La
interpretación jurídica es una labor guiada por el interés particular de resolver un
caso que requiere de una solución, para que los derechos, cuyo amparo se pretende,
logren ser realizados y garantizados por el Estado y por las autoridades, en beneficio de
los que luchan por la justicia.
interpretación auténtica: De acuerdo a Kelsen es la que realiza el juez al decidir un
caso, mediante la creación de normas jurídicas individualizadas, dando un sentido al
Derecho. La interpretación auténtica es una actividad de política jurídica.
Interpretación gramatical o
literal. Interpretación sistemática. Interpretación histórica. Interpretación genéti
ca.
Elementos de la interpretación de la ley
Estos medios son comúnmente aceptados por la doctrina y en ocasiones consagrados
expresamente por los propios ordenamientos jurídicos. Estos elementos son
el elemento gramatical, el histórico, el lógico, el sistemático y el teleológico.
“La Interpretación jurídica por excelencia es la que pretende descubrir para sí
mismo (comprender) o para los demás (revelar) el verdadero pensamiento del
legislador o explicar el sentido de una disposición.”
Los métodos de interpretación jurídico-fiscales más utilizados son: El
exegético, el histórico, el sistemático, entre otros.
¿Qué es la interpretación jurídica?
(1) Interpretar el Derecho es describir el sentido total que tienen los
enunciados jurídicos. Como los objetos de interpretación jurídica son
textos, interpretarlos es atribuirles sentido. La tarea
de interpretación consiste en afirmar o describir que un texto tiene un
sentido determinado.
La Interpretación de la Ley en Guatemala
Criterios para la interpretación jurídica aplicada también a la
interpretación constitucional
Métodos de interpretación del derecho aplicada también a la
interpretación constitucional
Es esta una consagración del valor normativo de la misma y debe ser
entendido como un principio regulador que obliga a los jueces a realizar una
interpretación teleológica de las normas constitucionales, para asegurar una
interpretación conforme a los principios y fines de un Estado social y democrático
de Derecho.
LEY DEL ORGANISMO JUDICIAL
Interpretación hermenéutica:
RTÍCULO 10. Interpretación de la Ley. (Reformado por Decreto 75-90 y 59- 2005
del Congreso de la República). Las normas se interpretarán conforme a su texto,
según el sentido propio de sus palabras, a su contexto y de acuerdo con las
disposiciones constitucionales. Cuando una ley es clara, no se desatenderá su
tenor literal con el pretexto de consultar su espíritu.
El conjunto de una ley servirá para ilustrar el contenido de cada una de sus partes,
pero los pasajes de la misma se podrán aclarar atendiendo al orden siguiente:
a) A la finalidad y al espíritu de la misma;
b) A la historia fidedigna de su institución;
c) A las disposiciones de otras leyes sobre casos o situaciones análogas;
d) Al modo que parezca más conforme a la equidad y a los principios generales
del derecho.
Es una reflexión tomando en cuenta todos los elementos que confluyen en
el acto interpretativo, como lo es el sujeto, objeto, realidad social, tradición,
época, contexto jurídico, integración con las normas, etc. con la finalidad de
unirlos y extraer una comprensión global de la norma jurídica. La hermenéutica
es un método jurídico de interpretación aplicable a todos los sectores del
derecho, pero es en la interpretación constitucional en la que mas se utiliza. La
Constitución establece que en toda sentencia los jueces observarán el principio
de que la Constitución prevalece sobre toda ley o disposición de rango inferior.
Interpretación rígida y evolutiva
Criterio Sistemático
Este criterio de interpretación es más amplio que el anterior, pues aquel
analiza únicamente los elementos de la norma a interpretar; en cambio el criterio
sistemático relaciona la norma con otras en el marco del ordenamiento jurídico,
en resumen este criterio analiza el significado de la norma dentro del lugar que
ocupa en el ordenamiento jurídico.
La interpretación rígida es aquella que se esfuerza por encontrar la
voluntad del legislador, la evolutiva interpreta el texto de la ley en función del bien
común o de la equidad, tal como el juez los concibe en la norma que le es
sometida.
Criterio Literario
Es el primer criterio empleado por el intérprete, puesto que la primordial
tarea del jurista es la fijación del texto de la norma; pues ésta es ante todo una
expresión lingüística y el intérprete tiene que examinar el significado de los
términos de tal expresión. Este criterio de interpretación que parece sencillo, en
ningún momento lo es, ya que un término puede estar dotada de cierta
ambigüedad que hace difícil la elección del significado correcto, así como
también su significado puede cambiar en el transcurso del tiempo, por lo que el
interprete debe escoger el significado que más se acomode con la finalidad, la
época y razón de ser de la norma, tomando en cuenta la relación sistemática de
las demás normas que regulen dicha materia, y con las normas constitucionales.
Criterio Lógico-Conceptual
Con este criterio se trata de interpretar la norma por medio de dos fases,
la primera llamada conceptualista, y la segunda aplicando la lógica del derecho.
En este orden de ideas la compresión de la norma se obtiene mediante un
proceso de abstracción tras el análisis de sus partes constitutivas. El método de
los conceptualistas es analítico-sintético, descomponiendo la norma en sus
elementos o partes para después reconstruirlos alrededor de conceptos y
principios jurídicos comunes. El criterio lógico supone la aplicación de las leyes de
la lógica al ámbito del derecho.
ERO INTERPREtar no es sinónimo de cambiar el significado de las
palabras como está en el Diccionario, porque ello implica “convertir algo
en otra cosa”. Por ejemplo, si una ley habla de “arboles”, la interpretación
jurídica no debe definirlos como “corrientes de agua que desembocan en
el mar”, pero sí puede definir árbol como un vegetal con un tronco mayor
a diez pulgadas de diámetro. Cuando un determinado término se
encuentra en una ley y este puede provocar dudas o es calificado de
ambiguo, la tradición y las normas jurídicas hablan de consultar al DILE,
porque se trata del libro oficial del idioma oficial de Guatemala. Y
generalmente las definiciones de los términos han permanecido sin
variaciones durante siglos.
EL ASUNTO AUMENTA DE interés cuando una sentencia o un dictamen
de alguna alta instancia legal se basa en una interpretación consistente en
cambiar el significado de alguna palabra ambigua o causante de dudas.
Tiene base, a mi juicio, preguntarse si una interpretación de ese tipo
puede ser considerada como una razón válida para solicitar la anulación
de la sentencia o del veredicto de alguna corte de la ley. No conozco de
algún caso jurídico en el cual haya ocurrido esto, y si fue exitoso. La
defensa esgrimida normalmente es hablar de “lenguaje jurídico”, como
una instancia paralela a “lenguaje”, y es también motivo de interés hacer
un análisis del significado de estos términos, para así facilitar la
explicación de esa posibilidad.
LA PALABRA “LENGUAJE” es un sustantivo, o nombre, y por tanto en
español tiene número, aunque —en este caso— no género. Cuando se le
agrega algún adjetivo, como “jurídico”, este es un segmento del anterior,
y por tanto con menor área de significado. En otras palabras, el universo
del lenguaje jurídico es menor al del lenguaje, a secas, y por ello se puede
derivar una subordinación. Si pensamos en una pirámide escalonada, la
base más amplia será la lengua y después estará colocada la Filosofía, una
de cuyas divisiones es el Derecho. Un espacio menor lo ocupa el escalón
donde se encuentra la Ley. Por eso, es aceptable y muy necesario tomar
en cuenta el espíritu de las disposiciones legales, con el objeto de lograr la
impartición de la Justicia.
NO SE PUEDE DEJAR DE mencionar la importancia del conocimiento
del lenguaje —sin adjetivos— para facilitar ese logro de la Justicia. Así
como las leyes no expresan las ideas de alguien al respecto, sino lo escrito
en el texto, esto último no responde al criterio de ese mismo alguien, sino
a las definiciones del Diccionario. Se deben estudiar este tipo de
posibilidades, como un ejercicio, porque en un país como Guatemala hay
un deterioro de la aceptación ciudadana del sistema jurídico, debido a
numerosas causas. Es inconveniente y muy peligroso dejar de pensar en
la necesidad de emplear correctamente el lenguaje, sobre todo en las
instancias del mundo jurídico. Se puede y se debe interpretar la ley, pero
sin olvidar: interpretar no incluye cambiar.
ARTÍCULO 10. Interpretación de la Ley. (Reformado
por Decreto 75-90 y 59- 2005 del Congreso de la
República). Las normas se interpretarán conforme a su texto,
según el sentido propio de sus palabras, a su contexto y de
acuerdo con las disposiciones constitucionales. Cuando una ley es
clara, no se desatenderá su tenor literal con el pretexto de
consultar su espíritu.
El conjunto de una ley servirá para ilustrar el contenido de cada
una de sus partes, pero los pasajes de la misma se podrán aclarar
atendiendo al orden siguiente:
a) A la finalidad y al espíritu de la misma;
b) A la historia fidedigna de su institución;
c) A las disposiciones de otras leyes sobre casos o situaciones
análogas;
d) Al modo que parezca más conforme a la equidad y a los
principios generales del derecho.
La interpretación constitucional la podemos definir como la labor adelantada por autoridad
competente, de averiguar o desentrañar el sentido de las reglas plasmadas en el texto de la
Constitución Política de un Estado, para cotejarlas con otras normas del derecho positivo interno,
tomando en cuenta la realidad sobre la cual han de aplicarse, con el objeto de hacer prevalecer
aquellas, como resultado del principio de la supremacía constitucional. La interpretación
constitucional ha de orientarse a mantener la seguridad jurídica y la vigencia del Estado de
Derecho, pues las normas constitucionales constituyen la base del resto del ordenamiento
jurídico. De una determinada interpretación de la Constitución, pueden ser expulsadas del sistema
jurídico de un país algunas leyes, debido precisamente a la imposibilidad de interpretarlas
conforme a los preceptos constitucionales. Esto puede originar asimismo la inconstitucionalidad
de otras normas que encuentren en conexión con tales leyes. Tal como se hizo mención en
párrafos anteriores, la interpretación de la Constitución y en el caso de Guatemala de las leyes que
cuentan con carácter constitucional, no sigue los mismos principios y normas de interpretación de
la legislación ordinaria, pues no podemos en el caso de Guatemala tomar la Ley del Organismo
Judicial como rectora de la interpretación constitucional, pues las normas que regulan la forma de
interpretar la ley en general, está pensada para la generalidad de normas integradoras del
ordenamiento jurídico. Las normas constitucionales deben ser entonces interpretadas conforme a
la naturaleza propia que presentan, similares en algunos casos a las formas interpretativas
ordinarias pero con la aplicación de principios propios, o como lo expresa Sierra González: “La
interpretación constitucional si bien tiene semejanzas con la interpretación de leyes, también
muestra acusadas diferencias. El carácter fundamental de las normas constitucionales, su alcance
más amplio, sus términos generales, su redacción sintética, el condensamiento de principios
referidos al provenir, al orden, a la libertad, hacen que la temática interpretativa cambie a
particularidades propias, cuando se trata de preceptos constitucionales.”.8 La Constitución no
puede regular específicamente todas las situaciones que puedan darse para su aplicación, sino
constituye un cuerpo fundamental con preceptos que en muchas ocasiones resultan vagos, lo cual
se hace adrede, con el objeto de darle la amplitud necesaria para que a raíz de su correcta
interpretación pueda darse la dinámica que el Derecho necesita, sin necesidad de reformar
constantemente a la misma, es decir que a través de la interpretación la Constitución deja de ser
estática para convertirse en un cuerpo normativo dinámico adaptable a la infinidad de situaciones
fácticas que necesitan ser resueltas para conseguir la convivencia pacífica de las personas de un
Estado, por lo cual no puede regular cada una de las situaciones para su correcta aplicación, sino
es la práctica y los estudios profundos los que han dotado al aplicador de la norma constitucional
de principios interpretativos de la misma. Aunque si bien es cierto no puede dejarse por un lado
algunos principios que son básicos por ejemplo la literalidad de la norma, al encontrarnos con
situaciones como la contradicción entre normas, los principios interpretativos constitucionales
tienen que ser utilizados para su resolución o como lo expresa Naranjo Mesa: “…aunque la
codificación constitucional lleve un orden numérico, jamás puede decirse que un Artículo posterior
dentro del texto de la Carta prevalezca sobre uno anterior, así resulten contradictorios, como a
veces ocurre. Tampoco puede decirse que una norma de tipo especial prevalezca sobre una de
carácter general…”.9 De lo cual puede inferirse la inaplicación de algunos de los principios propios
de aplicación de las normas ordinarias.
a Constitución, como cualquier ley, reglamento, sentencia u otro documento
jurídico, se expresa mediante lenguaje humano y, como tal, requiere
interpretación. Las ideas siempre son más ricas que las palabras u otros signos
con que se expresan. Que eso es así lo sabe cualquiera que ha tenido
malentendidos con su pareja, con un amigo, con un compañero de trabajo, no
sólo por palabras sino incluso por gestos, miradas y hasta formas de respirar.
Actualmente, buena parte de nuestra interacción con otros ocurre mediante redes
sociales o mensajes de texto, y deja evidencia diaria de que la palabra escrita no
siempre transmite completa y fielmente lo que quisimos decir, no admite matices
de entonación y énfasis, etc. Esto, pues, es una realidad que cualquier persona
puede constatar aunque, desde luego, tampoco nos conduce a un escepticismo
extremo que nos impida tener comunicaciones eficaces.
Los textos jurídicos ofrecen una mayor complejidad (que no siempre es sinónimo
de dificultad), porque combinan lenguaje común con lenguaje técnico jurídico y,
en algunas materias, lenguaje propio de determinadas ciencias y artes. Además,
porque su función es normativa, es decir, establecen prohibiciones, facultades,
permisos, libertades, que pretenden señalar un marco a la conducta humana. Por
tanto, su interpretación incidirá de manera decisiva sobre lo que se permite o no
hacer (y cómo) a los particulares y a los funcionarios públicos, y sobre los
efectos y alcances que se reconozca o atribuya a sus actos. Su importancia es
mayor porque son normas que se pueden aplicar contra la voluntad de la persona
obligada, comprometiendo de diversas maneras su libertad. En el caso de la
Constitución se alcanza el mayor grado de trascendencia, pues es la norma
fundamental a que todo el orden jurídico de un país debe someterse, rigiendo por
encima de cualquier otra ley, reglamento, acto administrativo, sentencia,
contrato, etc.
