Dios escoge a David
¿PUEDES ver lo que ha pasado? El niño ha salvado del oso a
este corderito. El oso se llevó al cordero para comérselo. Pero el
niño lo siguió, y salvó al cordero de la boca del oso. ¡Y cuando el
oso se levantó, el niño lo hirió y lo mató! En otra ocasión el niño
salvó de un león a una oveja. ¿No te parece que el niño que ha
hecho estas cosas es valiente? ¿Sabes tú quién es este niño?
Es el joven David. Él vive en el pueblo de Belén. Su abuelo era
Obed, el hijo de Rut y Booz. ¿Te acuerdas de ellos? Y el padre de
David es Jesé. David atiende las ovejas de su padre. David nació
10 años después que Jehová escogió a Saúl para ser rey.
Llega el tiempo en que Jehová le dice a Samuel: ‘Toma algún
aceite especial y ve a la casa de Jesé en Belén. He escogido a
uno de sus hijos para que sea rey.’ Cuando Samuel ve a Eliab, el
hijo mayor de Jesé, se dice: ‘De seguro éste es.’ Pero Jehová le
dice: ‘No mires a lo alto y hermoso que es. No lo he escogido para
ser rey.’
Así que Jesé llama a su hijo Abinadab y lo lleva a Samuel.
Pero Samuel dice: ‘No, Jehová no lo ha escogido a él tampoco.’
Después, Jesé trae a su hijo Sama. ‘No, Jehová no ha escogido a
éste tampoco,’ dice Samuel. Jesé trae siete de sus hijos a
Samuel, pero Jehová no escoge a ninguno. ‘¿Son éstos todos los
muchachos?’ pregunta Samuel.
‘Queda el más joven. Pero está afuera atendiendo las ovejas,’
dice Jesé. Cuando le traen a David, Samuel puede ver que es
hermoso. ‘Éste es,’ dice Jehová. ‘Derrama el aceite sobre él.’ Y
Samuel lo hace. Con el tiempo, David llegará a ser rey de Israel.
David y Goliat
LOS filisteos vienen otra vez para pelear contra Israel. Los tres
hermanos mayores de David están ahora en el ejército de Saúl.
Por eso, un día Jesé le dice a David: ‘Lleva granos y panes a tus
hermanos. Averigua cómo les va.’
Cuando David llega al campamento, corre a la línea de batalla
en busca de sus hermanos. El gigante filisteo Goliat sale a
burlarse de los israelitas. Ha estado haciendo esto cada mañana
y noche por 40 días. Grita: ‘Escojan a alguien para que pelee
conmigo. Si él gana y me mata, nosotros seremos esclavos
suyos. Pero si yo gano y lo mato, ustedes serán esclavos
nuestros. Los reto a escoger a alguien para esto.’
David pregunta a algunos soldados: ‘¿Qué se le dará al que
mate a este filisteo y libre a Israel de esta vergüenza?’
‘Saúl le dará muchas riquezas,’ un soldado dice. ‘Y también le
dará su propia hija como esposa.’
Pero todos los israelitas le tienen miedo a Goliat debido a que
es un hombre muy grande. Él mide casi 3 metros, y tiene otro
soldado que le carga el escudo.
Algunos soldados van y le dicen al rey Saúl que David quiere ir
a pelear contra Goliat. Pero Saúl le dice a David: ‘No puedes.
Eres un niñito, y él ha sido soldado siempre.’ David dice: ‘Yo maté
un oso y un león que se llevaron las ovejas de mi padre. Ahora
este filisteo será como uno de ellos. Jehová me dará ayuda.’ Por
esto, Saúl dice: ‘Ve, y que Jehová esté contigo.’
David baja a un río y recoge cinco piedras lisas y las mete en
su bolso. Entonces sube con su honda a pelear contra el gigante.
Goliat no puede creerlo. Le parece que es cosa demasiado fácil
matar a David.
‘Ven acá,’ dice Goliat, ‘y daré a comer tu cuerpo a los pájaros y
los animales.’ Pero David dice: ‘Tú vienes a mí con espada, una
lanza y una jabalina, pero yo voy contra ti con el nombre de
Jehová. Hoy Jehová te dará en las manos mías y yo te derribaré.’
Ahora David corre hacia Goliat. Saca de su bolso una piedra,
la pone en su honda, y la lanza contra Goliat con toda su fuerza.
¡La piedra entra en la cabeza de Goliat, quien cae muerto! Al ver
a su campeón caído, los filisteos huyen. Los israelitas los siguen y
ganan la batalla.
Por qué huye David
DESPUÉS que David mata a Goliat, Abner el jefe del ejército
de Israel lo lleva a donde Saúl. Saúl lo hace un jefe en su ejército
y hace que David viva en la casa del rey.
Después, cuando el ejército regresa de pelear con los filisteos,
las mujeres cantan: ‘Saúl ha matado a miles, pero David a diez
miles.’ Saúl se pone celoso, porque a David se le da más honra
que a él. Pero Jonatán el hijo de Saúl no es envidioso. Ama a
David, y David lo ama a él también. Por eso, se prometen ser
siempre amigos el uno del otro.
David toca muy bien el arpa, y a Saúl le gusta la música que él
toca. Pero un día la gran envidia de Saúl lo lleva a un terrible acto
contra David. Mientras éste toca el arpa, Saúl levanta su lanza y
se la arroja, mientras dice: ‘¡Voy a clavar a David a la pared!’ Pero
David esquiva la lanza. Más tarde, Saúl yerra otra vez al arrojar la
lanza contra David. Éste ahora sabe que tiene que ejercer mucho
cuidado en todo momento.
¿Recuerdas la promesa que Saúl hizo? Él dijo que daría su
hija como esposa al hombre que matara a Goliat. Por fin Saúl le
dice a David que puede tener a su hija Mical, pero primero tiene
que matar a 100 filisteos. ¡Imagínate! Lo que Saúl espera es que
los filisteos maten a David. Pero eso no pasa, y Saúl da su hija
como esposa a David.
