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Efecto Liberador del Perdón

Este documento presenta un resumen de la tesis de Olga Marina Ochoa sobre el efecto liberador del perdón. La tesis explora cómo el perdón puede liberar a las personas de las cargas emocionales del pasado y permitirles vivir en paz en el presente. El perdón involucra liberarse de la culpa, el resentimiento y el deseo de venganza, y en su lugar fomentar la comprensión y el amor. Al perdonarse a sí mismo y a los demás, una persona puede sanar emocionalmente y espiritualmente.

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Efecto Liberador del Perdón

Este documento presenta un resumen de la tesis de Olga Marina Ochoa sobre el efecto liberador del perdón. La tesis explora cómo el perdón puede liberar a las personas de las cargas emocionales del pasado y permitirles vivir en paz en el presente. El perdón involucra liberarse de la culpa, el resentimiento y el deseo de venganza, y en su lugar fomentar la comprensión y el amor. Al perdonarse a sí mismo y a los demás, una persona puede sanar emocionalmente y espiritualmente.

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SEMINARIO TEOLOGICO INTERNACIONAL

(APLAUSO)

TRABAJO SOBRE:
 TESIS CUARTO AÑO
 EL EFECTO LIBERADOR DEL PERDÓN

INSTRUCTOR:
 REV. ANNETTE RAMOS
 REV. JUAN RAMOS

ALUMNA:
 OLGA MARINA OCHOA

FECHA Y DIA DE ENTREGA:


LUNES 25 DE ENERO 2021

LA ENTRADA COPAN

1
EL EFECTO LIBERADOR DEL PERDON

El presente trabajo surge del interés que despierta un tema tan


humano, espiritual y tan actual “el efecto liberador del perdón”. El
logro de tan delicado tema, constituirá, la liberación y sanación de la
persona en sus áreas físicas, espirituales y emocionales, así también
como su interrelación personal; definitivamente, las necesidades
humanas son diversas y la intensidad con que se viven lo es de igual
manera.
En el caso del efecto del perdón, los elementos que intervienen,
humanos, entran en una dinámica en la que la acción del Espíritu
Santo, la ayuda profesional, el uso de la razón, etc., no pueden
realizar una verdadera acción sanadora, ya que, para el logro
efectivo, la actitud es sin duda algún factor determinante.
Hablar y escribir sobre un tema tan humano y tan espiritual, permite
llegar a la conclusión, que la humanidad sufre de tantas
enfermedades físicas, mentales, emocionales y espirituales por falta
de perdón, así mismo la violencia, la cólera, la culpabilidad, el deseo
de venganza y el miedo, son consecuencia de lo mismo.
El efecto liberador del perdón, es sin duda un acontecimiento que
permite al ser humano dinamizarse, emprender y proseguir su vida
libremente por un camino, lleno de admirables satisfacciones; la
oración es, por lo tanto, el instrumento facilitador de este suceso.

2
AGRADECIMIENTOS
A DIOS POR HABERME LLAMADO Y PERMITIRME SER
PARTE DE LOS QUE CONSTRUYEN EL REINO.
A MI FAMILIA PORQUE EN MEDIO DE TODA SITUACIÓN
HAN ESTADO CONMIGO.
A MIS AMIGOS Y HERMANOS EN CRISTO CAROLINA
MUÑOZ Y FRANCIS MADRID POR SU APOYO
INCONDICIONAL, POR SU MANERA DE AMAR A LAS
PERSONAS VIENDO SU CUALIDADES Y PONIENDO EN
PRACTICA LO QUE DIOS MANDA (OS DOY UN
MANDAMIENTO NUEVO: QUE OS AMÉIS LOS UNOS A LOS
OTROS. QUE, COMO YO OS HE AMADO, ASÍ OS AMÉIS
TAMBIÉN VOSOTROS LOS UNOS A LOS OTROS)
A EL MINISTERIO TEOLOGICO INTERNACIONAL
A.P.L.A.U.S.O, PASTORES ANETTE Y JUAN RAMOS POR
TODAS LAS ENSEÑANZAS QUE ME DIERON, LA PALABRA
DEL SEÑOR QUE ME TRANSMITIERON; TODO FUE
IMPORTANTE PARA MÍ DESARROLLO.

3
INTRODUCCION

Vivir en el pasado es morir al presente, se pierde el ahora cuando se


permanece en el ayer.
El pasado encadena, atrapa y mata. El presente libera, crea y da
vida. Solo en el tiempo del ahora

se puede vivir satisfactoriamente. El pasado es el recuerdo doloroso,


el sentimiento que se convirtió en resentimiento, la experiencia
dolorosa que se le llama culpa. El amor que se transformó en odio,
la sensibilidad que se vuelve sentimentalismo. Experiencias de
dolor, miedo, culpa, insatisfacción y tristeza. Pesada carga que a
veces se lleva, equipaje que no permite vivir sino sobrevivir a duras
penas. Se accede al presente cuando se perdona a sí mismo y se
perdona a los demás. Perdón, palabra mágica y sanadora. Perdonar

4
no es aceptar los hechos ocurridos, no es olvidar, tampoco es negar
lo que pasó. El perdón no justifica, pero tampoco juzga. El
perdón libera del pasado y pone en el tiempo presente, en el ahora,
en el tiempo de Dios. Momento maravilloso donde existen todas las
posibilidades de cambio y transformación; en el cual se comprende y
no solo se entiende, se acepta, pero no se resigna, se aprende para
crecer y no para sufrir. Se deja de ser víctima y se convierte en
aprendiz. Es necesario abrir el corazón al perdón, liberarlo de toda
esa carga que está pesando y no deja avanzar. Perdonar desde la
comprensión amorosa, no para cambiar a los que hicieron daño o
justificar los hechos acontecidos. Perdonar para poder ser felices y
recuperar la paz. Comprender que detrás de todo hecho por más
doloroso y funesto que acontece siempre existe un significado
profundo. Es forzoso perdonarse a sí mismo, recupera la integridad
y la inocencia. Sobre todas las cosas que se hayan hecho, cometido
o protagonizado; es preciso considerar que se sigue siendo inocente
a pesar de todo. Librarse del miedo, del dolor y de la culpa. Sentir
que todos tienen el derecho de equivocarse alguna vez, pero también
se tiene la obligación de aprender para no repetir la experiencia
dolorosa.
Se debe perdonar a los demás, mirar en cada agresor una víctima de
su pasado. En cada hecho de dolor una enseñanza de la cual hay que
aprender. No es permitido convertirse en víctima de otras víctimas y
en victimario de los demás. Aceptar los hechos que ocurrieron, no
como resignación sino como actitud transformadora para el cambio.
Convertir ese odio y resentimiento en comprensión amorosa, la
culpa en aprendizaje y el miedo en coraje. Perdonar a Dios, con el
cual se enojan las personas, acusándole de lo desagradable que
ocurre o le hace daño, sin darse cuenta que, todo lo que sucede es
consecuencia de los hechos cometidos o de los actos que otros han
realizado. Todo lo que se hace tiene una secuela, positiva o negativa
que se tiene que aprender a enfrentar con responsabilidad y mucha

5
humildad, sin acusar a Dios por ello. Mientras no exista
reconciliación con Él, reconociendo que no es Él quien mandó la
prueba que se está viviendo, sino que es consecuencia del actuar
humano; la relación de amor Padre-hijos, está bloqueada, y sin esa
relación, la vida pierde su sentido, la persona se siente sola,
defraudada, abandonada, sin norte, no encuentra la razón de vivir...
se enferma, se amarga, se deprime. Perdón, perdonarse, perdonar.
Hace mucho tiempo alguien había ya enseñado lo mismo cuando
dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”. (Lc
23,34) Ahora es el momento de aprender, porque ya no hay más
tiempo que perder. 1 “Perdonar, una tarea a la que el cristiano no
puede hacer oídos sordos, una práctica que muchas veces conlleva
con ella misma un sentimiento de alivio tanto para el que perdona
como para el que es perdonado. Sin duda que él no perdonar nos ata
en nuestro interior, y se encarga de hacer crecer grandes
sentimientos de rencor, amargura, etc.
San Pablo escribió en su segunda carta a los Corintios “Pues si
alguien ha causado tristeza, no es a mí quien se la ha causado; sino
en cierto sentido - para no exagerar - a todos vosotros. Bastante es
para ese tal el castigo infligido por la comunidad, por lo que es
mejor, por el contrario, que le perdonéis y le animéis no sea que se
vea ése hundido en una excesiva tristeza. Os suplico, pues, que
reavivéis la caridad para con él”. (2 Cor 2,5.8) Por ese motivo
es preciso cuidarse de no ofender a los demás, medir el alcance de
los gestos y palabras; teniendo presente que su alcance puede ser
devastador. Aunque cueste hacerlo, hay que perdonar... Perdonar
no es fácil. Nunca lo ha sido y, de seguro, no lo será. Pero es el
camino más rápido para liberarse de la pesada carga que genera.
La decisión de asumir el perdón es propia y voluntaria. Es una
decisión personal. Pero seguramente, si se perdona, se dará la
liberación de una pesada carga emocional que enferma e impide
crecer como cristianos y como personas. La vida de la autora ha

6
estado llena de logros, luchas y grandes esfuerzos que paso a paso le
han ido acercando a lo que quiere, ha sido un largo caminar, una
escuela muy dura; aprendió a amar sin ser amada, a dar sin esperar
nada a cambio, a llevar su cruz sin renegar, ofreciéndole a Dios su
sufrimiento, como ofrenda de amor. Muchas personas le señalaron y
le marginaron tantas veces, más sin embargo siempre hubo alguien,
que estuvo con ella auxiliándole, pudiendo descubrir en cada una
de ellas, el rostro de Dios, la voz de Dios diciéndole: “No temas, ni
te turbes, porque contigo está Yahvéh, tu Dios, a donde quiera que
vayas” (Josué 1,9). Sin embargo, ha tenido que cuidarse
continuamente de un enemigo capaz de destruir sin piedad tanto
trabajo construido, sus propios resentimientos, causados por la falta
de perdón que equivale a tomar a sorbos un veneno que enferma y
termina matando. Mientras el dolor pasa, el rencor se queda
agravándose como una herida que no se deja sanar. El
resentimiento es como un monstruo, que toma el tamaño que se le
dé, se puede alimentar con los pensamientos de queja y
autocompasión, entre más se queje, más parte de su vida invade. La
energía que se le dé a ese fantasma, es la misma que se puede
emplear para construir los sueños o una vida más plena y feliz.
Quien no perdona sin darse cuenta poco a poco se aísla, empieza a
olvidar o dejar de disfrutar lo grato de su vida. Con el rencor
hacemos más difícil, lo difícil y lo agradable se opaca con el
tormento de la amargura. Digno es quien perdona. Es estúpido
pensar en la venganza que mantiene anclado el dolor. La venganza
sabia es dejarlo ir, seguir adelante, es construirse en vez de
destruirse. El perdón es un regalo, para sí mismos. Es regalarse paz.
Es soltar la carga. La autora ha aprendido, no a perdonar para que el
otro cambie, sino a aceptarlo; el otro nunca va a ser como se
quisiera, eso no depende de nadie. Optó por no darle a nadie el
poder de hacerla infeliz. Perdonar porque ha decidido hacerlo,

7
retomar su poder, su inmensa capacidad de construir su propia
tranquilidad y desea compartirlo.