A veces se piensa que la interpretación da oportunidad de retorcer
maliciosamente las leyes, y eso es acaso la idea común que se tiene y que se
traduce en desprestigio o desconfianza de los profesionales del derecho.
Para contrarrestar ese peligro, algunos apelan a entenderlas en el sentido más
estricto y literal posible. El problema es que, aunque esto en general parezca una
buena idea, también por sentido común sabemos que a veces la interpretación
aislada y rigurosa de un artículo, de una frase, puede traicionar un sentido más
integral de su contexto, aun sin entrar a considerar su ‘espíritu’.
Por eso, la interpretación jurídica se vuelve un tema complejo, aunque también es
necesario evitar la impresión de que todos los casos dan lugar a intrincados
debates interpretativos: Gran parte del día a día del derecho no presenta esa clase
de problemas. Además, en materias entre particulares de las cuales las personas
pueden disponer libremente, las partes pueden llegar a acuerdos. La posible
divergencia de interpretación se hace más relevante cuando otra persona, con
base en ella, tiene la potestad de imponer su decisión a alguien: el funcionario de
un registro público que debe calificar un documento presentado para inscribirlo,
el juez que debe resolver un caso en el que dos partes sostienen interpretaciones
contrarias de los hechos y del derecho.
Con la Constitución es más delicado. A diferencia de los actos administrativos o
de las resoluciones judiciales que se pueden impugnar, el intérprete final de la
Constitución es la Corte de Constitucionalidad, y con las suyas no existe ese
derecho.
Esto será verdad también en la justicia ordinaria cuando todo caso debe recibir
una decisión final que quede firme, que puede provenir de una Sala de
Apelaciones o de la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo. Pero, si bien los
fallos de apelación o de casación pueden ser precedentes importantes que
orienten casos futuros (aun sin alcanzar el valor formal de doctrina legal
obligatoria, como puede suceder cuando un criterio es reiterado en casación por
la Corte Suprema de Justicia), por lo general afectan sólo a las partes
involucradas en el caso y se refieren en su mayoría a leyes o reglamentos que
pueden ser modificados por el Congreso o el Ejecutivo.
En cambio, las decisiones constitucionales se refieren a normas cuya importancia
es más fundamental y general, y que están sujetas a procedimientos especiales
para ser reformadas. Incluso, hay normas constitucionales que la Constitución
prohíbe reformar. Por eso se vuelve tan polémica la discusión cuando algunos
estiman que, mediante interpretación, se está efectivamente modificando la
Constitución.
El debate teórico: originalismo frente a neoconstitucionalismo
Este es un debate que no es exclusivo a Guatemala, pero que en años recientes ha
adquirido mayor intensidad en el país. La discusión, en el fondo, no se refiere
sólo a la interpretación jurídica sino al papel de los jueces y su relación con el
legislador, y a los valores que deben regir la sociedad. Algunas decisiones de
especial trascendencia política adoptadas por la actual magistratura de la Corte de
Constitucionalidad han provocado acalorada discusión en círculos políticos,
académicos y en la opinión pública. Entre muchas columnas de opinión, análisis,
entrevistas, etc., que han abordado la temática, tomo a guisa de ejemplo y marco
de referencia las opiniones de los abogados Mario Fuentes Destarac (elPeriódico,
11 de febrero de 2019, elPeriódico, 6 de julio de 2020) y Oswaldo Samayoa
(Plaza Pública, 13 de julio de 2020).
Fuentes Destarac aboga por una interpretación que desentrañe el sentido de la
norma tanto en su literalidad como en su finalidad y espíritu normativo
(principios y valores que la originaron), impidiendo entendimientos subjetivos o
antojadizos. A esto contrapone lo que considera una incursión en la jurisdicción
constitucional del criterio llamado de la “Constitución viviente”,
“posconstitucionalismo” o “neoconstitucionalismo posmoderno”, que permite al
juzgador constitucional crear derecho mediante sus decisiones, efectuando
transformaciones políticas, económicas y sociales, imponiendo agendas
ideológicas, incluso prescindiendo del mandato constitucional o legal, en
desmedro de la certeza jurídica, objetividad e imparcialidad. Al reescribir la
Constitución, el juez constitucional se arroga una potestad “reservada al pueblo”,
con el fin de actualizarla a lo que requieran las circunstancias, según sus propias
valoraciones.
Samayoa, por su parte, argumenta que las reglas de interpretación constitucional
no se agotan en el originalismo o textualismo, sino que la Constitución incluye
principios que irradian todo el ordenamiento jurídico para determinar su
contenido semántico, principios que deben interpretarse con referencia al
contenido moral que transmiten. Niega que los jueces puedan ajustar la
Constitución a lo que ellos crean o asuman, sino que deben aplicar los principios
en sus alcances.
El propio artículo 44 de la Constitución la hace abierta y adaptable en materia de
derechos humanos, señalando en su artículo 1 el bien común como escala
axiológica. En cambio, no pueden mutarse o adaptarse judicialmente las normas
de la parte orgánica, a menos que la propia norma lo permita. Del estado legal de
derecho (que, a su criterio, se promueve en el pensamiento representado por el
abogado Fuentes) se pasa a un estado constitucional de derecho, en que derecho y
ley no son sinónimos.
Un punto de interés en ese intercambio es que la contraposición entre
originalismo y constitución viviente, de origen estadounidense, se presenta como
equiparable a la que hay entre positivismo kelseniano y neoconstitucionalismo,
dos corrientes propias de la tradición jurídica europeo-continental y, en ese
sentido, más cercanas a la ‘familia’ de que deriva el derecho guatemalteco[i]. El
jurista argentino Alfonso Santiago ha coincidido en señalar que la propuesta del
neoconstitucionalismo “revive, en cierto modo, la polémica que se dio en Estados
Unidos entre originalistas y partidarios de la ‘ living constitution’”. Considera,
asimismo, que el paradigma que inspira la actuación del tribunal constitucional
en el neoconstitucionalismo parece ser la Corte Suprema de Estado Unidos
durante las presidencias de los magistrados Warren (1953-1969) y Burger (1969-
1986). En efecto, el originalismo contemporáneo inició como crítica académica a
la Corte Warren.
Aunque hay equivalencias notorias entre estas polémicas, sus orígenes y
desarrollo en países con tradiciones jurídicas y sistemas políticos distintos hacen
deseable un estudio más detenido de sus similitudes y diferencias, tanto teóricas
como prácticas. Diego López Medina, en su obra Teoría impura del derecho, señala
que el formalismo jurídico latinoamericano recibió de forma peculiar el
positivismo kelseniano, sobre un trasfondo con fuerte influencia de la exégesis
francesa y la jurisprudencia conceptual alemana. ¿Sería esto, entonces, la base de
lo que hoy se identifica como ‘originalismo’ en nuestro medio?
Por otro lado, indica López Medina, el papel central de la labor judicial en
Latinoamérica surge precisamente con la recepción más fuerte de teoría jurídica
anglosajona y de otras tradiciones que, en la década de 1980, vinieron a romper
el monopolio europeo en teoría jurídica. Dicho autor atribuye especial relevancia
a una mezcla, también peculiar, entre los pensamientos de Herbert Hart y Ronald
Dworkin. ¿Será esta una explicación más apropiada del ‘constitucionalismo
viviente’ en nuestro medio? Hay aquí toda una línea de investigación que puede
nutrirse recíprocamente con la realidad de Guatemala.
Pero lo anterior es una discusión sobre cómo debería interpretarse la Constitución.
La pregunta que titula este texto se refiere, más bien, a cómo de hecho, en la
práctica, la interpreta o ha interpretado la Corte de Constitucionalidad[1].
Cómo lo ha hecho la CC en la práctica
Refiriéndose de modo general a la interpretación constitucional, la Corte ha
indicado que “algunos autores … exponen que los métodos exegéticos
tradicionales no ofrecen una orientación suficiente en la labor de interpretación
que deben realizar los tribunales constitucionales. Sin embargo, … no son
unánimes en cuanto a determinar qué método es el indicado para interpretar las
normas constitucionales. En su defecto, apuntan que … lo aconsejable para el
intérprete de la norma es realizar una combinación de las diferentes técnicas de
interpretación a efecto de viabilizar un resultado interpretativo exitoso”[2]. Con
esto apunta hacia una idea de la interpretación constitucional que podríamos
considerar ecléctica o flexible.
Sin embargo, también ha indicado la Corte que los métodos específicos de
interpretación constitucional no excluyen la aplicación de esos métodos generales
o tradicionales de interpretación jurídica que, aunque insuficientes, pueden
aportar a la comprensión. En Guatemala, están contenidos en la Ley del
Organismo Judicial[3]. Con esto, la Corte no sólo aumenta el carácter ecléctico,
flexible o abierto que parece adoptar en materia de interpretación, sino ofrece
respuesta al debate sobre si la Constitución se debe interpretar de modo
completamente diferente a cualquier otra ley.
Cuando la Corte ha mencionado explícitamente los métodos o principios
interpretativos que ha utilizado, advierte que los enumera sin propósito
exhaustivo ni restrictivo, es decir, dejando abierta la posibilidad de que existan
otros a los que puede acudirse. En tales casos, la Corte ha mencionado los
siguientes[4]:
Armónico o sistemático: La Constitución se interpreta como un conjunto
armónico, determinando el significado de cada parte en forma acorde con las
demás, sin considerar sus disposiciones de manera aislada. En consecuencia,
debe preferirse la interpretación que armonice con todo el texto constitucional, y
no la que choque con él, también en caso de posibles antinomias internas. Se basa
en el principio de unidad de la Constitución, que comprende no sólo los
mandatos o preceptos normativos sino también los principios, valores y reglas
que la fundamentan.
Interpretación finalista o método causal-teleológico: La Constitución se
interpreta no con rigor iuspositivista sino buscando comprender no sólo su texto,
sino el conjunto de principios y valores que en él se quisieron preservar,
indagando la finalidad del precepto. Se busca la causa final de la norma
determinando su espíritu, tomando en cuenta los factores sociales, políticos,
económicos, culturales y jurídicos que originaron su creación por el
constituyente. En el Expediente 3299-2014 la Corte utilizó el método histórico
para indagar el objetivo perseguido por el constituyente. Parecería que la Corte
ha concebido la interpretación finalista como cercana al método armónico y al
histórico, aunque en la teoría se concibe como un método propio.
Histórico: La Constitución o sus normas se interpretan acudiendo al contenido y
finalidad con que fueron establecidas, recurriendo a la historia fidedigna de la
institución o norma. Para ello, la Corte ha recurrido al examen de: (i) las
constituciones anteriores que ha tenido el país; (ii) las discusiones de la
Asamblea Nacional Constituyente que elaboró la actual Constitución, contenidas
en su Diario de Sesiones, así como de la Comisión de los Treinta que redactó el
proyecto. El método histórico es fundamental en el originalismo, que –según las
distintas versiones en que se subdivide– busca establecer ya sea la intención
original del constituyente (original intent), o bien el significado que la norma
tendría para el público razonable en su época de promulgación ( original public
meaning). Este segundo modo de originalismo, que hoy es el más común en
Estados Unidos, no encuentra equivalente local. El primer modo, más cercano al
entendimiento de la tradición europeo-continental a raíz de la escuela exegética
francesa, puede relacionarse con el uso que la Corte ha hecho de los Diarios de
Sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente y Comisión de los Treinta[5].
También se ha invocado la intención del constituyente en un grupo de sentencias
similares sobre un mismo tema[6].
Interpretación literal o gramatical: La Constitución se interpreta literalmente
cuando su claridad no deja lugar a dudas sobre su alcance y contenido, o exige el
mínimo esfuerzo de interpretación para establecer la intención real del legislador.
Llama la atención que en el Expediente 3205-2008 la Corte indica que acude a la
interpretación literal no como primera opción sino después de emplear el criterio
sistemático y el de fuerza normativa. Esto parece contradictorio ya que, si la
claridad permite entender el precepto con un mínimo esfuerzo, no sería necesario
acudir a otros métodos. En el Expediente 686-2015 la Corte descarta la
aplicación práctica del método gramatical especialmente cuando las normas
contienen declaraciones políticas, sociales, económicas o culturales que expresen
el espíritu del ordenamiento. En el Expediente 2906-2011, la Corte rechaza una
interpretación “meramente literal o positivista, enmarcada como una formalidad
de pura logicidad” cuando, mediante ella, quedarían frustrados los contenidos
normativos de la Constitución. En los Expedientes 686-2015 y 5851-2014 la
Corte indicó que inquirir sobre el espíritu de la disposición es viable cuando ésta
no es entendida en su sentido natural y común, de donde parecería que éste debe
ser el primer criterio de intelección. En esos casos, la Corte indagó el espíritu
acudiendo al método histórico. La interpretación gramatical o literal acude, a
veces, a los diccionarios. En Guatemala, la Ley del Organismo Judicial remite al
Diccionario de la Real Academia Española. Más allá del debate sobre si las
normas de la LOJ también son aplicables o no a la interpretación constitucional,
lo cierto es que una búsqueda en el sistema jurisprudencial de la Corte de
Constitucionalidad arroja más de 400 resultados de sentencias donde se menciona
el DRAE (sin distinguir si su mención ocurre en las consideraciones de la Corte o
en los alegatos de las partes). Si se reduce la muestra a las que además
mencionan “interpretación gramatical” o “interpretación constitucional”,
excluyendo las que citan el DRAE para interpretar alguna ley ordinaria o
reglamento, se obtienen algunas sentencias en que se emplea para interpretar
palabras de la Constitución: Expedientes 185-2014, 82-87 –voto razonado
disidente–, 2143-2014 y 3174-2010. Asimismo, la Corte ha acudido al DRAE
para interpretar la Ley de Amparo[7] y la Ley de Orden Público[8].
