UNIVERSIDAD ESTATAL DEL SUR DE MANABÍ
FUNDADA EL 7 DE FEBRERO DEL 2001
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD – CARRERA DE ENFERMERÍA
INTEGRANTES:
ACUÑA MIELES GEMA ABIGAIL
LITARDO LUCAS ANA DAMARIS
PICO PIN EMILY ANGIE
PALMA BRIONES EMILY VANYELY
MENDOZA ANDRADE JORGE LUIS
DOCENTE:
DOCTOR. MARLON ALFREDO CAÑARTE CHELE
CURSO:
PRIMERO “C”
MATERIA:
MORFOFISIOLOGÍA
TEMA:
ANATOMÍA Y FISIOLOGIA DEL APARATO
REPRODUCTOR MASCULINO
JIPIJAPA – MANABÍ – ECUADOR
ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL APARATO REPRODUCTOR MASCULINO
Aparato reproductor masculino
Los órganos genitales masculinos son: Los testículos, con funciones endocrinas
(producción de hormonas masculinas) y funciones de génesis y maduración de los
gametos masculinos o espermatozoides, que serán trasladados a través de las vías
espermáticas hasta la uretra, la cual desemboca en el exterior a través del pene. Incluyen
otros órganos accesorios, como la próstata y las glándulas de Cowper.
Testículos
Situación, forma y relaciones
Los testículos son dos órganos situados en el exterior de la cavidad abdominal, el
izquierdo un poco más bajo, debajo del pene y alojados en las bolsas escrotales o
escroto, el escroto tiene la función de mantener los testículos a una temperatura
ligeramente inferior a la del cuerpo (5Cpor debajo de la temperatura central corporal),
puesto que las células germinales, generadoras de espermatozoides, son muy sensibles
a los cambios de temperatura y ligeros incrementos producen esterilidad. En su origen,
en la vida embrionaria, los testículos se encuentran en el interior de la cavidad
abdominal. La anormal permanencia de esta situación se denomina criptorquidia.
Tienen forma ovalada, con un diámetro mayor de unos 4 cm, una anchura de 3 cm y un
espesor de 2,5 cm, y cada uno de ellos pesa alrededor de 20 g. La superficie del
testículo es lisa y brillante, de color blanco, formada por una cubierta fibrosa
denominada albugínea, muy tensa, lo que le confiere una consistencia dura. En su polo
superior se aprecia una pequeña formación correspondiente a un resto embrionario
denominado hidátide sésil de Morgagni. Por su cara posterior, el testículo está en
contacto con el epidídimo, una estructura que forma parte de las vías espermáticas y
en la que se distinguen tres porciones: cabeza, cuerpo y cola. La cabeza del epidídimo
emerge del polo superior del testículo, y el cuerpo y la cola descienden adosados a su
cara posterior. El testículo y el epidídimo están envueltos por una serie de capas que
constituyen la bolsa escrotal. Hemos de recordar que el testículo ha descendido desde
el abdomen y, en ese trayecto hacia el exterior, ha arrastrado las diferentes capas de la
pared abdominal; por lo tanto, las envolturas testiculares serán equivalentes a las
capas musculares y aponeuróticas que constituyen la pared abdominal. Entre ambos
testículos, las diferentes capas (excepto la piel) forman un tabique escrotal que llega
hasta la raíz del pene. En la piel, entre los dos testículos, hay un rafe escrotal que se
continúa hacia el ano para formar el rafe perineal. Desde el testículo hasta la piel
queda un resto de gubernáculo embrionario que arrastró el testículo fuera de la
cavidad abdominal: es el ligamento escrotal.
Estructura interna
La cápsula fibrosa que envuelve el testículo, la albugínea, tiene un engrosamiento en la
parte posterior del testículo, el cuerpo de Highmore. Por esta zona salen las vías
seminales hacia el epidídimo. Desde el cuerpo de Highmore parten unas láminas
fibrosas hacia el interior del testículo, dividiéndolo en unos 300 compartimientos que
constituyen los lóbulos del testículo.
