Sentencia T-214/97
TRASLADO DE INTERNO-Discrecionalidad sujeta a preceptos
fundamentales
La discrecionalidad legal en la toma de decisiones impide en principio que
el Juez de tutela tome partido en favor de una opción, como sería la de
traslado del preso. Pero, eso no quiere decir que no tenga competencia el
Juez constitucional para ordenar que sean tenidos en cuenta determinados
derechos fundamentales que al ser omitidos en el estudio de la petición de
traslado obliga a protección por medio de acción de tutela.
MEDICINA ALTERNATIVA PARA RECLUSO INDIGENA-
Ponderación de circunstancias/AUTONOMIA-Escogencia de
tratamiento médico/TRASLADO DE RECLUSO INDIGENA-
Ponderación de circunstancias en enfermo terminal
Aunque no es obligación del Estado darle medicina alternativa a un
recluso, salvo que ya exista infraestructura para prestar este servicio
asistencial especial, de todas maneras se protegen las actividades de los
"curanderos" indígenas, de lo cual se deduce que no se rechaza la
medicina alternativa que ellos proponen, luego hay que ponderar en cada
caso particular la autonomía y la protección a la diversidad étnica y
cultural, especialmente si el recluso no pide que se le dé medicina
vernácula, sino que se le facilite recibir esa medicina que el Estado no le
va a dar, porque ya no se trata de dar una determinada medicina sino de
colaborar para el ejercicio concreto del derecho a la autonomía y al
derecho a la protección como minoría racial y cultural. Pero, la omisión
en la aceptación de ser de una de minoría y de acogimiento a la medicina
vernácula, no implica una violación al derecho a la vida porque se le ha
ofrecido por parte del Estado la medicina científica lo cual significa
también que la afectación al derecho a la salud no proviene del Estado. Sin
embargo, como se trata de una persona que supera la edad de la vida
probable, que culturalmente ha pertenecido a una etnia y que tiene una
enfermedad terminal, el traslado hacia el sitio donde están los suyos es
una razonable petición que ha debido ser estudiada por el Inpec; y como
hubo desprecio por esos planteamientos, se deduce que se afectó la
dignidad del recluso. No significa lo anterior que necesariamente deba
trasladarse a los ancianos enfermos al establecimiento carcelario donde
ellos digan, sino que la autoridad está obligada de manera preferencial, a
ponderar si las circunstancias son ciertas y hacen aconsejable el traslado.
La crítica surge cuando planteadas por el recluso, el Inpec ni siquiera las
estudia; en esta circunstancia (estando de por medio los últimos días de
vida de un ser humano) la violación no solamente es del derecho de
petición sino del derecho a la dignidad, a la autonomía y a la diversidad
étnica y cultural.
Referencia: Expediente T-122494
Procedencia: Juzgado 27 Penal del
Circuito
Accionante: Samuel Parra Morera
Tema:
Traslado de presos
Autonomía para escoger tratamiento
médico
Derecho de petición
Protección a la diversidad étnica y
cultural
Dignidad
Magistrado Ponente:
Dr. ALEJANDRO MARTINEZ
CABALLERO
Santa Fe de Bogotá, D.C., veintinueve (29) de abril de mil novecientos
noventa y siete (1997).
La Sala Séptima de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por los
Magistrados doctores Fabio Morón Díaz, Vladimiro Naranjo Mesa y
Alejandro Martínez Caballero, quien la preside, en ejercicio de sus
competencias constitucionales y legales
EN NOMBRE DEL PUEBLO
POR MANDATO DE LA CONSTITUCION
Ha pronunciado la siguiente
SENTENCIA
Dentro de la acción de tutela instaurada por SAMUEL PARRA MORERA
contra el Director del INPEC. Radicada bajo el Nº 122494.
ANTECEDENTES
1.- Solicitud
Es muy escueta en cuanto a los hechos y los derechos fundamentales
invocados. Textualmente dice :
“Por medio del presente escrito instauro acción de TUTELA (artículo
86 de la Constitución Nacional), contra el señor Director del Instituto
Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), Coronel RAFAEL
PARDO CORTES, al no garantizarme los derechos Constitucionales,
consagrados en los artículos 46 -Protección a la Tercera Edad-, 47 -
Protección a disminuídos Físicos, sensoriales y psíquicas- y 48 -
Derecho a la Salud básica- de la Carta Magna.