CAPITULO I
ETIMOLOGÍA DE PERDÓN Y RESENTIMIENTO
 PERDÓN
El perdón es una expresión de amor. La presencia de Dios es la
paz y el lenguaje de Dios es el Amor. Jesús, quiere que los
hombres y mujeres sean felices y profundamente amorosos
"Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en
abundancia" (Jn 10,10). Así se puede ver que la acción de
Jesús es siempre de perdón, de sanación, de liberación. (Cf. Lc
4, 18-19)
Digno es quien perdona; así como es estúpido pensar en la
venganza que mantiene anclado el dolor. La venganza sabia es
dejarlo ir, seguir adelante, es construir en vez de destruir, por
lo que el perdón es un regalo, para sí mismos. Es regalarse paz,
es soltar la carga. No se debe perdonar para que el otro cambie,
sino acéptalo, tal como es. Se debe optar por no darle a
ninguna persona o motivo el poder de hacerle infeliz, de
robarle la paz. Es preciso perdonar por decisión, retomar el

8
poder, la inmensa capacidad de construir la propia
tranquilidad.
Se puede aseverar que el perdón es el medio para reparar lo
que está roto, toma el corazón roto y lo repara, engancha el
corazón atrapado y lo libera, apresa el corazón manchado por
la vergüenza y la culpa y lo devuelve a su estado inmaculado.
El perdón restablece al corazón la inocencia que conoció en
otro tiempo, una inocencia que permite la libertad de amar.
Perdonar no es justificar comportamientos negativos o
improcedentes sean propios o ajenos. El maltrato, la violencia,
la agresión, la indiferencia y la deshonestidad son algunos de
los comportamientos que pueden ser totalmente inaceptables.
El motivo más obvio para perdonar es liberarse de los efectos
debilitadores de la rabia y el rencor, crónicos. Al parecer estas
dos emociones son las que más convierten el perdón en un
desafío, a la vez que en una grata posibilidad para quien desee
una paz mayor. El perdón es muchas cosas: es una decisión,
una actitud, un proceso y una forma de vida.
Es algo que se ofrece a otras personas y algo que aceptamos
para sí mismos. “La prudencia del hombre domina su ira, y su
gloria es dejar pasar una ofensa”. (Prov. 19,11) Según la
Real Academia Española, las palabras perdón y perdonar
provienen del prefijo latino per y del verbo latino donāre,
que significan, respectivamente, "pasar, cruzar, adelante,
pasar por encima de" y "donar, donación, regalo,
obsequio, dar”; si procede de la palabra donum, significa
"hasta que se cumpla el tiempo (estipulado)", si procede
de la palabra donec, implica la idea de “una condonación,
remisión, cese de una falta, ofensa, demanda, castigo,
indignación o ira, eximiendo al culpable de una
obligación, discrepancia o error”. Es considerado también
“Remisión de la Injuria o deuda”, indulgencia.” 8 Perdón

9
proviene de la palabra perdonar, que a su vez proviene de los
vocablos latinos per + donāre. La preposición “per” significa,
según los casos por, con, pasar (por algo), por medio de, en
cuenta de, a causa de, pasar por encima, sobre de, en presencia
de, durante, en el curso de, muy, excesivamente, total,
completamente. Existe otra posibilidad que parece algo
plausible, la palabra procede o podría también proceder del
verbo “perdo” acción de destruir, arruinar, tirar (a la basura) o
desperdiciar, dispersar o esparcir, desaprovechar, despilfarrar,
y hacer perdidizo, así que perdonar vendría a ser la acción de
arrojar el agravio a la basura, o destruir la falta. El perdón
consiste en esencia en que, el perdonante que estima
haber sufrido una ofensa, decide, bien a petición del
ofensor o espontáneamente, no sentir resentimiento hacia
el ofensor o hacer cesar su ira o indignación contra el
mismo, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar
un justo castigo o restitución, y optando por no tener en
cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones
entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden
afectadas.

El perdonante no hace justicia con su concesión del perdón,


sino que renuncia a la justicia al renunciar a la venganza, o al
justo castigo o compensación, en aras de intereses superiores.
También se habla en un sentido impropio de perdonar un
castigo, una deuda u otro tipo de obligación, en el sentido de
renunciar a exigirla. 9 “Perdonar no es lo mismo que justificar,
excusar u olvidar. Perdonar no es lo mismo que reconciliarse.
La reconciliación exige que dos personas que se respetan
mutuamente, se reúnan de nuevo. El perdón es la respuesta
moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido
contra ella. Uno puede perdonar y sin embargo no

10
reconciliarse, como en el caso de una esposa continuamente
maltratada por su compañero”. 10 “El perdón opera un cambio
de corazón: Debemos ponerle fin al ciclo de dolor por nuestro
propio bien y por el bien de nuestras futuras generaciones: es
un regalo que debemos proporcionarle a nuestros hijos.
Podemos pasar del dolor a la compasión. Cuando perdonamos
reconocemos el valor intrínseco de la otra persona”. 11 “El
perdonar no borra el mal hecho, no quita la responsabilidad al
ofensor por el daño hecho ni niega el derecho a hacer justicia a
la persona que ha sido herida. Tampoco le quita la
responsabilidad al ofensor por el daño hecho… perdonar es un
proceso complejo. Es algo que solo nosotros mismos podemos
hacer…paradójicamente, al ofrecer nuestra buena voluntad al
ofensor, encontramos el poder para sanarnos…al ofrecer este
regalo a la otra persona, nosotros también lo recibimos”

2. ELEMENTOS DEL PERDÓN

 2.1. Presencia de una ofensa de cualquier tipo.


 2.2. Comprensión de la ofensa por el ofendido, por la
"confesión" del propio ofensor o por otros medios.
 2.3. El afectado por la ofensa se siente ofendido.
 2.4. Se modifica la actitud del agredido hacia el ofensor
(resentimiento, situación de enfado).
 2.5. (Casualmente) conocimiento por el ofensor de la
falsedad de las relaciones entre
 ofensor y ofendido.
 2.6. (Eventualmente) el ofensor siente y/o manifiesta su
vergüenza y/o arrepentimiento. 2.7. (Fortuitamente) el
ofensor reconoce su error y culpa y/o solicita el perdón
y/o da una satisfacción al ofendido para hacerse
merecedor del perdón.

11
 2.8. El ofendido concede el perdón, pleno o parcial,
condicional o no.
 2.9. Recomposición más o menos completa o parcial de
las relaciones entre ofendido y ofensor.

3. RESENTIMIENTO
El vocablo resentimiento, viene de re-sentir – es decir – volver
a sentir intensamente una y otra vez. Al estar resentidos, se
siente con intensidad el dolor del pasado una y otra vez. Esto –
sin duda- no sólo tiene un efecto lamentable en el bienestar
emocional, sino también repercute negativamente en el
bienestar físico. "Confiésense uno a otros sus pecados y oren
por otros para ser sanados”. (Stg 5, 16)
El resentimiento se puede definir como: 13
Evocar un sentimiento de hostilidad contra una persona que se
considere que le ha tratado mal, un rencor reprimido sobre un
acontecimiento negativo que ha sucedido, molestia, agitación
emocional que se siente siempre que se habla de una
determinada persona o acontecimiento, la incapacidad para
perdonar, incapacidad de dejar pasar y olvidar, convirtiéndose
en la base de la desconfianza y sospecha que se anotan al tratar
con personas o acontecimientos que les produjeron dolor en el
pasado.
Dolor emocional no resuelto que se siente cuando no se logra
aceptar una pérdida, el malestar que se experimenta después de
gastar mucho esfuerzo y energía para alcanzar algo que
finalmente se pierde, el resultado de pensar que se fue víctima
de un trato injusto sin la resolución de un problema.
El sufrimiento prolongado y en silencio cuando una expresión
abierta de dolor es indeseada provocando rencor hacia una
persona o grupo que se considera que ha impedido lograr
ciertos objetivos, sentirse ofendido cuando una persona o un

12
grupo han ignorado o negado sus derechos. En ocasiones da
lugar a depresión y al suicidio.
Cuando un individuo siente resentimiento hacia una persona o
un grupo y pone mala cara silenciosamente en su presencia o
ante la evocación de su nombre, se siente mal cuando la
música, una película, o un programa de televisión le recuerda
las interacciones desagradables que ha tenido con ellos, habla
de una manera burlona o degradante de ellos y tienen
pesadillas o pensamientos desagradables sobre los agresores.
El ofendido se ve bloqueado en sus esfuerzos de crecimiento
personal sin saber por qué, se siente furioso sin razón aparente,
se siente deprimido, abatido, y se encuentra a sí mismo
entrando en círculos cuando intenta superar estas sensaciones
negativas, evita mencionar o discutir cualquier tema que esté
relacionado con su último enfado o malestar acerca de esas
personas. Aprieta los dientes y sonríe cuando realmente desea
gritar al oír hablar de esa persona, finge entusiasmo por estar
con esa persona cuando en realidad preferiría no saber nada de
ella.

CAPÍTULO II
QUÉ DICE LA SAGRADA ESCRITURA ACERCA DEL
PERDÓN

Amar a quien da amor es algo común en los paganos. Todos


lo hacen, más o menos. Pero el seguidor de Cristo debe vivir
un amor superior. Debe amar también cuando le ofenden y le
persiguen. Debe perdonar siempre. Será necesario un cambio
interior para realizar este perdón. Primero para entenderlo.
Luego para aplicarlo en circunstancias donde es natural que
surja el odio y la venganza. Después hay que pedir fuerza para
vivirlo por encima de sentimientos contrarios.

13
El verdadero perdón puede ser difícil y requiere de gran
humildad. Se espera que la otra persona pida, o suplique
primero el perdón. Es agradable que los demás admitan el
dolor que han causado, y si se es honesto, se preferiría que
ellos sufrieran... solo un poco. Pero ninguna de estas
situaciones es parte del plan de Dios
Todas las religiones universales recomiendan:
a) Perdonar a los demás.
b) Pedir perdón por las ofensas a los demás.
c) Solicitar el perdón divino de los pecados, así como no sentir
rencor por los castigos
o designios divinos, eventualmente crueles o incomprensibles
para los humanos.
1. EL PERDÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
En las Sagradas Escrituras, el perdón entre los hombres en el
Antiguo Testamento es
una virtud no obligatoria.
El Dios del Antiguo Testamento hace múltiples referencias al
perdón de Dios, pero no insiste en reclamar que los hombres se
perdonen entre sí; se lo considera no como un imperativo
moral sino como algo loable pero realmente no exigible. En las
oraciones contenidas en los Salmos se encuentran numerosas
peticiones de misericordia o perdón por los propios pecados,
pero también peticiones para que Dios castigue
duramente a los inicuos o a los enemigos del orante o del
Pueblo de Israel: “Él aplastará a nuestros enemigos”. (Sal
108,15); “[…] por tu amor aniquila a mis enemigos, destruye a
mis opresores, pues soy tu siervo”. (Sal 143,12-13); “¡Entrega
pues a sus hijos al hombre, abandónalos a la merced de la
espada! ¡Quédense sus mujeres sin hijos y sin marido!
¡Mueran de peste sus hombres y sus jóvenes atravesados por la
espada de la guerra! ¡Óiganse salir gemidos de sus casas

14
cuando de improviso mandes Tú contra ellos hordas de
saqueadores!” (Jr 18,21) Lo cual parece indicar la legitimidad
de no perdonar a los ofensores, sino solicitar a Dios su castigo,
sobre todo cuando pertenecen a otros pueblos distintos de
Israel. Sin embargo, es loable perdonar. En Génesis se ensalza
la conducta de José, al perdonar a sus hermanos: “…Pero José
les respondió: No temáis. ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios?
Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó para
bien, para hacer lo que vemos hoy: mantener con vida a un
pueblo numeroso. Ahora pues, no tengáis miedo. Yo os
sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así les confortó y le
habló al corazón”. (Gen 50,19-21) En su relación con los
hombres, el Dios del Antiguo Testamento aparece en ocasiones
como justiciero, cruel y vengativo y sin embargo también
capaz de perdonar. En el libro del Éxodo se dice de él, que es
“clemente y misericordioso, tardo para la ira y lleno de lealtad
y fidelidad, que conserva su fidelidad a mil generaciones y
perdona la iniquidad, la infidelidad y el pecado, pero que nada
deja impune, castigando la maldad de los padres en los hijos y
en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación”. (Ex 34,6ss)
El Salmista denomina a Dios “Señor misericordioso y
compasivo”, (Sal 86,15), pero luego también se le denomina
“Dios justiciero”. (Sal 94,1) Cuando Abraham intercede por
Sodoma y Gomorra, preguntando a Yahvéh si destruiría
también al justo por el culpable, Yahvéh respondió: “Si
encuentro cincuenta justos, dentro de la ciudad, perdonaré a
todo el lugar en atención a ellos”. (Gen 18,26) Al morir Jacob,
y José consuela a sus hermanos, estos temiendo que José
tuviera rencor contra ellos por el mal que le habían ocasionado,
enviaron a decirle: “Tu padre nos mandó antes de su muerte
que te dijéramos: “Así dirán a José: Por favor, perdona el
crimen de tus hermanos y el pecado que cometieron cuando te