Un día Saúl le dice a Jonatán y a todos sus siervos que quiere
matar a David. Pero Jonatán le dice: ‘No hagas daño a David. Él
nunca te ha hecho nada malo. En vez de eso, te ha ayudado.
Arriesgó su vida al matar a Goliat, y cuando tú lo viste, te
alegraste.’
Saúl escucha a su hijo, y promete no causar daño a David.
Traen a David de nuevo, y él sirve a Saúl como antes. Sin
embargo, un día mientras David toca música, Saúl otra vez le
arroja la lanza a David. David la esquiva, y la lanza da en la
pared. ¡Esta es la tercera vez! ¡Ahora David sabe que tiene que
huir!
Aquella noche David va a su propia casa, pero Saúl manda
hombres a matarlo. Mical sabe lo que su padre quiere hacer. Le
dice a David: ‘Vete esta noche, o mañana estarás muerto.’ Esa
noche Mical ayuda a David a escapar por una ventana. Por casi
siete años David anda escondido por causa de Saúl, y pasa de un
lugar a otro.
Abigaíl y David
¿CONOCES a la bella joven que viene a ver a David? Se
llama Abigaíl. Ella sabe pensar bien, y evita que David haga algo
malo. Pero antes de ver qué fue, vamos a ver lo que le ha estado
pasando a David.
Después que David huye de Saúl, se esconde en una cueva.
Sus hermanos y el resto de su familia vienen a donde él. Unos
400 hombres vienen a él, y David llega a ser su líder. David va
entonces a donde el rey de Moab y dice: ‘Por favor, deja que mi
padre y mi madre se queden contigo hasta que yo vea lo que me
pasa.’ Después, David y sus hombres empiezan a esconderse en
los montes.
Tiempo después, David conoce a Abigaíl. El esposo de ella,
Nabal, es un hombre rico que tiene muchas tierras. Tiene
3.000 ovejas y 1.000 cabras. Nabal es cruel. Pero su esposa
Abigaíl es muy bonita. También, sabe hacer lo que es correcto.
Una vez hasta salva a su familia. Vamos a ver cómo.
David y sus hombres han sido bondadosos con Nabal. Han
ayudado a proteger sus ovejas. Un día David envía a sus
hombres a pedirle un favor a Nabal. Ellos llegan a donde está
Nabal mientras él y sus ayudantes recortan lana de las ovejas. Es
un día de fiesta, y Nabal tiene muchas cosas de comer buenas.
Así que los hombres de David dicen: ‘Hemos sido buenos contigo.
No te hemos robado ninguna oveja, pero te ayudamos a
cuidarlas. Por favor, ahora danos algún alimento.’
‘No voy a dar alimento a hombres como ustedes,’ dice Nabal.
Habla con crueldad, y dice cosas malas acerca de David. Cuando
los hombres le dicen esto a David, él se enoja mucho. ‘¡Pónganse
las espadas!’ les dice. Y salen a matar a Nabal y sus hombres.
Uno de los hombres de Nabal, al oír las palabras crueles de
Nabal, le dice a Abigaíl lo que ha pasado. Enseguida Abigaíl
prepara algún alimento, lo pone sobre unos asnos y sale. Cuando
se encuentra con David, se baja de su asno, se inclina y dice: ‘Por
favor, señor, no prestes atención a mi esposo Nabal. Él es tonto, y
hace cosas tontas. Aquí tienes un regalo. Acéptalo, por favor, y
perdónanos lo que ha pasado.’
‘Eres sabia,’ contesta David. ‘Has evitado que yo mate a Nabal
en pago por su crueldad. Vuelve a tu casa ahora en paz.’
Después, cuando Nabal muere, Abigaíl llega a ser una de las
esposas de David
David hecho rey
DE NUEVO Saúl trata de capturar a David. Lleva
3.000 soldados de los mejores para buscarlo. Cuando David llega
a saber esto, envía espías para ver en qué lugar ha acampado
Saúl esa noche. Entonces, a dos de sus hombres les pregunta:
‘¿Cuál va conmigo al campamento de Saúl?’
‘Yo voy,’ dice Abisai. Abisai es hijo de Seruya, que es hermana
de David. Mientras Saúl y sus hombres duermen, David y Abisai
se cuelan en el campamento. Se llevan la lanza y el jarro de agua
de Saúl que está al lado de su cabeza. Nadie los ve ni los oye
porque todos están dormidos.
Mira ahora a David y Abisai. Se han escapado, y están sobre
un monte. David le grita al jefe del ejército de Israel: ‘Abner, ¿por
qué no estás protegiendo a tu amo, el rey? ¡Mira! ¿Dónde están
su lanza y su jarro de agua?’
Saúl se despierta. Reconoce la voz de David, y pregunta:
‘¿Eres tú, David?’ ¿Puedes ver a Saúl y Abner allá abajo?
‘Sí, mi señor el rey,’ contesta David. Y David pregunta: ‘¿Por
qué estás tratando de capturarme? ¿Qué mal he hecho? Aquí
está tu lanza, oh rey. Que alguien venga a buscarla.’
‘He hecho mal,’ admite Saúl. ‘He obrado tontamente.’
Entonces David se va, y Saúl vuelve a su casa. Pero David se
dice: ‘Uno de estos días Saúl me va a matar. Debo escapar al
país de los filisteos.’ Y eso hace. David puede engañar a los
filisteos y hacerles creer que ahora los favorece.
Algún tiempo después los filisteos suben a pelear contra Israel.
En la batalla, Saúl y Jonatán mueren. Esto hace que David se
ponga muy triste, y él escribe una linda canción, en la cual canta:
‘Me siento triste por ti, mi hermano, Jonatán. ¡Cuánto te quería!’
Después de esto David vuelve a Israel, a la ciudad de Hebrón.
Allí hay una guerra entre los hombres que escogen a Isbóset, hijo
de Saúl, para que sea rey y los otros hombres que quieren que
David sea rey. Pero finalmente los hombres de David ganan.
