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UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTÍN
ESCUELA DE HUMANIDADES
FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN
PRIMER PARCIAL 2020
Integrantes: Rolon Mirian, Balbuena Gabriela
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La tensión entre el paradigma disciplinario y el paradigma contemporáneo en la
actual situación educativa de aislamiento social, preventivo y obligatorio.
El artículo “La escuela después.. ¿con la pedagogía de antes?” de Philippe Meirieu, nos pone
en situación plantearnos la escuela que viene después de la pandemia, esa actitud de filosofar,
crítica y reflexiva al decir de Saviani, y según Kohan, nos propone problematizar la situación
actual con reflexión e interioridad, poniendo en juego nuestra propia práctica teórica. Una de
las premisas ha sido pensar en quiénes son nuestras/os estudiantes, pregunta que se vuelve
más compleja aún con la situación de aislamiento que nos toca vivir, donde las chicas y
chicos se nos presentan como direcciones de mail, números telefónicos, fotos de perfil y si
tenemos asegurada la conexión quizás podamos verles las caras alguna vez en una reunión
virtual.
Estos cuestionamientos, inherentes a la filosofía de la educación, que nos permiten ejercer
nuestro rol de forma crítica y emancipadora, se vuelven imprescindibles en un contexto
donde nuestras prácticas y sus objetivos se han modificado.
La idea de que la escuela moderna está en crisis, es anterior al contexto actual en relación con
la pandemia. Esa escuela producto de la Modernidad, que se desprende de los dogmas
medievales para poner al hombre como centro del conocimiento, que se construye como
herramienta de los nacientes Estados nacionales para la formación de sus ciudadanos, en
definitiva el proyecto educativo de la modernidad entra en tensión frente a las
transformaciones de la sociedad postmoderna.
El viejo modelo que Foucault utiliza para caracterizar a la educación, con un maestro frente a
filas de estudiantes donde puede observar a cada uno de ellos, para lograr la individualización
y a través de esa vigilancia jerárquica busca homogeneizar al conjunto, en este contexto ha
quedado, al menos mientras dure la cuarentena, agotado. Los elementos del poder
disciplinario: la vigilancia jerárquica, la sanción normalizadora y el examen están siendo
puestos en jaque frente al surgimiento de estrategias didácticas horizontales, ausencia de
exámenes, tiempos flexibles e información excesiva que circula en todas direcciones.
La pandemia que se presentó en el mundo nos plantea muchos interrogantes, y todavía no ha
brindado certezas más que la que postula que habrá un antes y un después de la misma.
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Lo que sí podemos preguntarnos es ¿cómo será ese después? ¿ cómo será la educación
después de la pandemia? Todo lo que la educación había brindado hasta ahora, se tuvo que
reformular creando nuevas metodologías, estrategias digitales, comunicación virtual, que nos
lleva a pensar en aquel proyecto educativo de la modernidad, y el remanido diagnóstico del
malestar en las instituciones escolares, tanto en sus formas como en sus prácticas, como en
sus objetivos.
En este marco cabe destacar que los educadores se encuentran en una gran brecha que separa
las intenciones y las prácticas, y que en ocasiones se registra como una presión que reciben
del personal jerárquico de dentro y fuera de las escuelas, que insiste en sostener una
continuidad pedagógica, alejada de la realidad cotidiana que viven nuestros estudiantes, estas
tensiones entre lo teórico y lo posible remiten al pensamiento moderno de algunos autores:
- Hobbes que habla de la institución como un estado de paz en guerra y a una supervivencia
de todos; -Locke que busca formar hábitos desde la educación basados en cuatro ideas la
utilidad, la racionalidad , la práctica y la experiencia y un pensamiento político que permitió
establecer modelos educativos, Rousseau por su parte observa al ciudadano como un
habitante que debe amar a la patria y debe ser educado para ello.
Siguiendo con el proyecto educativo de la modernidad, esta refiere, entre otros conceptos a
que si se pudieran vencer los obstáculos o ruidos en la educación se llegaría a la educación
legítima para lograr un sujeto emancipado, libre y racional, como objetivo, pero esta
modernidad va a encontrar en la Disciplina un dispositivo para ejercer el poder, que va más
allá de las instituciones y los aparatos, una modalidad específica de nuestra sociedad, que
opera a través de la subjetividad de los sujetos, normalizándolos a un modelo homogéneo,
donde su objeto son los cuerpos, y sobre los que, el poder político, va a otorgarles cierta
libertad para gobernar esos cuerpos y sus conductas, produciendo subjetividad disciplinaria,
subjetividad que hoy circula por las redes, que aparentemente ya no necesita de la
construcción arquitectónica para sostenerse, porque cualquier computadora o teléfono celular
puede entrar en la intimidad de las personas como una nueva forma de panóptico.
Kohan retoma las ideas de Foucault mostrando la disciplina como una forma de poder que
ejercen las instituciones, siendo un instrumento para lograr un fin, por medio de sanciones
normalizadoras basadas en el castigo implementado desde diferentes ángulos, finalizando en
un examen calificador. Ciertos rasgos de esa disciplinarización permanecen en la escuela, no
solo lo edilicio, la normalización, el examen ininterrumpido, prácticas heredadas de esa
forma de ejercer el poder que arrastramos de la modernidad.
