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Pantalones Cortos

El documento es un extracto del diario de un niño llamado Arturo. En él, Arturo describe su cumpleaños, su experiencia visitando un hogar infantil con su madre y sus sentimientos sobre ser más pequeño que los demás niños en la escuela.
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Pantalones Cortos

El documento es un extracto del diario de un niño llamado Arturo. En él, Arturo describe su cumpleaños, su experiencia visitando un hogar infantil con su madre y sus sentimientos sobre ser más pequeño que los demás niños en la escuela.
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Pantalones cortos

Lara Ríos

Ilustraciones de Daniela Violi

Norma

www.edicionesnorma.com
Bogotá, Buenos Aires, Guatemala, Lima,

México, San Juan, Santiago de Chile.

Lunes 7 de marzo
Ayer fue mi cumpleaños y encontré sobre mi cama, entre

los regalos, un libro con las hojas en blanco; en la tapa

tenía la palabra ‘’Diario” con letras doradas. No supe quién

me lo había regalado.

___ ¡Qué tontera regalarle a uno esto!

___ ¿Quién de ustedes lo quiere? __les pregunté a mis

hermanos.

__ ¡Yo lo quiero! __contestó Ana con alegría. Me servirá

para hacer dibujos.

__Si me lo regalás a mí __dijo Jaime__, voy a hacer un

diario o un álbum de poesías.

__La verdad___ les respondí___ es que no se lo voy a

regalar a nadie. Lo voy a usar como álbum de fotografías.

Creo que servirá.


__ ¡Agarrado! __dijo Ana enojada.

De pronto pienso que mi colección de fotografías se va a

ver mal en un libro tan pequeño, y le pido a mi hermano

mayor que me explique bien cómo se hace un diario.

__Bueno… es la cosa más fácil del mundo: primero ponés

la fecha y después escribís lo que pasó en el día, bueno o

malo. Y eso hacés todos los días.

__ ¿Todos los días? __le grité. Ni pensarlo. Tal vez, con un

gran esfuerzo, día por medio. Aunque a mí a ratos me da

por escribir, pero no siempre.

__Entonces no podés llamarlo ‘’Diario’’

__afirmó Jaime.

__No importa; lo llamaré ‘’Porme-diario’’.

__ ¿Un pormediario? __preguntó Ana.


__Pero eso es un animal que vive en el desierto y

tiene una pelota en la espalda. Yo lo estudié en la escuela.

__ ¡Cállate, tonta! Eso es un dromedario y además no

hablamos de animales ahora.

¿Por qué será que las mujeres siempre dicen

tonterías?

Miércoles 9 de marzo

Es la peor pereza estar en el colegio. Porque hay otras

perezas que no me importan tanto, como ayudar a cortar

el zacate a mi abuelita, o limpiar el automóvil, o rezar

cuatro veces seguidas la misma oración cuando me voy a

acostar, porque como a mí se me olvida rezar casi todas las


noches, esa es una manera de reponer para que Dios no se

enoje conmigo.

Pero volver al colegio, después de tres meses de

vacaciones, es algo tan terrible, que a uno le cuesta

acostumbrarse.

¡Tenía tantos deseos de vez otra vez a mis compañeros de

clase!, pero ya se me quitaron las ganas. Son unos

matones, y toda la bulla es porque crecieron como una

cuarta más que yo. Me gustaría ser portero del equipo de

fut de mi clase, pero ellos me dijeron que no.

__Sería como poner una vainica a que atajara a un tomate

__se burló Toni, y todos se rieron.

__Cuando seas más hombre, entonces sí…

Pero cuando sea más hombre a ésos no les va a

quedar ni un solo diente en su lugar.


Y hablando de dientes, Toni los tiene bien salidos

y el dentista le puso unos alambres plateados para

metérselos. Cuando yo crezca la cuarta que me falta, y

si me vuelve a decir algo, se va a llevar tal pescozón,

que los dientes le quedarán más bien para adentro,

gratis y sin necesidad de tratamiento. Los maestros

también me tienen el ojo puesto que me apuntan en

la libreta de comportamiento a cada rato.

__Arturo Pol __me dijo hoy el profesor de

matemáticas, con acento de limón agrio__ está

apuntado en la libreta porque no trajo la tarea.

De nada valió la explicación de que mi hermano

José, que está en el kínder, me rayó el cuaderno y me

hizo unos dibujos de casitas y patos. Y para que los


patos nadaran, metió el cuaderno en la pila de lavar

ropa.

Hoy estuve muy raro y con ganas de llorar, pero

como necesito hacerme hombre, no solté ni una

lágrima. Es que a ratos me siento como si nadie me

quisiera; como que estorbo.

Mamá siempre habla de que a veces nos mandan

una de cal y otra de arena y eso quiere decir que tal

vez el día de mañana sea mejor que el de hoy.

Viernes 11 de marzo

Mi mamá visita todas las semanas un Hogar Infantil, donde

viven niños abandonados por sus padres. Ella tenía que ir

ayer, y me pidió, por la tarde, la acompañara.

__Llévate tu bola de fut __me dijo__.


Podés jugar con los chiquitos un rato y verás qué felices

van a estar con vos. A esos niños hay que empezar por

enseñarles a sonreír.

__No es posible __le dije__. Apuesto a que si les hago

cosquillas se ríen.

__No les hagás cosquillas, Arturo, a los más pequeños les

movés un chilindrín y jugas con ellos un rato. A los

mayorcitos háblales y préstales tu bola.

Llegamos al hogar. El zacate del jardincito de afuera estaba

muy crecido y lleno de hierbas.

__ ¡Ay, Arturo! __me dijo mamá__. La próxima vez que

vengamos, traeremos un machete y, entre los dos,

podemos cortar el zacate. A veces no hay plata para

pagarle al jardinero.
Entramos a la casa… Cuatro niños y dos niñas me

miraron con ojos grandes y tristes. A mi mamá le llamaron

‘’mami’’ y se le pegaron a las enaguas, pidiendo que los

alzara. Subían los bracitos tratando de

llegar hasta las mejillas, porque querían besarla. Yo sentí

algo raro en la garganta, como si me hubiera tragado un

tapón de corcho, porque eso de que le salgan a uno seis

hermanos más, de un solo golpe, es como de asustarse.


Después me miraron y me preguntaron de quién era la

bola.

__Es mía __les dije.

__ !Ahhh!...

Pero no hicieron ningún intento de quitármela.

__Venga __me dijo un negrito___ para que conozca

dónde dormimos y vea los juguetes que tenemos.

Lo seguí; los demás vinieron detrás de nosotros y no

se cansaban de hablar. Todos querían enseñarme sus

cosas.

Pasamos primero por un dormitorio donde estaban los

bebés en sus cunas. Mamá entró ahí. Nosotros seguimos

al dormitorio siguiente. Era un cuarto grande con seis

camas. Cada niño guardaba sus cosas en seis diferentes

estantes. Así, cada uno me enseñaba algo:


__ ¡Vea mi vestido qué lindo! __me dijo una de las

chiquitas.

Tenía un hueco y estaba muy usado, pero yo no le

dije nada.

___ ¡Vea, vea! Yo tengo dos pantalones.

___ ¡Qué dichoso! __le dije por decir algo.

___ ¿Quiere ver la foto de mis papás?

Y el negrito me enseño una fotografía de una pareja

de señores rubios. Mamá me explicó después que son de

Suecia y que lo van a adoptar. Cada uno me enseño su

ropa y sus tesoros: muñecas sin brazos, carritos son

rudas, tucos de madera…

__ ¿Quieren jugar con mi bola? __les pregunté.

__ ¡Sí! ¡Si! __contestaron mientras saltaban en el mismo

lugar y aplaudían contentos.


Salimos al patio y organicé un partido de fut, con los

tres mayores. El otro chiquito era muy pequeño y las

niñas no quisieron jugar.

Al rato me aburrí y les dejé la bola.

Fui a buscar a mamá. Tenía un lápiz y un papel y dibujaba

algo.

Las niñas estaban a su lado.

__Dibújame un caballo __decía una.

__A mí, una casita con un árbol __decía otra.

__A mí, una flor…

__A mí, una tortuga…

__Esperen __decía mamá__, que no tengo cuatro

manos.
__Dibújame un papá y una mamá bien lindos, por

favor __pidió una de ellas.

Mamá comenzó a toser. Esa maña la conozco bien y sé

que lo que hace para disimular que quiere llorar.

__ ¿Se los dibujos yo? __le pregunté a la chiquita.

__Bueno, pero que sean bien lindos.

Hice un dibujo así:

La chiquita se quedó viendo el papel y luego se sonrió. No

me dijo nada y salió corriendo a meterlo debajo de la

almohada.
Pienso que sí le gustó.

En ese momento sentí ganas de darle un beso muy

grande a mi mamá y así lo hice.

__ ¿Qué pasa, Arturo? __me dijo, mientras me miraba

con sus ojos negros y brillantes.

__Nada, sólo que te quiero mucho. ¿Me podrías dar

un cuchillo de cocina?

__ ¿Para qué? __preguntó sorprendida.

__Es para cortar un poco las hierbas del jardín de

afuera.

Estaban durísimas, pero las arranqué y el jardín se ve

diferente, más limpio.

Cuando mamá decidió que debíamos regresar, los

niños se pararon en la puerta para despedirnos. Otra vez

serios, con los ojos grandes y tristes.


El negrito tenía la bola y no hacía ningún intento de

devolvérmela.

__ ¿La podemos guardar en esta casa hasta que usted

vuelva? __me dijo con una gran sonrisa mientras me

enseñaba sus dientes blancos.

__No __le contesté__ porque yo la necesito.

Cogí la bola y salí corriendo, antes de que alguien me

la quitara, y me metí dentro del carro. Mamá llegó unos

minutos después y encendió el motor.

En ese instante sentí el corazón como una bolsa de

papel arrugado y le dije a mi madre:

__ ¡Un momento! Voy a dejar la bola aquí por unos días,

para que ellos jueguen.

Se la di al negrito otra vez. Entonces se le formó la

enorme sonrisa de dientes blancos.


__Adiós __le dije.

Y salí muy contento, porque creo que le enseñe a

sonreír con ganas.

Domingo 13 de marzo

__Yo no sé qué pasa con Arturo que no crece __dijo hoy

mamá en el desayuno.

__Está como encantado __le contestó Cecilia, la

muchacha que le ayuda con el trabajo de la casa.

__Es que le falta hacer más deporte. Sólo juega fut dentro

de la casa __comentó papá__. Le falta aire y sol.

De todo lo que dijeron, lo que más me sonó fue eso

de encantado… A lo mejor se metió una bruja por la

ventana, mientras
dormía, me echó algún polvillo mágico para que no

creciera, y me dejo con ese encantamiento por el resto de

mi vida. Por dicha que no le dio por convertirme en sapo,

como a un pobre príncipe que conocí en un libro y que le


costó mucho que alguien le diera un beso para

desencantarlo.

Yo sé que soy bajito, pero no soy un enano. En la clase

hay dos más bajos que yo…y treinta más altos…

Cada día me mido en la misma pared y pongo rayitas,

señalando por dónde voy en crecimiento. Pero como no

crezco casi nada, ahora sólo hay una raya gorda.

Yo creo que es por la ‘’enanez’’ que a veces no quieren

jugar conmigo en la escuela. Tampoco me llaman para ser

portero del equipo de fut. Entonces me siento solo. Lo

mismo sucede en mi casa. Aunque somos siete personas,

a veces siento como si no supieran que estoy allí. ¡Están

todos tan ocupados!

Entonces me voy a ver a mis tres perros y juego con

ellos. Así me siento mejor.


Martes 15 de marzo

Estoy con paperas. Ayer me comenzó la enfermedad con

mucho dolor de oídos.

Hoy amanecí con dos grandes hinchazones debajo de las

orejas. Bueno… la verdad es que tengo un lado más

hinchado que el otro.

Mis hermanos se ríen cada vez que me ven y me dicen

que parezco un fenómeno.

No me dejan levantarme, porque dice mamá que se

pueden ir para abajo. No puedo escribir mucho porque

tengo fiebre y me arden los ojos y me lloran. Así que no

cuento más por hoy.

Jueves 17 de marzo

Sigo hinchado y aburrido. Me siento mal y me duele la

garganta cada vez que trago.


__Comida liviana __dijo el médico.

Y me tiene con gelatinas y sopa…papa majada y refrescos.

Tengo ganas de comer y no tengo, porque me raspa la

garganta cuando trago.

Puedo ver televisión y mis programas favoritos, pero

de pronto me entra un sueño…y me quedo dormido. Estoy

débil, seguro voy a morir. Cada vez que me levanto, siento

como si tuviera tres cabezas y con miedo que se me vayan

para abajo, me acuesto enseguida.

Hoy papá me trajo unos libros para leer.

Uno se llama ‘’Viaje al centro de la tierra’’, de Julio Verne y

el otro es un libro tan gordo, que me dio pereza ver cómo

se llamaba. Pero después me entró la curiosidad y tuve que

mirar, era el ‘’Quijote de la Mancha’’.


Mi enfermedad es contagiosa y alguien me la pegó a

mí y yo se la pegué a cinco de la clase. Eso le dijo la profe a

mi mamá. Y también que no fuera al colegio hasta que esté

‘’absolutamente curado’’, para que no se la pegue a nadie

más.

Creo que cuando uno se va a morir es mejor ir

pensando en el cielo. Porque yo no pienso en el infierno,

aunque sé que el diablo es colorado y tiene un rabo. Y no

pienso, porque si no, no puedo dormir.

¡Qué susto! Debajo de mi cama había un cordón rojo y

grueso que me hizo sudar, porque creí que era el rabo de

alguien…de quien estaba hablando, pero resulta que era el

cordón con que amarraron los libros que me trajo papá.

Cuando mamá quiere algo milagroso, hace novenas y

ofrece promesas muy difíciles: no hablar, ni mover los ojos,


ni pestañear por una hora, para curarme rápido. Y apenas

empecé la

Promesa, mamá entró al dormitorio y comenzó a hablarme

y, como yo no le contesté ni la miré, creyó que estaba

muerto. Salió dando gritos, llamó a papá, al médico, a

Cecilia y se armó tal alboroto en mi casa, que tuve que

hablar y romper mi promesa.


Por eso es que todavía no estoy curado.

Sábado 19 de marzo

Me siento un poco mejor, pero estoy hinchado y, por eso,

sigo en cama. Mis hermanos vienen a veces a visitarme y

juegan naipes conmigo, pero se aburren y se van ligero.