David tiene 30 años cuando llega a ser rey. Por siete años y
medio gobierna en Hebrón. Algunos de los hijos que le nacen allí
a David son Amnón, Absalón y Adonías.
Con el tiempo David y sus hombres van a capturar una bella
ciudad, Jerusalén. Joab, otro hijo de Seruya, la hermana de
David, guía la pelea. Por eso David le da como premio ser jefe del
ejército. Ahora David empieza gobernar en la ciudad de
Jerusalén.
Ayes en la casa de David
DESPUÉS que David empieza a gobernar en Jerusalén,
Jehová da a su ejército muchas victorias. Jehová Dios había
prometido dar la tierra de Canaán a los israelitas. Y ahora, con la
ayuda de Jehová, toda la tierra que se les prometió llega a ser de
ellos.
David es buen gobernante. Él ama a Jehová. Por eso, una de
las primeras cosas que hace después de capturar a Jerusalén es
llevar allí el arca del pacto de Jehová. Quiere construir un templo
en el cual ponerla.
Unos años después, David comete un error grave. Él sabe que
es malo tomar algo que pertenece a otra persona. Pero una
noche, cuando está en la azotea de su palacio, mira abajo y ve a
una mujer muy hermosa. Se llama Bat-seba, y su esposo es un
soldado de David llamado Urías.
David desea tanto a Bat-seba que hace que la traigan a su
palacio. El esposo de ella está lejos peleando. Bueno, David le
hace el amor a ella y después averigua que ella va a tener un
bebé. David se preocupa mucho y hace que Joab el jefe de su
ejército ponga a Urías al frente de la batalla para que muera.
Cuando Urías muere, David se casa con Bat-seba.
Jehová se enoja mucho con David. Envía a su siervo Natán
para que le hable sobre sus pecados. Puedes ver a Natán aquí
con David. David se siente muy mal por lo que ha hecho, y
Jehová no le da muerte. Pero dice: ‘Porque has hecho estas
cosas malas, habrá muchísimas dificultades en tu casa.’ ¡Y qué
ayes tiene David!
Primero, el hijo de Bat-seba muere. Entonces el primer hijo de
David, Amnón, obliga a su hermana Tamar a acostarse con él.
Enojado por esto, Absalón el hijo de David mata a Amnón.
Después, Absalón se atrae el favor de mucha gente y hace que lo
hagan rey. Por fin David gana la guerra contra Absalón, que
muere. Sí, David sufre muchos ayes.
En medio de todo esto, Bat-seba da a luz un hijo llamado
Salomón Cuando David está viejo y enfermo, su hijo Adonías trata
de hacerse rey. David entonces hace que un sacerdote llamado
Sadoc derrame aceite en la cabeza de Salomón para mostrar que
Salomón será rey. Poco después muere David a los 70 años de
edad. Ha gobernado 40 años. Ahora Salomón es rey.
Un rey malo manda en Egipto
LOS hombres que ves aquí están obligando a la gente a
trabajar. ¡Mira al que está golpeando a un trabajador con un
látigo! Los trabajadores son de la familia de Jacob, y se les llama
israelitas. Y los que los obligan a trabajar son egipcios. Los
israelitas han llegado a ser sus esclavos. ¿Cómo pasó esto?
Por muchos años la gran familia de Jacob vivió en paz en
Egipto. José, que era el hombre más importante de Egipto
después de Faraón el rey, los cuidaba. Pero entonces José murió.
Y un nuevo Faraón, a quien no le gustaban los israelitas, llegó a
ser rey en Egipto.
De modo que este Faraón malo esclavizó a los israelitas. Y
puso a cargo de ellos a hombres que eran viles y crueles. Estos
obligaron a los israelitas a trabajar duro haciendo ciudades para
Faraón. Pero los israelitas seguían haciéndose muchos. Después
de un tiempo los egipcios temieron que los israelitas llegaran a
ser demasiados y se hicieran muy fuertes.
¿Sabes lo que hizo Faraón? Habló a las mujeres que
ayudaban a las madres israelitas cuando ellas daban a luz, y dijo:
‘Tienen que matar a todo varoncito que nazca.’ Pero estas
mujeres eran buenas, y no mataban a los nenes.
Por eso Faraón dio este mandato a todo su pueblo: ‘A todos
los varoncitos israelitas, mátenlos. Dejen vivir solo a las niñitas.’
¿No era terrible que se mandara eso? Veamos cómo se salvó a
un varoncito.
Se salva al bebé Moisés
MIRA al bebé que llora mientras aprieta el dedo de esa joven.
Este es Moisés. ¿Sabes quién es la bella joven? Es una princesa
egipcia, la propia hija de Faraón.
La madre de Moisés escondió al bebé hasta que él tuvo tres
meses de edad, pues no quería que los egipcios lo mataran. Pero
ella sabía que podían hallar a Moisés, y, por eso, esto fue lo que
hizo para salvarlo.
Preparó una canasta de manera que no fuera a entrar agua en
ella. Entonces puso a Moisés allí y colocó la canasta en la hierba
alta al lado del río Nilo. Le dijo a Míriam, la hermana de Moisés,
que se quedara cerca para ver qué pasaba.
Pronto la hija de Faraón vino al río Nilo a bañarse. De repente
vio la canasta en la hierba alta. Dijo a una de sus sirvientas:
‘Consígueme esa canasta.’ Cuando la princesa abrió la canasta,
¡qué lindo bebé vio! El bebé Moisés estaba llorando, y la princesa
le tuvo lástima. La princesa egipcia no quiso que mataran al nene.
Entonces Míriam vino. La puedes ver en la lámina. Míriam le
preguntó a la hija de Faraón: ‘¿Puedo ir y llamar a una israelita
para que te críe el bebé?’
‘Hazme ese favor,’ dijo la princesa.
Así que Míriam fue corriendo a decírselo a su mamá. Cuando
la madre de Moisés vino a donde la princesa, ésta le dijo: ‘Toma a
este bebé y críamelo, y te pagaré por ello.’
