, estaré


haciéndote crecer para convertirte en la estrella más grande de la música.

Estoy hablando de Grammys, ofertas de películas, patrocinios.”


“¿No crees que la gente menospreciará mi talento al pensar que he

conseguido todas esas cosas porque estoy ‘casada’ contigo?” Casi me


ahogo con la palabra ‘casada’, apenas era capaz de decirla.

“No, porque el mundo y yo vamos a enamorarnos de ti a la vez. No nos


vamos a casar hoy, eso será más tarde. Está todo organizado.”
“¿Y si digo que no?” Porque iba a decir que no.
“Entonces saldremos a cenar juntos todas las noches bajo el escrutinio

del público hasta que digas que sí.”


“¿Y crees que amenazarme es la mejor forma de conseguir esto?” Me

estaba cabreando seriamente. “Además, ¿no tendría que salir a sitios


contigo de todas formas? Quiero decir, si fuéramos a seguir con la

producción, me llevarías a sitios.”


“Sí, pero te estaría llevando a sitios para que te vieran, para construir tu

carrera, para hacer que todo fuera sobre ti. Si no dices que sí, entonces todo
va a ser en mi territorio, con mi gente, todo irá sobre mí. Quizás así la gente

piense que eres mi nuevo ligue.”


“¿Y si simplemente me vuelvo a Texas esta misma noche?” Me puse de

pie, quería irme.


“Vete.” Se me quedó mirando, retándome a irme del restaurante.

Mi corazón tocó fondo. Estaba en una encrucijada, ¿qué iba a hacer?


¿De verdad tenía las agallas para dejar marchar todo y volver a los bares de
mala muerte y los bailes de instituto? Me dije a mí misma que no sería así.

Encontraría otro productor; conseguiría que mis canciones se pusieran en la


radio. Haría vídeos en YouTube y usaría a mis amigos para ayudarme a

encontrar a alguien, a cualquiera que no fuera Cash Coltrane, para que me


representara. Podía hacerlo. Podía. Era mejor que un contrato de
matrimonio falso. Quería amor real. Me lo merecía, así que, sin decir

ninguna otra palabra, salí del restaurante y, para mi absoluta sorpresa, él me


dejó hacerlo.

Conforme estaba fuera, en las ruidosas calles de Nueva York, hice todo
lo que pude por aguantarme las lágrimas. Había escuchado que era difícil

conseguir un taxi en Nueva York, pero no me llevó mucho rato hacer que
parara uno. Durante todo el rato que estuve ahí quieta, podía sentir los ojos
de la gente fijos en mi espalda. Lo más seguro es que fueran clientes del

restaurante, también podían ser los ojos de Cash, pero no me giré para
mirar. Hice que el taxi me llevara a mi hotel e inmediatamente comencé a

recoger mis cosas. Con una mano estaba echando cosas a una maleta y con
la otra llamando a la aerolínea para cambiar mi vuelo.

Medio esperaba que Cash apareciera en mi habitación, pero no lo hizo.


Después, esperaba que apareciera en el aeropuerto, pero tampoco lo hizo.

Así que me volví a casa y, a las seis de la mañana del día siguiente al que
había llegado a Nueva York, estaba de nuevo en Houston, Texas. En cuanto

entré en mi casa, sorprendí a Peyton, aunque la había llamado y le había


dejado un mensaje. Vi su cara y estallé a llorar.

“Todo va a salir bien, cariño. Has hecho lo correcto.” Ella me dio un


abrazo y yo simplemente sollocé.
Le había dejado un largo y laberíntico mensaje contándole todo lo que

había pasado ese día, así que estaba agradecida de no tener que volver a
contárselo. Simplemente, dejé que me abrazara mientras yo lloraba.
Capítulo 8
Cayden

Iba a ser mucho más difícil de romper de lo que pensaba.

La observé desde la ventana del restaurante mientras ella llamaba a un


taxi. Le llevó un rato, pero consiguió uno. Después, dejé el restaurante y me
fui a casa. Ahí llamé a Kevin para ver si había hecho el check-out en el

hotel, y lo había hecho. De ninguna de las maneras iba a perder a Genni,

pero necesitaba darle un poco de espacio. Su huida de mí solo me hacía


desearla más. Estaba tan enfadado, triste y frustrado que le dije que

contratara a alguien para seguirla. Kevin trabajaba conmigo desde el inicio


de los tiempos, y podía confiar en él para que hiciera lo que fuera, incluso si

era algo un poco turbio. Consiguió que un hombre subiera a su vuelo en

cuestión de minutos.

Sabía su dirección en Texas y mi hombre mantendría vigilada la casa de


Genni para mí. Durante la madrugada, colocó cámaras en los árboles, en el

buzón y alrededor de la propiedad. Conectó esas cámaras a una aplicación

de mi teléfono y, con un simple toque a mi pantalla, podía verla entrar y

salir de la casa. Sí, la estaba acosando. No tenía derecho a hacerlo, ni el más


mínimo. Pero me dije a mí mismo que no hacía ningún daño por vigilarla.

No tenía ningún plan de hacerle nada malo. Estaba totalmente preparado

para aceptar los límites que ella había decidido, al menos durante un

tiempo. No, solo la estaba vigilando de forma inofensiva para asegurarme

de que no se fuera a ningún sitio donde no pudiera encontrarla. Eso es lo


que me dije a mí mismo. Está claro que las cámaras de vigilancia

probablemente no fueron la mejor idea que pude tener, porque me encontré

en el límite de la obsesión con las salidas y llegadas de Genni.

Estaba bien verla sentarse afuera con su amiga, en el porche, bebiéndose

un té helado. Su cara estaba inflamada, parecía que había estado llorando, y


me sentí mal por ello. Pero seguía estando decidido a ofrecerle un

matrimonio falso. Quizás cinco millones no fueran suficientes, tenía

pensado doblar esa cantidad. Diez millones. En serio, eso es un montón de

dinero. Cuanto más la miraba, peor me sentía. Llegó un punto en el que no

fui capaz de solo mirarla.

En su primer día en casa, estuvo callada. Al día siguiente, me mandó un

mensaje:
Todo esto me supera. No soy el tipo de mujer hecha para un matrimonio

falso. No sé mentir. Sería una mierda de mujer falsa. La verdad es que

estaba empezando a disfrutar de salir contigo. Buena suerte con todo y

gracias por la oportunidad. Te deseo lo mejor. Genni.


Me quedé mirando el email durante un minuto. Era una despedida, pero

no tenía ninguna intención de dejarla marchar. Por lo menos, haría que

firmara con mi discográfica. Al día siguiente, Joe me preguntó por ella, y

yo le dije que había tenido una emergencia familiar y estaba de vuelta en

casa, pero que volvería pronto.

“Joder, ¿qué le has hecho?” Me mandó una de sus miradas despectivas.


“En realidad, nada. Absolutamente nada, en serio.” Bueno, más o

menos.

“Si pierdes la oportunidad de firmar con ella, vas a arrepentirte el resto

de tu vida.” Era bueno amenazándome, confiaba en él.

“No ha pasado nada, solo ha tenido que irse a casa por poco tiempo,”

defendí mi caso.

“Ahá,” es todo lo que él contestó.

No le respondí su mensaje de inmediato porque quería que pensara en

mí. Necesitaba ocupar un espacio en su mente. Así que esperé para

contestarle. Vi las imágenes de vigilancia, que mayormente eran de ella


recogiendo el correo, y me di cuenta de que necesitaba más. No podía

simplemente quedarme sentado y mirarla. En un impulso, reservé un billete

a Houston y una habitación de hotel al lado de su casa. Le pedí al tío que

quitara todas las cámaras y lo despedí. Iba a hacer esto yo mismo. Kevin

pensó que estaba loco, y no refuté sus preocupaciones, estaba demente.


“Es una buena chica, Cash. Déjala en paz,” tuvo los cojones de decir.

“Sigo teniendo que grabar tres episodios con Allie. Podría hacer que los

grabaran simplemente ignorando a esa zorra, o podría aparecer pasando


página. Prefiero la segunda opción. Genni tiene el potencial para ser algo

increíble. No voy a dejar pasar esta ocasión y, como mi socio potencial, no

quieres que deje pasar esto.”

“Como amigo tuyo que soy, solo te estoy advirtiendo. No la cagues.”

Me mandó una sonrisa amable, pero sentí la decepción en ella.

Él no estaba equivocado.

“Puedo hacerlo,” le aseguré. “Definitivamente, puedo ganarme a la

chica.”

“Tú siempre te ganas a la chica, pero piensa en ella, ¿se merece lo que

vas a hacerle?” Levantó sus cejas hacia mí.

“Nunca he conocido a la chica correcta. Genni tiene el potencial para

ser algo más, y quizás pueda intentar ser mejor… para ella.”

“Eso esperemos, por el bien de ambos.”

Y tras decir eso, dejó que me fuera.

Viajé a Houston y le mandé un mensaje desde el hotel dos días después

de que ella me mandara su mensaje a mí.

Tenemos que hablar.


Es todo lo que le dije. Esperé a que me respondiera.
No sé qué decir.

Me contestó de inmediato.

Di que te encontrarás conmigo afuera en veinte minutos.

Era arriesgado hacerle saber que estaba ahí, pero era un tío imparable.

¿Estás en Houston?

Podía sentir como sus nervios crecían.

Lo estoy.

Y después no hubo nada. Por un instante me arrepentí de haber quitado

las cámaras, pero, en vez de darle vueltas, simplemente conduje hasta su

casa y aparqué en su camino de entrada. Finalmente, ella salió.


“¿Qué estás haciendo aquí?” Preguntó. No parecía enfadada, solo

sorprendida.

“No me diste oportunidad de explicarme.” Salí de mi coche y me apoyé

sobre la puerta del conductor.

“¿Y por eso has venido hasta aquí?” La mirada de confusión que había

en su cara no tenía precio.

“El viaje merece la pena por ti. ¿Puedo entrar adentro para que podamos

hablar esto? Aquí estoy en tu territorio, tú tienes todo el poder.” Levanté

mis manos en el aire como si me estuviera rindiendo.

“¿De qué hay que hablar?”

“Déjame entrar y te lo cuento.”


“Mi compañera Peyton está aquí, y ella tampoco está interesada en salir

contigo, ¡así que no le preguntes!”

Ooh, me encantaba.

“Considérame advertido,” es todo lo que le dije mientras la seguía

adentro de la casa.

La propiedad era una bonita y vieja casa estilo granja, pero tenían

muebles y toques muy modernos y eclécticos. Ya me gustaban las dos

mujeres. Pude ver en la esquina, donde estaba ubicada la cocina, a una

mujer alta que llevaba unos pantalones cortos y un crop top. La chica estaba

cortando algo sobre una tabla, y entendí a la perfección por qué Genni no

quería que mareara a su compañera de casa. Porque, al igual que Genni, era

increíblemente guapa. Pero, por suerte para mi chica, ella no era mi tipo,

con su pelo largo y oscuro y su figura recta. Me gustaba que Genni tuviera

curvas y fuera pelirroja. Es más, me gustaba Genni, y no estaba buscando a

otra mujer, daba igual lo atractiva que fuera.

“Siéntate.” Asintió hacia una silla azul eléctrico. “¿Quieres una Coca

Cola o algo? Tenemos en la nevera Coca Cola, Sprite y té helado.”

“Tomaré un té helado.” Parecía que esa era la mejor opción, hacía el


suficiente calor para ello.

“Vale.” Genni fue a la cocina y dijo, lo suficientemente alto para que yo

lo escuchara, “se va pronto.”


“Hola.” Su compañera me saludó desde la cocina y, aunque era una

situación muy incómoda, la saludé de vuelta, reteniendo mi personalidad de

macho dominante solo lo necesario.

Cuando Genni llegó con nuestro té, su compañera emplató lo que fuera

que estaba preparando y desapareció.

“¿Y bien?” Genni se sentó en la silla que había al otro lado, que era de

un amarillo estridente.

Los muebles parecían nuevos, ya que la tela se veía limpia y apenas


usada. En las paredes había pinturas en colores complementarios que me

hicieron pensar que o bien Genni o bien su compañera las habían pintado.
“¿Y bien? ¿Quién es la artista de la familia?” Le pregunté para suavizar

el ambiente.
“Peyton,” fue la simple respuesta de Genni.

“Es muy buena. Tengo que preguntarle cuánto cobra. Me encantaría


tener unas cuantas de estas pinturas en la oficina,” lo dije prácticamente

para congraciarme con Genni, pero la verdad era que las pinturas eran muy
exóticas y sugerentes.

En ellas salía gente desnuda pintada con duros trazos de pincel y pocas
líneas. Mientras que los cuerpos no eran nada eróticos, uno nunca lo sabría,
ya que había tan poco de ellos que dejaban mucho a la imaginación. Los

colores eran atrevidos e impactantes, pero si los mirabas más de cerca,


había matices, un poco de un ojo, el lado de un hombro, el arco de una
espalda. Y después, definitivamente podías ver las figuras haciendo el amor,

o bailando, o sentadas tomando el té. Me encantaban.


“Te mandaré un link a su página web cuando te vayas,” dijo Genni de

forma monótona.
“¿Por qué estás tan arisca, amor mío? No te he hecho daño.” Me estaba

empezando a cabrear por su tono de voz y la distancia emocional que estaba


poniendo entre los dos.
“No, pero me lo harás.”

Sí, tenía que lidiar con mi maldita reputación, una que, sinceramente,
me había ganado.

“Bueno, no nos adelantemos a los acontecimientos. Que compre las


obras de arte de tu talentosa amiga no hace daño a nadie. Vayamos al grano.

No te estoy pidiendo que te cases conmigo por dinero. Te estoy pidiendo


que “salgas” conmigo.” Puse las comillas en el aire. “Por dinero.”

“No hago “nada” por dinero,” ella también hizo las comillas en el aire.
“Vaya, pues eso es estúpido. ¿Cómo planeas vivir?” Le estaba tomando

el pelo, sentaba bien.


“Sabes a qué me refiero.” Se me quedó mirando.

“¿Qué hace falta para que lo hagas?” Así de desesperado estaba, así que
dejé la pelota en su tejado.
“¿Por qué no puedes buscar a otra persona y dejarme que me centre en
mi música? Si salgo contigo, parecerá que esa es la razón por la que estás

firmando conmigo. Me quita toda mi credibilidad como música y me coloca


donde las mujeres han estado durante décadas… acostándose con hombres

para llegar a lo más alto. No quiero ser parte de eso.” Su expresión cayó,
comprendía lo que estaba diciendo.

Aunque esa era la norma en los círculos en los que me movía, podía ver
por qué ella no quería utilizar su efecto como mujer para labrarse su camino

hacia lo alto. Era admirable, como todas las cosas sobre ella.
“Bueno, solo yo tendría que saber que vas a llegar hasta el final

conmigo, el mundo no tiene por qué descubrirlo aún. Estaba pensado que
podríamos acordar una suma de dinero que te permita vivir el resto de tu

vida si lo gastas y lo inviertes de forma inteligente. Podemos establecer una


línea de tiempo que te permita tener la oportunidad de sacar a la luz tu

música antes que nuestra relación.” A mí todo me parecía bastante bien


pensado.
“¿Y si justamente encuentro a alguien en ese periodo de tiempo? ¿De

cuánto tiempo estamos hablando? Un año es una tontería, no le haría nada a


tu reputación, especialmente porque me estás dando tiempo para que me

establezca por mí misma. Gracias por eso, por cierto. Dos años sea
probablemente todo lo que sea capaz de darte, pero dos años no son una
relación realmente. En cualquier cosa más allá de dos años me estás

quitando tiempo para poder encontrar a alguien a quien querer de verdad.


Joder… ¿por qué estaba siendo tan… real con todo esto?

“¿Tres años entonces? ¿Son tres años demasiado tiempo para estar en
una relación falsa con una gran cantidad de dinero en la cuenta del banco?

Tengo treinta y seis años, así que hay una buena diferencia de edad entre
nosotros. En tres años, tú solo tendrás…”
“Tú tienes treinta y seis años. En tres años, tendrás casi cuarenta y yo

tendré veinticinco. No creo que tú quieras una familia o una relación real,
pero yo sí que quiero ambas. Si empiezo a buscar al hombre adecuado con

veinticinco años, me quedo prácticamente sin tiempo de disfrutar de mi


marido antes de que seamos padres…”

Dios mío, la cabeza me daba vueltas.


“Wow, vale. ¿Quién ha dicho nada de tener niños? Sabes que va a llevar

algo de tiempo que tu carrera se establezca, vas a tener que esperar un


tiempo para tener niños, sea conmigo o sin mí. Y solo por saberlo, ¿de

cuántos niños estamos hablando?” Me daban náuseas solo de preguntar.


“Por lo menos tres o cuatro.” Ella sonrió ampliamente, consciente de

que me tenía agarrado de las pelotas, ya que ya tenía un hijo que nunca
había visto, y ese iba a ser el único.
“Tres o cuatro hijos es sin duda una buena razón para romper.” Supe

que ella no quería que yo lo viera, pero su brillante sonrisa se esfumó de su


cara cuando dije eso.
Capítulo 9
Genevieve

Así que no le gustaban los niños. No sé por qué me importó, pero, por

alguna razón, eso me dolió de verdad. Me quedé mirándole y, por muy


atractivo que fuera, él nunca iba a ser el hombre adecuado. Hiciera lo que
hiciera o considerara hacer, y en parte me odiaba por siquiera pensar en

ello, iba a ser por el dinero y por mi carrera, y por nada más. Sin embargo,

como una idiota, seguía aferrada a la idea de que podía haber una pequeña
chispa de esperanza para nosotros.

“¿Qué tienes en contra de los niños?” Ver como su boca se torcía en una
mueca fue probablemente la única respuesta que necesitaba, pero me senté

y esperé a que escupiera todas las razones por las que un cabrón egoísta

como él no quería amar y cuidar a niños.

“No son mi estilo,” dijo en voz baja.


“Quizás porque piensas en ellos como en accesorios que están pasados

de moda para tu coche rápido o tu estilo de vida lleno de caviar,” le dije.

“O quizás porque ya tengo uno,” me soltó, y después cerro los labios.


Entonces, tenía un hijo. Quizás no había querido contarme lo del hijo

que ya tenía, pero su rabia había dejado que la verdad saliera. Ahora

estábamos en un campo de batalla casi igualado. Cuando había llegado esa

mañana, él tenía todo el poder. Había venido a Texas para atraparme en mi

casa y ofrecerme una obscena cantidad de dinero por ser su novia para que
el reality show que estaba rodando con su ex no le expusiera como el

verdadero y completo capullo que era en realidad.

A ver, no había sido tan malo conmigo, solo fanfarrón y con un toque de

dominación alfa, pero ya había conocido a hombres así antes. En realidad,

no se había sobrepasado, aunque sentarse en mi sala de estar sin ninguna


invitación previa casi se podía considerar ir demasiado lejos. Nunca había

leído que tuviera un hijo. Parecía raro, pero la gente rica era extraña.

“¿Lo tienes?” Fue todo lo que se me ocurrió decir.

“Sí. Tiene nueve años, aunque nunca lo he visto. Su madre lo tuvo sin

mi consentimiento.”

“¿Necesita una mujer tu consentimiento para dar a luz a su propio

hijo?”
“Uno que no acordamos tener…” Comenzó.

“Contéstame a esto. ¿Metiste tu polla dentro de ella?”

“Sí,” Dijo, tragándose su rabia.

“Entonces tienes un hijo. Tienes un hijo de nueve años.”


“Al que nuca veré,” añadió.

Quería darle un puñetazo en la cara.

“Pobre chico. Espero que su madre se haya casado con alguien bueno.

Es una mierda ser un niño sin padre. Bueno, imagino. Yo fui muy

afortunada de que mi padre no solo me quisiera, sino que además le gustara

estar conmigo… ¿Te imaginas algo así?”


“¿Y ahora quieres tener un montón de mierda de niños?”

Me reí, aunque no debía hacerlo. Estaba intentando permanecer fuerte,

pero la visión de un montón de mierda de niños era graciosa. “Sí, todo un

montón de…”

“¿Por qué?” De repente, estaba serio.

“Quizás porque en el fondo de mi corazón soy una niña. Se me dan bien

los niños, y me encantan. Son muy inteligentes y divertidos. Son unos

pequeños ingenuos sabioncillos. Supongo que no puedo expresarlo bien del

todo, pero me han encantado los niños desde siempre. No me puedo

imaginar no estando rodeada de niños algún día.” Y, en realidad, ese era mi


sueño; una carrera como cantante, un hombre que me amara y una minivan

llena de niños.

“Bueno, todo lo que yo veo es estrés y jaleo y formas en las que tu

tiempo y energía son robados.”


“Supongo que tú solucionaste ese problema. ¿Cómo se llama tu hijo, o

ni siquiera te molestaste en preguntarlo?”

Cash se me quedó mirando durante un momento, como si estuviera


levantando una bandera blanca.

“Si te lo digo, ¿accederás a nuestros términos?”

“¿Por qué lo haría? En primer lugar, no tenemos términos y, en segundo,

conocer el nombre de tu hijo no es que sea una gran revelación.”

“Podrías enterrarme con esa información; nadie más lo sabe. Hice que

Sarah firmara un Acuerdo de Confidencialidad.”

“Tu pobre hijo.” Sacudí la cabeza, sintiéndome muy triste por ese pobre

niño. “¿Sabes su nombre o no?”

“Se llama Alex,” dijo en voz baja. “Y su madre aún no se ha vuelto a

casar.” Toda su conducta cambió. “Y voy a pedirte de forma respetuosa que

no digas nada sobre él a nadie que no sea yo. No quiero tener que llevar a

cabo acciones legales. Quiero que esto funcione.”

“Quieres decir que quieres que nuestra relación falsa funcione para que

puedas sacarte a ti mismo de este jaleo.” Ladeé mi cabeza hacia él, me

sentía poderosa.

“Supongo… sí.”

“No puedo darte tres años.” Me mantuve firme en eso.


“¿Por veinte millones de dólares?”
“Esa es una cantidad de dinero demencial, pero si lo aceptara no sería

nada más aparte de una puta rica.”

“Supongo que en la amplia definición de la palabra puta… podrías

serlo, pero por el momento solo nos hemos besado. Sería el beso más caro

que habría dado nunca, pero merecería la pena.” Volvía a haber un brillo en

sus ojos.

“Seis meses,” solté.

“Mm, veinte millones por seis meses no es un buen negocio para mí.”

Al menos seguía sonriendo.

“Gratis. Te daré seis meses gratis. Trabajaré en mi carrera, supongo que


podemos empezar algo, pero yo tomaré las decisiones sexuales. No vamos a

hacer nada que yo no quiera hacer, ya que esto no va a ser una relación real.

A cambio, tú me llevas de tu brazo a donde quiera que te haga falta y a ese

estúpido reality show. Todo lo que pido es que trabajemos en mi música y

simplemente… no sé, veamos a dónde nos llevan esos seis meses. Cobraré

lo que se supone que debo cobrar como música.”

“¿Y después de los seis meses?” No lo había rechazado, así que por lo

menos estaba reconsiderando mi proposición.

“Tras los seis meses, podemos discutir los siguientes pasos. Creo que en

seis meses sabremos mejor a qué me enfrento.”

“Lo acepto.”
Me sorprendió que no me hiciera negociarlo más. “¿En serio?”

“Sí. Ahora prepara una maleta, vas a estar fuera seis meses.”

“Echa el freno, amante. No me voy a levantar e irme contigo en este

mismo instante. Eres bienvenido a quedarte a cenar. Los chicos van a

preparar una barbacoa y vamos a tocar unas cuantas canciones y pasárnoslo

bien este sábado noche. Después, mañana, canto en el coro de la iglesia y

entonces, y solo entonces, puede que me suba en el avión contigo,

dependiendo de lo bien que te comportes con mi gente.” Me quedé

mirándolo de forma firme.

“Tú, señorita Genevieve, ¡eres dura de moler!” Se rio.

“¡Bueno, he salido a mi padre!” Le dije, intentando picarle.

“¿Qué debería hacer mientras esperamos a que vengan tus amigos con

la barbacoa?” Parecía avergonzado e incómodo… bien.

“Bueno, estamos al cargo de los condimentos, la ensalada de patata, la

ensalada de col, y los pasteles, así que creo que lo mejor será que te pongas

un delantal y me ayudes con ello.” Me puse de pie y caminé hacia la cocina

sabiendo que lo había asustado.

“No soy muy buen cocinero,” dijo ahogado.


“No hace falta que lo seas para cortar.” Le di un trozo de repollo y un

cuchillo. “Tiras largas y finas, ya sabes, como la col.”

Él se rio. “¿En serio me vas a hacer hacer esto?”


“Bueno, tú vas a hacerme hacer lo que sea que vayamos a hacer, así que

sí. Esto no es nada en comparación con los sacrificios que yo voy a hacer.”

“Haces que suene como algo muy malo,” dijo nervioso.

“Es malo, créeme. ¿Cómo pueden estar equivocadas millones de

mujeres respecto a ti?”

“Bueno, yo no diría millones exactamente…”

Empezó con el repollo y tenía razón, probablemente no había cocinado

ni un solo día de su vida. Esto iba a ser muy divertido. Encendí Spotify en
mis altavoces inalámbricos Bose y puse a unos artistas indies locales que

me encantaban. Quizás también firmara con ellos, ya que también venían


esa noche a la barbacoa y a cantar. Saqué las patatas y empecé a lavarlas en

el fregadero antes de cortarlas.


“¿Y hacéis esto todos los sábados por la noche?”

Su habilidad para cortar no había mejorado, pero le di puntos por


intentarlo.

“Todos estamos bastante ocupados, así que esto lo solemos hacer el


último sábado de cada mes. La mayoría de nosotros somos amigos de tocar

en bolos. Peyton tiene unos cuantos compañeros de arte a los que también
les gusta venir, te encantarán,” dije sarcásticamente.
“Oh, ¿y por qué es eso?” Preguntó de forma despreocupada.
“Son guais, sexis y les importa todo una mierda. En serio, podrían llegar
con un hurón como mascota y actuar como si nada,” me reí porque eso pasó

una vez. “Y les gusta tener sexo los unos con los otros.”
“Bueno, eso seguro que será entretenido. ¿Debería preocuparme por ser

reconocido? Es algo en lo que siempre tengo que pensar. Aunque, si vamos


a hacer lo de los seis meses, todo lo que acabe en redes sociales será bueno,

porque estoy seguro de que no vamos a hacer nada comprometedor.”


“Mis amigos no son imbéciles; estarás bien. Sobre todo, vas a ser
acusado de destrozar el repollo, porque te tiraría por un puente por esa

basura de tiras que has hecho.” Le mandé una mirada despectiva de forma
juguetona.

“¿Qué? Es la primera vez que intento hacer algo en la cocina, dame un


poco de cancha. Lo máximo que sé hacer es abrir una lata de sopa y

calentarla en el microondas.”
“Lo cual haría que el lugar saliera por los aires.” Me quedé mirándole.

“En un plato, por supuesto.” Puso los ojos en blanco como si eso fuera
cocinar.

Era divertido. Nos lo estábamos pasando bien. De alguna forma,


descartar el tema del dinero y dejar el sexo bajo mi criterio había hecho que

la situación fuera mejor. Y no quería admitirlo, pero Cash Coltrane se


estaba comenzando a meter en mi cabeza. No lo odiaba, lo cual era una
mejora teniendo en cuenta que dos días antes lo había despreciado tanto que
había salido huyendo.

“Claro, en un plato. Vale, ¿estás listo para graduarte con las zanahorias?
Ya has triturado casi todo el repollo, siendo triturar una forma suave de

decirlo.”
“Bueno, no si sigues criticándome.” Actuó ofendido y de repente yo

quería volver a besarlo.


Lo bueno es que Peyton entró y evitó que hiciera algo estúpido.

“Ey, qué bien que ya hayáis empezado con las guarniciones. Bones
acaba de escribirme, él y la pandilla están de camino.” Peyton cogió un

trozo del repollo descuartizado del bol y se lo llevó a la boca. “¿Esta noche
tocan tiras gruesas en la ensalada?” Ladeó su cabeza y miró las tiras de

repollo que torpemente había cortado Cash, y que eran demasiado grandes
en algunos sitios y diminutas en otros.

“Parece que sí,” contesté.


“Qué rico. Vale. Voy a preparar el pastel antes de que nos pongamos a
abrir cervezas.” Peyton se puso un delantal que decía, El lugar de una mujer

es donde coño quiera estar. Estaba hecho a mano, y era tan vibrante y
atrevido como el resto de obras de Peyton.

“Bonito delantal.”
“Gracias. Si quieres, puedo hacerte uno,” fue la contestación indiferente

y despreocupada de Peyton. Ella estaba demasiado ocupada lavando los


melocotones y haciendo su pastel como para ni siquiera atender o

preocuparse por Cash.


“Claro,” Cash se rio y, como él lo hizo, yo también. “Ahora, las

zanahorias…” Cash estaba listo para ponerse a ello. Tenía que admitir que
me encantaba verle esforzarse.
Capítulo 10
Cayden

De normal, hubiera odiado estar en la cocina, pero con Genni era una
experiencia de unión divertida. Su compañera Peyton era probablemente

más de mi estilo, pero estar con Genni y compartir risas era más
satisfactorio de lo que nunca pensaba que podía ser. Pronto llamaron a la

puerta y un montón de desaliñados con olor a pachuli llegaron vestidos con


la ropa más actual. Habían llevado el término moda al siguiente nivel. Se

pasaron cervezas, al igual que hierba, vino y whiskey. No eran exactamente


mi tipo de persona, pero no era difícil entrar en su ambiente.

“¿Quién ha hecho ese repollo tan raro?” Preguntó un tío que llevaba

unos vaqueros rotos pintados con unas flores y un Jesús alienígena en una
cruz.

Yo me encogí de hombros mientras ayudaba a llevar la comida de la


cocina a la gran mesa del porche. Sentados sobre la barandilla, unas cuantas

sillas destartaladas y un largo columpio del porche, había un grupo de gente

poliamorosa abrazándose y besándose con camisas descaradamente

desabotonadas, camisetas sin sujetador, tops y vestidos veraniegos, todos


enredados entre sí como una masa de bohemios con rastas, tatuajes,

descalzos y de género fluido. Eran un unido grupo de neo-hippies, de eso no


había duda. Nunca me había considerado a mí mismo poco guay en ningún

aspecto, pero ahí, frente a esa pandilla, tuve que admitir que mi nivel de ser

guay bajó un poco.

Lo más divertido fue que ellos no tenían ni idea de quién era yo. Pensé

que era extraño viniendo de un grupo de músicos, pero resultó ser que el
grupo de cuerpos humanos con pelo, tatuajes y desnudez eran los amigos

artistas de Peyton, que habían llegado aquí en una minivan. Los amigos de

Genni estaban entrando por el largo camino de entrada con un Prius, un

Toyota Highlander y un Ford F-150 rojo. Por alguna razón, ver el desfile de

coches y la orquestación que había debido de ser necesaria para ponerlos en


movimiento a la vez hizo que me pusiera un poco nervioso. La verdad era

que no sabía por qué, pero esa era la gente de Genni y, por alguna razón,

sentí inseguridad.

“¿Me echarán?” Fui por detrás de ella y la agarré de la cintura.

Estaba claro el gesto que había hecho, y recibí algunas miradas curiosas

de los bohemios, pero como los unos estaban prácticamente aparcados en

las entrepiernas de los otros, fue una mirada de paso, sin juzgar. Asentí
hacia el desfile de coches y Genni giró su cabeza hacia mí y sonrió.

“Seguramente.” Me acarició la mano. “Si actúas tal y como eres.”

Después dijo esto con una sonrisa malvada. “Estos tíos van a reconocerte en

cuanto te vean. Espero que hayas traído tu pistola.”


“Oh, me la he dejado en el coche…” Aparcaron en el camino de entrada

y casi a la vez se abrieron las puertas, y tres hombres altos salieron del

Prius, lo cual me hizo ahogar una risa por como tres hombres tan altos

podían caber en un coche tan pequeño. Detrás de ellos, dos mujeres salieron

del Highlander y una mujer rubia y de grandes pechos salió del F-150.

Comenzaba la noche. Los tres hombres fueron directos a Genni y yo dejé


caer las manos, por si acaso. No iba a dejar que me intimidaran, pero

primero tenía que conseguir afianzarme.

“¡Genni, has vuelto de Nueva York!” Dijo el primer hombre, el más

alto, mientras caminaba hacia el porche.

Él ni se molestó en mirarme mientras cogía a Genni y le daba un abrazo

de oso gigante.

“¡Gen Z!” El hombre detrás de él grito mientras le daba puñetazos al

aire. “Ey,” me miró y dijo asintiendo, reconociéndome al instante.

“Bueno,” el primer hombre dejó de abrazarla. “¿Qué estáis haciendo

aquí?” Una mueca se formó en su cara y, durante un instante, vi que había


una historia, y me quemó por dentro. Pensaba que ella había dicho que no

había nadie destacado en su vida. Tenía que echarle cojones al asunto. No

iba a dejar que nadie se interpusiera entre nosotros.

“Estamos recogiendo unas cosas de Genni,” le dije.


“Puede que estemos recogiendo mis cosas,” añadió ella con una mirada.

“Pero ahora estamos aquí para pasar el rato con vosotros. Marlon, lo mejor

será que te pongas con esa barbacoa. Estoy muerta de hambre y no dejo de
pensar en un filete.” Genni dejó caer todo su peso contra esa mole de

hombre, y él se movió.

“Primero déjame coger una cerveza.” Se agachó y cogió la primera

cerveza que vio en la nevera.

Yo opté por el whisky, y después les seguí a la barbacoa. Ya me habían

presentado a los bohemios y estaban todos metidos en una animada

discusión sobre cuál era el verdadero color azul cerúleo y si era el mejor

color para iluminar las sombras en obras que expresaban la depresión.

Fuera lo que fuera lo que estuvieran fumando, yo quería un poco. Estaba

asquerosamente aburrido con los de la barbacoa.

Otro tío moderno se unió a nosotros y se puso a hablar con Marlon.

“Oye, estaba pensando que, para Feather on Fire, deberíamos cambiar el

tiempo y hacerlo más animado, bailable…”

“No, honky-tonk no,” protestó mi chica.

“Es verdad, que odias todo lo que sea antiguo,” tuvo la osadía de

quejarse.

¿Desde cuándo el honky-tonk era algo antiguo?


“Bueno, vamos a hablar de lo obvio, ¿no? Cash Coltrane está aquí.”

Todo el lugar se quedó en silencio; incluso los bohemios dejaron de discutir

sobre el color azul. “¿No querréis asustarle con el honky-tonk?” Respeto.

La adoraban. Acababa de presenciar cómo Genni se llevaba de calle a

su gente. Pensaba que era difícil hablar con ella, pero acababa de protestar

de forma atrevida sobre el honky-tonk, en Texas. Era un movimiento

valiente, pero estúpido.

“¿Por qué nos preocupamos por un productor musical importante y

poderoso? La última vez que me miré al espejo no llevaba dientes de oro ni

me llamaba Lil’ no sé qué, sino Gabriel,” dijo el tío en voz baja.


“Bueno, sí, he firmado con unos cuantos raperos. Le tengo un amor

personal al rap y Genni tiene razón, no me gusta mucho el honky-tonk, pero

me gustan los sonidos nuevos. Encontré a Genni en una fiesta. No estoy

diciendo que esté aquí para firmar con nadie aparte de Genni, pero deberíais

saber que está peleando bastante por vosotros. No os haría ningún daño

poner de vuestra parte y, ya que he dicho que no me gusta el honky-tonk,

quizás no deberíais tocarlo.” Me dejé llevar por el momento, pero me

gustaba que la gente se asustara un poco.

“Sí, claro. De todas formas, esta noche solo vamos a improvisar.

Estamos de barbacoa, esto es casa. Solo la familia cruza la valla,” dijo uno
de los tíos. “Esto no va de acuerdos discográficos. ¡Esta noche va de filetes

y cervezas!”

Hubo un rugido proveniente de los bohemios y de repente me sentí

superado por cantidad. Le di un trago a mi whisky y evité ponerme

cabizbajo. Creo que Genni se dio cuenta de mi angustia, porque me cogió

de la mano y me llevó a un par de sillas vacías que había al otro lado del

porche. Los bohemios empalagosos se habían derramado por el suelo, pero

ninguno de ellos se había alejado de los otros lo suficiente como para llegar

hasta el otro lado de la cubierta. Estábamos a salvo.

“A veces son un poco descarados,” dijo Genni mientras cogía un

puñado de uvas del buffet y se metía una en la boca.

“O mandones.” Tuve que decir.

“Bueno, tú mejor que nadie sabes qué es eso.” Me mandó una mirada de

madre y, de repente, supe que su talento con los niños sería estelar.

“Cierto, sé lo que es.” Estiré la mano y cogí unas cuantas de sus uvas.

En ese momento me di cuenta de que estaba muerto de hambre.

“¿Alguna vez hiciste quedadas antes de hacerte tan famoso como para

que nadie se pueda acercar a ti a menos de tres metros?” Estaba en modo


casual, se quitó los zapatos y plegó sus pies debajo de ella.

Era un híbrido, en parte bohemia, en parte mandona texana, en parte

jodidamente sexy.
“Bueno, supongo que nuestras fiestas eran algo distintas. Teníamos

alcohol y drogas, buena música, excentricidades de drogados y elecciones

de comida cuestionables, hasta que llegó el dinero. Hacíamos barbacoas en

el tejado o la escalera de incendios, pero la pizza barata del bar de la

esquina era normalmente nuestro menú, eso y unas cuantas bolsas de papas,

o alguna Oreo. En aquel entonces. Ahora, sí, todo es caviar y filet mignon.”

“Bueno, nosotros aún seguimos en aquel entonces. Tú solo sé simpático.

Eso no hará que piensen que te gustan. Solo conseguirá que la noche sea
más divertida.” Me dio el resto de las uvas. “Quiero de lo que te estás

tomando.” Miró hacia mi vaso de whisky ya casi vacío. “¿Quieres otra?”


“Sí, claro.” Estaba a punto de levantarme.

“Quieto, cowboy, deja que los nativos se acerquen a ti.” No estaba


seguro de a qué se refería, pero parecía un consejo sabio.

Y finalmente, los nativos se acercaron, y también los bohemios.


Sorprendentemente, nos lo pasamos bien. Me bebí unos cuantos vasos de

whisky y, en cuanto empezaron a servir la comida, la gente se desplegó.


Pese a que mi repollo estaba fatal cortado y era para reírse, muchos

comentaron el buen sabor que tenía. No tenía ninguna habilidad en la


cocina, apenas había cortado eso y dejado que Genni hiciera toda la magia.
No obstante, la combinación de mi corte y su preparación funcionó tal y

como ella dijo que haría. Nuestro plato fue un éxito. Eso sentaba bien.
“Le he añadido un poco de Cash, supongo que hacemos un buen
equipo,” es lo que contestó ella hacia el cumplido y a la pregunta de qué

había cambiado en la receta del repollo.


Era su primer paso a aceptar nuestro acuerdo, y estaba agradecido por

ello. Después, pasó del repollo a incluirme en otras partes de la


conversación, que iba de acá para allá, por ejemplo, sobre cómo estaba su

madre o si iba a seguir trabajando en el bar de mierda en el que era


camarera, ya que su fama era inminente. Tenía mucha curiosidad por
escuchar sus respuestas.

“Voy a dimitir mañana, pero solo porque estaré en Nueva York durante
una temporada, y ya veremos cómo va todo. Seguro que Bea me recontrata

si necesito un trabajo, siempre ha sido muy buena,” fue la respuesta de


Genni.

“Se va a jubilar pronto,” dijo uno de los tíos de la banda.


No estaba seguro de si la estaba desanimando a dimitir o dándole la

oportunidad de dejar de ser camarera. Yo optaba por la segunda. Genni


nunca más volvería a tener un trabajo vulgar.

“Sé que ella quería que me quedara con el sitio, pero yo tengo otros
planes. A ella le parece bien. Espero que se jubile, trabaja demasiado duro.”

Y ese fue el final de la conversación sobre el, dentro de nada, antiguo


trabajo de Genni.
Tras una buena comida, un montón de conversaciones y una fusión de
todos los grupos en la que se me incluyó sin esfuerzo alguno, Genni se

levantó y entró a la casa. Sus compañeros de la banda la siguieron como si


estuvieran magnéticamente conectados a ella y volvieron con instrumentos.

De forma casual, volvieron a sus asientos, pero con una guitarra, un


pequeño kit de tambores y un teclado eléctrico. Los amplificadores y esas

cosas estaban conectados y ajustaron el sonido al pequeño espacio del


porche. Pronto nos deleitaron con un concierto improvisado vibrante y

genial. Mientras que los dos hombres de su banda no eran el tipo de


músicos por los que daría todo por que firmaran, eran buenos y conocían

los gustos musicales de ella, y además comprendían su pulso artístico.


Normalmente usaba ese término para describir la firma musical o la voz de

una persona, era algo intrínseco al artista, y los tíos lo pillaban. Encajaban
bien juntos. Si de verdad quería pelear por ellos, tenía ese punto a su favor.

Al final, aunque en ese momento no lo supiera, ella sería la que tendría todo
el poder.
Capítulo 11
Genevieve

Nunca antes había visto a Cash verdaderamente incómodo, y no lo

conocía lo suficiente como para saber cómo hacer que se sintiera cómodo,
pero parecía totalmente fuera de su ambiente. Tenía que darle su
reconocimiento por haberse quedado. Les hizo frente a mis amigos y al

extraño grupo de artistas de Peyton, que siempre parecían seguirla. Ella

tenía este increíble grupo de amigos que eran muy cercanos y muy diversos,
no solo en color sino en identidad de género y orientación sexual. Si no

estás acostumbrado a estar en el entorno de Peyton, era mucha información


que absorber. Cash fue bastante simpático con los tíos y se sentó a

escucharnos tocar durante un par de horas. Otra banda tocó también y él fue

halagador con todo el mundo. Para cuando llegó la una de la madrugada,

todos estábamos bastante cansados, borrachos y llenos de música,


conversación y alcohol.

“La verdad es que me lo he pasado bien esta noche,” le dije mientras

todos limpiábamos.

“¿En serio?” Bromeó.


“Puedes ser mucho con lo que lidiar. Disfrutar de tu compañía es un

gran paso hacia delante, así que no me presiones,” me quejé.

A veces me preguntaba si era un buen movimiento de negocios frenar

tanto a Cash como lo hacía, pero lo cierto era que seguía sin sentirme

completamente cómoda con él.


“Oh, sé que no tengo que presionarte, cariño mío. Pero tengo que volver

a mi hotel y quiero saberlo. ¿Vas a volver conmigo a Nueva York mañana?

No puedo escaquearme más del trabajo y tú aún tienes una sesión de

grabación agendada para finales de semana. Ya hemos reservado el

estudio.”
El buen rato había terminado.

“Seis meses, ¿verdad? Me pagas el alquiler de este sitio y mi Airbnb o

donde sea que me quede en Nueva York, y yo no tengo que darte más que

seis meses. También necesito dinero para los gastos diarios, pero lo que te

estoy pidiendo es mucho más barato que veinte millones, así que deberías

aceptar la oferta mientras esté disponible.”

“La acepto.” Se acercó hacia mí mientras el resto se iba de la casa,


despidiéndose con tono de dormidos mientras los conductores designados

ponían los coches en marcha para llevar a nuestros amigos a sus casas.

Peyton ya se había escabullido a su habitación, quizás con uno de sus

habituales, y de repente solo estábamos Cash y yo en la cocina.


“¿Qué estás haciendo?” Le pregunté, retrocediendo hasta el fregadero

de la cocina.

“Los besos siguen incluidos en la oferta, ¿no?” Deslizó sus brazos por

mis lados y se movió de forma que su cuerpo presionó el mío. Su polla

estaba dura como una roca. Me pregunté cuánto rato llevaba lidiando con su

empalme.
“No estás en condiciones de besarme.” Miré hacia su erección y eché mi

cabeza hacia atrás, alejándola de él.

“Déjame que ese sea problema mío. Sabes que quieres besarme. He

escuchado cómo cantabas esta noche. Tu voz era pura sexualidad

descontrolada, y creo que era por mí.” No estaba equivocado.

Me había estado volviendo loca toda la noche. Estaba muy sexy vestido

de forma casual, con un par de vaqueros y una camisa de marca de manga

corta desabrochada lo suficiente para ver como la pendiente de su cuello y

garganta se encontraban con la parte superior de su pecho. Él tenía ese tipo

de piel bronceada y sedosa que te hacía querer tocarla. Probablemente se


había gastado una fortuna en el cuidado de su piel, pero estaba funcionando.

Todo lo que quería hacer era besar su cuello. Estaba siendo una estúpida al

resistirme a él cuando todo lo que quería hacer era rendirme.

“Tengo ese efecto en la gente,” mentí.


Él no me volvió a preguntar si podía besarme, simplemente se inclinó y

lo hizo. Debía de haber visto el deseo en mis ojos, porque yo me derretí en

él. Era como si nos estuviéramos comiendo vivos, estábamos muy


hambrientos el uno del otro.

“¿Puedo confiar en que te quedes a dormir conmigo sin hacer nada?”

Rompí el beso para preguntar.

“La pregunta es, ¿puedes confiar en ti misma?”

Agh, siempre así de capullo. “Puedes volver a tu hotel.”

Él acarició mi mejilla con su dedo y, sinceramente, era el movimiento

más cariñoso que había hecho nunca. Fue un momento de verdadero cariño

y adoración.

“Cogeré todo lo que me des. No hagas que esto sea demasiado fácil, la

mitad de la diversión está en la caza.” Me besó en los labios de forma

suave, así que lo cogí de la mano y lo llevé a mi habitación.

Me encantaba el estilo boho-chic, así que mi habitación era

monocromática, en blanco, gris y negro, pero también era femenina y

estilosa, con un suave toque de color aquí y allá. Estaba orgullosa de mi

estilo de decoración y tenía una cama cómoda, así que me sentí segura al

invitar a Cash a que se quedara a pasar la noche. Claro que él estaba

acostumbrado a las cosas más lujosas, pero mi dormitorio era acogedor.


“Muy bonito,” dijo cuando le di al interruptor y las luces iluminaron la

habitación.

Me quité la camisa y los vaqueros, quedándome en ropa interior. Estaba

realmente cansada y quería dormir, así que deshacerse de la ropa y entrar en

la cama parecía el movimiento más inteligente.

“¿Así que vamos a hacer esto?” Preguntó.

“Sí, a lo salvaje.” Me reí mientras me metía entre las sábanas y me

acurrucaba en la cama.

Cash, sin embargo, se tomó su tiempo. Comenzó a desabrocharse la

camisa como si estuviera en un anuncio de Calvin Klein e hizo lo mismo


con sus vaqueros, aunque no estaba siendo explícitamente sexy, solo lo

hacía lentamente. En cuanto tiró su camisa y su pantalón encima de mi silla

acolchada de terciopelo gris, lo vi en casi toda su gloria. Era de los hombres

que llevan bóxers, y su paquete estaba arponeando seriamente la tela.

“¿Te gusta lo que ves?” Me guiñó un ojo.

“Joder, ¿cómo narices mantienes todo eso oculto?”

“Tengo mis formas.”

“No me extraña que pienses tan poco, tu polla es como el 80% de tu

masa corporal.”

Eso hizo que se riera fuerte.


“Será por eso.” Cuidadosamente, se metió debajo de las sábanas, a mi

lado. “Tengo que decir que, dormir a tu lado y que ignores por completo mi

órgano favorito, puede ser todo un reto.”

No era una amenaza, lo cual agradecí, y no estaba realmente segura de

cuánto quería ignorarlo. Aún no estaba lista para llegar hasta el final, Cash

seguía siendo un monstruo, pero le estaba pidiendo mucho y era consciente

de ello.

“¿Qué tal si nos encontramos a medio camino? Hiciste un buen trabajo

haciéndome ver la luna la otra noche con solo esto.” Cogí su mano y

acaricié sus dedos con los míos. “Yo haré lo mismo por ti.” Le mandé una

gran y brillante sonrisa.

“No es mi forma favorita de liberarme, pero mientras me dejes hacer mi

magia de nuevo contigo esta noche, me parece bien si a ti te parece bien.

Ves, podemos llegar a acuerdos.” Se acomodó entre las sábanas de forma

que nos quedamos cara a cara, cada uno en una almohada.

En ese momento, eran casi las dos de la madrugada.

“Bueno, si accedo a irme contigo a Nueva York mañana, ¿cómo va a ser

todo?” De repente estaba tanto emocionada como nerviosa por lo que podía
tener por delante.

“Vas a trabajar como una mula. Tienes que conseguir un montón de

cosas en un periodo de tiempo muy corto, y lo demás… Supongo que lo


demás será como esto, solo que en restaurantes elegantes y fiestas

exclusivas en vez de en el porche y en conciertos-barbacoa. Las noches…

bueno, a veces simplemente hay que ver cómo se desenvuelve todo. Doy

por hecho que estás preocupada por que me convierta en lo que todo el

mundo piensa que soy una vez que mi polla consiga lo que está esperando.”

“Sí.”

“Una vez más, vas a tener que ver cómo se suceden las cosas. No soy un

buen hombre. Está bien que te mantengas firme. Ahora… en cuanto a esto.”
Se movió hacia mí y me empezó a besar de nuevo.

Estaba mucho más cómoda besándolo y olvidándome de todo lo que


tenía por delante de mí. De alguna forma, sentía que estaba bien besarlo.

Sus manos se movieron bajo mi sujetador deportivo y dejé que me lo


quitara. También le dejé que me pellizcara y acariciara los pezones hasta

que mi vagina se llenó de deseo. Esa pobre y desatendida parte de mí


hubiera hecho lo que hiciera falta por tomar su polla esa noche, pero mi

cerebro seguía sin quererlo. Estaba convencida de que en el sexo completo


tenía que haber amor.

Me besó en el cuello y detrás del lóbulo de mi oreja, y todo mi cuerpo


comenzó a arder de deseo. Me puse roja y estaba literalmente chorreando,
algo que él descubrió pronto, en cuanto sus dedos juguetones dejaron de
acariciar mis pezones y bajaron hasta mi coño. Su dedo corazón se deslizó
por mi resbaladizo núcleo y se detuvo, dejándolo ahí quieto.

“Al menos aquí hay alguien que sí que me desea,” me susurró de forma
sexy en el oído mientras movía su dedo dentro de mi vagina.

“Es una zorra…” Dije con voz ronca.


“Ojalá tú lo fueras,” dijo después de morderme el lóbulo de la oreja.

Y eso me volvió loca. Dejé que me desnudara por completo y mientras


tanto mi mano buceó en la parte frontal de sus calzoncillos, qué el
convenientemente se quitó rápidamente. Estábamos desnudos y

completamente húmedos y empalmados el uno por el otro. Acaricié su


polla, que era como de terciopelo suave sobre acero. Joder, debía de usar el

mismo tratamiento para la piel en su polla que en sus manos, cuello y cara.
“Tengo que decir que tienes la piel de tu polla muy suave.”

Él hundió su dedo dentro de mi coño y yo agarré su polla con más


fuerza.

“Puede que algún día pases de la primera base.”


“Y tú puede que me conviertas en un hombre honesto,” dijo antes de

añadir un segundo dedo y empezar a deslizarlos adentro y afuera


lentamente, ignorando mi hinchado clítoris.

Decidí aplicar la misma lentitud deliberada en él. Puede que no hubiera


llegado nunca hasta el final, pero había hecho pajas a tíos antes. Sabía cómo
llevar a un hombre a la sumisión. Me encantaba ver como finalmente se
derrumbaban y se volvían locos de deseo. Quizás por eso a Cash le gustaba

provocarme orgasmos. Era divertido ver como alguien se rendía al placer


que le producías. Suavemente, pasé mi pulgar por la punta de su polla

conforme se humedecía de líquido preseminal.


Él cogió aire y cerró los ojos, sacando los dedos de dentro mío.

“¿Por qué haces eso?” Le pregunté, de forma inocente, sabiendo


exactamente por qué.

Cash agarró mi mano. “¡Más fuerte!” gruñó. “¡Más rápido!” Él empezó


a bombearse a sí mismo en mi mano y yo la alejé para que dejara de follarse

mi mano.
“Ey, eso no es justo. ¡Lo estoy haciendo yo!” Le dije, dándole una

palmada al lateral de su mano infractora.


“¡Fóllame, Genni!” Él echó su cabeza hacia atrás, frustrado.

“Esta noche no, pero hay algo que puede que te guste.”
De repente, salté sobre él, pasando mis piernas por encima de su mitad.
Usé mi deslizante coño para llevar su polla hacia su tripa y la aguanté ahí,

dejando caer todo el peso de mi cuerpo sobre él. Él era un hombre fuerte, y
yo no pesaba demasiado, podía soportarlo.

“Me gusta esto,” gruño, apretando sus dientes.


“¿Sí?” Le pregunté mientras deslizaba mi húmedo coño a lo largo de su

polla, apretándola con fuerza.


Comencé a moverme hacia delante y hacia atrás, follándome su polla

sin tenerla dentro de mí. Estaba encima y sentía que tenía el control. No
estaba renunciando a nada, en vez de eso, estaba usando lo que tenía para

que los dos disfrutáramos. Cuanto más rápido iba yo, más jadeaba él. Sus
manos agarraron mis caderas y me llevó hacia él con más fuerza mientras
yo me movía más y más rápido hasta que le oí gritar. Y cualquiera que

quedara en la casa debió de escucharle también.


“¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!” gritaba mientras se encorvaba hacia mi cuerpo y

disparaba una pegajosa carga con tanta fuerza que caía en la parte superior
de su pecho.

Me bajé de él y terminé el trabajo con mi mano, bombeando y


apretando hasta que saqué toda gota que había en él. Incluso cuando

empezó a ablandarse, seguía siendo un hombre con un miembro gigante.


Me choqué los cinco a mí misma por no haberme enfrentado a la bestia…

pero había una parte de mí, una que no iba a ser capaz de negarse mucho
más, que quería todo de él más de lo que nunca antes lo había querido.

Cuando Cash finalmente recuperó su aliento, me miró. Yo seguía en


llamas, lista para mi gran momento, cuando él bajo su cuerpo lo justo para

susurrarme… “Eres mía.”


