El creyente y sus posesiones
Fondo Bíblico: Proverbios 3:9, 10; 8:10-21; 11:2-26; 16:8, 16; 23:4, 5; 28:20,
22.
Verdad Central: Los creyentes deben considerar sus posesiones como un regalo
de parte de Dios, y dedicarlas a su servicio.
Texto Áureo: Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus
frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia. Proverbios 3:9,10.
3. Objetivos del aprendizaje
1. Reconocer la responsabilidad que Dios nos ha delegado como administradores
de sus abundantes riquezas.
2. Percibir un entendimiento bíblico de la prosperidad.
3. Tomar la determinación de hacer el mejor uso posible de nuestras posesiones.
4. Hacer una evaluación correcta de las cosas que poseemos y establecer
prioridades con relación a ellas.
Bosquejo general
I. La naturaleza fugaz de las posesiones
A. Dinero y posesiones
B. ¿Qué es la prosperidad?
C. Lo material es pasajero
II. El uso correcto de las posesiones
A. Una mayordomía fiel
B. La verdadera prosperidad
C. Los diezmos
III. Posesiones que perduran
A. El favor de Dios
B. La sabiduría celestial
Introducción
Los principios de la mayordomía se hallan a través del mensaje tanto del Antiguo
Testamento como del Nuevo. Dios es el Dueño de todas las cosas y recursos
materiales y espirituales, no sólo como Creador sino también como Redentor. En el
Sermón del Monte
1 Jesús habló de lo que puede reconocerse como el centro de interés en la vida
de los seguidores de Cristo: "Donde esté vuestro tesoro, allí estará también
vuestro corazón" (Mateo 6:21). Después de Pentecostés se notó un gran cambio en
la actitud de los creyentes con respecto a sus posesiones. A partir de ese momento
hubo una gran manifestación de amor hacia los pobres y necesitados.
Nuestra fuerza, la inteligencia, los talentos y las habilidades personales, así como
nuestra capacidad de adquirir posesiones materiales; todo nos ha sido dado como
un regalo de Dios. Como mayordomos de Dios, ahora tenemos la responsabilidad
de decidir si hemos de desarrollar nuestra vida y nuestros talentos, o si los
derrocharemos con actos imprudentes. Si el Señor nos colmó de todas estas
bendiciones es porque está seguro de que podremos administrarlas como es
debido.
La iglesia debe interesarse por ganar almas, más que por recaudar fondos. Una
persona que ha sido ganada verdaderamente para el Señor pondrá
inmediatamente a los pies de Cristo todo lo que posee. Pablo se sentía responsable
de cumplir con la comisión que le había sido encomendada (1 Corintios 9:17).
Exposición Bíblica
1. La naturaleza fugaz de las posesiones
Proverbios 23:4, 5; 27:24; 28:20, 22
A. Dinero y posesiones
Pregunta: ¿Cuál es el peligro, si es que lo hay, en desear riquezas, ganar, poseer
y gastar dinero, y tener otras posesiones?
La Biblia trata con mucha frecuencia el tema del dinero y la posesión de
propiedades. Dios sabe que este es un asunto de gran interés para todo ser
humano. Por eso creemos que es de primordial importancia que el creyente sepa lo
que la Palabra de Dios le puede enseñar en este sentido.
El dinero ocupa un lugar esencial en la vida de toda persona. Todos nos
esforzamos por ganar lo más que se pueda; y no hay nada malo en ello. Pero es
necesario que tomemos en cuenta todo lo que el Señor nos dice en cuanto a ganar
y gastar el dinero. Ningún creyente prospera en su vida de oración, a menos que
tome el tiempo necesario para estudiar lo que la Biblia dice acerca de la oración.