El profe nos había explicado la semana pasada que una

candela se apaga si no hay aire, porque no hay combustión.

Y quise hacer el experimento.

__Mamá __le dije cuando llegó a mi cuarto, quiero una

candela para ofrecérsela a Dios, a ver si me curo rápido.

Y la encendí.

Me metí con mucho cuidado en el armario y cerré la puerta.

Así mataba dos pájaros de un tiro: ofrecía mi promesa y

hacía el experimento.
Pero la candela no se apagó y estar ahí metido

empezó a darme mucho calor. Además, estaba muy

incómodo entre tanto trapo y zapatos y cajas…Entonces

empecé a acomodarme mejor y…claro en el acomodo, la

candela encendió un trapo.

Cuando vi la llama grande, salí del armario y cerré la

puerta con fuerza, pidiéndole a Dios que el experimento

sirviera. Pero comenzó a salir humo por todas las hendijas

y a oler a incendio.

Jaime, Cecilia la empleada y mamá, con ollas de agua,

apagaron las llamas, que se habían hecho enormes dentro

del armario.

__ ¡Casi quemas toda la casa! __gritaba furiosa mamá.

__Este sólo sirve para hacer estupideces

__dijo mi hermano.
Sólo Cecilia llegó al rato y me preguntó por qué lo

había hecho.

__Era una promesa y un experimento

___le contesté, con ganas de llorar. Y me tapé con la

sábana y nadie me vio. Pero me sentí muy triste y me subió

otra vez la fiebre, porque estaba colorado y bien caliente.

Cuando vino papá, sacaron el armario del cuarto,

porque olía mal. Y papá se enojó tanto, que me dijo que

me iba a meter interno en un colegio, donde me enseñaran

a portarme bien, porque ya no me aguantaban. Además,

estaba furioso porque ahora tiene que comprarme ropa

nueva; sólo quedé con un uniforme que huele a ahumado.

Y así tendré que ir al colegio el lunes.

Lunes 21 de marzo
Ya estoy bien. Hice otra promesa: comer todo lo que me

ofrecieran, aunque me raspara la garganta. ¡Y me

compuse!

Estuve diez días sin ir al colegio, porque no me salía la

hinchazón.

De lo que sí estoy seguro es de que crecí más de una

pulgada; pero me encogí de ancho, porque perdí varias

libras.

Ahora tengo dos pantalones nuevos y el incendiado,

que me queda “pica pollos”.

Me dio mucha pereza regresar al colegio, porque tuve

que poner mis cuadernos al día. Copié tareas y resúmenes,

hasta que me dio un calambre en la mano y creí que se me

iba a caer. Entonces no copié más.


Y al día siguiente, igual. Pero ya estoy con mis cuadernos

en orden. Claro que los profesores son unos

desconsiderados, porque viéndome flaco y débil, pálido y

encogido, me hicieron dos exámenes que tenía atrasados:

mate y español.

¡Ni lástima les dio que yo no supiera nada!

Miércoles 23 de marzo

Hoy, antes de salir para el colegio, me encontré, cerca de

la puerta de la casa, una gran bolsa con unos 100 duraznos,

grandes y rosados.

Mis papás no se habían levantado todavía y entonces

pensé que ellos habían dejado la bolsa ahí, para que yo

pudiera llevar algunos al colegio.


Después pensé que se alegrarían mucho si lograba

venderlos todos. “Ese dinero sería una gran ayuda para la

familia” __me dije.

Y aunque la bolsa pesaba bastante, fue fácil cargarla

hasta el bus porque era de manigueta.

Al llegar al colegio, mis compañeros cayeron como

yigüirros sobre maíz.

__Regálame uno, Arturo.

__A mí dame dos…

__Déjame escoger los más rojitos __exigían mis

compañeras.

Regalé la mitad y vendí la otra a ₡ 0.50 cada uno.

Regresé a casa con ₡ 28.50. No era mucho dinero, pero mi

familia se iba a alegrar de que fuera tan buen comerciante.


Me sentía feliz porque mis compañeros jugaron

conmigo en los recreos y estuvieron muy amables. ¡Hasta

me invitaron a jugar fut! ¡Y metí un gol, el del empate!

También me preguntaron si mañana quería jugar de

portero. Y les contesté que sí. Pero como siempre: una de

cal y otra de arena…

Al llegar a casa, me enteré de que los duraznos no

eran nuestros. Un hombre se los trajo al señor Fernández,

que vive al lado. Como anoche él no estaba, los dejó en

casa y papá prometió llevárselos al día siguiente. Cuando

papá se enteró de que los había vendido, me castigó y

ahora no puedo salir del cuarto en todo el día. Además,

tengo que pagar los duraznos con el sudor de mi frente,

limpiando los vidrios de toda la casa.

El problema es que los benditos duraznos valían ₡

2.00 cada uno. Los trajeron de Coronado, de unos árboles


muy especiales, que llegaron del exterior como un

experimento.

El señor Fernández está tan bravo que no saluda ni a

papá ni a mamá.

Viernes 25 de marzo

Me pusieron de portero en el equipo de fut y no dejé pasar

ni una bola. Nuestro equipo ganó contra el de sexto y mis

compañeros me felicitaron.

Estoy muy amigo de Toni, Alberto y Marcos, que son

muy buena gente. Hoy hablamos de la familia y también

ellos tienen problemas.

Toni dice que su papá no lo quiere, porque lo regaño

mucho el día que le echó agua al tanque de gasolina para


que rindiera más. Dice que fue sólo un poquitillo, pero que

el papá le armó un gran pleito y entonces él se fue de la

casa. Volvió cuando empezó a oscurecer, porque no

llevaba pijama, ni sabía dónde iba a dormir. Y los ₡ 20 que

tenía se le terminaron muy ligero, porque entró tres veces

a una soda.

Yo le conté de mi familia y empecé por Jaime, mi

hermano. Él es dos años mayor que yo; tiene 13. Es bueno,

a ratos; a veces me da rabia ver que todo lo hace mejor

que yo. ¡Hasta nació de primero!

Sólo tengo una hermana, por dicha. Con ella basta y

sobra. Es la consentida, por ser la única mujer, y siempre

tengo que darle todo.


“Préstale tu bola a Ana para que juegue; ya las has

tenido mucho rato. Además, es menor que vos y tenés que

cuidarla”.

“Dale el asiento de la ventana a tu hermanita, porque

se marea”.

Ana habla a gritos, pellizca y muerde cuando se enoja,

pero no puedo pegarle porque “a las mujeres no se les

pega ni con el pétalo de una rosa”.

José no molesta tanto. Es el menor, tiene cuatro años

y está en el kínder. Yo lo quiero mucho porque está todavía

muy pequeño, aunque a veces habla como una persona

grande.
Papá se llama Bernardo y es comerciante. A veces

pretende ser muy amigo mío y lo logra; pero otras veces,

cuando llega “cansado y nervioso” o “tenso y agotado”,

que es lo mismo, se vuelve rabioso y hasta le tengo miedo.

Lunes 28 de marzo

Hace muchos años, hubo una época tranquila en mi casa,

donde sólo vivíamos cuatro personas: papá, mamá, Jaime

y yo.

Un día inventaron que sería lindo tener una chiquita

en la casa, que hacía falta.

Mamá comenzó a hacer promesas y a rezarle a Santa

Ana: “Me da lo mismo un chiquito o una niña, lo principal

es que venga con salud y que sea lo que Dios quiera. Claro

que como ya tenemos dos hombrecitos, una chiquita nos

haría mucha gracia”.


Mi abuela opinaba que dos hijos, en esta época, eran

suficientes.

__No se preocupe __contestaba papá__.

Los hijos siempre vienen con el bollo de pan debajo del

brazo.

Pero lo pero fue la rezadera que dio a Jaime. Todos los

días pedía que nos mandaran una chiquita bien linda y

sana. Eso mismo durante nueve meses y dos veces al día.

En total suma quinientos cuarenta rezos. Claro, los de

arriba, de puro aburridos, nos mandaron a mi hermana.

__ Ana es mía, yo la pedí __ aclaró Jaime, cuando la

bebé llegó a la casa.

__También es mi hermana, para que lo sepa __le

reclamé__. Y quiero ver ahora mismo si trae el bollo de pan

debajo del brazo, como dijo papá. Pero nos estafaron. No


vino ni siquiera con una rosquilla. Además, se parecía

bastante a un ratón. Ahora Ana tiene seis años y algo ha

cambiado. Creo que hasta está bonitilla. Lo malo es que

cree que uno es sordo y habla a gritos, con sonido de

dulzaina desafinada. A veces pienso que se equivocaron al

mandarla. Seguro iba para la casa de algún cantante de

esos que se agarran al micrófono y gritan como si les

doliera una muela. A lo mejor, si mi hermana hubiera ido a

parar a la casa del cantante, ahora sería un músico famoso,

o una música famosa; no sé cómo se dice…

O tal vez estaría en la Sinfónica Juvenil, porque le

gusta la música y canta bien. Es algo así como la artista de

la familia.

__Yo quiero entrar a clases de ballet

__declaró un día.
Y desde entonces es bailarina, con mallas y zapatos

chatos.

El año pasado salió representando a la noche, en una

obra en el Teatro Nacional.

Mamá le hizo un vestido negro y parecía más bruja que

noche. Sólo que no llevaba sombrero puntiagudo, sino un

velo que le caía por la espalda.

Fuimos a ver la función de la artista todos los de la

casa, hasta Cecilia y mi abuelita.

Ana nos explicó que, al apagar las luces en el segundo

acto, ella salía bailando. Esa era su parte.

__ “La noche pasa…” __dijo una voz.

Y en medio de la oscuridad y vestida de negro, salió

Ana, bailando a pasitos cortos. Pasó de un lado al otro del


escenario y no la vimos más. O sea, no la vimos del todo,

porque lo negro no se puede ver en lo oscuro.

__Jesús, tanto trabajo que me dio hacer ese vestido y

ni se lució __confesó mamá, muy triste.

Terminó la obra, que por cierto era bien aburrida y

larga. Seguro duró tanto porque las niñas sólo sabían bailar

con pasitos cortos y de puntillas.


Al fin apareció Ana muy emocionada.

__ ¿Me vieron? ¿Qué tal salí? ¿Bailé bien?

__Claro, hijita, lo hiciste muy bien, te felicito __dijo mi

abuela, que no había visto nada.

__Muy bien, Ana. Tenemos una artista en la familia

__comentaron mis papás.

Cecilia y Jaime también la felicitaron. Yo le recomendé que

la próxima vez saliera de sol, así la podríamos ver mejor.

Miércoles 30 de marzo

Prometí a mis padres que voy a mejorar mi conducta

durante las clases. Ellos, a cambio, me ofrecieron una

sorpresa si logro traer el informe semanal del colegio, sin

una sola queja.

Creo que esto me costará mucho esfuerzo porque los

profesores me tienen el ojo puesto. A veces hablamos


bajito, durante alguna clase, Marcos, Alberto y yo. ¡Ah!

Pero, de salado, sólo a mí me ven y ¡zas! ...me apuntan en

la libreta.

Otras veces la explicación del profesor se vuelve

aburrida, que comienzo a sentir hormigas por el cuerpo y

tengo que moverme. Entonces estiro las piernas, o bostezo,

o me levanto y, no sé por qué, eso desespera al profe.

También me “desaburro” doblando pedacitos de

papel para tirarlos con una bandita de hule a mis

compañeros. Sólo que a veces la bandita se pone rebelde

y me tuerce el tiro y, en más de una ocasión, le da en la

cabeza al profesor.

Pero esta vez trataré de portarme bien, aunque sea

por una semana. A lo mejor vale la pena el sacrificio,


porque casi estoy seguro de que la sorpresa es una bola de

fut, como regalé la mía…

Viernes 1 de abril

Hoy jugué en el recreo con Alberto y Toni, porque Marcos

está enfermo con gripe.

Después nos sentamos bajo el árbol de guayaba que está

en el patio de la escuela, para comer pan con jalea y

quitarnos la sed con un refresco.

__! Miren que guayabas más ricas!

__exclamó Toni de pronto, mirando hacia arriba.

__ ¡Y están bien maduras! __gritó Alberto, que, de

gordo y colorado, tiene la cara como una rodaja de sandía,

partida a lo ancho.

__Voy a bajar la más grande __seguí__.


Aunque esté prohibido…No aguanto las ganas de comerme

una. ¡Tengo la boca echa agua!

__Ni se te ocurra subirte a ese árbol, Arturo __me

advirtieron__. Mirá para aquel lado…allí está el profesor

de ciencias hablando con el director. Y, además, acordate

de la bola de fut.

__Nadie me va a ver, grandísimos miedos. Mientras

subo, atisben ustedes y vean si hay moros en la costa.

En un momento me trepé al palo y agarré las tres

frutas más grandes.

¡Qué cantidad de guayabas maduras había!

__ ¡Bájate ya, ahí viene el director! __me gritó Toni.

De un salto caí al suelo y repartí las guayabas.

¡Estaban deliciosas! ¡Hasta los gusanos! Por supuesto que

el glotón de Alberto se tragó la de él casi sin masticar.


Un muchacho de octavo año se acercó y me dijo:

Te doy un colón por dos guayabas bien grandes y

maduras, pero si las bajás ya…antes de que termine el

recreo.
Sin pensarlo dos veces, me trepé otra vez y le tiré las frutas.
__Aquí te dejo la plata en el suelo __me gritó, y

desapareció como por un encanto.

__Arturo Pol, ¿qué hace usted subido en ese árbol?

¡Bien sabe que eso esta terminamente prohibido! __sonó

la voz roncota del director. Me bañe en sudor frío.

Alberto y Toni me miraban desde abajo con ojos de pez

moribundo. Uno con su cara redonda y colorada y el otro

con su pelo negro alborotado.

¡Dios mío! Yo lo único que deseaba en ese momento

era que me tragara la tierra, con todo y árbol.

Apenas pude contestar:

__Es que verá usted… señor director…

Yo le vendí unas guayabas a uno… de octavo año… que me

pidió, y…
__ ¡Y nada! Baje de ese árbol inmediatamente y me

trae su libreta de comportamiento.

Se la llevé y entonces escribió:

“Arturo vende las guayabas del colegio a sus compañeros.

Por este motivo su calificación de conducta será muy baja

este cuatrimestre”

¡Ya no tendremos bola de fut!