Sustento mi acción de TUTELA, en el hecho de que por tres veces
he solicitado al señor Director del INPEC, traslado a la cárcel de la
ciudad de Leticia (Amazonas), habida cuenta de mi condición de
indígena de la Comunidad de Yaguas, ubicada entre los Ríos
Amazonas y la Quebrada Tucuchira, además de ser miembro de dicho
resguardo; y por demás soy un anciano de 72 años de edad, quien
padece un cáncer en la próstata y pérdida de la visibilidad por una
catarata en el ojo derecho, enfermedades que pueden atestiguar el
cuerpo médico de la cárcel Nacional Modelo de esta ciudad; más aún
cuando fui trasladado de la cárcel de Leticia (Amazonas) hasta la
ciudad de Bogotá, so pretexto de una intervención quirúrgica, que no
se ha llevado a cabo; alejándome de mi étnico y familia que se
encuentra en el Departamento del Amazonas.
Por mi condición de hombre pobre y anciano, estoy pasando una
calamitosa situación, y más aún cuando aquí en la ciudad de Bogotá
no hay un sólo familiar que pueda protegerme, en razón a que todos
viven en la Comunidad de Yaguas, Amazonas.”
2.- Peticiones que hizo al INPEC
En tres oportunidades, el 28 de agosto, el 20 de septiembre y la última de
las cuales es del 15 de octubre de 1996, SAMUEL PARRA MORERA le
pidió al INPEC el traslado de la cárcel nacional Modelo a la cárcel de
Leticia. Precisamente en su petición del 15 de octubre señaló algo que
dentro del expediente de tutela no aparece contradicho :
“Estoy presto a completar 72 años de edad. Debido a estado de
avanzada edad, he venido perdiendo paulatinamente la visión del ojo
derecho por una catarata total, de igual manera padezco de un cáncer
de próstata. Motivos que a juicio del médico de la cárcel Municipal de
la ciudad de Leticia y con el aval del señor director del
establecimiento, optaron por enviarme en remisión al pabellón de
Sanidad de la cárcel Nacional Modelo de esta ciudad capital con el
propósito de someterme a un tratamiento médico tendiente a mejorar
mi estado deteriorado de salud, propósito que a la fecha no se ha
cumplido por factores ajenos y ausentes al entendimiento.
Desde hace ya más de 60 años, después de mi arribo a la ciudad de
Leticia (Amazonas) fuí aceptado por la comunidad indígena de los
Yaguas, resguardo del cual hago parte. Este resguardo esta
comprendido entre los ríos Amazonas y la quebrada Tucuchira.
Inmediatamente después de mi admisión en el resguardo contraje
matrimonio, siguiendo los cánones vernáculos del resguardo, y de allí
vienen mis lazos familiares, sociales y culturales.
Acertadamente la asamblea constituyente del año 91 al fijar la
normatividad del compendio constitucional estatuyó en el art. 7 de la
carta, el reconocimiento explícito que se le hace a la existencia de la
diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana, y el
compromiso, ineludible, del estado en su función tutela y protectora.
Lo cual traduce una evidente observación y respeto por las formas de
asociación, expresión y conceptualización que del mundo posean cada
comunidad, resguardo y etnias existentes en el Territorio Nacional.
Por tanto uno de los grandes baluartes de nuestro acervo cultural
abarca el campo de la ciencia médica natural basada estrictamente
en el conocimiento que tienen los “abuelos médicos” de la etnia
Ticuana o Yaguas, epíteto utilizado para designar a la persona que
durante largo tiempo se ha dedicado al cultivo e investigación de las
plantas que son utilizadas en los diversos tratamientos curativos.
El tratamiento que ellos me están haciendo, para tratar el cáncer de
la próstata, consiste en una combinación de las siguientes plantas:
Guarapurana con uña de gato y murare, tratamiento que me ha
calmado y frenado el avance del cáncer prenombrado.
Tratamiento que se hace imposible de realizar acá en está ciudad
capital dada la lejanía con el territorio del asentamiento indígena y la
imposibilidad económica por cubrir las erogaciones provenientes del
encomendaje. Este proceder médico puede parecer frente al
entendimiento de la ciencia médica convencional de occidente como
el más grande de los absurdos, sin embargo para nosotros y para
nuestra cultura es el resultado infalible de la tradición médica
indígena, la cual me veo en la franca obligación de acatar por
principio y por convicción.
El asunto de la catarata de mi ojo derecho; cada 45 días el hospital
San Rafael de Leticia, contrata especialistas para atender las
diferentes enfermedades y es para mi más fácil que me operen la
catarata allá, pues cuento con el apoyo médico y el de la dirección de
la cárcel para que se me efectúe lo más pronto posible. Y antes de tres
meses me la practicarán.
