Biografía de Simón Bolívar
Por Manuel Pérez Vila*
Simón Bolívar, el Libertador
Descendiente de una familia de origen vasco que se hallaba establecida en Venezuela
desde fines del siglo XVI, y ocupaba en la Provincia una destacada posición
económica y social, Simón Bolívar nació en la ciudad de Caracas el 24 de julio de
1783. Sus padres fueron el Coronel don Juan Vicente Bolívar y Ponte, y doña
Concepción Palacios Blanco. Tenía tres hermanos mayores que él -María Antonia,
Juana y Juan Vicente- y hubo otra niña, María del Carmen, que murió al nacer. Antes
de cumplir tres años, Simón perdió a su padre, fallecido en enero de 1786. La
educación de los niños corrió a cargo de la madre, mujer de fina sensibilidad, pero
también capaz de administrar los cuantiosos bienes que poseía la familia. Además de
la herencia paterna, Simón era titular de un rico mayorazgo, instituido para él en 1785
por el Presbítero Juan Félix Jérez y Aristaguieta.
Retrato de Simón Bolívar (Anónimo, 1804-1806)En su ciudad natal transcurrieron sus
primeros años, con ocasionales viajes a las haciendas que la familia poseía en los
Valles de Aragua. En 1792 falleció doña Concepción. María Antonia y Juana
contrajeron matrimonio bien pronto, y los dos varones de la familia, Juan Vicente y
Simón, siguieron viviendo con el abuelo materno, don Feliciano Palacios, tutor de
ambos. La casona de la familia daba al frente a la plazuela de San Jacinto, en pleno
centro de la ciudad. Al morir el abuelo, Simón quedó al cuidado de su tío y tutor Carlos
Palacios. En julio de 1795, cuando cumplía 12 años, sufrió una crisis muy propia de la
primera adolescencia: huyó del lado de su tío, para acogerse a la casa de su hermana
María Antonia y de su marido, hacia quienes sentía mayor afinidad afectiva. A
consecuencia de estos hechos, que pronto se arreglaron favorablemente, Simón
Bolívar pasó algunos meses como interno en la casa de don Simón Rodríguez (1771-
1854), nacido también en Caracas, quien regentaba entonces la Escuela de primeras
letras de la ciudad. Entre aquel genial pedagogo y reformador social, y el niño Simón
Bolívar, se estableció pronto una corriente de mutua comprensión y simpatía, que
duraría tanto como sus vidas. Rodríguez se marchó de Caracas en 1797. Antes y
después de ser alumno suyo, tuvo Bolívar otros maestros en Caracas, entre los cuales
se cita a Carrasco y a Vides, quienes le dieron lecciones de escritura y de aritmética, a
fray Jesús Nazareno Zidardia, al Presbítero José Antonio Negrete, profesor de Historia
y de Religión, y a Guillermo Pelgrón, preceptor de latinidad. Recibió también lecciones
particulares de Historia y de Geografía que le dio don Andrés Bello (1781-1865), quien
atesoraba ya en su juventud el caudal de conocimientos que habría de conducirlo con
el tiempo a ser el primer humanista de América.
La vocación de Bolívar era el ejercicio de las armas. En enero de 1797, ingresó como
cadete en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, del cual había
sido Coronel años atrás su propio padre. No tenía aún 14 años cumplidos. En julio del
año siguiente, cuando fue ascendido a Subteniente, se anotaba en su hoja de
servicios: Valor: conocido; aplicación: sobresaliente. El adiestramiento práctico en los
deberes militares lo combinaba Bolívar con el aprendizaje teórico de materias
consideradas entonces la base de la formación castrense: las matemáticas, el dibujo
topográfico, la física, etc., que aprendió en la Academia establecida en la propia casa
de Bolívar por el sabio Capuchino fray Francisco de Andújar desde mediados de 1798,
y a la cual asistían también varios amigos de Simón.