Así que la madre de Moisés cuidó a su propio hijo. Después,
cuando Moisés ya tenía suficiente edad, se lo llevó a la hija de
Faraón, quien lo adoptó como hijo suyo. Por eso Moisés creció en
la casa de Faraón.
Por qué huyó Moisés
MIRA a Moisés; está huyendo de Egipto. ¿Puedes ver a los
que lo persiguen? ¿Sabes por qué quieren matar a Moisés?
Vamos a ver si podemos averiguarlo.
Moisés creció en la casa de Faraón, el gobernante de Egipto.
Se hizo muy sabio y grande. Moisés sabía que él no era egipcio, y
que sus verdaderos padres eran esclavos israelitas.
Un día, cuando tenía 40 años, Moisés decidió ir a ver cómo le
iba a su pueblo. Los estaban tratando mal. Vio a un egipcio
golpeando a un esclavo israelita. Moisés miró alrededor y, al
no ver a ninguna persona que estuviera velando, hirió al egipcio, y
éste murió. Moisés escondió al muerto en la arena.
Al día siguiente Moisés fue a ver a su pueblo otra vez. Creía
que podría ayudarlos para que no fueran esclavos. Pero vio a dos
israelitas peleando, y Moisés le dijo al que estaba haciendo lo que
era malo: ‘¿Por qué golpeas a tu hermano?’
El hombre dijo: ‘¿Quién te hizo nuestro gobernante y juez?
¿Me vas a matar como mataste a aquel egipcio?’
Ahora Moisés se asustó. Sabía que la gente había averiguado
lo que él le había hecho al egipcio. Aun Faraón lo oyó y mandó
hombres a matar a Moisés. Por eso Moisés tuvo que salir
huyendo de Egipto.
Cuando Moisés salió de Egipto, se fue lejos, a la tierra de
Madián. Allí conoció a la familia de Jetro, y se casó con una de
sus hijas, Zípora. Moisés se hizo pastor y atendió las ovejas de
Jetro. Por 40 años vivió en la tierra de Madián. Ahora tenía
80 años de edad. Entonces un día, mientras Moisés atendía las
ovejas de Jetro, pasó una cosa sorprendente que cambió la vida
entera de Moisés. Pasa la página, y vamos a ver qué es esta cosa
sorprendente.
El arbusto ardiente
MOISÉS había venido hasta la montaña de Horeb buscando
hierba para sus ovejas. Aquí vio un arbusto en fuego, ¡pero el
arbusto no se quemaba!
‘¡Qué raro!’ pensó Moisés. ‘Voy a ver eso mejor.’ Cuando se
acercó, desde el arbusto una voz dijo: ‘No te acerques más.
Quítate las sandalias, pues estás en tierra santa.’ Era Dios
hablando por medio de un ángel, y por eso Moisés se cubrió la
cara.
Dios entonces dijo: ‘He visto a mi pueblo sufrir en Egipto. Voy
a librarlos, y te envío para que los saques de allí.’ Jehová iba a
llevar a su pueblo al lindo país de Canaán.
Pero Moisés dijo: ‘Yo no soy nadie. ¿Cómo puedo hacer esto?
Y si voy me van a decir: “¿Quién te envió?” ¿Qué digo entonces?’
‘Esto les dirás,’ contestó Dios. ‘“JEHOVÁ el Dios de Abrahán,
Dios de Isaac y Dios de Jacob me ha enviado a ustedes.”’ A eso,
Jehová añadió: ‘Este es mi nombre para siempre.’
‘Pero ¿y si ellos no me creen cuando yo les diga que tú me
enviaste?’ respondió Moisés.
‘¿Qué tienes en la mano?’ le preguntó Dios.
Moisés contestó: ‘Un palo.’
‘Échalo en el suelo,’ dijo Dios. Cuando Moisés hizo aquello, el
palo que tenía se convirtió en una culebra. Entonces, Jehová le
mostró a Moisés otro milagro. Dijo: ‘Mete tu mano en tu traje.’
Moisés lo hizo, y cuando sacó la mano, ¡estaba blanca como la
nieve! Parecía que él estaba enfermo, con la lepra. Entonces
Jehová le dio a Moisés poder para hacer un tercer milagro.
Finalmente dijo: ‘Estos milagros harán que los israelitas crean que
te envié.’
Después, Moisés volvió a su casa y le dijo a Jetro: ‘Por favor,
déjame volver a Egipto para ver cómo están mis parientes.’ Así
que Jetro le dijo adiós a Moisés, que empezó su viaje de regreso
a Egipto.
Moisés y Aarón ven a Faraón
CUANDO Moisés volvió a Egipto, le contó a su hermano Aarón
acerca de los milagros. Y cuando Moisés y Aarón les mostraron
los milagros a los israelitas, todos creyeron que Jehová estaba
con ellos.
Entonces Moisés y Aarón fueron a ver a Faraón. Le dijeron:
‘Jehová el Dios de Israel dice: “Deja ir a mi pueblo por tres días,
para que me adoren en el desierto.”’ Pero Faraón dijo: ‘Yo no creo
en Jehová. No voy a dejar ir a Israel.’
Faraón estaba enojado, porque el pueblo quería sacar tiempo
del trabajo para adorar a Jehová. Por eso, los obligó a trabajar
más duro. Los israelitas culparon a Moisés por el mal trato que se
les dio, y Moisés se puso triste. Pero Jehová le dijo que no se
preocupara. ‘Haré que Faraón deje ir a mi pueblo,’ dijo.
Moisés y Aarón fueron a ver a Faraón otra vez. Esta vez
hicieron un milagro. Aarón echó al suelo su palo, y éste se
convirtió en una culebra grande. Pero los sabios de Faraón
también echaron al suelo sus palos, y aparecieron culebras. Pero
¡mira! la culebra de Aarón se está comiendo la de los sabios.
Todavía Faraón no quiso dejar ir a los israelitas.
Por eso llegó el tiempo para que Jehová le diera una lección a
Faraón. ¿Sabes cómo lo hizo? Haciendo que le vinieran
10 plagas, o grandes dificultades, a Egipto.