Optimización de la fuerza normativa de la Constitución: La Constitución se
interpreta de tal manera que se maximice y optimice su eficacia, es decir,
encontrando mediante la interpretación un efecto útil con que la norma dé
respuesta incluso a eventos no contemplados en ella.
Principio de concordancia práctica para la eficacia constitucional: Se deben
ponderar los preceptos constitucionales que podrían verse en pugna para resolver
un caso concreto, tratando de armonizarlos. De no ser posible, se deben precisar
las condiciones y requisitos en los que podría admitirse la prevalencia de uno. La
ponderación no puede ser improvisada o apresurada, que infundadamente
privilegie un valor constitucional sobre otro, sino debe darse la coordinación
entre ellos que denote un esfuerzo de optimización global del conjunto de esos
valores[9].
Principio de corrección funcional: La justicia constitucional no puede ponderar
la pertinencia, oportunidad o conveniencia de las leyes, pues le está vedado
suplantar en su función al legislador[10].
Juicio de ponderación y test de proporcionalidad: El juicio de ponderación se
utiliza sobre todo en un conflicto en que dos preceptos de igual jerarquía
pudieran ser aplicables para resolver un caso concreto. La ponderación instituye
una jerarquía axiológica móvil que, en una situación específica, permite atribuir
mayor peso a uno de los dos preceptos, válida únicamente para ese caso. El juicio
de ponderación y de proporcionalidad es previsto en el constitucionalismo
contemporáneo (neoconstitucionalismo) para satisfacer, cuando resulte equitativo
analizándose caso por caso, la armonía necesaria que haga compatibles
posiciones distintas en un conflicto de intereses legítimos. Cuanto mayor sea el
grado de no satisfacción o afectación de un principio, tanto mayor debe ser la
importancia de la satisfacción del otro. El test de proporcionalidad se fundamenta
sobre distinguir entre reglas y principios. Las reglas son mandatos definitivos. El
conflicto entre ellas se resuelve en la dimensión de la validez. Los principios son
mandatos de optimización (ordenan que algo se realice en la mayor medida
posible según las posibilidades de hecho y de derecho), por lo que pueden
cumplirse en diferente grado. Un conflicto de principios se resuelve en la
dimensión del peso, realizando ponderación de los intereses opuestos acudiendo
a tres subprincipios: el de idoneidad, el de necesidad y el de proporcionalidad en
sentido estricto[11].
Interpretación evolutiva, dinámica o realista: El intérprete debe dotar de
contenido a las normas derivado de las circunstancias fácticas y el contexto del
momento en que se aplican, dotando así a la Constitución de un carácter viviente,
pues los conflictos jurídicos y políticos a resolver no permiten soslayar el
carácter realista y dinámico de la sociedad regida por el texto supremo. La
Constitución se interpreta tomando en cuenta tanto la naturaleza de las normas
constitucionales como el contexto económico, político, social y cultural del
momento en que se hallan insertas, adaptándolas continuamente a las nuevas
circunstancias y exigencias de la vida social. La interpretación no debe ser fija
sino mutar a la luz de las circunstancias, remediando la falta de revisiones
constitucionales. La adaptación se obtiene, principalmente, concretando los
principios constitucionales para obtener nuevas normas que se suponen implícitas
en el texto. Los artículos 44 y 46 de la Constitución llaman a una interpretación
evolutiva de los instrumentos internacionales de protección de los derechos
humanos, y reconocen rango constitucional a derechos no enumerados o
implícitos. La interpretación dinámica debe tender a satisfacer la finalidad
normativa del legislador en el momento de la aplicación[12]. En el Expediente
2906-2011 la interpretación dinámica se concibe relacionada íntimamente con la
finalista, entre otras.
La Corte ha citado autores vinculados con el neoconstitucionalismo. Se ha
basado en Robert Alexy para fundamentar el principio o test de proporcionalidad
como método de ponderación, caracterizar los principios constitucionales como
mandatos de optimización, invocar reglas de argumentación y enunciar que los
derechos fundamentales no pueden quedar en manos de la mayoría parlamentaria
ni sujetarse su eficacia a la potestad legislativa[13]. También ha citado a Ronald
Dworkin y Gustavo Zagrebelsky[14]. En cada caso, un estudio más detenido
permitiría evaluar qué tan decisivas fueron esas invocaciones.
Pero no sólo la Corte de Constitucionalidad ha mostrado influencia del
neoconstitucionalismo: también la Corte Suprema de Justicia lo ha hecho, incluso
manifestando expresamente que la Constitución guatemalteca está inspirada por
dicha corriente[15].
Otro autor importante en el neoconstitucionalismo es Konrad Hesse, que planteó
nociones fundamentales como la constitucionalización del ordenamiento jurídico
(la Constitución, sus normas, principios y valores impregnan todo el derecho,
incluyendo las relaciones entre particulares), y principios de la interpretación
constitucional como el de unidad de la Constitución, el de concordancia práctica,
el de corrección funcional, el de función integradora y el de fuerza normativa de
la Constitución.
La Corte lo ha citado o se ha referido a él en varias ocasiones: para sostener la
insuficiencia de los métodos exegéticos tradicionales en la interpretación
constitucional[16]; para explicar la fuerza normativa de la Constitución[17]; para
explicar el principio de concordancia práctica[18]. Aunque sin citarlo, la
influencia de Hesse es clarísima cuando la Corte afirma que el control de
constitucionalidad “no se circunscribe sólo al examen de la disposición de
carácter general, sino que debe abarcar principios tales como los de unidad,
concordancia práctica, corrección funcional, función integradora y de fuerza
normativa de la Constitución”[19].
También lo ha citado en numerosas ocasiones para indicar que no se debe
declarar nula una norma cuando su inconstitucionalidad no es evidente, aunque
existan reservas serias[20], ni cuando la ley puede interpretarse en consonancia
con la Constitución o precisarse su contenido ambiguo e indeterminado mediante
contenidos de la Constitución[21].
Quizá a alguno parezca irónico que, aunque Hesse propone una teoría más
cercana al neoconstitucionalismo, la Corte lo ha invocado más veces para
apuntalar un principio que, en cierto sentido, es su contrario: que en lo posible
debe preservarse el acto legislativo, respetando la potestad atribuida
constitucionalmente al legislador.
Tal principio se llama in dubio pro legislatore. En Guatemala con frecuencia se usa
–con gramática incorrecta– como in dubio (o indubio) pro legislatoris. Significa que
la duda favorece al legislador.
En los planteamientos de inconstitucionalidad, implica que su declaratoria con
lugar debe ser excepcional, únicamente cuando la norma impugnada no pueda
interpretarse conforme la Constitución. Para ello, deben agotarse todos los
medios interpretativos que permitirían hallar esa consonancia y, sólo si la
confrontación es evidente e insalvable, existiendo razones sólidas que
demuestren sin duda que viola la Constitución, podrá declararse inconstitucional.
El contenido de las normas goza de una presunción de legitimidad que, a falta de
certidumbre sobre la inconstitucionalidad, obliga a respetar la voluntad del
órgano investido de potestad normativa, como consecuencia del principio
democrático. Si la norma puede interpretarse en armonía con la Constitución, la
Corte de Constitucionalidad puede establecer cómo debe entenderse[22]. Este
principio insta a que el tribunal constitucional actúe con el máximo respeto o
deferencia posible ante el organismo legislativo, por ser en teoría el depositario
delegado y representativo de la soberanía popular. Eric J. Segall, en su
obra Originalism as faith, señala que este enfoque ‘deferencial’ fue el que hizo
nacer el originalismo como crítica a la Corte Warren: el corazón y el alma del
primer o viejo originalismo era constreñir la actuación judicial.
El principio In dubio pro legislatore se empezó a usar en 1991, con pocas
menciones antes de 2000, año a partir del cual sus menciones en el sistema
jurisprudencial aumentan y disminuyen sin un patrón discernible: 1991 (1 vez),
1992 (0 veces), 1993 (1 vez), 1994 (0 veces), 1995 (1 vez), 1996 (0 veces), 1997
(0 veces), 1998 (0 veces), 1999 (1 vez), 2000 (0 veces), 2001 (23 veces), 2002
(10 veces), 2003 (6 veces), 2004 (6 veces), 2005 (5 veces), 2006 (14 veces), 2007
(10 veces), 2008 (7 veces), 2009 (12 veces), 2010 (12 veces), 2011 (5 veces),
2012 (7 veces), 2013 (23 veces), 2014 (24 veces), 2015 (21 veces), 2016 (5
veces), 2017 (10 veces), 2018 (7 veces), 2019 (6 veces), 2020 (7 veces).
La VII Magistratura –la que más ha causado polémica sobre la amplitud con que
ejerce sus funciones– es de la cual provienen las referencias al principio en
conjunto con la cita de Hesse, indicadas en el párrafo anterior.
Una Corte ecléctica y ¿ambigua?
A lo largo de su historia la Corte de Constitucionalidad ha empleado diversos
métodos, principios y procedimientos para interpretar la Constitución.
En ese uso no sólo no hay uniformidad: tampoco pueden identificarse líneas
claras de “filosofía judicial” entre cada magistratura o magistrados individuales.
Desde luego, para afirmar eso con más solidez sería necesario un estudio
muchísimo más detenido y pormenorizado, pero la impresión que causa una
revisión general de los fallos referidos en este texto es la de un marcado
eclecticismo.
Si bien es evidente que la Corte ha recibido influencia del neoconstitucionalismo,
y esto ha producido importantes innovaciones en la jurisprudencia constitucional,
tampoco puede afirmarse que dicha influencia sea uniforme.
Carlos Arturo Villagrán es más severo en sus conclusiones, estimando que “todas
las magistraturas de la corte han utilizado conceptos o principios a su antojo.
Muchos casos establecen nuevos requisitos o incorporan un nuevo principio
transnacional (incluso inventándose términos) solamente para desestimar la
pretensión. … la CC ha exhibido muchas deficiencias en su razonamiento. No
tiene una costumbre de asentar líneas jurisprudenciales, sino es abierta al uso de
fuentes y principios extranjeros … en todas las magistraturas se ha encontrado
valor en la ambigüedad” (Plaza Pública, 4 de junio de 2020).
¿Cómo debía interpretarse, según los constituyentes?
Por último, podemos preguntarnos cómo pensaban los constituyentes que debería
interpretarse la Constitución. Es decir, si existe un argumento ‘originalista’ que
fundamente un método de interpretación adecuado a la Constitución
guatemalteca.
Los Diarios de Sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente y de la
Comisión de los Treinta revelan que ya entre los constituyentes surgieron dudas,
dificultades y divergencias de interpretación sobre los textos que darían lugar a la
Constitución. Algunos fueron modificados o descartados a raíz de esas
discusiones, hasta alcanzar su redacción final. En ningún momento se discutió
cómo se debería interpretar la Constitución, pero sí existen varias declaraciones
hechas por los constituyentes que pueden orientar. Los hallazgos se pueden
resumir así[23]:
Varios constituyentes expresaron su deseo de tener una Constitución clara y
concisa. Creían que el exceso de palabras y la extensión del contenido
dificultarían la interpretación. La claridad de las normas constitucionales sirve
para limitar el poder del Estado en protección de la libertad individual, mientras
la vaguedad lingüística abre la puerta a la arbitrariedad. La incapacidad y mala fe
puede tergiversar y malinterpretar las leyes al aplicarse. Cuanto menos necesaria
sea la interpretación, más certeza jurídica. Quien más insistió sobre esto fue el
representante Molina Mencos (Molina Mencos, Taracena Díaz-Sol, Salguero
Cámbara, Fuentes Sandoval, Guerra Cahn, López, Linares Beltranena:
ANC.2.29, ANC.2.36, ANC.3.56, C30.1.6, C30.2.27, C30.2.28, C30.2.31,
C30.3.76, C30.4.86). La claridad y accesibilidad de la Constitución se planteó
también como un valor democrático, en tanto serviría para que todo ciudadano
comprendiera sus obligaciones y derechos (De León Vargas: C30.1.1, C30.1.6).
La Constitución se debe interpretar según el sentido literal de las palabras, por la
Real Academia Española. La redacción natural y gramatical da claridad y evita
interpretaciones antojadizas (Molina Mencos, López, Parrinello Blanco:
ANC.3.55, C30.1.6, C30.2.27, C30.2.28, C30.3.76).
El derecho constitucional, como derecho público, se interpreta literalmente y no
de modo extensivo (Maldonado Aguirre, López: ANC.2.25, ANC.2.38, C30.3.59,
C30.3.72). Los derechos humanos se interpretan de modo extensivo; las
prohibiciones, de modo restrictivo (Larios Ochaita: C30.2.29).
No se debe restringir la interpretación de los derechos fundamentales que puedan
tener las diferentes corrientes de pensamiento, pero sí debe haber normas
constitucionales claras y precisas al respecto (De León Vargas: ANC.2.29).
No se debe interpretar parcialmente determinadas normas. La Constitución debe
interpretarse de manera plenaria, omnicomprensiva, exhaustiva, global, sin aislar
sus disposiciones. Debe interpretarse cada norma a la luz de todo el resto de la
Constitución. La preparación profesional para interpretar la ley implica conocer
su origen, forma, dimensiones y propósitos (Alonzo Barillas, Maldonado
Aguirre, Soberanis Reyes, López, Valle Valdizán: ANC.3.53, ANC.3.55,
C30.1.8, C30.1.14, C30.4.88, C30.4.96).