Nadie puede tener una fe viva si no estudia lo que las Escrituras enseñan acerca de
la fe. De igual manera, si queremos que el Señor nos prospere en lo material
debemos conocer y obedecer sus instrucciones en cuanto al dinero y otras
propiedades. Debemos reconocer que Dios es el que "da el poder para hacer las
riquezas" (Deuteronomio 8:18). Es nuestro deber entender en qué consiste la
verdadera prosperidad y cuáles son las condiciones para que Dios nos haga
prosperar.
Dios es el Dueño, Señor y Creador de todo lo que existe. David dijo: "De Jehová
es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan" (Salmo 24:1). Eso
significa que Dios creó todas las cosas, y que, en virtud de su obra creadora El es
el dueño de todo, incluidos usted y yo (Malaquías 2:10; Hechos 17:28). Dios da a
conocer sus derechos de propiedad cuando dice:
"Todo lo que hay debajo del cielo es mío" (Job 41:11). (Lea también Génesis 1:1;
Colosenses 1:16, 17.) Siendo que Dios hizo y conserva todas las cosas, todo lo que
existe le pertenece a El. Nosotros podemos poseer una porción de la creación de
Dios, pero El es el único Dueño absoluto de todo. Nosotros somos arrendatarios;
Dios es el Dueño de cuanto hay en el mundo. También somos administradores de
Dios, y se requiere que estos sean hallados fieles (1 Corintios 4:2). Todo lo que
tenemos lo hemos recibido mediante la bondad de nuestro Dios.
B. ¿Qué es la prosperidad?
Pregunta: ¿Cómo definiría usted la palabra "prosperidad"?
La palabra prosperidad ha sido objeto de mucha consideración últimamente. Se
ha predicado mucho sobre la llamada "doctrina de la prosperidad", y muchos han
quedado confusos y desilusionados. Las palabras "riquezas", "haberes",
"prosperidad" y "abundancia" tienen una gran diversidad de significados. Sin
embargo, muchos piensan que todos esos vocablos se refieren a posesiones y
riquezas; o sea, a una persona materialmente rica. Pero una persona próspera no
necesariamente tiene que ser un individuo con grandes sumas de dinero en el
banco y poseedor de muchos haberes.
La palabra "próspero" tiene una connotación de éxito y triunfo en las Escrituras.
Ser próspero y tener abundancia es tener lo suficiente para vivir bien y contar con
algo más para compartirlo con otros. A Gayo, el creyente fiel, le escribió Juan lo
siguiente:
"Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud,
así como prospera tu alma" (3 Juan 2). Esta prosperidad abarca las necesidades
físicas, materiales y espirituales del hombre.
Cuando hablamos de un rico o acaudalado normalmente uno piensa en una
persona con mucho dinero, propiedades e influencia. Pero en Proverbios 23:4,5 se
nos amonesta en contra de hacer de las riquezas materiales el objetivo principal de
la vida. El dios de muchos es el dinero, y por él se desesperan y sienten un hambre
devoradora.
No hay nada malo en que una persona sea rica. El problema surge cuando la
ambición por el dinero se convierte en una pesadilla para el individuo. La codicia sí
9ue es un pecado peligroso. Esta es la idolatría de hoy. El amor al dinero
distorsiona por completo la visión de la vida y conduce a prácticas pecaminosas y a
un distanciamiento de Dios. En la Biblia se amonesta fuertemente contra el hacer
de la acumulación de riquezas el objetivo primordial del corazón (Deuteronomio
8:13, 14; Salmo 62:10; Marcos 4:19; 1 Timoteo 6:9).
Enseñanza práctica
La parábola citada arriba es la historia de un hombre que dejó a Dios fuera de su
vida. Si le hubieran preguntado si creía en Dios, probablemente habría dicho que
sí. El no era un ateo teórico sino uno práctico. Era rico en las cosas del mundo,
pero pobre en las cosas de Dios. Sus graneros estaban llenos, pero tenía vacía el
alma.
Si se hiciera una encuesta hallaríamos que un alto porcentaje de la gente diría
que cree en Dios, lee la Biblia y pertenece a alguna rama del cristianismo.