A comienzos de 1799, viajó a España. En Madrid, bajo la dirección de sus tíos
Esteban y Pedro Palacios y la rectoría moral e intelectual del sabio Marqués de
Ustáriz, se entregó con pasión al estudio. Recibió allí la educación propia de un
gentilhombre que se destinaba al mundo y al ejercicio de las armas: amplió sus
conocimientos de historia, de literatura clásica y moderna, y de matemáticas, inició el
estudio del francés, y aprendió también la esgrima y el baile, haciendo en todo rápidos
progresos. La frecuentación de tertulias y salones pulió su espíritu, enriqueció su
idioma, y le dio mayor aplomo. En Madrid conoció a María Teresa Rodríguez del Toro
y Alayza, de quien se enamoró. A fines de 1800 pensaba en constituir un hogar,
asegurarse descendencia, y regresar a su país, para atender al fomento de sus
propiedades. Hubo un compás de espera: en la primavera de 1801 viajó a Bilbao,
donde permaneció casi todo el resto del año. Hizo luego un breve recorrido por
Francia que le condujo hasta París y Amiens. En mayo de 1802 estaba de nuevo en
Madrid, donde contrajo matrimonio, el día 26, con María Teresa. Los jóvenes esposos
viajaron a Venezuela, pero poco duró la felicidad de Simón. María Teresa murió en
enero de 1803. El joven viudo regresó a Europa a fines de ese mismo año, pasó por
Cádiz y Madrid, y se estableció en París desde la primavera de 1804.
Retrato de Simón Bolívar (Anónimo, 1815)En la capital del naciente Imperio Francés
los placeres de una vida social, mundana, y los estímulos de orden intelectual,
comparten la atención de Bolívar, no menos que el espectáculo fascinante de una
Europa en plena ebullición política. Frecuenta teatro, tertulias y salones, donde conoce
a bellas mujeres, pero trata igualmente a sabios como Alejandro de Humboldt y
Amado Bonpland, y asiste a las conferencias y a los cursos libres de estudios donde
se divulgan los conocimientos y las teorías más recientes. En esta época de su vida se
entrega con pasión a la lectura. Se ha encontrado de nuevo con Simón Rodríguez,
cuyo saber y cuya experiencia hacen de él un extraordinario compañero de
conversaciones, lecturas y viajes. Van juntos a Italia, y cruzan a pie la Saboya. En
Roma, un día de agosto de 1805, en el Monte Sacro, Bolívar jura en presencia de su
maestro no dar descanso a su brazo ni reposo a su alma hasta que haya logrado
libertar al mundo Hispanoamericano de la tutela española. De nuevo se separan
Bolívar y Rodríguez. El primero, poco más tarde, asciende al Vesubio en compañía del
Barón de Humboldt y de otros científicos. Bolívar regresa a París, en donde se afilia a
una logia masónica. A fines de 1806, conocedor de los intentos realizados por el
Precursor Miranda en Venezuela, Bolívar considera que ha llegado el momento de
volver a su patria. Se embarca en un buque neutral que toca en Charleston en enero
de 1807; recorre una parte de los Estados Unidos, y regresa a Venezuela a mediados
del mismo año.
Vive ahora como un joven aristócrata, atento al fomento de sus haciendas, y en 1808
sostiene un sonado pleito con Antonio Nicolás Briceño por los linderos de una de ellas;
pero piensa siempre en el porvenir del país. En las reuniones que él y su hermano
Juan Vicente celebran con sus amigos en la quinta de recreo que poseen en Caracas
a orillas del río Guaire, se habla de literatura, pero también se hacen planes para la
Independencia de Venezuela.
Llega el 19 de abril de 1810. La Junta establecida ese día nombra a Bolívar, en
compañía de Luis López Méndez y de Andrés Bello, comisionado ante el Gobierno
Británico. Cumplida su misión, Bolívar regresa de Londres a fines del mismo año. En
Inglaterra ha visto el funcionamiento práctico de las instituciones. En el seno de la
Sociedad Patriótica de Caracas es uno de los más ardientes abogados de la
Independencia, que el Congreso proclama el 5 de julio de 1811. Bolívar se incorpora al
Ejército, y con el grado de Coronel contribuye en 1811, bajo las órdenes de Miranda, al
sometimiento de Valencia. En 1812, a pesar de grandes esfuerzos, no logra evitar que
la plaza de Puerto Cabello, de la cual era comandante, caiga en poder de las fuerzas
realistas por una traición. A mediados de 1812, el General Miranda capitula ante el jefe
español Domingo de Monteverde. En el puerto de La Guaira un grupo de oficiales
jóvenes, entre los cuales figura Bolívar, deseosos de continuar la lucha, arrestan al
infortunado Precursor. Pero todos los esfuerzos son inútiles. Bolívar logra salvarse
gracias a la hidalguía de un amigo suyo, don Francisco Iturbe, quien obtiene un
pasaporte para él. Se traslada a Curazao, y luego a Cartagena de Indias, donde
redacta y publica su «Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un
caraqueño», uno de los escritos fundamentales, en el cual expone ya su credo político,
así como los principios que habrán de guiar su acción en los años futuros.