Los constituyentes tenían conciencia de que sus discusiones, registradas en los
Diarios de Sesiones, serían valiosas referencias para los futuros intérpretes de la
Constitución. Algunos indicaron expresamente que sus intervenciones tenían la
finalidad de dejar constancia de sus intenciones, para guiar la interpretación y
comprender la voluntad del constituyente. Esta fue una práctica especialmente
empleada por el representante Skinner Klée (Skinner Klée, Monroy Galindo,
Maldonado Aguirre, Larios Ochaita: ANC.2.29, ANC.2.32, ANC.2.38,
ANC.4.62, ANC.4.84, C30.2.29, C30.4.81). En algunas ocasiones se refirieron al
contenido de los Diarios de Sesiones como interpretación auténtica, lo cual
técnicamente no es correcto, pues ésta se refiere a la interpretación de una ley
hecha por el legislador mediante otra ley. Sin embargo, muestra también la
importancia que atribuían los constituyentes a sus propias discusiones de cara a la
futura interpretación (López, De León Carpio, Guerra Cahn: C30.1.15, C30.1.18,
C30.2.37, C30.3.74, C30.3.75).
La voluntad del legislador es la forma menos importante de interpretación de la
ley, pues lo que interesa, lo que se investiga, no es lo que el legislador quiso decir
(su voluntad), sino lo que efectivamente logró decir (Skinner Klée: ANC.4.84,
C30.2.47, C30.3.58).
Los deberes del Estado (expresados en el artículo 2º de la Constitución) son fines
rectores que deben informar todo el ordenamiento jurídico. Todo aplicador del
derecho debe referirse a esos principios fundamentales (Alonzo Barillas:
C30.1.6).
La Constitución se interpreta constantemente en forma evolutiva. La justicia es
dinámica, progresiva, sujeta a interpretaciones (Larios Ochaita, Skinner Klée:
ANC.2.32, C30.3.58).
En la realidad práctica, el intérprete acude a la norma que más conviene a la
forma en que quiere resolver. Por eso es necesario procurar claridad en el texto
constitucional (Valle Valdizán: C30.4.88).
La interpretación constitucional no está abierta a todos, sino tiene métodos, uno
de los cuales es el método genético (López: C30.1.6).
La Corte de Constitucionalidad será intérprete de la Constitución en última
instancia. El sistema norteamericano admite la mutabilidad constitucional
mediante interpretación de su Corte Suprema. Sin embargo, la Sub-Comisión que
propuso la regulación sobre reformas constitucionales no consideró necesario
para su discusión lo relativo a las facultades de la Corte Suprema de Estados
Unidos. Es ajeno a la tradición romanista otorgar facultades cuasi legislativas a
una Corte. (Larios Ochaita, González Quezada, Skinner Klée: ANC.2.32,
C30.4.38, C30.4.102).
Los constituyentes se inclinaron por una interpretación gramatical y sistemática,
extensiva en materia de derechos humanos y restrictiva en materia de facultades
del poder público. Eran conscientes de la importancia del método histórico y
deliberadamente quisieron dejar constancia de sus intenciones, aunque también
se mencionó que, en definitiva, el texto final prevalecería sobre su voluntad.
Hubo algunas referencias aisladas a la interpretación evolutiva y a la
constitucionalización del ordenamiento jurídico, así como una afirmación más
cercana al realismo jurídico americano. Eran conscientes del papel fundamental
de la Corte de Constitucionalidad como intérprete de la Constitución, aunque no
previeron que la interpretación pudiera tener el efecto de reforma constitucional.
Las discusiones, pues, reflejan una diversidad de posturas de las que algunas son
más reiteradas, pero que hacen difícil hablar de una intención explícita y única de
los constituyentes en materia de interpretación constitucional. Sin embargo, sus
preocupaciones e intenciones manifiestas son valiosos auxilios para el intérprete
y ameritan estudios más detenidos.
La coyuntura nacional en que esta discusión surge quizá ha impedido que se
aborde con la serenidad deseable. Es tarea de los estudiosos del derecho y demás
personas involucradas en la opinión pública reflexionar y debatir con seriedad y
altura sobre temas que son cruciales en la actualidad no sólo de Guatemala sino
de muchos países.
En Estados Unidos la discusión entre originalismo y constitución viviente lleva
décadas de influir fuertemente en los procesos de designación de jueces,
especialmente para la Corte Suprema. El ejemplo más reciente es la confirmación
de la magistrada Amy Coney Barrett.
Las corrientes en discusión tienen importantes puntos de contacto con
preferencias políticas e ideológicas y, por eso, se dificulta en medio de la
polarización intensa que –al igual que en Guatemala– ha afectado al país. Pero
eso no ha impedido que se realicen numerosos estudios y reflexiones académicas
al respecto, ni impide que los magistrados realicen su labor con independencia de
criterio, respeto hacia sus pares y debate racional con ellos.
En Guatemala quizá esta discusión conduzca a un mayor rigor en la designación
de magistrados –especialmente de la Corte de Constitucionalidad– respecto de
sus resoluciones anteriores, publicaciones académicas, declaraciones públicas,
etc. (Desde luego, me refiero a un examen serio de sus contenidos de fondo, no a
descalificaciones superficiales). Quizá origine mayor conciencia sobre la
importancia de la ‘filosofía judicial’ de los potenciales magistrados (respetando
las legítimas diferencias en la materia), y más énfasis sobre aspectos
metodológicos y filosóficos en la formación universitaria. Todo esto, en
definitiva, no simplemente para mejorar la calidad de algo tan importante como
las magistraturas constitucionales, sino sobre todo para aportar al desarrollo de
un país más justo, más respetuoso del orden constitucional.
¿Cuáles son los metodos de interpretacion juridica?
Existen distintos métodos para la interpretación de normas jurídicas, entre
estos: gramatical o literal, lógico o conceptual, histórico o evolutivo y sistemático.
¿Cómo se deben interpretar las leyes en Guatemala?
Las normas se interpretarán conforme a su texto, según el sentido propio de sus
palabras, a su contexto y de acuerdo con las disposiciones constitucionales.
Cuando una ley es clara, no se desatenderá su tenor literal con el pretexto de
consultar su espíritu.
Métodos o elementos de interpretación de la ley son los medios de que dispone el
intérprete para establecer el o los posibles sentidos y alcances de la ley interpretada.
Estos medios son comúnmente aceptados por la doctrina y en ocasiones consagrados
expresamente por los propios ordenamientos jurídicos.
Existen distintos métodos para la interpretación de normas jurídicas, entre estos:
gramatical o literal, lógico o conceptual, histórico o evolutivo y sistemático.
1. Gramatical
Tiene su base en el lenguaje estructurado: esta clase de interpretación,
aparte de ser denominada como una de carácter exegético, se fundamenta
en los mandatos normativos o prohibitivos que cuentan con una redacción
específica para cada contexto (Ej.: en qué forma fueron colocados los
signos de ortografía en un determinado precepto legal, llámese éste, código
o ley especial), pues la misma redacción implica un sentido que no se debe
dejar de lado.
Esta clase de interpretación es la más ligera y rápida, ya que ha de
comenzar con el sentido literal que el legislador difunde a través de las
palabras escritas: configurando, así, el lenguaje más general para otorgar a
los miembros de la sociedad. En definitiva, esta interpretación es la que se
aficiona, liga o adhiere literalmente a la descripción del mismo (inicia del
texto): esto no implica que sea el mismo texto, pues, precisamente, la
necesidad de dar una interpretación surge por la ambigüedad que éste
podría tener.
Lea también: Si en las salas de la Corte Suprema hay jurisprudencia
contradictoria, ¿qué se les puede pedir a los jueces de inferior jerarquía?
2. Restrictiva
También llamada interpretación declarativa. Se encuentra caracterizada por
delimitar pocas situaciones jurídicas; esto es: limita su aplicación a
supuestos comprendidos en ella, estrictamente (Ej.: “Son ciudadanos los
peruanos mayores de dieciocho años (…)”, art. 30 de la Constitución).
3. Extensiva
A diferencia de la interpretación restrictiva o limitativa, ésta extiende sus
límites más allá de las situaciones que se encuentran, taxativamente,
expresas en una norma, toda vez que extiende el significado natural que se
da a una palabra u oración jurídica (Ej.: el operador del Derecho no se
conforma con la simple lectura del precepto normativo, sino que puede
direccionarlo a otras situaciones jurídicas que la norma no menciona, pero
que pueden, no obstante, ser tranquilamente susceptibles de interpretación).
Lea también: OCMA protegerá al denunciante.
4. Lógica
En esta clase prevalece la pluralidad de juicios, pues, se requiere de
razonamientos que han sido adquiridos con anterioridad, a fin de que
cumplan la función de hipótesis: consiste en tomar afirmaciones como un
punto de partida para llegar a otras que prosiguen o derivan de éstas (Ej.: los
jueces tienen como consideración analítica a las máximas de experiencia –
premisas– para llegar a una suerte de respuesta en un determinado caso –
conclusiones–).
Las principales acciones de esta especie de interpretación es la de
tipo deductivo (se obtiene respuestas particulares de afirmaciones de
carácter generalizado: la verdad de las premisas garantiza, en cierto modo,
la verdad de la conclusión) e inductivo (se obtiene una probabilidad de
respuestas de los fenómenos observados para, por consiguiente, llegar a
conocerlos y explicarlos).
Lea también: Carta a un joven abogado.
5. Sistemática
Toda clase de norma jurídica -de por sí- no es un mandato solitario o
apartado, sino uno que forma parte de un sistema que cuenta con similares
preceptos legales. En ese sentido, la interpretación jurídica debe ser
analizada –conjuntamente e integral- con otras normas.
Es inevitable eludir esta clase de interpretación, ya que el operador debe
tener presente que un mandato normativo no, necesariamente, va a
demostrar todos los pilares que un ordenamiento jurídico posee (Ej.: un
Abogado no sólo se conforma con leer un artículo del Código Penal, sino
que, además, acude a lo plasmado en el Código Civil).
6. Estricta
Una de las particularidades de este método es que, en cierta manera,
procura otorgar a la norma -o algún precepto legal- una repercusión
equivalente al de los términos literales usados en un texto normativo (Ej.:
“El que mata a otro (…)” art. 106 del Código Penal).
Lea también: Ministerio de Justicia presenta el Observatorio Nacional de
Política Criminal.
7. Teleológica
“La teología se define como la teoría de las causas finales, de los fines
últimos a los cuales está destinada determinada institución”[4]. Este
método de interpretación “supone la búsqueda del sentido de la norma,
que va más allá del simple texto; exige encontrar la finalidad propuesta con
su creación; hallar el propósito perseguido por la misma”[5] (Ej.: el análisis
del Código penal, representante directo del Derecho penal, debe ser
comprendido como “un sistema construido con el objeto de neutralizar las
pulsiones del estado de policía bajo la forma de poder punitivo”[6]).
8. Histórica
Una de las fuentes esenciales del Derecho es, sin duda, la doctrina. Ésta no
ha surgido de un día a otro, sino, por el contrario, se ha ido forjando
paulatinamente con el devenir de la historia: toda situación existente en la
actualidad es producto de acontecimientos anteriores (Ej.: los fiscales,
antes de sostener sus acusaciones, no simplemente revisan su Código
Laboral, sino que se remiten al dogma que los estudios de esa especialidad
jurídica han impartido para la enseñanza de la misma: sería poco mesurado
limitar el análisis a lo establecido –quizás– en un párrafo de cuatro o cinco
líneas, sin tener en cuenta lo plasmado en la doctrina particular).
Lea también: Miguel Carbonell: La negociación jurídica y el «método
Harvard».
Así pues, no se debe tener la concepción –extrema- de ir a levantar
información analizando libros de historia, propiamente dichos; sino que la
historia, en el ámbito jurídico, se sitúa indirectamente en la doctrina que es
desarrollada por los estudiosos del Derecho. Todo cuerpo normativo,
llámense códigos o leyes especiales, tiene su fuente en la doctrina (Ej.: en
las exposiciones de motivos de los códigos peruanos, sin ir muy lejos, existe
el apoyo de la doctrina especializada; pues, sin ella no se hubiera podido
forjar las causas y razones de un determinado cuerpo normativo).
9. Antagónica
Basado en el aforismo latino: a contrario sensu. Dicho método se emplea
para explicar o analizar un precepto normativo de forma inversa o
antagónica. El sustento se este método es que el operador del Derecho
llegue a tomar situaciones o hechos, a fin de concluir del uno lo contrario de
lo que ya se sabe del otro.
Lea también: El PJ puso en marcha las notificaciones electrónicas .
10. Adecuadora
Es el análisis de un precepto legal que se ejecuta acondicionado o
adaptando a otros mandatos legales o prohibitivos que –indirectamente-
tienen influencia con un ordenamiento jurídico específico (Ej.: los jueces,
tienen en consideración las convenciones supranacionales a las que el
Estado está suscrito).
Si bien, se ha especulado –muchas veces- que las normas de carácter
supranacional no deben influir, necesariamente y de forma prematura, en las
decisiones que toman los jueces en el ámbito nacional (supuestamente,
porque éstos tienen autonomía propia); sin embargo, debe existir una
consideración al principio internacional del pacta sunt servanda: lo pactado
obliga, ya que de no ser así, existiría una suerte de autoritarismo
jurisdiccional, simplemente por colocar algún término.
11. Evolutiva
Es el que está asociado a los precedentes judiciales y, también, al progreso
doctrinal. Una situación clara de este método se explica cuando existen
teorías actuales de la doctrina y, sin embargo, se siguen considerando las
teorías pasadas (Ej.: aproximadamente, desde inicios del año 2000 se ha
había superado la tendencia de utilizar los “animus” en el Derecho penal; sin
embargo, en la actualidad todavía existen abogados que de forma
lamentable –por no decir, irresponsablemente-, no se actualizan y siguen,
por tanto, utilizando los ya mencionados, pese que dichos aspectos ya han
sido dejados de lados en el estudios de las ciencias penales).
Lea también: Proponen que el agua sea reconocido como derecho
fundamental en la Constitución.
Por la Integración jurídica entendemos a aquel procedimiento por cual ante la falta o
deficiencia de una norma para un caso concreto se integra o une al
Ordenamiento Jurídico para llenar aquel vacío.
¿Qué es la integración de la ley en Guatemala?
Gral. Método de aplicación de la ley, ante vacíos o lagunas legales, consistente en
recurrir a otras normas presentes en el ordenamiento jurídico a fin de eliminar esas faltas
u omisiones.