A mi edad estoy lavando ropa de mis compañeros de cautiverio a fin
de suplir mis necesidades básicas de existencia, ya que no tengo
ningún familiar, ni un amigo que me pueda ayudar, máxime cuando
me encuentro fuera de mis costumbres, de mi ámbito, de mi hábitat,
de mi cultura y de mi gente. Por tanto al tener una complicación
médica futura es preferible morir en mi tierra que fuera de ella.”
3.- Informes del INPEC
Al Juez de tutela se le comunicó que “En Junta de traslado celebrada el
30 de septiembre de 1996, fue estudiada la petición y negada por reciente
traslado al establecimiento de reclusión actual aunado al hecho de que se
encuentra recibiendo tratamiento médico”. En el acta de dicha junta, sólo
aparece lo anteriormente transcrito. No existe Resolución alguna que
rechace el traslado a Leticia.
Es decir, que en cierta forma se respondió a las peticiones del 28 de agosto
y 20 de septiembre. Pero, no ha habido respuesta para la del 15 de octubre,
ni pronunciamiento alguno sobre las circunstancias de edad, ubicación
étnica y auxilio para que el recluso Samuel Parra acceda a la medicina
natural propia de los indígenas Yaguas.
Por otra parte, el asesor jurídico de la cárcel nacional Modelo indica que
“El médico señala que el paciente no desea continuar con su tratamiento, y
sólo pide ser enviado a su lugar de origen los últimos días de su
existencia”.
En efecto, el médico jefe de la cárcel informa:
“El interno SAMUEL PARRA debe ser llevado al hospital San Juán de
Dios, departamento de urología, paciente de 71 años de edad, enviado a
ese departamento para estudio y tratamiento por cuadro de prostatismo,
tiene diagnóstico de cáncer de próstata tipo adenocarcinoma infiltrante T-
3. Inicialmente el paciente rechazó continuar tratamiento médico ordenado
en ese centro”.
4.- Sentencia de tutela
El 18 de diciembre de 1996, el Juzgado 27 Penal del Circuito de Santafé de
Bogotá tuteló el derecho de petición, ordenando que se le respondiera al
recluso lo pedido por él, el 15 de octubre de 1996. Nada se dijo sobre los
otros derechos fundamentales invocados. Según la sentencia :
“En las condiciones puntualizadas, obsérvese que han transcurrido
dos meses aproximadamente desde la fecha octubre 15 de 1996 - en
que es solicitado nuevamente traslado a la cárcel del municipio de
Leticia por parte de SAMUEL PARRA MORERA, donde aduce puede
ser tratado conforme a los conceptos médicos de la comunidad de la
que dice hace parte de la que no ha recibido respuesta por parte del
Instituto Nacional y Penitenciario INPEC, debiéndose anotar
entonces respecto de la situación y conforme al análisis crítico y
somero expuesto en este pronunciamiento, que se ha vulnerado el
derecho constitucional fundamental de petición y, por tanto
corresponde tutelarlo, como en efecto se protegerá otorgando un
término prudencial de cuatro días, para que el Instituto Nacional
Penitenciario y Carcelario INPEC, proceda a dar respuesta a la
petición de traslado del interno SAMUEL PARRA MORERA a la
cárcel municipal de Leticia - Amazonas.”
FUNDAMENTOS JURIDICOS
A.- COMPETENCIA
Es competente ésta Sala de Revisión de la Corte Constitucional para
proferir sentencia de revisión dentro de la acción de tutela de la referencia,
con fundamento en los artículos 86, inciso Segundo y 241 numeral noveno
de la Constitución con los artículos 33, 35, y 42 del Decreto No. 2591 de
1991.
B.- TEMAS JURIDICOS FRENTE AL CASO CONCRETO
La solicitud de tutela no iba concretamente encaminada a pedir la
protección al derecho de petición. Sin embargo, el Juez oficiosamente
consideró que ese derecho fundamental se había vulnerado. Pero,
adicionalmente ha debido también estudiar el derecho a la salud, la
protección a los disminuidos físicos y a los de la tercera edad, porque esto
es lo que se plantea en la tutela. Por consiguiente, esta Sala de Revisión
estudiará todos estos aspectos, frente al caso concreto.
1.- Tema general: Traslado de reclusos (discrecionalidad)
La sentencia C-394/951, en uno de sus apartes se refiere a la facultad de
trasladar a los internos y exige que sea “un ejercicio razonable de la
misión administrativa del Director del INPEC. Como es lógico, el INPEC
debe garantizar la seguridad y el orden en los establecimientos, y además
prever con prudencia, que puede presentarse el desorden por la presencia
de un detenido o condenado en un sitio determinado. Empero, la Corte
aclara que los eventos de que tratan estos tres artículos (72,73 y 77 de la
Ley 65 de 1993) deberán ajustarse a los límites establecidos por el artículo
36 del Código Contencioso Administrativo, para el ejercicio de
atribuciones discrecionales”.