Después de muchas de las plagas, Faraón llamaba a Moisés y
le decía: ‘Detén la plaga y dejaré ir a Israel.’ Pero cuando la plaga
se detenía, cambiaba de opinión. No los dejaba ir. Pero después
de la décima plaga les dijo que salieran.
¿Conoces cada una de las 10 plagas? Pasa la página y
veamos cuáles son.
Las 10 plagas
MIRA los cuadros. Cada uno muestra una plaga que Jehová le
puso a Egipto. En el primero ves a Aarón golpeando el río Nilo
con su palo. Entonces el agua del río se convirtió en sangre, y los
peces del río murieron, y ahora el río empezó a tener mal olor.
Después, Jehová hizo que salieran ranas del río Nilo. Estaban
en los hornos, las vasijas de amasar, las camas, por dondequiera.
Cuando las ranas murieron, los egipcios las pusieron en
montones, y el país se llenó de mal olor.
Entonces Aarón golpeó el suelo con su palo y el polvo se
convirtió en jejenes, insectitos que vuelan y pican. Esta fue la
tercera plaga.
Las otras plagas solo hicieron daño a los egipcios, no a Israel.
La cuarta fue de moscas grandes que se metieron en las casas
de todos los egipcios. La quinta plaga hirió a los animales.
Muchísimas de las vacas y las ovejas y las cabras de los egipcios
murieron.
Después Moisés y Aarón tiraron al aire puñados de cenizas,
las cuales les causaron llagas a las personas y los animales. Esta
fue la sexta plaga.
Después de eso Moisés levantó la mano al cielo, y Jehová
mandó truenos y granizo. Fue la peor granizada que Egipto había
tenido.
La plaga octava fue un gran enjambre de langostas. Nunca
antes hubo, ni después de eso ha habido, tantas langostas. Se
comieron todo lo que el granizo no destruyó.
La plaga novena fue de oscuridad. Por tres días una oscuridad
densa cubrió el país, pero los israelitas tenían luz donde vivían.
Finalmente, Dios le dijo a su pueblo que rociara la sangre de
un cabrito o un corderito en los postes de sus puertas. Entonces
el ángel de Dios pasó sobre Egipto. Cuando el ángel veía la
sangre, no mataba a nadie en aquella casa. Pero cuando no veía
la sangre, mataba al primer hijo nacido, de hombre y de animal.
Esta fue la plaga décima.
Después de esta plaga, Faraón dejó ir a los israelitas, los
cuales ya estaban listos y aquella misma noche empezaron a
marcharse de Egipto.
Cruzando el mar Rojo
¡MIRA lo que está pasando! Ese es Moisés con su palo
extendido sobre el mar Rojo. Los que están con él seguros en el
otro lado son los israelitas. Pero Faraón y su ejército se están
ahogando. Veamos cómo pasó esto.
Como aprendimos, después de la décima plaga Faraón les dijo
a los israelitas que salieran de Egipto. Unos 600.000 hombres
israelitas salieron, así como muchas mujeres y niños. Además,
mucha otra gente que había creído en Jehová salió con los
israelitas. Todos llevaron consigo sus ovejas y cabras y ganado al
salir de Egipto.
Antes de salir, los israelitas pidieron ropa y cosas hechas de
oro y plata a los egipcios. Los egipcios tenían mucho miedo, por
la última plaga que les vino. Así que les dieron a los israelitas todo
lo que pidieron.
Unos días después los israelitas llegaron al mar Rojo. Allí
descansaron. Mientras tanto, Faraón y sus hombres empezaron a
arrepentirse de haber dejado ir a los israelitas. ‘¡Dejamos ir a
nuestros esclavos!’ decían.
Así que Faraón cambió de opinión otra vez. Enseguida
preparó su carro de guerra y su ejército. Entonces empezó a ir
tras de los israelitas con 600 carros especiales, así como con
todos los otros carros de Egipto.
Cuando los israelitas vieron venir a Faraón y su ejército, se
asustaron muchísimo. No tenían ninguna manera de huir. Tenían
el mar Rojo a un lado, y los egipcios venían de la otra dirección.
Pero Jehová puso una nube entre su pueblo y los egipcios. Por
eso los egipcios no podían ver a los israelitas para atacarlos.
Jehová ahora le dijo a Moisés que extendiera su palo sobre el
mar Rojo. Cuando Moisés hizo esto, Jehová hizo que un viento
fuerte del este soplara. Las aguas del mar se dividieron, y se
quedaron aguantadas en los dos lados.
Entonces los israelitas empezaron a marchar por en medio del
mar sobre tierra seca. Se necesitaron horas para que aquellos
millones de personas con todos sus animales pasaran al otro
lado. Finalmente los egipcios pudieron verlos otra vez, y se
metieron en el mar tras ellos.
Cuando hicieron esto, Dios hizo que se les cayeran las ruedas
de sus carros. Los egipcios se asustaron mucho y empezaron a
gritar: ‘Jehová pelea por los israelitas contra nosotros. ¡Vámonos
de aquí!’ Pero era muy tarde.
Entonces Jehová le dijo a Moisés que extendiera su palo sobre
el mar Rojo, como viste en el cuadro. Entonces las paredes de
agua empezaron a volver y a cubrir a los egipcios y sus carros. El
ejército entero se había metido en el mar. ¡Y ni un solo egipcio
salió vivo!
¡Cuánto se alegró el pueblo de Dios por estar a salvo! Los
hombres cantaron una canción de gracias a Jehová, diciendo:
‘Jehová ha ganado una victoria gloriosa. Ha echado a los caballos
y sus jinetes en el mar.’ Míriam, la hermana de Moisés, sacó su
pandereta, y todas las mujeres la siguieron con las suyas. Y
bailaron, cantando también: ‘Jehová ha ganado una victoria
gloriosa. Ha echado a los caballos y sus jinetes en el mar.’
Liberación en Egipto a primer rey de Israel
Moisés llevó a los israelitas desde el cautiverio en Egipto hasta
el monte Sinaí, donde Dios les dio Sus leyes. Después, Moisés
envió 12 hombres a espiar la tierra de Canaán. Pero 10
regresaron a él con un informe malo. Hicieron que la gente
quisiera volver a Egipto. Por su falta de fe, Dios castigó a los
israelitas haciéndoles vagar por 40 años en el desierto.
