Juarez
Juarez
Longevo Ben(emér)ito
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Longevo Ben(emér)ito Sumario
La añoranza patriótica que resuena en el danzón lo dice todo: Juárez en Noticias del imperio 2
Juárez no debió de morir. Si bien la ruda angina de pecho Fernando del Paso
acabó en 1872 con su existencia, en este mes en que cumple dos Dos episodios juaristas 5
siglos de haber nacido queda claro que el indio zapoteco más Victoriano Salado Álvarez
célebre de nuestra historia ha vivido mucho más que los 66 Juárez y Maximiliano 8
años que consignan las biografías. Símbolo de tenacidad nacio- Franz Werfel
nalista, ejemplo supremo de habilidad política, milagro de su- Corona de sombra 12
peración personal, Benito Pablo Juárez García transformó a Rodolfo Usigli
nuestro país en una escala suprahumana, confirmando dos ras- Juárez y su México 15
gos esenciales del México moderno: la soberanía nacional y la Ralph Roeder
laicidad del estado. No es difícil que el fce vea en esas dos Elevación 17
nociones un origen lejano pero indudable de su vocación autó- Héctor Pérez Martínez
noma, ecuménica, y no es difícil que La Gaceta sume este cohe- Apuntes para mis hijos 20
tón de papel a los jubilosos fuegos artificiales que invadirán los Benito Juárez
cielos mexicanos durante todo el año. Hemos organizado el Sobre Apuntes para mis hijos 21
festejo con textos que reafirman su carácter de personaje lite- Josefina Zoraida Vázquez
rario además de su condición de héroe histórico. Las horas de mayor angustia de Juárez 22
Fernando del Paso ofrece nuestro primer acercamiento al Juan de Dios Peza
Juárez de tinta y papel. Hemos tomado del segundo tomazo de Fernando Iglesias Calderón y la defensa de Juárez 23
sus Obras el recorrido biográfico con que, en Noticias del impe- Andrés Henestrosa
rio, Del Paso presenta a don Benito, personaje que adquiere Símbolo de la soberanía nacional 25
aún más corporeidad en los coloridos “episodios nacionales” de Salvador Novo
Victoriano Salado Álvarez con que continúa la entrega. Anec- Emancipador de la conciencia humana 27
dóticas y ejemplarmente narradas, esas dos viñetas presentan a Hidalgo y Juárez 28
un Juárez terrenal, humoroso a contracorriente de la evidencia José María Vigil
histórica. La dificultad para lidiar con un ser tan singular desde Juárez 30
el escenario se nota en las obras de Franz Werfel y Rodolfo Justo Sierra
Usigli, pues en ambas el oaxaqueño es sólo una vaga presencia, El camino de Damasco 30
un pivote en torno del cual gira la vida pero al que no se tiene Ángel Pola
acceso. Tal vez esa misma dificultad para aprehender al hombre
es la que evoca Ralph Roeder en el inicio de su monumental Fernando del Paso, escritor, recibió el premio Javier
biografía juarista, gran libro grande en que la narración vale Villaurrutia en 1966 por José Trigo ■ Victoriano Salado
tanto como lo narrado. Es la misma inspiración de Héctor Álvarez fue miembro de la Academia Mexicana de la
Pérez Martínez en su retrato de Juárez, el impasible, donde la Lengua y autor de Episodios nacionales mexicanos ■ Franz
palabra oportuna y entregada al vuelo lírico sirve para recons- Werfel fue poeta, novelista y dramaturgo checo, su nove-
truir (y embellecer) el pasado. la La canción de Bernardette fue llevada al cine ■ Rodolfo
Como la casa ha lanzado al mercado una nueva edición de Usigli compaginó sus actividades de dramaturgo con
Apuntes para mis hijos, el texto sobre sí mismo en que Juárez el servicio diplomático ■ Ralph Roeder, historiador
aboga sin proponérselo por la tesis de que infancia (y un poqui- estadounidense, dejó testimonio de su inclinación mexi-
to más) es destino, presentamos su parte inicial, con un par de canista en Hacia el México moderno ■ Héctor Pérez
fragmento de la prologuista, Josefina Zoraida Vázquez, y de Martínez, político y escritor, fue gobernador de Cam-
quien preparó esta nueva versión, Héctor Cuauhtémoc Her- peche de 1939 a 1943 ■ Benito Juárez fue presidente
nández Silva. También de ese volumen procede la bucólica de la república y Benemérito de las Américas, y además
aventura del niño convertido en involuntario navegante, en se convirtió en personaje literario ■ Josefina Zoraida
palabras de Juan de Dios Peza. Otra obra de nuestro catálogo Vázquez se ha ocupado de la historia política y diplo-
sirve para ponderar las polémicas en torno al legado juarista: en mática mexicana del siglo xix ■ Juan de Dios Peza fue
el texto introductorio a Las supuestas traiciones de Juárez, Andrés Ministro de la Guerra de Maximiliano y redactor de
Henestrosa —otro oaxaqueño ilustre— sintetiza los denuestos El eco de ambos mundos ■ Andrés Henestrosa, escritor,
de que el héroe de la Reforma fue blanco a comienzos del siglo ensayista y periodista, escribió Los hombres que dispersó la
pasado. Era tiempo de celebrar el primer centenario de ese 21 danza ■ Salvador Novo, además de ser poeta, cronista y
de marzo, fecha que no siempre ha sido tan bien aprovechada dramaturgo, fue profesor en las escuelas Nacional Prepa-
como en el discurso con que Salvador Novo encabezó los fes- ratoria y de Arte Dramático del inba ■ José María Vigil,
tejos en 1966. Cuatro textos cercanos en el tiempo al falleci- periodista liberal, fue director de la Biblioteca Nacional
miento del prócer permiten confirmar la conversión de Benito de México de 1880 a 1909 ■ Ángel Pola, periodista
Juárez, de astuto y severo político, en estatua de bronce o talla- chiapaneco, escribió en los periódicos El Nacional y El
da en piedra. Ojalá las páginas de esta gaceta sirvan para que Monitor del Pueblo
esas esculturas muestren una sonrisa con trasfondo humano.
a
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Juárez en Noticias del imperio
DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Fernando del Paso
Directora del FCE Las Noticias del imperio que Fernando del Paso transmite a sus lectores
Consuelo Sáizar
dicen mucho de Benito Juárez. Aunque no es el protagonista de la mayúscula
Director de La Gaceta obra delpasiana —que tampoco tiene por eje a Carlota sino a su locura—,
Tomás Granados Salinas el presidente de México entra y sale del libro como un demiurgo que
prepara el fatal destino de Maximiliano. Del capítulo en que se contrastan
Consejo editorial
Consuelo Sáizar, Ricardo Nudelman, las biografías del oaxaqueño y de Napoleón III hemos tomado las porciones
Joaquín Díez-Canedo, Martí Soler, dedicadas a la vida de Juárez, como introducción literaria a nuestro tema
Axel Retif, Laura González Durán, e invitación a la obra toda de Del Paso
Max Gonsen, Nina Álvarez-Icaza,
Paola Morán, Luis Arturo Pelayo,
Pablo Martínez Lozada, Geney Bel-
trán Félix, Miriam Martínez Garza, En el año de gracia de 1861, México estaba gobernado por un indio cetrino, Benito
Fausto Hernández Trillo, Karla Ló- Juárez, huérfano de padre y madre desde que tenía tres años de edad, y que a los once
pez G., Alejandro Valles Santo To- era sólo un pastor de ovejas que trepaba a los árboles de la laguna Encantada para
más, Héctor Chávez, Delia Peña,
Antonio Hernández Estrella, Juan
tocar una flauta de carrizo y hablar con las bestias y con los pájaros en el único idio-
Camilo Sierra (Colombia), Marcelo ma que entonces conocía: el zapoteca. […]
Díaz (España), Leandro de Sagastizá- Un día, Benito Pablo abandonó a los parientes que lo habían recogido, a sus ove-
bal (Argentina), Julio Sau (Chile), jas y a su pueblo natal de Guelatao —palabra que en su lengua quiere decir “noche
Isaac Vinic (Brasil), Pedro Juan Tucat
honda”— y se largó a pie a la ciudad de Oaxaca situada a catorce leguas de distancia,
(Venezuela), Ignacio de Echevarria
(Estados Unidos), César Ángel Agui- para trabajar de sirviente en una de las casas grandes, como ya lo hacía su hermana
lar Asiain (Guatemala), Rosario To- mayor, y más que nada para aprender. Y en esa ciudad, capital del estado del mismo
rres (Perú) nombre, y ultramontana no sólo por estar más allá de las montañas, sino por su mo-
jigatería y sumisión a Roma, Juárez aprendió castellano, aritmética y álgebra, latín,
Impresión
Impresora y Encuadernadora teología y jurisprudencia. Con el tiempo, y no sólo en Oaxaca sino en otras ciudades
Progreso, sa de cv y otros exilios, ya fuera por alcanzar un propósito en el que se había empecinado o
por cumplir un destino que le cayó del cielo, también aprendió a ser diputado, go-
Diseño y formación bernador de su estado, ministro de justicia y de Gobernación, y presidente de la re-
Marina Garone, Cristóbal
Henestrosa y Emilio Romano pública. […]
Vestido siempre de negro, con bastón y levita cruzada, don Benito Juárez leía y
Ilustraciones releía a Rousseau y a Benjamin Constant, formaba con éstas y otras lecturas su espí-
Tomadas de la reedición ritu liberal, traducía a Tácito a un idioma que había aprendido a hablar, leer y escribir
de Apuntes para mis hijos, de B. J.,
y de periódicos decimonónicos al mismo tiempo, como en el mejor de los casos se aprende siempre una lengua ex-
tranjera, y comenzaba a darse cuenta de que su pueblo, lo que él llamaba “su pueblo”
La Gaceta del Fondo de Cultura Econó- y al cual había jurado ilustrar y engrandecer y hacerlo superar el desorden, los vicios
mica es una publicación mensual edi- y la miseria, era más, mucho más que un puñado o que cinco millones de esos indios
tada por el Fondo de Cultura Econó-
mica, con domicilio en Carretera Pi-
callados y ladinos, pasivos, melancólicos, que cuando era gobernador bajaban de la
cacho-Ajusco 227, Colonia Bosques sierra de Ixtlán para dejar en el umbral de su casa sus humildes ofrendas: algunas
del Pedregal, Delegación Tlalpan, palomas, frutas, maíz, carbón de madera de encina traído de los cerros de Pozuelos o
Distrito Federal, México. Editor res- del Calvario. Pero para otros, para muchos, Benito Juárez se había puesto una patria
ponsable: Tomás Granados Salinas.
como se puso el levitón negro: como algo ajeno que no le pertenecía, aunque con una
Certificado de Licitud de Título 8635
y de Licitud de Contenido 6080, ex- diferencia: si la levita estaba cortada a la medida, la patria, en cambio, le quedaba
pedidos por la Comisión Calificadora grande y se le desparramaba mucho más allá de Oaxaca y mucho más allá también del
de Publicaciones y Revistas Ilustradas siglo en el que había nacido. Y por eso de que “aunque la mona se vista de seda mona
el 15 de junio de 1995. La Gaceta del se queda”, las malas lenguas le compusieron unos versitos:
Fondo de Cultura Económica es un
nombre registrado en el Instituto
Nacional del Derecho de Autor, con Si porque viste de curro
el número 04-2001-112210102100, el cortar quiere ese clavel,
22 de noviembre de 2001. Registro sepa hombre, que no es la miel
Postal, Publicación Periódica: pp09-
0206. Distribuida por el propio Fon- para la boca del burro;
do de Cultura Económica. huela, y aléjese dél… […]
Correo electrónico Águeda, la santa que sostenía en una bandeja sus dos pechos cortados, le enseñó al
gacetafce@[Link]
niño Benito Pablo la letra “a”. Blandina mártir, que murió envuelta en una red, entre
las patas y los cuernos de un toro, la letra “b”. Casiano de Inmola, al que sus propios
a
discípulos dieron muerte acribillándolo con sus plumas de hie-
a
rro, la letra “c”. Y a pesar de ello, a pesar de haber aprendido
el abecedario en Las vidas y martirios de los santos, gracias a la
paciencia y buenamor de su maestro, el lego pero casi fraile
Salanueva, que estaba siempre vestido con el sayal pardo de los
carmelitas descalzos, Benito Juárez, siendo ministro de justicia,
expidió una ley que llevaba su nombre, Ley Juárez, y la cual, al
poner término a la jurisdicción de los tribunales eclesiásticos
en los asuntos civiles, volvió a echarle leña al fuego de la vieja
rencilla entre la iglesia y el estado, y que en esos días provocó,
además de sangrientos combates, la expulsión de seis eclesiás-
ticos, entre los cuales se encontraba el obispo de Puebla, Pela-
gio Antonio de Labastida y Dávalos. Los angelopolitanos, que
así se llamaban los que habían nacido o vivían en Puebla de los
Ángeles, acompañaron por un buen trecho a sus obispos en su
viaje al destierro, jerimiqueando. A pesar también de haber
sido aplicado alumno del Seminario de Oaxaca cuando, antes
de decidirse por la abogacía deseaba ser cura, y de haber jurado naron hasta casi cuatro años después de consumada la indepen-
al protestar como gobernador de Oaxaca por dios y por los dencia mexicana, le había costado muchos millones a España.
santos evangelios defender y conservar la religión católica, Tantos, que cuentan que un día se le preguntó a uno de los mo-
apostólica y romana y de encabezar sus decretos con el nombre narcas españoles qué era lo que contemplaba, con su catalejo,
de dios todopoderoso, uno en esencia y trino en persona, Be- desde El Escorial y el rey contestó que trataba de ver el castillo
nito Juárez —a quien Salanueva le había enseñado lo mismo de San Juan de Ulúa: “tan caro le ha salido al tesoro español”,
los secretos del arte de encuadernar catecismos Ripalda, que el dijo, “que cuando menos deberíamos verlo desde aquí”. Trece
respeto y la veneración al nazareno del Vía Crucis que todas las años después de la retirada de los españoles, en octubre de
tardes de todos los días pasaba frente a su casa—, siendo presi- 1838, la fortaleza capituló tras haber sido bombardeada por
dente de la república confiscó los bienes de la iglesia mexicana, una escuadra francesa al mando del almirante Charles Baudin
abogó todos los privilegios del clero y reconoció todas las reli- y de la que formaba parte el príncipe de Joinville, hijo de Luis
giones. Por esta osadía, Juárez fue considerado por los conser- Felipe de Francia y tío de la princesa Carlota de Bélgica, y
vadores mexicanos y europeos, y desde luego por el Vaticano y quien reclamaba a nombre del gobierno francés una indemni-
por el Papa Pío Nono futuro creador del dogma de la infalibi- zación de seiscientos mil pesos en favor de ciudadanos france-
lidad pontificia, como una especie de anticristo. Por no saber ses residentes en el territorio mexicano, que se quejaban de la
montar a caballo, ni manejar una pistola y no aspirar a la gloria merma súbita o paulatina de sus capitales, debida a los emprés-
de las armas, se le acusó de ser débil, asustadizo, cobarde. Y por titos forzosos, o robos legalizados, que con demasiada frecuen-
no ser blanco y de origen europeo, por no ser ario y rubio que cia decretaban las autoridades mexicanas para financiar sus su-
era el arquetipo de la humanidad superior según lo confirmaba cesivas revoluciones y sus perpetuos desfalcos. Debido a que
el Conde de Gobineau en su Ensayo sobre la desigualdad de las entre estas reclamaciones figuraba la de un pastelero de Tacu-
razas humanas publicado en París en 1854, por no ser, en fin, baya que diez años antes dijo haber perdido sesenta mil pesos
siquiera un mestizo de media casta, Juárez, el indio ladino, en de mercancía en éclairs, vol-au-vent, brazos de gitano y babas-
opinión de los monarcas y adalides del viejo mundo era incapaz au-rhum, a este primer conflicto armado entre Francia y Méxi-
de gobernar a un país que de por sí parecía ingobernable. Es co se le llamó “La guerra de los pasteles”. En la defensa del
verdad que el ministro americano en México, Thomas Corwin, puerto de Veracruz, perdió la pierna izquierda un general
exageraba cuando en una carta al secretario de estado William mexicano a quien alguna vez Benito Juárez, en sus tiempos de
Seward le decía que en cuarenta años México había tenido criado de casa grande en Oaxaca, había servido la cena, el
treinta y seis formas distintas de gobierno, ya que en realidad mismo que ahora era el culpable de los maltratos sufridos por
era una sola, con raras y esporádicas excepciones: el militaris- el indio, y de su próximo exilio: Antonio López de Santa Anna,
mo. Y es verdad también que míster Corwin hacía mal las quien había sido ya presidente de México cinco veces y que,
cuentas cuando afirmaba que en esos mismos cuarenta años tras de que su heroica pierna fuera enterrada con honores y
México había tenido sesenta y tres presidentes, porque no sólo desfiles, con lágrimas y lápida conmemorativa y con salvas y fan-
habían sido menos, sino que entre esos menos hubo varios que farrias militares, sería presidente otras seis veces más. A veces
volvían una y otra vez a la presidencia, y que eran como una héroe, a veces traidor, a veces las dos cosas al mismo tiempo,
fiebre terciana que sufría el país. [...] Santa Anna se levantó un día capitán y se acostó esa noche te-
Tras más de dos meses de vejaciones durante los cuales se le niente coronel durante la guerra de la independencia de México.
confinó y expulsó en forma alternada de varios pueblos, ciuda- General a los veintisiete años y Benemérito de la patria a los
des y rancherías, el licenciado Benito Juárez fue llevado al cas- treinta y cinco, había sido condecorado por la flecha de un indio
tillo de San Juan de Ulúa. Construido con piedra múcar —una en su primera campaña contra Tejas, la provincia mexicana que
especie de coral— sobre el arrecife de La Gallega a la entrada deseaba transformarse en república independiente. Héroe ya
del puerto mexicano de Veracruz, en tierra caliente donde la desde entonces, Santa Anna se hizo un poco más héroe cuando
malaria y la fiebre amarilla eran endémicas, la fortaleza de San regresó a la provincia rebelde para tomar por asalto el fuerte
Juan de Ulúa, último reducto de los españoles que la abando- del Álamo y obtener un sangriento triunfo —remember Goliat
a
donde pasó a todos los prisioneros a cuchillo y a pólvora—, y Unidos lo que en 1803 restaba en poder de Francia —los dos
a
un poco menos héroe cuando, vencido por las fuerzas de Sam millones trescientos mil kilómetros cuadrados de la cuenca
Houston huyó a caballo y a pie, cayó en manos del enemigo oriental del Mississippi— de ese gigantesco territorio llamado
tras el combate de San Jacinto y reconoció por miedo, por ob- la Luisiana en honor de Luis XIV, el Rey Sol. Así había crecido
tener la libertad o porque era sencillamente un hecho consu- Estados Unidos, pagándole a Napoleón seis dólares cincuenta
mado, la existencia de la república de Tejas. Vuelto al poder y seis céntimos por kilómetro cuadrado, y a México, once dó-
después de que su pierna fuera desenterrada y arrastrada en las lares con cincuenta y tres. Pero Juárez hacía cuentas: si se in-
calles por el populacho, y presidente de México dos veces en el cluía a la república de Tejas, que se había perdido sin recibir un
año de 1847 en el que culminó la invasión expansionista nor- solo centavo de indemnización, los once dólares y fracción se
teamericana con la cesión a los Estados Unidos de territorio reducían a seis. Bonito negocio.
mexicano con una superficie de más de un millón trescientos Una noche Juárez y sus amigos fueron a ver a una troupe de
cincuenta mil kilómetros cuadrados que incluía las provincias de minstrels que pasaba por Nueva Orleans, y que era un grupo de
Nuevo México y de la Alta California —y que, agregada Tejas músicos blancos pintados como negros, que se movían como
equivalía a la mitad del territorio nacional—, Santa Anna se negros, hablaban y cantaban como negros y como negros toca-
convirtió en el gran traidor tras dejar la presidencia en manos ban el banjo y los bones, que eran una especie de castañuelas
de un interno para ponerse al frente de las tropas, ser derrota- hechas con dos trozos de las costillas de un animal. “No en-
do por el general Taylor en Sacramento y abandonar el país, tiendo”, dijo Juárez. “Sí, el inglés es muy difícil de aprender”,
lavándose las manos, pasando sin ser molestado, como Pedro dijo uno de los mexicanos que no había entendido a Juárez.