Capítulo 12
Cayden

Me tenía totalmente hechizado. Me corrí con tanta fuerza que vi la luna.

Cuando finalmente su cara se enfocó, ahí estaba, un ángel, la mujer más


guapa del mundo. Solo quería adorarla. Puede que mi reputación estuviera
en la cuerda floja, pero me daba igual. Estaba enganchado. Me tenía en la

palma de su mano. Sabía muy poco de ella, pero tenía seis meses para

cerrar el trato, y yo ya estaba listo para firmar…


“Joder, Genni,” dije sin aliento. “Joder. Eso ha sido increíble. Ahora.”

Llevé la mano entre sus piernas para encontrarla aún lista para cualquier
cosa que me permitiera hacer. “Quiero volverte tan loca como tú me acabas

de volver.”

Ella me besó. “Tengo juguetes.” La sonrisa diabólica de su cara me

llenó de placer travieso.


“Me gustan los juguetes.” Ella procedió a sacar una caja negra con un

conjunto picante de cosas guardadas en bolsas de terciopelo y cajas largas y

finas. “¿Qué tenemos por aquí para jugar?”

De repente, todo esto era increíblemente divertido.


“Este es mi favorito.” Sacó una bolsa de terciopelo negro y dentro de

ella había un consolador electrónico con un exterior suave y diseñado de

forma que pareciera una larga polla. Estaba impresionado por la maestría

del objeto y era suave, invitaba al tacto. Quizás no era tan bonito como uno

real, pero era muy tentador. “Ten,” lo cogió y tocó uno de los muchos
pequeños botones brillantes que había en la base de la cosa, donde también

había un largo e inclinado mango. “Esto es increíble. Algún día deberías

dejarme que te lo metiera.”

“Oh no, a mí no. No me van esas cosas. El agujero de mi culo solo

opera en una dirección y es hacia afuera, para adentro no va nada.” Moví mi


dedo hacia ella en protesta.

Ella se rio de mí. “Vale, tú estás respetando mis límites, así que yo haré

lo mismo. Bueno, si presionas esto, se calienta.” Sentí como el dispositivo

se calentaba. “Pero si lo vuelves a presionar…” Lo hizo, y de repente, la

cosa cobró vida.

Había visto consoladores penetradores en acción, Allie también tenía

una buena colección, pero nunca los habíamos usado porque, ¿por qué lo
hubiéramos hecho? Ya nos teníamos a mí. Esta, no obstante, era una

situación distinta.

“Esto parece divertido,” comenté, y de verdad que lo parecía, pero no

tan divertido como yo podría serlo.


“Lo es… mucho…” Se tumbó en la cama y abrió sus piernas mientras

me acariciaba el brazo. “¿Por qué no te diviertes un poco?”

Tragué saliva, era tan jodidamente erótica la idea de poder usar eso de

cualquier forma que quisiera con ella en ese sitio al que me había prohibido

ir.

“¿En serio?” Toqué la polla vibradora loca.


“Tiene unos cuantos botones y hace cosas distintas. Juega un poco con

él.”

Ese fue todo el permiso que necesité. Me moví hacia su precioso

cuerpo, que era esbelto y fuerte, y muy perfecto. Sus pechos eran pequeños

y turgentes, su estómago plano y musculoso, sus piernas largas y esbeltas,

pero con un poco de carne cerca de su culo, donde más sexis eran. Era una

obra de arte. Me volví a empalmar solo de verla ahí tumbada desnuda con

sus piernas bien abiertas, esperando a que le diera placer como a una reina.

La besé en sus suaves labios y jugué con el aparato, pasándolo por su tripa

hasta que se rio. Lo llevé por sus pechos perfectos mientras la besaba en el
cuello y en la garganta, trazando con mi boca el camino hacia sus tetas.

Cogí cada uno de sus pezones y los chupé con fuerza, mordiéndola de vez

en cuando mientras pasaba el vibrador por su clítoris y entre sus piernas,

provocándola, haciéndole tener tantas ganas de él como yo tenía de ella.

Solo jugar con ella me estaba haciendo estremecerme de deseo, pero me


tragué mi necesidad mientras llevaba el dispositivo entre sus piernas,

temblando con anticipación al momento en el que la penetraría con ello.

Mientras la excitaba, ella me acariciaba la espalda y me animaba a


continuar con sus pequeños gemidos y respiración acelerada. Fue todo lo

que necesité para colocar el disparatado artilugio abajo y prepararlo para

meterlo con mis dedos. Jugué con su precioso coño, ya que prefería tocarla

y verla reaccionar a mi habilidad experta para encender a una mujer.

Cuando estuvo al borde de su orgasmo, me detuve, y sus ojos se abrieron,

mirándome, suplicantes. Tenía toda la intención de llevarla hasta el final del

éxtasis, pero quería que me suplicara por ello. Quería escucharla decir que

me deseaba.

“Te daré lo que quieres, cariño mío, pero tú también tienes que darme

algo,” le expliqué mientras encendía el consolador y lo movía

juguetonamente en el aire.

“¿El qué?” dijo sin aire por la anticipación a lo que iba a pasar.

“Tienes que suplicar…” Entonces moví el aparato suavemente por su

clítoris y ella se movió hacia delante, involuntariamente.

“Cash,” imploró, susurrando.

“Necesito algo más,” le dije mientras lo volvía a pasar por su sensible

piel.
“Por favor.” Me agarró del brazo, casi suplicando, estaba cerca, pero…
“¡Ven mañana a Nueva York conmigo!” Decidí aprovechar para decirle

también.

“Por favor. Tú… por favor.”

“Ven a Nueva York conmigo y me encargaré bien de ti.” Acerqué el

artilugio a la entrada de su vagina, solo lo suficiente, pero no del todo.

“Vale, vale,” me concedió, y entonces la premié con una suave

embestida de mi mano y la cosa que tenía en ella.

Cuando entró dentro de ella, ella se arqueó, y la vista era tan erótica que

mi polla se disparó hacia delante, queriendo estar en el momento. Bueno,

quería estar en más que en el momento, pero me lo estaba pasando bien.


Empecé a jugar con las velocidades y ajustes que el aparato tenía mientras

suavemente lo metía y lo sacaba de ella, hasta que apretó su mandíbula, y

supe qué venía después. Me incliné y reclamé su boca mientras ella gritaba

por un intenso orgasmo. Me encantaba que estuviera temblando y

jadeando… Y definitivamente, despertando al resto de la casa. Presioné esa

cosa tan lejos como pude mientras ella se estremecía y sacudía en torno a

ella.

Después de esa tormenta, no había ninguna duda de lo que habíamos

hecho. Ella estaba totalmente follada, solo que no por mi polla. Sin

embargo, era extrañamente satisfactorio verla ahí tumbada sonrojada y

cubierta por un brillo de sudor.


“¿Te ha gustado eso?” Le pregunté, burlándome un poco.

“Dios mío,” dijo sin aire, y supuse que eso era un “sí”.

“Genial.” La besé en la mejilla mientras volvía a la vida y lentamente

saqué el aparato de ella y lo dejé sobre la mesita de noche.

Era tarde y los dos estábamos cansados, aunque yo estaba mucho menos

cansado y ahora tenía que lidiar con el problema de mi polla bien dura. No

iba a pedirle que me ayudara con ello, se la veía bastante agotada mientras

se giraba hacia mí y simplemente resplandecía.

“Gracias.” Su sonrisa era el cielo.

La atraje hacia mí y la besé de nuevo, con mi erección presionada entre

nuestras tripas.

“Ha sido raro, pero también divertido.” Estaba siendo sincero.

“Por lo que veo, te ha gustado.” Ahí estaba ese brillo malvado en sus

ojos.

“Sí, bueno. Lo ha hecho.” Intenté tener una conversación trivial, pero

sinceramente, era bastante difícil.

“Y ahora, ¿qué hacemos con eso?” Miró hacia mi polla y se chupó el

labio.
“Sí, esto.” Pasé mi polla por su piel.

Sin pensárselo demasiado, me la cogió con su mano y pasó sus dedos

suavemente arriba y abajo mientras su otra mano cogía mis pelotas. Sentaba
bien, pero no me estaba ayudando demasiado. Entonces ella rodó a su sitio

de la cama y sacó algo que olía de maravilla, se echó en las manos y a mí, y

empezó a bombearla con más fuerza mientras se acercaba a mí y me

empezaba a besar.

“¿Qué es eso?” Le pregunté en voz baja, tocando su mano.

“Aceite CBD. Es para calmarte un poco.” Mientras me tocaba y jugaba

conmigo, sentía la sensación de deseo con un hormigueo mágico. “Te

correrás suavemente y, después, dormiremos.”


Sí que hizo que me corriera, con sus besos y su trabajo experto con la

mano, y yo disparé como un cohete, no fue demasiado suave, pero ya sabía


que no lo sería. Genni me tenía en llamas. No obstante, me sentí muy

somnoliento después de haber alcanzado ese orgasmo.


“Estamos hechos un desastre,” dije de forma sexy en su oído después de

haber explotado en su mano.


“Sí.” Se levantó de la cama y fue al baño adyacente.

“¿Se supone que tengo que seguirte?” No estaba seguro.


“Un momento.”

Oí el agua de la bañera caer y de repente me pregunté cómo íbamos a


encajar los dos en su pequeña bañera, pero pronto vi que nos las podíamos
arreglar si ella se sentaba en un lado con sus piernas sobre mí y yo me

sentaba en el otro con mis piernas sobre ella. Yo estaba acostumbrado a


bañeras del tamaño de una piscina, pero esto era íntimo y divertido.
Simplemente, dejamos que el agua se arremolinara entre nosotros. El agua

estaba caliente y olía a lavanda, e inmediatamente me sentí relajado. De


hecho, aunque Genni y yo habíamos jugado bastante fuerte esa noche, dejar

fuera del acuerdo el sexo penetrativo nos liberó a los dos. Habíamos
alcanzado el éxtasis, pero no teníamos esa carga que llega después. Cuando

terminamos, nos secamos con unas grandes toallas rosas de rizo, nos fuimos
a la cama desnudos… y nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente, me desperté con ella echa un ovillo sobre mi

pecho, pegada a mi cuerpo. Tenía que mear, pero no me atrevía a moverme.


Así que me quedé ahí, quieto, necesitando mear, y la miré mientras dormía.

Me quedé mirándola tanto rato como pude, pero finalmente mi vejiga


necesitaba vaciarse.

“Lo siento,” le dije, intentando no empujarla. “La naturaleza me llama.”


Me deslicé de debajo de ella y me dirigí al baño con el fresco aire de la

mañana. No tenía ni idea de qué hora era, así que cuando volví al
dormitorio busqué mi móvil y mi ropa y vi que ya eran casi las nueve de la

mañana. Tenía un vuelo privado previsto para las doce, así que era hora de
despertar a la bella durmiente y hacer que se pusiera en marcha.

“Ey, preciosa. Tenemos que recoger tus cosas y prepararnos para irnos,
tenemos un vuelo a Nueva York en tres horas.”
Delicadamente, tiré de las sábanas y ella protestó un poco, pero después
buscó a tientas su móvil, lo encontró, gruñó y salió de la cama. No me dijo

nada al pasar por delante de mí para ir al baño, así que yo simplemente me


vestí.

Ella asomó su cabeza por la puerta del baño y me miró.


“Entonces, ¿vamos a hacer esto de verdad?” Me preguntó, apoyándose

contra el marco de la puerta desnuda y sexy.


“Sí. Te ayudaré a hacer las maletas. Y…” Cogí el vibrador de la mesita

de noche de mi lado de la cama. “Esto también lo cogemos. Fue divertido.”


Ella puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza mientras iba hacia un

cajón que había en el centro de la habitación, lo abría, sacaba unas bragas,


unos vaqueros y un sujetador, y sin decir nada se los ponía. Después pasó

por delante de mí, casi totalmente vestida, abrió su armario y cogió una
blusa floral que era jodidamente sexy.

“Vale, pues mm… coge esa maleta y empieza a sacar cosas y meterlas
ahí. Yo cogeré mis productos de aseo, electrónica y demás cosas de los
cajones. Hay que limpiar esto.” Asintió hacia el vibrador y yo hice lo que

había ordenado. Mientras estaba en el baño, le oí que preguntaba, “¿cuántas


maletas puedo llevar?”

“Todas las que tú quieras, es un avión privado. Le pediré a Kevin que


haga el check-out de mi habitación en el hotel.”
“¿Kevin está aquí?”

Se me había olvidado que posiblemente ella ya hubiera conocido a


Kevin. Era mi conductor y mi asistente, pero más importante aún, era una

especie de amigo. Me cubría las espaldas. Era un hombre de pocas palabras,


y no tenía que estresarme por que él dijera demasiado sobre mis idas y

venidas, aunque a él tampoco le importaban, o al menos tenía la decencia de


no inmiscuirse. Tenía planeado hacerle mi socio de negocios, pero me
estaba llevando un tiempo conseguir que el abogado estuviera todo lo libre

posible para trabajar en el papeleo de su cambio de estatus.


“No, está en Nueva York, pero puede hacer que recojan mis cosas y las

lleven al aeropuerto. Solo llevo una mochila de noche. Como me trajo aquí
un conductor… No te preocupes. Céntrate en empaquetar todo.”

Así que escogí cosas que me gustaban de su pequeño armario, sabiendo


que le compraría todo un nuevo conjunto de prendas de ropa, cosas de

diseñador, cosas que ella tendría que ser vista llevando, y ella recogió sus
cachivaches y los metió en su maleta. En aproximadamente una hora ya

habíamos recogido sus cosas y estábamos listos para irnos. Tuvo una
despedida llena de lágrimas con Peyton que fue un poco dura de presenciar,

pero me esforcé en no dejarme arrastrar por sus profundas emociones.


“Voy a escribirte todos los días,” le prometió Genni a Peyton mientras la

besaba en la mejilla.
“Y yo iré a visitarte,” Peyton se estaba aguantando las lágrimas. “Dios,

todo esto está pasando muy rápido.”


“Lo sé.” Genni parecía totalmente perdida. “Te prometo que seguiré

pagando el alquiler. Tendrás toda la casa para ti sola.”


Peyton miró hacia el suelo. “No la quiero toda para mí sola.”

Agh, la escena fue una tortura.


“Volveré, te lo prometo.”

No, no volvería, pero no era el momento o el lugar adecuado para


mencionar eso, así que dejé que se despidieran.

“Sin duda arreglaremos todo para que vengas de visita,” le aseguré a


Peyton, y no estaba mintiendo. Era divertida y tenía un grupo de amigos

ligones e interesantes. Los invitaría a todos a Nueva York en algún


momento.

Por mucho que quisiera dejar a Genni sentarse y beberse su dolor,


teníamos que coger el avión, así que la arrastré hacia el coche que nos
estaba esperando. El conductor colocó sus maletas en el maletero y nos

fuimos.
“No me puedo creer que esté haciendo esto,” dijo para sí misma.

“Me alegro de que lo estés haciendo. Tú solo piensa en esto como el


principio de una gran aventura.”
Me lanzó una mirada irónica llena de dolor y, por alguna razón, me hizo
tener más ganas de complacerla. De repente, todo lo que quería era que

fuera feliz.
Capítulo 13
Genevieve

¿Sabes cuando estás en un sueño y estás desnuda y saltas de un avión y

flotas hasta que te mueres? Pues ese sueño… yo lo estaba viviendo. Al


menos eso es lo que pensaba que estaba haciendo sentada ahí, con un vodka
con Seven Up en un avión privado volando hacia una muerte segura.

Acabábamos de pasar una noche juntos increíble, aunque era reacia a

admitirlo. Él era un ególatra, pero si era sincera, había sido muy bueno, o al
menos más bueno de lo que esperaba que fuera.

“Pronto llegaremos a Nueva York,” dijo después de haber visto juntos


La Purga.

Era una película jodidamente espeluznante que iba de un mundo en el

que no había normas y la gente se volvía majara. Era una película de miedo,

pero nos dio a Cash y a mí algo que hacer que no fuera… bueno, lo que
habíamos hecho la noche de antes. Me estaba sintiendo extrañamente bien

respecto a todo, aunque probablemente no debiera sentirme así.

“Vale,”
“Y tengo bastante hambre. La comida de avión, incluso en mi avión

privado, te deja con ganas de más. ¿Qué te parece si dejamos tus cosas en el

hotel y salimos a cenar? Conozco un sitio espectacular. Después te dejaré

un rato para que puedas estar a tu aire.”

Estaba bien que fuera consciente de que necesitaba un poco de espacio


para recobrar fuerzas.

“Vale, me parece bien. Mm, entonces, ¿voy a alojarme en un hotel

durante seis meses?” No tenía ni idea de dónde me iba a quedar, en realidad

Cash y yo no habíamos hablado de los detalles.

“Te quedarás en un hotel hasta que pueda terminar las reformas de tu


apartamento. Soy el dueño de un edificio y hay un apartamento libre, pero

el inquilino se acaba de ir, así que necesita una remodelación completa.”

“Quieres decir que has echado a tu inquilino hoy.” De repente, me

estaba cabreando mucho.

“No, en realidad son una simpática familia con un rottweiler gigante y

un hijo de tres años, y pronto tendrán gemelos, por lo que el apartamento de

un dormitorio ya no les es apropiado. Se han alineado los astros, se


mudaron la semana pasada.”

No tenía forma de saber si esa era la verdad o no, y la idea de vivir tan

cerca de él me daba escalofríos, pero me dije a mí misma que podía hacer lo


que fuera durante seis meses, así que me pareció bien. Me había

comprometido a la aventura, así que me motivé mentalmente.

“Vale. Tú mandas. Quiero decir, tú mandas en esto.” Lo cierto era que

no quería darle todo el poder.

Pensé que quizás me soltaría una respuesta sarcástica, pero lo único que

hizo fue quedarse mirándome. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y de


repente quería volver a besarlo, pero me contuve mientras el avión se movía

hacia un lado y el piloto nos decía que nos abrocháramos los cinturones y

nos preparáramos para el aterrizaje. Tanto si estaba lista como si no lo

estaba, era el momento.

Aterrizamos y Cash me llevó al hotel solo el tiempo suficiente para

ponerme algo apropiado para la cena. Él ya llevaba puesto lo que los

productores de música suelen llevar: unos vaqueros de marca, una camisa

cara y unos zapatos, y en cuanto me vestí, me sacó de allí. Me tomé un

momento para maravillarme ante la cantidad de gente sin nombre que tenía

empleada. En parte me sentía mal por ellos.


“Veo que tienes muchos empleados,” le comenté.

“Tengo que contar con mucha gente porque, normalmente, estoy

jodidamente ocupado. Estos dos últimos días han sido un buen descanso

para mí. Pasar tiempo contigo, conocer más sobre ti, ha estado bien.
Contrato a mucha gente y les pago bien, así que no tienes de qué

preocuparte,” dijo como consolándome.

“No estoy preocupada, es solo que parece que ni siquiera conoces sus
nombres,” reculé un poco.

“No tengo por qué hacerlo.” Sí, seguía siendo un capullo.

Llegamos al restaurante y nos condujeron a una mesa al fondo. De

nuevo, todo el mundo conocía su nombre, pero a él no le importaban los

suyos. Ni siquiera era educado, y me di cuenta de que, en su propio hábitat,

seguía siendo un cretino.

“¿Por qué no tratas a la gente que te ayuda con respeto y amabilidad?

Quizás conseguirías más de ellos si actuaras como si te importaran,” dije

mientras él sacaba mi silla para que yo me sentara.

De nuevo, él solo se me quedó mirando, y yo hice lo mismo.

“No tengo muy buena memoria,” me confesó finalmente después de

mirarme durante unos segundos más de lo que sería cómodo. “Es un defecto

que tengo. Así que…”

“Etiquetas identificativas. Quizás deberías hacer que todo el mundo

llevara elegantes etiquetas identificativas.” Abrí el menú para mirar qué

había, pero sobre todo para bloquear su intensidad.

“¿Harán que te sientas mejor las etiquetas identificativas?” Estiró la


mano y echó mi menú hacia delante para poder ver mi cara.
“Sí.” Me senté recta y me quedé mirándolo.

“Entonces pediré que las lleven.”

Y ese fue el final de la conversación. Decidí esperar a ver si era cierto o

no que iba a hacer eso. Era una prueba. Si lo hacía, consideraría pasar más

tiempo con él, si no, entonces probablemente estaría de vuelta en Texas

cuando el experimento de seis meses terminara.

“Gracias,” volví a centrarme en el menú. “Bueno, ¿qué me

recomiendas?”

“Me encanta la langosta al tomillo fresco y salsa de mantequilla con

mouse de ajo, el pato también está muy bueno, y la pasta de trufa. En


realidad, todo está delicioso. Si quieres, podemos pedir unos cuantos platos

y los compartimos. Así puedes probar varias cosas.” Me sonrió de forma

cálida, como si estar juntos fuera suficientemente divertido para él.

Quizás incluso le gustaba la idea de que compartiéramos la comida, así

podría llevar mis papilas gustativas a un viaje sinigual. Terminamos

pidiendo tres platos y, sinceramente, nunca en toda mi vida había comido

así de bien.

“Esta es la mejor comida que he probado nunca.” Sabía que estaba muy

efusiva, pero me daba igual.

“Es jodidamente buena, totalmente cierto,” se jactó, pero tenía derecho

a hacerlo, había sido su idea, así que estaba presumiendo.


“Si como así todas las noches voy a ponerme tan grande como tu casa.

Y a mí no me importa, porque me gusta comer,” dije como en una especie

de advertencia.

“También vamos a entrenar, todo en equilibrio,” me mandó una mirada

despectiva.

“Correr no. No me gusta correr. Haré yoga, pilates, bicicleta, pero

levantar pesas o correr no, no es lo mío.” Me mantuve firme.

“De acuerdo. De todas formas, no puedo correr en Nueva York, se

echarían encima de mí. Yo voy al gimnasio, pero tienen un estudio de yoga,

yo iré por mi lado y tú por el tuyo. No hay problema.”

“¿En serio vamos a estar juntos tanto?” De alguna manera, temía pasar

mucho tiempo con él.

“Y tanto, tenemos que ser vistos como una pareja. No te preocupes,

amor, seguro que al final te acostumbras a mí.”

“¿Voy a tener algo de tiempo para mí misma?” De repente, me preocupé

por que mis seis meses fueran a ser como sus otras relaciones, con los

paparazzi pegados al cogote y los movimientos de publicidad a cada paso.

“No estás aquí para tener tiempo para ti misma.”


Durante el resto de la noche, hablamos de las tendencias en la música,

de qué cantaría, qué me encantaría cantar, y mantuvimos la conversación

centrada en cosas simples, cosas que no me hicieran sentir que me estaban


arrebatando mi vida. Creo que Cash podía sentir que me estaba empezando

a preocupar, así que mantuvo la conversación ligera. Al final de la noche, le

di las gracias por la cena, cogimos un coche hasta mi hotel y nos quedamos

en la puerta de mi habitación.

“Me alegro de que te lo hayas pasado bien esta noche, y ves, ni siquiera

te he pedido que vengas a mi casa. Eso me convierte en un tío bastante

genial.” Sinceramente, esperaba que estuviera de coña.

“Bueno, el listón está bastante bajo si traerme a casa es el distintivo de


ser un hombre genial. ¿Qué hay de mañana? ¿Qué quieres que haga para

que parezca que estoy saliendo contigo?” No habíamos hablado sobre ello,
ya era momento de que lo hiciéramos.

“Bueno, ya sabes, tú actúa como si hubiéramos vuelto a mi casa para


tener sexo. Me refiero a que actúes como si estuvieras enamorada de mí.

Simplemente sé tú. Yo me ocuparé del resto. Solo hemos empezado a


‘salir’. Las cosas no deberían ser aún demasiado intensas.”

“Vale.”
Me sentí aliviada por que no tuviéramos que estar ya a tope, pero ‘ser

aún demasiado intensas’ era una frase que me asustaba un poco. ¿Cómo
sería ser intensos con Cash?
A la mañana siguiente, Cash me mandó un coche para que fuera al

estudio, y yo me puse ropa casual, lista para ponerme manos a la obra. Me


encontré con Joe y empezamos de inmediato. Tuvimos un largo día y Joe
pidió comida. Aparte de que me escribió para preguntarme si había dormido

bien, no vi a Cash ni oí de él en todo el día. Di por hecho que estaba


ocupado poniéndose al día con el trabajo, y yo estaba muy centrada en

aprenderme las canciones nuevas y trabajar con los miembros de la banda


que, francamente, eran peores que los míos, así que se me pasó el tiempo

volando.
Hice un compromiso conmigo misma, asegurarme de convencer a Cash
de firmar con mi banda en cuanto probara que mi opinión importaba.

Encajábamos mejor, y sabía que, pese a lo talentosos que eran los nuevos
miembros de la banda, solo eran músicos contratados, no sentían el mismo

amor y pasión que mis tíos. Sabía por qué Cash no los quería por aquí,
competirían por mi tiempo y mi atención, pero ya sabía lo que era tener

citas con ellos, y decidimos que era mejor seguir como amigos y nada más.
Salí con ambos alrededor de una semana o dos, y fue un desastre total. Al

menos tenemos algo de lo que reírnos cuando seamos viejos.


Después de trabajar duro todo el día, estaba hambrienta y cansada, y de

un humor aletargado. Cash vino a recogerme, me quedé sorprendida y un


poco enfadada, ya que solo quería darme un baño caliente y tomarme un

gran plato de crema de brócoli; algo rico y sustancial.


“¿Cómo ha ido?” Me preguntó mientras caminaba de forma jovial.
“Genial, pero estoy muy cansada. ¿Podemos empezar a “salir” mañana?
Solo quiero darme un baño caliente, comer algo bueno, ver algún programa

en la tele e irme a la cama.” Y nada más…


“Suena genial.”

Me animé a preguntar, “entonces, ¿vas a dejarme irme a casa?”


Él se rio en mi cara, esa nunca era una buena señal.

“No.”
“Jo, venga, Cash. Te prometo que mañana saldré contigo. Solo necesito

un poco de tiempo para mí.”


“Creo que el ‘tiempo para ti’ es muy importante. Así que sí. Ten tiempo

para ti misma.”
“Muchas gracias.” Una sonrisa apareció en mi cara y lo besé en la

mejilla. Después bajé las escaleras hacia el coche que nos estaba esperando
en la calle.

Él me siguió. Di por hecho que solo era para conseguir una despedida
adecuada y quizás un mejor beso, ya que el mío había sido bastante escueto.
Pero, conforme me giré para darle un pico en los labios, él me abrió la

puerta del coche, haciéndome la cobra. Pensé, bueno, va a jugar al gato y al


ratón. Sabía que podía ganarle, así que me metí en el coche después de que

él me abriera la puerta.
“Bueno, Cash, gracias de nuevo. Te veo mañana.” Me despedí de él con

la mano y entonces él se metió en el asiento de mi lado. “Em, ¿qué estás


haciendo?”

“Em, meterme en el coche,” dijo, imitando mi tono.


“¿Por qué?” Me quedé mirándolo.

“Porque vamos a por algo para que comas, y después vamos a volver al
hotel para tener un poco de ‘tiempo para ti’.”
“Sabes que tener tiempo para mí significa tiempo solo conmigo y no

contigo, ¿verdad?” Crucé mis brazos y resoplé como un niño mimado.


“Tradicionalmente, sí. Pero como tú y yo estamos saliendo y nos

encanta pasar tiempo juntos, ‘tiempo para mí’ también me va a incluir a


‘mí’.”

Agh, sabía que tenía que haber una trampa. Simplemente cerré los ojos
mientras el conductor ponía el coche en marcha.

“Llévanos a Le Bon Reve,” le dijo al conductor mientras él asentía y


cerraba la separación.

“Solo quiero un bol grande de sopa de brócoli y una copa de vino,


después quiero estar desnuda y darme un baño caliente. Nada de eso tiene

por qué incluirte.” Estaba en plan quejica, pero me daba igual.


“El Bon Reve tiene sopa de brócoli y cheddar, así que bien.”

Y eso fue todo, no iba a dejar que me librara de él.


Capítulo 14
Cayden

Sabía que no me quería a su lado, pero me daba igual. No la quería tener

fuera de mi vista. En cuanto había vuelto a la oficina, la gente ya había


empezado a hablar. ¿Quién era la chica sexy que había en el estudio? ¿Por
qué había vuelto con ella en mi avión privado? Parecía que el consenso

general en la oficina era que les gustaba. No me entretuve en escucharlos,

pero tenía oídos en las paredes, y ellos me mandaban por email los chismes
que escuchaban. Tenía que saber dónde me encontraba en el juego, así que

le mandé un mensaje a mi segunda asistente, Anne Marie.


Genni, una artista nueva, está grabando en el estudio con Joe. Asegúrate

de que tenga todo lo que le haga falta. Además, haz que se sienta

bienvenida. Es muy especial para mí.

‘Especial para mí’ era nuestro código para decir MÍA, lo cual
significaba que se tenía que asegurar de que nadie más se acercara a ella

mientras yo no estuviera cerca.

Entendido, jefe. Se comenta que es muy guapa, así que me he asegurado

de que la gente sepa que ya está cogida. Parece una buena chica, para nada
de tu tipo.

Me encantaba lo mordaz que era Anne Marie. Era joven, probablemente

tendría la misma edad que Genni, y una vez pensé en salir con ella, estaba

claro que era lo suficientemente guapa y valiente. A menudo salía en

defensa mía, pero, al final, mi polla no estaba interesada. No sentía nada


cuando estaba cerca. Ni siquiera fantasear con ella desnuda me provocó

nada, así que Anne Marie esquivó la bala del romance de oficina entre jefe

y asistente. Ella tampoco tenía mucho interés en salir conmigo, lo cual hizo

que nuestra relación platónica fuera muy divertida.

Decidí jugar un poco con Anne Marie ya que mi pobre e ignorada polla
estaba jodidamente dolorida por Genni. Tenía que distraerme. De ninguna

de las maneras iba a dejar que Genni se escapara de mi vista esa noche. Si

tenía que prepararme para otro viaje con su varita mágica, lo haría, pero

necesitaba meterme en la cama con esa mujer, estaba desesperado.

¿Y por qué una chica buena no es mi tipo? Cuidado con lo que dices –

soy el que firma tus cheques.

Porque a ti te gusta mancharte las manos.


Oh, eso era muy diplomático por parte de mi asistente, por decirlo

finamente.

Más tarde, sentado con Genni, no se la veía muy impresionada con mis

planes. Eso escocía un poco, pero tenía planeado ser el hombre más
encantador de Estados Unidos. Me iba a ganar a esa mujer aunque eso me

matara.

“Lo que estoy diciendo es que no quiero ir a un sitio elegante,” suspiró

mientras salíamos del coche.

“Oh, ¿qué tienes en contra del Brócoli au Fromage? Venga, no es para

tanto, vamos a ver a unos cuantos amigos míos y después te llevaré a casa
para que te des ese baño.”

“No…” lloriqueó mientras yo entrelazaba mi brazo al suyo y la

arrastraba dentro del restaurante.

Íbamos a vernos con otra pareja rockera. Eran clientes míos, Mark y

Magenta, eran estrellas del rock y unas personas muy divertidas. La cena ya

estaba organizada, pero no iba a dejar que Genni se escabullera esa noche.

Nos divertimos pese al hecho de que sabía que ella no quería estar ahí. Ella

y Magenta estuvieron hablando de música, estuvieron en su propio mundo,

dejándonos a Mark y a mí que habláramos de negocios y nos

maravilláramos ante lo rápido que las dos mujeres habían hecho amistad.
Estaba un poco preocupado por que Genni y Magenta se volvieran

demasiado cercanas. No necesitaba a nadie que potencialmente pudiera ser

reclutado en su bando.

Conocía a Mark y a Magenta desde hacía años. Conocí a Mark cuando

él estaba empezando, intentando salir de las calles. Teníamos un pasado


parecido, y era una persona que gustaba fácilmente. Él conoció a Magenta

mientras estaba en el estudio, ella era una de las cantantes acompañantes y

tanto él como yo nos dimos cuenta bastante rápido de que su voz era
demasiado buena como para ser una simple acompañante. En cuanto

empezaron a cantar juntos, se enamoraron. Era una historia romántica y me

alegré de que Magenta se la contara a Genni cuando ella preguntó que cómo

se habían conocido.

Los dos estaban podridos de dinero y eran dos de mis artistas más

exitosos. Debido a esto, los llevaba a cenar de vez en cuando para ponernos

al día y mostrar mi reconocimiento. Me daba igual la retribución que yo

recibiera por la venta de los discos, estábamos todos hasta arriba de dinero.

Por alguna razón, hablar de dinero hizo que Genni se quedara callada, así

que tomé nota de preguntarle después al respecto.

La cena fue agradable, y estábamos en el coche de vuelta a su hotel

cuando me miró con ojos de rendición.

“Eso ha estado bien, no me lo esperaba. Pero de verdad que quiero

darme un baño y no quiero que tú estés ahí.”

“La reforma de tu apartamento habrá terminado la semana que viene.

No puedo esperar tanto para verte desnuda, lo siento.” Pensé que la

sinceridad era la mejor política.


“Pensaba que sólo estábamos ‘saliendo’,” comentó usando comillas en

el aire.

“Hemos estado juntos desnudos; ya he llegado a esa base. La verdad es

que no quiero ir hacia atrás.” Puse una cara que hizo que se riera, eso

sentaba bien.

“Sube y tómate una copa. Me mostraré antes de meterme a la bañera.

¿Hay trato?”

Me había dicho que subiera a la habitación de su hotel, así que sí, había

trato.

“Me parece bien.” Me sorprendió que me dejara acercarme tanto a ella,


pero quisiera o no quisiera admitirlo, nos lo estábamos pasando bien.

Pidió una botella de vino que nos bebimos en el balcón mientras

disfrutábamos de las vistas a la ciudad que tenía su suite ridículamente cara.

“Todo esto parece de cuento de hadas,” admitió después de beberse una

copa y media de vino.

“Lo es, solo que yo no soy el villano.”

“¿No lo eres?” Su expresión era de sorpresa.

“No, soy el apuesto príncipe que te convierte en reina con un beso de

amor verdadero.”

Y… se atragantó. “Seguro que sí.”

“Termínate la copa y te lo demostraré.”


Se tomó el vino y se me quedó mirando. “Muy bien, Apuesto Príncipe,

haz lo que puedas.”

Me encantaba lo juguetona que podía llegar a ser. “No puedo besarte en

una silla.” Levanté las cejas.

“Bueno, pues tendrás que hacerlo.”

No tenía planeado ponérmelo nada fácil.

Me levanté, la levanté de su silla y la eché a la cama. No fui delicado,

pero tampoco lo hice de forma forzosa.

“¿Qué mierda de movimiento de príncipe ha sido ese?” Se rio a través

de su rabia fingida.

“Todas las princesas estaban ya en sus camas cuando recibían su beso

de amor verdadero. Solo estaba preparando el escenario.” Entonces me puse

encima de ella.

“Mm, no me suena que el príncipe asaltara a la princesa.”

“Calla y bésame.” Llevé mi boca a la suya.

Ella deslizó su lengua dentro de mi boca, sabía a Chardonnay. Mi

maldita polla se puso atenta, necesitándola como una loca. Cuando ella

terminó el besó, me dio un suave pico en los labios y me miró con esos ojos
azul líquido.

“¿Así es como se supone que el príncipe me va a hechizar?” Preguntó

en un susurro.
“Me estás volviendo loco, Genevieve.” Y lo decía en serio.

“Se supone que los príncipes están bien de la cabeza.” Se impulsó y se

levantó de la cama tan rápido que no pude cogerla. Entonces se quitó la

blusa, se desabrochó el sujetador y se bajó la falda y las bragas. Después

meneó su culo desnudo hacia mí y se dirigió por el pasillo hacia el baño,

gritando a su paso. “Voy a darme un baño.”

Ese momento me hizo arder, no iba a mentir, pero ella estaba

manteniéndose fiel a sí misma – nada de sexo hasta que hubiera algo más
profundo entre nosotros. Sabía tan bien como yo que, si se quedaba

conmigo en la cama, acabaríamos follando. Incluso aunque no quisiera


admitirlo, le gustaba lo que le estaba haciendo a su cuerpo, a su mente y a

su espíritu. Se estaba enamorando de mí, pero ni de coña iba a rendirse. Su


rendición era solo a las circunstancias, pero no a mí. Aún tenía trabajo que

hacer. Así que me quedé en la cama y trabajé con mi móvil mientras oía el
sonido del agua caer en la bañera.

Ella tenía un baño en suite en el dormitorio en el que estaba tumbado


esperándola, pero había elegido el baño de invitados, era inteligente. No

había dicho ni adiós, así que hubiera sido bastante grosero por mi parte
irme. Eso es lo que me dije a mí mismo. No íbamos a follar hasta que
estuviéramos enamorados, o hubiera amor… o lo que fuera que sus

requisitos para follar con amor implicaran. El único problema era que, para
mí, el amor nunca iba a estar en la mesa. Probablemente, yo perdería el
interés, ya que nunca antes había tenido una relación profunda.

“No estoy seguro de que vaya a sobrevivir a esto,” llamé a la puerta del
baño y dije al ver que tras una hora en la bañera ella aún no había salido.

“¿No puedes hacerte una paja?” Preguntó, aún en la bañera.


“No estar contigo, físicamente hablando, va a ser la causa de mi

muerte,” dije a través de la puerta.


“Te está yendo bien,” se rio. “Puedes con esto.”
Y por mucho que quería odiarla, no podía.

“¿No estás ya toda arrugada? ¿Y no está fría el agua?”


Entonces oí agua gotear sobre las baldosas antes de que ella saliera con

un suave albornoz puesto.


“Ya estoy bastante arrugada.” Me ofreció una deliciosa sonrisa.

“Parezco un viejo trol arrugado, me voy a la cama.” Pasó por delante de mí


y caminó hacia su dormitorio, se quitó el albornoz y se metió en la cama.

“Apaga las luces cuando salgas.”


Y eso fue todo. Me podría haber metido en la cama con ella e intentado

convencerla de que me dejara quedarme, pero ella me habría dicho lo que


quería en un abrir y cerrar de ojos y se hubiera quedado callada, así que

apagué las luces y me fui. Sentía mi corazón pesado mientras me metía en


el coche y me alejaba de ella.
Al día siguiente, presione a la gente que estaba renovando su
apartamento. Yo vivía en un edificio del Upper West Side. Era el propietario

de los tres pisos superiores de un edificio enorme que ocupaba medio


bloque. Tenía demasiado espacio, así que convertí los dos pisos de abajo en

viviendas de alquiler para ofrecer a los músicos que representaba o a la


gente que sabía que necesitaba seguridad y un lugar en el que vivir en

Nueva York. Cada una de las unidades de alquiler tenía dos pisos; uno era
un apartamento de dos baños y dos dormitorios, y el otro tenía un

dormitorio y un baño. Los dos tenían una sala de estar grande, cocina y
comedor.

Mi apartamento tenía seis habitaciones, cuatro baños, un jardín y


piscina en el ático, un gimnasio indoor, sauna, sala de cine… lo básico. Me

reí por todo el espacio que tenía, especialmente porque me tiraba todo el día
trabajando y apenas estaba en casa. Cuando tenía alguna relación, era un

lugar increíble para aislarnos. Cuando terminaba con la mujer, simplemente


cambiaba la cerradura.
Entré a mi casa fría y oscura, y de repente parecía demasiado grande, así

que le escribí a Genni, consciente de que probablemente ya estaría


durmiendo.

No puedo dejar de pensar en ti.


Me mantuve ocupado con un whisky en el tejado mientras pasaba por

encima de emails sin contestar que debería haber respondido días antes.
Ella me estaba volviendo loco. A la mañana siguiente, volví a escribirle.

¿Quieres que te lleve un café?


Esta vez, sí que me respondió.

Estoy en el estudio. La semana que viene, quizás.


¿Qué cojones? ¿La semana que viene? No, ni de coña, no tenía ni idea
de lo que era salir con alguien, aunque fuera algo falso. Las palabras ‘la

semana que viene’ no estaban incluidas en nuestro vocabulario, así que le


pedí a un conductor que me llevara al estudio para poder llevarla a comer y

dejarle las cosas claras. Cuando entré al estudio, ella ya estaba comiéndose
una ensalada y riéndose con sus cantantes acompañantes, un grupo de tres

mujeres inmensamente talentosas que había asociado a ella. La mirada de


sorpresa en su cara fue un poco desconcertante, claramente no me esperaba.

“Cash, ey”. Se puso de pie y se alejó del grupo, caminando hacia mí.
“Nos estamos tomando un descanso.” Entonces procedió a darme un pico

rápido. “¿A qué debo este honor?” Estaba divertida y en plan ligona, para
nada como solía ser.

“Bueno, había pensado en llevarte a comer, pero parece que te has


adelantado.” Actué con tristeza y desánimo.

“Lo siento,” dijo, dándome un golpe en el hombro de forma juguetona.


Mientras que era un acto refrescante, también me cabreaba, porque,

cuanto más jugaba ella, más distancia crecía entre nosotros. No había forma
de que su apartamento estuviera listo al menos hasta la semana siguiente,

como pronto. Quería reemplazar el suelo, pintar, mejorarlo para convertirlo


en una smart house, necesitaba que tuviera todas las comodidades de último

modelo, porque sí, la estaba sobornando con todo mi arsenal.


“Bueno, quizás yo también me pida una ensalada y me quede por aquí

para escucharte cantar.” Estaba dispuesto a volver a cancelar la agenda del


día, lo haría, nada iba a detenerme de dormir con Genni esa noche, así que

eso fue exactamente lo que hice. Pedí una ensalada, que apenas era
suficiente para mí, cancelé mi día y me quedé en el estudio mientras Genni

trabajaba duro para aprender y perfeccionar la nueva canción que planeaban


grabar al día siguiente. Iban con prisa porque queríamos lanzar a Genni

antes de la temporada de los Grammy. Si podíamos conseguir que sonara


algo en la radio e íbamos fuerte con su debut, cabía la posibilidad de que
llegara a tiempo para ser tenida en cuenta para la categoría de mejor artista

nueva. Aunque tendría que matarse a trabajar para conseguirlo. Cuando


terminó al anochecer, yo estaba ahí para irme con ella.

“Cash, estoy molida. No puedo pasarme toda la noche en la bañera para


evitarte. De verdad que quiero ponerme un suéter feo y descansar. No

quiero tener que preocuparme por ti y por qué harás esta noche. Hoy he
estado trabajando jodidamente duro. Quiero estar sola esta noche.” El tono
de su voz era triste.

“¿Me odias?” Me lo estaba empezando a preguntar en serio.


“No, es solo que eres muy intenso. No puedo tomar demasiado de ti.”
Miró hacia abajo, hacia sus pies, probablemente sintiéndose mal por haber

dicho eso, y entonces supe que era la verdad. “¿No podemos pasarlo bien
juntos?”

Tenía razón, hostigarla para que hiciera algo que ella no estaba
dispuesta a hacer no era divertido. La miré a los ojos y declaré una tregua.

“Sí. Pasémoslo bien juntos. Ve al hotel y descansa un poco. Mañana quizás


puedas venir a mi casa y ver el trabajo que están haciendo en tu

apartamento, y cenar conmigo. También quiero que sepas que he pedido las
etiquetas identificativas para todos los que viven y trabajan conmigo. Te

prometo que usaré más sus nombres. Por ti.”


“Eso suena genial, pero espero que también sea por ti.” Y ahí estaba su

preciosa sonrisa.
Estaba bien que le sonara genial, así que teníamos un plan. Solo tenía

que vivir sin Genni una noche más y después estaría en mis dominios.
Capítulo 15
Genevieve

Vi como Cash se iba del estudio de grabación, y me pregunté si había

tomado la decisión correcta. La verdad era que disfrutaba de su compañía,


pero, por alguna razón, había una parte de mí que necesitaba mantener mis
puños en alto. Tenía que comprender esa parte de mí. ¿Por qué no le dejaba

tener sexo conmigo? Me encantaba estar con él, sexualmente hablando.

¿Por qué no me dejaba ir? La cuestión era el amor. ¿Era solo una conquista?
¿O era algo que él estaba empezando a amar? No podía tener la respuesta

en solo una semana, y por eso decidí que estaba tomando la decisión
correcta.

Volví a mi gigantesca y solitaria habitación de hotel, pedí un poco de

pollo a la brasa y patatas fritas, encontré una película de risa en Netflix y

me serví una gran copa de vino. Me puse unas acolchadas zapatillas de estar
por casa y disfruté de estar en mi salsa.

Peyton me había llamado y escrito unas cuantas veces desde que había

llegado a Nueva York, y yo solo le había dado una rápida respuesta

haciéndole saber que estaba viva. Tenía que hablar con ella, pero no esa
noche, esa noche no quería hacer absolutamente nada. Estaba agotada y

abrumada, así que simplemente estuve conmigo misma y me olvidé del

mundo. A la mañana siguiente, me desperté con mensajes de Peyton y de

Cash. Les ignoré a los dos y me fui hacia el estudio después de pedir un

bagel con crema de queso y un cappuccino del servicio de habitaciones.


Llegué lista para darlo todo, y eso es lo que hice durante todo el día. De

hecho, menos mal que me había comido el bagel para desayunar, porque

tuve que firmar mi contrato a la hora de la comida y no tuve ocasión de

comer.

Estaba lista para otra noche con servicio de habitaciones cuando Cash
apareció jodidamente atractivo. Me había olvidado por completo de que

había accedido a cenar en su casa.

Estaba demasiado cansada como para mantener mi guardia en alto, así

que le saludé con un beso y una advertencia severa. “Ey, tú. Tengo ganas de

ver tu casa de millonario, pero estoy demasiado cansada como para rehuirte,

así que nada de diversión,” le dije.

“Nada de diversión.” Se cruzó de brazos, era lo que había.


Cuando el coche llegó para recogernos, me senté al lado de Cash y

apoyé mi cabeza sobre su hombro, esperando poder echarme una rápida

siesta en el coche. Pensé que se pondría tocón, pero no lo hizo, solo me

acarició la espalda.
“Estás agotada, ¿verdad?” Su voz sonaba dulce y preocupada.

“Sí, han sido un par de días muy agotadores.” Ni siquiera abrí los ojos y,

antes de darme cuenta, ya estábamos en su casa. Debí de haberme quedado

realmente dormida.

Me desperté y arrastré mi aturdido culo a los escalones de afuera, los

cuales vi que eran imponentes. Habíamos llegado a uno de los vecindarios


más ricos que había visto nunca, y cuando él me abrió la puerta de su

mansión, mi corazón literalmente dejó de latir durante un minuto.

“¿Voy a vivir aquí?” Pregunté.

Ni siquiera podía pensar en él viviendo ahí. A ver, claro que él vivía ahí,

pero se suponía que yo me iba a mudar ahí la semana siguiente. El lugar era

impresionante. Tenía una lámpara de araña gigante en el vestíbulo y esas

grandes escaleras de caoba que dirigían al cielo, supuse. Había una preciosa

fuente en el centro del vestíbulo y cuatro buzones pulidos de caoba con

cuatro pequeñas placas doradas en las que estaban grabados los apellidos.

Me di cuenta de que el apellido de Cash estaba justo encima del mío.


“Sé que estás cansada, pero, ¿quieres ver tu apartamento? Está

quedando muy bien.”

Como ya sentía que estaba como en un sueño, asentí y accedí a que me

mostrara el sitio. En el interior había telas y plásticos por todas partes, pero

pude ver un magnifico conjunto de escaleras redondeadas y un increíble


ventanal con vistas a Manhattan. El diseño de la sala de estar era de estilo

victoriano, conforme entrabas tenías las escaleras en el centro de la sala,

llegando en forma de casada del piso de arriba. Al otro lado había un


comedor y supuse que la cocina estaría más allá. Los techos eran altos y las

molduras magníficas. Mi corazón se aceleró; me encantaba el sitio. Podía

ver el potencial para un hogar increíble, pese a los plásticos manchados de

pintura que había por todas partes. De repente, tenía ganas de vivir ahí. La

idea de estar al lado de Cash no era tan desalentadora sabiendo que mi

propio espacio privado sería tan lujoso.

“Bueno, como he dicho, sigue estando en obras, pero una vez pintemos

y coloquemos los muebles – tengo muestras arriba, puedes elegir – y

añadamos unos cuantos toques por aquí y por allá, este sitio será perfecto

para que nunca vengas a él.” Me mandó una sonrisa malvada y aprecié que

supiera que estaba cruzando mis límites.

“Ja, al contrario, querido Watson, me encerraré aquí con un cubo de

helado, una botella de vino y una gigantesca señal de no molestar colgada

en la puerta. Nunca voy a querer irme. Me encanta. ¿El dormitorio está

arriba?”

“Sí, el dormitorio está arriba, y también un loft, puedes usarlo como sala

de ensayos… o lo que tú quieras. Hay un comedor al pasar las escaleras y a


la izquierda está la cocina, que lleva a un patio pequeño. Todo lo que
necesitas pero que espero que nunca uses.” Me besó en el cuello y me llevó

hacia la puerta. “Vamos a por algo de comer y a que te pongas algo más

cómodo.”

“No voy a desnudarme,” solté.

“No. No vas a desnudarte, pero tengo unos pantalones de chándal y una

camiseta con los que probablemente estarás mejor para relajarte.”

Cerró la puerta y subimos dos tramos de escaleras hasta un largo pasillo

con puertas de madera satinadas y una gran doble puerta pintada en verde

bosque. “Esta es mi casa,” dijo, y abrió las puertas para revelar un lugar que

te cantaba.
Era de concepto abierto, sin ninguna pared, solo grandes ventanales por

todos lados, elegantes suelos de maderas oscura y unos muebles cálidos y

acogedores. “Esta es la sala principal. Aquí os donde me reúno con la gente

si necesito verme con ellos en casa para fiestas y cosas así. Arriba es donde

ocurre toda la magia.”

Lo seguí arriba a un espacio más pequeño e íntimo, con una acogedora

sala de estar con unas vistas de Manhattan aún mejores. Era un espacio

estilo vintage con molduras y adornos detallados, entradas en forma de arco

y pequeños espacios en los que perderse.

“Este sitio es impresionante,” dije.


“Tiene tres pisos; el primer piso está totalmente restaurado, en su estado

original. La segunda planta son todo dormitorios y baños, y la planta

superior tiene un jardín y un patio, una piscina indoor, jacuzzi, mi gimnasio

y otra sala de estar más moderna. Tiene una barra y una zona de baile. Es

para mis asuntos nocturnos…” Dejó que las palabras desaparecieran ahí.

“Wow, has pasado de no tener nada a tener mucho. Tengo que decir,

Cash, que pese a todo lo que se ha dicho sobre ti y la reputación con la que

cargas, has hecho mucho en tu poco tiempo sobre la tierra.”

Vi como los músculos de su cara se relajaban y su cuerpo se movía a

una postura cómoda.

“La verdad es que nadie antes lo había dicho así. Aunque tengo que

decir que es un poco triste vivir este sueño yo solo.”

“¿Por eso te convertiste en un adicto a las citas, un mujeriego y un

capullo?” Sabía que era borde, pero no te atrevas a utilizar la carta de ‘estoy

muy solo’ conmigo.

“Cierto. Me olvidaba de eso. Quizás esa sea la razón por la que estoy

solo. Bueno… la cena.” Inmediatamente cambió de tema, y me di cuenta de

que le había hecho daño.


Él. Cash Coltrane El Grande, era impenetrable, ¿no? Era inmune a los

insultos, pero yo le había dado con fuerza y la verdad era que nunca me

había hecho nada de mujeriego o capullo.


“Lo siento, me he pasado un poco.” Me encogí de hombros y dejé caer

mi guardia una fracción.

“No, me lo merezco. No te preocupes. Estoy solo por las decisiones que

he ido tomando. Bueno, ¿qué te apetece? Yo tengo antojo de comida

mediterránea, pero me parece bien lo que tú quieras.”

“No me parecería mal algo de falafel y hummus, me encanta un buen

plato de comida mediterránea y un Martini, ¡quiero un Martini!” ¿Por qué?

Yo ni siquiera bebía Martini.


Él se rio. “Vale, bien. ¿Quieres ginebra o vodka en el Martini?”

Preguntó mientras sacaba su móvil.


“Vodka y olivas, quiero tres olivas.” Ahora estaba siendo malcriada.

Él seguía sin poder contener la risa. “Vale, tres olivas,” confirmó


mientras presionaba números en su teléfono. “Y después algo de falafel,

shawarma, hummus con pita, olivas, baba ghanoush, un plato de gyro y


mm… baklava. Con eso deberíamos tener suficiente y estar listos para ver

una buena película y darnos un buen remojo.”


“¿Un buen remojo?” ¿Por qué tenía que ser siempre tan niña? ¿Esa

persona aterrorizada que no podía dejar marchar?


“Bueno, te encantan tanto las bañeras que he pensado que quizás
quieras disfrutar de la mía. Es suficientemente grande como para hacer una

fiesta dentro y tiene unos chorros fabulosos. Es del tamaño de una casa
pequeña, así que tú puedes quedarte en un extremo y yo me pondré en el
otro. Nos podemos echar agua, o escribirnos cartas… o utilizar señales de

humo.” La mirada de amor que había en sus ojos era cálida y encantadora.
“De acuerdo. Todo eso suena genial.”

Y lo fue. Comimos, hablamos de las reformas de mi nuevo apartamento


y elegí los colores, los muebles, las telas… Todo era como de cuento de

hadas. Cuando nos llenamos, él me llevó a su sala de cine que había en la


planta superior y vimos una comedia romántica mientras yo me acurrucaba
en sus brazos, digiriendo la comida de Oriente Medio tan deliciosa con mi

segundo Martini en la mano. Estaba un poco llena y achispada, pero muy


cómoda y feliz. Cash me abrazaba, acariciando mi brazo como si

tuviéramos dieciocho años, era perfecto.


“Bueno, ¿sigues queriendo darte un baño antes de irnos a la cama?”

Preguntó.
“¿Voy a dormir aquí?” Levanté mis cejas, pero no estaba preocupada.

Quería acurrucarme junto a él.


“Sí. Es demasiado tarde para llevarte por la ciudad y yo tengo

habitaciones de sobra. Puedes quedarte en una habitación de invitados o en


mi cama, estarás totalmente a salvo en cualquiera de esos sitios. Sé que

tienes que grabar mañana, y esta semana tenemos una reunión con los
productores del reality show para organizar nuestra participación. Te
prometo que Allie y tú no os cruzaréis muy a menudo, pero tengo que
cumplir con mi parte del contrato. Solo son tres episodios más.”