Comienzan entonces sus fulgurantes campañas militares, en las cuales alternarán
victorias y reveses hasta 1818, y a partir del año siguiente predominarán los triunfos. A
la cabeza de un pequeño ejército, limpia de enemigos las márgenes del río
Magdalena, toma en febrero de 1813 la Villa de Cúcuta, e inicia en mayo la liberación
de Venezuela. La serie de combates y de hábiles maniobras que en tres meses le
condujeron vencedor desde la frontera del Táchira hasta Caracas, a donde entró el 6
de agosto, merecen en verdad el nombre de Campaña Admirable con que se les
conoce. A su paso por Trujillo, en junio, había dictado el Decreto de Guerra a Muerte,
con el objeto de afirmar el incipiente sentimiento nacional de los venezolanos. Poco
antes, a su paso por la ciudad de Mérida, los pueblos le habían aclamado Libertador,
título que le confieren solemnemente en octubre de 1813 la Municipalidad y el pueblo
de Caracas, y con el cual habrá de pasar a la historia.
Retrato de Simón Bolívar (Antonio Meucci, 1830)El período que va de agosto de 1813
a julio de 1814, la Segunda República, es en verdad el Año Terrible de la Historia de
Venezuela. La Guerra a Muerte hace furor, y los combates y batallas indecisos,
afortunados o perdidos, se suceden unos a otros con gran rapidez. A pesar de
victorias como la de Araure, la de Bocachica, o la primera batalla de Carabobo, y de
resistencias tan heroicas como la del campo atrincherado de San Mateo y de la ciudad
de Valencia, tanto Bolívar como el General Santiago Mariño (quien había libertado
antes el Oriente del país) se ven obligados a ceder ante el número de los adversarios,
cuyo principal caudillo es el realista José Tomás Boves. Éste triunfa en la Batalla de La
Puerta (junio de 1814), y los patriotas se ven en la necesidad de evacuar la ciudad de
Caracas. Se produce una gran emigración hacia el Oriente del país. Allí, Bolívar y
Mariño ven su autoridad desconocida por sus propios compañeros de armas. El
Libertador halla de nuevo fraterno asilo en la Nueva Granada, donde interviene con
varia suerte en las contiendas políticas internas y logra que la ciudad de Bogotá se
incorpore a las Provincias Unidas. En mayo de 1815, hallándose frente a Cartagena,
Bolívar abandona el mando para evitar el estallido de la guerra civil.
Aislado en Jamaica desde mayo hasta diciembre de 1815, aguarda impaciente el
momento de intervenir de nuevo en la lucha. Mientras tanto, medita acerca del destino
de Hispanoamérica y redacta en septiembre la célebre Carta de Jamaica, donde
abraza con penetrante comprensión y con visión profética el pasado, el presente y el
porvenir del Continente.
Mientras que la derrota de Napoleón en Europa, y la llegada a Venezuela de un
poderoso ejército español que manda el General Pablo Morillo, infunden nuevos
ánimos a los partidarios de la causa realista, Bolívar se traslada a la República de
Haití, en busca de recursos para continuar la lucha. El Presidente de aquel Estado,
Alejandro Petión, se los proporciona con magnanimidad. Pronto sale de Los Cayos
una expedición al mando de Bolívar, que llega en mayo de 1816 a la Isla de Margarita
y pasa poco después al Continente. Carúpano es tomado por asalto, y ahí da Bolívar,
el 2 de junio, un decreto que concede la libertad a los esclavos, el cual ratificará poco
después. La expedición pasa luego al puerto de Ocumare de la Costa, en donde
Bolívar se ve separado accidentalmente del grueso de sus fuerzas, y debe embarcarse
de nuevo. Regresa a Haití, en donde organiza una segunda expedición que llega a la
Isla de Margarita a fines del año. A comienzos de 1817 Bolívar se halla en Barcelona.