Superficialmente puede decirse que estos son países cristianos. Sin embargo, una
mirada más cuidadosa revela que muchos llamados cristianos son como el rico
insensato. Creen en Dios teóricamente, pero con sus hechos lo niegan.
En la iglesia también puede suceder lo mismo. Muchos creyentes lo son
solamente de palabra. No hay en ellos una sumisión completa a la voluntad de
Dios. En la práctica viven también como el rico de la parábola.
Una fe válida requiere un rendimiento total a Cristo, reflejado en nuestra manera
de pensar y de actuar. Debe haber un cambio radical en nuestras actitudes,
motivaciones y prioridades en la vida. Debemos consagrarnos totalmente a El.
C. Lo material es pasajero
Pregunta: Mencione algunos pasajes bíblicos que se refieran a la naturaleza
fugaz y pasajera de las riquezas materiales. ¿Qué aprendemos de ello?
No sólo Salomón se refiere a la naturaleza efímera de las posesiones materiales.
El apóstol Pablo amonesta a los cristianos a no sacrificarse por adquirir riquezas
terrenales (1 Timoteo 6:6-10, 17, 18). Proverbios 27:24 dice que "las riquezas no
duran para siempre". Esta declaración debería ser considerada seriamente por los
que sólo piensan en lo material. Ni siquiera el ser hijo de un rey es garantía sólida,
porque ningún reino ni ninguna monarquía dura para siempre. Cuando dejemos
esta vida no podremos llevarnos las cosas que poseemos. "Porque nada hemos
traído a este mundo, y sin duda nada podemos sacar" (1 Timoteo 6:7). (Lea
también Job 20:28; Eclesiastés 2:18.)
II. El uso correcto de las posesiones
Proverbios 3:9, 10; 11:24-26
A. Una mayordomía fiel
Pregunta: ¿Por qué es la mayordomía fiel una evidencia de buenas prácticas
comerciales, y de ética y madurez cristianas?
Siendo que todo lo que poseemos le pertenece a Dios, nosotros no somos más
que mayordomos suyos Debemos usar nuestro tiempo, talento y nuestras
posesiones como El nos dirija. Si nos concede adquirir riquezas, El tiene todo
derecho de indicarnos qué hacer con ellas, ya que todo le pertenece a El. En la
parábola de los talentos (Mateo 25:14-80), Jesús dijo claramente que somos
responsables delante de El por todo lo que poseamos.
Enseñanza práctica
En Romanos 12:8 se incluye el don de dar entre los dones de servicio que Dios ha
dado a la Iglesia a fin de capacitarla para llevar a cabo su ministerio en el mundo.
El don de dar se ha definido como la habilidad de ganar dinero y ponerlo junto con
otras posesiones al servicio de Dios y el engrandecimiento de su reino.
Todos conocemos a personas que tienen esa gran habilidad que tantos buscan,
conocida como "el toque de Midas". Todo lo que tocan se convierte en dinero. Hay
personas que saben aprovechar toda oportunidad y convertirla en ventajas
económicas.
En el don de dar está incluido el deseo de cooperar para la marcha de la obra del
Señor. Los creyentes que tienen este don hallan gran placer en compartir lo que
poseen para beneficio de su iglesia. Esto proviene de un corazón generoso.
Los que han recibido este don, así como la bendición de Dios sobre sus
posesiones deben hacer buen uso de las cosas que Dios les ha dado. La iglesia
necesita el apoyo personal y monetario de sus miembros; y éstos son bendecidos
del Señor cuando ponen en práctica su don.
B. La verdadera prosperidad
Pregunta: ¿Qué relación hay entre la mayordomía cristiana y la prosperidad,
según la Biblia? ¿Cuál debe ser nuestra razón de dar?