“Claro, lo entiendo. Mm, sí, vamos a darnos un baño y después, mm…


dormiré en tu cama.” Quería estar cerca de él.

Su bañera era gigante, como una pequeña piscina con techo de cristal
para ver las estrellas. El agua olía a jazmín y me encontré queriendo lavarlo

y tocarlo. No quería mandarle el mensaje equivocado, pero no podía


mantener mis manos lejos. De ninguna de las maneras íbamos a quedarnos

en opuestos extremos.
“¿Puedo lavarte y que sigamos estando en la friend zone?” Le pregunté,

tocando su hombro desnudo. Tenía un cuerpo perfecto, cincelado con


músculos que no eran demasiado turgentes, pero apretados y esbeltos.

“Puedes,” me dijo mirándome a los ojos.


Lo besé y me eché un poco de jabón que había en una cesta. Después

extendí el jabón por su cuerpo, me encantaba el tacto de su piel. Tal y como


esperaba, él se excitó por mi tacto.
“¿Te molesta esto?” Le pregunté mirando hacia su erección.

“No diría que me molesta. No te preocupes, como siempre, tomaré lo


que tú te sientas cómoda dándome.”

Por primera vez desde que conocí a Cash Coltrane, sonó totalmente
sincero, de verdad me permitiría tener el tiempo y el espacio para
disfrutarlo a mi propio ritmo.

“Gracias,” le miré a los ojos y dije mientras enrollaba mis dedos en su


polla dura. “Puedo echarte una mano con esto.”
Capítulo 16
Cayden

Ella bombeó mi polla bajo el agua, al principio con suavidad, después

su acción se convirtió en una oleada de movimiento e intensidad. Sentí


como la electricidad viajaba desde mi polla hasta los dedos de los pies y,
antes de darme cuenta, ya estaba listo para correrme con fuerza. Ella podía

darme muy poco, que siempre era suficiente. Me puse de pie, sintiéndome

tenso por el éxtasis, y me alejé de su agarre para eyacular en el filtro de la


bañera de hidromasaje. Punzadas de fuego pasaron desde mi nuca hasta mis

nalgas mientras me estremecía con el final de mi liberación.


“Joder, Genni,” suspiré mientras me volvía a colocar junto a ella. “Y

solo has usado tu mano.”

La verdad era que me maravillaba su habilidad para entenderme a mí y

a las necesidades de mi cuerpo. Normalmente, odiaba las pajas. Si no se iba


a por todas, al menos quería un poco de acción con la boca, pero con Genni,

solo su firme agarre era suficiente. Me di cuenta de que era porque solo ella

era suficiente. Solo estar con ella me hacía feliz. Todo lo demás era un

aderezo.
“Me he vuelto bastante buena con la mano.” Movió su mano en el aire y

pensé en todos los otros tíos con los que no se había acostado, y tenía

sentido. Se le daba bien hacer que los tíos se corrieran para que la dejaran

estar.

En realidad, era bastante triste. Los hombres siempre querían sexo, la


presionaban constantemente – tal y como había hecho yo – porque era

guapa, sexy y talentosa. Lo entendí, entendí todo el asunto de su virginidad

y por qué dar ese paso era algo tan valioso.

“Me encantaría devolverte el favor.” Me giré hacia ella y le ofrecí un

beso.
“Gracias, pero esta noche solo quiero secarme e irme a la cama. Aunque

estaría bien que me abrazaras.”

Y eso fue lo que hice. La abracé vestida con mi pantalón de chándal

holgado y una camiseta grande – estaba adorable. Pensé que no sería capaz

de solo dormir a su lado, pero con ella enrollada en mi abrazo, me sentía

cálido y cómodo, y estuvo bien dormir.

Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, nos lavamos los


dientes. La impresioné al tener un cepillo de dientes nuevo para ella…

Después se quedó callada.

“Supongo que debes de tener un montón de estos,” mencionó mientras

movía el cepillo de dientes en el aire.


“Ahora parecen bastante útiles.”

Me mandó una mirada divertida y el momento pasó. Pero estaba siendo

sincero, no me imaginaba a nadie que no fuera Genni en mi casa, conmigo.

Durante la siguiente semana, seguimos la misma rutina. Ella se levantaba,

nos tomábamos juntos un café, o quizás una tostada o yogur y fruta,

después cogía el coche que pedía para ella para ir al estudio, trabajaba duro
hasta bien entrada la noche, venía a casa, cenaba, se daba un baño y se

quedaba dormida conmigo en la cama. Negociamos tres episodios del

reality show para la televisión en los que Genni sería presentada como mi

novia y tendríamos unas vacaciones especiales en México planeadas como

episodio final en el que nos encontraríamos con Allie y su nuevo novio, y se

suponía que tenía que ser un viaje súper explosivo, lleno de drama. Casi no

firmamos el contracto, pero fue Genni quien me empujó a hacerlo.

“No tenemos por qué ser los explosivos,” me aseguró.

No estaba seguro de cómo iba a ser un viaje a México para nosotros,

pero decidí, por consejo de Genni, simplemente vivir el presente. Así que,
la semana siguiente, Genni publicó su primer single en YouTube.

Queríamos que fuera nominada a los Grammy, así que puse mi máquina de

relaciones públicas y todo el poder de las redes sociales a mi disposición, y

lanzamos su primer single la noche anterior a la que estaríamos rodando el

primer episodio del reality show juntos. Usamos el estudio de grabación de


la oficina, y era bastante tarde. Genni seguía estando impresionante, pero el

trabajo duro le había pasado factura. Necesitaba un día de descanso.

Desde que había llegado a Nueva York, había estado trabajando durante
dos semanas seguidas. Dormíamos juntos todas las noches y, más allá de

usar las manos, los dedos y la varita mágica en alguna ocasión, Genni y yo

aún no habíamos tenido relaciones sexuales. Estaba bien, suponía, pero

cuanto más estaba con ella, más quería hacerle el amor. No solo

empalmarme y follar duro con ella, sino hacerle el amor de verdad a cada

centímetro de su cuerpo. No obstante, el nivel de intimidad que

compartíamos era decisión suya.

Me senté y la vi cantar, su voz era ronca y preciosa, la canción era

desgarradora y tierna, y ella la había clavado. Para cuando era medianoche,

la canción ya se había hecho viral. El teléfono no paraba de sonar. Me

desperté con un millón de correos, se había convertido en una sensación

literalmente de la noche a la mañana, y por mucho que quería celebrarlo

con ella, teníamos la maldita filmación del reality. Así que fuimos a

maquillaje y peluquería al amanecer y le di un beso de despedida antes de

que nos llevaran.

“Simplemente sé tú misma, lo harás genial.” La animé, aunque la

verdad era que no lo necesitaba.


“Gracias,” dijo, parecía agotada.
“Bueno, ¿y a quién vas a estar explotando esta vez?” Preguntó Allie con

un tono mordaz cuando nos reunimos en la fiesta en una casa en la que nos

íbamos a ver por primera vez tras meses estando separados.

Todo estaba manipulado, por supuesto. La mayoría de la gente que

había por allí eran extras pagados para estar ahí, y los que no lo eran, eran

amigos de Allie. Estaba en un océano infestado de tiburones y, peor aún,

también lo estaba Genni.

“Estoy lanzando la carrera de una nueva cantante y estamos saliendo.

Esta vez no estoy jugando, Allie, ella es la indicada.”

“Que te jodan, Cash, nunca habrá una indicada,” soltó mientras Genni
salía de peluquería y maquillaje luciendo como una reina.

“Por favor, no me digas que esa es tu chica nueva,” Allie era un

monstruo malvado, y disfrutaba de cada segundo siéndolo.

“Allison King, te presento a Genevieve Green.” Opté por una

presentación directa.

“Hola,” Genni extendió su mano y, por un instante, pensé que Allie le

escupiría en ella.

“Hola,” contestó Allie, una puta Barbie totalmente de plástico, y con

cautela sacudió la mano de Genni. “Escuché tu canción anoche. Creo que

todo el mundo lo ha hecho. Cash tiene un buen equipo de relaciones

públicas detrás de él. Hasta me llegó una notificación de Facebook avisando


de que habías lanzado un super hit. Ja ja, era en plan, ¿Genevieve? ¿Quién

coño es?”

“¿Verdad? ¿Quién Coño Es? Creo que ese va a ser el título del álbum,

solo tenemos que conseguir la licencia,” bromeó Genni, y la quise mucho

más.

Lo que no sabía era que las cámaras ya estaban grabando y que ese

pequeño intercambio con los pitidos obligatorios para tapar las palabrotas

definitivamente saldría a la luz. No había nada que pudiera hacer, Genni

estaba nadando en aguas profundas. Por suerte, parecía que podía aguantar

su cabeza por encima del agua.

“Por si acaso, tenemos unos cuantos títulos más que estamos

considerando,” añadí para amansar la furia de Allie.

“Quizás debería llamarse Quién coño es el ligue de Cash de esta

semana,” añadió Allie.

“Ja ja, eso es gracioso.” Genni solo perdió el temple durante un instante.

“Solo que no soy el ligue de una semana de nadie, estoy demasiado

ocupada como para esas cosas. No tengo tiempo para tonterías, y Cash y yo

simplemente estamos explorando los sentimientos que tenemos el uno por


el otro. Ya te avisaré si la cosa fracasa, pero por ahora estamos los dos

bastante implicados.” Mostró una de sus grandes sonrisas de autor y sentí

como mi presión sanguínea se relajaba un poco. “Y Dios, me encanta lo que


hace con su boca. ¿Verdad? Lo da todo.” Miró a Allie directamente a la

cara.

“¿Y con todo te refieres a?”

“No es asunto tuyo.” Genni lanzó una de sus miradas y mi corazón se

relajó.

“Estás en la televisión, cariño. Todo es asunto nuestro. Cuando

empiezas a salir con el hombre más importante en la industria de la música,

especialmente si aparece en el programa de televisión de su exprometida,


incluso lo que cagas es de consumo público. Pero que no te duela

demasiado cuando esa última cita llegue más rápido de lo que creías que lo
haría. Cash tiene una fecha de caducidad corta.” Moviendo su pelo en el

aire, Allie se fue a hablar con otra persona y la cámara la siguió; le


encantaba tener la última palabra.

“Ya veo por qué te gustaba,” Genni me miró y me dijo de forma


sarcástica. “Aún debes de tener las marcas de sus uñas en tu espalda. Yo no

las he visto, pero eso no significa que no estén ahí. ¿Qué hacíais para
pasarlo bien, encender cerillas y tirároslas el uno al otro?”

“Es una folladora bastante buena. Imagina todo ese fuego jadeando y
suplicándote que se la metas más profundamente… y su vagina es una
experta, una vagina de diez. Quiero decir que podía conmigo y más.

Siempre trató solo de sexo.” Me encogí de hombros porque esa era la


verdad. “Es una zorra asquerosa, pero me apuntaría a pasar un rato con su
coño en cualquier momento… Cuando estábamos juntos lo nuestro siempre

iba de callarse y follar.”


Y, finalmente, me apunté a la fiesta. Había estado intentado ser un

hombre bueno para Genni, y ahí estaba, en la televisión nacional, porque


sabía que había cámaras por todos lados, y yo acababa de confesar que

Allie solo era un buen polvo. Genni se quedó quieta durante un momento,
un poco sorprendida, y después una bonita sonrisa falsa apareció en su cara.
“Se la ve bastante ansiosa, seguro que, si se lo pidieras, te seguiría

dando lo que quisieras, Cash. Claramente ella está dolida y te sigue


queriendo. Quizás necesitéis sentaros y tratar lo que falte… Quizás tengas

que hacerle sentir que fue más que una persona con la que te acostabas.”
No estaba seguro de por qué eso me cabreó tanto, pero perdí los

papeles. “¿Tú sabes lo que falta?” Grité, lo suficientemente alto como para
que todo el mundo me escuchara. “Su alma, eso es lo que falta. Venga ya…

no puedo hacer esto.” Cogí a Genni del brazo y estaba a punto de arrastrarla
afuera cuando ella me detuvo.

“Pero yo sí que puedo. Te quiero, Cash, y si tenemos que estar aquí para
limpiar tu nombre y demostrarle al mundo que eres mejor de lo que se

piensan que eres, entonces me quedaré aquí y soportaré lo que sea que
nadie me lance. Somos mejor que esto… podemos superarlo.”
Joder… era brillante. No solo estaba jugando al juego; estaba liderando
la partida.

“Por eso es por lo que te quiero. Eres fuego, chica. Fuego.” La cogí
suavemente del brazo y la llevé a la mesa de buffet en la que había

montones de comida, y se la presenté a la gente.


Allie nos siguió mirando con su ojo de halcón, pero me daba igual. Por

primera vez, me lo estaba pasando bien. Mucha gente hablaba del vídeo
viral de Genni, y bastantes se hacían fotos con ella para Instagram y

tuiteaban que acababan de conocerla. Y, aunque ella no había accedido a


ello, y no estaba en su contrato, cantó una versión a capella de la canción,

ahí mismo, en el césped, con solo un micrófono y su guitarra. Todo el


mundo se volvió loco por ella. Realmente, había encontrado a una estrella.

Tras la canción me alejaron de Genni, dejándola con la muchedumbre,


para grabar un confesionario que era parte del formato del programa.

Cuando era el novio de Allie, los hacíamos juntos, pero, como la tensión
había subido y habíamos roto, los hicimos por separado, e incluyeron
pequeñas y mordaces calumnias destinadas a destrozar al otro. Yo estaba

ligeramente preocupado después de que me pusieran un micrófono y me


sentaran en una sala rosa completamente diseñada por Allie.

“Bueno,” comenzó el entrevistador. “Allie va a por todas esta noche. En


primer lugar, quiere saber por qué has aparecido aquí con una chica.” Dijo
el entrevistador, siendo plenamente consciente de que Genni había firmado

un contrato para aparecer en el programa.


“¿Te refieres a más allá del hecho de que únicamente me han traído de

vuelta al show para estar aquí con mi nueva chica?” Me reí, sabiendo que
mi frase de regreso no pasaría de la sala de edición. “Bueno, Allie y yo

tenemos mucho de lo que recuperarnos. Ninguno de los dos fuimos


demasiado buenos el uno con el otro, y creo que tenemos heridas abiertas.
Yo no quería hacerle daño, pero bueno, ella está aquí con su nuevo novio,

así que, en el amor y en la guerra todo vale, ¿no? Quería que supiera que he
pasado página y que no le guardo ningún rencor. Genevieve es una de las

mujeres más buenas que hay en el mundo. Allie podría tomar nota, y quizás
lo haga, porque estoy seguro de que está ahí en esa fiesta preparada para

atacar, pero sé que Genni podrá soportar a Allie. Al fin y al cabo, Allie está
tan rota como yo.” Y eso era una jodida verdad. “Creo que eso es lo que

más amaba de Allie. Los dos estábamos rotos y rasgados, y ambos nos
arrastramos desde la cuneta. Allie me importaba y a una parte de mí

siempre le importará,” por supuesto, eso era mentira. “Pero desearle lo


mejor a alguien también es permitirse a uno mismo dejarle marchar. Genni

me ha enseñado eso, y espero que algún día todos podamos ser amigos.”
Sí, terminé con un torrente de mentiras. Mi plan era ser tan aburrido que

tuvieran que dejar de grabarme para así poder volver con Genni y
comprobar si necesitaba que la rescatara.

“¿Y qué hay de la acusación de Allie de que estabas saliendo con Genni
mientras vosotros dos aún seguíais juntos?”

“Genni nunca hubiera salido conmigo si hubiera seguido atado a


alguien…”

Las preguntas continuaron, y yo respondí todas con algo sobre Genni,


hasta tal punto que el entrevistador finalmente se cansó y habló con el

productor para ver si tenían suficiente grabación como para que me fuera. A
nadie le sorprendió que tuvieran suficiente, así que pude ir afuera y

encontrarme a Genni siendo tirada del pelo y arrastrada a la piscina.


Capítulo 17
Genevieve

Me pilló todo por sorpresa. En un momento estaba poniéndome una

copa de vino mientras secuestraban a Cash y al siguiente sentía ese dolor


intenso en la parte trasera de mi cabeza, era como si mi cerebro estuviera en
llamas. Perdí el equilibrio y en cuestión de segundos estaba en el agua. Así

de simple, yo era la que, totalmente vestida, me estaba tragando el agua de

la piscina. Al principio sentí miedo, luego rabia y después todo fue confuso
y triste. Nadé hasta las escaleras, pero no salí de la piscina porque Allie

estaba como una loca.


“¡Zorra asquerosa! ¡Eres una puta mentirosa, manipuladora y loca!”

Seguía diciendo lo mismo una y otra vez.

Miré alrededor para ver si podía estar hablando con otra persona, pero

no, me estaba mirando y hablándome directamente a mí. ¿Por qué? Yo solo


seguía sacudiendo la cabeza mientras Cash corría hacia ella y la agarraba

desde atrás, ya que parecía que iba a saltar a la piscina y venir a por mí de

nuevo.
“¡Eres un mierdas mentiroso, infiel y traidor!” Le gritaba a él y le

arañaba la cara con sus uñas.

Ella parecía histérica, y ni siquiera se me ocurría la razón para ello.

Cash me había dicho que ella sabía que habían roto. Yo había firmado un

contrato con él para aparecer en el show, por lo que yo no podía ser la razón
de su arrebato. Tenía frío y estaba cansada y mojada… con una camiseta

que me di cuenta que transparentaba, con todas las cámaras a mi alrededor.

Salí del agua con mis manos cruzadas sobre mis pechos, esperando que las

cámaras no me estuvieran grabando en sujetador. Un asistente de

producción corrió hacia mí y me ofreció una toalla que yo afanosamente


cogí.

“¡Cómo te atreves!” Vino Allie volviéndome a gritar al Cash haber

bajado su guardia, y yo me puse a correr, pero entonces repensé mi

estrategia y me quedé quieta. ¿Me iba a arañar en la cara a mí también?

Miré hacia Cash y él llevaba una línea roja en una de sus mejillas.

“¡Dime que no te vas a casar con él!” Allie estaba frente a frente

conmigo. “¡Dime que no te ha dado un anillo y que no lleváis juntos más de


UN AÑO!” Gritó.

“¡Menuda forma de joder la sorpresa, Al!” Cash vino corriendo detrás

de ella.
Wow, todo esto era demasiado drama para mí. De hecho, usé todas mis

fuerzas para no reírme de ambos.

“¿Y estás embarazada? ¿Por eso te está convirtiendo en una sensación

de la noche a la mañana? ¿Estás embarazada de su hijo bastardo?”

Todo era muy surrealista. ¿Embarazada? Si ni siquiera nos habíamos

acostado, y Cash… oh, él no se casaría conmigo si estuviera embarazada, él


me dejaría tirada en la cuneta, de eso estaba jodidamente segura. Así que

me giré y salí del set.

“¡Genevieve!” Gritó Cash con sus mejores habilidades teatrales.

“¡Vuelve aquí, zorra!” Chilló Allie.

“Sois tal para cual,” solté mientras sacudía la cabeza, salía del set y me

encerraba en uno de los baños que había en la mansión en la que estábamos

rodando.

Yo no había firmado para nada de eso. A través de la puerta, podía

seguir oyendo sonido de bullicio, y supuse que Allie había pasado a pelear

con Cash. Tras un montón de gritos e histeria, escuché el grito del director
diciendo ‘corten’, y todo el drama desapareció. Unos cuantos minutos

después, alguien llamó a la puerta del baño.

“Genni, soy yo.” Cash sonaba dulce y arrepentido y sincero, necesitaba

que me contara qué estaba pasando, así que abrí la puerta. “¿Estás bien?”

Fue lo primero que me preguntó.


“¿Lo estás tú?” La marca roja de su cara había empezado a sangrar un

poco.

“Estoy bien.”
No parecía estar bien, pero tomé su palabra.

“¿Qué ha sido todo eso?” Pregunté sin ni siquiera pensar en que podía

haber cámaras sobre nosotros.

“Bueno,” suspiró y, por alguna razón, tuve la sensación de que una

bomba estaba a punto de explotar. “Mira. Me tomé la libertad de contarle a

los productores que iba a pedirte que te casaras conmigo y que quizás

quisiéramos grabar eso como el próximo episodio.” No se atrevía a mirarme

a los ojos mientras lo decía.

“¿Y nuestros seis meses? Estamos en el día sexto, apenas…” Apreté mi

mandíbula y me esforcé por no comportarme como Allie.

“Sí, bueno, ya sabes, en seis meses será el gran día. O tendremos una

ruptura horrible…” Su voz se desvaneció.

“Entonces nos conocemos, nos enamoramos y nos prometemos en seis

días, ¿para casarnos en seis meses? ¿Y la gente se va a creer eso? ¿La gente

normal y racional que desayuna porque sabe que es la comida más

importante del día? Esa gente está en plan ‘sí, al fin Cash se ha enamorado’.

Te pregunto, ¿se va a tragar esta historia la gente que no está como una
regadera? Porque… yo sin duda no lo haría.”
“Bueno, esto es el Monte Olimpo, se tragan cualquier cosa que les

digas. Somos los intocables con una vida rica y glamurosa.” Me sonrió y se

encogió de hombros tímidamente.

“Y entonces, ¿Allie se piensa que nos vamos a casar? ¿Por eso ha

venido hacia mí como un tigre loco con las uñas afiladas?”

“Sí, se piensa que nos vamos a casar y quizás a tener un hijo.” Eso era ir

demasiado lejos.

“Entonces, solo por curiosidad, ¿qué va a pasarle a ese hijo que tú no

quieres? No sé, teniendo en cuenta que prácticamente estás dispuesto a

esterilizarme para no tenerlos… Menos mal que todo esto es mentira.”


“A la gente le encanta el drama,” me dijo. Podía ver que se sentía como

una mierda.

“Y qué vas a hacer, ¿te vas a burlar de la gente que sufre la pérdida real

de un bebé mintiendo? Cayden,” usé su nombre real para darle más énfasis,

“¿por qué estoy aquí? No eres el tipo de hombre con el que quiero estar, ni

siquiera en una habitación, y mucho menos casarme o salir… o hacer el

amor. Me voy a mi hotel.” Le di la espalda e hice todo lo posible por no

perder el temple con él tal y como Allie había hecho. “He sido una estúpida,

pero no voy a ser engañada más.” Mientras iba andando hacia el coche, uno

de los productores apareció corriendo hacia mí, jadeando, con una capa de

sudor cubriendo su frente. “No te molestes, me voy,” fue todo lo que dije.
Estaba hecha un desastre, mi pelo goteaba por mi espalda, pero mientras

había estado en el baño, había cogido un albornoz de detrás de la puerta.

Me daba igual que no fuera mío, no estaba mojada por que quisiera. Así que

mi plan era ir al vestuario y ponerme la ropa que había traído porque

vestuario nos había llamado la noche anterior y nos habían pedido a Cash y

a mí que trajéramos unas cuantas prendas más para que ellos eligieran qué

ponernos ante las cámaras. Estaba con mi plan en marcha y no iba a ceder.

“Tenemos que llevarte a maquillaje y peluquería de inmediato,” tuvo la

osadía de soltarme.

“No. He terminado.” No lo decía de broma.

“Taylor Rayne acaba de llamar, te ha escuchado cantar a capella y

quiere conocerte y grabar un dúo contigo. Va a volver a llamar en una hora

y necesitamos grabar esa llamada,” dijo sin aliento.

“Y Allie está por ahí como una loca, ¿verdad? No, gracias. Puedo hablar

con Taylor Rayne fuera de las cámaras.” Había terminado… del todo.

“En realidad, has firmado un contrato y tu grabación de hoy aún no ha

terminado. Ahora mismo ella está firmando un acuerdo. ¡Vas a hacer esto

en cámara! Así que vete para peluquería y maquillaje,” me dijo en tono de


orden y de una forma muy ruda.

Lo cierto era que no tenía una contestación que darle, así que lo hice.

Fui a maquillaje y peluquería, me hicieron que pareciera irreal. En serio, no


parecía yo misma, y me senté en una sala, en una cómoda silla, con un vaso

de agua y una ventana mirador que daba a la ‘fiesta’. Allie estaba siendo

consolada por sus ‘amigos’ y parecía que estaba llorando, pero me daba

absolutamente igual. Cash no estaba por ningún lado, pero, cuando ese

teléfono sonó, lo contesté, y una voz femenina dijo al otro lado, ‘un

segundo, enseguida se pone la señorita Rayne’. De nuevo, todo era muy

surrealista.

“Claro,” dije al teléfono, insegura de si alguien seguía al otro lado.


“Ey, espero no molestarte,” dijo una voz igual a la de Taylor Rayne.

“Quería decirte que he visto tu vídeo en YouTube y después Parker me ha


mandado un vídeo del show en el que estás cantando la canción a capella y

me ha fascinado. Eres muy buena.” No diría que estaba siendo


condescendiente porque no le pegaba nada, pero, mm, era más bien como

una especie de reconocimiento de una hermana mayor a una hermana


pequeña.

“Gracias,” No estaba muy segura de qué más decir.


Definitivamente, no debía decir que había escuchado su música desde

que era una adolescente, o que había intentado fingir ser ella antes de
encontrar mi propia voz. Estaba demasiado asustada y enfadada como para
hacer de fan, pero si hubiera estado en otro sitio, no hubiera tenido cámaras
delante y no hubiera acabado de ser atacada por una víbora… quizás
hubiera estado más nerviosa.

“Bueno, pues he estado pensando que, ahora mismo estoy en Nueva


York y voy a hacer un evento de caridad para los jóvenes sintecho. Mi

fundación está intentando recaudar fondos para casas, empleos,


asesoramiento y cosas así, y he hablado con Parker,” que era el productor

ejecutivo del reality show de Allie, “y me ha dicho que él daría un par de


millones si nos graba a ambas juntas cantando un dúo. Bueno, lo
anunciaríamos por YouTube, ya sabes, vídeos y esas cosas, y luego el gran

día en esta gran gala de recaudación de fondos tú y yo cantaríamos, y he


pensado que sería muy especial.” Estaba siendo muy convincente, y el bolo

parecía muy adecuado, así que dije ‘sí’ sin tener ni la más remota idea de en
qué me estaba metiendo.

“Claro. Suena bien.” Agh, ¿por qué a veces tenía que ser yo?
“Genial, así quedamos entonces. Dejaré que los productores se

encarguen de todo, pero va a estar genial. ¿Puedes venir a verme mañana a


mi hotel?” Se aseguró de no decir el nombre del hotel ante la cámara, pero

resultó que era el mismo hotel en el que yo me estaba alojando.


De hecho, nuestras suites estaban justo una al lado de la otra. Era muy

raro. Cuando terminamos la llamada, dejaron de grabar. No volví a ver a


Allie y eso estuvo genial. Tenía que volver a la semana siguiente a rodar lo
mío con Taylor y la recaudación de fondos, y estaba nerviosa por ello, pero
supuse que me mantendrían lejos de la línea de fuego de Allie porque sería

muy mala prensa que dejaran que algo pasara en un evento caritativo. Me
encontré con Cash antes de que nos subieran a una furgoneta negra y dejé

que la adrenalina del día recorriera mi cuerpo hasta el punto en el que


estaba cansada y callada.

“Wow, no me esperaba eso,” fue el extraño comentario que hizo Cash


mientras nos alejábamos de la mansión.

“¿Qué parte?” Todo había sido horriblemente incómodo.


“Lo has hecho genial.” Me sonrió y me llevó a sus brazos, y de repente

volvía a ser el hombre que me gustaba.


“Entonces, ¿qué ha pasado?” No quería indagar mucho en el drama,

pero sentí que tenía que hacerlo.


“No te preocupes, era todo para las cámaras. Todo va bien.” ¿Me estaba

dando largas?
“Ojalá alguien me hubiera avisado de que iba a ser arrastrada
literalmente hasta la piscina.” No quería estar tan cabreada como lo estaba,

pero, ¿en serio? “Y ahora la gente se piensa que voy a casarme contigo.”
Capítulo 18
Cayden

No me gustaba tener que mentirle, pero Allie perdió los papeles cuando

los productores le contaron que estaba en una relación seria con Genni. No
podía entender cómo podía tener una relación en un periodo de tiempo tan
corto, y entonces dio por hecho que la había estado engañando con Genni, y

en parte le dejé pensar lo que quería, ya que no tenía una explicación mejor

que darle. No podía contarle la verdad.


“Lo siento, si te lo hubiéramos dicho, no hubiera quedado auténtico. ¿Te

ha hecho daño?” Había arrastrado a Genni con mucha fuerza.


“No, pero me ha asustado, Cash. De hecho, todo esto me está asustando

bastante. No quiero sumergirme demasiado en este mundo, es un lugar

tenebroso. Y, sin embargo, también me da un poco de miedo ir a mi hotel,

porque al parecer Taylor Rayne se aloja en la habitación de al lado, y sería


raro si corro hacia ella. Toda esta noche ha sido demasiado.” Pobre, se la

veía pequeña y perdida.

“¿Y si vienes a casa conmigo, pedimos una pizza y nos olvidamos de

todo?”
“No me puedo olvidar de todo contigo.”

“Sí que puedes. Deja que sea tu amigo, tú puedes hablarme de cómo la

exnovia de un imbécil te ha atacado hoy en el plató de un reality show, y yo

escucharé y te rellenaré la copa de vino. Te lo prometo.”

Eso consiguió que se riera, lo cual era una buena señal.


“Es muy tentador,” dijo con una sonrisa brillante.

“Bien. Me gusta que pienses que soy tentador.” Y sus ojos en blanco

eran realmente preciados. “De hecho, me gusta todo de ti. Hoy has cantado

como los ángeles y he de decir que has sobrellevado el drama tan bien

como has sobrellevado la llamada de Taylor Rayne. Eso ha sido totalmente


inesperado. Creo que producción quería hacer algo épico como eso y

Taylor, me han contado, que estaba a la espera para hacer algo, pero se

suponía que sería algo relacionado con Allie. Allie tiene muchos contactos

y creo que ella y Taylor son ‘amigas’ desde que uno de los amigos de Allie

conoció a uno de los amigos de la otra, o algo así. Nunca prestaba mucha

atención, pero ahora lo hago porque quiere cantar contigo.” Ese iba a ser un

extra de publicidad muy bueno, estaba encantado.


“Sí, todo es…” Genni tomó una respiración profunda.

“Nada de lo que nos tengamos que preocupar ahora mismo.”

Quería abrazarla, así que lo hice. La llevé a mis brazos y la abracé con

fuerza. Sentaba bien tenerla pegada a mí. Durante ese instante, quise de
verdad a esa mujer. Era valiente, impresionante, talentosa, no había ningún

adjetivo positivo que se me ocurriera y no la describiera. Era

completamente diferente a todas las mujeres con las que había salido hasta

entonces.

La llevé a casa y pedimos una pizza con queso, olivas y pepperoni, fue

su elección. Tomamos vino y una ensalada César e incluso pedimos la


comida de la pizzería a domicilio que había en la calle, como si fuéramos

dos personas normales. Quería encender la televisión para poder usarla

como distracción, pero, en cuanto lo hice, apareció un anuncio del reality

show de Allie, y fastidió el momento, así que la apagué y puse algo de

música.

“¿Quieres darte un baño en el jacuzzi después de cenar? Creo que un

buen baño caliente puede venirnos bien a los dos… Podemos mirar las

estrellas.”

“¿No son peligrosos los jacuzzis?” Me mandó esa mirada juguetona que

siempre le encantaba lanzar.


“No con mi mejor amiga.” Le mandé un pequeño beso y ella se volvió a

reír. Me encantaba lo comprensiva que era. “Te lo prometo. Seguiré

comportándome.”

Ella me miró con una chispa de amor en los ojos. “Sé que lo harás.

Claro, vamos. Jacuzzi, vino y estrellas suena perfecto como broche final al
día más raro de mi vida.”

Hicimos un extraño brindis de porciones de pizza y nos dirigimos

arriba, al jacuzzi. Me quité la camisa y la tiré al suelo, después mis


vaqueros y mi ropa interior, ella ya me había visto desnudo antes, no había

por qué ser modesto. Viéndome desvestirme de forma tan casual, ella hizo

lo mismo y, en un instante, los dos estábamos desnudos.

Desafortunadamente, mi polla estaba realmente emocionada por ello, y lo

mostró. No era capaz ni de pensar en una imagen que la calmara, porque

Genni era increíblemente atractiva, especialmente desnuda.

“Lo siento, a este pequeño cabrón le gustan las mujeres desnudas. Se

tranquilizará si lo ignoramos.” Bromeé, hablando como si mi polla no fuera

parte de mí.

“No, no pasa nada. Entiendo por lo que está pasando,” suspiró.

“Venga. No hay ni un solo hueso de tu cuerpo que no puedas controlar

en relación a mí,” me quejé mientras me metía en el agua caliente. “Tú lo

tienes fácil, en serio. Ojalá no me atrajeras tanto; sería mucho más fácil no

tener sexo contigo.” No quería decir eso exactamente, pero es lo que dije.

“Finjamos por un momento que hacemos el amor. Luego, ¿qué?”

“¿Te refieres a qué cambiaría de nuestra relación? No creo que cambiara

demasiado. Ya hemos hecho el amor prácticamente, aunque me hayas hecho


esperar. Ha hecho que la necesidad sea mucho más intensa. No creo que
tener sexo contigo aminore demasiado el deseo que siento por ti. En ese

aspecto puede que sea más insaciable.” Todo mi cuerpo se calentó ante el

pensamiento de ir con ella hasta el final. “¿Por qué? ¿Qué está pasando por

esa preciosa cabecita?”

“Créeme, hay un jaleo ahí dentro.” Sacudió la cabeza y se mofó de sí

misma.

“¿Confías en mí?” Era una pregunta atrevida y arriesgada, porque

estaba bastante seguro de que no confiaba en mí ni lo más mínimo.

“No lo sé,” dijo en voz baja.

“Bueno, no es un ‘no’. Lo acepto.” La besé en la mejilla y ella me miró


como si estuviera a punto de llorar.

“¿Qué estoy haciendo? Toda mi vida se ha puesto patas arriba.” Se

mordió el labio y pude ver que estaba lidiando con una angustia existencial,

con más preocupación que la ocasión merecía.

“Todo va bien, estás abrumada y cansada. Un buen orgasmo te aliviará

de todos los problemas.” Ella se rio de mí; por lo menos se rio.

“¿Alguna vez te tomas algo en serio?” Ahora se estaba comenzando a

cabrear.

“Te tomo en serio, pero creo que le estás dando vueltas a muchas cosas

que no tienes poder de cambiar. Sinceramente, si simplemente te rindieras e

hicieras este viaje conmigo, dejarías de pelear contigo misma todo el rato.
Tú quieres que hagamos el amor, lo sé y lo sabes, pero sigues peleando

contra esta imagen de mí y de ti misma, y nunca vas a ganar esa guerra.

Solo déjalo estar y disfruta de la vida. Si te preocupa que vaya a tener sexo

contigo y después te lleve a una montaña desierta del norte del estado de

Nueva York y me deshaga de tu frío cadáver, te prometo que no lo haré. Sé

que hacer el amor contigo implica mucha responsabilidad y estoy dispuesto

a dar un paso adelante si tú también lo estás. Sé que todo ese remolino

interno trata de ti luchando contra tus propios demonios respecto a esto. No

hay nada malo en tener sexo casual, consensuado y con cariño. Eres una

mujer adulta y eso es lo que las mujeres adultas hacen. Tú querías que te

quisiera, bueno, en cierto modo es así. Lo cierto es que te respeto y no

tengo ningún plan de hacerte daño. La verdad es que quiero intentar algo

nuevo para mí. Nunca antes he amado a nadie, pero estoy dispuesto a

intentarlo contigo. Esto es lo máximo que le he suplicado a nadie… nunca.”

Me miró con una expresión de rendición absoluta.

“No puedo dejar de pensar en ti. Y quería… quiero…”

“No hace falta que lo digas. Yo también lo siento.” Entonces me incliné

y la besé apasionadamente, dejando que mi lengua entrara en su boca y la


saboreara mientras me pegaba más a ella.

No hice nada más aparte de besarla, aunque estaba claro que mi polla

quería más. Me lo tomé con calma, consciente de que, probablemente, ese


iba a ser el momento en el que Genni se fuera a dejar llevar y me permitiera

llevarla hasta la luna de verdad. Nos besamos durante un rato hasta que ella

levantó su cabeza y me miró.

“Me estoy poniendo cachonda,” suspiró.

“Yo también. Tengo un dormitorio aquí arriba.” Salí del agua y cogí dos

grandes toallas blancas. “Tiene vistas al cielo, igual que la sala de la

piscina. Y tengo aperitivos y cosas en caso de que tengas hambre, y agua

fría…” Poco a poco, ella salió de la piscina y se me quedó mirando


mientras enrollaba la toalla alrededor de sus hombros. “Seguiremos yendo

solo hasta donde tú quieras. No hay presión. Solo quiero despertarme a tu


lado.”

Ella se enrolló la toalla alrededor de su cuerpo perfecto y en silencio


salió del jacuzzi. “Tú diriges.”

Estaba siendo un poco más como sí misma, pero podía ver que seguía
teniendo dudas. Entramos al dormitorio que solo tenía, bueno, para follar.

Tenía vistas al cielo nocturno y uno podía follar hasta que su corazón mirara
contento a las estrellas, bueno, a las pocas que en realidad podíamos ver a

través de la contaminación lumínica, y ser los únicos en el mundo que


supieran que estábamos ahí. Tenía una obsesión loca por la privacidad, así
que todo tenía cristal triple, que estaba oscurecido por afuera. Nadie vería
nada, así que colgué mi toalla en un perchero en cuanto entré a la
habitación, pero Genni optó por seguir con la suya puesta.

“¿Te apetece un Martini de lavanda? Voy a prepararme uno para mí.”


Caminé hacia la barra totalmente desnudo.

“Camarero desnudo, es la primera vez que veo algo así. ¿Nos puede ver
alguien aquí arriba?” Miró en torno a la habitación, que era prácticamente

toda de cristal.
“No, nosotros podemos mirar afuera, pero ni una sola alma puede
vernos dentro. Mi diseñador es inmaculado. Sigue con la toalla puesta si

quieres, pero a mí me encanta esta sensación.” Empecé a coger lo que


necesitaba para preparar las bebidas mientras ella se sentaba al lado de la

terraza y miraba hacia la ciudad que estaba a nuestros pies.


“Tienes una vida increíble, Cash,” murmuró.

“Increíblemente solitaria a veces,” dije, llevándole la bebida. “¿De qué


sirve todo esto sin nadie con quien compartirlo?” Ella le dio un sorbo a su

bebida y no contestó, seguía luchando contra sus demonios internos, así que
llevé una silla detrás suya y comencé a masajearle los hombros. “No le des

demasiadas vueltas a todo esto.”


Ella se bebió su copa de un trago, lo cual no me esperaba para nada, se

giró hacia mí y me volvió a besar en los labios. Después me besó en el


cuello, el hombro y por mi pecho. Mi sangre empezó a bombear con fuerza
y no podía pensar con claridad. Me puse de pie, la levanté de la silla y la
llevé a la cama. El resto de la noche podría ser comparada con un tren de

mercancías acelerando por un pequeño y seductor pueblecito lleno de niebla


y sorpresa. Me dio total permiso para tocar, saborear y sentir.

“Con que digas una palabra, pararé,” le aseguré, y ella me agarró del
pelo y llevó mi cara a su boca.

“Quiero esto. Quiero todo de ti. No puedo esperar más. Me estoy


volviendo loca.”
Capítulo 19
Genevieve

No tenía ni idea de qué me pasaba, pero me sentía loca de necesidad.

Todas las células de mi cuerpo gritaban por Cayden, el hombre detrás del
mito de chico malo. Él había sido bueno, había mostrado contención, y yo
no me podía aguantar más. Estaba loca por él. Recorrí un camino de besos

por su cuerpo hasta su dura erección y me metí ese chico malo directamente

en la boca. No pensé, solo hice lo que mis instintos me dijeron que hiciera,
balanceándome y chupándole arriba y abajo. Acaricié su tripa, y después

masajee sus pelotas e intente tomar todo lo que pude de su polla de gran
tamaño hasta mi garganta, lo cual le hizo gritar.

“Joder, Genevieve…” Me encantaba que dijera mi nombre completo.

Me encantaba escucharle gritar en éxtasis. Quería más de él… todo de

él.
“Quiero que me hagas el amor,” le supliqué prácticamente cuando dejé

su polla dura.

“Bueno, no voy a ir ahí directamente, así que túmbese, señorita Green, y

déjeme que la ponga toda húmeda y deslizante para el viaje de su vida.”


Nos lo estábamos pasando bien, nos estábamos riendo, sentaba bien.

Esto estaba bien. Estas eran cosas que me estaba diciendo a mí misma todo

el rato mientras él me chupaba con fuerza mis pezones desnudos,

mordisqueándome de forma intermitente mientras chispas de deseo

inundaban todo mi cuerpo. Me arqueé hacia él para darle más mientras sus
dedos acariciaban y masajeaban mi otro pecho, volviéndome

completamente loca. Incluso por un momento pensé que me había echado

algo en la bebida, así de cachonda estaba por él, pero me hubiera dado

cuenta de que no tenía el control de mi mente racional y mi cuerpo.

Definitivamente, yo estaba al mando. Lo necesitaba, lo deseaba y, para


cuando acabara la noche, iba a tenerlo.

Él fue delicado y pasional mientras chupaba su camino hacia mi tripa, y

me dio pequeños mordisquitos, todos dolían y a la vez sentaban muy bien.

No estaba segura de si estaba intentado dejarme marcas o qué estaba

haciendo, pero sentía como si me estuviera comiendo viva, como si

estuviera tan hambriento de mí como yo lo estaba de él. Entonces descendió

más, y yo abrí mis piernas para él, sintiéndome temblar. Solo me llevó un
toque de su dedo en la caverna sedosa de mi coño para saber lo mucho que

lo deseaba.

Él se asomó a través del paisaje de mi cuerpo y sonrió. “Tienes gansas

de hacer esto, ¿eh?”


“Vale, no te regodees, solo… agh. ¡Métete dentro de mí!” Le gruñí

prácticamente.

“Puede que me enmarque esa frase… es perfectamente tú.”

Me aseguré de mandarle una mirada por mi cuerpo brillante que

temblaba en anticipación a lo que iba a venir. Su caliente y húmeda lengua

se deslizó por los lados de mi vulva y bailó por el centro, provocándome,


haciéndome gemir. Sus dientes afilados pasaron por mi clítoris y chupó y

mordisqueó ahí como lo había hecho en mis pechos, y yo llevé mi coño

hacia su cara.

“Por favor, Cayden. Por favor…” Gimoteé.

“Me encanta que me llames así.” Se sentó y se me quedó mirando.

“Nadie me llama Cayden.”

“Agh, fóllame ya, Cayden, ya trataremos la semántica después. Te deseo

tanto que voy a explotar.”

“¿Explotar sobre mis sábanas de algodón egipcio de ochocientos hilos?

Eso estaría mal. Deja entonces que me ponga a ello.” Se puso de rodillas y
yo puse mi mano sobre él, sintiendo su cálido y duro pecho.

“Pero sé suave, tengo que cantar mañana.” De repente, entré en pánico.

“Y respirar y hacer otras cosas.”

“No soy un salvaje, no voy a devorarte. Bueno, voy a hacerlo, pero

podrás respirar y hacer muchas otras cosas mañana. Solo relájate y disfruta,
yo me ocupo.”

Quería confiar en él, pero estaba muy asustada.

Así fue, estuve asustada hasta qué él puso su boca sobre mí y comenzó a
hacer su magia. Su cálida lengua tocaba sitios que nunca antes habían sido

tocados por otro ser humano, al menos no con la boca. Chupó mi clítoris

con fuerza y la electricidad recorrió todo mi cuerpo, cegándome de todo

menos de deseo. Todo lo que quería era tener a Cayden dentro de mí.

Quería que nuestros cuerpos se convirtieran en uno y encontrar un lugar en

el que juntos pudiéramos compartir una experiencia que fuera nuestra y solo

nuestra.

“Te deseo, Cayden. Por favor. ¡Te quiero dentro de mí ya!,” me las

arreglé para decir con una determinación loca por el deseo.

“Como tú desees, ya podemos ponernos a ello.” Me dio un beso en el

coño y mi mente se catapultó al éxtasis. Aún estaba nerviosa, pero él hacía

que todo fuera más fácil mientras me besaba y suavemente pasaba la cabeza

de su polla por mi húmedo y ávido coño.

“¡Estoy bien, estoy lista!” Presioné mis manos contra sus firmes nalgas

y lo atraje hacia mí.

“Vale, amor mío, allá vamos.” Y así fue. Lentamente, de forma

agonizante, centímetro a centímetro, entró dentro de mí hasta que alcanzó la


barrera de mi virginidad, y yo cerré los ojos con fuerza, esperando la

punzada de dolor que había oído que acompañaría su pérdida, pero no llegó.

Abrí mis piernas para él para darle más espacio, pero él no me embistió

como pensé que haría. En vez de eso, me sonrió, me volvió a besar en la

boca y con dos dedos jugó con mi clítoris mientras nuestros cuerpos estaban

aplastados juntos, y cuando la electricidad se convirtió en una tensa pelota

en mi tripa de una forma que no podía soportar más, me estremecí y temblé

por un orgasmo tan poderoso que ni siquiera me di cuenta de que él había

aprovechado ese momento en el que volvía de las alturas para penetrarme,

sintiendo el placer y el dolor como un cuchillo afilado, y de repente estaba


increíblemente llena… de él.

“Estoy ahí,” dijo suavemente mientras se quedaba dentro de mí y

esperábamos a que los fuegos artificiales y las mariposas se relajaran.

Me quedé quieta con mis sensaciones, aún me sentía un poco abrumada,

excitada y cómoda… ¿quizás amada? No estaba segura. Me volvió a besar,

mirándome a la cara, bebiéndome.

“Hola,” dije, sintiéndome un poco estúpida.

“Hola,” se rio él. “¿Cómo te sientes?”

Le miré y le dije. “Mucho.” Por muy poco elocuente que fuera, eso era

exactamente lo que estaba sintiendo.


“¿Mucho bueno? ¿Mucho malo? ¿Mucho no sé?” Se puso a indagar, lo

cual agradecí.

“Estoy bien.”

“Vale.” Se movió lentamente dentro de mí, y ahí estaba de nuevo ese

pinchazo de excitación, pero nada más. “¿Estamos listos para hacer el

amor?” Me preguntó en un extraño tono tejano.

“¿Mm?” Ladeé mi cabeza y le mandé una mirada extraña.

“¿Estás bien para que vaya ahí?” Parecía estar conteniéndose, como si

aún no hubiera llegado a su sitio feliz.

“Lo estoy, si necesito que pares…” por alguna razón, seguía echando el

freno, pero estaba bien.

Me encantaba la sensación de tenerlo dentro de mí. Era intenso, pero

también impresionante. No estaba segura de cómo él se estaba sintiendo,

aparte de listo para darlo todo.

“Te prometo que, solo con que digas la palabra ‘para’, te daré un

respiro.” Se movió más, saliéndose y después lentamente volviendo

adentro, y ahí estaba ese exquisito dolor volviendo a aumentar.

Enrollé mis piernas alrededor suyo y lo atraje más cerca de mí,


queriendo tener todo lo posible de él. Por alguna razón, no podía acercarme

lo suficiente y, cuando empezó a bombear en serio, todas las células de mi

cuerpo estaban sincronizadas con él, con sus movimientos, con su deseo y
necesidad, pero más importante, con su cariño conforme se aseguraba de

besarme y tocarme durante la experiencia. Pronto todo fue una neblina de

movimiento, besos, embestidas en llamas, y bombeo hasta que mi interior

se apretó tanto que exploté por toda yo y él, y el cálido zumbido de la

euforia me envolvió. Estaba tan en mí, volviendo del mejor orgasmo que

había tenido nunca, que apenas fui consciente de que de repente Cayden se

salió de mí y se la tocó unas cuantas veces antes de correrse sobre mi tripa,

jadeando y gimiendo hasta que colapsó encima de mí, caliente, exhausto y


pesado.

“Dios, eres el cielo,” suspiró mientras volvía de su propia liberación.


“Eso ha sido increíble.” Me acurruqué más entre sus brazos,

sintiéndome confusa y cansada, y antes de darme cuenta, ya me había


dormido.

No tenía ni idea de si él quería tener una charla postcoital, yo estaba tan


contenta y eufórica que me quedé frita. A la mañana siguiente, me desperté

con el sol dándome en la cara, me había olvidado por completo de que me


había quedado dormida en una habitación acristalada. Estaba molesta e

irritada, para nada con dolor, pero me sentía un poco magullada. Al


principio, pensaba que era cansancio, pero conforme abrí los ojos, todos los
recuerdos de la noche anterior me inundaron. Cash estaba durmiendo a mi
lado, pero él también estaba empezando a despertarse. No tenía ni idea de
qué hora era, pero di por hecho que era pronto.

Me notaba como si hubiera estado entrenando fuerte, pero, sobre todo,


quería darme una ducha. No estaba necesariamente sucia, solo un poco…

meh. Miré a Cash y no estaba segura de cómo sería para nosotros la mañana
de después de haberlo hecho. ¿Daría una vuelta triunfal como la primera

persona que había ido a donde ningún otro hombre había estado antes? ¿Iba
a estar caballeroso y me iba a preparar el desayuno? ¿O iba a actuar como si
yo solo hubiera sido un polvo más? No tenía ni idea, y en realidad no estaba

lista para nada de eso. En primer lugar, no era una persona muy
madrugadora, pero ahí estaba ante el sol resplandeciente, sin saber bien

cómo mirar a Cash o ni siquiera querer hacerlo.


“¿Cómo te encuentras?” Preguntó en un susurro ronco.

“Estoy mm… Yo… ¿Cómo te encuentras tú?” Odiaba ponerme en ese


plan, pero las palabras no me iban a salir, así que ni me molesté en

intentarlo.
“Acabo de ir y volver del cielo, puede que tú te estés sintiendo más bien

como si te hubiera atropellado un camión, así que voy a preparar la ducha


para los dos y pediré un buen café y comida. Te aconsejo que te tomes una

aspirina, solo por si acaso. ¿Tienes antojo de algo en particular?”


“Antojo, ja, eso es gracioso. Lo bueno es que no tengo antojo de nada…
Quiero decir, no hablamos de métodos anticonceptivos, pero no hay ningún

problema, ¿no? ¿La sacaste?” De repente estaba preocupada.


“Lo hice y todo va bien. He saltado del barco un montón de veces, el

esperma no alcanzó su objetivo, te lo prometo. Pero a partir de ahora vamos


a tener que ser más cuidadosos. Conozco un ginecólogo excelente que te

puede recetar pastillas anticonceptivas esta misma tarde.” Salió de la cama


y, pese a que su polla estaba semi erecta, seguía viéndose gigante.

“Dios, ¿he tenido todo eso dentro de mí?” Murmuré más para mí
misma, sintiéndome victoriosa, pero Cash me escuchó.

Él se rio, “ja, me tomas por un verdadero profesional.”


“Ya, profesional no era la palabra que hubiera dicho,” yo también me

reí, pero un poco incómoda.


“Estuviste dulce y perfecta.” Me lanzó un besó y desapareció en el baño

en suite.
Me alegraba tener un pequeño descanso de su intensidad. Miré
alrededor de la habitación, que tenía una visión 360 de Manhattan, y me

maravillé ante lo que el dinero era capaz de comprar. Además, tenía buen
gusto, todo estaba perfectamente diseñado. La habitación era impecable, y

desde la cama podía ver la piscina y el jacuzzi. Todo era de tejidos suaves y
de colores azul apagado y verde agua. Había fuentes que alimentaban la
piscina, de las cuales no me había dado cuenta antes, y el suelo era de un

mármol gris apagado con una textura lo suficientemente áspera como para
no resbalarse.

Cogí la sábana de la cama y me la enrollé mientras me levantaba y me


dirigía a la otra sala. En cuanto empecé a caminar, tuve una pequeña

sensación ahí abajo de que había sido desflorada, pero no era para nada algo
malo, y no algo que me detuviera de volver a querer estar con Cash. Era
divertido y liberador, y no me arrepentía en absoluto. Entré a la sala de la

piscina, que era en parte piscina y jacuzzi y en parte sala de estar/bar. Me


senté en una silla acolchada y miré hacia la ciudad, dejando que mis

sentimientos se asentaran.
Capítulo 20
Cayden

No estaba seguro de cómo estaba Genni. Parecía un poco distante al

despertarse, pero sabía que solo eran sus nervios y quizás preocupación de
que la noche no hubiera significado tanto para mí como podía haber
significado para ella. No iba a dejar que les diera demasiadas vueltas a sus

pensamientos, porque la noche había sido increíble. Ella había estado

increíble, tan receptiva, tan preciosa. Me preocupé más de lo que pensaba


que me preocuparía por ella, y quería que supiera que nada había cambiado

entre nosotros. Seguíamos en nuestros seis meses de prueba, seguíamos


aventurándonos hacia lo desconocido y ella era, tanto lo quisiera ser como

no, una forma de limpiar mi reputación.

“Bueno,” entré a la sala de estar completamente desnudo, consciente de

lo extraño que era sentirme tan cómodo con ella, pero si estábamos
haciendo esto, se tenía que acostumbrar a mí. “¿Estás lista para la ducha?”

Pregunté, manteniendo el tono ligero.

Ella me miró y se rio, esa era una buena señal, ¿no? Llevaba una sábana

de la cama enrollada y se veía un poco perdida en el voluminoso espacio.


“Claro.” Se puso de pie, se ajustó más la sabana alrededor de ella y

caminó hacia mí.

Me aseguré de darle una palmada a su culo cubierto conforme pasó por

mi lado. “Fuiste toda una guerrera anoche, Genni. Me encantó cada

minuto.”
Ella giró la cabeza para mirarme y me sonrió. “Bien.”

Mmmm, eso era todo lo que iba a sacarle, supuse. Fui detrás de ella y

suavemente le quité las manos de la sábana que estaba agarrando sobre su

pecho.