Viernes 8 de abril

Hace una semana que no escribo porque he tenido que

estudiar más, como castigo por la nota del director. Si mis

papás supieran que ya no queda ni una sola guayaba en el

árbol, creo que pasaría todo el año castigado.

El cumpleaños de mamá es mañana y Jaime ya tiene

listo su regalo: un lindo candelero de madera con dibujos

de colores, hecho por él. Mi hermano es un artista en


trabajo manuales y, con cualquier pedacito de madera,

hace un cenicero para papá o un barquito que flota en el

agua de la pila de lavar ropa.

No he hecho nada todavía para ella, porque cuando

quiero hacer algo lo mejor que puedo, siempre me sale

torcido y termino por botarlo. Un día hice una caja de

madera para que mamá guardara las medicinas. Pero

como le puse sólo clavos pequeños, porque no encontré

más, algunos frascos y botellas se salieron y el jarabe para

la tos se regó por el piso.

Los barcos que hago siempre se hunden, y la cubierta

que hice para el directorio telefónico la lijé tanto, tanto…

que se le abrió un hueco. Así es que mejor le doy otra clase

de regalo. Mañana sabré si le gustó.

Domingo 10 de abril
Ayer celebramos el cumpleaños de mi mamá. A las seis de

la mañana, mis hermanos y yo hicimos una fila en orden de

tamaño y entramos al dormitorio cantando “Feliz

cumpleaños”. Ahí estaba mamá, ya bañada y lista, oliendo

a jabón y a cariño. Sí, porque cuando la abrazo, siento un

olor como a pan acabado de sacar del horno, o a caja de

confites, o a plátanos en miel.

Es delgada como el pinito que acabamos de sembrar en el

jardín, pero tiene muchísima fuerza. A veces nos tomamos

de la mano y apretamos duro, para ver quién aguanta más.

Ella siempre me gana y tengo que gritarle: “¡Me rindo!”

Casi siempre está sonriendo. Bueno…cuando no hago

travesuras, porque, si son grandes, a veces se enoja tanto

que hasta llora. Entonces me siento mal. Lo bueno es que

un rato después veo que le empieza a nacer otra vez la

sonrisa en sus ojos negros, le baja hasta el corazón, y le


llega a los labios y me da un beso. Y con un beso nos recibió

a cada uno de nosotros cuando entramos al dormitorio y,

muy contenta, abrió los paquetes.

Mi hermano José le regaló un perfume. Venía muy

bien envuelto y encima puso una rosa, que arrancó del

jardín. Como la traía muy apretada, al dársela a mamá se

deshojó toda y los pétalos cayeron sobre la cama. Ana le

dio una caja de jabones y un dibujo pintado por ella.

Jaime, el candelero de madera, y yo le di un sobre con

monedas.

_ ¡Felicidades, mamá! __le dije abrazándola fuerte.

_Gracias, hijo…pero ¿de dónde sacaste tantas

monedas?

_Bueno…no me regañe, pero la verdad es que…vendí

guayabas toda la semana.


Mejor le doy la plata para que compre algo que le guste

bastante. No es mucho, pero de algo sirve.

Comenzó a toser y se le llenaron de agua los ojos. No

sé si quería llorar o es que está refriada. Lo que más me

alegra es que no me regaño.

¡Qué duro trabajé esta semana vendiendo guayabas y

qué sustos pasé para juntar esos ₡36,50!

Martes 12 de abril

Ayer fue 11 de abril y en el colegio celebramos una de

nuestras fiestas cívicas. Desde hace varios días, los

alumnos de quinto grado nos prepararon para dramatizar

la batalla de 1856, que fue en Rivas de Nicaragua. En ella

murió nuestro héroe, Juan Santamaría, cuando quemó el

mesón donde estaban los filibusteros de William Walker, y

los obligó a huir.


La maestra nos dio una recitación para aprender de

memoria. El alumno que mejor la recitara iba representar

a Juan Santamaría en la dramatización.

Decía así:

__ ¿Quién este tú, tamborcillo,

el del aire tan marcial

que no pareces soldado

sino bravo capitán?

__Soy un hijo de Alajuela

mi sencillo nombre es Juan.

Erizo me dicen otros

Cuando me quieren nombrar.


__Con tu sonoro tambor

que va marcando el compás

de la marcha a los valientes

soldadito, ¿adónde vas?

__A Rivas de Nicaragua,

A Rivas voy a luchar

Contra la banda invasora

que nos quiere esclavizar.

__ ¡Buena suerte, tamborcillo!

__ ¡Voy decido a triunfar!...

Me la aprendí muy bien porque ¡tenía tantas ganas de

representar el Erizo!
Jaime me dijo que perdiera las esperanzas porque soy

rubio y de ojos azules y Juan era moreno y de pelo negro;

eso me tenía algo nervioso.

Por fin llegó el día de la gran decisión: la maestra me

escogió a mí. Declaró que era el que tenía mejor

entonación y más fuerza en la voz y que por eso haría de

soldado Juan. ¡Que alegría tan grande!

Sólo que las cosas no salieron muy bien que digamos,

por culpa del estúpido de Marcos.

La próxima vez que escriba, cuanto lo que paso.

Jueves 14 de abril

Cumplo la promesa de escribir lo que sucedió el 11 de abril.

Lo tengo tan presente como si acabara de pasar. Llegué al

colegio en la mañana y se me pegó el ambiente de alegría.

En los corredores y en las clases había banderitas que se


movían con el viento y sonaban como los pájaros cuando

vuelan. Al fon del patio, cerca del árbol de guayabas, los

alumnos de tercer año, que se parecían al Mesón. De color

amarillo huevo, con dos ventanas y una puerta.

Desde allí, los filibusteros le disparaban a Juan

Santamaría.

La maestra dijo en clase:

__Cuando Juan se tire al suelo y comience a arrastrase

como si estuviera herido, los filibusteros que estén dentro

de la casita tienen que huir.

__ ¿Por qué? __preguntó Marcos.

Porque la idea es que Arturo, al llegar a la casita, le

prenda fuego.

Seis compañeros, entre ellos Alberto y Toni, eran los

filibusteros.
Llevaban rifles de juguete que iban a sacar por las

ventanas del Mesón.

Ensayamos varias veces y doña María, mi maestra,

estaba orgullosa del éxito. Ella es bajita y gorda y corre el

día entero de un lado para el otro, como una hormiguita.

Hace una semana, doña María le había dicho a

Marcos:

__Consiga un buen pedazo de palo de escoba y le

amarra unos trapos en un extremo. Luego échele unas

gotitas de canfín antes de que empiece la dramatización.

Cuando Arturo termine de recitar, inmediatamente usted

enciende la tea con un fósforo y se la entrega.

Marcos abrió mucho los ojos y dijo que sí con su

cabezota cuadrada. Parecía un lápiz con borrador: flaco y

cabezón.
__ ¿Y de dónde saco la escoba, los trapos y el canfín?

__preguntó.

__Los trae de tarea para el once. Estoy segura de que

en su casa va a encontrar las tres cosas ¡Ah! Y traiga

fósforos también __terminó diciendo mi maestra.

Y Marcos cumplió con la tarea.

__ ¡Pero muchacho! __casi grito doña María__. ¿Por

qué corto tan pequeño el palo de la escoba? Bueno…ya

ahora no se puede hacer nada. Vamos a comenzar en unos

minutos.

Y, dirigiéndose a mí:

__Venga para tiznarle la cara y el pelo con este corcho

quemado.

Póngase esta gorra que le tapa media cabeza y así no será

mucho el pelo que tengo que tiznar. Amárrese este


pañuelo rojo al cuello. ¡Ah! Y no se olvide de que debe

arrastrarse len…ta…men…te.

Empezamos a las diez de la mañana con el Himno

Nacional.

__Y ahora __habló el profesor de geografía, que era

el encargado de dirigir el acto__, los alumnos de quinto

grado tendrán a su cargo una dramatización.

__Arturo, salga ya y diga con voz fuerte la poesía

__ordenó en voz baja la maestra. ¡Y seguro que la dije a

todo pulmón!

Pensé bien cada palabra y sentí orgullo enorme al poder

representar al héroe de mi Patria. Y estoy seguro de que

Juan Santamaría, desde el cielo, no le importó mucho que

yo fuera rubio y de ojos azules.

__ ¡Voy decidido a triunfar! __terminé diciendo.


Marcos, vestido de soldado, me pasó la tea encendida.

Sentí que el canfín me correaba por el brazo y las enormes

llamaradas me hacían arder la cara. El imbécil


De Marcos, en vez de gotitas, vació TODA la botella de

canfín. ¡Y además con esta tea tan corta!

Comencé a caminar len…ta…men…te y vi a los

filibusteros que, desde el Mesón, me disparaban con sus

rifles. Me tiré al suelo, haciéndome el herido, y comencé a

arrastrarme despacio. De pronto, el palo de la escoba

empezó a arder y amenazaba con quemarme los dedos. ¡La

tea iba a quemar, antes de que yo pudiera llegar al final!

¡Dios mío! ¿Qué hacer?

Traté de arrastrarme, más ligero, pero el calor y el

humo me hacían llorar y no podía ver el camino. Entonces

empecé a gatear lo más rápido posible, mientras oía que,

a mis espaldas, los alumnos se estaban riendo.

__ ¡Un herido de muerte y gateando!

__comentó alguien en voz baja.


Faltaban sólo cinco metros para llegar al Mesón, pero

ya el fuego empezaba a quemarme los dedos.

A través del humo, pude ver a los filibusteros que,

desobedecieron la orden de doña María, no habían salido

aún del Mesón.

¡No podía más! Entre las lágrimas, el humo, los mocos

y el sudor, tomé una resolución: me levante y corrí hacia el

Mesón y arroje la tea lo más cerca posible.

Oí los gritos del último filibustero que no había podido

salir todavía porque la puerta era muy angosta.

Después me tiré al suelo y me hice el muerto. Traté

de disimular una tos que me ahogaba, pero no pude;

parecía un tuberculoso.

La casita de cartón se quemó rápidamente entre el

humo gris y el olor a incendio.


Nuestro acto fue aplaudido.

La dramatización termino cuando todos cantaron el

himno de Juan Santamaría. Yo seguí en el suelo tosiendo y

pensando que, si al Erizo le hubieran dado una tea tan

corta y empapada en canfín, a lo mejor, a estas horas, no

tendríamos héroe nacional.

Sábado 16 de abril

Hoy conocí por primera vez a un muerto difunto.

La gente siempre habla de los muertos de risa,

muertos de hambre, muertos de susto, muertos de

cansancio…pero éstos tienen su diferencia con los

muertos-difuntos.

La hermana de Toni estudia para ser doctora y va casi

todos los días a un lugar de la Facultad de Medicina donde

coleccionar cadáveres. Ayer le preguntamos si podíamos


entrar con ella para conocerlos y prometió llevarnos hoy.

Lo malo fue que, cuando íbamos a entrar los tres, se acercó

un amigo a saludarla. Estuvimos parados en la puerta cinco,

diez, quince minutos y, al final, resolvimos entrar solos. Ella

hablaba tanto, que ni se dio cuenta.

Toni abrió la puerta del lugar donde están los muertos

y entramos despacio y callados.

Era un cuarto grandísimo, con gavetas enormes al

lado de las paredes. Estas gavetas eran de lata y tenían una

tapa cada una. Creo que el cuarto tenía refrigeración,

porque de pronto empecé a sentir frío. No había nadie más

que nosotros dos y los muertos.

Nos acercamos a una de las gavetas y Toni me dijo:

__Abramos está, Arturo.


__Cogé vos un lado y yo el otro porque son pesadas

__le propuse.

__Quitemos la tapa __ordenó Toni.

Así lo hicimos y sentí que se me paraban todos los

pelos de punta, hasta los que tengo en la nariz.

Un hombre tieso y seco, color chocolate, nos miraba

con los ojos medio cerrados y la boca medio abierta.

__Es un negro __le dije a Toni bien quedito, para que

no oyera el muerto.

__No, tonto, dice mi hermana que les ponen una

sustancia que se llama formalina para que no se

descompongan y entonces se vuelven de ese color.

Toni tenía el pelo más despeinado que de costumbre,

seguro del miedo, y yo ni me di cuenta de que me había

comido las uñas, hasta la raíz.


De pronto oímos a nuestras espaldas:

¡BUUUUUUUUUUUU…!

Buscamos ansioso de dónde venía esa voz, pero no

vimos a nadie.

Me sentí congelado de pies a cabeza y miré a Toni,

que parecía una sábana con ojos. En tres brincos, que se

me hicieron tres kilómetros, llegamos a la puerta y salimos.

Sentía el corazón como una bola de fut brincando por mi

cuerpo. La hermana de Toni, que todavía conversaba con

el amigo, nos habló, pero yo no pude contestarle.

__Ahorita entramos, muchachos: ya voy a terminar

__nos dijo.

__No te preocupés __le contestó Toni__.


Otro día volvemos. Mejor nos vamos ya para la casa

porque tenemos mucho que estudiar para un examen que

nos hacen el lunes.

Me pareció que la muchacha se sonrió con el amigo y

me entró la sospecha de que fue ella la que nos asustó con

ese BUUUUUUU…

Lunes 18 de abril

Mi primo Javier me invitó ayer domingo a su finca, y lo pasé

muy contento. Allí tiene caballos muy lindos. Son blancos;

mi tía los trajo de España, por eso se llaman andaluces.

Todos tiene nombres como Solidario, Orgullosa, Lisonjera,

Recatada, y saben hacer pasos diferentes.

Cuando Javier monta a Solitario parece que va

jineteando una nube. La cola y la crin son como luna


derretida. Javier cuenta que él les habla en el oído y les

dice qué es lo que deben hacer, pero yo no le creo.

Montamos a caballo y fuimos a la lechería para ver la

ordenadora eléctrica. Yo no había entendido bien lo que

era, hasta que la vi.

Debajo de cada ubre les ponen a las vacas unos

chupones con los que les sacan la leche y las ordeñan como

si fuera a mano, pero más rápido, porque es una máquina.

Después fuimos al potrero a ver las vacas. Dice Javier

que las más gordas están cargadas y van a tener terneritos.

Hoy doña María me apuntó en el libro de la clase y se

enojó mucho porque, como está gorda, yo le pregunté si

estaba cargada. Llamó a mi mamá al colegio y le dijo que

yo era un gran insolente. Claro mamá tuvo que disculparse.

Pero papá no me regaño esta vez. Sólo me explicó la


diferencia que hay entre las dos palabras, embarazada y

cargada, que al fin y al cabo es casi lo mismo.