En cada lóbulo hay 2 o 3 conductos de forma contorneada denominados tubos
seminíferos, en los que se forman los espermatozoides. Los tubos seminíferos constan
de unas células de sostén, las células de Sertoli, que sirven de soporte a los
espermatozoides y las células precursoras. El espermatozoide se origina en una célula
denominada espermatogonia, situada en la periferia del tubo seminífero, es decir,
junto a su lámina basal. Las espermatogonias dan origen, por mitosis, a los
espermatozoides primarios de los cuales, se generan luego, mediante una nueva
mitosis, los espermatozoides secundarios. Cada uno de ellos se sitúa más próximo a la
luz del tubo seminífero, siempre entre las células de Sertoli, las cuales nutren a los
espermatozoides en desarrollo. Por último, los espermatocitos secundarios se
transforman en espermatozoides, los cuales disponen de un flagelo que les da
movilidad; éstos están situados ya en la luz del tubo seminífero, con la cabeza en
contacto aún con las células de Sertoli. Los tubos seminíferos de cada lóbulo se dirigen
hacia el cuerpo de Highmore, pero antes de entrar en él se unen en un tubo recto
también formado por células de Sertoli. Por lo tanto, hay tantos tubos rectos como
lóbulos testiculares. Estos tubos entran en el cuerpo de Highmore, donde forman un
entrelazado de tubos anastomosados entre sí, denominado red de Haller o rete testis,
de donde salen de 10 a 15 vasos eferentes muy plegados sobre si mismos, adoptando
una forma cónica, que reciben el nombre de conos eferentes. Estos vasos eferentes
salen del testículo desembocando sucesivamente en la cabeza del epidídimo de la que
forman parte. Entre los tubos seminíferos se encuentran las células intersticiales de
Leydig entremezcladas con los capilares del testículo y el tejido conectivo. Son células
poliédricas que producen la testosterona, hormona sexual masculina, la cual vierten a
los capilares. Las células de Leydig, por lo tanto, constituyen la parte endocrina del
testículo. (1)
Funciones de los testículos
Como ya se ha mencionado, el testículo tiene funciones espermatogénica y hormonal
(secreción de testosterona) La espermatogénesis comienza en la pubertad por
estímulo de las hormonas gonadotropinas de la hipófisis. Aunque las etapas del
espermatogénesis ya se han mencionado, a continuación, se detallan algunos
aspectos:
- Las espermatogonias situadas en la periferia de la pared de los tubos seminíferos
proliferan continuamente y se diferencian hasta dar lugar a los espermatozoides.
- En primer lugar, cada espermatogonia se transforma en un espermatocito primario,
el cual duplica sus cromosomas y se divide en 2 espermatocitos secundarios, con 46
cromosomas agrupados en 23 pares.
- Los espermatocitos secundarios se convierte, por división meiótica, en dos células
denominadas espermátides. Estas contienen, por lo tanto, 23 cromosomas no
emparejados. Uno de estos cromosomas determinará el sexo; es decir, los
espermatocitos secundarios contienen un par de cromosomas XY y, al dividirse en dos
espermátides, cada una de ellas tendrá el cromosoma X (determinante del sexo
femenino) o el cromosoma Y (determinante del sexo masculino). Al madurar las
espermátides se convertirán en espermatozoides sin cambiar su dotación
cromosómica, por lo que habrá espermatozoides X (hembras) y espermatozoides Y
(machos). Según cuál de ellos fecunde el óvulo, el sexo del hijo será hembra o varón,
respectivamente.
- La maduración de la espermátide origina el espermatozoide, que consta de cabeza,
cuello, cuerpo y cola. En la cabeza hay una estructura denominada acrosoma, que
interviene en la penetración del espermatozoide en el óvulo. La cola le permite
moverse a través de los fluidos mediante movimientos similares a los de un reptil, con
una velocidad de unos 30 cm/hora. Una vez que ha alcanzado el óvulo y lo ha
fecundado, solo la cabeza penetra en él.
- El espermatozoide sólo puede vivir 2 o 3 días en los productos de la eyaculación, pero
se mantiene vivo durante mucho más tiempo en los conductos testiculares y el
epidídimo.
- En su función como células de sostén de los espermatozoides y de sus precursoras,
las células de Sertoli aportan material nutritivo a dichas células.
Vías espermáticas
En realidad, las vías espermáticas comienzan en los tubos seminíferos del testículo,
pero en la estructura interna de este órgano ya se han descrito los tubos seminíferos,
los tubos rectos, la red de Haller y los conductos eferentes, por lo que en este
apartado se describirá el resto de las vías espermáticas: epidídimo, conducto
deferente, vesículas seminales y conductos eyaculadores.