“No puedes llevar esto en la ducha,” le dije de broma, y ella se rio con
nerviosismo. “¿Deberíamos hablarlo? ¿O quieres esperar a que salgamos de

la ducha?” Esperaba que supiera a qué me refería.

De repente, parecía distante, lo que pasaba a menudo con las vírgenes

que ya no lo eran, aunque yo no hubiera dicho que Genni fuera exactamente

virgen, pero ella había hecho una entrega más profunda conmigo que con

cualquier otra persona, y, en realidad, yo solo estaba haciendo lo mío. No le

había dado nada más que a cualquier otra mujer con la que me había
acostado, pero, con ella, sabiendo lo mucho que había en juego, había sido

diferente, y quería que supiera eso.

“Claro.”
“Vale, anoche perdiste la virginidad. ¿Te arrepientes?” Fui directo al

grano.

“¿Te arrepientes tú?” Se giró hacia mí, parecía un poco perdida.

Mi feroz diva estaba un poco apagada esa mañana. “¿Por qué iba a

arrepentirme?” Le di un cálido beso en la mejilla. “Fue precioso, todo en ti

es precioso; incluso la forma en la que haces el amor.”


Eso pareció relajarla. “Pero en realidad yo no hice nada para ti,” dijo en

voz baja.

“Aparte de darme algo que guardabas con mucho cariño. No necesitaba

nada más que eso. Y, si quieres mi consejo, no hagas más grande esto. Deja

que todo sea como es. Nos daremos una ducha, desayunaremos y hablaré

con la gente de Taylor sobre el dúo, porque no queremos perdernos esa

oportunidad. ¿Vale?”

“Vale.” Se relajó un poco y nos metimos en la ducha, el único problema

era que, en cuanto entramos a ella, quería volver a follármela.

“¿Y cómo te sientes?” Le pregunté mientras colocaba un dedo


delicadamente en su recientemente abierto sexo.

“Un poco irritada.”

“Un buen orgasmo puede ayudar con eso.” Empecé a mover mis dedos

alrededor suyo y a jugar un poco, y después la besé en el cuello mientras el

agua caía sobre nosotros.


“Oh, ¿tú crees?” Ahí estaba de nuevo…

Se rio mientras la masturbaba hasta llevarla a un pequeño orgasmo. Ella

me devolvió el favor con una paja que hizo que me corriera muy rápido.
Me encantaba estar con ella. Era divertida y no se tomaba a sí misma

demasiado en serio. Me di cuenta de que me la había traído conmigo sin

nada que ponerse, así que se puso unos pantalones míos de chándal y una

camiseta que le quedaba ancha en su cuerpo perfecto, haciendo que

estuviera más adorable aún. De camino a la puerta, cogió una de mis gorras

de béisbol para completar el look. En cuanto nos metimos en el coche, cogí

mi teléfono por primera vez en toda la mañana. Solo eran las ocho, no es

que estuviera holgazaneando, pero mi teléfono debía de haber estado

recibiendo llamadas toda la noche. Mientras que me encantaba tener tiempo

para dedicarme totalmente a Genni, en el futuro, tendría que asegurarme de

que mi teléfono estuviera encendido para no perderme nada importante.

Había miles de emails del mánager de Taylor y de Kevin diciéndome

que Genni tenía que ir a la suite de Taylor a las diez. Teníamos tiempo de

sobra para preparar a Genni para esa reunión, así que pasamos por un

Starbucks y pedimos para que nos trajeran nuestros cafés y muffins al

coche.

“Cómo te pasas,” dijo con un bigote de crema de cappuccino sobre su


labio superior.
“Oh, ¿en serio quieres verme ir ahí adentro mientras tenemos una

agenda programada? Yo no voy a sitios normales.” Me daba igual lo clasista

que sonara, era la verdad.

“Agh, estás hecha toda una princesa.”

Eso hizo que levantara las cejas, nadie me había llamado princesa antes.

“Me gustas, Genni. Vives al borde del peligro y no tienes miedo de que te

pueda matar por haber dicho eso.” Me reí, pero era cierto que nadie más se

hubiera atrevido.

“Sé que me gustan las cosas salvajes, como dormir con un hombre que

tiene la reputación de ir de flor en flor.”


“Sí, ese soy yo y por eso estás aquí, para ayudarme a superar esos

pequeños baches de relaciones públicas. Me haces tener buena imagen.”

No, no debería haber dicho eso.

“Encantada de servirte.” Le dio un trago a su café y se calló.

No se había cerrado por completo, pero tenía esa mirada distante de

nuevo. Francamente, no tenía tiempo para eso. Teníamos que llevarla a

peluquería y maquillaje y asegurarnos de que estaba lista para su gran

momento. En cuanto entramos al hotel, mi personal estaba ahí para

llevársela.

“Recuerda, esto es divertido,” le dije mientras la besaba, y se la llevaron

a su suite para prepararla.


Lo que ella no sabía era que me había pasado la mayor parte del tiempo

en el que ella se había quedado callada en el coche escribiendo

frenéticamente a Kevin para que llamara a los estilistas y fueran pitando al

hotel. Contábamos con maquillaje y peluquería en el edificio porque

teníamos un estudio en el que a veces hacíamos grabaciones en vivo. Hice

que los estilistas llevaran ropa, extensiones para el pelo, maquillaje,

zapatos, todo lo que Genni necesitara para estar lista. No es que no tuviera

belleza natural, pero en el despiadado mundo de la industria musical, la

belleza natural no era suficiente. Mientras preparaban a Genni en su suite,

me reuní con Kevin en el vestíbulo.

“Bueno, ¿cómo está yendo la operación ‘limpieza de mis actos’?” Le

pregunté.

“Desde el ángulo de las relaciones públicas, los dos os veis bien. He

visto el metraje del show y Allie aparece como más cabrona que tú, así que

es una victoria.” Kevin llevaba trabajando conmigo toda la vida; conocía el

juego casi mejor que yo.

“Genni es perfecta.” Era extrañamente protector con ella, como si ya no

quisiera jugar más al juego, no con ella.


“Genial. Bueno, esto con Taylor Rayne va a ser épico. Esto debería

hacerla llegar al estrellato. ¿Estáis listos para acelerar a fondo?”


Tuve que reírme porque, ¿no habíamos al fin acelerado a fondo la noche

anterior?

“Sí. Veamos a dónde nos lleva esto.” Solo eran las nueve y media de la

mañana y ya quería una copa.

Genni emergió unos cuantos minutos después, estaba fresca y

deslumbrante. Llevaba unos pantalones vaqueros, una blusa desenfadada y

estaba preciosa en plan natural, no obstante, no había sido arreglada como

esperaba que lo fuera. Intenté no parecer enfadado mientras venía hacia mí.
“Ey, amor. ¿No ha llegado la gente de maquillaje a tiempo?” No debería

haber preguntado eso, lo supe en el momento en el que lo hice, me esperaba


un terremoto.

“Oh, la gente de maquillaje,” el sonido de su voz daba miedo; era una


mezcla de condescendencia y maldad. “No les he abierto la puerta, así que

no estoy segura de qué ha pasado con ellos. Me he puesto mi música y me


he perdido en mí misma. Necesitaba sacar lo mejor de mí, y ellos iban a

fastidiar la atmósfera. Por cierto, me he encontrado con Taylor en el hall.


Hemos tenido una charla de un minuto y vamos a hacer esto en su suite.

Solo he bajado para decírtelo. Estamos listas para empezar a cantar, así que,
si quieres subir y pasar el rato con su séquito estaría genial, de lo contrario,
podrías acercarte un rato para tener todo bajo control.” Ya estaba hablando

como una profesional.


“Subiré. Tengo muchas ganas de escuchar lo que estéis cociendo.” Y
quería asegurarme de que su encanto rural no fuera demasiado encantador.

No necesitaba que con su dulzura y sinceridad destrozara nuestra tapadera.


Cuando entré a la suite con Genni, el sitio parecía una casa de locos.

Taylor se la llevó antes de que ni siquiera pudiera advertirla. Boom, se


había ido, dejándome con los lobos; no era un buen lugar en el que estar.

Me enfrenté a ellos lo mejor que pude, menos mal que Kevin también había
venido. Había perfeccionado las evasivas hasta convertirlas en un arte. La
‘gente’ curiosa de Taylor no consiguió nada más allá de lo básico sobre

dónde había encontrado a Genni, si estaba saliendo con ella, si iba a firmar
con ella, si éramos más que una relación casual… Todas las respuestas a las

preguntas que estaban empezando a aparecer en Internet no habían sido


realmente dichas. Nos llevó un par de horas y pronto todos nos fuimos a

nuestros propios rincones a hacer lo nuestro.


Lo cierto era que tenía trabajo que hacer, ya que tenía otros artistas,

muchos de ellos listos para lanzar grabaciones, así que tenía que escuchar
las mezclas finales, tomar notas sobre las canciones nuevas, etc., había

mucho trabajo por hacer, y todo lo que había estado evitando se había
acumulado. Empecé a enfrascarme en ello cuando Genni apareció

resplandeciente con su nueva mejor amiga.


“Bueno,” empezó a decir Taylor, también brillando de euforia; parecía
que habían pasado horas follando juntas. “Lo hemos lanzado.” Me encantó

la mirada de cabreo en la cara de su mánager, porque él no era el único en la


sala preparado para rugir.

“¿Qué quieres decir con que lo habéis lanzado?” Pregunté


cautelosamente.

“Una versión acústica de ‘Angel’. Genevieve y yo acabamos de hacer


un vídeo juntas para YouTube. Estábamos a tope,” se rio con ese dulce

encanto rural suyo y me di cuenta de que Genni y Taylor podrían haber sido
hermanas, las dos tenían esa actitud amable y despreocupada, y mi

estómago se hizo un nudo.


El mundo iba a devorar a Genni, no porque ella fuera demasiado

inocente, en realidad no era tan ingenua, pero iban a clamar por ella hasta la
extenuación.

“¿Y no me la has enseñado?” La voz de su mánager estaba marcada por


el estrés.
“Vamos a enseñárosla ahora.” Taylor cogió el mando a distancia de la

TV gigante de la sala de estar y la encendió.


De forma casual, pasó por los canales de YouTube y escribió Taylor

Rayne, y el nuevo vídeo apareció con cuatrocientas visualizaciones. Ahora


no puedes simplemente publicar un vídeo en Internet y conseguir que se
empiece a mover en una hora a no ser que sea un directo. Y ahí estaba en la

parte inferior de la pantalla, publicado en vivo hacía cinco minutos. Hubiera


lo que hubiera en ese vídeo, ya había salido al mundo, y probablemente la

prensa estaba viéndolo a la vez que nosotros.


“Hola a todos.” El vídeo empezaba con Taylor hablando a la cámara y

Genni sentada a su lado en una silla del comedor, ambas con guitarras y
micrófonos. “Ella es Genevieve Green. Acabamos de grabar una nueva
canción, “Angel”. Estoy muy emocionada con esta canción, pero vayamos

al grano, ¿por qué no la tocamos para vosotros y después Genni os habla


sobre la canción?” Miró a Genni y preguntó, “¿te parece bien?”

“Sí,” dijo Genni mientras aparecía una sonrisa en su expresión, muy


parecida a las muchas que había visto la noche anterior, con amor, ojos

iluminados… feliz.
Las dos mujeres se miraron la una a la otra y entonces Genni comenzó a

tocar la guitarra, su voz era fuerte y melódica. La maestría de su propio


sonido y expresión siempre me había impresionado, pero poca gente de la

que había en la habitación la había escuchado cantar. Conforme el vídeo se


reproducía, Taylor la miraba con una sonrisa de hermana mayor, y las dos

se sentaban en el sofá triunfalmente viéndose a ellas mismas tocar. En el


vídeo, Taylor se unía a la armonía, era el tipo de sonido que podía derretirte

el corazón. Era como sexo líquido de dos cantantes increíblemente


preciosas, talentosas y llenas de alma. Tenía que admitir que era

hipnotizante. Me daba igual si no había maquillaje y Genni se veía un poco


descolorida con la iluminación de mierda. El vídeo estilo amateur era

vibrante, exquisito y emotivo. Cuando la canción terminó, todo el mundo


estaba callado escuchando a Genni explicar el significado de la canción.

“Escribí esta canción para mi abuela cuando tenía once años. Es un


poema que compuse después de que ella falleciera. Ella luchó con fuerza

contra el cáncer, una mujer que había trabajado toda su vida después de que
su marido la dejara para criar a sus cuatro hijos sola y construir un futuro

para ellos. Ella era una mujer fuerte que no dejaba que nadie la derribara,
hasta que el cáncer finalmente lo hizo. Simplemente pensé que, si había

alguien que se merecía ser un ángel, esa era ella. Así que pensé que, si iba a
tener un ser celestial a mi lado, quería que fuera mi abuela, por eso la línea,

‘Siéntate a mi lado y ayúdame a ver lo que hay en la periferia, así no


perderé de vista mi destino’. Es por todas las veces en las que yo no sabía
qué iba a pasar, pero confiaba en que mi ángel guardián se asegurara de que

fuera lo que fuera, fuera a ir bien.”


“Eso es precioso,” añadió Taylor. “Y te da, no sé… te da una sensación

de esperanza, ¿verdad? De que podemos tomar una decisión y saber que,


pese a que nuestra decisión sea acertada o no, tendremos a un ángel

cubriéndonos las espaldas.”


Vi como las visualizaciones se duplicaban en cuestión de diez minutos.
“Vale, vale.” El manager de Taylor suspiró, dejando salir mil toneladas

de estrés. “Esto se va a volver viral. Esto es bueno. Esto es muy bueno. ¿De
dónde has salido tú?” Miró hacia Genni y preguntó.
Capítulo 21
Genevieve

Había estado trabajando duro toda la mañana, pero cantar con Taylor

fue muy fácil. Nos llevamos bien de inmediato, ella se aprendió la canción
en apenas minutos y enseguida estábamos en marcha. Vibramos como si
lleváramos cantando juntas toda la vida.

“Qué guay, ¡ha quedado genial!” Taylor me miró y nos chocamos los

cinco de manera juguetona. “Podemos trabajar para sacar una grabación


apropiada y un vídeo. Estoy segura de que Cash conoce el procedimiento.”

Taylor le lanzó a Cash una sonrisa, la cual él le devolvió.


“Sí, organizaremos todo esto. Estoy bastante seguro de que nos acabáis

de restar a los dos diez años de nuestras vidas con el pequeño truco de

magia que acabáis de hacer, pero esto va a ser una locura. No se me ocurre

una mejor presentación para Genni.”


Cash estaba convirtiendo rápidamente este momento divertido

improvisado en trabajo, y en parte lo odiaba por ello, pero era productor de

música, ese era su superpoder. Supuse que simplemente estaba siendo él


mismo, que es lo que yo le había pedido. No podía echarle la culpa por el

hecho de que en ese momento no me gustara demasiado.

Tras ver el vídeo de YouTube, que rápidamente ganaba visualizaciones,

pedimos comida para que nos la trajeran a la suite y hablamos de la

logística de la canción. Cuando todo estuvo dicho y hecho, quería quedarme


y salir con Taylor, pero se la llevaron, y también a mí. En secreto nos

escribimos la una a la otra y planeamos una ‘reunión nocturna’ cuando toda

esa gente se apartara de nuestro camino. Le dije que quizás me costara

perder de vista a Cash, pero esa noche tenía toda la intención de dormir en

la cama del hotel. Necesitaba un poco de tiempo para procesar todo. Los
últimos días habían sido demasiado raros para ser creídos.

“Habéis estado impresionantes,” dijo Cash cuando estuvimos

finalmente solos esa tarde. “¿Quieres que salgamos a cenar antes de volver

a mi casa?”

“Acerca de eso.” Tuve que decir simplemente.

Él me miró conforme su expresión se hundía. “¿Sí?”

“Necesito una noche libre. Quiero decir, toda para mí, para poder
procesar todo lo que está pasando.”

“¿Y no puedes procesarlo conmigo al lado?” Sonó como si me estuviera

acusando.

“Solo esta noche.” Le ofrecí una sonrisa cálida.


Lo cierto era que quería pasar más tiempo con él y explorar lo que

habíamos comenzado, pero no esa noche. Quería pasar el rato con Taylor y

tocar y tener un minuto para mí misma. Además, tenía que llamar a Peyton,

porque en cuanto había visto el vídeo, se había quedado flipando y

queriendo saber todos los detalles, y yo no había tenido tiempo para hablar

con ella. Me había prometido a mí misma que no la dejaría tirada, que era
su mejor amiga y siempre lo sería. Esos días no estaba siendo una buena

amiga precisamente, así que tenía que dar un paso y mostrarle que no me

estaba alejando de ella.

“Tengo que decir que eso me desanima.”

“Lo sé, te lo recompensaré mañana. No me estoy alejando y quiero

mantener, mm… disfrutar de lo que tenemos, es solo que esta noche

necesito un poco de espacio. Te llamaré mañana y así podremos hacer

planes.”

“En realidad, mañana va a terminar gran parte de la renovación de tu

apartamento. Creo que deberías pensar en mudarte a tu nuevo hogar y


después prepararte para nunca estar ahí. Y así, en la extraña ocasión en la

que necesites estar lejos de mí, estaré a tu lado, por si acaso cambias de

opinión,” dijo mientras ponía su mano sobre mi rodilla.

El sexo no iba a convencerme, no esa noche. Le di un apretón a su

mano. “Eres un tío jodidamente intenso.”


Él se rio, yo me reí, y el momento tenso desapareció.

“Entonces, ¿quieres que te deje aquí?” Sonaba muy dolorido.

“Sí, porque si pedimos comida en la habitación, beberemos y nos


besaremos, y después meterás tu polla dentro de mí y lo haremos. Así que,

para evitar esa cadena de acontecimientos en particular, voy a echarte de mi

habitación para poder tener un poco de espacio para respirar. Fuera.” Me

puse de pie y comencé a empujarlo. “Fuera, fuera, fuera.”

“Sabes que no deberíamos empezar nuestra relación contigo queriendo

deshacerte de mí, ¿verdad?” Gruñó.

“Solo esta noche.”

Me costó un poco, pero finalmente le convencí para que me dejara, así

que tuve un respiro, llamé a Peyton y le di todos los detalles, y justo a

tiempo la asistente de Taylor llamó a la puerta de mi habitación.

“Si estás disponible, a Taylor le gustaría venir,” ella era muy educada y

amable.

“Claro, aunque estoy muerta de hambre, así que si ella tampoco ha

comido podemos pedir algo.”

“Se lo haré saber,” es todo lo que me dijo la asistente de Taylor antes de

alejarse.

Unos cuantos minutos después, Taylor apareció en mi habitación y nos


sentamos y hablamos como si nos conociéramos de toda la vida. Aunque
ella no me preguntó por Cash, yo le conté que ambos sentíamos una especie

de atracción animal que estaba intentando entender. El consejo que me dio

Taylor fue que me lo tomara con calma. Ojalá pudiera haberle contado todo.

Necesitaba una amiga, pero creo que le conté suficiente. Ella lo

comprendió; no estaba siendo cegada por Cash.

“Solo he estado con él un par de veces, pero no me creo todos esos

rumores. Aunque es un hombre de negocios. Tú mantén tus ojos bien

abiertos,” me advirtió.

“Lo sé. Lo cierto es que debería salir corriendo, pero mi estúpido

corazón quiere que me quede.”


Ella se rio. “Espera y toma nota, quizás aquí haya una canción.” Las dos

nos reímos de eso, y la noche pasó volando.

Para cuando nos despedimos, el vídeo en directo de YouTube se había

vuelto viral.

“Bueno, bienvenida al cohete espacial,” dijo antes de que su asistente y

un guardaespaldas la acompañaran por el pasillo hasta su habitación.

“Ja, ja, ¡muy graciosa!” Grité desde detrás de ellos mientras ella me

decía adiós con la mano y una sonrisa pícara.

Pero, por muy graciosa que pensaba que estaba siendo, estaba

totalmente en lo cierto, los siguientes meses fueron exactamente como un


cohete acelerando a través del espacio exterior. Pasó mucho, apenas tengo

las palabras para describir lo mucho que mi vida cambió.

Al día siguiente me mudé a mi nuevo apartamento, lo cual era raro

porque aún había trabajadores en él, así que tuve que vivir con Cash. Estoy

segura de que todo eso estaba cuidadosamente planeado para hacer que me

quedara con él, lo cual pensé que era infantil, hasta que tuve su cara entre

mis piernas, haciéndome el mejor cunnilingus que una mujer había recibido

nunca. Mi vagina tenía un Mai Tai en una mano y un Martini en la otra

mientras yacía estirada en las costas de Martinica. Me corrí en su propia

cara y no me arrepentí ni lo más mínimo. Estábamos siendo juguetones y

divertidos. Él me penetró mientras yo estaba a cuatro patas y, por mucho

que quisiera seguirle el juego y dejar que me la metiera desde detrás, en

parte odiaba esa posición porque no podía verle la cara. Quería ver la

euforia en sus ojos, pero, en vez de eso, él se corrió sobre mi espalda y

colapsó sobre mí, jadeando y sudando. Lo cierto era que no era el tipo de

experiencia que esperaba.

“Joder, Genni.” Dijo tras recuperar su aliento. “Lo tienes tan

jodidamente ajustado.”
“Bien cerrada, seguro que también podrías notar tu mano así de

ajustada.”

“¿Pasa algo?”
“No, pero quiero poder mirarte cuando hagamos el amor. Me siento

follada.” Lo miré con seriedad.

“Tenemos que llevarte al ginecólogo. Tengo miedo de dejarme llevar

por las emociones demasiado y no sacarla a tiempo, y entonces sería una

catástrofe.” Sacudió la cabeza como si por haber eyaculado en mi culo

hubiera evitado un desastre natural.

“¿Quieres decir tener un bebé?”

“No yo… Eso no va a pasar estando yo.” Me besó en las tetas y me dio
una palmada en el culo mientras me giraba hacia él.

“Estoy de acuerdo. Hasta que no tenga solucionado el tema de las


anticonceptivas, no haremos nada más.”

La expresión de su cara se hundió como si le hubiera herido


gravemente. “¿Qué? ¿Sin sexo? Puedo hacer que un médico te vea mañana.

Habremos solucionado todo esto mañana por la noche.”


“Mañana voy al estudio de grabación y tengo ensayos con Taylor

durante los próximos dos días…” Estaba intentando hacerle saber que
conseguir algo que evitara que tuviera un bebé suyo no era mi prioridad.

“Le haremos un hueco.” Me besó, se giró y se puso a dormir.


Estaba claro que no estaba siendo tan romántico como lo había sido, y
francamente no estaba disfrutando de la experiencia demasiado. Me

encontraba en una posición en la que me estaba replanteando todo


seriamente. Al día siguiente, me cogió cita para ir a ver al médico, pero tuve
que cancelarla porque seguía en el estudio. Estuve demasiado ocupada los

siguientes días, no pude ir al médico, lo cual cabreó a Cash, pero le recordé


que estaba trabajando en mi carrera y en los planes que él había puesto en

marcha.
Llegaba a casa demasiado cansada como para ni siquiera comer, mucho

menos tener sexo con él, así que habían pasado un par de noches y él estaba
agitado y ansioso, no era el hombre más simpático con el que estar. Durante
ese tiempo, el vídeo viral con Taylor se convirtió en un éxito y tenía

compromisos de hablar con ella en The Ellen Show, Jimmy Kimmel Live y
James Corden. Apenas veía a Cash. Para aquel entonces mi apartamento ya

estaba terminado y yo me iba a hurtadillas a la cama y, cuando me


despertaba, tenía mensajes suyos preguntándome que dónde estaba.

No le había dado una llave, pero no me sorprendió despertarme una


mañana con él a mi lado, en mi dormitorio. La semana estaba terminando y

yo lo había evitado con éxito durante cuatro días completos. Eso era mucho
para Cayden y para mí, especialmente teniendo en cuenta que, desde que

nos habíamos conocido, no habíamos estado separados durante más de un


par de días.

“¿Qué coño te pasa? El Doctor Gannet me ha dicho que has cancelado


todas las citas. ¿Tú sabes lo difíciles que son de conseguir?”
“Pues ponte un condón,” gruñí e intenté seguir con los ojos cerrados.
Era demasiado temprano para todos sus sinsentidos.

“No puedo, me estrangulan, literalmente,” resopló.


“Estoy trabajando en sacar las canciones. Querías que viniera a darlo

todo, bueno, pues eso es lo que estoy haciendo. No puedo ser la receptora
de tu polla embestidora toda la noche y después trabajar todo el día para ser

la siguiente sensación. Francamente, prefiero afianzar mi carrera como


cantante, porque, cuando esto termine, quiero tener algo sobre lo que

crecer.”
“¿Cuando esto termine? ¡Ni siquiera ha empezado!” ¿En serio me

estaba gritando? “¡Tómate las jodidas anticonceptivas, Genni! Y maquillaje


y peluquería están aquí. Tienes una conferencia de presa con Taylor en dos

horas. Y aunque eres guapa al natural, necesitamos que subas de nivel en el


juego. Vamos en plan Cenicienta con esto, así que no los eches. Deja que

hagan lo que hacen para convertirte en alguien mucho más especial.


Queremos glamour. Labios grandes, pestañas coquetas, pelo largo y
espeso… Tienes suerte de tener de por sí un color de pelo impresionante.”

“Yuhu,” dije sarcásticamente.


Me lanzó una mirada de cansancio y la brigada de maquillaje y

peluquería apareció. Estaba atrapada. Me acicalaron, prepararon y


maquillaron. Me pusieron uñas falsas, pestañas falsas, bronceado falso,
extensiones para el pelo y relleno para hacer que mis tetas parecieran más

grandes. Cuando terminaron, quedaba muy poco de mí misma. Me sentía


como una muñeca de cera.

“Ooh, vale,” dijo Taylor en cuanto entré a la sala. Todo lo que pude
hacer fue mirarla y poner los ojos en blancos. “No te preocupes, encontrarás

tu rollo,” me susurró, y sabía que no se refería a que encontraría la sombra


de ojos perfecta.
Más bien me estaba asegurando que, algún día, encontraría las palabras

que necesitaba para deshacerme de toda esa gente que quería convertirme
en algo que no era. Tuvimos una buena conferencia de prensa y, cuando

terminó el día, los paparazzi estaban sobre ambas. Tuvimos que separarnos
conforme Cash me llevó al coche que estaba esperándonos, pero la gente

nos siguió en vehículos y a pie corriendo mientras el coche se adentraba en


calles abarrotadas de gente. Fue vertiginoso. Los fans golpeaban las

ventanas y gritaban. Daba mucho miedo.


Cuando salimos del coche para ir al restaurante a cenar con los

productores del show de Allie, un hombre se abalanzó sobre mí y casi me


tira al suelo. Me besó con tanta fuerza que me dolieron los labios. Un

portero del restaurante fue capaz de quitarme al hombre de encima, pero le


gritó a Cash por no tener seguridad.
“Estoy en ello, tío. Gracias, ese ha estado cerca.” Me llevaron dentro del

restaurante, donde la gente miraba de reojo y susurraba.


“Vamos a ponerte seguridad veinticuatro horas,” se rio, ajeno a cómo

me estaba afectando todo eso. “Has explotado, literalmente. Eres tendencia


en todos lados.”

Me daba igual. Me dolían los pies, mi corazón estaba paralizado y lo


único que quería hacer era acurrucarme en la cama y dormir una semana.

La cena fue incómoda, por decirlo finamente.


“Quiero que filméis el ascenso de Genni,” prácticamente les ordenó

Cash a los productores. “He pasado página y vuestros espectadores lo


saben. Dejad que Allie trabaje en su propio punto de vista, pero, en cuanto a

mí respecta, quiero poner a Genni frente al mundo, y esta es la mejor


plataforma para ello. He firmado mi acuerdo y sé que sigo teniendo que

grabar dos episodios, así que haced que merezcan la pena. Ella va a ser una
gran estrella – no os perdáis vuestra oportunidad. Grabaremos la
recaudación de fondos tal y como habíamos planeado.”

No quería ser una gran estrella, solo quería tocar mi música y tener un
lugar cómodo al que ir al final del día, quizás alguien a quien amar y con

quien empezar una familia. Cash me había arrastrado a un mundo del que
no sabía nada, pero, más importante aún, era un sitio en el que no quería

estar.
Capítulo 22
Cayden

“¿Por qué no puedo llevar mi ropa normal? ¿Y mi pelo real? Esto es

ridículo, Cash, en serio, todo esto es demasiado.” Se había estado quejando


y suplicando por librarse de las pestañas falsas, uñas y extensiones para el
pelo durante la última hora.

“Te prometo que este fin de semana saldremos tranquilamente. No

tengo nada planeado, pero mientras estés trabajando, especialmente


haciendo cosas de publicidad, vas a tener que verte en tu mejor versión, lo

cual significa un poco de glamour. Confía en mí, todas las artistas lo


hacen.”

“No, no lo hacen,” gruñó Genni mientras la alejaban de mí para una

prueba de armario, más maquillaje y otro peinado antes de ser la artista

invitada en Saturday Night Live, un bolo que sinceramente no podía creer


que hubiéramos conseguido.

Los artistas invitados que habían programado ir estaban atrapados en

Estonia, donde el cantante principal estaba luchando contra una neumonía.

Así que los productores del programa fueron capaces de convencer a Taylor
de que fuera su artista invitada de esa semana, y ella insistió en que Genni

fuera con ella, e iban a cantar Angel y otra de las canciones de Genni con

Taylor cantando las armonías. Ella y Taylor habían estado trabajando en las

canciones durante una semana, ensayando para el programa de SNL.

Apenas había visto a Genni y, cuando llegaba a casa, se iba directa a la


cama.

La había convencido de que se quedara conmigo mientras estaba

trabajando tan duro para poder ayudarla. Le dije que tenía empleados que

preparaban el desayuno, limpiaban y hacían todas las cosas mundanas que

ella no tenía tiempo de hacer. Todos llevaban etiquetas con sus nombres y,
para satisfacerla, los llamaba a todos por su nombre. En realidad, eso

parecía hacerles querer trabajar más duro y, además, les encantaba Genni.

Todo lo que hacían para ella lo hacían con mucho más cariño y devoción.

Era como estar saliendo con Jesús.

No habíamos tenido sexo desde la noche de después de que perdiera la

virginidad, y estaba bastante distante. Había sido brusco con ella como lo

había sido con la mayoría de las mujeres con las que había salido en el
pasado, y mucha de la magia que compartimos la noche anterior se había

perdido. Ninguno de los dos estaba en el mejor lugar, así que despejé

nuestras agendas para el fin de semana, iba a darle los dos días más

románticos posibles en mi casa, iba a estar atendida y agasajada.


Estaba haciendo una sesión de fotos con los productores de SNL para

sus anuncios y, después de eso, tenía otra sesión con la revista

Cosmopolitan, que planeaba publicar un pequeño artículo sobre Taylor y

Genni, así que ambas tenían que estar allí. El director artístico decidió darle

glamour. Genni tendría que soportarlo. Cuando salió del vestuario de los

estudios de SNL, estaba impresionante, pero siendo honestos, no se veía


para nada como la chica natural de la que me enamoré a primera vista. Se

parecía a una Kardashian del reality show sobre un grupo de hermanas

multimillonarias y glamurosas.

Ella apenas tuvo tiempo de beber un poco de agua antes de que la

llevaran al estudio para ensayar y tomar imágenes y después posar con

estilo para algunas fotos. Después de SNL, se tomó un batido en el coche, y

directa a la siguiente sesión de fotos. En el último momento, el estilista

decidió que quería ir en una dirección distinta con el look de Genni, y la

llevó a una boutique que había en la calle, donde Genni fue reconocida y

atacada por unos fans voraces. La mayoría solo quería saber qué estaba
pasando, ya que habían escuchado la canción en YouTube y querían saber

más sobre su asociación con Taylor Rayne debido a que gran parte de las

publicaciones sobre ella aún no se habían lanzado. Toda la atención y el

estilismo estaban desgastando a Genni. No se le veía feliz, y llegó un punto

en el que estaba literalmente sollozando. Uno de los estilistas le clavó sin


querer una aguja en la cabeza mientras le colocaban extensiones en el pelo,

y esa fue la gota que colmó el vaso. En cuanto el día terminó y se despidió

de Taylor, se rompió y lloró durante todo el viaje de vuelta a casa.


Le pregunté varias veces que qué le pasaba, pero lo único que hacía era

llorar. Cuando volvimos a mi casa, se puso un par de pantalones de pijama

y un top que acentuaba sus pechos. Se subió a mi cama y se giró a su lado,

tal y como había hecho las dos últimas noches. Durante las noches previas

en las que ambos nos teníamos que levantar al amanecer, le había dejado

dormir, pero esta vez no tenía que ir a ningún sitio al día siguiente.

Podríamos dormir, tomar un brunch en casa, y quizás pasar el rato en el

jacuzzi, ver una película o hacer algo mundano. Ella estaba terriblemente

estresada, y quería hacer lo que pudiera para aliviar parte de esa presión.

Recuerdo mis primeros años en la industria musical; fueron muy duros.

Quizás ella evitaría las drogas y la oscuridad que me siguieron a mí, pero

iba a tener un despertar rudo se lo mereciera o no. Quería aligerar su peso

de cualquier forma que pudiera. También me di cuenta de que yo había sido

parte del problema, y al principio había prometido que sería mejor persona.

Me deslicé hacia su lado de la cama y acaricié su hombro. “¿Ha sido

todo demasiado hoy?” Le pregunté en voz baja.

Ella sollozó un poco, pero no dijo nada. No es que estuviera intentando


ser borde, pensé que quizás simplemente no tenía la capacidad de formar las
palabras que necesitaba decir. Quizás se estaba aguantando un Tsunami, no

tenía ni idea, así que le acaricié el hombro suavemente mientras ella

encontraba su lugar seguro. Como no le importaron las caricias en el

hombro, dejé que mi mano bajara por su camiseta, y acaricié su pecho. Ella

no me detuvo, pero tampoco respondió de forma enérgica a mi cariño. Tras

un buen rato considerable, se giró hacia mí.

“No sé si estoy hecha para esto,” dijo en voz baja. “Apenas he

conseguido superar el día de hoy.”

“Ahora mismo estás en un pico de fiebre. Es solo porque tienes algo que

el mundo quiere, y están clamando por ti. Además, hemos subido la apuesta
haciendo que tú y yo seamos sujeto de curiosidad. La gente se está

preguntando, ¿qué fue antes, Cash o la carrera musical? No vamos a correr

a contárselo, así que ellos van a investigar tanto como puedan. La gente es

extraña. Cuando ven algo que quieren con muchas ganas, son capaces de

comprometer sus códigos morales con tal de conseguirlo. Tú, ahora mismo,

eres el juguete nuevo por el que se atropellarían los unos a los otros en la

calle con tal de tenerte en sus manos. El desenfreno puede que se apague

algún día, pero quizás siempre sea un poco demencial, por eso tienes que

encontrar un santuario, un amigo, y yo, cariño mío, puedo ser ambas cosas.”

Y lo decía en serio, quería ser más que solo un amante.


No estaba seguro de qué más podía hacer, pero, al verla tan angustiada,

supe que hacer que se sintiera mejor y traerle paz estaban esa noche en los

primeros puestos de mi lista. Normalmente no me preocupaba por las

mujeres con las que salía, y entonces es cuando caí en la cuenta de que

amaba a Genni. Puede que no fuera amor real o eterno, pero era amor.

“Cash, no sé cómo puedes serlo, porque tú eres parte del problema.”

Miró hacia mis manos mientras lo decía, y yo dejé de tocar su pecho.

“Lo sé.” Sentí como la culpa me inundaba.

“Has estado muy frío y distante,” empezó. “Vamos corriendo de un sitio

a otro, y odio las pestañas y el pelo falso y toda esa mierda que tengo que

llevar para aparentar ser alguien a quien te has follado un millón de veces.

Vi las pruebas de rodaje del SNL y me parezco a Allie, pero con el pelo

rojo. Soy como un maniquí-robot que es tan falso que flotaría si alguien lo

tirara al mar. Lo próximo que querrás será que me ponga tetas, que me quite

una costilla y me inyecte silicona en el culo y los labios. No puedo hacer

esto, esta no soy yo. Te lo he estado diciendo todos los días y aun así me

empujas a este estilista o aquel maquillador. Cuando el peluquero me ha

clavado la aguja en la cabeza, esa ha sido la gota que ha colmado el vaso.


Esto no es lo que quiero, Cayden, y si esto es lo que tú quieres que yo sea,

si este pedazo de basura de plástico es lo que tú crees que venderá

canciones, entonces me voy. Puedo volver a Houston y cantar honky tonk.


Me da igual. Estabas empezando a gustarme, pese a todo lo que he leído

sobre ti. Me has mostrado bondad, un lado más vulnerable de ti mismo,

pero yo… No puedo ser en lo que me estás intentando convertir. Lo siento.”

Y ahí estaban las lágrimas de nuevo.

Creo que el colapso no era solo por las cosas falsas que tenía que

ponerse. Posiblemente, sus esperanzas y sueños se habían hecho añicos al

descubrir que no los quería ahora que sabía todo lo que conllevaban. Quizás

yo era la causa de su angustia. No lo sabría a no ser que lo habláramos.


“Vale. Admito que nos hemos dejado llevar. A veces todo esto es

cuestión de cuándo se hace y de golpear cuando el hierro aún esté caliente,


pero hay un ser humano unido al tren de mercancías que ahora estás

acelerando, así que lo pillo. Este fin de semana no vamos a ir a ningún sitio.
Nos quedaremos aquí, comeremos, haremos el amor, nos daremos una

ducha, tendremos más sexo, y quizás volvamos a comer.” Estaba intentando


ser inspirador.

“O quizás recoja mis cosas y me vuelva a casa una temporada para


poder volver a ser yo.” No podía estar sugiriendo eso.

“No, dijiste que me dabas seis meses.” De repente, pensé que era
posible perderla.
“Cash, no quiero hacer esto más.” Estaba hablando en serio.

“¿Cuál es la peor parte?”


“Que todo es falso, incluido tú. Ahora mismo nada de mi vida parece
real.”

“Vale, empecemos por ahí entonces. Si las cosas fueran más reales,
¿considerarías quedarte más?”

“Mientras no sea forzada a llevar más pelucas o pestañas, reconsideraré


quedarme más. Y tú… Quiero conocerte a ti, no al capullo que aparece en

el reality show.”
“Lo pillo. Menos capullo, más yo. Lo malo es que yo soy un capullo.
No puedo cambiar todo de mí, pero estoy trabajando en ser mejor persona

para ti. Espero que te hayas dado cuenta.”


Ella tomó una respiración profunda. “Ahora mismo estoy un poco

perdida.”
“Bueno, ¿me dejas que te encuentre?” La besé en el hombro que le

había acariciado antes.


“¿Quieres decir tener sexo?” No parecía muy entusiasmada.

“Más o menos. ¿No te gusta tener sexo conmigo?” No era inseguro,


pero necesitaba profundizar en el fondo del asunto.

“Sí. Sientas muy bien, pero el sexo sienta así, ¿no? Podría ser con
cualquiera.”

¿Podía ella ser cualquiera? ¿Era el sexo algo que disfrutaba sin importar
con quién? No. Genni había traído todo un mundo nuevo de intimidad a mi
vida.
“Me gusta tener sexo contigo, Genevieve, eres especial y significas más

para mí de lo que podría admitir. Lo cierto es que estoy un poco asustado


porque vas a ser mi perdición…” La besé en la mejilla y entré en calor al

darme cuenta de que me estaba abriendo a ella de verdad.


“Espero que lo sea, porque tu yo interior es alguien por quien merece la

pena luchar. Y sí, el sexó hará que me sienta mejor… creo.”


Se giró completamente hacia mí y se quedó ahí, tumbada, preciosa y

vulnerable. Su piel era inmaculada y perfecta, sin una sola marca en ella.
Sus labios tenían esa redondez que te hacía querer besarlos todo el día, y

sus largas y esbeltas piernas se agarraban a mis caderas como una mordaza
mientras la penetraba, aguantándonos juntos. Me encantaba follármela, era

mi sabor favorito de mujer. Me incliné hacía ella y besé su cálido cuello, y


mi polla se estremeció con chispas de deseo mientras recorría mi camino

hasta su clavícula. Suavemente, su mano tocó mi cuerpo, y una onda de


electricidad me atravesó.
“Vamos a deshacernos de esto,” dije en la profunda agonía de mi deseo.

Ella accedió de buena gana mientras se quitaba su top. Sin ningún tipo
de ceremonia, lo tiré al suelo y fui a por sus pantalones de pijama,

quitándoselos también, dejándola totalmente desnuda. Ella se sentía


cómoda con su cuerpo y por eso se quedó quieta, esperando a que yo hiciera
el siguiente movimiento. No estaba en el mismo nivel de confort que

cuando iniciamos nuestra relación y, por alguna razón, en ese momento, lo


quería. Mi polla ya estaba dura, por supuesto, pero pensé que un poco de

curiosidad por su parte podía ser divertida. Así que la besé en sus dos tetas
y me tumbé boca arriba, con mi polla apuntando al aire.

Ella se apoyó sobre sus codos y me miro. “Mm, ¿vamos a hacerlo o…?”
Estaba un poco dudosa.
“Oh, sí, vamos a hacerlo, es solo que he pensado que quizás quieras

darle algún beso a mi vivaz polla antes de que comencemos, y yo te puedo


devolver el favor.” Mantuve el tono ligero y divertido. “Me encantan las

felaciones. Casi tanto como follar, por eso, ¿te importaría empezar con una
pequeña mamada?”

“¿Esto qué es, como un menú? ¿Estás haciendo un pedido?” En parte,


estaba metiéndose en el juego.

“Algo así. ¿Algo que tú quieras en particular?” De nuevo, mantuve mi


tono animado y divertido.

“En realidad no, solo, ya sabes, amor… supongo.”


“Cierto, a mí también me gusta el amor, pero si vamos a estar haciendo

esto, quizás deberíamos hablar de lo que te hace sentir bien.” De repente,


era un terapeuta sexual. “Ah, y método anticonceptivo. Tienes que empezar

con las pastillas.”


“¿Qué vamos a hacer esta noche?” La pobre parecía muy asustada.

“Deja que yo me encargue esta noche, pero mañana deberíamos ir al


médico y que te recete algún anticonceptivo.”

“Dios no quiera que tengamos un bebé,” gruñó en voz baja.


“Ahora mismo, cuando tu carrera acaba de despegar, esto es tanto por

mí como por ti. Tenemos que lanzarte antes de comenzar a preocuparnos


por pequeñas Gennis corriendo por aquí.”

“Tienes razón, no sería inteligente tener un bebé no deseado ahora.”


Miró hacia abajo y su humor se oscureció un poco.
Capítulo 23
Genevieve

La conversación estaba matando el momento. Odiaba hablar de

embarazos accidentales porque significaba que no importaba lo cercanos


que Cash y yo nos estuviéramos volviendo, él nunca querría a un hijo
nuestro, tal y como no quería al hijo que ya tenía. Le di muchas vueltas al

hecho de tener sexo con él esa noche, pero lo cierto era que hacer el amor

con Cash hacía que nos acercáramos más. Cuantos más momentos íntimos
compartíamos, más nos entendíamos el uno al otro. Ese conocimiento nos

despertaba, no solo sexualmente, sino también emocionalmente y, debido a


eso, él abordó el tema antes de que yo dijera nada.

“Vamos a tomarnos las cosas con calma.” Me besó en los labios. “No

vamos a tomar ninguna decisión sobre nada, es muy pronto. Mañana irás al

ginecólogo y hablaremos de las opciones y entonces decidiremos. Esta


noche quiero que seamos felices,” dijo mientras recorría un camino de

besos hasta mi tripa. “He cambiado de opinión. Yo empezaré, podemos

dejar la mamada para otro día.”


Y eso hizo. Me encantaba la sensación de tenerlo entre las piernas, con

su lengua presionando contra mí. Me arqueé hacia su ansiosa boca, mi

cabeza daba vueltas de pasión. Sabía cómo volverme loca de una manera

que me olvidaba del mundo. Sentía un cosquilleo de placer por todo el

cuerpo que mermaba mis preocupaciones sobre lo que estábamos haciendo,


por lo que me centré más en el momento. En ese instante no existía nadie

más. Cuando sus manos se sumaron a su boca, vi estrellas en mi línea de

visión mientras el primero de varios orgasmos me alcanzaba. Mi estómago

se tensó y yo me moví mientras mi cuerpo temblaba y explotaba. En cuanto

la cálida ola de euforia pasó sobre mí, me sentí bien.


“Aquí estás,” comentó Cash mientras volvía de las profundidades con

su polla levantada y llena de necesidad.

“Mi turno.” Lo miré, consciente de que necesitaba un poco de lo que me

acababa de dar. Poco a poco, rodé hacia él y me moví por la cama para

tomar su gigantesca polla con mi boca. El hecho de pasar mi lengua por su

polla suavemente trajo una especie de intimidad que no esperaba. No tenía

mucha experiencia en hacer esto, solo lo había hecho unas pocas veces. La
mayoría de las veces solo lo hacía el rato que fuera necesario, pero con

Cash disfrutaba de verdad de la sensación de tenerlo en mi boca. Conforme

me lo llevaba más adentro, sus gruñidos de satisfacción me animaban a

explorar más de él mientras acariciaba sus pesadas pelotas. Conforme


tomaba más y más de él hasta mi garganta, sentí una sensación extraña en la

que él y yo nos convertíamos en un ser, conectados de una forma íntima.

Me la llevé hasta el fondo y estaba a punto de masajear su polla con mis

labios cuando su mano tocó mi cabeza cuidadosamente.

“No quiero correrme en tu boca,” susurró de forma dulce mientras me

levantaba por los hombros. “Quiero mirarte a la cara,” dijo, quedándose


mirándome durante un momento antes de besarme en el cuello y acariciar

mis pechos, volviendo a encender el fuego de mi interior.

Puso mi pierna sobre su cadera y suavemente presionó contra mi coño,

con una presión que me mandó pellizcos de dolor y placer por mi cuerpo.

Antes de ser capaz de descifrar qué estaba pasando, él estaba sobre mí, con

una sonrisa, entrando lentamente del todo.

“Ah,” grité mientras él se convertía en parte de mí de la forma más

íntima posible.

Desde ese instante comenzó a penetrarme y embestirme, y mis caderas

se encontraban con las suyas clamando por todo lo que él me diera. No


podía pegarme a él lo suficiente. Por eso, lo tumbé sobre su espalda y

empecé a montar su polla con fuerza. Llevaba mis caderas hacia las suyas y

sentía su polla en los rincones más lejanos de mi cuerpo, y aun así quería

más. Estaba hambrienta de él. Me incliné para apoyarme sobre su pecho

mientras nos presionábamos el uno sobre el otro. Lo besé mientras nuestros


cuerpos subían y bajaban hasta que ambos estuvimos al límite.

Rápidamente, Cash salió de mí y se tocó la polla entre mi coño y mi culo,

dándome una sensación deliciosa conforme se corrió con fuerza y con


temblores en mi espalda. Fue raro, pero también maravilloso.

“Eres una diosa,” dijo sin respiración, jadeando por el esfuerzo de su

clímax. Yo seguía sin haber alcanzado mi clímax, así que me coloqué sobre

su polla desinflada mientras sus dedos encontraban mi inflamado clítoris y

lo presionaban con fuerza, pellizcando y pulsando hasta que todo se

convirtió en una neblina de calor. Tras haber tenido un primer orgasmo tan

poderoso, el segundo fue más suave, y me dejó rara mientras me bajaba de

su cuerpo y rápidamente me quedaba dormida. En algún momento de

camino al país de los sueños, creí escuchar que me decía que me quería,

pero no estaba segura, todo era demasiado pastoso y nuboso como para

saberlo.

Me dormí plácidamente a su lado. Estaba claro que estaba agotada, ya

que ni siquiera sentí como se levantaba y se movía por la habitación. Solo

me desperté al escuchar el característico sonido de su teléfono desde algún

lado cerca de mi cabeza. Sonó el suficiente rato como para despertarme

hasta el punto en el que no iba a volver a quedarme dormida.

“Lo siento,” dijo en voz baja mientras yo abría los ojos e intentaba
centrarme.
Cuando mi visión se aclaró, ahí estaba él con una barba de dos días y

unos ojos verdes adoradores, mirando mi alma.

“Buenos días.” Me esforcé por mostrarle una sonrisa.

No estaba tan destrozada como lo estuve la primera vez que tuvimos

sexo, pero seguía siendo un hombre con un miembro bastante grande y una

forma de hacer el amor muy pasional y entusiasta. Me sentía bien follada y

dolorida.

“¿Cómo te encuentras hoy?” Se acurrucó más cerca de mí y me dio

miedo que notara mi aliento mañanero.

“Me siento genial, pero debería ir a lavarme los dientes antes de que te
acerques más,” dije echando mi cabeza hacia atrás.

“Oh, confía en mí, un poco de aliento mañanero de alguien tan deliciosa

como tú nunca va a alejarme de ti.” Se inclinó y me besó apasionadamente

para demostrármelo. “Me encantó lo de anoche, y me encanta despertarme

contigo. De alguna forma, haces que sienta que el día va a ir bien.” Estaba

absolutamente radiante cuando el teléfono volvió a sonar.

Se había ido el hombre angustiado que era gruñón y distante. Era

Cayden de nuevo, el amante tierno que sabía comprobar cómo estaba

emocionalmente. Quería a ese hombre, al que estaba tumbado a mi lado,

porque era una persona que muy pocos conseguían ver.


“Bueno, ¿qué vamos a hacer hoy?” Pregunté, me sentía revitalizada.

Una vez más, su teléfono volvió a sonar. “Alguien tiene ganas de hablar

contigo.”

Miró el número de teléfono y arrugó su nariz. “¿Por qué no deja un

mensaje en el buzón de voz y ya está?” Dijo en voz baja.

“Cógelo. Si quieres me puedo ir a otra habitación.” La verdad es que no

pensé en el hecho de que estaba desnuda.

“No, quédate.” Contestó el teléfono y me miró con una sonrisa. “Sí.”

No era una forma demasiado amable de saludar a alguien, pero era Cash

Coltrane, no se esperaba que fuera amable. Esperó al teléfono durante unos

minutos mientras una expresión de preocupación se extendía en sus rasgos.

“¿Qué?” La tensión de pronto se convirtió en pánico. “¿No tiene solo nueve

años?” Sus labios formaron una línea fina. “Bueno, no sé qué esperas que

haga al respecto.” Hubo otra pausa larga. “En serio, Sarah. No sé cómo

puedo ser de ayuda. Llama a la policía. Ya te dije que no quiero

involucrarme. Os mando dinero, eso debería ser suficiente. Avísame si lo

encuentras. Si no sabes nada de él en un día, veré lo que puedo hacer por mi

parte para conseguirte más ayuda.”


De nuevo, un momento de silencio. “Escucha, siento que se sienta así,

de verdad, pero sabes que crecer sin un padre no es lo peor que te puede

pasar, lo superará. Quizás tu nuevo marido pueda dar un paso adelante, ¿no
es eso lo que hacen las familias?” Se estaba cabreando y su cara poniéndose

roja. “Oh, ya veo, bien,” dejó salir un suspiro pesado. “Supongo que eso

cambia las cosas. Siento no poder ayudarte. Tú… Llámame cuando lo

encontréis. Lo siento.” Colgó el teléfono y su cara se hundió en un ceño de

preocupación.

“¿Va todo bien?” No quería entrometerme, pero tenía muy mala pinta.

“Alex se ha escapado de casa. Su madre está embarazada y empezaba a

notársele, así que se lo contaron, y él se ha ido en algún momento de la


noche. No lo encuentran.” La voz de Cayden era un áspero susurro. “Sarah

quiere que vaya a ayudar a buscarlo, pero no creo que eso fuera bueno. Él ni
siquiera sabe que yo soy su padre. Creo que quiere que lo comunique por

redes sociales y lo reclame como mío, para que así él se sienta querido, pero
ese es su trabajo, no el mío. Ni siquiera lo conozco. Mi padre me abandonó

y nunca me reclamó, y yo acabé bien. Estará bien. Probablemente esté en


casa de un amigo intentando cabrear a su madre.”

“¿Es eso lo que tú hiciste? ¿Huir para castigar a tu madre porque tu


padre no te quería?” No debería haberlo preguntado, no era de mi

incumbencia, pero si algún día iba a tener algo más que una relación falsa
con él, su hijo acabaría siendo parte de nuestras vidas, aunque él no
quisiera.

“Es una situación totalmente distinta,” resopló.


“No es para nada distinta. Tú me dijiste que tu padre era famoso y para
él tu madre solo era un entretenimiento, y tú terminaste en la calle,

consumiendo drogas, saliendo con delincuentes, y…”


“Y le di un cambio a mi vida y mírame ahora. No necesité un padre para

convertirme en lo que me he convertido en la vida, ¿vale? Al chaval le irá


bien… Viene de una estirpe fuerte, se endurecerá.” Tras decir eso, Cayden

salió de la cama y caminó desnudo hacia el baño.


“¿Sabes lo exasperante que eres?”
“Siempre soy yo, ¿verdad?” Me gritó desde el baño. “Siempre soy yo el

tipo malo.”
Me quedé pensando en ello durante un momento. Es cierto que tenía

parte de razón, que él fuera a buscar a Alex no iba a traerlo de vuelta, pero
negar a su hijo, especialmente como figura pública que era… Bueno, eso

podía acabar perfectamente con la autoestima de un chaval. Se quedó


durante un rato en el baño y llegó un punto en el que no sabía qué hacer.

Debería haber ido y haber intentado consolarle, pero a él no le iba eso. En


vez de hacer eso, me levanté y me vestí. Fui a la sala de estar y me quedé

ahí, mirando Manhattan, pensando en un niño de nueve años vagando por


esas calles con el corazón roto. Tras un buen rato, Cayden salió de su

habitación, parecía renovado, se había dado una ducha sin mí.


“Lo siento, no es de mi incumbencia lo que hagas o dejes de hacer con
tu hijo.” Me giré hacia él para mirar su preciosa cara con las primeras luces

de la mañana. Solo eran alrededor de las ocho, así que aún era bastante
pronto.

“No, tienes razón. Es que… todo es muy complicado.”