Su objetivo es apoderarse de la Provincia de Guayana, y hacer de ella la base para la
liberación definitiva de Venezuela. En julio, la capital de aquella Provincia, Angostura
(hoy Ciudad Bolívar), es tomada por los patriotas. Se organiza de nuevo el Estado.
Bolívar crea el Consejo de Estado, el Consejo de Gobierno, el Consejo Superior de
Guerra, la Alta Corte de Justicia, el Tribunal del Consulado, y se preocupa por
establecer un periódico (que aparecerá en junio de 1818), el «Correo de Orinoco».
Entre tanto, tiene que luchar no sólo contra los españoles sino también contra la
anarquía que se había insinuado en su propio campo: en octubre de 1817, tras un
juicio militar, el General Manuel Piar, uno de los principales jefes republicanos, es
fusilado en Angostura. Hacia esos mismos días, el Libertador dicta la «Ley de
Repartición de Bienes Nacionales», que habrá de contribuir a fortalecer el sentimiento
patriótico.
En 1818 la campaña del Centro se inicia bajo favorables auspicios, pues el Libertador
logra sorprender en la ciudad de Calabozo al general realista Morillo, pero los
republicanos son derrotados en el sitio de Semén. Días después, en el Rincón de los
Toros, Bolívar está a punto de morir a manos de una patrulla realista, en plena noche.
El 5 de junio está de nuevo en Angostura. Llegan entonces un Agente Diplomático de
los Estados Unidos y un gran número de voluntarios europeos.
El Segundo Congreso de Venezuela, convocado por Bolívar, se reúne en Angostura el
15 de febrero de 1819. Ante él pronuncia un Discurso que es uno de los documentos
fundamentales de su ideario político. Le presenta, también, un proyecto de
Constitución. Poco después emprende la campaña que habrá de libertar a la Nueva
Granada. El ejército tramonta los Andes por el inhóspito páramo de Pisba, y tras los
cruentos combates, en julio de 1819, de Gámeza y del Pantano de Vargas, obtiene un
triunfo decisivo en la batalla de Boyacá, el 7 de agosto. Días después Bolívar entra en
Bogotá. Dejando organizadas las provincias de la Nueva Granada bajo el mando del
General Santander, el Libertador regresa a Angostura, donde el Congreso, a
propuesta suya, expide la Ley Fundamental de la República de Colombia en diciembre
de 1819. Este gran Estado, creación del Libertador, comprendía las actuales
repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.
Tratado sobre la regularización de la guerra, concluido entre El Libertador Presidente
de Colombia y el General en Jefe del Ejército español (1820)A estos acontecimientos
que habían fortalecido la causa republicana, vino a sumarse la Revolución Liberal que
estalló en España en enero de 1820. La situación ha cambiado. En todas partes los
ejércitos de la República obtienen ventajas. Cartagena es sitiada, Mérida y Trujillo
libertadas. El nuevo Gobierno español intenta llegar a un acuerdo pacífico con los
patriotas. Los comisionados de ambas partes firman en Trujillo, en noviembre de 1820,
un Tratado de Armisticio y otro de Regularización de la Guerra. El Libertador y el
General Morillo se entrevistan en el Pueblo de Santa Ana. Algunos meses después,
expirado el Armisticio, los ejércitos republicanos se ponen en marcha hacia Caracas.
El 24 de junio de 1821, en la Sabana de Carabobo, Bolívar da una batalla que decide
definitivamente la independencia de Venezuela. Los restos del Ejército Realista se
refugian en Puerto Cabello, que caerá en 1823. El Libertador entra triunfador en su
ciudad natal en medio de la alegría de sus conciudadanos.
