UNIDAD 1
Castel R. – La dinámica de los procesos de marginalización: de la vulnerabilidad a la exclusión.
- Marginalización: comprender la situación de esos individuos como el desenlace de una dinámica de exclusión que se
manifiesta antes de que produzca esos efectos completamente desocializantes.
- La dimensión económica pura jamás da la información suficiente como para decidir quién es “pobre”. Existen formas de
pobreza real que, con razón o sin ella, no crean problemas. a) El factor pobreza, sin negar su importancia decisiva, no es
exclusivamente determinante. Por lo menos tres situaciones aparecen como cualitativamente diferentes aunque todas estén
caracterizadas por la pobreza: la pobreza integrada, que es una pobreza trabajadora; la indigencia integrada, que
obtiene ayuda sobre la base de su inserción comunitaria; la indigencia desafiliada, marginalizada o excluida, que no
encuentra lugar en el orden laboral ni por inserción en las redes comunitarias.
- Las “relaciones de servicio” respecto a los vulnerables
Poner en correspondencia a esos blancos poblacionales con competencias profesionales e instituciones específicas.
Esto pude implicar un carácter estigmatizaste, el riesgo de cristalizar las categorías de asistidos en una especie de destino
social e institucional definitivo. Por otro lado: se observan cada vez más formas nuevas de marginalidad que se ajustan
mal a esos sistemas de categorización.
- 4 zonas:
La zona de integración (trabajo estable y fuerte inscripción relacional, que a menudo van juntos).
Ej: empleada doméstica (puede ser pobre pero que no genere problemas);
La zona de vulnerabilidad (trabajo precario y fragilidad de los soportes relacionales). Ej: diariero,
vendedores ambulantes, trapitos?;
La zona de marginalidad o zona de desafiliación (ausencia de trabajo y aislamiento relacional). Ej:
vagabundo (No trabaja, aunque podría trabajar).
La zona de asistencia: indigente inválido.
- Las “zonas” no están dadas de una vez para siempre, sino que sus fronteras son cambiantes, y de una a otra se operan
pasajes incesantes. La zona de vulnerabilidad ocupa un espacio social de inestabilidad, de turbulencias, poblado de
individuos precarios en cuanto a su relación con el trabajo y frágiles en su inserción relacional. De allí el riesgo de caer en
la tercera zona, que aparece entonces como el fin del recorrido.
- Es la vulnerabilidad la que alimenta la marginalidad profunda o la desafiliación.
- La marginalidad profunda representa verdaderamente el desenlace de ese doble desenganche, al mismo tiempo con
respecto al trabajo y con respecto a la inserción relacional.
- El vagabundo que es capaz de trabajar es expulsado de las redes familiares de sostén, de la protección de proximidad, y es
completamente, rechazado y estigmatizado. El indigente incapaz de trabajar, mal que bien es asistido, ya sea directamente
por la comunidad (limosnas) o a través de formas, institucionales.
Asistencia generalizada y marginalidad residual
- La marginalidad que se puede calificar de residual.
- La amplitud de las protecciones determinaba que aquellos que quedaban fuera fueran calificados de marginales, al ser
incapaces de adaptarse a las exigencias de un sociedad moderna en la cual los progresos de la protección social corrían
parejos con los progresos del crecimiento.
- Dos formas principales de marginalidad: una marginalidad “libre”, caracterizada por su distancia en relación al trabajo
regular, pero también en relación a las formas organizadas de la protección próxima representada por la asistencia. El
marginal se organiza una existencia precaria en los intersticios de la vida social. No es realmente un “asistido” en la
medida en que sólo tiene relaciones puntuales con los servicios sociales.
La reactivación de la vulnerabilidad