15
trataron mal. Ahora debes perdonar su crimen a los servidores
del Dios de tu padre.» José, al oír este mensaje, se puso a
llorar”. (Gen 50,16ss.) Entre los principios de bondad y
honestidad que se encuentra en el libro del Éxodo, se descubre:
“Aléjate de la mentira. No harás morir al inocente ni al justo,
porque yo no perdonaré al culpable” (Ex 23,7), de igual
manera reprende, cuando los Israelitas, rescatados de Egipto
guiados por Aarón, por estar Moisés en el monte Sinaí, adoran
un becerro de oro provocando la ira de Dios incitando que el
Señor se apartara del campamento…Moisés al descender y ver
lo acontecido intercede por el pueblo ante Dios: “Al día
siguiente Moisés dijo al pueblo: «Ustedes han cometido un
gran pecado, pero voy a subir donde Yahvéh, a ver si puedo
conseguirles el perdón de este pecado”. (Ex 32, 30) Describe la
Palabra que al entregar Yahvéh, nuevamente la ley de la
alianza: “Moisés entonces invocó el Nombre de Yahvéh, y Él
pasó delante de Moisés diciendo con voz fuerte: «Yahvéh,
Yahvéh es un Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera
y rico en amor y en fidelidad. El mantiene su benevolencia por
mil generaciones y soporta la falta, la rebeldía y el pecado,
pero nunca los deja sin castigo; pues por la falta de los padres
pide cuentas a sus hijos y nietos hasta la tercera y la cuarta
generación. Al momento Moisés cayó al suelo de rodillas,
adorando a Dios, y dijo: «Señor, si realmente gozo de tu favor,
ven y camina en medio de nosotros; aunque sea un pueblo
rebelde, perdona nuestras faltas y pecados, y recíbenos por
herencia tuya.» (Ex 34,5-9) En el libro de Levítico se habla
sobre el sacrificio que se presentaba por la culpa: “Así el
sacerdote hará la expiación por la persona y por su pecado y le
será perdonado…” (Lev 5,13) y cuando Dios en el Antiguo
Testamento le presenta a su pueblo como norma de vida: "No
odiarás, en tu corazón, a tu hermano, pero reprenderás a tu

16
prójimo para no incurrir en pecado a causa de él. No te
vengarás ni guardarás rencor... Amarás a tu prójimo como a ti
mismo” (Lev 19,17-18).
Más adelante, en el mismo libro se localiza la descripción de
siete fiestas, momentos importantes en la vida de los pueblos
que ayudaban a recordar a personas o sucesos que marcaron la
historia de las naciones, entre ellas está la del día de la
expiación: “«El día décimo de este séptimo mes es el día del
Perdón. Este día ustedes tendrán una reunión sagrada;
ayunarán y ofrecerán a Yahvéh un sacrificio por el fuego”
(Lev 23,27) Así mismo, el libro de Levítico habla sobre el Año
del Jubileo y dice “…al llegar el día diez del séptimo mes,
harás resonar el cuerno. Será entonces el día del Perdón, y
harás resonar el cuerno en todo el país”. (Lev 25,9) Cuando se
revela el pueblo de Israel en Cades, Moisés suplica: “El Señor
es lento para la ira y grande en misericordia. Él perdona la
iniquidad y la rebelión, pero de ninguna manera dará por
inocente al culpable. Castiga la maldad de los padres sobre los
hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación. Perdona
pues el pecado de este pueblo con esa gran misericordia y esa
paciencia que has tenido para con él, desde su salida de Egipto
hasta el día de hoy.» Yahvéh respondió: “Ya que tú me lo
pides, lo voy a perdonar”. (Nm 14,19-20) Ante la expiación
por el pecado por inadvertencia se lee: “El sacerdote hará
entonces la expiación por toda la comunidad de los israelitas y
quedará perdonada”. (Nm 15,25) En el libro de Deuteronomio
que sobresale por proclamar con insistencia la especial
relación de Dios con el pueblo de Israel. “El Señor es su Dios”,
(Cf. Nm 23,21) habla al igual que en Ex 23,10-13 sobre el año
de remisión de deudas: “Cada siete años ustedes perdonarán
las deudas”. (Dt 15,1) En los últimos días de Josué,
dirigiéndose a Israel para dar sus últimas instrucciones antes de

17
morir recuerda: “Entonces Josué dijo al pueblo: ¿Podrán
ustedes servir a Yahvéh? Porque es un Dios santo, un Dios
celoso; Él no perdonaría las infidelidades y los pecados de
ustedes”. (Jos 24,19) Cuando David pecó contra Dios, matando
a Urías, quedándose con su esposa Betsabé, “David dijo a
Natán: « ¡Pequé contra Yahvéh!» Y Natán le respondió:
«Yahvéh te perdona tu pecado, no morirás”. (2 Sam 12,13)

En la oración de Salomón al dedicar el templo se dirige a


Yahvéh diciendo “…escúchalo desde lo alto del cielo y
perdona el pecado de tus servidores y de tu pueblo Israel”. (1
Re 8,36) y con ocasión de un atentado contra el profeta
Jeremías, éste clama justicia diciendo: “Tú, Yahvéh, conoces
en detalle sus planes asesinos contra mí. No perdones su
crimen ni se te olvide su pecado. ¡No pierdas de vista su
destrucción, cuando se desate tu cólera, actúa, no más, contra
ellos!”. (Jr 18,23) Ante la promesa de Yahvéh de un nuevo
pacto con la casa de Israel y la casa de Judá se puede observar:
“Ya no tendrán que enseñarle a su compañero, o a su hermano,
diciéndoles: «Conozcan a Yahvéh.» Pues me conocerán todos,
del más grande al más chico, dice Yahvéh; yo entonces habré
perdonado su culpa, y no me acordaré más de su pecado”. (Jr
31-34) mientras que entre los mensajes proféticos de Ezequiel
contra el templo, ante los pecados de idolatría que se cometen
en Jerusalén, expone en nombre de Dios: “¿…voy a actuar con
furor, no los perdonaré y mi ojo será inclemente?»”. (Ez 8,18)
El libro del Eclesiástico habla de la gratuidad del perdón: “El
furor y la cólera son odiosos: el pecador los posee. Del
vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus
culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los
pecados cuando lo pidas.

18
¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud
al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón
de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién
expiará por sus pecados? Piensa en tu fin y cesa en tu enojo, en
la muerte y corrupción y guarda los mandamientos. Recuerda
los mandamientos y no te enojes con tu prójimo; la alianza del
Señor, y perdona el error. (Eclo 27, 33. 28, 9)
El Salmo 102, expresa la misericordia de Dios para con el
pecador: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la
ira y rico en clemencia. Bendice, alma mía al Señor, y todo mi
ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no
olvides sus beneficios. El perdona todas tus culpas y cura todas
tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de
gracia y de ternura. No está siempre acusando, ni guarda
rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas. Como se levanta el cielo
sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como
dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros
delitos”. (Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12) En el libro del
Eclesiástico se enseña que, “Sea cual sea su agravio, no
guardes rencor al prójimo, y no actúes guiado por un arrebato
de violencia”. (Eclo 10, 6); así mismo enseña que "Cosas
abominables son el rencor y la cólera; sin embargo el pecador
se aferra a ellas. El Señor llevará rigurosa cuenta de sus
pecados. Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas
perdón, se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda
rencor a otro: ¿Le puede acaso pedir la salud al Señor? El que
no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus
pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el
perdón de sus pecados, ¿hallará quién interceda por él? Piensa
en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y

19
guarda los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo.
Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas".
(Eclo 27, 33-28,9). 2. EL PERDÓN EN EL NUEVO
TESTAMENTO Aquí se presenta el perdón como imperativo
moral, y ya no como mera virtud espontánea. En el Nuevo
Testamento, el Dios misericordioso está mucho más presente,
y perdonarse los unos a los otros se considera un mandato
moral, pues el perdón a quienes les ofenden y les odian es uno
de los mayores ejemplos de amor al prójimo; así como en el
Antiguo Testamento escasean las referencias al perdón entre
los hombres, éstas abundan en el Nuevo Testamento, que
recomienda poner la otra mejilla y amar a los enemigos. (Cf.
Lc 6,29) En el Evangelio según San Mateo se lee: “En aquel
tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: -Si mi hermano
me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete
veces? Jesús le contesta: -No te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22). Que es preciso
perdonar está claro, pero ¿Cuáles son los límites del perdón?
En el evangelio según San Mateo, se discutía en aquella época,
como en ésta, cuantas veces hay que perdonar: - hasta tres
veces partiendo de Am 2,4; “Así ha dicho el Señor “Por tres
pecados de Judá, y o por cuatro, no revocaré su castigo” o de la
triple oración de José: (Cf. Gn 50,17). - cómo caso extremo
hay quien proponía hasta cuatro veces. Por tanto, Pedro
propone siete, que es prácticamente el doble, cree que está
siendo muy generoso en consonancia con la generosidad de su
maestro. Pero Jesús nuevamente le sorprende diciendo que del
mismo modo que su comunidad no se rige por las normas
terrenas, tampoco la medida del perdón cuando se falta, se rige
por normas terrenas. El perdón es sin medida, como el amor en
una comunidad de hermanos no tiene medida, el perdón
tampoco. La medida del perdón es el perdón sin medida,

20
setenta veces siete, es decir perdón sin fin, sin medida; porque
de la misma manera Dios les ha tratado. El que perdona anda
livianito por la vida, es capaz de llegar lejos porque tiene un
corazón grande y su norte es la luz de Dios, se siente amado
por el Señor y busca el modo de mostrar ese amor a sus
semejantes, Será necesario un cambio interior grande para
realizar y entender este perdón, para aplicarlo en circunstancias
donde es natural que surja el odio y la venganza. Después, hay
que pedir fuerza para vivirlo por encima de sentimientos
contrarios. Para ilustrarlo Jesús cuenta una parábola del siervo
malvado (Cf. Mt 18,23ss) que sirve de conclusión a estas
instrucciones de la vida comunitaria que es una comunidad
fraternal cuya manera de proceder ha de ser el mayor, el
servicio, el perdón, la entrega; y cuando esta comunidad tiene
una fractura siempre tiene que estar presente el perdón
restaurador, pues sin él no hay comunidad, basada en el
amor/servicio/entrega.15 “Este rey de los cielos es la antítesis
de aquellos “reyes de la tierra” (Cf. Mt 17,25) que se dedican a
poner impuestos. Aquellos son implacables y no perdonan
nunca, éste tiene una misericordia infinita y perdona siempre.
Se pone a ajustar las cuentas. El verbo “sinaro” se refiere a
las cuentas definitivas, si bien vemos que el siervo todavía
tiene tiempo de intentar enjugar el débito y por eso pide
paciencia”.16 El acento de la parábola esta puesto en la
enormidad de la deuda, y por tanto, en la enormidad de la
misericordia del rey del reino de los cielos en contraste con la
brutalidad con que luego él trata al semejante: le agarró y lo
ahogaba; la falta de compasión: “ten paciencia conmigo…
Pero él lo metió en la cárcel”. (Mt 18,30) Dios con los
hombres tiene una misericordia sin límites, en ella se
fundamentan las relaciones de esta comunidad que se forman
con Él; cuando alguien pone límites al perdón en realidad lo