“Es solo que pienso en él ahí en esas calles, sintiéndose solo, y me

preocupo, eso es todo. Un niño no debería pasar por ese tipo de dolor. No es
su culpa haber nacido.” Cerré los ojos y pensé en Cayden y en mí, no lo

habíamos hecho de forma segura, y aunque estaba bastante segura de que


no, podríamos haber hecho un bebé fácilmente.

“Tienes razón.” Se puso detrás de mí y deslizó sus manos por mi


cintura. “A veces soy el malo de la película.” Me besó en el cuello y me

mandó escalofríos por la espina dorsal.


¿Estaba lista para amar al antagonista? Justo entonces recibió otra

llamada, y todos los nervios de mi cuerpo se tensaron. La expresión de


Cayden era de confusión mientras respondía.
“Aquí Cash,” dijo, obviamente no sabía quién estaba a la otra línea.

“¿Qué? ¿Cómo?”
“¿Está bien?” Grité en pánico.

Cayden sacudió la cabeza y yo me asusté más aún.


“De acuerdo, sí, está aquí, te la paso para que se lo digas.” Y tras decir

eso, Cayden me pasó el teléfono.


Le miré con los ojos abiertos de miedo. “Hola, señorita Green. Soy

Carlton Spelling, de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la


Grabación. Quería hacerle saber que ha sido nominada junto a Taylor Rayne

por la canción Angel. Le daremos todos los detalles más adelante.”


“Dios mío… Vale, mm, vale. Gracias,” Dije mientras terminaba la
llamada, completamente sorprendida. “¿Me acaban de nominar a un

Grammy?” Apenas fui capaz de soltar.


“Parece que sí. A ti y a Taylor.” Ahora Cayden estaba radiante de

orgullo.
“¿Cómo es posible?” Apenas me había ido de Texas, todo era una

absoluta locura. Ni siquiera fui capaz de calcular cuánto tiempo había


pasado.

“Bueno, ella es Taylor Rayne y la canción es preciosa, la última vez que


lo he comprobado había alcanzado los treinta millones de visualizaciones.

Taylor va a lanzar un EP con la canción en él, vas a ganar millones.


Conseguimos el acuerdo ayer. Pensé en darte la sorpresa este fin de semana,

pero parece que Carlton Spelling se me ha adelantado.”


“No puedo creerme que todo esto esté pasando.” Me dejé caer sobre la

silla que había al lado de la ventana y dejé que todos los sentimientos me
inundaran.
Capítulo 24
Cayden

Estaba emocionado por Genni. Había visto a varios de los artistas que

había lanzado conseguirlo, pero ninguno con tanta rapidez como ella. Vale
que había contado con la fama de Taylor para impulsarla, pero Genni era
realmente talentosa, y Taylor lo supo desde el momento en el que la

escuchó cantar. Taylor pidió permiso para meter Angel en su EP, pero

necesitaba que Genni estallara con su propia canción. Había estado


escribiendo y grabando cosas que eran buenas, pero necesitaba algo que

fuera lo suficientemente bueno como para seguir un éxito tan rompedor. Iba
a dejarle caer algunas ideas, pero la llamada por la nominación a los

Grammy y que Alex se hubiera perdido tomaron prioridad. Le pedí a mi

chef que nos preparara un buen menú de celebración con mimosas en la

terraza. Genni estaba realmente emocionada, solo su preocupación por mi


hijo estaba por delante en su mente.

“Aún no ha llamado,” mencionó Genni tras terminarse sus huevos

hervidos y polenta al romero.

“Lo sé.” Tenía que admitirlo, yo también me estaba preocupando.


“¿No crees que deberías llamarla?” Genni se mordió el labio de la

forma en la que lo hacía cuando estaba realmente estresada.

“Ha dicho que llamaría ella.”

“Bueno, entonces, ¿supongo que que la llames no ayudaría?” Genni

miró hacia mí teléfono conforme comenzó a sonar de nuevo.


Había estado sonando sin parar una vez que la noticia de que Genni

había sido nominada a un Grammy se había difundido. Como la mayoría de

la gente no tenía su número de teléfono, llamaban al mío. Yo solo le daba

mi número privado a mi círculo más cercano, pero esa era la gente que

estaba llamando. Ella tendría que llamar a sus amigos pronto, pero quería
dejarle tener un poco de tiempo para asentar sus sentimientos. Era triste que

en un día en el que debería estar de celebración y disfrutando, estuviera

preocupada por mi hijo; eso decía mucho de su forma de ser.

“¿Te sentirás mejor si llamo?” Quería que este día fuera sobre ella, pero

lo cierto era que, cuanto más tiempo pasaba sin recibir una llamada, más

desanimados estábamos los dos.

“Quizás así podemos saber si…” La pobre volvió a morderse el labio.


“Vale.”

Así que llamé a Sarah y ella contestó al instante. “¿Alguna noticia?” Le

pregunté, mi corazón comenzó a acelerarse.


“Creen que es posible que lo hayan encontrado. La policía ha dicho que

han recibido información sobre un muchacho que había sido visto

merodeando por el parque y en los columpios toda la mañana. No es una

zona a la que solamos ir; debe de haber caminado kilómetros. Están yendo

ahora a la localización a comprobarlo. Estoy tan preocupada, Cash.” Sarah

estaba llorando.
“Lo sé, da mucho miedo no saber dónde está. Especialmente en esta

ciudad. Tienes que ser valiente. Cuando llegue a casa tiene que sentir que

estás contenta de verle. Debe de estar bastante jodido para tener ganas de

salir corriendo así. Tiene mucho que procesar.” Agh, odiaba las

conversaciones profundas, especialmente aquellas en las que probablemente

yo era parte del problema.

“Espera, la policía está llamando a John.” Oí voces de fondo y el sonido

de alivio que venía de una voz grave masculina.

Di por hecho que era John, su nuevo marido. Recordaba que ella había

mencionado tener una relación con un hombre llamado John, y ahora era su
marido… Bueno, bien, ella se merecía alguien mejor que yo. Entonces miré

a Genni, sentada ahí, expectante, con los ojos bien abiertos, y me pregunté

si ella no se merecía también a alguien mejor que yo. Odié los sentimientos

que esa pregunta despertó, así que me limité a esperar a que Sarah regresara

al teléfono.
“Lo han encontrado. Dios mío, Cash, lo han encontrado,” dijo Sarah

entre lloros.

“Eso está genial. Son grandes noticias. Tú, ya sabes, dile que lo
quieres,” me atraganté conforme lo dije.

“Pregunta por ti a todas horas.” Su voz era pequeña y distante. “Yo no

sé qué decirle, así que sigo diciendo que no tiene importancia. Sé que John

le quiere y que será su padre, pero Alex no para de preguntar por su padre

“real”, preguntando si se lo diré algún día. Siento haberte llamado, es que

he entrado en pánico. Espero que lo comprendas.” Estaba volviendo a

alejarse de mí.

“Claro. Sí. Me alegro de que hayas llamado. Quiero saber…” Joder, era

muy malo en esto.

“Sí, bueno. Gracias por coger mi llamada. Nos vamos para comisaría.”

Y eso fue todo. Sarah y yo nos despedimos de forma incómoda.

“¿Lo han encontrado?” Los ojos de Genni estaban brillantes y

expectantes.

“Sí. Así que ahora puedes centrarte en disfrutar de este maravilloso

día.” La besé en la mejilla sintiendo una oleada de alivio.

Más tarde, ese mismo día, Taylor llamó a Genni, y estuvieron hablando

un largo rato y planeando verse pronto. Aún tenían por delante el concierto
de la recaudación de fondos, así que hicieron planes para eso, y además
Genni tenía muchas ideas para las canciones. Ella le daba ideas a Taylor, y

hablaban como si fueran amigas de toda la vida. No tenía por qué ofrecerle

contenido a Genni, ella era toda una profesional.

“Hoy tú eres la protagonista,” le dije en cuanto colgó el teléfono. “¿Qué

quieres hacer?”

“Quiero que vayas a ver a tu hijo. Para celebrar mi nominación a los

Grammy, yo iré esta tarde al ginecólogo para que veas que estoy de tu lado,

y me gustaría que tú fueras a ver a tu hijo como muestra de buena fe. Si

puedes enfrentarte a algo tan importante de tu vida, sabré que merece la

pena rescatarte.”
Joder, lo decía totalmente en serio.

“Genni, esto es mucho más complicado de lo que crees.” Planeaba

utilizar todas las estrategias que conocía para no ir a conocer a mi hijo.

“¿Por qué? ¿Planeas ser un capullo con tu hijo porque tu padre fue un

capullo contigo y con tu madre? ¿Cómo de complicado es eso? Eso es solo

tú siguiendo con el ciclo de abuso por el que estás resentido con tu padre.”

Joder. Me gustaba vivir en negación mucho más que enfrentarme a la

mierda que no tenía ningún interés en afrontar.

“¿Y si digo que no?”

“No tengo por qué tomarme la píldora si no voy a tener sexo.”


“¿Me estás diciendo que no te acostarás conmigo si no conozco a mi

hijo?” En ese momento, me dieron ganas de estrangularla.

“No. Estoy diciendo que todo este show de seis meses se ha terminado.

Te echaré de menos, Cayden, pero no puedo enamorarme o ni siquiera que

me guste un hombre que no respeto. Si no puedes entrar en contacto con tu

hijo, no puedo respetarte y, francamente, ni siquiera sé cómo eres capaz de

vivir contigo mismo.”

Y ahí estaba.

No tenía ningún problema en vivir conmigo mismo porque, al final, no

me preocupaba por nadie. No podía. Había crecido duro. Tenía una gran

barrera, era impenetrable… Pero Genni la había superado. Joder, había sido

lo suficientemente dura como para derribarla.

“Vamos al médico antes de que termine su jornada.” Saqué mi teléfono

y marqué el número del doctor.

“Y…”

“Y llamaré a Sarah a ver qué dice.”

“Gracias.”

Pudimos ver al Doctor Gannet, que habló de las opciones


anticonceptivas con Genni. Yo no pude estar en la sala con ella porque no

éramos pareja desde el suficiente tiempo como para ser parte de su decisión.

Si hubiera estado en mis manos, hubiera dicho que se pusiera la inyección


de Depo-Provera, la cual nos daba al menos tres meses de protección, o

mejor aún, el DIU, que nos daba años, pero ella optó por la píldora, el

método anticonceptivo más tradicional y humanamente inseguro que había,

el mismo método anticonceptivo con el que Sarah se quedó embarazada de

Alex. No podía decirle a Genni que estaba decepcionado, ya que había

hecho lo que le había pedido, había conseguido un método anticonceptivo.

En el coche de camino a casa de Sarah, se metió una píldora en la boca y

me sonrió.
“¿Sabes que te las tienes que tomar todos los días a la misma hora?”

Miré a mi reloj. Agh, las cuatro en punto, hubiera sido mucho mejor si se
las tomara por la mañana.

“Sí, pero ahora ya estamos listos para esta noche.” El brillo malvado de
sus ojos aflojó un poco mi rabia.

La verdad era que estaba nervioso. Había llamado a Sarah y ella había
accedido a que viera a Alex, especialmente porque él acababa de volver a

su casa y estaban discutiendo las razones por las que se había ido. Él estaba
llorando y muy emocional. Accedimos a que ella le contaría que estaba

yendo para no aparecer de repente. Por dentro estaba destrozado, pero, por
suerte, por fuera seguía siendo el mismo monstruo frío y sin emociones que
siempre había sido. Cuando llegamos, Sarah me recibió en la puerta.

“Hola, Cash.”
“Hola, Sarah. Ella es Genevieve Green. Espero que no te importe que
haya venido conmigo. Necesito un poco de apoyo moral,” dije de broma,

pero no era divertido.


“Claro. Sí. Hola.” Estaba rara, pero dulce.

“Gracias,” Genni estiro los brazos y la abrazó. “Debes de haber estado


muy preocupada.”

Dios, amaba a esa mujer. Bueno, en realidad amaba a las dos mujeres,
las dos tenían ese tipo de fortaleza emocional necesaria para manejar esas
situaciones con fuerza y resiliencia.

“Dios, ha sido muy duro,” dijo Sarah, e instantáneamente se hicieron


amigas.

Entramos a la sala de estar de su inmenso apartamento de Brooklyn. Era


nuevo, amueblado con estilo y lleno de gente. Me di cuenta de lo

embarazada que estaba Sarah cuando se agachó para susurrarle a Alex en la


oreja. Su marido, John, parecía preocupado, al igual que sus padres, que

apenas pude reconocer, ya que habían envejecido. Toda la situación era


horrible. Deberíamos haber organizado el encuentro mejor. Pero Sarah

estaba tan emocional por la huida de Alex que estaba confusa, al igual que
yo.

“Hola,” dije en voz baja. “Me llamo Cayden, aunque la mayoría de la


gente me llama Cash.” Empecé, sin saber muy bien qué decir.
“Sé quién eres,” Alex me miró con odio absoluto en su mirada.
Era un pequeño niño enfadado, y me descolocó un poco porque no solo

se parecía mucho a mí, sino que también me veía reflejado en él como niño.
Yo tenía la misma mirada amarga y ese silencio tenso.

“Bueno,” me senté en la silla que tenía al lado. “¿Sabes por qué he


venido?” Joder, ya estaba ahogándome.

“Te sientes culpable porque no te has preocupado por mí una mierda.”


Joder, era exactamente como yo.

“Es más o menos eso. Quiero decir, sí que me preocupo por ti, Alex,
siempre lo he hecho. Es solo que he tenido demasiado miedo a, no sé,

enfrentarme a ti, supongo.” Ayuda.


La sala estaba en silencio, y el momento fue muy intenso y horrible.

Estaba deseando que alguien ofreciera galletas o palomitas o un vaso de


whisky.

“Claro, de un niño de nueve años. Qué miedo. Bueno, pues que te den.
Nadie me quiere y tú solo estás intentando sentirte mejor. Mi madre va a
tener un bebé y cuando llegue él tendrá unos padres que le quieran.” Tras

decir eso, Alex se levantó del sofá y Sarah fue corriendo detrás de él, pero
John la detuvo.

“Recuerda que su psicóloga nos ha dicho que le demos espacio y


dejemos que pase por esto él solo.”
Él era bastante razonable. Maldita sea, odiaba a ese tío. No por casarse

con Sarah o por ocupar el hueco que yo había dejado vacío, sino por ser la
mejor persona que yo podría haber sido. Y no solo era mejor persona, sino

que también estaba mostrando a Genni lo que ella se merecía de verdad, y


no era a un hijo de puta como yo.

“Te has esforzado en venir aquí, es un comienzo,” dijo Sara. “Gracias.”


“Escucha. Yo… Él necesita más que un tío que simplemente aparezca y
le diga su nombre. Yo, mm… tengo que ser mejor en esto, supongo. Mm.

Hagamos algo cuando se calme un poco, como ir al parque, joder, mm, soy
bastante reconocible. ¿Quizás podemos vernos aquí? No sé, ¿hay algo que

le guste? ¿Puedo traer algo para sobornarle? Ya sabes, para mejorar un poco
la oferta…”.

“Le encanta Hampton Green, está obsesionado con él.”


“Genial. Le traeré entradas y pases para el backstage. Y le pediré a Ham

que le firme unas cuantas cosas. Es un tío genial, haría lo que fuera. Lo
único que tenemos que decidir es cuánta atención pública va a querer Alex.

Puedo mantener todo esto oculto, pero la gente va a tener curiosidad.”


“Por el momento, consigamos que salga de su habitación. Las cosas

firmadas estarían bien, probablemente se vuelva loco, y quizás la semana


que viene podríamos cenar todos juntos aquí. Si él ve que vas a ser parte de

esto, entonces finalmente se relajará. Es un buen niño, más aún, es un niño


estupendo, es solo que está muy dolido. Averiguamos que el bebé va a ser

niño y desde entonces él no ha sido el mismo,” dijo Sarah con una mirada
de tristeza y culpa.

“De acuerdo. Genni y yo tenemos una cosa para el reality show de


Allie, estaremos en México unos cuantos días, pero planificamos algo para

después.”
La mirada de sorpresa en la cara de Genni me recordó que se me había

olvidado contarle lo del viaje a México, y ahí estaba de nuevo, siendo un


perfecto capullo.
Capítulo 25
Genevieve

Era muy duro ver a Cayden pasarlo mal. El rechazo de Alex le había

dolido, pero al menos había hecho el esfuerzo, ¿y de qué coño iba todo eso
de México? Cuando volvimos a su casa, no quería enfrentarme a él, así que
me contuve, pero, ¿México? ¿En serio? ¿Con todo lo que estaba pasando?

“Entonces…” Me quedé mirándole.

“Cierto, sí. Resulta que la productora ha tenido la genial idea de que


rodemos un par de días en una villa en México. Será todo en plan bikinis,

bebida y mucho drama. Será genial. La semana que viene es el concierto de


la recaudación de fondos y después iremos a México… Yuhu.”

“Oh, sí, suena perfecto.” Le mandé una gran y falsa sonrisa.

“Acabas de ser nominada a los Grammy y en cuanto escribas otra

canción sacarás otro éxito, así que ahora mismo eres el mayor atractivo del
planeta, Genevieve. Te prometo que no te haré quedar mal, pero saliendo en

el show y en todos lados, conmigo, con Taylor, en los Grammy… Vas a ser

la gran sensación en la música en menos de un año, así que aguanta. Esto

solo pasa una vez en la vida.” Se le veía realmente emocionado, y me había


llamado Genevieve, lo cual lo prefería, así que relajé mi expresión y lo

besé.

“Vale. Confío en ti. Estoy orgullosa. Hoy ha sido un día duro para ti.”

Le cogí de la mano y lo llevé a que se sentara en el sofá conmigo.

“Solo ha sido duro porque me he visto a mí mismo reflejado en esa


pequeña cara asustada y enfadada. Hubo un momento en mi vida en el que

odiaba a mi madre por no ser capaz de conseguir que mi padre estuviera

con nosotros y odiaba más aún al donante de esperma por abandonarme, y

ahí estaba yo…” no pudo decir lo demás. “Pero bueno, tengo tiempo.

Puedo… No sé qué puedo hacer. Espero que algo.”


“Bueno, yo sí sé lo que puedo hacer,” dije deslizándome hacia el suelo,

para nada preocupada por que hubiera algún trabajador por ahí.

Tenía unos trabajadores que eran como invisibles. Todos llevaban el

mismo uniforme beige y literalmente se fusionaban con el esquema de color

de la casa… Pero al menos ahora llevaban etiquetas identificativas, y él se

había molestado en reconocer su trabajo de vez en cuando. Sabía que tenía

un chef y un par de empleadas domésticas, y también estaba Kevin, su


asistente/brazo derecho, pero, aparte de Kevin, la mayoría de la gente de la

casa de Cayden eran como el vapor. Incluso el conductor era como una

aparición. Lo bueno es que no era un jefe de los que despotrican y, lo malo,

que daba la sensación de que no eran personas reales. En parte era triste,
como muchas cosas que había empezado a descubrir acerca de la vida de

Cayden. Aunque era una persona muy famosa, era muy protector con su

vida privada, así que contaba con gente genérica para atender todas sus

necesidades. Si me vieran sacándole la polla y bajándome al pilón, bueno, o

ya lo habrían visto antes o su día se volvería mucho más interesante.

“Oh, sí, puedes hacer eso.”


Él empujó sus caderas hacia afuera, consciente de que estaba a punto de

liberar a la bestia. Lo hice muy lentamente para volverle un poco loco. No

era la mejor a la hora de seducir, pero me acababa de tomar mi píldora

anticonceptiva y de ver a Cayden hacer algo increíblemente humano, así

que estaba realmente cachonda y lista para follar. Saqué su polla, que se

lanzó hacia mi cara en cuanto estuvo libre, y me bajé al pilón. No pasó

mucho rato hasta que fui levantada del suelo y llevada al dormitorio.

“He estado esperando esto todo el día.”

“Ah, ¿sí?”

Me dejó sobre mis pies frente a la cama y, sin ningún tipo de palabra o
ceremonia, me desabrochó los pantalones y me los bajó hasta las rodillas

junto con mis bragas, y después hundió su mano entre mis piernas con su

polla aplastada contra mi espalda, y empezó a masturbarme con fuerza.

Joder, era lo más sexy y salvaje que me había hecho nunca.


“Joder, Cayden.” Arqueé mi espalda hacia él mientras él deslizaba un

segundo dedo, y comenzó a meterlos y sacarlos hasta que empecé a

chorrear.
“Te he deseado como un loco desde el primer día en el que te vi

cantando en el Baile del Legende, cariño. Durante todo tu concierto, no

pude dejar de pensar en desnudarte, empotrarte contra una de las mesas y

follarte salvajemente, y esta noche, cariño, voy a follarte hasta volverte

loca.” Cuando me metió un tercer dedo, me agarré a su brazo porque mis

rodillas se debilitaron, y me esforcé por evitar que mis piernas cedieran,

pero era demasiado tarde.

En cuanto tocó mi inflamado y caliente clítoris con un movimiento, me

volví loca. Comencé a jadear y gemir. Él alejó su mano de mí, y mi

necesidad se encendió tanto que quería agarrarlo y clavar mi cuerpo en su

polla, pero, en vez de eso, me giré a él con ojos suplicantes. “¿Cayden?”

Estaba tan feroz y desesperada; en realidad era un poco triste.

“¿Sí?” dijo mientras me besaba en la frente y me quitaba la camiseta y

yo me quitaba del todo mis vaqueros y ropa interior.

“Estaba a punto.”

“Oh, ya lo sé. Por eso te he dado un respiro. La próxima vez que llegues

a ‘estar a punto’, vas a salir despegando hasta la luna. Te lo prometo.”


Dios, era el demonio, pero era tan jodidamente bueno. En cuanto me

tuvo desvestida, él mismo se deshizo de su ropa, casi se arranca la camisa

del cuerpo, probablemente haciendo saltar uno o dos botones en el proceso.

Me detuve durante un momento y pensé en que era un hombre tan rico que

podía permitirse destrozar su ropa con tal de desnudarse más rápido.

Entonces me volvió a coger y me tiró sobre la cama, juguetonamente, con

entusiasmo, y eso me hizo reír.

“¿Estás lista?” Se puso de rodillas detrás de mí, con su polla

sobresaliendo recta.

“Mm, ¿sí?”
“Bueno, si estás lista, ¡será mejor que te pongas bocabajo y con el culo

hacia el aire!”

“¿Cayden?” ¿Qué cojones me estaba pidiendo que hiciera?

“Tú hazlo, será divertido. No tienes que ponerte a cuatro patas, solo

ponte bocabajo con tu culo hacia arriba y… cierra los ojos.”

“No me van las cosas raritas, Cayden, acabo de abrirme a la diversión

ahí abajo.” No podía imaginarme qué estaba pensando hacerme.

“No, no me voy a aventurar en el gran desconocido – he visto lo que has

comido hoy, pero tienes que confiar en mí. El día de hoy ha ido de probar

nuestra confianza. Incluso aunque vayamos a tener una relación solo para la

prensa, seguimos teniendo que cubrirnos las espaldas el uno al otro.”


“Cierto. Me había olvidado de que solo estábamos fingiendo… ser una

pareja, quiero decir.” Supuse que, si íbamos a probar la idea de la confianza,

saber en qué posición estábamos era un buen comienzo.

“Por ahora. Recuérdalo, tengo seis meses gratis, ya estamos en la marca

de los tres meses, así que no quiero gastar mi periodo de prueba. Este

acuerdo puede que nos lleve a una relación real si no tenemos cuidado, pero

por el momento seguimos teniendo una cláusula de escape, así que cierra

los ojos y pon tu culo en el aire antes de que pierda la voluntad de ser

paciente, porque verte desnuda me está volviendo loco.”

“De acuerdo. Eres el hombre más extraño que he conocido nunca, pero

allá voy.” Me puse bocabajo y levanté mi culo un poco.

Inmediatamente, sentí su lengua pasar por mi humedad mientras me

hacía cosquillas con los dedos de una forma que me hizo reírme y abrir mis

piernas para ponérselo más fácil. Las cosquillas me dieron una especie de

subidón erótico. Sus dedos volvieron a ir dentro de mí, pero solo por poco

tiempo antes de llenarme con él. Tengo que decir que la primera incursión

siempre escocía un poco. Después se apoyó sobre mi espalda, no lo

suficiente como para aplastarme, pero lo suficiente para estar ahí,


envolviéndome por completo. No se movió, simplemente se quedó dentro

de mí mientras susurraba en mi oído.


“Voy a llevarte a otro mundo.” Se metió más dentro aún de mí. “Y

nunca te olvidarás de esta experiencia.”

Aunque era un poco arrogante, era perfectamente Cayden Coltrane

mientras se acercaba más y empezaba a rodar de forma tan lenta que hacía

que mis nervios se retorcieran.

“Quiero besarte,” gruñí mientras él cogía velocidad y me inmovilizaba

los brazos debajo de mí con los suyos propios, envolviéndome por

completo con su cuerpo.


No podía girarme para besarle o participar, lo cual era lo que quería

hacer en ese momento, sin embargo, en vez de eso, girara por donde me
girara, él estaba ahí. Se movió dentro y fuera más y más rápido y, después,

cuando estaba al borde del precipicio, en ese acantilado que da al éxtasis, él


ralentizó y empezó a besarme mi caliente lóbulo de la oreja y la parte

trasera de mi cuello. Entonces vinieron los pequeños pellizcos. No eran


mordiscos exactamente, no iba a dejar marcas de dientes, pero los pequeños

pinchazos inundaron mi coño y lo mojaron a él, así que cuando empezó de


nuevo me embistió con fuerza, mandando todos los sentimientos que tenía

dentro de mí a una ráfaga explosiva de sensación, y de nuevo otra


embestida dura y otra y otra, y yo lo agarré mientras me volvía a penetrar.
Dios, era intenso.
Sus piernas se pusieron debajo de las mías, levantándome de forma que
él quedaba totalmente detrás de mí y yo me levantaba de la cama

ligeramente, sujetándome en esa posición mientras me penetraba con


fuerza, directo a las profundidades de mi cuerpo. Me daba igual quién me

escuchara, grité. Estaba siendo tan poseída por él, tan dominada y, sin
embargo, era liberador dejarme ir y dejarle usar mi cuerpo para darme un

placer tan increíble. Justo cuando estaba a punto de correrme, él la sacó, me


giró, y volvió a entrar. En cuestión de segundos, estaba besándome en los
labios, las mejillas, mi frente, y pronto los dos estábamos ahí, en el límite.

“Córrete conmigo,” gruñó en mi oído, y así fue.


Perdí el control y me dejé rezumar por todo él, estremeciéndome,

temblando y alcanzando el éxtasis mientras su cuerpo se tensaba. Un


profundo y casi dolorido gemido se escapó de él y sentí la lluvia cálida de

su deseo dentro de mi cuerpo. Enrollé mis piernas en torno a él para tomar


todo lo que podía y dejé que su orgasmo me llenara. Los dos necesitábamos

tanto eso…
“Este ha sido el mejor sexo que he tenido nunca,” confesó mientras

suavemente salía de mí, se ponía a mi lado y me llevaba a sus brazos.


“¿Tú?” Quería decirle que eso no era posible, ya que se había acostado

con mujeres que se rumoreaba que eran prácticamente profesionales, pero


me di cuenta de lo grosero que eso sonaría, aunque no fuera mi intención.
Yo no era la mejor amante, no tenía práctica, pero era receptiva y
pasional, y tenía intención. Tuve que reírme ante mis propias inseguridades.

“Sí, amor mío. Eres la amante más genuina que he tenido nunca, y lo
digo en serio. Es muy refrescante.” Me besó en el hombro y vi la sinceridad

en sus ojos.
“¿Sabes?” Dije en un tono juguetón. “Podría enamorarme de ti.”
Capítulo 26
Cayden

No estaba listo para decirlo en ese momento, pero yo también me estaba

enamorando de ella. Durante los días siguientes, Genni pasó mucho tiempo
en el estudio de mi apartamento. Su apartamento ya estaba terminado y ya
se había ido oficialmente del hotel. No pasaba las noches allí a petición mía.

De hecho, apenas pasaba tiempo allí, lo cual me hacía muy feliz.

La veía mucho, pero ambos teníamos trabajo que hacer. Pasaba mucho
tiempo sola en la sala de grabación y al teléfono con sus compañeros de la

banda, trabajando en las melodías. Supuse que podía sentirse sola y le


pregunté que si quería trabajar con Joe o con otros músicos, pero ella me

dijo que estaba muy contenta con las canciones que había grabado con Joe y

que ahora estaba yendo por otro lado con las canciones con las que estaba

trabajando en mi estudio privado.


“Mis chicos siempre me dan inspiración,” dijo de forma despreocupada

mientras entraba al estudio con unos pantalones cortos y un top.

Estaba tan follable que era prácticamente en todo en lo que era capaz de

pensar. Teníamos un montón de sexo, lo cual definitivamente era un


beneficio de tenerla cerca, y cada vez que hacíamos el amor ella se volvía

más loca y divertida. Y pese a estar prácticamente desnudos toda la noche y

madrugada durante días, al final, cuando era el momento de empezar el día,

seguía teniendo ganas de ella. Era mi nueva droga. Además, estaba

explotando en todas partes. Decidimos quedarnos en casa porque, en cuanto


salía a cualquier lado, la gente la reconocía.

Estaba por todas las redes sociales y era la nueva sensación. La

misteriosa cantante con la voz de un ángel. Decían que era una mezcla entre

Billie Holiday y Janis Joplin con un toque de country soul. Cada vez que

abría su boca para cantar, veía a una superestrella. Se había ganado el


derecho a mandarme a la mierda cada vez que quería que se pusiera algo

falso o se pareciera a las muñecas de plástico que aparecían en las portadas

de las revistas. Ella era preciosa y única. Se había ganado el derecho a ser

ella misma por completo.

Cuando no estaba teniendo sexo conmigo, o escribiendo canciones,

tenía una sesión de fotos o una entrevista. Ella y Taylor estaban trabajando

en otra canción, y me suplicó que trajera a sus compañeros unos cuantos


días para poder grabar unas cuantas canciones con ellos. No me podía

resistir a ella, así que, durante una semana, perteneció a ellos. No estaba

realmente celoso, eran unos tipos geniales y no había ninguna amenaza de


que me la fueran a robar, pero eran su gente y, cuando ellos estaban cerca,

me daba cuenta de que yo no era de su gente… ni lo más mínimo.

Taylor hizo el concierto de la recaudación de fondos con Genni, y ella

cantó Angel. El equipo de grabación de Allie estuvo allí, pero, por suerte

para nosotros, Allie no apareció. Esta era una especie de grabación

secundaria que se intercalaría con el drama que Allie hiciera esa semana.
Como Allie no quería desviar la atención de la recaudación de fondos con

otra fiesta Allie-Cash, se mantuvo lejos. El equipo de grabación grabó el

concierto, un confesionario conmigo, algunos primeros planos de Genni

siendo Genni, y el momento en el que le dimos un millón de dólares a

Taylor antes de que el teletipo anunciara los diez millones. Entonces lo

dimos por terminado.

Tenía pavor a que llegara nuestro viaje a México y nuestro último

episodio contractual para el reality show. No obstante, cuanto más pensaba

en tomarnos un respiro de nuestras vidas frenéticas y disfrutar de cuatro

gloriosos días, más me animaba. Iba a tener a Genni toda para mí y para
más de un millón de espectadores. Sabía cómo funcionaban los reality

shows. Grabaríamos nuestra parte, pero Allie era la estrella, así que Genni y

yo tendríamos mucho tiempo para nosotros. Además, yo era un gilipollas, a

la gente le gustaba dejarme de lado.


“¿Estás seguro de que no tengo que meter nada en la maleta? Esto es

raro.” Genni me miró confusa.

“Bueno, solo lo que tengas, un par de outfits cómodos, algunos zapatos


y la bolsa de aseo. Producción te dará el resto de outfits. Lo siento, amor,

está en el contrato. Si lo hubieras leído, lo sabrías.”

“Agh,” me encantaba cuando ponía los ojos en blanco. “Aún sigo

teniendo el derecho a negarme, ¿no? ¿Puedo decir que no a cualquier cosa

horrenda que intenten ponerme?” Me encantaba que luchara por el control

que en realidad ninguno de los dos teníamos.

“Puedes intentarlo. Tendrás un estilista, juntos podéis trabajar en un

plan de estilismo. Ya les he dicho que nada de extensiones, pestañas

postizas o uñas falsas. Me he ganado unos cuantos gruñidos, pero ha valido

la pena con tal de ser el caballero con armadura de mi doncella.”

“Todo para que tu doncella no parezca una muñeca hinchable.” Abrió

los ojos mucho y puso la boca como la de una muñeca hinchable, con sus

brazos estirados frente a ella.

“Ten cuidado, cariño, puede que te tire sobre el sofá y haga un buen uso

de esa boca antes de que la limusina llegue.”

“¿Por qué una limusina?” Dejó de actuar y volvió a ser mi chica dulce.

“Porque el show empieza en cuanto salimos por esa puerta. Estamos


enamorados, ¿recuerdas? Tú eres mi redentora, mi salvación. Una buena
chica de Texas que va a domar al cabrón mujeriego.”

“¡Oh, genial!” Cogió su pequeña mochila en cuanto llamaron a la

puerta. “¿Ayuda si confieso que estoy nerviosa?”

“No tienes por qué estar nerviosa, solo te va a ver todo el planeta.

Luces, cámara.”

“¡No!” Chilló, y yo abrí la puerta a todo un equipo de cámaras.

“¡Acción!” Gritó el director, y yo enrollé mis brazos alrededor de

Genni, sonreí como si fuera el mariscal de un desfile de pueblo y la llevé

hacia ellos.

Ella trotó para mantener el ritmo, que era justo lo que quería que
hiciera, así que tuvo que poner su otra mano en la cabeza para que su gran

sombrero no saliera volando, el efecto fue una oportunidad de proteger su

cara de las cámaras. Mientras que sabíamos que íbamos a estar un motón

frente a la cámara, también comprendía que Genni no estuviera lista del

todo para tanto escrutinio. La había mantenido alejada del ojo público tanto

como había sido posible, y ahora estaba a punto de empujarla a la boca del

loco. Supuse que un buen viaje en avión sería la mejor forma de ayudarle a

prepararse.

En cuanto subimos a la limusina, saqué mi cabeza y grité, “¡viva

México!” como un completo idiota. Fue perfecto.

“¿Va a ser así todo el tiempo?” Gruñó.


“Cuando haya cámaras, sí. Pero, recuerda, vamos a una villa privada.

Esto solo es el carrete secundario que usarán en el montaje para mantener a

la audiencia enganchada. Buena parte de todo esto terminará eliminándose,

ya verás. Bueno,” saqué nuestro itinerario, “esto es lo que iremos haciendo.

Hay que recordar que esta es la última grabación del reality que tenemos

por contrato. Tenemos un pequeño episodio de seguimiento, pero solo será

una escena y un confesionario mío al final. Puede que nos sigan a los

Grammy, pero no pueden meterse en nuestro camino. Esa noche es tuya y

de Taylor, y la gente de Taylor los convertirá en polvo si se acercan

demasiado con las cámaras. Todo irá bien. Solo tenemos que superar este

viaje.”

“Claro. ¿Vamos a tener que correr en una carrera de obstáculos, o comer

gusanos, o que nos echen de México?” Estaba bromeando, pero podía ver

por la mirada de pánico de su cara que en parte lo decía en serio.

“Más o menos, pero no. Bueno, nos han organizado una gran cena

elegante en la playa una vez aterricemos. Pero en realidad es al día

siguiente de llegar. He exigido tener nuestro propio bungalow privado y un

día para descansar antes de hacer las grabaciones de llegada con buena cara
y felices. La villa tiene un aeropuerto privado, y la casa ha sido donada por

Hill McGowan, un famoso arquitecto que está a punto de abrir un hotel al

lado, del mismo estilo que la villa. Va a conseguir un montón de publicidad


gratis, ya que el restaurante en el que vamos a cenar está en su hotel.

Bueno, tenemos que ser súper halagadores con su villa y, estoy seguro de

que, conociendo a Allie, el sitio será una pasada. Después de la cena tendré

una escena de confesionario, probablemente hablando de lo raro que puede

ser el viaje, pero tú no vas a verte envuelta en eso. Al día siguiente vamos a

ir a ver ballenas y a hacer snorkel. Puedes quedarte en el barco o saltar al

agua, lo que tú elijas. También vamos a tener un picnic en la playa de

“temática náufrago”. Estoy seguro de que va a haber alguna escena tipo


supervivientes, pero nada de comer gusanos. Es su show, así que el centro

de atención será ella. Tendremos una cena tradicional preparada por los
locales y al día siguiente ayudaremos en una aldea de al lado a construir

unas casas. El último día nos quedaremos en la villa, en la piscina y


jugando a juegos, tanto mentales como corporales. Dice eso literalmente.”

Por suerte, eso hizo que se riera. “Será tanto horrible como asombroso. Pero
al menos nos enfrentaremos a ello juntos.”

“Y este es el último episodio para nosotros.” Su sonrisa decía el resto.


“En buena parte, sí.”

Salimos del avión, Genni sonreía y estaba radiante y, cuando entramos a


la villa, no hubo necesidad de actuar. El lugar era una pasada. Mi gusto
personal se inclinaba hacia las restauraciones y los edificios históricos, pero

la villa sobre los acantilados, con vistas al Mar de Cortés, era tan moderna y
vanguardista como uno podía imaginar. Era una smart house por completo,
así que, al entrar, un pequeño panel que había en la pared localizaba a todas

las personas que había en la casa en pequeñas pantallas. Aprendimos que el


panel de la pared podía ser programado para hacer muchas cosas. Por el

bien de la grabación, ciertas zonas fueron designadas como lugares de


rodaje para poder filmar simultáneamente.

No había persianas porque las ventanas se oscurecían conforme el sol se


ponía, la temperatura se programaba de forma digital para que la villa
siempre estuviera a 21ºC y todo lo que tenías que hacer era decir tu nombre

y lo que querías, y aparecería. La casa no preparaba comida, pero un


interfono informaría a los empleados de las necesidades de los huéspedes.

Como yo ya estaba listo para tomar una copa, probé el sistema.


“Cash, un whisky con hielo.” Entonces miré a Genni y le pregunté.

“¿Tú qué quieres?”


“Me apetece una copa de vino, Suavignon Blanc si tienen.” Sonrió,

parecía que estaba disfrutando.


Había modelos, actores y actrices, unas cuantas personas destacadas de

la moda y los negocios, y la mejor amiga de Allie, que no dudó en lanzarme


una gran mirada asesina. Ah, estaba de nuevo ante el peligro.
Capítulo 27
Genevieve

En cuanto Cayden entró a la villa, volvió a ser su viejo yo; escandaloso,

rozando lo odioso. Y, como si fuera una señal, el resto respondieron a él con


hostilidad hasta que Allie vino y nos dio la bienvenida con gestos
exagerados y sonrisas de plástico. Ella me besó en los labios, lo cual fue

raro, y después ligó con Cayden hasta que las cámaras dejaron de grabar y

habíamos acabado por ese día. Solo fue una hora de beber cócteles y ver lo
extremadamente cara y futurista que era la villa, y después hicimos caminos

separados. En cuanto las cámaras se apagaron, había una atmósfera mucho


más relajada.

Mientras que las cámaras apuntaban a los invitados, siempre que se

animaban a hablar conmigo, era sobre mi canción con Taylor Rayne, eso

fue literalmente sobre todo lo que hablaron conmigo. Unas cuantas personas
señalaron que estaba nominada a los Grammy porque había escrito y

cantado la canción. No preguntaron por ninguno de mis trabajos próximos y

yo no ofrecí ningún tipo de información sobre ellos porque, cuanta menos

interacción tuviera con esas víboras, mejor. Sí que hablé una vez sin que
nadie me hiciera ninguna pregunta y fue para escabullirme de la fiesta,

diciendo que necesitaba ir al servicio, y me tomé la píldora anticonceptiva,

en parte maldiciéndome a mí misma por tomármela a las cuatro en punto,

que era prácticamente la peor hora del día para tener que tomármela.

Decidí que poco a poco iría moviéndome en esa ventana de tres horas
para adelantarla a una hora más factible. Había escogido la mini píldora

porque quería una pastilla que me diera la mínima dosis de hormonas

posible, ya que odiaba alterar la química natural de mi cuerpo. No obstante,

estaba contenta cuando toda la grabación terminó y Cayden y yo pudimos

retirarnos a nuestro propio bungalow, que era espectacular. Estaba situado


sobre el océano, así que teníamos que caminar por un largo sendero que

cruzaba un banco de arena en el que el agua lamía los bordes de los

tablones de madera. A lo lejos estaba nuestro pequeño bungalow. El nuestro

era uno de los muchos que salpicaban el océano en una línea que iba más

allá de la playa.

“No me puedo creer que esto esté sobre el agua. Había visto sitios así en

las revistas, pero nunca en persona.” Tuve que decir, porque era realmente
impresionante.

“Al parecer, las habitaciones tienen suelo de cristal, vamos a ver. Se

supone que podemos ver la vida marina desde el confort de nuestra sala de

estar.”
Como la villa principal, los bungalós eran totalmente tecnológicos, pero

el suelo era de cristal. Me llevó un momento orientarme porque debajo de

mí había agua transparente.

“Wow, ¿cómo pueden hacer esto? Todo está muy limpio; puedo ver los

peces…” Me agaché para ver la maravillosa vida marina que había debajo

de mí.
“Supongo que el suelo es de cristal con tecnología de grabación

subacuática, por eso la imagen es tan nítida. El productor me ha dicho que

se pueden ver focas, tiburones, tortugas y peces. Es bastante emocionante.”

Cayden se unió a mí, y nos quedamos mirando cómo las algas se movían en

el agua con un pequeño pez entrando y saliendo de ellas.

“Es hipnotizante.”

Por primera vez en bastante tiempo, me sentí en paz simplemente

mirando el suelo del mar. “Me alegro de que hayamos hecho esto.” Le miré

y sonreí.

“Puede que no te alegres tanto después de que grabemos mañana, pero


vamos a pasárnoslo lo mejor que podamos. ¿Quieres nadar antes de pedir la

comida y follar toda la noche?”

Así era Cayden, siempre directo al grano.

“¿Quieres decir en el océano?” Daban ganas de meterse al agua, pero

daba un poco de miedo.


“¿Por qué no? El agua no está fría y está totalmente transparente. Pronto

se pondrá el sol.” Me cogió de la mano y me llevó a la cubierta que daba al

océano y tenía una escalera al agua.


“Hagámoslo.” Estaba asustada y, sin embargo, extrañamente seducida.

Nos pusimos nuestros trajes de baño, ya que si nos bañábamos desnudos

seguro que terminábamos en la portada de la revista TMZ. Cayden tenía

razón, el agua estaba de lujo. De hecho, mirar el agua mientras flotábamos

en el océano y el sol se ponía es uno de mis recuerdos favoritos del viaje.

No me había dado cuenta de todo el estrés que había estado acumulando

hasta que la tranquila agua relajó mis tensos músculos.

“¡Esto es increíble!” Confesé mientras cogíamos unas balsas hinchables

que había atadas a nuestro bungalow y nos deslizábamos por las calmadas

aguas.

La costa era poco profunda, por lo que te podías poner de pie y caminar,

así que supuse que estábamos en alguna especie de plataforma marítima,

estaba chulísimo.

“Ten cuidado,” me gritó Cayden. “Te estás yendo a la deriva.”

Él remó con su brazo y me cogió de la mano, y nos quedamos unidos

mientras veíamos el sol esconderse en el horizonte. En cuanto se fue, toda

la atmósfera cambió y de repente el aire se convirtió en una brisa heladora.


“Bueno, yo creo que estoy lista para volver,” dije a través de dientes

temblorosos.

“Ya veo. No tienes la piel tan dura como yo,” dijo de broma, poniendo

acento de pirata.

“Cierto, porque yo no soy una serpiente.” Dije tomándole el pelo.

“Oh, yo te enseñaré lo que es una serpiente. ¿Quieres una serpiente? Tú,

cariño mío,” me levantó de la balsa y me llevó por la escalera hacia nuestro

bungalow, “vas a ver lo que es una grande, gorda y larga serpiente de piel

dura.”

Y tras decir eso, me chupó el cuello, y yo ya estaba en llamas.


Me enrolló en una toalla y me dejó sobre el sofá que había en una

extraña habitación pequeña hecha de cristal. Se parecía mucho a su

habitación del ático.

“¿Qué es este sitio?” Pregunté, sin saber para qué podía ser esa pequeña

sala.

“Esta es una sala de calentamiento y enfriamiento. En verano, hay aire

acondicionado y puedes salir y ver el océano, en invierno y durante las

tormentas o después de un baño nocturno, es una sala de calentamiento

desde la que puedes ver el mar igualmente. Me encanta esta habitación, es

el sitio más jodidamente sexy en el que me he alojado.”


Ya podía ver su erección a través de su bañador mojado. “Ah, aquí está

la serpiente de la que estabas hablando.”

“La serpiente está esperando a que cenes antes de ella devorarte a ti. Así

que, ¿qué te apetece? Tienen tacos, aunque pronto yo voy a tener mi propia

ración de ‘tacos’.”

“¿En serio, Cayden? Puaj.”

“Solo era una sugerencia. Tienen todo tipo de comida mexicana

deliciosa. A mí me apetecen fajitas. Tienen fajitas de solomillo con

pimiento rojo asado confitado con polvo de guindilla fantasma. ¡Suena

picante!” Chasqueó los dedos al decir la palabra picante. “O quizás el atún

blanco que es de justo debajo de nuestra casa.” Me mandó una sonrisa

maligna.

“¿Tienen ensalada?” No pensaba que pudiera comer mucho más.

“Oh no, no puedes venir aquí, donde tienen la comida mexicana más

deliciosa del mundo, y pedirte una ensalada. ¿Qué tal un chili relleno? O

quizás una fajita vegetal sin el aderezo de la guindilla fantasma.”

“Eso sí que suena bien.”

“Vale, ¿y una jarra de Margaritas?” dijo poniendo un acento mexicano


mal hecho.

“Claro,” me reí. “No hables así delante de los locales, es grosero e

irrespetuoso.”
Su cara cayó de forma juguetona. “Cierto, ahora recuerdo, yo te he

traído A TI de vacaciones.” Fingió que se deprimía. “Ya no haré más

bromas culturalmente inapropiadas. Tengo que darles buenas propinas y ser

simpático con la gente… Agh, eres muy exigente.”

“Y estoy saliendo con un trol.” Le cogí la mano y se la besé.

“Un trol con una gran y gorda serpiente… que va a…” Justo en ese

instante llamaron a la puerta y, sin que Cayden fuera a responder, Allie la

abrió.
“Oh, vuestra habitación es más bonita que la mía. Zorras. Le dije a

producción que quería la habitación más grande,” soltó.


“¿Qué coño haces aquí?” Le dijo Cayden de inmediato.

“¿Qué? ¿Tres son multitud?” No estaba segura de si estaba bromeando


o no.

“Tenemos que besarnos. Lo dice producción,” se quitó su pareo y lo tiró


sobre el sofá.

Su bikini era poco más que una tela entrecruzada apenas más gorda que
una cuerda. Sus pezones apuntaban hacia delante, y se debía de haber

depilado el coño por completo, porque la pequeña franja de tela que lo


cubría no tapaba prácticamente nada.
“Ni de coña, no voy a besarte. No vamos a jugar a eso. Genni es mi

pareja estable. Vamos a casarnos, así que no. Tus pequeñas tretas
publicitarias no son bienvenidas aquí.”
“¿Casaros? Por favor. Sin ofender, Genevieve, cariño, tú eres una

cantante fabulosa y más dulce que un pastel, pero no eres rival para mí, y
Cash va a comerte viva en menos de un año. Alimentará a sus cocodrilos

con tus crías, o peor aún, fingirá que no tiene ninguna.”


“Ah, veo que esta noche has sacado las uñas. Bueno, ¿de qué va todo

esto? Producción sabe que estamos aquí para aumentar la intriga y terminar
con mi contrato. Pensé que habías traído al héroe de comic de Marvel
contigo. ¿Qué ha pasado con él?”

“No es nadie importante. Solo puede hacer ciertas cosas a ciertas horas
o tendremos que pagarle más.”

“Seguro que puedes permitirte pagarle para que te bese.”


“A un millón de dólares el episodio que te estoy pagando a ti.” Se

deslizó hacia él y entró a nuestra pequeña sala de calentamiento, y de


repente tuve el instinto de salir corriendo de la habitación.

Entonces ella lo agarró de la polla. “¿Estabas a punto de follártela?”


Podía ver que le apretaba con fuerza, porque él dio un respingo.

“Esa era la idea,” dijo entre dientes.


“Bueno, vale. No te follaré, pero tú me besarás. Solo demos un paseo

por la playa y así nos quitamos esto de encima. Mi compañía te está


pagando… así que pon morritos, putita.”
La quería y odiaba a la vez.
“De acuerdo,” dijo, y el corazón se me cayó a los pies. “Genni, solo será

un minuto. Un momento, pediré la comida.”


“Vale,” apenas dije. En ese momento, me sentía tan deprimida y

humillada que solo quería desaparecer.


“Volveremos pronto, cariño, y entonces podrás tenerlo todo para ti

solita.” Allie me miró como una viuda negra mordiendo a su presa.


No podía creerme que Cayden la siguiera, pensaba que él era mejor.

“Acabo de pedir la comida, y esto no llevará mucho rato,” dijo Cayden


mirándome con su horrible confianza.

Pensaba que estaba entrando dentro de él, viendo su lado bueno, ese que
sabía que estaba ahí. Pero que me dejara ahí y se fuera y creara un

escándalo falso que en última instancia nos amenazaría no solo a nosotros


sino más específicamente a mí y a mi incipiente carrera musical, hizo que

se me hiciera un nudo en el estómago. ¿Cómo podía hacer algo así? ¿Por


qué no había dicho que no? Ahora mi integridad iba a ser puesta en
cuestión, ya que se iba a besar con su exnovia en la televisión nacional.

Intenté no enfadarme, consciente de que nada de eso era real, pero no podía
evitar sentirme dolida.
Capítulo 28
Cayden

Rabia apenas alcanzaba a describir los sentimientos que me quemaban

por dentro. ¿Cómo se atrevía esa puta a exigirme que la besara y a


amenazar la tan delicada relación que tenía con Genni? Oh, iba a tener su
ración de drama, de eso no cabía duda. Me esforcé al máximo por no

hacerla pedazos en el corto camino hasta la playa por el que fuimos

seguidos por el equipo de producción con tres grandes cámaras apuntando a


nuestras caras.

“Siento sacarte de esta forma, Cayden.”


Odiaba cuando la gente como ella me llamaba Cayden. Genny había

empezado a llamarme por mi nombre real y, de sus labios, sonaba bien.

Viniendo de ella, era un puente de esperanza y pequeños pasos para

acercase más a mí, pero viniendo de Allie, que sabía que odiaba mi nombre
porque me recordaba a que fui un triste niño no deseado, hacía que la odiara

más aún.

“Entonces, ¿por qué lo has hecho?” Gruñí.


“Bueno, yo… no puedo soportar más esto. No puedo fingir estar

enamorada de Paul. Cuando lo beso, solo finjo que son tus labios los que

estoy besando.”

“Eres buena actriz,” dije de forma maligna. “Sigue intentándolo.”

Caminé más rápido, intentando ignorarla.


“Cayden, sabes que esto no ha acabado, que lo nuestro no ha acabado.

Sí, nos hemos hecho daño el uno al otro, y reconozco mi parte de culpa,

pero nosotros, los dos juntos, lo somos todo. No eches a perder todo lo que

hemos invertido.”

Vaya montón de mierda había soltado.


“¿Sabes lo que eres para mí, Allison?” Si íbamos a usar nuestros

nombres reales… “Fuiste un buen polvo. Quizás, uno de los mejores. Tu

talento en la cama puede ser verificado por muchos hombres. ¿Por qué te

piensas que comencé a salir contigo? Eres una estrella de rock en el

dormitorio. Tengo ganas de tomarme una cerveza con Paul y recordar lo

bien que usabas tu…”

“No puedes decir eso en la televisión nacional, Cash,” me advirtió el


productor.

Bueno, el show era bastante picante y se retransmitía en un canal en

directo con una clasificación de más de 17 años, pero supongo que nombrar
la palabra vagina no era algo que la gente de los shows para más de 17 años

hicieran.

“Boca,” dije en un suspiro cargado de veneno, el doble sentido me hizo

cosquillas.

“O tú la tuya,” ella me la devolvió con un contraataque penoso.

“Tú usabas tu boca para montar escándalos sobre nuestra relación y


ganar dinero con ello. Has usado tu boca para menospreciar a gente muy

trabajadora que se dejaba ser pisoteada por ti. Usabas esa boca para quitarle

el color a cualquier cosa bonita que hiciéramos. Y has usado tu boca aquí

esta noche para ordenarme que te bese en televisión y así cree una nube

tóxica de confusión y especulación sobre mi relación totalmente real con

Genni.” Entonces me di cuenta, lo que tenía con Genni era real, más real

que cualquier cosa que había tenido antes.

“Oh, qué poético eres. ¿Quieres que hablemos del sendero de niños no

deseados que has ido dejando detrás de ti? ¿O debería hacerlo yo?”

“Cortad,” me giré y miré a la cámara. “No puedes hacer eso. Está en mi


contrato. ¡No puedes hacer eso!”

“No puedo hablar de Alex, pero estoy jodidamente segura de que sí

puedo hablar del mío. ¿O sabías que había tenido un aborto?”

Todo en mí se desplomó.
“Y una mierda, y si lo tuviste, no fue mío.” El calor aumentó dentro de

mí y mi cara se puso roja.

“Eso no lo puedes saber. No tomaste ningún tipo de responsabilidad.


Todo el peso estaba sobre mí. Tenía que tomar precauciones yo, ponerme la

Depo-Provera, me hinché por culpa de las hormonas.”

Mierda.

“Si eso es verdad, no es algo que podamos hablar en televisión. No solo

es completamente inapropiado, sino que es cruzar una línea. Ninguno de tus

espectadores va a querer drama real y que dé miedo, un drama por el que

ellos pueden estar pasando. Tú eres un choque de trenes, una persecución

de coches y una película de vampiros todo en uno. La gente ve tu show para

poder irse por la noche a la cama sabiendo que lo están haciendo bien, que

al menos no son Allie. Puede que seas guapa, y puede que tengas un cojón

de dinero, pero lo que no tienes es clase.” Dije, y entonces me giré, dándole

la espalda, y comencé a caminar hacia la playa, consciente de que las

cámaras estaban de nuevo en marcha.

