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El Evangelio

El evangelio de Jecucristo

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El evangelio: ¿Qué es

y qué no es?
11 MARZO, 2022  |  TIM KELLER

©Unsplash
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Nota del editor: 
Este es un fragmento adaptado de Moldeados por el evangelio: Cómo
crear un ministerio balanceado y centrado en el evangelio en tu
ciudad (Poiema Publicaciones, 2022), por Timothy Keller.
¿Qué queremos decir con «el evangelio»? Responder a esta pregunta es un poco más
complejo de lo que a menudo pensamos. No todo lo que la Biblia enseña puede
considerarse «el evangelio» (aunque puede argumentarse que toda la doctrina bíblica es un
cimiento necesario para entender el evangelio). El evangelio es un mensaje acerca de cómo
hemos sido rescatados del peligro. La mismísima palabra evangelio tiene como su cimiento
la información de un acontecimiento que altera la vida y que ya ha sucedido.

1) El evangelio son buenas noticias,


no buen consejo
El evangelio no es primeramente una forma de vida. No es algo que hacemos, sino algo que
se hizo por nosotros y a lo que debemos responder. En la traducción griega del Antiguo
Testamento, la Septuaginta, la palabra euangelizō (proclamando las buenas noticias)
aparece veintitrés veces. Como vemos en el Salmo 40:9 —«He proclamado buenas nuevas
de justicia en la gran congregación»— el término se usa generalmente para declarar las
noticias de algo que ha ocurrido a fin de rescatar y liberar a la gente del peligro.

El evangelio no es primeramente una forma de vida. No es algo que hacemos, sino algo
que se hizo por nosotros y a lo que debemos responder 
 
En el Nuevo Testamento, el grupo de palabras euangelion (buenas
noticias), euangelizō (proclamar las buenas noticias) y euangelistēs (el que proclama las
buenas noticias) aparecen por lo menos ciento treinta y tres veces. D. A. Carson llega a esta
conclusión después de un profundo estudio de las palabras del evangelio:

Porque el evangelio son noticias, buenas noticias, debe ser anunciado; eso es lo que se hace
con las noticias. El elemento heráldico esencial de la predicación está vinculado al hecho de
que el mensaje central no es un código de ética que debe debatirse, y menos aún una lista
de aforismos para admirarlos y meditarlos, y ciertamente no es una teología sistemática que
deba delinearse y esquematizarse. Aunque adecuadamente conecta la ética, los aforismos y
la teología sistemática, no es ninguno de estos tres. Son noticias, buenas noticias, y por
consiguiente deben anunciarse públicamente.

2) El evangelio son las buenas


noticias de que hemos sido salvados
por gracia, no por obras
¿Y de qué se nos ha rescatado? ¿De qué peligros hemos sido salvados? Una mirada a las
palabras del evangelio en el Nuevo Testamento nos muestra que somos rescatados del
«castigo venidero» al final de la historia (1 Ts 1:10). Pero este castigo no es una fuerza
impersonal, sino que es la ira, el castigo de Dios. Estamos alejados de la comunión con
Dios; nuestra relación con Él está quebrantada.

En la que tal vez es la exposición más exhaustiva del evangelio en la Biblia, Pablo
identifica la ira de Dios como el gran problema de la condición humana (Ro 1:18-32). Aquí
vemos que la ira de Dios tiene muchas ramificaciones. El texto que sirve de antecedente es
Génesis 3:17-19, en el que la maldición de Dios recae sobre todo el orden creado debido al
pecado humano.

Porque estamos separados de Dios, nos sentimos psicológicamente alienados en nuestro


interior: experimentamos vergüenza y temor (Gn 3:10). Porque estamos separados de Dios,
también estamos socialmente alienados entre nosotros (Génesis 3:7 describe cómo Adán y
Eva debieron vestirse y el verso 16 habla de la separación entre los géneros; nótese también
cómo se echan la culpa mutuamente cuando dialogan con Dios en los versos 11-13). Porque
estamos separados de Dios, nos encontramos asimismo alienados físicamente de la
naturaleza. Ahora experimentamos sufrimiento, trabajo pesado, degeneración física y
muerte (Gn 3:16-19). De hecho, la tierra misma ha sido «maldecida» (Gn 3:17; cp. Ro
8:18-25).