21
que está haciendo es cortar el caudal de la misericordia sin
límites que él ha recibido. Lo que él ha recibido se niega a
comunicarlo a los demás. Cerrando la compuerta del perdón a
los demás, se cierran también la compuerta de Dios a los
hombres. Por eso el que se niega a perdonar, así mismo se
condena. La parábola es solo eso un ejemplo: el rey, no es que
se desdiga del perdón que previamente concedió, es el propio
ser humano el que se cierra a la misericordia sin límites de
Dios cuando se cierra al perdón sin límites de los demás. Y eso
es catalogado como prisión como entrega a los verdugos, en
sentido figurado, nadie paga sus deudas metido en la cárcel y
torturado por unos verdugos. Lo que quiere decir es que
mientras el hombre no se abre al perdón sin límites, está en la
peor de las prisiones y en la compañía del peor verdugo. La
prisión que le cierra el camino a la entrada del reino, los
verdugos que le torturan esta vida y le matan para la otra. “Lo
mismo hará con vosotros mi Padre…” (Mt 18,35). No es
propiamente el Padre, es el hombre con su actitud el que labra
aquello que un día el Padre dejará de manifiesto.
16 Ibídem
La vida del discípulo gira, pues, en torno a dos polos: la
gratuidad absoluta del perdón de Dios que no tiene media y la
exigencia de no interrumpir con una mala actuación ni el
perdón sin medida ni la gratuidad del perdón. El amor fraterno
y el perdón, sin 31
medida más que ser una condición para salvarse, nacen del
reconocimiento de cómo Dios lo hace con todos, y por
sentirse, así salvados, se hace vida, se practica.
La Parábola del hijo pródigo enseña las diferencias del perdón
entre los seres humanos y su analogía con Dios como
perdonador, para quienes buscan de su perdón. (Lc 15,1.32)
por lo que Jesús invita a imitar esa actitud: “Mirad por

22
vosotros mismos: si tu hermano peca, repréndele; y si se
arrepiente perdónale. Si siete veces peca contra ti, y siete
veces al día vuelve a ti diciendo: “Me arrepiento”,
perdónale”. (Lc 17,3-4) Los discípulos le han oído decir cosas
a Jesús cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la
oración al Padre por los que los persiguen, el perdón a quien
les hacen daño. “Perdónanos nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a nuestros ofensores… Porque si
perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros”. (Mt 6,12-14) Proclama
Jesús que con la misma vara con que midan, serán medidos:
“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No
juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis
condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará;
porque con la medida con que midáis se os medirá”. (Lc 6,
36-38) y da el máximo ejemplo de perdón al perdonar desde la
cruz. “Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron ahí
a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la
izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben
lo que hacen.».” (Lc 23, 33-34). De igual manera explica que
para poder presentar un verdadero culto a Dios es necesario
reconciliarse primero con quien se esté en pugna: “Si, pues, al
presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu
hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del
altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego
vuelves y presentas tu ofrenda.” (Mt 5, 23-24)
Pablo en su carta a los Colosenses a raíz de los movimientos
sincretistas por influencias religiosas de Oriente aconseja
diciendo: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y
amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad,
mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y
perdonándoos mutuamente, si 32

23
alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó,
perdonaos también vosotros.” (Col 3, 12-13) De igual manera
El Evangelista Juan en su primera carta exhorta: “Si alguno
dice: «Yo amo a Dios», y odia a su hermano, es un mentiroso;
pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a
Dios a quien no ve.” (1° Jn 4,20)
Dejar que el rencor o el odio se instalen en la vida es
convertirse en personas llenas de amargura y por lo tanto que
no pueden ser felices. Quien alberga odio en su vida no puede
avanzar, es como si un ancla colgara de su cuello, si puede dar
algunos pasos, siempre será pesadamente y con la hiel en su
boca. Lo que realmente libera de esa pesada carga es el perdón
que purifica totalmente y hace de los hombres difusores de la
fragancia de Cristo y gratos a los ojos del que ha llamado a la
vida y nos ha dado ejemplo de perdón, misericordia y amor.
"Si ustedes perdonan a otros las ofensas que les han hecho, su
Padre celestial les perdonará a ustedes las faltas que hayan
cometido" (Mt 6, 14-15) recuerda Jesús en el Evangelio según
Mateo; igualmente en Marcos dice refiriéndose a la oración:
“Y cuando os pongáis de pie para orar, si tenéis algo contra
alguien, perdonadle, para que vuestro Padre que está en los
cielos también os perdone a vosotros vuestras ofensas”. (Mc
11,25-26) Pablo a los de Éfeso les exhorta: “Por el contrario
Muéstrense buenos y comprensivos los unos con los otros,
perdónense mutuamente, como Dios les perdona en Cristo.
Arranquen de raíz entre ustedes: los disgustos, los arrebatos,
el enojo, los gritos, las ofensas y toda clase de maldad " (Ef
4,31-32). Ese es el camino, perdonar, perdonar, perdonar, así
como Dios continuamente acepta el arrepentimiento del
hombre y le renueva su amistad.
Perdón es el gesto de alguien que renuncia a la pura justicia o a
la ley de la venganza, recibiendo en amor al enemigo. De todas

24
formas, hay un perdón que puede ser expresión de poderío o de
dominio legal (sacral): alguien renuncia al castigo para mostrar
así su propia superioridad. En contra de eso, Jesús ofreció un
perdón 33
mesiánico, por amor.17 “Esto es mi sangre, la sangre de la
Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de sus
pecados”. (Mt 26,28)
El perdón legal suele estar administrado por las autoridades
políticas o religiosas. En el tiempo de Jesús se expresaba sobre
todo a través de sacrificios rituales, celebrados por los
sacerdotes, regulados según ley por los escribas. El sistema
social y religioso de Israel monopolizaba la expiación por los
pecados, como “máquina de perdón”, que alzaba a los
sacerdotes (funcionarios sacrales) sobre el resto del pueblo. El
templo y su culto les daban poder de perdón, autoridad
expiatoria, sagrada. El perdón no estaba al servicio del amor,
sino del orden social.

El perdón mesiánico. Desplegando su experiencia profética de


un modo creador, Jesús ha expresado y ofrecido su amor
gratuito a los expulsados y excluidos de la comunidad sacral.
La novedad de Jesús no está en el perdón en sí, sino en la
forma en que lo ofrece, como enviado de Dios, gratuitamente,
en gesto de amor, superando así y rompiendo la institución de
un sacrificio expiatorio al servicio del sistema. De esa forma
ha introducido su libertad de amor en el mundo sacral de
escribas y sacerdotes.19
Modificando el camino de Jesús, la iglesia ulterior ha
interpretado a veces el perdón en forma sacral, como expresión
de su muerte expiatoria, en una línea cercana a la del Templo.
Pagar por una culpa, sometiéndose al juicio de Dios. El Nuevo
Testamento asume a veces un lenguaje expiatorio, como se

25
esperaba en un pasaje marcado por el templo de Jerusalén,
pero lo hace de un modo marginal: la muerte de Jesús no ha
sido un sacrificio expiatorio mejor que los anteriores, sino el
desarrollo de la gracia salvadora de un Dios que no necesita
que le expíen o aplaquen, porque Él mismo es perdón, Él
mismo expía, repara a favor de los humanos (cf. Rom 3, 24-
25). Dios no exige expiación o sumisión, para fortalecer de esa
manera su poder, sino que ofrece amorosamente su perdón,
porque él es gracia y así se manifiesta en Cristo, por lo que, 34
el perdón nace del amor mesiánico y pascual, no de un ritual
de sometimiento y violencia victimista.
El perdón de Jesús forma un elemento esencial de su amor
mesiánico. En nombre de Dios, él ha ofrecido el reino a los
excluidos: no sólo a los simples (am ha aretz), incapaces de
cumplir la ley por falta de conocimiento; no sólo a los pobres
(plano económico) o ritualmente manchados (por lepra y
flujos de semen o sangre), sin acceso al culto, sino también a
los pecadores estrictamente dichos, separados de la alianza de
Dios por su conducta (publicanos, prostitutas); precisamente
a ellos ha ofrecido solidaridad y perdón supra-legal. Esto
significa, dentro del contexto israelita, que Jesús perdona por
amor gratuito, es decir, sin exigir a los pecadores un tipo de
arrepentimiento y conversión legal, como hacían sacerdotes y
escribas para quienes el perdón estaba asociado a la ley: los
manchados debían limpiar su impureza, los pecadores dejar el
pecado y volver a la alianza, dentro del orden de Dios. Jesús
perdona por amor: toma a pobres, impuros y pecadores como
necesitados y le ofrece el amor gracia de Dios por encima de
la ley del pacto.20 Este perdón amoroso ha causado conflictos
con la Ley. Jesús ha recibido en su mesa y se ha dejado
acompañar por leprosos y hemorroisas, publicanos y
prostitutas (pecadores), lo mismo que a los pobres de la tierra,

26
ofreciéndoles su Reino. Poniendo así el amor sobre la ley del
templo, declarando, expresamente, que sus sacrificios y
purificaciones son innecesarios para el perdón y pureza del
pueblo. No discute sobre leyes o rituales: no ha querido
sustituir una sacralidad por otra, sino que ha promovido, una
comunión escatológica y mesiánica, fundada en el amor
gratuito de Dios.

No ha sido profeta de conversión, pidiendo a los pobres,


manchados y pecadores que cambien, para luego recibir el
perdón de Dios, sino que ha ofrecido comunión de amor,
perdón, precisamente a los que, según Ley, siguen siendo
pecadores o manchados, sin exigirles conversión como
condición. Reemplazó el sistema sacral por la gracia 35
amorosa de Dios. Esta es la novedad mesiánica del evangelio
que la iglesia ha olvidado muchas veces, volviendo a un
legalismo universal. Los sacerdotes de Jerusalén estaban
dispuestos a perdonar por ley y rito, según principios del
sistema, que perdona para mostrar su poder. Jesús, en cambio,
lo hace por amor y gracia, sin control de templo, como
muestran sus gestos y parábolas: Leví y Zaqueo, los
publicanos (Cf. Mc 2, 13-17; Lc 19, 1-10); el deudor
inmisericorde (Cf. Mt 18, 21-23) y la pecadora agradecida (Cf.
Lc 7, 36-50); el hijo pródigo (Cf. Lc 15, 11-32) y la higuera
estéril (Mc 11, 12-26). Es necesario mencionar que, este amor
que perdona también es capaz de curar a los enfermos, de
manera que el paralítico de Cafarnaúm pudo andar: “Jesús le
dice: Hijo, tus pecados te son perdonados. Unos escribas que
estaban allí sentados comenzaron a murmurar: (¡Éste
blasfema!), ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
Jesús, dándose cuenta de lo que estaban pensando, les dijo:
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son

27
perdonados; o decirle: levántate, toma tu camilla y anda?
Pues, para que veáis que el Hijo del Humano tiene en la tierra
poder para perdonar los pecados… se volvió al paralítico y le
dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa (Mc 2, 1-12).
El pasaje anterior instituye un sermón/parábola, que la
comunidad cristiana ha transmitido para expresar y justificar el
perdón amoroso de Jesús. En el fondo está el escándalo sobre
el poder de perdonar. Unos y otros saben que Dios puede y
quiere hacerlo. Pero los escribas piensan que Dios perdona por
ley, a través de su ritual sagrado. Por eso protestan: Jesús les
quita el control del pecado, el monopolio del perdón. Estos
escribas no son malos, pero piensan que se debe controlar a los
pecadores (y enfermos), según su propia ley, en nombre del
Altísimo. Son la primera jerarquía de poder sacerdotal, que
quiere elevarse en la comunidad (incluso en la iglesia
cristiana), a partir del “monopolio del perdón” que ellos
ejercen para su provecho, es decir, para provecho de la ley. 36
Jesús, en cambio, perdona por gracia de amor, como amigo del
paralítico. Éste es su milagro de un amor/perdón que no se
impone sobre nadie, que no encadena, ni domina. Es el milagro
de un amor que dice. “… ¡levántate, vete a casa!” (Mc 2, 10-
11). El sistema le tenía atado a los cumplimientos de la ley, a
la opresión de los escribas que controlan el mundo con sus
normas. El amor de Jesús le capacita para caminar, rebasando
la opresión de los escribas. “Hijo mío, tus pecados te son
perdonados.” (cf. Mc 2,7ss) Con estas palabras Jesús quería
ser reconocido como Hijo de Dios cuando aún se escondía a
los ojos humanos bajo su aspecto de hombre. Por la
manifestación de su poder en los milagros le compararon con
los profetas; y no obstante, era gracias a Él y gracias a su poder
que ellos podían obrar milagros. Conceder el perdón de los
pecados no está en el poder humano, es una capacidad propia