por su casa, entre las propias filas del enemigo: Santa Anna, se Pero quien siempre sabía muy bien lo que Juárez quería decir
dijo, había recibido cuantiosas sumas de los norteamericanos era su amigo Melchor Ocampo, quien en algunas de esas tardes
para influir en la aprobación, por parte del congreso mexicano, húmedas de los domingos en que paseaban por los muelles en
del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que además de ratificar la mangas de camisa, hacía gala de todas sus culturas, incluyendo
cesión del territorio, reafirmaba los viejos lazos de amistad que la política y la botánica. Ocampo el político proponía, como
unían a México y los Estados Unidos. Vuelto al poder a pesar remedio de los males de México, que se llevara a cabo la Re-
de todo unos cuantos años después y transformado en dictador forma iniciada en los primeros años de la etapa independiente
supremo y alteza serenísima, Santa Anna, si era posible, fue un del país con la ocupación por parte del gobierno de las fincas
poco más traidor todavía al firmar el Tratado de La Mesilla por destinadas a las misiones de las Filipinas y continuada por el
medio del cual México le vendió a los Estados Unidos otros presidente Gómez Farías sin éxito la primera vez, y con mejor
cien mil kilómetros cuadrados de territorio fronterizo […] fortuna la segunda, cuando decretó la incautación de los bienes
Allí, en uno de los calabozos de San Juan de Ulúa, a los que de la iglesia para reunir fondos que sirvieran en la lucha contra
llamaban “tinajas” porque estaban situados bajo el nivel del la invasión americana, y Ocampo recordaba y citaba ejemplos
mar y el agua rezumaba por los muros de piedra múcar para y antecedentes históricos que le venían a la memoria en desor-
evaporarse casi al instante, pasó once días incomunicado el li- den, como la nacionalización de los bienes del clero decretada
cenciado Benito Juárez, para ser llevado después a bordo del en España en 1835 por un primer ministro liberal, la confisca-
paquebote Avon donde los pasajeros hicieron una colecta para ción de los bienes de la iglesia en Bohemia en el siglo xv como
pagar su boleto hasta la primera escala, La Habana, de la cual resultado de la revolución husita —que al fin y al cabo sólo
se marchó poco después el licenciado rumbo a Nueva Orleans, benefició a la clase noble, decía Ocampo— la desamortización
la antigua capital de Louisiana donde conoció a otros mexica- llevada a cabo en Francia tras la revolución, y las medidas
nos liberales y entre ellos a Melchor Ocampo, discípulo como adoptadas por uno de los emperadores austriacos, José II, y que
él de Rousseau y además de Proudhon, que sería después uno en realidad no lograron sino cambiar el capital de un bolsillo a
de sus más cercanos colaboradores, y al que tanto admiró Juá- otro de la iglesia, dijo Ocampo, porque el producto del remate
rez por su clara inteligencia. Para ganarse la vida, Juárez torcía de casi la mitad de los conventos, fue destinado a los curatos,
tabaco. Ocampo elaboraba vasijas y botellones de barro. Otros con lo cual se comprueba que si José II no quería a los monjes,
paisanos exiliados trabajaban de meseros si bien les iba, o de sin duda no tenía nada, o poco, contra los curas. Y Ocampo el
lavaplatos en un restaurante francés. De pie frente al mar, Juá- botánico, amante de las plantas raras, a quien una vez se le vio
rez contemplaba la ancha desembocadura del Mississippi y hincarse y llorar ante unos lirios yucateros que crecían, solita-
esperaba al barco que le traería las cartas de su mujer y sus rios, en la estación de Tejería; cultivador de especies exóticas
amigos. Margarita se había ido con los niños al pueblo de Etla, en su finca michoacana de “Pomoca” —anagrama de su ape-
y allí la iba pasando con lo que les dejaba un pequeño comer- llido—, proponía, como remedio para la diarrea del Licenciado
cio. Los amigos le pedían a Juárez que tuviera paciencia, le Benito Juárez, una pócima de flores de cabello de ángel tritu-
enviaban a veces algo de dinero, le reprochaban, algunos, que radas en agua, o contaba cómo la pasión de la emperatriz Jose-
hubiera elegido a los Estados Unidos como lugar de exilio, le fina, la primera esposa del primer Napoleón, había sido una
juraban que Santa Anna caería pronto del poder, esta vez para flor de origen mexicano, la dalia excelsa, que ella había orde-
siempre. De espaldas al mar, Juárez seguía con la mirada el nado sembrar en los jardines de Malmaison y prohibió que
curso del Mississippi, el caudaloso río de los cuarenta tributa- nadie más la cultivara en Francia, y cómo, después de que al-
rios que nacía muy lejos, en la región norte de Minnesota, y guien robó unas plantas y la dalia mexicana comenzó a apare-
pensaba en una singular coincidencia: por la misma cantidad cer en otros jardines, Josefina dejó de interesarse por ella y
—quince millones de dólares— por la que México había cedi- la desterró para siempre no sólo de Malmaison, ¿que le pare-
do a los norteamericanos las provincias de Nuevo México y la ce? y excuse usted la rima, licenciado, sino también de su
Alta California, Napoleón el Grande había vendido a Estados corazón. G
a
a
Dos episodios juaristas
Victoriano Salado Álvarez
El autor de los Episodios nacionales mexicanos era un prosista mente ingerido de prisa, y al verme dijo invitándome a sen-
ducho. Sus reconstrucciones noveladas de pasajes y tarme:
personajes de nuestra historia decimonónica son vívidas y —Entendía que el señor comandante La Llana estaba a las
felices. Presentamos aquí dos fragmentos, tomados de la inmediatas órdenes del señor Ministro de la Guerra y jefe del
reproducción facsimilar que publica el FCE Ejército Nacional.
Le respondí refiriendo brevemente la causa de mi presencia
en la siempre heroica, y al oír que llevaba cartas de Pancho
Con la familia enferma Zarco, me preguntó con sumo interés:
—Y ¿cómo está el señor Zarco? ¿No se ha resentido su
Tras la noche toledana, el primer grito que se oyó fue el de mi salud con la vida que se ve precisado a llevar?
estómago hambriento: “Desayuno”, pidió con tristes voces, Díjele que el valiente periodista rebosaba entereza; le conté
como el herido de muerte pide “confesión”. su escapatoria última, que aún no conocía, y le vi dar muestras
—¿Desayuno? —dijo mi hombre—. Lo tendrá usted en de grandísimo interés por la persona de mi amigo. Ya había yo
seguida. Pues qué, ¿cree usted que estamos en México, donde sacado del fondo de mis cepillos los pliegos que llevaba para el
a las siete u ocho de la mañana apenas se van levantando lega- presidente, y había él empezado a leerlos con suma atención,
ñosos y malhumorados los mozos del café? Aquí se hila más cuando se dibujó en la puerta la silueta de un hombre de me-
delgado; vamos a la fonda y verá que nada hace falta. Veracruz diana estatura, moreno, de cabellera negrísima que le rozaba
es una ciudad pequeña y México un pueblo grande. los hombros, de ojos chicos, nariz roma, boca enorme, pero de
Nos refocilamos, pues, modestamente; tomamos un cuarti- labios tan delgados que parecían una herida sangrienta en
to en el Hotel Diligencias, y me salí a la calle para ver de arre- aquel rostro de líneas acentuadísimas. Era don Melchor
glar el negocio principal que me llevaba. Ocampo.
Empecé por preguntar cuál era el palacio que habitaba Juá- Me levanté del asiento ensayando una reverencia. Juárez le
rez y a qué horas daría audiencia. Don León se me rió en las dijo alargándole un pliego de papel de seda:
barbas como si hubiera preguntado por la casa del sol. —Esto para ti, de parte del amigo Zarco.
—¿Palacio? Pero usted está delirando, compañero. ¡Qué Cogió don Melchor la carta y empezó a leerla en pie, acer-
palacio ni qué ocho cuartos! Juárez vive en una casa de tantas, cándose un poco a la ventana por donde se filtraba la claridad
en Puerta Merced, y allí entran y salen jarochas, comerciantes, insolente de una mañana primaveral.
negras de puro en boca, políticos y militares de todas clases. —Pancho —exclamó Juárez mirándome al rostro— dice
Aquí no hay las antesalas y los cumplidos del Palacio de Méxi- que es usted amigo de plena confianza y que le ha dado cono-
co, sino que cada cual entra, arregla sus asuntos y se marcha. cimiento de cuanto dicen las cartas de que fue portador.
Así pasaba en efecto. La casa era amplia, aseada, con sus —En efecto, señor —respondíle—; Zarco me estima, hace
balcones que dejaban penetrar toda la luz, sus cortinas albean- justicia a mi discreción y a mi decisión por la causa, y más
tes, sus baldosas de mármol, sus corredores amplios y su fuen- honor del que merecen mis modestas aptitudes… Por eso dis-
te que derramaba agua a chorros, derramando también vida y puso que leyera y si era posible tomara de memoria lo principal
bienestar. de las cartas que dirige a usted y a otras personas para el even-
Eran las siete cuando pasé nada más que a informarme de la to de que cayera la correspondencia en poder del enemigo y
hora más oportuna para hablar con el presidente. que yo pudiera salvarme.
—Ya está levantado su mercé, y voy a pasarle recado —me —Zarco no habría dado esa autorización a persona que no
dijo una negraza que después supe se llamaba Petrona y que lo mereciera.
era algo parecido a intendenta de aquel albergue. —Pancho —interrumpió a esta sazón Ocampo, que de se-
Juárez me recibió con perfecta amabilidad, tendiéndome la guro estaba en lo que hablábamos Juárez y yo—, Pancho opina
mano breve y bien formada y esbozando un amago de sonrisa por el auxilio americano, pues está seguro de que no implica el
que más bien sorprendí en sus ojos negros como capulines, que paso riesgo ninguno para la nacionalidad.
en sus mejillas y boca, pues le impedía el paso una cicatriz que —Pancho —contestó el presidente, y parece que le veo con
se avanzaba hacia el lado izquierdo comunicando al rostro, a el ademán verdaderamente solemne que tomó— es un joven
ratos, ligero dejo de burla, y a ratos seriedad mayor de la que lleno de prendas, pero joven al fin. Nuestra causa es justa y sólo
era natural en él. es materia de tiempo hacer que se enseñoree del ánimo de las
Una sola vez había visto al grande hombre (ahora le puedo gentes. ¿No hemos dicho mil veces dios y nuestro derecho?
llamar así, ¡ay!, sin que el mote parezca obra de adulación) y en Pues aguardemos a vencer sin más que esos dos elementos…
circunstancias tan críticas, que pensé no se acordaría ya de mí No hay para qué llamemos a nadie, con el riesgo de que des-
ni de mi nombre. pués nos exija el pago de su auxilio en cualquier forma humi-
Estaba don Benito sentado en un sillón cercano a una mesa llante… quizás en la de la pérdida de nuestra nacionalidad.
donde se encontraban restos de un frugal desayuno, segura- —No abundo en tus temores, bien lo sabes —repuso
a
Ocampo—; pero ya que tienes esa fe que traspasa montañas y —Estudiando… humanidades —respondió Guillermo ba-
a
que tan firmemente crees en el triunfo de nuestra causa, cuen- jando los ojos.
ta conmigo para acompañarte a donde vayas. —¡Ah, perdido!
Miró don Benito a su ministro con cariño en que se confun- —¡Ah, pícaro!
dían los caracteres de jefe, discípulo, amigo y aliado, y dirigién- —Cabalmente acababa de llegar y de dormirme, soñando
dose a mí me dijo: que quitaba a una jarocha su cachirulo de oro, se lo pasaba por
—Señor La Llana, Zarco me asegura que usted cuenta con los crespos cabellos, y éstos se iban haciendo suaves, suaves
amigos en el seno de nuestro grupo. Busque a las personas que hasta llegar a ser como una seda… Luego se tornaban castaños,
le sean simpáticas y aguarde a que le llame… Entre tanto, ocu- después rubios, y al fin se volvían de color de oro, como el
pará un aposento en esta casa, pues no sería remoto que pron- propio cachirulo…
to le necesitara. —Éjate e cachirulo…
Me incliné, salí del cuarto, pregunté a la patrona por el cubil —Luego, peinándolos, salían oncitas de oro, centenes, me-
donde se aposentara Guillermo Prieto, y allá me dirigí dispues- dias onzas, escuditos, reales y medios, todo de oro… como el
to a entablar larga y cariñosa charla con aquel viejo y excelente cachirulo…
camarada. —¡Y dale!
A la puerta golpeaba un hombrecillo delgado de cuerpo, —Y con esos dinerales llenaba cajas y más cajas, pagaba
enjuto, moreno de rostro, bigote de cola de ratón, nariz delga- haberes atrasados, sobornaba generales, destruía ejércitos y
da y puntiaguda, melena que rebasaba la nuca y cuello largui- ponía la Constitución sobre toda la mochería… pues ya uste-
rucho. Por lo demás, el cuerpo, aunque no muy alto, era bien des saben que el dinero es nervio de la guerra.
formado; el pecho y los brazos mostraban, a través de la ropa, —¿Y cuando despertaste…?
convexidades que denunciaban a un Hércules, y los pies y las —No tenía más que el cachirulo de oro fino que me había
manos eran finos y elegantes. regalado una hembra de la Caleta… ¿Y al fin te marchas, ga-
Permanecí un rato mirando al muchacho aquel, que denun- chupín?
ciaba a leguas en su apostura el tipo de andaluz, y al cabo logré —Hoy a la dié.
reconocerle sin gran esfuerzo. Él también me vio con cara de —¿Y a dónde, se puede saber? La Llana es de confianza.
gozo y me dijo —Aunque no lo juera; llevo órdene reservada, que he de
—Uté e de Jalico, o en Jalico lo conocí. abrir en alta mar.
—De Jalisco soy y en Jalisco tuve la satisfacción de conocer —¡Caramba, qué misterioso anda el tiempo! Gachucito, no
al intrépido Antonio Bravo, el mismo que arrió la bandera del me jagas rir…
palacio de Guadalajara en aquella horrible jornada del año —Puej ya me verá en camino, y cuando el Dolphin sarga er
pasado. puerto, no deje de encomendarme a dios.
—¿Y don Santito? —Así lo haré aunque indigno… Y tú, La Llana, ¿qué te
—Ya usted lo sabe: trabajando sin cesar y levantando tro- haces? ¿Vienes a quedarte con nosotros?
pas… A bien que ustedes deben estar de eso más enterados que —Ve a saber; por de pronto, aquí me instalo; pero será sólo
yo, pues desde lo de Tacubaya no sé dónde anda nuestro jefe. mientras me despachan con la respuesta a los pliegos que traje.
Entre tanto, Bravo había dejado de golpear la puerta aque- —De modo que eres ahora…
lla; mas en los pocos instantes en que dejábamos descansar a las —Correo extraordinario.
lenguas, se oía desde dentro un ronquido que empezaba por el —Bien hayan lo mozo crúo y de arrejto.
fortíssimo y concluía en el largo-assai o en —Ojalá que te quedaras entre noso-
el morendo más lánguido. ¿Palacio? Pero usted está delirando, tros, Juanillo… Pero ¿qué digo? Ya tengo
—Ejte maldito e Guillermo no va a compañero. ¡Qué palacio ni qué plan para que nos acompañes.
tené aquí hajta el año prósimo… Misté ocho cuartos! Juárez vive en una —Dime el planecito.
que dormí a puerta cerrá en pleno junio casa de tantas, en Puerta Merced, y —Es mi secreto, como dicen en las
y en pleno Veracrú, ni al diablo se le allí entran y salen jarochas, novelas… Pero, en fin, si me prometes
ocurre. comerciantes, negras de puro en ser callado, y no ir con el cuento a Anto-
Entonces, perdiendo la paciencia, boca, políticos y militares de todas nio Bravo, te diré la cosa… ¿Tienes
gritó por la cerradura: clases. Aquí no hay las antesalas y buena letra?
—¡Guillermo, bruto!, ¡levántate o los cumplidos del Palacio de —Purísima, Torío.
tiro a mojicone tu puerta! México, sino que cada cual entra, —Y de ortografía ¿cómo te sientes?
Alguien contestó del interior cual- arregla sus asuntos y se marcha —Lo necesario para no escribir arroz
quier cosa que calmó la agitación de con hache y caracoles con ka.
Bravo, y a poco vimos salir a Guillermo Prieto con cara de —¡Espléndido! Ya está hecha tu carrera.
trasnochado, y diciéndonos de jovial talante: —¿Mi carrera?
—¡Habías de ser tú, gachuzo de los demonios!… ¡A las —Sí; has de saber que hace ocho días murió don Mateo
cinco me acosté y ya vienes a quitarme el sueño!… Juan Pérez Palacios, secretario privado de Ocampo, y está el pobre Mel-
de mi alma, seas bienvenido a esta heroica ciudad —y me es- chor que no halla a qué santo encomendarse.
trechó en sus brazos varias ocasiones seguidas. —Figúrense —Pues me convendría la placita.
ustedes —continuó Guillermo— que me he pasado la —Cuenta con ella, que si eso no puedo ofrecerte, no sé con
noche… qué te obsequie.
—¿Etudiando? —preguntó Antonio. —¿Y pa mí no habría un lugarcito así, gachó?
a
agua; pero la mujerona, al ver un hombrecillo de mala traza, de
a
tez cobriza, de aspecto humilde y maneras corteses, se figuró
topaba con un individuo de la más ínfima servidumbre.
—¡Vaya —le dijo—, un indio manducón que parece el im-
prosulto! Si quiere agua, vaya y búsquela.
Juárez oyó impasible aquella letanía, y como se lo indicaba
la negra, fue a buscar el agua que no tardó en encontrar.
Poco después, la comitiva toda, que ese día empezó su vida
en común, aguardaba a Juárez. La negra procuraba saber quién
de todos aquellos caballeros era el presidente, y a todo el que
veía guapo, de estatura elevada o considerado de los demás,
le hacía reverencia poniéndole la jeta más linda que tenía a la
mano.
Por fin, sale don Benito de su cuarto, y todos los que se
encontraban formados a la puerta le hacen una inclinación de
cabeza en respuesta a la que él les dirigió. Petrona, que reco-
noció en aquel señor el mismo a quien había reñido, se confun-
dió y entró llamándose con todas las frases más feas que halló
a mano.
Sorprendidos los circunstantes, preguntaron la causa de
aquella confusión, y el señor Juárez refirió, riendo, la anécdota,
que sirvió para que distinguiera y favoreciera a la negrita an-
—¡Qué ha de haber! Tú estás malquisto por gachupín. dando el tiempo.
—Y e la verdá que don Melchó me ha cogío tema no ma que Volviendo al asunto de los preparativos de aquella mañana,
por gachupín. diré que la gente empezaba a llegar; pero sin que supiera qué
—Y a fe que no tiene razón, pues Quijotes tan sinceros embajador se recibiría, qué príncipe llegaría de visita ó qué
como éste no los habrá: camina buscando dónde se pelea por personaje determinaría acompañarnos en nuestro cálido des-
la libertad, para ponerse a servirla… Pero déjenme, que tengo tierro.
que desayunarme, que recoger el acuerdo y que acompañar a Los comentarios comenzaban y no acababan.
este mal sujeto para recomendárselo a los señores tiburones. —Es un americano que viene a ofrecernos dinero y ca-
Y allí se quebró una taza. ñones.
—Es un inglés que quiere conocer nuestras Leyes de Refor-
Hidalguía mexicana y nobleza española ma para aplicarlas en su tierra.
—Es un embajador de S. S. Pío IX.
En aquella mañana se aguardaban grandes novedades en la casa —Aquí no entran de esos.
de Puerta Merced. Se lavaba el mármol de los pisos, se sacu- —Será el loco Luis Terán, que viene de Oaxaca armado del
dían los muebles, se abrían balcones y ventanas, y la feroz Pe- certificado de hombre morigerado que le expidió la priora del
trona, la negra que había regañado a Juárez, repartía pescozo- convento de Ixtlán.
nes a diestro y siniestro. —Será don Nacho Mejía, que vuelve de recibir el mando de
¿No he contado eso de la regañada a don Benito? manos de Iniestra.