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Meirieu nos llama a reflexionar sobre esa sociedad normalizadora cuando nos invita a oír lo
que los niños de Barbiana escribieron en la Carta a un maestro de escuela en 1967: «La
escuela se comporta como un hospital que, para mejorar sus resultados, se ocuparía de los
sanos y se desharía de los enfermos»? recordándonos la institucionalización a la que hace
referencia Foucault: instituciones públicas como las escuelas, la policía, privadas como las
sociedades filantrópicas, escuelas religiosas, que intentan reproducir los principios del poder
pastoral, donde el docente pastor ejerce un poder individualizante, y totalizante.
Meirieu advierte además sobre el viejo modelo conductista de la enseñanza individual
programada que considera al profesor como un intérprete, o como un obstáculo que la
tecnología podría eliminar y nos anima a estar más atentos que nunca a las prescripciones
«científicas» que, se basan en su mayor parte en una lógica individual y técnica.
La escuela rompe la cápsula familiar y brinda al alumno la posibilidad de acceder al
conocimiento común constructivo por lo tanto la educación en casa, no es la escuela y esta
educación a distancia aumenta las desigualdades ya que las condiciones no son las mismas
desde lo social, cultural, psicológico y aunque la continuidad pedagógica busca mantener un
contacto y estimularlos intelectualmente, el docente debe movilizar al alumno, apoyándolo
en su autonomía y aprendizaje, pero la educación a distancia genera nuevas dificultades y el
máximo esfuerzo en el desempeño pedagógico.
La sociedad moderna, de certezas, de un tiempo sólido, previsible y controlable se ha ido
desvaneciendo, en el contexto de la pandemia es más evidente esa solidez que se derrite, diría
Bauman, los “vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y las acciones
colectivas” porque la realidad líquida es difícil de diagnosticar, es imprevisible y sabemos
poco sobre ella, cambia permanentemente y los hechos siempre nos tomarán de sorpresa.
Estos espacios a cielo abierto de la nueva sociedad de control, que solo funciona sólo si uno
es cómplice con él, estas sociedades de las redes sociales, donde mostrar comportamientos
sólo si se adecuan a los parámetros establecidos como normales, donde se hace eje en lo
financiero de los gobiernos neoliberales, y la empresa no se circunscribe a un ámbito laboral,
su estructura es adoptada por la población, e incluso por la institución escolar donde la
educación se vuelve también en un objeto de consumo, de la lógica de mercado.
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Philippe Meirieu se transforma entonces, en un contemporáneo, que percibe la sombra del
presente, y dividiendo e interpolando el tiempo, busca transformarlo y ponerlo en relación
con los otros tiempos, lee la historia según una necesidad a la que él no puede dejar de
responder al decir de Agamben, cuando se plantea, y nos plantea ¿nos contentaremos, en la
«escuela después», con promover, con las manos en el corazón, la «igualdad de
oportunidades», sin preocuparnos demasiado por las condiciones necesarias para «aprovechar
la oportunidad», o sabremos poner en marcha todo lo posible para garantizar la «igualdad de
derecho de acceso a la educación»?
Meirieu nos propone un cambio de paradigma: crear verdaderos lazos de confianza entre las
escuelas y las familias; que la escuela permita a niñas, niños y jóvenes una inversión radical
de su relación con el mundo, un espacio de investigación para su curiosidad, debe llevarles a
cuestionar la realidad subjetiva que le presentan los medios de comunicación, prepararlos
para abordar la experiencia mediática a través de lo que Tiramonti denomina “filtro
cognitivo”.
La escuela ya no puede formar sujetos productores-consumidores, deberá servir para
incentivar sujetos políticos reflexivos críticos y solidarios, la escuela deberá convertirse en
el factor de transformación frente a la desigualdad, la falta de oportunidades y la ignorancia.
Por todo ello creemos que va a suceder lo que la comunidad educativa quiera que suceda, va
a suceder lo que docentes estudiantes y familias en un rol activo hagan que suceda.
Bibliografía:
● MCEP de Madrid. (18 abril, 2020) Movimiento Cooperativo de Escuela Popular.
Recuperado 28 de mayo 2020, a partir de http://www.mcep.es/2020/04/18/la-escuela-
despues-con-la-pedagogia-de-antes-philippe-meirieu/
● Kohan,W.O.(2004) La infancia escolarizada de los modernos (M. Foucault). En
Infancia entre educación y filosofía: Laertes
● Alfredo, J.V.N. (1997) El proyecto educativo moderno ¿identidad terminal?.En
Crítica Post-Estructuralista y Educación :Laertes.
● Kohan, W.O. (1998). Filosofía de la educación: a la búsqueda de nuevos sentidos.
Educacao e filosofia, 12 (24) 91-121.
● Agamben, G. Paradoja del tiempo que se escabulle. Instituto Universitario de
Arquitectura de Venecia. Traducción de Cristina Sardoy.
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● Deleuze, G.(1990). Post-scriptum sobre las sociedades de control . L ‘Autre Journal
Nº 1
● Tiramonti, G.(2005). La escuela en la encrucijada del cambio epocal. Educ. Soc.
[online].
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