Vuelve ahora la mirada hacia el Ecuador, dominado todavía por los españoles. Por
Maracaibo se dirige a Cúcuta, en donde se halla reunido el Congreso, y de allí a
Bogotá. En 1822 dos ejércitos patriotas tratan de libertar a Quito: Bolívar conduce el
del Norte, y el General Antonio José de Sucre el del Sur partiendo de Guayaquil. La
acción de Bomboná, dada por Bolívar en abril, quebranta la resistencia de los
pastusos, mientras que la batalla de Pichincha, ganada por Sucre el 24 de mayo,
liberta definitivamente al Ecuador, que queda integrado a la gran República de
Colombia. En Quito Bolívar conoce a Manuela Sáenz, el gran amor de los últimos años
de su vida. El 11 de julio Bolívar se halla en Guayaquil, en donde desembarca el día
25 el General José de San Martín, procedente del Perú. Allí se abrazan y se
entrevistan los dos ilustres capitanes de la Independencia Suramericana. Lo que
conferenciaron en privado, consta en los documentos auténticos emanados de Bolívar
y de su Secretaría General. El objetivo principal del General San Martín, que era
negociar sobre el destino futuro de Guayaquil, no pudo realizarse, puesto que la
Provincia se había incorporado ya a la República de la Gran Colombia. A mediados de
1823 la situación político-militar del Perú se había deteriorado muchísimo. Llamado por
el Congreso y por el pueblo de aquella Nación, el Libertador se embarcó en Guayaquil
el 7 de agosto y llegó a comienzos de septiembre al Callao. La anarquía reinaba entre
los patriotas. Bolívar, facultado únicamente para dirigir las operaciones militares, se
dedicó con tesón a reorganizar el ejército, dándole como núcleo central los cuerpos
que le habían acompañado desde Guayaquil. En enero de 1824 Bolívar se hallaba
enfermo de cuidado en Pativilca, en la Costa del Perú, donde recibió la noticia de que
la guarnición del Callao se había pasado a los realistas. Ante tantas dificultades, su
indomable espíritu se manifestó en su exclamación famosa: «¡Triunfar!».
Retrato de Simón Bolívar (Anónimo, 1832)Lima cae en manos de los realistas, pero el
Congreso del Perú, antes de disolverse, nombra a Bolívar Dictador -como en la
antigua República Romana- con facultades ilimitadas para salvar al país. Él acepta
serenamente tan tremenda responsabilidad. Retirado a Trujillo, trabaja
infatigablemente; su genio y su fe en el destino de América operan el milagro.
Emprende la ofensiva, y el 7 de agosto de 1824, en Junín, derrota al Ejército Real del
Perú. La campaña continúa, y mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del
Callao, el General Sucre, en Ayacucho, pone el sello definitivo a la libertad americana
el 9 de diciembre de 1824. Dos días antes, desde Lima, Bolívar había dirigido a los
gobiernos de Hispanoamérica una invitación para enviar sus plenipotenciarios al
Congreso que habría de reunirse en Panamá, el cual efectivamente se celebró en
junio de 1826.
Ha terminado la fase militar de la Independencia. El 10 de febrero de 1825, ante el
Congreso Peruano reunido en Lima, Bolívar renuncia los poderes ilimitados que le
habían sido conferidos. Dos días más tarde aquel cuerpo decreta honores y
recompensas al Ejército y al Libertador, pero éste no acepta el millón de pesos que se
le ofrecían particularmente. Sale luego de la capital para visitar a Arequipa, El Cuzco y
las provincias que entonces se llamaban del Alto Perú. Éstas se constituyen en
Nación, y lo hacen bajo la égida del héroe: «República Bolívar», se llamó la que hoy
conocemos con el nombre de Bolivia. Para el Nuevo Estado Bolívar redacta en 1826
un Proyecto de Constitución en el cual están expresadas sus ideas para la
consolidación del orden y la independencia de los países recién emancipados.
Entretanto, una Revolución acaudillada por el General Páez -«La Cosiata»- ha
estallado en Venezuela contra el Gobierno de Bogotá, en abril de 1826. Bolívar
regresa a Caracas y logra restablecer la paz a comienzos de 1827. Sin embargo, las
fuerzas de disociación predominan sobre las tendencias aglutinadoras. Bolívar se
distancia más y más, política y personalmente, del Vicepresidente Santander, hasta
que sobreviene la ruptura total. El 4 de julio de 1827 Bolívar sale por última vez de
Caracas, se embarca en La Guaira, y por la vía de Cartagena llega a Bogotá. Allí, el
10 de septiembre, presta ante el Congreso juramento como Presidente de la
República.
