E H. L. A. H: I L Positivismo Incluyente de Art
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1. na vez que hemos finalizado el desarrollo de la obra del
profesor H. L. A. Hart, podemos mirarla en perspectiva y perca-
tarnos que nuestra empresa de hacer un recorrido por el entrama-
do teórico desarrollado por éste filósofo del derecho nos ha dejado muchas
enseñanzas respecto de nuestra comprensión de lo que nombramos con la
palabra derecho, una breve visión de conjunto nos ayudará a reafirmar estas
enseñanzas.
Su punto de partida que también fue el nuestro lo constituyó el pensamien-
to de John Austin, cuyo carácter dominante en el derecho anglosajón marcó
toda una época de cómo comprender y practicar al derecho. Pero la simpleza
con la que el jurista Austin definía al derecho y a la clave de la jurisprudencia
como órdenes respaldadas por amenazas dictadas por un soberano ilimitado,
no pudo dar cuenta plena del funcionamiento del derecho. Por ello el profesor
Hart luego de una crítica a detalle de la obra de Austin dio inicio a la des-
cripción teórica del derecho como un sistema normativo integrado por reglas
primarias y secundarias.
La teoría de Hart partió del hecho de que para explicar al derecho por lo
menos se requieren dos tipos de reglas; las primarias que establecen los dere-
chos y deberes, y las secundarias, que son las que permiten la modificación de
las reglas primarias, las que confieren poderes y potestades, y las que facultan
a la autoridad para su aplicación a un caso concreto. Empero, el derecho no
está dirigido solamente a ciudadanos cultos y peritos en la materia, por lo
que era menester explicar cómo los agentes a quienes se dirigen las reglas
las conocen, y para ello se valió del aspecto interno y externo del derecho, y
principalmente de la regla de reconocimiento.
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El punto de vista interno es la percepción que tienen los agentes que for-
man parte de la sociedad regulada por ese orden; en tanto que el punto de
vista externo es aquel en que los agentes son observadores que no pertenecen
a la sociedad regulada por ese orden normativo. Este último punto de vista
nos proporciona regularidades observadas en la conducta de los agentes, pero
no nos ayuda a describir plenamente el funcionamiento del derecho, por lo
que es menester recurrir al punto de vista interno, el cual está vinculado a una
manera de identificar lo que el derecho ordena, impide, o limita, de lo que una
regla moral o de etiqueta ordenan. Pero para explicar la distinción, fue nece-
sario crear a la regla de reconocimiento, cuya aportación a la comprensión del
derecho como sistema normativo fue muy importante.
Recordemos que la regla de reconocimiento nos permite identificar una
regla de derecho, ya sea porque forma parte del cuerpo de derecho escrito, por
su origen, o por una marca congénita a las reglas que pertenecen al sistema
normativo, a lo que se denomina sentido interno, siendo este sentido interno
y la regla de reconocimiento los principales medios o instrumentos para iden-
tificar al derecho que debe cumplirse.
El sistema normativo había logrado ser explicado en cuanto a sistema de
reglas primarias y secundarias, así como en la manera de poder identificar
las reglas jurídicas de cualquiera otra, pero quedaban problemas pendientes
que solucionar, entre ellos los relacionados con el lenguaje. Recordemos que
hemos mencionado la textura abierta del lenguaje como un problema al que
el derecho tiene que enfrentarse, pues aunque el derecho en su construcción
normativa utilice conceptos técnicos, necesariamente también emplea el len-
guaje ordinario, e incluso muchos de los términos son también usados en la
moral, lo que puede conducir a equívocos.
El problema del lenguaje es solucionado en la praxis mediante la interpre-
tación y la labor creadora de los jueces en ejercicio de sus facultades discre-
cionales, claro que éstas no son ilimitadas, están sujetas al conocimiento y
pericia del juez, además del uso de las reglas.