Situación, forma y relaciones
Los conductos o conos eferentes que emergen de la red de Haller desembocan en el
conducto epididimario, también muy plegado, y constituyen con la primera porción de
este último la cabeza del epidídimo, situada en el polo superior del testículo. En ella se
puede apreciar una pequeña formación, la hidátide pediculada de Morgagni, resto
embrionario situado junto a la hidátide sésil del testículo. Una vez que el conducto
epididimario ha recibido los conos eferentes, continúa descendiendo dentro de la
bolsa escrotal, adosado a la cara posterior del testículo y constituyendo el cuerpo y la
cola del epidídimo. Estas dos porciones, cuerpo y cola, están envueltas íntimamente
por la hoja visceral de la túnica vaginal, continuación de la que cubre la cara posterior
del testículo y que dibuja el fondo de saco subepididimario. El epidídimo mide unos 5
cm, aunque el conducto epididimario, muy replegado, tienen en realidad una longitud
de unos 6 cm. La cola del epidídimo se continúa con el conducto deferente, más ancho
y menos sinuoso; asciende hacia el polo superior del testículo a lo largo de la cara
interna del epidídimo y sale de la bolsa escrotal hacia el conducto inguinal. En este
trayecto forma parte del cordón espermático, junto con los vasos espermáticos, arteria
deferente, linfáticos y fibras nerviosas, todo ello envuelto en fibras del músculo
cremaster. El conducto deferente tiene una consistencia dura y una longitud de unos
40 cm. Entra en la cavidad abdominal con el cordón espermático por el conducto
inguinal, pasando por delante de la rama pubiana, junto a la espina del pubis. Dentro
de la cavidad abdominal el conducto deferente se separa de los demás componentes
del cordón espermático y se dirige hacia atrás por debajo del peritoneo, cruza los vasos
iliacos externos por delante y se adosa a la cara lateral de la vejiga. Cruza por encima
del uréter y busca la cara posterior de la vejiga, entre ésta y el recto, descendiendo por
debajo del uréter hacia la próstata, sobre la cual contacta con la vesícula seminal. En
este último trayecto se ensañad formando la ampolla del conducto deferente. Las
vesículas seminales son dos bolsas con función secretora que aportan el líquido
seminal en la eyaculación. Contienen también espermatozoides, como el resto de las
vías espermáticas. Están situadas entre la vejiga y el recto, por encima de la próstata y
por fuera de la ampolla del conducto deferente. El fondo de saco de Douglas cubre el
extremo superior de la vesícula seminal, es decir, el fondo de ésta. La abertura de la
vesícula se halla hacia abajo y adentro y desemboca junto con la ampolla del conducto
deferente en el conducto eyaculador. El conducto eyaculador es un tubo corto (de 2,5
cm) que atraviesa la próstata. Termina al desembocar en la uretra prostática o tramo
de la uretra que atraviesa la próstata.
Estructura interna
Los conductos eferentes tienen un epitelio cilíndrico simple con células ciliadas y
células con micro vellosidades. Este último tipo contiene además gránulos de
secreción. La capa muscular de fibra lisa es delgada. Tanto los cilios como las fibras
musculares facilitan la progresión de los espermatozoides hacia el conducto
epididimario. Este se caracteriza por poseer un epitelio de tipo seudo estratificado, con
vellosidades y una capa muscular fina. El conducto deferente mantiene la morfología
epitelial del conducto epididimario, pero su capa muscular es mucho más gruesa y está
formada por tres láminas de fibras: una interna (longitudinal) otra media (circular) y
una lámina externa donde las fibras musculares vuelven a adoptar una disposición
longitudinal. Rodeando a la capa muscular existe una adventicia de tejido conectivo
denso. La estructura de la ampolla es la misma que la del resto del conducto
deferente. Las vesículas seminales se caracterizan por una capa muscular más fina y un
epitelio sin células ciliadas, pero con abundantes gránulos de secreción, cuyo
contenido vierte hacia la luz de la vesícula para formar parte del líquido espermático.
Los conductos eyaculadores tienen un epitelio cilíndrico simple, son vellosidades ni
gránulos de secreción. Su capa muscular es muy fina, entremezclada con el tejido
conjuntivo y el propio tejido prostático.