28
de Dios. Así, Jesús introducía su divinidad en los corazones
humanos. Esto es lo que enfurece a los fariseos. Le replican:
“¡Blasfema! ¡Quién puede perdonar los pecados sino Dios!”
(Mc 2,7) Este paradigma de perdón distingue a la iglesia de
cierto judaísmo (o cristianismo) legalista de escribas que
imponen su poder religioso (control del perdón) impidiendo
caminar a los enfermos. Algunos jerarcas cristianos han
mantenido la cohesión comunitaria como disciplina sobre el
pecado y así lo declaran a través de un ritual muy preciso,
controlado por sacerdotes expertos en purezas. Mientras ellos
observan sus leyes, el paralítico sigue en la camilla, no puede
caminar. Por el contrario, los seguidores de Jesús proclaman y
expanden el perdón desde la fe de la comunidad que perdona
los pecados y deudas, pues oran diciendo: “como nosotros
perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12). Los creyentes
tienen el don y autoridad de perdonarse, en gesto de amor: son
autoridad suprema, sobre templo y sacerdotes; ellos mismos se
perdonan, en nombre de Dios, en sacramento originario, que
ninguna norma posterior de la jerarquía puede limitar, como
sabe el relato de la adúltera (Jn 8). Así ratifican la victoria del
amor sobre la muerte, el triunfo de la vida.
“En su forma actual, el ser humano, en cuanto sistema, no
puede perdonar, pues se encuentra sujeto a la rueda cósmica,
la evolución biológica y la 37
organización social. Pues bien, por encima de ese plano de
ley- sistema, el Padre de Jesús es fuente de perdón en el
Espíritu: nos acepta como somos, sin imponer nada de
antemano, sin juzgar ni exigir, en gratuidad. Sólo este
Espíritu, que es Persona-Don, puede perdonar de manera
gratuita, sin humillar, destruir o banalizar nuestra
existencia”21. En vez de “creo en el perdón de los pecados”,
se debería decir “creo en el Amor que se entrega y comparte,

29
en gratuidad y comunión”, (Cf 1 Cor 13). Donde alguien
proclama en nombre de Jesús “yo te perdono” podría decir “yo
te amo…”, pero de tal forma que su amor personal, sea signo y
presencia real del amor divino, ya que “El amor tiene
paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es
ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo
suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal”. (1 Cor
13,4-5) Pablo recuerda a los gálatas ante los problemas
iniciales de la vida dentro de la comunidad: “Hermanos en
caso que alguno de ustedes se encuentre enredado en alguna
transgresión, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal
con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no
sea que tu también seas tentado”. (Gal 6,1) Así mismo alienta
a las comunidades de Corinto: “Si alguno ha acusado tristeza,
no me ha entristecido solo a mí, sino en cierta medida a todos
vosotros. Basta ya para dicha persona la reprensión de la
mayoría. Así que, más bien debierais perdonarle y animarle…
Por lo tanto os exhorto a que reafirméis vuestro amor para
con él… Al que vosotros habréis perdonado algo, yo también.
Porque lo que he perdonado, si algo he perdonado, por
vuestra causa lo he hecho en presencia de Cristo; para que no
seamos engañados por Satanás, pues no ignoramos sus
propósitos”. (2 Cor 2,5-11)

Igualmente, ante el compromiso y cuidado con las iglesias


deseando que crezcan hasta ser como Cristo escribe:
“Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de
entrañas de misericordia, de bondad, humildad,
mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y
perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro.
Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros”. (Col
2,12-13) En el Evangelio según San Lucas encontramos que

30
Jesús enseña como regla de oro, el amor al enemigo (CF. Mt
5,38-48; 7,12) “Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad
a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid
a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Sed
compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y
no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados;
perdonad y seréis perdonados”. (Lc 6, 35-37) Dios por medio
de la justificación concede muchos beneficios: “Pero Dios
demuestra su amor para con nosotros en que, siendo aún
pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Rom 5,8) La carta a
los Hebreos al referirse a Jesús como el nuevo sacerdote que se
sentó a la diestra del trono de la Majestad de los cielos (Cf. Hb
8, 1) como el mediador de un pacto superior, un nuevo pacto
establecido sobre promesas superiores anuncia que: “Porque
seré misericordioso en cuanto a sus injusticias y jamás me
acordaré de sus pecados”. (Hb 8,12) Respecto al perdón la
Biblia dice que amar a quien nos ama es algo común, no tiene
mérito. Todos los hombres lo hacen. Pero el seguidor de Cristo
debe vivir un amor superior. Debe amar también cuando le
ofenden y le persiguen. Debe perdonar siempre. A Pedro le
inquieta esta perspectiva y pregunta por los límites de ese
perdón y Jesús le respondió que hasta setenta veces siete. (Cf.
Mt 18,21ss) Es decir siempre. Será necesario un cambio
interior grande, para realizar ese perdón. Primero para
entenderlo, luego para aplicarlo en circunstancias donde es
natural que surja el odio y la venganza. Después hay que pedir
fuerza para vivirlo por encima de sentimientos contrarios.

CAPÍTULO III
QUÉ DICE LA IGLESIA ACERCA DEL PERDÓN

31
El perdón de los pecados es una de las manifestaciones del
Espíritu Santo, que prolonga y actualiza la obra de Cristo en la
Iglesia.

La resurrección de Cristo se hace presente en la Iglesia


creando, mediante el Espíritu Santo, la comunión de los santos,
es decir, la comunión de los que viven del perdón de los
pecados. El perdón de los pecados cobra, en la profesión de fe,
un significado sacramental. Se vive en el bautismo y en la
penitencia, segundo bautismo, así como en el Sacramento de la
Eucaristía. Para los cristianos, el perdón es principio de
creatividad histórica y se expresa en una iglesia que es
comunidad de perdonados; ella es expresión visible (histórica,
social) de la gratuidad y perdón de Dios, suscitando un espacio
de donación y perdón interhumano en la historia y
definiéndose como institución de perdón. No es que pueda
celebrar en ciertos momentos un sacramento del perdón
(penitencia, confesión), separado de su vida, sino que ella
misma es con su vida y estructura sacramento del perdón o
gratuidad de Cristo. La iglesia conoce y asume el principio del
perdón, vinculándolo al bautismo y/o celebrándolo en un
sacramento de reconciliación y gratuidad, que suele llamarse
también sacramento de la confesión o penitencia, así como en
la eucaristía, vinculado a unos ritos específicos. Esos ritos son
buenos en un plano legal y sacral, como sabe no sólo el
judaísmo, sino muchas religiones y sistemas sociales de la
historia. Pero centrar en ellos el perdón de Cristo significa
relativizarlo o, peor aún, domesticarlo dentro de un sistema.
Ciertamente, el perdón supera el orden y justicia del sistema
(talión), pero, precisamente por serlo y para serlo, debe evitar
todo riesgo de arbitrariedad, pero, al mismo tiempo, debe
mostrarse como gracia y santidad evangélica, en la línea del

32
amor de Jesús que acoge (perdona), de tal forma que aquellos
que no acogen el perdón del amor quedan fuera del espacio de
perdón visible que marca la iglesia: “Y diciendo esto sopló
sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes
perdonareis los pecados, les quedarán perdonados, a quienes
se los retengáis, les quedarán retenidos” (Jn 20, 21-23). Éste
es el perdón del Espíritu, es decir, del Amor, que se abre a
todos, pero sin imponerse, de tal forma que aquellos que no
quieran aceptar el perdón corren el riesgo de quedar fuera del
amor de Dios. La sociedad civil establece su justicia en la
seguridad de la ley, vinculada a un tipo de organización de
conjunto, para defender los intereses del sistema. Una sociedad
religiosa de tipo sacral, como el judaísmo de la comunidad del
templo, ofrecía su perdón de manera organizada, conforme a
los principios de una ley controlada por sacerdotes y escribas.
En contra de eso, la iglesia de Jesús ofrece y comparte el
perdón gratuito, que brota del amor de Dios y de la propia
pascua de Jesús. De esa forma, ella extiende un espacio de
reconciliación, pues Dios ha superado en Cristo la justicia
legal, el juicio del talión y la venganza, mostrándose divino.
Desde ese fondo ha de hablarse del perdón sacramental que es
signo del amor cristiano: Reconociendo que El perdón es un
milagro, es el suceso principal del cristianismo, es la autoridad
fundante de la iglesia, un perdón que no puede crear jerarquía.
En cierto momento dado, ese perdón puede convertirse en
objeto de deseo y dominio de una jerarquía que lo controla y
ejerce según ley, estableciendo una tabla de pecados y ritos
legales de perdón penitencial, cercanos al viejo judaísmo del
templo. Pues bien, ese perdón que necesita expresarse a través
de una jerarquía no es cristiano.
Desde hace tiempo, la ceremonia del perdón se ha vinculado a
la confesión individual de los pecados, con absolución

33
sacramental de un confesor (obispo o sacerdote). Este modelo
ha ofrecido y puede seguir ofreciendo servicios, siempre que
no se jerarquice en contra de, lo que recomienda el evangelista
san Mateo “Ni se llamen jefes, porque solo tienen un jefe que
ese el Mesías”. (Mt 23, 10), ni se practique como imposición
sobre las conciencias. El diálogo personal es bueno y
necesario, siempre y cuando quien lo promueva y anime sea
persona de madurez carismática y capacidad de
acompañamiento.

Pero de hecho el perdón eclesial ha venido a entenderse


muchas veces como una forma de imposición sagrada, lo que
ha provocado una crisis causada no solo por una pérdida del
sentido de pecado, sino que se ha visto influenciada también
por una experiencia de libertad evangélica de los creyentes y
una visión comunitaria del pecado y del perdón, desde la
perspectiva del amor que acoge y perdona. El futuro de la
iglesia depende en gran parte de forma de entender y celebrar
el perdón como gesto de amor desde el evangelio.

1. LOS PADRES DE LA IGLESIA Y EL PERDÓN Hasta


el siglo VII, la Iglesia reconoce tres formas de perdón de los
pecados: la primera, el bautismo, que limpia al hombre de todo
pecado cometido anteriormente; segundo, la penitencia
cotidiana para los pecados menos graves, mediante la oración,
la escucha de la Palabra, la comunicación de bienes (Cf. 1 Pe
4,8), el ayuno. Además, en la liturgia existe desde el principio
una confesión general de los pecados, que sirve de preparación
a la eucaristía; y tercero la penitencia pública, exigida para
pecados graves, como el adulterio, el homicidio y la apostasía
(Cf. Ex 20; Lc 18,20).