Miércoles 20 de abril

El lunes me olvidé de escribir que estamos en Semana

Santa. El domingo que pasó fue de Ramos y nos regalaron

palmas benditas en la iglesia.

Dice mi mamá que, si hay tormenta, se enciende un

pedacito de palma y deja de llover. Quisiera hacer el

experimento, pero, con la poca lluvia que cae en estos días,

mejor es no encender nada, porque puede ser que no

vuelva a llover nunca más y con todo tan seco en las

llanuras de Guanacaste, es capaz que se arruinaría el país.

Hoy en la tarde vamos a ir a la finca para pasar allá

jueves, viernes, sábado y domingo. Como son días santos,

mi papá no tiene que trabajar.


Lunes 25 de abril

Durante los días santos no se puede trabajar ni tampoco

escribir; por eso no escribí hasta hoy.

La finca queda en el Monte de la Cruz, cerca de

Heredia. Es nuestra. Ahí tenemos una yegua, una casita y

una hectárea de terreno.

Los días estaban fríos y ventosos. Nadie quería

alegrarse, ni el sol, ni los pájaros, ni nosotros. Los árboles

tenían las hojas como orejas gachas de tanto viento, y

tenían un aspecto marchito. Y con ese mismo aspecto

marchito. Y con ese mismo aspecto marchito regresamos

nosotros a San José: todos con gripe.

El Jueves y Viernes Santo bajamos de la finca a

Heredia, a ver las procesiones que estuvieron muy bonitas.


Primero desfilaron angelitos, en andas decoradas como

nubes
rosadas o celestes. Los angelitos tenían alas de pluma o de

papel y había uno tan chiquito, que llevaba chupeta y se

iba durmiendo.

Luego pasaron las siete palabras, que son ángeles más

grandes, vestidos de blanco.

Cada uno lleva un letrero con una de las últimas palabras

que pronunció Jesús antes de morir. Después venía María

Magdalena, una muchacha muy bonita, de pelo negro y

muy largo. Llevaba un ánfora, que es como un pichel

grande para llevar agua. Es para recordar que María

Magdalena le lavó los pies a Nuestro Señor. La Verónica

era la que seguía en la procesión y traía en la mano una

tela con tres caras de Jesús pintadas, para que nos

acordemos que, cuando Él iba hacia el Calvario, ella le secó

la cara que tenía llena de sangre y sudor, y Jesús le dejó,

en premio, el rostro marcado tres veces en la tela.


Las imágenes de la Virgen María y San Juan venían en

andas, con las caras muy tristes.

El Jueves Santo desfiló Jesús amarrado y con la corona

de espinas.

El Viernes venía ya muerto-difunto en un ataúd de

cristal y custodiado por un grupo de hombres, que se

llaman Caballeros Marianos.

Mucha gente caminaba al lado del Santo Sepulcro, y

la banda de Heredia tocaba el Duelo de la Patria.

Nosotros estábamos viendo la procesión parados en

una esquina. Mamá tenía a José en brazos, para que viera

mejor, y Ana se alzaba de puntillas. Papá nos iba

explicando, a Jaime y a mí, lo de la pasión de Cristo.

Cuando se acercaba el Santo Sepulcro al lugar donde

estábamos, la gente comenzó a llenarlo todo y nos


encontramos rodeados de personas como cuando uno

deja en el suelo un pedazo de queque y se llena de

hormigas. Entonces comenzó a faltarme el aire. La gente

empujaba y me empujaba y, no sé en qué momento, me

encontré a la par del señor que tocaba la trompeta, y seguí

caminando a su lado, porque había más campo.

De pronto pasó algo terrible: un hombre se

descompuso y vomitó en medio del gentío y al lado del

Sepulcro. Al momento se hizo un claro entre la gente y el

músico casi se traga la trompeta, porque lo empujaron por

detrás.

Yo sentí una garra que me cogía el brazo y vi que era

mi papá, que hacía esfuerzos casi imposibles para llegar

donde yo estaba.
__! Arturo! __ me gritó. Y, tratando de hablar bajito

porque la gente rezaba, siguió: __Nos buscás en la esquina

donde estábamos…

__ ¡Sí! ___le dije moviendo la cabeza.

No vi más a papá. Yo traté de salir de entre aquel

montón de robots humanos que caminaban al mismo paso

y movían los labios, pero cada vez que avanzaba dos pasos

hacia algún lado me reclamaban:

__ ¡Chiquito, no empuje!

Entonces resolví quedarme parado en el mismo lugar

y ellos me empujaban, pero ya no decían nada. Comencé a

caminar para atrás, contra corriente, inventando así una

nueva táctica. Es difícil, pero se puede; hasta que pegué

con el sacristán que llevaba el incienso.


Al llegar ahí, ya pude salirme del hormiguero y fui a

buscar a mi familia. ¡Estaban histéricos! José lloraba y papá

y mamá discutían.

Jaime le explicaba a Ana por qué habían matado a

Nuestro Señor, y Ana hacía pucheros. Cuando me vieron,

se calmaron.

Entonces, regresamos a la finca.

Al llegar a la casa, mi hermano menor era el que

preguntaba quién había matado a Jesús y por qué. Y, ya en

su camita, antes de dormirse, me preguntó si a San Nicolás

también lo habían matado.

El domingo de Resurrección fuimos a misa y me dio

vergüenza ser hermano de Ana, por lo que dijo. Cerca del

altar mayor había una imagen del Resucitado, que estaba

con una bandera blanca en la mano.


Pues a mi hermana se le ocurrió preguntar con voz tan

fuerte, que la gente se volvió para mirarla:

__ “A Jesús lo enterraron con esa bandera blanca o

¿de dónde la saco?”

La gente que estaba cerca de nosotros empezó a

reírse y un señor me volvió a ver y se sonrió conmigo, pero

le puse cara de serio porque no me gusta que se rían de mi

hermana.

No sé por qué Ana tiene siempre que hablar a gritos.

Mi papá le explicó, después de la misa, que la bandera

era solamente un símbolo, el de la victoria, pero creo que

no entendió muy bien…

Miércoles 27 de abril

¡Qué cólera me da ver la ilusión que tiene los maestros por

hacer exámenes después de los días feriados!


Tengo examen de matemáticas y no me sé muy bien

las tablas de multiplicar. Voy a hacer papelitos con los

números de las tablas, diminutos, y los voy a guardar en el

bolsillo. Si se me olvida algún resultado, saco el papel y ya

está. Pensándolo bien, mejor haré tres papeles: el del

bolsillo, otro lo voy a pegar detrás de la regla y con el otro

hago un rollito y lo meto dentro de la tapa del bolígrafo.

Así no puedo fallar.

El examen es mañana, jueves. El viernes escribo cómo me

fue.

Viernes 29 de abril

¡Lo que me pasó el jueves es algo increíble!

Hice tantas veces los papelitos con las tablas, que en

la noche no pude dormir: sólo veía números.


Cuando llegué al examen, me sentí tranquilo por los

“forros” que llevaba. Sólo el del bolígrafo no sirvió, porque,

a la hora de escribir, abrí la tapa y se salió el papelito.

Entonces tuve que tragármelo para que el profe no lo viera.

Pero me quedaban los otros dos.

No tuve necesidad de copiar. Seguramente, de

escribir tantas veces las tablas,


me las aprendí a la fuerza. Y lo mejor de todo es que mi

examen estuvo entre los primero de la clase. Me felicitaron

en el colegio, y en mi casa por poco hacen una fiesta.

No sé por qué tanto alboroto, si, al fin y al cabo, no es

tan difícil sacar buenas notas…

Domingo 1 de mayo

Hoy es el día del trabajador. Se debería llamar del no-

trabajo porque el 1° de mayo nunca se trabaja y menos si

cae domingo como hoy.

Así es que yo también me tomo el día feriado y no voy

a escribir.

Martes 3 de mayo

Seguro que cuando Jaime sea grande va a ser ingeniero o

constructor. Siempre está inventando cosas y no suelta ni

el martillo ni los clavos. En el garaje acaba de construir un


banco para carpintería. Tiene serrucho, alicates y frascos

de vidrio llenos de clavos y tornillos.

Dice mamá que cuando Jaime era chiquito, le pedía

unas cosas muy complicadas a San Nicolás. Una vez le pidió

un ascensor. Y siempre quiso un carro de bomberos

comuna escalera bien grande para poder subirse. Y lo que

más le gustó en una Navidad, fue un juego de herramientas

de carpintería. Desde entonces es constructor.

Ahora se está haciendo un velero y lo está armando

en el patio de atrás. No es un velero muy grande; sólo tiene

siete pies de largo. Asegura que cuando lo termine lo va a

llevar al lago que hay en la represa Cachí. Está muy

orgulloso y tiene razón, porque le está quedando muy

bonito.

Jueves 5 de mayo
Hoy, después de ir al colegio, fui con mamá y Ana para

hacer compras en la ciudad.

El automóvil tiene la luz direccional descompuesta y,

al llegar a una esquina, mamá sacó la mano para indicar

que iba a cruzar.

Un ciclista que venía cerca de nosotros no vio la señal y,

cuando mi mamá cruzó, el siguió recto y nos chocó. Se oyó

un grito y quedamos paralizados.

__Dios mío __decía mamá__. Seguro que lo hice

picadillo. ¡Qué horror!

Ana comenzó a llorar, como acostumbra a gritos, y yo

trataba de calmar a las dos; pero ninguna me oía. Al fin nos

bajamos para ver lo que había pasado. ¡Un desastre!

Trozos de carne por todos lados; un zapato negro tirado en


medio de la calle, y un charquito de sangre con un pedazo

de hígado encima.

Sentí un nudo en el estómago y se me pusieron las

manos frías, como si estuviera en el Polo Norte. No quería

pensar en los muertos-difuntos, pero sólo eso me venía a

la mente.

También pensé que mamá iría a la cárcel por el resto

de su vida y nosotros quedaríamos huérfanos de madre.

__ ¿Dónde está la cabeza de este muchacho?

__preguntó mamá llorosa.

Me puse a buscarla debajo de los carros, pero no vi

nada. Seguro había rodado calle abajo.

En eso llegó el policía de tránsito.

__ ¿Qué pasó aquí? __preguntó.


__ ¡Ay, señor! __dijo mi madre y le temblaba la voz.

Creo que maté a un ciclista que no vio la señal de yo iba a

cruzar. Estoy buscando la cabeza entre ese montón de

carne. Mire...el hígado… ¡los sesos!

__Tranquilícese, señora. Usted no ha matado a nadie.

Mire al muchacho, ahí está.

Es el repartidor de carne y lo que está en el suelo, era lo

que traía el cajón de reparto.

Lomos, lomitos, piernas de cerdo, hígado y sesos se

colocaron de nuevo en el cajón de la bicicleta. El muchacho

nos miró, se puso el zapato negro que estaba en la calle y

dijo algo que mamá no entendió, por dicha. Luego siguió

su camino.
Nosotros, en cambio, nos quedamos sentados en el

carro como media hora, mientras mamá tomada aliento y

se calmaba.

Sábado 7 de mayo

Hoy vino Marcos a jugar fut porque como yo estoy un poco

resfriado, no puedo salir. Entonces organizamos un partido

dentro de la casa. Por suerte no había nadie, bueno…sólo

Cecilia, que nos dio permiso.

La puerta del dormitorio de Ana era mi portería y la puerta

del dormitorio de Jaime, la de Marcos. Para no hacer

mucho daño, jugamos con una pelota de tenis, porque una

de fut, dentro de la casa no sirve. Comenzó el juego y

corríamos de un lado a otro tratando de meter un gol. ¡Qué

buenas jugadas de marcaje! Un tiro a la puerta y… ¡gol! La


bola entró al dormitorio de Ana y Marcos anotó su primer

punto.

__No hagan mucha locura ustedes dos

__dijo Cecilia, asomando la cabeza con precaución__.

Después viene su mamá y la que se sopla la regañada soy

yo. Arturo ¿me está poniendo cuidado a lo que le digo?

__No se preocupe, si estamos calmados.

Es sólo este partido y ahorita se acaba: con dos goles le

gano a Marcos.

__ ¡Que cáscara! ¿No ve que le voy ganando? __se

burló Marcos.

__Yo soy Heredia __le dije.

__Yo soy Saprissa __me contestó. Y alístese, que ahí

va la goleada.
Cecilia se retiró sonriendo y parpadeó seguido, con su

tic nervioso.

El partido siguió.

__ ¡Gooool! __grité__. ¡Empate! Y sigue la bola

corriendo y cae en poder del equipo Saprissa, pero el

defensa Heredia se la arrebata y sigue adelantando hacia

la meta contraria y ¡gooool! Acaba de meterle el segundo

gol al equipo Saprissa…

__ ¡Y también acabás de quebrar un florero y la

estatua del Corazón de Jesús se le despegó la cabeza!

__contestó Marcos jadeando.

Sudorosos y excitados, hicimos el recuento de los

daños; no había sido mucho, apenas algunas cosillas sin

importancia: a un payaso del dormitorio de Ana se le había

quebrado un brazo, una caja de música estaba en el suelo


con la tapa abierta y de adentro salía la música despacio.

Los cuadros de las paredes estaban ladeados y los papeles,

que Jaime tenía encima del escritorio, regados por el piso.

Un helecho de mamá tenía las hojas caídas y el florero

amarillo se había partido en cuatro. Pero el daño más

grande era el Corazón de Jesús de pasta, herencia de mi

bisabuela; el pobre estaba sin cabeza en medio del

corredor.

Entre lamentos, Cecilia nos ayudó a unirlo con

pegalotodo y ya no se nota mucho. Nada más parece que

tiene puesto un collar, pero nadie se dio cuenta, ni lo del

florero tampoco; y no me regañaron.

Lunes 9 de mayo

Hoy preguntó el profesor de religión:

__ ¿Quién sabe cuál es el valor de una misa?


__Cincuenta colones __le contesté yo __. El padre lo

dijo el domingo en la misa, y agregó: hay que subirle de

precio porque todo está muy caro.

El profe se enojó por mi respuesta y dijo que yo le

daba un valor “material”; que ese no era el valor de una

misa. Parece que una sola vale como cincuenta mil

padrenuestros, cincuenta mil avemarías, veinticinco

viacrucis, setenta rosarios y varias cosas más.

Miércoles 11 de mayo

Me gusta entrar al dormitorio de mi hermanito, cuando lo

están acostando, para oírlo rezar. ¡Pide unas cosas!

