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Elogio

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como de jueces, quienes en la persecución de sus fines propios, no logran

escapar de los vicios que la misma naturaleza que les dio origen les ha
plagado.
Es este elogio, no un recuento de experiencias, sino mas bien
una colección de vivencias de abogados y jueces ordenadas por capítulos
cuyas denominaciones denotan aspectos de la personalidad de su actores y
es por eso mismo que resulta en tan brillante y digerible exposición, como si
el autor supiera que con este texto se inspirarían generaciones de abogados.
Enseñaba mi maestro de Deontología Jurídica que ésta
podríamos definirla en términos generales como aquel conjunto de reglas y
principios morales que han de regir la conducta de los profesionales del
derecho, o como dice Villoro Toranzo “La deontología establece reglas para
que los miembros de la misma profesión la desempeñen con dignidad y
elevación moral”, es decir, esta deontología jurídica al ser referida a la labor
del juzgador en específico consistiría en la calificación de su trabajo como
bueno o malo desde el punto de vista meramente humanista con una relativa
independencia del aspecto técnico del mismo y es precisamente este
concepto el que es expresado magistralmente (valga la expresión) por
Calamandrei en el Elogio, como si tratara de restregarnos en la conciencia el
hecho diferenciador de los hombres y los animales por cuanto a seres éticos
que somos, como si cualquier persona tuviere la conciencia de que los
hombres somos los únicos que podemos escoger nuestros apetitos
concupiscibles en lugar de los irascibles, entendiendo este último como el
deseo de un bien ausente que es arduo de alcanzar evidentemente en el
ámbito exclusivo de lo sensorial en contraposición con el deseo de que por
más bajo del alma que sea, debe éste ser controlado por la razón; y es
precisamente en esta dualidad de deseos humanos que Calamandrei navega
de página en página al escribir sus elogios, narrando episodios en los que se
aprecia al juez y abogado en su aspecto mas ético, así como también
narrando otros en los que se muestra a estos dos en sus aspectos mas
oscuros e irracionales.
Debemos hacer notar que la obra consta de dos momentos
distintos que de manera por demás vulgar es mostrada mediante la
anteposición de sendos asteriscos al inicio de cada pasaje que corresponde
al segundo momento. El autor escribió primeramente un Elogio en el cual las
narraciones constituyen precisamente eso, elogios a la dualidad abogado-
juez, sin embargo, el mismo añadió posteriormente otros pasajes con veinte
años de diferencia a la obra original, y son estas añadiduras las que resultan
ser el contrapeso para otorgar un balance perfecto a la obra, puesto que las
mismas fueron escritas después de una época mucho mas oscura y alejada
del romanticismo de la primera época del libro.
Son tantos los temas que el autor toca respecto de estas dos
profesiones (juez y abogado) que necesitaríamos escribir un escrito mucho
mas complejo que un simple ensayo para poder analizarlos a plenitud, sin
embargo, como ya lo he mencionado en la introducción, éste ensayo trata de
demostrar cómo de una manera tan coloquial y digerible El Elogio de los
Jueces escrito por un Abogado es una obra que evidencia el carácter
atemporal de dos oficios que siendo tan humanos jamás desaparecerán.

Si entendemos la naturaleza humana como un concepto


filosófico según el cual los seres humanos tienen a compartir una serie de
características distintivas inherentes, que incluyen formas de pensar, sentir y
actuar, podemos deducir el porqué de lo sencillo de entender y digerir este
libro, es decir; todos y cada uno de las alabanzas y críticas que son vertidas
son completamente creíbles si tomamos en cuenta que su origen deviene del
carácter propio del hombre y es por lo mismo que el lector resulta ser
absolutamente empático con prácticamente la totalidad de la obra y de lo
anterior concluyo con una doble reflexión, un buen juez sería aquel que no
sólo es capaz de conocer y aplicar bien el derecho que sabe, sino también
quien es un hombre que se ejercita en las virtudes humanas y un buen
abogado es aquel que es capaz de excitar al juzgador a realizar lo anterior.

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