Pues aquí va, tal como me la refirió Fidel. —Será don Miguel Lerdo, que pide la venia para marcharse
Entró el gobierno constitucional a Veracruz una noche de a extranjis.
mayo, en medio del entusiasmo de aquel grande y generoso —Que hable el Tío Cualandas —decían algunos señalando a
pueblo. Las muchachas arrojaban flores desde los balcones, los Prieto y refiriéndose al saladísimo papel que redactaba mi
hombres gritaban vivas en las bocacalles, y una multitud entu- amigo.
siasta y delirante seguía al cortejo… Llegó la comitiva a la casa —Que hable Villalobos —y se dirigían a un sujeto delgadu-
que de antemano se había arreglado y se instaló luego que se cho, piocha de cuatro hilos, bilioso, cara de pájaro y ojos de
hubieron marchado Zamora y sus amigos, que un rato acom- víbora.
pañaron a don Benito y demás familia… enferma. Pero los dichos cesaron luego que hubo llegado el personal
Juárez era cuidadosísimo con su persona, como no se acos- del gobierno. A poco, introducido por Prieto y Ruiz, entró el
tumbraba en aquellos tiempos, en que se tenía como evangelio gachupincillo de marras, el bizarro Antonio Bravo, llevando en
lo de “la cáscara guarda al palo”, “de cuarenta para arriba ni te la mano una cachuchita y en el rostro un bochorno y una mor-
cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga”, “vale más que tificación tan marcados, que me dio verdadera lástima verle.
digan: allí va un puerco y no allí va un muerto”, y otros axio- Don Benito, desde lo alto de la plataforma, explicó que el
mas de la tierra que servían para sistemar y arreglar la porque- gobierno estaba verdaderamente satisfecho del comportamien-
ría nacional. to de Bravo, que corriendo mil riesgos y con sacrificio de su
Don Benito, lo mismo entre el hielo en Paso del Norte que bolsillo había desempeñado una misión que se le había confia-
en el calor de Veracruz, acostumbraba levantarse a las seis y do, adquiriendo dinero, armamento y hombres en los términos
bañarse luego. La mañana siguiente a la de su llegada, salió a la que se le había dispuesto; que no pudiendo por entonces darle
azotehuela y pidió a una negra que por allí miró, le diera nueva una muestra de lo mucho en que se estimaban sus servicios,
a
había determinado el gobierno recibirle públicamente, hacien- Bravo se había quedado parado y sin saber qué hacer, pero
a
do saber que la persona de Bravo le era particularmente grata. al oír aquello fue más grande su confusión. Trató de coger por
El ibero se turbó y nada pudo contestar a aquellas frases con sorpresa la diestra de Ocampo; pero éste, previéndolo, la es-
que él estimaba suficientemente pagados sus afanes. Subió, condió de nuevo y le dijo:
estrechó las manos a Juárez, y las habría besado si no las hubie- —Veo que es usted tan generoso que conviene en perdonar-
ra retirado a tiempo el presidente. me; pero yo no debo aceptar su perdón si no es público y
Quiso continuar por la derecha, estrechando las manos que claro… Dígame, si quiere complacerme: “Melchor Ocampo,
se le extendían y los pechos que le saludaban entusiasmados, yo te perdono.”
cuando se encontró con un rostro adusto y retraído. Antonio se resistía, buscaba fórmulas de acomodo, pero al
—Señor —dijo Ocampo, que era el que hurtaba sus manos fin hubo de transigir, y de pronunciar con voz de doctrino que
del contacto con las del héroe—, yo doy mi mano a mis ami- recita una lección: “Melchor Ocampo, yo te perdono.”
gos; pero sólo soy amigo de quien merezco serlo, porque le El grande hombre estrechó entre sus brazos al español, le
pago en moneda de afecto y consideración los que él me dis- dio muchas y muy cariñosas enhorabuenas y se ofreció su
pensa… Yo he sido lo suficientemente villano para hablar de un amigo para siempre.
hombre a quien no conocía, sólo porque me era antipático su El concurso aplaudía, lloraba y ponía en las nubes la lealtad
origen… Si usted quiere hacerme la merced de ser mi amigo, de Ocampo y la modestia de Bravo, declarándolos dignos el
antes me ha de hacer la de perdonarme. uno del otro por sus almas hermosísimas. G
Juárez y Maximiliano
Franz Werfel
¿Tanta fuerza dramática tendrá Juárez que no es fácil del mar a este basurero que nadie puede pronunciar,
ponerlo en la escena? En Juárez y Maximiliano, el indio Chi…
zapoteca es un espíritu al que se invoca pero que nunca elizea ¡Chihuahua! Pronúncielo usted como su Chicago.
aparece. Escuchemos qué se dice de él en la primera escena clark ¿Qué? ¿Este muladar? No hay nada en Chicago
como este agujero, ¿y por qué esta retirada? Bazaine
está a mucha distancia. No hay combates, no hay
Residencia del gobierno del presidente republicano Benito Juárez, en emociones, no hay aventura para nosotros. Estoy
Chihuahua, en el norte de México. Una oficina pública desnuda y luchando por obtener una entrevista para mi perió-
bastante maltratada que data del régimen español y tiene en la parte dico con el ciudadano presidente. ¡Una entrevista!
de atrás unas ventanas con arcos, altas y con mucho fondo, cuyos No puedo ni aun ver al señor Juárez, ni por amor, ni
vidrios rotos están remendados con papel. Las puertas están cubiertas por dinero, ¿Existe realmente semejante persona?
de cartelones, manifiestos y edictos que siempre terminan con el grito elizea El presidente quiere que lo dejen solo. Trabaja día y
de guerra en mayúsculas ¡viva la república! Hay a la izquierda noche.
una puerta cubierta con colchas arregladas precipitadamente y a la clark Oiga usted, mire. Mi jefe me está escribiendo cartas
derecha otra grande que da a un corredor exterior. Una mesa, es- amenazadoras. El público quiere acción en vez de
critorio oficial, ha sido colocada cerca de la luz y en ella está sentado descripciones de paisajes. Las noticias de las más
trabajando el abogado elizea, secretario del presidente. En el banco importantes batallas de nuestra guerra llegaron al
de madera donde la gente se sienta a esperar, está encogido y con la norte sin dificultad alguna. Y aquí estoy en México,
mirada fija, el diputado de la ciudad de Chihuahua. clark, corres- sin tener nada que comunicar. Puedo perder mi
ponsal de guerra de El Heraldo de Nueva York, se pasea a lo largo empleo si no me consigue usted esta entrevista,
de la pieza con toda tranquilidad. mister Elizea.
elizea ¡Paciencia! Todavía están los generales con el señor
clark ¡Con mil demonios, señor! Este ilustre y venerado presidente.
señor don Benito Juárez, parece ser un mito. (elizea clark Ya han estado con él dos horas y el gabinete estuvo
se encoge de hombros para indicar que no puede evitar- ahí el doble del tiempo.
lo. clark sigue con palabra clara y precisa.) Tengo las elizea Están tomando grandes resoluciones. El tiempo es
más urgentes cartas de presentación de Washing- corto y tienen que salir de nuevo hoy en la noche.
ton. ¡Como si yo necesitara recomendación alguna! Vienen desde muy lejos.
Son una mancha en mis quince años de honroso tra- clark ¿Desde dónde? ¿Quién lo sabe? De todos modos
bajo de reportero. Al principio todo lo vi muy fácil, este señor Juárez es un genio en retirada… ¿Por
pero ahora he tenido que andar siguiéndole la pista qué no sofocó la villana invasión de Veracruz en el
a este retiro secreto del gobierno legítimo. De San momento del desembarque? Volar los transportes,
Luis a Saltillo, de Saltillo a Monterrey, y de regreso destruir los caminos, quedarse donde estaba y dejar
a
que los condenados franceses se pudrieran de fie- clark ¿Y qué diferencia hay?
a
bre amarilla. Eso hubiera sido un plan adecuado, diputado (Perplejo porque su cerebro elemental se ve forzado a
pero sólo desperdicia sus oportunidades, abandona una definición.) Los aztecas eran muy buenos pero
los fuertes de la bahía sin un disparo y deja la puer- la sangre de los zapotecas es diferente. (Se queda en
ta abierta a las hordas de pantalones rojos de Luis silencio, asombrado de su misma opinión.)
Napoleón y del orgulloso Habsburgo. elizea Sí, son los más implacables de nuestros indios.
elizea (Continuando con su trabajo.) Hay que dejar que diputado Tengo un amigo comerciante en el sur, que conoce
maduren las enfermedades. a una persona cuyo padre tenía empleado al señor
clark Sí, si se empeña usted en morir de ellas. La monar- Juárez como un dependiente en su tienda. (Suena
quía, mi ilustre abogado y amigo, es cosa peligrosa un timbre, elizea se levanta rápidamente y sale por la
para gentes sin cultura. Es tan endemoniadamente puerta de las cortinas.)
aparatosa. clark (Al diputado.) ¡Ah! Usted sabe cosas de la niñez de
elizea Hubo otro hombre que se creyó también bastante este grande hombre. ¿No es verdad?
grande para ser emperador de México. Las balas de diputado (Saca penosamente la historia de su propio silencio.)
siete soldados lo dejaron listo. Nuestro presidente es descendiente de unos pobres
clark ¿Iturbide? También era un militar aventurero, gente ganaderos. El encargado de la tienda le daba pan y
de fuera. Maximiliano, mi querido señor, es un trabajo. Más tarde lo mandó a la escuela, con los
Habsburgo, hermano o primo de cada uno de los padres. Tenía una inteligencia despierta y por eso lo
monarcas de Europa —¡que el diablo se los lleve!, quisieron preparar para obispo.
pero estas cosas producen una impresión aquí. clark ¿Qué? ¿Juárez, enemigo mortal de la iglesia, el
Deles usted solamente una apariencia de legitimi- hombre que dictó las leyes de reforma para confis-
dad y un poco de brillo cortesano. car las propiedades religiosas, Juárez, un teólogo?
elizea ¡Legitimidad! Moctezuma, verdadero emperador de diputado Conoce a sus demonios por todos los lados.
México, fue también muerto por las flechas de sus clark (Murmurando.) ¿Y éste es el hombre que no me
súbditos indios. dejan entrevistar?
clark (Deja de pasearse.) Don Benito Juárez es indio. ¿No diputado (Desde lo profundo de su dolorosa experiencia.) Donde
es verdad? ¿Azteca? está no hay cautiverio.
Elizea Azteca. Sí, eso es. Azteca puro.
el diputado de chihuahua (Que hasta este momento ha tenido (Pausa)
la vista fija al frente, se levanta y con devoción se opri-
me el sombrero contra el pecho. Es un viejo mestizo, (mariano escobedo, riva palacio y porfirio díaz, generales
intensamente moreno.) Perdonen ustedes señores, republicanos, entran por la puerta que da a la oficina del presidente,
nuestro presidente no es de raza azteca, sino de la seguidos de elizea. No llevan los brillantes y fantásticos uniformes
zapoteca. de los oficiales del Ejército Imperial de México, escobedo y riva
Franz Werfel es un poeta, novelista y dramaturgo judío purifica por su trascendencia universal; una piedad no por el
que nació en Praga en 1890; recibió buena educación en la caso accidental y efímero, sino por toda nuestra mísera vida,
capital bohemia; se interesó tempranamente en las letras y alienta en los personajes, vibra y relumbra y a veces atrue-
publicó dos libros de versos, uno en 1911 y otro en 1913, na y ensordece. Y dentro de esta piedad el relincho de los
antes de salir, durante la guerra de 1914, a pelear al lado de potros indómitos de una reivindicación social y la luz de la
los poderes centrales en el frente ruso. Escribió dos novelas: aurora de la esperanza de algo mejor. “El canto del macho
Verdi, novela de la ópera y El hombre que venció a la muerte. Es cabrío” es un símbolo revolucionario de fuerza potente y de
autor de tres dramas: El canto del macho cabrío, Taciturno, y ardimiento, y en las últimas palabras de la obra es piedad
Juárez y Maximiliano. para la madre y suprema esperanza, cuando en la creencia
Conozco solamente el primero y el último, que colocan de que todo se ha perdido de un hijo cuya monstruosidad
a Werfel entre los dramaturgos de más fuerza y mejor equi- física lo privó de todo derecho, una mujer dice: “Te equivo-
po dramático de los contemporáneos. Estas dos piezas han cas madre. Aún está en el mundo. Llevo un hijo suyo en las
sido presentadas en Nueva York por The Theatre Guild, entrañas.” Este monstruo es la fuerza que mueve el drama y,
asociación que tan inteligentemente y con tanto heroísmo sin embargo, no aparece en escena, como no aparece Juárez
ha logrado levantar el nivel intelectual y el gusto de los en Juárez y Maximiliano, a pesar de ser también la fuerza
públicos de la urbe fantástica. impulsora de la acción.
Caracterización humana y ampliamente católica; situa- La obra cuya traducción ofrezco, tiene la opinión euro-
ciones dramáticas poderosamente intensas; diálogo natura- pea actual sobre la tragedia del Habsburgo que comenzó en
lista, ágil y policromado; interés progresivamente creciente; Miramar y terminó en Querétaro. En materia de fidelidad
sensibilidad extraordinariamente fina; imaginación rica y histórica, por lo demás nunca exactamente comprobable a
tendencias revolucionarias, firmes y bien orientadas, son las pesar de que en casos como el presente la documentación
características de Werfel. ha sido meticulosa, la pieza se permite libertades episódicas,
Y sobre todas esas cosas una noble piedad que limpia y pero es honrada en el dibujo de los caracteres principales.
a
palacio llevan simples uniformes militares con chaqueta larga, riva palacio ¿Quién se atreve a hablar cuando Porfirio Díaz
a
gruesos pantalones grises con tiras rojas y botas Wellington. Sola- está presente?
mente porfirio díaz lleva la camisa roja Garibaldi —que se ha clark ¿Van ustedes a incorporarse a sus tropas ahora?
vuelto también en México el símbolo de la revolución republicana—, díaz Puedo recitarle a usted de memoria la lista de mis
un cinturón y el sombrero nativo nacional. Es un hombrecito cente- tropas. Un capitán, dos subalternos, un trompeta,
lleante con facciones extremadamente recogidas y un fino bigote im- ocho hombres.
perial. Debe verse mucho más joven que riva palacio y que el clark Por el amor de dios, eso es una broma.
sombrío y barbado escobedo. Los generales se dirigen al frente del díaz Procedo con la más amarga sinceridad. Dígale usted
escenario. elizea, que ha entrado con los generales, introduce a la a los Estados Unidos que no estamos poniendo
sala de trabajo del presidente, guiándolo hacia la derecha, al dipu- en escena una interesante comedia, que estamos
tado. Vuelve inmediatamente y se retira al nicho de una ventana peleando por nuestras vidas.
con el reportero.) clark Pero caballeros, ¿y todas estas noticias sobre los
ejércitos republicanos?
riva palacio ¿Están ustedes agotados como yo, caballeros? El riva palacio El enemigo los llama rebeldes y bandidos.
cerebro del viejo es como una máquina. A mí me clark ¿No al ejército?
duele la cabeza. escobedo Los franceses acabaron con el último en Oaxaca.
díaz No me impresiona a mí en esa forma. Para mí es clark Dicen que han exagerado la fuerza de Bazaine y
como una mujer a la que uno teme y adora. Maximiliano.
escobedo Todos estamos orgullosos de usted, mi general, y lo díaz No, en absoluto. Tienen a su mando cuarenta mil
que es más, no estamos celosos. franceses, belgas y austriacos. Los mejor preparados
díaz Somos más admirados por la inspiración que nada oficiales de Europa para entrenar a nuestras gentes
cuesta, que por el precio de penas infinitas. Es una para la guerra de asalto.
de las ironías de la vida… clark No pueden estar las cosas tan malas. Los mejores
clark (Aproximándose a los generales.) Tengo el alto honor hombres están del lado de ustedes, excelencia. Los
de dirigirme a los más grandes generales de la repú- genios militares, los verdaderos patriotas, y además
blica. (Los generales lo ven hostilmente.) Los Estados la protección de los primeros revolucionarios del
Unidos y la Casa Blanca ven con amistad y fraternal mundo. La amistad de Garibaldi.
cariño la lucha heroica del pueblo mexicano contra díaz Está usted equivocado. Nuestros mejores estrate-
la invasión extranjera y la monarquía impuesta por gas, el general Uraga y el general Vidaurri, son los
la fuerza. ¿Me van ustedes a permitir algunas pre- amigos queridos de Maximiliano y los patriotas se
guntas, caballeros? Estoy seguro. Hay un clamor en están arañado unos a otros para obtener su Orden
Nueva York pidiendo noticias. de Guadalupe ¿Garibaldi? Sí, pero ¿dónde está
escobedo (Irónico.) Riva Palacio, usted es el ilustrado entre Garibaldi?
nosotros; contéstele. clark ¿De modo que el archiduque es popular?
El uso de uno que otro artificio melodramático no compro- Basch, la adoración lastimosamente candorosa de Mejía, la
mete la dignidad de la obra ni pone en peligro su integridad pérfida intriga política… y los campos llenos de sangre.
arquitectónica que no puede ser otra que la de todo drama Juárez era el hombre; Labastida, símbolo del clero
histórico, a saber, una sucesión panorámica de aconteci- católico, la ambición terrena, el mal que aplastó y mancilló
mientos previamente conocidos, que permite observar la lo que hubo de limpio y alado en los rasgos humanos de
acción del héroe sobre ellos y la de ellos sobre el héroe, para aquella loca aventura; pero de aquel bello archiduque, poeta
describir el carácter de éste. La unidad de carácter del héroe rubio y soñador, cándido como un niño, a veces soberbia-
es la unidad de acción de la pieza. mente malcriado, que quiere echar mano de una utopía
Werfel, de acuerdo con la verdad, pinta a Maximiliano paradójica y sentimental para salvar un imperio de cartón
como el hombre débil y a Juárez como el hombre fuerte. recortado en Francia y pegado con la goma del régimen
Siente piedad por los enamorados de Miramar, pero lo católico apostólico mexicano, y de aquella celeste consorte,
deslumbra la rígida entereza del hombre de ébano; aquellos fina y hermosa, cuya esterilidad encauza hacia otro rumbo
representan las ambiciones humanas ante una categoría de su ambición y quiere hacer de Maximiliano el hijo que de
la existencia: la libertad, simbolizada por Juárez. El conflicto él no pudo tener, de aquella pareja de amantes, tal vez pre-
se desarrolla entre estas dos fuerzas y vence la más fuerte, la gunten algunos con el poeta:
ineludible, la universal, Juárez. Maximiliano y Carlota desfi-
lan hacia la muerte y hacia la locura al son del alarido de pie- Y el ser bello en la tierra encantada,
dad del autor que sólo se acalla para dejar oír el estrépito del y el soñar en la noche iluminada,
mazo de la libertad que empuña el brazo poderoso del indio; y la ilusión de soles diademada,
y entre estas dos figuras y bajo el límpido cielo de México, y el amor…
la bajeza de Labastida, la grosería de Bazaine, la histeria de fue nada…¿nada?… G
Agnes Salm, la gallarda hidalguía de Porfirio Díaz, la cobar-
de traición de López, la venerable devoción de Herzfeld y Enrique Jiménez D.
a
díaz (Honrado y sincero) La gracia y la
a
distinción siempre impresionan en
México.
clark ¿Dicen que es enteramente libe-
ral?
díaz Cuento de hadas europeo con el
cual cada príncipe borda su entra-
da en escena.
clark ¿Es verdad, señor general, que
Maximiliano le hizo a usted algu-
nas proposiciones?
díaz Cuando estuve prisionero. Primero
me invitó a una entrevista. Como
no fui, me envió su carruaje para
llevarme a una audiencia secreta.
La tercera vez se tomó la molestia
de venir a verme. Tres veces lo
rechacé, pero de todos modos me
honró con su retrato. El presiden-
te también recibió uno. Uno muy
grande con una dedicatoria. díaz Quietos, ciudadanos. Ustedes están seguros, uste-
clark ¿Qué cosa decía? des serán protegidos… no hay que temer… ¡Viva la
elizea “La sabiduría de la enemistad es la reconciliación” república! (Suavemente, a los generales.) Caballeros,
y luego “Maximiliano”, en grandes letras negras vamos a exhibirnos en las calles.
debajo. escobedo Bueno, vamos.
clark ¿Y Juárez? díaz ¡A la plaza, ciudadanos! ¡Viva la república!
elizea Le estudió la cara exactamente dos minutos. Lo
dejó y dijo: “El hombre se retrata”. (Intensos gritos.)
clark ¿Tiene el presidente republicano conciencia com-
pleta de su difícil posición? (Los generales, el DIPUTADO y los ciudadanos salen.)
díaz Más completa que la que tiene Maximiliano.
clark (Fija la mirada.) ¿Qué cosa va a hacer? (Gritos.) ¡Viva la república!
riva palacio Su pregunta es impertinente. Felizmente no clark ¿De nuevo a la frontera? Las cosas van muy mal.
podemos contestarla. Los generales partimos hoy elizea Usted y yo no podemos juzgar eso.
en la noche al sur, al este y al oeste. (Le enseña un clark ¿Pero…?
carta cerrada.) Vea usted estas órdenes selladas. elizea Un buen saltarín toma un gran impulso.
Cada uno de nosotros tiene uno de esos misteriosos clark Bastante impulso. ¿Dónde estaremos mañana? Mi
sobres. Lea usted éste. jefe habrá de tener paciencia. Primero haré un ensa-
clark (Lee.) “No se abrirá antes de llegar al puesto designa- yo sobre su carácter.
do”. elizea ¿Qué?
riva palacio Este sobre contiene el futuro de México. (Unas clark Ya tengo el título, “El brujo de la revolución”. ¿Qué
cuantas figuras ansiosas aparecen por la puerta grande.) le parece?
clark ¿No le espanta a usted, señor general, ser enviado elizea Bueno, pero inverosímil. El señor Juárez es el sen-
así a la incertidumbre y a un peligro desconocido? tido común mismo. Mire usted.
díaz Ésa es la gloria que tiene, hombre. Prefiero cabalgar clark (Se aproxima con curiosidad, mira a través de una
en la espesa niebla de la mañana que puede levan- rendija y se retira al frente del escenario violentamente
tarse sobre cualquier cosa. El pensamiento es de espantado y humillado. Servilmente.) Por dios, me
Juárez, la acción de los jóvenes. Por su calma, no miró.
hay locura que yo no cometiera. elizea No lo estaba viendo a usted.
clark Juventud, ¡América es tuya! clark Yo no tengo miedo, pero el corazón me late deses-
diputado de la ciudad (Entra, mortalmente pálido, por la puer- peradamente.
ta de la izquierda, que deja abierta.) Ya lo sabía yo. (A elizea No lo vio a usted, está descansando.
la gente que está esperando.) Estamos perdidos. Maña- clark ¿Con esos ojos fijos?
na se nos va el presidente. Él, el gobierno, todos se elizea No está dormido, ni está despierto, descansa. Como
van al norte, a la frontera. Nos abandonan a nuestra es su costumbre después de una gran tensión ner-
suerte. Los franceses vienen, se vengarán en noso- viosa.
tros, matarán a nuestros hijos. ¡Oh, oh! ¿Qué nos va clark Creo que me las tendré que arreglar sin la entre-
a pasar? vista.
a
a
Corona de sombra
Rodolfo Usigli
La frustrada emperatriz Carlota califica con estos términos entonces la pirámide crecía hasta llenar todo el
la condena anímica que le depara el destino. También en horizonte y cortar toda comunicación con el
esta obra, Juárez es sólo una presencia, un antagonista mar. Yo sabía que iba en uno de los barcos; pero
fantasma del Maximiliano que de algún modo lo estima también sabía que me había quedado en tierra,
atrás de la pirámide, y que la pirámide me sepa-
raba ahora de mí mismo.