Integración en el derecho 3.1. Concepto “Cuando nos referimos a integración de la ley quiere decir
complementar o suplir de alguna forma las lagunas que se presenten en la misma”. 47 Cuando no
existan normas aplicables, va a ser necesario implementar, completar esa norma que no existe,
por consiguiente habrá necesidad de buscar el mecanismo o el procedimiento que permita
solucionar ese vacío que el legislador dejó al crear la norma, procedimiento que la propia ley prevé
para aplicar. “La integración se diferencia de la interpretación en que en esta última existen una o
varias normas cuyo sentido el juez tiene que determinar. En la función integradora, en cambio, la
labor judicial es creadora; por lo tanto, la tarea del juez es más técnica y consiste en crear una
nueva norma que venga a solucionar el caso en conflicto”. 48
Esta diferenciación aclara un poco más cual es la función que cumple tanto la interpretación como
la integración, en la primera aclara que quiso dar a entender el legislador, y en la integración se va
a crear la norma, ya que existe un vacío que no permite dar solución a las dudas planteadas. 3.2.
Lagunas de ley 3.2.1. Concepto “Se denomina lagunas a las hipótesis no previstas por el legislador,
es decir a aquellos espacios vacíos que éste ha dejado en la ley por olvido, imprevisión o
imposibilidad de imaginarlos, habiendo debido regularlos”. 49 La laguna legal es un espacio, algo
que el legislador no previó en la norma, lo que genera que exista contradicción, por lo que es
necesario acudir ante el juzgador para que resuelva la duda generada por la norma y de esa forma
poder llenar el espacio creado y poderlo aplicar acertadamente al caso concreto. 3.2.2. Casos de
lagunas del derecho Los autores señalan, entre otros, los siguientes casos de lagunas de derecho:
“Falta de ley: el legislador no puede prever todas las situaciones o conductas posibles porque el
progreso social, científico y tecnológico trae consigo nuevas hipótesis para las cuales no pueden
existir normas aplicables. En tales casos, si bien hay un vacío de la ley, éste deberá salvarse por la
acción de los órganos legislativos”. 50 b) “Ley en blanco: las leyes en blanco son aquéllas que
entregan a otra instancia la facultad de establecer las consecuencias jurídicas de determinadas
hipótesis”. 51 Estos puntos de vista se refieren a situaciones dentro de la norma a futuro, siendo
en la primera de ellas una laguna no prevista por el legislador en virtud de la evolución de la
sociedad, que será en este caso el menos aplicable en nuestro país y en el caso del segundo punto
de vista su origen es mucho más frecuente, porque regularmente el legislador crea normas
ordinarias y ordena la creación de normas reglamentarias que desarrollen esas normas ordinarias.
Claro ejemplo de lo expuesto lo tenemos en Guatemala con la Ley de Servicio Civil que ordena la
creación de su reglamento, el que fue creado mucho tiempo después.
“Insuficiencia de la ley: este caso se presenta cuando existe una ley que prevé determinadas
consecuencias para ciertas hipótesis y el juez se encuentra con hechos que no coinciden
plenamente con las hipótesis legisladas, pero que son semejantes y el magistrado considera que
en justicia corresponde aplicar las mismas consecuencias”. 52 d) “La ley injusta: si la norma
formulada para reglamentar una determinada situación es injusta, hay allí una omisión de
regulación, pues el sistema jurídico está faltando a su función propia”. 53 En el tercero y cuarto
postulado se refiere un poco más a la aplicación de la analogía como un mecanismo de integrar la
norma, ya que utilizará ésta para aplicarla a un caso concreto, pues las normas son semejantes,
por consiguiente aplicará la que tenga las consecuencias similares a las normas aplicadas y en el
último de los casos se considera que es un poco más ambiguo, ya que señala que una norma en sí
misma es injusta y por consiguiente se crea la laguna legal, sería este punto de vista carente de
sentido, porque a que caso concreto se podría aplicar una norma y que por esa misma aplicación
se considere injusta.
Existen lagunas de la ley en los siguientes casos: a) “Cuando la ley calla en absoluto (ya sea en
forma intencional o porque no previó el caso)”. 54 b) “Cuando hay dos leyes que se contradicen, y
por encontrarse en el mismo plano jerárquico se hacen ineficaces”. 55 c) “Cuando existe una
norma, pero ésta es inaplicable por acarrear consecuencias que el legislador no habría ordenado
de haberlas previsto para ese caso concreto, por ser su aplicación contraria a la equidad. (En esta
situación el ordenamiento jurídico guatemalteco no permite la integración, en virtud de la
supremacía que tiene la ley frente a las otras fuentes formales del derecho)”. 56 En las situaciones
expuestas anteriormente, en los primeros dos casos la laguna legal se dará porque la ley calla en
absoluto o porque dos leyes se contradicen, en relación a la primera premisa se puede inferir que
la norma en ningún momento previó crearse de la forma establecida, que la norma fue creada con
o sin la intención de provocar tal contradicción y el segundo caso que se podría decir que es el más
frecuente, el legislador al crear la norma no prevé que esa norma pueda generar intención de
provocar tal contradicción con una norma anterior de igual jerarquía, provocando con esto
ineficacia de las normas, se bloquean totalmente, provocando que el juez en este caso decida cual
es la norma de aplicación según su criterio. Se considera que los puntos de vista analizados en
relación a las lagunas de ley tienen plena vigencia. Para el caso práctico del presente estudio, se
considera que los casos más recurrentes son los primeros dos de la segunda teoría, por ser más
frecuente su aparición dentro de nuestra legislación. 3.3. Procedimientos de integración del
derecho 3.3.1. La analogía a) Concepto “La analogía consiste en aplicar a un caso no previsto en la
Ley, la norma que rige otro caso semejante o análogo, cuando existe la misma razón para
resolverlo de igual manera (Ubi eadem est legislatio, ibi cadem est legis dispositio). Se dice que la
analogía es un principio de integración del derecho, por cuanto mediante ella se agregan
soluciones que no se han formulado. La analogía representa una extensión de la ley a casos
distintos de los expresamente previstos”. 57
La analogía consiste en un hecho que el legislador no previo al momento de crear la norma, por
consiguiente al ser necesaria la aplicación y existir un vacío se aplica una norma semejante a la que
en todo caso necesitaríamos, por cuanto se agregan soluciones al no haber previsto los resultados,
se extiende la Ley en casos distintos de los que se desea resolver, pero por su similitud darán la
respuesta deseada. El sentido que se le quiere dar a la presente investigación es el de encontrar
porqué la integración es un procedimiento para hallar respuestas en donde existen espacios no
previstos en la norma. “La analogía consiste, pues, en atribuir a situaciones parcialmente idénticas
(una prevista y otra no prevista en la Ley), las consecuencias jurídicas que señala la regla aplicable
al caso previsto. Ello equivale a formular una nueva norma cuyo supuesto expresa en abstracto las
características del caso no previsto, y atribuir a éste las consecuencias que produciría la realización
del previsto, si bien entre uno y otro sólo hay una identidad parcial. La conclusión que de lo
anterior se infiere es que no debe hablarse de aplicación analógica de un precepto a un caso no
previsto, sino de creación o formulación analógica de una norma nueva, cuya disposición es
idéntica a la de aquel precepto, pero cuyos supuestos sólo son semejantes”. 58
El concepto citado va un poco más allá al decir que, existen dos situaciones parcialmente idénticas,
con un contenido similar, a las que se les va aplicar los resultados de una de ellas, la que en teoría
tiene una base más clara y que se puede utilizar en beneficio de la otra. Realmente lo que quiere
dar a entender es que de una forma u otra nos darán una solución a la duda que existe, a la
oscuridad que existe en la norma, siendo nuestro objetivo en la presente investigación encontrar
el como le podemos dar respuestas a las dudas que existen en las normas y poder resolverlas
apegados a derecho. Realmente se estaría creando una nueva norma ya que la unión de una con la
otra nos dará como resultado una nueva norma, pero deviniendo de las anteriores, por lo tanto
semejantes y que como es el caso del ordenamiento jurídico guatemalteco a través de la
jurisprudencia se estaría dando por sentada la creación de esa nueva norma. Es de hacer notar dos
conceptos que se agregan en relación a la analogía, siendo estos en que es una decisión, lo que
implica una resolución, solución, conclusión, un resultado que es lo que se busca realmente por
medio de la analogía, para qué, para resolver una controversia, que es lo que existe en una norma
que no tiene una solución a nuestro caso concreto, por lo que se buscan las respuestas en otra
norma semejante, parecida, similar, siendo éste un análisis muy simple y concreto sobre lo que es
la analogía, encontrar la respuesta en una norma por medio de otra parecida o similar.
El fin de la analogía, como procedimiento de integración del derecho, es el de buscar la igualdad
entre dos normas semejantes, para resolver la controversia, la duda existente. b) Clases La
analogía puede ser de dos clases: A) “Analogía legis: La solución se busca en otra disposición legal
o en otro complejo de disposiciones legales”. 59 B) “Analogía juris: La solución se busca en el
conjunto de legislación vigente, o sea, en todo el sistema legal”. 60 Si entendemos que la analogía
busca encontrar la respuesta a la duda existente en una norma, según la anterior clasificación la
respuesta la podemos encontrar en otra ley o en otras leyes que puedan aportar la respuesta
deseada y si no fuera así no se busca la respuesta en una norma específica, sino que se puede
encontrar en el conglomerado de normas existentes en un sistema jurídico, ampliando la
búsqueda no sólo a una norma sino que al conjunto de normas que nos pueda proporcionar el
objetivo deseado.
Presupuestos de la analogía jurídica Los presupuestos de la analogía jurídica son los siguientes: A)
“Ante todo es necesario que se trate de un caso en que el legislador no ha previsto norma; si
hubiere sido previsto, aunque no aparezca claramente comprendido en la letra de la ley, tiene
lugar la interpretación extensiva”. 61 B) “La relación no contemplada, aunque diversa de las
previstas, debe tener semejanza con alguna de ellas; debe tener un elemento de identidad”. 62 C)
“Tal elemento de identidad no debe ser uno cualquiera, sino aquel elemento de hecho que el
legislador tomó en consideración para establecer determinada norma concerniente a la relación
prevista, con la que se quiere parangonar la no considerada”. 63 Es necesario entender que los
presupuestos de la analogía son los requisitos, elementos necesarios para aplicarla y el primer
concepto es elemental, que el legislador no previó un caso en una norma y nos da la respuesta a
ese error del legislador, que es utilizar la interpretación extensiva, concepto que analizamos con
anterioridad.
Del segundo elemento que se analiza encontramos que debe haber una característica, un
basamento que una a las dos normas, mismo que se podrá utilizar para encontrar la conexión
entre las dos normas. El tercer elemento señala que no debe ser cualquier elemento el que vamos
a utilizar, sino que tiene que ser el previsto por el legislador para poder aplicarlo en el momento
que exista duda y muchas veces esa norma puede estar en otra de superior, igual o inferior
jerarquía o de otra materia distinta de la que se analiza. 3.3.2. Los principios generales del derecho
a) Concepto “Los principios generales del derecho, ya aplicados al analizar las fuentes formales del
derecho, se refieren a los principios del derecho natural, a los principios fundamentales de la
legislación positiva o a los ideales jurídicos de la comunidad. Son también procedimientos de
integración, a los cuales podrá recurrirse en caso de falta de disposición legal aplicable. En este
caso el derecho buscará en sus propias bases la solución de las situaciones que no ha previsto; es
decir, integrará el derecho con base en aquellos principios que lo guían y lo fundamentan, creando
nuevas normas que le permitirán resolver situaciones no reguladas por él”. 64
“Los principios generales del derecho no son algo ajeno a él; por el contrario, constituyen parte de
su fundamento; y aunque no hayan llegado aún a traducirse en normas positivas, complementan
el ordenamiento jurídico y constituyen invalorables medios de integración”. 65 El concepto
analizado ratifica los principios generales del derecho como un procedimiento válido de
integración del derecho y plantea el hecho de que es el mismo derecho quien tendrá que buscar
desde adentro de su origen la respuesta a las lagunas que se vayan creando, buscará en sus raíces
la solución a las dudas que puedan surgir, agregando que serán el complemento perfecto de las
normas positivas que no tengan certeza en su creación, para ser descifradas posteriormente.
Tienen que tomarse como un todo particular que llegará a su aspecto más general para encontrar
su sentido, habrá que ir de la norma general para poder culminar con la norma específica y a
través de ese procedimiento encontrar la respuesta a las dudas que se tengan. Posteriormente, se
conceptualiza lo que son los principios generales del derecho, que son realmente los que se deben
aplicar y les otorga un carácter superior sobre las normas vigentes del derecho, teniendo sentido,
ya que estos se aplicarán como un soporte de las normas, para poder fundamentarlas y eso sólo lo
podría realizar algo superior, que se encuentre en un estado jerárquico en el que se pueda aplicar.
“Los principios generales del derecho no sólo son fuente subsidiaria sino principal, ya que son
anteriores a la creación legislativa. El derecho brota, mana de los principios generales, porque
viene de ellos, está poseído por ellos”. 66 Los principios generales del derecho nacieron con
anterioridad a que existiera la norma, por lo que se consideró que de ellos nace el derecho y por lo
tanto en las dudas que se creen del mismo tendrán que buscarse las respuestas en la raíz, en la
fuente, en la base que crea estos principios, radicando ahí su importancia para la integración, ya
que ésta busca respuestas y las va a encontrar en su origen y muchas ramas del derecho regulan a
los principios generales del derecho como fuente supletoria, siendo un caso particular nuestro
ordenamiento laboral que los considera como una forma de integración. Se concluye que los
principios generales del derecho, son un conjunto de elementos de los que se vale el jurista para
resolver las cuestiones de derecho en que encuentre duda a raíz de una norma de derecho, se
utilizarán como elemento integrador de las normas, servirán al juzgador para resolver cuando
exista duda con una norma y estos le podrán dar las herramientas para poder integrarlas, tratando
de encontrar el sentido que le hubiera dado el legislador a la norma a la hora de su creación, por lo
que para la presente investigación su importancia radica en la forma que se utilizará en el análisis
del conjunto de normas que son objeto de estudio.