Anoche rezó:

“Niñito Dios, por favor no te llevés el sol en la noche, para

poder jugar más rato”.

Después dijo:
__Niñito Dios… ¿no podrías nacer un poco antes? Es

que falta tanto para la Navidad…

Otro día pidió: “Niñito Dios, por qué no me prestás un

rato al suspirito santo porque, como es una palomita, la

podría meter en una jaula con el canario”.


Viernes 13 de mayo

Ana se está volviendo inteligente. Hoy estábamos viendo

televisión y me preguntó:

__Arturo, ¿cuándo dan el programa del Hombre

Nuclear?

__Pasado mañana __le dije.

Se quedó un rato pensando y agregó:

__Ah, ¡ya sé! Cuando mañana sea ayer.

Lástima que lo de la inteligencia le dure tan poco. Ya

en la tarde, otra vez, salió con una gran tontería. Resulta

que íbamos con mamá y unos viejos comenzaron a decirle

a mamá cosas como “Linda, me lleva” y mi hermana se

volvió furiosa y les gritó por la ventana:

__ ¡Viejos majaderos, dejen a mamá en paz! ¿No

saben que ya tenemos un papá?


Domingo 15 de mayo

Hoy estuve en misa y el padre habló sobre el arca de Noé,

posiblemente porque está en temporal y hace una semana

que no para de llover. El padre dijo que Noé metió en el

arca sólo parejas de animales y así se salvaron de morir

ahogados. Cuando dejó de llover, después de cuarenta días

y cuarenta noches, los soltó otra vez y se reprodujeron los

animales de todas las especies.

Mientras hablaba el padre, yo le pedí a Dios de todo

corazón, que me quitara ya la lluvia, porque si tuviéramos

que hacer un arca, ¿qué hago yo que tengo tres perros y

sólo un canario?

Martes 17 de mayo
Hoy la profesora de ciencias me apuntó en el libro de clase.

Ella hablaba de la reproducción de los animales y de las

plantas y de lo sabia que es la madre naturaleza:

Entonces yo le pregunté:

__ ¿Por qué es que siempre dicen la madre naturaleza,

la madre patria, la madreperla, y al padre ni lo mencionan?

Como mis compañeros se rieron, entonces me apuntó a mí,

como siempre de salado.

Jueves 19 de mayo

Hoy vi una película en televisión que me dio mucho miedo.

Salían unos monstruos y mamá me dijo que mejor lo

apagara, porque no iba a dormir en la noche. Pero, cuando

me lo dijo, ya había visto lo peor: una enorme araña que

se comía a un hombre, y después, un monstruo que


caminaba muy despacio; y comencé a oír pasos. Abrí los

ojos y vi, a través de la cortina, una sombra que se movía.

__ ¡La araña! __grité, pero no me salió la voz.

Entonces me tapé la cara con las cobijas y debajo de

ellas comencé a oír un tambor: era mi corazón que

golpeaba con fuerza.

Oí pasos y saqué un ojo fuera de la sábana. Una sombra se

acercaba: ¡el monstruo!

Ya mi corazón no era un tambor sino un bombo. Yo

estaba sudando frío, y un hilito de miedo me bajaba por la

nuca.

“Padrenuestro lleno eres de gracia” …se me hizo un lío con

el padrenuestro y el avemaría. “¡Ay Diosito, ayúdame que

hasta se me olvidó rezar!”.

__ ¡Ay, ay! __grité__. ¡El monstruo! ¡Auxilio!


El monstruo siguió acercándose hasta que llegó a mi

cama y me tocó suavemente.

__! Ayyyyyyyy! __grité con todas mis fuerzas.

Con los pelos parados salté de la cama:

¡Papá, mamá! ¡Me matan!

__! Arturo, basta! __reconocí entonces la voz

energética de mi padre.

Se encendió la luz y pude ver que, en efecto era papá,

gracias a Dios.

__ ¡Ay, papá! ¡Qué susto! Creí que era el monstruo y

también vi la araña en la cortina.

__ ¿Cuál araña?

__No sé, había algo ahí hace rato.


__Claro… hoy hay luna llena y se ve la sombra del pino

que se mueve con el viento. Vamos a dormir que se hace

tarde y nada de miedos. Esa maldita televisión les está

llenando la cabeza de tonterías. Papá no supo que me pasé

al cuarto de Jaime y dormí en el suelo el resto de la noche.

Sábado 21 de mayo

Hoy fue el cumpleaños de Alberto, invitó a varios

compañeros de la clase y también llegaron primas y primos.

Liliana es una de las primas que conocí; es rubia y muy

bonita.

Jugamos a pegarle la cola a un burro que estaba en la

pared. Teníamos que caminar con los ojos vendados y

tratar de pegársela lo más cerca posible del trasero. Al que

lo lograba le daban un premio. Liliana, con los ojos


vendados, caminó directamente hacia el burro y le pegó la

cola donde la tiene todos los burros.

__Seguro está viendo __dijo el primillo Alberto que no

tiene los dos dientes de adelante.

Liliana se quitó el pañuelo que le cubría los ojos y toda

colorada, le contestó:

__Para que lo sepa, no he visto nada porque este

pañuelo es muy oscuro; póngaselo para que vea que es

cierto.

Pero aquí, entre nos…yo creo que Liliana podía mirar

por debajo, porque iba caminando con la cabeza echada

para atrás.

Cuando llegó mi turno, me amarraron el pañuelo con tanta

fuerza que casi no podía respirar. Me dieron tres vueltas

en el mismo lugar y me mandaron donde el burro.


La cola tenía una tachuela en el extremo.

Comencé a caminar.

__ ¡Va bien, va bien! __gritaban.

__ ¡Abuelita, quítese del camino! __oí decir.

Pero ya era muy tarde.

__! Ayyyy, mi espalda! __sonó la voz ronqueta de la

abuela de Alberto. Me
quede petrificado, porque el burro al que yo le estaba

poniendo la cola se estaba moviendo.

Me quité el pañuelo y vi con horror que la abuelita de

mi amigo le colgaba la cola del burro en la espalda. Parada,

con una bandeja de galletas en la mano, me miraba

sonriendo bondadosamente.

__Es mi culpa por andar repartiendo galletas en

lugares donde no se deben meter los viejos, porque es

peligroso que lo confundan a uno con un burro.

__ ¡Ay, Arturo! ¡Qué torta!... __me decían los primos

de Alberto, todos a la vez.

__ ¡Diay maje, compre brújula! __se burlaban mis

compañeros.

__ Perdoné, señora…es que no vi…


__ ¿Cómo ibas a ver, hijito, si tenías los ojos

vendados? Quítame la tachuela de la espalda, que me está

haciendo cosquillas, y estás perdonado de inmediato. Y

para que veás que no estoy enojada, te ofrezco una

galletica. ¿Qué te parece?

__Mejor después…señora…gracias.

Y me fui corriendo al patio y me refugié debajo de un

árbol. Allá llegó Liliana, seguida de Alberto y, entre los dos,

me tranquilizaron y se me fue la vergüenza. Después

comimos helados, barquillos y confites.

También las galletas de la abuela.

Cuando Alberto iba a soplar las once velitas de su

queque, comenzamos a cantarle “Cumpleaños feliz” y

después se lo cantamos en inglés: “Sapo verde to you” …


Después le dieron a Liliana un premio, por haber

ganado en el juego del burro. Liliana está en sexto grado.

Sabe hablar de muchas cosas interesantes y también hace

queques. Dijo que me iba a invitar a su casa para que

probara uno de chocolate que le sale muy bien. Ojalá me

invite de verdad.

Lunes 23 de mayo

Ayer fuimos a Cachí a echar en el lago de la represa el

velero de Jaime.

Salió tanta gente de mi casa, que parecía una

procesión. Íbamos: la tribu de los Pol, que somos seis.

Luego Javier, mi abuelita, Tony, Alberto y Marcos.

Viajamos en una camioneta que le prestaron a papá, y que

llevaba pegado un remolque con la lancha.


Cuando llegamos a Cachí, papá arrimó la camioneta lo más

cerca del agua que pudo.

Luego los hombres nos pusimos la pantaloneta de

baño y las mujeres se sentaron debajo de un árbol a mirar.

Los hombres echamos la lancha al agua y costó mucho

bajarla del remolque, porque era muy pesada. Por dicha

mis amigos ayudaron.

Mi abuelita hizo las velas con unas sábanas viejas y,

como hacía mucho viento, nos dio bastante trabajo

ponerlas en el velero. Por fin estuvo listo y Jaime se montó,

con una sonrisa de oreja a oreja. Papá, metido en el agua

hasta las rodillas, le dio el empujón final al velero, que

comenzó a alejarse, primero despacio y luego más rápido.

Navegaba lindísimo y la vela se hinchaba con el viento.

Estaba en medio del lago, cuando de pronto, vimos la vela


inclinarse hacia un lado y ¡chas!... se fue al agua. Minutos

después sólo se veía flotar la parte roja, que era el fondo

del velero: se había volcado completamente.

A su lado, la cabeza de Jaime se movía de un lado al otro

sin saber qué hacer. Mi abuela comenzó a gritar que

enviaran un helicóptero a rescatarlo porque se iba a

ahogar, y papá se puso furioso con la idea.

Entonces vimos cómo Jaime comenzó a nada hacia la

orilla del lago y abandonó su querido velero. ¡Pobre Jaime!

Todos
estábamos muy callados y mirábamos lo que ocurría, sin

poder hacer nada. Lo vimos llegar hasta la tierra, pero cada

vez que hacía intentos de subir, sosteniéndose de la hierba

que crecía en la orilla, se le desprendía la raíz y mi hermano

se iba otra vez al agua.

Mamá y abuelita lloraban y Ana sólo hacía pucheros,

¡por dicha! Mis amigos y yo nos mirábamos, sin saber qué

hacer.

__ ¡Vamos! __dijo papá en energía__.

¡Móntese rápido!

Y salimos en la camioneta hacia donde estaba Jaime

tratando de subir a tierra.

Pero era imposible acércanos a la orilla: no había camino.

Al fin lo vimos llegar entre matorrales, dando brincos como

un conejo.
__ ¿Qué le pasa a este muchacho? __comentó papá.

Llegó donde nosotros estábamos, pálido y mojado

hasta los huesos, y con voz temblorosa nos dijo:

__ ¡Que salado estoy! No sólo se me vuelca el velero,

sino que, al subir a la orilla, me pasó una enorme culebra

entre las piernas.

__ ¡Doble susto! __comentamos.

__Vamos a hablar con los encargados de la represa, a

ver qué nos aconsejan __propuso papá.

Entramos en una oficina donde estaban unos

ingenieros, quienes muy amablemente nos ofrecieron

rescatar el velero.

Dos hombres se tiraron al agua, nadaron con fuerza y lo

trajeron a la orilla. No se había perdido nada, gracias a Dios.


Regresamos a San José muy animados porque, después de

todo, había sido gran aventura.

Miércoles 25 de mayo

En el colegio ya se sabe lo del naufragio de Jaime. Desde el

lunes estamos contando Marcos, Alberto, Toni y yo, cómo

pasó el accidente. Hasta los profesores quieren saberlo. Lo

mejor es que mis amigos tienen tanta imaginación, que

han cambiado más de la cuenta: Jaime quedó preso entre

las velas y no podía salir, trato de enderezar el bote y casi

se ahoga, se arrolló una culebra en una pierna; hasta que

mi abuelita pidió un helicóptero por teléfono, pero que no

llegó. Ya la historia parecía película de miedo.

Dice Jaime que ahora quiere hacer otro velero, pero

que no se vuelque; con planos y todo.

Viernes 27 de mayo
Hoy el diablo anduvo suelto por la clase. El profesor de

música llamó a las mujeres para un ensayo con el coro. Los

hombres nos quedamos en una aburrida hora de lectura;

el único que leía era el profesor.

Teníamos un hambre atroz y no había nada sabroso

en la soda, ni plata en los bolsillos de nuestros pantalones.

Entonces resolvimos atacar las “loncheras” de las

mujeres, ya que siempre están llenas de cosas deliciosas.

Alberto, con mucho disimulo, abrió la “lonchera” de

Isabel y se encontró un pedazo de queque de chocolate.

Como es tan glotón, se lo metió en la boca y seguro se lo

tragó sin masticarlo, para que nadie se lo quitara. Ésta fue

la mejor “lonchera” porque a los demás sólo nos tocó pan

con jalea, y a otros, un banano.


Lo malo es que las mujeres descubrieron del robo por

Alberto, porque le quedó un gran bigote de chocolate en

la boca.

__ ¡Anja! __dijo Isabel enojada__. Ya sé quién me

robó el queque. ¿Cómo te atreviste a abrir mi “lonchera”,

Alberto?

__ ¿Y cómo sabés que la “lonchera” que abrí fue la

tuya?

__Con eso que dijiste te acabás de echar al agua y

para hacerlo mejor tenés la boca untada de chocolate.

__ ¡Qué ladrones son en esta clase! Me robaron el

pan…

__Y a mí el banano…

__Se tomaron mi refresco…


Sonaba parecido al cuento de los Tres Ositos. Sólo

quejas se oían por todas partes.

La discusión no siguió adelante, porque la campana

sonó en ese momento. Las compañeras, furiosas, no nos

hablaron en el resto del día. Pero no importa porque, como

dice el refrán: “Panza llena, corazón contento”. Además,

ya para mañana se les habrá pasado el berrinche.

Domingo 29 de mayo

Hoy fue al Estadio de fútbol con mi primo Javier. Jugaban

Heredia y Saprissa. Como no teníamos mucha plata, nos

fuimos a las graderías de sol. Llegamos a las ocho de la

mañana, porque se llena tanto…

Conseguimos un buen campo, en el centro.


Como a las nueve nos comimos un pan con mantequilla

que habíamos llevado, porque teníamos mucha hambre.

Casi no habíamos desayunado.

A las once de la mañana empezó el partido. Por dicha

que Javier es herediano como yo, porque así no peleamos.

Estaban jugando los dos equipos muy parejos, cuando

de pronto:

__ ¡Penal! __gritamos los dos.

Un saprissista le dio una patada al jugador herediano

que venía con la bola para meter el gol.

__ ¡Sucios! __gritaron en la barra herediana.

__ ¡Sucia será su alma! __contestó un saprissista. ¡Y

se armó la pelea! Empezaron a llover pescozones cerca de

nosotros y se formó una guerra como entre diez.