Una como procesión de sombras, guiada por la luz de las velas encen- maximiliano Es un sueño extraño, general. ¿Podéis descifrar
didas, pasa de derecha a izquierda. Se ilumina la escena al entrar en su significado?
el salón de la izquierda, primero, un lacayo con el candelabro; detrás miramón Me pareció ver en este sueño, cuando desperté,
maximiliano, detrás miramón y lacunza. Otras figuras confusas el destino mismo de México, señor. Si la pirá-
quedan atrás. mide acababa con la iglesia, si el indio acababa
con el blanco, si México se aislaba de la influen-
maximiliano Buenas noches, señores. cia de Europa, se perdería para siempre. Sería la
vuelta a la oscuridad, destruyendo cosas que ya
El lacayo sale, las sombras pasan del centro a la derecha y desapare- se han incorporado a la tierra de México, que
cen. Se corre el telón parcial sobre el salón de la derecha. miramón y son tan mexicanas como la pirámide de hom-
lacunza se inclinan para salir. bres blancos que somos tan mexicanos como el
indio, o más. Acabar con eso sería acabar con
maximiliano No, quedaos, general Miramón. Quedaos, señor una parte de México. Pensé en las luchas intes-
Lacunza. tinas que sufrimos desde Iturbide; en la des-
confianza que los mexicanos han tenido siem-
Los dos se inclinan. pre hacia el gobernante mexicano; en la traición
de Santa Anna, en el tratado Ocampo-Mc Lane
miramón Su majestad debe de estar muy fatigado. Mañana y en Antón Lizardo. En la posibilidad de que,
habrá tantas ceremonias que… cuando no quedara aquí piedra sobre piedra de
maximiliano No sé bien por qué, general, pero sois la única la iglesia católica, cuando no quedara ya un solo
persona, con Lacunza, que me inspira confianza blanco vivo, los Estados Unidos echaran abajo
para preguntarle ciertas cosas. Ya sé que sois la pirámide y acabaran con los indios. Y pensé
leal —otros lo son también—; pero nunca les que sólo un gobernante europeo, que sólo un
preguntaría yo esto. (miramón espera en silencio.) gobierno monárquico ligaría el destino de Méxi-
Será porque sois europeo de origen como yo. co al de Europa, traería el progreso de Europa a
Bearnés, es decir, franco. Habéis sido presidente México, y nos salvaría de la amenaza del norte y
de México, ¿no es verdad? de la caída en la oscuridad primitiva.
miramón Dos veces, sire. maximiliano (Pensativo) ¿Y piensan muchos mexicanos como
maximiliano Y eso no os impidió llamarme a México para vos, general?
gobernar. miramón No lo sé, majestad. Yo diría que sí.
miramón No, majestad. lacunza Todos los blancos, majestad.
maximiliano ¿Por qué? (Pausa.) Os pregunto por qué. miramón Tomás Mejía es indio puro, y está con nosotros.
miramón Pensaba cuál podría ser mi respuesta sincera,
sire. Nunca pensé en eso. Hay motivos políticos maximiliano pasea un poco.
en la superficie, claro.
maximiliano ¿Aceptasteis la idea de un príncipe extranjero maximiliano Quiero saber quién es Juárez. Decídmelo. Sé
sólo por odio a Juárez? que es doctor en leyes, que ha legislado, que es
miramón No, sire. masón como yo; que cuando era pequeño fue
maximiliano ¿Entonces? salvado de las aguas como Moisés. Y siento den-
miramón Perdone Vuestra Majestad, pero todo se debe a tro de mí que ama a México. Pero no sé más. ¿Es
un sueño que tuve. popular? ¿Lo ama el pueblo? Quiero la verdad.
maximiliano ¿Podéis contármelo? miramón Señor, el pueblo es católico, y Juárez persigue y
miramón No sé cómo ocurrió, sire, pero vi que la pirá- empobrece a la iglesia.
mide había cubierto a la iglesia. Era una pirá- lacunza Señor, el pueblo odia al americano del norte, y
mide oscura, color de indio. Y vi que el indio Juárez es amigo de Lincoln.
había tomado el lugar del blanco. Unos barcos miramón Juárez ha vendido la tierra de México, señor, y
se alejaban por el mar, al fondo de mi sueño, y el pueblo, además, ama a los gobernantes que
a
brillan en lo alto. Juárez está demasiado cerca no dejéis de contármelo, os lo ruego. Señor
a
de él y es demasiado opaco. Se parece demasiado Lacunza, quiero leer mañana mismo las leyes de
al pueblo. Ése es un defecto que el pueblo no reforma, y escribir una carta a Juárez. Buscadme
perdona. a Juárez.
lacunza Señor, el pueblo no quiere ya gobernantes de un
día, y Juárez buscaba la república. lacunza y miramón levantan la cabeza con asombro. maximiliano
miramón El mexicano no es republicano en el fondo, los despide con una señal, y salen después de inclinarse. Solo, maximi-
señor. Su experiencia le enseña que la república liano pasea un momento. Se oye, de pronto, llamar suavemente a la
es informe. segunda puerta izquierda. maximiliano va a abrir. Entra carlota.
lacunza El mexicano sabe que los reyes subsisten en
Europa, conoce la duración política de España, maximiliano ¡Tú!
y aquí, en menos de medio siglo, ha visto desba- carlota No podría dormir hoy sin verte antes, amor mío.
ratarse cuarenta gobiernos sucesivos. (En tono de broma.) ¿Vuestra majestad imperial
maximiliano Iturbide quiso fundar un imperio. está fatigada?
miramón Se parecía demasiado a España, señor, y estaba maximiliano Mi majestad imperial está molida. ¿Cómo está
muy cerca de ella. Por eso cayó. vuestra majestad imperial?
maximiliano Decidme una cosa: ¿odia el pueblo a Juárez, carlota Enamorada.
entonces?
Se toman de las manos, se sientan.
Los mira alternativamente. Los dos callan.
maximiliano ¿Satisfecha por fin?
maximiliano Comprendo. Juárez es mexicano. Pueden no carlota Colmada. Tengo tantos planes, tantas cosas que
quererlo, pero no lo odian. Pero entonces el te diré poco a poco para que las hagamos todas.
pueblo me odiará a mí. Ya no hay sueños, Max, ya todo es real. Verás
miramón Nunca, señor. qué orden magnífico pondremos en este caos.
lacunza El pueblo ama a vuestra majestad. Tendremos el imperio más rico, más poderoso
maximiliano ¿Me ama a mí y ama a Juárez? Eso sería una del mundo.
solución, quizás: Juárez y yo juntos. maximiliano El más bello desde luego. Me obsesiona el
miramón ¿Se juntan el agua y el aceite? El pueblo no os lo recuerdo del paisaje. He viajado mucho, Carla,
perdonaría nunca. pero nunca vi cosa igual. Las cumbres de Mal-
maximiliano Si el pueblo nos amara a los dos, ¿no sería posi- trata me dejaron una huella profunda y viva.
ble ese milagro? Sólo en México el abismo puede ser tan fasci-
lacunza Nunca, señor. nante. Y el cielo es prodigioso. Se mete por los
maximiliano Pero vosotros sois mexicanos y me aceptáis y me ojos y lo inunda a uno, y luego le sale por todos
reconocéis por vuestro emperador. Los que me los poros, como si chorreara uno cielo.
buscaron en Miramar también lo eran. ¿Os aleja- carlota Max, ¿recuerdas ese grito que oímos en el cami-
ríais de mí si Juárez se acercara? (Los dos hombres no? Yo lo siento todavía como el golpe de un
callan.) Si el pueblo odia a los Estados Unidos del hacha en el cuello: “¡Viva Juárez!” Por fortuna
Norte, ¿cómo puede amar a Juárez? Comprendo mataron al hombre, pero su voz me estrangula
bien: Juárez es mexicano. Pero si se acercara a aún.
mí, eso os apartaría. Luego entonces, vosotros, maximiliano (Levantándose) ¿Qué dices? ¿Lo mataron?
toda vuestra clase, que está conmigo, lo odia. carlota Oí sonar un tiro a lo lejos.
miramón No lo odiamos señor. No queremos que la maximiliano ¡No! ¡No es posible! Tendré que preguntar… Va
pirámide gobierne, no queremos que muera la a tirar de un grueso cordón de seda.
parte de México que somos nosotros, porque no carlota (Levantándose y deteniendo su brazo) ¿Qué vas a
sobramos, porque podemos hacer mucho. hacer?
maximiliano Como ellos. maximiliano A llamar, a esclarecer esto en seguida. ¡No, no,
miramón Yo no odio a Juárez, señor. Lo mataría a la pri- no! No es posible que nuestro paso haya dejado
mera ocasión como se suprime una mala idea. tan pronto una estela de sangre mexicana. ¡No!
Pero no lo odio. carlota (Llevándolo) Ven aquí, Max, ven, siéntate. Quizás
maximiliano Pero lo mataríais. No me atrevo a comprender estoy equivocada, quizá no hubo ningún tiro
por qué. Decidme, ¿por qué lo mataríais? —quizás el hombre escapó.
lacunza Porque Juárez es mexicano, majestad. maximiliano ¡Carla!
maximiliano Ése era el fondo de mi pensamiento: la ley del
clan. Adiós, señores. Se deja caer junto a ella, cubriéndose la cara con las
manos.
Los dos hombres se inclinan y van a salir.
carlota ¿Si no hubiera escapado oiría yo su grito aún?
maximiliano Me interesan mucho vuestros sueños, general Tienes razón, Max, no es posible. No puede
Miramón. Si alguna vez soñáis algo sobre mí, haber pasado eso.
a
maximiliano No, ¡no puede haber pasado! maximiliano (A media voz) “Massimiliano, non te fidare…”
a
carlota No sigas, ¡por favor!
Ella lo acaricia un poco; él se abandona. Pausa. maximiliano (Mismo juego, soñando) “Torna al castello de
Miramare”. (Reacciona.) No podemos volver,
carlota Max, escuché involuntariamente al principio, Carla. Tú tenías razón: nuestro destino está
deliberadamente después, tu conversación. ¿Para aquí.
qué quieres escribir a Juárez? carlota Si tú quieres volver, no me importará dejarlo
maximiliano (Repuesto) Éste es el país más extraordinario que he todo, Max.
visto, Carlota. Ahora puedo confesarte que todo maximiliano (Tomándole la cara y mirándola hasta el fondo de los
el tiempo, en el camino, al entrar en la ciudad, a ojos) ¿Quieres volver tú, renunciar a tu imperio?
cada instante sentí temor de un atentado contra Di la verdad.
nosotros. Hubiera sido lo normal en cualquier carlota No; Max. Hablemos con sensatez. Yo lo quería
país de Europa. Pero he descubierto que aquí no y lo tengo; es mi elemento, me moriría fuera
somos nosotros quienes corremos peligro: son los de él. Pero soy mujer y no quiero perderte a ti
mexicanos, es Juárez. Por eso quiero escribirle. tampoco, ¡júrame…!
carlota ¿Qué dices? maximiliano ¿Desde cuándo no nos bastan nuestra palabra
maximiliano Quiero salvar a Juárez, Carlota. Lo salvaré. y nuestro silencio? Sólo los traidores juran. (La
carlota Max, olvida a ese hombre. No sé por qué, pero acaricia.) Hace una noche de maravilla, Carla.
sé que lo odio, que será funesto para nosotros. ¿Quieres que hagamos una cosa? (Ella lo mira.) El
Tengo miedo, Max. bosque me tiene fascinado. Chapultepec, lugar de
maximiliano ¿Tú, tan valiente? La princesa más valiente de chapulines. Quisiera ver un chapulín: tienen un
Europa. ¿O conoces a otra que se atreviera a esta nombre tan musical… (Se levanta, teniéndola por
aventura? No, amor mío, no tengas miedo. Tú las manos.) Escapemos del imperio, Carlota.
me ayudarás. Nosotros salvaremos a Juárez. carlota ¿Qué dices?
carlota ¡Oh, basta, Max, basta! No he venido a hablar de maximiliano Como dos prometidos o como dos amantes.
política contigo, no quiero oír hablar nunca más Vayamos a caminar por el bosque azteca cogidos
de ese hombre. Olvidemos todo eso. de la mano. ¿Quieres? (La atrae hacia él y la hace
maximiliano Es parte de tu imperio. levantar.)
carlota Esta noche no quiero imperio alguno, Max. He carlota ¡Vamos! (Se detiene.) Max…
sentido de pronto una horrible distancia entre maximiliano ¿Amor mío?
nosotros: estaremos juntos y separados en el carlota He estado pensando. … No quiero perderte
trono y en las ceremonias y en los bailes; ten- nunca, de vista. ¿Sabes qué haremos ante todo?
dremos que decirnos vos, señor, señora. ¡Oh, (maximiliano la mira, teniendo siempre su mano.)
Max, Max! Nunca ya podremos irnos juntos de Haremos una gran avenida, desde aquí hasta el
la mano y perdernos por los jardín como dos palacio imperial.
prometidos o como dos amantes. maximiliano Es una bella idea; pero, ¿para qué?
maximiliano ¡Mi Carlota, mi emperatriz! carlota Yo podré seguirte entonces todo el tiempo,
carlota No me llames así, Max. Carla, como antes. Dime, desde la terraza de Chapultepec, cuando vayas y
Max, ¿no podremos ser amantes ya nunca? cuando vuelvas. ¡Dime que sí!
maximiliano ¿Y por qué no? maximiliano Mañana mismo la ordenaremos, Carla. Vamos al
carlota ¿No nos separará este imperio que yo he querido, bosque ahora.
que yo he buscado? ¿No tendré que arrepentirme carlota Con una condición: no hablaremos del imperio,
un día de mi ambición? ¿No te perderé, Max? te olvidarás para siempre de Juárez.
maximiliano (Acariciándola) ¡Loca! maximiliano No hablaremos del imperio. Pero yo salvaré a
carlota No. ¿Acaso no vi cómo te miraban estas mexi- Juárez.
canas de pies asquerosamente pequeños, pero de carlota (Desembriagada) Hasta mañana, Max.
rostros lindos? Todas te miraban y te deseaban maximiliano ¡Carlota ! Espera.
como al sol. carlota ¿Para qué? Has roto el encanto. Yo pienso en ti
maximiliano ¿Me haces el honor de estar celosa? Por ti acepté y tú piensas en Juárez.
el imperio, Carlota; pero ahora sólo por ti lo maximiliano No podemos separarnos así, amor mío. Vamos,
dejaría. Vayámonos ahora mismo, si tú quieres, te lo ruego.
como dos amantes. (Sonríe ampliamente.) Qué
cara pondrían mañana los políticos y los cor- Le besa la mano; luego la rodea por la cintura con un brazo. Ella
tesanos si encontraran nuestras alcobas vacías apoya su cabeza en el hombro de él. En la puerta de la terraza, Car-
y ningún rastro de nosotros. ¡Cuántos planes, lota habla.
cuántas combinaciones, cuántas esperanzas no
se vendrían abajo! ¡Sería tan divertido! carlota Quizás sea la última vez.
carlota Si hablas en serio, Max, vayámonos. Te quiero
más que al imperio. Me persigue todavía aquella Salen. La puerta queda abierta. Un golpe de viento apaga los velones
horrible canción en italiano… semiconsumidos. Cae el telón G
a
a
Juárez y su México
Ralph Roeder
a
generación y de una rama colateral; y en esta existencia monó-
a
las tinieblas. Antes de retirarnos, nos despedimos de la estatua.
tona e invariable, sin novedad, sin memoria, no les queda ni un Ahí está, la única autoridad competente que nos dice la última
tenue hilo de tradición familiar que les ligue con aquel parien- palabra: “Saber es ser”. Aquí donde empezó a ser, no queda del
te remoto que se fue con los tiempos idos y que acaba de re- hombre más que el molde vacío: la sustancia viva se ha escurri-
gresar hace poco a su tierra, sobre un pedestal, transformado do para siempre. El camino a San Pablo Guelatao no conduce
en estatua. La ignorancia conserva la continuidad y la curiosi- a ninguna parte, y sólo al emprender el viaje de regreso a
dad rompe la liga frágil. Hace más de un siglo que el tiempo ha Oaxaca y seguir sus huellas en sentido contrario, tendrá razón
intervenido, y más que el tiempo, la estatua, tan extraña como el recorrido y la vía recordará al viandante.
nosotros y casi tan intrusa, mirando al
horizonte como un solitario turista de Descendientes de Juárez sí lo son; Como la biografía es una amalgama de
bronce. Ya lo sabemos: el culto es algo pero de la sexta generación y de una los conceptos que tiene el protagonista
importado por los de afuera e impuesto rama colateral; y en esta existencia acerca de sí mismo y de los que se for-
a un pueblo que tiene con la efigie sólo monótona e invariable, sin novedad, man de él los demás, seria menester
una relación fortuita y ficticia. sin memoria, no les queda ni un iniciarla con una página en blanco a no
Mortificados por su ignorancia y des- tenue hilo de tradición familiar ser por un fragmento autobiográfico
concertados por la nuestra, los ancianos que les ligue con aquel pariente compuesto por Juárez para la ilustración
nos mandan a la escuela. La escuela con- remoto que se fue con los tiempos de sus hijos. El valor de esta memoria
memora al hombre mejor que la estatua, idos y que acaba de regresar hace —que quedó trunca— consiste menos
perpetuando con un retorno vivo el an- poco a su tierra, sobre un pedestal, de los datos que nos proporciona que de
helo del muchacho que huyó de su pue- transformado en estatua aquella revelación íntima que, tratándo-
blo en pos del saber: hoy en día sesenta se de cualquier hombre y sobre todo de
jóvenes de la sierra concurren a las aulas; los anima el mismo un hombre tan discutido, será siempre la verdad más verídica.
afán de conquistar con los conocimientos el dominio de la vida; Pero los Apuntes para mis hijos son las reminiscencias del hom-
pero por sus mismos adelantos la escuela señala, tan terminan- bre hecho, que desde tiempo atrás había perdido contacto con
temente como la estatua, el vuelo irrevocable del tiempo. su origen en la sierra, y que revivía su niñez con el desprendi-
Claro que los jóvenes conocen a Juárez, pero de la misma ma- miento de la madurez: relación escueta de los datos, la revela-
nera que nosotros, embalsamado en los libros, y con mayor ción íntima se desprende de la narración breve y reticente de
razón les parece peregrina la idea de venir de tan lejos para los hechos mismos.
buscar su presencia aquí. ¡Si todo el mundo conoce a Juárez! Dos fechas perduraron en su memoria. La primera la tomó
—De nombre, sí, pero ¿el hombre? prestada de las partidas del libro parroquial. Su nacimiento el
—Pues, ahí está, en el jardín. día 21 de marzo de 1806 hubiera pasado inadvertido, si el niño
—Pero ¿antes de transformarse en estatua? se hubiese despertado del sueño prenatal, al igual que cual-
—¡Hombre! ¿Quién sabe? quiera otra criatura del campo, sin otro testigo que el equinoc-
—¡Muchacho como ustedes! cio de primavera; pero al día siguiente su padre, su madrina y
—¿Como nosotros? ¡Ay, señor! ¡Cosas del otro mundo son su abuelo paterno lo llevaron cuesta arriba, hasta Santo Tomás
éstas! Ixtlán, donde el párroco lo bautizó y lo registró en el Libro de
Sin embargo, siendo jóvenes, nada les parece imposible y de la Vida con el nombre de Pablo Benito Juárez. Reconocida la
repente recuerdan que efectivamente hay algunos datos de su condición legal de nacido, los demás datos materiales que si-
niñez conservados en el archivo del pueblo. Arrastrados por un guieron al baño bautismal quedaron también fuera del alcance
impulso de curiosidad colectiva, los muchachos, el maestro y de sus recuerdos. […] Conoció su nación y el ciclo normal de
los vecinos nos acompañan a la sala municipal, donde intenta- la vida indígena —nacer, morir; bautismo, entierro; dispersión,
mos el último recurso. Ya es noche, pero para complacernos el adopción—, pero dentro de la órbita inmemorial nacía ya el
alcalde enciende una vela, saca el registro y busca la cuartilla en anhelo de superarla, y con el despertar de ese afán se inician sus
que un anciano dejó constancia por escrito, hace cuarenta años, propios recuerdos.
de lo poco que por tradición oral se recordaba todavía del mu-
chacho, en 1902; no tiene, pues, nada de nuevo ni de original La exactitud de su memoria queda plenamente confirmada
nuestra obsesión; ya otros han explorado el plácido olvido de —salvo en un pequeño detalle— por los recuerdos de los
San Pablo Guelatao y dejado sus hallazgos para satisfacer o para ancianos, recogidos en el registro municipal. Centenarios o
acallar para siempre a sus sucesores. Sentados a la mesa y rodea- casi centenarios, se acordaban de que aún en aquella remota
dos por la concurrencia silenciosa y respetuosa, leemos los época el pueblo tenía una escuela, regida por un indígena,
breves renglones que encierran las reminiscencias de su niñez, y que el muchacho asistía a las clases todos los días antes de
todavía insepultas en aquel tiempo; y convencidos al fin de que salir al campo; pero si hay alguna discrepancia respecto a la
con nuestra quimérica curiosidad no logramos más que minar escuela, no hay ninguna respecto al educando. “Muy dedicado
las nubes, nos levantamos, dispuestos a confesar que, en verdad, al estudio —dice el registro—, demostró aplicación y prove-
hemos venido a la sierra para conocer la Laguna Encantada. cho en las letras. Su carácter fue obediente, reservado en sus
Camino a la escuela, donde nos invitan a pernoctar, pasa- pensamientos, y en general retraído; tuvo amigos, pero muy
mos un pequeño charco oscuro, que ya habíamos visto de día pocos; y demostraba con ellos formalidad y cordura.” Hasta en
sin sospechar que fuera una maravilla, pero que resulta ser la el campo siguió ensayando su vocación, y con tanta asiduidad
laguna legendaria. No nos atrevemos a investigar el misterio que no le extrañaba a nadie verlo “subir a un árbol y arengar al
que encierra; a los misterios hay que respetarlos y dejarlos en rebaño en su lengua natural zapoteca”.