3.3.3. La equidad a) Concepto “La equidad desempeña la función de un correctivo. Es un remedio
que el juzgador aplica, para subsanar los defectos derivados de la generalidad de la ley. Las leyes
son, por esencia, enunciados generales. Por amplias que sean no pueden abarcar todos los casos.
Hay múltiples situaciones que escapan a la previsión del más sagaz legislador. La aplicación fiel de
una norma o una situación determinada, podría resultar, a veces, inconveniente o injusta. En tales
circunstancias, debe hacer el juez un llamamiento a la equidad, para atemperar rigores de una
fórmula demasiado genérica. La equidad es, por consiguiente, una virtud del juzgador”. 67 Es
importante la aplicación que tendrá dentro del derecho, ya que será un correctivo, un remedio,
una virtud del juzgador, indicando claramente que se aplicará en situaciones en las que el juzgador
considere que por aplicar una ley rigurosamente puede causar daño al resolver, es una
herramienta que le da el derecho, para poder utilizar en circunstancias en las que el legislador dejó
lagunas en la ley, facultándolo para poder resolver según la equidad. La equidad busca apaciguar
los efectos que provoca una norma en su aplicación estricta, busca integrar el derecho por parte
del legislador a un caso concreto por medio de esta herramienta que le da el derecho.
Cuando el legislador crea la norma deja vacíos algunas veces, el juzgador dentro de la facultad que
tiene de conocer el caso concreto, tendrá que corregir la norma y suplir esos vacíos dejados por el
legislador, tratando el juzgador de actuar, complementar la norma a través de su resolución. Deja
el autor bien clara cual es la función de la equidad y no es más que actuar conforme la justicia en
un caso que no está previsto, es aplicarla dentro de un marco jurídico legal con un criterio propio,
sin tratar de ir en contra de la misma ley, es ajustarse a derecho dentro de su ámbito de
aplicación. La equidad como método de integración del derecho, tiene como objetivo fundamental
darle una solución justa, equitativa, ecuánime, imparcial al caso concreto, ya que lo que se busca
es integrar la norma de forma más apegada a derecho, apegada al sistema en que se aplica y
termina indicando que debe ser coherente, adaptada a lo que la realidad necesita. Así también,
debe ser su fin el de corregir, enderezar, encausar la norma que tiene una laguna, debe interpretar
la norma razonablemente, por lo que se considera que existe una leve diferencia entre una cosa y
otra, ya que la equidad busca resolver la duda existente apegándose lo más que se pueda a la
justicia, creando una respuesta a esa duda existente, cuando la interpretación busca saber qué
quiso decir el legislador al crear la norma. Al interpretar la norma se debe resolver el problema
existente siempre apegándose a lo justo y en la equidad se va resolver dándole vida al orden
jurídico, porque en la interpretación como se dijo, existe la norma en la que se crea duda, en
cambio con la equidad se integra el derecho, se da vida al orden jurídico, ya que el juzgador al
resolver conforme a la equidad se apega a lo justo, pero creando una norma donde no existía con
anterioridad, por tener deficiencia la norma creada por el legislador. Como conclusión, el juzgador
dentro de su proceso de conocimiento tiene la obligación de resolver, en ningún momento puede
abstenerse de finalizar un proceso, por cuanto se permite que utilice la equidad como un
mecanismo de integración del derecho y de esa forma poder actuar apegado a derecho, a las
normas y a los preceptos generales, siendo éste el fin fundamental de la equidad dentro de todo
proceso jurídico. b) Importancia La importancia de la equidad radica en que se aparta de la rigidez,
del formalismo, ya que presenta soluciones alternas, encontrando respuestas fuera del marco de
la ley, ya que busca dar soluciones apegadas a la justicia. Se busca que la equidad resuelva cada
caso individualmente, analizando cada propuesta de forma separada, por consiguiente la
resolución de cada caso será independiente a los demás, porque ningún caso se parece a otro,
pero esto no implica que esa aplicación en cada caso no se resuelva con el objetivo fundamental
de que la ley sea aplicada por igual, sin hacer discriminación de cualquier tipo, ya que se estaría
saliendo de lo establecido en todo concepto legal.
El juzgador al resolver conforme a la equidad, debe buscar la respuesta en todas las circunstancias
y situaciones que rodean al caso concreto, su actuación debe ajustarse al hecho de que lo haga
con independencia, con libertad, lo que implica que se juzgue con la mayor imparcialidad posible,
tratando de que la norma se integre a la resolución de la mejor manera posible.
Métodos de Integración de la Ley
Análogo: Procedimiento o sistema inductivo deductivo que facilita llegar de un hecho a
otro, aplicando un principio común.
Equidad: Consiste en el atemperamiento de rigor de la ley al aplicarla. Se toma en cuenta
con ese método, las circunstancias excepcionales del caso concreto que el legislador pudo
no haber previsto contemplado al crearla.
Principios Generales de Derecho: la legislación guatemalteca comprende los principios
generales del Derecho en la ley fundamental, de la cual derivan las demás leyes, ya como
normas ordinarias o ya como reglamentarias.
¿Qué son los metodos de integración del derecho?
Generalmente se admite en la filosofía jurídica, que esos procedimientos
de integración de las normas que provienen de las fuentes de creación jurídica, son: a) la
analogía; b) los principios generales del derecho; c) la naturaleza de las cosas; y d) la
equidad.
Jurisdicción Constitucional Constituye un mecanismo de protección constitucional o de
tutela de los derechos fundamentales —con excepción de la libertad física e integridad de
la persona, protegibles por vía de la exhibición personal—, el cual asegura el efectivo
goce de los derechos humanos reconocidos por la Constitución y demás leyes y los
¿Qué es la jurisdicción constitucional?
La jurisdicción constitucional es aquella parte de nuestra disciplina que, teniendo como
presupuestos la supremacía jerárquica de la Constitución sobre cualquier otra norma del
sistema jurídico y la necesidad de someter el ejercicio de la fuerza estatal a la
racionalidad del derecho, se ocupa de garantizar el pleno ...
a jurisdicción constitucional orgánica genera instituciones y procedimientos de control
de constitucionalidad de las normas infraconstitucionales y de instituciones e instrumentos
para resolver los conflictos de competencia entre diferentes órganos del Estado.
En la actual Constitución Política de la República de Guatemala, se establecen tres
garantías constitucionales dirigidas a la defensa de los derechos de las personas y de la
preeminencia del orden constitucional; éstas son el amparo, la inconstitucionalidad en
caso concreto (sistema difuso) y general (sistema ...
CONCEPTO DE CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD CONCENTRADO Y CONTROL DIFUSO1 Un
tribunal o corte constitucional es aquel órgano que tiene a su cargo, principalmente, hacer efectiva
la primacía de la Constitución. Tiene la atribución de revisar la adecuación de las leyes —y
eventualmente de los proyectos de ley y los decretos del Poder Ejecutivo— a la Constitución,
realizando un examen de constitucionalidad de tales actos. Pero asimismo y en general, la tarea
del Tribunal Constitucional incluye resolver confl ictos de carácter constitucional, como la revisión
de la actuación del Poder Legislativo, la protección de los derechos fundamentales y la distribución
de competencias entre los poderes constituidos. Existen sistemas políticos, donde no hay jueces
sino organismos especiales que traba jan antes de la sanción de las leyes, ejerciendo un control a
priori, de alcance general y sin otra relación que el análisis de la legalidad constitucional, y
sistemas jurisdiccionales que reconocen opciones diversas. Los dos modelos institucionales
primarios del derecho occidental2 presentan diferencias sustanciales en cuanto al órgano
encargado de ejercer el control de constitucionalidad. a) Por un lado está el esquema de revisión
judicial o judicial review, por el cual se deja en manos de los jueces que integran el Poder Judicial
la tarea de interpretar y aplicar la ley en el caso concreto, respetando en sus sentencias el
principio de la supremacía constitucional. Este sistema denominado difuso confi ere a todos los
jueces la tarea de control. O sea que todos los jueces son jueces de legalidad y de
constitucionalidad b) Por otro lado, se presenta el sistema concentrado del modelo europeo que
centraliza el ejercicio del control de constitucionalidad en un único órgano, que no forma parte del
Poder Judicial, está fuera de su estructura normativa y se denomina Tribunal Constitucional. c)
Pero, aparece, además, en América un tercer modelo, que instala dentro del Po der Judicial a
jueces especializados que, actuando como sala dentro del Tribunal Supremo, como corte
independiente, o aun situando en el máximo órgano de justi cia nacional la función de controlar la
constitucionalidad, decide que sea un único organismo el que tenga la palabra fi nal sobre la
interpretación constitucional, aun permitiendo el control difuso de los jueces comunes. La otra
diferencia sustancial entre ambos sistemas se refi ere a los efectos de las decisiones. En principio:
a) las decisiones de los tribunales constitucionales tienen efectos erga omnes (y en muchos casos
la ley declarada inconstitucional queda derogada, actuando el tribunal como un legislador
negativo), b) Las decisiones de los jueces en el sistema difuso sólo tienen efectos inter partes,
aunque pueden llegar a constituir un precedente con fuerza diversa según el caso. Desde el punto
de vis ta teórico, la diferencia entre un tribunal constitucional y uno ordinario consiste en que, si
bien ambos generan y aplican derecho, el segundo sólo origina actos individuales, mientras que el
primero, al aplicar la Constitución a un acto de producción legislativa y al proceder a la anulación
de la norma constitucional, no elabora sino que anula una norma general, realiza un acto contrario
a la producción jurídica. Kelsen sostenía que la función del tribunal constitucional no es una
función política sino ju dicial, como la de cualquier otro tribunal, aunque tiene matices que lo
distinguen. El Tribunal Constitucional no enjuicia hechos concretos sino que se limita a controlar la
compatibilidad entre dos normas igualmente abstractas —la Constitución y la ley— eliminando la
norma incompatible con la norma suprema mediante una sentencia constitutiva. Para Kelsen el
Poder Legislativo se ha dividido en dos órganos: uno, el Par lamento, titular de la iniciativa política,
que es el legislador positivo, otro, el tribu nal constitucional, que elimina para mantener la
coherencia del sistema las leyes que no respetan el marco constitucional. El Tribunal
Constitucional actúa así como un legislador negativo, pues carece de la facultad de crear leyes
pero, en el caso que entienda que una de las promulgadas vulnera lo dispuesto en la Constitución,
tiene poder para expulsarla del ordenamiento jurídico, derogándola total o parcialmente. El propio
Kelsen3 ha denominado a la jurisdicción constitucional como su “obra más personal”. Es sabido
que el Tribunal Constitucional austriaco es el Tribunal Constitucional especializado más antiguo del
mundo y ha infl uido considerablemente, como tal, en el desarrollo constitucional en Europa,
sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Por ello, a este modelo austriaco de examen judicial
de las leyes se le designa también, sobre todo en los países romanistas, como modelo kelseniano.
De acuerdo a la Constitución austriaca las sentencias tienen efectos ex nunc o ha cia el futuro. La
Carta dispone expresamente que el fallo del Tribunal Constitucional por el que se anule una ley
como anticonstitucional, obliga al canciller federal o al gobernador regional competente a publicar
sin demora la derogación, y que la anulación entrará en vigor el día de la promulgación, si el
Tribunal Constitucional no hubiese fi jado un plazo para la expiración de la vigencia, plazo que no
podrá exceder de un año. En tanto en el sistema de control difuso se actúa en el problema
contingente y propio que resuelve la comprobación constitucional en el circunscrito ámbito
subjetivo entre partes y de ahí el efecto de la cosa juzgada, en el sistema concentrado puro la regla
es la abstracción y generalidad del pronunciamiento, independientemente de la justicia del caso
concreto. Se dice entonces que habría un diverso poder de la jurisdicción. Así son los jueces
quienes resuelven confl ictos intersubjetivos, en un con texto que no es el de las cuestio nes de
constitucionalidad, pues aquí se trata de interpretar lo que dice la norma fundamental frente a un
acto que aparece contrario a sus estipulaciones. Pero, en defi nitiva, la preocupación parece surgir
a fi n de desentrañar cuánto puede hacer el juez del control difuso cuando tiene que poner en
marcha su deber de afi anzar la Constitución y hacer justicia en el caso concreto, frente a la
potestad del tribunal concentrado en una única actividad de resolver si la ley es o no
constitucional. En el sistema de control difuso, el juez tiene el de ber de realizar una interpretación
para llegar a un jui cio con respecto a la constitucionalidad de la norma. La decisión del juez
ordinario es tan legítima como la decisión del Supremo Tribunal, ya que tanto el juez ordinario
como el Supremo Tribunal, tiene legitimidad constitucional para tratar de la cuestión de
constitucionalidad. Y, en tal contexto, el segmentar la tarea del juez constitucional de acuerdo con
los poderes que cada sistema le asigna probablemente sea equivocado, porque, en defi nitiva,
ambos tienen la misión de equilibrar las tensiones entre los fi nes constitucionales y la justicia del
caso.
Los distintos sistemas en el derecho comparado [arriba]
1.- El sistema difuso:
En este sistema, el control de constitucionalidad corresponde a todos los jueces sin
distinción de materia o grado. Es el sistema propio de los Estados Unidos de Norteamérica,
desde donde se difundió universalmente, siendo considerado “la piedra angular de toda la
estructura constitucional de los Estados Unidos y la más original contribución del genio
americano a la ciencia política”(19).
Su influencia fue tal que incluso alcanzó los sistemas de control de constitucionalidad
europeos, que evolucionaron a modelos de control concentrados.
Sin embargo y paradójicamente, el modelo americano de control de constitucionalidad, al
contrario del modelo europeo –creado por Kelsen y expresamente implantado por primera
vez en la Constitución de Austria en 1920-, no aparece escrito en la Constitución de los
Estados Unidos de América(20). Como dice Acosta Sanchez, “se formó en el silencio de los
textos”(21).