El citado artículo 36 ordena :
1
M. P. VLADIMIRO NARANJO MESA
“En la medida en que el contenido de una decisión, de carácter general o
particular, sea discrecional, debe ser adecuada a los fines de la norma que
la autoriza, y proporcional a los hechos que le sirven de causa”.
2. Elementos de juicio para tener en cuenta en la
DISCRECIONALIDA
La discrecionalidad legal en la toma de decisiones impide en principio que
el Juez de tutela tome partido en favor de una opción, como sería la de
traslado del preso.
Pero, eso no quiere decir que no tenga competencia el Juez constitucional
para ordenar que sean tenidos en cuenta determinados derechos
fundamentales que al ser omitidos en el estudio de la petición de traslado
obliga a protección por medio de acción de tutela.
En reciente caso, SU-707/96, Magistrado Ponente: Hernando Herrera
Vergara, la Corte ordenó que un juez valorara una prueba presentada por un
procesado y para tomar tal determinación que incidía en la libertad, analizó
cómo tiene que ver con una decisión de tal categoría el derecho a la vida, a
la salud y a la dignidad. La Corte indicó la esencia de esos derechos
fundamentales remitiéndose a jurisprudencia anterior:
2.1. Derecho a la vida
“El primero de los Derechos Fundamentales es el derecho a la vida. Es
un derecho inherente al individuo, lo que se pone de presente en el
hecho de que sólo hay que existir para ser titular del mismo. De otra
parte, se tiene que no se puede ser titular de derechos sin la vida
presente, pasada o futura.
Así, resulta la vida un presupuesto para el ejercicio de los demás
derechos. La obligación del intérprete en la acción de tutela de definir la
expresión del derecho a la vida en cuanto fundamental y en tanto
asistencial, -por cuanto aquélla es la expresión primigenia de la vida y
así considerada tiene el carácter de fundamental, mientras que los
distintos modos de vida de la civilización de occidente, a que
pertenecemos, involucrados en nociones sociológicas como las del
"confort" y "modo de vida", sólo circunstancialmente en tanto la ley y el
Estado los tengan dispuestos serán objeto de amparo, mediante la
acción de tutela” (Sentencia No. T-452 de 1994).
2.2. Derecho a la salud
En la sentencia T-484 de 1992, se expresó:
“El derecho a la salud conforma, en su naturaleza jurídica, un conjunto
de elementos que pueden agruparse en dos grandes bloques: el primero,
que lo identifica como un predicado inmediato del derecho a la vida, de
manera que atentar contra la salud de las personas equivale a atentar
contra su propia vida. Por estos aspectos, el derecho a la salud resulta
un derecho fundamental. La frontera entre el derecho a la salud como
fundamental y como asistencial es imprecisa y sobre todo cambiante,
según las circunstancias de cada caso, pero en principio, puede
afirmarse que el derecho a la salud es fundamental cuando está
relacionado con la protección a la vida. Los derechos fundamentales,
solo conservan esta naturaleza, en su manifestación primaria, y pueden
ser objeto allí del control de tutela”.2
2.3. Derecho a la dignidad
La Corte Constitucional ha tenido oportunidad de referirse al principio
constitucional de la dignidad humana en forma INTEGRAL, lo cual
incluye, como es obvio el respeto a la dignidad hasta el instante de la
muerte. Dijo la Corte:
“El respeto de la dignidad humana debe inspirar todas las
actuaciones del Estado. Los funcionarios públicos están en la
obligación de tratar a toda persona, sin distinción alguna, de
conformidad con su valor intrínseco (CP arts. 1, 5 y 13). La
integridad del ser humano constituye razón de ser, principio y fin
último de la organización estatal.
El principio fundamental de la dignidad humana no sólo es una
declaración ética sino una norma jurídica de carácter vinculante para
todas las autoridades (CP art. 1). Su consagración como valor
fundante y constitutivo del orden jurídico obedeció a la necesidad
histórica de reaccionar contra la violencia, la arbitrariedad y la
injusticia, en búsqueda de un nuevo consenso que comprometiera a
todos los sectores sociales en la defensa y respeto de los derechos
fundamentales.