Alguien de las graderías comenzó a quemar papeles y

a tirárselos a la gente que peleaba.

A mí, de rebote, me cayó en la cabeza una bolsa

plástica llena de orines.

__ ¡Tarados! ¡Hijos de…! __me levanté furioso con

ganas de matar al primero que se pusiera a la par.

__ ¡Siéntese, carajillo, ¡que no me deja ver! __me

gritó uno de atrás.

__ ¡Goool! __se oyó por todos lados.

¡Se habían metido el penal!

Javier y yo nos abrazamos llenos de felicidad.

__ ¡Ay, maje! Estás hediondo a miaos.

Y la pelota siguió rodando y de pronto cayó en manos

del volante izquierdo y…


! Goool! Pero no fue gol…había pegado en uno de los

extremos del marco.

Javier se había tragado, sin querer, un chicle que venía

masticando desde que salió de la casa y yo me había

comido todas las uñas.

En el primer tiempo quedó uno a cero; ganaba

Heredia. Comenzó el segundo tiempo. El sol nos daba en la

cabeza y el olor a orines me tenía mareado.

__Maje, me encontré dos colones en la bolsa __me

dijo Javier. Comprémonos algo.

__ ¿Y no es la plata del bus? Si la gastás, tenés que irte

a pie.

__No, la plata del bus la tengo en esta otra bolsa…

“Sánguches, sánguches de carne y queso”.

“Empanadas, empanadas”.
“Doncito, ¿quiere cerveza fría?”

“Coca Cola, Fanta, Esquer…”

“Pastillas, chicles…”

__Dame un chicle __pidió Javier. De por sí no me

alcanza para más.

__ ¡Qué pase más lindo!

__ ¡Claro, porque estaban en buena posición!

¡Tira al marco y… ¡Gooooool! ¡Se empata el partido!

¡El gol de la igualada!

¡Cómo se le ocurre al portero salirse tanto del marco!

__ ¡Qué golazo! __gritaban los saprissistas.

__ ¡Un golazo espectacular! __sonaba en un radio de

baterías la voz del comentarista deportivo.

Y así terminó el partido, con un empate de 1-1.


__ ¡Qué rabia, el partido lo tenía ganado Heredia!

__me comentó Javier.

__ ¡Juez vendido! __se oyó gritar.

Pero de verdad el partido se había empatado. Javier y

yo estábamos contentos.

Apenas llegué a casa, me di una dicha como de media

hora y almorcé como si tuviera un mes de no comer.

Jueves 2 de junio

Llevo cuatro días estudiando como un imbécil; por eso no

pude escribir sino hasta hoy.

Además, estoy castigado y no me dejan ir a la función

del circo. ¿Por qué estoy castigado? Por lo de siempre:

mandaron el libro de reportes a casa, con seis apuntadas y

una es la del profesor de música. ¡Ya estoy harto del

colegio!
En la tarde fui con Toni, lástima que sólo por fuera.

Claro que no parecía nada especial, de por sí…

Toni y yo vimos los animales asoleándose y los pobres

nos miraban con ojos tristes.

Había cuatro elefantes, tres monos grandes y dos

pequeños, una jirafa, cuatro leones y un caballo blanco.

También vimos a un payaso que nos hacía muecas y nos

invitó a entrar en la carpa. Estaban ensayando los

trapecistas y se columpiaban como si fueran plumitas

movidas por el viento. Después de que ellos bajaron de los

columpios, la carpa quedó sola.

__ ¿Sabés hacer alguna maroma rara en la cuerda?

__le pregunté a Toni.

__Mezámonos un rato __me contestó.

Debe sentirse toreado uno allá arriba.


Comenzamos a subir por la escalera; yo iba adelante

y Toni detrás de mí. Pero no nos dejaron llegar muy alto,

porque apareció el domador de leones y, dando un latigazo

en el suelo, nos gritó que bajáramos inmediatamente o si

no llamaba a la policía.

Y tuvimos que salir en carrera.

A papá le entró la chifladura de que quiere ser

inventor. Va a instalar un aparato en el techo para que se

chupe los rayos del sol y lleve el calor al tanque de agua

caliente. Es que la electricidad está muy cara. Desde las

cinco de la mañana anda papá en el techo, y hace tanto

ruido, que nadie puede dormir más. El invento sólo sirve si

hay sol, porque si es un día feo o nublado, nos tendríamos

que ir a bañar donde mi abuelita o no nos bañamos. Tal vez

ahí sí esté la economía.


Papá asegura que este invento tiene mucho futuro y

ya usa en varias partes del mundo. Esta semana va a

trabajar duro con el invento y me dijo yo le podía ayudar.


Lunes 6 de junio

Dentro de unos días será la exposición de caballos de

Bonanza. En ese lugar se hacer las exposiciones de ganado

vacuno y caballar. Nosotros tenemos una yegua que se

llama Preciosa; es medio andaluza, pero lo malo es que

está un poco pandeada. Seguro, de tanto montarla, se le

ha hundido el lomo. Ésas son las diferencias, porque si

tuviera esa parte salida, sería algo así como un pariente de

los dromedarios.

Le pregunté a papá si podíamos competir y me dijo

que tal vez la inscribía.

El papá de Javier sí va a llevar a varias yeguas y

potrancos, y un caballo lindísimo que se llama Solitario, al

que a veces le dicen “el garañón”.


Javier tiene una yegua sólo de él; se llama Coqueta y

si le hablan o le tocan en las patas con un palito, hace pasos

raros. Javier también le peina la crin, que es blanca y

brillante, parecida al pelo de mi amiga Liliana. Ella lo tiene

largo hasta la cintura y le cae como la catarata de un río

que está cerca de la presa de Cachí. Y si hay mucho viento,

le ondea como una bandera.

Otras veces se hace dos trenzas y se ve tan bonita…

¿En qué estaba yo? ¡Ah, sí! Hablaba de caballos. Ojalá

llevemos a Preciosa.

Miércoles 8 de junio

Al lado de nuestra casa hay un lote vacío que está siempre

lleno de hierba, como casi todos los lotes. La gente que

vive por aquí cree que es un basurero y ahí dejan desde

zacate que cortan de los jardines, hasta papeles, tarros,


botellas y cuanta cosa hay que se puede llamar basura. De

este lote salen ratas, cucarachas y culebras que se meten

en mi casa por todas partes.

Ayer logré atrapar un ratoncito que corría como loco por

la cocina. Mamá, subida en una silla, daba gritos, y Cecilia,

escoba en mano, perseguía al animalito. Cuando se metió

detrás de la puerta, lo cogí del rabo fácilmente.

__ ¡Que asco! __casi lloraba mamá__.

Tirá ese animal a la calle, Arturo, y lávate bien las manos

__me ordenó tapándose la cara.

“Voy a jugar un ratito con él y después lo dejo que se

vaya”, pensé.

En mi cuarto tenía una caja de cartón que estaba

vacía; le abrí unos huecos y metí allí al ratoncito. Después

le llevé un pedazo de queso que había en la nevera y le


puse un frasco con agua. En esa caja y debajo de mi cama,

el ratón podría bien pasar unos días. Jugué durante la tarde

con mi amigo, es muy divertido: tiene un gran bigote con

cuatro pelos de cada lado y unos ojos chiquitos que me

siguen cada vez que me muevo. Le puse al cuello la cadena

con la medalla de María Auxiliadora, que me regaló mi

madrina cuando hice la Primera Comunión. Bueno, tuve

que darle varias vueltas porque le quedaba muy grande y,

además, le quité la medalla, para que la Virgen no se

enojara. A la cadena le amarré un cordel y así el ratón

podía correr, pero no se escapaba.

Al final de la tarde, ya se subía por mi mano y se paraba en

mi hombro izquierdo.

Me pareció que decía:

__Arturo….
Pero a lo mejor es sólo mi imaginación.

Me da risa verlo porque parece un hippie con cadena. La

cosa es que mamá no lo descubra… Tal vez, si le hablo a

Cecilia…porque si mañana barre debajo de mi cama, lo va

a encontrar.
Viernes 10 de junio

Cecilia prometió no decirle nada a mamá y así me siento

mejor.

Papá le pidió al dueño del lote que se lo prestara para

limpiarlo y poder allí una huerta. Al principio el señor no

quería, pero papá le dijo que así no tendría que pagar para

que lo limpiaran y que, al fin de cuentas, sería una

economía para él. Además, le daríamos lechugas, rábanos,

perejil, culantro; en fin, lo que se cosechara.

¡Y por fin dijo que sí!

Mañana sábado y el domingo vamos a trabajar todos

para dejarlo limpio y bonito.

Después sembraremos las semillas. Dice papá que ojalá

todos los lotes vacíos fueran huertas. ¡Que lindo se vería

San José!
Domingo 12 de junio

Mañana Jaime va a inscribir a Preciosa para la exposición

de Bonanza, que será el 30 de este mes.

Son las siete de la noche y estoy cansadísimo, porque

hoy trabajamos duro.

Desde las seis de la mañana comenzamos a quemar basura

en un hueco y a romper la tierra con pico y pala. Yo creo

que a los vecinos no les gustó mucho lo del humo, porque

vimos que cerraban las puertas y ventanas. Pero si no

quemábamos la basura, teníamos que pagar un camión

para que se la llevara, y eso habría salido muy caro.

Jaime, papá y yo hacíamos el trabajo más pesado;

mamá y Ana, con un machete, cortaban la hierba pequeña.

A José le dimos una cuchara oxidada y abría huecos en la

tierra.
Alberto, que vive cerca de nuestra casa, vino a

buscarme y lo invité a trabajar. Nos contó que el humo se

había metido hasta en la casa de ellos y creyeron que había

un incendio en el vecindario. Tuvimos que enseñarle a

palear, porque no sabía.

Nos ayudó mucho y hasta se le hicieron ampollas en las

manos… y a Jaime y a mí, también.

A mediodía almorzamos con muchísimo apetito y dos

horas después seguimos trabajando. A las cinco de la tarde

el quedó limpio y listo para sembrarlo.

Jaime descubrió un nido de ratones, y creo que son

los hermanos del hippie que tengo en mi casa, pero nos

callamos, porque si no mamá se hubiera ido para la cocina.


Lo que voy a hacer es que mañana meto a los hermanos

dentro de la misma caja porque, ¡pobrecitos!, son tan

pequeños.

Martes 14 de junio

Les conté a mis amigos lo del ratón y me dijeron que lo

llevara al colegio. Voy a pensarlo, porque no quiero llevar

la caja y se puede escapar si lo llevo suelto.

Toni, Alberto, Marcos y yo tenemos flechas nuevas.

Las hicimos con horquetas de árbol y ligas de hule.

Cerca del colegio hay una casa muy linda que acaban

de construir. Estaba desocupada y tenía docenas de vidrios

grandes y pequeños.

Apenas salimos del colegio, nos fuimos a probar la

puntería.
__Yo tiro primero __les dije. El que se pegue uno tiene

derecho a probar con otro.

Pero el inútil que pierda el tiro no puede tirar otra vez. Cogí

una piedrita y apunte…

“¡Chas!”, se oyó.

__ ¡Tenés otro tiro, Arturo! __me dijeron todos.

Yo quebré diez vidrios pequeños; Marcos seis; Alberto

cuatro y Toni se apeó la vidriera grande de la sala, porque

falló el pulso. Y hasta ahí llegamos… cuando apareció la

patrulla. Algún vecino lengua larga la llamó.

No nos metieron a la cárcel porque cada papá pagó

los daños. El de Toni pagó como tres mil colones y era el

más furioso de todos. El mío pagó ₡ 450 y me obligó a

descontarlos haciendo trabajos en la casa: limpiar vidrios,


cortar zacate y voltear más la tierra de la huerta. Y como si

fuera poco, estoy en exámenes.

Jueves 16 de junio

Apareció una culebra en el lote. Claro, con el charral que

había, ella tenía ahí su nido muy comodito.

Hoy, después de terminar las tareas, me fui al lote, en

la tarde, a voltear la tierra. El día estaba muy caliente y la

culebra salió a asolearse. Era verde y tenía como un metro

de largo.

Le pedí a Cecilia una caja vacía y, con mucho costo,

metí la culebra dentro.

Después de comer, le dije a mi familia que les tenía

una sorpresa.

__Adivinen qué es… __les pregunté.


__ ¡Confites y galletas! __gritó Ana, tan fuerte, que

casi me deja sordo.

__Conociéndote, debe ser algún bicho raro

__comentó Jaime.

__Papá, mamá, Cecilia… ¿a qué no adivinan?

Puse la caja en el suelo y abrí las tapas.

La culebra dormía en el fondo hecha un rollo.

Se hizo un silencio profundo…

Sólo José dijo muy quedito:

__La culeiba está dormida.

__Vean cómo Arturo, el mago, la va a hipnotizar

__agregué. Y, tomándole la cabeza con un mano, le apreté

la mandíbula con fuerza.


Mamá quiso decir algo, pero se quedó muda de

pronto y con la boca abierta. Papá cogió el cuchillo que

había usado en la cena y se levantó, pero se detuvo en el

mismo lugar. Jaime, Ana y José, con los ojos muy abiertos,

me veían a mí y luego a papá. La pobre Cecilia se fue para

su cuarto, rezándole al Ángel de la Guarda.

¡Que caras tenían todos!, como hipnotizados, igual

que la culebra, que estaba bien tiesa y me miraba con sus

ojitos pequeños.

No sé cómo pasó, pero, al volver a ver a mis hermanos,

me descuidé y la bandida
culebra me mordió entre el índice y el pulgar. Al momento

comenzaron a salir dos chorritos de sangre donde me

había enterrado los colmillos. La salté, más del susto que

del dolor. La culebra se arrastró hasta el jardín y se perdió

entre las plantas.

Papá corrió tras ella, cuchillo en mano, pero no logró

alcanzarla.

__Ya traigo el suero Butantán, Arturito… ¿Te duele?...

¡Ay, Dios mío! ¿Y si es venenosa? ... ¡Sálvalo, Vigentita!

__tartamudeaba mamá.

Cecilia llegó corriendo.

__Ay, doña, el pobrecito está blanco como un papel;

a lo mejor se va a desmayar __decía con una voz tan

angustiada que me hacía sentir moribundo __. Vea qué

sangrerío está botando…


__Aquí está el suero y la aguja desechable __dijo

mamá, que además traía alcohol y algodón__. ¡Bernardo!

__gritó llamando a papá. ¡Ponele esta inyección a Arturo

inmediatamente!