Todos los problemas humanos son a fin de cuentas síntomas, y la causa es nuestra
separación de Dios 
 
Después de salir del paraíso, vivimos en un mundo lleno de sufrimientos, enfermedades,
pobreza, discriminación racial, desastres naturales, guerras, envejecimiento y muerte, y
todo esto proviene de la ira y maldición de Dios sobre el mundo. El mundo está
desquiciado y necesitamos que nos rescaten. Sin embargo, la raíz de nuestro problema no
son estas relaciones «horizontales» —aunque son las que a menudo saltan a la vista—, sino
que es nuestra relación «vertical» con Dios.
Todos los problemas humanos son a fin de cuentas síntomas, y la causa es nuestra
separación de Dios. La razón de toda la miseria —todos los efectos de la maldición— es
que no estamos reconciliados con Dios. Esto lo vemos en textos como Romanos 5:8 y 2
Corintios 5:20. Por lo tanto, el enfoque primero y principal de cualquier rescate de la raza
humana, lo esencial para ser salvos, es restablecer de nuevo nuestra relación con Dios. 

3) El evangelio son noticias de lo que


Jesucristo hizo para restablecer
nuestra relación con Dios, no lo que
nosotros hacemos
Convertirse en cristiano tiene que ver con un cambio de estado. En 1 Juan 3:14 se afirma
que «hemos pasado de la muerte a la vida» (énfasis agregado), no que estamos pasando de
la muerte a la vida. Tú estás en Cristo o no lo estás; eres perdonado y aceptado o no lo eres;
tienes vida eterna o no la tienes. Por eso el Dr. Martyn Lloyd-Jones a menudo empleaba
una pregunta de diagnóstico para determinar tanto el entendimiento como la condición
espiritual de una persona. Él preguntaba: «¿Estás preparado en este momento para decir que
eres cristiano?». Relata que con el correr de los años siempre que hacía la pregunta, la gente
con frecuencia vacilaba y luego contestaba: «Siento que no soy suficientemente bueno». A
esto, él daba esta respuesta:

El evangelio son noticias de lo que Jesucristo hizo para restablecer nuestra relación
con Dios, no lo que nosotros hacemos 
 
En seguida sé que quienes responden así todavía están pensando en términos de ellos
mismos: la idea que aún tienen es que necesitan hacerse lo suficientemente buenos para ser
cristianos. Suena muy humilde, pero es la mentira del diablo, es la negación de la fe. Nunca
serás lo suficientemente bueno; nunca nadie lo ha sido. ¡La esencia de la salvación cristiana
es decir que Dios es lo suficientemente bueno y que yo estoy en Él!.

El punto de Lloyd-Jones es que convertirse en cristiano significa un cambio en nuestra


relación con Dios. La obra de Jesús, cuando se cree y se descansa en ella, de inmediato
cambia nuestra posición ante Dios. Estamos «en Él».

Desde que leí el famoso ensayo de J. I. Packer como introducción a la obra Muerte de la


muerte en la muerte de Cristo, de John Owen, me encantó «Dios salva pecadores» como un
buen resumen del evangelio:

Dios salva pecadores.


Dios: el Trino Yahvé, Padre, Hijo y Espíritu; tres personas que trabajan unidas con
sabiduría soberana, poder y amor para lograr la salvación de un pueblo escogido, el Padre
que elige, el Hijo que cumple la voluntad del Padre al redimir, el Espíritu que ejecuta el
propósito del Padre y del Hijo al renovar.

Salva: Dios hace todo de principio a fin, hace lo necesario para llevar al hombre de la
muerte en pecado a la vida en gloria: planifica, lleva a cabo y comunica la redención, llama
y sostiene, justifica, santifica, glorifica.

Pecadores: hombres tal como Dios los encuentra: culpables, viles, desvalidos,
imposibilitados, incapaces de levantar un dedo para cumplir la voluntad de Dios ni para
mejorar su parte espiritual.

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Tim Keller es un autor, teólogo y apologista. Fue el pastor fundador


de Redeemer Presbyterian Church (PCA) en Manhattan, Nueva York, y es
cofundador y vice presidente de The Gospel Coalition.
 

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