34
Los testimonios más antiguos sobre la práctica de la penitencia
pública pertenecen a los llamados Padres Apostólicos. En la
primera carta de Clemente, de finales del siglo I, se dice:
"Oremos también nosotros por los que se hallan en algún
pecado para que se les conceda modestia y humildad, a fin de
que se sometan, no a nosotros, sino a la voluntad de Dios”23.
En el Pastor de Hermas se establece claramente el principio de
una sola penitencia posterior al bautismo. El cristiano que
incurría en pecado grave sólo podía acogerse a ella una vez en
la vida: "Cuantos de todo corazón hicieren penitencia...y no
vuelvan otra 42
vez a añadir pecados a pecados, recibirán del Señor curación
de sus pecados pasados"24 A comienzos del siglo III
Tertuliano habla de “la segunda tabla de salvación después del
naufragio que es la pérdida de la gracia”
San Pedro Crisólogo (hacia 406-450) obispo de Ravena, doctor
de la Iglesia Católica expresa en una homilía referente a la
autoridad de Cristo para perdonar los pecados: “Si Dios es el
que perdona los pecados ¿por qué no admites la autoridad de
Cristo? El perdonó un solo pecado mostrando así que puede
perdonar todos los pecados del mundo. “Este es el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo.” (Jn 1,29) Para que
puedas advertir señales más insignes de su divinidad
¡escúchalo! Sí, Jesús ha penetrado el misterio de tu corazón.
¡Míralo! Ha llegado hasta lo más recóndito de tus
pensamientos. ¡Comprende que pone al desnudo las
intenciones secretas de tu corazón!” 26 San Ambrosio, Obispo
de Milán y mentor de San Agustín (340-397), uno de los
cuatro tradicionales doctores de la Iglesia Latina, que combatió
el arrianismo en occidente, expone:
“La Iglesia entera toma sobre sí el peso del pecador, el cual
sufre en el llanto, en la oración y en la penitencia, rociándose

35
toda entera como de su levadura, a fin de que con la ayuda de
todos sea purificado cuanto queda por expiar en algún
penitente. También porque la mujer del Evangelio (Mt 13,33;
Lc 20-21), símbolo de la Iglesia, oculta la levadura en la
propia harina, hasta que toda la masa quede fermentada y sea
toda ella pura. ¡El Reino de los cielos es la redención del
pecador! Por eso, arrasémonos todos con la harina de la
Iglesia hasta ser toda una masa nueva. Pues el Apóstol
añadió: «Nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolada» (1 Cor
5,6), es decir, la pasión del Señor hizo bien a todos,
redimiendo a los pecadores que se arrepintieron de sus
pecados. « 43
¡Celebremos por tanto un banquete!» (1 Cor 5,8) de
«manjares exquisitos» (Is 25,6), haciendo penitencia y alegres
por el rescate: ¡No hay alimento más delicioso que la
benevolencia y la misericordia! 27 San Cesáreo de Arles (470-
543) monje y obispo de la iglesia Católica hace la siguiente
reflexión al reconocer lo difícil que es perdonar e invita a
imitar a Cristo para poder lograrlo, como Él enseñó:
“Perdonar a su hermano de todo corazón” Sabéis lo que
vamos a decir a Dios en la oración antes de acercarnos a
comulgar: “Perdona nuestra ofensas como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden.” Preparaos interiormente
a perdonar, porque estas palabras las volveréis a encontrar en
la oración... ¿Detestas a tu hermano y pronuncias las palabra
“perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los
que no ofenden”? ... En un instante pronunciaréis la oración.
¡Perdonaos de todo corazón! Mira a Cristo colgado en la
cruz, escucha su oración: “Padre, perdónales porque no
saben lo que hacen.” (Lc 23,34) Dirás, sin duda: él lo podía
decir, yo no. Yo soy un hombre, y él es Dios. ¿No puedes
imitar a Cristo? Entonces ¿porque el apóstol Pedro escribió:

36
“Cristo sufrió por vosotros, y os ha dejado un ejemplo para
que sigáis sus huellas.”? (1Pe 2,21) Por qué el apóstol Pablo
nos dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos
muy queridos.” (Ef 5,1) (Sal 118,137)28
San Juan Crisóstomo patriarca de Constantinopla a finales del
siglo IV, llamado boca de oro por su extraordinaria elocuencia,
recordó la eficacia de la acción de Cristo a través de sus
sacramentos. Recordando que cuando el hombre perdona, la
esencia de Dios se hace presente en él, actúa a imagen y
semejanza suya. “Nada nos asemeja tanto a Dios, como estar
siempre dispuestos al perdón”.29
“La omnipotencia de Dios se manifiesta sobre todo, en el
hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera
de demostrar que Dios tiene el poder supremo, es 44
perdonar libremente…”
explica Santo Tomas ya que el perdón de Dios es oferta
gratuita y nunca conquista o derecho merecido del hombre. Por
ello, desde el perdón de Dios, el creyente descubre la gravedad
de su pecado, como traición al amor de Dios, como infidelidad
o adulterio frente a la fidelidad de Dios.
San Cipriano nos dice que es imposible alcanzar el perdón que
se pide por los pecados cometidos, si no se actúa de modo
semejante con los que han cometido alguna ofensa.”Con la
medida con que midas se os medirá a vosotros”. (Lc 6,8)31
Para que el hombre alcance el perdón de los pecados, Dios le
da tiempo para la conversión, como en tiempos de Noé, que
anuncia la conversión, o de Jonás que se la anuncia a los
Ninivitas, aunque fueran ajenos a Dios. Sólo quien endurece su
corazón se priva del perdón de los pecados.
Ante lo cual San Cirilo de Jerusalén, gran defensor de la
divinidad de Cristo frente a las herejías del arrianismo expresa:
“¡Oh inefable misericordia de Dios! Quienes desesperaban de

37
la salvación, fueron juzgados dignos de recibir el Espíritu
Santo... Si alguno de vosotros ha crucificado a Cristo con sus
blasfemias (Heb 6,6); si alguno, por ignorancia, le ha negado
ante los hombres (Mt 10,33; 2 Tiro 2,12); si alguien, con sus
malas acciones, ha hecho que Cristo sea blasfemado (Rom
2,24; Sant 2,7; Pe 2,2), espere en la conversión, pues ¡aún
está pronta la gracia!”32 San Agustín uno de los cuatro
doctores más importantes de la Iglesia latina respecto a la
reconciliación, aconseja:
“Ve y reconcíliate con tu hermano”. Recalcando: “Hermanos,
que no haya desavenencias entre vosotros en estos días santos
de Cuaresma. ...Tal vez, en el pensamiento os decís: “Quiero
hacer las paces, pero es el hermano que me ha ofendido...y no
quiere pedir perdón.” ¿Qué hacer entonces?... Hace falta que
se interpongan entre vosotros unos terceros, amigos de la
paz... En cuanto a ti, sé pronto para perdonar, totalmente
dispuesto a perdonarle su falte desde el fondo del corazón. Si
estás del todo dispuesto a perdonarle la falta, de hecho, ya le
has perdonado. 33 propone orar por los ofensores…
Aun te falta orar: ora por él para que te pida perdón porque
sabes que no es bueno para él no hacerlo... Di al Señor: Tú
sabes que yo no he ofendido al hermano...y le perjudica
haberme ofendido; en cuanto a mí, te pido de corazón que le
perdones.” “Esto es lo que tenéis que hacer para vivir en paz
con vuestros hermanos..., para celebrar la Pascua con
serenidad y vivir la Pasión de aquel que no debía nada a
nadie y que, no obstante, ha pagado la deuda por todos,
Nuestro Señor Jesucristo que no ha ofendido a nadie y, por así
decirlo, ha sido ofendido por todo el mundo. No ha pedido
castigo, sino que ha prometido recompensas... A él mismo le
hacemos testigo en nuestro corazón: si hemos ofendido a
alguien, vamos a pedir perdón; si alguien nos ha ofendido,

38
estamos dispuestos a perdonar y a orar por nuestros
enemigos”.34
De igual manera insiste en que “quien no perdona a quien le
pide perdón arrepentido de su pecado y no le perdona de
corazón. No espere en manera alguna que Dios le perdone sus
pecados”.35 Será necesario pues, un cambio interior grande
para realizar entender este perdón, para aplicarlo en
circunstancias donde es natural que surja el odio y la venganza.
En su obra, Adversus Haereses San Ireneo habla sobre la
gratuidad del perdón, explicando que el perdón es la fuente de
un amor más grande; con su gratuidad crea la gratuidad en el
pecado perdonado por lo que San Irineo es claro cuando
expone:
“Dios fue magnánimo cuando el hombre le abandonó,
anticipándose con la victoria que le sería concedida por el
Logos. Pues, como permitió que Jonás fuese tragado por el
monstruo marino (Jon 2,1-11), no para que pereciera
totalmente, sino para que, al ser vomitado (2,11), glorificase
más a quien le había otorgado tan inesperada salvación, así
desde el principio permitió Dios que el hombre fuese tragado
por el gran monstruo, Satanás, autor de la transgresión (Gen
3,1-6.14), no para que pereciera totalmente, pues tenía
preparado de antemano el don de la salvación en Quien la
realizaría por el signo de Jonás (Mt 12,39-40), sino porque
quiso que el hombre pasase por todas las situaciones y gustase
el conocimiento de la muerte, para llegar por ella a la
resurrección de los muertos (Jn 5,24; Ef 5,14) y experimentar
de qué mal había sido librado. Así sería siempre grato al
Señor, por haber recibido de Él, el don de la incorrupción, y
le amaría mucho más, pues «ama más aquel a quien más se le
perdona» (Lc 7,42-43)”36

39
Concluye que el perdón tiene raíz y dimensión divinas. Sin
excluir que su valor pueda entenderse también a la luz de
consideraciones basadas en razones humanas. La primera
razón es la experiencia de vida cuando se comete el mal.
Situación que pone de manifiesto su fragilidad deseando
que los otros sean indulgentes con él. Entonces, ¿por qué
no tratar a los demás como se desea ser tratado? Todos
abrigan en sí, la esperanza de poder reanudar un camino
de vida y no quedar para siempre prisionero de sus propios
errores y de sus propias culpas.

CAPÍTULO IV
REFLEXIONES SOBRE EL PERDÓN

El profesor Enright, pionero en el estudio científico del perdón,


que ahora reclama más de mil investigadores de todo el
mundo, es un orador popular en el desarrollo moral del perdón.
Ex miembro de la junta editorial de Desarrollo Infantil y
actualmente es miembro del consejo editorial de la Revista de
la temprana adolescencia, explica. “Perdonar es el camino de
la sanación… es el dejar marchar la dureza que se tenía hacia
una persona; soltando todas esas cosas que abrigábamos
contra esa persona y soltándola de ese vínculo… perdonar es

40
un proceso que dura toda la vida y se va recibiendo la gracia
en cada momento.
Está claro que “El perdonar no borra el mal hecho, no quita
la responsabilidad del ofensor, por el daño hecho, ni niega el
derecho de hacer justicia a la persona que ha sido herida.
Tampoco le quita la responsabilidad al ofensor por el daño
hecho… perdonar es un proceso complejo. Es algo que solo
nosotros mismos podemos hacer…Paradójicamente, al ofrecer
nuestra buena voluntad al ofensor, encontramos el poder para
sanarnos… Al ofrecer este regalo a la otra persona, nosotros
también lo recibimos”

En base lo expuesto y sabiendo que el perdón tiene como


mínimo tres funciones: libera de culpa al agresor, vuelve a
unir, porque libera de los resentimientos y además conlleva un
compromiso, una promesa de no volver a transgredir en el
mismo daño, es necesario conocer los diferentes tipos de
perdón, las falsas concepciones de los mismos, a quien
tenemos que perdonar, así como las consecuencias de no
perdonar.

1. TIPOS DE PERDÓN

 Perdón repleto/parcial

En el perdón pleno, el perdonante perdona y olvida, es decir,


no sólo decide no odiar al perdonado, sino que recupera la
relación de confianza o amor con el perdonado, como si la
ofensa no hubiera tenido lugar. Se recuerda la ofensa, pero ya
no con resentimiento, sino como una enseñanza para no repetir
la historia. En el perdón parcial, el perdonante decide no odiar
al perdonado por la ofensa recibida, pero no se recomponen

41
totalmente las relaciones preexistentes, este tipo de perdón, no
es sanador, pues cuando vuelven los recuerdos o se visualiza al
ofensor, la cólera resurge, por lo tanto, el resentimiento se
mantiene vivo.