Característica específica de este tipo de control “difuso”(22), es que la competencia para
conocer en el control de constitucionalidad no se asigna a ningún órgano específico, por
cuanto todos los jueces y tribunales, federales o locales, poseen igual competencia para
conocer en esta materia.
Otra característica derivada del carácter “difuso”, es que este control se ejerce por vía
indirecta o incidental, o sea en ocasión de un juicio, y debe ser propuesta por el legitimado
procesal. En consecuencia, la cuestión constitucional puede ser esgrimida en cualquier tipo
de juicio, por el actor o el demandado, en la medida que sea relevante para la solución del
caso concreto.
Y en cuanto a sus efectos, la declaración de inconstitucionalidad impide la aplicación de la
ley al caso concreto, y opera retroactivamente con efectos “ex tunc”(23). Sin embargo, en
el sistema americano por imperio del stare decisis, si la cuestión se decide por la Corte
Suprema, esta termina adquiriendo carácter erga omnes(24).
2.- Sistemas concentrados:
En contraposición al sistema de control de constitucionalidad “difuso”, se encuentra el
sistema “concentrado”, que tal como dije anteriormente, es de origen europeo, y aunque
existen antecedentes de este sistema luego de la primera guerra mundial, su difusión en las
constituciones del viejo continente es posterior a la segunda guerra mundial, expandiéndose
luego al resto del mundo.
Fue creación de Hans Kelsen el diseño de un sistema de revisión constitucional, por medio
de tribunales constitucionales especializados que concentran esa función, y compuesto por
jueces no provenientes del poder judicial. Esta idea se plasmó por primera vez en la
Constitución de Austria de 1920(25).
Este Tribunal constitucional reunía esas características: no integraba la jurisdicción ordinaria
y era regulado en la sexta parte de la Constitución, como garantía de ella; entre sus
funciones se encontraba entender en la inconstitucionalidad de una ley federal o regional, a
instancias del Tribunal Administrativo, el Tribunal Supremo, o cualquier otro tribunal de
segunda instancia llamado a resolver la causa, aunque podía hacerlo de oficio cuando el
propio Tribunal tuviera que aplicar la ley; asimismo podría declarar la inconstitucionalidad
de una ley federal o regional a instancias de los organismos previstos por la Constitución, y
también a requerimiento de un particular afectado por su aplicación(26). El fallo que
“anula” la ley por “anticonstitucional” produce la derogación de la ley recuperando su
vigencia las normas legales derogadas por la ley declarada inconstitucional, salvo que el
Tribunal Constitucional dispusiera otra cosa(27); la sentencia que declara la
inconstitucionalidad es vinculante para todos los órganos judiciales y administrativos y la
norma derogada solo puede ser aplicada a las situaciones de hecho consumadas antes de la
anulación, excepto aquellas que hayan dado origen al fallo(28).
Aparecen así las características propias de un sistema concentrado: 1) la centralización en
un único órgano de la competencia para resolver la cuestión constitucional, 2) su
especialización y ajenidad al Poder Judicial, 3) el efecto derogatorio de la sentencia que
declara la inconstitucionalidad, y 4) el efecto expansivo o “erga omnes” de la sentencia
derogatoria.
Por cierto, cuando se hace mención al origen de los tribunales constituciones, la referencia
es siempre al mencionado tribunal creado por la Constitución de Austria de 1920, rara vez
se menciona al Tribunal Constitucional Checoeslovaco, estatuido por la constitución de 1920,
a los cuales les siguieron los tribunales creados por la Constitución española de 1931,
denominado “Tribunal de Garantías Constitucionales”, que funcionó hasta 1936.
Y luego de la finalización de la segunda guerra mundial, se suceden la creación de tribunales
constitucionales en diferentes países; el italiano en 1948, el Tribunal Constitucional Federal
de Alemania en 1949, el Consejo Constitucional de Francia en 1959, el de Turquía en 1961,
el de Yugoslavia en 1963, el Tribunal Constitucional de España creado por la Carta Política
del 27 de diciembre de 1978, etc.
Luego llegarían otros en Europa, Asia, África y en América Latina(29).
Los sistemas de esta naturaleza participan de una característica esencial: la concentración
de la función de revisión constitucional en un solo órgano colegiado y aislado del
organigrama judicial(30).
3.- Sistemas mixtos o duales:
Los sistemas mixtos existen en aquellos países, en los cuales de un mismo ordenamiento
jurídico coexisten los sistemas difusos y concentrados(31). Ejemplos clásicos de este sistema
se encuentran en las constituciones de Ecuador y Perú.
Es así que la Constitución de la República del Ecuador de 1998, crea una Corte Constitucional
que actúa como máximo organismo de interpretación de la constitución y con facultades
para intervenir en las acciones de inconstitucionalidad en forma concentrada(32), y que se
encuentra fuera de la esfera del Poder Judicial. Entre sus facultades incluso, se encuentra la
de emitir dictamen previo y vinculante de constitucionalidad respecto de: 1. Tratados
internacionales, previamente a su ratificación por parte de la Asamblea Nacional. 2.
Convocatorias a consultas populares de carácter nacional o a nivel de los gobiernos
autónomos descentralizados. 3. Objeciones de inconstitucionalidad presentadas por la
Presidenta o Presidente de la República en el proceso de formación de las leyes(33)
Pero, cualquier particular puede promover una acción extraordinaria de inconstitucionalidad
contra sentencias que hayan violado derechos reconocidos por la constitución, que se
interpone ante la Corte Constitucional y luego de agotadas las vías ordinarias y
extraordinarias(34). Incluso cualquier juez, aún de oficio, cuando considere que existe una
violación a la constitución o instrumentos internacionales de derechos humanos, debe
suspender la tramitación de la causa y elevarla a consideración de la Corte
Constitucional(35).
Por su parte, la Constitución del Perú establece que el Tribunal Constitucional es el órgano
de control de control de la constitución, resolviendo en instancia única las acciones de
inconstitucionalidad(36). Este Tribunal no actúa de oficio e intervine a requerimiento de los
órganos y sujetos indicados en la Constitución(37), y su sentencia tiene efectos “erga
omnes”.
Pero además de este control concentrado, existe un control difuso que resulta del artículo
138 de la Constitución del Perú(38). En este caso, cualquier particular que inicia un proceso
judicial puede solicitar al juez que se inaplique una norma considerada inconstitucional, y
también lo puede hacer el juez aún de oficio. El control difuso en sede judicial tiene su
propio procedimiento, pues las sentencias expedidas por los jueces pueden ser elevadas en
consulta para su respectiva observación ante la Sala Constitucional y Social de la Corte
Suprema para que se pronuncie sobre el tema, según lo previsto en la Ley Orgánica del Poder
Judicial.
También es de mencionar que existe una forma de control “difuso” en sede administrativa.
Coexisten entonces, elementos que son propios de un sistema concentrado – tribunal
constitucional con facultades que excluyen la revisión por otro órgano, control preventivo-,
con otras propias de sistemas difusos – planteo del afectado por acción o ante el juez que
interviene-.
Podemos encontrar también otros sistemas “mixtos” con rasgos propios que se derivan de las
normativas constitucionales, en Italia y Brasil.
En Italia existe un control de constitucionalidad concentrado, con el consiguiente
reconocimiento de una competencia única a favor de la Corte Constitucional, pero con la
previsión de una iniciativa “difusa” atribuible a cualquier juez en el ámbito de un juicio. En
este sistema no se prevé la existencia de un recurso directo por parte de cualquier
ciudadano, ni aún cuando este poseyera un interés directo.
La regulación del juicio de constitucionalidad sobre las leyes, se encuentra contenida en
preceptos constitucionales(39), leyes constitucionales y ordinarias de actuación y en
disposiciones dictadas por la propia Corte Constitucional. De acuerdo al texto constitucional,
parecería que el único control aceptado sería el “concentrado” y en los supuestos
especialmente previstos en la norma constitucional. Sin embargo, la jurisprudencia amplió
este margen de conocimiento y “la cuestión relativa a un presunto contraste entre la ley y
los principios constitucionales puede ser llevada a examen de la Corte Constitucional
mediante dos procedimientos: a) la vía incidental, cuando la duda es alegada por un juez
ordinario en el curso de cualquier juicio, de oficio o a instancia de parte; b) la vía principal o
directa, a través de la cual el Estado puede impugnar una ley regional y la región puede
hacer lo mismo en relación con una ley estatal o de otra región”(40).
Posteriormente, la jurisprudencia de la Corte Constitucional limitó la posibilidad de revisión
a pedido de un juez, a que la cuestión constitucional se produzca durante el curso de un
procedimiento que tenga carácter jurisdiccional y que la solución de la excepción sea
perjudicial para dictar una resolución en la causa(41).
En España, cuyo modelo de control de constitucionalidad en su Constitución de 1978 es
mayormente tomado de las constituciones de Alemania e Italia, también es ejercido en
forma “concentrada” por un Tribunal Constitucional que es independiente del Poder Judicial
y cuyas decisiones son obligatorias para los otros poderes. Sin embargo tiene, igual que el
sistema italiano, aristas particulares que lo transforman en un modelo dual o mixto.
Los procesos de inconstitucionalidad, pueden ser promovidos por dos vías distintas: el
recurso de inconstitucionalidad de las normas con fuerza de ley, tanto las del Estado como
las de las Comunidades Autónomas(42), y la cuestión de inconstitucionalidad(43). En este
último supuesto cuando la cuestión es promovida por un órgano jurisdiccional que considera
que una norma legal de la cual pueda depender el resultado del juicio, pueda ser contrario a
la constitución (auto cuestión de inconstitucionalidad para la doctrina española), es una
competencia del Tribunal Constitucional que se deriva del judicial review del sistema
americano, sobre las decisiones del legislativo(44).
El modelo brasileño de control de constitucionalidad en la Constitución de 1988 a diferencia
de los anteriores, es de naturaleza jurisdiccional. Así el Supremo Tribunal Federal, órgano
superior del Poder Judicial, es a su vez el custodio de la constitución y le compete juzgar en
las acciones directas de inconstitucionalidad de leyes o actos normativos federales o
estatales(45).
El control “difuso” en este modelo resulta del art. 102. 3 de la Constitución Federal(46),
pero a diferencia del modelo americano, las sentencias del Tribunal Supremo por expreso
mandato constitucional, tienen efectos “erga omnes”(47).
Además de este control difuso y concreto, existen en el modelo brasileño acciones
constitucionales concentradas y abstractas, como ser la acción de inconstitucionalidad y la
de inconstitucionalidad por omisión, previstas en el art. 103 de la Constitución del Brasil, la
acción de incumplimiento de precepto fundamental, creada por la Constitución de 1988 y la
acción declaratoria de constitucionalidad creada por la Enmienda Constitucional 03/93;
todas las cuales tienen efectos vinculantes de acuerdo a la Enmienda Constitucional
45/2004(48). A ello debe agregarse la creación del instituto de la sumula”(49); todas
acciones que acentúan el carácter concentrado del control de constitucionalidad en este
modelo(50).
Defensa del orden Constitucional
La Corte de Constitucionalidad es un tribunal permanente de jurisdicción privativa, cuya
función esencial es la defensa del orden constitucional; actúa como tribunal colegiado
con independencia de los demás organismos del Estado y ejerce funciones específicas
que le asigna la Constitución y la ley de la materia.
Defensa del orden constitucional
La CC es el celoso guardián del Estado de Derecho.
La Constitución asigna a la Corte de Constitucionalidad (CC) la función primordial de
defender el orden constitucional, es decir la obligación de guardar, proteger y preservar el
régimen jurídico-político determinado por la misma Constitución, que es la ley suprema de
la nación. Esto supone que todas las leyes, decretos y disposiciones de observancia general
que contravengan la Constitución son nulas de pleno derecho.
En todo caso, la Constitución regula y orienta la vida civil, reconoce principios y valores
humanistas, republicanos y democráticos, protege derechos fundamentales, asegura un
genuino autogobierno, impone límites al ejercicio del poder público, privilegia el mérito en
el sector público, protege la economía de mercado, propugna por la justicia social y el
bienestar general, así como legitima y garantiza el pluralismo y la participación ciudadanas.
La estabilidad del modelo democrático republicano, adoptado en la Constitución, exige un
mecanismo de control de constitucionalidad que asegure la supremacía de la Constitución y
que los órganos y entidades estatales operen dentro de los parámetros constitucionales y
neutralice las desviaciones en su funcionamiento, haciendo volver las cosas a la normalidad
constitucional. Este sistema de control está a cargo de la CC.
O sea que la CC es, por mandato constitucional, el celoso guardián del Estado de Derecho,
sustentado en la plena vigencia y aplicación de la Constitución, así como en el imperio de
la ley, el gobierno de leyes legítimas y justas (generales, abstractas, impersonales,
razonables, coercibles). Inequívocamente, la CC no debe apartarse jamás de este cometido
principalísimo.
La seguridad jurídica, que es la certeza normativa y la previsibilidad de la aplicación de la
Constitución y la ley, excluye la posibilidad del “gobierno de los jueces”, es decir la
dominación política por parte de los juzgadores, que se materializa a través de la adopción
de decisiones o interpretaciones arbitrarias, antojadizas, complacientes, inciertas o que
favorecen intereses creados y no el interés general. Inequívocamente, los fallos y las
sentencias judiciales deben ser estrictamente apegados a los mandatos constitucionales y
legales, en los cuales los juzgadores no deben arrogarse potestades legislativas ni funciones
reservadas a los órganos del Estado de corte esencialmente política.