“¿Y si hubiera sido tu bebé?” Dijo Allie de forma que confesaba que no

lo había sido. “¿Y si lo hubiera dado en adopción?”

“Mejor entonces… Así hubiera tenido una oportunidad de tener una

familia que no estuviera tan jodida como estaría la tuya.”


“Ese es un golpe bajo, Cayden, incluso para ti.”
Me giré hacia ella. “¿Has tenido un aborto?” Necesitaba saber la verdad.

El equipo de grabación apagó las cámaras y se quedó quieto en la

oscuridad con las luces encendidas apuntando a nuestras caras.

Allie se quedó en silencio durante un instante y después tomó una

respiración profunda. “Siempre quise tener un desliz contigo.”

“¿Por qué? No me hubiera quedado contigo.”

“Lo sé.”

No podía creérmelo, pero una lágrima bajaba por su cara.

“¿Hubo un bebé, Allie?”

“No. Nunca lo hubo, pero… si me hubiera quedado embarazada, me


habría quedado con el bebé, porque así al menos seguiría teniendo una parte

de ti.” Se giró hacia mí y me besó suavemente en los labios, y tengo que

admitir que me quedé atónito, pero no en el buen sentido.

“Allie, en ese bungalow hay una mujer a la que amo de verdad. Ella

es…” Ni siquiera podía describirla. “No es de nuestro mundo y no está en

nuestros círculos. Es… No ha sido cegada aún por el odio, y no quiero que

me odie solo porque en el pasado tomara algunas decisiones de mierda. Fui

un cabrón contigo, Allie, lo admito. Los dos fuimos unos monstruos… y te

pido perdón por ello. De verdad.”

Me giré y comencé a caminar, dejándoles un montón de drama para mi

última escena.
“¿Has cogido todo eso?” Oí que preguntaba uno de los productores.

¿Coger todo el qué? Pensaba que las cámaras estaban apagadas cuando

habíamos hablado sobre Alex. Cuando miré hacia atrás, vi como el cámara

se quitaba su gorra de béisbol y dentro había una pequeña cámara… joder.

“Sí que lo he hecho.”

De repente, el mundo comenzó a tambalearse. Conforme caminaba

hacia el bungalow, vi a Genni en la cubierta. Sabía que había visto todo lo

que había pasado entre Allie y yo y, francamente, estaba listo para subirme

en un avión de vuelta a casa esa misma noche. Pero yo estaba allí para

batirme en duelo. No había dicho nada que estuviera fuera de lugar y la

mayor parte de lo que había dicho era totalmente cierto. Esperaba que los

hechos reales que había revelado acabaran en la sala de edición sin

publicarse. Entré al bungalow y Genni no corrió a recibirme, así que yo fui

hacia ella.

“No la he besado, ni he hecho que pareciera que lo haría. Quería

abofetearla, pero no hubiera sido bueno para ninguno de nosotros. Me ha

manipulado y tendido una trampa, y yo he caído en ella, así que tenemos

dos opciones. Podemos comernos la cena, que probablemente esté fría,”


miré hacia la bandeja de plata cubierta por una cúpula plateada, “hacer el

amor, disfrutar de este bungalow, y volver mañana con nuestros puños en


alto, o podemos subirnos en un avión esta noche y estar de vuelta en Nueva

York mañana por la mañana. Tú eliges. Yo haré lo que tú decidas.”

Ella se quedó en silencio, aún mirando hacia el océano.

“Ya te tienen cogido por las pelotas. Si salimos corriendo, ellos ganan,

así que mañana pondremos nuestros puños en alto. Pero tengo que decir que

esta noche estoy un poco cansada, Cash. Quizás podamos simplemente

cenar y dormir.”

Joder, odiaba hacerle daño.


“Como he dicho, es tu decisión.”

Así que esa noche cenamos y nos fuimos a la cama. La sostuve entre
mis brazos porque quería que supiera que ella era mi todo. En ese momento,

me di cuenta de que ella representaba mucho más que solo una chica
inocente a la que estaba usando para limpiar mi reputación; realmente era la

mejor mujer, además de Sarah, que había conocido nunca. Estábamos a dos
meses de nuestra marca de los seis meses, y no quería joderlo todo.

Al día siguiente fuimos a la observación de ballenas, Genni estaba


realmente emocionada por ver ballenas. Yo me esforcé en no marearme por

el movimiento del barco, ya que nunca me sentaba demasiado bien. Ella,


por el contrario, estaba hecha toda una profesional. Vimos algunas ballenas
jorobadas y orcas, y tengo que admitir que estuvo guay. Allie se pasó la

mayor parte del viaje en barco emborrachándose y con su lengua en la


garganta de su “novio”. Yo aguantaba a Genni en mis brazos. Por un lado,
me hacía sentirme menos mareado y, por otro, me veía menos cabrón. Dos

pájaros de un tiro.
Cuando volvimos a tierra firme y a nuestra gran cena, Allie estaba a

punto de empezar de nuevo. Tuve que hacer un confesionario y mi


conversación con Allie se sacó a relucir.

“Hay algunas cosas que no están hechas para aparecer en televisión.”


Nadie sabía que yo tenía un hijo secreto, pero Allie sí, y me había dado
cuenta de su plan. Iba a sacar toda mi mierda y a arrastrar al pobre chaval

hacia abajo sin importarle lo mal que estuviera hacer eso. Él no se merecía
eso. Puede que yo hubiera estado intentando ganar el premio a peor padre

del año, pero él era un gran niño y se merecía algo mejor.


“Escucha, si Allie estuvo embarazada y tuvo un aborto sin decirme

nada, entonces es cosa suya. Los hombres tienen derecho a saber si han
engendrado un niño. Olvídate de cómo se ha engendrado. Todos somos

adultos; sé qué me puede estar esperando en el momento en el que me


adentro en ese gran desconocido. Si hay un hijo, entonces la decisión sobre

su vida y su futuro es algo de lo que tengo el 50%.” Empecé a temblar, pero


seguí adelante. “Allie sabe que tengo un hijo. Es un chico increíble. No me

lo merezco para nada y tanto él como su madre lo saben, así que me he


mantenido al margen. Dejé su infancia en manos de su madre para no liarla.
Ahora tiene nueve años y estoy listo para esforzarme en darle mucho sobre
lo que hablar en terapia. Al menos tengo el dinero para pagársela. Él no fue

ningún error o accidente, es un pequeño niño con un futuro brillante. Estoy


orgulloso de él. Me alegro de haberme mantenido al margen, así al menos

ha tenido la oportunidad de no convertirse en alguien como yo. No


obstante, me he dado cuenta de que haciendo eso le he hecho daño de una

forma distinta. No voy a exponer a mi hijo en este o en ningún otro show,


pero voy a decir, aquí y ahora mismo, que estoy orgulloso de que esté en

este mundo, porque ahora sé que al menos una sola cosa en mi vida la he
hecho bien.” Y lo dije en serio.

No sabía que Genni estaba en la sala, no sabía que la habían traído, no


era lo normal. Se suponía que los confesionarios eran solo con el actor y un

cámara, pero esto iba de drama, y habían traído a Genni para mostrarnos
juntos. Cuando miré hacia ella, estaba llorando. Joder, no era capaz de hacer

nada bien.
“¿Estás bien?” Le pregunté, aún sentado en la silla del confesionario.
“Eso ha sido precioso, Cayden.” Caminó hacia mí y se sentó a mi lado,

cogiéndome de la mano. “Espero que tenga la oportunidad de oírte decir


todo eso, significaría mucho para él, de eso estoy segura.” Entonces me

besó tiernamente en la mano.


“¿Qué opinas de que Cash haya tenido una relación que siga estando tan

presente?” Preguntó el productor en voz alta, esperando mantener la


tensión.

“La vida es dura,” dijo ella. “Y real. Y te puedo decir que Cayden y yo
somos reales. Todo esto es nuevo y está en ciernes, pero nada nos detendrá,

porque juntos somos más fuertes que todo esto. Este viaje a México ha sido
divertido. Tengo ganas de cantar luego y he visto una orca en libertad y no
en una piscina diminuta de un delfinario. Este día ha sido increíble. Allie es

una gran mujer y algún día se casará con un hombre maravilloso, pero no
será con Cash, porque él ya está cogido.” Me volvió a besar y me aferré a la

balsa salvavidas que me había lanzado en medio de un océano de mentiras y


engaños.

Si había algo que era totalmente real, era su corazón.


Capítulo 29
Genevieve

Lo conseguimos. Esa noche canté, y estuvo genial estar en un escenario

al aire libre cantando canciones nuevas ante un público. Trabajamos en


construir casas en una aldea que hizo que todo lo que había en mi mundo y
el de Cayden pareciera trivial. El bungalow de última generación que tanto

había estado disfrutando me pesaba tras ver lo poco que tenían los aldeanos.

Nunca había vivido en pobreza absoluta. Durante toda mi vida, había tenido
techo y comida. Había tenido agua corriente y un dormitorio para mí sola.

Estos aldeanos no tenían nada de esas cosas y, sin embargo, sonreían y nos
ofrecían la mejor, más fresca y más impresionante comida que había

probado nunca. Pensé en quedarme allí a ayudarlos, pero en realidad eso no

les ayudaría. Ellos necesitaban dinero, casas, infraestructuras, empleo y

oportunidades.
En vez de quedarme, decidí dedicarle a la villa mi canción, la que había

estrenado en México durante el reality show. Ofrecí que todos los

beneficios de las ventas de la canción fueran dirigidos a la fundación que

estaba construyendo casas, a ver si así podían ir a más ciudades y hacer lo


mismo. Fue algo que no había hablado con Cash. Simplemente lo dije

durante mi confesionario y, al salir, vi su mirada de sorpresa. Él había

pedido ver mi confesionario en directo como una forma de proteger mi

imagen. Como mi productor, legalmente, tenía derecho a ello.

“Vas a dejarme en la quiebra. Primero, cantas con Taylor Rayne y lanzas


una canción en Internet, perdiendo la oportunidad de ganar miles de dólares

en beneficios en redes sociales explotando el debut. Y, además, lo hiciste a

través de la cuenta de Taylor, por lo que ella está cosechando el fruto de

tener casi mil millones de visualizaciones… bien hecho. Y, ahora, de la

próxima canción que cantas en televisión, vas a donar TODOS los


beneficios… Cariño mío, eres una…”

No podía permitir que lo dijera en televisión y se incriminara a sí

mismo, así que le interrumpí.

“Una santa. Gracias, cariño,” me incliné y lo besé. “Tengo muchas

ganas de ver qué hacen con el dinero.” Puse mis manos sobre mis caderas y

miré a lo que ya habíamos conseguido.

“Yo también,” dijo con una sonrisa, y ese fue el final de la


conversación.

Al final de nuestro viaje y, gracias a Dios, el final de nuestra grabación,

el propietario del resort nos ofreció que nos quedáramos como huéspedes.
Estaba tan impresionado por mi oferta a la comunidad que quería mostrar

su gratitud.

“¿Crees que nos podemos quedar unos cuantos días más? Me encantaría

quedarme aquí contigo, sin cámaras ni Allie.” Oh, cuánto quería estar en

ese paraíso con él y nadie más.

“Creo que podemos rascar unos cuantos días más. Nos vendrá bien.”
Menos mal que accedió.

Y esos días nos sentaron muy bien. Nos sentábamos en la playa, y yo

escribía canciones mientras él hablaba por teléfono, trabajando. Hicimos

snorkel en las aguas transparentes y vimos un montón de vida marina, e

incluso unas cuantas focas pasaron nadando junto a nosotros mientras

flotábamos en el agua. Era espectacular ser una más en la naturaleza.

Aunque Cayden y yo habíamos tenido unos cuantos roces, el tiempo juntos

en México me ayudó a tener una mejor visión de quién era él realmente, y

me estaba enamorando perdidamente del hombre que tenía delante.

Había hecho un gran trabajo escondiendo a ese hombre del mundo, pero
lo cierto era que, dentro de Cayden, estaba el corazón más grande y

precioso que existía. Y mientras estuvimos en México dejó que ese

gigantesco corazón dictara nuestros días. Durante las filmaciones, él me

defendió constantemente y luchó contra las víboras para mantener nuestras

reputaciones intactas. Éramos inquebrantables. Allie terminó rindiéndose de


intentar cazar a Cayden. Admitió en cámara frente al resto de su pandilla

que Cayden había pasado página.

Para celebrar ese momento de maravillosa publicidad, cenamos juntos


en el restaurante y volvimos a casa listos para otra noche de exploración

sexual.

Tras perder la virginidad con Cayden, poco a poco nos habíamos vuelto

más exploradores en nuestras actividades físicas. Mientras estaba tumbada

desnuda, con su cara entre mis piernas, apretaba los dientes conforme la

primera ola me golpeaba. Sabía que habría más, como siempre había hasta

que me quedaba totalmente exprimida.

“Qué te parece si…” Cayden levantó su cabeza para tener una

conversación, lo cual hizo que me riera. Aunque quería que volviera a lo

que estaba haciendo, sus epifanías durante el sexo siempre eran muy

divertidas.

“¿Sí?” Fingí de broma que estaba enfadada.

“Nos compramos una villa en México. Podría tomarte en nuestra propia

playa privada y hacer esto más veces en el confort de nuestra propia casa.”

Pasó su lengua por mi coño y un escalofrío de necesidad recorrió mi espina

dorsal.

“Me gustaría que hicieras esto más veces.” Pasé mis dedos por su pelo.
“¿Y cómo no amar este paraíso? Me apunto, pero tú pagas, yo sigo siendo
bastante pobre.”

Aunque daba por hecho que ganaría dinero, no había ganado demasiado

a esas alturas. Había tenido un adelanto de las ventas de las grabaciones y

Cayden me había financiado todo, así que en realidad no necesitaba fondos.

“No lo serás durante mucho tiempo más,” dijo antes de volver hacia mí.

Dios, era tan bueno comiéndome el coño, joder, apenas podía pensar.

Llevábamos en México una semana y me había pasado la mayor parte de

todo ese tiempo en una neblina. Especialmente cuando su lengua se metía

completamente dentro de mí. Cuando finalmente emergió, me sentía

debilitada y amada. Él subió por mi cuerpo, pasando su dura polla por mi


piel mientras mis terminaciones nerviosas se encendían. Conforme se

acercaba a mí, su boca no paraba de darme besos por mis pechos, mi tripa y

mi cuello antes de morderme el lóbulo de la oreja, y se colocó frente a mí,

poniendo mi pierna sobre la suya mientras su polla golpeaba mi montículo

pulcramente depilado.

“Entonces, ¿quieres esperar a que yo pueda pagarla?” No estaba segura

de lo que quería.

“No.” Pasó su polla por mi sensitivo coño, que estaba chorreando por

las ganas de que entrara.

“¿Entonces?” Gemí, intentando empalarme a mí misma en él; estaba

cansada de esperar, me estaba volviendo totalmente loca.


“Entonces, ¿qué te parece si terminamos con la cosa esta de los seis

meses?”

Me quedé mirándole con los ojos bien abiertos, totalmente perpleja.

¿Qué significaba eso? ¿Habíamos terminado? ¿Me estaba pidiendo que le

diera más tiempo?

Solté el aire mientras él se acercaba más con su polla. “Bueno, si

terminamos con ello, ¿luego qué?”

“Eso depende de ti.” Sus dedos bailaban sobre mí mientras mi cuerpo se

sonrojaba de calor.

“¿De mí?” Tragué saliva. “¿Cómo?”

“¿Te casarías conmigo?” Por supuesto, fue justo en ese momento

cuando me penetró, cegándome de deseo.

“Pero, ¿sin casarnos realmente?” Intenté no perder la cordura.

“No sé,” comenzó a moverse, lentamente, dentro y fuera de mí. “¿Qué

significaría el matrimonio para ti? ¿Para nosotros?”

Joder, no podía estar teniendo esa conversación, no en ese preciso

momento. Diría algo desesperado. Así que no dije absolutamente nada, solo

dejé que los pensamientos me inundaran mientras él lo hacía con más y más
intensidad. Se pegó más a mí, pasando sus brazos bajo los míos,

aferrándome a él mientras empezaba a penetrarme con fuerza, pasándome la


polla por el clítoris una y otra vez hasta que todo fue una mezcla de dolor,

placer y pasión.

“Sería lo que es,” gruñó. “Solo los dos amándonos el uno al otro.”

“¿Si digo que sí?”

Una gran sonrisa se formó en su cara. “Si dices que sí, ¡este bungalow

es nuestro!”

¿Qué? No podía pensar, necesitaba respirar. Él rodó sobre mí y me

levantó las piernas para que pudiera tomar más de él, aferrándome a su
cuerpo caliente con sus músculos tensos del esfuerzo mientras presionaba

su peso contra mí, haciendo que solo pensara en él. ¿Cómo serían nuestras
vidas? Día y noche con Cayden, ¿sería siempre así? ¿Siempre seríamos así

de felices?
“¿Y si digo que no?” Tenía que tantearle.

“Entonces lo intentaré más.” Tras decir eso, me levantó, me colocó


sobre su regazo y dejó que yo tomara las riendas. Me hundí en él, sintiendo

su polla hasta el fondo de mi cérvix. Estaba hambrienta de él mientras el


sudor brillaba en mi piel. Me agarré a sus brazos y lo follé, usando su

cuerpo y el mío para despegar hasta el éxtasis. Él dirigía mi ciego deseo con
mordiscos y besos en mi piel roja y caliente. Cuando se corrió dentro de mí,
grité y alcancé mi liberación sintiendo como una lluvia de emociones

abrumaba mis sentidos. En ese momento, no importaba nada, solo nosotros


dos. Me corrí con tanta fuerza que mi cuerpo temblaba y se estremecía
hasta el punto de ver el cielo, tal y como normalmente me pasaba con

Cayden. Lo que fue diferente fue que él también tembló y se estremeció, y


podía sentirle palpitando dentro de mí. Finalmente se calmó, respirando

pesadamente y asentando sus sentimientos.


“Eres mi todo,” me dijo mientras me abrazaba con fuerza y me

acariciaba el pelo húmedo, mirándome a la cara. “Podría pasar el resto de


mi vida contigo.”
“¿Y eso es una sorpresa?” Me quedé mirándolo, intentando averiguar

qué quería decir.


“Para mí sí.” Me besó en la frente y me levantó de su polla, y entonces

me llevó fuera de la cama. “Hora de un baño.” Entonces procedió a saltar


conmigo desde la cubierta al cálido océano; desnudos.

Éramos las únicas personas que había en kilómetros a la redonda. Los


bungalós estaban vacíos, por lo que solo estábamos Cayden y yo en el agua.

Él metió su cabeza debajo del agua, salió y se sacudió, mojándome, lo cual


hizo que me riera, estaba en plan muy juguetón. Me tiró más agua con las

manos y yo se la devolví, y entonces nos metimos en una guerra que nos


llevó a tumbarnos desnudos sobre la arena, exhaustos por nuestra pelea, con

su mano pasando por mi cuerpo y la mía acariciando su polla.


“Me gusta pasar estos ratos contigo,” le confesé. “Cuando eres así, y
estamos los dos solos, podría pasar el resto de mi vida contigo. Podría

casarme contigo, pero eso no es lo que me estás pidiendo, ¿verdad? Me


estás pidiendo que sea una esposa falsa que legitime tu reputación y la

arregle para que tú te puedas deshacer de las cosas horribles que has hecho.
No me importa ayudarte, me gustas. De hecho, podría aventurarme a decir

que me estoy enamorando de ti. Pero… comprometerme al matrimonio, sin


importar lo falso que sea, es algo de lo que no estoy segura.”

Él parecía muy desanimado. “Lo entiendo.”


Volvimos a nuestro bungalow y yo me sentía mal, pero no estaba segura

de si realmente quería continuar con sus planes, parecían fríos y artificiales.


“Podríamos esperar un poco más para prometernos,” le miré, esperando

no estar liberando la bestia que sabía que él estaba conteniendo. “Todo está
pasando muy rápido, la gente lo entendería.”

Él fue dulce y cariñoso, para nada una bestia. “Tenemos algo de


tiempo,” dijo antes de hacerme la cucharita al volver a la cama, y
suavemente deslizó su polla dentro de mí desde detrás mientras me besaba

en el hombro y el cuello, hablándome suavemente al oído.


“Eres mi mundo. Nunca he querido entregarme a nadie, pero contigo,

siento que ni siquiera todo sería suficiente.” Y tras decir eso, sus embestidas
fueron siendo cada vez más fuertes y pasionales, y de nuevo me llenó a mí
y a mi mundo tan por completo que no quería nada en mi vida que no

fueran los momentos que compartíamos.


Los dos nos corrimos con fuerza y de forma ruidosa, y después nos

quedamos dormidos abrazos, agotados, exhaustos y saciados. En ese


momento, todo era perfecto.

Eso fue hasta que me desperté al rato y caí en la cuenta de que ya me


había tomado la última pastilla anticonceptiva que me quedaba. Sabía que
tenía más en Nueva York, ya que estaba segura de que mi médico me había

mandado mi próxima dosis, pero estaba en México. Recé por que todo fuera
bien. Llegaría a casa esa misma noche. Pero, mientras estaba en el avión, no

pude evitar preocuparme un poco, ya que el día anterior me había tomado la


última píldora temprano, por la mañana, al finalmente habérmelas arreglado

para tomármelas en un horario más cómodo.


Al día siguiente fui a trabajar, a grabar mi álbum, y me olvidé de todo el

tema de las píldoras. Me aseguré de tomarme las pastillas de forma regular


y me dije a mi misma que no pasaría nada. Me quedé con Cayden todas las

noches y raramente me iba a mi apartamento. Cuando lo hacía, era


normalmente cuando Cayden tenía alguna cena de negocios o un evento al

que yo no tenía que asistir y quería estar en mi propio espacio. Aunque a él


le parecía totalmente bien que me quedara en su casa, no siempre me sentía
cómoda sola en ella. Tampoco me sentía absolutamente cómoda sola en la

mía, pero era la mejor de las dos opciones.


Cayden y yo estábamos pasando por un buen momento. Tenía que ser

vista de su brazo a menudo y no me importaba arreglarme y hacer el papel


de chica elegante y a la vez sensación musical en ciernes. Me di cuenta de

que encajaba bien en el papel. Ocupamos los titulares varias veces y mucha
gente especulaba sobre mis oportunidades de ganar el Grammy, ya que

Angel era la canción que más sonaba en la radio. Tenía entrevistas en


emisoras de radio, programas de televisión, podcasts, revistas… Me

comprometí con escuelas, centros de caridad y canté en un par de eventos


en directo con Taylor y su banda, lo cual hizo que echara de menos a mis

chicos, que ya estaban en su casa. Aunque me gustaba trabajar con


diferentes artistas, nadie podía compararse con mi gente, que sabía cómo

vibrar conmigo.
Así que, pese a estar bien y a haber encontrado mi rollo, en parte estaba
apagada. Había pasado más o menos un mes desde nuestro viaje a México y

echaba de menos lo bien que Cayden y yo lo habíamos pasado allí.


Hacíamos el amor todas las noches, sin saltarnos una sola vez, y yo seguía

sin darle una respuesta directa sobre su propuesta de matrimonio, aunque


tenía suerte, porque él no había vuelto a preguntar. Supuse que mi suerte se

acabaría tarde o temprano, pero, en ese momento, no estaba preocupada por


ello. En vez de eso, estaba mirando el calendario de mi teléfono, intentando
planear cómo iba a crear más canciones y hacer publicidad ese día cuando

me di cuenta de que no me había llegado la regla. Había estado tan ocupada


que no había prestado demasiada atención a ello hasta que caí en la cuenta
de que me había saltado por completo mi menstruación. Mi estómago se

hizo un nudo.
No podía pedirle a Kevin que fuera a la tienda a por un test de

embarazo, porque era demasiado cercano a Cayden, y no confiaba en la


mujer que estaba organizando mi campaña de publicidad. Tuve que

aventurarme e ir a la calle yo sola para comprar un test de embarazo. Me


puse una sudadera oscura, unos pantalones de chándal holgados y nada de

maquillaje. Esperaba ir lo suficientemente de incógnito como para ir a la


tienda que había al otro lado de la calle y comprar un test de embarazo.

Aunque tenía miedo de que alguien me descubriera, nadie lo hizo. Conseguí


ir y volver, y compré seis test de embarazo, dos de cada marca. Me tomé

absolutamente todos, y todos decían lo mismo… Embarazada. Me senté en


el suelo de mi baño y lloré, menos mal que Cayden estaba en Atlanta en un

concierto de Million Male y no estaba aquí para presenciar cómo me


enfrentaba a mi ruina.
Capítulo 30
Cayden

Era la noche de los Grammy y llevábamos en pie desde las seis de la

mañana, preparándonos para el gran evento. Genevieve no había accedido a


casarse conmigo y, aunque estaba desanimado por ello, también lo
comprendía. Ella era real. Todo en la belleza real y talento de Genevieve

tenía que ser respetado. No era el tipo de mujer a la que se le pedía formar

parte de un matrimonio falso y, aunque yo le había pedido hacer


precisamente eso, no podía negar el hecho de que el efecto Genni estaba

funcionado. Cada vez más, la prensa nos mencionaba de forma positiva.


Hablaban de lo guapa y talentosa que era Genni y de lo bien que nos parecía

ir juntos, como si yo hubiera enterrado mis días como picaflor y como

resultado mi corazón hubiera crecido. No podía negarlo, el cambio en la

opinión pública era refrescante.


Quería presionarla a que dijera que sí, y sin embargo no tenía el valor

para hacerlo. Ella se merecía más de lo que yo estaba preparado para darle.

Así que tenía una fecha en mi mente, la noche de los Grammy. Me había

dado tiempo a mí mismo hasta esa noche para volver a tratar el tema de la
propuesta de matrimonio. Pensé que, si le ofrecía dinero a Genni, nuestro

matrimonio sería lucrativo para ella y de esa forma yo mostraría mi

agradecimiento. Sin embargo, sabía lo poco que le gustaba aceptar dinero.

Iba a centrar mi propuesta en darle cualquier cosa que necesitara para ser mi

esposa. Pensé que tres años sería una buena cifra con la que empezar y, en
ese tiempo, llenaría su cuenta del banco sin su conocimiento. Para cuando

nos divorciáramos después de esos tres años, ella sería multimillonaria.

Claro que también iba a ganar mucha pasta por sí misma, así que me sentía

bien al no sacar el tema del dinero y en vez de eso pedirle que firmara un

acuerdo de permanecer conmigo durante al menos tres años. Iba a pedírselo


después de los premios. Si ganaba, sería una forma de celebrarlo. Si perdía,

la perspectiva de nuestro matrimonio podía verse como un consuelo.

Era lo último que necesitaba de ella. Había disfrutado mucho de nuestro

tiempo juntos y los seis meses habían pasado volando. Los siguientes tres

años serían fáciles. Esperé, con ganas de ver la gran revelación de su

vestido para los Grammy mientras bajaba las escaleras. Estaba

deslumbrante. Llevaba un largo vestido gris de seda con incrustaciones de


diamantes que brillaban, al igual que las mechas de su pelo escarlata. Ni

una sola mujer que había conocido en toda mi existencia había estado tan

preciosa como ella lo estaba esa noche.


“Estás tan impresionante que no tengo palabras,” murmuré con

vergüenza.

Nunca estaba nervioso por mis artistas. Ganábamos Grammys y los

perdíamos, y ganábamos más que perdíamos, pero, con Genni, estaba más

estresado que nunca. Quería que ganara y viviera el momento para ser

consciente de que se merecía todo en su futuro. Toda canción que componía


y cantaba era un éxito. Era una leyenda, y ella no tenía ni idea de ello.

“Gracias, Cayden.” Tenía la gracia de una reina.

Esa noche nos sentamos junto a otros grandes artistas con los que

compartimos mesa y todos ellos, llevando en el negocio durante buena parte

de su vida, elogiaron el talento de Genni. Para cuando se estaba anunciando

su categoría de premio, Genni estaba preparada para ganar. Taylor estaba

sentada en otra mesa, así que, cuando el presentador dijo sus nombres,

Taylor miró hacia Genni y le mandó un guiño. En silencio, Genni me cogió

de la mano y esperó a que el presentador abriera el sobre, y casi tengo que

recogerla del suelo cuando dijeron su nombre. Habían ganado. El resto de la


noche fue borrosa. Hubo felicitaciones, fiestas, comida y vino. Por su

emoción, Genni apenas comió, y solo bebió agua. Dijo que estaba

demasiado abrumada como para beber y que se quería mantener bien hasta

que estuviéramos a salvo en mi cama, escondidos del mundo.


Una vez estuvimos duchados y desnudos, acurrucados bajo las sábanas,

ella me besó con dulzura y dijo, “gracias por todo. No estaría aquí si no

fuera por ti.”


“Tarde o temprano, hubieras llegado hasta aquí,” le dije, porque era la

verdad. “Te merecías el Grammy, y ganarás muchos más, lo sé.” Le devolví

el beso mientras mi polla se endurecía.

Mis manos jugaron con sus pechos y ella chilló un poco y cogió aire.

Me había dado cuenta de que, en los últimos días, sus pechos estaban muy

sensibles a mi tacto. Mis dedos bailaron por sus pezones y, por mucho que

me encantaba lo sensitiva y receptiva que era a mi atención, sus gemidos y

estremecimientos me recordaron a cuando Sarah actuaba del mismo modo.

Entonces pensé en la última vez que Genni había tenido la regla y no lo

recordaba. No obstante, había estado fuera durante unos días, quizás la

había tenido mientras yo estaba en Atlanta.

Me moví de sus sensitivos pezones a la suave ladera de su estómago.

Tenía la forma perfecta, y la diminuta peca que tenía sobre su ombligo y por

la que estaba obsesionado era un círculo perfecto. Me gustaba dibujar una

línea con mi lengua desde esa ligerísima imperfección hasta el borde de su

vagina, que era suave, rosa y cálida. Ella sabía a luz y a especias y, en

cuanto puse mi boca sobre ella, se rio como siempre hacía.


Me encantaba que tuviera cosquillas, y a menudo me aprovechaba de

ello, conseguir que se rindiera era muy divertido. Esa noche no estaba

siendo diferente mientras usaba mi boca para hacerla gritar mientras mis

dedos pasaban por sus muslos internos, poniéndola húmeda de deseo.

“Sí,” dijo sin aliento. “Por favor, Cayden. Te deseo.” Suplicó por mi

polla mientras sus brazos me acercaban y se colocaba debajo de mí para que

todo lo que tuviera que hacer fuera un simple movimiento.

“He pensado,” me aguanté encima de ella, “que podríamos hablar sobre

nuestro matrimonio.” Sabía que no era el mejor momento para sacar el

tema, pero la noche estaba a punto de terminar, y había hecho un trato


conmigo mismo.

“Te prometo que mañana podemos hablar de lo que quieras, pero esta

noche solo quiero hacer el amor.”

Y eso hicimos. A la mañana siguiente, al despertarnos, ella estaba más

blanca que un fantasma. Por un instante pensé que quizás tenía resaca, pero

no había bebido nada en la fiesta de los Grammy, de hecho, lo único que

había bebido en toda la noche había sido agua. Di por hecho que tenía un

bajón de azúcar.

“¿Te encuentras bien, cariño?” Le pregunté, expresando mi

preocupación.

“No mucho,” gruñó mientras se tambaleaba torpemente hacia el baño.


Mis instintos se dispararon; Sarah actuó de la misma manera cuando se

quedó embarazada.

Sabía que Genni se estaba tomando las píldoras anticonceptivas y, sin

embargo, en el fondo de mi mente, algo me decía que estaba embarazada.

No había tenido la regla en un tiempo. No es que llevara las cuentas, pero

conforme pensaba en ello, había pasado el tiempo suficiente como para que

el embarazo fuera una posibilidad real. Salí de la cama y fui hacia ella, que

estaba inclinada ante la taza del váter, enferma. No estaba vomitando, pero

se encontraba igualmente mal.

“¿Estás bien?” Pregunté, pasando mi mano por su espalda.

Ella se quedó quieta durante un momento, mientras pasaba la

tempestad, y después se puso de pie, aún un poco temblorosa, y sonrió.

“Serán los nervios.” Fue hacia el lavabo y se lavó los dientes.

“¿Nervios? Amor, has ganado el Grammy, ¿por qué estás nerviosa?”

Se giró hacia mí con lágrimas manando de sus ojos. “Creo que puede

que esté embarazada,” susurró.

“Yo también lo creo,” dije en voz baja, dejando que la llama de

electricidad que me estaba atravesando el cuerpo se calmara.


Si hubiera sido yo mismo, habría arremetido inmediatamente contra

ella, pero era Genevieve, el ser humano más maravilloso que tenía el honor

de conocer. No podía hacerle daño deliberadamente.


“Llamaré al médico y le pediré a Kevin que nos traiga unos test de

embarazo,” le dije.

“No hace falta.” Se desplomó sobre el borde de la bañera. “Ya me he

hecho seis pruebas.” Las lágrimas que habían estado acumulándose en sus

párpados comenzaron a caer por su cara.

“No podemos tener un bebé ahora mismo,” le dije suavemente mientras

me ponía de rodillas frente a ella y cogía sus manos con las mías. “Algún

día, Genni. De verdad, algún día, podría tener un bebé contigo. No está
fuera de mi ámbito de posibilidades. Eres la primera mujer con la que de

verdad consideraría empezar una familia y para mí ese es un gran paso


hacia delante, pero no podemos hacerlo ahora. Acabas de empezar tu

carrera y tu vida está a punto de estallar, es imposible que tengas tiempo de


estar embarazada y mucho menos de tener un bebé.” Sé que lo que estaba

diciendo era duro, pero estaba intentando ser bueno y cariñoso, tanto como
podía.

Me miró con esos preciosos ojos brillantes que tenía y dejó que las
lágrimas siguieran cayendo, ni siquiera apartó sus manos de las mías para

limpiárselas.
“No voy a abortar,” susurró. “Yo criaré sola a la niña… o al niño.” Tras
decir eso, comenzó a sollozar con fuerza, y suavemente apartó sus manos

de las mías y se fue al dormitorio.


Mientras lloraba, buscaba en los cajones para ponerse algo limpio. Yo
estaba un poco atónito, ya que estaba viviendo un déjà vu. Hacía diez años

que le había dicho a Sarah algo parecido. Genni no estaba enfadada, solo
destrozada. Desafortunadamente, el shock nubló todos mis sentidos y,

durante el tiempo que me llevó recobrar el sentido, ella se había vestido y


ya estaba saliendo de la habitación.

“Podemos solucionar esto,” le dije mientras pasaba por delante de mí y


se alejaba por el pasillo.
“No te casaste con Sarah, por lo que no tienes por qué casarte conmigo.

Dejaremos de lado tu propuesta. Cuéntale al mundo que te he puesto los


cuernos y que el bebé es de Marlon. Él recibirá esa bala por mí. He estado

dándole vueltas a esto y podemos contar que tuve un lío, que me quedo con
él y que vamos a volver a cantar juntos. Tu sello puede dejarme. No será

malo, tú seguirás pareciendo el tipo bueno que ha recibido un poco de su


propia medicina. El karma. Funcionará. Puedes seguir usándome para

limpiar tu reputación y yo volveré a Texas y a ser Genevieve Green de


nuevo.” Dijo mientras le caían lágrimas de los ojos. Había pensado mucho

en el plan de escape. Iba a recibir el balazo para proteger mi reputación.


Aunque era bonito, era ridículo.

“Aún no sabemos si estás realmente embarazada. Al menos vamos a ver


a Gannett y que nos confirme el embarazo, por favor. Después pensaremos
en qué hacer.”
“Claro, coge cita,” dijo, aún en voz baja.

Mi corazón golpeaba con fuerza y me encontraba un poco mal mientras


sacaba mi teléfono y llamaba al médico. Fui a mi despacho y cerré la

puerta, ya que había preguntas que pretendía hacerle que no quería que
Genni escuchara. Al igual que Genni, Sarah nunca consideró la idea de

abortar, pero yo quería conocer todas las opciones que existían. Si había
otra forma de que Genni y yo hiciéramos esto, quería que ella pensara en

ello. Quizás podríamos transferir el embrión a un vientre subrogado. De esa


forma Genni y yo tendríamos más tiempo para arreglar las cosas. Si Genni

no tuviera que llevar el bebé y estar visiblemente embarazada, podríamos


continuar como hasta ahora. Tenía que saber qué otras opciones tenía y,

para ser sinceros, estaba orgulloso de incluso reconsiderar opciones.


No podía forzarla a abortar y no quería que me dejara, así que, si

encontrábamos un vientre de subrogación para que llevara el bebé, quizás


podríamos decidir si la adopción sería una buena opción para nosotros. En
el peor de los casos, tendríamos un bebé juntos que sería dado a luz por un

vientre subrogado y criado por niñeras y empleados… Al menos así ella


mantendría su hijo. Era algo en lo que había que pensar. Claro que, en ese

momento, no consideraba al bebe como mío. Genni había dicho que quería
quedarse con él, así que estaba pensando en maneras en que ella pudiera
hacerlo. Me consideré un héroe en ese momento, pero tenía que contarle

todo eso de forma suave. Sería mejor si se lo explicaba el médico, así yo no


parecería tan cabrón.

Me sentí un poco mejor al solucionar todo en mi mente. Lo cierto era


que el pensamiento de perder a Genni me mataba. Podía verla como mi

futuro. No quería renunciar a ella, nunca encontraría a una mujer como ella.
Cuando salí de mi despacho tras hablar con el médico y confirmar que la
subrogación era una posibilidad, me encontraba mejor. Él incluso tenía

gente en lista de espera que estaría dispuesta a llevar el bebé de Genni. Mi


alma se había elevado al saber que teníamos opciones que mantendrían su

embarazo y al bebé alejados del ojo público. Así que, cuando fui a contarle
que había reservado una cita para ese mismo día, listo para consolarla y

amarla… ella se había ido.


Capítulo 31
Genevieve

Decir que estaba embaraza en voz alta y ver la mirada de Cayden era

todo lo que necesitaba saber. Las cosas no iban a funcionar entre nosotros.
Él había sido bueno y no había entrado en cólera, pero eso era porque sus
maneras tranquilas eran su forma de manipular. Ni una sola vez había

considerado tener este hijo, el que había en mi vientre, pero sí quizás otros

en el futuro. Pensar en su reacción hizo que cayeran más lágrimas. Mientras


él estaba en su despacho al teléfono con el médico, yo me había escabullido

silenciosamente de su casa. Fui al único lugar al que podía ir, al vacío y


poco usado apartamento que él tan meticulosamente había remodelado para

mí.

Entré al lugar, se sentía frío, opulento y vacío. Era perfecto. Sé que él

tenía un juego de llaves, así que eché la cadena de la puerta. Necesitaba


espacio, y esa pequeña cadena era la única cosa que podía mantenerlo

alejado de mí. En cuanto encajé la cadena en su pequeña hendidura, me

sentí tanto aliviada como aislada. El lugar tenía unas vistas increíbles de la

bulliciosa ciudad que había bajo mis pies, pero al mirar hacia abajo, hacia
toda esa gente que vivía sus vidas aparentemente sin complicaciones, me

sentí más perdida y sola.

Pensé en llamar a mi madre, pero, después de que mi padre muriera, se

había vuelto distante. Ella no quería que me dedicara a la música y por eso

me fui de casa para perseguir mis sueños. Nos llamábamos en navidades, y


me había mandado un mensaje por mi victoria en los Grammy. Aun así,

seguía sin estar contenta con mis elecciones vitales. Se había casado

después de que mi padre falleciera y tenía una nueva familia. Tenía dos

hermanastros, pero nunca los había visto. Yo era su pasado.

La única persona que tenía en el mundo que me pudiera ayudar era


Peyton. Era hora de confesarse y pedirle sus consejos. Ella era mi mejor

amiga desde hacía años, y confiaba en ella por completo. Nada de lo que yo

había vivido le habría superado a ella. No había hablado con ella desde que

había ganado el Grammy la noche anterior. Me había escrito y dejado

mensajes, pero me había dicho que no me preocupara en llamarla, ya que

sabía que estaría muy ocupada. Era gracioso, pero todo el bullicio de la

victoria en los Grammy, que había pasado hacía apenas unas horas, parecía
como un recuerdo lejano. Sí, estaba recibiendo llamadas, mensajes y

correos electrónicos a todas horas, y tenía entrevistas y publicidad post-

Grammy a las que tenía que ir ese día. Llamé a Kevin y le dije que

reagendara las entrevistas para el día siguiente.


Él estaba bastante enfadado porque no iba a hacer las entrevistas

telefónicas, pero le dije que me había surgido una cosa de prensa y no iba a

estar disponible. Estaba furioso porque me iba a perder muchas

oportunidades de publicidad y estaba igual de cabreado por no haber sido

capaz de dar con Cash. Solo eran las nueve y media de la mañana, tenía que

relajarse. Me preparé una taza de té y llamé a Peyton.


“Ey,” comencé diciendo, intentando sonar contenta.

“Dios mío, me has llamado.” Sé que estaba bromeando; sabía que iba a

llamarla, con fama o sin fama, ella siempre iba a ser mi amiga.

“Para,” dije.

“Bueno, ¿qué se siente al ser una pop star?” Estaba siendo dulce.

“Estoy embarazada.” No podía irme por los cerros de Úbeda; estaba

sufriendo demasiado.

“Oh… oh… vale. Bueno, mm… vale.” Dijo más decidida. “¿De cuánto

estás?”

“Voy a tenerlo.”
“Claro que lo vas a tener.”

Comencé a volver a respirar.

“¿Lo criarías conmigo?”

“Y tanto que sí. Donde quieras, en Nueva York, Texas, Marte, puedo ir

a donde sea. Puedo vender mis pinturas desde cualquier parte del mundo.
Soy tu chica, dime cuándo y allí estaré. Entonces…” Su voz se hundió un

poco. “Imagino que Cash no se apunta.”

“No.” No podía hablar de eso.


“Vale, no hay problema. Me tienes a mí. Todo irá bien.”

“He pensado que quizás podía conseguir que Marlon dijera que es

suyo.”

“Él haría cualquier cosa por ti. Eso lo sabes, pero creo que está saliendo

con alguien. No te preocupes, encontraremos a un padre. De lo único que

tienes que preocuparte es de estar sana y cuidarte bien mientras un ser

humano crece en tu tripa. Ese bebe es todo en lo que te tienes que

preocupar.”

En ese momento, entró una llamada de Cash. La ignoré.

“Entonces, ¿crees que te quedarás en Nueva York o vas a volver a

casa?”

Lo cierto era que no sabía la respuesta a esa pregunta. Tarde o

temprano, tendría que contárselo a mi madre, y había muchas cosas a tener

en cuenta. ¿Seguiría representándome Cayden? ¿Lo necesitaría tras la

victoria en los Grammy? Probablemente podría ir a cualquiera… Todos los

pensamientos se arremolinaban en mi mente y me estrangulaban, así que

opté por lo que sí sabía.


“No lo sé.”
En ese momento, Cayden llamó a mi puerta principal, tal y como

esperaba.

“¿Genni?” La voz de Cayden sonaba en pánico.

Lo ignoré.

“Bueno, tienes tiempo de sobra para decidirlo, ven a casa y deja que

cuidemos de ti.” Dios, necesitaba escucharla decir eso.

“Genni, por favor, solo dime que estás aquí, por favor. Estoy a punto de

llamar a la policía.” Cayden sonada realmente asustado.

“Un segundo, Peyton.” Me giré hacia la puerta, suspiré y después dije,

“estoy aquí, pero… necesito un poco de tiempo a solas.” Dios, esas


malditas lágrimas estaban amenazando con volver a atacar mis ojos

hinchados.

“Genevieve, podemos solucionar esto, no tienes por qué esconderte de

mí. Esto es distinto… Hay algunas ideas de las que quiero que hablemos,

por favor.”

Joder, estaba volviendo a llorar.

“¡Vete!” No podía soportarlo más.

“Vale. Lo pillo, tienes las hormonas disparadas, estás asustada,

desanimada, triste. Voy a dejarte tener un poco de tiempo. Tenemos una

entrevista a las tres en Entertainment Tonight y otra con Grammy.com, pero


van a ser cortas. Un maquillador vendrá a las dos para prepararte y yo traeré

comida. Hablaremos de esto esta noche y mañana iremos al médico.”

Oh, él ya tenía todo planeado. Iba a lanzarme a las vías para conseguir

lo que él necesitaba.

“Voy a tener este bebe, Cash, tanto quieras como no. No voy a abortar o

a darlo en adopción. No tienes por qué involucrarte.” Y empecé a sollozar

de nuevo, consciente de que Peyton estaba al teléfono.

“Quizás debería ir allí,” dijo ella, escuchando el estrés y la tristeza en mi

voz.

“¿Podrías?” Susurré al teléfono.

“Cojo el próximo avión.”

“Yo lo pagaré. Voy a mandarte la información de mi tarjeta de crédito.

Te necesito aquí.” Rebusqué en mi bolso para encontrar los detalles de mi

tarjeta de crédito y se los escribí a Peyton mientras estaba al teléfono.

“Genni, por favor, abre la puerta.” Cayden sonaba desesperado, pero

estaba demasiado asustada como para que me importara.

“Cayden, necesito espacio.” Por fin las lágrimas estaban

desapareciendo.
“De acuerdo. Estaré de vuelta a las dos en punto.” Tras decir eso,

escuché como sus pisadas se alejaban y solté un suspiro de alivio. Tenía


unas cuantas horas para mí hasta que le volvieran a dar la vuelta a mi

mundo.

“Vale. Ya tengo la información de tu tarjeta, Gen. Voy a colgar y a

reservar el vuelo de inmediato. Te veo en nada, ¿vale?”

“Vale. Y gracias, esto significa mucho para mí.”

“Tía, eres mi mejor amiga y siempre lo serás. Voy para allá.”

Por primera vez desde que seis test de embarazo me dijeran que estaba

embarazada, sentí que, quizás, aún había algo de esperanza para mi futuro.
Tenía unas cuantas horas para mí misma antes de volver a afrontar mi

vida. Peyton me había escrito hacía unos minutos diciéndome que ya había
reservado un billete para el primer vuelo que salía mañana por la mañana.

Todo lo que tenía que hacer era mandarle mi dirección y ella estaría en la
puerta de mi casa antes de las once de la mañana. Una lluvia de alivio me

lavó al ser consciente de que ella venía. No tenía otra cosa que hacer aparte
de sentarme hasta las dos en punto, cuando Cayden iba a venir y a

arrastrarme a los eventos de publicidad.


Si él se hubiera emocionado por nuestro bebé o al menos hubiera

preguntado que qué quería hacer, le hubiera abierto la puerta, pero no lo


había hecho, así que lo había dejado fuera y me había refugiado en mi
apartamento, consciente de que tarde o temprano tendría que salir. Eso era

lo que más me dolía, porque, pese a todo por lo que estaba pasando, lo
amaba. Por eso empecé a googlear Cayden “Cash” Coltrane, y averigüé que
su madre no solo seguía viva, sino que vivía a apenas unas manzanas de

allí. Debía de haber algo que Cayden no me había contado, ya que el


vecindario en el que ella vivía era muy rico. Una prostituta que había

recorrido las calles nunca podría permitirse vivir en un lugar así.


Fue sorprendentemente fácil conseguir su información e incluso un

correo electrónico al que poder escribirle, y ese día estaba lo


suficientemente loca como para hacerlo. Le envié un email explicándole
quién era y qué estaba pasando. Me esforcé en sonar dulce y cariñosa,

esperando poder tener una conversación con ella sobre su hijo. No esperaba
conseguir una respuesta y estaba comenzando a odiarme a mí misma por

haberle mandado el correo cuando de repente recibí un email de respuesta.


De hecho, el correo electrónico llegó en menos de cinco minutos.

Hola Genevieve. Gracias por contactar conmigo. Ha pasado mucho


tiempo desde la última vez que vi a Cayden, pero pienso en él todos los

días. Sé quién eres, y estoy disponible para hablar en cualquier ocasión.


Puedes contestarme a este email para hacerme saber cuándo te gustaría que

nos viéramos.
Saludos cordiales,

Crystal.
Todo mi cuerpo se tensó y congeló en el momento en el que vi su
respuesta. Por impulso, o por falta de cordura, le contesté.

¿Está libre ahora?


Me había vuelto completamente loca.

Sí.
Cogí aire y actué con una determinación ciega. Estaba en una misión

para salvar a mi bebé. Haría lo que hiciera falta así que… le contesté.
Voy para allá.

Aparecí en su apartamento veinte minutos después y me sorprendió ver


que el edifico y su casa eran incluso más lujosos que la mía. Una mujer

despampanante de unos sesenta años abrió la puerta y, al verla a ella y la


dulce sonrisa que tenía en la cara, me sentí mejor.
“Entra, Genevieve,” me dijo mientras abría más la puerta.

“Siento mucho molestarla.” Me tragué las lágrimas que querían volver a


caer. “Sé que es una locura aparecer así, es solo que…” Dios, ni siquiera

sabía qué decir.


“No tienes por qué disculparte. Te comprendo totalmente. Siéntate.”

Hizo un gesto hacia una silla de cuero gris que había a mi lado.
“¿Han venido muchas mujeres a usted en relación a Cayden?” Agh,

¿por qué había preguntado eso?


“No, cariño. Tú eres la primera,” dijo la mujer suavemente, y me sentí

como una absoluta idiota. “No obstante, debe de haberte llevado mucho
valor contactarme, así que me alegro de que hayas venido. He escuchado

todas tus canciones, y enhorabuena por tu Grammy, te lo mereces. He leído


y visto todo sobre ti y Cayden, y todo lo que puedo decir es que al fin

parece que mi hijo ha encontrado a una mujer que no solo puede mantenerlo
a raya sino quizás también curar su corazón roto,” lo dijo con tanto amor y

empatía que difícilmente podía creerme que esa fuera la mujer que él me
había descrito como su madre.

Me senté en la silla que ella me había señalado y sonreí. Extrañamente,


me sentía en paz en su impresionante casa. “¿Él tiene el corazón roto?”

Debía de estar en modo automático, porque, de lo contrario, esa no hubiera


sido la primera pregunta que hubiera soltado.

“Sí. Cayden ha tenido una vida muy dura. Creo que buena parte de su
rabia hacia las mujeres se debe a mí, pero no toda. Es duro para una madre

no solo perder la custodia de su hijo sino también perderlo de su vida por


completo. Una vez me quitaron a Cayden, nunca más pude recuperarlo, ni

siquiera después de haber pasado por rehabilitación y terapia. Yo misma me


convertí en terapeuta y ahora ayudo a gente que sufre adicciones. Mis

clientes son gente famosa como Cayden y jóvenes sintecho, también como
Cayden, pero de una manera distinta. Decidí que, si nunca iba a poder curar
a mi hijo, al menos curaría a otros como él. Intento contactarle todos los

años por su cumpleaños, pero él nunca me responde. Seguiré intentándolo


hasta el día en que me muera. Una madre siempre es una madre.”

Y ahí fue cuando empecé a llorar de nuevo, y todo lo que ella hizo fue
ofrecerme un pañuelo… tal y como haría una terapeuta.

“Bueno, cariño, ¿qué te ha traído aquí? ¿Te ha hecho daño?”


“No,” me recompuse lo suficiente para decir. “Estoy embarazada y el
bebé es suyo. Él tiene otro hijo, uno que… bueno, ellos no…” No podía

hacerlo, mis palabras, mi mente… nada me funcionaba.


“Vale. Primero de todo, sé quién es Alex. Su madre me manda fotos y lo
he visitado unas cuantas veces, es un niño encantador. Y ahora tú estás

embarazada, por lo que parece que voy a volver a ser abuela; eso es
maravilloso.” No podía querer más a esa mujer.

Estuvimos hablando durante unas cuantas horas y ella me contó cómo la


trató Clifford Ross, cómo la agasajó con lujos y mentiras y que, como ella

era joven e inocente, cómo le creyó. Tuvieron un hijo que él se negó a


reconocer y, en vez de cuidar de ellos, los dejó tirados en la calle. Ella no

tuvo otra opción que hacer lo único en lo que pensaba que era buena. Su
historia me conmovió. No era una mujer que se había abandonado a ella

misma y a sus principios, era una persona que se hizo cargo de su


sexualidad e hizo lo que tenía que hacer para cuidar de sí misma y de su

hijo.
Cuando el mundo siguió intentando llevarse a Cayden, desde los

policías que la arrestaban por prostitución hasta los trabajadores del


Departamento de Bienestar de Menores que la acosaban continuamente, ella

cayó finalmente en una espiral de desesperación y drogas, algo por lo que


se perdonaría a sí misma, pero que nunca olvidaría.
“No estoy orgullosa de esa etapa, pero sobreviví a ella. Perdí a la
persona más valiosa para mí y siempre me arrepentiré de ello, pero ahora

soy más fuerte y estoy aquí para ayudar a gente que ha pasado por la misma
pérdida que yo. Así que, si quieres seguir adelante con el bebé, nada puede

detenerte, sé consciente de ello.” Era muy cariñosa y alentadora.


“Gracias. ¿Por qué cree que Cayden nunca la ha perdonado?” Sabía que

la pregunta era atrevida, pero es que todo parecía tan injusto para ella.
“Porque me culpa de no haber sido capaz de mantenerlo conmigo. Si

simplemente le hubiera suplicado a su padre para que nos diera dinero, no


lo habría perdido. Y, para ser sinceras, ese es mi segundo arrepentimiento

más grande. Debería haber hecho que su padre reconociera a su hijo.”


Había una verdadera desolación en su expresión. “Pero ahora es demasiado

tarde.”
Y entonces, ya que estaba siendo tan temeraria, un pensamiento pasó
por mi mente. “¿Clifford Ross vive en Nueva York?”
“Sí, su oficina está a unas seis o siete manzanas de aquí.” Frunció el

ceño y me mostró una expresión de confusión.


“Me siento inspirada…” Sonreí, sintiéndome más empoderada que
nunca.
“Y por inspirada quieres decir…” Parecía un poco preocupada, pero me

mostró una sonrisa furtiva.