Hipotecado sobre la Rentas Naturales de la Confederación (Ley del 27 de agosto de
1811, año I de la Independencia)La Convención Nacional reunida en Ocaña en 1828
se disuelve sin que los diversos partidos hayan logrado ponerse de acuerdo. Bolívar,
aclamado Dictador, escapa en Bogotá, en septiembre de aquel año, a un atentado
contra su vida; poco después ha de ponerse en campaña para enfrentarse a las
fuerzas del Perú que han penetrado en el Ecuador, en donde permanece durante casi
todo el año de 1829. A pesar de estar enfermo y de sentirse cansado, lucha por salvar
su obra. A comienzos de 1830 vuelve a Bogotá para instalar el Congreso
Constituyente. Venezuela se agita de nuevo y se proclama Estado Independiente. En
la Nueva Granada la oposición crece y se fortalece. El Libertador, cada vez más
enfermo, renuncia a la Presidencia y emprende viaje hacia la Costa. La noticia del
asesinato de Sucre, que recibe en Cartagena, le afecta profundamente. Piensa
marchar a Europa, pero la muerte le sorprende en San Pedro Alejandrino, una
hacienda situada en las cercanías de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Días
antes, el 10, había dirigido a sus compatriotas su última proclama, que es su
testamento político.
Sobresalió entre sus contemporáneos por sus talentos, su inteligencia, su voluntad y
abnegación, cualidades que puso íntegramente al servicio de una grande y noble
empresa: la de libertar y organizar para la vida civil a muchas naciones que hoy ven en
él a un Padre. Sus restos mortales, traídos a Venezuela con gran pompa en 1842,
reposan hoy en el Panteón Nacional.
Francisco de Miranda
(Caracas, 1750 - San Fernando, Cádiz, 1816) Precursor del movimiento de emancipación de
Hispanoamérica. Era hijo de un comerciante canario que había hecho fortuna en Venezuela.
Francisco de Miranda estudió en la Universidad de Caracas y se alistó en el ejército español en
1771. Combatió en el norte de África, en las Antillas y en la intervención contra Gran Bretaña
durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos; en 1781, su participación en el sitio
de la colonia británica de Pensacola (Florida) le valió el ascenso a teniente coronel. Destinado
en Cuba, diversas intrigas y acusaciones calumniosas lo determinaron a abandonar la isla en
1783.
Francisco de Miranda
Ese mismo año, finalizada la guerra con la metrópoli, se había consumado la independencia de
los Estados Unidos. Seguidor de los enciclopedistas y los filósofos ilustrados, cuyo ideario
político liberal había adoptado, Miranda vio en la emancipación estadounidense el ejemplo a
seguir para la América hispana, y animado por este ideal se lanzó, por lo que le quedaba de
vida, a luchar contra la dominación colonial española. Recorrió Europa y Estados Unidos
defendiendo la causa de la independencia hispanoamericana, a imagen de lo que habían hecho
las antiguas colonias británicas del continente. Su pertenencia a la masonería le facilitó el
contacto con las personalidades más relevantes de las altas esferas, a través de las logias
europeas y americanas.
Durante su estancia en Francia, apoyó la Revolución Francesa, que le nombró mariscal de
campo, y prestó sus servicios para la conquista francesa de los Países Bajos (1792-1793). Por su
actuación en la victoriosa batalla de Valmy (20 de septiembre de 1792) fue ascendido a
general, y al mando del Ejército del Norte tomó las ciudades de Amberes y Roermond; pero su
superior, el general francés Dumouriez (que más tarde se pasaría a los austriacos) lo
responsabilizó ante la Convención de las derrotas de Maestricht y Nearwinden. Defendido por
Chauveau-Lagarde, quien brindó uno de los testimonios más hermosos acerca de su
trayectoria y servicios en favor de la libertad, Miranda fue absuelto de todos los cargos. Con la
llegada al poder de los jacobinos y el inicio del Terror (1793), fue víctima de las persecuciones
del Comité de Salvación Pública contra los girondinos y sus simpatizantes; encarcelado de
nuevo, fue absuelto tras la caída de Robespierre.
Presidió luego una junta de representantes de las colonias españolas de América (fundada en
París en 1797), que respaldó su campaña en busca de apoyos internacionales. En 1806 regresó
a Venezuela, habiendo conseguido promesas de ayuda por parte de la zarina Catalina II de
Rusia, del presidente norteamericano Thomas Jefferson y, sobre todo, de William Pitt el Joven,
primer ministro de Gran Bretaña, de cuyos intereses geoestratégicos se convirtió en agente.