__Ay, doña Luisa, mejor espérese a ver qué pasa. ¿Y

si no es venenosa? En mi pueblo se murió un muchacho,

más por la inyección que por la mordida. ¡Es peligrosísimo!

Vea, un médico le dijo a ese amigo de nosotros que, antes

de ponerle el suero, hay que hacerle una prueba… Y es que

le echan una gota del suero en un ojo; si no le pasa nada,

entonces sí se le pone la inyección.

__Se escapó esa fregada culebra __entró diciendo

papá, seguido de Jaime y Ana.

__ ¿Cómo te sentís? __me preguntó mi hermano.


__Estoy bien, esto no es nada __le contesté

haciéndome el valiente. Porque la verdad es que estaba

bastante nervioso con los cuentos de Cecilia.

__ ¿Estás mareado, Arturo? __me preguntó papá con

la voz más ronca que de costumbre__. ¿Podés respirar sin

dificultad?

__Sí, papa __le contesté__. Me siento bien.

__Pues te salvaste porque la culebra no era venenosa.

Ya han pasado más de diez minutos y si no sentís nada raro,

es que no vas a ser un muerto-difunto, todavía __me

agregó sonriendo.

__ ¡Gracias a Dios! __suspiró mamá__.

Pero que sea la última vez que se te ocurra hipnotizar a una

culebra. A mí, cualquier día de éstos, me van a matar del

susto…
A ver…dame esa mano para limpiarte la sangre…con

alcohol y algodón.

__ ¡Que ideas las tuyas! __me regaño Jaime, mientras

meneaba la cabeza, como diciendo que no.

Ana se acercó despacio y sobándome la mano me

dijo:

__ ¿Te duele mucho, Arturo? ¡Pobrecito!

__No, estoy bien, gracias. Y tranquilícense que no fue

nada.

Pero aquí entre nos, me llevé tamaño susto y ¿para

qué voy a mentir?, sí me dolió y mucho.

Sábado 18 de junio

__ ¡Ayyyyy, qué horror! __fue el grito espantoso que

dio mamá.
Yo creí que le habían cortada la cabeza con un cuchillo

a alguien de la casa, o que se habían metido los ladrones o

algo terrible había pasado.

__ ¡Seis ratones en el cuarto de Arturo, y uno de ellos

tiene una cadena! __lloraba__ Yo no estoy loca, lo vi, lo vi…

El hippie y sus hermanos se habían salido de la caja:

seguro le habían abierto un hueco.

__Pero, señora __decía Cecilia__, usted debe haber

visto mal. Además, eso no es nada… cálmese.

__ ¡Quién sabe dónde estará el nido!

Tráigame una escoba para matarlos.

Cecilia llegó donde yo estaba.

__Su mamá quiere que yo mate a los ratones, Arturo,

y es que sólo a usted se le ocurre meter seis ratones en su

dormitorio.
Ahora, ¿qué hacemos?

__No los mate, yo la voy a ayudar a cogerlos __le

propuse.

__Pues apúrese, porque su mamá está muy nerviosa.

Lo que más asustada la tiene es que dice que vio un ratón

con una cadena al cuello.

Lo primero que tenía que hacer yo era sacar a mamá

del dormitorio, para que no fuera a asomarse debajo de mi

cama. Si veía la caja, estaba perdido…

__Mamá __le dije abrazándola__, entre Cecilia y yo

vamos a terminar con ese nido de ratones, pero mejor

sálgase del cuarto porque usted les tiene mucho miedo y

¿para qué va a sufrir?

__Lo que no entiendo es de dónde están saliendo, si

ya el lote está limpio.


__Bueno, mamá, váyase para su dormitorio y no se

preocupe; en un momento Cecilia y yo terminamos con los

ratones.

__Voy a llamar a Bernardo para que traiga veneno de

ratas, porque esto no puede seguir así…Además creo que

tendré que visitar al médico porque deber estar muy mal

de los nervios… Es que yo lo vi… tenía cadena… es más,

como cuatro cadenas.

Y salió de mi cuarto hablando sola. ¡Pobrecita mamá!

Nos costó mucho a Cecilia y a mí darles caza a estos

benditos animales. La caja tenía dos huecos grandes: por

ahí se habían salido.

Al hippie no me costó atraparlo porque, muy mansito,

llegó donde yo estaba. Pero a la turba de hermanillos, nos

costó más de una hora.


Tenía que hacer que desaparecieran los ratones y la

mejor manera era dejarlos en el lote otra vez. Tapé los

huecos de la caja con papel periódico y ahí metí los seis

ratoncitos. Con mucho cuidado, para que mamá no me

viera, fui al lote y allí abrí la caja. Los hermanos del hippie

salieron corriendo y se perdieron entre las hierbas

pequeñas que empezaban a nacer.

En cambio, mi amigo se quedó mirándome, como

preguntándome que iba yo a hacer con él…Comencé por

quitarle la cadena, después lo tuve un rato en mi mano, y

lo puse en la tierra. Oí que me decía “Arturo”; y esta vez sí

era cierto. Sentí como si tuviera una semilla atravesada en

la garganta y los ojos se me llenaron de una telilla húmeda.

__Adiós, amigo __le dije__. Ya volveremos a vernos.

Y, dando media vuelta, regresé a mi casa.


Lunes 20 de junio

Ayer domingo, Cecilia tuvo el día libre.

Mamá se puso nerviosa porque, según ella, hay mucho que

hacer los domingos y nadie ayuda.

__ ¡Cada uno debe tender su cama!

__nos ordenó apenas nos levantamos, con voz acornetada,

de mando.

No sé por qué mamá se enoja cuando está sin

empleada. Al fin, todos le ayudamos. Hicimos el desayuno

entre Jaime, Ana y yo. Quería que fuera un desayuno

sorpresa, para que no se enojara. Pero fue un desastre: se

regó la leche, el café salió como agua sucia. Ana hizo

huevos revueltos y se le pegaron en el fondo de la olla. Y,

además, había cáscaras de naranja por toda la cocina y casi

no salió jugo. A mi hermanito José lo sentamos en una silla


con una cuchara y un tarro de leche condensada, para que

se entretuviera. Lo malo es que regó la mitad. Cuando

mamá entró en la cocina, sí se llevó una gran sorpresa. Se

puso colorada como un tomate y nos echó fuera. José

estaba pegado con la leche condensada y hubo que

bañarlo y “manguerear” la silla.

Papá dijo que mejor se iba al estadio porque la casa

parecía un asilo de locos.

La verdad es que a mí tampoco me gustan los

domingos cuando sale Cecilia.

Miércoles 22 de junio

Hoy Jaime fue a comprar semillas para sembrar en la

huerta. Compró un cuarto de onza de semillas de apio, de


culantro, de perejil, de tomate, repollo, lechuga, pepino,

chile dulce, coliflor, zanahoria y remolacha.

Además, frijoles para producir vainicas.

¡Será una huerta muy bonita!


Van a germinar pronto porque en estos días está

lloviendo mucho.

Me gusta la lluvia cuando estoy estudiando. La oigo

golpear en el techo con sus agujitas transparentes, que

bailan de un lado para otro cuando hace viento.

Dice mi profesora de ciencias que Costa Rica es un

país de extremos: o no llueve y la sequía es tan terrible que

se secan las cosechas, o si no, llueve tanto, que se inunda

Guanacaste y también se pierden las cosechas. Por dicha

los agricultores no se aburren y siguen sembrando, porque

si no la pasaríamos muy mal.

No podemos hacer una huerta en el Monte de la Cruz,

primero porque la yegua se cómo todo y, segundo, porque

la tierra es muy pobre. Como ahí llueve mucho, está muy

lavada. Pero Jaime piensa abonar bien un pedacito de


tierra y con las semillas que sobran de la huerta de San José,

hacer otra huerta allá. Y seguro que Preciosa se enfermará

de comer tanta ensalada de lechuga con rabanitos.

Viernes 24 de junio

Salimos a vacaciones el primero de julio,

¡qué alegría!

Anoche hicimos planes para ir a la playa Sámara, en

Guanacaste. Iremos por una semana y papá hará las

reservaciones en el hotel, porque en esta época va mucha

gente. La playa queda muy lejos, pero es muy bonita. Lo

malo es que la gasolina está muy cara.

Mamá tiene hoy una enfermedad que se llama colitis

y está muy preocupada porque metió la pata.


Ella estaba en la cocina preparando el almuerzo,

porque Cecilia tenía una cita en el Seguro Social: le dolía

una muela.

Alguien tocó el timbre y mamá, muy de prisa porque

estaba friendo unos plátanos y tenía miedo de que se le

quemaran, fue a abrir la puerta en carrera.

__ ¿Qué desea? __le preguntó aun viejito que venía

con la ropa un poco arrugada y traía un bastón en la mano.

__Buenos… días… señora… podría… usted…

hacerme… el favor __decía el viejito muy despacio y

extendía la mano hacia adelante.

Mamá, pensando en los plátanos fritos, y con deseo

de terminar rápido la conversación con el pordiosero, le

dijo:
__ Sí, señor, un momento. Se fue corriendo al

dormitorio, buscó unas monedas y se las entregó al señor.

Él extendió la mano y, con una sonrisa de

agradecimiento, le dijo:

__Muchas… gracias… por… los… dos… colones, doña

Luisa. Ya… veo… que… no… se… acuerda… de… mí.

Mamá, sorprendida, se quedó mirando al anciano y

enseguida reconoció al famosísimo médico chileno que le

habían presentado en la casa de los García.

__Yo…no…sabía…que…usted…vivía…aquí. Cuando…

la… vi… hice… el… ademán… para… saludarla. Yo… sólo…

venía… a… preguntar… donde… vive… el… señor… Bonilla.

__ ¡Ay, perdoné no lo reconocí!

__exclamó mamá toda colorada__. Mire, el señor Bonilla

vive aquí al lado.


Y por supuesto comimos plátanos quemados al

almuerzo.

Domingo 26 de junio

¡Qué tragedia fue ayer, sábado! Papá se cayó y se quebró

una pierna. Está enyesado y de muy mal humor.


Anoche estaba desvelado y se levantó a las dos de la

mañana a ver algo del colector solar, y el guarda que cuida

la casa del frente creyó que era un ladrón y le dejó ir unos

tiros. Y claro, papá tuvo que lanzarse al suelo. Se tiró al

patio que está enzacatado, pero, como estaba muy oscuro,

no se dio cuenta de que allí estaba el velocípedo de José, y

le cayó encima. ¡Pobre papá! ¡Cómo se quejaba! Quería

matar al guarda que le disparó.

Mis tres perros ladraban furiosos y, con el tiroteo y la

bulla, creo que los vecinos se levantaron, porque vi luces

encendidas, en varias casas.

Apenas salió el sol, se fue con mamá hacia el hospital

y regresó enyesado.
Yo le pedí que diera gracias a Dios que era sólo una

pierna quebrada, porque podría estar muerto-difundo,

pero no me contestó nada. Sólo puso una cara…

Hoy domingo amaneció más tranquilo y nos ordenó,

a Jaime y a mí, que fuéramos a trabajar el lote. Hicimos

eras y sembramos la mitad de las semillas. Se ve linda la

tierra cuando está sembrada y, con lluvia, ¡huele tan bien!

Martes 28 de junio

Saqué un 84 en gramática y un 75 en matemáticas, pero

me sonaron en inglés.

Sólo en esa materia voy mal, pero es que el profe me tiene

clavo desde que le pegué, sin querer, un semillazo de mago

en la cabeza. Estábamos haciendo una guerra Marcos y yo,

y el profe, de salado, se metió en el medio.

Y claro, la nota de conducta sigue baja…


Jaime y yo le pedimos al papá de Javier que nos ayudara a

llevar a Preciosa a Bonanza, porque papá, con su pierna

enyesada, no puede.

__Con mucho gusto __nos dijo__. No se preocupen,

que yo me haré cargo de todo.

Creo que papá no tenía ganas de que compitiera, pero

le daremos la sorpresa.

Jueves 30 de junio

Hoy fue la clasificación de los caballos andaluces en la feria

ganadera de Bonanza.

Después del colegio, nos fuimos para allá Toni,

Alberto, Marcos y yo, para hacerle barra a los caballos de

Javier y a Preciosa.

Estábamos todos los Pol; hasta papá con su pierna

enyesada.
Había caballos andaluces que hacían pasos y parecía

que estaban bailando. Si mueven las patas en el mismo

lugar, sin caminar, se llama “piafar”. Si caminan de medio

lado se llama “paso lateral”. Cuando caminan levantando

mucho las manos, pero lo hacen con gracia, alternando

una y otra, eso se llama “paso español”. También hacen

otro, que se llama “la pirueta”: el caballo levanta una mano

y gira en redondo.

Coqueta, la yegua de Javier, sí sabe hacer esos pasos;

pero Preciosa apenas los está aprendiendo.

Y entre silbidos y aplausos comenzaron a desfilar los

caballos andaluces de los diferentes expositores.

Un juez los ponía en la fila, por grupos, y les iba

diciendo las cualidades y defectos.


De pronto, aparecieron Preciosa y Coqueta con un

grupo grande de yeguas.

Cuando papá vio a Preciosa, se le puso la cara como la de

una lagartija de con dolor de estómago.

__ ¿Quién trajo a Preciosa para acá? __le preguntó a

mamá.

__Jaime y Arturo querían darte esa sorpresa __le

contestó sonriendo.

__ ¡Ay, Dios mío! __exclamó papá agarrándose la con

un gesto que le conocemos cuando se va a enojar__. ¡Si

este animal no es de exposición! Y entonces el juez

comenzó a dar un fallo:

__ “Se procede al juzgamiento de los caballos de raza

andaluza. En primer lugar, pongo la yegua Coqueta por

tener excelente conformación. Tiene el lomo muy


redondeado y el cuello erguido. Las orejas pequeñas y bien

colocadas; buena forma de las patas delanteras y traseras.

Su ojo es vivo y alegre. Reúne las características de un

animal típico de su raza. En segundo lugar, coloco a la

yegua Risueña. Es un bellísimo ejemplar, sin la perfección

del animal anterior…En el tercer lugar…”

Entonces nos dimos cuenta de que a Preciosa la

habían puesto en el último lugar. La palidez de papá no

tenía límites. Jaime y yo nos volvimos a ver, pero no dijimos

nada. Mis amigos tampoco hablaron.

__He colocado a la yegua Preciosa en último lugar

porque presenta el morro caído, el lomo bastante

arqueado; las orejas las tiene muy grandes. Es angosta de

pecho y la pega de la cola es defectuosa.