El hombre es un fin en sí mismo. Su dignidad depende de la
posibilidad de autodeterminarse (CP art. 16). Las autoridades están
precisamente instituidas para proteger a toda persona en su vida,
entendida en un sentido amplio como "vida plena". La integridad
física, psíquica y espiritual, la salud, el mínimo de condiciones
materiales necesarias para la existencia digna, son elementos
constitutivos de una vida íntegra y presupuesto necesario para la
autorrealización individual y social. Una administración
burocratizada, insensible a las necesidades de los ciudadanos, o de
sus mismos empleados, no se compadece con los fines esenciales del
Estado, sino que al contrario, cosifica al individuo y traiciona los
2
Posteriormente, se desarrolló lo de los derechos asistenciales en la SU 111/97, Magistrado Ponente:
Eduardo Cifuentes Muñoz.
valores fundantes del Estado social de derecho (CP art. 1) (Sentencia
No. T-499 de agosto 21 de 1992).
Igualmente, en sentencia No. C-575 de octubre 29 de 1992, se señaló:
“Ahora la Carta no sólo propende por la persona sino que a su
materialidad ontológica le agrega una cualidad indisoluble: la
dignidad.
Se trata pues de defender la vida pero también una cierta calidad de
vida. En el término "dignidad", predicado de lo "humano", esté
encerrada una calidad de vida, que es un criterio cualitativo. Luego
para la Carta no basta que la persona exista; es necesario aún que
exista en un marco de condiciones materiales y espirituales que
permita vivir con dignidad.”
Sentada la anterior premisa : NECESIDAD DE NO VIOLAR LOS
DERECHOS FUNDAMENTALES AUN EN LAS ACTUACIONES
DISCRECIONALES, se examinará si la exigencia de una medicina
alternativa por parte de un anciano perteneciente a una comunidad indígena
puede ser o no factor obligatorio para el traslado de establecimiento
carcelario, en cuanto podría afectar derechos fundamentales. Para
responder la anterior inquietud es indispensable afrontar otro tema:
3. Autonomía del enfermo mayor de edad
Se parte de la base de que no se puede obligar a una persona a recibir un
tratamiento médico, respetándose así el derecho a la AUTONOMIA. En
sentencia T-401/94 se dijo:
1. Los manuales de ética médica y los textos de bioética coinciden en
resaltar la importancia de la comunicación entre el médico y su
paciente (ley 23 de 1981 art. 1-4). La curación es un fenómeno global
y complejo que incluye aspectos físicos y síquicos. La
profesionalización de la medicina ha conducido a una subestimación
del elemento discursivo y simbólico de la relación clínica. La
comunicación entre médico y paciente no sólo es importante desde el
punto de vista del respeto de la dignidad humana, sino también desde
la perspectiva terapéutica. El paciente necesita, además de querer la
curación, creer en ella y en la capacidad de la medicina y de su
agente para lograrla.
En la sociedad secularizada actual, los médicos cumplen una labor
que antes correspondía en buena parte a los sacerdotes: la función de
escuchar, comprender, aconsejar y aliviar. Por eso su tarea es
integral. No se reduce al conocimiento instrumental, de tipo clínico,
sino que debe tener en cuenta el ser humano, con sus vicisitudes, en
su contexto social y familiar.
2. El bienestar físico del paciente ha constituido el objetivo esencial
de la práctica médica tradicional. De acuerdo con este propósito, no
siendo el enfermo depositario del saber necesario para curar la
enfermedad, sus opiniones resultan indiferentes al momento de tomar
las decisiones relativas a los medios curativos. Esta visión
paternalista ha sido puesta en tela de juicio en la última mitad del
presente siglo, como consecuencia de la trascendencia adquirida por
los valores de la autonomía personal, la autodeterminación y la
dignidad.
A partir de estos cambios axiológicos se ha planteado la posibilidad
de modificar los términos tradicionales de la relación clínica, de tal
manera que el médico condicione su asistencia al consentimiento del
paciente. De acuerdo con estos nuevos supuestos, nada impide que el
enfermo tome decisiones que no conduzcan a su bienestar físico.
Mientras la ética tradicional se orienta hacia los resultados, la
concepción autónoma considera que estos sólo tienen una
importancia relativa.
Se pregunta a continuación si el Estado tiene el deber de colaborar en la
prestación de la medicina alternativa que el recluso escoja.
4. Alcance de los deberes del Estado frente a la autonomía
La Corte, en sentencia C-377/94 (M.P. Jorge Arango Mejía) dijo :
“Todo lo dicho no implica que en algunos grupos especiales, tales
como las tribus indígenas, no puedan existir brujos, chamanes o
curanderos que se dediquen a su oficio según sus prácticas
ancestrales. Su actividad está protegida por el artículo 7o. de la
Constitución, que asigna al Estado la obligación de reconocer y
proteger la diversidad étnica y cultural.