Finalmente, Josué fue escogido para poner a los israelitas en
la tierra de Canaán. Para ayudarles a apoderarse del país,
Jehová hizo milagros. Hizo que el río Jordán dejara de fluir, que
los muros de Jericó se cayeran y que el Sol se quedara quieto un
día entero. Después de seis años, la tierra les había sido quitada
a los cananeos.
Empezando con Josué, Israel fue gobernado por jueces por
356 años. Aprendemos acerca de muchos de ellos, como Barac,
Gedeón, Jefté, Sansón y Samuel. También leemos de mujeres
como Rahab, Débora, Jael, Rut, Noemí y Dalila. En total, la Parte
TRES cubre 396 años de historia.
Un alimento nuevo
¿SABES qué está recogiendo del suelo la gente? Parece
escarcha. Es blanco, delgado y como hojas pequeñas. Pero no es
escarcha; es algo que se puede comer.
Solo ha pasado más o menos un mes desde que los israelitas
salieron de Egipto. Están en el desierto. Allí crece poco alimento,
y ellos se quejan: ‘Mejor que Jehová nos hubiera matado en
Egipto. Allí comíamos cuanto queríamos.’
Por eso Jehová dice: ‘Voy a hacer que llueva alimento desde
el cielo.’ Y eso es lo que hace. A la mañana siguiente, cuando los
israelitas ven esta cosa blanca que ha caído, se preguntan: ‘¿Qué
es?’
Moisés dice: ‘Este es el alimento que Jehová les ha dado para
que lo coman.’ La gente lo llama MANÁ. El maná sabe a tortas
delgadas hechas con miel.
‘Recojan lo que cada persona pueda comer,’ dice Moisés a la
gente. Por eso, cada mañana hacen eso. Entonces, cuando el Sol
calienta, el maná que queda en el suelo se derrite.
Moisés también dice: ‘Nadie guarde maná hasta el día
siguiente.’ Pero algunos lo hacen. ¿Sabes lo que pasa entonces?
¡La mañana siguiente el maná que han guardado está lleno de
gusanos y empieza a oler mal!
Pero Jehová dice que un día de la semana recojan doble
cantidad de maná. Ese es el sexto día. Y Jehová dice que
guarden alguno hasta el día siguiente, pues no va a hacer que
caiga ninguno el día séptimo. ¡Cuando guardan el maná hasta el
día séptimo, no se llena de gusanos ni tiene mal olor! ¡Es otro
milagro!
Durante todos los años de los israelitas en el desierto, comen
maná.
Jehová da sus leyes
UNOS dos meses después de haber salido de Egipto, los
israelitas llegan al monte Sinaí, también llamado Horeb. Aquí fue
donde Dios habló a Moisés desde el arbusto ardiente. El pueblo
acampa aquí; se queda aquí algún tiempo.
Mientras la gente espera abajo, Moisés sube a la montaña.
Allá, Jehová le dice a Moisés que Él quiere que los israelitas le
obedezcan y lleguen a ser Su pueblo especial. Cuando Moisés
baja, les dice a los israelitas lo que Jehová ha dicho. Y la gente
dice que va a obedecer a Jehová, porque quieren ser su pueblo.
Jehová ahora hace una cosa rara. Hace que de la cumbre
suba humo, y hace que haya truenos fuertes. También habla al
pueblo y les dice: ‘Yo soy Jehová tu Dios que te sacó de Egipto.’
Entonces les da este mandato: ‘No debes adorar más dioses que
a mí.’
Dios da a los israelitas otros nueve mandamientos, o leyes. El
pueblo tiene mucho miedo. Le dicen a Moisés: ‘Háblanos tú,
porque tememos que si Dios nos habla moriremos.’
Más tarde, Jehová le dice a Moisés: ‘Sube acá arriba a la
montaña. Yo te voy a dar dos piedras planas en las cuales he
escrito las leyes que yo quiero que el pueblo guarde. De manera
que Moisés sube una vez más a la montaña. Por 40 días y
noches se queda allá.
Dios tiene muchas, muchas leyes para su pueblo. Moisés las
escribe. Dios también le da a Moisés las dos piedras planas. En
éstas, Dios mismo ha escrito las 10 leyes que ha hablado a todo
pueblo. Se llaman los Diez Mandamientos.
Los Diez Mandamientos son leyes importantes. Pero también
son las muchas otras leyes que Dios da a los israelitas. Una de
éstas es: ‘Debes amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón, toda
tu mente, toda tu alma y toda tu fuerza.’ Y otra es: ‘Debes amar a
tu prójimo como a ti mismo.’ El Hijo de Dios, Jesucristo, dijo que
éstas son las dos mayores leyes que Dios dio a su pueblo de
Israel. Después aprenderemos muchas cosas acerca del Hijo de
Dios y sus enseñanzas.
El becerro de oro
¡AY, NO! ¿Qué está haciendo la gente ahora? ¡Orando a un
becerro! ¿Por qué están haciendo esto?
Cuando Moisés se queda mucho tiempo en la montaña, el
pueblo dice: ‘No sabemos qué le ha pasado a Moisés. Vamos a
hacernos un dios que nos saque de esta tierra.’
‘Está bien,’ dice Aarón el hermano de Moisés. ‘Quítense sus
pendientes de oro, y tráiganmelos.’ Cuando el pueblo hace esto,
Aarón los derrite y hace un becerro de oro. Y el pueblo dice:
‘¡Este es nuestro Dios, que nos sacó de Egipto!’ Entonces tienen
una fiesta grande, y adoran el becerro de oro.
Cuando Jehová ve esto, se enoja mucho. Y le dice a Moisés:
‘Apresúrate y baja. El pueblo se está portando muy mal. Han
olvidado mis leyes y se inclinan ante un becerro de oro.’
