LA NARRATIVA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS
En 1975, tras la muerte de Franco y la proclamación del Rey Juan Carlos I, empezó un proceso democrático
que culminó en 1977con las primeras elecciones democráticas y en 1978 con la promulgación de la actual
Constitución.
El ambiente de libertad en el que comenzó a desarrollarse la cultura española permitió un mejor
conocimiento de la literatura española en Europa y de la literatura occidental en España. A ello
contribuyó significativamente la desaparición de la censura (lo que supuso la publicación de novelas
españolas prohibidas en nuestro país y editadas en el extranjero, expurgadas o inéditas), la recuperación
de la obra de los escritores exiliados y un mayor conocimiento de la narrativa de otros países.
Los rasgos generales más significativos de la novela española en los últimos treinta años son
- Recuperación de la intriga: va desapareciendo el experimentalismo y se recuperan las historias,
con personajes muy sólidos.
- Individualismo: las novelas tratan directamente la desorientación del individuo moderno y su
inseguridad. Gran papel de la memoria y el recuerdo en la construcción de la historia, que rompe
los límites entre realidad y ficción.
- Novela como bien de consumo: proliferan certámenes y premio, venta de libros en grandes
superficies (Best sellers), que produce obras más sencillas y escritas de forma más tradicional.
- Diversidad de tendencias y subgéneros: novela policiaca, realista, de la memoria, sicológica,
erótica, etc.
- Eclecticismo: mezcla de géneros y de rasgos.
- Publican autores de todas las épocas anteriores, desde los de posguerra (Delibes, Cela o Torrente
Ballester) hasta autores que empiezan a escribir en el siglo XXI.
De modo que puede decirse que en las últimas décadas conviven:
a) Novelistas importantes de toda la posguerra (Generación del 36): Delibes (Los santos inocentes),
Cela (Mazurca para los muertos) y Torrente Ballester (La isla de los jancitos cortados) y José Luis
Sampedro (La sonrisa etrusca).
b) Algunos novelistas de la "Generación del 50": son los “niños de la guerra”, autores plenamente
consolidados cuando llega la democracia: Juan Goytisolo (Coto Vedado), Juan Marsé (La muchacha de
las bragas de oro), Carmen Martín Gaite (El cuarto de atrás; Lo raro es vivir), Ana María Matute
(Olvidado rey Gudú), Sánchez Ferlosio (El testimonio de Yarzof), etc.
c) Generación del 68: autores que empiezan a despuntar en los primeros años de la democracia y en la
actualidad cuentan con el reconocimiento de los premios más importantes del país: Eduardo
Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta), Julio Llamazares (La lluvia amarilla), Javier Marías
(Corazón tan blanco), Juan José Millás (El desorden de tu nombre), Soledad Puértolas (Burdeos),
Almudena Grandes (Las edades de Lulú), Antonio Muñoz Molina (El invierno en Lisboa), Rosa
Montero (Te trataré como a una reina), etc.
d) Los novelistas de la generación del 75: se hacen adultos al mismo tiempo que se consolida la
democracia en España. Destacan, Juan Manuel Prada (Las máscaras del héroe), Manuel Rivas (El lápiz
del carpintero), Carlos Ruíz Zafón (La sombra del viento), Fernando Aramburu (Patria) o Manuel Vilas
(Ordesa).
e) Generación del Afterpop o Generación Nocilla: autores nacidos entre 1965 y 1975 que han
desarrollado su obra sobre todo en el siglo XXI. Destacan: Lorenzo Silva (El alquimista impaciente),
Juan Bonilla (Prohibido entrar sin pantalones), Lolita Bosch (La familia de mi padre) o Agustín
Fernández Mallo (Proyecto Nocilla), entre otros.