La cuestión de la textura abierta del lenguaje nos llevó directamente a dos
problemas, el primero relacionado con la incertidumbre ante los casos cuya
solución no se encuentra prevista por la praxis legal, los cuales se ubican en
la zona de penumbra del derecho; y el otro más complicado tiene que ver con
la separación conceptual entre el derecho y la moral, cuyo tema fue central
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La distinción tajante que al seno del positivismo ha imperado al distinguir entre lo que es
y lo que debe ser, como radicalmente opuestos, correspondiendo el primero al derecho, y el
segundo a la moral, ha repercutido en categorías irreconciliables, que no sostienen argumen-
tativamente esta distinción, sino es únicamente por el mote común de positivismo. Vid. Hart,
H. L. A. Derecho y Moral, Contribuciones a su análisis. trad. Genraro R. Carrió. Buenos
Aires, Argentina. Depalma, 1962, págs. 56-59.
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2
Laporta, Francisco. Entre el Derecho y la Moral. Segunda edición, México, Distrito Fe-
deral. Fontamara, 1995, p. 28.
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perspectiva descriptiva deba sostenerse que exista una distinción entre dere-
cho y moral aún cuando solo sea de carácter conceptual.
La distinción conceptual entre derecho y moral da cuenta también de las
complejas relaciones entre los valores jurídicos de justo e injusto en relación
con los valores morales de bueno o malo, así como la justicia distributiva.
Hemos mencionado en el apartado correspondiente las complejas relaciones
que se dan entre valores morales y jurídicos, y sostenido que a pesar de ello
siempre es posible distinguirlos, de allí que el derecho puede ser malo en sen-
tido moral, pero es derecho, así que en estos casos la moral puede funcionar
como referente para la corrección del derecho, siempre que se le tenga como
horizonte ideal, de lo que el derecho debe ser.
6. Si bien no fue una preocupación de Hart el proponerse demostrar el
carácter científico del derecho, si queremos aclarar que el hecho de que haya
una distinción conceptual entre el derecho y la moral, no significa que el de-
recho haya perdido su independencia como disciplina con carácter científico,
por el contrario; si se han ampliado las fronteras de lo que denominamos
derecho ha sido precisamente por el afán de explicar de manera más precisa
lo que el derecho es.
La obra El Concepto del Derecho, no solo representó una nueva manera de
describir lo que el derecho nombra, fue también un cambio radical en algunas
maneras de explicar las relaciones al interior del propio derecho, también fue
la construcción de términos y teorías que nos ayudaran a comprender lo que
es el derecho, pero en esta construcción debemos tener claro que si la pureza
del derecho no ha sobrevivido plenamente, tampoco se ha permitido que lo
que se había ganado antes en cuanto a método y construcción de disciplina
se perdiera. Podemos afirmar que la obra del profesor Hart ha sido la supe-
ración de las teorías anteriores que probablemente se quedaron cortas por no
dar cuenta plenamente de su objeto de estudio: el derecho.
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neutros, aunque junto al análisis lógico y como parte de la tesis de las fuentes
sociales sustentada por el profesor Raz, esta tiene su otro punto de partida
en el derecho como un hecho social. Aunque puede ocurrir que si prestamos
demasiada atención al aspecto analítico del derecho y a la construcción de un
lenguaje neutro podemos perder de vista precisamente al complejísimo hecho
social, especialmente la dimensión de lo humano, que es a quien el derecho
va dirigido.
2. Aún cuando se tenga una percepción relativa de lo ético y lo moral, y
solo se le conciba en un tiempo y espacio determinado, aún en esa pequeña
dimensión su función como freno a la construcción normativa en algunos de
los regímenes jurídicos ha sido de gran importancia y no debe dejarse de lado
esta función. Cierto es que enfrentamos severos problemas cuando se admite
un ingreso desmesurado de la moral y la ética a la teoría del derecho, pues en
este caso podría llegarse a los siguientes extremos:
a) Que el filósofo del derecho fuera legislador, o al menos que su obra sea
considerada al momento de legislar (algo casi utópico, sobre todo si el
lenguaje empleado es árido y especializado); y/o
b) Si se supradimensiona al sujeto dándole un valor ético y moral único,
entonces tendríamos que someter a la consideración personal de quien
está obligado por el derecho todas las decisiones que el derecho toma
por nosotros y que se presumen correctas.
Esto último con los riesgos que implican el no tener el tiempo, la expe-
riencia y en algunos casos la capacidad para poder tomar la decisión correcta.