Moisés baja enseguida de la montaña. Y al acercarse, esto es
lo que ve. ¡La gente está cantando y bailando alrededor del
becerro! Moisés se enoja tanto que tira las dos piedras planas que
tienen las leyes, y éstas se rompen en pedazos. Entonces le echa
mano al becerro y lo derrite. Entonces lo hace polvo.
El pueblo ha hecho algo muy malo. Por eso Moisés les dice a
unos hombres que empuñen sus espadas. ‘Los malos que
adoraron el becerro deben morir,’ dice. ¡Por eso los hombres
matan a 3.000 personas! ¿No muestra esto que hay que tener
cuidado para adorar solo a Jehová y no a dioses falsos?
Una tienda para adorar
¿SABES qué es este edificio? Es una tienda especial para
adorar a Jehová. Se le llama el tabernáculo. El pueblo lo terminó
en un solo año después que salió de Egipto. ¿Sabes de quién fue
la idea de hacerlo?
Fue idea de Jehová. Mientras Moisés estaba arriba en el
monte Sinaí, Jehová le dijo cómo hacerlo. Le dijo que lo hiciera de
modo que pudiera desmontarse fácilmente. Así las partes se
podrían llevar a otro lugar, y allí juntarse de nuevo. Por eso,
cuando los israelitas se mudaban de un lugar a otro en el
desierto, llevaban consigo la tienda.
Si te fijas en el cuartito al fin de la tienda, puedes ver una caja.
Esta caja se llama el arca del pacto. Tenía dos ángeles o
querubines hechos de oro, uno a cada extremo. Dios escribió de
nuevo los Diez Mandamientos en dos piedras planas, porque
Moisés había roto las primeras. Y estas piedras fueron guardadas
en el arca del pacto. También se guardó allí un jarro de maná.
¿Recuerdas lo que es maná?
Jehová escoge a Aarón el hermano de Moisés para que sea el
sumo sacerdote. Él dirige el pueblo en la adoración de Jehová. Y
sus hijos también son sacerdotes.
Ahora fíjate en el cuarto más grande de la tienda. Tiene el
doble del tamaño del cuartito. ¿Ves la cajita de la cual está
subiendo humo? Ese es el altar donde los sacerdotes queman
incienso, una cosa que huele bien. Mira también el candelabro
que tiene siete lámparas. Y lo tercero en el cuarto es una mesa,
sobre ésta se mantienen 12 panes.
En el patio del tabernáculo hay una fuente grande, o
palangana, llena de agua. Los sacerdotes la usan para lavar.
También está allí el gran altar. Aquí se queman los animales
muertos como ofrenda a Jehová. La tienda está en el medio del
campamento, y los israelitas viven en sus tiendas alrededor de
ella.
Los 12 espías
MIRA las frutas que estos hombres cargan. Fíjate qué grande
es el ramo de uvas. Dos hombres tienen que cargarlo en un palo.
Y mira los higos y las granadas. ¿De dónde vinieron estos bellos
frutos? De la tierra de Canaán. Recuerda, Canaán es donde
vivían Abrahán, Isaac y Jacob. Pero por el hambre que hubo allí,
Jacob se mudó con su familia a Egipto. Ahora, tras unos
216 años, Moisés lleva de vuelta a Canaán a los israelitas. Ahora
están en Cades, en el desierto.
En Canaán vive gente mala. Por eso Moisés envía 12 espías y
les dice: ‘Averigüen cuánta gente vive allí, y cuán fuertes son.
Averigüen si la tierra es buena para sembrar. Y no dejen de traer
algunos de los frutos.’
Cuando los espías vuelven a Cades, le dicen a Moisés: ‘En
verdad es un buen país.’ Y para probarlo, le muestran algunas
frutas. Pero 10 de los espías dicen: ‘La gente que vive allí son
gente grande y fuerte. Si tratamos de quitarles el país, nos
matan.’
Los israelitas se asustan al oír esto. ‘Mejor hubiera sido morir
en Egipto o hasta aquí en el desierto,’ dicen. ‘Moriremos en
batalla, y nuestras esposas y nuestros hijos serán capturados.
¡Vamos a escoger un nuevo líder en vez de Moisés, y regresar a
Egipto!’
Pero dos de los espías confían en Jehová, y tratan de calmar
al pueblo. Se llaman Josué y Caleb. Dicen: ‘No tengan miedo.
Jehová está con nosotros. Será fácil tomar esa tierra.’ Pero el
pueblo no oye. Y hasta quiere matar a Josué y Caleb.
Esto enoja mucho a Jehová, quien le dice a Moisés: ‘Ninguna
de la gente de 20 años de edad y más va a entrar en el país de
Canaán. Han visto los milagros que yo hice en Egipto y en el
desierto pero todavía no confían en mí. Por eso van a vagar por el
desierto 40 años hasta que el último muera. Solo Josué y Caleb
entrarán en la tierra de Canaán.’
La vara de Aarón florece
MIRA las flores y almendras maduras que crecen de esta vara,
o palo. Es la vara de Aarón. ¡Estas flores y la fruta madura
crecieron en una sola noche! Veamos por qué.
Los israelitas han vagado por el desierto por bastante tiempo.
Algunos no creen que Moisés deba ser el líder, ni que Aarón deba
ser el sumo sacerdote. Coré es uno que piensa así, y lo mismo
Datán, Abiram y 250 líderes del pueblo. Todos éstos vienen y le
dicen a Moisés: ‘¿Por qué te pones tú por encima de los demás
de nosotros?’
Moisés dice a Coré y sus seguidores: ‘Mañana por la mañana
tomen incensarios y pongan incienso en ellos. Entonces vengan
al tabernáculo de Jehová. Veremos a quién escoge él.’
El día siguiente Coré y sus 250 seguidores vienen al
tabernáculo. Muchos otros vienen para apoyarlos. Jehová está
muy enojado. ‘Aléjense de las tiendas de estos hombres malos,’
dice Moisés. ‘No toquen nada que les pertenezca.’ La gente
escucha, y se aleja de las tiendas de Coré, Datán y Abiram.