a
Pero su vocación siguió muy eventual, y la oportunidad de la pena que le costó abandonar a su pueblo y a su tío quedó
a
llegar a ejercerla en la ciudad se retrasaba siempre. Su tío era siempre viva.
hombre de pocos recursos: “Sus intereses se reducían —según El registro municipal conserva otra versión de la calamidad.
el registro municipal— a un pequeño rebaño de ovejas y a un “El día 16 de diciembre de 1818, distraído con sus amigos de
solarcito junto a la laguna.” Sin más ocupación que contar o infancia, descuidó el rebaño, y éste habiendo causado daño en
acrecentar su rebaño, la ambición más insomne cabeceaba, y el una sementera ajena, le detuvieron para la respectiva indemni-
muchacho era obediente. Los años pasaron sin novedad y la vida zación de él. Asustado el joven Juárez por esto, no quiso hacer-
hubiera seguido siempre igual, a no ser por la proximidad de la se presente a su tío, por lo severo que era; ausentándose desde
Laguna Encantada. […] Vigilando y evangelizando a sus ovejas luego de la población con rumbo a la capital del estado, sin más
sin provecho, veía transcurrir los días monótonos, los meses tras- elementos que sus mismos presentimientos; pero amoroso como
humantes, los años interminables, sin vislumbrar el otro mundo era, quiso regresar varias veces a su hogar, impidiéndolo su
ni en el trasfondo de la laguna, ni en las ramas de un árbol. carácter enérgico y resuelto, por lo que continuó su viaje a
A los doce años no estaba más cerca de Oaxaca. Su tío no solía Oaxaca, refugiándose con una hermana suya, Josefa Juárez, que
separarse de él, ni el muchacho tampoco de su tío; y si sólo de servía en la casa de don Antonio Maza, de origen español.”
ellos se tratase, tal vez nunca se hubiera dado con una solución Ambas versiones llevan el sello de la misma verosimilitud.
del problema; pero cierto día les vino en su ayuda una oveja. Los ancianos comprendieron tanto sus sentimientos como sus
La segunda fecha que se perpetuó en su memoria quedó presentimientos, y con éstos termina también su testimonio.
grabada imborrablemente en su conciencia: no sólo el año, “Éstos son los únicos datos que se han podido recoger de la
sino el mes, el día de la semana y la hora del día. “Era el miér- tradición. Sus demás datos biográficos son generalmente co-
coles 17 de diciembre de 1818. Me encontraba en el campo, nocidos y apreciados en la Historia.” Por eso el alcalde puso al
como de costumbre, cuando acertaron a pasar, como a las once pie del relato tres palabras que sintetizan todo lo anterior:
del día, unos arrieros conduciendo unas mulas rumbo a la Sie- Guelatao de Juárez. La misma brevedad del relato basta para
rra. Les pregunté si venían de Oaxaca; me contestaron que sí, revelar, en ambos casos, la verdad de sus años verdes. Su tierra
describiéndome, a mi ruego, algunas de las cosas que allí vie- no era más que el fondo de su vida, y el transcurso de sus pri-
ron.” ¡Curiosidad fatídica! Pasada la recua, de repente se dio meros doce años, el preludio al día en que, obedeciendo al
cuenta de que le faltaba una oveja y, peor aún —ya que los encanto de la ruta, siguió huyendo por montes y valles, fuera
males no suelen venir solos—, se acercó “otro muchacho más de la inmensidad avasalladora de las montañas, fuera de la so-
grande y de nombre Apolonio Conde. Al saber la causa de mi ledad sin resonancia de los valles, hacia la ciudad soñada
tristeza, refirióme que él había visto cuando los arrieros se donde, en una sociedad nueva y desconocida, se descubrió a sí
llevaron la oveja.” No faltaba más, y pensando en la cara del mismo y nos conoció a nosotros. Para la biografía, San Pablo
tío, “ese temor y mi natural deseo de llegar a ser algo, me de- Guelatao es el punto de origen; para la Historia, el punto de
cidieron a marchar a Oaxaca”. Con el transcurso de los años, partida es Oaxaca. G
Elevación
Héctor Pérez Martínez
En Pérez Martínez se amalgaman política y literatura, Por uno de estos caminos, entre San Pablo Guelatao e
pues a su carrera política hay que sumar una obra literaria Ixtlán, una tropa alza polvo de plata. Tres indios: levantados de
elegante y perdurable, como comprobará quien siga alas los sombreros de palma; zamarra de manta cruda; blancos
leyendo Juárez, el impasible, biografía que a más calzones anudados a los tobillos. Por la frente descienden, en
de 50 años de haberse publicado conserva su garra pequeños chorros, los cabellos negros sobre la piel negra. A la
espalda, el machete providencial; en bandolera, un calabazo
lleno de agua. Marchan incansables, con ese paso del indio,
La mañanita brinca sobre la sierra y rueda al plan; se tiñen los entre trote y huida.
caminos de un azul gaseoso. El cielo descubierto, profundo. Atrás se anuncian, por el rojo de las enaguas, las mujeres.
Olor de rocío que se levanta de la selva, y en el aire húmedo y Tres mujeres; una de ellas, anciana ya, repite y sostiene el trote.
quebradizo, el silencio. La más joven, sobre la espalda, en medio del paréntesis negro
Los caminos bajan al valle. Por las mañanas claras se atisba, de sus trenzas, carga un bulto movedizo y bullente. Lo lleva
a lo lejos, un vago perfil de torres. Los caminos suben a la sie- amarrado al pecho y a la cintura. Ella se inclina en la carrera y
rra. La sierra de Ixtlán, en Oaxaca, inextricable, majestuosa. el bulto se hace perpendicular. Silencio. El silencio de los in-
Hacia levante, por leguas, la costa. Hacia adentro, por leguas dios se agudiza cuando bajan al pueblo.
también, la selva. Los escarpes, las laderas, organizan el paisaje. En el camino se enfrentan con bandadas de arrieros. Enton-
Y por entre laderas y barrancas, suaves, azules aún, los caminos ces los indios se lanzan hacia la cuneta; sostienen en el filo del
se inician lentamente. camino rápidos equilibrios, y pasan los carros y las recuas entre
a
restallidos de látigos, bárbaras tracciones de las mulas y una caperuza. Aire frío y violento. Un pueblo de indios, un pueblo
a
canción soez. familiar para los Juárez y los García: mugre en los jacales y
Los indios no hablan; los indios no miran; los indios esca- hambre en las bocas. Paz. La paz de los pueblos indígenas que
pan con su trote y su silencio. Amanecido ya llegan a Ixtlán. esperan la voz de los dioses viejos, rotos, desaparecidos, no
Les reciben las calles polvosas y los laureles del atrio parro- olvidados. Los dioses que velan en la sangre.
quial. Una llamada de campanas vuela sobre el caserío. Alguna San Pablo Guelatao, para una descripción sentimental,
beata discurre por los callejones empuñando su breviario. Los huele a azahar y tiene cerca una laguna: la Encantada; carriza-
indios se santiguan, se descubren; las indias se santiguan y se les y patos en el día. Amianto y plata por las noches. San Pablo
cubren. Blancos calzones y rojas enaguas entran a la casa de Guelatao, también, está en la montaña, y de la montaña Benito
dios. La menor de las indias desata el lienzo que une a su cuer- será hijo predilecto. La sierra penetra en él; la hosquedad, la
po el bulto de la espalda; es cuando un llanto incontenible abruptez se adueñarán de este niño que no oye nunca una can-
pone azoros en el beaterio y sonrisas indulgentes en el rostro ción, que se despierta en medio de la más auténtica naturaleza,
de santo Tomás, patrono de Ixtlán. Los indios respiran el humo sin las prerrogativas de su infancia, sucio de pobreza.
del copal y recuerdan, de modo inconsciente, las brutales cere- La vida se arrastra para el niño en el patio del jacal, en com-
monias de su culto; ceremonias que vivirán latentes en ellos pañía de un perro de orejas mansas, canelo él. Marcelino Juá-
por los siglos de los siglos. Alguien desgarra un amén en los rez rompe primero el alba; desata en el corral su yunta y va tras
labios. La iglesia se puebla rumores. El más anciano de los in- los bueyes que, sabedores del camino, trepan los senderos del
dios sube al presbiterio y habla tímidas y misteriosas palabras pueblo rumbo a la milpa. Brígida García pone a hervir el maíz,
con el sacerdote. Vuelve a poco a su querencia. Y el sacerdote, tuesta el café, y a la inminencia del canto de las gallinas, hurga
ido un instante, regresa con su estola y su libro, su cirio y su la paja de los nidos, buscando, gambusina, el grande grano de
gravedad. La más joven de las indias deshace el bulto por com- oro dentro del cascarón de los huevos.
pleto. Un indito negro, un pequeño ídolo abre los ojos y la Benito pasa así tres años, amparado contra la sierra por el
fuente del llanto. Llora con ese llanto rabioso y sin márgenes ambiente de su choza; pero una tarde sus ojos sorprenden un
de los niños; un lloro que se apaga para reanudarse en una nota drama. Marcelino, que no ha salido con la luz, que permanece
más alta; que declina y sube y, de improviso, cesa. El sacerdote quieto sobre los petates, gime con voces opacas. Brígida quema
baña la mínima testa con el agua de un Jordán ideal; pone en pociones en la lumbre y las comadres cruzan el jacal pronun-
los labios, abiertos por el grito, un poco de sal graciosa; úngelo ciando voces de conjuro. Por la noche los hachones dan un
al fin. tinte sombrío al cuadro. Bajo una estampa de la Guadalupana
Mágicas palabras aseguran a los indios que el ídolo es ya un se consume una velilla. Y al tramontar la noche, los lloros de
cristiano. Y en un revuelo de linos y alpacas, el vicario, acom- las mujeres subrayan la presencia de la muerte.
pasado, va a la sacristía. Sobre una página en blanco de su re- Benito, iniciado ya en la lengua zapoteca, debe haber com-
gistro, la pluma, meticulosa, rasguea un acta “En la iglesia pa- prendido el turbión de lamentos de su madre. Las hermanas,
rroquial de Santo Tomás Ixtlán, en veintidós de marzo del año Josefa y Rosa, empequeñecidas, negras como él, dentro de los
mil ochocientos seis. Yo, don Ambrosio Puche, vicario de esta huipiles de manta. Brígida enmudece luego, pero acaricia con
doctrina, bauticé solemnemente a Benito Pablo, hijo de Mar- manos doloridas su vientre abultado.
celino Juárez y de Brígida García, indios del pueblo de San Después del entierro todo se reanuda igual para el niño.
Pablo Guelatao, perteneciente a esta cabecera; sus abuelos Sólo falta la sombra del indio grande y el roce de sus labios en
paternos son: Pedro Juárez y Justa López; los maternos, Pablo los cabellos hirsutos del infante.
García y María García; fue madrina Vienen los abuelos al jacal. Juárez no
Apolonia García, india casada con Fran- San Pablo Guelatao, para una adivina el misterio de esos silencios pro-
cisco García, y le advertí su obligación y descripción sentimental, longados de sus familiares, ni las miradas
parentesco espiritual, y para constancia huele a azahar y tiene cerca angustiosas que dirigen al vientre de su
lo firmo con el señor cura. Mariano Cor- una laguna: la Encantada; madre. El perro renueva sus saltos.
tabarría. Ambrosio Puche”. carrizales y patos en el día. Otro cuadro, todavía de más miseria,
Los indios, entretanto, temblorosos y Amianto y plata por las noches. le sorprenderá pronto. Inútil, el niño va
aturdidos, cruzan el atrio, no sin haber San Pablo Guelatao, también, con las hermanas por las calles de San
reforzado el cepo de las Animas con una está en la montaña, y de la montaña Pablo Guelatao en un deambular sin fin,
moneda de plata. Frente a la iglesia está Benito será hijo predilecto sólo por alejarlo de la casa materna, en
el mercado. Marcelino Juárez compra y donde Brígida está en trance, y al llegar al
envuelve en su pañuelo unos granos de sal. Acaso Josefa Juárez, jacal, esa tarde, en que como ninguna otra el sol mañoso em-
su hija, hermana mayor de Benito, desee aquellas cuentas ver- borronaba de rojo los montes, su abuela, sarmentosa y trágica
des. Brígida García, la madre, lleva en sus brazos, dormido, al en sus lágrimas, recibe a los niños en sus brazos. Un vagido
idolillo negro. anuncia un nuevo ser. El llanto denuncia a un ser menos.
Los callejones en pendiente; el cabo de pueblo: una cruz ador- La orfandad de Juárez se inicia con un reparto. Josefa, Rosa
nada con papeles y colorines; piedrecillas al pie de la cruz para y Benito se quedan con los abuelos. María Longinos, la nueva
que el genio de los caminos alivie la andadura. Y la tropa vuel- hermana, es entregada a Cecilia García.
ve a remontarse a la sierra. “Tuve la desgracia —escribirá Juárez en Apuntes para mis
San Pablo Guelatao les acoge señero, miserable. Nada ha hijos— de no haber conocido a mis padres, indios de la raza
cambiado —nada cambiará— en él. Los caminos, en esta hora, primitiva del país, porque apenas tenía yo tres años cuando
descoloridos, grises. Sobre las montañas las nubes dibujan una murieron, habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y
a
tor siente lo recio del amor; cantos armoniosos cuando es el
a
sol padre del paisaje, y canciones aromáticas y tristes al decli-
nar la luz.
Juárez utiliza la flauta como un vehículo de expresión más
que como a una compañera. Las ovejas le rodean en esos atar-
deceres que influyen en el indio e imprimen en la música algún
ritmo animal, elevado en una línea que parte el aire y se desva-
nece en él.
Para construir sus flautas, el pastor abandona un día sus
ovejas y se acerca al borde de la laguna Encantada, donde cre-
cen los carrizos. Corta una caña y se sienta en la tierra húmeda.
Con la navaja rompe el barniz del cilindro vegetal y marca
luego el sitio en que los agujeros vendrán más tarde a hacer
sonoro el aire.
Y así no se da cuenta de cómo el viento baja de la monta-
ña impetuoso. Los carrizales, tejidos en compactas murallas,
oponen a la violencia del aire la misma superficie obstinada de
un velamen, y una porción de tierra, la misma en que el niño
talla su flauta, se desprende de la ribera y se hace lago adentro
llevada en las olas como una barca.
El niño acaricia el canuto musical. Lo lleva a los labios y
ensaya primero una escala. Sus dedos se despegan para abrir
los agujeros, ágilmente. Las notas rompen la ya serena soledad
del lago. Los últimos vuelos del aire se llevan, valle arriba, estas
notas iniciales, desajustadas, falsas acaso, pero que en los oídos
de la naturaleza acechante cautivan el paisaje.
Entonces el infantil artista ataca sus melodías monorrítmi-
cas. La inspiración le brota no del fondo de la carne, sino del
alma de su raza que vela en la profundidad del cuerpo. Es un
indio: panteísta. Según que su mirada atraviesa las capas de la
atmósfera azul, o bien se detiene en los picachos de la sierra,
la canción se aligera o brutaliza, se hace diáfana, ondula; notas
Rosa al cuidado de nuestros abuelos paternos Pedro Juárez y agudas, casi acuáticas, dicen que el indio vuelve los ojos al lago,
Justa López, indios también de la nación zapoteca. Mi herma- y notas desgarradas, sollozantes, anuncian que el niño se cobi-
na María Longinos, niña recién nacida, pues mi madre murió ja en su desgracia.
al darla a luz, quedó a cargo de mi tía materna, Cecilia García. Cuando el poema musical se agota el niño se alza y se con-
A los pocos años murieron mis abuelos; mi hermana María templa prisionero de un milagro. El islote está anclado a media
Josefa casó con Tiburcio López, del pueblo de Santa María laguna. Con la tarde, las ovejas se destacan en el llano, peque-
Tahuiche; mi hermana Rosa casó con José Jiménez, del pueblo ñitas y blancas; y por los cerros, en un vago prestigio de plata,
de Ixtlán, y yo quedé bajo la tutela de mi tío Bernardino Juárez, sube la luna, cuando el sol rueda en el horizonte.
porque mis demás tíos: Bonifacio Juárez había muerto, Maria- El azoro desnuda de sonrisas la boca del niño. La realidad
no Juárez vivía por separado con su familia y Pablo Juárez era de su situación le hace soltar la flauta tras la que vuela la mano
aún menor de edad.” instantáneamente, tomándola en el mismo gesto de asirse a un
Se traza así el destino. Bajo la tutela, Benito se ve compelido amuleto. Los ojos se le entrecierran; el rostro, impasible. Y el
a la lucha: “como mis padres no me dejaron ningún patrimonio niño es testigo de cómo el campo se tiñe en los colores magos
y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de de su crepúsculo, cómo las nubes desparecen, cómo van salien-
razón me dediqué a las labores del campo.” do las estrellas, cómo la laguna se llena de murmullos, cómo,
Estas labores se concretan al pastoreo. Se arma al niño de implacable, adviene la noche.
un látigo y se le entregan las ovejas serreras. Un perro y el Benito se lanza sobre la tierra en un abrazo enternecido,
paisaje serán sus amigos hasta que descubra ese instrumento pero sin lágrimas; muerde la flauta de tiempo en tiempo, y el
musical, emblema de los pastores: la flauta. Entretanto, en su aire modula notas aisladas y dramáticas. Tal serenata le ador-
lengua nativa, subido a un árbol, dirige largos discursos a las mece.
bestias y se le abre el corazón a la naturaleza. Cuando la sole- Culmina la noche sensual de las zonas templadas. Los ner-
dad del llano pesa sobre él, su inteligencia, tan primitiva como vios de la naturaleza estallan en lo negro. En el campo, las
realista, buscará algo en que entretener sus largas evasiones. Y ovejas tiemblan de soledad.
así da con la flauta, y entonces el diálogo ya no se dice en pa- Pero la mañana le sorprende. Un vientecillo tempranero
labras, sino en fugas de notas. impulsa el islote hacia la ribera. Salta el niño a tierra firme, y
El niño inventa una música de raíces religiosas: un canto a camino de su hato una alegría desconocida, de libertad primi-
los elementos que presiden su vida; cantos, también, epitalá- tiva, le inspira una canción al sol, vieja como el mundo.
micos, cuando los borregos acometen a las hembras y el pas- Ese día Benito prueba la amargura del látigo. G
a
a
Apuntes para mis hijos
Benito Juárez
Empieza a circular con nuestro sello una nueva edición de particulares a condición de que los enseñasen a leer y a escribir.
este texto autobiográfico, con prólogo de Josefina Zoraida Éste era el único medio de educación que se adoptaba general-
Vázquez y trabajo de edición y compilación de textos de mente no sólo en mi pueblo sino en todo el distrito de Ixtlán,
Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, María del Carmen de manera que era una cosa notable en aquella época, que la
Berdejo Bravo y Eugenio Reyes García mayor parte de los sirvientes de las casas de la ciudad era de
jóvenes de ambos sexos de aquel distrito. Entonces, más bien
por estos hechos que yo palpaba, que por una reflexión madu-
En 21 de marzo de 1806 nací en el pueblo de San Pablo Gue- ra de que aún no era capaz, me formé la creencia de que sólo
latao de la jurisdicción de Santo Tomás Ixtlán en el estado de yendo a la ciudad podría aprender, y al efecto insté muchas
Oaxaca. Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres veces a mi tío para que me llevase a la capital; pero sea por el
Marcelino Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva cariño que me tenía, o por cualquier otro motivo, no se resol-
del país, porque apenas tenía yo tres años cuando murieron, vía y sólo me daba esperanzas de que alguna vez me llevaría.
habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y Rosa al Por otra parte, yo también sentía repugnancia de separar-
cuidado de nuestros abuelos paternos Pedro Juárez y Justa me de su lado, dejar la casa que había amparado mi niñez y mi
López, indios también de la nación zapoteca. Mi hermana orfandad, y abandonar a mis tiernos compañeros de infancia
María Longinos, niña recién nacida, pues mi madre murió al con quienes siempre se contraen relaciones y simpatías pro-
darla a luz, quedó a cargo de mi tía materna Cecilia García. A fundas que la ausencia lastima marchitando el corazón. Era
los pocos años murieron mis abuelos; mi hermana María Jose- cruel la lucha que existía entre estos sentimientos y mi deseo
fa casó con Tiburcio López del pueblo de Santa María Yahui- de ir a otra sociedad nueva y desconocida para mí, para pro-
che; mi hermana Rosa casó con José Jiménez del pueblo de curarme mi educación. Sin embargo, el deseo fue superior al
Ixtlán y yo quedé bajo la tutela de mi tío Bernardino Juárez, sentimiento y el día 17 de diciembre de 1818 y a los doce años
porque de mis demás tíos, Bonifacio Juárez había ya muerto, de mi edad me fugué de mi casa y marché a pie a la ciudad de
Mariano Juárez vivía por separado con su familia y Pablo Juá- Oaxaca a donde llegué en la noche del mismo día, alojándo-
rez era aún menor de edad. me en la casa de don Antonio Maza en que mi hermana María
Como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi Josefa servía de cocinera. En los primeros días me dediqué a
tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me trabajar en el cuidado de la grana,1 ganando dos reales dia-
dediqué, hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labo- rios para mi subsistencia mientras encontraba una casa en qué
res del campo. En algunos ratos desocupados mi tío me ense- servir. Vivía entonces en la ciudad un hombre piadoso y muy
ñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber honrado que ejercía el oficio de encuadernador y empastador
el idioma castellano, y como entonces era sumamente difícil de libros. Vestía el hábito de la Orden Tercera de San Francis-
para la gente pobre y muy especialmente co y aunque muy dedicado a la devoción
para la clase indígena adoptar otra carre- El deseo fue superior al sentimiento y a las prácticas religiosas era bastante
ra científica que no fuese la eclesiástica, y el día 17 de diciembre de 1818 despreocupado y amigo de la educación
me indicaba sus deseos de que yo estu- y a los doce años de mi edad me de la juventud. Las obras de Feijoo y las
diase para ordenarme. Estas indicacio- fugué de mi casa y marché a pie epístolas de san Pablo eran los libros fa-
nes y los ejemplos que se me presenta- a la ciudad de Oaxaca a donde voritos de su lectura. Este hombre se lla-
ban de algunos de mis paisanos que sa- llegué en la noche del mismo día, maba don Antonio Salanueva, quien me
bían leer, escribir y hablar la lengua alojándome en la casa de don recibió en su casa ofreciendo mandarme
castellana y de otros que ejercían el mi- Antonio Maza en que mi hermana a la escuela para que aprendiese a leer y
nisterio sacerdotal, despertaron en mí María Josefa servía de cocinera a escribir. De este modo quedé estable-
un deseo vehemente de aprender, en cido en Oaxaca en 7 de enero de 1819.
