¿Qué es una tortuga?
Las tortugas o quelonios son un grupo de reptiles de hábitat acuático y terrestre. Su principal característica es poseer un fuerte caparazón que les protege los
órganos internos y que abarca todo el torso del animal. Diseñado como una caja resistente y fabricado de hueso y cartílago, este caparazón crece junto al animal
y forma parte de su propia columbra vertebral, de modo que puede refugiarse dentro.
A este orden de reptiles se les conoce zoológicamente como testudines. Se estima que surgieron hace 250 millones de años, en el período Triásico de la era
Mesozoica. Eso significa que son los reptiles más antiguos que aún pueblan la Tierra, adaptados a distintos hábitats y viviendo vidas particularmente longevas.
Existen alrededor de 356 especies distintas de tortugas en todos los continentes (excepto la Antártida), dotadas de tamaños, proporciones, dietas y hábitats muy
diversos. Muchas de ellas se encuentran en peligro de extinción, en parte debido a la caza del ser humano, que devora sus huevos y emplea decorativamente sus
caparazones (de hecho, antes del invento del plástico, se usaban para obtener el carey de las monturas de anteojos), y en parte debido a la contaminación de
sus hábitats.
Características
• Son reptiles, o sea, vertebrados de sangre fría y reproducción ovípara, cuyos cuerpos consisten en un gran caparazón, una cabeza, una cola pequeña y cuatro
extremidades, que son patas en las tortugas terrestres y aletas en las acuáticas.
• Carecen de dientes en la mandíbula, en su lugar tienen un pico correoso de queratina, afilado y en ocasiones dentado.
• Poseen una buena visión, que privilegian por encima del resto de sus sentidos, aunque también empleen a menudo el olfato y el oído. Poseen un sistema
nervioso superior, como todos los animales vertebrados, con un cerebro y una médula espinal.
• A excepción de las tortugas acuáticas bajo el agua, se trata de animales parsimoniosos y no muy ágiles. Sus lentos metabolismos les proveen de una vida
larga, alcanzando en algunas especies el siglo de vida.
• Acostumbradas a reptar o nadar, no suelen nunca estar acostadas sobre sus caparazones, y especialmente las tortugas de tierra presentan una enorme
dificultad para darse la vuelta.
Tortugas marinas
Las tortugas acuáticas, de agua dulce o salada, representan un importante porcentaje de las especies de tortugas del mundo. Habitan los océanos o de pequeños
pozos y lagos.
Han adaptado sus cuerpos a la vida sumergida, por lo que tienen patas con membranas interdigitales o directamente aletas, que les permiten nadar
cómodamente, sin llegar a ser inútiles en caso de tener que volver a tierra.
Además, poseen un caparazón liso e hidrodinámico. Dependiendo de la especie pueden aguantar la respiración durante muchísimo tiempo, lo cual les permite
alimentarse sin problemas bajo el agua.
Tortugas terrestres
Las tortugas terrestres son animales particularmente lentos y calmos, de caparazones voluminosos y ásperos, que pueden variar mucho en materia de peso,
longitud y coloración.
Es usual hallarlas a la intemperie donde se exponen al sol para calentar su sangre fría, y en general poseen un temperamento paciente. Sin embargo también hay
especies particularmente agresivas y territoriales.
Alimentación
La alimentación de las tortugas depende en buena medida de su hábitat. Aquellas adecuadas a la vida terrestre suelen ser mayormente herbívoras, con una
dieta casi exclusiva de hojas, tallos, raíces y frutos, aunque otras especies son omnívoras y comen básicamente lo que puedan, desde pequeños moluscos,
insectos y lombrices hasta carroña.
Algo similar ocurre con las especies acuáticas, capaces de comer desde coral, que les suministra importantes nutrientes como el calcio, hasta algas, peces,
aguamalas, pulpos y pequeños crustáceos.
Hábitat de las tortugas
A lo largo de los siglos, las tortugas se han adaptado muy bien a casi todos los ambientes de la superficie terrestre, así como a la vida marítima y de agua dulce.
En el sureste asiático y en Norte América se encuentra la mayor diversidad de especies. En ambos casos, el entorno favorito parece ser el lacustre, ya sea en
pequeños pozos, o ríos y lagos extensos.
Generalmente, cada especie de tortugas es endémica de su ubicación, o sea, no se da en ningún otro lado. Además, hay especies típicas de bosques, desiertos,
llanuras o en islas volcánicas, como las tortugas galápagos que inspiraron a Charles Darwin, de enorme tamaño y capaces de vivir más de cien años.
Reproducción de las tortugas
Como muchos otros los reptiles, las tortugas se aparean de acuerdo a patrones estacionales. Las tortugas no cuidan de sus retoños, sino que depositan un gran
número de huevos y apuestan por la supervivencia de un bajo porcentaje de las crías.
Las hembras fecundadas depositan huevos de distinta forma y contextura, siempre en la tierra. Incluso las tortugas marinas, tras aparearse, migran cientos o
miles de kilómetros para ir a desovar en la tierra, cavando agujeros y luego enterrándolos con enorme esfuerzo. De allí salen luego las pequeñas tortugas en una
carrera desenfrenada de vuelta hacia el agua.
Su edad de madurez sexual, dadas sus vidas prolongadas, tarda en llegar, y la cópula es trabajosa, debido a la rigidez de los caparazones. Muchas especies
poseen un hundimiento en el vientre del macho, para que pueda acoplarse a la hembra al subírsele encima desde atrás.
El caparazón de la tortuga
Los caparazones de las tortugas están hechos de materiales biológicos resistentes, como el hueso y el cartílago, pero su forma, resistencia y coloración puede
variar enormemente de una especie a otra.
En general, el caparazón consiste de tres regiones: una cubierta de piel parecida al cuero, recubriendo un conjunto de placas resistentes de queratina (el mismo
material del que están hechos sus picos), parecidas a las escamas de otros reptiles, y que reposan sobre una serie de escudos de hueso.
Además, el caparazón consta de dos partes diferenciadas:
El espaldar. Que ocupa la región superior o el dorso del animal, conformado por cinco hileras de placas, dispuestas en regiones concéntricas de extrema dureza.
El plastrón. Que es la región del vientre y pecho del animal, o sea, la que da hacia la tierra, también llamada “peto”, y que suele ser de color pálido, lisa y menos
resistente.