Entonces Moisés dice: ‘Por esto sabrán a quién Jehová
escoge. La tierra se abrirá y se tragará a estos hombres malos.’
Tan pronto como Moisés deja de hablar, la tierra se abre. La
tienda y las cosas de Coré, y Datán y Abiram y los que están con
ellos caen adentro, y la tierra se cierra sobre ellos. Cuando la
gente oye los gritos de los que se hunden, gritan: ‘¡Corran! ¡La
tierra nos puede tragar también!’
Coré y sus 250 seguidores todavía están cerca del
tabernáculo. Por eso Jehová envía fuego, y todos se queman.
Entonces Jehová le dice a Eleazar hijo de Aarón que tome los
incensarios de los muertos y haga con ellos una cubierta delgada
para el altar. Esta cubierta del altar sirve para advertir a los
israelitas que solo Aarón y sus hijos deben servir de sacerdotes
para Jehová.
Pero Jehová quiere aclarar bien que ha escogido a Aarón y
sus hijos como sacerdotes. Por eso le dice a Moisés: ‘Que un
líder de cada tribu de Israel traiga su vara. Para la tribu de Leví,
que Aarón traiga su vara. Entonces pon cada vara en el
tabernáculo enfrente del arca del pacto. La vara del hombre que
yo he escogido como sacerdote echará flores.’
Cuando Moisés mira la mañana siguiente, ¡de la vara de Aarón
salen estas flores y almendras maduras! ¿Ves tú ahora por qué
hizo Jehová que la vara de Aarón floreciera?
Moisés hiere la roca
PASAN los años... ¡10 años, 20 años, 30 años, 39 años! Y los
israelitas todavía están en el desierto. Pero en todos estos años
Jehová cuida a su pueblo. Los alimenta con maná. Los guía de
día con una columna de nube, y de noche con una columna de
fuego. Y no se les gasta la ropa ni se les irritan los pies.
Este es el primer mes del año 40 desde que salieron de
Egipto. Los israelitas están otra vez en Cades. Aquí estaban
cuando los 12 espías fueron enviados a espiar la tierra de Canaán
casi 40 años antes. Míriam la hermana de Moisés muere en
Cades. Y como antes, hay problemas aquí.
La gente no puede hallar agua. Se quejan a Moisés: ‘Mejor
hubiera sido que hubiéramos muerto. ¿Por qué nos sacaste de
Egipto para traernos a este terrible lugar donde nada crece? Aquí
no hay granos, ni higos, ni uvas, ni granadas. No hay ni siquiera
agua para beber.’
Cuando Moisés y Aarón van al tabernáculo a orar, Jehová le
dice a Moisés: ‘Junta al pueblo. Entonces, enfrente de todos
habla a esa roca que está allí. De ella saldrá suficiente agua para
el pueblo y todos sus animales.’
Así que Moisés junta a la gente, y dice: ‘¡Oigan, gente que
no confía en Dios! ¿Tenemos que sacarles agua de esta roca
Aarón y yo?’ Entonces, Moisés hiere la roca dos veces con un
palo, y una gran corriente de agua sale de ella. Hay agua para
toda la gente y todos los animales que se hallan allí.
Pero Jehová se enoja con Moisés y Aarón. ¿Sabes por qué?
porque Moisés y Aarón dijeron que ellos iban a sacar agua de la
roca. Pero en realidad Jehová lo hacía. Y porque Moisés y Aarón
no dijeron la verdad acerca de esto, Jehová dice que los va a
castigar. ‘No van a hacer que mi pueblo entre en Canaán,’ dice
Jehová Dios.
Pronto los israelitas salen de Cades. Poco tiempo después
llegan al monte Hor. Allí, encima de la montañas Aarón muere.
Tiene 123 años cuando muere. Los israelitas están muy tristes, y
por 30 días lloran por Aarón. Eleazar el hijo de Aarón llega a ser
entonces el siguiente sumo sacerdote para la nación de Israel.
La serpiente de cobre
¿PARECE real esa culebra envuelta alrededor del palo? No lo
es. Está hecha de cobre. Jehová le dijo a Moisés que la levantara
en el palo para que la gente pudiera mirarla y seguir viviendo.
Pero las otras culebras, en el suelo, son reales. Mordieron a la
gente y la enfermaron. ¿Sabes por qué?
Es porque los israelitas han hablado contra Dios y Moisés. Se
quejan: ‘¿Por qué nos sacaste de Egipto para morir en este
desierto? No hay alimento ni agua aquí. Y ya no aguantamos el
seguir comiendo este maná.’
Pero el maná es buen alimento. Jehová se los ha dado por un
milagro. Y por un milagro les ha dado agua. Pero la gente
no agradece el cuidado que Dios les ha dado. Por eso Jehová
envía estas culebras venenosas como castigo para los israelitas.
Las culebras los muerden, y muchos de ellos mueren.
Por fin la gente viene a Moisés y dice: ‘Hemos pecado, porque
hemos hablado contra Jehová y contra ti. Ora tú a Jehová ahora
para que quite estas culebras.’
Así que Moisés ora por ellos. Y Jehová le dice a Moisés que
haga esta culebra de cobre. Le dice que la ponga en un palo, y
que todo el que sea mordido debe mirar a ella. Moisés hace tal
como Dios dice. Y los que habían sido mordidos miran a la
culebra de cobre y vuelven a estar bien.
De esto podemos aprender una lección. Todos somos como
los israelitas mordidos por las culebras. Nota que toda la gente se
pone vieja, enferma y se muere. Esto se debe a que el primer
hombre y la primera mujer, Adán y Eva, se apartaron de Jehová, y
todos nosotros somos hijos de ellos. Pero Jehová abre un camino
para que vivamos para siempre.
Jehová envió a la Tierra a su Hijo, Jesucristo. Jesús fue
colgado en un madero, porque muchos pensaban que él era
malo. Pero Jehová dio a Jesús para salvarnos. Si miramos hacia
él, si lo seguimos, podemos tener vida eterna. Pero después
aprenderemos más de esto.