términos de que cuando mi tío me llamaba para tomarme mi
lección yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigase El camino de la educación
si no la sabía; pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al
trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco En las escuelas de primeras letras de aquella época no se ense-
o nada adelantaba en mis lecciones. Además, en un pueblo ñaba la gramática castellana. Leer, escribir y aprender de me-
corto como el mío, que apenas contaba con veinte familias y en moria el Catecismo del padre Ripalda era lo que entonces forma-
una época en que tan poco o nada se cuidaba de la educación ba el ramo de instrucción primaria. Era cosa inevitable que mi
de la juventud, no había escuela, ni siquiera se hablaba la len- educación fuese lenta y del todo imperfecta. Hablaba yo el idio-
gua española, por lo que los padres de familia que podían cos-
tear la educación de sus hijos los llevaban a la ciudad de Oaxa- 1 Se refiere a la grana cochinilla, insecto que se cría en las nopale-
ca con este objeto, y los que no tenían la posibilidad de pagar ras y de donde se saca un color rojo (grana) para tintes. Era la indus-
la pensión correspondiente los llevaban a servir en las casas tria colonial oaxaqueña más importante.
a
ma español sin reglas y con todos los vicios con que lo hablaba Entretanto, veía yo entrar y salir diariamente en el Colegio
a
el vulgo. Tanto por mis ocupaciones, como por el mal método Seminario que había en la ciudad a muchos jóvenes que iban a
de la enseñanza, apenas escribía, después de algún tiempo, en la estudiar para abrazar la carrera eclesiástica, lo que me hizo re-
cuarta escala en que estaba dividida la enseñanza de escritura en cordar los consejos de mi tío que deseaba que yo fuese ecle-
la escuela a que yo concurría. Ansioso de concluir pronto mi siástico de profesión. Además, era una opinión generalmente
ramo de escritura, pedí pasar a otro establecimiento creyendo recibida entonces, no sólo en el vulgo sino en las clases altas de
que de este modo aprendería con más perfección y con menos la sociedad, de que los clérigos, y aun los que sólo eran estu-
lentitud. Me presenté a don José Domingo González, así se diantes sin ser eclesiásticos, sabían mucho, y de hecho ob-
llamaba mi nuevo preceptor, quien desde luego me preguntó en servaba yo que eran respetados y considerados por el saber que
qué regla o escala estaba yo escribiendo. Le contesté que en la se les atribuía. Esta circunstancia, más que el propósito de ser
cuarta… “Bien —me dijo—, haz tu plana que me presentarás a clérigo, para lo que sentía una instintiva repugnancia, me deci-
la hora que los demás presenten las suyas.” Llegada la hora de dió a suplicarle a mi padrino (así llamaré en adelante a don An-
costumbre presenté la plana que había yo formado conforme a tonio Salanueva porque me llevó a confirmar a los pocos días
la muestra que se me dio, pero no salió perfecta porque estaba de haberme recibido en su casa) para que me permitiera ir a
yo aprendiendo y no era un profesor. El maestro se molestó y estudiar al Seminario, ofreciéndole que haría todo esfuerzo
en vez de manifestarme los defectos que mi plana tenía y ense- para hacer compatible el cumplimiento de mis obligaciones en
ñarme el modo de enmendarlos, sólo me dijo que no servía y su servicio con mi dedicación al estudio a que me iba a consa-
me mandó castigar. Esta injusticia me ofendió profundamente grar. Como aquel buen hombre era, según dije antes, amigo de
no menos que la desigualdad con que se daba la enseñanza en la educación de la juventud, no sólo recibió con agrado mi pen-
aquel establecimiento que se llamaba la Escuela Real, pues samiento sino que me estimuló a llevarlo a efecto diciéndome
mientras el maestro en un [cuarto] separado enseñaba con es- que teniendo yo la ventaja de poseer el idioma zapoteco, mi
mero a un número determinado de niños, que se llamaban de- lengua natal, podía, conforme a las leyes eclesiásticas de Amé-
centes, yo y los demás jóvenes pobres como yo estábamos rele- rica, ordenarme a título de él sin necesidad de tener algún pa-
gados a otro departamento bajo la dirección de un hombre que trimonio que se exigía a otros para subsistir mientras obtenían
se titulaba ayudante y que era tan poco a propósito para enseñar algún beneficio. Allanado de ese modo mi camino entré a estu-
y de un carácter tan duro como el maestro. diar gramática latina al Seminario en calidad de capense,2 el
Disgustado de este pésimo método de enseñanza y no ha- día 18 de octubre de 1821, por supuesto, sin saber gramática
biendo en la ciudad otro establecimiento a qué ocurrir, me re- castellana, ni las demás materias de la educación primaria.
solví a separarme definitivamente de la escuela y a practicar Desgraciadamente, no sólo en mí se notaba ese defecto sino en
por mí mismo lo poco que había aprendido para poder expre-
sar mis ideas por medio de la escritura aunque fuese de mala
forma, como lo es la que uso hasta hoy. 2 Alumno externo de los colegios religiosos.
Sobre Apuntes para mis hijos que Juárez era “indio”, lo que soslaya sus cualidades perso-
nales y sensibilidad que le permitieron transformarse para
estar a tono con las ideas de su tiempo. Por sus propias
Josefina Zoraida Vázquez palabras, sabemos de su procedencia indígena, pero para el
momento en que escribe sus Apuntes, es indudable que se
A diferencia de otros países, en México son pocos los polí- considera un liberal mexicano. […] El papel fundamental
ticos que escriben memorias, lo que impide que podamos que tuvo ha hecho que su figura nunca haya dejado de cau-
entrar en el mundo que vivieron y conocer la razón de sus sar controversia. Sus principios liberales y su permanencia
decisiones. Los Apuntes para mis hijos escritos por don Beni- de 14 años en la presidencia le ganaron enemigos. Nosotros
to Juárez son muy breves para ser memorias, pero dan una tenemos que juzgarlo como estadista. No fue el héroe de
idea clara de trayectoria humana y política del hombre que bronce de las estatuas, sino un hombre con grandes virtu-
contribuyó a la consolidación de la república. des y muchas pasiones, cuya voluntad le permitió sobresalir
Benito Juárez, al darse cuenta de lo extraordinaria que entre sus contemporáneos. Su gran ambición era ver un
había sido su experiencia, se decidió a describirla en sus México obediente de las leyes y en goce de sus libertades.
Apuntes para subrayar la importancia de la educación como Aunque por la foto que se reproduce siempre, parezca
medio para transformar la vida de los seres humanos, un insensible, don Benito como nativo de la sierra oaxaqueña
buen ejemplo para sus hijos y para otros mexicanos. Él era alegre y gustaba de la música y el baile. Pero era austero,
sabía que la enseñanza le había permitido desafiar el destino como persona que conocía la pobreza de la mayoría de los
que prometían las condiciones precarias en las que había mexicanos. Por su correspondencia podemos saber que era
nacido, aunque para lograrlo había necesitado de voluntad buen padre y esposo, al que el destino le permitió disfrutar
y tenacidad. En un lenguaje sencillo y directo, los Apuntes pocos momentos de paz en ese ambiente sencillo de clase
nos relatan los principales acontecimientos de su vida y los media que vemos en sus habitaciones de Palacio Nacional.
obstáculos que tuvo que vencer, al tiempo que nos trasmi- Lo importante para la historia es la firmeza con que sorteó
ten la imagen que don Benito tenía de sí mismo. momentos muy difíciles en la vida de México, lo que hace
Escritores, historiadores y políticos subrayan siempre importante, la lectura de los Apuntes para mis hijos. G
a
los demás estudiantes, generalmente por el atraso en que se requerían instrucción y capacidad; y se les llamaba “Larragos”,
a
hallaba la instrucción pública en aquellos tiempos. porque sólo estudiaban teología moral por el padre Larraga.
Comencé pues mis estudios bajo la dirección de profesores, Del modo que pude manifesté a mi padrino con franqueza este
que siendo todos eclesiásticos, la educación literaria que me inconveniente, agregándole que no teniendo yo todavía la edad
daban debía ser puramente eclesiástica. En agosto de 1823 suficiente para recibir el presbiterado nada perdía con estudiar
concluí mi estudio de gramática latina, habiendo sufrido los dos el curso de artes. Tuve la fortuna de que le convencieran mis
exámenes de estatuto con las calificaciones de Excelente. En ese razones y me dejó seguir mi carrera como yo lo deseaba.
año no se abrió curso de artes y tuve que esperar hasta el año En el año de 1827 concluí el curso de artes habiendo sos-
siguiente para empezar a estudiar filosofía por la obra del padre tenido en público dos actos que se me señalaron y sufrido los
Jaquier; pero antes tuve que vencer una dificultad grave que se exámenes de reglamento con las calificaciones de Excelente ne-
me presentó y fue la siguiente: luego que concluí mi estudio de mine discrepante,3 y con algunas notas honrosas que me hicieron
gramática latina mi padrino manifestó grande interés porque mis sinodales.
pasase yo a estudiar teología moral para que el año siguiente En este mismo año se abrió el curso de teología y pasé a
comenzará a recibir las órdenes sagradas. Esta indicación me estudiar este ramo, como parte esencial de la carrera o profe-
fue muy penosa, tanto por la repugnancia que tenía a la carrera sión a que mi padrino quería destinarme, y acaso fue esta la
eclesiástica, como por la mala idea que se tenía de los sacerdo- razón que tuvo para no instarme ya a que me ordenara
tes que sólo estudiaban gramática latina y teología moral y a prontamente. G
quienes por este motivo se ridiculizaba llamándolos “padres de
misa y olla” o “Larragos”. Se les daba el primer apodo porque 3 Frase en latín que significa sin discrepancia, por unanimidad, es
por su ignorancia sólo decían misa para ganar la subsistencia y decir, que no hubo desacuerdo entre los profesores que le examinaron
no les era permitido predicar ni ejercer otras funciones que para aprobarlo.
Aún estaba el águila en el nido. El hombre que más tarde había niño indio cortaba las cañas, y algunas tardes se entretenía en
de culminar en nuestra historia como salvador de nuestra se- arrancarles, para arrojarles al agua, las verdes y carnudas
gunda independencia, era un chiquillo que hablaba en idioma hojas.
zapoteco y vivía en la humildísima cabaña donde pobre e igno- Alguna vez se internó en el macizo de verdura, tratando con
rado naciera. infantil codicia de cortar la caña más larga y más delgada que
Cerca de su jacal se extendía un lago que retrataba el diá- cautivó sus ojos.
fano y azul cielo que cobija la sierra de Ixtlán en el estado de El carrizal yacía sobre una gruesa capa de tierra y era mo-
Oaxaca. vible como las antiguas chinampas de que nos hablan los his-
En el lago, adherido a la orilla, surgía un carrizal, donde el toriadores.
Este texto fue publicado en 1904 por Juan de Dios Peza científica. Político y literato, Juan de Dios Peza fue una de
en la obra Epopeyas de mi Patria, que el escritor dedicó a su las mejores plumas del país y digno miembro del primer
hijo al sentir la “obligación de [hablarle] algo del pasado en grupo de preparatorianos que egresaron de aquella casa de
que surgieron, se sacrificaron y murieron en defensa de la estudios.
causa del pueblo muchos hombres dignos de ser imitados y La mayoría de los pasajes de Epopeyas de mi Patria tratan
enaltecidos”. sobre Juárez y las luchas de los liberales contra sus enemigos
El autor provenía de una familia conservadora que apoyó políticos. El propósito pedagógico de instruir por medio de
el gobierno de Maximiliano. A la muerte del emperador la ejemplaridad histórica es evidente en cada una de las
y triunfo de los republicanos la familia se exilió; el joven páginas labradas por el escritor, donde la admiración por
Peza, fiel a sus convicciones ideológicas, permaneció en el aquellos dirigentes, su entereza y responsabilidad ante la
país y recibió con júbilo el triunfo del partido encabezado nación, a costa incluso de su vida, son subrayados para que
por Benito Juárez, quien se convirtió en su máximo héroe y los miembros de las nuevas generaciones (como su hijo) no
ejemplo íntegro de lo que debía ser un servidor público. sólo recordaran los eventos trascendentales, sino también
Peza tuvo la fortuna de conocer a su ídolo y de reci- los imitaran y asumieran el compromiso que tenían ante la
bir apoyo directo de él para continuar sus estudios en la realidad de su país y el progreso de la sociedad. G
Escuela Preparatoria, institución remodelada por el régi-
men de Juárez para desarrollar una educación liberal y Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva
a
Divertíase el chicuelo en tronchar el carrizo que más le gus- Las primeras luces de la mañana lo encontraron en la misma
a
taba, cuando uno de esos vientos huracanados que sacuden los actitud en que se quedó ante el último crepúsculo.
pinos en las serranías agrestes, empujó aquella chinampa hacia El niño sentía hambre y sed, y de vez en cuando mascullaba
el centro del lago, con tal velocidad que, cuando el niño quiso algún tierno cogollo de cañaveral y lo escupía sobre el lago,
librarse del peligro de saltar en tierra, le fue imposible porque mirando al distante punto negro, el jacal, que hoy la república
ya se encontraba muy lejos de la orilla. guarda como un monumento de gloria.
Midió con sus ojos brillantes y negros la inmensa distancia, Y corrieron las horas; el sol llegó a la mitad de su carrera y
y convencido de que todo esfuerzo para salir de su extraña declinó hasta hundirse de nuevo en el horizonte.
barca era inútil, siguió con estoica indiferencia arrancando una En plenas tinieblas sopló de nuevo un viento fuerte, y cuan-
tras otra las verdes hojas de la caña codiciada. do el indio niño miró en su derredor, estaban por todas partes
El viento, cada vez más fuerte, impelió la chinampa hasta el retratadas en el lago las estrellas del cielo.
lejano y opuesto lado de aquella laguna; pero allí era imposible Sintió, después de algunas horas, que el carrizal se detuvo
bajarse, porque sólo había pantanos inmensos. contra algo macizo y firme; permaneció quieto; esperó la albo-
Caía la tarde, y desde el sitio donde encalló la chinampa, el rada y entonces con júbilo, saltó a la orilla.
niño logró ver su jacal nativo como un pequeño punto negro ¡Estaba salvado!
perdido en el horizonte. El jacal quedaba a larga distancia, pero llegó a él corriendo
Todo era soledad y silencio. y refirió en su dulce lengua zapoteca su triste aventura.
Se hundió el sol tras las crestas de la sierra, reinó la oscuri- “Ésas fueron las horas de mi mayor angustia”, decía el gran
dad de la noche; el aire frío y húmedo rizaba apenas las aguas Benito Juárez a su hermano político don José Maza, que fue
del lago, y el chiquitín, de pie entre las cañas, ni encontraba quién me refirió esta historia… “Pues dios miró con ojos de
lugar donde acostarse, ni el sueño le cerraba los ojos, ni el piedad a nuestra patria —respondió don José—, porque si el
miedo le contraía el semblante, ni un grito de desesperación se carrizal no vuelve impelido por los vientos, acaso no habría
escapaba de su pecho. habido leyes de Reforma ni segunda independencia.” G
El FCE cuenta en su catálogo con Las supuestas traiciones de —Yo soy el presidente de México —dijo sereno Porfirio
Juárez, de Fernando Iglesias Calderón: este fragmento del Díaz—. Y he venido a pedirle que responda al libro de Fran-
prólogo sirve para explicar en parte el fuego que, a cisco Bulnes, pues sólo usted puede hacerlo con acierto y con
comienzos del siglo XX, cruzaron quienes querían demoler verdad. Su condición de historiador, de patriota, de liberal y de
toda estatua de Juárez y diversos historiadores liberales hijo de José María Iglesias, así lo acreditan y lo hacen esperar.
—Pero yo no soy empleado suyo, ni su escribano, ni su
amanuense, ni nada… Si lo hiciera, sería cosa mía, cuando
Si está escrita, no recuerdo haberla leído. La conozco referida
por José E. Iturriaga, quien la oyó del propio Fernando Iglesias
Calderón. La anécdota es hermosa, y es ejemplar: transparenta
y define a sus protagonistas: dos hombres a quienes la historia
y el destino conduce a subordinarlo todo a dos máximos amo-
res: el amor a la patria y el amor a la Verdad. Y los dos salen
engrandecidos de la dramática cita de la historia y del destino.
Cuando estaba recién publicado el libro de Francisco Bul-
nes, se presentó en casa de Fernando Iglesias Calderón —calle
de Atenas núm. 24—, sin anuncio ni cita, el general Porfirio
Díaz. El sirviente le abrió la puerta. Dio aviso de que en la sala
se encontraba el presidente de la república, Iglesias Calderón
trabajaba a esas horas en su biblioteca, en ropas caseras. No
sólo encontró inusitado el caso, sino que le produjo una violen-
ta contrariedad. Y vestido como estaba, sin cuidarse de su
desaliño indumentario, se dispuso a afrontar el desagradable
encuentro.
—¿Qué hace usted en esta casa? —preguntó Iglesias Calde-
rón—. Le ruego que la abandone en el acto —agregó con fir-
meza.
a
creyera oportuno hacerlo, y no a petición, sugerencia y orden Eso evitó que este volumen de sus “Rectificaciones históri-
a
suya. cas” apareciera como eran los deseos del autor, el mismo día de
—Con eso me basta —respondió Porfirio Díaz, al tiempo la celebración del centenario del natalicio de Juárez, 1906, sino
que abandonaba la casa de Fernando Iglesias Calderón. un año más tarde, 1907, pero sin que por ello perdiera su ca-
Es el remoto origen de Las supuestas traiciones de Juárez. rácter de homenaje centenario. Más aún: lo ratifica en el pró-
La obra de Bulnes, El verdadero Juárez y la verdad sobre la logo. “Me complazco —dice— en ratificarlo al escribir estas
intervención y el imperio, fue publicada en 1904, con el avieso, líneas, hoy, primer aniversario, dentro de su segunda centuria,
aunque a la postre frustrado propósito, de reducir las glorias de del natalicio de tan gran patriota.”