Es claro que la norma demandada no se refiere a este tipo de
prácticas, sino a la medicina y la cirugía, tal como la misma ley las
define en su artículo 1o., según el cual:
" Para todos los efectos legales, se entiende por ejercicio de la
medicina y la cirugía la aplicación de medios y conocimientos para el
examen, diagnóstico, prevención, tratamiento y curación de las
enfermedades, así como para la rehabilitación de las deficiencias o
defectos ya sean físicos, mentales o de otro orden que afecten a las
personas o que se relacionen con su desarrollo y bienestar".
De otro lado, lo resuelto en esta sentencia no impide que el Congreso
de la República legisle sobre otras formas de medicina, que hoy
genéricamente se conocen como medicina alternativa.”
Significa lo anterior que aunque no es obligación del Estado darle medicina
alternativa a un recluso, salvo que ya exista infraestructura para prestar este
servicio asistencial especial, de todas maneras se protegen las actividades
de los “curanderos” indígenas, de lo cual se deduce que no se rechaza la
medicina alternativa que ellos proponen, luego hay que ponderar en cada
caso particular la autonomía y la protección a la diversidad étnica y cultural
(artículo 7º C.P.), especialmente si el recluso no pide que se le dé medicina
vernácula, sino que se le facilite recibir esa medicina que el Estado no le va
a dar, porque ya no se trata de dar una determinada medicina sino de
colaborar para el ejercicio concreto del derecho a la AUTONOMIA y al
derecho a la protección como minoría RACIAL y CULTURAL, lo cual
subyace en la presente tutela. Esto obliga a profundizar sobre aspectos que
ya fueron analizados en jurisprudencia anterior:
“1. En términos generales, toda persona tiene derecho a tomar
decisiones que determinen el curso de su vida. Esta posibilidad es una
manifestación del principio general de libertad, consagrado en la
Carta de derechos como uno de los postulados esenciales del
ordenamiento político constitucional (C.P. arts. 13, 16 y 28). Del
principio general de libertad emana el derecho específico de la
autonomía del paciente que le permite tomar decisiones relativas a su
salud.
Sin embargo, esta afirmación general no resuelve todos las
dificultades que se presentan en los casos concretos. ¿ cuándo se
pierde este derecho?; ¿hasta qué punto las personas incapacitadas
mentalmente tienen la facultad de tomar decisiones sobre su vida?;
¿qué sucede en aquellos casos en los cuales las personas adoptan
alternativas que objetivamente perjudican su salud o integridad
física?.
2. La posición autonomista aboga por el respeto de las decisiones
personales incluso cuando se toman de manera imprudente o en
perjuicio de la salud. Esta perspectiva considera peligrosa la
posibilidad de reservar un derecho de intervención en aquellos
eventos en los cuales el médico piensa que el paciente ha tomado la
opción equivocada. El principio de autonomía permanece incólume
aún cuando la persona elige de manera consciente un camino que no
conduce al beneficio de su mejor interés. Esto es lo que en filosofía se
conoce como "voluntad débil". El derecho de los fumadores, por
ejemplo, se funda en este tipo de justificación. No obstante la certeza
del mal que produce el consumo de cigarrillo, se supone que el valor
de la autonomía está por encima del perjuicio que pueda derivarse de
la opción escogida.
Según esta tesis, no es necesario, por lo menos en principio, que la
persona tenga conciencia exacta de cuáles son sus mejores intereses y
que tenga claridad sobre los riesgos que acarrea la decisión que
toma.
"Reconocer el derecho individual de autonomía - dice R. Dworkin -
hace posible la auto-creación. Permite que cada uno de nosotros
seamos responsables de formar nuestras vidas de acuerdo con
nuestra personalidad, coherente o incoherente, pero distintiva. Nos
permite guiar nuestras vidas en vez de ser guiados para que cada uno
de nosotros podamos ser lo que deseamos ser. Permitimos que una
persona escoja la muerte en lugar de una amputación, o una
transfusión, sí ese es su deseo informado, porque reconocemos su
derecho a una vida estructurada de acuerdo con sus propios valores."
3. Esta visión autonomista no asume la idea según la cual las
personas competentes para decidir siempre optarán por valores
consistentes con sus intereses o creencias. Reconoce, en cambio, el
hecho de que, con frecuencia, las personas toman decisiones que
reflejan su debilidad, indecisión, capricho, o simple irracionalidad.
De esta manera, se independiza el valor de la autonomía de las
consecuencias que produce su ejercicio en una situación específica.