El pintor venezolano Arturo Michelena representó el cautiverio del precursor en el
célebre lienzo Miranda en La Carraca (1896), la cárcel española en que falleció
Miranda pretendía formar un único Estado hispanoamericano independiente desde el
Mississippi hasta la Tierra del Fuego, para el cual había proyectado una constitución, ideado un
nombre («Colombia») e incluso diseñado una bandera (la actual de Colombia, Venezuela y
Ecuador). Pero su primer intento de desembarcar en Ocumare fue rechazado por el capitán
general de Venezuela; y un segundo desembarco en Coro no despertó la adhesión que
esperaba por parte de los criollos, por lo que regresó a Europa en busca de refuerzos (1807).
La invasión de España por las tropas de Napoleón Bonaparte en 1808 creó en las colonias
americanas una situación de desconcierto y vacío de poder, que los independentistas
aprovecharon para lanzar su levantamiento con más garantías de éxito: Miranda fundó el
periódico El Colombiano, desde el cual coordinó los movimientos independentistas que
estallaron simultáneamente y con características semejantes en toda Hispanoamérica en 1810;
en aquel año regresó a Venezuela, a instancias de Simón Bolívar y de la junta revolucionaria
formada en Caracas.
Un Congreso proclamó la independencia de Venezuela al año siguiente, adoptando una
Constitución inspirada en la de los Estados Unidos. Pero Miranda no fue tomado en cuenta
para formar parte de las nuevas autoridades ejecutivas, y se recurrió a él únicamente para
hacer frente al ejército realista que, con el objetivo de liquidar la insurrección, se estaba
preparando en Puerto Rico, al mando de Domingo de Monteverde. La flamante República puso
a Miranda al frente de las fuerzas rebeldes y le otorgó plenos poderes para detener el
contraataque español (23 de abril de 1812).
Sin medios para organizar un ejército eficaz, Miranda tomó la razonable decisión de rendirse
tras la caída de Puerto Cabello, plaza defendida por Bolívar, pero aunque contaba con el
respaldo de patriotas de la talla de Juan Germán Roscio, Francisco Espejo y José de Sata y
Bussy, la firma de la capitulación (24 de julio de 1812) fue entendida como un acto de traición
por parte de algunos jóvenes oficiales como Carlos Soublette, Miguel Peña y el mismo Bolívar.
Desacreditado por sus errores políticos y militares, y enfrentado tanto a los republicanos
radicales como a los terratenientes conservadores, fue arrestado por Bolívar y entregado a los
realistas, que le enviaron preso a España, donde murió.
José Leonardo Chirino
Nace en Curimagua (Edo. Falcón)
Muere en Caracas el 10.12.1796
José Leonardo Chirino
José Leonardo Chirino
Ilustración realizada por Francisco Maduro.
Líder de la insurrección de negros y zambos desarrollada en la serranía de Coro en 1795. Hijo
de un esclavo al servicio de la familia Chirino, nació libre debido a que su madre era una india.
Se casó con una mulata de nombre María de los Dolores con quien tuvo 3 hijos: María Bibiana,
José Hilario y Rafael María. Tiempo después sirvió a José Tellería, rico comerciante y síndico
procurador de Coro, a quien acompañó en uno de sus viajes al Santo Domingo francés
(posteriormente llamado Haití). Allí escuchó hablar a Tellería y otros comerciantes acerca de la
Revolución Francesa y los ideales de ésta (libertad, igualdad y fraternidad). Asimismo,
estableció contacto con el proceso que se vivía en Haití donde los negros esclavos se habían
levantado contra los blancos y estaban luchando con éxito para obtener su libertad. De
regreso a Venezuela se incorporó a un grupo de conjurados que se reunían en el trapiche de la
hacienda Macanillas (Curimagua, Edo. Falcón), entre los que se encontraba José Caridad
González, un negro congolés muy informado de las ideas de la Revolución Francesa.