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Por otra parte, no resulta fácil discernir en la nueva narrativa unas corrientes o escuelas definidas; sí
es posible, no obstante, identificar ciertas tendencias temáticas. Las más relevantes son estas:
Novela policíaca y de intriga. Este subgénero resurge con especial fuerza. Entre sus cultivadores
destacan Manuel Vázquez Montalbán, autor de una serie protagonizada por el detective privado
Pepe Carvalho. A esta tendencia pertenecen también algunas novelas de Antonio Muñoz Molina: El
invierno en Lisboa, Beltenebros, o Plenilunio. Su última obra, Sefarad ha sido definida por el autor
como "novela de novelas" y supone la recuperación de historias de destierros y desarraigos
acontecidos durante el siglo XX. A estos autores se unen otros más recientes como Dolores Redondo
(El guardián invisible)
Novela poemática o lírica: Es una recreación lírica, con ritmo lento, pausado lleno de subjetivismo,
con narrador en primera persona, monólogo interior o simbolismo. En La lluvia amarilla, Julio
Llamazares narra el abandono de los pueblos a través de un largo y emocionado monólogo. También
es representativa Toda la noche se oyeron cantar pájaros, de José Caballero Bonald.
Novela histórica. Es el género de mayor éxito editorial. Se pueden citar como ejemplos El oro de los
sueños, de José María Merino; El hereje (1998), de Miguel Delibes, así como la saga protagonizada
por el capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte, ambientada en el Siglo de Oro. En los últimos años
son frecuentes las novelas históricas contextualizadas en épocas cercanas, especialmente en la
Guerra Civil, como Soldados de Salamina (2001), de Javier Cercas; La voz dormida (2002), de Dulce
Chacón, o los relatos breves que componen Los girasoles ciegos de Alberto Méndez. Otros novelistas
se han acercado con éxito a este género, como, por ejemplo, Almudena Grandes (Inés y la alegría,
Los pacientes del doctor García, etc.)
Novela de la reflexión íntima. Este tipo de narrativa se centra en la búsqueda personal y la reflexión
sobre la propia existencia. Obras representativas de esta tendencia son Mortal y rosa (1975), de
Francisco Umbral, sentida reflexión sobre la muerte escrita con brillante estilo, o El desorden de tu
nombre, de Juan José Millás, que combina la introspección psicológica con la reflexión literaria y
Corazón tan blanco, de Javier Marías
Novela de la memoria y del testimonio. La memoria de una generación y el compromiso son los
temas básicos de esta corriente, en la que se encuadran novelistas como Rosa Montero, con Te
trataré como a una reina (1981), defensa de la condición femenina, y la producción novelística de
Luis Mateo Díez. Otras novelas más recientes de esta tendencia son: Crematorio, de Rafael Chirbes y
Ordesa, de Manuel Vilas.
Metanovela: estas novelas aparecen mezcladas con otras modalidades. En ellas se relata una
historia y cómo se va contando. El narrador suele ser un escrito, periodista… que irónicamente crea
un pacto lúdico con el lector y comparte sus experiencias y dificultades de la labor narrativa. En
ocasiones, el narrador interactúa con el lector. Ejemplos de metanovela son El cuarto de atrás, de
Carmen Martín Gaite; Historia de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas y ¡Otra maldita novela
sobre la Guerra Civil!, de Issac Rosa.
Novela culturalista. En los últimos años han aparecido una serie de autores jóvenes que hacen una
novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes aspectos de la cultura occidental desde unas
posturas bastante eruditas. Eso es lo que hace Juan Manuel de Prada con Las máscaras del héroe o
La tempestad. Autores más jóvenes tratan problemas de la juventud urbana con una estética muy
cercana a la contracultura (Historias del Kronen, de José Ángel Mañas, Ray Loriga con Héroes o Lucía
Etxebarría en Sexo, prozac y dudas).
Novela gráfica: heredera del cómic que desarrolla una historia ilustrada con técnicas narrativas. Un
ejemplo es Arrugas, los surcos del azar, de Paco Roca o Dublinés de Alfonzo Zapico, entre otras.
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