Función de las vías espermáticas
A lo largo de la exposición se ha mencionado la función de las vías espermáticas, que
mediante la contracción de su capa muscular ayudan a los espermatozoides en su
trayecto hacia el exterior, en el momento de la eyaculación. Por otra parte, las células
secretoras de los conductos deferentes y epididimario y de las vesículas seminales
producen una secreción mucosa que forma parte del líquido seminal que nutre a los
espermatozoides y les proporciona un medio protector. (2)
Próstata
Situación, forma y relaciones
La próstata es una glándula de secreción exocrina que se sitúa debajo de la vejiga,
rodeando la uretra y los conductos eyaculadores que desembocan en la uretra. A partir
de la pubertad crece hasta el tamaño del adulto 3 cm de altura, 4 cm de anchura y 2
cm de grosor. Por su forma, tamaño, color y consistencia, es semejante a una castaña.
La base se orienta hacia arriba, bajo la vejiga; el vértice hacia abajo, apoyado en el
diafragma urogenital (músculo transverso del perineo). Por detrás, está en relación con
el recto, lo cual permite su exploración mediante el tacto rectal. Por delante está la
sínfisis del pubis, de la que la separa la grasa y las venas prostáticas. La uretra sale de la
próstata por su vértice, después de atravesar la glándula en sentido vertical. La
próstata está envuelta en una aponeurosis que engloba también el plexo venoso
prostático. Los engrosamientos de esta aponeurosis constituyen los ligamentos de fijan
la glándula a las paredes pelvianas.
Estructura interna
Las estructuras que atraviesan la próstata, la uretra y los conductos eyaculadores
dividen la próstata en cuatro lóbulos: uno medio, otro anterior y dos laterales. El
espacio triangular formado por ambos conductos eyaculadores y la uretra es el lóbulo
medio; a ambos lados de los conductos, los lóbulos laterales, unidos por una zona
central por delante de la uretra, que es el lóbulo anterior. También puede distinguirse
una región craneal, donde asienta el adenoma prostático, y una región caudal, donde
se desarrolla el carcinoma. Su estructura consta de glándulas tubuloalveolares que
desembocan en la porción de uretra que la atraviesa, donde vierten su secreción. Estas
glándulas están formadas por un epitelio cilíndrico simple, con gránulos de secreción
que vierten a la luz, irregular y de tamaño variable. Entre las glándulas hay tejido
conectivo, fibras musculares lisas, vasos sanguíneos y linfáticos y fibras nerviosas.
Funciones de la próstata
La próstata, como se ha señalado, es una glándula que secreta un líquido blanquecino
hacia la uretra, el líquido prostático, que se une a las secreciones de las vías
espermáticas y los espermatozoides para constituir el semen. El líquido prostático es
alcalino, por lo que neutraliza la acidez de los demás componentes del semen,
aumentando la motilidad y fertilidad de los espermatozoides. Durante la eyaculación,
la próstata se contrae junto con el conducto deferente y las vesículas seminales,
expulsando su contenido a la uretra. (2)
Pene
Situación, forma y relaciones
El pene es un órgano cilíndrico que pende sobre las bolsas escrotales, por debajo de la
sínfisis pubiana. Está unido a la región anterior del perineo. Su tamaño y consistencia
varían según se halle en estado de flaccidez o de erección: en estado fláccido mide
unos 10 cm y en erección se vuelve rígido y mide unos 15 cm. Está formado por tres
elementos que constituyen los órganos eréctiles: dos cuerpos cavernosos y un cuerpo
esponjoso. Los cuerpos cavernosos de fijan en las ramas isquiopubianas formando la
raíz del pene; en este tramo están recubiertos por el músculo isquiocavernoso. Se
unen bajo la sínfisis del pubis, desde donde emergen, y forman la porción dorsal del
pene. El cuerpo esponjoso se fija bajo el músculo transverso profundo del perineo en
un ensanchamiento denominado bulbo. A partir de este punto recibe la uretra, que
recorre toda su extensión hasta el extremo anterior, constituyendo la uretra peneana.