4. La perspectiva paternalista tradicional objetiviza al paciente y
subordina su libertad al aparato eficientista hospitalario. El
desarrollo de la tecnología y la capacidad de prolongar la vida por
medio de la implantación de máquinas que sustituyen funciones
vitales, pone en evidencia los peligros de este tipo de concepción. El
célebre caso de la niña Ann Karen Quinlan, presentado en los
Estados Unidos, cuya vida biológica fue prolongada artificialmente
durante años, no obstante su muerte cerebral, es un buen ejemplo
para mostrar la incapacidad e inutilidad de una perspectiva
exclusivamente asistencialista.
5. De otra parte, una visión únicamente autonomista también presenta
inconvenientes. Ella puede reducir la relación médico-paciente a un
contrato, más que a una relación fiduciaria o de mutua colaboración.
También puede conducir a un exceso de individualismo y a una
exaltación de la privacidad, en detrimento de la obligación del médico
de curar al paciente. Todas estas cuestiones plantean limitaciones
serias a la posición autonomista.
Los voceros de la orientación paternalista argumentan que, en
ocasiones, cuando el paciente es incapaz de apreciar cuál es la mejor
alternativa que se ofrece para la protección de su salud, el
tratamiento se justifica no obstante la reticencia del enfermo. La
decisión del médico de imponer el tratamiento se considera, en este
caso, una decisión en beneficio del mejor interés del paciente, no
obstante sus objeciones. Sin embargo, aún la visión asistencialista
más radical reconoce el principio según el cual toda persona es
depositaria del derecho a que se le proteja su autonomía. Según este
punto de vista, sólo en ciertas circunstancias extremas puede
comprometerse la integridad del enfermo pasando por alto su propio
consentimiento.
6. El concepto de autonomía está íntimamente ligado al
consentimiento del paciente. Para poner en evidencia esta relación
basta con plantear algunas preguntas relativas a la competencia o
incompetencia del paciente para manifestar su voluntad. ¿Qué sucede
cuando el enfermo no se encuentra en condiciones de expresar su
deseo ?. Aparece aquí toda la discusión contemporánea sobre la
eutanasia pasiva. Más aún, ¿qué debe hacer el médico en aquellos
casos en los cuales la opinión del paciente se encuentra viciada por
prejuicios, dogmatismos o ignorancia ?. ¿Cómo obrar con los niños?.
¿Qué actitud debe tomar el médico frente a situaciones que afectan la
salud pública?.3”
Y se agregará otro interrogante: Qué pasa si el paciente está preso, lo cual
significa indudablemente restriccional ejercicio efectivo de la autonomía?
Aquí entra en juego el orden jurídico como limitación constitucional
(artículo 16) al LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD.
El problema es que dentro del orden jurídico cabe tanto la autonomía y la
protección a las minorías como la privación de la libertad con la
reglamentación carcelaria. Por consiguiente, corresponderá ponderar si
pueden cohabitar o no los derechos a la autonomía individual y a la
diversidad étnica y cultural con el deber del Estado a castigar al
delincuente.
Esta valoración cuando como en el presente caso se trata de traslado de
preso, implica que el Juez de tutela debe apreciar si se respetaron o no los
derechos fundamentales, y, en el evento de que se hubieren violado o se
amenace violarlos, se impone la protección.
Si quien pide traslado para tener acceso a la medicina alternativa es un
enfermo de cáncer, con 71 años de edad, que dice pertenecer a una minoría
étnica y cultural, es decir, si está planteando condiciones de debilidad
manifiesta que merecen la especial protección del Estado, entonces esta
situación especial debe ser analizada con especial cuidado, estudiando los
diversos derechos fundamentales que podrían estar siendo violados.
5.- Frente al derecho de petición, en el caso concreto
No pueden las autoridades del INPEC omitir el análisis de las anteriores
circunstancias especiales; y, si las pasaron por alto y sólo se detuvieron en
el análisis burocrático de fechas de traslado y de un informe de necesidad
de tratamiento médico, sin tener presente que el recluso precisamente se ha
negado al tratamiento, entonces, es obvio que la petición formulada por el
apresado no ha sido aún resuelta ya que no se tuvieron en cuenta en la
3
Sentencia T-401/94, Magistrado Ponente: Eduardo Cifuentes Muñoz.
determinación las 4 causas principales que el recluso adujo para su
traslado: pertenecer a una minoría, tener acceso a la medicina alternativa
que la tribu le da, estar cerca a los suyos cuando se acerca la muerte por el
cáncer que padece y tener consideración por su edad avanzada. Por eso, se
le ha violado el derecho de petición.