__ ¿Algún otro defecto? __dijo papá entre dientes.


Y, como si el juez lo hubiera oído:

__Por último, las ranillas están mal confirmadas.

__ ¿Y eso qué es? __le preguntamos a papá.

__Como decir que está mal de los tobillos __nos

aclaró.

Seguimos callados por un rato.

Los animales, después de este juzgamiento, salieron,

y otro grupo volvió a entrar. Ahí venía Coqueta.

Javier no estaba sentado con nosotros, sino con su

papá, el resto de la familia y amigos.

Después de que los caballos dieron varias vueltas, el

juez habló por el altoparlante:

___...Y declaro Gran Campeona a… ¡Coqueta!


Se oyeron muchísimos aplausos y pudimos ver a

Javier que se levantó de su lugar y nos saludó, feliz.

Nosotros estábamos muy contentos también por ese

triunfo.

__Bueno __comenzó papá__. Coqueta salvó el honor

de la familia. Y en eso estuvimos de acuerdo.

Pero lo mejor llegó al día siguiente, cuando Javier,

despeinado y sudoroso, nos contó que, sin que nadie se lo

pudiera explicar, el Campeón de Campeones andaluz,

llamado Príncipe Blanco, había pasado la noche con

Preciosa y seguro la había habilitado. Cargar, embarazar y

habilitar es lo mismo.

Es posible que Preciosa sea la madre de algún

campeón en alguna futura exposición de Bonanza.

Sábado 2 de julio
Desde ayer estamos en vacaciones de quince días. Después

de una semana de exámenes, ¡al fin voy a poder descansar

de las apuntadas por mal comportamiento!

Entre gritos de alegría, nos despedimos de los

compañeros:

__ ¡Felices vacaciones!

__ ¡Adiós, que la pasés bien!

__ ¡Hasta dentro de quince días!

Y como un panal alborotado, salimos corriendo. Era

como si nos hubieran abierto una jaula: ¡ahora estamos en

libertad!

¡Y qué delicia es levantarse más tarde que de

costumbre!
En las mañanas me siento como si estuviera acostado

en una nube y me cubriera una sábana tibia, hecha de

rayitos de sol.

Cuando empieza a amanecer, me alegra pensar que puedo

quedarme un rato más en la cama. Lo malo es que, si hay

algún trabajo en la casa, en que debo ayudar, me bajan

rápido de la nube y me ponen oficio.

Unas veces limpio ventanas, otras corto el zacate del patio

de atrás o del jardín de la mi abuelita. Prefiero ir donde mi

abuela, porque me pagan; en cambio los servicios que

hago en casa son gratis y eso no es ningún negocio.

Hoy quisimos darle a papá otra sorpresa y, Jaime y yo,

terminamos de instalar el colector solar. Le adaptamos dos

mangueras, una para el agua caliente y otra para el agua


fría. ¡Y ya sale agua caliente en la ducha del baño!... si hay

sol.

Lunes 4 de julio

Hoy me levanté temprano para deshierbar la huerta.

Trabajé cinco horas seguidas sacando malas hierbas. Las

matas de pepino estaban tapadas por un trébol rojo que

me tomó bastante tiempo arrancar.


Tes eran grandes estaban sembradas de maíz y se puede

decir que ya tenemos una milpa, aunque dice papá que

una milpa en julio es más difícil que pegar el mayor de la

lotería. El rábano y el culantro crecieron muy rápido: en

cambio los almácigos de chile dulce y coliflor están como

encantados: no crecen.

Estoy lleno de ronchas porque metí el pie en un

hormiguero. Eran hormigas rubias y grandes que se me

subieron rapidísimo por el cuerpo. Pican con mucha gana

y, cuando me vi, estaban dando brincos igual que un mono.

¡Qué dolor!

Comencé a desvestirme y me quedé en calzoncillos,

rascándome como un imbécil.

Y en ese momento…aparecen Liliana y Alberto.

__Hola Arturo… ¿te estás asoleando?


__me preguntó ella.

__No __le grité__. ¡Me están hartando las hormigas!

__Espérate y te ayudamos.

¡Qué vergüenza! Yo en calzoncillos ante Liliana… y de

pie… mientras me quitaban las hormigas entre los dos.

Miércoles 6 de julio

El próximo viernes nos vamos de vacaciones para la playa,

por una semana. La pierna enyesada de papá también irá.

Debemos levantarnos a las tres de la mañana, porque

el viaje es como de siete horas. Y duramos tanto porque

almorzamos de camino y además con Ana y José… hay que

parar a cada rato…

Tenemos que cruzar el Golfo de Nicoya en un ferry

que sale de Puntarenas a las siete de la mañana. Hay otro


ferry que cruza el río Tempisque, pero está descompuesto

en estos días.

Yo sé que nos vamos a atrasar, como de costumbre,

porque se va el tiempo, mientras se acomodan las cosas en

el carro, desayunamos y peleamos, porque siempre hay

que pelear antes de ir a un viaje: es como una obligación;

pero uno se acostumbra.

Viernes 8 de julio

Así pasó, como lo escribí el miércoles. A las tres de la

mañana sonó el despertador, pero claro, nadie tenía ganas

de levantarse tan temprano. Papá iba cojeando, de un

dormitorio al otro, repitiendo la misma cosa:

__ ¡Levántense, porque tenemos que estar a las siete

en Puntarenas!
__Es muy temprano…déjenos diez minutos más…

__le contestábamos, muertos de sueño.

Mamá preparaba el desayuno y metía cosas en una

neverita, para comer de camino.

__ ¡Las cuatro de la mañana y ninguno de mis hijos

está listo todavía! Yo con la pierna quebrada tengo que

hacerlo todo, hasta montar las cosas en el carro. ¡Es el

colmo!

__Bernardo, calmate __decía mamá__:

es tan temprano todavía: Jaime y Arturo están listos y ya

te van a ayudar.

__Vengan a desayunar… Ana, traé a José… Apúrense

que es tarde.
Después que desayunamos, metimos las cosas en el

carro, y José terminó de tragarse el cereal; el reloj marcaba

las cinco y media.

__Yo quiero la ventana a la ida __le dije a Jaime.

__No señor, me toca a mí, por ser el mayor.

__Dejen de pelear y móntense rápido

__ordenó papá enojado.

__Yo quiero llevar mis tres muñecas y el coche

__comenzó a gritar Ana.

__Una muñeca y basta… __le dijo mamá en tono

furioso.

__Yo quiero hacer pupú… __lloró José.

__Ahora no hay tiempo… después, en el camino.

__Hasta luego, Cecilia.


__Que Dios los acompañe…

Mamá se sentó en el volante, y papá, a su lado, le daba

órdenes. No me explico cómo llegamos a tiempo a

Puntarenas y pudimos montarnos en el ferry.

A papá le dieron permiso de quedarse dentro del

carro durante el viaje. Nosotros, mientras tanto, nos

sentamos en una banca a ver el mar.

Desembarcamos en Playa Naranjo y de ahí salimos

para Sámara. ¡Qué calor! ¡Y qué largo se nos hizo el

camino!

Tuvimos que pasar con el carro por varios ríos que

estaban muy crecidos. En uno, hasta flotamos un poco.

Parecía que íbamos en un barquito. Mamá manejaba muy

nerviosa y comenzó a rezar en voz alta llamando a varios

santos del cielo que son amigos de ella. Yo no sé cuál de


todos las ayudó; la cosa es que pasamos al otro lado sanos

y salvos.

Lo malo fue que se mojaron los frenos y casi nos

caemos en un precipicio, porque el carro no quiso parar

cuando mamá frenó.

Una llanta se desinfló y la cambiamos Jaime y yo. Papá

estaba furioso porque quería ayudarnos y no podía, y más

de una vez nos dijo:

__Yo no sé porque vine con esta pierna enyesada.

Debía haberme quedado en San José.

Sin papá no hubiéramos venido y él sabía, que

teníamos muchísimas ganas de hacer este viaje.

En el hotel donde estamos hospedados esta lleno de

gente que toma refrescos y come el día entero. Dejan de

comer sólo cuando están en el mar.


Papá dice que traen el nerviosismo de la ciudad y que

comiendo se calman.

Tenemos dos días de estar aquí, y todavía no he

hablado del mar. Primero voy a describir la playa. Es tan

ancha que hasta pueden aterrizar avionetas. Está hecha de

arena blanca y pedacitos de concha muy fina. Alrededor

del hotel y en la playa, hay muchas palmeras, y pienso que

tomaremos mucha agua de pipa.


La próxima vez que escriba, hablo del mar.

Martes 12 de julio

¡Qué lindo es el mar! A veces se ve tan tímido que me toca

apenas la punta de los dedos y después se va…Otras veces

una ola grande me quiere esconder dentro de ella, pero no

la dejo. Hay momentos en que no lo entiendo; parece

querer que uno se calle, porque hace “shhhhhh”, cuando

llega a la arena, y no se da cuenta de la bulla que produce,

especialmente cuando uno está durmiendo, en la noche.

Frente a nuestro hotel hay rocas y, cuando la marea

baja, se forman pilitas de agua llenas de pececitos de

colores. Hay azules, amarillos, rojos, con rayas y puntos.

A veces el mar está tranquilo y parece que tuviera

encima una tela muy fina que cambia de colores. Al

amanecer es azul-celeste como los ojos de Liliana. Otras


veces la tela se vuelve verde, seguro de tantas hojitas que

se destiñen en el mar. A las cinco de la tarde los barcos

tienen tonos de melón y la gente que se baña se vuelve

anaranjada… Y, en la noche, la tela se vuelve brillante y

plateada, porque la luna pinta con un pincel mágico.

Es tan lindo el mar que podría quedarme a vivir en

esta playa para siempre.

A lo mejor me convierto en caracol o en algún

pececito azul… y así no tendría que volver al colegio…

nunca más….

Jueves 14 de julio

Hoy como a las seis de la mañana nos despertó José

diciendo:

__ ¡Vieras qué conejito más lindo el que está en el

baño! Es blanco; vamos, vengan a verlo.


Mamá abrió un ojo y papá otro. Los demás seguimos

durmiendo con los ojos bien cerrados.

__Déjanos dormir, José __contestó mamá con voz

aperezada.

__ ¿Puedo jugar con el conejito, mami?

__ ¡Sí, sí, José! __dijo mamá para quitárselo de

encima.

Después de un rato volvió mi hermano. Pero esta vez

nos levantamos todos al mismo tiempo y nos sentamos en

la cama.

¿Qué pasaba? ¡José olía terriblemente mal!

Se acercó a nuestras camas y, tapándose la nariz con sus

deditos, nos dijo:

__ ¡Sálganse todos de este cuarto porque están muy

hediondos!
Pero el hediondo era él. ¡Pobrecito! El conejito blanco,

que resultó ser un zorrillo, lo había orinado.

Mamá tuvo que bañarlo varias veces con jabón en

polvo y un cepillo; hasta que quedó lustroso, pero el olor

no le salió sino hasta el tercer día.

Sábado 16 de julio

¡Qué triste! Mañana regresamos a San José porque se

terminan las vacaciones. También se está terminando mi

álbum, al que ya no le quedan más que tres páginas.

Cuando regresemos a San José, tal vez me compre otro,

porque me he dado cuenta de que me gusta escribir en el

porme-diario.

Es como tener un amigo a quien contarle mis cosas, buenas

y malas.

Voy a escribir lo que me pasó ayer.


Después de jugar en la rocas y darme una buena

asoleada, fue a descargar bajo la sombra de un arbolillo.

Esta muy verde y grande y lo llaman “Manzanillo”.

Descubrí que daba unas peloticas que me servirían muy

bien para hacer una guerra con Jaime.

Lo que no sabía es que esas peloticas tiene una lechita

venenosa que quema la piel. Mis manos se habían llenado

de lechita y, sin darme cuenta, me toqué los ojos.

Como a los quince minutos empecé a sentir que me

enchilaban. Un rato después daba gritos de dolor.

__Hay que conseguir leche materna

__oí decir a papá. Es lo único que alivia en estos casos.

__Quédate vos con Arturo __dijo mamá.

Voy a conseguirla.
Después de recorrer varias casas, mamá encontró a

una señora que tenía lecha materna. Lo malo es que yo no

sabía cómo se usaba. Creí que se tomaba como una

medicina.

Seguí gritando del dolor y no podía ver bien.

En eso entró mamá con la señora que traía la leche

materna, sacaron a la gente que estaba en el cuarto

conmigo y cerraron una cortina que servía de puerta.

Esperaba que me sirvieran la medicina por

cucharadas, pero no fue así. La señora se paró frente a mí,

como a un metro de distancia, se abrió la blusa y me

“mangeréo” con la leche, como si fuera un bombero.

No podía ver bien entre las lágrimas, la lecha y el dolor,

pero sí sentí la leche tibia correr por mi cara cuatro veces.


__Creo que con eso es suficiente __oí decir a mamá.

¡Vieras cómo le agradezco este favor!

__No tiene que agradecérmelo, señora

__añadió el bombero. Con mucho gusto.

Me sentí tan desgraciado que a tientas busqué la

cama y me tiré allí a llorar con desconsuelo, a pesar de que

sé que los hombres no lloran. Poco a poco se me olvidó el

dolor y me quedé dormido.

Hoy amanecí oliendo a leche agria, pero ya no me

duelen nada los ojos.

Lunes 18 de julio

Regresamos a San José bien tostados por el sol.

Me dolió dejar el mar…la playa… las gaviotas…


Y hoy volvimos al colegio otra vez. ¡Qué pereza! Y más

pereza me da cuando, pienso en la libreta de

comportamiento.

Marco, Toni, Alberto y yo conversamos de lo hicimos

durante las vacaciones.


Marcos fue a Limón y Toni se quedó en San José. Alberto

fue a una finca de los papás de Liliana. Por cierto, que me

trajo un recado de ella: me espera este sábado a comer

queque de chocolate. Le voy a preguntar si quiere ser mi

novia.

A papá ahorita le quitan el yeso y volverá a ser como

antes. Espero que no se vuelva a subir al techo.

__ ¡La huerta está preciosa! Las hortalizas crecieron

muchísimo y pronto tendremos una gran cosecha.

Y la sorpresa más grande fue que, debajo de una hoja

de lechuga, oí que me llamaban: “Arturo” …

¡Era el hippie! Me miraba con ojillos vivaces y muy

orgulloso me mostró el nido donde dormían sus seis hijitos

pequeños.
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