El bulbo está recubierto por el músculo bulbo cavernoso. El cuerpo esponjoso se dirige
hacia delante para unirse, bajo la sínfisis del pubis, con los cuerpos cavernosos, a los
que se adosa formando la porción ventral del pene. En su interior está la uretra, que
desemboca en la punta del pene. El extremo anterior del cuerpo esponjoso, más
dilatado que el resto, se denomina glande y cubre también el extremo de los cuerpos
cavernosos. El borde del glande constituye la corona. En su vértice, los glandes tienen
la abertura hacia el exterior de la uretra; es una hendidura vertical, el meato uretral. El
pene está recubierto por varias capas; la más interna es una envoltura fibroelástica, la
fascia peneana, que se continúa con la fascia superficial del escroto y perineo. Esta
envoltura se una a la sínfisis del pubis por el ligamento suspensorio del pene. El
músculo dartos del escroto se continúa también por el pene formando otra de sus
envolturas, entremezclándose con el tejido celular. La piel, con un tejido celular muy
laxo, está adherido al pene en toda su longitud, excepto en el glande, con el cual sólo
se une mediante una línea por su cara inferior denominada frenillo. El resto de la piel
del glande está libre, cubriéndolo únicamente en estado de flaccidez. Esta porción de
piel es el prepucio, que se retrae descubriendo el glande durante la erección. Cuando
su orificio anterior es cerrado, no permite la salida del glande, lo cual constituye la
fimosis.
El surco formado entre la corona del glande y el prepucio es el surco balanoprepucial,
donde se acumula el esmegma, compuesto de la secreción de glándulas sebáceas y
descamación de las paredes del prepucio.
Estructura interna
Los tres componentes eréctiles del pene, cuerpos cavernosos y cuerpo esponjoso,
están rodeados, cada uno de ellos, por un albugínea fibroelástica, densa, de la cual
parten tabiques hacia el interior de los cuerpos (trabéculas), formando un entramado
como el de una esponja, cuyos huecos forman lagos sanguíneos. Los capilares
sanguíneos rellenan estos huecos. Están dotados de dispositivos musculares que
permiten o cierran el paso de la sangre a los lagos sanguíneos. Cuando la sangre pasa a
estos lagos, los cuerpos cavernosos y esponjosos se hinchan y se endurecen. Esto
ocurre durante la erección, que se comentará más adelante, junto con la función del
pene. (3)
Función del pene
El pene tiene una doble función. Al contener en su interior parte de la uretra,
interviene en la micción. Por otra parte, es el órgano copulador en el acto sexual. Por
estimulación parasimpática, los cuerpos cavernosos y esponjoso se llenan de sangre,
con lo cual, el pene aumenta de tamaño, se endurece y se pone rígido durante la
erección, necesaria para la realización del coito. En este proceso intervienen varios
factores; en primer lugar, la dilatación de las arterias produce el llenado de los cuerpos
cavernosos y esponjoso; por otra parte, la musculatura de la raíz del pene, músculos
isquiocavernoso y bulbo cavernoso, se contrae, impulsando aún más la sangre hacia el
pene; el músculo transverso profundo del perineo, diafragma urogenital, se contrae,
dificultando la salida de sangre ya que comprime las venas que pasan a través de él. La
erección que en principio es un acto reflejo, puede ser inhibida por estímulos
psíquicos, como el temor. Los pensamientos o imágenes sexuales pueden
desencadenar el proceso de erección. La corteza cerebral actúa como un centro
integrador de la actividad sexual, modificando los reflejos que intervienen en ella, bien
sea disminuyéndolos o favoreciéndolos. Por otra parte, la uretra posee numerosas
glándulas en su recorrido por el cuerpo esponjoso, las glándulas de Littré, que elaboran
una secreción mucosa que favorece la lubricación, aunque a ello contribuyen en mayor
medida los órganos sexuales femeninos. También producen secreción mucosa las
glándulas bulbo uretrales o glándulas de Cowper, que se verán más adelante. Por
último, las contracciones del músculo bulbo cavernoso impulsan el semen en la
eyaculación a través de la uretra peneana. Durante el coito, se observan en el varón
diversos cambios fisiológicos, que pueden resumirse en tres fases:
Excitación
Las sensaciones, debidas a estimulación fisicomecánica o psíquica, siguen una vía
consciente hacia el encéfalo y una vía inconsciente que, a través de la médula espinal,
provoca por vía parasimpático la erección del pene, un aumento de tamaño y
elevación de los testículos, un incremento en la tumescencia y colocación púrpura del
glande y una secreción mucosa de las glándulas bulbo uretrales, con la finalidad de
lubricación.