Juárez, cuando faltaban dos años para el centenario de su naci- Fernando Iglesias Calderón fue hijo de José María Iglesias.
miento. La reacción que produjo entre amigos y enemigos fue Era nieto, hijo y sobrino de soldados y civiles republicanos. Las
enorme y ruidosa, lo que a más de asegurar su difusión acrecen- diferencias entre Iglesias y Díaz determinaron la conducta del
tó la fama de un autor que de ese modo se atrevía con una de las hijo, que se mantuvo hasta el final contrario al general Díaz y
glorias nacionales, si no era que con la máxima gloria nacional. a su sistema político, como lo atestiguan la anécdota referida y
La polémica, casi toda ella reducida en los primeros días a el hecho de haberse negado a formar parte de la comisión en-
injurias, declaraciones, diatribas, insultos, permitió a Bulnes cargada de organizar los actos de homenaje a Juárez en el
fáciles victorias y ocasión para burlarse de los progresos de lo centenario de su nacimiento. En compensación, apresuró la
que él llamó la idiotez nacional, a la vez que su libro afirmaba edición de su libro, que, como ya está dicho, formó parte de
la apariencia y calificación de irrefutable y de historia verdade- aquellos homenajes.
ra. “Propúseme —dice Fernando Iglesias Calderón— esperar En la refutación a Bulnes y a todos sus partidarios, secuaces,
a que la polémica que se anunciaba pusiera de manifiesto los epígonos, concurren muchas circunstancias favorables, que
errores contenidos en dicho libro y en la injusticia de los car- explican y propician su eficacia y su venturoso éxito. Iglesias
gos hechos a Juárez con fundamento en los tales errores; y sólo Calderón era un historiador, un amante de la verdad, un patrio-
en caso de que la polémica resultara deficiente, terciar en el ta, que tenía legítimo orgullo de las hazañas y glorias de su
debate, como constante defensor de la verdad.” pueblo. Era hijo de uno de los hombres cuyas responsabilidades
Poco tiempo después, el editor Santiago Ballescá planeó no podían ser ajenas a la acción de Juárez durante el periodo a
la edición de un libro en el que en una serie de monografías, que se contrae la historia por él escrita. No sólo a Bulnes, sino
de una manera razonable y completa, se refutara a Bulnes. a los demás enemigos de Juárez, de México y de su padre, dio
Para ello invitó a historiadores y literatos, en esa hora los más respuesta y refutó con pasión, elemento también válido y nece-
distinguidos, entre ellos a Iglesias Calderón, Carlos Pereyra y sario al historiador, con tal de que la sepa gobernar y sea aque-
Victoriano Salado Álvarez. En el reparto de los temas, le fue lla pasión fría que dijo el filósofo. “Mis ‘Rectificaciones’ —es-
asignado a Iglesias Calderón el de las supuestas traiciones. cribió, en efecto— están inspiradas en la verdad y gobernadas
El proyecto de Ballescá no tuvo efecto, pero los tres autores por la razón.” En el proceso que levanta a Bulnes ante el tribu-
referidos escribieron las monografías que a cada uno se había nal de la historia, se ve impelido a contradecir, reducir y aun a
encomendado. Acaso pudiera agregarse a esos nombres el de negar la autoridad de historiadores y escritores tenidos por ar-
Genaro García, aunque Iglesias Calderón no lo mencione y dorosos liberales y maestros consagrados. “Quita un laurel mal
cuyo libro, Juárez. Refutación a Francisco Bulnes (1904), tiene puesto y nadie logra de nuevo colocarlo”, escribió Manuel
las características que el editor Ballescá Márquez Sterling.
señaló para las monografías que se pro- No quería Iglesias Calderón, No fue fácil, sin embargo, para Igle-
puso. y en eso coincide con Carlos sias Calderón reducir la cuestión a sus
Fue esta la circunstancia que llevó a Pereyra, que fueran la admiración términos históricos. Mucha tinta y
Iglesias Calderón a publicar Las supuestas ciega, la adhesión partidista, el mucho papel se habían consumido en la
traiciones de Juárez, en forma de cartas, instinto a que aludió Bulnes, contienda. En su contra se habían aliado
antes que el libro, en El Tiempo, que di- los que releven de culpa a Juárez, los enemigos naturales de Juárez, así
rigía Victoriano Agüeros, periódico y sino la crítica histórica, el fallo como algunos antiguos juaristas, ahora
escritor de tendencias marcadamente de la historia, armados y fundados colocados en la nueva administración,
opuestas a Juárez, y en algunos otros en documentación científica. No el cuando no desertores de las filas libera-
periódicos liberales de la capital, como documento solo, sino el criterio les desde antes del triunfo republicano,
El Diario del Hogar, de Filomeno Mata, y con que se maneja, pues suele cuando las disensiones entre Juárez y los
luego reproducidas en otros de provin- ocurrir que siendo verdaderos los generales Jesús González Ortega y Por-
cia: El Correo de Jalisco de Guadalajara, documentos, la historia resulta falsa firio Díaz. Para defenderse, para justifi-
El Correo de Sotavento de Tlacotalpan, La car su deserción, o por error de entendi-
Voz del Norte de Saltillo y El Espectador de Monterrey. miento, se pusieron del lado de Bulnes, acaso sin proponérselo
Mientras tanto, la discusión crecía y se embrollaba. La apari- deliberadamente.
ción de Juárez y las revoluciones de Ayutla y de Reforma (1805), en Tampoco pasó por alto los errores, debilidades y omisiones
que Bulnes agregaba a los cargos anteriores otros nuevos, si po- de los amigos, compañeros y partidarios de Juárez. Lo hizo con
sible más graves, relacionados con los incidentes de Antón Li- Guillermo Prieto, que era su padrino de bautismo, y sin quitar-
zardo y el Tratado McLane-Ocampo, presentándolos en forma le honradez, fama y gloria, condenó aquella su funesta y mal-
aparatosa e impresionante, hizo que Iglesias Calderón amplia- hadada inclinación de confiarlo todo a su memoria. Con toda
ra el plan de su libro, pues los cargos, por su propia índole, valentía lo dijo todo, y consignó los documentos probatorios,
quedaban bajo el tema de las supuestas traiciones. en briosos, severos, inclementes y gallardos razonamientos,
a
en alegatos muy bien armados. Lo hizo con Ignacio Mariscal sublevan y remueven sus naturales impulsos de levantar la voz,
a
y con Matías Romero, embajador de Juárez en Washington. o proferir malas palabras. Pero se contiene: hace la guerra
Como Mariscal se dejara decir en el brindis del Auditorium porque no la puede rehuir, la hace señor de sus pasiones, y
(Chicago, iii, 1899), que la derrota de la Intervención se debió hasta pudiera decirse que la hace con alegría. La figura paterna
a la benéfica influencia y al auxilio de los Estados Unidos lo preside todo. A ella se vuelve cuando el enemigo, empeñado
—cosa completamente falsa, como lo reconocieron entonces, como él en ganar la partida, parece que gana terreno y le asiste
después y ahora, no sólo publicistas nacionales, sino también la razón. Y esto es apurar los recursos de la lógica, aprovechar la
ilustres norteamericanos, lo mismo políticos que historiadores, erudición que con los años y los estudios ha acumulado, para
literarios y biógrafos—, Iglesias Calderón escribió, para refu- salvar, de la aparente victoria del sofista, los fueros de la verdad,
tarlo pormenorizadamente, El egoísmo norteamericano durante que es su arma ofensiva y defensiva: su espada y su escudo. […]
la intervención francesa (1905). En el fragor del proceso, en el El libro en que se funda toda la fama de Bulnes, El verdade-
lúcido arrebato, siempre encuentra el testimonio que busca. ro Juárez y la verdad sobre la intervención y el imperio, contiene
Una cita de Luis Pérez Verdía, historiador irrefutable, parece entre líneas más de un juicio acerca de la era porfiriana, o por-
resumir esa parte de la discusión. “No fue la diplomacia ame- firiato, y acerca de la clase conservadora, tan graves como los
ricana —vino a decir Pérez Verdía—, sino el cañón de Sadowa, cien que creyó acumular contra Juárez y sobre la causa de la
el que dio al mariscal Bazaine la orden de retirada de las tropas república, que es la del progreso en nuestros días. Pero la clase
francesas.” […] que le pagaba se lo perdonó, sólo porque por su pluma tomaba
No quería Iglesias Calderón, y en eso coincide con Carlos desquite y desahogo. Porfirio Díaz, conocedor profundo de los
Pereyra, que fueran la admiración ciega, la adhesión partidista, hombres y las cosas de su tiempo y de su pueblo, no; y es fama
el instinto a que aludió Bulnes, los que releven de culpa a Juá- que le dijo a Bulnes cuando éste le ofreció un ejemplar del fa-
rez, sino la crítica histórica, el fallo de la historia, armados y moso panfleto, que esperaba que alguna vez escribiera otro que
fundados en documentación científica. No el documento solo, se llamara El verdadero Díaz. En efecto, Bulnes lo escribió. Y
sino el criterio con que se maneja, pues suele ocurrir que sien- ¿no hemos visto ya que Porfirio Díaz pidió a Fernando Iglesias
do verdaderos los documentos, la historia resulta falsa. Y eso Calderón que lo refutara, porque era el único que podía hacer-
fue lo que Iglesias Calderón y otros historiadores hicieron para lo con verdad?
invalidar la aparatosa argumentación de Francisco Bulnes: ma- El verdadero Juárez produjo una conmoción nacional, insis-
nejar con criterio histórico los documentos. timos. Centenares de artículos, folletos, libros, libelos, panfle-
Mucha insidia, mucha argucia, todos los recursos de la fala- tos, salieron de nuestras prensas para atacar, sin lograrlo, aquel
cia y la sofistería se han usado para dar a la mentira apariencias sacrilegio: un estado de ánimo previo y latente, el resentimien-
de verdad en la lucha por derribar a Juárez del pedestal que le to de la clase vencida, encontró en las páginas de Bulnes su
ha levantado la gratitud nacional. Los partidarios y defensores confirmación, aunque en la fila opuesta no causaron mella: la
de Juárez, y más que sus defensores y partidarios, los amantes de devoción juarista se afirmó, la estatua del héroe creció más de
la verdad, esto es, los historiadores, han tenido que desplegar un palmo y se multiplicó al recibir del propio gobierno de Por-
una mayor habilidad, vigilia y entendimiento para atajar la firio Díaz consagración nacional. Y se puede decir que el héroe
falsedad y la patraña tan espectacularmente urdidas. Uno de y el patricio, el iconoclasta y el panfletario, quedaron frente a
ellos, tal vez el que mejor aprovechó el monte de papeles escri- frente: el uno, con la Constitución y la bandera en las manos,
tos al respecto, fue Fernando Iglesias Calderón. […] y en los labios el himno; y el otro, con su libro en la mano. Al
Iglesias Calderón sólo por excepción pierde la compostura. grupo, agréguese a Fernando Iglesias Calderón, autor de Las
A lo largo de centenares de páginas se mantiene ecuánime, supuestas traiciones de Juárez, a la que jamás objetó Bulnes de
respetuoso de la dignidad de los hombres, de su derecho a manera sistemática, ni se confesó vencido, pese a la declaración
discrepar y a pensar libremente, aunque en el ejercicio de esos de que lo haría si la victoria no quedaba de su parte. Y no
sagrados derechos yerre. La mentira deliberada, la mala fe, lo quedó. G
Éste es un discurso pronunciado en el palacio nacional el 19 figura de Juárez no necesariamente entraña en quien lo haga la
de julio de 1966, con motivo de las anuales, y no siempre vocación del panegírico, ni la dudosa felicidad de la elocuencia.
tan afortunadas, exaltaciones de la memoria de Juárez No exige el patricio las nubes de un incienso que instale entre
él y quien eleve la mirada a la claridad imperturbable, de su
perfil, una distancia que los divorcie, mientras aroma su rela-
Si consciente de mi carencia de dotes oratorias, he aceptado el ción con perfumes de muerte. Ni acercarse a él presupone la
honor de pronunciar hoy lo que en mis labios no podrá alcan- jactancia de que al cúmulo de brillantes exégesis que el respeto
zar la altura de un discurso, es porque siento que acercarse a la y la admiración universales han allegado al estudioso de nues-
a
tra historia para documentar la minuciosa disección de su vida en cualquiera de los ramos del saber humano. El deseo de
a
y de su obra, pudiera una voz débil y una pluma modesta agre- saber y de ilustrarse es innato en el corazón humano. Quíten-
gar un elogio que ya no se haya dicho, o contribuir un dato que se las trabas que la miseria y el despotismo le oponen, y él se
no sea conocido. ilustrará naturalmente, aun cuando no se le dé una protección
Fechas, libros y estatuas: si bien, en su estatismo, son ger- directa.”
men y votivas lámparas que preservan y delegan de una en otra Hoy, el gobierno de la revolución ha llevado hasta sus últi-
generación de mexicanos el culto y el recuerdo; si son el atala- mas consecuencias este temprano pensamiento de Juárez. El
ya y el ejemplo de una existencia cumplida y cimera, no cons- señaló el primero causas y males; y en la medida de los escasos
tituyen ciertamente la única perdurable presencia de Juárez recursos de su tiempo, acudió a remediarlos. Es clara ahora la
entre nosotros. Son como las coronas fúnebres depositadas supervivencia cumplida de su esquema de redención, cuando
sobre el mármol de su reposo. Son concreción y símbolo del de acuerdo con las leyes —el arma invencible que él esgrimió
amor que los mexicanos de ayer le tuvieron; de la admiración siempre, después de forjarla con el acero de su inteligencia y de
que los extranjeros le profesaron. Se le tributan —en la cere- su intuición, en el yunque de la voluntad popular—; cuando
monia, en el panteón o en el plúteo de las bibliotecas—; son en de acuerdo con las leyes de una constitución que es hija robus-
las fechas cívicas como llamadas de honor; y se apagan los dis- ta de la de 1857, el hombre, el ciudadano, ya no carece de lo
cursos, o se empolvan los libros, mientras nos reintegramos a preciso para alimentar a su familia, ni ve como un bien muy re-
una vida que, en apariencia, al restituirnos a un siglo que Juá- moto la instrucción de sus hijos, ni éstos alquilan su débil tra-
rez ya no alcanzó, le instala en un pretérito reverenciado y bajo personal. En la Ley del Trabajo; en el Seguro Social; en la
muerto. protección de la infancia; en la diversificación de la enseñanza
Pero ¿es así? ¿No está Juárez aún vivo y presente en la patria y en su tecnificación, se realizan hoy, como en el árbol frondo-
que hoy lo recuerda, entre nosotros, que visitamos su recinto? so se multiplica y cumple el sueño críptico de la milagrosa se-
Pienso, al contrario, que nos es imposible, en 1966, diso- milla, los ideales de Juárez.
ciar el presente nuestro y el pasado suyo, que en nuestros días Cuando hoy vemos a la mujer compartir derechos y deberes
asume una clara, vigorosa continuidad; que es marcha acelera- cívicos y sociales con el hombre, estamos también asistiendo a
da y sin tregua en el camino que él desbrozó para México: el la realización de un programa suyo de gobierno, que preconi-
camino que él recorrió, trazando al hacerlo la configuración zaba “formar a la mujer, con todas las recomendaciones que
material y espiritual, eterna por ende, de la patria. exige su necesaria y elevada misión, es formar el germen fecun-
Indio zapoteca: de la raza que labró en piedra los milagros do de regeneración y mejora social”.
de Mitla y de Monte Albán, podemos imaginarlo como el des- Cuando aún no extendía hasta la capital de la república el
pertar, como el surgimiento de la más antigua y auténtica si- trazo de la patria, nacida en su persona en la sierra de Guelatao
miente racial: como al mexicano que por sangre, lo es más que y asentada para una primera floración en el almácigo de Oaxa-
los iniciadores de una Independencia criolla y mestiza. Nacido ca, ya desde ahí y desde entonces percibía la necesidad de inte-
en los montes, como las fuerzas mágicas de la naturaleza: como grar, de las partes, el todo de un país a la sazón escindido por
los dioses —los trece dioses zapotecas— en quienes el niño alcabalas, distanciado por falta de caminos, y ajeno a un mundo
pastor ya no creía, porque se apresuraron a revelarle otros. en el que debía conquistar un sitio. “Yo veo que es fácil —es-
Cuando el niño va a pie desde la sierra hasta la ciudad —desde cribió— destruir las causas de esa miseria. Facilitemos nuestra
Guelatao hasta Oaxaca—, la patria ha comunicación con el extranjero y con
dado con él el primer paso en configu- De nuevo, a partir del 31 de mayo los demás estados de la república, abrien-
rarse en la mente y en el corazón del de 1863, el mapa de México va do nuestros puertos y nuestros caminos;
estudiante, del abogado, del gobernador. a trazarse bajo las ruedas del dejemos que los efectos y frutos de pri-
Allí permanece, madura, toma concien- carruaje en que peregrina su mera necesidad, de utilidad, y aun los de
cia de sí mismo y de sus deberes. soberanía: San Luis, Saltillo, lujo, se introduzcan sin gravámenes ni
Cuando hoy hallamos natural y plau- Monterrey, Paso del Norte. Nada trabas; y entonces lo habremos logrado
sible que la educación impartida por el más dramático ni grandioso que todo.”
estado se complemente con los desa- la imagen de este indio adusto e Pero si su intuición le hacía avizorar
yunos escolares, estamos ya lejos, y por irreductible, símbolo y encarnación desde la provincia las magnitudes de la
paradoja, cada vez más cerca, de una de la soberanía nacional, seguido patria y los horizontes del mundo; y en
realización que se inspira en sus lúcidos en su éxodo por su gabinete la provincia poner a prueba la bondad de
raciocinios. Es el gobernador oaxaqueño y por un puñado de leales su visión de estadista, no tardaría en
quien primero percibe que el atraso no ampliarla hasta la capital: en vincularse a
puede cancelarse con la instrucción, si ésta no se acompaña con los latidos del corazón liberal con que los constituyentes del 57
la abolición de la miseria: “El hombre que carece de lo preciso se esforzarían en galvanizar la inercia rígida de un México, si
para alimentar a su familia, ve la instrucción de sus hijos como libre ya de las cadenas políticas, aún aterido por las espirituales:
un bien muy remoto, o como un obstáculo para conseguir el un México que aún no se encontraba a sí mismo: que aún no
sustento diario. En vez de destinarlos a la escuela, se sirve de aprendía a distinguir a los hombres perecederos y mutables, de
ellos para el cuidado de la casa o para alquilar su débil trabajo los programas, que sólo depurados en leyes son capaces de
personal, con que poder aliviar un tanto el peso de la miseria conjugar las duras experiencias del pasado, asentarse en ellas y
que lo agobia. Si ese hombre tuviera algunas comodidades; si erigirse en faros asomados al porvenir.
su trabajo diario le produjera alguna utilidad, él cuidaría de La Constitución del 57 irradia como un sol nuevo a ilumi-
que sus hijos se educaran y recibieran una instrucción sólida nar los ámbitos de una patria convulsa y desangrada. Los años
a
siguientes van a integrarla. Y será Benito Juárez quien, al reco- de consolidar, unificada, la patria republicana, perdurable,
a
rrerla, la engrandezca con su presencia, y se engrandezca al digna y capaz de realizar los más altos sueños del hombre
contacto errabundo de la dispersión de esa patria. Jalapa, la austero que había señalado con dedo inflexible las rémoras
prisión de San Juan de Ulúa, La Habana —y Nueva Orleans—. que la frenaban; y que había estipulado la firmeza de los prin-
Es el destierro; pero es también el contacto con otro país, ve- cipios que habrían de superar, en paz y en concordia, aquellas
cino, empeñado asimismo en consolidarse, y amigo reconcilia- rémoras.
do. La patria se amplía y delimita, mirada a la distancia de la “En estas circunstancias —confía el benemérito en una
esperanza. A ella se puede regresar y servirla humildemente carta a don Basilio Pérez Gallardo— una sola cosa puede con-
desde Acapulco hasta el triunfo liberal. Pronto vuelve Juárez a solarme… y es el convencimiento de que no pasarán ya perdi-
peregrinar, y con ello, a llevar consigo el escudo y la espada de das para los mexicanos las lecciones de la experiencia; y que
la legalidad: a Querétaro, a Guanajuato, a Guadalajara, a Coli- unidos como hermanos por el vínculo poderoso de las ideas,
ma, a Manzanillo. Las puertas que pedía que se abrieran, lo sabremos utilizar con acierto la enseñanza de lo pasado al pen-
reciben en Veracruz —y las leyes de reforma son promulgadas: sar en el porvenir.”
las que serán cimiento inconmovible del México soñado en Así lo ha hecho el México en que Juárez pervive —raíz del
Oaxaca. árbol que la revolución fortaleció, sin adulterarlo, con su san-
De nuevo, a partir del 31 de mayo de 1863, el mapa de gre—. Nuestro México no olvida su pasado cuando avanza,
México va a trazarse bajo las ruedas del carruaje en que pere- firme, hacia el porvenir.
grina su soberanía: San Luis, Saltillo, Monterrey, Paso del “Cátedra insigne de México” —llamó a Guelatao de Juárez
Norte. Nada más dramático ni grandioso que la imagen de este el candidato Díaz Ordaz al visitarla el 14 de enero de 1964.
indio adusto e irreductible, símbolo y encarnación de la sobe- Cátedra, en efecto, permanente, de legalidad, fórmula interna-
ranía nacional, seguido en su éxodo por su gabinete y por un cional de convivencia: El señor presidente de la república cifró
puñado de leales. A las torpes ambiciones locales que habían en aquella ocasión el concepto que hoy he intentado dirimir
antes dividido al país, se sumaba ahora la agresión extranjera, ante ustedes al invitarles a asomarnos, a percibir en el aire de
con todos los recursos materiales del triunfo, a enajenarlo. “Y libertad y de progreso que respiramos, la vigencia de Juárez.
pues lo tenéis todo, falta una cosa: dios” —pudo exclamar mu- Dijo entonces el señor Presidente —y yo no podría expre-
chos años después el poeta—; Juárez, errabundo, sabía que sarlo mejor para concluir—: “Juárez y México están fundidos
Napoleón III lo tenía todo; pero que faltaba el único dios en para siempre. Pronunciar el nombre de uno implica pronun-
quien él creía: la ley, la legitimidad, la soberanía emanada de la ciar el nombre del otro. México, antes de Juárez, no era sino
voluntad popular. un alboroto de facciones; después de Juárez, fue simplemente,
Y la ley se impuso y triunfó. Y a su conjuro, obró el milagro la patria.” G
Hemos recuperado este y los siguientes textos de La prensa personalidades más completas de la historia; Juárez fue un
valora la figura de Juárez, estudio y compilación de Carlos hombre necesario. Fue un corolario obligado de una de esas
J. Sierra que la Secretaría de Hacienda publicó en 1963. grandes leyes que rigen el desarrollo social de la especie huma-
Este artículo se atribuye a la redacción El Federalista, diario na, leyes misteriosas, cuya vaga analogía con las leyes físicas
en el que apareció el 18 de julio de 1874 percibimos tan sólo, pero que, teniendo por el eje el espíritu
del hombre y por perímetro la perpetua transformación de las
cosas y la inanidad de la muerte, sólo nos revelan por algunas
Las grandes ideas, para convertirse en grandes realidades, ne- series de realidades concretas, como el infinito espacio en el
cesitan encarnarse en alguna de esas individualidades podero- cual nos sentimos vivir, pero que no alcanzaremos a percibir
sas que aparecen de tiempo en tiempo en la historia, y que son, jamás.