Las Escrituras enseñan claramente que la voluntad de Dios es que su pueblo sea
próspero. Sin embargo, muchos no están prosperando como debe ser. Eso puede
ser porque muchos ven la provisión divina como un plan general de bienestar social
que no impone sobre el creyente ninguna responsabilidad. Eso quizá ha generado
esa filosofía tan común hoy, que pretende recibirlo todo a cambio de nada. Se dice:
"Cree y recibe, Y Dios te dará las peticiones de tu corazón." Pero esta gente no
reconoce que las promesas de bendiciones de parte de Dios vienen solamente en
respuesta a la obediencia a su Palabra y a la fidelidad en su mayordomía.
La fórmula para la prosperidad se encuentra bien claramente en Proverbios 8:9,
10. Si honramos a Dios dándole la primera parte de lo que recibimos, El nos
prosperará. Muchos no pueden aceptar el hecho de que, dando para el Señor
incrementarán sus haberes. Este principio se establece también en Proverbios
11:24-26. La promesa es que los generosos serán enriquecidos "y el que saciare,
él también será saciado". En cambio, "hay quienes retienen más de lo que es justo,
pero vienen a pobreza". (Lea 2 Corintios 9:6-10; Filipenses 4:10-19.)
C. Los diezmos
Pregunta: ¿Qué significa el diezmo? ¿Se trata de un fin en sí mismo? ¿Qué lugar
ocupa el diezmo en la mayordomía cristiana?
El ejemplo más antiguo de adoración en registrarse en las páginas de la Biblia fue
acompañado por ofrendas de posesiones materiales a Dios. Génesis 4:3-5 nos
ofrece una descripción de las ofrendas de los hermanos Caín y Abel. La ofrenda de
Abel fue aceptada por Jehová porque estaba de acuerdo con lo que se estipula en
el mandamiento relacionado con las primicias del rebaño. La primera mención del
diezmo se hace con relación a Abraham, en Génesis 14:17-20. Allí comprobamos
que el patriarca le dio los diezmos a Melquisedec, rey de Salem, y sacerdote del
Dios Altísimo. Este incidente tuvo lugar antes del establecimiento de la ley
mosaica. Jacob también hizo votos cuando se le aparecieron Dios y ángeles, y les
prometió dar el diezmo de todo lo que adquiriera (Génesis 28:20-22).
Cientos de años más tarde, cuando Dios le dio a Moisés la ley para el pueblo, el
diezmo formaba parte de ella (Levítico 27:80-32). Dios dijo: "El diezmo será
consagrado a Jehová." Todo lo que el hombre posee le pertenece al Señor, pero el
diezmo es consagrado para un uso especial.
La ley del diezmo no ha caducado. Dios llama "ladrones" a todos los que no traen
los diezmos al alfolí de su casa (Malaquías 3:7-10). Jesús no excluyó la ley de los
diezmos en el Nuevo Testamento. El dar los diezmos a Dios era una práctica
vigente antes de la ley, y el principio de la gracia de Dios no efectué ningún cambio
en ella. Por el contrario, Jesús apoyé la enseñanza del diezmo. (Lea Mateo 23:23;
Lucas 11:41, 42.) El dijo: "Esto es necesario hacer, sin dejar de hacer aquello."
Los diezmos y las ofrendas son para la obra del ministerio. Esto no queda a
criterio de cada individuo para que haga lo que quiera. Las instrucciones de Dios
son bien claras: "Traed todos los diezmos al alfolí" (Malaquías 3:10). (Lea también
Hebreos 7:1-8; 1 Corintios 9:7-12; 16:2.)
III. Posesiones que perduran Proverbios 8:10-21; 16:8, 16
A. El favor de Dios
Si bien "la sabiduría" personificada retóricamente dama y amonesta en estos
pasajes, ya sabemos, sin lugar a dudas, que las palabras proceden directamente
de Dios. Dios exhorta al hombre aquí a tomar una decisión. El camino señalado por
la sabiduría divina no es fácil de seguir, a menos que uno se sujete a las normas
bíblicas. Las metas y aspiraciones del mundo consisten en adquirir oro y plata, no
la instrucción y la sabiduría de Dios.