 Perdón condicionado/incondicional

En el perdón condicional, el perdonante subordina algunos o


todos los efectos del perdón al seguimiento por parte del
perdonado de ciertas reglas de conducta o al cumplimiento de
cualquier otro tipo de condición. El perdón puro es el
incondicional, consiste en esencia en que el perdonante que
estima haber sufrido una ofensa, decide a petición del ofensor
o espontáneamente, no sentir resentimiento hacia el ofensor o
hacer cesar su ira o indignación contra el mismo, renunciando
a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, y opta por
no tomar en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las
relaciones entre ofensor perdonado, y ofendido perdonante no
queden afectada.

 Perdón nombrado/no expresado

El perdonador puede optar por comunicar expresamente al


perdonado la concesión del perdón o solicitando de una
manera directa oral o escrita, el perdón por el agravio cometido
o también hacérselo ver por hechos más o menos concluyentes,
o bien optar 76
por no comunicarle de modo alguno la concesión del perdón y
actuar como si nada hubiera sucedido entre ofensor y ofendido,
este último no es recomendable pues el ofensor puede

42
desconocer el hecho ofensivo, sin percibir que ofendió al otro,
y puede repetirse nuevamente la situación de agravio.

 Perdón espontáneo/preciado

El perdón solicitado es el que se produce tras la petición de


disculpas del ofensor y el ofendido acepta la disculpa, la paz se
recupera y ya no hay malestar al recordar. El espontáneo tiene
lugar sin tal petición. Ya que el perdón solo puede ser
considerado por quien lo extiende y la persona objeto de ese
regalo, en términos familiares o de amistad de los implicados,
en algunos casos puede ser dado sin que el agraviado pida
ninguna compensación o algo a cambio, con o sin respuesta del
ofensor, enterado o no de tal acción, como sería en el caso de
una persona ausente o fallecida o a través de un proceso
psicoterapéutico en ausencia del agresor.
1.5 Perdón humano/divino

Según quién sea quien perdona, Dios o el ofendido, el perdón


será divino o humano. El perdón humano lleva un proceso y
necesita de la ayuda de Dios, de una decisión propia y
consiente, siendo en ocasiones necesaria la ayudada por un
profesional; para poder darlo, puede o no pedir compensación
por el agravio. El divino, es gratuito, no pide nada a cambio,
aunque Dios durante toda su Palabra invita a la conversión, por
el propio bien de la humanidad.

2. FALSAS CONCEPCIONES DEL PERDÓN

Antes de decidir perdonar es necesario desprenderse de las


falsas ideas sobre el perdón, ya que existen, dentro de la

43
cultura cristiana, el valor del perdón, por falta de
discernimiento está expuesto, según Jean Monbourquette a la
contaminación de interpretaciones folclóricas, lo cual es muy
grave ya que hay muchos que predican y escriben falsas ideas
sobre el perdón; por lo que es urgente denunciar estas falsas
concepciones, que se han elaborado en torno al perdón o su
práctica, para evitar los problemas de orden psicológico y
espiritual como son los desalientos, las injusticias, las ilusiones
espirituales, las tradiciones a nosotros mismos y los bloqueos
en el crecimiento humano y espiritual.
99 MONBOURQUETTE, J. Cómo Perdonar. Ed. Sal
Terrae ,7° ed. (España 1995) Pág.28-39

2.1 Perdonar no es olvidar

Aunque fuera posible perdonar la desgracia que ocurrió,


impediría perdonar, el no saber que se perdona; por lo que el
proceso del perdón exige una buena memoria y una conciencia
clara de la ofensa. Es un error pensar que la prueba del perdón
es el olvido; todo lo contrario, el perdón ayuda a la memoria a
sanar, con él, el recuerdo de la herida pierde malignidad y la
herida va poco a poco sanando; el recuerdo de la ofensa, ya no
produce dolor.

2.2 Perdonar no significa negar

Cuando se es lastimado, se tiende a endurecer los sentimientos,


contra el sufrimiento y contra la emergencia de emociones,
esta reacción generalmente es una negación de la ofensa y
aunque se tornen afligidos y estresados, se están negando a
experimentar la necesidad de perdonar. Situación que con el
tiempo lleva a la depresión, estrés, angustia, insomnio,

44
impaciencia, por pretender que el perdonar consiste en anular
todas las exigencias, condiciones y expectativas encerradas en
la mente y que bloquean el acto de amar, enfoque demasiado
espiritualizante que ignora las emociones. Para poder perdonar,
primero es necesario respetar la emotividad, asumir la cólera y
vergüenza, y a través de esa aceptación progresiva poder sanar
la ansiedad y la culpabilidad.

2.3 Perdonar requiere más que un acto de voluntad

No se puede reducir el acto de perdonar en un simple acto de


voluntad capaz de resolver todos los conflictos de un modo
instantáneo y definitivo. Pronunciar un “te perdono” con los
labios, pero no con el corazón, constituye un perdón artificial.
El perdón no es un arte de magia, que se daba cuando se era
niño, es un proceso de voluntad, más o menos largo según el
tamaño de la herida, las reacciones del ofensor y los recursos
del ofendido.

2.4 Perdonar no puede ser una obligación

El perdón debe ser libre, o no existe, no tiene el poder de


liberar y sanar. Reducir el perdón a una obligación, es
contraproducente, porque pierde su carácter gratuito y
espontaneo, muchos al rezar el Padrenuestro, relacionan el
perdón a un acto de justicia exigida, creen que deben perdonar,
antes de ser perdonados por Dios, olvidando que el perdón de
Dios, no está condicionado por los perdones humanos, es
gratuito.

2.5 Perdonar no significa sentirse como antes de la ofensa

45
Para la mayoría de las personas, perdonar significa
reconciliarse, es decir “seguir como antes”, como si el acto de
perdonar consistiera en restablecer una relación idéntica a las
que se tenía antes de la ofensa. En toda relación la
reconciliación debería ser la consecuencia normal del perdón,
pero el perdón en sí no es sinónimo de reconciliación, además
que hay situaciones en que la reconciliación es imposible,
como cuando el ofensor ya ha fallecido, es un agresor, está
lejos o es un desconocido.

2.6 Perdonar no exige renunciar a los propios derechos

Algunas personas creen que perdonar significa renunciar a sus


derechos a que se haga justicia y por tanto sería motivar a los
agresores a perpetuar sus injusticias. Sin embargo, la justicia
debe encargarse de restablecer sobre una base objetiva, los
derechos del agredido(a), mientras que el perdón responde a un
acto de benevolencia gratuita, lo que no significa que al
perdonar se renuncie a la aplicación de la justicia.

2.7 Perdonar al otro no significa disculparle

Perdonar no equivale descargar al otro de cualquier


responsabilidad moral. Abundan los pretextos para justificar
esta postura, en tal caso nadie sería responsable de sus actos,
porque nadie gozaría de suficiente libertad. Pero la excusa
falsa es un arma de dos filos, porque si es cierto que aminora el
dolor de la ofensa por el otro lado infravalora e incluso
desprecia al ofensor, afirmando que “no era lo suficiente
inteligente para ser responsable de sus actos”. En definitiva,
constituye más en humillar que en liberar.

46
2.8 Perdonar no es una demostración de superioridad
moral

Algunas clases de perdón humillan más que liberan. En estos


casos el perdón se transforma en un gesto sutil de
“superioridad moral”, de suprema arrogancia, bajo una
apariencia de generosidad, disimulando un instinto de poder,
con tal de quedar protegido de una humillación, de una
vergüenza y un rechazo que le invade, tratando de disfrazar la
situación con la superioridad de una persona herida, pero llena
de generosidad y misericordia. Esta tentación es grande,
porque engrandece al perdonador y humilla al ofensor. El
verdadero perdón de corazón tiene valor en la humildad y abre
el camino a una verdadera reconciliación.

2.9 Perdonar no consiste en traspasarle la responsabilidad


a Dios

“Que Dios le perdone”. Buen pretexto para descargar en Dios


la responsabilidad, pero Dios no hace por el hombre, lo que le
corresponde hacer como tal. Cuando se actúa así, en lugar de
asumir la vivencia, por penosa que fuera, no se está
recurriendo a lo espiritual para preparase en el plano humano a
recibir la gracia de poder perdonar; ya que la naturaleza y la
gracia no se eliminan, se coordinan y complementan.

3. CAUSAS Y EFECTOS DE LA FALTA DE PERDÓN


COMO INDIVIDUOS Y COMO SOCIEDAD

Las personas a las que cuesta más trabajo perdonar o que


perdonan con menos frecuencia, tienen mayores niveles de
depresión, ansiedad, enojo, baja autoestima y alta sensibilidad

47
interpersonal, se ofenden por cualquier cosa pudiendo llegar a
tener ideas obsesivas. No perdonar también se manifiesta como
enojo contra sí mismos. No siempre el agresor es otra persona
o una situación ajena o externa. Las personas se enojan contra
sí mismas, por situaciones en las que creen o se sienten que
han fracasado o fallado, o no han logrado una meta propuesta
por lo que experimentan la insuficiencia personal, no siempre
el agresor es otra persona o una situación externa o ajena.
Pueden presentarse sentimientos intensos de culpa por
acciones u omisiones impersonales que impiden ver las cosas
con serenidad y perdonarse a sí mismos, pero no siempre la
culpa es proporcional a la falta. Cuando se ha cometido una
ofensa es conveniente pedir perdón, pero también es necesario
perdonarse a sí mismo para estar en situación de volver a
empezar. Hay personas que, aunque perdonadas por una falta
objetiva, se juzgan tan severamente a sí mismas que las
paraliza el sentimiento de culpa. Después de pedir perdón y ser
perdonados, lo importante es recomenzar.

“Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda


en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas han
cegado sus ojos”. (1 Juan 2,11) Aunque algunos pueden
encontrar la gracia de perdonar a los demás, muchos no pueden
perdonar. Uno puede causar dolor y perjudicar a otros por no
perdonar, pero la verdadera devastación llega al no
perdonador. Si no se logra el perdón hacia sí mismos, entonces
se está diciendo que Dios tampoco nos perdona. Tal actitud
fomenta la auto condena y la culpa dejando a uno disfuncional
en muchos ámbitos de la vida y especialmente en el reino
espiritual. Generalmente las personas se enojan con los demás
por las ofensas recibidas o que creen haber recibido. Pero más
veces de las que se cree los individuos se enojan con Dios, con

48
el destino, con la suerte por haber sufrido una experiencia
particular negativa, un revés económico, una enfermedad o una
tragedia familiar, o porque la vida no les trata como creen se
merecen. “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el
principio es que nos amemos unos a otros; no como Caín que
procedía del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa
lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano
justas… Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y
vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna
permanente en él. (1 Juan 3,11-12; 15)

En términos psicológicos, a mayor perdón, más autoestima,


menos depresión, menos ansiedad, mayor seguridad en sí
mismos; desde el punto de vista físico disminuyen los riesgos
cardiovasculares y la tendencia a la hostilidad. Cuando crece la
hostilidad y la negativa al perdón aumenta el riesgo
cardiovascular; desde el punto de vista espiritual, más paz,
mayor armonía con los semejantes y una buena relación con
Dios, por lo tanto, mayor bienestar y bendiciones

¿CON QUÉ O QUIÉNES SE ESTÁ RESENTIDO?