“No pasa nada por intentarlo.” Estaba sonriendo de oreja a oreja.
“¿Intentar el qué exactamente?”

“Intentar conseguir que reconozca a Cayden ahora.”


“No creo que eso ayudara mucho. Ahora es demasiado tarde, puede que
le vuelva a hacer daño.”
“Puede que sí, pero también puede que no. Ese hombre va a volver a ser
abuelo. Será mejor que sepa que ya tiene un nieto y que viene otro de

camino… Puede rechazarme o puede enfrentarse a las consecuencias.”


“¿Y cuáles podrían ser?”
“Bueno… la verdad. No hago daño a nadie si simplemente cuento la
verdad.”

Ella se rio. “Bueno, puedes intentarlo.”


Y eso es lo que hice en las pocas horas que me quedaban libres. Fui a la
oficina de Clifford Ross sin cita previa en un absurdo intento de reducir la
enorme brecha que lo separaba de su familia rechazada. Quizás mis

hormonas estaban un poco demasiado disparadas… pero me daba igual.


“Perdone, ¿usted es?” Me preguntó una mujer de unos cincuenta años
sentada en el escritorio de recepción.
“Soy Genevieve Green, vengo a ver al señor Ross.”

“No tiene ninguna cita con usted.” Me lanzó una mirada tanto de enfado
como de confusión.
“Lo sé, pero estoy embarazada de su nieto y solo necesito un
momento.”

“De acuerdo, voy a llamarle.”


Y eso hizo. Escuché una rabia explosiva proveniente de una sala
resguardada por paredes de vidrio esmerilado y la mujer me miró mientras
sujetaba el teléfono.

“Lo siento, pero está ocupado. Le llamará si quiere reunirse con usted.”
“De acuerdo. Dígale que soy cantautora y que, si no se reúne conmigo,
escribiré una canción sobre él y la extenderé por todo Internet,” dije con
una enorme sonrisa en la cara.

Ella trasladó mi mensaje a él y se oyó un rugido de rabia que sacudió las


paredes y que pude escuchar perfectamente.
“No voy a ser intimidado por una cantante. Llama a seguridad para que
la echen.”
“Eso no será necesario,” dije suavemente tras haber escuchado toda la

frase. “Ya me voy yo sola.”


El momento fue extraño, pero liberador.
Capítulo 32
Cayden

Esperé en el estudio a que Genni apareciera para su entrevista, pero no

llegaba. Me estaba poniendo realmente nervioso, ya que ella no era de


perderse sus citas, aunque estuviera triste o mal. Había esperado poder
hablar con ella antes de la entrevista, pero cuando había vuelto a su

apartamento, la maquilladora me había dicho que Genni se había ido y no

había vuelto. Le dije que se podía ir. Le mandé varios mensajes a Genni
suplicando que me contestara, y ella lo único que hizo fue asegurarme que

no estaba subida en un avión dirección a Texas.


Unos minutos antes de cuando se suponía que la entrevista debía

empezar, Genni entró en el estudio, se la veía renovada y vigorizada. No

tenía ni idea de lo que le había pasado desde el momento en el que estaba

llorando en mi dormitorio hasta cuando una superestrella segura de sí


misma apareció en el estudio.

“Siento llegar tarde, he tenido una mañana ajetreada.”

Su entrevista fue tan impresionante como ella, y sin embargo estaba

seguro de que algo iba mal. Cuando terminó la entrevista, la cogí del brazo,
suavemente.

“Tenemos que hablar.”

Odié la mirada de miedo que atravesó su cara, pero rápidamente se

derritió en una sonrisa fingida, que era peor aún. Sus defensas estaban en

alto. Cuando entramos en el coche para volver a casa, estaba callada, pero
no sombría ni malhumorada.

“Si te pregunto que qué has estado haciendo todo el día, ¿me lo

contarás?” Comencé diciendo.

Ella se giró y me miró. “Voy a quedarme con nuestro bebé.”

“Sí, eso es lo que quería hablar contigo.”


“También he conocido a tu madre esta mañana.”

Una bomba explotó en mi corazón, pero, en vez de enfadarme, me

quedé quieto.

“Es preciosa y te quiere con locura. Ha pasado por mucho, pero ha

sobrevivido. Y Peyton está de camino, se quedará conmigo en el

apartamento hasta que pueda encontrar otro sitio en el que vivir.”

Todo estaba pasando a la velocidad de la luz.


“¿Qué quieres decir? ¿Encontrar otro sitio? Genni, no ha cambiado

nada, seguimos con esto, te lo prometo. Yo solo… necesito un minuto. Por

favor.” Me sentía totalmente impotente y perdido, algo que solo había

sentido cuando era niño.


“También he ido a la oficina de tu padre,” dijo en un tono que apenas

pude escuchar.

“Wow,” estaba totalmente en shock. “Has tenido un día ajetreado.” No

fui capaz de decir nada más.

El coche se acercaba a nuestro edificio.

“Bueno, ¿de qué querías hablar?”


“He pensado que quizás tu embrión podría ser transferido a un vientre

subrogado.” Supe en cuanto lo dije que sonaba ridículo.

Ella abrió la puerta y salió del coche, después se giró hacia mí,

quedándose de pie en la acera del edificio.

“Voy a volver a mi apartamento a trabajar en algunas canciones. Nadie

va a tocar a mi bebé.” Se giró para dejarme solo, y no podía permitir que

volviera a hacer eso. No quería pasar un momento más sin ella.

“Por favor, no te vuelvas a alejar de mí. No te estoy diciendo lo que

tienes que hacer, solo estoy intentando ayudar buscando soluciones que

sean buenas para los dos.”


“Siento que tú no te alegres de tener un hijo, Cayden,” se giró hacia mí

para decir. “Ojalá este momento llenara tu corazón de amor y esperanza. No

puedo cambiarte, pero tampoco puedo dejar que me hagas daño tal y como

le has hecho a tantas otras mujeres. He ido a ver a tu madre para intentar

entenderte mejor y así poder descubrir por qué dejas a tantas mujeres
emocionalmente heridas por tu camino. Lo que me he encontrado ha sido a

una profesional adinerada y hecha a sí misma que sigue queriéndote y que

piensa en ti todos los días. No podría decir lo mismo del monstruo de tu


padre,” soltó. “Tal vez tu forma de tratar a las mujeres venga de él.” Su cara

se mantuvo seria y tranquila, pero sus palabras cortaban como el acero.

“¿Qué estás haciendo, Genevieve? Esta… esta es mi vida. No deberías

entrometerte.” No estaba tan enfadado como sonaba, solo en shock.

“He hecho lo que tenía que hacer. Mañana te veo.” Tras decir eso,

caminó hacia las escaleras.

“Por favor, no huyas de mí.” Di un paso hacia ella. “Podemos

solucionar esto, habla conmigo.”

Tomó una respiración profunda y comprendí lo difícil que todo esto

estaba siendo para ella. “Podemos hablar en mi apartamento.”

Siguió subiendo las escaleras hacia su aparamento y abrió la puerta. La

seguí adentro y después me quedé detrás de ella y esperé, sin saber muy

bien cómo proceder. Ella dejó el bolso y se quitó la chaqueta, colgándola en

el perchero que había al lado de la puerta, y se sentó en una silla junto a la

ventana, cogió su guitarra, y empezó a tocarla. Lo cierto era que la música

era muy relajante, me ayudó a centrarme más en los dos.

“He hablado con el médico. Tiene unas cuentas ideas para nosotros, si
estás dispuesta a escucharlas.” Me senté enfrente de ella mientras seguía
tocando.

“Sí,” dijo, pero no apartó sus dedos de las cuerdas. Miró con melancolía

hacia la calle de abajo.

“Bueno,” tragué saliva para aliviar el nudo que estaba cerrando mi

garganta. “Hay un procedimiento,” me aclaré la voz intentando centrarme.

“No haría daño al bebé y, si lo hacemos lo suficientemente pronto, no

debería haber mucho riesgo.”

Ella no dejó de tocar, pero me miró, “¿mucho?”

“Así es, no habría mucho riesgo si lo hacemos ahora o en las próximas

semanas, supongo. Mira, que lleves el embarazo a término sería realmente


complicado ahora mismo. No obstante, entiendo que vayas a tener este bebé

sin importar nada y respeto esa decisión. Sé que, si te quiero, ni siquiera me

debo molestar en pedirte que consideres terminar con el embarazo. No

obstante, está la posibilidad de la subrogación. Podríamos hacer que otra

persona llevara el bebé y lo único que tendríamos que hacer sería transferir

el embrión…” mi voz se apagó conforme ella empezó a rasgar la guitarra.

No dijo nada, solo empezó a cantar.

Recuerdo tu cálido abrazo, la mirada de tu cara, supe que serías mi

protector para siempre, mi bendición. Te llamé papá, y tú me sonreíste, y yo

fui tu princesa, y fui la dueña de los cielos, y tu fuiste mi castillo. Nadie te

prepara para el día en el que tu padre muere y, aun así, diré que fuiste y
serás todo lo que siempre necesité, mi fuerte y querido padre, la bondadosa

y cariñosa alma, la persona que cuida de mí… y mi bebé.

Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, y mi corazón se encogió.

Algunos padres son como tú, cariñosos, y algunos viven más aún, pero

otros no tienen tanta suerte, tienen padres que dan la espalda o no están ahí,

padres que no se preocupan, y esos bebés lo único que hacen es quedarse

quietos, mirar la puerta, esperar ver a su padre volver a casa, ¿me quiere mi

padre?

Papá, algún día te encontraré en el cielo y volveré a ver tu rostro, sentiré

tu abrazo de nuevo, y seremos libres, y papá, algún día me mirarás y verás

tus ojos en mi bebé, y veras la belleza que yo veo, algún día, papá.

Pero aquellos que se fueron y dejaron a sus hijos a su suerte, sintiéndose

desesperados y sin ser lo suficiente, esos padres dañan a sus hijos, que

esperan y rezan por que algún día… algún precioso día sean lo

suficientemente guapos, ricos y fuertes como para ser queridos, pero esa no

soy yo, y ese no será mi bebé… no este bebé.

Mi amor, mi amor, con tus preciosos ojos, serás la princesa de los

cielos, el príncipe del mar, mi amor, mi amor, toda la bondad que hay en el
mundo, toda la esperanza y los sueños que se pueden hacer realidad, estarán

ahí para ti, mi amor, mi amor… todo irá bien, te contaré cuentos y
fingiremos que no sabes que son mentira, que no existe un padre en este

mundo que no te quiera.

Las lágrimas se deslizaban en silencio por sus mejillas mientras me

miraba. “Gracias por hablar con el médico. Suena como una opción que

alguien podría elegir si tuviera que hacerlo, pero yo estoy sana. Puedo

llevar este embarazo yo misma. Peyton llega mañana por la mañana;

podremos con todo. Si quieres que me mude, lo haré. Solo dame unos

cuantos días para encontrar otro sitio en el que vivir.” Dijo todo eso con una
cara serena, como si fuera algo que había pensado durante un tiempo y ya

hubiera tomado una decisión.


“No quiero que te mudes. Esto no es el final. Esa canción… ¿Cuánto

tiempo llevas escribiéndola?”


“Un tiempo…”

“¿Es sobre tu padre?” Sabía con exactitud sobre qué iba, pero no podía
enfrentarme a ello. “Y el padre que se va… ¿soy yo?”

Odiaba las palabras que salían de mi boca.


“Tu padre ni siquiera se ha dignado a verme. Le ha dado igual.” Dijo en

voz baja. “Sé por qué eres como eres con Alex, y sé que lo estás
intentando… Es un comienzo. La canción no va de ti, va de tu padre y del
mío. Yo también perdí a mis padres, pero de una forma distinta. Tras la

muerte de mi padre, mi madre pasó página, mi padre lo era todo para mí.
Quizás por eso mi madre no podía soportar quererme por quién era y quién
quería ser. Esta canción va de nuestros padres… y de sus hijos.”

No podía quererla más. Tenía tanta fuerza y serenidad. Me quedaría a su


lado.

“Si quieres tener algo de espacio esta noche, dejaré que lo tengas, y que
tengas tiempo con tu amiga mañana, pero, por favor, no te vayas. No hemos

terminado. Solo dame un poco de tiempo para solucionar esto, es lo único


que te pido.”
“Toma lo que necesites, Cayden.” Me sonrió, era la primera sonrisa real

que había visto desde que había vomitado en mi casa esa misma mañana.
“Gracias.” Y tras decir eso, la dejé ahí con su preciosa canción.

Salí, cerré la pueta, y me quedé un rato más escuchando cómo reforzaba


los acordes y jugaba con la velocidad. Su maestría hacía brillar cada nota.

Conforme entraba en mi apartamento, lo único en lo que podía pensar


era en Genni. Su canción me había emocionado. Por impulso, llamé a Sarah

y le pregunté si Alex estaba libre. Era tarde, pero todos estábamos un poco
locos e impulsivos. Me dijo que estaba dispuesto a volver a verme, algo que

apenas pude creer. De camino a su casa, le pedí a mi conductor que parara


junto a una tienda de deportes y compré una pelota de baloncesto. Me había

dado cuenta de que había una cancha en su complejo de aparamentos, y


había pensado que podíamos tirar unas cuantas canastas antes de que
anocheciera. Me encantaba hacer eso cuando era niño. Jugar al baloncesto
me mantenía alejado de meterme en peores problemas de en los que ya me

había metido.
Me encantó la mirada de Alex cuando aparecí con la pelota. “He

pensado que podríamos jugar en la cancha.”


“No soy muy bueno,” confesó.

“Yo soy peor,” me reí.


“¿Quieres quedarte a cenar?” Preguntó Sarah. “Estaba a punto de asar la

carne.” Me encantó la mirada de bondad en su cara, me recordó a mejores


tiempos entre nosotros.

“Me encantaría.” Y por mucho que estaba echando de menos a Genni,


estaba exactamente donde necesitaba estar… con mi hijo.
Capítulo 33
Genevieve

Trabajé en la canción durante toda la noche, poniéndola a tono, pero

sobre todo manteniendo mi mente alejada de la vida para no abrumarme.


Dormí un rato, me desperté con náuseas, y echaba de menos a Cayden
cuando Peyton llamó a la puerta.

“¡Este sitio es una pasada!” Dijo, entrando con un monopatín de flores y

un chaquetón azul eléctrico. “¿Crees que dejará que te lo quedes?”


“Ey, Peyton,” me reí.

“Ey, tía. Bueno, así que te has quedado embarazada. Lo bueno es que te
has convertido en una estrella, porque Internet se ha vuelto loco contigo.

¿Tienes el Grammy o te han dado uno temporal de plástico?”

“Me han dado uno, pero el real está siendo grabado. Bueno, ¿tienes

hambre? ¿Quieres desayunar? Estoy muerta de hambre y sé de un sitio


genial al final de la calle. Podemos ir a picotear y fingir que no estoy

embarazada.”

“Claro, la negación va bien… Vamos a por tortitas.”


Y eso hicimos. Nos pusimos al día y nos comimos las tortitas de

chocolate más deliciosas de la historia.

“Bueno, ¿vas a contarme cómo estás o no?” Preguntó Peyton,

indagando.

“Estoy triste. Amo a Cayden.” Sus cejas se levantaron, y entendía por


qué. “Es querible. Créeme, hay más en él que solo…”

“¿Buen físico, dinero y una reputación de chico malo?”

“Sí, de verdad que hay más que eso, te lo prometo. Quiere que el bebé

sea transferido a un vientre subrogado, pero le he dicho que no.”

“Dios, qué romántico.” Fingió que tosía.


“Lo sé, pero no ha sido un ‘hemos terminado’ o un ‘yo pagaré el

aborto’, así que dale unos cuantos puntos por ello.”

“Vale, medio punto entonces.” Era mi mejor amiga; se había ganado el

derecho a ser escéptica.

“Entonces…”

“Entonces, voy a tener al bebé, tanto si él quiere como si no. Puedo

hacerlo, no tengo miedo.”


“Estás aterrorizada, pero eres valiente.”

“Bueno, así es como me siento, ahora ya tienes toda la información.” Le

ofrecí una gran sonrisa.

“¿Y Cash?”
“Cash hará lo que él vea. Si se va, cosa que por el momento no ha dicho

que vaya a hacer, pero si lo hace, lloraré y comeré helado. Me inflaré como

un balón de playa, y mientras esté embarazada, cantaré canciones tristes que

o bien elevarán o bien hundirán mi carrera, y pasaré página.”

“Bueno, bien, me alegro de que tengas todo planeado. Supongo que

puedo irme a casa,” se rio.


“¿Cuánto tiempo te puedes quedar?”

“Todo el que necesites. Aunque sé que estás ocupada…”

“He escrito una canción nueva y mañana voy a pedirle a un coro de

góspel que trabaje conmigo. No soy demasiado religiosa, pero tú tienes tus

raíces bautistas del sur… ¿Cómo puedo convencerte de que vengas

conmigo y me ayudes a convencerlos?”

“Hace una buena temporada que no piso una iglesia, pero cuenta

conmigo. Te ayudaré a que se suban al carro. Lo que se me da muy bien es

convencer a la gente a que haga cosas, y que amen a mi mejor amiga y su

música es algo bastante fácil… confía en mí.”


“Gracias.”

Dormimos juntas en la misma cama y, por la mañana, fuimos a la

Iglesia Bautista del Sur de Grace Street, que había trabajado en los álbumes

de otros artistas. Tengo que admitir que esa fue la primera y la última vez

que usé mi conexión con Taylor, ya que ella había trabajado con ellos en el
pasado. Le canté a ella algunas partes de la canción terminada, le encantó, y

llamó con antelación para conseguirnos una cita. Fue mucho más fácil de lo

que esperaba. A las nueve estábamos ensayando y a las cinco en punto del
día siguiente teníamos lista una poderosa balada con un coro de góspel.

Odiaba dejar a Cayden al margen, pero pude usar mi carta de ‘tengo que

aprovechar esto mientras pueda’, y él me dejó que fuera a mi aire. No más

charlas durante unos días, lo cual era bueno para los dos.

La canción quedó preciosa, nunca antes había estado tan orgullosa de

nada que hubiera escrito.

“Eres un genio,” dijo Taylor cuando escuchó la canción. “Bueno, ¿y qué

vas a hacer? Creo que deberías lanzarla, ya que… bueno…” Le había

contado que estaba embarazada.

“Estoy de acuerdo. Voy a colgarla esta noche en Instagram y Twitter…

Deséame suerte.”

“Tú no necesitas suerte, pero encenderé una vela por si acaso.”

“Gracias.”

Y eso hice. Con Peyton a mi lado, cogí el audio de la grabación que

habíamos hecho en la iglesia con el coro y el vídeo que Peyton había

montado con imágenes que había estado filmando durante el día con su

iPhone. Era una verdadera artista, había conseguido algunas imágenes


realmente impresionantes. Mientras yo había estado trabajando en la
canción y grabándola, Peyton había hecho un boceto de una madre y su hijo

con las caras de dos padres mirando, una por encima del hombro de la

madre y otro desde lejos. La imagen era tanto preciosa como inquietante.

Claramente mostraba a una madre con dos padres, uno en espíritu y otro

distante y olvidado. La imagen era tan inspiradora y desgarradora como la

canción, así que grabamos la imagen también y puse en créditos la autoría

de Peyton. Ella la animó usando un software de su ordenador, probando que

era el verdadero genio del grupo. La imagen mostraba a un padre en el

cielo, una madre y su bebé, abrazados, queriéndose, y un padre al otro lado

de la calle mirando y alejándose.


A medianoche, casi cuarenta y ocho horas después de haberle contado a

Cayden que iba a ser padre de nuevo, lancé la canción PADRE en Instagram

y Twitter con los hashtags #papáenelcielo #siempretequerré

#Cashyelcambio #AbueloRoss y presioné el botón de publicar. Papá en el

cielo era fácil de entender, siempre te querré era por Cayden, Cash y el

cambio era por Cayden y su hijo, y Abuelo Ross iba a cabrear a ese hombre

y no podía alegrarme más por ello.

Exactamente una hora después, la canción se había vuelto viral.

“Ciento cincuenta mil,” anunció Peyton. “¿Dónde están las botellas?

Hay que celebrarlo.”


“Tengo un poco de champán Veuve en la nevera de una cosa de hace

unas semanas. Todo tuyo, tía, bebe todo lo que quieras. Yo no puedo, pero

disfruta tú.”

“Cierto, mm… vale. ¿En qué otra ocasión voy a poder beber Veuve?”

Se encogió de hombros y se rio.

Nos lo pasamos bien leyendo los comentarios y las reacciones a la

canción. Si traes un coro de góspel, a la gente le llama la atención. Quizás

el Abuelo Ross seguía durmiendo, pero Cayden no. Un mensaje apareció en

mi teléfono noventa minutos después de que la canción fuera lanzada.

Has VUELTO a lanzar una canción sin estrujar el dinero… ¡agh! :)

Tomé una respiración profunda y esperé a ver qué pasaba después.

Cayden había estado de buen humor y eso era lo mejor que podía haber

esperado. Un par de minutos después, una notificación saltó en mi pantalla

con una foto de Cayden y Alex en una cancha jugando a baloncesto.

“Ey, Peyton, mira esto,” giré mi teléfono para enseñárselo. “Ese es

Alex, el hijo de Cayden.” La imagen era increíble, y el hecho de que

estuviera jugando con Alex era incluso más sorprendente, pero lo mejor de

todo era que él también había etiquetado su foto.


#Meencantaserpapá #AbueloRoss #ybebé2decamino

Mi corazón se encogió y un cosquilleo cálido me recorrió. De repente,

echaba de menos a Cayden, y no quería otra cosa que no fuera estar


desnuda en sus brazos, amándolo. Estaba entrando en razón y además me

comprendía. Entonces, apareció una segunda foto. Era yo recogiendo mi

Grammy. Aunque no les había prestado mucha atención a las fotos, ya que

parecía haber miles de ellas en Internet, esa foto mía era particularmente

bonita, pero el hashtag hizo que me quedara helada.

#CásateConmigoPrincesaDelCielo

“Joder,” exclamó Peyton. “Esto es fuerte.”

Por la mañana, Internet se había vuelto loco. Me desperté en un caos.


Todo el mundo estaba hablando de la canción y de todas las bombas que

habíamos lanzado durante la noche. Mi teléfono no paraba de sonar. No


mucha gente tenía mi teléfono personal, pero aquellos que lo tenían me

estaban llamando. Supuse que una o quizás unas cuantas de esas llamadas
serían de Cayden, pero estaba equivocada, no tenía ninguna llamada de él.

Aunque me acababa de pedir con un hashtag que me casara con él frente a


millones de personas online, no me había llamado.

Me preguntaba si él me echaba de menos tanto como yo le echaba de


menos a él. Aunque me encantaba estar con Peyton y ponerme al día con

ella, me encontré añorando a Cayden. Necesitaba el punto de vista loco y


artístico de Peyton, que era tan refrescante como sabio, pero Cayden me
transmitía un extraño tipo de paz. No me había dado cuenta de la cantidad
de llamadas que él mismo atendía o que Kevin manejaba hasta que me
había quedado sola ante todo, el teléfono sonaba sin parar.

“Bueno, ¿vas a contestar alguna llamada?” Peyton estaba pasmada.


“No terminaría nunca de contestarlas todas. Pueden dejarme un mensaje

hasta que el buzón de voz se llene,” me reí.


“Deberías tener un asistente,” dijo casi con un tono de madre.

“Hasta ahora había estado con Cayden, él se ocupaba de todo.” Me di


cuenta de que dejarlo sería insostenible.
En ese momento llamaron a la puerta, y estaba tanto emocionada como

enfadada.
“Genevieve, ¿puedes darme un minuto?” Era Cayden.

“Estoy aquí.” Peyton se puso detrás de mí. “Podemos con esto.”


Me reí. “En realidad es un buen tío disfrazado de imbécil, todo irá

bien.”
Abrí la puerta y Cayden estaba ahí, de pie, con flores y una bolsa

refrigeradora.
“Hola,” dijo, quedándose quieto, con una especie de efervescencia

infantil.
“Hola,” le contesté sin saber qué más decir.

“¿Puedo entrar?” Preguntó, ofreciéndome el precioso ramo de flores.


“Claro.” Cogí las flores y me moví a un lado, dejándole entrar al
apartamento.

“Hola, Peyton.” Asintió hacia Peyton mientras cogía la bolsa enfriadora


y caminaba hacia la mesa del comedor, que estaba junto a una ventana con

vistas a la ciudad. “He traído el desayuno, si no os importa que me una a


vosotras.” Me miró con grandes ojos enternecedores.

“No me importa,” dije suavemente.


“Yo voy con lo que diga Genevieve, pero, como le hagas daño, me da

igual ir a la cárcel por haberte asesinado. Haría lo que fuera por mi amiga,
así que estás advertido.”

Cayden dejó salir una sonrisa nerviosa. “Sí, señora, pero no tengo
ningún plan de hacerle daño a la mujer a la que amo, así que puedes

relajarte.”
Entonces Cayden abrió la bolsa refrigeradora y sacó un bol de plástico

con fruta fresca cortada a cubos. “Tenéis que saber que la he cortado yo
mismo.” Miré el bol y dentro había un montón de trozos mal cortados.
También había una caja enrollada en un lazo rosa palo, una bandeja con

vasos de café de papel y tapas negras de plástico, y otra caja enrollada, esta
más larga y con otro lazo rosa palo.

“Buen trabajo, Cayden,” le sonreí como si fuera un niño. “¿Qué has


traído?” La curiosidad me había superado.
“Son solo unas cuantas cosas de mi panadería favorita. Peyton, espero

que te guste el cappuccino, no estaba seguro de qué tipo de café preferirías,


pero a Genni y a mí nos encanta el cappuccino de la cafetería Green Hill,

está buenísimo: amargo, dulce, cremoso…”


“Me parece genial.” Los hombros de Peyton se relajaron un poco, se

veía menos tensa.


“Ten.” Le ofreció un café y después me dio otro a mí, y abrió las cajas.
La grande cuadrada contenía bollos de caramelo apilados los unos sobre los

otros, y la larga eran pasteles de varios tamaños y formas. “He pensado que
podríamos darnos un pequeño capricho. Hay bizcocho de caramelo con sal,

después tarta de fruta, cruasanes de chocolate, rollos de canela, pastelillos


de albaricoque… Son todos mis favoritos.” Era como un niño pequeño con

una caja de juguetes que quería compartir.


“Todo tiene muy buena pinta.” Me senté a la mesa y le quité la tapa al

bol de fruta fresca. “Gracias, Cayden.” Le ofrecí una gran sonrisa de


agradecimiento.

“Tu canción… Genni, tu canción.” Parecía estar tropezándose con sus


propias palabras.

“Sí, la canción…” Tomé una respiración profunda.


Esa canción y toda la locura de los hashtags habían cambiado nuestras

vidas para siempre. Estaba bastante segura de que ni yo ni Cayden teníamos


ni idea de qué iba a pasar a partir de ese momento y, durante un instante, los

dos estuvimos igualmente asustados.


Capítulo 34
Cayden

¿Cómo podía decirle que esa canción me había roto por dentro? Me

había hecho querer ser un hombre mejor y me había dado la oportunidad de


sentirme emocionado por mi bebé. Tenía que saber lo que sus letras crudas
y desatadas y su música le habían hecho a mi alma.

“Estuve con Alex y te vimos tocar la canción con tu guitarra, y nos lo

pasamos genial juntos. Le he dicho que voy a ser mejor padre y le he


pedido perdón por fastidiar todo, después le he dado las gracias por darme

otra oportunidad. Sienta tan bien, Genni.” Era extraño que lo primero que
quisiera contarle era que había pasado un buen día con Alex teniendo en

cuenta todo por lo que habíamos pasado.

“Vi la publicación, parece que los dos os divertisteis. Me alegro de que

hayas entrado en contacto con el Cayden; al final será mucho mejor para los
dos.”

“Estoy de acuerdo,” dije mientras le hacía señas a Peyton para que se

uniera a nosotros. “No muerdo, te lo prometo. Ven y siéntate con nosotros.”


Ella sacudió la cabeza como si los dos estuviéramos como una regadera

y se sentó en la silla vacía que había a mi lado. “Entonces, ¿ahora estáis

bien?” Preguntó.

“No sé. Genni, ¿lo estamos?” Me giré y la miré.

“Quiero tener este bebé, Cayden. Quiero llevarlo dentro de mí, quiero
darlo a luz y criarlo como mi hijo… o hija, contigo o sin ti, pero,

sinceramente, preferiría que fuera contigo, porque te quiero.”

La sinceridad en su expresión derritió mi corazón. Era el ser humano

más perfecto que existía.

“De acuerdo. Iremos al médico y haremos lo que haga falta para que te
mantengas sana. Prepararemos todo para que grabes música desde casa y

rebajaremos las entrevistas al mínimo. Quizás nos salgamos del mundo

mediático y así nos podamos preparar para ser una familia.” Una extraña

emoción me hizo cosquilleo al todo comenzar a tener sentido.

“¿Estás seguro?”

“Lo estoy.” Me incliné y la besé en sus suaves labios. “Te quiero,

Genevieve. Conseguiremos que esto funcione.”


“Oh, menos mal,” dijo Peyton mientras dejaba salir un suspiro. Eso hizo

que nos riéramos.

Disfrutamos del desayuno y de la conversación y miré mi iPhone

mientras el mundo se volvía loco con nuestros hashtags sorpresa. Una de las
llamadas que no paraba de sonar en mi teléfono venía del despacho de

Clifford Ross. El mensaje de voz que dejaron era de su abogado, que me

amenazó con demandarme por el hashtag AbueloRoss porque según él era

una violación de sus derechos. Estaba bastante seguro de que mencionar a

tu propio padre biológico no era ilegal, pero de todas formas llamé a mi

abogado y le pedí que enviara una carta formal en la que abordara las
acusaciones. En la carta, mi abogado le ofrecía a mi padre que se realizara

un test de ADN para así aclarar la confusión respecto a su paternidad. Si se

averiguaba que era mi padre biológico, tenía el derecho a hablar de ello

porque yo no había firmado ningún contrato de confidencialidad.

El abogado continuó informando de que Genni y yo no usaríamos más

el hashtag hasta que llegaran los resultados de la prueba de ADN. Le daba a

mi padre un mes para someterse a las pruebas en una clínica de Nueva

York, si no se las hacía, yo tendría derecho a reanudar legalmente el uso del

hashtag porque la negación a tomarse el test se tomaría como una

confirmación de su paternidad.
Ese día, dejamos que el resto de llamadas se quedaran sin contestar. La

vida estaba moviéndose a una velocidad vertiginosa y a mí me encantaba.

Tenía más sorpresas bajo la manga, ya que me había quedado despierto

buena parte de la noche haciendo planes. Tras el desayuno, hinqué la rodilla


y cogí la mano de Genni. En mi bolsillo tenía un anillo de diamantes de

siete quilates esperando a pasar el resto de su vida en el dedo de Genni.

“Genevieve Green, ¿quieres casarte conmigo? Prometo amarte y


respetarte con todo mi corazón y prometo ser el mejor padre que pueda

tener nuestro hijo. Tú me has mostrado que puedo ser un hombre mejor y lo

seré si me das la oportunidad. Nunca he amado a nadie tanto como te amo a

ti y espero que algún día pueda merecer tu amor. Por favor… cásate

conmigo para así pasar el resto de nuestras vidas enamorándonos una y otra

vez.” Tenía lágrimas en los ojos porque sabía sin duda alguna que ella era la

adecuada.

“Sí,” es todo lo que ella dijo, se la veía asombrada y callada.

“¿Podemos casarnos mañana?” Le pregunté, consciente de que yo ya

había organizado todo para casarnos en México, y Peyton soltó un grito

ahogado. “Después de que vayas al médico, por supuesto.”

“Has perdido la cabeza,” se rio Genni.

“Lo digo en serio. Iremos a México y nos casaremos allí. Te prometí

que compraría nuestro bungalow si nos casábamos. Todo lo que tengo que

hacer es transferir el dinero y el sitio es nuestro. Ya lo he arreglado y

oportunamente hay una capilla para bodas rápidas en la misma calle,” y no

estaba bromeando. Ya la había reservado también.


“Nunca he soñado con tener una gran boda ni nada por el estilo, pero

todo esto parece muy repentino y mm… triste.”

Me imaginaba que un lugar de bodas rápidas sería triste, pero merecía la

pena si significaba que podía casarme con Genni pronto.

“Bueno, supongo que, si esto solo es una boda falsa, en realidad no

importa cuándo o dónde nos casemos, así que vale. Los seis meses han

terminado, y sigo queriendo explorar más lo nuestro, así que hagámoslo.

Hagamos que pase.”

De repente, estaba un poco triste, ella no tenía ni idea de que quería

casarme con ella de verdad … y ser su marido hasta el último de mis días.
“No,” dije en voz baja, esperando que me quisiera tanto como yo la

quería a ella.

Ella me miró con una expresión de confusión. “¿No?” Preguntó.

“No va a ser un matrimonio falso. Me voy a casar contigo, Genevieve.

Si queremos, podemos tener una boda real una vez nazca el bebé, pero

quiero estar casado contigo ya mismo. No planeo tener ninguna otra esposa.

Tú serás mi único amor.”

“¿Cayden? ¿Qué estás diciendo?” Parecía que estaba a punto de llorar, y

lo último que quería era hacerle llorar más.

Ya le había hecho suficiente daño.


“Estoy diciendo que estoy enamorado de ti y que quiero que te cases

conmigo de verdad, para siempre.”

“Genevieve, ¿estás bien?” Preguntó Peyton. “Estás… pálida.”

“Es solo que… no esperaba esto,” confesó.

“¿No quieres casarte conmigo?” La mirada de dolor de su rostro me

golpeó y también me preocupó.

“No, sí que quiero, es solo que…”

“Todo es muy repentino, lo entiendo. Pero vivamos esta loca aventura

juntos. Te quiero y nunca voy a dejar de quererte.”

“¿Y qué pasará cuando el bebé sea un horror y el mundo nos vuelva

locos?”

“Bueno, eso solo será un mal día, pero juntos superaremos ese tipo de

días. Te lo prometo. Los dos hemos pasado por mucho, así que podemos

conseguirlo… los dos juntos.”

“Si tú estás dispuesto a intentarlo, yo también.” La dulce sonrisa que se

formó en su cara me dio esperanza.

“Peyton, ¿te importaría venir con nosotros a México durante unos días?

Seguro que a Genevieve le gustaría tener una madrina de honor y mejor


amiga en su gran día.”

“Oh, y tanto que voy, no me podéis dejar fuera de esto,” dijo con una

amplia sonrisa.
“¿Y Kevin viene?” Preguntó Genni, aún parecía confundida.

“Sí, y he invitado a Alex y a su familia para que disfruten de unas

pequeñas vacaciones. Es todo muy repentino, pero, por suerte, me he

rodeado de gente muy espontánea. Estamos todos a bordo. Mi jet privado

sale esta noche y mañana tendremos la peor boda del mundo,” me reí,

intentando aligerar el ambiente.

Esa misma noche, todos nos subimos al jet, y yo me aseguré de que el

ambiente fuera ligero y festivo. Tenía películas para todos los públicos,
aperitivos y un chef preparó una cena deliciosa. El vuelo era de nueve

horas, así que, cuando llegamos a la mañana siguiente, todo el mundo


estaba un poco cansado. Pospuse nuestra boda un día para que todos

pudieran descansar en los bungalós. En parte, le había mentido a Genni, no


solo había comprado nuestro bungalow, los había comprado todos. El

desarrollador seguía siendo el dueño del hotel, y yo era el dueño de los


bungalós con la condición de que tenía que dejarlos disponibles para

alquilar mientras no los usara. Nos pusimos de acuerdo en un precio de


alquiler exorbitante para así en unos años poder recuperar el dinero que

había gastado en comprarlos. No había ninguna parte negativa. Y lo más


importante, Genni, yo y el bebé tendríamos un lugar al que escaparnos si lo
necesitábamos. En cuando abrimos la puerta del bungalow, nos relajamos.

Era la escapada perfecta.


“No me puedo creer que esté pasando todo esto, Cayden,” dijo Genni
mientras se acostaba en el sofá y se quedaba mirando la calmada agua.

“Yo sí que puedo.”


Ella se rio, “sí, bueno, tú has organizado todo esto, así que supongo que

tú sí que puedes.”
“Y todo va perfectamente según lo planeado.” Fingí que me reía con

una risa maligna.


“¿Has pensado bien en lo que vamos a hacer mañana, señor Perverso?”
“Sé lo mucho que odias que te mareen, así que hay una tienda local en

el pueblo que he pensado que podemos visitar hoy. Allí te pueden bordar un
vestido de novia tradicional mexicano. Les he dicho que vamos a ir y están

dispuestos a trabajar con nosotros. Pero aún tenemos unas cuantas horas y
he pensado que podemos bautizar nuestra nueva casa.” Me puse de rodillas

frente a donde ella estaba tumbada y juguetonamente pasé mis dedos por
sus pechos.

Ella se río. “Tú, ¿qué pasa con los peces?” Sus ojos miraron hacia el
cristal del suelo.

“¿Estarías más cómoda en la cama?”


“Sí,” dijo, así que la cogí y la llevé a la cama.

No me llevó nada de tiempo desvestirla y llenar su piel de besos, la


había echado mucho de menos.
Ella respondió como siempre hacía, con suspiros y maullidos mientras
pasaba mi lengua por sus sensitivos pezones, lamiendo sus pequeños picos

y la piel de gallina que se formaba alrededor de ellos, diciéndome que ella


ya estaba lista.

“Ah, Cayden,” gritó, y sus dedos pasaron por mi pelo, poniéndome más
dura la polla.

Era imposible que me lo tomara con más calma; la necesitaba


demasiado.

“Abre las piernas, amor,” le ordené mientras mis dedos se hundían para
comprobar si podía tomarme.

No me sorprendió averiguar que estaba húmeda y expectante, así que la


penetré, sintiendo su estrechez. Estaba en casa. La mirada de adoración en

sus ojos mientras entraba en ella probó que era la única mujer que alguna
vez querría. Sus piernas se enrollaron en mi espalda y la follé con fuerza,

metiéndola y sacándola y sintiendo como su piel rozaba mi polla,


apretándose con cada embestida hasta que exploté en su útero, que ya
estaba ocupado por nuestro hijo. Estaba cegado de deseo y la tomé tres

veces antes de que cayéramos en un aturdido sueño de mediodía.


Apenas nos despertamos, duchamos y vestimos a tiempo para llegar a la

cita que teníamos en el pueblo para el vestido. Elegimos un vestido blanco


sencillo con un escote de pico y un bonito dobladillo con un bordado de

flores.
“Es perfecto,” dijo girando ligeramente.

“Tú eres perfecta,” la besé y le dimos las gracias a la dependienta.


Pagué el doble de lo que valía el vestido para apoyar la tienda, el dinero

extra fue muy bien recibido. Quedamos con Peyton, Sarah y su familia para
cenar en la playa, y pude ver que a Alex no solo le gustaba el bungalow con
su suelo de cristal y las vistas a los peces, sino que estaba emocionado por

tener a toda su familia junta por primera vez en su vida.


“Bueno, Alex,” pregunté mientras todos estábamos comiendo. “¿Te

gustaría que fuéramos a hacer snorkel mañana, después de la boda?”


“¿No vas a querer estar con Genni?” De repente, parecía muy triste.

“Quizás yo también me apunte a hacer snorkel.” Genni sonrió, y su


precioso rostro iluminó el lugar.

“Yo en este caso no me apunto,” dijo Sarah, dándose palmaditas en su


gran tripa de embarazada.

“Yo seguramente me quede con ella,” añadió John, y los dos


compartieron una mirada que conocía muy bien.

Los bungalós eran un lugar para el romance, y me alegraba que tuvieran


la oportunidad de disfrutarlo juntos mientras yo estaba con Alex.

“¿Cuándo te toca dar a luz?” Preguntó Genni de forma dulce.


“Esta previsto en unas seis semanas. Menos mal que Cash ofreció su

avión privado, porque estoy casi segura de que estoy en el límite de la fecha
para no volar. Pero me alegro de que estemos aquí. Gracias por traernos,

Cash, y por invitarnos a compartir el día de vuestra boda.”


“Bueno, estoy bastante seguro de que va a ser la peor boda de la

historia, pero, de todas formas, vamos a pasarlo bien juntos durante los
próximos días, solo nosotros, alejados del mundo.” Miré a cada uno de ellos

y supe que eran las únicas personas que quería que fueran testigos de
nuestra boda, con la excepción de Kevin, que estaba arreglando unos

detalles de última hora y llegaría a la hora de cenar. De hecho, por el


griterío que oí de fondo, debía de estar de camino.

“¡No, no puede ir ahí!” Gritó Kevin con todas sus fuerzas.


“Si él y su zorra pueden ensuciar mi nombre en todo el mundo, y tanto

que puedo ir ahí,” dijo una voz que apenas recordaba.


Sarah se puso blanca como un fantasma y yo giré la cabeza para
encontrarme con Clifford Ross corriendo hacia la playa con Kevin

pisándole los talones. Otros dos hombres lo seguían mientras mi padre se


dirigía furioso hacia nuestra mesa, que había sido colocada en la arena con

velas y antorchas para crear ambiente. Justo estábamos empezando una


maravillosa cena cuando él llegó a joderla.
“¡Mamá!” Alex empezó a entrar en pánico mientras Genni se ponía de
pie y caminaba hacia él.

Estuve a punto de detenerla, pero me di cuenta de que no sería capaz de


evitar que hiciera algo que ella ya había decidido y, en realidad, era la
persona más adecuada para esa misión. Si alguien podía domesticar a ese

gilipollas, sería ella, de eso estaba seguro.


Capítulo 35
Genevieve

Estaba confusa, sorprendida y totalmente cabreada, un montón de

emociones me recorrieron al ver a Clifford Ross dirigiéndose hacia nuestra


mesa. No podía permitir que molestara a la familia de Cayden, así que,
como yo había sido la que le había dejado salir de su jaula, yo sería la

persona que se enfrentaría al problema.

“¿Le puedo ayudar en algo?” Pregunté mientras me ponía frente al


hombre.

“¡Me has arruinado la vida!” Se detuvo. Por un instante, parecía que


fuera a golpearme en la cara.

“No, usted solito lo hizo hace mucho tiempo, cuando se alejó de la

mujer que estaba embarazada de su hijo. Eso no tiene nada que ver

conmigo. Es el abuelo de ese niño.” Asentí hacia Alex con la cabeza,


parecía que el chaval estuviera a punto de llorar. “Y es el padre de Cayden.

Desafortunadamente, también es el abuelo de mi hijo que está por nacer, así

que, por como yo lo veo, tiene dos opciones: o da un paso hacia delante y se

comporta como padre y abuelo o se va por donde ha venido y espera a que


todo el caos desaparezca, y vive con las decisiones que ha tomado. Puede

que sea capaz de tiranizar a todo el mundo, pero nunca me tiranizará a mí.”

Me mantuve en mis trece, sin miedo a nada, aunque lo cierto es que debería

haber estado asustada.

“¡No tengo por qué ser responsable de lo que hizo esa zorra!” Acusó,
señalando con un dedo a Sarah.

Cayden se levantó y se acercó a Clifford. “¿Has venido hasta México

para arruinar mi boda, pero no eres capaz de levantar un solo dedo por ser

padre desde unas cuantas manzanas más allá? Tenemos seguridad y voy a

hacer que te tiren de esta propiedad. No sé cómo nos has encontrado o qué
te has pensado que conseguirías viniendo hasta aquí, pero te vas. Este es un

resort privado y tú no estás invitado. Te doy un minuto para que te gires y

desaparezcas. Si quieres limar asperezas, tenemos el resto de nuestras vidas,

pero no voy a dejar que arruines mi boda.” Cayden sacó su teléfono y

comenzó a escribir. “Yo diría que, que fueras pillado aquí con los

pantalones bajados, por así decirlo, sería un movimiento de publicidad

mucho peor que un pequeño e inofensivo hashtag.” Cayden estaba a punto


de presionar el botón de enviar cuando Clifford lo detuvo.

“¿Por qué me estás haciendo esto?” Me preguntó, pareciendo un poco

más indefenso de lo que lo había estado hasta ahora.


“Lo he hecho porque Cayden es el padre de nuestro hijo y también de

Alex, y él se está esforzando por cumplir ese papel. Usted es la razón por la

que él se alejó de su hijo. Usted le hizo sentir que no merecía su tiempo,

que su madre era una inútil y que, a la vez, él no merecía la pena. Usted

creó esta familia y después se alejó de ella. Pese a su abandono, ellos han

conseguido ser personas exitosas. Crystal es una terapeuta que trabaja con
supervivientes de traumas, y ya conoce a Cash Coltrane. Ellos dos se han

creado su propio camino en este mundo sin usted, y estoy segura de que mi

hijo hará lo mismo, pero mire lo que se está perdiendo. Ya se ha perdido

muchas cosas buenas que su hijo a hecho, como ayudar a jóvenes sintecho a

salir de la calle y sacar a los pandilleros de las bandas y llevarlos a

grabaciones de discos y escenarios. Tiene un nieto que aún está buscando su

lugar en el mundo, y un nieto aún por nacer que quizás ni siquiera le llegue

a conocer nunca. Algún día, morirá solo y desamparado, ¿y por qué?

¿Porque fue demasiado orgulloso como para comportarse como un padre?

Hoy ha mostrado sus verdaderos colores, señor Ross, y lo cierto es que son
demasiado feos como para que a nosotros nos gusten. Váyase a casa antes

de que sea echado a patadas y viva otro escándalo de publicidad. Vuelva a

Nueva York. Sé que nunca será el padre que esperaba que pudiera

reconciliarse con Cayden, así que desaparezca. Lo cierto es que, si no


quiere a su familia, no existe nadie sobre la tierra que sea más inútil que

usted.” Me quedé ahí, quieta, esperando a que se fuera.

Él se me quedó mirando y yo le miré a él, no con odio, sino con lástima,


y fue esa confrontación la que lo rompió.

“Mi padre me abandonó,” comenzó a contar, “y golpeaba a mi madre,

así que supuse que estuvo bien que se fuera. Cuando Crystal se quedó

embarazada, yo… yo sentí que podía acabar siendo como él. Era un hombre

horrible y no estoy orgulloso de quién era en aquel entonces. Tú llegaste a

mi oficina, señorita Green, y me recordaste quién fui una vez, y fue como si

le hubieran resucitado de la tumba. Y ahora yo soy él.” Parecía estar triste.

“No tiene por qué ser él; puede ser un hombre mejor. Su hijo está aquí,

su nieto está mirando, tiene la oportunidad de ser alguien distinto.

Acabamos de empezar a cenar, venga y siéntese con nosotros. Tenemos

comida de sobra. Fui a su oficina para ofrecerle una segunda oportunidad de

tener una familia, y ahora están aquí, puede irse y perdérselo o puede

quedarse. Esa es elección suya, pero lo que haga hoy le afectará el resto de

su vida.” Podía ver la soledad y rabia que había en sus ojos, sabía que

nosotros éramos todo lo que él tenía.

Sarah se puso de pie y habló. “Únase a nosotros… por favor. Nos

gustaría conocerle. Siéntese y denos una oportunidad, y nosotros haremos


lo mismo por usted.”
Estaba muy contenta de tener el apoyo de Sarah mientras John la cogía

de la mano, dándole fuerzas. Alex ya no se veía asustado, por el contrario,

parecía sorprendido. Sin decir una palabra más, Clifford Ross se sentó en la

silla vacía que había en la mesa mientras sus guardaespaldas se quedaban

detrás y vigilaban. La comida estuvo deliciosa y, mientras que la

conversación fue muy incómoda al principio, fue Peyton y su actitud

animada y de ‘me importa todo una mierda’ lo que rompió el hielo.

“Bueno, ¿y a qué te dedicas exactamente?” Le preguntó a Clifford. “A

ver, sé que eres el hombre más rico de Estados Unidos, pero, ¿qué haces?

¿Tienes un producto estrella o simplemente gestionas cosas como el espacio


exterior? ¿Vendiste tu alma al diablo?” Ella se rio, sin importarle

absolutamente nada.

La respuesta de Clifford fue enigmática. Tenía algo que ver con

inversiones, fondos especulativos y temas de economía que iban más allá de

mi comprensión, pero Peyton consiguió animar la cena, al igual que el vino

que Sarah, Alex y yo no bebimos. Nosotros tomamos cócteles sin alcohol,

fue divertido. Al final de la noche, Clifford tuvo el corazón suficiente para

hacer algunas confesiones.

“Algún día seré un hombre viejo. Sé que el camino será largo, pero

estoy dispuesto a comenzar ese viaje si vosotros también lo estáis,” confesó

finalmente.
“Bueno, entonces, no hay nada más que hacer aparte de que nos

acompañe mañana en nuestra boda,” dije con entusiasmo, aunque la cara

que puso Cayden no tuvo precio.

Y Clifford Ross nos acompañó en la boda. Fue un evento sencillo pero

precioso. Ni de lejos fue la boda más horrible del mundo. En cambio, fue

encantadora y pequeña, tal y como la hubiera querido.

Ocho meses después, estaba dando a luz en la sala de parto, gritando

mientras me esforzaba por que naciera el bebé Coltrane. En el tiempo tras

nuestra boda, Cayden y yo nos acercamos cada vez más a medida que

derribamos los muros que habíamos erigido para mantenernos a salvo.

Cuando nos dimos cuenta de que éramos el espacio seguro el uno del otro,

finalmente estuvimos bien. Él era y siempre sería mi mejor amigo. Peyton

era mi hermana y, Cayden, mi mundo. Así que, con Peyton a un lado y mi

maravilloso marido al otro, empujé como una loca para sacar a nuestro hijo,

¡fue duro!

“¡Lo estás haciendo genial, cariño!” Intentaba animarme, pero yo era

una bestia cabreada.

“Nunca más voy a dejar que tu polla se acerque a mí,” grité.


“Sé que no lo dices en serio, pero, ahora mismo, estoy de acuerdo con

todo lo que digas.” Se mantuvo tranquilo mientras yo rugía.


Yo era una guerrera, pero ese pequeño bebé no quería hacer su gran

entrada. Decidimos no saber su sexo hasta el día del nacimiento, así que

tenía muchas ganas de conocer a la persona que había estado moviéndose

dentro de mí todos esos meses.

“Aghhh,” gruñí.

“Ya lo tienes, ya está casi fuera,” añadió Peyton, y me giré hacia ella y

apreté los dientes.

“Nunca hagas esto,” gruñí. “Sálvate tú que estás a tiempo.”


“Eso dices ahora, pero sabes que quieres seis hijos. En unos cuantos

años estarás aquí otra vez, y quizás yo esté a tu lado,” dijo con una sonrisa.
“¿Seis?” Por un momento, Cayden tuvo mala cara. “Por ahora vamos a

pasar por este.”


“Es hora de empujar,” nos informó el médico.

Así que empujé, exhalé y me esforcé mucho por sacar a ese pequeño
bebé de dentro de mi cuerpo… Y, finalmente, lo hice, y sentí una lluvia de

alivio.
“Enhorabuena, señor y señora Coltrane, ha dado a luz a… ¡una pequeña

y preciosa niña!”
“¿Una niña?” Cayden murmuró, estaba blanco como la nieve.
“¿Te encuentras bien?” Preguntó Peyton.

“¿Es una chica?” De verdad que tenía pinta de que se iba a desmayar.
Yo estaba un poco cabreada, “¿qué pasa con que sea una chica?”
“Apenas soy capaz de ser un buen padre con un niño, ¿cómo voy a criar

a una niña? Va a odiarme.” Parecía que estuviera a punto de llorar.


“No, cariño mío. Si se parece a mí, va a adorarte.”

Y así fue. De hecho, la mayor parte del tiempo, ella prefería estar con él
en vez de conmigo, y eso era porque él se había vuelto totalmente loco. La

adoraba como un fanático obsesionado. Tuve que echarle la bronca varias


veces porque tenía una carrera profesional que no podía descuidar. Kevin
había sido ascendido a socio y hacía un montón de trabajo mientras Cayden

se quedaba en casa adorando a su hija y saliendo con su hijo.


Yo seguí escribiendo canciones y grabándolas, incluso después de que

Ava naciera. Cayden, por el contrario… Bueno, Cayden, mi querido


marido, estaba hecho un desastre. De hecho, fue en el aniversario de seis

meses de Ava cuando finalmente le hice una intervención. Él estaba


corriendo como un loco, como siempre, llevaba a Ava en sus brazos y

estaba buscando un pequeño vestido rosa que debía estar en la lavadora. No


se había peinado en días. Seguíamos haciendo el amor todas las noches, así

que se había dado una ducha después de hacerme ver la luna la noche
anterior, por lo que olía bien, pero no se le veía nada bien. No había

dormido toda una noche en seis meses y no había duda de que había llevado
lo de ser padre a otro nivel. Cuando Ava estaba durmiendo o conmigo, él se
iba con Alex a la cancha de baloncesto que había construido en nuestro
patio. De hecho, Alex venía cada dos semanas, ya que su hermano pequeño,

Aiden, acababa de nacer. Aunque le encantaba tener hermanos bebés, a


veces necesitaba un poco de tiempo para sí mismo, así que cuando Cayden

no estaba preocupándose como un loco por el bebé, estaba pasando el rato


con su hijo. No obstante, ese día, había cambiado sin éxito alguno el pañal

de Ava y estaba cubierto de caca de bebé. Esa semana, Alex estaba con
Sarah, y se suponía que teníamos que estar yendo al aeropuerto para coger

un avión hacia Washington D.C. para el Baile del Legende, el lugar en el


que nos habíamos conocido hacía dos años.

“Vale,” dije, cogiéndole el bebé. “Necesitas darte otra ducha y echarte


una siesta. El avión sale en cinco horas. Yo me ocupo.” Levanté a Ava

mientras me sacaba una teta para darle el pecho. Le di a Cayden una toallita
de bebé para que se limpiara la caca que tenía en el brazo. “Ducha… y

siesta.”
Él me lanzó la mirada de rendición más dulce que existía. “De
acuerdo.”

Miré su cara somnolienta mientras dormía y me di cuenta de que era el


amante, marido y padre perfecto. Estaba deseando pasar el resto de mis días

sobre la tierra con él, y estaba muy agradecida por tener a mi lado no solo a
un compañero fantástico sino también a un precioso bebé con la maravillosa
cara de su padre y mis ojos. No podía estar más feliz… o más agradecida

por la familia que tenía.