El oro y la plata pueden comprar muchas cosas, pero no lo pueden comprar todo.
Por ejemplo, no pueden comprarla salud física y mental. Nadie puede comprar ni
un momento de verdadera felicidad aunque posea montones de oro. Sobre todo,
ninguna cantidad de dinero es suficiente para comprar el favor de Dios. Y sin la
gracia divina, ¿qué valor tiene realmente la vida del hombre?
El pueblo de Dios recibe instrucciones divinas de la Palabra, impartidas por el
Espíritu Santo. Su Palabra nos enseña su perfecta voluntad. Nuestro crecimiento en
la sabiduría de Dios sólo es posible si seguimos atentamente sus instrucciones. El
creyente sabe cuándo el Señor se agrada de él; cuando su manera de vivir se rige
por las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Este tipo de sabiduría no nos cae de repente y sin esfuerzo de nuestra parte. Hay
que recibirla de Dios. El nos la ofrece diariamente, pero debemos preparar nuestro
corazón para aceptarla. Debemos manifestar más placer y entusiasmo al recibir la
sabiduría divina que cuando se nos ofrece oro o plata.
El mundo está lleno de gente que lucha por ad9uirir fortuna; y muchos la han
adquirido. Sin embargo, no son personas dichosas, porque les falta esa gloriosa
sensación de contar con el favor divino.
B. La sabiduría celestial
Pregunta: ¿Qué posesiones son de mayor importancia para usted en su vida
cristiana?
Es de suma importancia que todo creyente establezca sus prioridades de cómo
debe ser, y evalúe las cosas de este mundo de manera apropiada. Job descubrió
que no hay riqueza ni fortuna que pueda compararse al hecho de darle a Dios el
primer lugar en su vida.
Salomón aprendió en su temprana edad que siempre que buscaba a Dios El le
daba sabiduría de lo alto. El buscó a Dios tan pronto como ascendió al trono de
Israel. Por su parte, el Señor está dispuesto a darnos sabiduría, si estamos
dispuestos a reunir las condiciones necesarias: amor, estudio y obediencia a la
Palabra de Dios. Su Palabra es un verdadero tesoro para nosotros. Jesús dijo:
"Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas" (Mateo 6:33). Las Escrituras claramente personalizan la verdad. Ella está
personalizada en Jesucristo (Isaías 11:2; 1 Corintios 1:24, 30; Colosenses 2:3).
Enseñanza práctica
Jesús hizo uso de un buen número de parábolas relacionadas con el dinero y las
propiedades. Muchas de ellas giran en torno a las funciones de un mayordomo. El
mayordomo era un siervo que casi no tenía propiedades, sino 9ue se dedicaba a
cuidar de las posesiones de su señor. En sus manos quedaba la administración de
los bienes de su amo, la cual tenía 9ue desarrollar de una manera sabia. Si se
comportaba honrada y fielmente, podía estar seguro de que recibiría una
recompensa justa.
La Biblia dice que nosotros también somos mayordomos. Todo lo que está en
nuestras manos nos ha sido dado por Dios. Lo que tenemos no lo hemos ganado ni
nos pertenecía. El Señor nos lo ha confiado, y somos responsables de administrarlo
sabia y adecuadamente para su gloria.
Nuestras responsabilidades como administradores no se limitan a los recursos
materiales sino también abarcan el tiempo, los talentos, las aspiraciones y los
afectos. Debemos ser buenos administradores en todas las facetas de la vida.
¿Qué clase de administrador es usted? ¿Ve usted sus recursos como cosas suyas,
o está consciente de que todo le ha sido confiado por Dios? ¿Está usted haciendo
uso de todas estas cosas para su propio placer, o para la gloria del Señor?
Porciones de E. dominical -Editorial Vida.
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