por decirlo así, guías más bien que servidores de la causa eter- La teoría de los hombres necesarios, en la cual creemos con
na del progreso humano. Uno de los fenómenos históricos más la misma inquebrantable convicción que en el progreso final
raros es el de la concentración en un solo hombre de estas dos de los pueblos, sólo puede inducirse de los hechos innegables.
misiones, con una de las cuales basta para sobrepasar el límite Los gérmenes de las ideas modernas en México datan sin duda
de las fuerzas morales de una personalidad sola: la iniciación y de la formación misma de la sociedad actual en el siglo xvi;
la ejecución de un movimiento político, social o religioso. pero qué lenta, qué laboriosa ha sido esa marcha, y cuán lejos
Uniendo los dos extremos de la vida pública de Benito Juá- estábamos de una organización definitiva de esos principios,
rez se palpa este resultado: inició, sancionó y consumó la vic- cuando estalló 1a revolución de Ayutla. Esta revolución
toria de la emancipación de la conciencia humana en su país, misma, que parecía ser un sacudimiento incontrastable de
como Guillermo de Orange, como Jorge Washington, las dos nuestra secular apatía y que respondía a uno de los movimien-
a
tos más profundos de la opinión de que hay ejemplo en nues- ciencias abdicaran en la conciencia de un solo hombre; bastaba
a
tros anales, amenazó ruina al otro día del triunfo, gracias a un que todas las libertades abdicaran en la libertad de un tirano
defecto de nuestro carácter nacional, el espíritu de transac- solo (y este era el dogma religioso y social de la época), para
ción, hecho carne en el hombre desgraciado que regía enton- que la colisión fuera inevitable, para que la dignidad humana
ces nuestros destinos. despertase un día en el corazón de los siervos; y aquel día de
Era preciso, y parecía imposible, que se levantara de entre incontrastable fuerza debía ser el último del régimen colonial,
aquel génesis de un nuevo periodo, un gran carácter, una inte- prolongado mucho más acá de nuestra independencia.
ligencia que concibiera simplemente el derecho, que no supie- ¡Qué papel el de Juárez en esas horas supremas! Y cómo,
ra distinguir un término medio entre el deber y la convenien- cuando llegó a un llamamiento de la reacción en agonía el
cia, y una voluntad que fuera una con- auxilio de aquel que por desgracia de la
ciencia ¡Qué papel el de Juárez en esas Francia llevó al trono imperial el espíri-
Tal fue Juárez. horas supremas! Y cómo, cuando tu esencialmente aventurero y rapaz de
Esta inquebrantable firmeza, que al- llegó a un llamamiento de la su familia, la personalidad de aquel in-
gunos, no sin probabilidades de acertar, reacción en agonía el auxilio de dígena sublime creció a la altura de un
consideran extraña al temperamento aquel que por desgracia de la mito! Era que el espíritu de nuestra na-
peculiar de nuestra raza, había de re- Francia llevó al trono imperial el cionalidad despertaba; era que latía por
presentar un papel decisivo en nuestros espíritu esencialmente aventurero y vez primera el corazón de una patria,
destinos. rapaz de su familia, la personalidad bajo la mano austera y firme de Juárez,
Ahora ya podemos empezar a juzgar de aquel indígena sublime creció a la sí, por la vez primera, porque entonces
de aquella situación. Ya nos separa de altura de un mito! la patria no significaba un mote encu-
ella mucho tiempo, y sobre todo, mucha bridor de nuestro raquítico orgullo, sino
sangre; podemos ser imparciales, puesto que hemos vencido. que era la frase simbólica del derecho humano en combate con
No encontrarán eco en la cavidad de esa tumba augusta las de- todos los ultrajes; por vez primera, porque era aquella la gran
clamaciones banales que nos pintan a la república de enton- batalla de la reforma, convertida en guerra de independencia;
ces como una Babilonia clerical: mucho de eso había, porque era la defensa del trabajo libre, convertida en defensa del te-
el hombre que puede dominar y no necesita trabajar, es decir, el rritorio; era la bandera de un partido que se convertía en es-
fraile, se encuentra obligado fatalmente a todas las torpezas y tandarte de una nacionalidad; era que el sostén de una nacio-
a todas las corrupciones; pero aun cuando así no hubiera sido; nalidad era la expresión de la eterna lucha por la libertad del
aun cuando aquellos soldados hubieran sido honrados y bravos hombre.
como unos espartanos; aun cuando aquellos clérigos hubieran Todas nuestras esperanzas, nuestra fe, nuestro intenso dolor
llevado la santa vida de Vicente de Paul, la lucha debía venir; formaron un pedestal gigantesco y sombrío, como si hubiera
era aquella la lucha por la vida: no se trataba de una autonomía sido hecho con las rocas ensangrentadas de nuestras montañas,
precaria, mantenida gracias a la mayor o menor utilidad de un a la figura serena de Juárez; en la hora del triunfo, cuando un
vecino formidable, ni de vestirnos de un nacionalismo jactan- destello del sol reverberó sobre aquella base indestructible,
cioso, que más parecía inspirado por una suerte de provincia- sobre aquella frente de bronce, comprendió el mundo lo que
lismo de campanario, que por el culto santo y puro de la patria; ese hombre era, lo que esa personalidad significaba; la repúbli-
no: se trataba de asimilarnos las condiciones de progreso de la ca recogió como en un haz divino todos los destellos de su
moderna vida social; se trataba de quitar trabas a la inteligen- alma, y los dispersó en derredor de aquella cabeza augusta.
cia, para que no muriera atrofiada; se trataba de quitar trabas En medio de ese apoteosis, entre aquella fulguración inten-
a la conciencia, para que no pereciera en la asfixia; se trataba sa, la misión de Juárez, como representante de la humanidad,
de emancipar al hombre como instrumento de producción, de concluyó. Ni un solo recuerdo amargo se evoca hoy en derre-
trabajo y de libertad; para eso no necesitábamos que los opre- dor de su sepulcro. Le vemos bajar entre aquel triunfo inmen-
sores fueran más monstruosos; bastaba con que todas las con- so, no a la tumba, sino a la memoria inmortal de la patria. G
Hidalgo y Juárez
José María Vigil
El Monitor Republicano albergó una columna El domingo último tuvo lugar la inauguración del monumento
de José María Vigil, que el 18 de julio de 1880 decretado a la memoria del ilustre ciudadano Benito Juárez.
la dedicó a los pilares de la independencia mexicana. Fiestas de esta naturaleza honran grandemente a los pueblos
En el sumario respectivo daba cuenta de la en que tienen lugar, porque indican que en el fondo del cora-
“Inauguración de un monumento. Merecido zón humano existe inextinguible el sentimiento de la gratitud,
tributo de gratitud popular. Principio y fin que se manifiesta de mil maneras hacia los hombres que han
de la revolución mexicana. Hidalgo y Juárez” consagrado su existencia en bien y mejora de sus semejantes.
a
El señor Juárez es uno de esos hombres excepcionales, cuyo y obedeciendo a un instinto que no los engaña, precipitan la
a
nombre se haya identificado con los acontecimientos más im- marcha de los acontecimientos, imprimiéndoles la dirección
portantes de nuestra historia. De humilde origen, como la más adecuada al fin que se proponen.
mayor parte de los héroes de la humanidad; de una raza que Dos figuras presenta nuestra historia que parecen vaciadas
lleva todavía sobre sí el profundo sello que imprimió la mano en el mismo molde, pues ofrecen una grande analogía en los
del conquistador, supo por la sola fuerza de su genio alzarse a rasgos prominentes de sus caracteres respectivos. Esas dos figu-
una inmensa altura, en que dominando las tempestades revolu- ras son Hidalgo y Juárez. Ambos consagrados a tareas pacíficas,
cionarias, sin sentir vértigos ante los no había motivo para aguardar de ellos
insondables abismos que a sus plantas se esa energía indomable, ese valor heroico
abrían, no temió desafiar las iras de los que se necesita para encabezar los gran-
poderes tradicionales que dominaban la des movimientos sociales. Almas de
sociedad, ni afrontar el empuje de na- bronce, en vano se cebaron en ellas la
ciones poderosas, que habían resuelto envidia, el odio, todas las pasiones viles y
destruir en nuestro país la libertad repu- rastreras que no temen vaciar su veneno,
blicana, comprometiendo gravemente al verse profundamente heridas por un
el principio de la independencia. poder que son incapaces de comprender
Juárez tenía una vasta inteligencia, y de medir. Superiores a las preocupa-
pero no fue ese su principal mérito. El ciones de su época, alzaron sin vacilar la
secreto de su gloria se encuentra en la frente en medio de la oleada que amena-
incontrastable fe de su corazón de pa- zaba sumergirlos, y cuando más tremen-
triota, en esa especie de intuición que das rugían las tempestades a sus plantas,
poseen ciertos hombres sobre los altos fijaban de hito en hito la mirada de águi-
destinos que tienen que llenar, y que los la en el sol de justicia eterna que inunda-
conserva serenos en medio de los mayo- ba su inspirada frente. Hidalgo y Juárez
res peligros, cual si una voz misteriosa son el principio y el fin, el alfa y el omega
les dijera que ningún temor deben abrigar, porque han venido de la revolución mexicana, y al través de medio siglo se dan las
al mundo con una misión que nada les impedirá cumplir. César manos como dos genios gemelos que nacieron de la misma idea
tranquilizando con su fortuna al barquero en medio de la tem- y encarnaron el mismo sentimiento.
pestad; Napoleón penetrando en medio de los combates con la No es, pues, de extrañar que Hidalgo y Juárez sean los dos
seguridad de no haberse fundido la bala que le había de herir, hombres más queridos del pueblo mexicano, que ve en ellos
son notables ejemplos de esa fe que tiene algo de fatalismo, que sus representantes más fieles, las personificaciones más acaba-
acompaña siempre a los hombres superiores, al acometer y das de sus deseos, de sus sufrimientos y de sus esperanzas; y
consumar las grandes empresas que una vez han concebido. no es de extrañar tampoco que las clases privilegiadas, las fac-
Diríase que esos seres privilegiados, que reúnen a la vez el ciones que enarbolaron en todos tiempos la bandera del retro-
valor del caudillo, la fe del apóstol y la abnegación del mártir, ceso y del absolutismo, no puedan pronunciar aquellos nom-
reconcentran en su alma como en inmenso foco, todas las as- bres sin sentir los calambres del odio, las contorsiones epilép-
piraciones legítimas de la sociedad en que viven; que escuchan, ticas del rencor que no olvida ni perdona. Esas clases jamás
interpretan y encarnan las quejas de las clases desheredadas, los olvidarán ni perdonarán a Hidalgo, que haya lanzado el grito
derechos desconocidos por los felices de de rebelión contra el derecho divino
la tierra, las esperanzas que sonríen en Almas de bronce, en vano se que mantenía aherrojada a la colonia, ni
un porvenir lejano, y las cóleras que cebaron en ellas la envidia, el odio, a Juárez que haya roto el último eslabón
hierven en las esferas sociales donde todas las pasiones viles y rastreras de la cadena que ligaba a México con las
sólo se ha sabido padecer y sufrir duran- que no temen vaciar su veneno, tradiciones de la edad media. Hidalgo y
te una larga serie de generaciones. al verse profundamente heridas por Juárez continuarán, pues, siendo el tema
Hombres de sentimiento y de acción, un poder que son incapaces de de estudios apasionados en que se em-
tal vez ignoran ellos mismos la magni- comprender y de medir. Superiores plearán preferentemente plumas empa-
tud de las empresas que llevan a cabo. a las preocupaciones de su época, padas en la hiel del despecho y de la
Naturalezas esencialmente sintéticas, alzaron sin vacilar la frente en medio impotencia.
abarcan en su conjunto las situaciones, de la oleada que amenazaba En cambio, la gratitud de los pueblos
descubren y generalizan las causas más sumergirlos emancipados, de los siervos convertidos
ocultas, y salvando los límites de la lógi- en ciudadanos, de las multitudes resti-
ca y del tiempo, llegan de un salto a sus resultados más tras- tuidas al goce de derechos inalienables, fijará una mirada en-
cendentales, como sí una fuerza interior los impulsara fuera de ternecida en esos dos astros de primera magnitud que brillan
las vías comunes que trabajosamente recorren el político y el en nuestro cielo político; y en las épocas de duda, de oscuridad
estadista. y abatimiento, el pueblo mexicano pronunciará los nombres de
Mientras que el sabio pesa, analiza y descompone en el si- Hidalgo y de Juárez como los de dos genios tutelares, que
lencio de su gabinete los grandes problemas sociales, perdién- desde las regiones de ultratumba velan sobre los destinos de la
dose a menudo en las quimeras que forja su propia inteligencia patria e inspiran a sus buenos hijos la fe, la constancia y la ab-
y echando por el camino menos verosímil, los hombres de negación que ellos poseyeron en grado heroico, a fin de que su
genio como Juárez remontan el vuelo a regiones inexploradas, obra sea llevada a feliz término. G
a
a
Juárez
Justo Sierra
Biógrafo apasionado de Juárez, Justo Sierra publicó correr a torrentes por los canales respiratorios de sus cordille-
el 21 de julio de 1872, en El Federalista y con dedicatoria ras de oxígeno generador de la fiebre de la libertad; el día bri-
a Emilio Castelar, este panegírico, en que el dolor llaba tanto en América, que empezaba a iluminar las tinieblas
personal se funde con la estimación histórica europeas. Era nuestro cenit, una aurora en ultramar. Y tembla-
ron los asfixiadores del género humano.
La marea de la invasión subió amenazadora; todo quedó
El más grandioso periodo de nuestra historia nacional acaba de hundido, todo, exceptuando la rompiente en que se abrigó el
cerrarse con el mármol de un sepulcro. ¡Juárez ha muerto! arca santa de la república; todas las frentes se inclinaron, todas,
Intérpretes de la juventud liberal que ama en vuestra voz la exceptuando la frente de Juárez, que permaneció, ante el hun-
personificación más elocuente de las democracias latinas, dimiento de nuestra autonomía, erguida como sólo puede er-
hemos querido asociarnos al duelo del país entero, hemos que- guirse la conciencia ante la fatalidad.
rido que, al pasar definitivamente a la posteridad, el nombre Y de ese escollo jamás quebrantado, tras la invasión que
del patricio sellase vuestra carta de ciudadanía mexicana, y para huía, de campanario en campanario, se precipitó nuestra águi-
nuestra gloria y para vuestra honra, colocamos sobre esa frente la anidando en los picos volcánicos de nuestra sierra, sublimes
de gigante vuestro laurel de bronce. campanarios de los Andes americanos.
Vos lo sabéis: el que ha muerto encarnó en México el adve- Vos lo sabéis, vos que lo habéis proclamado así en la tribuna,
nimiento de las ideas redentoras de nuestro siglo; su impasible al par que Victor Hugo en Patmos, y en Caprera, Garibaldi, el
figura se destaca en el horizonte matinal de la Reforma, como Ruy Díaz de la era nueva.
un dedo de granito escribiendo la profecía de muerte en medio Y por eso Juárez ha conquistado el derecho de hacer de la
de la orgía lúgubre de la reacción. Cuando ese raquítico soña- bandera mexicana su paño mortuorio.
dor del mal (Napoleón III), que concibió desde su trono bizan- Mañana se levantará en Europa, contra ese gran recuerdo,
tino el designio de desenterrar el cadáver de la tradición mo- la grita de los asalariados del odio. Os damos, tribuno, la pala-
nárquica de su tumba impura, profanó con sus legiones nuestra bra en defensa nuestra. Decidles que tenemos mucho amor a
tierra americana, Juárez tuvo la suerte de representar el princi- nuestra patria, para no santificar las virtudes del que ha muer-
pio de las nacionalidades, reconquistadas por el derecho y to, y mucho orgullo para no arrojar sobre sus faltas el manto
conservadas por la libertad, contra el hombre que si pensaba de nuestras glorias.
restaurarlas por el pueblo quería guardarlas para los césares; Entretanto, al cerrar de la tumba junto a la cual suenan con
fue el derecho de América a vivir, a respirar libre y soberana, eco tan solemne las palabras constancia y fe, hacemos ardientes
desde donde engarzasen congelados cristales el eje imantado votos por la república española, que será hija de vuestra fe y de
de los polos, hasta su cíngulo tropical, bordado por las conste- vuestra constancia.
laciones y cerrado por el sol; tierra peligrosa era la que dejaba Salud y fraternidad. G
El camino de Damasco
Ángel Pola
El 18 de julio de 1902 apareció en El Imparcial, de la ciudad Municipal, el panteón y un portal, donde están las escuelas de
de México, este artículo que no es tanto una celebración niños y de niñas y la biblioteca pública. En el centro del pobla-
juarista como un intento por explicar el cambio do hay un jardín, y junto, una laguna de 80 metros de diáme-
profundísimo en la imagen que el modesto niño zapoteco tro, cuyas aguas límpidas y serenas cambian de colores por
tuvo de su propio destino quién sabe qué artes: unas veces son claras; otras negras; otras
coloradas; otras de color café; en fin, pasan y repasan por mil
matices. Por esto la denominan laguna Encantada. Frondosos
San Pablo Guelatao es un pueblito asentado en la rama Orien- y altos fresnos ciñen sus riberas y hacen delicioso el lugar,
tal de la Sierra Madre, a 55 kilómetros de la ciudad de Oaxaca. donde las familias celebran días de campo y verbenas, y discu-
Su perímetro mide 20 950 metros y el número de sus habitan- rren en los de fiesta al toque de la música del pueblo.
tes asciende a 354. Sus casas son de adobe y teja; y sus edificios El clima es tropical y templado. Se producen el limón, el
principales dos iglesias de arquitectura moderna, el Palacio naranjo, el mango y la caña; el durazno, la pera y otras frutas.
a
Sus habitantes viven de la agricultura y la horticultura. Cose- de Oaxaca. Iba el pobrecillo con sólo su ropa en el cuerpo:
a
chan maíz, frijol, arveja, lechuga, rábano, tomate, cebolla, ajo sombrerito de palma, camisa y calzoncitos de manta y cacles.
y col. Siembran en primavera y en otoño, pero la primavera A trechos, parecía detener el paso para escuchar la voz de su
siempre es de regadío. El acueducto llega al río Hiloovetoo, conciencia en la lucha sostenida entre el amor a su hogar y el
afluente del río grande de Ixtlán. temple de su carácter. Así, con estas tempestades en su alma,
En este pueblito hay dos cosas, que son las más grandes: una hermosa y pura, llegó a la ciudad y paró en la casa de don An-
choza, en contraste con lo demás del caserío, situada a 50 me- tonio Maza, español y amo de su hermana Josefa. Éste fue su
tros del palacio municipal, y una estatua, que destaca en el camino de Damasco.
jardín. La estatua representa a un indio que nació en la choza: A poco de transcurrir tiempo, Josefa le puso a servir con
a Pablo Benito Juárez. don Antonio Salanueva, tercero descubierto de la 3a orden de
De este indio, ejemplar peregrino de energía, cuyos padres San Francisco y encuadernador de libros. Cerca de este buen
fueron Marcelino Juárez y Brígida García, quedan de pie toda- hombre completó su instrucción primaria, y en seguida se
vía gentes de su sangre: María Ruiz, de edad 100 años, mujer matriculó en el colegio Seminario, en que había dos cátedras
de Justo Juárez, primo hermano de Marcelino, y sus hijos de gramática, una de filosofía, una de teología moral y otra de
Ruperto, Juan y Anastasio, que cuentan respectivamente 50 teología dramática.
y 65 años. Vive también Felipe García de 90, primo de Pablo El 8 de enero de 1827 abrió sus puertas el Instituto de cien-
Benito Juárez. Dice Felipe que éste su primo, quedó huérfano cias y artes del estado, y él fue uno de los primeros alumnos:
de padres cuando rayaba en los ocho años; Marcelino falleció se inscribió en la 8a. aula, que era la de derecho natural y civil,
en el portal del palacio de gobierno de Oaxaca, en una de sus desempeñada por el licenciado José María Arteaga.
idas para vender fruta, y descansa en el Patrocinio. Brígida, en La noche del jueves 30 de julio de 1829, en el instituto, de-
Guelatao y yace en uno de los templos. fendió en acto público estas tesis de derecho:
No le dejaron recurso alguno a Benito, sino su trabajo, que 1] Los poderes constitucionales no deben mezclarse en sus
fue siempre su sostén. Entonces buscó refugio en el hogar de funciones.
su tío Bernardino, de índole recta y severa, que tenía por inte- 2] Debe haber una fuerza que mantenga la independencia y
reses un solar contiguo a la Laguna Encantada y un rebaño de el equilibrio de estos poderes.
ovejas. El huérfano dedicóse a su cuidado. Antes del pastoreo, 3] Esta fuerza debe residir en el tribunal de la opinión pú-
entraba en la escuela particular de Domingo García, nativo del blica.
lugar. Después, arreaba a sus animalitos. A veces, trepado a un El 12 de agosto de 1830, en el mismo plantel, sostuvo pú-
árbol, les peroraba en su lengua, en zapoteco. blicamente estas otras conclusiones:
Un día, el miércoles 16 de diciembre de 1818, por andar ju- 1] La elección directa es más conveniente en el sistema re-
gando con uno de sus amiguitos de infancia no advirtió que su publicano.
rebaño había entrado a saco en una sementera. El propietario 2] Esta elección se hace tanto más necesaria cuanto más
tomó en rehenes a las ovejas, en tanto no le fuese reparado el ilustración haya en el pueblo.
daño. Perdido de ánimo el pastorcito y puesta su considera- ¿Todo esto no revela al pontífice impasible y perseverante
ción en la severidad de su tío, huyó del pueblo y tomó camino de la república y la reforma? G
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