Orgasmo
Los cambios experimentados por el pene en la fase anterior provocan un incremento
en la superficie de contacto del mismo; se incrementa la intensidad de la sensación
fisicomecánica, lo cual tiene una proyección consciente encefálica y una proyección
espinal que, por vía simpática, induce la contracción del epidídimo, del conducto
deferente y de los órganos accesorios. Se produce una emisión seminal, que llena la
uretra, dilatándola e incrementando la sensación fisicomecánica antes mencionada
(sensación de inminencia eyaculatoria), lo cual conduce a la eyaculación, por
contracción rítmica de los músculos bulbo cavernosos e isquiocavernosos y también
del esfínter anal.
Resolución
La última fase, o de resolución, está definida por una involución rápida de la erección,
con vuelta a los niveles de partida, relajación muscular y disminución de la
vasocongestión. Estos cambios se acompañan de un periodo refractario más o menos
largo. (3)
Uretra masculina
Desde la vejiga urinaria, la uretra desciende verticalmente, atravesando la próstata
desde su base hasta el vértice: es la uretra prostática. En este tramo presenta un
relieve en su pared posterior, el veru montanum, donde desembocan los dos
conductos eyaculadores y, entre ellos, el utrículo prostático, que es un pequeño
divertículo de aproximadamente 1 cm de longitud. A ambos lados del veru montanum
desembocan las glándulas prostáticas; hay unos 20 o 30 orificios correspondientes a
estos conductos de desembocadura. La uretra prostática tiene una longitud de unos 3
cm. Por debajo de la próstata, la uretra atraviesa el músculo transverso profundo del
perineo (diafragma urogenital), recibiendo el nombre de uretra membranosa. En este
tramo está rodeada por las fibras musculares del esfínter estriado (voluntario), y por
detrás, entre las fibras musculares del esfínter, las dos glándulas de Cowper o
glándulas bulbo uretrales, que aportan una secreción mucosa lubricante, tienen forma
redondeada, del tamaño de un guisante. Desembocan en la uretra un poco más abajo,
cuando ésta atraviesa el bulbo esponjoso del pene. La uretra membranosa mide
aproximadamente 1 cm. Por debajo del músculo transverso del perineo, la uretra entra
en el bulbo esponjoso; traza una curva hacia delante siguiendo ya todo el trayecto del
cuerpo esponjoso hasta el glande, donde se abre al exterior. En este tramo se
denomina uretra peneana o uretra esponjosa. Al nivel del bulbo tiene un pequeño
ensanchamiento: el fondo de saco bulbar. Bajo la sínfisis del pubis, siguiendo la
posición del pene en estado de flaccidez, describe otra curva hacia abajo hasta el
orificio de salida: el meato uretral. Inmediatamente antes del meato, en el glande, hay
un ensanchamiento, la fosa navicular. En la uretra peneana desembocan pequeñas
glándulas mucosas, a lo largo de todo el trayecto: las glándulas de Littré, con acción
lubricante. La uretra peneana mide unos 15 cm de longitud; por lo tanto, la longitud
total de la uretra es de unos 20 cm. El epitelio de la uretra es de tipo urinario en su
comienzo, como continuación del epitelio de la vejiga; por debajo del veru montanum
se hace cilíndrico estratificado hasta la fosa navicular, donde se convierte en
pavimentoso estratificado, similar al del glande. La capa muscular al principio forma el
esfínter liso, que se continúa con la musculatura de la vejiga. En la uretra prostática las
fibras musculares se entremezclan con las de la próstata, y en la uretra membranosa
son sustituidas por fibras estriadas del esfínter voluntario. El riego sanguíneo lo recibe
a cada nivel de las arterias que riegan los respectivos órganos por donde pasa: arterias
vesicales inferiores, hemorroidales inferiores, bulbar y dorsal del pene. Las venas
terminan en la vena dorsal profunda del pene o directamente en el plexo
periprostático.
Los linfáticos de la uretra prostática y membranosa desembocan en los ganglios iliacos
internos, y los de la uretra peneana, fundamentalmente en los ganglios inguinales. El
nervio pudendo interno recoge las sensaciones de la uretra. Sus fibras motoras actúan
sobre el esfínter voluntario, regulando la micción. (4)
Referencias
x
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2. Baily E. Enciclopedia. [Online].; 1998 [cited 2021 08 09. Available from:
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3. Zusi L. Wikipedia. [Online].; 2003 [cited 2021 08 09. Available from:
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4. Blasco RM. medica barcelona. [Online].; 2001 [cited 2021 08 09. Available from:
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