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Las 7 Etapas Espirituales de la Mujer

El documento describe un ritual sagrado Lakota de las siete etapas por las que pasa una mujer en su vida: la hija, la mujer, la madre, la recogedora, la ritualista, la maestra y la sabia.

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Las 7 Etapas Espirituales de la Mujer

El documento describe un ritual sagrado Lakota de las siete etapas por las que pasa una mujer en su vida: la hija, la mujer, la madre, la recogedora, la ritualista, la maestra y la sabia.

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Ritual sagrado de las etapas de la mujer.

“Las 7 Etapas de la Mujer”

Tribu Lakota. La Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en
su camino hacia la autorrealización. El origen del mito Lakota es conocido como "El
camino de la belleza" y es un ritual sagrado que dura toda la vida.
1. El camino de la hija.
Este período comprende desde el nacimiento hasta la aparición de la primera
regla. Todavía es una niña, física y psíquicamente dependiente, mentalmente
receptiva, que absorbe todo tipo de enseñanza, ejemplo o estímulo que se le
presenta. Si todas estas influencias exteriores son apropiadas, estructuradas y
emocionalmente equilibradas, la niña desarrollará el equilibrio, respeto, dignidad
y autoconfianza que luego necesitará como recursos para llevar una vida en
armonía con todo lo existente.
2. El camino de la mujer.
Abarca los años en que una mujer desarrolla la autoconfianza, aprendiendo a
controlar su vida inde pendiente de los adultos. Aprende a través de la experiencia
personal, desarrolla sus propias respuestas emocionales y mentales y elige sus
relaciones. Empieza a explorar su sexualidad y a construir su espiritualidad. Son
los años en los que empieza a conocerse y, poco a poco, llega a ser una persona
responsable y madura (en nuestra sociedad actual este período va desde la
adolescencia hasta los 28-32 años).

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3. El camino de la madre.
Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más
importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a for mar parte de la
comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con
el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera
enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo,
tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y
valores son puestos al servicio de los niños. Este pasaje, ambivalente como
ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenía previstos. Aprende a
controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades
individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella;
alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se
basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer
pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el
dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.
4. El camino de la recogedora y -5- el de la ritualista.
Ambos caminos son tan antiguos como la raza humana. Recoger es una
disciplina que requiere respeto antes que nada; desarrolla poderes especiales de
observación y discernimiento en el conocimiento de las estaciones, del clima, de la
astronomía y de la curación. Armada únicamente de conocimiento, de intuición y
de oraciones, la mujer recolecta gran cantidad de plantas y de sustancias
minerales para la cocina, la magia, la higiene y la cosmética. La recogedora tiene
que conocer perfectamente dónde y cuándo encontrar lo que necesita, la forma
más adecuada de conservar, almacenar, preparar las sustancias y utilizarlas en
condiciones que resulten eficaces e inocuas. Una Mujer Medicina nativa nunca
aplica el mismo remedio al mismo síntoma físico en distintos pacientes, ya que
trata al ser en su totalidad. Para ella “hacer medicina” es conocer al paciente, a
su familia, su condición espiritual, mental, física, ambiental y social, y cómo
combinar todo esto en el proceso de curación. La aspirante -chamana es también
muy consciente del espíritu que hay tras la planta, roca o cristal usados en el
tratamiento, a los cuales hay que dar las gracias por la ayuda que le están
aportando.
Esta parte del trabajo de una Mujer Medicina se caracteriza por la tensión
espiritual, aunque no tan intensa como e n su primer parto, sus primeras reglas o
su responsabilidad de mujer joven de aprender a respetar a los demás (humanos
e inhumanos) y a sí misma. Una Mujer Medicina que no consigue equilibrio,
responsabilidad y ser consciente puede suponer un desastre para toda la
comunidad, porque el poder de la mujer es grande, y cuanto más desarrolle la
disciplina y la devoción, más aumentará su poder.
Las mujeres que siguen el camino de la recogedora y de la ritualista tienen que
ser interiormente seguras, estar profundamente preocupadas por la vida
espiritual del planeta y ser capaces de sacrificar su trabajo y su ego por el bien de
la comunidad.
La ley espiritual básica que la mujer aprende en el camino es que la aspirante a
chamana da y da mucho tiempo antes de recoger, aunque sólo sea poco, y todo lo
que obtiene de su duro esfuerzo y prue bas personales lo tiene que utilizar en
alimentar y fomentar la vida.

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6. El camino de la maestra.
Aprendiendo, experimentando, alimentando y trabajando la mujer alcanza la
edad en la cual se vuelve transmisora de sabiduría espiritual y social. Es
compartiendo con los demás las técnicas, las teorías y las experiencias que ha
vivido como llega a ser una maestra.
Entra en la menopausia tan profunda y madura como la fruta, como la flora. Si
ha seguido los caminos descritos anteriormente con armonía entrará en el reino
de lo sagrado como miembro de la comunidad cósmica, derecho que se ha ganado
a través de su trabajo, sacrificio y devoción. En este momento puede elegir su
campo de acción puesto que es una Mujer Medicina, aunque existan otras formas
menos obvias de llegar a serlo. Puede elegir la política, el servicio público o
cualquier otra profesión; practicará de una forma sana y espiritual todo lo que
decida ser. También puede escoger quedarse aislada o ser una abuela,
continuando con sus nietos, sus bisnietos o bien otros niños sin hogar
ayudándoles a crecer y educándolos.
El modo en que una anciana enfoque su habilidad y su sabiduría depende de la
naturaleza del trabajo espiritual hacia el cual ha sido conducida. Gran parte de
su enseñanza se transmite a través del ejemplo; ella es un modelo para las
mujeres más jóvenes en el camino, y su presencia y esencia revitalizan y
enriquecen la vida de su comunidad entera.
7. El camino de la sabia.
Alcanzada la vejez, la chamana entra en el período de la maestría, habiendo
desarrollado una verdadera sabiduría. El sentido del equilibrio que caracteriza al
universo es ahora parte profunda de ella, así como el sentido del humor. Está en
contacto directo con hechos naturales y sobrenaturales, siendo capaz de aceptar
sus directrices. La esfera de su trabajo ha trascendido su ser personal y privado,
su familia; su comunidad se extiende ahora hacia las estrellas. Es un ser
sagrado: es completa.
Los siete caminos proporcionan a la mujer la fuerza, la disciplina y la profunda
conexión que necesita para canalizar el poder espiritual sin causar daño a sí
misma ni a los demás. Le ayudan a desarrollar humildad, orden, respeto dignidad
y el sentido de cuidar a toda criatura, dándole una profunda comprensión de sí
misma en los aspectos interiores y exteriores.
Existen otras formas de autorrealización, pero este bellísimo ritual nos recuerda
que no hay que quemar etapas sino vivir con entrega y aceptación todas las
experiencias que nos llegan, sean aparentemente buenas o malas, porque es lo
que nos toca vivir, y probablemente es lo mejor que nos puede pasar. A menudo
las grandes enseñanzas las encontramos en la pequeñas dificultades diarias, por
esto el “camino de la madre” es la etapa más difícil en la vida de una mujer; es el
sacrificio del ego y el aprendizaje del amor no egoísta, requisitos esenciales para el
desarrollo de una conciencia espiritual y cósmica. Estos siete caminos son los de
toda mujer que quiere incrementar su poder espiritual a través de toda una vida,
recordando que cada prue ba o dificultad que vamos superando es un paso más
que vamos dando en nuestro viaje hacia la totalidad.
Arte Holly Sierra
Extracto de Clara Castelloti del libro “Madre Tierra, Hermana Luna” . Tikal Editorial

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