El proceso de perdonarse a uno mismo frente a las propias


fallas con las demás personas también es considerado un tema
de interés. Los estudios apuntan a asegurar que la tendencia a
perdonarse a sí mismo está vinculada a un mejor bienestar, con
altos niveles de autoestima, emociones positivas, falta de
vergüenza, bajo nivel de neurotismo, una orientación a la

49
amabilidad, una disposición a perdonar a otros, falta de
hostilidad y actitudes de confianza

Las personas que no quieren o no pueden perdonar


difícilmente logran vivir el momento presente, están aferradas
de una manera obstinada al pasado, mal logrando su presente,
además de bloquear el futuro. Las dificultades de vivir en
sociedad se encuentran por todas partes: conflictos en la
pareja, en las familias, entre amantes separados o personas
divorciadas, jefes y empleados, amigos, vecinos y entre razas y
naciones; y todos tienen algún día necesidad de perdonar para
restablecer la paz y seguir viviendo juntos

PERDONAR ES LIBERARSE

Si el perdón no existiera, las relaciones humanas serían


imposibles. ¿A quién se dirige el perdón? En primer lugar, a
uno mismo, después a los miembros de la familia, a los
allegados y amigos, pero también a los extraños, a las
instituciones, a los enemigos tradicionales, y finalmente a
Dios.
“Había ahí una mujer que, hacia dieciocho años estaba
poseída de un espíritu que la tenía enferma, y estaba tan
encorvada que de ninguna manera podía enderezarse. Al verla
Jesús, la llamó. Luego le dijo: Mujer, quedas libre de tu mal.
Le impuso las manos y en ese mismo instante ella se enderezó,
alabando a Dios"(Lc 13, 11-13) Esta mujer encorvada bajo su
enfermedad es la imagen de lo que nosotros somos,
encorvados bajo el peso de nuestros pecados y de todos
nuestros pesos físicos y morales. Jesús viene como Salvador.
Con una sola Palabra, El sana y salva, para gloria de Dios
CAPÍTULO V

50
QUÉ HACER PARA PERDONAR

¿Cómo perdonar lo imperdonable? ¿Cómo desprender el


cuchillo de la mala voluntad clavado en los corazones? ¿Cómo
poder librarse del resentimiento que ha atormentado durante
años? Cuando alguien hace un mal a otro, a menudo la primera
reacción es vengarse o guardar rencor. Pero estas reacciones
no deben ser como las de quienes no son cristianos. El perdón
se integra simultáneamente en dos universos: el humano y el
divino. Al decir universo divino se quiere dejar claro que
perdonar significa dar en plenitud; llevar el amor hasta el
extremo a ejemplo de Jesucristo. Para dar este paso son
necesarias fuerzas espirituales que superen las fuerzas
humanas. En el perdón todo es cuestión de amor. Quien
verdaderamente ama, ni siquiera tiene que perdonar, porque el
verdadero amor no conoce el resentimiento. No perdonar
equivale a crear un universo sin Dios. Es un hecho que Dios es
el autor intelectual y práctico del perdón, el cual convierte este
gusto en un don gratuito para todos los hombres que quieran
concebir un futuro. Renunciar a la voluntad de perdonar, es
cerrar la mente, el corazón y el cuerpo a la acción de Dios. El
perdón de Dios se concibe discreto, humilde e incluso
silencioso. No depende de la sensibilidad y la emotividad, sino
que brota desde el ser y del corazón animado por el espíritu;
disfruta de algo único que no tiene relación con el sentimiento.
El perdón es Dios mismo; es el Padre misericordioso del hijo
pródigo, es el amor en su pura gratuidad; es el padre que, allí
donde los hijos generan muerte, haces germinar la vida con el
perdón. Dios es y será la fuente primera y última del perdón

51
auténtico, pero el perdón no acontece sin la cooperación
humana

El perdón se acentúa en el tiempo, posee sus períodos cortos y


largos; involucra un antes, un durante y un después. Requiere
de una multitud de condiciones; tiempo, paciencia consigo
mismo, moderación, prudencia y perseverancia en la decisión
de lograrlo; comienza con la decisión de no tomar venganza.
“Si quieres ser feliz un instante: véngate. Si quieres ser feliz
toda la vida: perdona” (Autor anónimo) El perdón requiere
una reflexión, una conversión interior, una peregrinación al
corazón, un inicio de amor a los enemigos; es indispensable
perdonar para liberar la fuerza del amor. No se debe olvidar
que la voluntad representa un papel importante, pero no lleva a
cabo el trabajo del perdón por sí solo; al perdonar se ponen en
movimiento todas las facultades; la sensibilidad, el corazón, la
inteligencia, el juicio, la imaginación, la voluntad, la fe, la
esperanza, la caridad.
Cuando el ofendido perdona a los ofensores, Dios perdona al
ofendido. Muchos creen que basta con irse solamente a los pies
del Señor y pedir perdón por sus pecados, sin tomar en cuenta
la cita anterior, o sea, se recibirá el perdón sí y solo si se
perdona a los demás sus ofensas. Es necesario pues revisar las
relaciones con los demás y hacer un gran esfuerzo por vivir en
armonía con todos y en todo lugar; asegurando de esa manera
el perdón de los pecados. El Evangelio según San Marcos
recuerda: “Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si
tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre,
que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.” (Mc
11,25) Igualmente nos dice el libro del Eclesiástico:
“Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu

52
prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la
ofensa..

El perdón es una expresión de amor… No significa estar de


acuerdo con lo que pasó, ni aprobarlo, mucho menos olvidarlo.
Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que
sucedió, ni darle la razón a alguien que lastimó. Simplemente
significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que
aparecen acerca de alguien o algo que causó dolor. Dejando las
cosas como están y continuando la vida.
"La felicidad yace en la habilidad de perdonar el pasado y
disfrutar el presente. Cuando la puerta de la felicidad se cierra,
otra se abre... pero a menudo nosotros nos quedamos mirando
tanto tiempo la puerta cerrada que no vemos la que ya se ha
abierto para nosotros”.
La gran motivadora Louise L Hay explica: "No es necesario
que sepas cómo perdonar Sólo alcanza con estar dispuesto a
hacerlo de todo lo demás se ocupara el Universo…Por tanto
esta es para mí la receta para la paz mundial: que haya paz en
nuestro interior, Paz, comprensión, entendimiento, perdón y,
por encima de todo amor”

PASOS Y ETAPAS QUE LLEVAN AL PERDÓN


AUTÉNTICO

 Reconocer que le han ofendido


El primer paso se trata simplemente de reconocer que le han
ofendido, que se está herido por el comportamiento de la otra
persona. En muchas ocasiones se reprime la conciencia de la
ofensa, quizá por no ser capaces de enfrentarse con ella y no
querer reconocer a sí mismos que se está herido.

53
El motivo de no reconocerlo es que se tiene miedo a que sufra
la imagen. Reconocer que le han herido es simultáneamente
reconocer su vulnerabilidad. Admitir que le han lastimado es al
mismo tiempo admitir que no ha sabido impedir la ofensa, que
quizás sus expectativas hacia la otra persona fueron ingenuas,
que se dejó engañar, que fue cobarde para reaccionar a tiempo.
“Hay quienes son incapaces de perdonar a otros porque no se
deciden a perdonarse a sí mismos el haber permitido que otros
les causasen daño… El suceso ofensivo es un daño narcisista
del que lo sufrió. La imperfección del yo ya quedado al
descubierto no sólo ante los demás, sino ante el mismo
ofendido”

Quizá puede tener miedo de que al explicitar sus reproches no


resulten demasiado convincentes y prefiere dejar las cosas
como están. Perduran sentimientos negativos contra la persona
del ofensor, pero no quiere formular explícitamente sus
reproches, ni quiere relacionar sus indudables sentimientos
negativos con la ofensa que el otro le causó.
“Paso importante en el proceso del perdón es recordar con
cierto detalle la experiencia del daño sufrido y la respuesta
dada en su momento, a fin de desvelar las razones del impacto
emocional causado por aquella experiencia”131. Conviene
relacionar esta ofensa concreta con otras sufridas en épocas
más tempranas de su infancia. Descubrir las conexiones entre
esa herida y otros viejos resentimientos más profundos que la
nueva ofensa ha venido a reabrir. Si no fuera por aquellas
viejas heridas, quizás esta última no le habría causado tanto
dolor. No le eche la culpa de todo a su último ofensor, aunque
sea el que tienes más vivo en tu recuerdo. Piense que la culpa
del dolor que ha sentido la debe repartir con otros quizás ya
demasiado alejadas en su memoria. Piense que el dolor sufrido

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no sólo es proporcional a la magnitud del golpe, sino a la
sensibilidad de la piel que lo recibió.

CONCLUSIONES

 Hablar del perdón supone más que disertar sobre el amor, es


hablar de un amor muy peculiar, de un amor dispuesto a
superarse hasta llegar a crear un nuevo universo de relaciones
y que perdonar es una declaración que se puede y debe renovar
a diario. Muchas veces la persona más importante a la que se
tiene que perdonar es a sí mismo por todas las cosas que no
fueron de la manera que pensaba.

 El perdón no es un simple mecanismo para liberar de culpa a


quien ofendió, el perdón es un mecanismo para que yo sea
libre el ofendido de la amargura que dejó esa acción en su
corazón. Se puede decidir perdonar a alguien, que no está
arrepentido de verdad de haber dañado, porque la intención al
perdonar, no es que esa persona quede libre de culpa, si no que
el ofendido quede libre en su interior, que tenga paz, que pueda
vivir bien, que haya desatado la amarra que le tenía detenido
en el puerto

 A través de perdón es donde mejor se manifiesta la grandeza


de alma en las relaciones con los demás, y de la misma manera
que Dios está dispuesto a perdonar, todo de todos, la capacidad
de perdón humana no puede tener límites; ni en el número de
veces, ni por la magnitud de las posibles ofensas: siete veces,

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setenta veces siete, muchas veces, siempre. Incluso en el
mismo día y sobre lo mismo

 El perdonar es una renuncia al ego herido. Es decir, no tener en


cuenta más la ofensa bajo ninguna circunstancia. Renunciar a
conservar la ofensa en el corazón. Renunciar a toda venganza
personal. Entregar a Dios lo imputable a causa del daño
recibido. El perdonar es gran expresión del verdadero amor, ya
que es contrario al impulso justiciero de la carne, de la
emotividad herida y alterada, y por supuesto al rencor.

 El perdón no implica nunca que se olvide todo, el perdón no


produce amnesia, no es indispensable que se para perdonar, se
puede perdonar y estar consciente del daño que se recibió, pero
decidir que ya no le va a afectar nunca más en su vida

RECOMENDACIONES

¿CÓMO HA DE SER EL PERDÓN?


 Perdonar siempre con la sonrisa en los labios. Hablando
claramente, sin rencor, cuando se discierne que se puede
hablar. Y dejar todo en las manos del Padre Dios con un divino
silencio, Mateo 6,26 nos narra que Jesús callaba.
 Un acto de perdón puede ser silencioso. De hecho, tiene poco
que ver con la otra persona. No importa si ésta se entera o no
de la liberación que el ofendido experimenta cuando se despoja
de su ira, alimentada durante tanto tiempo que ya no recuerda
ni cuándo comenzó

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 Cuando el ofendido perdona, libera... se libera a sí mismo. Se
libera de sus lazos con la pena. Se libera de la aversión que
aquel acto doloroso le causó. Y cuando logra esto, ocurre algo
mágico: se siente libre.
 No interesa en absoluto si la otra persona o el suceso penoso
merecen el perdón. Se trata de que el ofendido se desprenda de
su propia telaraña de negatividad. Cuando perdona, restaña la
herida. Cuando olvida, abre su corazón y recobra su capacidad
de amar. Y cuando aprende a amar, la vida se abre de par en
par a un sueño glorioso. La pregunta nunca es si se debe o no
debe perdonar... en vez de ello, la pregunta siempre será ésta:
¿no se merece ser feliz ahora dejando el pasado atrás?
 Cuando decida perdonar de una vez a alguien, es
indispensable que lo confiese con su boca, no piense en el
perdón, hable el perdón, no importa que usted esté sólo, y
piense: "si yo necesito perdonar, yo debo perdonar, yo quiero
ser libre de la culpa que otra persona me hizo a mí en su
momento", pero no es suficiente que lo piense, hay que
confesarlo con la boca libremente, hay una marcada diferencia
inmensa entre pensarlo y hablarlo; con la boca tenemos el
poder para la vida y poder para la muerte, poder para atar y
poder para desatar. ¡Confiéselo!, cuando se diga, se debe sentir
esa libertad, ese peso extra que se va, tal vez acompañado de
lágrimas, tal vez acompañado de tristeza y de llanto, pero
finalmente un ser libre

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BIBLIOGRAFIA

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q=que+dice+la+iglesia+acerca+del+perdon&rlz=1C1CHB
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disculpar.html

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los-otros

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