Cuando los juzgadores caen en la tentación de ejercer el poder político a través del
denominado “gobierno de los jueces”, automáticamente inhiben la acción política legítima
y caen inexorablemente en esquemas de politización de la justicia y de judicialización de la
política, que son las dos caras de una misma medalla. El “gobierno de los jueces” coarta la
autocrítica inherente a la democracia e imposibilita el sistema republicano de gobierno,
basado en la supremacía de la Constitución y el imperio de la ley, poniendo en peligro la
paz social,
Los sesgos ideológicos y políticos en el desempeño de la magistratura de lo constitucional,
así como su subordinación o sujeción a poderes fácticos, traicionan la confianza ciudadana
depositada en ella, no contribuyen a la consecución del bien común y alimentan el germen
de la insatisfacción, del odio, de la intolerancia, de la confrontación, de la ruptura y de la
violencia.
Una exposición sobre la defensa del orden constitucional desde el punto de
vista institucional, primera parte.
Fuera del debate actual de la elección de magistraturas a la Corte de
Constitucionalidad (CC), resulta importante, desde mi criterio, explicar cómo la
Constitución de 1985 ha creado institucionales de defensa del orden
constitucional. Esto, también fuera del debate sobre la interpretación
constitucional, lo cual ha sido explicado por algunos colegas en otros ensayos
publicados en este medio.
En diversas exposiciones he compartido que, para un mejor estudio de los
derechos humanos plasmados en la Constitución, debe advertirse la existencia de
un programa político y jurídico constitucional formulado en tres ámbitos: a) la
inherencia de los derechos humanos (artículo 44), b) la existencia de garantías
constitucionales (artículos 263 a 267) y c) la existencia de varias instituciones de
defensa del orden constitucional de los derechos humanos (artículos 268 a 275).
A estos tres ámbitos les agrego, como complementos de configuración, el
principio de preeminencia del derecho internacional de derechos humanos sobre
el ordenamiento interno (bloque de constitucionalidad) y el reconocimiento de la
dignidad humana como centro o eje principal del reconocimiento de los derechos
de la persona (artículos 1 y 4).
A partir de este programa constitucional delineado, acá me ocupo del ámbito de
la institucionalidad, la cual, de acuerdo con el constitucionalismo
latinoamericano, será pionera y exponencialmente fundadora de tres formas de
equilibrar el poder en defensa del orden constitucional vigente de derechos
humanos. Así, el título VI de la Constitución Política de la República de
Guatemala se titula Garantías constitucionales y defensa del orden
constitucional. Este, en sus capítulos IV y V, crea las instituciones encargadas de
su defensa: la CC, la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la
República y el Procurador de los Derechos Humanos.
La CC, como es hoy conocida, desde la
Constitución de 1985 se constituyó con la
función esencial de la defensa del orden
constitucional.
Hablemos de la primera de ellas, la CC.
La primera vez que aparece un tribunal constitucional en Latinoamérica fue en
1965, en la Constitución guatemalteca de ese año. Aunque el modelo creado en
aquella ocasión era bastante manipulable por quien ejerciera el poder, la fuente
de inspiración fue el modelo austríaco. Asimismo, en el ámbito de la discusión
nacional, de acuerdo con Jorge García Laguardia: «[En] los trabajos del Tercer
Congreso Jurídico del Colegio de Abogados de Guatemala, en el que se presentó,
por un grupo de participantes, un proyecto de preceptos para una constitución de
la república y […] de ley de control de la constitucionalidad […], se preveían una
acción y un incidente para invalidar leyes inconstitucionales».
Debo recordar, como señalé en mi serie de columnas sobre los 100 años del
amparo en Guatemala, que en aquel entonces, 1965, había tribunales con la
competencia específica para conocer amparos, mientras que la exhibición
personal era conocida por cualquier juez.
La CC, como es hoy conocida, desde la Constitución de 1985 se constituyó con
la función esencial de la defensa del orden constitucional. Y quizá no hay mejor
ejemplo de esto que el expediente 225-93 de dicha corte, el cual se emitió el 25
de mayo de 1993, cuando el presidente Serrano Elías anunció el decreto Normas
temporales de gobierno y disolvió la Corte Suprema de Justicia y el Congreso.
De oficio, la CC consideró que aquellos actos representaban un rompimiento del
orden constitucional. Y eso no podía pasar inadvertido para la misma corte, cuya
función es defender el orden constitucional. Fue tal el alcance de dichos actos
que la CC emitió debida ejecución y les requirió a los ministros de Gobernación
y de Defensa el auxilio necesario para publicar la sentencia y hacerla cumplir.
Constitución De La República De Guatemala
CAPITULO IV - Corte de Constitucionalidad
Artículo 268 - Función esencial de la Corte de Constitucionalidad
Artículo 269 - Integración de la Corte de Constitucionalidad
Artículo 270 - Requisitos de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad
Artículo 271 - Presidencia de la Corte de Constitucionalidad
Artículo 272 - Funciones de la Corte de Constitucionalidad
Artículo 268 La Corte de Constitucionalidad es un tribunal permanente de
jurisdicción privativa, cuya función esencial es la defensa del orden constitucional;
actúa como tribunal colegiado con independencia de los demás organismos del
Estado y ejerce funciones específicas que le asigna la Constitución y la ley de la
materia. La independencia económica de la Corte de Constitucionalidad, será
garantizada con un porcentaje de los ingresos que correspondan al Organismo
Judicial.
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Artículo 269 La Corte de Constitucionalidad se integra con cinco magistrados
titulares, cada uno de los cuales tendrá su respectivo suplente. Cuando conozca
de asuntos de inconstitucionalidad en contra de la Corte Suprema de Justicia, el
Congreso de la República, el Presidente o el Vicepresidente de la República, el
número de sus integrantes se elevará a siete, escogiéndose los otros dos
magistrados por sorteo de entre los suplentes. Los magistrados durarán en sus
funciones cinco años y serán designados en la siguiente forma: a) Un magistrado
por el pleno de la Corte Suprema de Justicia; b) Un magistrado por el pleno del
Congreso de la República; c) Un magistrado por el Presidente de la República en
Consejo de Ministros; d) Un magistrado por el Consejo Superior Universitario de la
Universidad de San Carlos de Guatemala; y e) Un magistrado por la Asamblea del
Colegio de Abogados. Simultáneamente con la designación del titular, se hará la
del respectivo suplente, ante el Congreso de la República. La instalación de la
Corte de Constitucionalidad se hará efectiva noventa días después que la del
Congreso de la República.
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Artículo 270 Para ser magistrado de la Corte de Constitucionalidad, se requiere
llenar los siguientes requisitos: a) Ser guatemalteco de origen; b) Ser abogado
colegiado; c) Ser de reconocida honorabilidad; y d) Tener por lo menos quince
años de graduación profesional. Los magistrados de la Corte de Constitucionalidad
gozarán de las mismas prerrogativas e inmunidades que los magistrados de la
Corte Suprema de Justicia.
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Artículo 271 La Presidencia de la Corte de Constitucionalidad será desempeñada
por los mismos magistrados titulares que la integran, en forma rotativa, en período
de un año, comenzando por el de mayor edad y siguiendo en orden descendente
de edades.
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Artículo 272 La Corte de Constitucionalidad tiene las siguientes
funciones: a) Conocer en única instancia de las impugnaciones interpuestas contra
leyes o disposiciones de carácter general, objetadas parcial o totalmente de
inconstitucionalidad; b) Conocer en única instancia en calidad de Tribunal
Extraordinario de Amparo en las acciones de amparo interpuestas en contra del
Congreso de la República, la Corte Suprema de Justicia, el Presidente y el
Vicepresidente de la República; c) Conocer en apelación de todos los amparos
interpuestos ante cualquiera de los tribunales de justicia. Si la apelación fuere en
contra de una resolución de amparo de la Corte Suprema de Justicia, la Corte de
Constitucionalidad se ampliará con dos vocales en la forma prevista en el artículo
268; d) Conocer en apelación de todas las impugnaciones en contra de las leyes
objetadas de inconstitucionalidad en casos concretos, en cualquier juicio, en
casación, o en los casos contemplados por la ley de la materia; e) Emitir opinión
sobre la constitucionalidad de los tratados, convenios y proyecto de ley, a solicitud
de cualquiera de los organismos del Estado; f) Conocer y resolver lo relativo a
cualquier conflicto de jurisdicción en materia de constitucionalidad; g) Compilar la
doctrina y principios constitucionales que se vayan sentando con motivo de las
resoluciones de amparo y de inconstitucionalidad de las leyes, manteniendo al día
el boletín o gaceta jurisprudencial; h) Emitir opinión sobre la inconstitucionalidad
de las leyes vetadas por el Ejecutivo alegando inconstitucionalidad; e i) Actuar,
opinar, dictaminar o conocer de aquellos asuntos de su competencia establecidos
en la Constitución de la República.
Artículo 268 Función esencial de la Corte de Constitucionalidad
La Corte de Constitucionalidad es un tribunal permanente de jurisdicción privativa, cuya función esencial es
la defensa del orden constitucional; actúa como tribunal colegiado con independencia de los demás
organismos del Estado y ejerce funciones específicas que le asigna la Constitución y la ley de la materia. La
independencia económica de la Corte de Constitucionalidad, será garantizada con un porcentaje de los
ingresos que correspondan al Organismo Judicial”.
Artículo 269 Integración de la Corte de Constitucionalidad
La Corte de Constitucionalidad se integra con cinco magistrados titulares, cada uno de los cuales tendrá su
respectivo suplente. Cuando conozca de asuntos de inconstitucionalidad en contra de la Corte Suprema de
Justicia, el Congreso de la República, el Presidente o el Vicepresidente de la República, el número de sus
integrantes se elevará a siete, escogiéndose los otros dos magistrados por sorteo de entre los suplentes. Los
magistrados durarán en sus funciones cinco años y serán designados en la siguiente forma:
Un magistrado por el pleno de la Corte Suprema de Justicia;
Un magistrado por el pleno del Congreso de la República;
Un magistrado por el Presidente de la República en Consejo de Ministros;
Un magistrado por el Consejo Superior Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala; y
Un magistrado por la Asamblea del Colegio de Abogados.
Simultáneamente con la designación del titular, se hará la del respectivo suplente, ante el Congreso de la
República”.
Artículo 271 Presidencia de la Corte de Constitucionalidad
La Presidencia de la Corte de Constitucionalidad será desempeñada por los mismos magistrados titulares
que la integran, en forma rotativa, en período de un año, comenzando por el de mayor edad y siguiendo en
orden descendente de edades”.
Artículo 272.- Funciones de la Corte de Constitucionalidad
La Corte de Constitucionalidad tiene las siguientes funciones:
Conocer en única instancia de las impugnaciones interpuestas contra leyes o disposiciones de carácter
general, objetadas parcial o totalmente de inconstitucionalidad;
Conocer en única instancia en calidad de Tribunal Extraordinario de Amparo en las acciones de amparo
interpuestas en contra del Congreso de la República, la Corte Suprema de Justicia, el Presidente y el
Vicepresidente de la República:
Conocer en apelación de todos los amparos interpuestos ante cualquiera de los tribunales de justicia. Si la
apelación fuere en contra de una resolución de amparo de la Corte Suprema de Justicia, la Corte de
Constitucionalidad se ampliará con dos vocales en la forma prevista en el artículo 268; Conocer en
apelación de todas las impugnaciones en contra de las leyes objetadas de inconstitucionalidad en casos
concretos, en cualquier juicio, en casación, o en los casos contemplados por la ley de la materia;
Emitir opinión sobre la constitucionalidad de los tratados, convenios y proyectos de ley, a solicitud de
cualquiera de los organismos del Estado;
Conocer y resolver lo relativo a cualquier conflicto de jurisdicción en materia de constitucionalidad;
Compilar la doctrina y principios constitucionales que se vayan sentando con motivo de las resoluciones de
amparo y de inconstitucionalidad de las leyes, manteniendo al día el boletín o gaceta jurisprudencial;
Emitir opinión sobre la inconstitucionalidad de las leyes vetadas por el Ejecutivo alegando
inconstitucionalidad; Actuar, opinar, dictaminar o conocer de aquellos asuntos de su competencia
establecidos en la Constitución de la República”.
Artículo 159 Designación del Presidente
“En la primera sesión que la Corte de Constitucionalidad celebre después de haber sido instalada,
procederá a designar al Presidente y a establecer el orden de los Magistrados vocales conforme a su
derecho de asunción a la presidencia”.
Artículo 164 Otras funciones de la Corte de Constitucionalidad
Corresponde también a la Corte de Constitucionalidad:
-Dictaminar sobre la reforma a las leyes constitucionales previamente a su aprobación por parte del
Congreso.
-Emitir opinión sobre la constitucionalidad de los proyectos de ley a solicitud del Congreso de la República.
-Conocer de las cuestiones de competencia entre los organismos y entidades autónomas del Estado”.
Artículo 165 Facultad reglamentaria
“La Corte de Constitucionalidad dictará los reglamentos sobre su propia organización y funcionamiento”.
Artículo 186 Presupuesto de la Corte de Constitucionalidad
Es atribución de la Corte de Constitucionalidad formular su propio presupuesto; y con base en la disposición
contenida en el artículo 268 de la Constitución de la República, se le asignará una cantidad no menor del
cinco por ciento del mínimo del dos por ciento del presupuesto de ingresos del Estado que correspondan al
Organismo Judicial, cantidad que deberá entregarse a la Tesorería de la Corte de Constitucionalidad cada
mes en forma proporcional y anticipada por el órgano que corresponda.
Son fondos privativos de la Corte de Constitucionalidad los derivados de la administración de justicia
constitucional y a ella corresponde su administración e inversión. Las multas que se impongan con motivo
de la aplicación de esta ley ingresarán a los fondos privativos de la Corte de Constitucionalidad”.
Artículo 187 Funcionarios de la Corte de Constitucionalidad.
“Son funcionarios al servicio de la Corte de Constitucionalidad, el Secretario General, los abogados jefes de
sección, los oficiales y los auxiliares necesarios para su buen funcionamiento”.
Artículo 188 Régimen de servicio civil y clases pasivas
“La Corte de Constitucionalidad establecerá el régimen de servicio civil y de clases pasivas del Tribunal,
pudiendo incorporarlo al régimen existente en el Estado sobre clases pasivas. La selección del personal, su
nombramiento y remoción corresponden a la Presidencia de la Corte”.
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