Epílogo
Genevieve

Llegamos al Baile del Legende a tiempo. Nuestra niñera se quedó con

Ava en el hotel mientras Cayden y yo pasábamos una más que necesitada


noche juntos. Tenía planeado darlo todo esa noche y tomarme el primer
sorbo de alcohol desde que había descubierto que estaba embarazada de

Ava. Fue genial volver a ver a Peyton, Eliza, Harper y Ophelia, estar con

mis chicas sentaba de lujo. Cayden también parecía estar feliz. Los chicos,
Andre, Asher y Reid, vinieron a su rescate cuando mi pandilla se abalanzó

sobre él. Iba un nuevo amigo con ellos, un tal Ryan McCallister, que era un
multimillonario que vivía en Argentina. Como uno de los nombres más

destacados dentro de la industria del turismo, los tíos estaban muy

interesados en preguntarle por viajes, ya que a todos los padres les

encantaba llevar a sus familias de vacaciones. Ryan era un amigo de Reid,


que había ganado su tercer mandato como senador. Él conoció a Ryan

mientras trabajaba en un acuerdo de comercio con el gobierno de Argentina.

A los chicos parecía irles bien solos, así que disfruté de un poco de tiempo

de chicas.
Todas las pinturas de la sala eran de Peyton, eran realmente exquisitas.

Algunas eran de mujeres llevando muy poca ropa, pero todas reflejaban su

poder como mujeres. Eran de diferentes etnias y hacían diferentes trabajos,

y aun así todas eran dueñas de su sexualidad y su fuerza. Las pinturas eran

muy sexis y seductoras, pero, sin embargo, también empoderadoras. Estaba


orgullosa de ella. Peyton estaba flipando porque Ophelia le acababa de decir

que alguien acababa de comprar todas las pinturas.

“¿Estás de coña?” Peyton se estaba volviendo totalmente loca. “¿Me

estás tomando el pelo? Eso son más de cincuenta mil dólares. ¿Quién tiene

ese dinero?”
Y en ese momento, el sexy y adinerado Ryan caminó hacia nuestra mesa

con los demás hombres animándole detrás de él.

“Yo lo tengo.” dijo sin rodeos. “¿Eres la artista?”

La cara de Peyton se puso roja. “Sí, soy yo,” dijo.

“¿Te importaría que te robara un poco de tu tiempo para hablar sobre

ellas?”

Incluso yo, que estaba locamente enamorada de mi marido, sentí como


se me aflojaban las piernas. Tenía un acento sexy y una mirada ardiente,

Peyton iba a meterse en problemas.

“Claro,” dijo Peyton mientras se ponía de pie y lo cogía de la mano.

“Me encantaría.”
“Parece que el Legende es el lugar donde sucede el amor,” dijo Ophelia,

y todos nos reímos, pero no estaba equivocada.

Miré hacia Cayden y, en ese momento, nuestros ojos se encontraron. La

mirada de amor que brillaba en ellos lo hacía con tanta intensidad que supe

que él me quería tanto como yo siempre le querría a él. No importaba dónde

estuviéramos o qué hiciéramos, seríamos nuestro particular felices para


siempre.

Cayden

Había sido el mejor año de mi vida. Criar a Ava y conocer a mi hijo

Alex fueron las cosas más maravillosas en las que nunca me había

esforzado. Aun así, lo mejor era ser el compañero de mi mujer. Cada día

que pasaba me enamoraba más de ella. Veía su preciosa cara reflejada en la

de mi hija, y me maravillaba ante lo afortunado que era por tener a dos

mujeres fuertes junto a las que envejecer. Las dos eran muy parecidas,

diplomáticas, pero decididas. Ava aprendió a caminar a los diez meses, y ya

estaba empezando a cantar. Incluso teniendo tan solo un año, tenía un tono

bastante bueno. Yo ya estaba haciendo planes para mi hija, aunque a

menudo su madre me miraba de reojo.


El álbum de Genni había conseguido ser disco de platino y estaba

nominada a tres premios Grammy, incluyendo a álbum del año. Ya no vivía


bajo la sombra de Taylor, aunque seguían siendo amigas cercanas.

Decidimos que lo mejor era que yo me quedara en casa con los niños y ella

fuera a los Grammy con mi madre. Si podía, usaría al bebé como excusa
para escabullirse pronto. Si los dos hubiéramos ido, hubiera sido más

difícil, ya que yo tenía obligaciones con otros artistas, así que envié a Kevin

en mi lugar y me mantuve fuera del ojo público tal y como había estado

haciendo durante todo el año. Le dije a mi empresa que me estaba tomando

un tiempo libre más que merecido para estar con mi familia, y estaba

disfrutando de cada momento. Había invitado a Sarah, Aiden, John, Alex y

mi padre para que vinieran a ver los Grammy desde casa.

Ese año los Grammy estaban siendo celebrados en el Madison Square

Garden, bastante cerca de casa. Todos gritamos como locos cuando

Genevieve ganó el premio a mejor actuación femenina, y optaba al de mejor

canción, pero nos desanimamos al ver que lo perdía por otra de las artistas a

las que representaba. Solo quedaba un premio por ser anunciado y era el de

álbum del año. Tras ganar uno y perder otro, podía sentir el estrés de Genni

aunque no estuviera allí con ella. Cuando el presentador dijo su nombre y el

del resto, vi como la cámara enfocaba su preciosa cara.

“¡Oh, sin duda va a ganar este!” Dijo mi padre mientras aguantaba a una

Ava durmiente en sus brazos.


“Eso espero,” añadió Alex cruzando los dedos, sentado junto a su

abuelo.

Sarah me mandó una mirada de ánimo. “Está preciosa, y su

interpretación de Padre en directo ha sido muy buena. Es increíble, Cash.

Va a ganarlo, puedo sentirlo.”

Tomé una respiración profunda y dije, “lo hará.”

¡Y lo hizo! Nos volvimos locos; había ganado el Grammy a mejor

álbum del año. Fue un momento increíble en nuestra casa. Iban a hacer una

entrevista en directo y un resumen del show al final, pero, extrañamente,

Genni no estaba ahí. En vez de eso, la puerta principal se abrió, y ahí estaba
ella con su deslumbrante vestido de diamantes.

“¿Me he perdido la fiesta?” Preguntó, parecía la reina del mundo.

“Has llegado justo a tiempo.” La besé y sonreí con orgullo.

Suavemente, cogió el bebé de los brazos de mi padre y entró a casa con

mi madre a su lado. “¿Puedo traer a una invitada extra?” Preguntó, riéndose

mientras mi madre entraba detrás de ella.

“El show ha sido increíble,” dijo mi madre. “Creo que la gente que

estaba sentada a mi lado se ha cansado un poco de que les dijera que

Genevieve era mi nuera, pero, ¿qué más da? Es mi nuera,” dijo mientras

abrazaba a Genni.
Genni le sonrió a mi madre mientras se acurrucaba a mi lado. “Te

quiero,” dijo, y apoyó su cabeza en mi hombro. “Nunca hubiéramos llegado

hasta aquí sin ti.” Miró alrededor de la sala, hacia todas las caras felices.

No quería contradecirla, pero no hubiéramos estado en esa habitación,

sentados juntos como familia, de no ser por ella. No obstante, eso ella lo

sabía, así que todo lo que dije fue, “te quiero y siempre te querré…”

Y así fue…

EL FIN
Querido lector,

Realmente espero que hayas disfrutado mi libro—significa muchísimo

que lo haya leído. Te quiero pedir un pequeño favor, podrías hacer un lindo

comentario en Amazon. No tengo los fondos para una gran casa editorial y

los comentarios son la mejor publicidad que puedo tener.

Y como una pequeña sorpresa para ti, en las siguientes páginas


encontrarás una muestra de mi novela “En Su Oficina”. ¡Espero que la

disfrutes!
Muestra: “En Su Oficina”
Capítulo 1
Robert

“¿Dónde está ella?”


Me paro frente a la recepcionista de la oficina, y soy consciente de que

parezco una torre a su lado. Ella es baja, y sentada es una pequeña bola de
energía nerviosa. Ella me mira hacia arriba como lo haría con un

rascacielos. Yo sonrío internamente, una temible reputación es construida


en tales momentos. El tipo de reputación de la que estoy muy orgulloso de

tener.
“¿Señor?”

La recepcionista murmura, casi inaudiblemente.

“Mi asistente, ¿Dónde está?”


Saludo en dirección a su escritorio, pero no aparto la mirada de la

recepcionista. El color se realza paulatinamente en sus mejillas. Ella


también se va hundiendo lentamente en su silla, cada vez más bajo, y parte

de mí es tentado a quedarse ahí parado el tiempo suficiente para ver si

eventualmente se desliza completamente fuera de ella.

“No lo sé, señor”


Dice.

“Creo que la vi salir hace unos cuantos minutos, pero no sé a dónde”.


Continúo mirándola fijamente. Mis cejas fruncidas, dejando que mi

disgusto la empapara. No era realmente su trabajo mantener un ojo en mi

asistente, me recuerdo a mí mismo después de algún tiempo. Deja en paz a

la pobre mujer.

“Muy bien”
Le digo.

“Cuando si aparezca, por favor dile que venga a mi oficina de

inmediato”.

La recepcionista asiente con la cabeza, el alivio en su cara es evidente.

Creo que La oigo suspirar mientras me doy la vuelta y me alejo de su


escritorio. Ojos me siguen mientras vuelvo a mi oficina, como siempre lo

hacen. Conversaciones desaparecen, las sonrisas se borran de las caras y

hay un falso y antinatural silencio en cada estación por la que paso. Bien,

Todavía siguen aterrados de mí.

De vuelta en mi escritorio, saco los archivos de Mendel y comienzo a

buscar entre ellos. Esto va a ser un caso difícil, posiblemente el más difícil

con el que he tenido que tratar. Pero de nuevo, todos mis casos han sido
difíciles. En aquellos días, cuando apenas estaba empezando antes de que

tuviera un récord imbatible por el que preocuparme, todo lo que quería era

ganar cada caso, dominar todas las batallas en el tribunal. Y como las

victorias comenzaron a acumularse, la presión creció exponencialmente.


Ahora, cada vez que recibo un nuevo caso, la preocupación está ahí, en el

fondo de mi mente. ¿y si este es aquel que no puedo descifrar? Usualmente,

me encojo de hombros con bastante facilidad. Ningún caso es imposible de

ganar, me gusta decirme a mí mismo. Pero este no es como los otros casos.

Esta vez, estoy enfrentándome al poder de la más grande empresa de

fabricación en el país.
La presión es la más alta que ha habido. No puedo permitirme caer en

este caso, por lo cual no entiendo por qué esa maldita asistente eligió hoy,

de todos los días, para desaparecerse de la oficina. Ella debería estar aquí.

Deberíamos estar discutiendo la estrategia que le pedí que elaborara,

hablando de los detalles del caso. En lugar de eso, estoy moviendo mis

pulgares mientras la espero. No, no lo permitiré. Cuanto más espero, más

agitado me pongo.

Después de revisar el reloj por centésima vez, me harto y cierro la

carpeta. empujo mi silla hacia atrás y me pongo de pie. Recorro la longitud

de mi oficina por un minuto, luego giro hacia la puerta, con la intención de


volver hacia la recepcionista y hacerla trizas un poco más, Pero no tengo

que hacerlo. Miro hacia arriba para ver a mi asistente medio caminando,

medio corriendo hacia la oficina. Sus zapatos hacen pequeños sonidos

galopantes que resuenan en el pasillo mientras ella se acerca.


Sus brazos están cargados con varias bolsas, las cuales ella deposita en

su escritorio afuera antes de apresurarse a mi oficina. Su expresión es varias

variaciones de aterrorizada. Sin duda ha oído que la estaba buscando, y sabe


que tan malo es que ella no estuviese allí. Es literalmente su trabajo, y una

de una larga lista de reglas absolutamente inflexibles que le metí en la

cabeza cuando la contraté. No importa qué, debes estar ahí cuando te

necesito.

“Lo siento mucho, Sr. Hardy”

Dice ella, retorciendo sus manos con ansiedad. Me mira con ojos

suplicantes, implorando, deseando que lo deje pasar, sólo esta vez. Como si

eso fuera posible.

“¿Recuerdas lo que te dije durante tu entrevista?”

Le pregunto, mi voz mucho más tranquila de lo que yo me siento

realmente.

“eh, sí, señor”

Ella suena insegura.

“¿Qué dije sobre tu trasero?”

“Que le pertenece, señor”

“¿Y?”

“Que debería estar aquí si me necesita y cuando me necesite. Antes de


que piense que lo hará”.
Ah, bien. Ella recordó las palabras exactas.

“Entonces, ¿Dónde estabas?”

Le pregunto.

“Yo… eh… yo… tuve unos cuantos asuntos personales…”

“¿Durante las horas de trabajo?”

“Lo siento mucho, señor…”

“Ya dijiste eso”

Ella parece estar a punto de llorar. Sus ojos están muy abiertos, y está

parpadeando un tanto demasiado rápido. Sus labios están temblando

también. Ella mueve la boca sin palabras, claramente sin saber qué decir.
“Claramente, tienes cosas más importantes que atender”

Digo.

“Odiaría interponerme entre tú y lo que sea que haya sido tan urgente

que necesitaste dejar la oficina en mitad del día sin decírmelo. Tal vez

debería liberar tu agenda, para que no tengas que correr de un lado a otro de

esta manera”

“¡No! Por favor, Sr. Hardy… estoy muy…eh, me disculpo. fue un error;

no volverá a suceder…”

“¿Cuánto tiempo has estado aquí, señorita Woods?”

“Dos semanas, señor”

“Qué vergüenza, Duraste más tiempo que la mayoría”


El record actual es de cuatro semanas y cinco días. Ella registra el uso

del tiempo pasado, y puedo ver el dilema en su rostro, preguntándose si

todavía hay algo que ella puede decir para salvar la situación o si es una

causa perdida.

“¿tu escribiste esto?”

Alcanzo el escritorio y recojo un delgado montón de documentos, y

luego los muevo frente a ella.

“¿Qué es eso?”

Ella pregunta, olvidándose por un minuto de lucir asustada y optando

por la confusión en su lugar.

“No tengo ni idea de lo que es”

Yo digo.

“Al principio, pensé que era el informe te pedí que escribieras esta

mañana, el resumen de todos los casos que hemos manejado que involucran

malversación. Pero cuando lo revisé, me di cuenta de que no es posible que

sea eso. No, esto, si es que es cualquier otra cosa que no sea una plagiada,

gramaticalmente aborrecible mezcla de palabras. Debe ser tu última súplica

para que te saque de tu miseria. Y por desgracia, Creo que debo hacerlo”
“Yo no… yo no…”

“Estás despedida, Srta. Woods”.


Aquí es normalmente cuando empiezan a llorar, rogar, o enfadarse y se

lanzan a los insultos. Si tengo suerte, hubiesen estado trabajando en un

discurso de “vete a la mierda”, y este es más o menos el momento donde

normalmente deciden soltarse con los improperios. ¿Qué más hay que

perder?

A su favor, la señorita Woods… y parece que no puedo recordar su

primer nombre… no hace nada de eso. Ella frunce los labios y me mira

fijamente durante varios minutos. Luego todo su cuerpo se desinfla, y se


encoge en la resignación. No hay pelea de su parte. Ningún intento de

negociar o amenazar. Y así es como sé que tome la decisión correcta.


Necesito a alguien con un exterior más duro y la capacidad de luchar por lo

que quiere. La señorita Woods tiene sus buenas cualidades; es muy buena
con los clientes, y ha dominado mi horario casi a punto. Pero ella nunca me

confrontaría a mí o a cualquiera. Ella nunca ha ido más allá de lo necesario


por el trabajo, prefiriendo mantenerse a los márgenes más estrictos de la

descripción de su trabajo. No es una luchadora. Francamente, me sorprende


que haya trabajado para mí todo este tiempo.

“Yo, eh … gracias por la oportunidad, señor Hardy”,


Ella se las arregla para decir. Su voz es temblorosa y baja. Puedo
apostar a que está poniendo cara de valiente, tratando de aferrarse a su

dignidad, pero va a romperse tan pronto como salga de mi vista. Siento una
breve necesidad de decirle algo amable, para tratar de suavizar el golpe de
cualquier manera que pueda. Pero el impulso se va en un segundo, sería

poco profesional. Robert Hardy no tiene tiempo para agarrarse de las


manos.

“Por favor, limpia tu escritorio mañana por la mañana”, le digo.


“Susan de recursos humanos se encargará de tu último cheque. Oh, y

voy a necesitar mis llaves, por favor”.


Una vez, olvidé tomar mis llaves de vuelta y un antiguo asistente
personal se escabulló en mi oficina y destruyó todos mis documentos, luego

me dejó una gran pila de mierda real en la alfombra. No voy a cometer ese
error de nuevo. La señorita Woods se ve absolutamente malhumorada

mientras deja caer las llaves en mi escritorio. La observo silenciosamente


mientras vuelve a su escritorio. Escucho los aburridos sonidos de ella

dejando caer cosas en una caja, empacando sus pertenencias. Su proceso es


lento, metódico, casi como si esperara que yo cambie de opinión en el

proceso. Como si al verla empacando su engrapadora, me vea vencido por


la culpa y nostalgia por todos los documentos que ella grapo para mí, y

luego la llamaré de vuelta y la dejare ir con una advertencia. Bueno, ella


está tristemente equivocada. Yo soy muchas cosas, pero no soy nostálgico.

Y ahora necesito encontrar otra Asistente Personal. Otra vez. estoy


empezando a perder la cuenta.
El teléfono suena, repentino y estridente, y lo alcanzo disimuladamente.
“¡Bobby maldito Hardy!”

Conozco esa voz. la reconocería en cualquier lugar, y me pone la piel de


gallina. Incluso por teléfono, Daniel Goldman suena como un completo

imbécil. Es presumido y seguro, y habla con un lento, casi sureño arrastre


de palabras que chorrea una confianza no ganada. En todos los años que lo

he conocido, él nunca ha estado en el Sur. Sólo es algo que decidió que


empezaría a hacer, probablemente porque él pensó que le daría carácter. No

lo hizo.
“¿Qué quieres, Goldman?”

Pregunto, tratando de no mostrar la irritación en mi voz. Puedo oír la


sonrisa en su voz, y no me gusta. Nunca son buenas noticias cuando Daniel

Goldman está feliz por algo, y son especialmente malas noticias si me llama
por eso.

“Oh, ¿todavía no lo sabes?”


Dice, todavía riéndose, Regodeándose, Colgando el cebo delante de mí.
“No tengo tiempo para esto, ¿No sé qué?”

“Hmm. Ahora casi deseo no haber llamado, sólo para poder ver la
mirada en tu cara cuando te presentes para la declaración y me veas sentado

frente a tu cliente. Pero entonces no podría vivir conmigo mismo si te


enteraras de alguna otra forma”
“¿Por qué…?”

Entonces viene a mí, el pensamiento repentino y no deseado. Y el


darme cuenta es como tener un cubo de agua helada volcado sobre mi

cabeza.
“¿Mendel te contrató?, ¿estás persiguiendo el caso?”

“Ding ding ding! Quieren ganar, así que sí. Les aconsejé que fueran con
alguien que les garantice una victoria, y eso es justo lo que hicieron”
“Y desde cuándo esa persona eres tú?” Digo, mi labio rizándose.

“Qué gracioso, me preguntaron exactamente lo mismo, ¿Y sabes lo que


les dije? Simple. Sólo hay un hombre que se ha enfrentado a ti y ganó”

“No ganaste, Goldman. El cliente llego a un acuerdo extrajudicial”


“Te destrocé, y lo sabes”

“Sigue diciéndote eso a ti mismo si es que te ayuda a dormir por las


noches”

“Está bien, Bob. No necesito esa pequeña victoria por tecnicismo. Te


dejaré tenerla porque sé cuánto significa tu tonto récord imbatible para ti.

Pero voy a por ti esta vez, amigo. Y te lo puedo decir gratis incluso antes de
que vayamos a tribunal; no ofreceremos o aceptaremos un acuerdo en

ningún momento del caso”


“Bueno, es bueno saber que todavía te engañas, Goldman. Ahora si me

disculpas, tengo trabajo real por hacer”


Cerré el teléfono un poco más fuerte de lo que pretendía, las cosas se

han vuelto más difíciles de lo que nunca fueron. Daniel Goldman. Mierda.
El hombre que identifiqué en días buenos como mi archienemigo, y en días

peores como mi enemigo mortal. El mayor imbécil que conocí y por más
que odie admitirlo, uno de los mejores abogados litigantes del país.

No he estado preparándome para enfrentarme a él, cualquier estrategia


que estuviese considerando se iría automáticamente por el caño. Luchar

contra Daniel requiere un enfoque diferente. El lado legal de las cosas es


importante, y el hombre es un abogado brillante. Pero ahí no es donde se va

a ganar la batalla. Con Daniel, la clave es mantener su atención fuera del


caso real, de cualquier manera posible.

Al pasar de los años, nos hemos enfrentado unas cuantas veces. Y esa
simple estrategia funcionó casi siempre. Tengo que distraerlo. ¿Pero cómo?

Este es exactamente el tipo de cosas para las que uno necesita una asistente.
Si tan sólo el bastardo hubiese llamado antes de que yo despidiese a mi
última asistente. Pero no, este es el caso equivocado para la señorita Woods.

No sobreviviría ni un segundo contra la presión que Daniel es capaz de


ejercer. Necesito una nueva cara, alguien lo suficientemente nueva que

Daniel no vea venir, pero a la vez lo suficientemente competente para


manejar el rigor de trabajar en un caso.
Usualmente confío en las agencias de empleo para enviarme solicitantes
para la posición de mi asistente personal. Me he convertido como en una

leyenda allí, gracias al hecho de que sigo enviando a sus solicitantes a casa.
La señora que se ocupa de mis solicitudes una vez bromeó que el día me
proporcionara alguien que dura todo el mes, ella se retiraría porque ningún

logro profesional superaría eso. Hoy, sin embargo, no estaré usando la


agencia.

No estoy preparado para el escrutinio y tener que explicarle a una


mocosa por teléfono, ¿Qué pasó con el último? Sabiendo que está torciendo

los ojos y marcando otra x en mi página. Además, me he cansado de las


mismas jóvenes que me envían, es casi como si pensaran que tengo una

preferencia. Necesito algo diferente; Alguien que no sólo haga el trabajo


por la paga, alguien que realmente se preocupe por representar al cliente y

hacer lo que sea necesario para ayudarlos. Necesito a alguien que pueda
seguir mi ritmo; alguien que puede hacer doble, como asistente y segunda

silla. Y necesito a alguien que pueda sumergirse en las trincheras y ensuciar


sus manos porque este caso va a exigirlo. Si resultan ser guapas y jóvenes,

entonces eso será un delicioso bono, Uno necesario considerando que La


gente nunca cambia, y Daniel Goldman enloquece por una joven y bonita

cara si alguna vez he visto una.


Capítulo 2
Amelia

Miro la página sin verla en realidad. Palabras saltan hacia mí, algunas
teniendo sentido, otras como sólo una colección de letras sin significado.

Incluso Leo y releo la misma oración una y otra vez, entendiéndola cada
vez menos. Eventualmente, me rindo. Cierro el libro de golpe y miro hacia

la pared frente a mí. Examen en 2 semanas, incluso ese desafortunado


recordatorio no es suficiente para que encuentre ganas de estudiar. Ahora

tengo un nudo permanente en la garganta, cada vez que pienso en el


examen. Pero en vez de que ese miedo y pánico me conduzca a mis libros,

hace exactamente lo opuesto.

Parece que no pudiese concentrarme, No tengo idea de porqué, es un


ciclo vicioso; estoy demasiado estresada para estudiar, y el no estudiar me

estresa. Ness no parece tener el mismo problema, ella está echada sobre su
estómago en la cama, sus piernas bailando en el aire mientras usa su

teléfono, envidio su libertad, su actitud despreocupada. Cada segundo que

no estoy estudiando, estoy entrando en pánico o enloqueciendo, pero Ness

no, no te hubieses enterado que las dos tenemos que sentarnos para el
mismo examen.
Ness y yo hemos sido compañeras de cuarto desde el primer día de

universidad, nos conocimos en el cuadrilátero. Cliché, pero nos tropezamos

la una con la otra e hicimos clic enseguida, y estábamos demasiado

asustadas de arriesgarnos a vivir con alguien más. Ella es también mi mejor

amiga, a pesar de que no pudiésemos ser más diferentes. Mientras yo soy


ansiosa y obsesiva, Ness es animada y extrovertida, una interminable fuente

de energía. Ella lo quiere hacer todo; ir a cada fiesta, besar a cada chico,

bailar cada canción. La mayor parte de tiempo, este contraste es drástico,

cómo lo es con nuestros enfoques en el estudio.

Hay más en la vida que sólo la escuela, le gusta decir a ella. Ness no
cree en matarse en nombre de las calificaciones, lo cual es el polo opuesto

de mi propia filosofía de entrar en pánico constantemente por obtener

calificaciones lo suficientemente buenas y pasar el examen de barra para así

poder lograr mis metas. No es que ella no lo intente; Ness es una de las

personas más naturalmente brillantes que conozco. Ella puede ver o

escuchar algo sólo una vez y se le queda grabado en la cabeza, eso es otra

cosa sobre ella de la que estoy locamente celosa. Así que, naturalmente, ella
parece haber olvidado qué tenemos un examen dentro de pocas semanas, un

examen muy esencial. No pienso haberla visto abrir un libro alguna vez.

“hey, conoces a los gemelos Smith?”


Pregunta repentinamente, quitando la vista del teléfono y mirando hacia

arriba por primera vez en un largo rato, la implicación no me es extraña.

Todos conocen a Los Smith, sí, pero ¿tú los conoces?

“Si, todos conocen a los gemelos Smith en el campus”

Digo.

“Ellos harán esta fiesta de fin de año en el salón Delta, y por lo que las
personas están diciendo por internet, va a ser épico”.

Me encojo de hombros.

“cuál es tu punto, Ness?”

“¿Mi punto?, Jesús, Amy. ¿Por qué eres así? ¡Mí punto es que

deberíamos ir!”

“Oh. No, gracias tengo que estudiar…”

“Has estado estudiando todo el día! ¡Y toda la semana! Por lo menos

necesitas un descanso, vamos. No puedes encorvarte en esa silla cada hora

de tu vida”

“sabes que odio las fiestas, Ness”


Estoy intentando cambiar el tema. La única manera de exitosamente

decirle no a Ness es lanzar tantas excusas hacia ella que no pueda

esquivarlas todas.

“Esto no es sólo una fiesta, es probablemente la última antes de que nos

graduemos”
“Celebraré graduarme cuando pase estos putos exámenes”

“Oh dios mío, mujer, detente. Eso es exactamente por qué tú deberías

venir a esta fiesta. Has estado tan preocupada por el examen que ni siquiera
eres tú misma, mira lo que te está haciendo, apuesto que ni siquiera notaste

qué tienes papitas en tu cabello”

Alcanzo el desastre que es mi cabello, y efectivamente, mi mano regresa

con polvo de papitas.

“No voy a escuchar tus tonterías el día de hoy”

Ness continúa.

“Vas a venir conmigo a la fiesta”

“probablemente no conoceré a nadie ahí”

Digo, con mí voz pequeña.

“Eso sólo puede ser algo bueno, significa qué puedes cometer algunos

errores y nadie lo recordará, además, estaré contigo toda la noche, así que

no debes preocuparte por ello”

“¿te refieres hasta que termines arrastrada por algún tipo y desaparecer

por el resto de la noche?”

“No haré eso, lo prometo. aunque no mentiré, he estado queriendo

meterme entre ese sándwich Smith…”

“Ew, Ness! Eso es asqueroso!”


“Que mojigata, vamos entonces. Vistámoste, no quiero ni pensar que

monstruosidades hay en tu clóset”

La fiesta es exactamente tan ruidosa como lo esperaba, el estruendo de

la música nos golpea incluso antes de llegar al salón y está amplificado al

grado enésimo cuando entramos. Hay más personas aquí de lo que he visto

en un solo lugar en el campus, y eso incluye los teatros de conferencias.

Parece que todos han venido, la presión de los cuerpos es como una pared

empujando por todos lados, me arrepiento de haber venido. Ness coge mí

mano, como si sintiese mí titubeo y me guía hacía el corazón de la fiesta.

Ella se detiene cada pocos metros, saludando a extraños aleatorios,


deteniéndose a conversar brevemente con otros. Claramente ella es

extremadamente popular, pero esas no son noticias.

Estoy una penosa falda corta y una camisa floral que está escondida

detrás un cálido suéter. Ness había luchado valientemente contra el suéter

insistiendo en que cubría mi mejor atributo, el cual para ella era mi pecho.

Pero ya había comprometido el largo de la falda, así que ella no iba a ganar

esta. Mi cabello está amarrado con un moño suelto en mí cabeza, de dónde

algunos cabellos seguían escabulléndose y cayendo alrededor de mi rostro,

A pesar de todo, pienso que me veo bastante bien para alguien que no

quería estar ahí en primer lugar.


Ness conduce el camino al alcohol casi en piloto automático, ella nos

sirve a ambas un trago y me pasa un vaso, levantando el suyo en el aire para

un brindis.

“Esta va por cometer algunos errores y ojalá hacer muchas memorias”

Chocamos vasos y tomo un tentativo sorbo de mi bebida. El whiskey

dispara directo a mi cerebro. Cierro mis ojos y toso violentamente por unos

cuantos segundos. Ness se ríe y me da palmadas en la espalda, pienso

escucharla murmurar ‘virgen’.

Una vez que mis ojos paran de transmitir, ella empuja el vaso de vuelta

a mis labios, me las arreglo para tragar esta vez; el sabor me tomó por

sorpresa la primera vez.

“Estás intentando emborracharme?”

Le pregunto a Ness. No puedo evitar notar cuán ansiosa está por

ayudarme a vaciar mi vaso.

“Sólo lo suficiente para que dejes de preocuparte y te diviertas un poco”

Dice ella.

Yo no lo digo, pero dudo que eso vaya a pasar. Las pocas veces que

Ness se las ha arreglado para alcoholizarme en el pasado, me llevaron a


perder la conciencia y despertarme al día siguiente sin ninguna recopilación

de lo que había pasado. No soy buena con el alcohol, nunca lo he sido.


Veo dos tipos acercándose, y enseguida sé que ellos son los Smith. Ellos

están inmaculadamente vestidos y se veían muy cool con sus trajes de

terciopelo idénticos y sus botas de punta de acero pulidas a un alto brillo.

Los Smith son algo legendarios alrededor del campus. Su padre no es nadie

más qué el decano de estudiantes, y su nombre los precede. Son salvajes,

trastornados y ostentosos, creo que la primera vez que los conocí fue en otra

de sus fiestas.

Los chicos ya por si solos son bien parecidos, al estilo clásico de las
estrellas de las películas de los 90. Son gemelos idénticos, pero a lo largo

del tiempo se han distinguido entre ellos por su ropa y personalidad. A


Frank le gustan sus corbatas de lazo, y él es por lejos el más atrevido de los

dos. Su hermano Miles era más callado, más reservado, pero puedes ver en
sus ojos que tenía un aire algo malo.

Ellos saludan a Ness con unos exagerados besos en ambas mejillas. Yo


doy un paso atrás, no queriendo ser arrastrada hacia la conversación,

deseando poder combinarme con la pared más cercana y quedarme ahí hasta
que sea hora de irse. Los escucho hablar de la fiesta y de cómo fue la

oportunidad perfecta para que las personas se introdujeran en las cosas que
nunca tuvieron oportunidad de hacer todo el año. Y hay algo un tanto pícaro
en la forma que Ness sonríe ante ese comentario, mierda, ella iba muy

enserio con lo del sándwich. La conversación no parece que vaya a morir en


algún momento, así que doy varios pasos más atrás, doy la vuelta y me voy
en busca de un baño.

El público parece haberse vuelto más grande, si es que eso es siquiera


posible. Me choco con incontables hombros, me paro en lo que parecen ser

cientos de dedos de los pies, balbuceo mis disculpas, pero ellos se arrebatan
por la música y el zumbido colectivo de las conversaciones en voz alta.

Eventualmente, localizo un baño en el piso en el que estoy, y me agacho


con Alivio. Me quedo ahí adentro el mayor tiempo que puedo. Sólo cuando
empiezo a temer qué Ness me esté buscando, salgo de donde estaba

sentada, lavó mis manos, y de mala gana me reintegro a la fiesta.


En ese corto tiempo, el ambiente parece haber cambiado. La música era

más lenta, más conmovedora, no tan ruidosa cómo antes. La gente que me
cruzaba estaban todos muy o levemente ebrios. Me doy cuenta qué es el

punto en cualquier fiesta cuando las drogas finalmente les han hecho efecto
a todos. Ness no estaba dónde yo la dejé, miro alrededor para confirmar que

yo estaba en el lugar correcto.


A medida que estaba a punto de irme a buscarla, noto el cabello peinado

hacia atrás de Miles Smith. Su hermano no se podía ver por ningún lado, ni
tampoco Ness, me le acerco y toco gentilmente su hombro. El voltea y deja

que su mirada viaje sobre mí, su expresión era extraña; siento que me está
desvistiendo y juzgando, todo al mismo tiempo.
“¿A dónde se fue Ness?”
Le pregunto.

Tengo que gritar para que pueda escucharme. Y pararme sobre los dedos
de los pies para así poder hablarle directo al oído. Él sacude su cabeza,

luego me pasa un vaso que yo reconozco como mío.


“Ella se fue con Frankie” dice él. “sí sabes a lo que me refiero”.

“¿Pensé que ella los quería a los dos?”


Le pregunto, las palabras soltándose de mi boca antes de que pueda

detenerme, filtro, Amelia filtro. Pero Miles solo sonríe.


“lo quiso, pero no me atraía”. Me gustan mis mujeres más…”

Sus ojos viajan sobre mi cuerpo una vez más. Siento los rayos x de su
mirada completamente a través de mí suéter y top, me sentía casi tentada

por tocar su barbilla y decir “mis ojos están aquí arriba campeón”.
“… poco convencional”

Él concluye y sonríe de nuevo como si hubiese dicho la cosa más


graciosa.
Mi corazón a empezado a tamborilear, tomo un inconsciente trago del

alcohol para calmar mis nervios, y luego otro. Es tan típico de Ness
prometer no dejarme sola y después hacerlo a la primera oportunidad,

sabiendo que tan incómoda me pongo alrededor de personas que no


conozco, y lo mucho que odio las fiestas. Hago una nota mental para
expresarle lo que pienso mañana, en verdad debería estar estudiando ahora,

quizá todavía puedo.


Saco mi teléfono para mirar la hora, los dígitos nadan exasperadamente

frente a mí, y por un segundo estoy convencida de que el piso está girando.
Miro arriba y alrededor preguntándome que acaba de pasar, ¿qué tan fuerte

era esa bebida? Intentó dar un paso atrás hacia algo sólido en lo que
sostenerme como una pared. Mi pie se levanta, pero parece no haber algún
lugar para bajarlo nuevamente, cuelga, por una eternidad, en el aire y luego

estoy cayendo. No sé cómo o porqué, pero la siguiente cosa que se es que


mi balance está completamente arruinado; no puedo recordar qué lado es

arriba, abajo, izquierda o derecha.


El cuarto completo da una poderosa sacudida y el piso se apresura a

encontrarme, unas manos fuertes me agarran antes de que llegue al piso,


pienso que puedo sentir dedos quemando la piel expuesta en mi brazo,

mientras el extraño me estabiliza y me sostiene. Todavía no puedo estar tan


borracha, pasó demasiado rápido. Sé que soy de peso ligero, pero todavía se

siente extraño cuán rápido llegué aquí. A menos que… Pero mi mente era
un charco de pensamientos formados a medias, apenas podía entrelazar

alguna idea, me siento repentinamente débil y descoordinada.


“Quieta”
Dice una voz desde algún lugar arriba de mí, trato de concentrarme en

mi salvador, pero mi visión es borrosa.


“Deberías recostarte, déjame ayudarte…”.

Y entonces estaba siendo cargada, creo sentir mis pies pateando el duro
torso de alguien, levanto mí brazo para tocar su rostro, a centímetros de mí

alcance, siento un leve cepillar de una barba, más abajo, mis dedos se
deslizan contra algo suave y rico, terciopelo. Miles es aquel que está

cargándome, recuerdo sus ojos, como penetraban en mí. Recuerdo la


apreciación, la observación, la manera en que permanecían tan ligeramente

sobre lo hinchado de mí pecho. Y recuerdo cuán incomoda me hizo sentir.


Algo anda mal, algo malo está pasando, puedo sentirlo.

Intento hablar, pero las palabras salen en un hilo de ruidos


incomprensibles, intento levantar mis manos de nuevo, para golpearlo,

quizá, o apartarlo, pero cada uno de mis dedos repentinamente pesaban una
tonelada. Grita, Amelia, trata y grita. Él no te puede lastimar, Esta en medio
de una multitud, todos lo pueden ver cargándote. Pero él es Miles Smith,

nadie va a pestañear, para ellos, esto podría verse solo como si él estuviera
llevando a una chica ebria a que tome un poco de aire.

Yo estoy por mí cuenta, la desesperación inunda mi cuerpo, cierro mis


ojos y me concentro en el único esfuerzo que requeriré para gritar, mi

cerebro parece letárgico, mi boca aún más.


Cuando finalmente abro mi boca todo lo que sale de ella es un pequeño
gemido manso.

“Ayuda”.
Dudo que alguien lo escuche, apenas puedo escucharlo yo misma.
Escucho a Miles abrir una puerta y luego entra en una habitación grande,

todavía cargándome. Mi mundo está todavía nadando, estoy flotando,


suspendida en el aire, entonces un colchón de felpa golpea mí espalda y me

recuesto quieta.
Capítulo 3
Robert

Esto fue una idea terrible. Estoy horriblemente, risiblemente fuera de


lugar; soy por lo menos 2 veces más viejo que la persona más joven aquí, y

se nota. La música es demasiado alta, Hay demasiadas personas, es


demasiado caluroso. Ninguna de las cuales son buenas señales para mí,

Pero puede que sean prometedoras para que yo esté aquí. Ojos
entrecerrados me siguen mientras camina por la casa. Sospechosos,

confundidos, asombrados, rara vez levemente hostiles, me siento viejo y no


bienvenido, pero no estoy a punto de retroceder a esto sólo porque esté un

poco incómodo. Todavía, no es la mejor idea, O quizá la ejecución es el

problema. Quizá debería haberle dado a esto más tiempo, dejar que la idea
se asiente antes de lanzarme. Sólo pareció como si la oportunidad perfecta

surgió inesperadamente.
¿Qué tanto tiempo ha pasado desde que alguien me llamó para contarme

acerca de una fiesta de la universidad? Demasiado tiempo, hace una vida,

pero eso es exactamente lo que pasó. Contacto a un viejo colega mío de la

universidad que todavía trabajaba ahí y mencione mi situación sin entrar en


demasiados detalles. Fue una petición extraña de hacer, me di cuenta
mientras buscaba palabras hablando por teléfono, era bueno que me

conociera personalmente.

¿El mejor lugar para encontrar algunas jóvenes mentes brillantes?,

probablemente algún tipo de ambiente educacional, una conferencia,

coloquio o charla. Pero no estaba buscando solo alguna mente estudiosa.


Pista fueron dadas, gargantas fueron aclaradas. Mi amigo comprendió y

finalmente me informó de la fiesta. La última ahí iba a ser para muchos de

los estudiantes, muchos de los cuales se graduaban en pocas semanas, era el

escenario perfecto. Su practicidad era enteramente otra cosa.

Me paseo por la casa, mis ojos escaneando las caras a mi alrededor. Es


la típica fiesta universitaria; fumones altos y flacos vagando por la casa,

jóvenes chicas solteras claramente en busca de un buen rato. Observé

detenidamente a depredadores examinando la escena. Nada resaltaba, nadie

capta mis ojos lo suficiente como para garantizar una segunda mirada.

Necesito una bebida, una firme. Pero nunca es una buena idea arriesgar las

bebidas en una fiesta, una universitaria.

Dejo que mis ojos se dirijan a la mesa de bebidas. ¿Quizá pueda con una
cerveza? Y es entonces cuando la veo. Ella estaba parada cerca la mesa,

pero inclinándose lejos de ella como si estuviese tratando de escabullirse sin

ser notada, ella está claramente incómoda; su lenguaje corporal está

gritando que no quiere estar ahí. Ella continúa lanzando miradas furtivas a
una baja, elegante Morena que estaba flanqueada por dos hombres y

claramente despreocupada por la incomodidad de su amiga. Pero todas estas

observaciones vienen segundas a la más destacada, la que me pega como

una tonelada de ladrillos: ella es absolutamente impresionante. Ya sea

deliberadamente o no, ella se las arregló para armarse un atuendo qué diga

que no se pudo tomar la molestia, pero si lo hubiese hecho, se hubiese visto


increíble.

Creo que ella se ve increíble de todas formas, su cabello es justo la

cantidad perfecta de suelto/arreglado. Estaba amarrado detrás en un moño,

dejando su cara en forma de corazón expuesta. Cabello qué es un rojo

oscuro impactante, enmarcando una cara pálida, casi privada del sol. Sus

ojos son grandes y rápidos, su nariz es larga y angosta, sus labios son

rellenos y provocadores, pintados con una exuberante sombra de rojo

ciruela que casi combinaba con su cabello. Su cuerpo está medio escondido

detrás de la mesa de bebidas, pero por lo que puedo ver, ella es alta y de

piernas largas; su postura es rígida, reservada, y casi demasiado cautelosa.


Es como si ella tuviera miedo de abrirse, como si quisiera permanecer en su

cascarón y no ser molestada por nadie. La entiendo, claramente, ella no

quiere estar aquí.

“¡Hola!”
Alguien se desliza dentro de mí campo de visión, completamente de

manera inesperada. Rubia, ojos azules, y una amplia y e invitante sonrisa.

Tengo un segundo para registrarla, y entonces ella se ha lanzado hacia mí,


envolviéndome en un audaz abrazo. Yo estoy demasiado impactado Como

para reaccionar, así que me quedo ahí parado rígidamente mientras ella me

da palmadas en la espalda. Es un abrazo familiar, uno que dice que me

conoce, aunque un tanto inmediato. Aún estoy seguro de que nunca he visto

a esta chica en mi vida. Lo recordaría, nunca olvido un rostro, ella sonríe

mientras se aparta.

“lo siento, ¿quién eres?”

Le pregunto, sacando su mano de mi hombro dónde estaba reposando.

Ella se ve desconcertada, casi ofendida. Trato de pensar en donde pudiese

haberla visto, pero nada me venía a la mente.

“¿Tú eres Robert Hardy, cierto?” ella pregunta. “El Robert Hardy”

“Sí… pero como es que tu…?”

“Lo siento, fue presuntuoso de mi parte acercarme a ti esa manera.

Supuse que me recordarías, lo siento mucho”

Abro mi boca y la cierro, todavía confundido.

“Mi nombre es Verónica Sharpe. Mi clase trabajó con usted en un

programa de tutorías para estudiantes de leyes jóvenes el año pasado, soy


una estudiante aquí”
La memoria finalmente encaja. Sí, hice una iniciativa de tutorías para la

escuela hace un tiempo en colaboración con la universidad, trabajando con

el presidente del cuerpo de estudiantes de la universidad. Pero ese había

sido un joven, ¿no?

“pienso saber porque no me recuerda. Yo no estaba exactamente al

frente, pero era una asistente del presidente del cuerpo estudiantil, y

nosotros interactuamos a diario por varias semanas”

“lo lamento mucho”

Le digo, y lo digo enserio. No tengo ningún recuerdo suyo del todo.

“Está bien, es un hombre ocupado, señor Hardy, no esperaría nada


menos”

“Bueno, es bueno saber que causé un impacto en alguien, incluso si no

la recuerdo”

“Oh, definitivamente causo impacto. He estado siguiendo su caso por

un largo tiempo, señor Hardy, soy su más grande fanática y si me permite

ser tan atrevida como para decir, que pienso que su defensa en el caso del

estado vs Colin fue un acto de genialidad”

Esto es extraño, no pienso haberme encontrado a una fanática alguna

vez. Pero también es profundamente halagador. Casi me recuerda a mí

mismo en la universidad, ansioso y desesperado de probarme a mí mismo,

de seguir los pasos de los abogados que yo había idolatrado.


“decir eso es muy amable de tu parte, eh, Verónica”

“¡es una coincidencia tan rara verlo aquí!”

Ella mira alrededor como si esperara que nuestros alrededores

desaparecieran y fueran reemplazados por un tribunal.

“Puedo preguntar por qué está aquí?” ella jadea.

“oh dios mío, está reclutando?”

La emoción en su voz Es palpable, sus ojos son ahora dos grandes orbes

de brillante azul.

“No”

Digo rápidamente. O sea, lo estoy, pero no quiero revelarlo.

“porque me encantaría trabajar con usted, señor, en cualquier función

que sea”

Verónica continúa. Su mirada es fija, ella me mira sin flaquear, debo

admirarla por su atrevimiento, cuán agresiva parece ser. Todas estas son

grandes cualidades de una asistente, y ¿por qué ella no? Ella es atractiva sin

duda. Una chica así de audaz y así de guapa sería definitivamente una

fuerza con la que contar. Goldman no sabría que lo golpeó, ella se ve

ansiosa, y ha hecho su investigación sobre mí. Eso en realidad podría ser un


plus para ella. Si ella ya está enterada de cómo trabajo entonces no habría

necesidad del entrenamiento inicial y cogerla de las manos mientras trata de

averiguar qué es qué. Así que, ¿por qué no?


Regreso la mirada a la mesa de bebidas, la maravillosa pelirroja se ha

ido, también su amiga. Uno de los chicos ha permanecido atrás.

¿Esperándola? ¿Hizo una jugada mientras yo estaba hablando con

Verónica? Empiezo a ver a otro lado, pero un movimiento clandestino de su

mano capta mí atención, y volteó hacia él. Lo hace con la ensayada

indiferencia de alguien que se ha salido con la suya varias veces antes. Es

tan rápido, demasiado. Un casual movimiento de muñeca sobre el vaso. Si

hubiese pestañeado, me lo hubiese perdido.


“Señor Hardy?”

Verónica está saltando de arriba a abajo positivamente sobre sus pies


enfrente de mí. Mis ojos se vuelven a concentrar en ella.

“Cierto, perdón”
¿de que estábamos hablando? Ah, sí. Ella quiere trabajar para mí.

“escucha, Verónica, eres una joven muy impresionante. De eso estoy


seguro, a pesar de que he estado hablando contigo por solo 5 min, pareces

brillante, y tienes la actitud perfecta para él mundo turbio qué es el sistema


legal. Nunca lo pierdas, te servirá de mucho. ¿Has terminado la escuela de

leyes?”
“técnicamente, estoy, me voy a graduar en un par de semanas”.
“bien, como dije, impresionante. Qué tal esto, dame tu información y te

tendré en mente en caso de que surja algo”.


Es lo menos que puedo hacer, es la única cosa que puedo hacer.
Verónica sonríe y saca un pedazo de papel de su bolso, y escribe su

información ahí. Asiento con la cabeza mientras me lo guardo en el bolsillo,


y ella opta por un animoso saludo y un “¡gusto en conocerlo!”. Mis ojos

vuelven a la mesa de bebidas. justo a tiempo, también. La maravillosa


pelirroja regresó y está conversando con un imbécil que acaba de adulterar

su bebida. Doy unos cuantos pasos a mí izquierda para así poder verlo
mejor. Él se ve ligeramente familiar, incluso más allá de la Clara fortuna y
afluencia que lo catalogaba como un mocoso mimado. Definitivamente

conozco su tipo: rico, arrogante, poderoso. Lo cual es probablemente el por


qué se puede salir con la suya, con lo que sea. Bien, está apunto de

descubrir que no puede.


Observo con espanto mientras ella se balancea, sintiendo el efecto de lo

que sea que puso en su bebida. El hombre la alcanza y La levanta antes de


que chocara contra el suelo. Muy caballeroso, imbécil. Me lanzo a la

acción, abriéndome paso a través de la multitud que yo había asumido que


estaba disminuyendo, pero la cual es todavía un factor importante.

Mantengo mi vista en ellos, en su saco morado, sus anchos hombros


mientras la lleva por el cuarto y alrededor de una esquina. Yo ahora estaba

dando codazos a la gente, dedos de los pies crujiendo debajo de mí, gritos
sobresaltados de dolor siguiéndome mientras paso.
Entro a través de lo que debe ser la población estudiantil entera, hasta
que, por último, rodeo la esquina, Justo a tiempo para ver ese frac morado

desaparecer en el cuarto al final del pasillo. Empiezo a trotar, llego al cuarto


y abro la puerta. El imbécil está en el proceso de juguetear con sus

pantalones, la chica estaba tirada en la cama, retorciéndose en feliz


ignorancia de en cuanto peligro se encontraba.

“Qué carajo?”
Dice el tipo, y tiene las agallas de lucir ofendido.

Camino hacia delante lentamente, o por lo menos así se veía mi cabeza.


Yo solo estoy vagamente consciente de haber levantado mi mano y después

abalanzarme. Escucho un apagado golpe, y después el hombre retrocede. Su


grito es alto y sorprendido, él se tambalea hacia atrás y luego cae, sus

brazos agitándose mientras intenta y falla en encontrar algo para


estabilizarse.

“Qué carajo?”
Grita de nuevo, su mano se dirige hacia su rostro y sale manchada de
sangre. yo Miro mí propia mano enrollada en un puño.

“sé lo que estabas intentando hacer”


Digo entre dientes apretados.

“eso es un delito criminal, uno por el cual podrías ir a la cárcel.


Drogarla y tratar de violarla, dos delitos criminales”
“No sé de lo que está hablando”

Dice el tipo, todavía agarrándose la nariz.


“Yo no violé a nadie”.

“Pero la drogaste, yo te vi”


Él parece no tener una respuesta para eso, camino hacia él con mi puño

levantado nuevamente, y el retrocede atemorizado, Wow, un imbécil y un


marica.
“Dame tu billetera”

Le digo. Sus manos están temblando, al igual que todo su cuerpo. Tomo
una foto de su licencia de conducir y su identificación de estudiante, algo

sobre el nombre Smith me suena levemente, pero no le doy vueltas.


“Esto es lo que vas a hacer, Miles Smith. Como principal, vas a

reportarte a la policía del campus mañana, y después vas a ir con el decano


y le explicarás lo que casi haces. Y después cumplirás con cualquier castigo

que la escuela decida, ¿me entiendes?”


Él asiente con la cabeza.

“Tengo tu información, haré un seguimiento dentro de pocos días, y si


me entero qué no has hecho lo que yo te pedí, vamos a tener un problema,

ahora largo de aquí”


Él no necesita que se lo diga por segunda vez. Voy hacia la cama y me

inclino, mirando a la chica, sus ojos están cerrados, casi como si estuviese
durmiendo, se ve hermosa, en paz. La sacudo gentilmente para despertarla,

su voz es débil, sus palabras incoherentes. Miró alrededor del cuarto y por
suerte hay algunas botellas de agua por la mesa cerca de la cama. Tomó una

y muevo su cuerpo hacia una posición un tanto erguida. Pongo la botella en


su boca y la obligo a beber algo de agua, se demora un rato, pero ella se

mueve de vez en cuando, y sus ojos se abren un poco.


“Hey”, le digo.

“Necesito tu dirección, para poder llevarte a casa”.


Ella parece no escucharme, después de un tiempo, sus ojos vuelven a

cerrarse y se queda dormida. Perplejo, alcanzo su bolso y me sumerjo


dentro, requiere buscar un poco, pero finalmente encuentro una tarjeta con

su dirección. Aliviado, pongo todo de nuevo en su bolso y salgo de la cama,


ella es un poco más pesada de lo que parece, pero me las arreglo para

levantarla sin mucho problema. La tengo en mi hombro y lentamente salgo


del cuarto, es mucho más difícil pasar a través de la fiesta repleta, pero me
las arreglo. Algo de la imagen de un hombre con una mujer echada en su

hombro ayuda a que se abran del camino. Pienso en caminar ya que su


salón de residencia No estaba tan lejos, pero en su estado, sería un infierno

pasar a través del campus, también ha pasado algún tiempo, Ya no creo que
conozca todo tan bien, así que la subo a mi coche y la conduzco hacia su

edificio.
Poniéndola en mi hombro de nuevo, la llevo por el largo pasillo de
cuartos idénticos hasta que encuentro el 46A, me tardo hurgando en sus

llaves, pero me las arreglo para abrir la puerta y entrar. Hurgo alrededor en
busca de un interruptor y lo enciendo. Estoy en un cuarto muy femenino
con posters brillantes por todas las paredes y sábanas rosadas idénticas

sobre dos camas. La acuesto gentilmente en una de las camas, es un poco


tedioso, apartando mi vista de sus cremosos y pálidos muslos. Retiro sus

zapatos y trato de arroparla.


Mi cara está cerca de la suya, Puedo escuchar su suave respiración,

sentirla en mí cara. Amelia, su tarjeta dice que su nombre es Amelia


Brooks, hermoso nombre, hermosa chica. Ella se mueve de nuevo. Esta vez,

cuando abre sus ojos puedo notar que está lucida, ellos viajan sobre mí, son
como piscinas verdes, entreabiertas. Me doy cuenta que tan extraño debe

ser para ella, despertar para encontrarse con un desconocido de esta manera.
Debe ser aterrador y confuso, me enderezo con la intención de voltear e

irme, pero sus manos se disparan repentinamente. Ella es más fuerte de lo


que pensé, o quizá es la sorpresa por todo, pero me jala hacia ella y sus

labios se aplastan con los míos.

¡Haz click aquí para saber la continuación de la historia!


Acerca de Mia
¡Hola, soy Mia!
Soy una adicta al romance que ama entretenerte con mis fantasias mas

salvajes. Desde que era una niña pequeña, mi sueño siempre había sido
llegar a convertirme en una escritora. ¡Aún no puedo creer que ese sueño se

está volviendo realidad! Si alguna vez deseas ponerte en contacto, me

puede buscar aquí:


[email protected]

¡Me emociona saber de ti!


Con amor,

Mia

También podría gustarte