Podemos sostener que en la mayoría de ocasiones es mejor hacer lo que la
razón protegida ordena. Empero, (me salgo de la postura descriptiva de Raz
y hago el siguiente planteamiento hipotético) en aquellos casos en que sí se
tienen el tiempo y capacidad para poder tomar la decisión correcta, y después
de haber sometido al balance las diversas razones que concurren, se encuentra
que la razón protegida aún en su carácter de excluyente no es la más idónea,
podríamos optar por no considerar los méritos del caso. Pero si fuera el caso
de que ya los consideramos y nuestra razón de primer orden difiere, entonces
lo correcta éticamente para nosotros sería hacer lo que la razón de primer
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a) Los de coordinación tienen que ver con la razón del tipo instrumental.
b) Los valiosos para la salvaguarda personal o colectiva, que son del tipo
de razones operativas, y.
c) Las que implican estas y algunas más son razones completas.
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determinar cuáles son las razones establecidas por el derecho y que deben
cumplirse por tener el carácter de ser órdenes autoritativas expresadas me-
diante razones protegidas. Así la teoría del derecho al menos en su aspecto
descriptivo que lo explica como un hecho social que es, se remonta a sí mis-
mo como fenómeno y objeto de estudio para poder explicarse.
6. La razón impone un motivo para actuar en su carácter de razón para la
acción, un valor en cuanto razón operativa, no admitir otra en tanto razón
excluyente, y se antepone como razón de segundo orden, y todas juntas como
razón completa. De tal manera que las razones nos dan los elementos para
conocer y estudiar por separado la estructura de la norma, y éstas son del tipo:
normas de mandato y de no mandato, las cuales integran sistemas normativos,
los que institucionalizados nos permiten explicar a los sistemas jurídicos en el
que la razón es protegida en tanto que ante su incumplimiento normalmente
viene la sanción.
Esta es nuestra situación, hemos avanzado hasta este punto, empero, toda
la estructura normativa no es suficiente para poder explicar la vigencia y va-
lidez de la norma, por lo que nos ocupamos en este apartado de estas cues-
tiones.
El sistema jurídico, o al menos las normas se nos presentan como exis-
tentes en sentido ontológico en el momento en que se manifiestan mediante
algún acto concreto que puede ser una obligación, derecho efectivo, facultad,
sanción o limitación a la conducta. En este sentido la norma en relación con
otras normas existen y forman lo que denominamos sistema, consecuencia
de esto es la evidente existencia del sistema, pero no ocurre lo mismo con la
vigencia y validez de las normas.
La vigencia de la norma se ha pretendido explicar en relación a su efi-
cacia, esto es, con base en el cumplimiento de lo ordenado o prohibido por
las reglas, describiendo que en muchos de los casos se cumple con el deber
consignado en la norma como resultado del temor a la sanción, el cálculo de
daño-beneficio, o el análisis de la razón completa que subyace a la norma; y
en algunos casos es quizá el elemento subjetivo de intención por coincidencia
con intereses personales o convicciones éticas las que hicieron posible tal
cumplimiento. Esto lo explica desde las perspectiva del ciudadano, pero no es
la misma explicación para el encargado de hacer cumplir la norma, pues a él
no son sus convicciones subjetivas las que deben constreñirlo a cumplir con
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Raz, Joseph. Razón Práctica y Normas. trad. Juan Ruiz Manero. Madrid, España. Centro
de Estudios Constitucionales, 1991, p. 145.
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Ibid, Cfr. p. 145-148.
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Por lo que quien pretenda demostrar que estos principios forman parte del
sistema jurídico deberá hacerlo argumentando primero cuál es el principio, su
contenido, sus efectos, y demostrar por qué deben prevalecer respecto de lo
establecido por la norma.
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ley al caso concreto que se les presente, y al por qué obedecemos las normas.
Comienza por distinguir los siguientes supuestos de modo general: <debe o
no debe hacer algo>; <alguien tiene la obligación o el deber de hacer algo>;
<o no tiene ningún derecho a hacerlo>; <debería hacer algo>. Cada una de
estas proposiciones tienen diferente connotación; son más fuertes las exigen-
cias de deber que las que simplemente se refieren a debería. Se puede exigir
obediencia a una obligación o a un deber, pero no cuando son en sentido
general (es decir deber en sentido débil que se origina de una regla no institu-
cionalizada y que no forma parte del sistema normativo aplicado y respaldado
por el Estado).