El día 10 de mayo de 1795 estalló la insurrección, que establecía en su programa
revolucionario el establecimiento de lo que llamaban la Ley de los Franceses, es decir la
República; eliminación de la esclavitud e igualdad de las clases sociales; supresión de los
privilegios; derogación de los impuestos de alcabala. La mayoría de los seguidores de Chirino
eran negros de la tribu de los "loangos" o "minas", del Reino del Congo. En términos generales,
el objetivos de los insurrectos era tomar todas las haciendas de la zona, reclutar hombres,
asegurar el paso hacia Coro y después hacer entrada a esa ciudad. Luego de perpetrar el
asesinato de algunos blancos y saquear sus propiedades, se entregaron a la celebración
demorando la toma de Coro, con lo cual dieron tiempo a las autoridades de organizar la
defensa. Los rebeldes fueron repelidos y muchos de ellos asesinados o apresados. En cuanto a
Chirino, perseguido por las autoridades, pudo escapar y refugiarse en la selva hasta que
traicionado por un conocido en Baragua, fue capturado por las autoridades en agosto de 1795.
Trasladado a Caracas, la Real Audiencia lo condenó a la horca, el 10 de diciembre de 1796,
sentencia que se ejecutó en la plaza Mayor de esa ciudad (hoy plaza Bolívar). Como
escarmiento y para desalentar futuras rebeliones, la cabeza de Chirino fue puesta en una jaula
de hierro que se colocó en el camino hacia los Valles de Aragua y Coro. Además, sus 2 manos
cortadas se fijaron en Caujarao y Curimagua. Sus familiares no corrieron con mejor suerte, ya
que, fueron vendidos como esclavos lejos del sitio donde vivían: María de los Dolores y Rafael
María, en Caracas, y María Bibiana y José Hilario, en Puerto Cabello, su esposa murió antes de
ser trasladada a algún sitio.
El movimiento encabezado por Chirino y José Caridad González, fue una insurrección que
impactó política, social y económicamente a la sociedad colonial venezolana. Con el objeto de
cumplirse en 1995, 200 años de la rebelión acaudillada por Chirino, el Ejecutivo Nacional, el
Congreso de la República y diversas instituciones culturales del país, acordaron homenajear al
luchador social. Entre los actos conmemorativos, se develó una placa en el Panteón Nacional,
el 10 de mayo de 1995, con lo cual quedó reconocida oficialmente su presencia al lado de los
otros próceres venezolanos.
José María España
(La Guaira, Vargas, 1761 - Caracas, 1799) Militar y político venezolano que protagonizó, junto
con Manuel Gual, la llamada «conspiración de Gual y España» (1797), primera intentona
independentista venezolana que precedió a las tentativas también fallidas de Francisco de
Miranda.
José María España
Hombre de una amplia cultura, José María España conoció tempranamente la filosofía política
de la Ilustración y se empapó del ideario liberal surgido de la Revolución Francesa. En 1793 fue
nombrado Teniente Justicia Mayor de la población costera de Macuto, cargo que le permitió
dejar en libertad a los españoles Manuel Cortés, Juan Bautista Picornell y los hermanos Lax,
que habían sido deportados desde España a Venezuela por sus ideas revolucionarias y se
hallaban presos en las bóvedas de La Guaira.
José María España y otro coterráneo suyo, Manuel Gual, conspiraron con los citados reos para
organizar un movimiento revolucionario, conocido posteriormente en la historiografía como la
«conspiración de Gual y España». Este movimiento, de gran repercusión en La Guaira, Caracas
y otras poblaciones del país, ha sido considerado como uno de los más importantes proyectos
independentistas de la América colonial, tanto por el número de participantes como por las
revolucionarias propuestas que allí se formularon; se hicieron circular textos y documentos
que contenían la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, así como máximas
republicanas y un discurso dirigido a los americanos, todo lo cual tendría una considerable
influencia en el movimiento emancipador de Hispanoamérica.
Descubiertos por una delación, José María España, junto con otros implicados, escapó a las
Antillas (1797), donde entró de nuevo en contacto con Manuel Gual. Luego viajó a Barcelona, y
en 1799 regresó secretamente a La Guaira y se ocultó en su hogar, desde donde intentó
organizar una sublevación de los esclavos negros de su propia hacienda de cacao de Naiguatá.
Tras ser denunciado por uno de sus esclavos, José María España fue descubierto y hecho
prisionero. Se le trasladó a Caracas, donde fue juzgado y condenado a muerte por el delito de
sedición. La sentencia disponía que se le cortara la cabeza y que su cuerpo fuera
descuartizado; que la primera, encerrada en una jaula de hierro, fuera exhibida en La Guaira, y
el resto de su cuerpo en otros lugares. Así se hizo.