Además, por el aspecto formal también hubo violación al derecho de
petición, porque una de las solicitudes, la del 15 de octubre de 1996, aún no
ha sido contestada.
6.- Frente al derecho a la vida y a la salud
Pero, la omisión en la aceptación de ser de una de minoría y de
acogimiento a la medicina vernácula, no implica una violación al derecho a
la vida porque se le ha ofrecido por parte del Estado la medicina científica
lo cual significa también que la afectación al derecho a la salud no proviene
del Estado.
7.- Frente al derecho a la dignidad, a la autonomía y a la diversidad
ética y cultural
Sin embargo, como se trata de una persona que supera la edad de la vida
probable, que culturalmente ha pertenecido a una etnia y que tiene una
enfermedad terminal (cáncer), el traslado hacia el sitio donde están los
suyos es una razonable petición que ha debido ser estudiada por el INPEC;
y como hubo desprecio por esos planteamientos, se deduce que se afectó la
dignidad del recluso, porque ni siquiera se examinó la factibilidad, en el
caso concreto, de ir a morir cerca a su familia y a su tribu, de respetársele
su condición de minoría y de aceptársele que el libre desarrollo de su
personalidad le permite rechazar la medicina que se le ofrece y, en su lugar,
proponer que para mitigar la enfermedad y llegar digna y autónomamente a
sus últimas días de vida esté recibiendo la medicina alternativa de su
entorno cultural cerca a comunidad indígena de los Yaguas.
No significa lo anterior que necesariamente deba trasladarse a los ancianos
enfermos al establecimiento carcelario donde ellos digan, sino que la
autoridad está obligada de manera preferencial, a ponderar si las
circunstancias son ciertas y hacen aconsejable el traslado. La crítica surge
cuando planteadas por el recluso, el INPEC ni siquiera las estudia; en esta
circunstancia (estando de por medio los últimos días de vida de un ser
humano) la violación no solamente es del derecho de petición sino del
derecho a la dignidad, a la autonomía y a la diversidad étnica y cultural.
8.- Conclusión
Antes que todo se aclara: Samuel Parra no pide su libertad por ser anciano,
sino que alega su avanzada edad para justificar el traslado cerca a los
suyos. Padece de un cáncer, quizás por eso fue trasladado de Leticia a
Bogotá, también sufre de cataratas, y, pide su regreso a Leticia para que allí
por medicina común se le haga la operación de cataratas y por medicina
vernácula se le trate el cáncer. Adoptó desde hace 60 años las costumbres
de la etnia y se vínculo por matrimonio a una mujer de la comunidad
Yaguas, luego estos factores se tendrán en cuenta.
Como el INPEC no ha apreciado estas razones, (en el Acta del 30 de
septiembre de 1996 nada se dijo sobre ellas, salvo la referencia equivocada
de que estaba recibiendo tratamiento médico), esa omisión significó
violación a derechos fundamentales, como ya se dijó; luego, es viable el
traslado solicitado y así se ordenará.
Por último, no deja de extrañar que el recluso fuera de su traslado no
invoque ningún beneficio en razón de su edad y enfermedad grave, por eso
es importante remitir copia de esta sentencia al Defensor del Pueblo, a fin
de que examine si se puede prestar colaboración al recluso enfermo del
cáncer.
En mérito de lo expuesto, la Sala Séptima de Revisión de la Corte
Constitucional, administrando justicia, en nombre del pueblo y por mandato
de la Constitución
RESUELVE:
Primero.- CONFIRMAR la sentencia materia de revisión que tuteló el
derecho de petición, adicionándola en cuanto a la protección a
la dignidad, a la autonomía y a la protección de la diversidad
étnica y cultural, por los motivos expresados en el presente
fallo. Por consiguiente, el INPEC, en el término de quince días
debe trasladar al recluso SAMUEL PARRA MORERA al
establecimiento carcelario en Leticia dadas las circunstancias
de edad, entorno y acercamiento a la medicina vernácula.
Segundo.- Por Secretaría se librará la comunicación de que trata el artículo
36 del decreto 2591 de 1991, para los efectos del caso.
Tercero.- Envíese copia de este fallo al Defensor del Pueblo.
Cópiese, notifíquese, cúmplase, insértese en la Gaceta Constitucional.
ALEJANDRO MARTINEZ CABALLERO
Magistrado
FABIO MORON DIAZ
Magistrado
VLADIMIRO NARANJO MESA
Magistrado
MARTHA VICTORIA SACHICA DE MONCALEANO
Secretaria General