Distingue entre obligación en sentido general o débil y en sentido fuerte:
en sentido general esta no es obligatoria para las personas, pues solo funciona
como indicador o idea referente, en cambio en sentido fuerte impone la obser-
vancia de ese deber u obligación. Así un juez cuando actúa en su calidad de
tal se ubica en el supuesto de sentido fuerte del deber; en tanto que si no hay
un norma clara y aplicable al caso que se le presenta tiene que recurrir al sen-
tido débil del deber y ubicarse en el supuesto de <debería hacer> resolviendo
dicho caso conforme a principios tanto morales-éticos como directrices.
Pero a nuestro juicio si lo que se pretende es crear una teoría jurídica pres-
criptiva que introduzca elementos como principios morales y directrices polí-
ticas al seno del derecho, el punto de partida para su elaboración debe remon-
tarse a una situación ética originaria que subyazca al discurso jurídico, por lo
que al preguntarnos por qué los jueces tienen tal deber (en sentido fuerte) no
se responda –tal y como hemos anotado- que porque una ley así lo establece,
esta se funda en un constitución y esta finalmente en el pacto social.
Pero lo que pretendemos es encontrar la razón o razones y no peticiones de
principio que nos permita fundar el por qué de ésta forma actúan los jueces,
los abogados y las personas. No desconsideramos que el derecho como siste-
ma normativo tiene la tendencia a funcionar en una forma lógico-sistemática
dentro de sí. Pero el problema está aquí: ¿qué hay detrás de las normas crea-
das por el legislador que nos obligan en sentido fuerte a cumplir con ellas?
Podemos partir de las prácticas sociales para encontrar la respuesta, estas
denominadas prácticas sociales aún con la advertencia de antemano de no
confundirlas con las normas jurídicas en algo que podemos considerar como
protoderecho se encuentran íntimamente ligadas con la moral y la ética, en-
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rías. Esta postura de quien ha construido una teoría del derecho basado en el
liberalismo-individualista puede parecer paradójica por no vincularse con lo
que en economía se atribuye al liberalismo-individualista, e incluso podrían
hacerse quizá algunas relaciones teóricas entre la defensa de las minorías y
del individuo conculcado en los Estados contemporáneos, con lo que corrien-
tes de pensamiento filosófico denominadas de la “liberación” sostienen.
Pensamos de manera concreta que quizá pueda crearse teóricamente un
vínculo entre la ética de la Liberación9 y la tesis de los derechos, pero se-
rían puntos concretos los que deben trabajarse, ya que las posturas son muy
diferentes. Pues la filosofía del derecho del profesor Dworkin surge al seno
del liberalismo-individualista practicado y vivido en el país más poderoso
del planeta, y nace como una nueva concepción del derecho, no solo en su
aspecto descriptivo, sino prescriptivo en tanto que sostiene lo que debería ser
el derecho para ser moralmente más correcto; y por otra parte la ética de la
liberación nace en la zona de los excluidos, y es un pensamiento a modo de
arma para la lucha por la emancipación de los excluidos del planeta10, por lo
que liberación lo es en el sentido de transformar el sistema vigente e imponer
un nuevo modelo como sistema imperante en todos los niveles sociales que
existen.
Por el momento quede anotado como un trabajo que posteriormente podría
hacerse respecto de estas aparentes afinidades, las cuales a su vez podrían
implicar también otras muy interesantes que tienen que ver con el aspecto
dialógico del humano, en que el derecho como ejercicio de acción interpre-
tativa y el derecho como discurso pueden ser estudiados desde la perspectiva
dialógica desde Husserl hasta Habermas, las metateorías de Lyotard y el
estructuralismo de Foucault, pues hemos visto que filósofos contemporáneos
del derecho como MacCormick y Alexy han tenido grandes avances en este
sentido dentro de la filosofía del derecho.
5. El carácter localista de la obra y pensamiento del profesor Dworkin, el que
no se ocupe de crear una teoría jurídica con pretensiones universales, que
su teoría sea de carácter prescriptivo, que expanda los límites de lo jurídico
9
Dussel, Enrique. Etica de la Liberación en la Edad de la Globalización y de la Exclusión.
Segunda edición. Valladolid, España, Trotta, 1998.
10
Ibid. Cfr. p. 304, el esquema 4.3 donde se establece un modelo para la transformación del
sistema.
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